Secta y Religión

Biografía de Santa Catalina de Siena Historia de su Vida

Biografía de Santa Catalina de Siena

Niña por su físico, pero madura por su espíritu, Catalina Benincasa fue para los hombres del Trescientos una guía espiritual prudente y dulce, constante y serena. Artistas y literatos, soberanos y condottieri, obispos y papas, pidieron consejo a la Santa de Siena, llamándola con el suave nombre de “mamá”.

En la mañana del 25 de marzo del año 1347, Siena resplandecía bajo el sol primaveral. Era la hora en que los hombres se dirigían habitualmente hacia la plaza del Campo para tratar sus asuntos de negocios, y las mujeres, hechas ya sus tareas domésticas, se reunían para la plegaria en la Casa del Señor. Jacobo Benincasa se encontraba trabajando en su negocio de tintorería cuando se oyó llamar por su hija mayor, Buenaventura: “¡Ven padre, ven! Nuestra madre te ha dado otra hijita.”.

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Rápidamente acudió el buen hombre a la cabecera de su esposa, y allí, mientras los hijos la rodeaban y el pálido rostro de la madre se iluminaba con una sonrisa, levantó a la recién nacida a la altura  de su cabeza,  ofreciéndosela a Dios e implorando para ella Su bendición.

Esta niña se llamó Catalina, y con ella sumaron veintitrés los hijos de esta familia del pueblo. Sus primeros años transcurrieron bajo la vigilante mirada de la madre y de una hermana. Era vivaz y serena, llena de gracia y sonrisas. Cuando comenzó a andar por la casa y a salir para entretenerse en sus primeros juegos con las amiguitas, por las calles del pueblo, las comadres de la vecindad se sintieron atraídas por sus dotes y comenzaron a llamarla con un afectuoso sobrenombre, Eufrosina, que significa “plena de gracia”.

Creció como las otras niñas hasta los siete años, pero a esa edad, conmovida quizá por los episodios sobre la vida de los Santos que el sacerdote y alguna piadosa mujer le habían narrado, algo cambió en su alma.

Aparentemente era la misma de siempre, pero en su pequeño corazón se había encendido un fuerte amor hacia Dios, y a pesar de su tierna edad pidió un día a la Divina Madre que le concendiese ser la esposa de su Hijo Jesús.

La pequeña creyó ver a la Virgen que, apareciéndosele en todo su esplendor, le prometía con un gesto maternal acceder algún día a ese espontáneo y purísimo deseo. Desde aquel momento, para ser digna de su prometido Esposo, llevó una vida ejemplar y, olvidando sus juegos, hizo de cada instante un acto de nobleza.

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Catalina Benincasa fue la vigésimotercera hija de un tintorero, y su nacimiento llevó alegría a la familia de don Jacobo, que imploró para la niña la bendición de Dios.A la edad de siete años, Catalina fue sorprendida una noche por su padre mientras rezaba con profundo recogimiento, arrodillada ante una imagen de la Virgen. Pasaba largas horas, todas las noches, orando y haciendo penitencia. Ignorando el amor a Dios que llenaba el corazón de Catalina, ya en edad de casarse, sus padres la instaban a elegir marido; ante la oposición de la niña, le infligieron severos castigos y le ordenaron duros trabajos.

De día, cuando su madre creía que se hallaba jugando, Catalina castigábase a sí misma con toda clase de tormentos corporales, flagelándose y golpeándose para probar en carne propia algunos de los dolores míe Jesús había sufrido durante el Martirio. Los alimentos que la familia comía siempre con buen apetito no la atraían, y prefería ayunar. De noche, cuando la casa se encontraba sumida en el silencio, pasaba-largas horas rezando en su dormitorio. Cuando el sueño cerraba sus párpados, no dormía en su pequeño lecho sino sobre la desnuda tierra, para no concederse reposo alguno.

Tantos ayunos y mortificaciones habrían desmejorado a otra niña, pero Catalina, como si la Divina Madre hubiera extendido sobre ella su mano protectora, crecía bella y serena. Su cuerpo, esbelto por las rigurosas abstinencias, había conservado toda la gracia, y sus ojos resplandecían con una belleza toda espiritual, mientras su espesa cabellera enmarcaba el óvalo puro de su rostro. A los trece años Catalina era hermosa, y no debe asombrarnos que sus padres, como se acostumbraba en aquellos tiempos, comenzaran a pensar en casarla.

Y aquí comenzó para la niña un largo período de tristezas. Sus padres, ignorando el ardiente amor que ella sentía hacia Dios, la exhortaban con consejos y órdenes cada día más ásperos a que eligiera a algún joven serio del condado. Pero Catalina, a pesar de que nunca había desobedecido, rehusaba siempre, y llorando pedía que desistieran de tal propósito. Disgustados por tanto obstinamiento, y pensando que se trataba de un capricho, el padre y la madre quisieron castigarla, y la obligaron a realizar duros trabajos. Sin embargo, estos sufrimientos maduraron a Catalina y acrecentaron en ella, con más vigor que antes, la voluntad de pertenecer a Dios.

En aquellos años había surgido en Siena la Orden Terciaria de Santo Domingo, una sagrada institución que acogía en sus filas a mujeres piadosas, las cuales se sometían a un severo reglamento y, aun viviendo con su familia, tenían la obligación de dedicarse a obras de caridad, en especial a la atención de los enfermos. Catalina manifestó un día el firme propósito de entrar en esa congregación.

La oposición de los padres fue violenta, y la niña sufrió tanto que enfermó gravemente, con serio peligro de su vida. Esto fue una lección para el buen Jacobo, quien, comprendiendo al fin la profunda vocación de su hija, no habló más de matrimonio, e intercedió ante el director de la Orden para que la niña, no obstante su tierna edad, pudiese ser “hermana con hábito“.

Fue así como, a los dieciséis años, Catalina vistió el severo hábito blanco cubierto por el largo manto negro, aceptando todos los sacrificios y penitencias que la Sagrada Orden le imponía. Aunque permaneció en su casa durante los tres años de noviciado, su vida fue reglamentada tan rígidamente como si se hallara en el convento, y las horas del día y de la noche estuvieron todas llenas de obras de caridad y de devoción. Dormía sólo media hora cada dos días, y el resto de la noche lo pasaba rezando arrodillada en el suelo ante un gran crucifijo.

A los pies de esa imagen de Cristo agonizante tuvo a menudo visiones y éxtasis dulcísimos, y fue en una de esas noches —contaba en aquella época veinticuatro años— cuando se cumplió la promesa de la Virgen. En efecto, Catalina creyó ver que Jesús se le aparecía y colocaba en su dedo el anillo nupcial, como testimonio de haberla elegido por esposa.

Muy pronto, el nombre de la santa niña estuvo en todos los labios, y el eco de su bondad se esparció por la Toscana. Almas piadosas comenzaron a reunirse a su alrededor, formando “el cenáculo catalinario”, en el que la joven, llamada por sus adeptos con el dulce nombre de “mamá”, volvióse la guía constante y serena de “hijos” e “hijas” que tenían muchos más años que ella. Las conversiones realizadas por su elocuencia y su ejemplo .son innumerables.

Siendo hija de modestos artesanos, Catalina no había aprendido en su infancia a leer ni a escribir. Al extenderse el número de sus amigos espirituales en toda la Toscana, en Roma, en Milán, y hasta en Aviñón, la imposibilidad de comunicarles sus pensamientos era para ella motivo de aflicción. Con la fuerza de su alma y la inteligencia que siempre había demostrado, retomó y terminó el aprendizaje de la lectura y escritura, que había iniciado a los diecinueve años.

Después de breve tiempo, se encontró en situación de escribir a todos aquéllos que le pedían consejos. A veces, abrumada por los mensajes que le llegaban de todas partes, recurría a los servicios de otras personas, logrando dictar sin” confundirse cuatro cartas al mismo tiempo, cartas bellas, que aún hoy leemos con emoción, no sólo por el mensaje de fe y de iluminada prudencia que contienen, sino también por el estilo límpido y conciso, que hace de este epistolario uno de los documentos más preciosos de la literatura universal.

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Los enfermos, las familias necesitadas, los ancianos, todos conocían a Catalina y solicitaban su consuelo. Por muchos meses la jovencita cuidó a una pobre leprosa, de nombre Tecca, que vivía aislada en una casucha cercana al bosque. Al multiplicarse sus  amigos,  repartidos por  toda Italia, Catalina se sintió muy afligida al no poder comunicarse con ellos y transmitirles sus pensamientos. Sostenida por su gran voluntad, aprendió sola a escribir.

Cada carta se inicia con el nombre de Jesús: “Yo, Catalina, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, te escribo a ti en la preciosa sangre Suya”, y termina invocando Su nombre: “Jesús dulce, Jesús amor”, como si la joven se sintiera el humilde instrumento de las intenciones de Dios.

Con la fuerza que de Él recibía, Catalina no se avergonzaba de manifestar su pensamiento en materia política, moral y religiosa, a los altivos soberanos y los doctos cardenales de su tiempo. Entre otras, dirigió una carta al duque Bernabé Visconti, exhortándolo a no ser tan cruel con los sacerdotes, a honrar al Pontífice y a participar en la Cruzada a Tierra Santa, y escribió también a los gobernantes de Siena, de Florencia, de Bolonia, a la Reina de Nápoles y al legado pontificio de Roma. A todos estos altos personajes daba Catalina consejos y exhortaciones de obediencia a las santas leyes de Dios, diciendo verdades f denunciando culpas que nadie hubiese siquiera osado insinuar.

En 1374 reunidas las autoridades qu$ dirigían la Orden de las Mantellate en una junta de religiosos, en Florencia, le fue concedida a la joven monja una njayor libertad, confiándola a la sola dirección espiritual peí dominico (poco después beatificado) Raimundo de Capuá. Catalina se entregó con toda abnegación a velar por sus semejantes, olvidándose más que nunca de sí misma para consagrarse a aliviar el dolor de los demás.

Precisamente en ese año, Dios la había sometido a duras pruebas, pues la epidemia de peste que llegó de manera imprevista a su ciudad natal se llevó en el término de pocos días a diez miembrse de su familia. El año siguiente fue para Catalina una sucesión de viajes y frecuentes conversaciones con condottieri, con el fin de inducir a éstos a prestar ayuda a la Cruzada que en aquella época había solicitado el papa Gregocio XI, y fue mérito suyo que el condottiere Juan Acuto aceptara participar en la empresa.

Para recompensarla en parte por todo lo que ella estaba haciendo por la liberación del Santo Sepulcro, el Señor quiso, en ese año, mientras Catalina se encontraba en Pisa, imprimir en su cuerpo el fuego de Sus Estigmas, confirmando con estas gloriosas heridas que ella era la más dilecta de Sus hijas.

Una misión aún más importante para la prosperidad de Italia y de la Iglesia debió asumir Catalina en el año 1376. Después del abandono de su sede tradicional en Roma, el Papa había preferido establecerse en Francia, en la ciudad de Aviñón, a la que había llegado con todo su séquito. Italia, quebrantada ya por las luchas de bandos, se encontraba desde ese día como una nave sin timón. Ausente el Santo Padre, el clero italiano, dirigido por representantes franceses poco informados de las costumbres locales, no siempre cumplía los deberes propios de su ministerio, e iba olvidándose de la salvación de las almas y permitiendo el debilitamiento de los principios morales y religiosos del pueblo.

Catalina comprendió que la única solución para tanto mal era el retorno del Pontífice a su sede romana. Sin dudarlo, escribió al Santo Padre reclamando su presencia en Italia. Hubo un intercambio de correspondencia entre Gregorio XI y la santa de Siena, en la que, a las vacilaciones del papa en abandonar tierra francesa, Catalina respondía siempre:

“Hágase la voluntad de Dios y la mía”, tan grande era su certeza de hablar en nombre del Señor. Finalmente, tuvo que realizar un viaje hasta Aviñón. enviada por la ciudad de Florencia que había tenido con el papa graves controversias; el 18 de junio de 1376, Catalina, que contaba entonces veintinueve años de edad, se encontró ante la presencia del Jefe Supremo de la Iglesia y le suplicó con palabras tan firmes que, en septiembre del mismo año, a pesar de la oposición del rey de Francia y de los cardenales franceses, Gregorio XI emprendió el viaje de regreso a Roma.

Al llegar a tierra italiana, el Pontífice fue desterrado de aquella ciudad, pues los políticos que entonces gobernaban no veían con buenos ojos el retorno a su antigua sede. Pero Catalina, aunque no lo había acompañado en su viaje, prefiriendo volver sola, con la modesta escolta de algunos frailes y de sus “hijos” más fieles, supo darle valor desde lejos, y únicamente se concedió un breve período de reposo, en los alrededores de Siena, cuando finalmente, en 1378, logró Gregorio XI vencer todas las dificultades.

Breve reposo fue el suyo, porque el papay poniendo en Catalina su máxima confianza, quiso que fuese por algún tiempo a Florencia, donde el pueblo, hostil al Pontífice, se negaba a prestar obediencia y respeto a sus representantes. Catalina conoció en aquel momento el odio y la ferocidad de la masa, cuando la fuerza de las pasiones impide discernir el bien y el mal.

Fue injuriada, tratada de bruja, poseída del demonio e intrigante. Tales insultos no hicieron mella en la santa que,con mucho coraje y serenidad, y por su conducta ejemplar y la elocuencia que el espíritu divino le inspiraba, logró dominar los ánimos más exacerbados, obteniendo de ellos acatamiento a la autoridad papal.

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En 1374, los doctos dominicos que presidían la Orden de las Mantellate, a la cual pertenecía Catalina, se reunieron en Santa María Novella, Florencia, para interrogar a la joven monja sobre su fe, concediéndole luego una mayor libertad de acción.

Gregorio XI murió en ese año y en su reemplazo fue electo, en julio de 1378, Urbano VI, arzobispo de Bari. Sobrevino entonces en la Iglesia una crisis profunda, porque algunos cardenales no reconocieron a Urbano VI como el verdadero Pontífice y eligieron un antipapa, el cardenal Roberto de Ginebra, que se proclamó Clemente VIII Este hecho, que fue llamado “cisma”, tuvo para el mundo católico consecuencias gravísimas, porque sembró entre los jefes el odio y el desorden.

Catalina no dudó un instante sobre el camino a seguir. Corrió a Roma, junto a Urbano VI, para otorgarle consuelo. En sus palabras y su coraje halló el verdadero Pontífice la fuerza para hacer frente a sus adversarios.

Las milicias del papa mandadas por Alberico de Barbiano vencieron finalmente en Marino a los partidarios del antipapa. Desde ese momento se restableció la paz, y Catalina sintió que había conducido a buen término su divina misión en la tierra. Vivió todavía dos años, en un gran edificio cercano a Santa María Sopra Minerva, en Roma, dedicada a la oración y a las obras piadosas.

Su casa se abría para todos los que llegaban de Siena a Roma y necesitaban hospitalidad. A todos aceptaba y escuchaba, tan humildemente como en la época de su adolescencia, y sin vanagloriarse jamás de cuanto había hecho en bien de la Iglesia.

Su cuerpo, debilitado por las penas físicas y morales que había padecido en tantos años, no podía ya sobrellevar nuevas fatigas, y el 29 de abril de 1380, a la edad de treinta y tres años, la misma de su Divino Esposo al ser crucificado, Catalina de Siena murió rodeada por una multitud de fieles que la llamaban con el dulce nombre de “mamá”.

Fue canonizada en 1461 por Pío II, y Urbano VIII fijó como fecha para su celebración el 30 de abril. En 1931, Pío XII, reconociendo en ella caracteres de heroísmo y atendiendo al deseo despueblo italiano, la proclamó “patrona de Italia”.

Santa Catalina de Siena, instrumento de la revelación divina, escribió en tiempos infortunados para Italia y para la Iglesia las célebres Cartas y un Diálogo de la Divina Providencia, inspirada por un ardiente misticismo y una piedad inagotable. Estas obras están consideradas entre las mejores creaciones de la literatura universal, siendo texto de estudio en toda Italia y especialmente en la Universidad Catalinaria de Siena.

Fuente Consultada
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografias Santa Catalina de Siena

Los Intercambios Culturales Entre Civilizaciones

Historia de los Intercambios Culturales

Desde la Antigüedad más lejana, las civilizaciones han influido unas en otras. La cultura occidental, tal como ha llegado hasta nosotros por intermedio de los griegos y los romanos, ha tomado prestados muchos conceptos al viejo Oriente. En la Edad Media la influencia de los árabes en Europa fue muy grande. Después del Renacimiento, la corriente de intercambios entre Europa y el resto del mundo fue muy intensa.

Las civilizaciones han influido en todo tiempo unas sobre otras; pero esta interpenetración ha sido especialmente notable entre Europa y Asia. En las antiguas fortalezas griegas de Micenas y Tirinto hay elementos decorativos orientales. Los puertos griegos del mar Negro y del Mediterráneo oriental sufrieron la influencia innegable de Persia. El arte, la mitología y la filosofía griegos tomaron prestados de Oriente muchos conceptos.

Las concepciones anatómicas de los sofistas, al igual que las de Platón, vienen probablemente de Asia. Lo mismo sucede con gran parte de los conocimientos astronómicos de los helenos. De hecho, la ciencia de los griegos se edificó sobre la base formada por ideas procedentes de la India, Mesopotamia o Egipto.

En efecto, en todos los dominios del saber, las ideas persas, egipcias e indias contribuyeron a la elaboración de la civilización griega, que más tarde influiría sobre Roma y se extendería por toda Europa. La civilización griega irradió igualmente su influencia hacia Asia; en Gandhara, en la India, surgió un arte greco-budista. Sabios griegos enseñaban en la India, e indios y chinos acudían a sus cursos; estos sabios tradujeron al griego libros budistas.

El imperio romano mantuvo también relaciones culturales constantes con Extremo Oriente, particularmente con la India y China. Hay quien dice que el Mahabharata, la gran epopeya de la India antigua, fue la fuente de inspiración de la Eneida, obra del poeta latino Virgilio. Los mongoles influyeron poderosamente en Bizancio y Rusia.

La cultura árabe influyó en la Europa del siglo VIII al XII, especialmente en España, donde aún subsisten numerosos monumentos árabes como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Giralda de Sevilla. La obra de algunos sabios árabes como Averroes y Avicena gozaron de gran favor en toda Europa.

En España, las costumbres árabes influyeron asimismo en la vida de la corte. Algunos reyes españoles quisieron incluso que a sus hijos los instruyeran sabios musulmanes. Se crearon escuelas de traductores, la más importante de las cuales fue la de Toledo, fundada en 1130. Allí tradujeron al latín los escritos de los sabios árabes y los pusieron al alcance de Europa occidental.

Los reyes normandos de Sicilia adoptaron el derecho civil musulmán. La poesía siciliana, precursora de la italiana, se desarrolló gracias a los trovadores de la corte de Palermo, que imitaban a los ministriles musulmanes. Muchos estudiantes italianos, franceses y españoles, después de seguir los cursos de las escuelas árabes, enseñaron en las primeras universidades occidentales, calcadas del modelo árabe. Se ha dicho, y con justicia, que los árabes fueron los educadores de la Europa medieval.

Después de la toma de Constantinopla por los turcos, nació en Europa una nueva forma de la cultura: el Renacimiento, caracterizado por el retorno a las culturas griega y romana. Por otra parte, los grandes descubrimientos geográficos trastornaron la vida económica, y el individualismo reemplazó al ideal comunitario de la Edad Media.

La idea del lucro fue a menudo el móvil que incitó a las naciones de Europa a fundar colonias. Si a causa de ello las antiguas civilizaciones de los aztecas y de los incas fueron destruídas en gran parte, en contraposición debemos citar como ejemplo la obra admirable de los misioneros en la India, China y América. Sus incansables esfuerzos contribuyeron a la mejora de las condiciones de vida de la población indígena.

En el dominio de las ciencias y de las artes se produjo una compenetración recíproca: los miniaturistas y retratistas de la India y América se vieron influidos por las biblias ilustradas que llegaban de Europa y por los retratos realistas. En compensación, en iglesias de España y Portugal encontramos elementos típicos de la India.

De este período datan las traducciones de obras filosóficas de autores indios y orientales. En las obras de Leibniz, de Montesquieu y de Voltaire gravitan influencias chinas y persas. En la época en que el visir turco Ibrahim introducía en la corte de su padre político, el sultán, la atmósfera del  Versalles del siglo XVIII, se ponían de moda en Francia y otros países los cuadros de escenas turcas.

La literatura, la pintura y la música sufrieron también la influencia de Asia. En esta época las lacas de Japón y la porcelana de China gozaban de gran favor en Occidente. Moliere con su Burgués gentilhombre, Mozart con su ópera El rapto del serrallo y Beethoven con su Marcha turca, sancionaron esta extremada afición.

El importante movimiento cultural del siglo XVIII estuvo igualmente influido por Asia. Los antiguos moralistas chinos, especialmente Confucio, fueron citados por los deístas en muchas ocasiones.

Los filósofos ilustrados evocaban frecuentemente la sublime moral tradicional de China, que se había propagado sin intervención de la revelación. Goethe y Hegel sintieron profundamente el influjo de Oriente. Pintores como Watteau, Ingres y Delacroix; escritores como Mallarmé, Flaubert, Baudelaire y Loti, y músicos como Debussy y Francis Poulenc, estaban fuertemente penetrados de orientalismo.

El filósofo alemán Nietzsche tituló su principal obra: Así hablaba Zaratustra. En ella desarrolla su teoría del superhombre y la pone —sin motivo alguno aparente— bajo la égida de Zaratustra o Zoroastro, reformador de la antigua religión irania que vivió en el siglo VII antes de Jesucristo.

Más cerca de nuestros días, Claudel, Pearl S. Buck, Malraux y tantos otros se dejan hechizar por Oriente, y en todo Occidente se conoce y aprecia al pensador indio Rabindranath Tagore.

Desde hace unos decenios, el Nuevo Mundo ejerce considerable influencia sobre el Viejo Mundo, especialmente en el terreno de la publicidad, del cine y de la música moderna. La vida diaria se ha americanizado  también  notablemente, y de ello pueden dar testimonio los tocadiscos que funcionan echando una moneda, los pantalones téjanos, las barbacoas, los supermercados, los alimentos congelados, los libros de bolsillo y las técnicas de investigación de mercados y de relaciones públicas.

Historia de los Germanos o Bárbaros Vida y Costumbres

Historia de los Germanos
Pueblos “Bárbaros” de Europa

Los germanos, que representaron un papel tan importante en la historia de Europa, proceden de Escandina-via y del norte de Alemania. Eran feroces guerreros que pusieron en un brete al imperio romano, cuya caída acabaron por provocar, aunque también mantuvieron con ellos relaciones pacíficas. Su vida familiar era de tipo patriarcal, pero la mujer ocupaba en ella un lugar importante. Adoraban a las fuerzas de la  naturaleza.

Cuando, en el año 55 antes de Jesucristo, los romanos invadieron la Galia al mando de Julio César, entraron en contacto con los germanos a lo largo del Rin. Éstos no les eran totalmente desconocidos, pues se habían visto frente a frente cuando los cimerios y los teutones, dos de las tribus germánicas, marcharon sobre Roma (113 a 101 a. de J. C).
A partir de este momento, los germanos representaron un papel importante en la historia del imperio romano. Fueron para los romanos una constante amenaza, y acabaron provocando la caída de Roma.

¿Quiénes eran esos temibles germanos? Venían de Escandinavia y del norte de Alemania, y empezaron a extenderse hacia el año 1700 antes de Jesucristo. A principios de la era siguiente, hacia el 750 antes de Jesucristo (edad de hierro), ocupaban un territorio que se extendía del Weser al Vístula. Allí experimentaron la influencia de otros pueblos más civilizados, entre los que figuraban los celtas, representantes de la cultura de Hallstatt, de quienes adoptaron, entre otras cosas, la forma de sus espadas de hierro y la costumbre de edificar templos a sus dioses.

Germanos atacando

Germanos atacan a soldados romanos

Al principio, los germanos se hallaban divididos en gran número de pequeños grupos. El historiador Tácito, que en el año 98 dedicó a ese pueblo una de sus obras, los clasificó en tres grandes familias: la de los ingevones, que habitaba la parte nororiental de la Germania; la de los hermiones, que residía en el centro, y la de los istevones, que se extendía a lo largo del Rin. Resulta difícil en la actualidad verificar la exactitud de la división propuesta por Tácito.

Entre las tribus de la época mejor conocidas figuran los frisones y los bátavos, que ocupaban la  desembocadura  del  Rin;  los tencteros, entre el Ruhr y el Lahn; los queruscos, en los alrededores de Minden, y los lombardos y los suabos, a lo largo del Elba. Según Tácito, los germanos eran de elevada talla y robusta constitución, pelirrojos y con ojos azules de mirada feroz.

Después de cierto tiempo, los grupos crecieron y algunas de las tribus se fusionaron. Así nacieron los sajones, los francos, los alamanes y los godos, que desempeñaron un importante papel en la historia de la antigua Europa. Atraídos por los seductores relatos sobre las realizaciones de los romanos y por la fertilidad del suelo en ciertas comarcas del imperio, arrollaron la línea fronteriza Rin-Danubio, que los romanos establecieran para contenerlos.

Hacía ya mucho que los germanos habían dejado de ser verdaderos nómadas vestidos con pieles de animales; cuando los romanos se pusieron en contacto con ellos, vieron que aquellos a los que habían considerado siempre como «bárbaros» sabían cultivar la tierra, criaban ganado y llevaban vestidos cuya confección requería cierta habilidad.

En las regiones originalmente habitadas por los germanos se encontraron algunos aperos de labranza e incluso varios arados anteriores a sus primeros contactos con los romanos. Entre las plantas que cultivaban podemos citar la avena.

Pero su ocupación principal era la guerra. Habitaban una región poco fértil que pronto hubieron de defender contra los invasores. Un jefe, que siempre estaba en primera línea, les guiaba en la batalla. Se dirigían al combate llevando su espada y su escudo, pero raramente ceñían casco y coraza.

Eran magníficos luchadores, y los romanos acabaron por apreciar en su justo valor la fogosidad con que luchaban. Llegaron incluso a incorporar a sus propias legiones soldados germanos, ofreciéndoles la posibilidad de escalar los puestos más altos de la jerarquía militar.

Había príncipes germanos que iban a Roma a instruirse en el arte de la guerra, experiencia que no siempre tuvo un final feliz para sus maestros, los romanos.

Recordemos, a propósito de ello, a Arminio, príncipe querusco que fue el primer resistente en la historia de los germanos y tomó el mando de un grupo de guerreros exasperados por la despiadada gestión de Quintilio Varo, cónsul de las legiones romanas en Germania durante el reinado de Augusto. El propio Varo y gran número de soldados romanos perecieron en el desastre del bosque de Teutoburgo (año 9 d. de J. C). De no haber caído víctima de una conjuración en el año 21, Arminio habría puesto los cimientos de un poderoso reino germánico.

La vida familiar de los germanos era esencialmente patriarcal. Como padre y esposo, el hombre ejercía gran autoridad sobre la mujer, aunque no tenía derecho de propiedad sobre la dote que ésta aportaba, sino sólo de usufructo.

De acuerdo con las leyes en vigor, esa dote debía componerse únicamente de bienes muebles, A pesar de ese sistema de vida, la mujer ocupaba entre los germanos un lugar importante. En casa era la que regentaba la familia, ocupándose de la educación de los niños y de que no faltara la comida. Velaba también por la salud de los suyos, pues entre los germanos la medicina era tarea propia de mujeres.

Sus alojamientos estaban hechos de madera y arcilla con techo de chamiza; no conocieron las casas de piedra hasta que entraron en contacto con los romanos. Tácito cuenta que no conocían el mortero ni las tejas, y que incluso llegaban a excavar en la tierra sus moradas, recubriéndolas de estiércol; las ocupaban en invierno, pues se sentían mejor protegidos contra el frío.

De ellos provienen los idiomas llamados germánicos: el inglés, el alemán, el holandés, el dialecto que hablaban los bóers de Sudáfrica, el sueco, el noruego, el danés y el islandés. El gótico, lengua desaparecida, era también de origen germánico, y en él escribieron sus textos más antiguos, entre los que debemos mencionar una traducción de la Biblia que data del siglo iv y que empezó allá por los alrededores del año 370 el obispo visigodo Wulfila. Este era uno de los representantes más eminentes del arrianismo, herejía muy extendida entre los germanos.

Wulfila, inspirándose en las runas germánicas tanto como en los caracteres griegos y romanos, compuso un alfabeto gótico. En esta época existían ya diversas lenguas germánicas, pero la producción literaria no empieza hasta la Edad Media.

En lo que concierne a las artes menores, los germanos conocieron una época de prosperidad durante la edad de bronce. Se han encontrado numerosas armas y joyas pertenecientes a esta época.

Al principio, como todos los pueblos primitivos, los germanos adoraban a las fuerzas de la naturaleza.

Breve Historia de Irlanda Crisis, Ataques de Inglaterra, Emigración

Breve Historia de Irlanda

Irlanda, ha participado desde los tiempos más remotos en la vida del continente europeo. Asimismo, durante siglos ha sufrido el yugo de Inglaterra. Sólo en 1948, después de larga y encarnizada lucha, y tras la opresión y despoblación de que fue víctima en el siglo XIX debido al hambre y a la emigración, los irlandeses lograron triunfar y conquistar la  libertad.

A pesar de que por su situación insular Irlanda permanece aislada del resto de Europa, desde los tiempos más remotos ha sufrido la influencia de las culturas y pueblos del continente, e incluso con frecuencia ha representado en él un papel activo.

Los descubrimientos arqueológicos que se han llevado a cabo confirman que durante la edad de piedra y, sobre todo, en la de bronce, se desarrolló en la isla una gran actividad. Parece ser que entonces Irlanda era un centro de explotación de oro.

La influencia del continente europeo entró en Irlanda con los celtas. Cuando, gracias a las carreteras romanas, el cristianismo se propagó también por las islas británicas, el movimiento llegó, asimismo, a Irlanda en el siglo V. El bretón Patricius fue su más ferviente propagador, y a su impulso Irlanda se convirtió en un floreciente centro de vida monástica.

San Patricio en Irlanda

San Patricio Evangelizando Irlanda

A principios de la Edad Media, Irlanda era un verdadero oasis de vida religiosa, comparada con el resto de Europa occidental, donde las grandes invasiones habían aniquilado no sólo los establecimientos y cultura de los romanos, sino que en numerosos lugares también habían minado la religión. Por lo tanto, la segunda evangelización de Europa se debió en gran parte a los irlandeses, y de modo especial a Columbano.

No obstante,  Irlanda no dejó de sufrir convulsiones bélicas. En el año 795 comenzaron las invasiones de los normandos, que duraron hasta 837. Sin embargo, durante los siglos IX y X subsistió en la isla una intensa actividad cultural. Pero un nuevo peligro empezaba a cernirse sobre Irlanda. A consecuencia de la subida al trono de Guillermo el Conquistador, en Inglaterra se había reforzado considerablemente el poder del soberano. Los ingleses no tardaron en organizar las primeras tentativas para conquistar Irlanda.

Las inició Enrique II Plantagenet, que se valió de las diferencias existentes entre los nobles irlandeses para inmiscuirse en los asuntos interiores de la isla e imponerse como señor feudal o soberano a varios señores. Seguidamente, las disensiones internas de los irlandeses contribuyeron a facilitar de modo progresivo el dominio de Inglaterra.

A consecuencia de la ruptura entre Enrique VIII y el papa, la resistencia de Irlanda contra Inglaterra aumentó considerablemente. Esto no impidió que en 1541 el soberano inglés se arrogara el título de rey de Irlanda. Durante su remado aumentó la presión inglesa, aun cuando los irlandeses nunca vacilaron en recurrir a las armas para defender sus derechos.

En el siglo XVI, la población irlandesa reconoció como rey a Hugh O’Neil, uno de sus jefes (1591). Bajo su sabia dirección se organizó una campaña militar contra los invasores inglesas que, después de algunas victorias iniciales, finalizó con una derrota irlandesa.

Sin embargo, la oposición renació, y más tarde provocó la intervención brutal de Oliverio Cromwell, que desembarcó en Irlanda el 15 de agosto de 1649 y aquel mismo año organizó sangrientas matanzas en Drogheda y Wexford, que no sólo causaron numerosas víctimas militares, sino también civiles.

Concedió grandes extensiones de tierra irlandesa a varios ingleses, en su mayoría soldados y comerciantes puritanos. De nuevo se estrecharon los lazos entre Irlanda e Inglaterra. No obstante, los irlandeses se aferraron al catolicismo. Pero hasta principios del siglo XIX los ingleses no se decidieron a anexionarse Irlanda.

El 11 de enero de 1801 entró en vigor el Act of Union, que estableció la anexión. Irlanda no tardaría en tener que afrontar graves problemas. En 1821, el país contaba con una de las poblaciones más densas de Europa, casi siete millones de habitantes, y siguió aumentando hasta superar ampliamente los ocho millones en 1841. Además, excepto en el nordeste (fábricas de lino), no existía el menor rastro de actividad industrial.

De 1845 a 1847 las cosechas de patatas fueron desastrosas. Entonces Irlanda sufrió un terrible período de hambre.

Esto dio origen a una gran corriente emigratoria; los estragos que provocó tal despoblación todavía pueden apreciarse. En 1891 Irlanda apenas contaba con cuatro millones y medio de habitantes. Hoy, sin contar el Ulster, apenas tiene tres millones de habitantes.

Debido a la miseria en que se había estancado la población y a la discriminación que mantenían allí los ingleses, no debe sorprendernos que los irlandeses los siguieran combatiendo. La desviación de la lucha hacia el terreno político se debió, en gran parte, a Daniel O’Connell, que se convirtió en el líder de los diputados irlandeses en el Parlamento inglés.

En el campo de la política, los irlandeses querían obtener la independencia. En el aspecto religioso consolidaron el culto católico a expensas de la Iglesia de Estado anglicana. Por último, desde el punto de vista social reivindicaron mejores condiciones de vida.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, una asociación secreta, los fenianos, organizó la lucha por la independencia. Los irlandeses que habían emigrado a América apoyaban y dirigían esta agrupación, cuya figura cumbre fue Carlos Stuart Parnell, con la esperanza de constituir un día una República Irlandesa. Gracias a la obstrucción parlamentaria, esperaba que se concediera prioridad a los problemas de los irlandeses que exigían la autonomía.

Parnell asumió también la presidencia de la Irish National Land League, que defendía a los campesinos irlandeses contra la arbitrariedad de los propietarios ingleses. Pero todos los planes fracasaron ante la mala voluntad de los ingleses o de los protestantes del Ulster.

Sin embargo, esto sólo estimuló a los irlandeses. Durante la primera guerra mundial se votó la ley sobre la autonomía, que no entró inmediatamente en vigor. Nació una nueva organización, la de los Sinn Feiners, que pretendía romper de modo deliberado con Inglaterra. La bomba estalló después de la guerra.

En 1922, Collins y De Valera elaboraron por fin la Constitución y después el desarrollo del Estado libre de Irlanda, del que el Ulster no forma parte. Sin embargo, hasta 1948 todavía subsistieron diversas obligaciones con respecto a la Corona inglesa.

Ver: Conflicto Irlanda – Inglaterra

http://historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg – Historia de Irlanda –

Movimiento Iconoclasta del Imperio Bizantino Emperadores Iconoclastas

Movimiento Iconoclasta de Bizancio
Emperadores Iconoclastas

En el año 476 de la era cristiana, Odoacro, jefe germánico de los conquistadores bárbaros, depuso al emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo. El acontecimiento marcó el fin de una época en la Europa occidental. Por otro lado en Oriente, el imperio seguía viéndose agitado por la presión bárbara.

Desde la nueva gran capital que Constantino había construído en el Bósforo, «Constantinopla, la nueva Roma», sus herederos y sucesores gobernaron un imperio que se extendía desde el Danubio a Assuan y de la costa de Dalmacia a las montañas de Armenia. El último de ellos, con su herencia un tanto disminuida por las guerras que tuvieron lugar a lo largo de los siglos, murió defendiendo la ciudad contra los turcos otomanos en 1453.

fuego griego

Los bizantinos utilizaron su arma secreta, el fuego griego, con gran éxito contra los árabes. Era una mezcla de cal viva, petróleo y azufre y ardía en cuanto la cal viva entraba en contacto con el  agua.

Tres raíces. La civilización bizantina tenía tres raíces: en Roma, en Grecia y en el Próximo Oriente. Pero los bizantinos no fueron simples receptores pasivos de las influencias del pasado. Continuaron las tradiciones e ideas del imperio romano, de la Grecia helenística y de los mundos semítico e iraní, parcialmente helenizados, pero elaboraron su propia síntesis. Crearon una estructura de ideas sobre Dios y el hombre, gobernantes y gobernados, la naturaleza y el arte, más resistente y duradera que ninguna otra en el mundo entonces conocido.

El imperio bizantino era un estado centralizado en un mundo medieval de poderes fragmentados y locales. Heredó del imperio romano de Diocleciano y sus sucesores una estructura integrada por provincias y departamentos de estado, un sistema legal común, una compleja maquinaria de recaudación de impuestos en moneda y en especie y una burocracia culta y profesional.

Un emperador fuerte podía dirigir y modificar estos elementos para ajusfarlos a las circunstancias cambiantes; un emperador débil pronto se daba cuenta de que los procesos de gobierno no necesitaban más que su participación formal.

El emperador y el patriarca
El emperador era un autócrata que no tenía que responder de sus actos ante nadie, como un monarca helenístico. Pero era un gobernante cristiano de un país cristiano. A los primeros creyentes les intranquilizaban los gobernantes seculares, pero los consideraban como una molestia pasajera; lo importante era la segunda venida de Cristo.

El cristianismo bizantino había absorbido la visión jerárquica del universo propugnada por la filosofía griega del último período. El emperador era el representante de Cristo en la Tierra, el mediador entre Dios y su pueblo, y su persona y todos sus actos tenían un  carácter   sagrado.

Junto a él se alzaba el patriarca, jefe de la Iglesia Ortodoxa, cuyas diócesis tenían una estructura coincidente con las divisiones administrativas del Imperio. A los historiadores acostumbrados a los conflictos entre el papado y el imperio en el Occidente medieval les parecía que la Iglesia no era más que un departamento del estado de Bizancio.

La iglesia bizantina nunca tuvo que operar en un vacío de poder, como el papado a principios de la Edad Media. La Iglesia y el Imperio cristianos eran dos caras de la misma moneda. El patriarca era el responsable de la pureza de la fe y de la oración y la liturgia, que aseguraban la protección divina. El emperador se ocupaba de los asuntos de este mundo, entre los que se incluía el de comprobar si sus subditos se adherían a la fe proclamada por el patriarca.

Tal era el ideal; los conflictos esporádicos eran debidos  a  la  imperfección humana.

templo bizantino en la roca

El Valle de Goreme, en Capadócia, Turquía, está compuesto de extrañas formaciones rocosas. Allí se cincelaron muchas iglesias, bellamente pintadas, y se utilizaron como refugios durante las invasiones árabes.

Los monjes, cuyos incontables monasterios no estaban organizados en Ordenes, como en Occidente, velaban por el patriarca y el emperador. El prestigio del hombre santo, que renunciaba al mundo y a sus obras en pos de la comunión directa con Dios, era inmenso en Bizancio.

En ellos, más que en la iglesia secular, buscaban los hombres orientación moral, seguridad emocional y, en ocasiones, una protesta efectiva. Tuvieron un importante papel en las complejas relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Puesto que había un solo Dios y una sola Iglesia, no podía haber más que un emperador. Teóricamente el imperio bizantino representaba a todo el mundo cristiano. Los demás estados eran aberraciones temporales y lamentables, o parte de un plan divino para castigar a los bizantinos, que a menudo se llamaban a sí mismos Nuevo Israel por sus pecados y herejías.

Un emperador que sufría frecuentes derrotas u oposición no era un verdadero monarca. Podía ser depuesto por un rival victorioso, a quien evidentemente Dios favorecía más. Los emperadores eran entronizados y depuestos a veces con asombrosa rapidez, pero el imperio, y el plan divino del que éste era un mero instrumento, eran indestructibles.

Los iconoclastas
Esta concepción del mundo dio a los bizantinos una gran confianza. Fortaleció su superioridad tecnológica y económica y su poder militar, a menudo brutal, mientras las cosas fueron bien y les proporcionó una gran capacidad de reacción y resistencia ante la adversidad y la derrota. Ello significa que los conflictos políticos se concebían desde el punto de vista religioso.

En los días oscuros de mediados del siglo VIII, León III y su patriarca declararon que el culto tributado a las imágenes de los santos era idólatra. Los emperadores iconoclastas, apoyados por los ejércitos de Asia Menor, empezaron a destruir las imágenes y los mosaicos de las paredes de las iglesias, a cerrar monasterios y confiscar sus propiedades y a denunciar y perseguir a los partidarios de las antiguas prácticas religiosas. Durante un siglo, con un breve respiro, los iconoclastas se mantuvieron en el poder.

Los teóricos de la iconoclastia eran sinceros en sus afirmaciones. Creían que los largos años de derrota y humillación a manos de árabes y búlgaros eran una señal de desagrado divino y había que encontrar la causa. Los sutiles argumentos filosóficos acerca de la relación entre imagen y realidad, heredados de la filosofía griega, parecían sospechosos en una época más dura. Pero tras la disputa filosófica se escondía la actitud rígida de los duros soldados de origen campesino del Asia Menor, de los que dependía ahora el destino del imperio. Se resentían de la perfeccionada cultura de la capital y eran hostiles a la creciente riqueza y poder de los monasterios.

mosaicos bizantinos

Un panel de marfil del siglo X representa a Cristo bendiciendo a Romano II y a su esposa Eudocia. El emperador emprendió una victoriosa expedición que arrebató Creta a  los sarracenos.

Una cultura «griega»
Bizancio no sólo era cristiana; también era griega, sobre todo desde la pérdida de sus provincias egipcia y siria en el siglo vil En Bizancio, como en el mundo helenístico del que era heredera, el ser griego no tenía nada que ver con la raza. Era una cuestión de idioma y cultura.

Muchas de las personalidades del mundo bizantino, incluyendo algunos emperadores, eran de origen armenio: Juan Axuch, amigo personal y principal ministro del papa Juan II, era un turco seldjúcida; Romanos, el mejor himnógrafo de la Iglesia Ortodoxa, sirio; Gregorio Pakurianos, comandante en jefe del ejército bizantino en el siglo XI, de Georgia. El poder absorbente de la cultura griega cristiana era tan grande como en su día lo fue la pagana.

Y sin embargo los bizantinos no se llamaban a sí mismos helenos (griegos), al menos hasta sus últimos días; se les conocía como romanos, pues el imperio romano nunca llegó a su fin en Oriente. Para ellos no hubo una Edad Media que los separara bruscamente del mundo antiguo, ni tenían la sensación de ser los supervivientes de un cataclismo, como a menudo ocurría en Occidente. Este sentimiento de continuidad hizo que les resultara fácil y tentador el tratar de recrear el mundo antiguo, aunque, por supuesto, en versión cristiana.

El resurgimiento político y militar bizantino tras el siglo de iconoclastia fue acompañado de un renacimiento cultural. Los hombres investigaron, copiaron, estudiaron e imitaron las obras griegas clásicas de literatura, filosofía y ciencias. Aprendieron directamente de Tucídides, Polibio y Plutarco cómo analizar el carácter individual de los hombres y su conducta política. Utilizaron como modelos a los retóricos de Grecia para hablar y escribir con elegancia y persuasión. De Galeno y sus sucesores aprendieron los secretos de la medicina.

De Arquímedes, Euclides y Ptolomeo adquirieron la austera visión de las matemáticas. Incluso estudiaron a los novelistas griegos y de ellos aprendieron el arte de la ficción. Su herencia llegó a abrumarles. A veces desearíamos que se hubieran preocupado menos por la conservación y más por la autoexpresión.

Y sin embargo, no carecían de originalidad, aunque a menudo estuviera enmascarada por la imitación de los modelos clásicos. Alguna vez, al seguir el pensamiento de Platón, pusieron en tela de juicio, aunque involuntariamente, los fundamentos de la revelación cristiana.

La instrucción y la cultura no estaban monopolizadas por el clero. Los laicos también eran hombres de letras, y un erudito no religioso podía ser nombrado patriarca y pasar por las distintas órdenes canónicas en pocos días. Es lo que sucedió en el siglo IX, con Focio, el hombre más culto de su época, alto palaciego, patriarca y suscitador del «cisma de Oriente». Es sorprendente que muchos emperadores fueran a su vez hombres de letras.

La sociedad bizantina era muchísimo más ilustrada que la de la Europa occidental, hasta que ésta última emergió de la Edad Media.

En las artes plásticas encontramos elementos griegos, romanos y orientales fundidos y mezclados, que forman algo nuevo. Muchos de los exquisitos relieves de marfil y alabastro son de sentimiento e inspiración clásicas. En los mosaicos, pinturas e iconos con que estaban adornadas las iglesias bizantinas la figura humana pierde sus proporciones clásicas y se resaltan los ojos, como en los retratos de las momias egipcias, y las figuras son planas y alejadas del espacio real y tridimensional.

Las iglesias bizantinas tenían un exterior de obra de ladrillo lisa o con decoraciones muy simples. Pero en el interior estaba pintado en vivos colores el esquema del universo y el plan de salvación, desde los profetas, en el atrio, a través de la procesión de santos y los sucesos de la vida de Cristo y la Virgen, que resplandecían en el ábside, hasta Cristo, el Pantocrator (Todopoderoso), en la cúpula que lo coronaba todo. Los fieles se veían conducidos al mundo eterno que les rodeaba por todos lados.

Karie Cami
Las figuras abstractas y ascéticas del siglo IX (los iconoclastas destruyeron la mayor parte del arte figurativo eclesiástico anterior y, por su parte, no produjeron ninguno) son sustituidas por figuras austeras y poderosas en los siglos X y XI.

Todavía pueden verse en Grecia en la iglesia de Dafni, en Hosios Loukas y en el Nea Moni, en la isla de Chios. Son la expresión de la confianza y la fuerza de la sociedad bizantina de la época. Al igual que en la literatura, también el arte del siglo XII presenta una vuelta a las representaciones más dinámicas y clásicas.

Los grandes mosaicos de la Sicilia normanda, de Palermo, Monreale y Cefalú, obra de artistas bizantinos, constituyen la mejor muestra de este arte.

Tras la restauración bizantina de 1261, aparece un nuevo y tierno estilo humanista, basado en el arte clásico del siglo anterior. Los magníficos y cálidos frescos y mosaicos del Karie Cami, en Estambul, que no se han abierto al público por completo hasta fecha reciente, son los mejores monumentos de este último período del arte bizantino, que sin duda alguna contribuyó al florecimiento del arte prerrenacentista italiano de Giotto y sus contemporáneos.

La tradición artística bizantina subsistió tras la caída de Constan-tinopla en Creta, donde nació y se educó Domenikos Theotokopoulos, El Greco.

El arte secular es menos conocido, aunque parece haber pasado por las mismas etapas que el eclesiástico. Nos ha llegado a través de ilustraciones de libros, pues los grandes palacios, con sus frescos y mosaicos, están todos destruidos.

Visto desde la perspectiva de nuestros días, el principal papel de Bizancio fue la conservación de las ideas del mundo clásico hasta el Renacimiento, que en los demás lugares se habían perdido. Pero no fue nunca una conservación pasiva y desinteresada. Como todas las sociedades, los bizantinos adaptaron, transformaron y enriquecieron su legado y lo hicieron llegar a nosotros, sus herederos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia La Fuente del Saber – Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatinas S.A.

Las Hordas Mongoles Vida , Costumbres y Conquistas

VIDA Y COSTUMBRES DE LAS HORDAS MONGOLES

Los mongoles han representado un importante papel en la historia de Asia. Son nómadas, y su vida está hecha, por tanto, de continuos desplazamientos forzados por la necesidad de encontrar la hierba necesaria para la alimentación de sus grandes rebaños de corderos y cabras. Estos animales les proporcionan carne, leche, mantequilla y queso. Como animales de carga, los mongoles utilizan el camello y un caballo de pequeña estatura, pero de gran resistencia.

los mongolesLa extensión de la estepa, y su pobreza, los obligan a desplazarse de estación en estación. Desde este punto de vista se les puede comparar con los lapones y otras poblaciones de Eurasia septentrional.

Viven en tiendas en forma de quesera, que levantan formando un enrejado de sólidas tablas, y cubriéndolo después con mantas de lana burda. Estos campamentos de tiendas deben considerarse pueblos ambulantes.

Ningún extranjero podría decir con exactitud dónde se encuentran esas aglomeraciones. Sólo los mongoles saben en qué lugar se hallan sus vecinos. Nadie debe aventurarse solo por esas inmensas extensiones, pues quien lo hiciera correría el riesgo de no encontrar un alma viviente, ya que los mongoles  vagan   a  la   aventura.

La vida de este pueblo ha estado siempre envuelta en el misterio. El extranjero se siente poseído de una inexplicable inseguridad, de una continua amenaza… Los actuales mongoles no difieren mucho en usos y costumbres de aquellos antepasados suyos que surcaban las estepas hace centenares de años. Su pasado se pierde en la noche de los tiempos. Su fuerza era legendaria.

Uno de esos mongoles, Temudjin, a fines del siglo XII, reunió las tribus nómadas turco-mongolas. Eran grandes jinetes, de cráneo redondo, pómulos salientes, ojos rasgados, piel amarilla, cabello lacio y negro y piernas arqueadas. Temudjin sometió a cierto número de tribus y durante una primera asamblea solemne celebrada en 1206, se otorgó a sí mismo el título de Djingiz Khan o Gengis Kan, es decir, el más poderoso de todos los jefes, o también, el emperador inflexible. Conquistó la ciudad, de Karakorum e instaló en ella su residencia.

viajes de los mongoles

Caravanas  Mongoles

Hasta entonces no había visto nunca una ciudad y no sabía leer ni escribir, pero su ejército de 100.000 hombres le permitió franquear la Gran Muralla de China, tomar la capital Yen-King, que se convertiría en Pekín, al norte de China y conquistar Corea. Yen-King fue saqueada e incendiada.

Cuando estalló una rebelión en el Lurquestán, Gengis Kan conquistó el país, incluida Samarcanda, una de las ciudades comerciales más importantes de la época, y exterminó sin piedad a la población, que había cometido la audacia de rebelarse.

Mientras sus lugartenientes realizaban incursiones por Rusia meridional, Gengis Kan marchó sobre el Irán y llegó hasta el Dniéper. Su imperio fue el mayor que conoció el mundo hasta entonces. Admitía todas las religiones, pero hacía que reinaran, por el terror, la autoridad y el orden.

Murió en 1227 durante los preparativos de una nueva campaña. En vida repartió este imperio entre sus cuatro hijos, pero esto no impidió que Ogotai fuera designado Gran Kan, a pesar de que no era el primogénito.

Lo primero que hizo Ogotai fue lanzarse al ataque de la China meridional, luego de Rusia meridional y, por último, de Occidente. Veinticinco mil jinetes arrasaron Vladimir, Moscú y Kiev, derrotaron a los caballeros de la Orden Teutónica’ y asolaron Hungría, para llegar finalmente a la costa adriática.

Ogotai murió en 1241, y los jefes mongoles se retiraron a Rusia meridional donde fundaron el reino de la Horda de Oro con Serai como capital. Serai estaba situada en un afluente del Volga. Desde 1240 hasta 1450, Rusia vivió bajo el dominio mongol. El kan permitió que subsistieran los principados rusos, pero les designó jefes e instaló guarniciones en las ciudades a fin de mantener el orden.

Kublai, el sucesor de Ogotai, conquistó toda China. Fue el fundador de la dinastía Yan y se adaptó fácilmente a la civilización ya muy evolucionada de sus nuevos subditos. Los soberanos de Annam y Birmania tuvieron que reconocer, asimismo, su soberanía. En cambio, la flota que envió para conquistar el Japón sufrió una decisiva derrota. Marco Polo dijo con razón que este kan era el hombre más poderoso desde Adán.

Trasladó su capital de Karakorum a Pekín, y éste fue, sin duda, su mayor error político, pues se rompió la unidad del imperio mongol.

En Rusia el reino de la Horda de Oro se vino abajo, en 1502. En el siglo XIX se encontraron los vestigios de Karakorum. Seis siglos antes, esta ciudad había poseído una docena de templos, dos mezquitas y una iglesia cristiana nestoriana.

No se puede hablar de cultura mongol. Una figurilla del siglo vn, el jinete azul de Astrana, hallada al norte del Turquestán, testimonia un esplendoroso pasado y recuerda a los grandes jefes mongoles. Éstos tuvieron el mérito de poner a Europa en contacto con la civilización china, que en aquel momento mostraba un indudable adelanto sobre la cultura occidental.

Por este motivo no se puede achacar al azar el hecho de que el desarrollo de la técnica, que aceleró el fin de la Edad Media, se produjera inmediatamente después de las conquistas mongolas. El compás, la pólvora y el papel se deben, en efecto, al ingenio chino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I AZeta – Editorial Credsa

Origen del Conflicto entre Inglaterra e Irlanda La Religión

Historia y Origen del Conflicto
Entre Inglaterra e Irlanda

Los actuales problemas de Irlanda tienen su raíz en la discriminación social. El enfrentamiento entre las dos comunidades, la católica y la protestante, separó al país en dos partidos. Al triunfar los segundos en el aspecto político, los católicos se vieron en una situación precaria, hasta el punto de que no han tenido derecho al voto hasta hace muy poco tiempo.

La lucha por unos derechos civiles iguales a los del resto de los ciudadanos británicos ha desencadenado una situación que, además del religioso, presenta un carácter político-social, producto de los tiempos actuales. Estudiando la evolución histórica del país, se comprenderán mejor los problemas actuales.

El Imperio angevino o de la Casa de Anjou
Cuando hace 800 años Inglaterra fijó sus ojos en la tentadora Irlanda, comenzaron a establecerse amargas relaciones entre ambos países. Inglaterra, unida interiormente y con un imperio más allá de los mares, luchó durante siglos para obtener con razón el nombre de Islas Británicas y su único medio era dominar Irlanda. El tiempo ha demostrado su fracaso.

Los primitivos gobernantes ingleses tuvieron poco interés en aquellas tierras salvajes. Los romanos, aunque se sintieron tentados por la conquista, no pasaron de pensar en la posibilidad de añadir Irlanda a su imperio y se contentaron con dominar los campos ingleses.

La desgracia de Irlanda es que nunca obtuvo grandes ventajas de las civilizaciones que la invadieron. Durante la oscura Edad Media, su única luz provino de San Patricio, que le trajo la cultura y la religión cristianas. Más tarde, igual que Inglaterra, sufrió la barbarie de las invasiones nórdicas, pero ganó muy poco con su presencia, como no sea los puertos, de los que destacaba Dublín.

La invasión normanda de 1066, que tanto favoreció el desarrollo futuro de Inglaterra, no hizo ningún bien a Irlanda. Los adelantos que trajeron a Inglaterra los gobernantes normandos procedentes de la civilización que dejaban atrás, tales como un gobierno central, la unidad y un poder militar, le fueron negados durante siglos. Cuando, por fin, los reyes normandos, bajo Enrique II, empezaron a extender el imperio angevino, se comprendieron las ventajas de tener dominada a Irlanda. Pero la conquista no iba a ser fácil ni completa.

En 1166, la caótica política interna de una Irlanda dividida iba a dar su oportunidad a Enrique II; temeroso de que sus propios representantes en el país se hicieran demasiado poderosos, intervino personalmente en la situación y se hizo reconocer como señor por la Iglesia irlandesa y por los atemorizados jefes del país. Así Irlanda formó parte del imperio angevino; el feudo irlandés creado por Enrique duró cuatro siglos.

Atraídos por la explotación de aquellas tierras casi vírgenes, los señores anglonormandos se introdujeron en el interior de la isla. Pero no fue la suya una conquista como la de los normandos en Inglaterra un siglo antes. Se estableció una sociedad semi-feudal y un sistema jurídico, pero la conquista no aprovechó mucho a los reyes ingleses. No se pudo establecer un gobierno central y permanecieron vigentes todas las características de la vieja Irlanda. Surgió un elemento nuevo de esta situación: la aristocracia angloirlandesa, que, profundamente celosa de sus derechos y formada por señores anglonormandos, se apoderó de todas las tierras.

El rey inglés descuidó sus deberes para con Irlanda. Juan Sin Tierra, en su primera visita a los irlandeses, demostró por varios hechos imprudentes que su madurez como gobernante no había sido alcanzada, aunque varios años después, en su segunda visita, en 1210, consiguió que la autoridad real fuera aceptada y que el gobierno, centrado en Dublín, cobrara nueva eficacia. Para la permanente vergüenza de Inglaterra, hasta la visita de Ricardo II en 1394, ningún otro rey inglés puso los pies en tierra irlandesa.

Durante el reinado de Eduardo I hubo un período  de paz que permitió a Irlanda el desarrollo del comercio propio y la adaptación al nuevo sistema de «condados» importado de la metrópoli. Pero después de esta centuria de calma relativa, una invasión escocesa destruyó todas las esperanzas del país. 6.000 escoceses a las órdenes de Eduardo Bruce, ansioso de perturbar a los ingleses aún más después de algunas victorias obtenidas sobre ellos, se lanzaron sobre la isla en una guerra destructiva y salvaje.

Este Eduardo fue proclamado rey de Irlanda, pero lo mataron en el año 1318. Como resultado, los recursos del país se agotaron, el progreso fue detenido y el control inglés se redujo a una estrecha faja costera en los alrededores de Dublín. La isla quedó otra vez abandonada a los pillajes de los señores feudales y con el estallido de la Guerra de los Cien Años Inglaterra derivó su atención por completo hacia Francia.

La ley de Poynings
En el siglo XIV preocupaba a Inglaterra que su zona de influencia en Irlanda no se pudiera mantener ni extender. Los ingleses sostenían que eran los dueños de todo el país, pero la verdad era que el Pale consistía en un pequeño foco de civilización en medio de una tierra primitiva y salvaje.  Cuando los esfuerzos de Ricardo II por extender su dominio en la isla fracasaron, Irlanda se vio libre para seguir su propio camino.

Poco atractiva, inhospitalaria y arrinconada en un extremo de Europa, Irlanda se vio aislada de la vida del continente, oculta por Inglaterra. Mientras que esta última nación pasaba de la Edad Media al mundo moderno, la isla quedaba abandonada, sus recursos sin explotar y su pueblo dominado. Pero, por su posición, iba a ser crucial en la defensa estratégica de Inglaterra. Era casi un cuchillo clavado en la espalda de Gran Bretaña.

El gobierno de los Tudor significó poco para Irlanda, pero cuando Inglaterra se convirtió en una de las potencias europeas, los problemas internos de la isla pidieron una pronta solución. Enrique VII toleró un gran terreno independiente en el corazón de Irlanda, hasta que su creador se permitió la coronación de un rey como «Eduardo VI», que fue rápidamente eliminado. Enrique trató de gobernar el país por medio de un diputado inglés, apoyado por un ejército formado sólo por ingleses.

Después de varias luchas se procedió a la publicación de un estatuto llamado «ley Poynings» (nombre del diputado inglés), que, aprobado en 1494, ha permanecido en vigor hasta el siglo XIX. Este estatuto fue desvirtuado en favor de los ingleses y por él se establecía que no se podía abrir un parlamento en Irlanda hasta que el Rey y su consejo lo hubieran autorizado con su sello. Con esta ley los ingleses han podido controlar durante siglos los trabajos de la constitución irlandesa.

enrique viii rey de inglaterraEn 1534 cambió el aspecto de la historia de Irlanda. A partir de este momento, la metrópoli organizó un verdadero plan de reconquista. Enrique VIII se hizo llamar rey de Irlanda y al final del reinado de Isabel I casi toda la isla se hallaba bajo régimen militar.

A pesar del sistema represivo usado por los Tudor, en esa época es cuando Irlanda llegó a ser una verdadera amenaza para los ingleses. Cuando Inglaterra, le volvió la espalda a Roma durante la Reforma, los irlandeses prefirieron permanecer dentro de la religión católica. Isabel I tuvo que tener ejércitos dispuestos continuamente en el campo de batalla para aplastar la aparición de constantes rebeliones irlandesas.

La matanza de Drogheda
Los monarcas de la casa Tudor, ansiosos de acabar para siempre con el problema, intentaron colonizar las turbulentas tierras. Las protestas de los irlandeses fueron en vano y cuando Jacobo I fue aceptado como rey, grandes terrenos habían sido expropiados de sus poseedores irlandeses y entregados a los escoceses o a los ingleses.

Siguiendo la misma política, los seis condados del Ulster, en el norte, se entregaron a los colonizadores extranjeros en 1608. Como es natural, estos nuevos señores eran protestantes, y así empezó el conflicto entre las dos religiones, que todavía no se ha resuelto.

cronwellOliverio Cromwell fomentó aún más tan amarga realidad. Carlos I, para proteger su tambaleante trono, creó en Irlanda un ejército de reserva, que en la década de 1640 se rebeló en apoyo de su hijo, el príncipe Carlos. Oliverio Cromwell, principal apoyo del Parlamento inglés, fue a Irlanda en 1649 y derrotó al ejército realista en una cruel campaña.

La guarnición de Drogheda fue pasada por las armas, así como 1.500 ciudadanos y todos los sacerdotes del condado de Wexford. Al final de aquel año, toda la costa de la isla estaba en poder de Cromwell. Irlanda nunca olvidó aquellos amargos días y a partir de entonces sólo una pequeña zona del oeste del río Shannon siguió en poder de los señores irlandeses.

A pesar de ello, todos los monarcas ingleses tuvieron que dedicarse a la reconquista de Irlanda. Tras cada acción de guerra, se dictaban nuevas leyes que entregaban la tierra  a  los  protestantes  o  que  restringían la vida particular de los irlandeses para evitar que ganaran poder o influencia.

El Parlamento inglés trataba a la nación como enemiga y hasta 1793 no se les concedió derecho al voto a los católicos, ni podían tomar asiento en sus propias Cortes. El comercio, la industria y la agricultura estaban tan atrasadas que el país se hallaba sumido en la pobreza.

Como el predicamento de los protestantes aumentaba sin cesar, la Unión de Irlandeses, imitando la revolución francesa, se levantó contra la metrópoli y pidió ayuda a Francia. Los franceses no pudieron desembarcar por culpa de una tormenta y la rebelión fue aplastada por Inglaterra.

En 1800 se aprobó el Acta de Unión igualando los derechos de ambas comunidades, pero Jorge III la echó por tierra, obligando a William Pitt el Joven a anular la promesa de emancipación. Los irlandeses tuvieron que esperar hasta 1829 para obtenerla; pero; como es natural, ni la igualdad de derechos ni la emancipación extirparon la pobreza, que siguió haciende estragos en el país.

En 1846, el hambre causada por la destrucción de las cosecha? mató a más de un millón de habitantes Entonces empezaron las emigraciones a América.

william pitt

William Pitt el Joven, obligado por Jorge III a anular la promesa de emancipación que se hizo a los católicos para aplacar la rebelión   irlandesa   de   1798.

Los emigrantes influyeron de tal manera, que Gladstone, en 1868, permitió una mayor libertad religiosa y bajó los impuestos sobre las tierras. Intentó también conseguir para los irlandeses un gobierno nacional, pero le fue imposible. El partido liberal inglés, durante la Primera Guerra Mundial, siguió intentando la autodeterminación, encontrándose siempre con la oposición de los conservadores y en el año 1916 hubo nuevos mártires de sangre irlandesa.

Por fin, en 1921, aprovechando el cansancio de Inglaterra después de la guerra, se estableció el Estado libre de Irlanda, aunque el Ulster seguía fiel a la metrópoli por su carácter protestante.

Así está el conflicto actualmente. Irlanda, escindida espiritual y políticamente, lucha por su unión y por su independencia definitivas como desde hace 850 años.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  Pasado y Presente del Hombre  –  Tomo I –  Editorial Plancton

Creencias de Pueblos Originarios del Mundo Aborígenes

CREENCIAS DE PUEBLOS PRIMITVOS DEL MUNDO

Junto a las grandes religiones del mundo existen varias creencias menores que luchan por subsistir. Pese a ser muy
diferentes las características que presentan;, pueden ser agrupadas en cuatro categorías:

1) Prácticas totémicas e idolátricas. Ciertos aborígenes de hoy, comparables por su cultura a nuestros antepasados paleolíticos, tienen ideas religiosas rudimentarias que se apoyan en los conceptos de “tótem” y “tabú”, ligados estrechamente a la idolatría. El “tótem” es la idealización de animales y objetos -tomados genérica y no individualmente- como emblema protector de una tribu y, a veces, como ascendientes.

bosquimanos

 El psicologo francés Pierre Janet divide las creencias en racionales e irracionales. Las primeras, objetivas, se fundan en la experiencia y la información científica; las segundas, subjetivas, en cuestiones personales (la fe, por ejemplo) y sentimentales. Richard S. Crutchfield, psicólogo social estadounidense, postuló que “el hombre se ofrece creencias para responder a situaciones problemáticas”.

Los integrantes de ese grupo humano adoptan el nombre del “tótem” y pasan a llamarse “la tribu de la serpiente” o “el clan del marfil”. Similar al tótem son el “fetiche” de los negros y los iconos, de varias culturas asiáticas.

Siempre el “tótem” fue una especie de divisa o marca, que se graba o se pinta en las armas, objetos, viviendas y hasta en las mascarás y tatuajes; también se tallan o esculpen, con ese fin, estatuillas de barro, piedra, madera, hueso o marfil. Todo aquello que, por estar cargado de una gran fuerza mágica, deba ser respetado en grado sumo y tenga que ampararse en el misterio de lo que nadie frecuenta, es considerado, por los aborígenes, como “tabú”, es decir: prohibido. Más que veneración, los tabúes inspiran miedo.

Pueden referirse a costumbres, lugares, personas o ídolos, al espíritu de los antepasados y a todo un ritual. Su clima de misterio trasciende a través de ceremonias esotéricas, insólitas y algunas veces horripilantes, que supervisan los magos o hechiceros, que actúan, todavía hoy, en muchas tribus de África, Asia, América y Oceanía.

totem

El tótem puede equipararse con la  patrona de ciudades , como un santo, o una advocación de la Virgen María, y su principal objetivo es el de proteger a todos los individuos del clan o tribu de cualquier posible mal o remota amenaza, así como el de representar los valores y las tradiciones culturales del grupo.

También compartieron estas ideas de “tótem” y de “tabú” los trogloditas que decoraron, con pinturas rupestres, algunas de sus cavernas: no precisamente aquellas donde vivían, sino otras, más aisladas, que jamás vieron la luz del sol.

Lugares recónditos, como las cuevas de Font de Gaume o de Altamira, precedidas de verdaderos laberintos por los que se desemboca en una especie de “sancta sanc-torum“, lugar sagrado -que es “tabú”- con bellísimas figuras de bisontes, elefantes o renos. Se sabe que estas pinturas tenían una intención mágica, para facilitar la caza de los animales por ellas representados; eran trampas, encantamientos, fórmulas rituales y prácticas supersticiosas.

Deben incluirse en esta primera categoría muchos aborígenes australianos y melanesios; los hotentotes, bosquimanos, congoleses, cafres, zulúes y otras tribus africanas; los aborígenes de Siberia y Asia Central, cuya figura clave es el “chamán” (sacerdote, brujo y curandero); los primitivos “bhils” de la India y muchos pueblos de las tres Américas.

2)  El culto a la Tierra o Madre Naturaleza. Esta creencia resultó esencial a partir del Neolítico, es decir desde el momento, a fines de la era cuaternaria, en que se produjeron en el mundo cambios que variaron las condiciones de vida del hombre. Algunas tribus paleolíticas emigraron hacia zonas más frías sus últimos descendientes son los esquimales y los lapones de las zonas árticas o los aborígenes de Tierra del Fuego.

Mientras tanto, en otras regiones del planeta, después de ese diluvio al que aluden como hecho cierto varias religiones en su historia, surgió una nueva vida, pues el hombre, que se dedicó a la agricultura y a la domesticación de animales, se volvió sedentario.

3) El Árbol de la Vida. La idea de la Madre Tierra se relaciona con la del Árbol de la Vida, para algunos la simple higuera (cuyo nombre, en latín, es ficús religiosa) y, para otros, como los mexicanos, el nopal. La religión de los semang, en Malaca, dice que el Árbol Cósmico crece en lo alto de una roca ubicada en él centro del mundo.

En Sumatra, los aborígenes adoran un gigantesco árbol cuyas raíces aleanzan lo más profundo de la Tierra y cuyas ramas tocan el cielo. Los tártaros veneran un abedul que atraviesa las nubes y baña sus raíces en el’agua ele la vida eterna. Ende los tapones, el Señor del Mundo está representado por un mástil. El Árbol de la Vida juega un papel importante en las tradiciones hieráti-cas de los pueblos indoeuropeos.

4) Dualismo contrapuesto: el Bien y el Mal. En África y en Asia, y también en América y Oceanía, hay cultos bivalentes, que contraponen sus ideas: el bien y el mal, el dios de aspecto masculino con la mujer que es su esposa; el día y la noche; la vida y la muerte; el infierno y el cielo. A veces del dualismo se pasó a la trinidad, como en el “trimurti” hinduista (Brahma, Vishnú y Siva) o a otras creencias, politeístas o monoteístas, que siguen practicando todavía, al margen de las grandes religiones, determinados pueblos del mundo.

Así, el “animismo”, según el cual todas las cosas tienen un alma y deben ser adoradas individualmente. La idea de un Ser supremo, difundida por todo el orbe, conduce a concepciones religiosas más avanzadas, como la hebrea, la cristiana y la islámica.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°12 Supersticiones y Creencias Edit. Cuántica

Historia de la Orden del Cister Bernardo de Claraval

Historia de la Fundación de la Orden del Cister

La orden del clster es unaorden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Cister por Roberto de Molesmesen 1098. Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval. su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cistercíense Más Importante del Siglo XII, aún no siendo el fundador sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la Orden.El Císter proporcionó numerosos santos a la Iglesia, comenzando por  san Roberto de Molesme, san Esteban Harding, y san Bernardo de Clairvaux (o de Claraval).

Todo empezó en el ano 1098, cuando un grupo de 21 monjes benedictinos, con su abad Roberto al frente, salieron del Monasterio de Molesme, movidos por el Espíritu Santo, en busca de un lugar solitario, Citeaux (Cister), donde poder buscar a Dios con mayor autenticidad y sencillez, llevando una vida en pobreza y soledad, y proveyéndose de lo necesario con su propio trabajo. Su norma de vida seña el Evangelio y la Regla de San Benito en toda su pureza.

El 21 de marzo fue la fecha elegida para establecerse en el Nuevo Monasterio. Los comienzos no fueron fáciles; la pobreza material y la escasez de vocaciones se prolongarían varios años. Pero esto no arredró el ánimo de los monjes, que trabajaron por convertir aquel lugar inhóspito en un vergel.

El santo fervor de los hermanos hizo que Odón, el duque de Borgoña, les favoreciera abundantemente, contribuyendo a lo construcción del Monasterio y entregándoles tierras y ganados para su sustento. Cister fue elevado al rango de Abadía, bajo el patrocinio del Obispo de Chalons, titular de aquella diócesis (en la actualidad Dijon).

primer monasterio de cister

Este monasterio situado al sur de Navarra, a 34 kilómetros de Tudela, es el primer monasterio que la
Orden del Císter construyó en la Península Ibérica.

HISTORIA DE SU FUNDACIÓN: En Lombardía, se inició a un movimiento que exigía un retorno a la pobreza y abstinencia de la Iglesia primitiva.En el siglo XI, el obispo Pedro Damián estimuló esta acción, y creó, a su vez, comunidades de clérigos, en las cuales la vida monástica se desplegó en una asombrosa austeridad.

De todas partes surgieron tendencias extremistas que, superando la experiencia de Cluny, buscaban otras vías de salvación. Así procedieron los que, influidos por la lectura de los Padres del desierto, llegaron a preconizar una vida solitaria.

En 1084, un monje llamado Bruno fundó la orden de los cartujos, partiendo de un monasterio organizado por él cerca de Grenoble: la Gran Cartuja. Después, ante los desórdenes internos que se produjeron en el monasterio, varios monjes, bajo la dirección del abad Roberto de Molesme, quien ya había cuestionado y alejado de la Orden de Cluny , decidieron abandonarlo en 1098.

Encontraron el sitio adecuado en la árida región borgoñona de Citeaux, (traducida al español como Císter) donde levantaron una capilla y un modesto cenobio. Los primeros tiempos no fueron fáciles, debido a lo inhóspito del lugar. Aparte de las privaciones inherentes a la vida monacal, su ignota ubicación no atraía nuevos monjes para aumentar su número o emprender nuevas fundaciones. La falta de agua obligó a Roberto a trasladarse a un emplazamiento cercano que pertenecía a la diócesis de Dijon, ciudad capital del ducado de Borgoña. Tanto el obispo como el duque Eudes de Borgoña prestaron ayuda a aquellos monjes tan virtuosos, contribuyendo a la erección del monasterio y entregándoles tierras y ganado para su subsistencia.

Esta orden fundada en 1098 por Roberto de Molesme, la comunidad cisterciense vivirá en una austeridad voluntaria y total, sin ningún regalo en el vestido o en la comida.

Estos monjes vestidos de blanco, que dormían en una sala común y comían juntos en un refectorio, se consagraron a la oración y al trabajo de los campos, pero, a diferencia de los de Cluny, no percibían ninguna renta de sus tierras. Los monjes estaban divididos en dos categorías: los más instruidos y aquéllos cuyo origen social era elevado, llegaban a ser monjes de coro y no estaban obligados más que a los ejercicios espirituales, a diferencia de los «conversos», vestidos con hábitos pardos, a quienes su pobreza de procedencia conducía a trabajar los campos, y, por ello, se convertían en la mano de obra de los padres blancos.

El papa Urbano II concedió a la nueva Orden el estatuto de Privilegio Romano, al tiempo que exigía a Roberto que reasumiera su antiguo puesto en Molesme, a pedido de los monjes que habían permanecido en esa abadía. Su sucesor fue el hasta entonces prior del Císter, un monje llamado Alberico, que gobernó con acierto la congregación consolidando su prestigio y sus bienes.

Otro destacado abad de esa época fue Esteban Harding, resultó un gran promotor del Císter, que bajo su guía experimentó una notable expansión. Fue autor del Exordio Parvo y de la «Carta de Caridad», escritos que fijaron definitivamente las normas de vida de la Orden, su organización interna y, en definitiva, su Regla. Bajo la conducción de Esteban Harding (posteriormente canonizado) se fundaron las primeras cuatro nuevas abadías, conocidas como «las cuatro hijas del Císter».

En 1112 se presentó en Citeaux un grupo de treinta laicos encabezados por un joven llamado Bernardo, que pidieron ingresar como monjes. Esteban aceptó ese ruego y tres años después envió a Bernardo a fundar una nueva abadía en Clairvaux (Claraval). Esta congregación fue una inesperada y brillante estrella en la aún escasa constelación del Císter.

El Císter alcanzó renombre en toda Europa, gracias al ingreso de este joven noble de excepcional valor, seguido de sus compañeros: San Bernardo. En 1115, San Bernardo fundó cerca de Troyes su propia abadía: la de Claraval. Excelente polemista, San Bernardo representó, en el siglo XII, un papel muy importante en las famosas discusiones entre teólogos, en las cuales fue el adversario de Abelardo; después representó, igualmente, un gran papel en la segunda cruzada.

Su comunidad interna llegó a reunir 700 monjes, más otros miles en los 160 monasterios que dependían de ella. El polifacético Bernardo de Clairvaux obtuvo un particular poder dentro de la Iglesia, que le permitió tanto inspirar la fundación de la Orden del Temple como intervenir con autoridad en los conflictos del Vaticano.

Cuando murió, en 1153, la orden cisterciense estaba ya sólidamente implantada y tenía a su cabeza una direción colectiva: el Capítulo General, que reunía todos los años a los abades de las diferen tes casas. Durante casi dos siglos, las abadías aparecieron como puertos donde se refugiaba lo más noble y elevado del hombre medieval: el trabajo, la cultura y la fe.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico No Creer en Dios

El Ateísmo
Parece extraño hablar de la historia del ateísmo porque nunca ha existido un movimiento organizado que sustente estas ideas, tal como las demás doctrinas religiosas que han formado iglesias con el fin de difundir y mantener sus creencias.Y aunque no ha existido ninguna iglesia atea, siempre ha habido ateos, personas que por alguna u otra razón han creído —y creen— en la no existencia de dioses.

ateismo

Ateo es un término que viene del griego a: sin, y teso: Dios. Por lo tanto, ateo es aquel que prescinde de la existencia de Dios. Los motivos por los cuales los ateos no reconocen a Dios son muy variados. El ateísmo reside en cortar la relación del hombre con Dios, relación bidimensional: del hombre con Dios y de Dios con el hombre para optar por la realidad en la que vive inmerso el hombre (la mundaneidad).

La repugnancia hacia Dios que manifiestan proviene o de una dispersión irreflexiva o por una reclusión en sí mismo como centro del placer La dispersión irreflexiva va desde la desidia hasta los hábitos viciosos en virtud de los cuales el hombre, si no reforma su conducta.se desliza hacia el cambio de criterios morales.

Para tener un conocimiento de las variantes que tiene el ateísmo se puede hacer una división en ateos especulativos y ateos prácticos.

Los especulativos son ateos de tipo teórico, pues no admien que halla un  ser que trascienda al mundo. Se fundamentan en criterios de conocimiento, están poseídos de su autoestima y se oponen a las manifestaciones de los creyentes por considerarlas efectos del fanatismo.

Estos siempre han sido un número reducido. Son quienes profesan el escepticismo. Se les hace casi imposible atender la existencia del absoluto. Dentro de los especulativos cabe señalar a los ateos por reacción ante el problema del mal, el cual solo puede ser comprendido desde la profundidad del rechazo del bien.

Los ateos prácticos son aquellos que prefieren vivir sin sumisión a las obligaciones morales, convencidos de que los goces humanos son la lo mejor de la felicidad, Se recluyen y están motivados por la inmersión en el placer o en el activismo, ejemplo clásico de ello es el narcisismo.

Se pueden ver las secuelas de estas manifestaciones también en el afán de dominio, con el apoyo de esquemas seudointelectuales que se reducen al uso de unos cuantos tópicos, con el fin de obstruir la referencia a Dios.

Agnósticos: Es importante no confundir a los ateos con los agnósticos. Estos últimos consideran que la existencia de Dios es algo que no se puede demostrar ni refutar En cambio, los ateos creen que no existe. Esto no significa precisamente que sí exista; parece apoyar la postura de los agnósticos, pero muchos ateos asumen y defienden sus creencias con un rigor y una fe tan fuertes e inquebrantables como un religioso las suyas, por lo que las polémicas entre ambas ideologías han sido siempre fuertes.

Durante siglos, los ateos ocultaron sus ideas antes de enfrentarse a una religión demasiado autoritaria como ha sido el cristianismo, pero en los últimos dos siglos las ideas ateas se han ido difundiendo cada vez con más ímpetu.Y aunque hoy el ateo está mal visto poi la mayoría de la sociedad, ya no está tan perseguido ni se expone a las represalias que hubiera sí sufrido en años anteriores.

En esencia, el agnosticismo reposa en una raíz profundamente racionalista, esto es, en la actitud intelectual que considera a la razón como el únicc medio de conocimiento suficiente, y el único aplicable, pues sólo el conocimiento proporcionadc por ella satisface las exigencias requeridas para la construcción de una ciencia rigurosa. Y esto tanto si la doctrina se muestra claramente como racionalismo —es lo que ocurre en el caso de Kant— cuanto si se trata de filosofías en las que el racionalismo aparece solapado bajo la apariencia de positivismo o materialismo.

Como consecuencia, el agnosticismo circunscribe el conocimiento humano a los fenómenos materiales, y se sitúa frente a cualquier tipo de saber que se ocupe de seres espirituales, trascendentes  no visibles. No niega, ni afirma, la posible existencia de aquéllos, sino que suspende el juicio, se abstiene de pronunciarse acerca de su existencia v realidad y actúa con arreglo a tal actitud.

Y en este orden de cosas, aun cuando admita la posible existencia de un Ser supremo, ordenador del universo, sostiene que, científica y racionalmente, el hombre no puede conocer nada acerca de la existencia y la esencia de tal Ser. Esto es lo que diferencia al agnosticismo del ateísmo, pues este último sí niega radicalmente la existencia de dicho Ser supremo.

Fuente Consultada:
Histroria de la religiones Hofmann-Poirier
Enciclopedia HISPANICA Tomo I

Que se celebra en Semana Santa? Conceptos Cristianos Sobre Semana Santa

¿Qué se Celebra en Semana Santa?

El cristianismo: La figura de Cristo resulta impresionante por todo concepto. Incluso vista por sus detractores no pueden negársele grandeza ni belleza suma.

Al leer el Evangelio, donde se halla contenido su paso por la tierra, sorprende el laconismo del Maestro.

Todas las palabras que pronunció exceptuando, quizá, el sermón de la montaña y las parábolas, podrían reducirse a unas frases breves, lapidarias, de un contenido turbador y muchas de las cuales son aún motivo de controversia y discusión, cuando no de opuestas interpretaciones.

El que ama la vida la perderá. El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo… Exceptuando una ocasión en que trazó unas palabras sobre la arena, Jesús no escribió nada ni pareció preocuparle que se levantara acta escrita de sus hechos y de sus palabras. Su nacimiento fue misérrimo y su muerte brutal.

Sus discípulos quedaron tan aterrorizados cuando fue enterrado que incluso el más fiel le había negado ya por tres veces. Parecía que de Él no iba a quedar nada porque después de su muerte le rodeó la cobardía, el silencio y la soledad. Sin embargo, dos mil años más tarde, más de 750 millones de personas le adoran como verdadero Hijo de Dios. “Una disputa entre judíos sobre un cierto Jesús que murió, y del cual afirmaba Pablo estar vivo”. En el año 60, esto es lo que un funcionario romano llamado Porcio Festo escribió sobre la religión cristiana. De entonces acá, muchas han sido las explicaciones que de la “esencia del cristianismo” se han dado, y algunas de ellas se han apartado más de la verdad que la de Porcio Festo.

El cristianismo se funda en un hecho: la figura de Jesús, su vida terrestre y, lo que es más importante, la creencia de que Jesús vive y no ha muerto, porque es Hijo de Dios. Ésta es la nota original de la religión cristiana, pues sin excluir el judaísmo, el cristianismo es la única religión que desborda la Historia por lo trascendental de su contenido y se encarna en una persona que no solamente transmite una doctrina, sino que se presenta ella misma como la verdad y la justicia vivientes.

Es cierto que otras religiones tuvieron fundadores a los cuales sus contemporáneos pudieron ver con los ojos y tocar con las manos, pero ninguno de esos predicadores religiosos, Mahoma, Buda, Zoroastro, etc., se propuso a sí mismo como objeto de la fe de sus discípulos. Todos predicaban una doctrina que no atañía a su propia persona; eran simplemente enviados, profetas o siervos de Dios. Jesús es el Maestro que se da a sí mismo como objeto de nuestra fe; no se presenta como un personaje histórico, sino como verdadero Dios.

Celebración  de Semana Santa: La Semana Santa no tiene una fecha fija en el calendario gregoriano. El domingo de resurrección cae entre el 22 de marzo y el 25 de abril de cada año. Usualmente Semana Santa cae el primer domingo después de la primera luna llena que se produce en o después del día del equinoccio de primavera. Por esta razón la fecha cambia cada año y por siguiente, también cambian las fechas de otras observaciones relacionadas con Semana Santa.

Significado de Semana Santa:
La creencia principal del cristianismo es que Dios envió a su hijo Jesús al mundo para redimir al humano de sus pecados. Para lograr esto, Jesús murió en una cruz como sacrificio, tomando el lugar del pecador.

JESÚS MUERE EN LA CRUZ : Los evangelios nos explican como este acto se desenvolvió:

los Evangelios nos ofrecen las últimas palabras de Jesús, conocidas como las «siete palabras finales». Pidió a Dios que perdonase a sus torturadores (Lucas, 23, 34); consoló al ladrón penitente que se encontraba crucificado  su lado (Lucas, 23, 43); pidió a Juan que cuidase de su madre (Juan, 19, 26-27); clamó a Dios (Mateo, 27, 46; Marcos, 15, 34); expresó su sufrimiento físico Juan, 19, 28); declaró finalizada su misión (Juan, 19, 30) y, finalmente, se encomendó a Dios (Lucas, 13,46).

Tras su muerte, la oscuridad inundó la tierra v un terremoto partió la cortina del Templo, separando ;1 Lugar Sagrado del Sagrado de Sagrados (la sala externa y el santuario interno). Muchos de los que habían dudado y se habían burlado de Jesús comenzaron a decir que podría tratarse del Hijo de Dios. No obstante, los líderes religiosos esperaban dar por terminada la historia de Jesús, para lo cual pusieron guardias junto a su sepulcro. Así pretendían evitar que alguien robase el cuerpo y afirmase que Jesús había resucitado. A pesar de esta medida, sus discípulos afirmaron al tercer día de su muerte que Jesús ya no estaba en su tumba.

«AL TERCER DÍA RESUCITARÉ»
Los testigos de la Resurrección se contaban por centenares. Después de tres días en la tumba, Jesús se apareció a María Magdalena, a Pedro, a dos discípulos que se dirigían a Emaús, a quinientas personas en una montaña de Galilea, los once apóstoles que quedaban (Judas se colgó después :e traicionar a Jesús), y a otras personas en diferentes ocasiones antes de su ascensión a los cielos.

La veracidad de estos hechos es objeto de debate entre estudiosos de todos los puntos del espectro teológico. Lo que resulta innegable es que todas estas personas creían que lo que habían visto no era un espíritu o alguien que hubiese resucitado en la tumba, sino al verdadero Señor resucitado. En un principio, incluso los discípulos se mostraban escépticos.

Sin embargo, si no hubiesen creído realmente lo que habían visto con sus ojos, escuchado con sus oídos y tocado con sus manos, no habrían arriesgado sus vidas para propagar el mensaje evangélico, sobre todo entre sus hostiles contemporáneos, que podíais discutir sus palabras.

La orden para la evangelización, conocida como «Gran Misión», la recibieron los discípulos de Jesús inmediatamente antes de su ascensión: «Id, pues, adoctrinad a todos los pueblos, bautizadlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y enseñadles a observar todas las cosas que yo os he mandado. Y estad ciertos que yo estaré continuamente con vosotros hasta la consumación de los siglos» (Mateo, 28, 18b-20).

Armado con esta exhortación, el fortalecido grupo se puso en marcha para convertirse en testigo de todo lo que sus componentes habían visto y oído.

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS
La mañana posterior al domingo, algunas seguidoras de Jesús acudieron a ungir su cuerpo y descubrieron la tumba vacía. Un ángel se les apareció y les recordó la promesa de Jesús de que resucitaría al tercer día.

Grandes Profetas de la Historia Fundadores de Religiones Biografias

Grandes Profetas de la Historia

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Moisés Buda Confucio Jesucristo Mahoma

Iluminados o portadores de la palabra divina, los profetas han erigido poco a poco todas las creencias religiosas que dominan en el mundo en la actualidad. Actualmente, al hablar de profetas, se hace referencia más bien a los falsos profetas: individuos que propagan oráculos fantásticos próximos al engaño. Sin embargo, la palabra profeta califica también a los hombres que, en el pasado, fueron intérpretes de una voluntad superior que les ordenaba a los hombres amarse más y sobre todo adorar a Dios.

En obediencia a una voluntad superior
Fue en torno al Mediterráneo -en Grecia y en Egipto-y en Asia central -de manera especial en la India-, cuna de las primeras civilizaciones occidentales y orientales, donde aparecieron los profetas. Ya se trate de Abraham, Moisés, Natán, Isaías, Buda, Zoroastro, Jesucristo o Mahoma, todos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

La historia hace de ellos seres de excepción, quizá porque generalmente cada uno de ellos se presentó como una figura única e incomparable, es decir irreemplazable, y en ello no había orgullo de su parte; simplemente eran como poseídos por aquel en cuyo nombre hablan  y quien les permite realizar acciones  extrañas y sobrenaturales: Moisés dividiendo el Mar Rojo para salvar a su pueblo; Jesús transformando agua en vino o multiplicando los panes. Y es que no se toma la decisión de ser profeta: se es por obediencia a la voluntad apremiante de una naturaleza trascendental.

Una existencia marginal
A menudo es en la soledad de las montañas o en el desierto en donde los profetas han recibido los mensajes divinos que la han difundido entre los hombres. Pues, mediante la palabra o por escrito, esos hombres elegidos han intentado hacer manifiesta una verdad hasta ese momento escondida o alterada, reformar un comportamiento pervertido con el tiempo o a devolverle vigor.

A menudo, su deseo de reforma los enfrentaba con la religión dominante -ése fue el caso de Buda en la India o de Zoroastro en Persia o, cuando llegaban a reunir un grupo importante de fieles, con el orden  político, como fue el caso de Jesús, que repudiaba la autoridad de Roma; o de Mahoma, que desafiaba la de Bizancio.

Así, su vida consistió, muy a menudo, en una larga cadena de pruebas. Nómadas en su mayor parte, muchos fueron expulsados de su país, algunos fueron hechos prisioneros y otros, asesinados.

A esos marginados es a quienes las grandes religiones del mundo deben el hecho de haber surgido, así como una multitud de sectas y de herejías -como el shivaísmo o el vishnuismo en la India, el chiísmo o el kharidjismo en el Islam, o incluso los valdenses en el ámbito cristiano.

ALGO MAS….
OTRO GRAN FILOSOFO CHINO

mencio filosofo chinoDe entre sus grandes filósofos, tres tuvo China que han sido de suma importancia para su historia: Mencio, Confucio y Lao-tse, los cuales sobresalen con mucho de los demás. Si maestro Kung fue conocido en Occidente como Confucio, maestro Meng también recibió un nombre latino: Mencio.

Su vida presenta mucha semejanza con la de Confucio y provenía de la misma provincia (la actual Shandong). Igual que Confucio, vivió en una época de política confusa (h. 371-h. 288 a. de J.C.).

Como profesor, viajó largamente por China enseñando su forma de pensar, hasta que, al fin, se retiró desilusionado, para terminar su vida dedicado plenamente a la meditación.

Mencio creía en los héroes legendarios de los antepasados, pero, al contrario que Confucio, no quiso aceptar todo lo que contaba la Historia. Creyó también en la bondad ingénita del hombre, que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo, y esperó que cada individuo sometiera su actuación a este principio. Un joven está lleno de bondad congénita. Por los tristes ejemplos que le ofrece la vida, el hombre razonable se dará cuenta a tiempo de que su bondad disminuye, lo que le impelirá a reforzarla y cultivarla.

Aunque esto no es fácil, tiene el estímulo de la “doctrina del amor distinguido”. Por ejemplo: el individuo que ama a sus padres es un ser natural; si no los ama, es un animal, y por tanto, como hombre, es contranatural. De este amor por los padres viene a desarrollarse el amor hacia el prójimo.

Como el hombre es bueno por naturaleza, no hay diferencia entre ellos. Todos somos iguales. Cada ser humano es, según Mencio, “una complejidad acabada perfectamente”, pero esto no quiere decir que no haya hombres “más altos” y “más bajos”, por decirlo en lenguaje sencillo.

Aunque todos seamos buenos por igual, no somos iguales de inteligentes ni igualmente dotados, lo que es decisivo en la vida social.
Aparte de amor para todos, Mencio ponía justicia en cualquier cosa: “El espíritu del hombre es justicia”. Sólo hombres verdaderamente buenos pueden reinar. Como en tiempos de Mencio el gobierno dejaba bastante que desear, no cesó de criticar acremente a los gobernantes feudales. Esto le llevó a reconocer el derecho a la revolución cuando el país estuviera mal gobernado.

Para el filósofo, las órdenes del cielo (según las cuales el emperador estaba sentado en un trono de dragones) eran algo muy sagrado, contra lo que ningún gobernante podía oponerse. El pueblo debía ocupar siempre el primer plano; el emperador sería su servidor. Si no tenía condiciones para desempeñar su tarea, debería ser destronado para siempre.

He aquí las reglas que Mencio daba para el buen gobierno: escuelas para todos, leves castigos para los malhechores, reducidos impuestos, reparto equitativo de riquezas, tierras en propiedad inalienable y definitiva para los campesinos, protección del estado para todo el mundo.

Estas normas tan actuales de Mencio han permitido que los chinos le consideren como el segundo filósofo, inmediatamente detrás de Confucio, que es el primero. Cuando, bajo la dinastía Song, nació el neoconfucianismo, las normas de Mencio tuvieron gran influencia, porque ciertamente se veía en ellas algo nuevo por completo.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación El Origen de las grandes religiones

Palestina Historia de los israelitas Pueblo Judio en la Antiguedad

Palestina Historia de los Israelitas

Hacia mediados del milenio seguido a de C., en una época de incesantes movimientos de pueblos, ciertos grupos semitas, originarlos del desierto arábigo, llegaron al Eúfrates medio. Cerca del 1350 a.C. avanzaron hacia el oeste en dirección a Palestina. En el siglo XII a C. formaron reinos en zonas cercanas al mar Mediterráneo, Entre estos grupos semitas se destacaron los fenicios y los hebreos.

Aunque con características propias, ambos pueblos, al ser vecinos de civilizaciones tan importantes como las de Mesopotamia y Egipto, recibieron muchos elementos culturales de estas regiones. Costumbres, artes, ideas, posaron de un lugar a otro y de un pueblo al otro. Sufrieron también el impacto de circunstancias externas amenazantes, pero lograron desarrollarse sin excesivos sobresaltos antes de la formación de los grandes imperios asirlo, neobabilónico y persa.

historia palestina

El pueblo hebreo no ha aportado elementos de importancia para el progreso de la civilización universal. Tampoco la entidad de su Estado, inestable politicamente, de extensión limitada y de confines imprecisos, justificaría la atención con que han sido estudiados, si no fuera porque de él salió el cristianismo y también porque sus textos bíblicos son los fundamentos dogmáticos de esta religión, cuyo espíritu caracteriza a la civilización de todos los pueblos occidentales.

HISTORIA DEL PUEBLO HEBREO: Los hebreos: “el pueblo de Yahvé” Los hebreos se asentaron en la zona de Palestina, al Sur de Fenicia. Esta zona está delimitada: al Oeste: por el mar Mediterráneo; al Este: por el río Jordán y el mar Muerto; al Norte: por las montañas del Líbano; al Sur: por la península del Sinaí.

Es un territorio menos fértil que Egipto y Mesopotamia, pero presenta llanuras aptas para el pastoreo y el cultivo, parlo que será codiciado parlas vecinos del desierto. También pondrán sus oías allí poderosos renos por estar en una posición estratégica, lugar o punto de contacto, adonde llegaban caravanas de diferentes lugares.

Esta región se llamo primitivamente el país del Canaán debido a que sus primitivos pobladores fueron os cananeos pueblo también de origen semita, que se asentó allí hacia el 3000 a.C..

Posteriormente llegaron tribus de origen ario, los filisteos quienes denominaron a la zona Philístina, nombre del cual derivó la palabra Palestina y los hebreos, singular pueblo, que no formó un poderoso Estado o un imperio, pero que sorteando avatares mantuvo su vigencia hasta la actualidad. Es el único pueblo de la antigüedad que sobrevivió hasta hoy gracias a los lazos de unión que originó su religión.

Evolución histórica y política

mapa palestinaAntecedentes del pueblo hebreo. Los patriarcas: Los antiguos hebreos partieron originariamente desde Arabia y llegaron a la Mesopotamia. Estaban organizados en pequeños grupos familiares o “clanes”, dirigidos por el más anciano de sus miembros, al que llamaban ‘patriarca’, quien además administraba justicia, dirigía los actos de guerra y realizaba tareas de sacerdote.

Según la tradición, uno de estos patriarcas, Abraham, fue elegido por su dios, Yahvé o Jehová, para sellar un ‘pacto de alianza”: Yahvé le ordenó dirigirse a Cannán, tierra que prometió a él y a sus sucesores, si cumplían con sus designios. Abraham entonces obedeció, se puso en marcho con su clan y se estableció en Palestina.

Los hebreos salieron de la región que habitaban en Caldea, dirigidos por Abraham, y tomaron posesión de la tierra de Canaán, donde se establecieron y afincaron desplazando a los cananeos. Ha habido sus dudas acerca de si los hebreos y, particularmente, Abraham, procedían de una comarca de la Caldea o de la propia ciudad de Ur.

Las investigaciones dan por cierto que la procedencia de Abraham viene de la ciudad de Ur. También se han disipado las dudas que pudieran suscitarse sobre la ruta seguida en su migración hasta la Cananea.

Abraham saldría de Ur con su clan, dirigiéndose hacia el Norte y franqueando el Eufrates,  usado aún en nuestros días, alcanzarían las rutas que conducían desde la Alta Siria a Palestina. Así, pues, hay que considerar a Abraham como el fundador histórico de la nación hebrea.

Con su nieto, Jacob o Israel, los hebreos comenzaron a llamarse a sí mismos hilos de Israel” o israelitas” nombre que significa los que son fuertes con Dios”. Muchos hebreos emigraron a Egipto cuando ese país estaba en poder de los hicsos.

La dinastía XVIII tebana La expulsión de los hicsos de Egipto, se generó en un clima de fervor nacionalista. Cambió la situación de los hebreos asentados allí, fueron perseguidos y tratados prácticamente como esclavos. Surgió entonces entre los hebreos la figura de Moisés, quien convenció a su pueblo para huir de Egipto y dirigirse hacia la tierra prometida”. Se inició así el éxodo de los hebreos.

Según la Biblia, Moisés recibió al cruzar la península del Sinaí, en una revelación de Jehová, las leyes para el gobierno de la comunidad, conocidas como el Decálogo o las Tablas de los Diez Mandamientos.

Aquí la alianza de Dios y Abraham se renovó: Yahvé protegería a los hebreos en su camino a la nueva patria y el pueblo se comprometía a reconocerlo como único dios y cumplir con las “leyes”. El símbolo de este acuerdo era el Arco de la Alianza que contenía las Tablas. Al llegar a Palestina, Moisés murió a la vista de la tierra prometida”. Esta fue conquistada por Josué, su sucesor. En el curso del siglo XII a C. los hebreos tuvieron algunos enfrentamientos con los cananeos.

En cuanto a la organización política continuaron por mucho tiempo divididos en 12 tribus, sin conformar un solo Estado. El vínculo primordial entre ellos era el religioso. En momentos difíciles cuando eran atacados por enemigos, las tribus aceptaban eventualmente a un único jefe, llamado juez. Este era casi siempre un caudillo que unía a varias tribus bajo su autoridad durante el tiempo que durara el peligro. Entre ellos se destacaronGedeon, Sanson y Samuel.

Cuenta el Antiguo Testamento que el pueblo hebreo atravesó diversas etapas en su historia:

Etapa de los patriarcas. En ella Abraham, padre de los hebreos, abandonó por orden de Dios la ciudad de Ur para dirigirse hacia Palestina. Esta etapa comprende también la huida de Egipto de los hebreos guiados por Moisés, a quien Dios entregó los Diez Mandamientos. Por último se narra la instalación en Palestina.

Etapa federativa. Comienza con el patriarcado de Josué (siglo XII a.C). Se relata la federación de las doce tribus de Israel, que se enfrentaron a los filisteos. La lucha finalizó con la implantación del poder unificador de los jueces: Gedeón, Sansón, Samuel.

Etapa monárquica. En este período los judíos formaron un reino unitario con capital en Jerusalén, primero bajo el mando de Saúl y luego de David y Salomón, Después de produjo la división en dos reinos (Judá e Israel), la dominación babilónica y, por último, la diáspora de los judíos, es decir, su dispersión por el mundo.

Los hebreos creen en la existencia de un solo Dios, por tanto su religión es monoteísta. Esto era un rasgo único en su época. Según su concepción religiosa, Dios selló un pacto con los hebreos, a los que escogió como pueblo elegido. Dentro de las creencias judías figura la esperanza en la venida de un Mesías o redentor. El Antiguo Testamento es el libro sagrado del pueblo hebreo. El libro relata la historia de este pueblo y sus relaciones con las naciones vecinas, principalmente Mesopotamia y Egipto.

Creación del Estado hebreo: Los reyes
Rey Salomón
rey salomon

A fines del siglo Xl a C. estas uniones temporales frente al peligro se transformaron en una unión permanente con la creación del reino de Israel. Los hebreos organizaron un solo Estados nació la monarquía.

Era una circunstancia propicia para ello. En el plano internacional era una época de florecimiento de pequeños reinos independientes los grandes imperios antiguos habían decaído y todavía no había surgido el temible poder de los asirios. En el plano interno, era un buen momento para unirse y derrotar a los filisteos con quienes se disputaban la zona.

El primer rey de los hebreos fue Saúl. Su sucesor David conquisto Jerusalén (antigua ciudad cananea) y la convirtió en la capital del reino. Posteriormente sometió a los filisteos y extendió los dominios de Israel hasta el mar Rolo.

Los hebreos consideraron a esta época como la más feliz. Su hilo y sucesor Salomón alcanzo fama por darle prestigio e importancia al cumplimiento de la justicia. También intensificó el comercio aprovechando que el territorio estaba ubicado en un cruce de rutas comerciales. Fue una época prospero. Saloman, incluso, organizo una flota para comerciar por el mar Rojo. Parte de las riquezas se aplicaron a la construcción del palacio y del templo de Yahvé en Jerusalén.

templo salomon

Templo de Salomón

El cisma. Los dos reinos

A la muerte de Salomón cerca de 926 a C. se desencadenó una fuerte rivalidad entre las 12 tribus que conformaban el pueblo hebreo lo que determino la división del reino en dos estados diferentes:

a) Las diez tribus del Norte formaron el reino de Israel mas vasto y más fuerte, con capital en Samaria;

b) Las dos tribus del Sur formaron el reino de Judá con capital en Jerusalén.

Como consecuencia de este cisma o esta división hubo una decadencia económica y religiosa. Económica porque ya no tuvieron el monopolio de las rutas de la región, y religiosa porque comenzaron a adorar, sobre todo en el reino del Norte, a otros dioses y asimilaron también costumbres religiosas de otros pueblos como los cananeos. Como reacción ante esta situación surgieron los profetas, en defensa de la doctrina de Jehová. Según la Sagrada Escritura profeta es aquel que habla por Dios y como intérprete de Dios.

El exilio. La pérdida de la independencia política

La división y las luchas internas provocaron debilidad en los dos reinos justo en el momento en que resurgían nuevamente poderosos imperios en el Cercano

Oriente. Por lo tanto se vieron imposibilitados de mantener su independencia En eL 722 a.C. los asirios invadieron el reino de Israel y lo conquistaron, en el 587 a.C., Judá cayó en poder del imperio neobabilónico de Nabucodonosor II, quien transportó a los israelitas cautivos a Babilonia. El cautiverio en Babilonia señala la decadencia de la organización política de los he-oreos. Como contrapartida constituirá un periodo de elevación religiosa. Los judíos se mantendrán unidos por sus tradiciones yahvistas. En esta época surgieron con nuevo vigor los profetas, que reavivaron la fe de los israelitas. Entre ellos, Ezequiel y Daniel anunciaban que tras el sufrimiento vendría la recompensa con la llegada del Mesías, el Hilo de Dios” que los libertaría.

El retorno a Palestina. La comunidad religiosa

Cuando Ciro el Grande rey de los persas conquistó el imperio neobabilonico en el 539 a.C. autorizó a los hebreos retornar a Palestina. Si bien los persas les permitieron reorganizarse como comunidad religiosa, de acuerdo con su política de respeto a las creencias de los sometidos a su poder les prohibieron erigirse, en cambio como un Estado político independiente. De esta forma sufrieron distintas dominaciones: de la persa pasaran a la griega y luego a la romana.

La diáspora: En el año 70 d.C. LOS romanos destruyeron a ierusalen y expulsaron a os israelitas, quienes se disgregaron por todo el Mediterráneo. Comenzó así la diáspora” es decir la dispersión de os judíos por el mundo. La historia de los hebreos en Palestina había terminado por el momento, ella dejaría de ser su patria por mucho tiempo Pero la comunidad hebrea sobrevivirá manteniendo intactas sus creencias y costumbres, gracias a su fe y a la alianza con su Dios, Yahvé.

Economía: una tierra puente Establecidos en Palestina, los hebreos se dedicaron a la agricultura y a la ganadería. Los cultivos característicos fueron el olivo y la vid, aunque también obtuvieron legumbres como habas y en telas. El pastoreo de ovejas, asnos, bueyes, cabras, caballos y camellos acompañaba la actividad agrícola. También trabajaron la cerámica y confeccionaron numerosos tejidos de ano y lino. Pero su más importante actividad económica fue el comercio: esto se debió a que su lugar de asentamiento, Palestina, era una tierra puente; por ejemplo, un lugar de tránsito de mercaderes entre Mesopotamia y Egipto.

Los hebreos: exportaban: aceite y vino; importaban: metales (cobre de Chipre, hierro de Anatolia, oro de Arabia), marfil y especias.

La sociedad La sociedad israelita estaba íntimamente relacionada con su religión. El núcleo de la sociedad hebrea era la familia. Esta ero patriarcal. El padre representaba la máxima autoridad. Existían también los esclavos, que se obtenían por compra o por ser prisioneros de guerra; no se los trataba con crueldad

Letras y artes La religión dominó todos los aspectos de la cultura hebrea. La prohibición de representar a la divinidad desalentó la creatividad en escultura y pintura. Como contrapartida, Fa religión estimuló el desarrollo de la literatura: el esfuerzo de generaciones para la redacción y la transmisión de los textos, las creencias y tradiciones religiosas. El resultado fue la Biblia. La palabra Biblia” deriva del griego (Biblia libros, e indica el libro por excelencia Fenicia”. También se denomino Sagradas Escrituras: Sagradas” porque se creen inspiradas en Dios y contienen la revelación de éste a los hombres, y “Escrituras” porque su origen es variado, de distintas épocas y diferentes autores.

Estos escritos redactados por os hebreos constituyen el Antiguo Testamento o Biblia hebrea. En ellos se habla de la historia, las costumbres, las creencias, los pensamientos éticos y morales del pueblo israelita. Posteriormente, los cristianos le anexaron el Nuevo Testamento, donde aparece la llegada de Cristo, su vida y los orígenes del cristianismo.

El núcleo original de la Biblia fue el Pentateuco, conjunto de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. El Génesis relata la creación del mundo, los orígenes del pueblo hebreo con Abraham hasta el establecimiento en Egipto. El resto de los libros se refieren, entre otros temas, a Moisés, comentan la huida de Egipto, el peregrinar por el desierto y la llegada a la tierra prometida.

Los llamados Escritos Históricos de Josué, Jueces, Samuel, Reyes y Crónicas narran los hechos históricos desde el asentamiento en Palestina, relatan la actuación de los jueces, la formación del Estado, los momentos salientes de cada monarquía.

Los Escritos Proféticos comentan la división del reino en Israel y Judá, y su caída en manos de opresores extranjeros. Contienen los presagios de los profetas que anuncian el castigo y la resurrección de las ruinas.

Los Escritos Poéticos contienen salmos o himnos para ser cantados y plegarias.

Los Escritos Sapienciales reúnen consejos de sabiduría y preceptos de carácter moral. La música también fue cultivada por los hebreos. Samuel fundó una escuela de músicos. Durante los gobiernos de David y Salomón, este arte llegó a su esplendor considerándose una profesión de gran prestigio.

(Ver JERUSALEN, LA CIUDAD SANTA)

La religión: un monoteísmo ético

La religión, razón misma de ser deL pueblo hebreo, tu- ‘va como característica principal el monoteísmo. Israel tiene un solo dios: Yahvé o Jehová. Esta es la primera gran diferencia con el resto de las religiones del Cercano Oriente, que eran politeístas. Su dios es justo, sumamente bueno y clemente. No puede ser representado, es inmaterial. No toma por esto características antropomórficas ni se identifica con las fuerzas de la naturaleza, como los dioses de otras religiones de la antigüedad.

El hombre queda con respecto a Jehová en una posición inferior. Dios lo hizo a su imagen , inmortal, pero ha pecado, por ello ha sido condenado al trabajo y a la muerte. Concepto inverso al de las religiones mesopotámicas, donde el hombre nace mortal. El anuncio de la llegada de un Mesías en las épocas de crisis es otra particularidad de la religión hebrea. Vislumbro un futuro feliz, en donde el bien y la justicia reinen en la Tierra.

De esta forma, el mesianismo señala un punto de transición a la predicación cristiana. La religión de los israelitas tuvo también un matiz moral o ético. Yahvé le exige a su pueblo el cumplimiento de una moralidad. Dicto, en primer lugar, Las obligaciones del creyente para con su dios (“ser el único dios”, “no representarlo”), y luego, las obligaciones de los hombres entre sí “no cometer asesinato ni adulterio” ,“honrar al padre y a la madre”, etc.).

Por último, debemos citar una característica primordial de la religión hebrea: el profundo vínculo de Dios con la historia de su pueblo. En otras religiones, el accionar de los dioses se realizaba fuera de los tiempos históricos. En la religión de los hebreos, Dios está presente en la historia de su pueblo y les manifiesta o les revela a sus creyentes el modo correcto de actuar. Se comunica con ellos a través de sus elegidos como Abraham y Moisés, por intermedio de los cuales los guía” en el transcurso de la historia.

En síntesis: La religión hebrea, monoteísmo de contenido moral y profundo vínculo con la historia de su pueblo, fue la primera religión “sin fronteras”, lo que la convirtió en vínculo permanente entre sus creyentes y en razón de ser para su supervivencia como pueblo.

Su Legado: La primera fe monoteísta, origen de las tres grandes religiones actuales: cristianismo, judaísmo y islamismo. El Antiguo Testamento.

AMPLIACIÓN Y SÍNTESIS DEL TEMA

LAS RAÍCES DEL JUDAÍSMO son extremadamente antiguas, posiblemente anteriores al s. XIII a.C. A diferencia de todas las religiones de la época, los judíos creían en un solo dios. La historia y las leyes del judaismo estaban escritas en un libro, la Biblia hebrea (lo que los cristianos conocen como Antiguo Testamento). Los cinco primeros libros se conocen como la Tora, que quiere decir “ley” (para los cristianos se trata del Pentateuco). Contiene la historia de Abraham, Isaac y Jacob, llamados los “patriarcas”, así como la historia de Moisés. En la Tora se expresan los preceptos básicos del judaismo.

ABRAHAM
El pastor Abraham, el primer patriarca hebreo, era originario de la ciudad caldea de Ur. Dios le ordenó que cogiese a su familia y se trasladase con ella a Canaán, territorio que ocupaba la actual Palestina. Dios quiso más tarde probar su fe ordenándole el sacrificio de su único hijo Isaac. A punto estaba de celebrar el sacrificio cuando Dios, satisfecho por su devoción, le ordenó sustituir a su hijo por un carnero.

JACOB
Jacob era el primogénito de Abraham y condujo a los hebreos a Egipto cuando el hambre asoló las tierras de Canaán. Jacob recibió asimismo el nombre de Israel, de donde viene el de “israelitas” con que se conoce también a los hebreos.

MOISÉS
El libro bíblico del Éxodo se centra en el período de la esclavitud de los hebreos en Egipto y en su salida conducidos por Moisés hacia la tierra de Canaán, a través del desierto. Durante la peregrinación, Moisés recibió las leyes de Dios, especialmente el Decálogo, en la cima del monte Sinaí. Como intérprete de la Alianza, Moisés se convirtió en el organizador de la religión y de las tradiciones civiles de los israelitas. El Decálogo (los “diez mandamientos”) se convirtió en el código de conducta, no sólo del judaísmo, sino también, más tarde, del cristianismo.

ISRAELITAS Y FILISTEOS
Los filisteos eran un pueblo de marinos provistos de una rígida disciplina y de un buen armamento que invadieron y saquearon varios países del Mediterráneo. Se habían instalado en Canaán poco antes del regreso de los israelitas desde Egipto. Los filisteos intentaron extenderse al vecino territorio de Israel y a los montes de Judea, lo que condujo a un conflicto entre los dos pueblos; es la historia bíblica de Sansón. Durante el reinado de David, los israelitas se unieron definitivamente ante el enemigo común, los filisteos. Resultaron victoriosos y se establecieron en la tierra de Israel.

EL REINO DIVIDIDO El primer templo de Jerusalén fue construido por Salomón en el 957 a.C. para albergar el Arca de la Alianza, símbolo de la unidad israelita. Tras la muerte de Salomón (h. 930 a.C.) se intensificaron las luchas entre las tribus del norte y las del sur. El reino se dividió en dos: Israel, al norte, y Judá, al sur.

INFLUENCIA EXTRANJERA
Los asirios conquistaron Israel en el 721 a.C. El área y su religión sufrieron la influencia extranjera durante largo tiempo, en un período en el que transcurrieron desde la caída en manos de Babilonia (s. VI a.C.) hasta la conquista de Alejandro Magno (s. IV a.C.). Los romanos conquistaron Israel en el 63 a.C. y la incorporaron a sus posesiones con el nombre de Judea. La religión de los israelitas comenzó a ser conocida como judaísmo, mientras que los israelitas se conocieron más como judíos. En este período surgieron nuevos grupos judíos, principalmente de orden político, cuyo objetivo era la fundación de un estado judío independiente. La comunidad judía se expandió rápidamente por el Mediterráneo y Egipto.

LA VIDA COTÍDIANA El pueblo que observaba la religión judía debía cumplir ciertas leyes. Éstas incluían una cierta forma de matar a los animales y de preparar los alimentos. Un precepto fundamental era la observancia del sabbath, día de la semana consagrado a la plegaria.

Fuente Consultada: La Humanidad de Silvia Vázquez de Fernández

El Islamismo: la religion musulmana de Mahoma Religiones del Mundo

LA EDAD MEDIA: EL ISLAMISMO

resumen de la edad media 

Uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia de la humanidad fue la aparición, en el primer tercio del siglo VII, de un nuevo sistema religioso, social y político, que surgió en el corazón de la península Arábiga y, en poco más de cincuenta años, se expandió desde el Atlántico hasta la India. Los árabes musulmanes convirtieron este vasto espacio en un crisol, en el cual se amalgamaron las corrientes culturales más diversas, íntimamente tamizadas por un idioma común, el árabe, y por una mismo credo, el islamismo. A lo largo de la Edad Media, el mundo islámico tuvo distintos epicentros políticos y momentos de unidad y de ruptura. Estos cambios a menudo fueron saldados con guerras de conquista y enfrentamientos muy cruentos. Sin embargo, los vaivenes políticos no desvirtuaron el gran aporte del islamismo a la humanidad.

Los árabes no sólo se distinguieron por sus propias creaciones en todos los ámbitos del conocimiento y el arte sino que, por distintas vías, abrevando en las más diversas fuentes, recuperaron la inmensa riqueza de la Antigüedad clásica con una amplitud y frescura sorprendentes. Gracias a ellos, por ejemplo, el pensamiento aristotélico renació con toda su fuerza y esplendor, del mismo modo que trasfundieron a Occidente los más importantes logros filosóficos, científicos, técnicos y estéticos del Lejano Oriente. A la vez, como ocurrió en Al-Andalus, en la península Ibérica, los musulmanes supieron convivir con las otras grandes religiones monoteístas, lo que hizo posible que la actividad cultural creciera con pujanza en un clima de tolerancia y libertad inusitados en la Edad Media.

La Vida Religiosa Musulmana:

La vida de los creyentes musulmanes está marcada por las oraciones, desde el nacimiento hasta el instante de la muerte. Es costumbre susurrar al oído de los recién nacidos frases del Corán, y también a los moribundos.

La práctica religiosa

Es llamativa la homogeneidad de la vida religiosa a pesar de que el Islam no dispone de intermediarios notables entre Alá y los fieles, ya que los rituales como las abluciones o la oración diaria son personales y las jerarquías desaparecen frente a la práctica religiosa. En el Islam no hay sacerdotes y la relación del fiel con Alá es directa y sin intermediarios

Los musulmanes creen que el hombre existe como exponente supremo de la creación de Alá y que debe construir su destino. El hombre es Libre en su voluntad y sus acciones y puede decidir seguir o no el camino que Alá le ha mostrado a través de su profeta Mahoma, pero, silo hace, forma parte de una comunidad extensa e identificada. Los cientos de millones de musulmanes que escuchan la llamada del almuédano se sienten hermanos y se reconocen mutuamente por su devoción a Alá.

Los pilares de la fe musulmana

La práctica religiosa musulmana gira en tomo a la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación. Se denominan «los cinco pilares de la fe» y tienen las siguientes características:

La chahada o «profesión de fe» es el primer pilar. Consiste en rezar la oración que resume la fe islámica: «No hay más divinidad que Alá y Mahoma es su profeta».

La ozalà u «oración» es el segundo pilar. Los musulmanes deben orar cada día cinco veces. Lo hacen al alba, al mediodía, a media tarde, al ocaso y por la noche, con la particularidad de tener que realizar cuatro posturas principales al tiempo que recitan la chahada y otras oraciones: de pie, inclinado, prosternado y sentado sobre los talones. Los almuédanos entonan el verso «Alá es grande» desde los alminares de las mezquitas y, al oírlo, todo musulmán sabe que es el tiempo de rezar y deja por unos momentos cualquier actividad que esté realizando.

Previamente antes de orar, los musulmanes tienen que purificarse por medio de la limpieza del cuerpo, como se expone en la aleya número 7 de la azora 5 del Corán:

Creyentes!, cuando os dispongáis a hacer la azalá, lavaos el rostro y los brazos hasta el codo, pasad los manos por la cabeza y lavaos los pies hasta el tobillo.»

Los viernes, que es el día santo de los musulmanes, el rezo se hace de forma colectiva y obligatoria.

El sawn o «ayuno» es el tercer pilar. El cumplimiento del ayuno durante el ramadán, mes noveno del año, es una de las celebraciones islámicas más conocidas. Se trata del mes de ayuno y de reflexión religiosa a través de las lecturas del Corán y de los ritos establecidos.

El ayuno es obligatorio para todo musulmán adulto y está Prohibido comer, beber o fumar, desde que sale el sol hasta que se oculta. La elección de este mes se corresponde con el tiempo en el que Mahoma recibió la Primera revelación.

En la puesta del sol, que marca el final del ayuno diario, los musulmanes se reúnen para recitar el Corán y para comer.

Sistemas de préstamo islámicos

En la azora 2, aleya 275 del Corán se dice: «Alá ha autorizado el comercio y prohibido la usura».

Siguiendo este precepto, de una manera ingeniosa se han ideado sistemas para prestar de un modo que no pueda equipararse a la usura. Así el sistema bancario islámico ha ideado las siguientes modalidades de préstamo:

Al mudaraba. El banco pone el capital y el cliente el esfuerzo para realizar un negocio o el desarrollo de una empresa. Ambos, banco y cliente, comparten beneficios y pérdidas, en caso de haberlos.

Al murabaha. El banco compra el producto que solícita el cliente y acuerda con él un precio. Se compromete a vendérselo a otro precio acordado, ganando el banco la diferencia.

Al musharaka. El banco y el cliente se hacen socios, aportan el mismo capital y asumen los mismos riesgos y beneficios según la siguiente proporción: un tercio para el banco, otro para el cliente y el tercero para amortizar el préstamo.

El día que acaba el ramadán, se realiza una fiesta con un menú especialmente cuidado. Como el calendario musulmán es lunar, el mes de ramadán puede coincidir con cualquier momento de nuestro calendario.

El hajj o «peregrinación mayor» es el cuarto pilar de la fe. Todo musulmán que tenga salud y recursos para afrontar un viaje a La Meca tiene el deber de realizar al menos una peregrinación en su vida a la ciudad sagrada. El azaque o «limosna» es el quinto pilar. Es un deber para todo musulmán ayudar a quienes lo necesiten por medio de la solidaridad. En las comunidades sunitas se tiene que dar el 2,5 % de la riqueza acumulada cada año. Muchos fieles entregan el azaque a ONG musulmanas para ayudar a los desfavorecidos o a quien lo necesite.

La vida religiosa islámica y la plegaria marcan el ritmo del día, del año y de la existencia. Estas oraciones y rituales son los puentes de unión entre los musulmanes y Alá.

Comentario sobre la biografía de su fundador:

Mahoma (cerca de 570 a cerca de 632 d.C.). Hijo de un mercader árabe pobre, Mahoma quedó huérfano a los 6 años y creció siendo pastor de ovejas. De joven conducía caravanas pertenecientes a una viuda rica; más tarde se casó con ella y se volvió mercader. Pero, cosa rara en un hombre de negocios, Mahoma era algo solitario y le gustaba retirarse a pensar.

A la edad de 40 años dijo que el ángel Gabriel le había ordenado en nombre de Dios predicar la verdadera religión. Al poco tiempo comenzó a atacar la superstición y a exhortar a la gente a llevar una vida piadosa y moral. Enseñaba a sus adeptos a creer en un Dios justo y todopoderoso, Alá, cuya misericordia podía merecerse mediante la oración, el ayuno y la limosna Las autoridades de la Meca, alarmadas por su creciente popularidad, lo expulsaron en 622 d.C.; entonces se desplazó a Medina, convirtiéndose en juez y legislador.

Mahoma comandó una guerra contra los enemigos del islam y se apoderó de la Meca en 630 d.C. Después de su última peregrinación, en 632, cayó enfermo y falleció. Sus reglas morales, establecidas en el Corán, permanecen siendo la base de la ley en todo el mundo islámico. En los capítulos 5 y 9 se puede leer más acerca de Mahoma, el islam y los árabes.

EN EL AÑO DEL ELEFANTE, NACE UN NIÑO
Corría el año 570, que los árabes llamarían el “año del elefante”, porque fue entonces cuando vieron por primera vez estos enormes animales, traídos por el rey cristiano Abrahah, de Etiopía, para atacar a La Meca.

El ataque de dicho monarca fracasó a causa de una epidemia. Durante la lucha contra el invasor sucumbió ‘Abd Allah, miembro del clan Hashem, una rama menor de la tribu coreixita. Cuenta la tradición que, dos meses después, Amina, su viuda, dio a luz a un niño que se llamó Ahmad o Mu-hámmad (Mahoma). Cuando éste contaba seis años dé edad, su madre también murió, y el huérfano quedó bajo la tutela de su abuelo paterno Abd al Muttálib y, después, de su tío Abu-Táleb, que habría de asegurarle siempre la protección del clan Hashem. En pocos años el muchacho se convirtió en un experimentado caravanero. Acompañaba a su tío en sus viajes a Siria, luchaba contra los asaltantes y tomaba decisiones sagaces. Su honestidad le valió ser llamado con el apelativo de “al-Amín”: el leal, el fiel.

A los 25 años, era uno de los tantos caravaneros beduinos que cruzaban el desierto a lomo de camello. Nada lo hacía destacar, salvo su fama de hombre honesto, su barba renegrida y sus ojos almendrados. A esa edad contrajo matrimonio con la dueña de los camellos que conducía, su acaudalada prima Jadiya, quien era mucho mayor que él. De los hijos que tuvieron, el varón murió joven y las mujeres en su infancia —la mortalidad infantil era muy elevada en el desierto—, excepto una que sobrevivió. Se llamaba Fáti-ma. Siglos más tarde, se habrían de librar grandes luchas en su nombre.

Después que un incendio destruyó la Caaba, ésta fue reconstruida. Fue entonces cuando los coreixitas se disputaron entre sí el privilegio de emplazar en el nuevo templo la “piedra negra” venida del cielo. Como no llegaron a un acuerdo, resolvieron que la suerte decidiese la disputa. El primer hombre que entrase en el santuario sería el encargado de colocar la piedra. Y ése fue el caravanero honesto.

EN LA NOCHE DEL DESTINO, NACE EL PROFETA DEL SEÑOR
¿Qué sintió el joven beduino al transportar a la Caaba la “piedra negra” que el Señor enviara a los hombres? Jamás lo reveló. Se cuenta, empero, que a partir de entonces su existencia se transformó. Tornóse retraído y meditabundo. Permanecía largo tiempo en lugares solitarios, apartándose de todos. Pensaba en el destino, en la justicia, en el aparente absurdo de la vida, en el misterio del tiempo que transcurre y no vuelve.

Durante el Ramadán del año 610, subió al monte Hira para entregarse a sus meditaciones. Allí se durmió y vio en sueños a un ángel que le mostraba un pergamino, diciéndole: “¡Lee!”. Mahoma no sabía leer, pero el ángel insistió: “¡Lee, en nombre del Señor que te dio la vida!” (Corán, C. VI, 1-5).

“Así fue como comencé a leer lo que el ángel me mostró. Era como si sus palabras estuviesen grabadas en mi corazón. Salí de la gruta, y oí una voz que provenía del cielo y que me decía: “Mahoma, tú eres el enviado de Dios y yo soy Gabriel”.

Mahoma tenía cuarenta años. Su primera reacción fue pensar que había enloquecido, y corrió a narrar a Jadiya lo acontecido. Su esposa lo tranquilizó, y él regresó a los montes Hira y Tabir para meditar. Durante algún tiempo no tuvo visiones, hasta que una noche Gabriel reapareció fulgurante, y le dijo: “Mahoma, en verdad, en verdad, tú eres el profeta de Dios”. Esta segunda revelación disipó todas sus dudas, y Mahoma aceptó la palabra celestial: él era el enviado de Dios encargado de llevar la justicia a los hombres. A todos los hombres, y no sólo a los beduinos. La suya fue, desde el comienzo, una religión universal.

“HAY UN SOLO DIOS”, DICE LA VOZ DEL ARCÁNGEL
Por lo que se sabe, Mahoma nunca se juzgó a sí mismo como un predestinado hasta el momento en que oyó las voces celestiales. Y si en un primer momento creyó haber enloquecido, después aceptó el origen divino de esas voces, y adquirió la certeza de su propia predestinación. Esta fe le dio una inmensa fuerza. Con ella pudo resistir todas las dudas, enfrentar todas las adversidades y a todos sus perseguidores.

La principal certeza que Mahoma adquirió fue la de la unicidad de Dios: el universo, detrás de su aparente diversidad, oculta una única realidad trascendental, un único poder.
En los tres años que siguieron a la denominada “noche del destino” en que experimentó su primera revelación, Mahoma, todavía receloso, sólo comunicó lo sucedido a su esposa Jadiya, a su hijo adoptivo Zayd, a su primo Alí (su futuro yerno), y a sus amigos Uthmán y Abu Bekr.

LAS PALABRAS DEL SEÑOR SON GRABADAS EN UN LIBRO
Esas revelaciones místicas eran denominadas por los árabes “recitación” o, en su lengua, qurán. Los fieles las transcribían sobre trozos de pergamino, omóplatos de camello, hojas de palmera o tablas de arcilla. Ya en tiempos de Mahoma, esos fragmentos comenzaron a ser reunidos, y con ellos crearon las suras (sural) o capítulos.

En conjunto fueron llamados “Al Qurán” (La Recitación), y de ahí el nombre de Alcorán, Corán o Koran, que se da a esas 114 suras, con 6226 versículos, compiladas más tarde.

En las primeras revelaciones, Mahoma se vio inspirado por un espíritu universal. Sus frases son cortas, incisivas, y tratan de problemas muy generales, como la generosidad y la justicia. Posteriormente, y a medida que Mahoma se mezcló en la política y se convirtió en el fundador de un Estado teocrático, las revelaciones se transforman, y comienzan a ocuparse directamente de los problemas locales, y, por ello, se nos hacen más oscuras.

En el período final de la vida de Mahoma, varios “secretarios” anotaron sus revelaciones. El más célebre de éstos fue ‘Abdallah ‘ibn-Sad. En cierta oportunidad, Mahoma dudaba en terminar una frase, y ‘Abdallah, por su propia cuenta, la completó. El profeta, distraído, hizo una seña confirmando la palabra del escriba. Pero éste, posteriormente, perdió la fe en Mahoma. ¿Cómo podía creer en que todas las palabras del Alcorán provenían de Dios, si él mismo había sido el autor de algunas de ellas? Abdallah huyó a La Meca, refugiándose entre los enemigos de Mahoma, quien jamás lo perdonó.

Tiempo después, al producirse la victoria definitiva del profeta,’Abdallah no sólo consiguió escapar a la muerte, gracias a la mediación de ‘Uthmán, sino que después de muerto Mahoma se convirtió en un importante funcionario del naciente imperio árabe. Había aprendido que la razón, en manos de un individuo, no basta para contener la marcha inexorable de la historia.

Este episodio, sin embargo, no implica que Mahoma fuese un impostor, como lo señalaron muchas veces sus enemigos y, en especial, los cristianos. Y la prueba de ello está en que muchas veces las “voces” que lo guiaban lo impulsaron a tomar medidas que, en otros momentos, él mismo consideró inoportunas.

El Corán se convirtió en el punto de referencia común a todo el pensamiento islámico. Así, cuando en los Estados musulmanes medievales (surgidos de la fusión entre el islamismo y las tradiciones judías, helenísticas y persas), aparecieron los primeros librepensadores, éstos denominaron a sus obras “Muarádat al qurán”, o sea, “an-ticoranes”, lo que revela su dominio.

* Mahoma fue el creador de esta religión.

* A los 40 años se sintió profeta y empezó a predicar en forma no muy clara, por lo que no logró muchos adeptos.

* Era viudo pero había heredado mucho dinero.

* Sus primeros discípulos fueron algunos de sus parientes

* Mientras meditaba se le había aparecido el ángel San Gabriel y le instigó a conseguir por las fuerzas la difusión de la palabra de Alá.

* En la Meca fue perseguido y se refugia en Medina durante varios años.(la hégira)

* Emprende la guerra abierta contra todos sus opositores y logra unir a todos los árabes bajo un mismo signo: la media luna.

* Al entrar en la Meca destruyó 360 ídolos que allí se veneraban.

* Murió a los 62 años de edad, pero su obra ya había sido terminada.

* Hoy se levanta la gran mezquita de Omar en el mismo lugar que según Mahoma se le presentó el ángel.

La Religión:

  • La fundó en Arabia en el año 622, que hasta ese momento los árabes eran politeísta y fetichista.
  • Fue la última religión creada y hoy cuenta con 400 millones de fieles.
  • Es monoteísta, es decir se cree en un sólo dios: Alá
  • Se caracteriza por haber conseguido un fuerte arraigo nacionalista y étnico, llegando hasta el fanatismo
  • No es una mezcla de judaísmo y cristianismo, sino que posee características propias de una nueva religión.

Características:

  • Se adora una piedra negra (Kaaba) protegida con un manto negro que se encuentra en la Meca.
  • Ala es su único Dios.
  • Todo fiel debe ir una vez en la vida a la Meca y dar tres vueltas alrededor de la piedra sagrada.
  • Su libro sagrado es el Corán (como los Evangelios cristianos).
  • Todos los días se deben dar abluciones
  • Se deben dar reverencias mirando hacia la Meca.
  • La limosna es obligatoria.
  • El ayuno también es obligatorio.
  • El buen musulmán debe abstenerse de beber bebidas alcohólicas y carne de cerdo.
  • El creyente debe ser circuncidado.
  • No puede tener mas de cuatro mujeres.
  • No puede adorar ninguna imagen u objeto.
  • Cada persona al nacer ya tiene su destino impreso (kismet) y nada se puede hacer para modificarlo.
  • El destino del hombre en la vida es el de trabajar, obrar bien, sufrir y aguardar su muerte.
  • Todo musulmán debe luchar en la guerra santa defendiendo la media luna.
  • El que muere libre de culpa (o muere luchando) tendrá como premio el Edén, un paraíso sensual, con ríos de sabrosas comidas (ambrosía) y hermosas huríes que sólo atienden nuestros pedidos.
  • Los condenados permanecerán en desierto de soledad, con grandes vientos que levantará arena y no dejará beber ni comer.

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PEREGRINACIÓN A LA MECA: CADA AÑO, al empezar el último mes del calendario musulmán, casi dos millones de personas viajan a la costa oriental de Arabia Saudita para el hadj, la santa peregrinación a La Meca que todo musulmán devoto debe realizar, si puede, una vez en la vida. Esta multitud de visitantes procede de todos los rincones del orbe donde se practica el islamismo.

Fue en la ciudad de La Meca donde, en el año 570 de la era cristiana, nació el profeta Mahoma, fundador del Islam, quien ordenó convertirla en lugar de peregrinación musulmana. El centro de devoción es el santuario de la Kaaba, edificio de forma cúbica situado en La Meca que, según la tradición musulmana, fue construido por Abraham. (Es a la Kaaba hacia donde todos los musulmanes se vuelven para rezar cinco veces al día, sin importar dónde estén.) Es particularmente sagrada la Piedra Negra, que engastó Mahoma en un muro del edificio.

Como primero y último actos de la peregrinación, los musulmanes visitan la Kaaba y le dan siete vueltas. Quienes logran acercarse a la Piedra Negra la besan o la tocan al pasar; pero, debido al gentío, la mayoría ha de conformarse con agitar la mano en dirección a la Piedra. Los principales días de ceremonia, oración y meditación son del 7 al 10 del mes, y en gran parte de ese tiempo todos los peregrinos deben estar en el mismo sitio al mismo tiempo.

El hadj anual es una notable proeza de organización. La sola cantidad de participantes plantea enormes problemas de salubridad, transporte y mantenimiento del orden. Se levanta una inmensa ciudad de tiendas de campaña para albergar a los visitantes, que exceden en número de tres a uno a los habitantes de La Meca.

A pesar de todos estos inconvenientes, la peregrinación se vuelve cada vez más popular. El peregrino regresa a su país con renovado orgullo, después de haber cumplido con una de las más sagradas obligaciones de su religión.

EL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO: El fundamentalismo islámico se ha convertido en uno de los temas más importantes de la política internacional actual. En este fragmento del libro ¿Qué es el Islam?, los historiadores ingleses Chris Horrie y Peter Chippindale analizan algunos aspectos referidos al tema.

“El crecimiento reciente del Islam ha sido especialmente notable en los países de África y de Asia en los que existió contacto con las potencias colonizadoras cristianas. […] Ahora, al cabo de decenios de inestabilidad política, aumento de la pobreza y desintegración social, el sueño de un desarrollo al estilo occidental o al soviético ha terminado casi sin excepciones en la desilusión. Ése es el contexto en el que ocurre la “Reforma” islámica a la que se califica de “fundamentalismo” y que constituye literalmente un retorno a una forma simplificada y básica de la ley islámica.

La reacción occidental al fundamentalismo islámico se ha caracterizado por la repulsión contra la reintroducción de castigos coránicos, como la amputación de una mano por el delito de un robo. En ello subyace una reaparición del viejo temor europeo de que los musulmanes proyectan conquistar el mundo. Esos temores son comprensibles, pero están exagerados debido a un malentendido básico y generalizado acerca del deber islámico de la yihad (Guerra Santa), que es uno de los pocos aspectos de la religión que se comentan mucho en Occidente.

Es cierto que todos los musulmanes están obligados a combatir a muerte en defensa del Islam […] Pero esa obligación coránica es totalmente defensiva. En el Corán se prohíben expresamente las guerras de agresión, sean para obtener poder mundano o la riqueza o para convertir por la fuerza a los no creyentes. […] En realidad, la distinción entre la guerra en nombre de la legítima defensa y la guerra de agresión es difusa, y los Estados Musulmanes tienden a ser tan belicosos como cualesquiera otros. […]

Pero incluso en condiciones de paz, es poco probable que el Islam fundamentalista pudiera jamás llegar a una aveniencia, con las sociedades laicas de Occidente, ni aceptar las ideas y las instituciones políticas occidentales. En particular, los ideales caros al Occidente de nacionalismo y de libertad individual no tienen ningún lugar en el pensamiento musulmán.”

Ver: Biografía de Fátima Hija del Profeta

Primeros Monasterios en la Edad Media Vida de San Antonio

Primeros Monasterios en la Edad Media

VIDA DE LOS MONJES BENEDICTINOS Y SUS MISIONES

Un monje (del latín monachus, que significa alguien que vive solo”) era un hombre que buscaba vivir apartado del mundo, alejado de la sociedad humana ordinaria, con el fin de perseguir un ideal de santidad o total dedicación a la voluntad de Dios.

El monasticismo cristiano, que se desarrolló primero en Egipto, al principio se basó en el modelo del ermitaño solitario que abandona la sociedad civilizada en su totalidad para perseguir la espiritualidad. San Antonio (c. 250-350) era un próspero campesino egipcio que decidió cumplir el precepto de Jesús en el Evangelio de San Marcos: Sigue tu camino, vende todo lo que tengas y dalo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo; y ven y toma la cruz, y sigueme . Antonio regaló sus trescientas hectáreas de tierra a los pobres y se fue al desierto a perseguir su ideal de santidad.

Otras personas lo hicieron igual; frecuentemente, hasta el exceso. San Simón el Estilita vivió treinta años en una canasta, colocada en la parte superior de un pilar de sesenta pies de alto. Esta gimnasia espiritual estableció un nuevo ideal para el cristianismo. Si bien el modelo de los primeros cristianos habían sido los mártires que morían por su fe y lograban la vida eterna mediante ese proceso, ahora el nuevo ideal era el monje que moría para el mundo y alcanzaba la vida espiritual por la renunciación, el ascetismo y la experiencia mística de Dios.

Sin embargo, los primeros monjes pronto descubrieron que no podían vivir en soledad. Sus hazañas de santidad atrajeron a un gran número de seguidores y, a medida que el ideal monástico se diseminaba por el oriente, el monasticismo cenobita, basado en la práctica de la vida comunitaria, pronto se convirtió en la forma dominante. Así, las comunidades monásticas llegaron a concebirse como la sociedad cristiana ideal que podía proporcionar un ejemplo moral a la sociedad más amplia que las rodeaba.

MONASTICISMO BENEDICTINO

Primeros Monasterios en la Edad MediaSan Benito de Nursia (c. 480-c.543), quien fundó una casa monástica para la cual escribió un conjunto de reglas en algún tiempo entre 520 y 530, estableció la forma fundamental de la vida monástica en la iglesia cristiana occidentaL.

En el 529, san Benito fundó oficialmente la orden benedictina, basada en unas estrictas y detalladas normas escritas por él mismo, que se conocen como la regla de san Benito, y designándose a sí mismo como el primer abad (del arameo abba, que significa «padre»).

Los benedictinos conocieron una gran expansión a partir del siglo vm, y el propio Carlomagno impulsó su implantación y la de su Regla en todo el territorio del Imperio Carolingio. Pero, como ya se ha dicho, las abadías comenzaron a pasar a manos de laicos, y se produjo un relajamiento general de la disciplina y de la conducta de los monjes.

Las reglas de Benito, favoreciendo un ideal de moderación, rechazaron en gran medida las ideas ascéticas del monasticismo oriental, el cual tendía a poner énfasis en prácticas como autoinfligirse tormentos (por ejemplo, vivir en lo alto de un pilar por treinta años). En el capítulo cuarenta de sus reglas, respecto a la cantidad de vino que un monje debería tomar, se revela este sentido de moderación:

A cada hombre Dios le dio su propio don, a uno de esta manera, a otro de otra formal Y, por consiguiente, con cierto temor determinamos para otros la cantidad de alimento. No obstante, tomando en cuenta la debilidad de algunos hermanos, creemos que una hemina [un cuarto de litro de vino al día será suficiente para cualquiera.

Sin embargo, hagamos saber a aquellos que fueron agraciados por Dios con el don de la abstinencia que tendrán su propia recompensa. Empero, si debido a las circunstancias del lugar, del trabajo o por el calor del verano, fuese necesaria una mayor cantidad, dejemos que descanse en la discreción del abad la decisión de otorgarla. Sin embargo, dejemos que él tome las provisiones necesarias para que no sobrevengan el hartazgo o la embriaguez.

Al mismo tiempo, la moderación no excluye una existencia ardua y disciplinada, basada en los ideales de pobreza, castidad y obediencia.

Vida de San Benito. La ilustración, con sus seis escenas, proviene de un manuscrito del siglo XI de la obra del papa Gregorio el Grande, titulada Vida de San Benito, escrita en el año 593 o 594.

vida de san benito

Arriba a la izquierda, Benito escribe sus reglas; arriba a la derecha, muerte de Benito; en medio, a la izquierda, su entierro; en medio a la derecha abajo a la izquierda, escenas de los milagros atribuidos a la Intervención de Benito; abajo a la derecha, Gregorio termina su Vida de San Benito.

La regla de san Benito: Benito de Nursia denominó modestamente «Mínima Regia de Iniciación» a la normativa monacal que habría de convertirlo en el patriarca fundador del clero regular en Occidente. La Regla se basa en las normas y usos de la tradición cenobita, organizadas y ordenadas para regir la vida de los monjes benedictinos. Su normativa abarca desde los votos iniciáticos y el horario de los rezos cotidianos, hasta el régimen de comidas o la estructura y dependencias de los monasterios. Su principal divulgador fue un homónimo del autor, san Benito de Aniano, que la estableció en las abadías del Imperio Carolingio, con algunos retoques de su propia mano. Entre los siglos VIII y X, san Agustín de Canterbury la impuso en los monasterios que fundó en Inglaterra, y san Bonifacio hizo lo mismo en su evangelizaron de Alemania. Poco después, la regla de san Benito regía casi todos los monasterios existentes, y los nuevos que se iban fundando.

LA VIDA DE SAN ANTONIO

En el siglo III y a comienzos del IV, las vidas de los mártires proporcionaron valiosos modelos para el cristianismo primitivo. Pero, en el transcurso del siglo IV, los monjes, o padres del desierto, que intentaban lograr la perfección espiritual mediante el ascetismo, el rechazo de la vida terrestre y la lucha contra los demonios se convirtieron en un nuevo ideal espiritual para los cristianos. Por consiguiente, las biografías espirituales de los primeros monjes llegaron a ser una forma importante y novedosa de literatura cristiana. Muy notoria fue La vida de San Antonio, escrita por San Atanasio, defensor de la ortodoxia católica en contra de los arrianos. Su obra se tradujo al latín antes del año 386. Este fragmento describe cómo Antonio luchó contra las tentaciones de Satán.

• Atanasio, La vida de San Antonio

Ahora bien, cuando el Enemigo (Satán) vio que su habilidad en esta materia no era de provecho y que, mientras más tentaba a San Antonio, más tenaz era el santo en defenderse de él con la armadura de su rectitud, entonces lo atacó mediante el vigor de la primitiva virilidad, inherente a la naturaleza de nuestra humanidad. Con los acicates de la pasión, lo cortejó para perturbarlo en la noche, y en el día también lo acosó y lo atormenté con lo mismo, a tal grado que incluso los que lo veían deducían por su apariencia que estaba en una lucha en contra del Adversario.

Pero, mientras el Maligno más le inculcaba obscenos y enloquecedores pensamientos, más se refugiaba San Antonio en la oración y en la abundante súplica, y con ellas permaneció totalmente casto. Y el Maligno estaba tramando perpetrar contra él todo hecho vergonzoso que estuviera de acuerdo con sus inclinaciones y, con el tiempo, se le apareció incluso a San Antonio en forma de mujer, llevando a cabo con desparpajo otras cosas semejantes, pues de todo esto el Maligno se vanagloriaba ante él.

Pero el bendito Antonio cayó de rodillas en el suelo y oró ante Él, quien le habló así: ‘Antes de que llores frente a mí, te responderé”, por lo que Antonio dijo: “Oh, mi Señor!, eso es lo que te suplico. No permitas que Tu amor se borre de mi mente, y consérvame, como lo soy por Tu gracia, inocente ante Ti”. Y, una vez más, el Enemigo multiplicó dentro de él los pensamientos de lascivia, hasta que San Antonio se asemejé a los que se consumían, no por intervención del Maligno, sino por su propia lujuria; pero se apresté con el temor del pensamiento del Juicio, de la tortura de la Gehena (infierno), y del gusano que nunca muere. Y mientras estaba meditando sobre los pensamientos que podía dirigir contra el Maligno, pidió tener pensamientos hostiles a él. Así, para reproche y escarnio del Enemigo, no pudo llevar a cabo todas esas cosas; él, que imaginé que podía ser Dios, resultó burlado por un joven; y él, que se jactaba de la carne y la sangre, fue derrotado por un hombre ataviado con carne.

De acuerdo con la regla benedictina, el día se dividía en una serie de actividades, con especial énfasis en la oración y el trabajo manual. Se requería que los monjes desempeñaran un trabajo físico de alguna clase varias horas al día: “La ociosidad es la enemiga del alma’ La oración constituía el verdadero corazón de la práctica de la comunidad, que era propiamente el “trabajo de Dios”. Sí bien esto incluía la meditación privada y la lectura, todos los monjes se reunían varias veces al día para el rezo común y el canto de salmos. La vida benedictina era una vida en común; los monjes comían, trabajaban, dormían y oraban juntos.

Un abad o “padre” regía estrictamente cada monasterio benedictino. Él tenía completa autoridad sobre los monjes, quienes se inclinaban sin cuestionar ante la voluntad del abad. Cada monasterio benedictino poseía tierras que le permitían ser una comunidad autosuficiente, aislada e independiente del mundo que la rodeaba. No obstante, dentro del monasterio los monjes debían cumplir su voto de pobreza: ‘Que todas las cosas sean de uso común, tal y como está escrito, que nadie pueda decir que cualquier cosa es suya o que pueda apropiársela”. En el siglo VIII, el monasticismo benedictino se había dispersado por todo occidente.

Las mujeres también buscaban apartarse del mundo para dedicarse a Dios. Ya en el siglo III, grupos de mujeres abandonaban las ciudades para formar comunidades en los desiertos de Egipto y Siria. En el siglo y, Cesáreo de Arles compuso para su hermana las primeras reglas monásticas dirigidas a las mujeres occidentales. Hizo

hincapié en el rígido enclaustramiento de las religiosas, conocidas como monjas, con objeto de protegerlas de los peligros. Más tarde, en el occidente, en los siglos VII y VIII, el crecimiento de monasterios duales permitió a los monjes y a las monjas vivir cerca unos de otros y seguir un conjunto común de reglas.

Sin embargo, no todas las mujeres perseguían la vida del celibato en el desierto. En diversas ciudades, en el siglo IV, las mujeres organizaron comunidades religiosas en sus propias casas. Una mujer llamada Marcela, por ejemplo, condujo a un grupo de mujeres aristócratas de Roma a analizar los ideales del ascetismo y practicar la virginidad como disciplina espiritual que les permitiría lograr la salvación.

El monasticismo desempeñó un papel indispensable en la antigua civilización medieval. Los monjes se convirtieron en los nuevos héroes de la civilización cristiana. Su dedicación a Dios se convirtió en el ideal supremo de la vida cristiana. Es más, como veremos después, los monjes desempeñaron un papel cada vez más importante en la difusión del cristianismo a través de todo el mundo medieval europeo.

PARA SABER MAS…

Los desórdenes del s.X trastornaron profundamente la vida monástica, que era el fundamento de la cristiandad. Religión y superstición se confundieron. Aparecieron movimientos tachados inmediatamente de heréticos y contra ellos se empleó a fondo la represión de los poderes político y eclesiástico. Algunas comunidades impregnadas de los sentimientos de paz y de caridad, lucharon contra tal disolución de las enseñanzas evangélicas. Monasterios de un tipo nuevo intentaron conciliar el ideal de la vida eremítica, fundada sobre el silencio y la oración, con la vida colectiva tal y como la había concebido San Benito.

Cluny y la fuerza del ejemplo Fue en Cluny donde se manifestó con mayor fuerza tal renovación monástica. Fundada en el 910 por un noble borgoñón, Bernon, la abadía hizo revivir bajo un aspecto nuevo la regla benedictina. Los monjes se consagraban esencialmente a la oración, pero también organizaban en torno al monasterio una comunidad laboriosa y apacible. Su influencia se hizo pronto muy considerable. Siguiendo el modelo de Cluny, se edificaron toda una serie de abadías que constituyeron otras tantas comunidades independientes, vinculadas todas ellas, empero, a la abadía madre. Así, en el s. XIII, la orden de Cluny cuenta con más de 1.500 casas, desde España a Escandinavia.

La vuelta a la sencillez evangélica A finales del s.XI, aparece una nueva orden, la de los cartujos, que va todavía más lejos que la de Cluny en el camino del ascetismo. Fundada por un canónigo de Reims, Bruno, en el valle de la Grande-Chartreuse, su regla es extremadamente severa: reclama de los monjes la constante práctica del silencio y una pobreza absoluta. Dichos monjes no consagran al trabajo de los campos más que el tiempo necesario para asegurar su subsistencia, dedicando muchas horas al trabajo intelectual. Numerosas cartujas irán apareciendo paulatinamente, sobre todo en Italia.

La fundación de Cister La misma vuelta al ascetismo anima la fundación de Cister. Fue Roberto de Molesmes quien creó, cerca de Dijon, una comunidad fundada sobre la estricta aplicación de la regla de San Benito. Los monjes debían vivir en la pobreza absoluta, y severamente apartados del trato con los hombres. No podían depender materialmente de ninguna donación exterior. El monasterio se convierte, así, en una comunidad económica independiente, cuyo sustento procede del trabajo manual de los monjes, ayudados por determinados laicos, los hermanos legos, que viven como ellos, y por jornaleros, que cobran salario.

Las comunidades cistercienses El progreso de la regla de Cister es lento. En realidad, comienza, en 1112, con la llegada de quien habría de convertirse en San Bernardo, que se presenta acompañado de una treintena de jóvenes caballeros deseosos de consagrarse a la \ida monástica. A partir de ese momento, y sobre el modelo de Cister, se va creando toda una red de filiales vinculadas a la casa madre por mediación de un código común. Cada comunidad es independiente, pero los abades de los distintos monasterios deben reunirse todos los años en Cister para establecer el balance de la particular experiencia de cada abadía. Los abades no son elegidos por la abadía madre, sino por los monjes del establecimiento respectivo. Lo que significa que los vínculos que unen a los monasterios cistercienses son de una flexibilidad extrema.

San Bernardo, en Clairvaux Después de haber permanecido durante tres años en Císter, Bernardo, que se había impuesto ya como uno de los maestros de la doctrina cristiana, funda en Clairveaux una abadía cuya regla es particularmente rigurosa. Sus monjes solamente se alimentan de habas y de lechugas salvajes. Deseando hacer que el cristiano volviese a las fuentes originales, representadas en su opinión por los Padres de la Iglesia y, en particular, por San Agustín, ataca a la orden de Cluny a causa de sus riquezas. Y en 1145, en Vézelay, predica la segunda cruzada.

La reforma gregoriana Estas convulsiones de la vida monástica constituyen el preludio de la reforma general de la Iglesia, emprendida por un monje toscano, Hildebrando, que se convertiría en papa en el 1073 con el nombre de Gregorio VII. Aquel hombre de acendrada piedad había adquirido en la corte de Roma una gran experiencia política, y tenía una idea muy elevada de su función. Comenzó por definir con precisión el cometido particular de la Iglesia romana en sus relaciones con el poder temporal. Quería, en efecto, que los reyes y los príncipes no siguieran interviniendo en los asuntos religiosos, por lo que se reservó el derecho de nombrar a los obispos. Se esforzó también en devolver a la cristiandad su naturaleza evangélica, oponiéndose a la guerra y a la opresión de los débiles. De tal manera, intentó imponer «la tregua de Dios», tendiente a limitar la utilización de la violencia.

Las «casas de Dios» El fervor religioso, del que los monasterios cluniacenses y cistercienses fueron foco de irradiación, tuvo una decisiva influencia sobre el movimiento arquitectónico del que nacieron las iglesias románicas y las catedrales góticas. Las abadías eran consideradas «casas de Dios», y debían reflejar la grandeza divina. Pero la armonía celeste obedece a leyes precisas, y la construcción de los edificios conventuales no fue dejada por completo al antojo de la imaginación de los arquitectos.

En ella se intentaron reflejar las leyes del orden cósmico, el orden que Pitágoras había analizado durante tanto tiempo intentando poner de relieve la importancia del número áureo, símbolo de la perfecta proporción que rige la relación entre cielo y tierra. De ahí el extraordinario esfuerzo, todavía reconocible hoy, realizado en la arquitectura cisterciense para dejar al descubierto, mediante un lenguaje simbólico de sutil precisión, la exacta relación existente entre la obra divina y el trabajo de los hombres.

MONASTERIOS

La época de los monjes comienza, en realidad, en los s. XI y XII. Verdaderas sociedades ideales en miniatura, los monasterios quieren ser un ejemplo para toda la sociedad, y reproducen la división tradicional que se da en ésta entre los que oran, los que trabajan y los que combaten, sin dejar de aspirarpor ello a la perfección divina. En cualquier caso, pronto se distinguen dos corrientes: a la pompa de los servicios litúrgicos cluniacenses y a su, con frecuencia, ostentosa espiritualidad, los monasterios cistercienses oponen una vida de soledad y de ascesis.

Fuente Consultada: Civilizaciones de Occidente Volumen A

La Vida en los Monasterios en la edad Media: el trabajo y la oracion

La Vida en los Monasterios en la Edad Media

VIDA EN los monasterios medievalesLos monjes dieron a la Iglesia un contingente de misioneros de primera clase para la conversión de Europa. No solamente predicaban los evangelios, sino que rellenaban pantanos, fundaban escuelas, experimentaban con nuevas técnicas agrícolas y construían monasterios alrededor de los cuales crecían ciudades pequeñas como la de York o grandes como la de París.

En los “scriptoriums” (el término monástico equivalente a bibliotecas de investigación), escribieron copias perdurables de los libros griegos y romanos, conservando esta herencia del saber para todos nosotros. Hicieron todo esto convencidos de que la voluntad del Espíritu de Dios era la civilización del mundo.

San Benito fue el padre de los monjes de Occidente. Fundó su primer monasterio, Monte Casino, a mediados del siglo VI. La Regla de san Benito fue y sigue siendo una guía monástica hasta hoy.

En el mundo medieval, los monasterios hacían la función de «ciudades de Dios», al igual que las villas, los pueblos y las aldeas eran las ciudades de los hombres. Eran microcosmos en los que los hombres y mujeres allí reunidos se entregaban al trabajo y la oración; en un mundo oscuro y bárbaro fueron los que preservaron la cultura clásica para los siglos venideros

Desde hace miles de años han existido hombres que voluntariamente han abandonado la sociedad para retirarse a meditar y orar en soledad, son los ermitaños y anacoretas. En algunos casos, prefirieron agruparse en pequeñas comunidades en las que trataron de alcanzar estos mismos objetivos; de esta manera surgieron los monasterios, pequeños microcosmos autosuficientes, que se regían por sus propias reglas. Pronto, el resto de la sociedad, deseosa de lavar sus pecados y de ser incluida en las oraciones de los monjes, fue ofreciendo a los monasterios donaciones destinadas a ennoblecer los edificios monacales.

El origen del monacato

Los orígenes del monacato se sitúan en el siglo III en el Mediterráneo oriental, donde, partiendo de la necesidad de un mayor compromiso religioso, numerosos eremitas y anacoretas decidieron llevar una vida ascética en solitario, siguiendo el modelo de santos como Elias o Juan. Sin embargo, también se desarrollaron formas de vida religiosa en comunidad; fue el caso de los cenobitas, que querían imitar a los apóstoles.

En Occidente, resulta difícil hablar de una homogeneidad monástica, ya que cada centro era independiente de los demás, aunque los objetivos de la orden fuesen comunes. Las reglas monásticas más antiguas fueron redactadas por San Agustín (354-430); en ellas reguló las horas canónicas y dispuso las obligaciones de los monjes respecto al orden teológico y moral. Consiguió, ya en el siglo y, que más de veinte monasterios africanos las practicaran, lo que contribuyó al conocimiento de la regla en Europa. Desgraciadamente no se conserva ningún resto de los primitivos monasterios africanos, por lo que desconocemos cómo fueron las construcciones que acogieron a estos primeros monjes.

Durante los siglos V a VIII, en Europa destacaron dos corrientes monásticas: los monjes celtas irlandeses, comunitarios y fuertemente ascéticos, y los que seguían la regla de san Benito de Nursia. Las órdenes irlandesas estaban muy relacionadas con las reglas monásticas orientales; san Columbano, en el siglo VI, fue su principal impulsor. Fue un rígido monje que exigía a sus comunidades que vivieran con descanso y alimentación mínimos, sometiendo sus cuerpos a terribles castigos para evitar la sensualidad. Este ascetismo y mortificación de la carne impulsaba a los monjes a buscar refugio en lugares inhóspitos, donde su existencia resultara aun mas extrema. Se conserva una descripción del monasterio más importante fundado por san Columbano, en la isla de ona. Se trataba de una pequeña aldea, rodeada de un rudimentario muro más o menos circular, en la cual los monjes habitaban en doce minúsculas celdas de madera y tierra prensada; en el centro, una celda algo mayor era ocupada por el abad. Al parecer, todos los monasterios de esta orden siguieron el mismo esquema, con iglesias muy pequeñas y oscuras ubicadas en una posición central. Estaban construidos con materiales muy pobres, piedras sin labrar o un entretejido de ramas y cañas. Sin embargo, pese a esta pobreza, en estos monasterios se desarrolló un maravilloso arte ornamental, fundamentalmente orfebrería e iluminación de manuscritos.

La regla de san Benito

El monasterio benedictino fue el germen de la arquitectura monástica occidental. Benito de Nursia se retiró a los veinte años para llevar una vida de ermitaño. Muy pronto, imitaron su ejemplo numerosos discípulos, atraídos por su santidad. Refugiado con algunos de ellos en Monte Cassino, en la comarca italiana de Campania, el santo escribió la Regula Sancti Benedicti, la norma que gobernó la vida monástica de todo el medioevo, según la cual los monjes debían rezar y trabajar (ora et labora) de manera equilibrada. Para ello se prestaba especial atención a la organización del horario, lo que determinó un mejor aprovechamiento de la luz y de las condiciones climáticas.

Carlomagno mandó hacer una copia de la regla y ordenó su disposición en todos los monasterios del Imperio, hecho que contribuyó a la rápida extensión del benedictismo por toda Europa. Aunque la regla no específica las características de los edificios monásticos, en época carolingia se definió su esquema. Hasta la actualidad ha llegado el plano del monasterio suizo de Saint Gallen, conservado en el reverso de una biografía de san Martín. Gracias a él sabemos cÓmo era la distribución planimétrica de un monasterio del siglo IX, muy parecida a la de los posteriores centros cluniacenses. Al igual que sucede con todos los monasterios medievales, el emplazamiento de Saint Gallen no se eligió al azar, estaba en un lugar protegido y bien abastecido de agua, con una buena cantera, un bosque frondoso y unas ruinas romanas en sus cercanías…

Los cluniacenses

En el año 910, Guillermo, duque de Aquitania, fundó el monasterio de Cluny en tierras de Borgoña, que donó a los benedictinos, otorgándoles amplios privilegios. Éstos decidieron reformar la regla, ya que para entonces se encontraba muy alejada en la práctica de sus propósitos iniciales. La reforma restó importancia al trabajo manual e intelectual frente a los oficios divinos. Este renovado espíritu religioso propició un nuevo estilo artístico más místico; la austeridad del régimen de vida condujo a la creación de un nuevo espacio arquitectónico.

El esquema de la edificación no quedaba al puro arbitrio de la agrupación conventual, se regía por estrictas normas constructivas, en función de la vida cotidiana de los monjes; en lo fundamental, se tomaba como modelo la villa romana de explotación rural. En síntesis, este plano básico del monasterio constaba de cuatro conjuntos arquitectónicos diferenciados por su funcionalidad. El complejo quedaba articulado en torno al claustro, un área cuadrangular con un jardín en su centro. En él, los monjes gozaban dé un rincón de paz donde podían recogerse dentro de la comunidad, reflexionar sobre temas espirituales y realizar sus plegarias. El claustro estaba rodeado por una galería cubierta desde la que se accedía a las diferentes estancias, que comunicaban frecuentemente con la iglesia, el refectorio y la sala capitular. En el segundo piso se situaban los dormitorios de los monjes.

Esta distribución podía variar en función de diversos elementos, como las características o el clima del territorio. La presencia de otras estancias, como las dedicadas a la vida económica, estaba supeditada a la importancia o la riqueza de cada centro. Los amplios campos de explotación agrícola y el considerable número de monjes dependientes del monasterio hacían necesaria la edificación de almacenes, bodegas, establos, despensas, locales administrativos, etc. El palacio del abad podía ser también testigo del prestigio adquirido por el monasterio.

Un tercer conjunto arquitectónico estaría asociado a la vida cultural desarrollada en el monasterio, cuyo eje se centra en la biblioteca y el scriptorium, además de en la escuela de novicios.

Por último, otras dependencias servían para relacionar al monasterio con el exterior. La hospedería daba cobijo a los peregrinos que se hallaban de paso, aunque en muchas ocasiones albergaba a visitantes de renombre. También era importante la labor de beneficencia del monasterio, donde se socorría a pobres, enfermos y desheredados en hospitales o lazaretos.

En suma, el monasterio estaba concebido fundamentalmente como lugar de plegaria más que de trabajo, pero, sobre todo, era un ámbito donde los monjes se dedicaban por completo al servicio de Dios. Alejados, pues, de una vida dependiente del trabajo manual, era necesario que el recinto fuese un remanso de paz que procurase un agradable retiro y aislamiento a sus moradores. Las edificaciones debían tener una medida justa y apropiada para la comunidad y, en cualquier caso, debían facilitar la vida litúrgica, los oficios y las oraciones.

Cluny, tomado como modelo de monasterio por antonomasia, contribuyó decisivamente a la difusión por toda Europa de las soluciones del estilo románico empleadas en su construcción. Sus abades se empeñaron en convertirlo en una segunda Roma, una aspiración a la que no era ajena la idea de lo bello al servicio de la liturgia, ya que se consideraba que el esplendor y la pureza de las formas externas eran sumamente importantes para honrar a Dios debidamente.

Los cistercienses

El poder y la opulencia que hablan alcanzado los monjes de Cluny —la iglesia de la casa madre, tras sucesivas ampliaciones, llegó a ser la más grande de la cristiandad— rompía con la máxima benedictina del “ora et labora”; durante todo el siglo XI se sucedieron los intentos de restaurar los principios fundamentales de la regla. Finalmente, lo consiguió el monje Roberto, que en 1089 se retira al bosque de Citeaux, en Borgoña, en compañía de otros hermanos. En la nueva orden del Císter se prohibió el lujo, tanto en el vestido, como en la comida y en la vivienda, por lo que los monasterios se construyeron siguiendo líneas extremadamente austeras. Esta austeridad propició la creación de edificios desprovistos de decoración, en los que lo principal era la estructura arquitectónica en sí misma. Un nuevo estilo, el gótico, se ajustó perfectamente a los deseos expresados por estos monjes; la fundación de los monasterios cistercienses favoreció la expansión del estilo por todos los rincones del continente.

PARA SABER MAS…
¿Dónde se construían los monasterios?
Los monjes buscaban lugares aislados situados en las proximidades de elevaciones montañosas poco frecuentadas, en lo más profundo de valles baldíos o en parajes muy arbolados, lejos de las rutas recorridas por los comerciantes y hombres de armas. La primera ley que rige el monaquisino es la soledad; la segunda, el desapego. Sin embargo, y con frecuencia, el monasterio se establecía en lugares en los que habían encontrado abrigo cultos anteriores al cristianismo, como si hubiese localizaciones predestinadas.

¿Cómo era la vida cotidiana?
El empleo del tiempo de cada jornada presenta una cierta diversidad según las diferentes órdenes monásticas, pero, por regla general, hay tres actividades esenciales en la vida de la comunidad: el oficio divino, que comprende múltiples liturgias diurnas y nocturnas, y en el que el canto ocupa un lugar de privilegio; el trabajo manual, que suministra a la comunidad sus medios de subsistencia, pero que es también una forma de oración; y, por último, la lectura y la meditación solitaria en el silencio de la celda, que proveen a los monjes de su alimento espiritual y la profundización de su fe.

¿En qué se ocupaban los monjes?
Desempeñaban desde las tareas más humildes a las actividades más complejas, y, en la medida de la capacidad de cada cual, debían dedicarse a todas ellas con idéntica aplicación. La comunidad vivía en régimen de autarquía. Debía producir todos los medios para su subsistencia y, por consiguiente, cultivar la tierra, fabricar las herramientas y las vestiduras, y construir y reparar los edificios. Después venían las labores intelectuales, y en particular la copia e ilustración de manuscritos, y la decoración, a base de pintura y escultura, de los inmuebles religiosos.

¿De dónde procedían los monjes?
Pertenecían a todas las clases sociales. Algunos provenían de medios aristocráticos, y se hacían monjes para huir de la corrupción y, sobre todo, de las violencias de un mundo dominado por la barbarie guerrera. Otros procedían del ámbito agrícola y, gracias a la vida monástica, encontraban el medio de acceder a la cultura. Otros, por fin, habían formado parte de la multitud errante característica de la Edad Media, época de extremada movilidad, en la que gran número de jóvenes se lanzaban a los caminos con la esperanza de encontrar en algún sitio su destino verdadero. Para muchos de éstos, el monasterio, remanso de paz, constituía el término de su viaje.

¿De qué tipo era su influencia?
En primer término, era espiritual, puesto que su existencia representaba la puesta en práctica de las enseñanzas evangélicas, fundadas sobre la fraternidad y la negación de la violencia. Pero en la inmensa labor cultural realizada en los monasterios, el cristianismo encontraría los cimientos de su influencia intelectual. Influencia que se da también en el terreno de lo económico, pues los monjes contribuyen ampliamente a que se utilicen mejor las tierras cultivables y a que se renueve el utillaje del mundo rural, lo que permitirá efectuar grandes desmontes.

Juego: Vida en los Monasterios

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal

Ver: Construcción Catedral de Chartres

Biografia de Moises Exodo Hebreo de Egipto La Tierra Prometida

Biografía de Moises – Exodo Hebreo

Biografia de Moises Exodo Hebreo Moisés (siglos catorce o trece a.C.). El libro bíblico del Exodo dice que Dios entregó a la humanidad los diez mandamientos mediante su servidor Moisés, un hebreo educado como príncipe en Egipto.

Moisés liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto y los condujo durante 40 años por tortuosos caminos a través del desierto hacia la tierra de Canaán.

Estableció con su hermano Aarón la comunidad religiosa de Israel y fundó sus tradiciones por medio de la escritura y la práctica. Se le considera el autor de varios de los primeros libros de la Biblia, única fuente de información sobre los eventos mencionados (consultar el capítulo 9 para mayor información sobre el judaísmo y Moisés).

¿Quién era Moisés? En el siglo XII a.C., nació, en una familia hebrea de la tribu de Leví, un niño al que su madre echó al Nilo en un cesto de mimbre para darle la oportunidad de salvarse, ya que el faraón había decretado la muerte de todos los varones hebreos. El niño fue salvado de las aguas por la hija del faraón y recogido en la corte; le llamaron Moisés, que significa salvado de las aguas. Cuando supo sus orígenes, Moisés tomó a su cargo la tarea de liberar a su pueblo y devolverlo a Palestina, la tierra prometida.

¿Qué es el Éxodo? Es el viaje que realizaron los hebreos para volver a su tierra. Moisés, que había obtenido permiso del faraón para conducir a su pueblo fuera de Egipto, tomó el camino de oriente, consiguió atravesar el mar Rojo —cuyas aguas se abrieron milagrosamente— y llegar al desierto del Sinaí. La Biblia narra que, durante su estancia en el desierto, Moisés tuvo en el monte Sinaí la visión de Dios y la revelación de los Diez Mandamientos, leyes dictadas por Dios al «pueblo elegido» a través de Moisés, el hombre justo.

¿Qué importancia y valor tiene la obra de Moisés? Durante cuarenta años los hebreos vivieron en el desierto. Moisés empleó estos largos años para concluir la obra iniciada en el Éxodo: convertir a su gente en el pueblo de Israel, aliado de Yahvé, el único Dios. Las Tablas de la Ley eran el símbolo y la prueba de esta alianza, el lazo que unía a las personas. Moisés no pudo llegar a Palestina. Murió —dice la Biblia— con ciento veinte años, tras haber visto a lo lejos la tierra prometida.

LA VIDA DE MOISÉS: Las tribus hebreas que habitaban en Egipto fueron reducidas a la esclavitud por un nuevo soberano, que ordenó la muerte de todos los niños varones, a fin de evitar cualquier levantamiento; la madre y la hermana de Moisés decidieron ponerlo a salvo, escondiéndolo hasta la edad de tres meses, y luego lo colocaron en una cesta de papiro calafateada con pez que lanzaron al Nilo. Una hija del faraón, que fue a bañarse en el río encontró al niño y decidió criarlo. Le dio el nombre de Moisés; (salvado de las aguas) y creció en la corte del faraón.

La juventud de Moisés en la corte del faraón transcurrió en silencio según el relato bíblico, hasta el momento en que Moisés dio muerte a un capataz egipcio que maltrataba a un esclavo hebreo. Tras el asesinato, se vio forzado a huir y se exilió en el país de Madián, más allá de los confines orientales del delta, en donde se refugiaban las personas que huían de Egipto. Allí, ayudó a las hijas del sacerdote Jetro, que fueron agredidas por pastores, y permaneció unos cuarenta años junto a este hombre que le dio en matrimonio a su hija Séfora.

Cuando Moisés apacentaba el rebaño de Jetro, en la región del monte Horeb (otro nombre del Sinaí), Dios se le apareció en forma de una zarza ardiente, la que no se consumía, y le reveló su voluntad de enviarlo a Egipto para liberar a su pueblo. Moisés se mostró primero reticente, pero Dios le ordenó dirigirse a sus compatriotas diciéndoles: «Él es (Yahvé), el Dios de vuestros padres, el que me envió hacia vosotros», y le otorgó poderes taumatúrgicos.

De vuelta en Egipto, Moisés se presentó ante el faraón para pedirle que dejase partir al pueblo hacia el desierto durante tres días, para ofrecer sacrificios a Yahvé. Pero el faraón se negó y acentuó su opresión contra el pueblo hebreo. Entonces Yahvé ordenó a Moisés castigar a Egipto con diez plagas: el agua del Nilo se convirtió en sangre; ranas, zancudos y tábanos infestaron el territorio. El ganado moría, los hombres estaban cubiertos de póstulas, el granizo caía asolando Egipto, las langostas devoraban las cosechas y espesas tinieblas cubrían la región. Cada vez, el faraón prometía que dejaría partir al pueblo, pero tan pronto cesaba la calamidad, su corazón se endurecía.

Entonces, Moisés anunció la muerte de todos los primogénitos y ordenó a sus compatriotas inmolar un cordero de un año de edad, al interior de cada familia, durante la noche del 14 al 15 de Abib (marzo-abril). Su sangre debía esparcirse sobre las dos jambas y el dintel, para señalar las casas de los hebreos, quienes serían los únicos perdonados por la desolación. La víctima y, en consecuencia, el rito se llamaban pessah, «pascua», es decir, «pasar más allá». En la mañana, el faraón cedió y ordenó la salida de los hebreos de Egipto.

MOISÉS Y EL PUEBLO HEBREO: En algún momento del siglo XX antes de nuestra era, una pequeña e insignificante tribu de pastores semitas abandonó su viejo hogar en la tierra de Ur, una ciudad situada en la confluencia de los ríos Éufrates y Tigris, para buscar nuevos pastos en los dominios de los reyes de Babilonia. Los soldados reales habían logrado echarlos de su tierra, y ellos se dirigían hacia el oeste en busca de un territorio que no estuviera ocupado para establecerse. Esta tribu de pastores eran los hebreos, a los que normalmente llamamos judíos.

Deambularon a lo largo y ancho de Oriente Próximo y, tras muchos años de penosa peregrinación, se instalaron en Egipto. Vivieron entre los egipcios durante más de quinientos años y, cuando su país adoptivo fue conquistado por los hicsos,  consiguieron ser útiles a los invasores, de modo que pudieron vivir tranquilos en sus campos de pasto. Pero, después de una larga guerra de independencia, los egipcios echaron a los hicsos del valle del Nilo y los judíos pasaron una época terrible, ya que se convirtieron en esclavos y fueron forzados a trabajar en la construcción de las carreteras reales y las pirámides. Y como las fronteras estaban vigiladas por los soldados egipcios, a los judíos les resultó imposible escapar de Egipto.

Tras muchos años de sufrimiento, un joven judío llamado Moisés liberó a su pueblo de aquella vida miserable. Moisés había vivido en el desierto durante mucho tiempo y había aprendido a apreciar las virtudes sencillas de sus primeros antepasados, que se habían mantenido alejados de las ciudades y no se habían dejado corromper por las comodidades y el lujo de una civilización extranjera.

Moisés decidió que su gente debía volver a amar la forma de vida de los patriarcas. Consiguió deshacerse de las tropas egipcias que los perseguían y condujo a su tribu hasta la llanura que se extiende a los pies del monteSinaí. Durante el largo período de soledad que había pasado en el desierto, Moisés aprendió a venerar al gran dios del trueno y la tormenta, que reinaba en los cielos y del cual dependía la vida, la luz y el aliento de los pastores.

Este dios, una de las muchas divinidades ampliamente adoradas en Oriente Próximo, se llamaba Yahvé y, gracias a las enseñanzas de Moisés, se convirtió en Señor único de los hebreos. Un día, Moisés desapareció del campamento que los judíos habían instalado.

Se rumoreaba que había salido con dos tablas de piedra burdamente talladas. Aquella tarde, la cima de la montaña quedó oculta a la vista humana, escondida en las tinieblas de una tempestad terrible. Pero, cuando Moisés volvió al campamento, llevaba grabadas en las tablas las palabras que Yahvé había dirigido a los hebreos entre el ruido de sus truenos y los destellos cegadores de sus relámpagos.

Desde aquel momento, el pueblo judío reconoció en Yahvé al Señor de su destino, al único Dios verdadero, que les había enseñado a vivir en santidad al ordenarles seguir los sabios consejos de los Diez Mandamientos. Los judíos siguieron a Moisés cuando éste los invitó a proseguir su viaje por el desierto. Le obedecieron cuando les dijo lo que tenían que comer y beber, así como lo que debían hacer para resistir el clima tórrido del desierto.

Finalmente, tras muchos años de marcha, llegaron a una tierra que parecía agradable y próspera. Se llamabaPalestina, que es como los hebreos llamaban a los filisteos, una pequeña tribu de cretenses que se había instalado en la costa al ser expulsada de su isla. Desgraciadamente, en Palestina vivía otro pueblo semita, el de los cananeos. Los judíos los obligaron a huir a los valles y allí construyeron sus ciudades.

En una de ellas, a la que llamaron Jerusalén o « tierra de paz», erigieron un gran templo. Pero Moisés ya no era el guía de los judíos. Vio la silueta de las montañas de Palestina desde lejos y cerró sus ojos cansados para siempre. Había trabajado duro, con mucha fe, para agradar a Yahvé. No sólo había liberado a sus hermanos del yugo de la esclavitud y los había conducido a una nueva tierra donde serían libres, sino que también convirtió a los judíos en el primer pueblo que adoraba a un único Dios. (ver: Historia de la Diáspora Judía)

Ciudades Mayas Origen e Historia del Chichen Itza Primeras Ciudades

Ciudades Mayas
Origen e Historia del Chichén Itza

Ciudades Mayas Origen e Historia del Chiche Itza

CHICHÉN ITZÁ: La ciudad prehispánica de Chichén Itzá fue incluida por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en el año 1988. Este lugar arqueológico constituye uno de los mas importantes testimonios de la civilización maya-tolteca de la península del Yucatán. Sus monumentos, considerados de los más importantes de  la arquitectura mesoamericana, muestran le fusión de dos corrientes, maya por las técnicas de construcción y tolteca por una riqueza de su decoración esculpida.

LOS MAYAS: Se los ha llamado los «griegos del Nuevo Mundo», pero es un término muy discutido. Nadie sabe si provienen del altiplano de Guatemala o de la costa del golfo. Aunque unas veinte etnias indias hablan dialectos mayas, a menudo se entienden entre sí con gran dificultad. Pero para la rara casta de los instruidos hubo un idioma escrito, y los jeroglíficos de sus ciudades son siempre los mismos. Recibieron influencias de otros pueblos y, a partir de ellas, construyeron la más importante cultura prehispánica.

No conocían la rueda, ni tenían animales de tiro, pero edificaron preciosas pirámides escalonadas, templos y palacios, y esculpieron sus impresionantes caras de piedra valiéndose de instrumentos también líticos. Ni siquiera conocían el arado, pero vigilaban desde sus observatorios la órbita de los astros y tenían el calendario más exacto del mundo. Creían en fuerzas cósmicas que habían trazado su destino y se sometían como esclavos al calendario en el que cada día estaba consagrado a una divinidad.

Él determinaba sus días buenos y malos y no hacían nada sin consultarlo. Cuando él se lo ordenaba, erigían sus construcciones, o las cubrían y alzaban impasibles otras nuevas. Un día, unos 600 años a. C, abandonaron de repente lo que habían edificado con tanto esfuerzo y desaparecieron de la llanura central de la península de Yucatán.

Y la jungla tragó sus grandiosas ciudades. Pero surgieron nuevas poblaciones en el norte de la península. Nadie sabe hasta ahora con exactitud qué ocurrió. Se habla de enemigos procedentes del norte: los frescos de Bonampak muestran una sangrienta batalla.

Se piensa también en rebeliones contraía casta sacerdotal reinante: en Altun Ha fueron destruidas deliberadamente tumbas de sacerdotes. Se sugieren dificultades de abastecimiento agrícola: el suelo labrado tan primitivamente producía cada vez menos. Muy pocos se quedaron, para quemar copal en honor de sus rencorosos dioses, como hacen todavía hoy los lancandones.

Chichén Itzá, que ocupa unas 300 hectáreas, se estableció sobre dos cenotes o hundimientos naturales del terreno, que en estos suelos calcáreos permiten acceder con facilidad a las aguas subterráneas. La primera aglomeración humana se construyó en el cenote de Xtoloc, al sur, durante la época maya clásica. Los edificios se levantaron entre los siglos VI y X en el estilo maya clásico.

Los más importantes son el de las Monjas, la Iglesia, Akab Dzib, Chinchab Chob, el templo de los Perales y el templo del Ciervo.

La segunda fundación, la más importante, corresponde a la migración de los guerreros toltecas en el siglo X, desde la meseta mexicana en dirección sur. Conquistaron Chichén Itzá entre los años 967 y 987 y crearon un nuevo estilo de construcción en el que las tradiciones mayas se mezclaban con las aportaciones toltecas.

El edificio más emblemático del lado sur es el Caracol, un observatorio astronómico de planta circular que encierra una escalera de caracol, y del lado norte el castillo o pirámide de Quetzalcoatl, alrededor del cual se organizan sobre terrazas los principales monumentos.

En el noroeste, el juego principal de Pelota, el muro de los Cráneos, el templo de los jaguares y la caza de las Águilas; en el noreste, el templo de los Guerreros, el grupo de las Mil Columnas, el Mercado y el juego de Pelota, y en el suroeste la tumba del Gran Sacerdote. En todos estos edificios destacan las representaciones guerreras, las frecuentes efigies de la serpiente con plumas o Quetzalcoatl en la decoración de pilares y columnas y la representación de enormes cabezas de reptiles como las célebres estatuas de ChacMool.

Ampliar Sobre Chichen Itza

LAS CIUDADES MAYAS: Se hablaba antes del «antiguo reino» de El Petén y Guatemala, del que los mayas habrían emigrado al «reino nuevo» del norte de Yucatán. Hoy se duda que haya habido siquiera una migración semejante. Sólo sabemos que los mayas vivían en Yucatán ya mucho antes. Y sabemos, sobre todo, que nunca hubo lo que se dice «un reino maya».

Hubo sólo centros de culto, culturales y políticos, y cientos de ellos están todavía enterrados en la densa jungla. Pero los exhumados nos demuestran qué soberbios arquitectos eran los mayas, destacando extraordinariamente en sus fachadas. Como la de Copan, con el juego de pelota más hermoso de los mayas o el Templo de la Escalinata de los Glifos, cuyos peldaños se adornan con 2500 de éstos. Está Quiriguá, con las estelas más grandes de América, o Kabáh, cuyo Palacio de las Máscaras está cubierto en el frente delantero con 250 máscaras estilizadas del dios de la lluvia. Y está Uxmal, en Yucatán, cuya Pirámide del Adivino contiene, sobre una planta oval, cinco templos «infrapuestos» anteriores.

Es la ciudad del grandioso Palacio del Gobernador, en cuvo friso en mosaico, compuesto de 20.000 piedras, pueden contarse unas 150 máscaras del dios de la lluvia y más de 10.000 cruces de san Andrés. Y están Labná y Palenque, y Piedras Negras v Naranjo.

Desde los días de los exploradores Stephens y Catherwood, que además de Copan visitaron otras 43 ciudades mayas, varias de ellas han sido exploradas por generaciones de arqueólogos, y siempre hay nuevos descubrimientos. Como los grandiosos frescos de Bonampak, del siglo IX d. C, que narran sin interrupción la historia de una batalla, la tortura de prisioneros y las fiestas de la victoria con sacrificios humanos, y que han destruido el mito del pacifismo de los mayas.

El centro más importante de la cultura maya clásica ha salido a la luz con la tal vez mayor campaña arqueológica emprendida hasta ahora: hasta 1956, Tikal yacía bajo la selva. Llegaron ingenieros arqueólogos, abrieron pistas de aterrizaje y llevaron en avión grúas y orugas, especialistas y columnas de peones que han excavado sistemáticamente más de mil años de historia de esa ciudad.

En 1970 eran visibles ya 5000 edificaciones y los hallazgos, desde piezas de cerámica hasta esa máscara de mosaico dejade defamamundial, se miden en toneladas. Se descubrió también el módulo del centro maya típico de la época clásica: las pirámides escalonadas muy altas coronadas con un templo, así como miles de cimientos de viviendas.

Los «palacios», edificios de un piso con habitaciones tipo celda, que aún no se sabe para qué se empleaban, y lugares para el juego ritual de pelota. Hileras de estelas, cuyas inscripciones narran la historia de los señores, desde su nacimiento hasta la subida al trono, sus acciones heroicas y el fin de su mando. La última anotación es del año 879 d. C.

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central
Lugares Misteriosos de Paula Ruggeri
Tras Las Huellas de Nuestro Pasado Kurt Benesh Círculo de Lectores 

Historia del Ejercito Romano La Ocupacion Militar Roma Antigua Vida

Historia del Ejército Romano
La Ocupación Militar

LA OCUPACIÓN MILITAR: Los romanos ocupaban sólidamente sus conquistas, y de aquí el que pudieran conservarlas. Dos creaciones originales hablan asegurado la estabilidad de dicha ocupación las colonias militares y los caminos.

Todos los países conquistados fueron conservados por colonias que no eran ni col9nias de población ni de explotación, sino castros o campamentos permanentes de pequeños cuerpos de ejército en país extranjero, que se llamaban centinelas. Para establecerlos, se escogía un punto estratégico, tal la confluencia de varios caminos, un paso de río, la juntura de dos valles, y la primera obra era el recinto fortificado en que habían de instalarse los antiguos soldados con sus familias a quienes se distribuían lotes de tierra.

El casco de la izquierda es de legionario , el cassis, de metal terminado por un anillo destinado a la correa de que se servian los soldados  para llevarlo pendiente y a la espalda cuando iban de marcha. El de la derecha es un casco de pretoriano, soldado de la guardia del emperador.

Estos soldados continuaban siendo ciudadanos romanos y tenían una organización interior análoga a la de Roma. Los puestos fortificados se asimilaban poco a poco los pueblos vecinos, aunque manteniéndolos en obediencia. En caso de invasión, como en el tiempo de Pirro y de Aníbal, detenían al invasor dispersando sus esfuerzos y encerrándolo en su propia conquista. Expulsado el enemigo, la dominación romana quedaba intacta.

Para unir esas colonias, los romanos hacían caminos, lo cual era una innovación en el mundo antiguo, pues los griegos sólo conocían senderos. El camino o calzada romana, que facilitaba el tránsito de las legiones y de las máquinas militares que las acompañaban, tenía la misma importancia que hoy tienen los ferrocarriles estratégicos en los países conquistados.

Era un medio de impedir las sublevaciones, puesto que permitía a las tropas trasladarse rápidamente a los puntos amenazados. La solidez de aquellas calzadas es proverbial. El subsue1o estaba cimentado, y la superficie cubierta con anchos y desiguales adoquines dispuestos como un mosaico. La primera y más célebre calzada fue la Vía Apia, que unió a Capua con Roma en 312. Nada demuestra mejor el ingenio metódico de los romanos.