Teología de Liberación

Conflicto con Chile Por El Canal de Beagle Limites de Argentina

RESUMEN CONFLICTO LIMITROFE CON CHILE: TRATADO DE PAZ Y AMISTAD

LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA ARGENTINA

Ver a Raúl Alfosín el 10 de Diciembre de 1983 saludando desde el balcón de la Casa Rosada a un multitud de miles y miles de personas de todas las clases sociales, junto a diversas marchas por la defensa de los derechos humanos, tan humillados por un gobierno autoritario que durante siete años había secuestrado, torturado y asesinado a cuanto “supuesto ” opositor apareciera en su camino fue una verdadera fiesta nacional, donde se renovaban las ilusiones y esperanzas de millones de argentinos que aspiraban un país mas justo y organizado. La  sociedad entera  salió a las calles, feliz y orgullosa de haber podido participado democráticamente para elegir un nuevo presidente, con un Congreso y un Sistema Judicial. En su discurso de ese día, el presidente identificó el fin de la dictadura “con la línea divisoria que separa una etapa de decadencia y disgregación de un porvenir de progreso y bienestar”.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En las elecciones del 30 de octubre de 1983, la fórmula Raúl Alfonsín-Víctor Martínez se impuso con cerca del 52% de los sufragios a la fórmula Italo Luder-Deolindo Bittel, que alcanzó alrededor del 40%. El comienzo del gobierno de Alfonsín estuvo signado por un fuerte optimismo. Los problemas del país no habían sido valorados por el conjunto de las fuerzas populares con la debida precisión.

La gravedad de la situación económica, sobre todo, no había sido adecuadamente considerada.Las prioridades del gobierno democrático incluían la eliminación del autoritarismo, el restablecimiento del valor de la justicia y los derechos individuales, la reinserción del país en el ámbito internacional, la democratización de la actividad sindical y la modernización cultural y educativa.

Los militares y los sindicalistas -protagonistas del “pacto militar-sindical” denunciado por Alfonsín en su campaña electoral- eran los antagonistas de estos objetivos propuestos por el gobierno. El intento de Alfonsín de democratizar los sindicatos fue derrotado por la oposición peronista, mayoritaria en el Senado, que rechazó la ley de normalización sindical propuesta por el Ejecutivo. Esta ley incluía el voto secreto y obligatorio, la representación de las minorías, la limitación de las reelecciones y la fiscalización de las elecciones por parte del Estado.

La consolidación de la democracia requería -de acuerdo con la concepción del gobierno- la sanción a los principales responsables de la violencia política en la Argentina, la solución del conflicto limítrofe con Chile y la subordinación efectiva de las Fuerzas Armadas al poder civil.

Otra dificultad para resolver fue la presión militar. El coronel carapintada Aldo Rico volvió a sublevarse y resultó nuevamente encarcelado. En 1988, el coronel Seineldín gestó un nuevo levantamiento reclamando amnistía e indulto a los militares condenados. Estos amotinados fueron reprimidos y terminaron en prisión. Igual destino tuvo en 1989 un grupo de civiles que intentó tomar el cuartel de la Tablada en la provincia de Buenos Aires.

En el plano cultural y educativo, la recuperación de la democracia implicó el fin de la censura y la discriminación, y el restablecimiento de la libertad de expresión. Las universidades recuperaron su autonomía y muchos científicos e intelectuales -algunos exiliados, otros marginados en su propio país- retornaron a las aulas.

Respecto de las relaciones internacionales, el gobierno tuvo que resolver un conflicto con el vecino país Chile sobre el canal de Beagle. A fines de 1985, se realizó un referéndum popular no obligatorio acerca de las negociaciones con Chile. En 1978, en pleno gobierno militar, los dos países se hallaban a punto de entrar en guerra, la que se evitó por intervención del Papa Juan Pablo II.

conflicto beagle papa juan pablo II Alfonsin

La mediación papal -que había contribuido decisivamente a evitar la guerra- produjo un dictamen que no fue aceptado por los militares. Consciente de la necesidad de eliminar las hipótesis de conflicto con países vecinos y de las resistencias que la aceptación del laudo papal encontraba en medios nacionalis tas y militares, el gobierno propuso la realización de una consulta popular no vinculante.

El gobierno radical propuso aceptar el laudo papal, pero organizó un referéndum para votar a favor o en contra; al final el sí tuvo un apoyo abrumador del pueblo.

También durante este gobierno se intentó revertir la imagen del gobierno argentino en las Naciones Unidas en relación con el conflicto de las islas Malvinas. En este aspecto, trabajó en forma favorable el canciller Dante Caputo.

En noviembre de 1984, Alfonsín convocó a un plebiscito para aceptar o rechazar el laudo arbitral del Vaticano por el Canal de Beagle, que mayormente favorecía al país vecinc aunque el “Sí” logró más del 60% de respaldo, el peronismo legislativo votó casi en bloque en contra e intentó agitar el avispero militar con  la idea de que el gobierno estaba resignando soberanía.

La posición de aceptar el laudo papal y terminar con cualquier posibilidad de conflicto con Chile, que era la que sostenía el gobierno, obtuvo una amplia mayoría. Sin embargo, esta contundente demostración no tuvo un correlato semejante en el Congreso, donde solamente consiguió una exigua mayoría en el Senado, ya que buena parte de los senadores peronistas se opuso.

Durante el gobierno militar, el conflicto limítrofe entre Argentina y  Chile acerca de la soberanía sobre tres islas en el Canal de Beagle estaba pendiente de resolución y sometido al Laudo Arbitral de 1977 que ambas partes habían acordado obedecer.

SINTESIS:

  • En 1977 se dictó una sentencia que entregó las tres islas a Chile, pero la junta declaró la sentencia “insanablemente nula”, colocando a ambos países al borde de la guerra.
  • El 22 de diciembre de 1978 Videla dio partida a la Operación Soberanía, destinada a ocupar las islas militarmente. Solo la intervención papal en el último minuto hizo desistir a la junta militar de comenzar la guerra.
  • El Papa Juan Pablo II inició una mediación, pero su propuesta fue rechazada por Videla, Viola, Galtieri v Bignone. Las tensiones continuaron hasta el retorno de la democracia a Argentina, tras la Guerra de las Malvinas.
  • El conflicto no se resolvería hasta la firma del Tratado de Paz v Amistad de 1984, que resolvería la soberanía chilena sobre las islas.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Marcelo Gullo , politólogo

PAZ Y AMISTAD ENYTRE PUEBLOS HERMANOS: El 29 de noviembre, en la milenaria ciudad de Roma, los ministros de Relaciones Exteriores de la Argentina y Chile sellaron con sus firmas un histórico Tratado de Paz y Amistad que puso punto final al conflicto  limítrofe respecto de la soberanía sobre el canal del Beagle así como sobre tres islas situadas en el ámbito de ese canal marítimo.

El tratado incluye la delimitación marítima, un procedimiento para la solución de controversias, estipula derechos de navegación y precisa los límites en el estrecho de Magallanes. En cada uno de estos puntos reafirma, también, los derechos de ambos países sobre la Antártida y exhorta a ambos pueblos a seguir el camino de la paz y la cooperación.

Chile obtuvo el reconocimiento por parte de la Argentina de la soberanía sobre todas las islas al sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego, quedando como argentinas las situadas al lado norte del canal, a cambio de la renuncia chilena de la mayor parte de los derechos marítimos que tales islas otorgan, según el derecho internacional. Además, ambos países intercambiaron derechos de navegación en la zona y la Argentina renunció a sus aspiraciones en el estrecho de Magallanes.

Conviene recordar -para calibrar la importancia histórica de este Tratado Paz y Amistad- que la Argentina y Chile estuvieron al borde de la guerra por esta cuestión, en diciembre de 1978. Tanto la genocida dictadura militar chilena como la genocida dictadura militar argentina veían, en la guerra, la posibilidad de congelar los conflictos internos que sufrían, dada la desastrosa situación económica que atravesaban ambas naciones producto de la aplicación, en ambos países, del modelo liberal de apertura indiscriminada de la economía que diezmó, a ambos lados de la cordillera, las estructuras industriales locales, condenando así a miles de trabajadores al desempleo y la miseria.

La diferencia de postura entre ambas dictaduras estribaba solamente en que el gobierno chileno prefería mantenerse a la defensiva dada la supuesta inferioridad de condiciones. Posición defensiva que, en el seno de los organismos internacionales , le permitía acusar a la Argentina de país agresor.

Mientras tanto, en diciembre de 1978, el general argentino Julio Benjamín Menéndez manifestó -en voz baja- que para Navidad estaría lavándose los pies en el océano Pacífico, mientras el general Augusto Pinochet le manifestó a su círculo de generales más íntimos que albergaba la esperanza de que una exitosa contraofensiva chilena le permitiera derrotar a la Argentina y cumplir así su sueño de ocupar la Patagonia para que Chile pudiese convertirse en un país bioceánico. La situación no podía ser más grave.

En ambos lados de la cordillera, los pueblos, bombardeados por una agresiva propaganda belicista, parecían haber olvidado que habían luchado juntos en la guerra de la independencia, que en 1952 el presidente Perón se había confundido en un abrazo fraternal con el presidente Ibáñez, declarando en la ocasión, delante de una multitud que ovacionaba a ambos mandatarios en Santiago de Chile, que en la Patria Grande las fronteras sólo eran líneas imaginarias que existían en la mente de los políticos y militares retrógrados.

Una vez desconocida la validez del laudo arbitral, encargado por ambos países a la reina de Inglaterra, el gobierno militar argentino movilizó todo su supuesto poderío bélico para cambiar lo establecido. Para ello planificó, con el nombre de Operación Soberanía, un “plan de acción militar” contra Chile con el fin de ocupar las islas Picton, Lenox y Nueva, las tres situadas en carnal de Beagle y que el laudo le había otorgado a Chile.

Las Fuerzas Armadas argentinas desembarcarían en las islas y, en caso de que las tropas de élite chilenas que las protegían opusieran resistencia, se invadiría el territorio continental de Chile buscando el frente que ofreciese menos resistencia para cortar el país en por lo menos un lugar y así obligar a Chile a aceptar las condiciones argentinas.

En la noche del 21 al 22 de diciembre de 1978, tras más de veinte días en alta mar y por lo menos una postergación del inicio de las hostilidades, los buques argentinos con tropas y material de desembarco enfilaron hacia la zona de conflicto para iniciar la operación anfibia que establecería la soberanía argentina sobre las islas. Felizmente para ambos pueblos hermanos, una fuerte tormenta demoró el inicio de las operaciones militares argentinas, lo que dio tiempo a la llegada a Buenos Aires de la noticia de que el papa Juan Pablo II había ofrecido mediar en el conflicto. Tras una hora de discusión, la junta militar argentina aceptó la mediación papal y dio la orden de contramarcha a las tropas y a la flota.

El Papa nombró al cardenal Antonio Samoré, de 73 años, como responsable de sus buenos oficios, fruto de los cuales la Argentina y Chile firmaron este Tratado de Paz y Amistad que pone fin al litigio austral pero, sobre todo, se reconocieron nuevamente, como en los tiempos de San Martín y O’Higgins, como pueblos hermanos. (Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Marcelo Gullo , politólogo)


Fuentes Consulatadas:
Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz Santillana
Ciencias Sociales 9°EGB Editorial Stella
Historia de la Argentina 1955-2010 Marcos Novaro

Los Montoneros en Argentina El Terrorismo de Estado en Argentina

LOS MONTONEROS EN ARGENTINA

La generalización de la violencia y la creciente desconfianza en el régimen institucional redujeron el espacio de la política en favor de la lucha armada terrorismo. A fines de la década del ’60 se produjo una generalización de la violencia política; así fueron apareciendo diversos grupos que consideraron que la lucha armada era la vía legítima para alcanzar o defender el poder. (ver: Secuestro de Aramburu)

La debilidad del sistema de partidos, la proscripción del peronismo y el exilio de Domingo Perón, y el cierre por parte de los militares de todos los canales instituciones de participación y protesta favorecieron estas prácticas.

Por otra parte, también influyeron factores internacionales, en especial la difusión de las ideas y prácticas de Revolución Cubana (1959) y de las campañas de Ernesto Che Guevara, muerto en Bolivia en 1967. Las agrupaciones “guerrilleras” El aumento de la violencia generó organizaciones del tipo “guerrilleras”.

Sus acciones consistían en atacar a miembros de las fuerzas de seguridad y empresarios, con secuestros, atentados o asesinatos. También pedían rescates a los dueños de las fábricas para repartir alimentos en las “villas miseria”. Excepto pocas excepciones, sus fundadores y dirigentes eran personas jóvenes de la clase media o alta, en genera universitarios, a los que se unían algunos obreros. A veces mantenían conexiones con otros grupos extranjeros o recibían entrenamiento militar en el exterior.

ALGUNOS ANTECEDENTES DE LA GUERRILLA EN ARGENTINA:

1 2 3
Años de Proscripción del Peronismo y exilio del líder. Gobiernos civiles de baja legitimidad, con partidos débiles Implantación de gobiernos militares, sin canales de participación política
4 5
Revolución Cubana, actuación y muerte del Che en Bolivia Ruptura de Chica,
con la URSS. Fidel Castro en Cuba.

El Grupo Montoneros, fundado en 1967 por activistas provenientes del nacionalismo católico, que más tarde adoptaron postulados del socialismo y finalmente se incorporaron al peronismo. Mantenían vínculos con la Juventud Peronista (la “JP”). Recién aparecidos lograron gran repercusión con el secuestro y asesinato del expresidente de la Revolución Libertadora, Pedro E. Aramburu. Sus líderes, Mario Firmenich y Roberto Quieto, buscaron una política de unidad con otras agrupaciones.

Los primeros grupos guerrilleros en la Argentina surgieron estimulados por los éxitos de la guerrilla en Cuba, y se propusieron la creación de focos revolucionarios en zonas rurales de nuestro país. Los primeros grupos que surgieron en los años sesenta Rieron los Uturuncos (de tendencia peronista, que operó en Tucumán y Santiago del Bastero), el Ejército Guerrillero del Pueblo (ERP, de tendencia castro-guevarista, a principios de 1970) y el Destacamento 17 de Octubre (peronista, que actuó en Taco Ralo, Tucumán, entre 1967 y 1968).

En el interior del movimiento peronista comenzaron a diferenciarse grupos que formaron el ala izquierda del movimiento. Desde este sector se comenzó a pensar al peronismo como movimiento revolucionario, una variante nacional del socialismo. La radicalización de un importante sector del peronismo había aportado un componente nuevo. Al discurso tradicional de Perón se sumaba la reinterpretación antiimperialista y social de su doctrina. Se pensaba la acción de Perón dentro de las tendencias que luchaban para alcanzar el socialismo.

Esta relectura del peronismo permitió que se acercaran al movimiento nuevos sectores de la juventud, entre ellos el Movimiento Nacionalista Revolucionario Montoneros. Montoneros fue la organización más importante de la izquierda peronista.

Esta fue creada en 1967 por un grupo de miembros de la Acción Católica, algunos de los cuales eran alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires. Algunos de ellos habían sido integrantes de Tacuara, una agrupación estudiantil de tendencia nacionalista-católica.

Los fundadores de la organización Montoneros fueron Fernando Abal Medina (izq.), Carlos Gustavo Ramus y Mario Eduardo Firmenich (der.), todos ellos militantes de la Acción Católica Argentina, y relacionados con el grupo de sacerdotes del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (leer abajo en azul).

En 1962, el Papa Juan XXIII convocó al Concilio Vaticano II y a través de sus encíclicas propuso acercar a la Iglesia los problemas sociales y económicos que vivía la población mundial. La Iglesia Latinoamericana lile una de las que impulsaron con mayor fuerza esta transformación. En 1968, la Conferencia Episcopal Latinoamericana se reunió en Medellín, Colombia, con la presencia del Papa Pablo VI. En los Documentos de Medellín denunciaron que los signos de los tiempos eran la pobreza y el desamparo en que vivía la mayoría de la población, y que Dios hablaba a través de los hermanos más pobres. En este contexto proclamaron su opción por los pobres. Estas transformaciones también se produjeron en Argentina. En 1968 un numeroso grupo de sacerdotes organizó el Movimiento de Sacerdotes puní d Tercer Mundo, realizaron un trabajo social en barrios carenciados y villas miseria. Entre ellos, los más destacados fueron el sacerdore Juan Carlos Mugica y el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli.

Inicialmente Montoneros incorporó a jóvenes provenientes del nacionalismo católico, pero también a algunos que habían militado en grupos de izquierda, como Norma Arrostito (abajo-izq). Dentro de Montoneros existían diferentes tendencias.

Por un lado, algunos consideraban que el objetivo era la construcción de una variante nacional del socialismo; otros veían en el peronismo una forma socialista de la revolución nacional. Pero los aglutinaba la convicción de que la contradicción fundamental de la Argentina era imperialismo versus nacionalismo. Montoneros impulsó la formación de un frente de liberación nacional y se comprometió a luchar en dos ámbitos a la vez: contra los militares y contra la burocracia sindical conciliadora. Su primera aparición pública fue con el secuestro y posterior asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, en mayo de 1970.

El hecho más resonante, sin duda, es el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, a quien un grupo de Montoneros saca de su hogar el 29 de mayo. Los guerrilleros usan uniformes militares y llevan a Aramburu hasta una casa de la localidad bonaerense de Timote, donde es asesinado. Su cadáver fue encontrado un mes más tarde. El episodio desgasta totalmente a Onganía, que el 8 de julio es destituido por las propias Fuerzas Armadas y reemplazado por una figura militar casi desconocida: el general Roberto M. Levingston.

Dentro del peronismo, también surgieron otras agrupaciones específicas para el trabajo político en diferentes frentes. Algunas fueron la Juventud Peronista (JP), que operó en el trabajo barrial; la Juventud Universitaria Peronista (JUP), para leí trabajo con los estudiantes universitarios; la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), en los colegios; la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), en el frente sindical; y el Movimiento Villero Peronista.

Otra agrupación guerrillera la constituyeron las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), identificadas con las ideas de John W. Cooke. Cooke había sido delegado personal de Perón en el país luego del golpe de 1955, tenía una visión del peronismo como equivalente al socialismo nacional y realizó una fuerte propaganda a favor de la lucha armada. Otra organización era la de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), grupo foquista liderado por Roberto Quieto. Tanto las FAP como las FAR se fusionaron con Montoneros entre 1973 y 1974.

Fuera del peronismo, existían las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), rama armada del Partido Comunista Leninista, y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), creado por Enrique Gorriarán Merlo y Mario Santucho, de orientación trotskista, que desarrolló su acción en zonas rurales.

A partir de los gobiernos militares se inició una guerra abierta, donde las organizaciones guerrilleras promovieron una gran cantidad de acciones armadas en aras de demostrar la debilidad del estado. Estas acciones no recibieron el respaldo esperado de la población y, en muchos casos, provocaron el alejamiento de antiguos colaboradores.

El gobierno optó por la represión ilegal y las agrupaciones guerrilleras fueron rápidamente vencidas. A comienzos de 1977, los propios militares reconocieron que la actividad guerrillera ya no representaba una amenaza. Pero este informe no fue difundido al público. El gobierno quería alimentar la creencia de que la guerrilla seguía operando, lo que le permitía continuar e incluso extender la represión sobre grupos más amplios de la población.

Lo cierto era que a doce meses del golpe, el ERP prácticamente había desaparecido y la actividad ofensiva de los Montoneros era casi nula. A lo largo de 1977, algunas células cometieron atentados con bombas y causaron alrededor de cuarenta bajas a las Fuerzas Armadas y de seguridad. Pero los secuestros y las muertes en enfrentamientos fraguados se contaban por miles.

En 1977, informes de Montoneros reconocían haber sufrido 2.000 bajas desde el golpe, mientras que para agosto de 1978 ya se hablaba de 4.500, incluyendo en ese número personas escasamente o no vinculadas con la organización. El derrumbe guerrillero evidencia, no solo la eficacia de la estrategia antisubversiva, sino la debilidad política de sus organizaciones. Desde principios de 1976, sus vínculos con el movimiento de masas eran endebles y sus cuadros estaban diezmados, desorientados y aislados de su conducción.

La persistencia e intensificación de la represión ilegal aun después de derrotada la guerrilla demuestra que el Estado Terrorista tenía otro objetivo: controlar al conjunto de la población por medio del temor. Tras sucesivas derrotas militares, los Montoneros cambiaron de estrategia.

Para lograr la adhesión de los trabajadores, articularon las demandas obreras con ataques armados a militares y miembros clave del gobierno. Con el propósito de contribuir a este proceso, fundaron en 1977 el Movimiento Peronista Montonero, realizaron actos de sabotaje en huelgas obreras, atentaron contra varias figuras del gobierno y lanzaron un llamado a la pacificación y al diálogo. Pero el resultado fue una gran cantidad de dirigentes y militantes asesinados por las Fuerzas Armadas.

Los obreros no se identificaron con las acciones guerrilleras, pues consideraban muy riesgoso unirse con los montoneros y disentían en cuanto a la metodología de acción. Los principales dirigentes montoneros seguían sosteniendo que la estrategia había sido oportuna y acertada. Esta distorsionada imagen de la realidad provocó el alejamiento de la organización de muchos miembros, como por ejemplo R. Galimberti y M. Bonasso. La actividad guerrillera perdió adeptos y quedó definitivamente aislada del resto de la población.

“La entonces incipiente organización Montoneros descubrió el sincretismo entre cristianismo y revolución a través de dos personas de gran influencia en sus comienzos: el padre Carlos Mugica, miembro de los Jesuitas y del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y el intelectual y periodista Juan García Elorrio, más tarde director de una revista que llevó ese nombre: Cristianismo y Revolución.

Señala Gillespie que “en 1964 Mugica entró en contacto con los ex tacuaristas Fernando Abal Medina, Mario Eduardo Firmenich y Carlos Gustavo Ramus, en ese entonces todos alumnos del Nacional Buenos Aires y militantes de la Juventud Estudiantil Católica (JEC). Según dijo Firmenich años después a la revista El Peronista, “Mugica nos enseñó que el cristianismo era imposible sin el amor a los pobres y a los perseguidos por su defensa de la justicia y su lucha contra la injusticia”. Pero algunos de los pensamientos del sacerdote cayeron en saco roto: el mismo Mugica dijo, también, “estoy dispuesto a que me maten, pero no a matar”.

Argentinos Jorga Lanata Tomo II

CARTA DE LOS MONTONEROS A PERÓN

PERÓN VUELVE
Argentina, 9 de febrero de 1971 Al Gral. J. D. Perón

Como hemos hecho en oportunidades anteriores, aprovechamos la comunicación que con Usted tienen los compañeros del Movimiento para hacerle llegar nuestras inquietudes con respecto al proceso revolucionario del pueblo argentino.

Es nuestra intención y deseo poder comunicarnos personalmente con Usted y lo haremos tan pronto como sea posible. Hasta tanto, nos vemos obligados a recurrir a la colaboración de los compañeros a quienes estamos profundamente agradecidos.

Deseamos hacerle conocer algunas consideraciones nuestras sobre hechos claves que determinan los pasos a dar por el Movimiento tanto en el futuro inmediato, es decir tácticamente, como en el futuro a largo plazo, es decir dentro de la concepción estratégica.

1) En primer lugar, creemos necesario explicar las serias y coherentes razones que nos movieron a detener, juzgar y ejecutar a PEA (Pedro Eugenio Aramburu). Es innecesario explayarse sobre los cargos históricos que pesaban sobre él: traición a la Patria y a su Pueblo. Esto sólo basta para ejecutar una sentencia que el pueblo ya ha dictaminado. Pero además había otras razones que hacfan necesaria esta ejecución. La razón fundamental era el rol de válvula de escape que este señor pretendía jugar como carta de recambio del sistema. […]

Nos preocupan algunas versiones que hemos recogido, según las cuales nosotros con este hecho estropeamos sus planes políticos inmediatos. Demás está decir que no está en nuestros propósitos entorpecer la conducción de conjunto que Usted realiza para la mejor marcha del Movimiento en su totalidad. […] Creemos que no sólo para nosotros, sino para el movimiento entero, es necesaria su palabra esclarecedora acerca de estas hipotéticas contradicciones entre sus planes y nuestro accionar. […]

4) Otra aparente opción para la hora del pueblo argentino es la salida electoral. Esta perspectiva se ve alimentada por el triunfo de Salvador Allende en Chile. […]

Ahora bien, para llevar adelante ese paso táctico, el compañero Paladino plantea como opciones estratégicas equivalentes, el camino electoral y el camino revolucionario por la vía armada. Esto, como hemos visto, es en sí incorrecto. Lo que en realidad parece suceder es que se utiliza la opción revolucionaria armada, es decir, nosotros, como factor de presión para reforzar el golpe táctico, o sea las elecciones. Esto puede ser tácticamente útil, aunque abrigamos algunas dudas. Sobre lo que no abrigamos dudas es sobre la necesidad de mantenernos como opción estratégica, y por lo tanto la absoluta imposibilidad de subordinar nuestro accionar a una opción táctica. En síntesis, no interferiremos al ala política del movimiento en tanto la Hora del Pueblo es una maniobra útil, y por lo tanto tácticamente acertada, pero nos mantendremos en la actividad señalando la vía armada como único método estratégicamente correcto para tomar el poder, y creemos que sería conveniente, en consecuencia, que los distintos frentes del movimiento no interfieran la presentación de la vía armada como una opción estratégica.

5) Bien, hemos visto la eficacia de nuestro método de lucha para golpear al régimen con la ejecución de Aramburu, el descreimiento popular sobre el sindicalismo como herramienta capaz de conducir un proceso revolucionario, la imposibilidad que el ejército pueda generar un proceso de liberación nacional, y la insuficiencia del camino electoral para tomar el poder. En fin hemos querido expresarle en estas consideraciones, dichas aquí un poco a vuelo de pájaro, lo que en realidad constituye nuestra teoría, es decir, un análisis tempo-espacial de la realidad argentina hecho a la luz de la doctrina justicialista.

Tenemos clara una doctrina y clara una teoría de la cual extraemos como conclusión una estrategia también clara: el único camino posible para que el pueblo tome el poder e Instaure el socialismo nacional es la guerra revolucionaria, nacional y prolongada, que tiene como eje fundamental al peronismo.

El método a seguir es la guerra de guerrillas urbana y rural. Lo cierto es que no somos un tiro al aire. No somos tantos ni tan pocos, pero no estamos para hacer mucho ruido y ofrecer pocas nueces. La concepción es clara y la decisión total, como lo prueban nuestros compañeros muertos. […]

Es para nosotros de fundamental importancia conocer sus opiniones acerca de estas consideraciones. [.,,] General, sus muchachos peronistas […] no lo defraudaremos. (El resaltado es nuestro).

GRANDES CRÓNICAS
ASESINATO DE ARAMBURU:
EL CONTEXTO EN EL CUAL LOS MONTONEROS PUBLICARON LOS DETALLES DEL ASESINATO DEL GENERAL ARAMBURU

El ala extremista del peronismo ha generado los hechos más espectaculares y a través de ellos se puede ratificar una vieja reflexión; su capacidad de acción política pareciera agotarse en el manejo de la metralleta. Más allá de ese límite encuentran enormes dificultades para encauzar sus propias definiciones, a las cuales, por lo demás, no encuentran tampoco una forma neta de diferenciarlas.

La Juventud Peronista había aceptado hace poco ser una simple prolongación del grupo Montoneros y, antes, el pequeño y deficientemente organizado grupo Montoneros, encabezado ahora por Firmenich, había declarado su fusión con la organización FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), mejor preparada y dirigida por Quieto. Firmenich y sus amigos provienen del nacionalismo católico. Quieto, desde sus tiempos de dirigente universitario, viene de una izquierda inspirada por el castrismo.

Las puntualizaciones anteriores no son desdeñables para preguntarse hasta qué punto la ruptura declarada por los Montoneros es fruto no sólo de su incapacidad para actuar en un marco partidario tan elástico como el que le ofrecía el peronismo, sino para resolver con coherencia sus propias contradicciones internas. Esto último tiene mucho más peso si es exacto, como se afirma en el propio peronismo, que en la fusión más arriba mencionada Firmenich se quedó con el nombre y Quieto se quedó con al organización.

El día en que circuló el periódico en el cual dos de los coautores del asesinato del teniente general Aramburu efectuaron una minuciosa y siniestra descripción de todas las circunstancias en que se cometió el crimen, el asco hacia la bajeza moral no impidió una generalizada interrogación: cuáles serían los motivos por los cuales se efectuaba esa publicación. Quizás no pueda decirse, simplemente, que las declaraciones y decisiones posteriores a aquel día dieron una respuesta a tal interrogante. En rigor, cabe inferir que la difusión por un medio periodístico adicto a las confesiones frías y de los detalles escalofriantes formó parte de una cadena de decisiones.

En primer término, tal vez se quisiera saber hasta dónde podía seguir estirándose la cuerda. Cuando ésta se cortó, se resolvió el enfrentamiento neto con el Gobierno, no ya como una parte opositora, sino como un enemigo visualizado con óptica militar. Pero no resultará superfluo que se inserte en todo el juego de sucesos a algo que aconteció antes del indignante episodio al cual sirvió de vehículo el número 9 de La Causa Peronista. En efecto, el prólogo político de esa provocación y del posterior ingreso en la clandestinidad de los Montoneros y todas las organizaciones colaterales fue la constitución de la llamada Agrupación del Peronismo Auténtico.

La mayoría de los hombres que se han colocado tras Andrés Framini presenta una filiación homogénea dentro del peronismo. No extraña pues, que la declaración haya dicho que el Movimiento “carece de una conducción representativa”. La Juventud Peronista, los Montoneros y todo lo que corporiza a la Tendencia, como genéricamente se la denomina, necesitaba una pierna adulta -ligada al peronismo tradicional- para echarse a caminar. Ya la tiene.

Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argetina – Proyecto Editorial – P. Dobaño y M. Lewkowicz
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos
Argentinos Jorga Lanata Tomo II
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 20 Historia Argentina

Los Llaman… “Jóvenes Idealistas” Victoria Villarruel
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos

 

Teología de la Liberación Compromiso de la Iglesia con los Pobres

LA TEOLOGÍA DE LIBERACIÓN EN AMÉRICA LATINA

La teología de la liberación, que ha tenido en Iberoamérica sus principales exponentes y fue muy activa entre los años 1970 y 1990, defiende que la iglesia católica ha de concentrarse de modo preferencia! en ayudar a los pobres. De esta manera la iglesia de América Latina intenta buscar soluciones a la opresión y el subdesarrollo de la población. Los ideólogos más importantes de la teología de la liberación son Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff. Esta teología es una reflexión que comenzó después del concilio Vaticano II y la conferencia de Medellín en 1968.

Los prelados que asistieron al a Segunda Conferencia de Obispos Latinoamericanos, realizada en Medellín, inspirados por las reformas del Concilio Vaticano II, examinaron el papel social de la Iglesia en sus países. Tras muchas discusiones, los obispos publicaron un documento.

Denunciaron la opresión sistemática de los pobres, criticaron la explotación del Tercer Mundo por las naciones industrializadas y exigieron reformas políticas y sociales. No se detuvieron ahí: los obispos declararon que la Iglesia de Latinoamérica contenía una misión distinta a la de la Iglesia de Europa (que en realidad era una Iglesia distinta) y le otorgaban una función política activa. Esta aplicación práctica de la fe se conoció como Teología de la liberación, una de las ramas más importantes dentro de la Iglesia católica moderna y una influencia política importante en América Central y del Sur.

En 1971, el padre Gustavo Gutiérrez, un teólogo peruano, publicó la doctrina central del movimiento, Una teología de la liberación, que establecía que la Iglesia debía ayudar a los pobres y no imponerse sobre ellos. El libro inspiró la fundación de la Iglesia de los Pobres, una organización popular que combina la enseñanza religiosa con el activismo social.

El movimiento fue más allá con el teólogo brasileño Leonardo Boff, que en sus libros criticó a la Iglesia histórica que había permitido las injusticias en Latinoamérica, e incluso había contribuido a ellas, y defendió con firmeza la moralidad de la lucha de clases.

Los obispos reunidos, no se detuvieron sólo en esos reclamos, sino que también declararon que la Iglesia Latinoamericana contenía una misión distinta de la de Europa. Por lo tanto, en esta región, la Iglesia debía tener un alto compromiso con la realidad social de su contexto y una praxis transformadora. Esta práctica de la fe cristiana se conoció como la “teología de la liberación” y tuvo durante décadas una importante influencia dentro de la Iglesia Católica.

Los máximos exponentes de esta teología, Monseñor Romero, arzobispo de El Salvador y el jesuita Ellacuría, fueron asesinados a sangre fría, así como otros muchos catequistas, sacerdotes y agentes de pastoral que practicaban y aceptaban sus supuestos, en varios países de América Latina.

Ni a Roma ni a los regímenes conservadores latinoamericanos les gustó el cariz marxista de la teología de la liberación: los dirigentes del movimiento no fueron invitados a la conferencia de obispos de 1979. El papa Juan Pablo II sustituyó a los teólogos de la liberación por clérigos dóciles y, en 1984, el Vaticano condenó a Boff a un año de silencio.

Las represalias laicas, en forma de asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte o en forma de encarcelamientos con torturas, se incrementaron y clérigos como el arzobispo de El Salvador, Oscar Romero, y el padre Antonio Pereira Neto, de Brasil, y el obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli, se convirtieron en mártires del movimiento.

En El Salvador en 1989 fueron asesinados Ignacio Ellacuría, que era jesuita y rector de la Universidad Centroamericana de El Salvador, y cinco profesores más. También Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, fue asesinado en 1980 mientras celebraba misa en la catedral.

Estos religiosos defendían una tendencia ideológica llamada teología de la liberación, basada en la necesidad de la liberación de la miseria de las poblaciones oprimidas y en particular de los indígenas. Estas muertes fueron la respuesta de algunos grupos violentos a la forma de entender el catolicismo que proponían muchos religiosos en todo el continente. La causa de estos asesinatos pudo estar en que algunos pensaron que, matando, dejaría de escucharse su mensaje, la voz de estos hombres de paz.

Aunque Juan Pablo II criticó duramente a los teólogos de la liberación, anteriormente, en marzo de 1967, el papa Pablo VI ofreció al mundo su encíclica Populorum Progressio que planteaba la «necesidad de promover el desarrollo de los pueblos». Como consecuencia directa del concilio Vaticano II, la encíclica aludía a la situación marginal del tercer mundo, y a la situación desigual de desarrollo.

Su idea del hombre era la cristiana, pero con aspiraciones radicalmente distintas de las mantenidas hasta entonces por los textos de los papas: «verse libre de la miseria, […] participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres».

La encíclica finalmente subrayaba la necesidad de la solidaridad con los más necesitados y pedía una conformación mundial para ayudar a los países pobres: «Pedimos la constitución de un fondo mundial alimentado con una parte de los gastos militares, a fin de ayudar a los más desheredados. Solo una colaboración mundial, de la cual un fondo común sería al mismo tiempo símbolo e instrumento, permitiría superar las rivalidades estériles y suscitar un diálogo pacífico y fecundo entre todos las pueblos».

Encíclica Pacem Interris

Revolución Libertadora 1955 Caida Gobierno de Peron Argentina

Revolución Libertadora – Caída Gobierno de Peron

LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA: A pesar de triunfar en las elecciones de 1952 con el 60% de los votos, el gobierno peronista comenzaba ya a mostrar signos de debilidad, que se agudizaron con la muerte de Eva Perón. Además, el deterioro de la situación económica fue acompañado por un endurecimiento del régimen, que intensificó la persecución de los opositores.

En 1955, la escena política estaba dominada por el conflicto del gobierno con la Iglesia, iniciado un año antes, y con la oposición. En medio de ese clima se comenzó a delinear un golpe de estado. En septiembre, finalmente, una revolución encabezada por el general Lonardi derrocó a Perón.

ANTECEDENTE HISTÓRICOS: Uno de los componentes del clima de enfrentamiento político en los últimos meses del gobierno de Perón fue el uso por parte del presidente de virulentas apelaciones a la violencia. El punto culminante de esta escalada de violencia verbal se manifestó en el discurso del 31 de agosto, frente a una concentración popular en su apoyo.

ROBERT POTASH, en su libro “El ejército y la política en la Argentina”  escribía sobre la escalada de violencia en la última etapa del gobierno de Perón, en el año 1955. Allí Perón dijo:

“Con nuestra tolerancia exagerada, nos hemos ganado el derecho a reprimirlos violentamente. Y desde ya establecemos como una conducta permanente para nuestro movimiento: aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas, o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino. […] La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos”.

Este discurso -que, en cierta medida,  implicaba un reconocimiento de las críticas que los opositores hacían a su régimen- fue empañado de la autorización para que los líderes opositores hablaran por radio. Más allá de sus diferencias, la oposición política reaccionó con desconfianza y reclamó, como condición mínima para una tregua política, el restablecimiento de las garantías jurídicas, comenzando por el levantamiento del estado de guerra interno -una figura similar a la del estado de sitio, que permitía a Poder Ejecutivo suspender las garantías constitucionales y arrestar a individuos sir orden judicial-, vigente desde 1951. El gobierno consideró inaceptables estas demandas y mantuvo una línea de enfrentamiento que llegó a su apogeo retórico con el discurso de Perón del 31 de agosto de 1955.

La oposición, mientras tanto, organizaba el golpe de estado con la decisiva participación de oficiales del Ejército y, principalmente, de la Marina.

Por otro lado el general Pedro Eugenio Aramburu, director de sanidad militar, con mínimo apoyo y  sin tropa a su cargo decidió postergar la Revolución para el año próximo, a pesar de la fuerte expectativa existente y del miedo a represalias que hicieran imposible la sublevación.

Entonces llegó el turno del general Eduardo Lonardi (1896-1956), artillero que había estado preso en 1953. Tenía contactos en la guarnición de Córdoba, cuya oficialidad joven estaba dispuesta a salir antes de que fuera demasiado tarde: finalizado setiembre las municiones debían retirarse y no cabrían posibilidades hasta el año entrante.

Lonardi conversó con los marinos y fijó fecha el 16 de setiembre para tomar la Escuela de Artillería de Córdoba. Supuso y no se equivocó que en la situación crítica que vivía el gobierno bastaría crear un foco revolucionario para que las demás fuerzas se sumaran a los rebeldes. Cumplió su palabra y así comenzó la revolución.

El 16 de septiembre estalló el levantamiento en Córdoba, encabezado por el general Eduardo Lonardi. A pesar de que las tropas leales no pudieron sofocarlo, el levantamiento no consiguió extenderse. La mayoría del Ejército procuraba no intervenir, pero la Marina se movilizó casi totalmente contra Perón. Sus naves bloquearon Buenos Aires y amenazaron con atacar los depósitos de combustible de La Plata y Dock Sud -como ya lo habían hecho con los de Mar del Plata-.

Antes de la hora señalada como ultimátum por la Marina, el ministro de Guerra, el general Lucero, pidió parlamentar y leyó una carta en la que Perón solicitaba al Ejército la negociación de un acuerdo. Esta carta no era una renuncia -Perón describía su actitud como un renunciamiento-, pero la junta de generales, superiores del “Ejército decidió considerarla como tal y negociar con el grupo revolucionario. Ante esta situación, el 20 de septiembre Perón se refugió en la embajada del Paraguay e inició su largo exilio.

Hubo un cambio ideológico (de “sano autoritarismo”) que repercutió en la región según la dirección impuesta por la diplomacia norteamericana, determinó que los golpistas -que allí buscaban apoyo político y doctrinario contra Perón, a quien, como dijimos, identificaban con el fascismo europeo- hallaran escasas justificaciones y orientaciones para su acción: la apertura a un mundo signado por la lucha irreconciliable entre capitalismo y comunismo indujo a los adherentes de la Libertadora a tener mayores motivos para disputarse entre sí el poder y el derecho a fijar el curso a seguir una vez eliminado el “fascismo criollo”. Ello se refleja en el eco que pronto hallarían -en sectores de las Fuerzas Armadas, la iglesia y el empresariado- las posiciones más ferozmente reaccionarias que por entonces circulaban en los países centrales sobre la seguridad y el papel de los sindicatos y la izquierda.

El 23 de septiembre, una multitud, perteneciente a la clase media, llenó la Plaza de Mayo para escuchar la palabra del nuevo presidente provisional, el general Lonardi.

Ésta se diferenció de los anteriores golpes no sólo porque se inició en una guarnición del interior, sino también porque no tuvo una definición inmediata. Al foco mediterráneo se sumó el de Puerto Belgrano y más tarde la guarnición de Cuyo. Pero el golpe fracasó en Corrientes y ningún general de la guarnición de Buenos Aires se movilizó. El ministro de Guerra a cargo de la represión envió fuerzas a Córdoba donde se libraron combates entre leales y rebeldes. Entre tanto la flota de mar navegaba rumbo a Buenos Aires en actitud amenazadora, dispuesta a bombardear los tanques de petróleo de Mar del Plata, La Plata y la capital.

En tales circunstancias Perón presentó una renuncia que los generales de la guarnición porteña, todos ellos peronistas, optaron por aceptar a pesar de que su texto resultaba poco claro. Al conocerse esta novedad, una multitud se lanzó a festejar el fin del peronismo en las calles, en medio de lluvias torrenciales. Entre tanto la CGT, en actitud pasiva, ni siquiera declaró la huelga general.

Mientras Perón buscaba refugio en una cañonera del Paraguay, país donde tenía buenos amigos, Lonardi se aprontaba a trasladarse a Buenos Aires, en su carácter de jefe de la Revolución que él mismo tituló “Libertadora”, para asumir el cargo de presidente provisional.

Después de 9 años de gobierno Perón caía definitiva dejando una situación politica mucho mas compleja de lo que pensaban sus adversarios.

El 23 de septiembre de 1955, el general Lonardi asumió la presidencia provisional de la nación. Pero pronto comenzaron a manifestarse las diferencias entre los golpistas, que condujeron al reemplazo del presidente Lonardi por el general Pedro E. Aramburu (imagen). Con Aramburu en el gobierno se afianzaron los sectores autoritarios que se resistían a aceptar los profundos cambios sociales llevados a cabo por el peronismo: el Partido Peronista fue declarado ilegal y Perón fue proscrito.

En 1957, el radicalismo se dividió en dos partidos: la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), liderada por Arturo Frondizi. y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), encabezada por Ricardo Balbín. La división de la UCR complicó los planes del gobierno, que quería encontrar una salida electoral que no implicara el retorno del peronismo.

Frondizi, por su parte, sabía que si lograba arrastrar los votos peronistas ganaría las elecciones. Por eso selló un pacto con Perón, que consistía en el apoyo electoral peronista a su candidatura a cambio del levantamiento de las proscripciones al partido. Gracias al pacto, Frondizi se impuso en las elecciones nacionales del 23 de febrero de 1958.

Una sociedad dividida

En El otro rostro del peronismo (1956), Ernesto Sábato relata cómo recibió la noticia del golpe mientras visitaba a unos amigos en Salta: “Aquella noche de septiembre de 1955, mientras los doctores, hacendados y escritores festejábamos ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina ví cómo las dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas.

Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica dualidad que escindía al pueblo argentino, en ese momento se me apareció en su forma más conmovedora”.

Sabato intenta ofrecer una explicación de lo sucedido y de lo que es preciso hacer para “corregir” ese desencuentro, y anticipa el giro en la interpretación del fenómeno peronista que muchos intelectuales (sobre todo de izquierda, que hasta entonces lo habían rechazado) intentarían con los años: “En el movimiento peronista no sólo hubo bajas pasiones y apetitos puramente materiales: hubo un genuino fervor espiritual, una fe pararreligiosa en un conductor que les hablaba como seres humanos y no como a parias […].

Lo demás es detalle […] y no incurramos ahora en los mismos defectos y vicios que hemos recriminado a la tiranía: no pretendamos unanimidad de juicio, no califiquemos a nuestros adversarios de enemigos de la nación […]. Una cosa es, y bien posible, el desmontaje casi físico de las piezas que aseguran al totalitarismo […] y otra cosa es negar esas fuerzas o creerlas únicamente obra de la propaganda. El fervor multitudinario que Perón aprovechó no será liquidado mediante medidas de fuerza… sólo se logrará reforzarlo hasta convertirlo en una tremenda, incontenible y trágica aplanadora”.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz
Argentina de su país y de su gente María Sáenz Quesada.

El grito de Alcorta Causas Conflicto Rural Santa Fe Huelga Agraria

GRITO DE ALCORTA:
HUELGA AGRARIA EN EL SUR DE SANTA FE

EL GRITO DE ALCORTA:
Los conflictos rurales

Para muchos agricultores de la región pampeana 1911 fue un año muy duro. La pérdida de la cosecha maicera empujó a las familias del sur de Santa Fe a una situación económica desesperante. Para colmo, una serie de maniobras especulativas provocó una baja repentina en las cotizaciones del cereal.

Miles de campesinos vieron cernirse sobre sus hogares el fantasma de la miseria. Ante la imposibilidad de hacer efectivas sus deudas, los comerciantes se sintieron igualmente apremiados y decidieron retirar a los colonos la libreta de crédito si no pagaban por lo menos la mitad de lo que les debían.

Esto no tenía el sentido de una solución sino que era una forma más de presionar a los agricultores, pero no se consiguió prácticamente nada porque éstos no tenían un centavo. Por eso no resulta extraño que fuera un comerciante, Ángel Busjarrábal, quien sugiriera al agricultor Francisco Francisco Bulzani la realización de un movimiento de fuerza para reclamar una rebaja en el precio de los arrendamientos.

A mediados de 1912 se produjo una violenta revuelta de colonos y arrendatarios denominada “Grito de Alcorta”. El mundo rural ya había presenciado importantes conflictos, como el alzamiento de los colonos santafesinos en apoyo de los levantamientos radicales de 1893.

En 1912, los malos precios de los granos provocaron importantes deudas que dejaron a los pequeños chacareros arrendatarios sin respuesta ante sus acreedores. Entre estos acreedores se encontraban empresas acopiadoras, como Dreyfus y Bunge y Born. A fines de junio de ese año estalló la rebelión de los chacareros armados. De este conflicto nació la Federación Agraria Argentina que, a diferencia de la Sociedad Rural Argentina, representaba a los pequeños productores.

Antecedentes: Las pésimas condiciones contractuales de arrendamiento de tierras, de los colonos, en su mayoría inmigrantes, con respecto a los grandes terratenientes provocó el estallido de una enorme protesta de los pequeños productores, en la provincia de Santa Fe, en la colonia de Alcorta, en 1912.

El conflicto, que evidenciaba las necesidades que pasaba el sector, se extendió rápidamente a las provincias de Buenos Aires y Córdoba. Con la unión de los chacareros disconformes por los aumentos de los arrendamientos, las condiciones desiguales de comercialización y la imposibilidad de convertirse en propietarios, surgió la Federación Agraria Argentina, aún existente, que, a diferencia de la Sociedad Rural creada en 1866, representaba a los pequeños y medianos productores agropecuarios. El conflicto, que duró tres meses, obtuvo algunos éxitos, ya que algunos propietarios disminuyeron el precio de los arrendamientos.

La cuestión agraria: El sistema de explotación de la tierra se basaba en incorporar paulatinamente a la producción nuevas tierras que se cultivaban mediante el sistema de arriendo. Pero hacia 1910, ya estaban en explotación la totalidad de las tierras disponibles y aptas para la producción agropecuaria de exportación.

Ante esta situación, los propietarios de las tierras —para mantener el nivel de beneficios que obtenían— se decidieron por sucesivos aumentos en los precios de los arrendamientos.

Primer Comité de la Federación Agraria Argentina
Primer Comité de la Federación Agraria Argentina

Los agricultores arrendatarios, por esos años, enfrentaban dificultades para lograr su subsistencia y cumplir con el contrato. El aumento de los precios de los arrendamientos profundizó su crisis y generó un gran descontento. La crisis de los agricultores comprometía también a los comerciantes de la campaña, proveedores de los insumos y bienes de consumo y también del dinero que le adelantaban al arrendatario para pagar los gastos de la cosecha.

La cuestión agraria se planteó en junio de 1912 cuando —después de intentar una conciliación que -los terratenientes rechazaron— los arrendatarios del pueblo de Alcorta, en el centro de la zona maicera de Santa Fe, decidieron utilizar el mismo instrumento que los asalariados urbanos: la huelga.

Los campesinos se negaron a arar los campos y reclamaron el establecimiento de un tipo uniforme de arrendamiento. En el transcurso de la lucha, ampliaron sus demandas: plazo mayor de contratación, rebaja de los arrendamientos en dinero y de los porcentajes de producción que debían entregar los aparceros y, también, exención de impuestos.

La primera reacción de los propietarios fue desconocer la validez del movimiento y los reclamos. Pero cuando la huelga y la movilización se extendieron hacia el sur de Santa Fe y el norte y el oeste de Buenos Aires, los miembros de la Sociedad Rural de Rosario y de Buenos Aires comenzaron a sentir amenazado su derecho de propiedad. Los terratenientes exigieron a los gobiernos provinciales y al gobierno nacional que reprimiera, a través de las fuerzas del orden, este movimiento que consideraron subversivo.

El gobierno nacional intervino a través del Ministerio de Agricultura y puso fin a la huelga. Estableció que los reclamos, en general, no estaban justificados pero promovió la formación de tribunales arbitrales para resolver las diferencias entre propietarios y arrendatarios. Finalmente, las gestiones conciliatorias terminaron en el fracaso de las reivindicaciones exigidas por los agricultores.

PARA SABER MAS…

Las huelgas agrarias ocurridas en 1912, conocidas generalmente como el movimiento del “Grito de Alcorta”, habían traído como consecuencia ciertas mejoras en el sistema de arrendamiento, pero de ninguna manera ‘habían resuelto el problema en toda su significación social y económica.

El arrendamiento era en sí mismo una salida económica que había beneficiado en su conjunto a todo el país. Gracias a este sistema —aunque no exclusivamente a él— Argentina podía ser uno de los principales Productores y abastecedores de cereales y carne en el mundo.

Esa riqueza, sin embargo, estaba asentada sobre mecanismos sociales y económicos muy particulares. En primer lugar, la concentración de la propiedad, cuyas grandes extensiones en la mayoría de los casos se subdividían en predios relativamente pequeños para arrendar y en algunos casos también para subarrendar creando así pequeñas unidades productoras ‘l(‘ escasa rentabilidad. Además la duración de los contratos era limitada, Y aunque variaba según la situación particular de cada locador y locatario, por lo general no pasaba de los tres años.

En consecuencia, se creaba en la población agraria la necesidad de practicar una especie de nomadismo. Los campesinos, en su mayoría de origen migratorio, no encontraban la oportunidad de establecerse con la expectativa de permanecer un tiempo prolongado en la chacra, y no se despertaban en ellos, en consecuencia, necesidades de transformación en los métodos, de, mejoramiento y de diversificación de la producción. La prolongación de sus contratos era un hecho contingente con el que no podían contar de ninguna manera.

Pero éste no era el único aspecto irritante del sistema. Las cláusulas establecidas en los contratos de arriendo eran una carga pesada de llevar aun en situaciones normales (buenas cosechas, precios adecuados, situación económica general estable).

Desde el punto de vista social, las medidas legislativas del gobierno de Irigoyen frenaron en parte la movilidad ecológica de esa masa flotante constituida por el arrendatario y su familia, y la prolongación del período de arriendo facilitó mejoras generales en las zonas rurales desde el punto de vista sanitario, de vivienda y educación. Auspiciaron también la creación de un sistema cooperativo, que con el tiempo fue extendiéndose, y constituyó un punto esencial en la estabilidad económica del chacarero.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
EL GRITO DE ALCORTA Para muchos agricultores de la región pampeana 1911 fue un año muy duro. La pérdida de la cosecha maicera empujó a las familias del sur de Santa Fe a una situación económica desesperante. Para colmo, una serie de maniobras especulativas provocó una baja repentina en las cotizaciones del cereal. Miles de campesinos vieron cernirse sobre sus hogares el fantasma de la miseria.

Ante la imposibilidad de hacer efectivas sus deudas, los comerciantes se sintieron igualmente apremiados y decidieron retirar a los colonos la libreta de crédito si no pagaban por lo menos la mitad de lo que les debían. Esto no tenía el sentido de una solución sino que era una forma más de presionar a los agricultores, pero no se consiguió prácticamente nada porque éstos no tenían un centavo. Por eso no resulta extraño que fuera un comerciante, Ángel Busjarrábal, quien sugiriera al agricultor Francisco Francisco Bulzani la realización de un movimiento de fuerza para reclamar una rebaja en el precio de los arrendamientos.

El 10 de junio de 1912 una reunión de agricultores decidió integrar una comisión de huelga, y quince días después una asamblea que reunió a más de trescientos colonos decidió por unanimidad iniciar un cese de labores que no tardó en extenderse. Los colonos afrontaban una situación realmente insostenible: los contratos vigentes obligaban al agricultor a ceder al propietario entre el 40 y el 50 por ciento de lo que produjera la tierra.

El terrateniente estaba absolutamente libre de todo gasto porque debía percibir el producto en su chacra, en perfectas condiciones de sequedad y limpieza, trillado y embolsado. Por lo demás, el campesino estaba obligado a cumplir una serie de condiciones con respecto a la superficie sembrada, la forma de sembrar y demás; en caso de dificultades imprevistas, el arrendatario podía considerarse desalojado.

No puede sorprender, entonces, que, a pesar de las persecuciones policiales y las campañas desatadas por los propietarios, el movimiento se extendiera como reguero de pólvora. El 2 de julio de 1912 los obreros agrarios y los braceros de las máquinas desgranadoras afiliados a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) anunciaron que se plegaban al movimiento.

Algunos propietarios accedieron a firmar nuevos convenios, pero- la huelga se extendió a casi todos los pueblos y colonias de Santa Fe, y luego a Córdoba, Buenos Aires y Entre Ríos, Interesado en el problema por el doctor Francisco Netri —animador incansable de la huelga, que fue asesinado en 1916 por sus enemigos—, el tribuno socialista Juan B. Justo llevó el asunto al Congreso Nacional y el 20 de julio interpeló al ministro de Agricultura, Adolfo Mujica, que se limitó a atribuir el problema a “un núcleo de agitadores”.

Con ese tipo de argumentos se trató de silenciar y doblegar el movimiento, pero todo fue inútil: la certeza de que la única forma de defender sus intereses era agremiarse se había hecho carne en los colonos.

Tres meses después del “grito de Alcorta” se constituyó en Rosario la Federación Agraria Argentina. Su nacimiento había costado centenares de chacareros presos, varios incidentes de violencia y largos días de angustia para muchas familias campesinas, pero el movimiento se encontraba en pleno desarrollo.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR DANIELA FLOGIA Historiadora
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

[…] A esta situación se le ha sumado el fracaso en la cosecha de maíz el año pasado, lo que no les ha permitido cumplir con todos los compromisos adquiridos ya sea con el propietario terrateniente, con el gran arrendatario, a los que subarriendan, o con el dueño del almacén de ramos generales con quien se encuentran endeudados por medio de la libreta que les ha abierto para proveerlos de los productos necesarios para la producción a cambio de prendar con anticipación la cosecha.

Ante el desastre del año pasado en Firmat, han comenzado a reunirse los pequeños productores arrendatarios. En marzo de este año escribieron un manifiesto donde alentaban a los colonos a unirse a la protesta. A esta reunión asistió Francisco Bulzani, principal gestor del movimiento en Alcorta, que al regresar trajo una gran cantidad de manifiestos que distribuyó en las colonias de Alcorta, Bigand y Bombal.

Alcorta es una de las zonas más ricas e importantes de la provincia. Es allí donde el 25 de junio se ha organizado una concentración que congregó a cientos de agricultores y de donde surgió el grito de la rebelión campesina. El abogado Francisco Netri, convertido en el asesor de los huelguistas, presentó el nuevo contrato de arrendamiento.

Esta movilización se ha trasformado en un grito desesperado dando lugar a la organización de los chacareros arrendatarios en reclamo de mejoras en las condiciones de los arriendos con el objetivo de acceder a una vida digna. Este movimiento no es un suceso menor; los diarios se han hecho eco de la huelga reproduciendo no sólo las reuniones de los pequeños arrendatarios sino también los atropellos de los que son víctimas. También ha adquirido repercusiones en las provincias de Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos y La Pampa.

El gobierno santafesino, al comprender la magnitud del problema, ha decidido enviar una comisión veedora para que se entrevistase con los huelguistas. Si bien la comisión se ha expresado claramente a favor de los colonos, el informe ha sido olvidado.

Recién en agosto se ha comenzado a vislumbrar una relajación de la huelga cuando algunos propietarios aceptaron las bases del arreglo que les proponían los agricultores. Además han logrado estructurar una organización gremial que defienda sus intereses: la Federación Agraria Argentina.

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz de Miretzky – Mur – Ribas – Royo

Desarrollo Industrial en el Virreinato del Rio de la Plata Los Gremios Obreros

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA:

El desarrollo industrial Las primeras industrias se desarrollaron intensamente en el Plata durante el siglo XVII como consecuencia del aislamiento provincial. Con las medidas liberales de los Borbones, especialmente con el Reglamento de Comercio Libre, se inició la decadencia de las industrias nacionales que no podían competir con las extranjeras, y por otra parte pagaban fletes excesivos. Cuando se producían guerras las industrias revivían por falta de competencia.

Industrias de diversa índole surgieron en el virreinato del Río de la Plata; así en Tucumán y Mendoza se construyeron carretas, en Corrientes y en el Paraguay, que tenían abundancia de maderas, existían pequeños astilleros. La industria textil tomó incremento en las provincias del norte y del oeste, donde ya había florecido el arte textil incásico, que influyó en los dibujos y en el colorido.

También en las Misiones Jesuíticas prosperó esa industria, que era de carácter doméstico. El cultivo de la vid, planta introducida desde Chile a Santiago del Estero, desde donde pasó a la región de Cuyo, dió lugar a la industria vitivinícola, obstaculizada por el gobierno español para evitar la competencia con los productos españoles. Santa Fe carecía de industrias.

En Buenos Aires había saladeros, graserías, fábricas de velas y de jabón, industrias todas derivadas de su riqueza ganadera y además una fábrica de aceite de ballena. En casi todas las provincias, se fabricaban dulces y objetos de plata, como mates, bombillas, mangos de rebenques, hebillas, etc.

Los gremios — El desarrollo de la industria y el comercio provocó la aparición de una clase numerosa que para defenderse de la inhabilidad o mala voluntad de algunos que practicaban esas actividades, se agremiaron.

Los gremios, que se habían establecido en Europa durante la Edad Media y alcanzado su época de auge durante los siglos XV y XVI, tenían cada uno para su gobierno un grupo de cuatro hombres, que ejercían inspecci6n sobré los miembros del gremio respectivo en cuanto al cumplimiento de la confección del artículo, de las leyes gremiales que establecían salarios, del descanso dominical y de la celebración de reuniones en se trataban asuntos de interés general.

En el Río de la Plata existieron los gremios de hacendados, panaderos, plateros, etc. En las colonias hispano-americanas también se establecieron estas instituciones corporativas del trabajo, fomentadas por las mismas autoridades ya que aquéllas no sólo intentaban la defensa de sus respectivos intereses sino también intensificar el desarrollo de las industrias y las artes.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Origen Madres Plaza de Mayo Historia de su Creación

Durante la dictadura militar de 1976-1983 los niños robados como “botín de guerra” fueron inscriptos como hijos propios por los miembros de las fuerzas de represión, dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en institutos como seres sin nombre N.N. De esa manera los hicieron desaparecer al anular su identidad, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad.

La Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo es una organización no-gubernamental que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños secuestrados desaparecidos por la represión política, y crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, exigiendo castigo a todos los responsables.

Historia de Las Madres de Plaza de Mayo

La “loca” aventura de la Guerra de Malvinas, que terminó con un fracaso nacional y la angustia y dolor de miles de familias argentina, también debemos sumar la desesperación de otras miles de familias que lloraban en silencio a las víctimas de la represión ilegal.

A medida que los asesinatos clandestinos se multiplicaban, un grupo de madres comenzó a rondar por los pasillos oficiales en busca de sus hijos. Dado que no obtenían respuesta, algunas madres, lideradas por Azucena Villaflor, comenzaron a juntarse los jueves en la histórica Plaza de Mayo, en la ciudad de Buenos Aires, para exigir respuestas a los gobernantes.

Desde 1977, las madres de detenidos y desaparecidos, cansadas de reclamar en oficinas y cuarteles por la suerte de sus seres queridos, decidió protestar todos los jueves alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo. Desfilaban dando vueltas en silencio, con la cabeza cubierta por un pañuelo blanco.

Las Madres de Plaza de Mayo se convirtieron en el emblema de los kelpers (ciudadanos de segunda) argentinos privados de sus derechos cívicos. Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo centraban su labor en el esclarecimiento de los casos de hijos de desaparecidos nacidos en el cautiverio y entregados en adopción con suAzucena Villaflordocumentación cambiada.

La policía les impidió reunirse, argumentando que un decreto establecía el estado de sitio y estaban prohibidas las reuniones. Les dijeron; “Circulen, circulen”, Y ellas circularon: comenzaron a dar vueltas alrededor de la Pirámide de Mayo, en tanto exigían conocer el destino de sus hijos y el castigo para los culpables. A fines de 1977, la Armada secuestró y asesinó a Azucena Villaflor.(imagen izq.)

A ese respecto, cabe consignar que a mediados del año 2000 se encontraban abiertos procesos judiciales por la apropiación de dichos menores, bajo la interpretación de que tales hechos no fueron incluidos en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (1987) ni en los indultos (1990).

El grupo fue creciendo. Fueron a lugares a los que acudían otras madres a pedir por sus hijos, para sumarlas a la organización. Se llegó a ir casa por casa para convocar a otras madres que hubieran perdido hijos, acción riesgosa, ya que quien lo hacía debía resignarse a ser seguido por un auto, a que los dueños de casa llamaran a la policía o a que, simplemente, no le abrieran la puerta. De todas maneras, algunas sí se abrieron. En ese caso, la Madre que visitaba aconsejaba a los dueños de casa acerca del camino a seguir.

Al advertir la policía que el número de Madres que se reunían en la Plaza llegaba ya a 60 o 70, decidieron terminar con esa situación tan molesta para el gobierno. Arguyeron el estado de sitio, que no permitía las reuniones públicas de esa cantidad de personas, y a golpes las obligaron a caminar y circular. Así comenzaron las famosas rondas de las Madres.

En la Plaza las cosas no eran fáciles. Las Madres eran golpeadas, les lanzaban los perros, las detenían, les lanzaban gas lacrimógeno. Un día, un policía le exigió a una Madre que le mostrara sus documentos de identidad. La tercera vez que a una le exigieron sus documentos, las Madres -que por razones obvias no deseaban ser identificadas- decidieron mostrarle al policía los documentos de las 300 allí presentes. Fue la última vez que se los pidieron.

Por aquella época las Madres de la Plaza de Mayo eran “las madres de la subversión”, “si mataron a sus hijos es porque algo habrán hecho”, la puertas se les cerraban y muy poca gente conversaba con ellas.

En esa época, las Madres todavía no usaban el pañuelo blanco y solo se reunían en la Plaza de Mayo, en algún bar o en el atrio de alguna iglesia. En octubre de 1977 decidieron acudir a una marcha convocada por organismo de defensa de los derechos humanos y a otra convocada por la iglesia basílica de Luján, en la provincia de Bs.As.

madres de plaza de mayo

Se les planteó el problema de como identificarse, y decidieron usar un pañuelo blanco en la cabeza. En esa ocasión el pañuelo fue un pañal de sus hijos, que todas guardaban como recuerdo. La marcha fue la oportunidad para que muchos argentinos descubrieran que en la Argentina había desaparecidos y que sus madres pedían por ellos.

Lcapitán de Marina Alfredo Astiza organización fue infiltrada por agentes del gobierno, entre ellos el capitán de Marina Alfredo Astiz, que se presentó diciendo que tenía un hermano desaparecido. Sus informes provocaron la desaparición de varias Madres y el asesinato de dos monjas francesas. Por este último caso, el ángel rubio fue juzgado en ausencia en Francia y condenado a prisión perpetua. (Imagen izq. Alfredo Astiz)

Las Madres decidieron comenzar a publicar solicitudes en los principales diarios del país. El día de la publicación de la primera, Azucena Villaflor, la fundadora del grupo, se dirigió a comprar el diario. Fue su fin: fue secuestrada y desapareció.

La sede del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 fue la Argentina. El gobierno hizo lo posible para tapar lo que ocurría. Mientras muchos festejaban el acontecimiento deportivo, las Madres sufrían la indiferencia de la mayoría; algunos medios de comunicación las atacaban por antinacionales. Pero el Mundial también hizo que aumentara la presencia de periodistas extranjeros en el país. Las Madres comenzaron así a tener cierta repercusión mundial. Empezaron a viajar a Europa y a reunirse frente a las embajadas argentinas en algunos países europeos.

Una misión de la OEA visitó la Argentina en 1979. Sus funcionarios no recibieron a una comisión, sino a todas las Madres: unas 150. Sin embargo, la misión no logró los resultados que las Madres esperaban.

Al año siguiente, las Madres editaron su primer boletín. A esa altura ya se habían constituido grupos de apoyo en toda Europa y llegaban aportes económicos externos para sostener la organización.

En 1983, la democracia retornó a la Argentina. Una de las primeras acciones del presidente Raúl Alfonsín fue decretar el procesamiento de los máximos responsables de la represión durante la dictadura, a los que se condenó en 1985. En 1991, el presidente peronista Carlos Menem decidió indultar a la mayoría de ellos.

Las madres hasta el día de hoy continúan su lucha para conocer lo que hace mas de 30 años ocurrió con sus hijos y nietos, y que tanto atormenta sus vidas.

Conmovedores testimonios de hijos de desaparecidos por la última dictadura militar en Argentina que fueron encontrados gracias a la labor incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo, que siguen luchando luego de tanto tiempo por encontrar a todos esos niños (ahora hombres o mujeres) que fueron apropiados durante el período 1976-1983.Fueron En Total 106 Hijos Recuperados

Desaparición forzada Crimen de lesa humanidad Genocidio
La palabra “desaparecido” se hizo famosa en el mundo a partir de los hechos que ocurrieron en la Argentina durante la última dictadura militar. La desaparición forzada de personas constituye una ofensa a la dignidad humana y debe ser considerada como grave violación de los propósitos y principios de la Organización de las Naciones Unidas, y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universa! de Derechos Humanos. Su aplicación constituye un crimen de lesa humanidad. Ningún Estado miembro de Naciones Unidas permitirá o tolerará esta práctica; no podrán invocarse circunstancias excepcionales, como existencia o amenaza de conflictos armados internos o internacionales, estados de emergencia, estado de sitio, inestabilidad política interna, disturbios o tensión interna o cualquier emergencia pública como justificación de esta práctica. Delito que por su gravedad o atrocidad lesiona a la humanidad en su conjunto. Traducción del principio medieval que consistía en que el ultraje a la majestad del poder era un crimen (crimen laesae maiestatis). Expresión empleada en 1972 en la IV Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, por Amílcar Cabral (dirigente del Partido Africano por la Independencia de Guinea Bissau e islas de Cabo Verde) para definir el carácter criminal de colonialismo. Un crimen definido como de lesa humanidad no es prescriptible y su autor no puede quedar amparado por la legislación de ningún Estado. Término adoptado en el derecho internacional después de la Segunda Guerra Mundial, empleado por el jurista polaco R. Lemkin. En 1933 Lemkin presentó en la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de Naciones Unidas) un memorial pidiendo la elaboración de una convención internacional que prohibiera las ejecuciones en masa. En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio. El genocidio cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra es un delito de derecho internacional. Como genocidio deliberado y metódico se entiende “el exterminio de grupos raciales y nacionales de la población civil de ciertos terrenos ocupados, con el fin de aniquilar determinadas razas y partes de naciones y pueblos, grupos raciales y religiosos”.

Fuente Consultada:
La Argentina Historia del País y de Su Gente María Saenz Quedada
Escenas Inolvidables del Siglo XX Reader´s Digest
Cuatro Décadas de Historia Argentina de Palmira Dobaño y Mariana Lewkowicz

La represión en las fábricas Dictadura militar contra los obreros

Casi todas las plantas industriales fueron ocupadas por las tropas. (…)

La coordinación “carne” y “uña” entre los militares y la administración de la Ford Motor Company convirtió su planta de General Pacheco en la provincia de Buenos Aires en la apoteosis de la brutalidad contra los trabajadores. “Rodearon Ford con camiones y jeeps, armados hasta los dientes, nos registraban uno por uno y llevaron muchos compañeros detenidos. Nos revisaban los cofres, los vestuarios, hacían requisas permanentes… Se llevaron a los delegados, subdelegados, activistas. Destrozaron el Cuerno de Delegados… hubo cien desaparecidos. Muchos aparecieron después como detenidos y muchos han sido soltados. Otros nunca aparecieron.”

Represión Militar en Argentina

Represión Militar en Argentina

Los dirigentes sindicales Adolfo Sánchez y Juan Carlos Amoroso fueron llamados el día antes del golpe a una reunión con los cabecillas del departamento de Relaciones Laborales de la Ford Motor en su planta de estampado. “La empresa reúne al cuerpo de Delegados que se encontraba en la planta de estampado… En esa reunión el señorGalarraga [gerente de Relaciones Laborales] lee un papel que dice le entregó un coronel al cual se negó a identificar porque ‘su palabra bastaba’, para exhortarles a trabajar en sus tareas olvidándose de todo tipo de reclamos y, manifestó, que todo problema se había acabado.”

Como había todavía negociaciones pendientes solicitadas por los delegados sobre una cuestión de cuentas, Amoroso preguntó si esas conversaciones iban todavía a celebrarse. “Usted, señor no entiende”, replicó el jefe de Ford. “Esta reunión ha terminado. Amoroso, déle saludos a Camps.” Cuando los trabajadores preguntaron quién era ese hombre —el coronel Ramón Camps, que más tarde se jactó de ser responsable de unas 5.000 muertes— los jefes de la Ford se echaron a reír “Ya se va a enterar-”, replicaron.

Tres días más tarde, Amoroso, Sánchez y los otros dirigentes fueron secuestrados de sus casas por hombres armados que llevaban tarjetas tomadas de los archivos de la oficina de personal de Ford. El l 2 de abril la policía y tropas del Ejército rodearon la planta de General Motors de Barracas en una operación espectacular Un ala de la fábrica se había rehusado a trabajar después de haber sido despoja dos de sus beneficios por realizar tareas inseguras. Un capitán del Ejército y unos pocos de sus soldados empezaron ¿interrogar a los trabajadores sobre la causa del paro. Luego hablaron con los jefes de la fábrica. (…) Una vez que la situación quedó “normalizada”, las tropas se retiraron llevándose consigo a tres trabajadores que protestaban.

Obligados a trabajar con rifles apuntando a sus espaldas a un ritmo febril de producción, la disciplina laboral y la represión hicieron las condiciones insoportables para los trabajadores. Situaciones similares a las de Ford y General Motors se dieron en la Argentina en otras grandes plantas automotrices: Fiat, Renault, Peugeot y Mercedes Benz. Pero no sólo los trabajadores mecánicos sufrieron los efectos de las primeras operaciones militares. Casi todas la fábricas del país fueron sometidas a supervisión. Este cambio se dio especialmente en las compañías consideradas vitales por los militares y en las industrias más importantes de cada sector o actividad.

Martín Andersen
Dossier secreto. El mito de la guerra sucia

Secuestros Clandestinos en la Represion Ilegal en la Dictadura Argentina

Este régimen se distingue de gobiernos de facto anteriores porque instrumentó de modo sistemático y masivo secuestros, torturas, detenciones clandestinas y desapariciones. Adoptó esta estrategia de represión y aniquilación física y destruyó toda prueba que pudiera responsabilizarlo. Pese a que la Junta Militar estableció la pena de muerte, nunca la aplicó. Todas las ejecuciones fueron ilegales. Para ello contó con el asesoramiento legal y técnico de los ejércitos francés y norteamericano, y la experiencia de Pinochet en Chile y del Operativo “Independencia” de 1975 en Tucumán.

¿Por qué el gobierno recurrió a la represión ilegal clandestina en vez de aplicar la pena de muerte y los instrumentos de la represión legal? El método clandestino presentaba varias ventajas, desde el punto de vista del gobierno. En primer lugar, forzaba a la población a la inacción por el terror y generaba confusión en las organizaciones guerrilleras y de izquierda directamente afectadas, dificultando la capacidad de emprender acciones defensivas. La confidencialidad y el secreto del accionar de las Fuerzas Armadas daban ventajas sobre el enemigo. Además, a diferencia de la pena de muerte, no requería pruebas ni elementos jurídicos.

Los operativos se hacían a plena luz del día, pero en especial por la noche.  Intervenían las tres Fuerzas Armadas y las de seguridad.

Los operativos se hacían a plena luz del día, pero en especial por la noche.
Intervenían las tres Fuerzas Armadas y las de seguridad.

En segundo lugar, permitía la tortura a los detenidos sin límites, quienes “desaparecían” o, en el mejor de los casos, luego de ser liberados no podían denunciar los vejámenes, pues el Poder Judicial estaba sometido a la Junta Militar. Además, el método de represión ilegal desalentaba la solidaridad y el reclamo de parte de los familiares y amigos, porque ocultaba a los responsables, evitaba toda posible comunicación con los detenidos y generaba el temor a provocar represalias sobre ellos. Simultáneamente, les facilitaba la obtención de colaboración, dado que los civiles que los apoyaban no corrían el riesgo de ser denunciados.

En tercer lugar, la adopción del método de las desapariciones y del ocultamiento del acto mismo de la represión se explica porque el gobierno militar buscaba evitar la reacción de los organismos internacionales y la critica del Vaticano.

Este método requería la coordinación de las distintas fuerzas represivas y constaba de cuatro momentos: secuestro, tortura, detención y desaparición. Para iniciar los secuestros, cuando una de las fuerzas iba a “operar” solicitaba “zona liberada” para evitar interferencias. Así, los pedidos de auxilio

En septiembre de 1973, Augusto Pinochet, con el apoyo del gobierno de EE.UU., derrocó y asesinó al presidente socialista Salvador Allende. Encabezó un gobierno dictatorial hasta 1990. Sobre todo en los primeros años recurrió a los fusilamientos abiertos más que a las desapariciones, lo cual generó el repudio internacional y las denuncias de los familiares o vecinos de los secuestrados no tenían  en las comisarías del lugar y la policía abandonaba el vecindario para evitar confusiones y enfrentamientos con las fuerzas paraestatales.

 A continuación el “grupo de tareas” irrumpía por la fuerza —por lo general durante la noche— en el domicilio o en el lugar de trabajo de los ciudadanos identificados por los grupos de inteligencia (SIDE, etc.) como “izquierdistas”, “guerrilleros” o “activistas sindicales”. Previo al arribo de la patota se solía cortar  el suministro eléctrico y se interrumpía el tránsito. El “grupo de tarea?  estaba integrados en general, por individuos fuertemente armados pero vestidos de civil y sin identificación.

Los secuestros incluían otro componente: el robo de las pertenencias de las víctimas. Sus casas eran saqueadas y con frecuencia sus automóviles e inmuebles eran apropiados por los militares. Así, la venta de las propiedades y los objetos de valor saqueados proporcionaba un estímulo económico a los integrantes de los grupos de tareas y servía para financiar los «operativos». Por otro lado, también los hijos de los detenidos fueron considerados como botín de guerra. Algunos ‘fueron secuestrados junto a sus padres y otros nacieron en cautiverio. Muchos de ellos fueron asesinados; otros fueron entregados a familias de militares. La CONADEP hizo investigaciones posteriores y documentaron alrededor de doscientos casos de este tipo.

El secuestrado era encapuchado y trasladado —vendado y amordazado— al centro clandestino de detención llamado también «chupadero». En general era una dependencia militar, comisaría o un edificio preparado para tal efecto, donde se lo sometía a torturas para extraerle toda la información posible que les permitiera a los militares realizar futuras detenciones. La tortura tenía otro propósito: quebrar la resistencia y la dignidad de la víctima. La «picana”, el “submarino” —mantener sumergida la cabeza en un recipiente con agua”— y las violaciones sexuales eran las formas más comunes de tortura. Esta se combinaba con la tortura psicológica: asistir al suplicio de amigos o familiares, sufrir simulacros de fusilamientos o experimentar el aislamiento total.

Uno de los centros de detención clandestinos mis conocidos funcionaba -en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA); aunque también habla otros, como Campo de Mayo, el Olimpo, el Vesubio y el Pozo de Banfield. La compleja máquina represora llegó a disponer de trescientos cuarenta centros clandestinos (algunos de ellos habían empezado a operar antes del golpe militar). Cubrían todo el territorio nacional, pero su actividad más intensa se registró en las grandes ciudades como en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario y Córdoba.

Muchos detenidos morían en la tortura, mientras que otros permanecían en los campos por varios meses, prestando algún servicio o bien como rehenes potencialmente aprovechables. Por ejemplo, el almirante Massera utilizó algunos cuadros montoneros cautivos en la ESMA como soporte de su proyecto político, en particular, de su intento de cooptar a las dirigencias y las bases peronistas. Para ello liberó a varios detenidos a cambio de su participación en su plan para conducirlo a la presidencia.

Distribución de desaparecidos por profesión u ocupación según fuente de CONADEP (EN %)

Obreros 30.2 %
Estudiantes 21
Empleados 17
Profesionales 10.7
Docentes 5.7
Autónomos varios 5
Amas de casa 3.8
Personal subalterno de las FFAA 2.5
Periodistas 1.6
Actores, artistas, etc. 1.3
Religiosos 0.3
   

Algunos de los secuestrados considerados “mínimamente peligrosos” o los que fueron reclamados por organismos internacionales, gobiernos extranjeros o personas influyentes fueron liberados luego de permanecer por un tiempo desaparecidos6. No obstante, la regla general consistía en que el secuestrado era “trasladado”, lo que en la jerga significaba su asesinato y la desaparición del cuerpo.

En algunos casos arrojándolo vivo desde un avión al océano o a ríos, en otros quemándolo o enterrándolo sin identificación —como NN— en fosas comunes que eran cavadas por las propias víctimas antes de ser fusiladas o en terrenos privados. Aunque algunos cadáveres aparecían en las calles, como muertos en enfrentamientos o intentos de fuga, la mayoría de los cadáveres “desaparecían”. De este modo, se consumó la “desaparición” de miles de detenidos, borrándose las huellas que pudieran responsabilizar a las Fuerzas Armadas. Legalmente. nunca dejaron de existir por eso se los denominó “desaparecidos”.

Además de los “guerrilleros”. las víctimas del plan represivo, en su mayoría jóvenes de entre veinte y treinta y cinco años, pertenecían en general a los planos sindical y educativo.

Desaparición forzada Crimen de lesa humanidad Genocidio
La palabra “desaparecido” se hizo famosa en el mundo a partir de los hechos que ocurrieron en la Argentina durante la última dictadura militar. La desaparición forzada de personas constituye una ofensa a la dignidad humana y debe ser considerada como grave violación de los propósitos y principios de la Organización de las Naciones Unidas, y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universa! de Derechos Humanos. Su aplicación constituye un crimen de lesa humanidad. Ningún Estado miembro de Naciones Unidas permitirá o tolerará esta práctica; no podrán invocarse circunstancias excepcionales, como existencia o amenaza de conflictos armados internos o internacionales, estados de emergencia, estado de sitio, inestabilidad política interna, disturbios o tensión interna o cualquier emergencia pública como justificación de esta práctica. Delito que por su gravedad o atrocidad lesiona a la humanidad en su conjunto. Traducción del principio medieval que consistía en que el ultraje a la majestad del poder era un crimen (crimen laesae maiestatis). Expresión empleada en 1972 en la IV Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, por Amílcar Cabral (dirigente del Partido Africano por la Independencia de Guinea Bissau e islas de Cabo Verde) para definir el carácter criminal de colonialismo. Un crimen definido como de lesa humanidad no es prescriptible y su autor no puede quedar amparado por la legislación de ningún Estado. Término adoptado en el derecho internacional después de la Segunda Guerra Mundial, empleado por el jurista polaco R. Lemkin. En 1933 Lemkin presentó en la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de Naciones Unidas) un memorial pidiendo la elaboración de una convención internacional que prohibiera las ejecuciones en masa. En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio. El genocidio cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra es un delito de derecho internacional. Como genocidio deliberado y metódico se entiende “el exterminio de grupos raciales y nacionales de la población civil de ciertos terrenos ocupados, con el fin de aniquilar determinadas razas y partes de naciones y pueblos, grupos raciales y religiosos”.

Fuente Consultada: Cuatro Décadas  de Historia Argentina de Palmira Dobaño y Mariana Lewkowicz

Ingreso y Egresos de Dólares a Argentina

Los Golpes Militares en Argentina desde 1930 Gobiernos de facto

Junta Militar del Golpe en 1976

Junta Militar del Golpe en 1976

La Constitución Nacional fue sancionada en 1853, y el primer gobierno constitucional comenzó en marzo de 1854. Desde entonces la vida democrática, en lo que hace a los mecanismos constitucionales, funcionó en forma regular hasta 1930. Se trataba de una democracia que mostraba debilidades, pero que funcionaba con todas sus instituciones y que, gracias a la educación, a la experiencia y a la participación de los ciudadanos, permitía una sociedad que vivía en libertad.

 En el período que se extiende de 1854 a 1930 no faltaron hombres públicos que en ciertas oportunidades desconfiaran de la pureza de los actos comiciales por los cuales surgían determinados gobiernos, y creyeran que la única manera de lograr esa pureza consistía en impedir que los elegidos en esos comicios tomaran el poder, o que, ejerciéndolos, debían ser desalojados.

Estallaron así en ese período varias revoluciones con fines distintos cada una, siendo las de mayor magnitud, las de 1874, 1880, 1890, 1893, 1905. Ninguna de ellas, sin embargo, obtuvo sus propósitos de romper el orden constitucional, si bien es cierto que ejercieron influencia en los sucesos políticos posteriores a su estallido.

Pero la vigencia constitucional quedó en pie y los hombres públicos de esa época sentían orgullo de que la cordura hubiera impedido la ruptura del orden constitucional.

La democracia es un régimen político que exige hombres virtuosos, llenos de cualidades, y ello hace siempre difícil todo sistema democrático. La historia de nuestro país lo demuestra. Esos movimientos de violencia política no eran sino el aprendizaje necesario de un pueblo a través de los años de vigencia de instituciones difíciles de practicar. Cuando suceden esos acontecimientos múltiples causas concurren que no podemos analizar aquí; pero ellas no siempre son de naturaleza política.

Los estallidos revolucionarios, que no derrumbaron gobiernos ni rompieron la vigencia de la Constitución y que hemos mencionado, se proponían obtener, por medios equivocados, el mejoramiento o perfección del sistema democrático.

Pero aún con los inconvenientes, las debilidades, las contradicciones el país marchaba en busca del perfeccionamiento de su sistema político En 1912 se sanciona la ley electoral que instaura el voto secreto obligatorio y la utilización, en carácter de padrón electoral, del padrón militar. Esa ley establecía, además, que ingresaran las minorías en las cámaras, con lo que se dio un paso hacia la representación de todos los sectores en la vida pública. La ley denominada Ley Sáenz Peña fue instrumento de extraordinaria significación en la vida política del país. mejoró notablemente los procedimientos comiciales.

La primera vez que esa ley se aplicó en elecciones presidenciales fue en el año 1916. Ese comicio consagró como Presidente a Hipólito Yrigoyen, propiciado como candidato por la Unión Cívica Radical, una agrupación política surgida en 1891 y que se mantenía en la abstención por no querer convalidar con su presencia el sistema electoral vigente Producida la nueva ley Sáenz Peña, el radicalismo se presentó en las elecciones y obtuvo el triunfo del partido.

Yrigoyen fue un hombre público y un caudillo singular, que asumió la conducción del partido después de la muerte de Alem en 1896. Su método político, la ausencia de ambiciones personales, su alejamiento de las manifestaciones populares y públicas, le dieron un carácter casi mítico a su figura y un ascendiente muy grande; fue un verdadero caudillo popular. Multitudes enfervorizadas lo acompañaron tanto cuando asumió el poder en 1916 como cuando lo dejó en 1922.

De vida austera, el candidato radical se caracterizó por su probidad en el manejo de los fondos públicos y por su altiva política internacional que no aceptaba intromisiones ni tutelas de naciones extranjeras. La popularidad de su gobierno le permitió, al finalizar su mandato, que el radicalismo volviera a ganar en 1922 con su candidato, que lo era Marcelo T. de Alvear, quien gobernó al país con un estilo distinto del de Yrigoyen y aun con hombres que no se identificaban con el Radicalismo.

El período de Alvear finalizó en 1928 y nuevamente fue postulado para las elecciones Hipólito Yrigoyen. Este resultó triunfante otra vez en elecciones que le dieron un apoyo masivo de la población. Su período debía extenderse de 1928 a 1934.

Origen del Partido Socialista en Argentina Primeros Partidos Politicos

UNA NUEVA FUERZA: EL PARTIDO SOCIALISTA. El 7 de abril de 1894 aparecía el diario La Vanguardia, que se autocalificaba como “periódico socialista científico, defensor de la clase trabajadora”. Esta fecha suele considerarse como la iniciadora del partido, pero en realidad el congreso constituyente de la agrupación se reunió los días 28 y 29 de junio de 1896. Actuaron en él Juan B. Justo, su principal organizador y teorizante, José Ingenieros, Nicolás Repetto y otros.

El Partido Socialista
El Partido Socialista fue fundado en 1 894 por Juan B. Justo, quien había abandonado las filas del radicalismo, Juan B. Justo comenzó a difundir las ideas socialistas a través de un diario al que llamó La Vanguardia.

Para e! socialismo, la sociedad argentina poseía males que no se originaban en la inmoralidad política sino en la explotación económica que se establecía entre los hombres en el marco del sistema capitalista. Su objetivo último era transformar a la sociedad mediante la destrucción de esas relaciones capitalistas y la construcción de una nueva sociedad, basada en los principios del socialismo marxista. Para alcanzar ese objetivo, el partido proponía La participación electoral. La estrategia era ganar los votos de los obreros para acceder a las cámaras legislativas y promover desde allí la aprobación de leyes que mejoraran la situación de la clase trabajadora.

El Partido Socialista se transformó en una estructura mucho más organizada que la de la UCR, promovió la formación de grupos de estudio, el desarrollo de actividades artísticas y la instalación de bibliotecas e instituciones culturales, pero su influencia se vio limitada especialmente a la Capital Federal y algunas otras pocas ciudades del país, como Mar del Plata o Bahía Blanca.

En 1896, dos años después de fundada La Vanguardia, se realizó el Congreso Constituyente del Partido Socialista. En ese momento, el semanario representaba a muchos núcleos obreros del interior del país; los propios afiliados al Partido distribuían los ejemplares entre los suscriptores.

El partido socialista:
Fuente: Melo R. Carlos Los partidos Políticos entre 1862-1930
“El partido Socialista apareció en la República como consecuencia de las organizaciones similares europeas y de los inmigrantes afiliados a las mismas (abril de 1894), dándose su carta orgánica en abril de 1895, en la cual marcaba su propósito de favorecer, por todos los medios a su alcance, la organización gremial de la clase trabajadora y estrechar los vínculos de solidaridad y unión entre todos los socialistas del mundo.

Su programa mínimo propiciaba, en lo político, el sufragio universal sin distinción de sexos, el sistema electoral proporcional con representación de las minorías, la autonomía municipal, la justicia gratuita y jurado popular electivo para toda clase de delitos, la separación de la Iglesia del Estado, la abolición de la deuda pública y la supresión del ejército permanente; y en lo económico, la limitación y reglamentación de la jornada de trabajo, el salario mínimo, el descanso obligatorio semanal de treinta y seis horas ininterrumpidas, la responsabilidad patronal en los accidentes del trabajo; la instrucción científica, laica, profesional e integral, gratuita y obligatoria; la abolición de los impuestos indirectos, el impuesto directo y progresivo sobre la renta, la supresión de la herencia en línea colateral e impuestos progresivos sobre las herencias en línea directa. El partido Socialista Argentino se afilió a la Segunda Internacional Socialista.

Carlos Marx había logrado, en 1864, el establecimiento de la Primera Internacional, cuyo objeto era unir los diversos grupos socialistas organizados en los países europeos, organización de vida efímera, pues se disolvió en 1876. La Segunda Internacional, a la cual se afilió el socialismo argentino, surgió en 1889 y se caracterizó por su sentido democrático.

Las discrepancias habían creado en el socialismo dos grupos: uno evolucionista, que sostenía que el programa partidario debía lograrse pacíficamente, por vía evolutiva, y la acción ceñirse a las reformas inmediatas, a la vez que se tenía en cuenta la vida nacional del país al que pertenecían.

El otro grupo, compuesto por los socialistas extremos o revolucionarios, profesaba un internacionalismo absoluto, atacaba al nacionalismo y al patriotismo, reclamaba la dictadura del proletariado y proclamaba la revolución mundial.”

1880 Los trabajadores se organizan ensociedades de resistencia y mutuales

1889 Se funda la Segunda Internacional obrera
1890 Comienzan los movimientos huelguísticos
1894 Fundación de La Vanguardia
1896 Primer Congreso del Partido Socialista Obrero Argentino

El Partido Socialista en la Argentina surge como respuesta a la transformación económica que trajo aparejada el desarrollo del modelo agroexportador.

Todos estos cambios produjeron nuevas situaciones para los trabajadores que, amenazados por el desempleo, los bajos salarios y la falta de apoyo estatal, tuvieron que organizarse para hacer frente a las arbitrariedades patronales. En su mayoría, la mano de obra estaba formada por inmigrantes que traían de Europa ideas socialistas y anarquistas.

Las agrupaciones socialistas se diferenciaron del anarquismo por adoptar una postura favorable al parlamentarismo. Influidos por la socialdemocracia europea, para los socialistas los trabajadores debían confiar en la política.

Surgido de diversas agrupaciones con ideas socialistas, para 1900 ya existía el Partido Socialista Argentino, que llevó a Alfredo Palacios, en las elecciones de 1904, a ser el primer diputado socialista de América.

1900 El Partido Socialista Argentino adhiere a la Internacional Socialista
1901 Palacios se afilia al Partido Socialista
1904 Palacios es el  primer diputado socialista en América
1908 Octavo Congreso del PSA, se adopta el nombre de
Partido Socialista

Obra de Gobierno de Rivadavia Ley de Enfiteusis Cracion Banco Nacional

Obra de Gobierno de Rivadavia Ley de Enfiteusis

BERNARDINO RIVADAVIA nadó en Buenos Aires el 20 de mayo de 1780. Estudió en el Coléalo de San Carlos, luchó con valor en la segunda invasión inglesa, se pronunció en favor de la Revolución de Mayo, fue secretario de guerra del Primer Triunvirato y, desde entonces, representó al centralismo porteño.

Fue diplomático en Europa representando a las Provincias Unidas en la búsqueda del reconocimiento a nuestra independencia; en 1821 fue llamado a cubrir el cargo de ministro en la gobernación de Martín Rodríguez, realizando una serie de reformas que marcaron notablemente al período histórico entre 1821-1824.

El 8 de febrero de 1826 fue nombrado presidente en momentos difíciles para la nación (Guerra con el Brasil); tuvo que renunciar al año siguiente y se alejó definitivamente de la vida política. Falleció un 2 de septiembre de 1845, en Cádiz, España.

Presidencia de Rivadavia:
gobierno de rivadaviaUna instancia polémica: Bernardino Rivadavia fue una figura polémica de nuestra historia, que generó simpatías y rechazos. Se lo ha visto como un pensador que ideó un plan acertado de renovación estatal, o como el representante de la burguesía comercial agente británico en el Río de la Plata”. Más allá de estas interpretaciones, el grupo rivadaviano elaboró un plan concreto para organizar el país, que en su momento era prácticamente único.

El grupo rivadaviano estaba integrado por partidarios de las ideas liberales, la mayoría de formación universitaria europea, que contaban con el respaldo de comerciantes y hacendados de Buenos Aires. Los comerciantes apoyaban la política de librecambio: impuestos bajos para el comercio de importación y exportación.

Los hacendados vieron con buenos ojos la Ley de Enfiteusis que dictó Rivadavia, porque pudieron engrosar sus propiedades. Por otra parte, el presidente favorecía la exportación de cueros. Este apoyo, sin embargo, no sería eterno: terminaría cuando las medidas económicas fueran desfavorables para sus intereses.

• Ley de Capitalización de Buenos Aires
El presidente Rivadavia no hizo esperar el programa de medidas de su mandato. El mismo mes de febrero presentó un proyecto sobre capitalización de Buenos Aires, el cual se sancionó a principios del mes siguiente. La nueva capital estaba comprendida entre Puente Márquez (próximo a Merlo), Tigre y el río Santiago. Este territorio quedaba bajo la dirección de la Legislatura y del presidente nacional; todos sus establecimientos se nacionalizaban junto a las acciones, deberes y empréstitos contraídos por la provincia de Buenos Aires.

Días después se disuelve la Junta de Representantes y cesan las funciones del Poder Ejecutivo y Legislativo de la provincia bonaerense. La provincia de Buenos Aires había desaparecido.

• Ley de consolidación de la deuda pública
La economía de la provincia no era muy ventajosa. Por la situación presentada con el Brasil, el presupuesto estaba destinado en su totalidad a los gastos militares. Existía una importante deuda pública acumulada desde 1810 y el empréstito Baring debía pagarse.

El Congreso trató el proyecto de consolidación de la deuda pública y de la hipoteca de la tierra fiscal de todo el país. Las tierras públicas quedaban afectadas al pago de la deuda y no podían venderse. Las tierras provinciales pasaban de este modo a manos del Estado nacional. Esta ley condujo a la sanción de la Ley de Enfiteusis. La medida provocó descontento en las provincias, porque perdían el control de sus tierras.

La tierra: negocio redondo
La vocación de Rivadavia sobre inmigración y colonización culminaría bajo.su mandato como presidente, cuando el Congreso Constituyente de las Provincias Unidas sancionó el 20 de mayo de 1826 la Ley de Enfiteusis, que disponía en su art. 1°. la prohibición de enajenar las tierras de propiedad pública, determinando que éstas se darían en enfiteusis durante un periodo no menor de 20 años, a contarse desde el 1° de enero de 1827. El art 2° fijaba dos tipos de canon; 8 por ciento para las tierras de pastoreo y el 4 por ciento, si las tierras eran de “pan llevar”, con lo que se pretendía fomentar la agricultura… El objetivo era poder hacerse de recursos (el canon) sin desprenderse de la propiedad de la tierra (enfiteusis) que seguía siendo el resguardo del préstamo con Baring, y de los nuevos préstamos solicitados con motivo de la guerra. Lo que no se esperaba era que los grandes ganaderos se quedaran en forma directa o por testaferros con enormes cantidades de tierra que originaron grandes latifundios; tampoco estaba previsto que el estado de conflicto permanente del próximo cuarto de siglo haría que los colonos sólo llegaran a cuentagotas, por lo que la ley se convirtió en definitiva en una trampa muy costosa, ya que las mejores tierras quedaron inhabilitadas para cualquier colonización futura.
(Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12)

• Ley de Enfiteusis
A mediados de 1826 se sanciona la Ley de Enfiteusis, que tuvo por objetivo estimular la colonización y obtener recursos para el tesoro nacional.

Esta ley establecía la concesión de la tierra pública en arrendamiento por veinte años. La tasación sería realizada por una comisión de vecinos que establecerían el monto de alquiler anual, según fuesen tierras para ganadería o agricultura.

Pero la ley no dará los frutos esperados, porque los arrendamientos no se pagaban con frecuencia y las tierras fueron adquiridas mayormente por capitalistas que las tenían como inversión y no para hacerlas trabajar. La idea de favorecer la formación de pequeñas propiedades para otorgar la tierra a los campesinos tampoco pudo cumplirse. Surgieron grandes propiedades o latifundios, en manos de quienes podían pagar más.

• La Constitución de 1826
El Congreso comenzó a tratar el tema constitucional. Como primer paso se acordó establecer una república representativa; la monarquía quedaba descartada. Un tema más espinoso fue decidir la organización estatal: ¿federal o unitaria?

A pesar de la oposición de los federales, el 24 de diciembre de 1826 se aprobó la Constitución que establecía “la forma representativa republicana bajo la unidad de régimen”. Los gobiernos provinciales quedaban bajo la total dependencia del presidente de la Nación.

La Constitución fue rechazada en las provincias, al no ver satisfechas las aspiraciones federalistas.

Renuncia de Rivadavia
La situación del presidente Rivadavia se volvió muy delicada:
Las provincias habían rechazado la Constitución de 1826, por lo tanto, su autoridad nacional estaba cuestionada.
El ministro García había firmado un tratado deshonroso, por la cual reconocía a Brasil la posesión de la Banda Oriental, con el objetivo de finalizar la guerra.

Los terratenientes y comerciantes, su grupo de apoyo tradicional, le quitaron el respaldo por el aumento de impuestos y contribuciones destinados a cubrir gastos de la guerra con el Brasil.
Ante estas circunstancias, Rivadavia se vio obligado a renunciar. Se avecinaban tiempos de disgregación nacional.

PARA SABER MAS…
ESTADO Vs. IGLESIA

En el Argos de Bs.As. del sábado 19 de octubre 1822, se publicaba un comentario acerca de la discusión sobre la reforma eclesiástica propuesta por el gobierno , que había tenido lugar en la sala de Representantes:

(…) ha quedado decretada la abolición del fuero personal del clero (…) El público ha quedado prendado del celo y patriotismo con que estos señores eclesiásticos, que han atacado con calor, y con los más vivos coloridos los perjuicios que resultan a La sociedad de esta distinción que les había sido concedida; (…). La representación y el gobierno caminan con pasos de gigante, y Buenos Aires, de día en día va dando pruebas que dentro de breve presentará el modelo de una de las sociedades más bien organizadas, y a donde correrán habitantes de todas naciones a disfrutar en su seno el libre ejercicio de su industria, la abundancia y la seguridad.”

Como parte del plan orgánico concebido por el ministro Bernardino Rivadavia y su grupo, el gobierno se ocupó también de la Iglesia. La revolución de 1810 había alcanzado con su impacto a la jerarquía eclesiástica del Río de la Plata, la había separado de Roma y privado de muchas de  sus autoridades legítimas. Corno resultado de la conmoción social que la afectó, la Iglesia ofrecía un cuadro de desorden interno que acusaba problemas de todo tipo. Rivadavia se propuso poner coto al desquicio de esa situación, pero la reforma se impuso desde el gobierno  que asumió de esta manera, una potestad que subordinaba la Iglesia al poder civil.

Se inventariaron los bienes eclesiásticos, inclusive los de las órdenes religiosas; se suprimió toda autoridad eclesiástica sobre franciscanos y mercedarios, que quedaron sujetos a la del gobierno; se fijaron normas de conducta para los frailes, entre otras medidas que se arbitraron.

La iglesia dividió sus posiciones frente al avance reformista del gobierno y Francisco de Paula Castañeda, un fraile recoleto, se erigió en el más firme y vocinglero contradictor de la reforma y su alma mater. Agitó la opinión a través de una serie de periódicos de vida efímera y nombres estrafalarios que, pese a constituir una campaña de verdadero asedio, no pudieron contener la resolución del gobierno.

La ley de reforma eclesiástica se sancionó en noviembre de 1822 después de un prolongado y ardoroso debate. Por ella se dispuso la anulación del diezmo, la secularización de las órdenes monásticas; los bienes de los conventos disueltos se declararon como propiedad del Estado, a cambio de lo cual el gobierno se comprometía a proveer el presupuesto de la iglesia. Así nació, dicen algunos autores, el primer presupuesto de culto y en el predio de los monjes recoletos se estableció el cementerio del Norte o de “la Recoleta” , bajo la administración estatal.

Con el apoyo de algunos eclesiásticos comprometidos con la reforma, en Buenos Aires ésta pudo llevarse adelante. En el resto del país, una sociedad más ligada a las tradiciones hispánicas no podía comprenderla y se hizo inaplicable. El gobierno y, especialmente su ministro, se ganaron una acusación de anticlericalismo que excedió con creces las intenciones de Rivadavia. La reforma tuvo, además, un correlato político de carácter más violento, como fue la revolución encabezada por Gregorio Tagle en 1823, rápidamente sofocada.

EL GRUPO QUE ACOMPAÑABA A RIVADAVIA: Al calificar de grupo a este conjunto de hombres lo hago a sabiendas. Se trata de individuos que tienen, en un momento dado, similitud de ideas, adoptan una actitud pública común y se sienten entre ellos solidarios. Pero no mantienen una unidad permanente desde 1811 hasta 1827. A veces, la relación es puramente amistosa; otras se agregan al grupo algunos colaboradores inmediatos. En ocasiones, el grupo es relativamente numeroso.

Bernardino Rivadavia es quien la vertebra y las etapas en que se divide el plan económico analizado coinciden con las de su actuación pública. Julián Segundo de Agüero, sacerdote, legislador, ministro y político activo, es la otra figura central, tan Importante como Rivadavia en cuanto al manejo de las ideas. Salvador María del Carril es ministro de Hacienda durante la presidencia de Rivadavia y ha sido antes gobernador de San Juan.

Manuel José García merece párrafo aparte. Es colega de Rivadavia en el ministerio del gobernador Martín Rodríguez en la provincia de Buenos Aires y durante ese período (1820-1824) no cabe duda que ambos comparten muchas de las ideas e iniciativas económicas. Resulta difícil y quizá innecesario discriminar quién es el verdadero autor de algunas iniciativas que, muy probablemente, son patrimonio de varios grupos y de decenas de individuos durante el cuatrienio mencionado.

Algunos de los documentos reproducidos en esta obra correspondientes a ese período llevan la firma de García, como se observará. No participa éste, en cambio, de otras iniciativas y, ya en ese período, comienza a tener una actuación que es menester individualizar y que nada presenta en común con el grupo estudiado. Antes de iniciarse la presidencia de Rivadavia, las discrepancias entre García y Agüero y su enemistad son notorias en el medio porteño.

Sin embargo, el 8 de febrero de 1826, después de la ceremonia de toma de posesión del cargo de presidente, Rivadavia dicta un decreto nombrando su ministerio y allí le reserva a García la cartera de Relaciones Exteriores. El 10 de febrero-cuarenta y ocho horas después- otro decreto expresa que, habiendo renunciado García a su ministerio, se nombra a Francisco de la Cruz en su reemplazo. Rivadavia le envía más tarde como jefe de la misión diplomática a Río que en 1827 firma un tratado que aquél desconoce de inmediato.

Sin la menor duda hacía ya algún tiempo que ambos representaban posiciones ideológicas, económicas, políticas e internacionales irreconciliables, como se verá. El 28 de abril de 1834, García, como ministro del gobernador Viamonte, suscribe el decreto por el cual Rivadavia es expulsado de Buenos Aires.

Santiago Wilde, británico, contador de profesión y funcionario del gobierno de Buenos Aires durante varios años, es el autor de la Memoria sobre organización fiscal que se reproduce en el documento número 11. Trabajó durante algún tiempo en colaboración con Rivadavia y es probable que alguna de las iniciativas económicas de éste hayan contado con su asesoramiento. Es redactor de El Argos de Buenos Aires en los primeros números de este periódico.

Los otros miembros del grupo rivadaviano son redactores de cuatro periódicos que apoyan las iniciativas de Rivadavia y Agüero, o bien sostienen las ideas que pueden considerarse comunes al grupo. Esos periódicos sonEl Argos de Buenos Aires, fundado en 1821, del cual Ignacio Núñez es propietario y principal redactor; El Centinela, que aparece durante 1822s y 1823, redactado por Ignacio Núñez y Juan Cruz Várela; El Nacional, cuyos redactores son Valentín Alsina y dos profesores cuyos apellidos son  San Martín y Palacios, y que ocasionalmente recibe la contribución de  Agüero y García, y El Mensajero Argentino, que se inicia en 1825 y cesó en 1827, en cuyas columnas escribieron Juan Cruz Várela, Agustín Delgado, Francisco Pico y Valentín Alsina. (…)

Lo que todos tienen en común es un nivel cultural que puede considerarse elevado para la época y el lugar. Rivadavia y Núñez fueron hombres de recursos propios, obtenidos por herencia. La mayor parte de los bienes privados de Rivadavia estaba invertida en fincas urbanas, (…). Lo que no he hallado son referencias, directas o indirectas, que indiquen que alguno de los miembros de este grupo haya pertenecido a empresas de importancia aunque fuere mediana. No parece, pues, que ninguno de ellos haya tenido comprometidos bienes personales de consideración en las medidas que integran esto que denomino el plan económico del grupo rivadaviano.”

BAGU, SERGIO. El Plan
Económico del Grupo Rivadaviano
(1811-1827). Rosario, Instituto de
Investigaciones Históricas, 1966.

RESPECTO A LA LEY DE ENFITEUSIS: Los proyectos de Rivadavia, que en un primer momento fueron apoyados por la burguesía comercial porteña, pues su concepción unitaria buscaba centralizar al país para crear un extenso mercado nacional, el que se afianzaría con el desarrollo de la agricultura pues se incrementarían los consumidores, no estaba desprovista de, lógica en lo referente a sentar las bases para la formación de una nación capitalista moderna.

Si bien las medidas librecambistas, a las que adhería Rivadavia, en una primera etapa aniquilarían alas rústicas industrias del interior, posteriormente, en base a la propagación de la agricultura y al establecimiento de una multitud de propietarios, que ampliarían el mercado interno, se podría desarrollar una industria nacional competitiva. Sin embargo, en la realidad económica y social de Argentina, en la década de 1820, esto no era más que una teoría de dudosa concreción. Para empezar, no existía una población dispuesta a contraerse a las actividades agrícolas ya que se carecía, casi por completo, de la tradición y cultura necesaria.

Esta dificultad, que no era desconocida por Rivadavia y su grupo, se pretendió superar con planes inmigratorios, pero la escasez de recursos del Estado, la inestabilidad política, que determinaba la sucesión de permanentes guerras civiles, y la población indígena que amenazaba constantemente a las fronteras interiores, desalentaban a los inmigrantes a radicarse en las pampas argentinas.

Estas condiciones objetivas fueron percibidas con claridad por la misma clase comercial, que no sólo se dedicaba al comercio de importación, sino que también exportaba frutos del país, tales como cueros y sebo principalmente. Fueron precisamente la valorización del cuero y el auge del saladero debido a la creciente colocación del primero en Europa, y a la estable demanda del tasajo en Cuba y Brasil, los factores que determinaron el interés de los comerciantes porteños por la posesión de la tierra apta para la ganadería, ya sea con fines especulativos o para destinarla a la cría de vacunos para la exportación de sus subproductos. De esta forma la burguesía comercial, hasta hacía poco la clase más poderosa de Buenos Aires, comenzó a transformarse en burguesía terrateniente y a participar en los negocios ganaderos.

Este hecho implicaba una contradicción para los proyectos de Rivadavia. Es sabido que el fomento de la agricultura y el poblamiento de la campaña iban en contra del interés de los estancieros que buscaban poseer grandes extensiones de tierra para criar el ganado con pasturas naturales.

Las condiciones descriptas determinaron que, en el gobierno de Martín Rodríguez, después del decreto del 1a de julio de 1822 (al que nos referiremos luego), y entre 1826 y 1830, como consecuencia de la ley nacional de enfiteusis, tanto los estancieros como los grandes comerciantes, muchos de los cuales integraban la Junta de Representantes, el Congreso Nacional y otras funciones gubernamentales, canalizaran en su beneficio personal el régimen de enfiteusis y consiguieran que se desvirtuaran sus propósitos iniciales. De esta forma, un proyecto que había tenido por finalidad promover la agricultura y evitar la especulación con la propiedad de la tierra, produjo un resultado totalmente opuesto al buscado

Fuente Consultada:
Historia 2 Serie De la Modernidad a los Tiempos Contemporáneos Serie Horizonte Silvia A. Vázquez de Fernández
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Operativo Independencia La Lucha Contra La Guerrilla en Tucumán

Operativo Independencia
La Lucha Contra La Guerrilla en Tucumán

LA INTERVENCIÓN MILITAR: Bajo la cobertura legal del decreto 261, se inició en Tucumán el llamado “Operativo Independencia”; su jefe era un antiguo militar peronista, el general Vilas, que admitió que se podían usar con los detenidos métodos prohibidos por las leyes. En febrero de 1975 se creó en Famaillá, provincia de Tucumán, el primer centro clandestino de detención de la Argentina: “La Escuelita”. Según comprobé la justicia, por “La Escuelita’ pasaron más de mil detenidos.    

Todos fueron torturados y un alto porcentaje, ejecutado. En agosto de 1975, asumió como Comandante en jefe del Ejército el general Jorge Rafael Videla. Al poco tiempo, la presidenta Perón pidió Licencia por razones de salud. La reemplazó el presidente del Senado, el doctor Ítalo Argentino Luder.

En octubre comenzaron a circular rumores de golpe de Estado. A los pocos días de reasumir el mando la presidenta, los montoneros lanzaron uno de los operativos más audaces: el ataque a un cuartel de la provincia de Formosa, adonde llegaron con un avión de línea secuestrado para ese efecto, Se produjeron bajas de ambos bandos.

La estrategia de la guerrilla era provocar el golpe de Estado por parte de los militares. Pensaban que con las Fuerzas Armadas en el gobierno, el pueblo tendría más claro quién era el enemigo. Esperaban una represión semejante a las de las dictaduras anteriores.(imagen: Compañía de Monte Ramón Rosas del ERP)

Diciembre de 1975 fue un mes trágico. El día 19, un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea se sublevaron contra el gobierno, en un intento de golpe de Estado. Las bases de Morón y Aeroparque estuvieron tomadas por algunas horas. La reacción popular fue nula, pese a lo cual los mandos militares decidieron esperar que la situación del gobierno democrático se deteriorara aun más.

El 23 el ERP atacó el Batallón 601, en Monte Chingolo, en el partido de Quilmes, la provincia de Buenos Aires, pero la operación fue delatada por un oficial de inteligencia infiltrado entre los guerrilleros y la irrupción de los atacantes fue rápidamente repelida por los alertados militares.

Monte Chingolo fue un desastre para el ERP y la última acción de gran despliegue de la guerrilla. El grupo guerrillero estaba destruido, ya había sido derrotado en Tucumán y la gran cantidad de bajas lo había minimizado. Los siguientes atentados demostraron la falta de combatientes. En Navidad, el general Videla pronunció un discurso en Tucumán en el que reclamaba rectificaciones al gobierno, fijándole un plazo de tres meses, justo el tiempo que transcurrió hasta el golpe.

Durante los primeros meses de 1976, la presidenta y su entorno hicieron los últimos intentos para evitar el derrocamiento. Propusieron un gabinete cívico-militar, el ingreso de los militares al gobierno, y adelantaron las elecciones presidenciales para octubre de ese año. En el parlamento se pidió el juicio político a María Estela Martínez, pero este no prosperó.

Todos estos planteos tuvieron escasa repercusión en una opinión pública demasiado influida por las desilusiones permanentes y hábilmente trabajada por la prédica golpista de muchos medios masivos de comunicación. Para la mayoría se hacía difícil identificar un gobierno como el de Isabel con la democracia: había censura, presos políticos, tortura, desaparecidos, aunque perduraba el parlamento, alguna prensa independiente y la posibilidad de cambiar las cosas en las elecciones de octubre.

A las 3 y 10 de la madrugada del 24 de marzo de 1976, las radios cambiaron los tangos por una marcha militar. Un nuevo golpe de Estado se había consumado.

Gobierno de Campora Hector Resumen Anmistia Politica Liberacion Presos

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA DE CÁMPORA:

El gobierno militar, a cargo de Agustín Lanusse, avanzó en la transición por medio de dos gestos: en septiembre devolvió el cadáver de Evita, que permanecía oculto desde hacía muchos años, y en noviembre de 1972 permitió el regreso del líder justicialista. En realidad, se trató de una visita que duró unos días y en la que selló un acuerdo con Ricardo Balbín.

El Perón que había vuelto del exilio parecía un político dispuesto a negociar con todos con tal de rescatar al país de una inestabilidad de casi dos décadas. Además del apoyo sindical, representado por el secretario general de la CGT José Rucci, también contaba con la adhesión de muchos grupos armados.

El propio Perón reivindicó el uso de la violencia en el contexto de esa época e incorporó a Rodolfo Galimberti, uno de los jefes de Montoneros, al Consejo Superior del peronismo. En ese organismo convivía un extraño elenco que incluía a su esposa «Isabel», al ultraderechista teniente coronel Jorge Manuel Osinde y a Héctor J. Cámpora, que había reemplazado a Paladino como delegado personal de Perón gracias a su legendaria lealtad.

Ese mismo año se formó el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), una coalición integrada por el peronismo y otros partidos menores. Perón intentó conciliar las corrientes renovadoras e históricas que se disputaban la conducción del movimiento y designó en la fórmula presidencial a Cámpora y Vicente Solano Lima. El primero se hallaba cercano a la juventud radicalizada y el segundo era un peronista conservador.

Las acciones terroristas habían proseguido con bombas, sabotajes, asaltos y copamientos. El 10 de abril de 1972 el ERP secuestró y mató a un alto ejecutivo de la fábrica de automóviles Fiat; ese mismo día, el grupo Montoneros asesinó en Rosario a un general del Ejército. La respuesta del gobierno resultó ambivalente. Por un lado, se crearon tribunales especiales para juzgar a los guerrilleros; por el otro, las Fuerzas Armadas ejercieron la represión ilegal mediante el secuestro y la tortura de activistas, y en agosto asesinaron a unos guerrilleros detenidos en la base aeronaval de Trelew.

Sorpresivamente, Perón convocó a Héctor Jorge Cámpora y lo designó su delegado personal en reemplazo de Jorge Daniel Paladino. Cámpora, que había sido presidente de la Cámara de Diputados entre 1948 y 1952, se había mantenido en un segundo plano desde la fuga de la cárcel de Río Gallegos en 1957 junto a John William Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo.

Desde abril de 1971, el presidente Alejandro Lanusse había iniciado la búsqueda de una salida política para la Revolución Argentina, negociando con los partidos reunidosen La Hora del Pueblo, de la que Paladino era un importante animador. La designación de Cámpora indicaba que Perón quería controlar personalmente, y sin intermediarios independientes, la compleja negociación que iniciada. Por lo pronto, Perón acusó a Paladino de ser “agente del dictador Lanusse” y acentuó sus ataques al Gobierno. Además, estimulaba a los grupos juveniles y atacaba a las Fuerzas Armadas desde la revista Las Bases, quo dirigía la hija de su secretario López Rega.

Héctor Cámpora (frejuli)El 11 de marzo de 1973 se realizaron los comicios. El FREJULI obtuvo el 49,6 por ciento de lo votos, seguido muy atrás por Balbín, con el 21,3 por ciento. La UCR reconoció la virtual victoria de Cámpora y decidió no presentarse a la segunda vuelta en el orden nacional.

El acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo, fue acompañado por una gran movilización popular a Plaza de Mayo y manifestaciones en las ciudades más importantes del interior del país. Al finalizar el acto, grandes columnas encabezadas por las organizaciones juveniles se dirigieron a la cárcel de Villa Devoto y exigieron la libertad de los presos políticos.

Luego de varias horas, y para legalizar esa situación “de hecho”, el gobierno decretó la libertad de todos los detenidos a través de una ley de amnistía. Esta medida provocó la crítica de diferentes sectores de la opinión pública.

Los acontecimientos de esa jornada marcaron el tono del breve gobierno de Cámpora, que duró menos de dos meses. Fue un gobierno signado por la movilización popular y la expectativa de cambios revolucionarios. Durante ese período dirigentes de la izquierda peronista ocuparon puestos relevantes en el gobierno. Es el caso de las gobernaciones de Buenos Aires, Córdoba , Mendoza, algunos ministerios y banca en la Cámara de Diputados , las universidades y otras instituciones gubernamentales.

De todas maneras siempre se intentó buscar un equilibrio de poder entre la izquierda y derecha peronista. Además Perón buscaba impulsar una estrategia política conciliadora con las restantes fuerza políticas.

Cámpora tenía mejor relación con los sectores de la izquierda peronista, sectores que serán absorbidos por Montoneros, eran los únicos que no cuestionaban su papel como representante del líder, viendo en esa aceptación la posibilidad de integrar espacios del poder. Los sectores tradicionales del sindicalismo y de la derecha peronista, en cambio, ya desde su nombramiento habían trabado su accionar.

La presencia de figuras como los presidentes de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, en el acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo de 1973, luego sería usada para acusar al Tío de “agente de la infiltración marxista”, aunque las invitaciones habían contado con el aval de Perón.

En el gabinete ministerial no predominaban las figuras ligadas a la denominada “Tendencia Revolucionaria”. Salvo la Cancillería, donde fue designado Juan Carlos Puig, hombre vinculado con la Iglesia, y el Ministerio del Interior, ocupado por Esteban Righi, los demás ministerios tuvieron al frente a los mismos funcionarios que luego acompañaron a Raúl Lastiri y a Perón en su tercera presidencia. Entre ellos, se destacaban el secretario privado del líder, José López Rega, en Bienestar Social; el ministro de Trabajo, el sindicalista Ricardo Otero, y el de Hacienda y Finanzas, José Gelbard, dirigente de la CGE.

El 20 de junio Perón regresó de forma definitiva al país y comenzaría una nueva etapa del gobierno peronista, ahora con el líder en su tierra. Ese día fue también uno de los momentos mas triste de la historia política argentina, pues se convirtió en escenario de una sangrienta batalla en la cual la mayoría de los concurrentes se encontró atrapada entre dos fuegos. Nunca se supo con exactitud la cantidad de muertos, porque no hubo interés en realizar una investigación seria del hecho. Algunos reportes hablan de una decena de víctimas fatales y de unos trescientos sesenta heridos. Otros informes sostienen que hubo más de un centenar de muertos. Para evitar el riesgo de un posible atentado, el avión de Perón aterrizó en el aeropuerto militar de Morón.

Como se expresa en el libro “El Libro de los presidentes argentinos”:

La “Masacre de Ezeiza” puso en tela de juicio la capacidad del Presidente para conjurar los enfrentamientos internos. Una intensa campaña contra sus más cercanos colaboradores -Righi y su sobrino Mario-, y el hecho evidente de que el poder no residía en la Casa Rosada sino en la mansión de la calle Gaspar Campos donde se instaló Perón, llevaron a Cámpora a ofrecerle al líder su renuncia.

El 4 de julio, una reunión reservada de la cúpula justicialista, realizada en Gaspar Campos, definió los pasos que seguirían, de los que la ciudadanía sólo tuvo noticias ciertas una semana después. El jueves 12 de julio, Cámpora anunció su dimisión para que, mediante nuevas elecciones, el general Perón pudiese acceder al gobierno. También renunció Solano Lima, y el vicepresidente primero del Senado, Alejandro Díaz Bialet, fue enviado especialmente a la reunión de Países no Alineados. De este modo, la Presidencia provisional de la Nación fue ocupada por Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega. En cuarenta y nueve días había concluido el gobierno constitucional más breve de toda la historia argentina.

El 13 de julio Cámpora renunció y Raúl Lastiri ocupó la presidencia provisional. Lastiri formaba parte del entorno que había convivido con Perón en Madrid hasta su regreso, al igual que Osinde y José López Rega, secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social.

El 23 de septiembre se convocaron a nuevas elecciones y la fórmula Perón-Perón salió vencedora con el 62% de los votos.

Incondicional de Perón
[Cámpora] era un típico peronista […] que había llegado a la política “sin saber por qué”; es decir sin etiquetas ni compromisos del pasado, en ese aluvión que Sanmartino quería relegar a lo zoológico porque no podía admitir un reacomodamiento de las placas sociales que convertía en ciudadanos a todos los que habían estado excluidos y relegados, efectivamente, a la zoología. Cámpora respondía a los agravios al modo de esas flamantes “muchachas peronistas”, como Juanita Larrauri, que recogían el salivazo de los niños bien (“Juanita, al Bajo, a seguir con tu trabajo”) y lo convertían en desafío: “Con bombacha o sin calzón, todas somos de Perón”. Si le decían “obsecuente” respondía que sí lo era, “de puro consecuente”. A los que lo llamaban “sirviente de Eva” les contestaba orgulloso: “Me honra que me consideren su sirviente porque la sirvo lealmente”. Pero el calificativo que más defendía era el de “incondicional”, porque su lealtad a Perón no ponía condiciones y se confundía con su sentimiento religioso: el amor al General respondía a la sed oculta de mito, al hondón de las relaciones padre-hijo y debía expresarlo de manera fanática. Curiosa, por otra parte, en un hombre que tendía a evitar los extremos y las confrontaciones. Y así, sería él mismo, con su increíble falta de malicia y su debilidad por la hipérbole, el que alimentaría el estereotipo “contrera” del mucamo idiota.

Miguel Bonasso, El presidente que no fue.

AMNISTÍA POLÍTICAS ARGENTINAS
1973, 25 de Mayo: un indulto masivo impuesto desde la calle:

El principio de la violenta década de los ’70 tuvo entre sus hechos salientes el crecimiento de la violencia guerrillera, su represión legal e ilegal y la apertura electoral. Al finalizar el gobierno de Lanusse, las cárceles estaban pobladas por cientos de presos políticos y sociales cuya “inmensa mayoría, —escribe Bonasso- eran combatientes de las organizaciones guerrilleras”.

La tentativa del saliente poder militar de condicionar al nuevo gobierno y evitar la liberación de esos presos vinculados con la subversión guerrillera iba contra la tendencia predominante, y fracasó. El 25 de Mayo, al asumir la presidencia Héctor). Cámpora, la situación de aquellos detenidos, con cuya lucha se identificaban cientos de miles de quienes manifestaban en calles y plazas, aparecía como un tema inmediato e ineludible. (“¡El Tío Presidente/ libertad a los combatientes!”era uno de los slogans voceados en la jornada.) La mayoría de la gente parecía compartir esa postura, suponiendo que era uno de los pasos necesarios camino a la democratización.

El nuevo mandatario anunció un proyecto de amnistía en su mensaje al Congreso. Pero los hechos protagonizados por activistas y simpatizantes en torno de la cárcel Villa Devoto (parecía que llegarían al asalto de la prisión) obligaron a la firma apresurada, la misma noche, de un decreto de indulto en el que se disponía la libertad de cientos de detenidos, pues se “…impone el cumplimiento del mandato popular recibido el 11 de marzo último y dadas las características del momento por el cual atraviesa el país… “.

En la confusión, alguna mano aviesa logró incluir en la lista de presos a liberar a un famoso criminal internacional. (En el anecdotario de la época quedaron registradas “oportunas” manifestaciones de solidaridad de los delincuentes comunes encarcelados, con los presos políticos.)

Según Bonasso se trató del “…único preso común que logró evadirse” esa noche. El caso fue “utilizado en la campaña montada por la derecha…”.

Fuente Consultada:
Compendio de Historia Argentina Mariana Vicat
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana
Fascículo de Grandes Debates Nacionales Pagina/12

Presidencia Julio Roca Segundo Gobierno Ley Ricchieri

LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA (1898-1904)
Al finalizar la presidencia de Uriburu. el país vivía un estado peligroso a causa de una posible conflagración exterior. Fue éste uno de los argumentos que favorecieron la elección de Roca, quien, por otra parte, manejó hábilmente sus recursos políticos. Para muchos, parecía el hombre necesario para enfrentar una crisis exterior. El 12 de octubre de 1898 fue proclamado presidente de Argentina.

La segunda presidencia de Julio A. Roca (1898 - 1904)La segunda presidencia de Julio A. Roca (1898 – 1904) tiene caracteres diferentes a los de la primera, pues debe adecuarse a circunstancias muy distintas. El propio PAN (Partido Autonomista Nacional, ensayo de “partido único”) va sufriendo crisis decisivas. Las condiciones del mundo y del país no eran las mismas y estos años finiseculares fueron grávidos de acontecimientos que preanunciaban una época plena de inquietudes.

Se había saludado al siglo XX con la euforia propia del precedente, y Roca era hombre de su tiempo. El siglo XX dio en seguida la pauta de que el cambio no era meramente cronológico. Por lo demás se venía preanunciando el sentido de una crisis de estructuras que en Europa se hizo sentir en seguida y cuyos ecos llegarían poco después a nuestra tierra. (Fuente: Galleti Alfredo  La Política y los Partidos)

SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA (1898-1904)
El general Roca, senador por Tucumán, presidente del Senado, y durante algunos meses, de la República, por licencia otorgada al doctor Uriburu (octubre de 1895 a febrero de 1896), gozaba de una gran influencia política. Los grupos dominantes de las provincias (dueños de las denominadas “situaciones”), le respondían; tanto allí como en la capital, la oposición se abstenía de concurrir a los comicios. En ese ambiente de pasividad cívica surgió la candidatura de Roca para un segundo período presidencial.

El doctor Pellegrini la proclamó, en una asamblea de personalidades, reunida en el teatro Odeón de la capital. A los amigos disconformes con su actitud les replicó: “Roca debe ser presidente; sólo él evitará la guerra con Chile, y esa cuestión es más importante que cualquier otro interés del país”. Las relaciones con el Estado vecino, en efecto, se habían tornado críticas una vez más.

Las elecciones dieron un fácil triunfo a la fórmula encabezada por Roca, a quien acompañaba como vicepresidente el doctor Norberto Quirno Costa. Tomaron posesión de sus altos cargos el 12 de octubre de 1898.

LA POLÍTICA INTERNACIONAL. Roca desarrolló una hábil política internacional; estrechó la amistad con el Brasil, mediante un cambio de visitas con el presidente de esa nación, Campos Salles. También visitó oficial mente el Uruguay. Con respecto a Chile, Roca y Errásuriz, presidentes de las dos naciones, se entrevistaron a bordo de barcos de las respectivas escuadras, en el estrecho de Magallanes (1899), gestión directa y personal que contribuyó al feliz desenlace del conflicto, pse mismo año fue resuelta la cuestión de la puna de Atacama.

Una junta mixta, integrada por el señor Buchanan, ministro de Estados Unidos de América en Buenos Aires, adoptó una línea convencional,,que dividió la zona controvertida, adjudicando a Chile la porción noroeste y a la Argentina la sudeste.

Por los pactos de mayo, firmados en 1902, Chile y la Argentina acordaron la venta de los buques de guerra que habían contratado en Europa, la reducción de sus ejércitos y la resolución inmediata del pleito de límites sobre la base de un fallo arbitral del nuevo rey de Inglaterra, Eduardo VII Una comisión de peritos ingleses marcó una frontera intermedia entre las altas cumbres y la línea divisoria de aguas.

 Por iniciativa de una comisión de damas, en un punto divisorio de la cordillera fue erigida en 1904 una estatua de Cristo, hito simbólico de paz y fraternidad

En materia de derecho internacional, cupo al ministro de Relaciones Exteriores doctor Luis María Drago formular una doctrina en defensa de la soberanía americana. El gobierno venezolano había dejado pendientes ciertas deudas contraídas con banqueros de Alemania y Gran Bretaña. Los gobiernos de esos Estados exigieron su pago inmediato, y al no conseguirlo, enviaron buques de guerra que bombardearon algunos puertos de Venezuela. La “doctrina Drago” sostuvo entonces el principio de que ninguna nación acreedora debe emplear la fuerza para obligar a otra al pago de sus deudas. El conflicto fue arreglado con la intervención amistosa de Estados Unidos de América.

LA GESTIÓN ADMINISTRATIVA Y ECONÓMICA. En 1901, el ministro de Guerra, coronel Pablo Ricchieri, obtuvo la sanción de una ley que implantó el servicio militar obligatorio. El antiguo ejército profesional se transformó en otro de ciudadanos, elevó el nivel de la tropa, hizo de los cuarteles una escuela de democracia, y permitió preparar de una manera eficiente y uniforme las fuerzas armadas de la Nación.

Las finanzas sufrieron el efecto de los grandes gastos ocasionados por los preparativos militares y navales: cerca de 80 000 000 de pesos.

Para aliviar la pesada deuda que recaía sobre la economía pública, el gobierno presentó un proyecto de unificación. Un sindicato de banqueros pagaría las deudas existentes, a cambio de una nueva, por el total, al 4 por ciento de interés anual. Los títulos serían colocados al tipo de 75 por ciento. Como una de las cláusulas acordaba en garantía los ingresos fiscales, incluso los de la aduana, la opinión estime lesionada la soberanía nacional. Se produjeron en la capital algunos desórdenes, Roca, por consejo de Mitre, retiró el proyecto, ya aprobado por el Senado.

En 1899 una nueva ley de Conversión fijó el valor de un peso papel en cuarenta y cuatro centavos oro.El comercio alcanzó un extraordinario desarrollo; de 301 000 000 de pesos oro en 1899, pasó a 451.000.000 en 1904; las exportaciones superaron siempre a las importaciones. Los ferrocarriles aumentaron sus líneas en 4.000 kilómetros. Fueron construido; puertos fluviales, como el de Rosario y Concepción del Uruguay, y en once capitales de provincia comenzaron los servicios de agua potable. Las obras de irrigación favorecieron especialmente a Mendoza, San Juan, San Luis y los valles de los ríos Colorado y Negro.

LA CUESTIÓN SOCIAL. La gran prosperidad económica, sin embargo, sólo beneficiaba a un reducido grupo de personas y de empresas, en su mayoría extranjeras. El nivel de vida de la masa proletaria y campesina era muy bajo, por los salarios escasos y la falta de amparo legal. En Buenos Aires, Rosario y otros puntos las familias obreras se hacinaban en sucios conventillos.

La inquietud tomó auge con la divulgación de las teorías socialistas y anarquistas y el desarrollo de las industrias. Aparecieron los primeros sindicatos, que se confederaron en entidades considerables. Comenzaron a estallar huelgas, y su violencia cada vez mayor impuso la declaración del estado de sitio y provocó choques entre los obreros y la policía.

En 1902 se sancionó, tras un breve debate, la ley de Residencia, que autorizaba al Poder Ejecutivo para expulsar del país a los extranjeros agitadores. El Ministro del Interior  Joaquín V. González presento al Congreso un proyecto de Código de Trabajo, en procura de soluciones amplias y racionales de justicia social.

LAS FUERZAS ARMADAS. El país no estaba preparado para utilizar los instrumentos de guerra adquiridos con premura por el presidente anterior. Faltaban jefes técnicamente capaces, personal especializado, tripulaciones instruidas, arsenales, armamentos, etc.

La creación del ministerio de Marina, a cargo de Martín Rivadavia, permitió el aprovechamiento de la escuadra adquirida con tantos sacrificios. Se iniciaron entonces las obras del Puerto Militar o Puerto Belgrano, que seria la mayor base en su género en América del Sur. y se habilitó el apostadero de Río Santiago. Con el objeto de modernizar el ejército, y con la colaboración del genera) Luis M. Campos, se creó la Escuela Superior de Guerra y la Escuela Normal de Tiro.

El coronel Pablo Ricchieri, segundo ministro de Guerra, inició una nueva era en la organización militar. Convirtió al ejército argentino en un organismo moderno y eficiente, superando el sistema de la Guardia Nacional. En diciembre de 1901 se promulgó una ley sobre la organización de) ejército y el servicio militar obligatorio: la llamada Ley Ricchieri.

ALGO MAS…
La política exterior
Para solucionar el enojoso conflicto limítrofe con el país trasandino, el presidente Roca concertó una entrevista con su colega chileno —señor Errázuriz—, conviniéndose que la reunión se realizara en el estrecho de Magallanes, frente a Punta Arenas.

Roca subió a bordo del acorazado O’Higgins para estrechar la mano de Errázuriz y más tarde el presidente chileno trasbordó al acorazado Belgrano para saludar al presidente argentino.

Ambos mandatarios se ocuparon del problema limítrofe austral, sujeto en esos momentos al  arbitraje de Gran Bretaña.

También trataron la cuestión de la Puna de Atacama, donde las dos naciones sustentaban puntos de vista distintos. Este pleito internacional fue resuelto ese mismo año, por mediación de Guillermo Buchanan, ministro de los Estaaos Unidos en Buenos Aires. Con los 42.000 km2 que correspondieron a nuestro país, se formó el territorio nacional  de los Andes.

El 28 de mayo de 1902, los gobiernos de Argentina y Chile firmaron en la ciudad de Santiago tres convenios —conocidos como Pacto de Mayo—, a fin de facilitar la solución del problema limítrofe en las regiones australes.

Las negociaciones establecieron:
a) la limitación de armamento, es decir, que ambos gobiernos suspendían la adquisición de nuevos barcos de guerra en Europa y disminuían sus unidades en uso, hasta una cierta equivalencia;
b) el arbitraje general o sea someter las diferencias al arbitraje de Gran Bretaña, país que debía designar una comisión técnica para demarcar la frontera.

Poco más tarde, el rey Eduardo VII —por intermedio de una comisión presidida por Mr. Holdich— fijó un límite intermedio y con esto quedó sellada la amistad argentino-chilena.

En cumplimiento de una hábil’ política internacional, el Presidente Roca intercambió visitas con Campos Salles, el primer mandatario brasileño; también estrechó vínculos con Perú y Bolivia.

En diciembre de 1902, las naciones americanas fueron conmovidas cuando naves británicas, alemanas e italianas atacaron y bloquearon la costa de Venezuela, debido a que este país había suspendido los pagos de la deuda exterior.

Ante el incidente, el Dr. Luis María Drago —ministro de Relaciones Exteriores argentino— defendió la soberanía americana y proclamó que ninguna nación acreedora debe emplear las armas sobre otra para saldar deudas. La pacífica intervención de Estados Unidos solucionó el conflicto venezolano.

La nota argentina produjo repercusión en el exterior y fue incorporada, con el nombre de Doctrina Drago, a las normas del Derecho público internacional.

Fuentes Consultadas:
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz
de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Argentina y El Mundo Astolfi José C.
Enciclopedia Historia Argentina Tomo 13
La Argentina Historia del País de y De Su Gente María Sáenz Quesada
HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

Biografia de Galtieri Leopoldo General Presidente de Facto Argentino

Biografía de Galtieri Leopoldo General
Presidente de Facto Argentino

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: LA “GUERRA SUCIA” La historia argentina contemporánea está jalonada de regímenes militares. Después del golpe que en 1976 derrocó a Isabel Perón (nacida 1931), el gobierno militar dio vía libre a la “guerra sucia”, campaña de exterminio de los opositores al régimen. Los “escuadrones de la muerte” secuestraron a miles de personas a quienes muy a menudo torturaban hasta la muerte.

El gobierno reconocía a esas víctimas como “desaparecidos”. La presión de las madres y abuelas de los “desaparecidos”, que se manifestaban en la plaza de Mayo (Buenos Aires) con pañuelos blancos y las fotografías de sus hijos y nietos, ha permitido averiguar el triste destino de muchas de estas víctimas. Un proceso de represión similar se desarrolló en las vecinas repúblicas de Uruguay y Brasil, ya que los dictadores de las tres naciones actuaban en estrecha colaboración.

LA GUERRA DE LAS MALVINAS En plena dictadura militar argentina, en diciembre de 1981, el general Leopoldo Galtieri (nacido en 1926) ocupó la presidencia de la República. Galtieri reivindicó para su país las islas Malvinas (o islas Falkland), situadas en el Atlántico Sur y ocupadas por los británicos. El 2 de abril de 1982, el ejército argentino invadió las islas. La primera ministra británica Margaret Thatcher (nacida en 1925) envió tropas que vencieron a los militares argentinos, que se rindieron el 14 de junio. Esto supuso la dimisión de Galtieri y la convocatoria de elecciones democráticas.

Leopoldo Galtieri: “Las urnas están bien guardadas”

Fue uno de los personajes nefastos de la Argentina, y como tal aunque su desaparición física se produjo hace ya algunos años, su nombre y su imagen no pueden ser borradas del inconsciente colectivo de toda la sociedad, esa sociedad que en vio arrebatar a sus hijos en algunos casos, y en otros a sus padres, de la mano de aquel general Biografia de Galtieri Leopoldo General Presidente de Facto Argentinollamado Leopoldo Galtieri.

Es que fue ese hombre, que se desenvolvió como Presidente de la Nación a través del régimen de facto durante un año, que provocó que el año 1982 quedara para siempre en la memoria de los argentinos.

Fue precisamente en el mes de abril que Galtieri decidió recurrir al proyecto de recuperación de las Islas Malvinas, con el fin de restablecer la firmeza que el régimen estaba perdiendo en un país cada vez más pobre y más endeudado. En aquella época, las Islas eran territorio administrado por Gran Bretaña, y así fue que comenzó la guerra contra Inglaterra, un 2 de abril, cuando las Fuerzas Armadas desembarcaron en Malvinas.

Aquello generó en un primero momento la explosión de la euforia de los argentinos, quienes no dudaron en reunirse en la Plaza de Mayo para corear a viva voz el apellido de aquel General que había dado lugar a la batalla, y que sólo unos meses después se convertiría para esos mismos argentinos en un verdadero genocida, luego de que miles de jóvenes reclutas mal preparados perdieran la vida en aquel austral territorio.

La Guerra de Malvinas llegó a su culminación rápidamente, el 14 de junio de 1982 con la rendición de las fuerzas argentinas, mientras que en la otra orilla, dentro del continente, un país se derrumbaba y lloraba a sus desaparecidos. Tres días después de aquella rendición, Galtieri tuvo que renunciar ante el repudio de toda la opinión pública. Aquel hombre denominado monstruo para la mayoría de la sociedad argentina, había nacido el 15 de julio de 1926 en la localidad bonaerense de Caseros, bajo el nombre de Leopoldo Fortunato Galtieri.

Fue a los 17 años que decidió ingresar en el ejército para realizar una carrera militar en el Colegio Militar de la Nación, desde el que egresó como oficial del arma de ingenieros. Allí, dentro del ejército, Galtieri comenzó a dar sus primeros pasos, que luego de 25 años consecutivos de servicio le permitió acceder al nombramiento, y convertirse en comandante del cuerpo de Ingenieros del ejército en el año 1975.

Casualmente, en aquella misma promoción, otro personaje nefasto de la historia argentina, Jorge Rafael Videla, llegó a ocupar la comandancia en jefe de las Fuerzas Armadas. El golpe de estado ocurrido en el país en el año 1976 lo encontró a Galtieri en plena carrera militar en ascenso, por lo que no dudo jamás en ser uno de los activos promotores de aquel golpe. Aquella actitud, sumada a los importantes contactos que había logrado dentro del ejército hasta el momento, hicieron que una año después fuera nombrado General de división, y luego en 1979 Teniente General.

Los años continuaban transcurriendo y el gobierno de facto se había instalado en el país, sin dejar vislumbrar siquiera una pequeña luz de esperanza que permitiera recuperar la democracia. Mientras tanto, en 1981 Leopoldo Galtieri fue admitido como integrante de la junta militar, lo que le permitió comenzar a desarrollar una ascensión política, que incluso lo llevó a visitar los Estados Unidos en representación de la Argentina.

El 22 de diciembre de 1981, Leopoldo Galtieri fue nombrado Presidente de la Nación, sucediendo a Carlos Alberto Lacoste en el cargo. Pero como venía sucediendo desde que se instauró el gobierno de facto en el país, la situación social y económica de la Argentina se hundía cada vez en mayores profundidades, generando una crisis que aún en la actualidad ha dejado vestigios y secuelas que parecen incurables. Fue durante su gobierno que el país experimentó una de las más profundas recesiones económicas que llevaron al cierre innumerable de industrias.

La gente no tenía trabajo, y por ende estaba hambrienta, no sólo de alimento sino también de dignidad. Fue en ese momento que Galtieri tuvo su “brillante idea”: comenzar una guerra con Inglaterra para recuperar las Islas Malvinas. Cuando los años pasaron y el pueblo argentino volvió a recuperar su democracia, aquel general que ostentó el cargo de Presidente de la Nación, fue enjuiciado junto con los demás líderes militares, por los crímenes cometidos durante el proceso, lo que lo llevó a ser sentenciado a prisión en 1986.

Pero aquello poco duraría, ya que cinco años más tarde, el entonces Presidente Carlos Menem indultó a aquel hombre sin remordimientos, ante el estupor de la sociedad argentina. En 2002 fue sentenciado nuevamente, y sujeto a arresto domiciliario, el cual culminaría el 12 de enero de 2003 cuando lo alcanzó la implacable muerte.

Un gobierno de facto es aquel que, si bien en la práctica ejerce como tal,
no está reconocido oficialmente por ninguna norma jurídica.

Dictaduras Militares en Argentina Las Fuerzas Armadas en el Gobierno

FUERZAS ARMADAS
La misión del ejército argentino es disponer, en el marco específico y en el de la acción militar conjunta, de una capacidad de disuasión creíble, que posibilite desalentar amenazas que afecten intereses vitales. Subsidiariamente, puede participar en misiones de organizaciones militares de paz; prestar apoyo logístico en la lucha contra el narcoterrorismo; brindar apoyo a la comunidad y contribuir a la preservación del medio ambiente.

Las fuerzas armadas surgen en el siglo XIX paralelamente a la creación del Estado argentino. Su cometido original consistía en la salvaguardia de la integridad territorial de Argentina y se mantendrá así hasta la década de los treinta y, en concreto, hasta el golpe de Estado del general José F. Uriburu.

A partir de ese momento las fuerzas armadas se erigieron en árbitros de la vida política argentina. De acuerdo con este nuevo papel, los militares son llamados a participar en la vida civil mediante golpes de Estado endémicos. Los fuertes y violentos conflictos sociales y políticos fueron dirimidos mediante una asonada militar.

Se depusieron gobiernos, se reprimió a los disidentes y, “pacificado” el país, se convocaron elecciones generales que devolvieron el poder a los civiles. Esta tendencia se mantuvo hasta los años sesenta, en la que su cometido sufrió un nuevo giro. Entonces, influidos por la doctrina de la Seguridad Nacional, impulsada por Estados Unidos, los militares fueron llamados a combatir al enemigo interno que, traducido significaba todo colectivo susceptible de no simpatizar con la política estadounidense.

El conflicto Este-Oeste arraigó en América Latina, sobre todo después del triunfo de Fidel Castro en Cuba. La defensa de la seguridad hemisférica ocupó a los militares argentinos durante los años sesenta y setenta. La dictadura de 1976-83, no obstante, tuvo una peculiaridad añadida: el intento de parte de algunos sectores castrenses de formar un partido político único con el fin de reconstruir la nación. No en vano este periodo negro de la historia reciente argentina se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional”.

LAS DICTADURAS MILITARES ARGENTINAS: El golpe militar de septiembre de 1955 terminó con casi un decenio de gobierno peronista e inauguró una etapa signada por la inestabilidad política y el estancamiento económico. De los dieciséis presidentes que se sucedieron entre 1955 y 1983, siete eran civiles y nueve, militares. Los problemas económicos que se habían manifestado durante la segunda presidencia de Perón se agudizaron. En estos años hubo períodos de moderada expansión económica, que alternaron con lapsos de muy poco o nulo crecimiento. La alta inflación se convirtió en un dato permanente de la vida nacional.

La Revolución Libertadora -como se denominó el levantamiento que derrocó a Perón- se propuso erradicar de nuestro paila influencia del peronismo. Las Fuerzas Armadas en el poder se convirtieron en un factor político decisivo y se asignaron la misión de impedir el retorno de Perón y de sus seguidores al centro de la escena política argentina. Entre 1955 y 1958 ejercieron el poder en forma directa.

En 1958 lo entregaron al presidente electo Arturo Frondizi, quien, gracias a un pacto con Perón, pudo contar con una parte significativa del voto peronista. Entre 1958 1966, la intervención de los militares ejercieron una tutela sobre los gobiernos civiles, hasta los derrocamientos de Frondizi, en 1962, , de Illia, en 1966. En este último año, las Fuerzas Armadas asumieron directamente las responsabilidades de gobierno.

El nuevo presidente, el general Juan Carlos Onganía prometió terminar con la política -a la que identificaba con el desorden- y con la división de la sociedad, pues conducían -según la concepción de Onganía- al comunismo. La primera fase de la llamada Revolución Argentina desencadenó un va.-‘: proceso de movilización social, que comenzó con el movimiento conocido como el Cordobazo, y que terminó con la salida de Onganía del gobierno.

La década de 1960 mostró cambios importantes tanto en la economía como en la cultura. De la mano de fuertes inversiones extranjeras se desarrollaron industrias de bienes de consumo durables y el perfil industrial argentino se modernizó. La modernización también llegó a la vida cultural, tanto en el plano de la ciencia y la educación superior como en la expansión de las industrias culturales.

En el plano político, después de un intermedio de orientación más nacionalista -la presidencia de Roberto M. Levingston– el general Alejandro A. Lanusse asumió el gobierno con la misión de asegurar la transición a un gobierno constitucional, reservando la integridad de las Fuerzas Armadas. En 1973, el general Lanusse entregó el gobierno a Héctor J. Cámpora, el candidato justicialista, presidente electo en elecciones democráticas.

A los pocos meses, Cámpora renunció. En las elecciones de septiembre de 1973, triunfó la fórmula :Perón-Perón. Después de dieciocho años de exilio, Perón volvía al poder esta su muerte, en julio de 1974, Perón manejó las tensiones sociales y políticas que cruzaban la sociedad argentina y que se expresaban con particular transparencia y conflictividad dentro del propio peronismo. Bajo el gobierno de su esposa, Varía Estela Martínez, los conflictos internos del peronismo estallaron con ferocidad.

En medio de un clima político y social dominado por la violencia, el gobierno perdió legitimidad y el control de la situación política. En marzo de 1976, los militares tomaron nuevamente el poder.

El nuevo gobierno, que se denominó Proceso de Reorganización Nacional, se propuso acabar con los factores que, según la facción gobernante, originaban los problemas sociales y políticos del país. La solución adoptada combinó una represión indiscriminada -fuera de la ley-, la  prohibición de la actividad política y una economía de orientación neoliberal que, sin embargo, consintió una desmesurada expansión de la actividad productiva del Estado y que afectó negativamente a la  producción industrial nacional.

La censura se impuso sobre la libertad de opinión y la vida intelectual apenas sobrevivió. La Argentina se convirtió en un país dominado por el miedo y aislado de la opinión pública internacional, que condenaba las violaciones de los derechos humanos. La dictadura terminó trágicamente.

En 1982, los militares -que ya en 1978 habían llevado al país a un paso de la guerra con Chile, evitada por la mediación del Papa- decidieron recuperar por la fuerza las Islas Malvinas. La guerra con Gran Bretaña culminó con la derrota argentina y con más de 700 jóvenes soldados muertos o desaparecidos y cerca de 1.300 heridos. El  gobierno, atravesado por fuertes conflictos internos, no resistió esta derrota y se vio obligado a llamar a elecciones.

El Fraude Electoral Caudillos Electorales La Elecciones Nacionales

El Fraude Electoral en las Elecciones Políticas

Origen de la Oligarquía La Semana Trágica Grito de Alcorta Reforma Universitaria

ELECCIONES Y FRAUDES
LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL PODER

Entendemos por partido político aquella agrupación de personas constituida en torno a un plan o programa común destinado a aplicarse en la vida política, social y económica de un país a través del ejercicio del poder o desde la oposición. Hacia 1890 la vida de las agrupaciones políticas era mucho menos orgánica que en la época actual. Un partido era una simple reunión, no siempre coherente ni duradera, de gente simpatizante con una ideología, con un caudillo o con un, grupo de dirigentes.

LA VIDA POLÍTICA ARGENTINA DURANTE El, SIGLO XIX. De hecho, la vida política estaba regida por minorías que pugnaban por el poder o lo poseían. Como se señaló más de una vez en muchos casos el objetivo supremo de esa lucha fue el poder y. en su beneficio, los principios e ideas fueron dejados de lado.

Esta afirmación explica las frecuentes alianzas entre grupos al parecer irreconciliables, los acuerdos, las uniones electorales, etc. La mayoría de los partidos carecía de principios ideológicos claramente definidos. En general, eran tendencias que variaban con el tiempo, aunque coincidían en ciertos asuntos fundamentales.

ELECCIONES Y FRAUDE. Sólo grupos minoritarios tomaron parte real en la vida pública. En las elecciones legislativas celebradas en la ciudad de Buenos Aires en 1864 —que entonces contaba con 160.000 habitantes— hubo 3.074 votantes inscriptos; de ellos, concurrieron a las urnas 2.882.

La violencia y el fraude —generalmente ejercido con el concurso de la autoridad local— eran una constante de la vida política. Este vicio, arma favorita de los clubes políticos (luego llamados comités) se acentuó en las últimas décadas del siglo XIX, contribuyendo a crear los factores que llevaron al estallido de 1890.

El control de los cargos de gobierno
Uno de los recursos en los que se basó el funcionamiento del sistema de gobierno oligárquico fue el control del acceso a los cargos de gobierno y a  la administración. Eran los miembros de la clase gobernante quienes —a través del Partido Autonomista Nacional elegían a las personas destinadas a ocupar los cargos y a cumplir una especie de carrera: diputado nacional, senador nacional, ministro del poder ejecutivo nacional, gobernador, y presidente o vicepresidente.

El grupo de la clase gobernante que había ocupado todos o el mayor número de estos cargos controlaba la sucesión presidencial. En la práctica, la elección de cada nuevo presidente la realizaba el presidente saliente con el consejo de aquellos que ocupaban los cargos de gobierno más importantes.

Elección de Diputados Nacionales en Capital Federal
Elección de Diputados Nacionales en Capital Federal

Insulsas, desanimadas, soñolientas y aburridas resultaron las elecciones del domingo. Parecía como si la gente, preocupada por las triquiñuelas entre el doctor Yofre y el Intendente, no pensase en otra cosa. Los atrios no olían á pólvora, sino A fastidio. De ellos, como Bullrich cuando ahora se refiere al municipio, podía decirse: »No hay ni una rata».
El fenómeno es digno de tenerse en cuenta: los desocupados que suelen asistir á los remates campestres cuando se les ofrece un almuerzo a la criolla, no quisieron asistirá las elecciones de Flore» donde estaba preparado un respetable y suculento asado con cuero.

En Balvanera. la parroquia batalla dora y bochinchera en otros tiempos, no ocurrid cosa digna de recordarse; por no haber nada no hubo ni votantes siquiera. En San Cristóbal votaron 1617 ciudadanos, batiendo el record de las elecciones, en todos sentidos. Como en los teatros donde hay poca comparsería, entraban por un lado y salían por otro los votantes, siempre los misinos, formando algo así como una serpiente que se muerde la cola. Tal lo aseguran testigos respetables, á quienes hay que creer porque no eran ni volantes ni candidatos.

En San Bernardo, en San Carlos, en la Piedad, en San Juan Evangelista, en San Telmo, en el Socorro, en San Nicolás, en Monserrat, en toda partes ocurrió lo mismo.

Todas y cada una de las parroquias parecían remedo de las sesiones que celebra la comisión encargada del recibimiento de Campos Salles: todo el mundo , bostezaba; la soledad de dos ó más escrutadores en compañía era capaz de aburrir á un cartujo.

A pesar de ello, el fraude fue superior a de años anteriores. Es un progreso que debe tenerse en cuenta: 16618 votantes figuraron é hicieron triunfar á los candidatos del acuerdo. La gente  echaba de menos melancólicamente tos buenos tiempos en que se andaba á balazos, y el que más y el que menos sentíase con vocación de sangrador en los atrios. —Antes había partidos—decían algunos:—partidos políticos antes de las elecciones y partidos por el eje después de ellas. Hoy no queda nada de eso.

El fraude electoral:
El otro recurso en el que se basaba el funcionamiento de este sistema de gobierno fue el fraude electoral. A partir de 1880, la clase gobernante mantuvo las reglas de la democracia política: convocó a elecciones en el orden nacional, provincial y municipal; y, como desde 1863, las sucesivas leyes electorales nunca restringieron el derecho de sufragio de los ciudadanos sobre la base de una determinada capacidad económica o cultural.

Sin embargo, el gobierno controlaba los comicios interviniendo de diferentes formas en el momento de la emisión del voto por parte de los ciudadanos. Intervenía en las comisiones empadronadoras que conformaban el registro electoral y —con las ventajas que le daba el hecho de que el voto era voluntario y no era secreto— organizaba el voto colectivo, el voto doble, la repetición del voto y la compra de sufragios.

Por estos medios, aseguraba que los representantes elegidos para integrar las asambleas legislativas fueran personas que estaban, de acuerdo con el gobierno.

Los caudillos electorales actuaban en todos los distritos, en la campaña y en las ciudades. Eran instrumentos necesarios. Algunos testimonios evocan al caudillo como un arquetipo de lealtad hacia su protector; otros como un hombre de lealtades difusas y cambiantes que combinaba, según la circunstancia, el apoyo con la amenaza.

El caudillo electoral desplegaba su acción ofreciendo servicios, pactando acuerdos cambiantes, haciendo presente su disconformidad mediante la sustracción de sufragios de una lista cuando sobrevenían arreglos previos no del todo satisfactorios. Según testigos de la época, uno de estos caudillos —Cayetano Ganghi, un italiano y comerciante de libretas cívicas que sirvió a los grandes de Buenos Aires— le dijo a Roque Sáenz Peña: “Roca es un poroto a mi lado. Tengo 2.500 libretas.” Según estos testigos, él inventaba la nacionalización de ciertos extranjeros —entre quienes tenía un gran prestigio—, y recogía sus libretas y las catalogaba y acumulaba pacientemente.

Fragmento Tomado de Natalio Botana, historiador argentino contemporáneo, El orden conservador

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
EL FRAUDE ELECTORAL DOMINA LA ESCENA POLÍTICA DE LA DÉCADA

Las elecciones complementarias de diputados nacionales se han efectuado ayer en la provincia de Buenos Aires sin que el más fuerte partido opositor se hiciera presente. Comprobada en las del 6 la inutilidad del esfuerzo contra la coacción oficial, el radicalismo desistió de someterse a esta nueva prueba, y dejó que el partido gobernante se adjudicara sin dificultad votos que, de cualquier manera, no alterarán el resultado inevitable de comicios sin garantías.

Ante situaciones exactamente iguales, la oposición de otras provincias -como los mismos radicales en Santa Fe y los liberales en Corrientes- declararon que concurrirían a las elecciones de ayer con el único objeto de documentar el fraude y obligar al oficialismo a poner en juego sus recursos ilegítimos. Esta es la conducta que, en nuestro concepto, se debe seguir, por las razones permanentes que más de una vez hemos expuesto y en las que ha de confiarse para un futuro restablecimiento del orden institucional.

Tal discrepancia, entretanto, no podría significar, en el caso de Buenos Aires, ninguna atenuación del juicio severo que merecen las demasías gubernativas que han puesto a la oposición de esa provincia en la imposibilidad de aproximarse a las urnas. Los métodos de intimidación allí empleados de algunos años a esta parte fueron perfeccionados por la reforma de la ley electoral que suprimió prácticamente el voto secreto -establecido, en principio, por su artículo 1°- al eliminar la cláusula que prohibía a los electores presentarse en el local donde funciona una mesa receptora de votos, exhibiendo su boleta de sufragio.

En las elecciones nacionales no se les puede exigir que las exhiban; pero esa restricción legal no tiene ninguna importancia para lo hombres de acción a quienes se confía la tarea de impedir que la voluntad popular se manifieste libremente. Tanto en el orden local como en el nacional, las elecciones bonaerenses se efectúan bajo el mismo régimen de arbitrariedad implacable.

El grado de crudeza a que llegan esos procedimientos; la falta de disimulo con que, en las puertas mismas de la Capital Federal, se producen actos que hasta hace poco tiempo habrían parecido inauditos, son de una evidencia pública tan definitiva que resultaría ocioso detenerse una vez —as a caracterizarlos.

Se fueron agravando a medida que se comprobaba su impunidad, certificada por el sugerente silencio de las autoridades federales. Hoy ya constituyen un sistema riguroso, cuyos usufructuarios se sienten cada día más satisfechos de sus resultados y más dispuestos a extender su aplicación. Buenos Aires retorna, decididamente, hacia la edad de oro de las unanimidades legislativas y las elecciones canónicas. La oposición abandona los comicios y al Gobierno le falta poco para disponer de la totalidad de las bancas en la Legislatura.

Por mucho que se haya retrogradado durante los últimos seis años en materia de cultura política, parece llegado el momento de preguntar si es admisible que semejante anormalidad se prolongue, convirtiéndose en régimen ordinario lo que al comienzo se pretendió disculpar como transitorio expediente rusticado por las exigencias de una hora de transición. La responsabilidad de esta crisis, que afecta el decoro de nuestro pueblo y nos disminuye moralmente, en una hora tan difícil de la historia del mundo, no podría ser limitada a los ejecutores inmediatos de las irregularidades electorales. Sería imposible rehuirla, sobre todo cuando no se trata sólo de elecciones provinciales, sino de las correspondientes al Congreso de la Nación.

El gobierno federal no puede desentenderse de la forma en que ellas se efectúen, convirtiendo en sus árbitros inapelables a los gobernadores de provincia. Tanto menos cuanto que esa tolerancia sólo se extiende a los gobernadores bienquistos en la Casa Rosada, como bastaría a demostrarlo el ejemplo contrario de San Juan.

La tenaz esperanza popular en el restablecimiento más o menos próximo de la normalidad supuso que el cambio de gobierno determinaría un progreso hacia ese rumbo. Nadie creyó discreto esperar una rectificación brusca que restableciera de la noche a la mañana el imperio de la legalidad.

Pero se confiaba en una reacción moderadora, que empezara por corregir, cuando menos, los alardes de desprecio por las formas. Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y otras provincias acaban de probar que nada ha cambiado. Hay interés por saber si quienes pueden impedirlo admiten que tal sea la suerte definitiva de nuestras instituciones.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina e Historia Argentina y Contemporánea Alonso-Elizalde-Vázquez
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos

Porque Nació la Izquierda en Argentina? Origen de los Montoneros

¿Por qué Nació la Izquierda en Argentina? Los Montoneros

Nacimiento de la Izquierda en Argentina: Orígenes de los Grupos Guerrilleros

El derrocamiento de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955 a manos de la Revolución Libertadora encabezada por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas, dio comienzo a la resistencia peronista que fue el germen de los grupos armados que luego tuvieron un gran protagonismo en los años 70.

Rodolfo Walsh La primera acción de la resistencia peronista se produjo el 9 de junio de 1956 cuando comenzó una insurrección cívico-militar peronista comandada por el General Juan José Valle y otros militares para devolverle el poder a Perón.

Pero la rebelión fue estrangulada y los militares sublevados fusilados junto a un grupo de civiles en la zona de José León Súarez en lo que se constituyó en el primer crimen de lesa humanidad que se producía en la Argenti1na. Juan Carlos Livraga fue el sobreviviente que le permitió a Rodolfo Walsh (imagen) escribir su “Operación Masacre

Durante los 18 años de proscripción en los que estuvo sometido el peronismo fueron infinitas las acciones de la resistencia. Sin embargo hubo un hecho que modificó la sustancialmente realidad latinoamericana. Luego de la victoria de la Revolución Cubana el 1ro. de enero de 1959, el régimen de Fidel Castro confió en lograr una revolución continental marxista estableciendo focos de grupos guerrilleros en zonas rurales. Los Andes serían entonces la Sierra Maestra de Sudamérica, según las palabras del Che Guevara.

El foco guerrillero creado por El Che en Bolivia, en noviembre de 1966, motivó a miles de jóvenes argentinos a repetir esa experiencia a pesar que la misma fracasó rotundamente con la muerte de Guevara en octubre de 1967 a manos del ejército boliviano.

Algunos “tips” para analizar….

  • Durante el gobierno peronista, su líder, les enseñó sobre la independencia económica de un país y su lucha contra el imperialismo. (ver su la doctrina peronista)

  • Conocieron la “Justicia Social” y el reparto equitativo de la riqueza nacional.

  • El Gral. Aramburu, sucesor de Lonardi gestor de la “Revolución Libertadora” de 1955, proscribió al partido peronista, los persiguió y prohibió hasta solo nombre.

  • Luego del golpe los gobierno militares no dieron muestra de su eficiencia y la calidad de vida de las familias obreras decayó.

  • Frondizi en 1958, promulgó la ley de inversiones extranjeras y les pareció como que se entregaba el país al imperialismo yanki. Ocho compañías resultaron favorecidas. También se privatizó el Frigorifico Lisandro de la Torre. Parecía que se perdía soberanía y corríamos riegos de depender de esta potencia.

  • Asume Onganía en 1966, mediante un golpe militar, continuando la política de Frondizi.

  • En julio de ese año, la policía maltrata y desaloja a alumnos y profesores de las universidades utilizando métodos violentos. Se conoce como la “Noche de los Bastones Largos”. Fue un ataque directo a la cultura nacional.

  • Combatió con dureza las manifestaciones populares, haciendo “gala” de su autoritarismo y poder. No permitió la libertad de expresión, controlando los medios de comunicación.

  • Se lo asociaba cada vez más al imperialismo norteamericano.

  • Económicamente el país no funcionaba. Explota en Córdoba una manifestación obrera-estudiantil que se conoce como el Cordobazo, más tarde el Rosariazo. Esto unió aun más los lazos entre el sector trabajador y estudiantil.

  • Los alumnos políticamente más unidos se acercaron a las organizaciones obreras y también se compenetraron con la realidad de las villas miserias.

  • Notaron que tanto obreros como alumnos tenían los mismos problemas, como la pobreza, la desocupación, costo de transporte, etc.

  • Los estudiantes, más formados que los obreros, se sentían capacitados para dirigir movimientos que luchen por una sociedad más justa y digna.

  • Tenían tiempo y algunas posibilidades económicas.

  • Siempre tenían en mente aquella sociedad feliz, que vivieron de niños, cuando Perón era presidente.

  • También había sacerdotes, conocidos como del tercer mundo, que cuestionaban a estos gobiernos dictatoriales, por lo que prestaban sus iglesias para hacer reuniones políticas.

  • Aparecen los Montoneros, un grupo que existió en toda Latinoamérica, que pensaban que con la lucha armada podían conseguir sus objetivos, y luchar contra la dictadura.

  • La cúpula estaba dirigida por Firmenich y Vaca Narvaja, que se incorporaron en las filas de la Juventud Peronista para tomar poder.

  • Radicalizaron la juventud, con los slogan, por ejemplo de: “Perón o Muerte”, e idealizaron a perón como un revolucionario como Mao y Fidel Castro.

  • Con el tiempo otras agrupaciones revolucionarias Leninistas, Trokystas, etc. como la FAR, FAP y el ERP se unieron en Montoneros.

  • Perón desde el exilio apoyó hábilmente con discursos ambiguos tanto a la izquierda como a la derecha. El sólo deseaba conservar su poder desde la distancia.

  • Ambos bandos, definen sus diferencias, cuando se enfrentan en 1973 en Ezeiza, momento en que regresaba de España su líder Juan D. Perón. La derecha ataca violentamente a los Montoneros, que habían logrado mejores posiciones políticas, mientras era presidente “el tío” Campora.

  • Perón, más tarde, ya siendo presidente los echó de la Plaza de Mayo, tratándolos de “Inútiles e imberbes”.

  • Lopez Rega forma la Triple AAA, para la lucha contra la izquierda en Argentina, se le adjudica varios atentados, secuestros y golpes sangrientos.

  • La lucha continuó durante toda la dictadura militar a partir de 1976, dejando un saldo de 30.000 desaparecidos, que aun hoy, después de 25 años se sigue trabajando para tratar de encontrarlos, ya sea vivos o muertos.