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LA PLACENTA-CORDÓN UMBILICAL-LIQUIDO AMNIOTICO

LOS ANEXOS EMBRIONARIOS: Ya se ha visto que en la formación del embrión interviene sólo una pequeña parte del huevo. El resto constituye los anexos embrionarios, es decir, los órganos destinados a proteger, alimentar y oxigenar al embrión, más tarde feto, durante toda su vida intrauterina. Estos anexos son la placenta, el cordón umbilical, las membranas y el líquido amniótico.

LA PLACENTA: La placenta es el órgano de intercambio entre la madre y el embrión, más tarde feto. Durante la anidación, el huevo se recubre de vellosidades, las vellosidades coriales, parecidas a las pequeñas raicillas de las plantitas. Pronto, el huevo, hundido en la mucosa, comienza a engrosar, a formar una protuberancia en el útero, y las vellosidades desaparecen, salvo en la zona de contacto del huevo con la mucosa.

placenta

Esta zona de contacto, de forma circular, constituirá la placenta. Las vellosidades se hunden en los lagos sanguíneos, los vasos sanguíneos de la madre, que se comunican entre sí y son alimentados por las arterias maternas. Las mismas vellosidades se hallan recorridas por arterias y venas. La sangre de la madre circula por los lagos sanguíneos, la del feto por las vellosidades que lo alimentan.

Entre ambas sangres hay una membrana que hace las veces de filtro. Así, a pesar de la interdependencia íntima entre los elementos maternos y los fetales, las dos circulaciones no se comunican directamente. Ambos sistemas son cerrados. Por esta razón, el hijo podrá tener un grupo sanguíneo diferente de la madre, e incluso antagónico, cuando, por ejemplo, tienen sangres con factores Ah contrarios.

El embrión, que tras ocho semanas de vida intrauterina toma el nombre de feto, recibe sus recursos a través del cordón umbilical que le une a la placenta, que a su vez se halla adherida al útero por las vellosidades. Al principio del embarazo, la placenta desempeña a la vez los papeles de pulmones, riñones, estómago, hígado, intestinos y glándulas hormonales, asegurando así todas las funciones vitales. Pero, a medida que va creciendo, las vísceras del feto van adquiriendo una cierta autonomía, con lo que la función de la placenta disminuye.

Cordón Umbilical, Membranas y Líquido Amniótico El cordón umbilical, que va alargándose progresivamente hasta alcanzar los 50 cm. en el momento del nacimiento, une al feto con la placenta. Es un conducto de alrededor de 1,5 cm. de diámetro, retorcido en espiral, recorrido por dos arterias y una vena que aseguran la circulación del oxígeno, de los alimentos y la evacuación de los desechos.

El feto se encuentra en una bolsa hermética formada por dos membranas de protección transparentes y muy resistentes: por el exterior el cordón, por el interior el amnio, que cubre la cara interna de la placenta, envuelve el cordón y continua en el ombligo. En esta bolsa hay un líquido claro, transparente, rico en sales minerales, el líquido amniótico, cuyo origen es aún mal conocido, que asegura la hidratación del feto, al tiempo que le permite agitarse y le protege contra las infecciones y los traumatismos.

EL FETO Y LAS EMOCIONES MATERNAS : A partir del sexto mes el feto es sensible a los estímulos externos. En este período se han constatado en el feto reflejos condicionados al ruido. Un prematuro de seis a siete meses es capaz de reaccionar de forma diferente ante alimentos salados o dulces y ante ciertos olores. El feto distingue la luz a los siete meses. Percibe también las sensaciones de calor o de frío y es sensible a la presión. Así pues, antes de nacer, el niño ya ha experimentado determinadas sensaciones con la ayuda de sus cinco sentidos. Entre las primeras de estas sensaciones que experimenta se hallan sin duda aquellas de lo que es agradable y desagradable.

Estas primeras actividades psíquicas del feto son, según el profesor Minkowski, “la base indeleble sobre la que se insertan todas las impresiones ulteriores”. La creencia popular dice que las envidias, las esperanzas o los temores de la madre influyen sobre el niño que pronto nacerá. Es cierto que, al alimentar la circulación sanguínea de la madre la del hijo, las modificaciones químicas ocasionadas por el estado psicológico de la madre repercuten de una manera sensible en el feto.

Así, cuando la madre se encuentra en un estado nervioso deficiente, cuando está agotada o cuando experimenta sensaciones demasiado fuertes, su equilibrio hormonal se modifica y, a través de ella, el del feto. Es por esto por lo que es deseable que una mujer encinta lleve, en la medida de lo posible, una vida tranquila y regular, tanto física como psíquicamente. Es difícil medir con exactitud los efectos que pueden producir los estados psicológicos y las emociones de una futura madre sobre el hijo que lleva. Sin embargo, se ha constatado un nexo de unión entre el psiquismo de la madre y las reacciones del feto. Esta vida intrauterina y las impresiones que deja sobre un ser aun virgen apasionan actualmente a los investigadores.

¿SE PUEDE DETECTAR LA PRESENCIA DE GEMELOS? : Teóricamente se puede saber a finales del cuarto mes si es previsible un nacimiento de gemelos, es decir desde que se pueden oír los latidos del corazón. Al final del quinto mes, el ginecólogo puede notar al tacto dos cabezas. Pero este examen es difícil ya que en el caso de gemelos el líquido amniótico es más abundante; el útero es más grueso, está más tenso, y su contenido es difícilmente controlable. Un embarazo de gemelos, desde el momento que se supone o se diagnostica, requiere una vigilancia extremadamente atenta y unos cuidados físicos en la madre para evitar un parto prematuro.

¿GEMELOS VERDADEROS O FALSOS?: En ocasiones, el ovario libera dos óvulos a la vez o. que los dos ovarios actúen simultáneamente. En estos casos, pueden quedar fecundados los dos óvulos, dando lugar a gemelosbivitelinos o falsos gemelos. Estos gemelos son en realidad niños concebidos al mismo tiempo, pero que tienen cada uno un patrimonio hereditario propio; pueden ser, por consiguiente, de sexos diferentes. Los verdaderos gemelos, por el contrario, se originan a partir de un único óvulo fecundado por un solo espermatozoide. siendo la escisión del huevo en dos partes idénticas la que da lugar a dos embriones que tienen el mismo patrimonio hereditario. Los verdaderos gemelos son pues siempre del mismo sexo y se parecen hasta en los más mínimos detalles.

LA DETECCIÓN DE LAS ANOMALÍAS CROMOSÓMICAS Los trabajos realizados por un pediatra de Chicago,Henry Nadler, hechos públicos en el congreso médico de la Haya de 1969, han puesto a punto un método que permite detectar ciertas anomalías hereditarias desde el comienzo del embarazo. Hacia el tercero o cuarto mes del embarazo, se toma una pequeña cantidad de líquido amniótico por simple aspiración a través de la pared abdominal. En este líquido flotan células provenientes del feto, que se ponen en cultivo en un medio adecuado y se multiplican.

Un estudio profundo permite identificar, si las hubiese, ciertas taras cromosómicas o ciertas enfermedades del metabolismo, es decir deficiencias en las transformaciones que se operan en el organismo. En efecto, en el momento de la fecundación puede ocurrir un accidente cromosómico. Un cromosoma de menos o, por el contrario, un cromosoma suplementario, será causa de un desequilibrio que impida el normal desarrollo del embrión. La primera célula estará al principio desvirtuada y todas las otras, nacidas de ella, llevarán la misma anomalía, con lo que el niño nacerá “diferente”. Uno de los ejemplos más típicos de estos accidentes cromosómicos es el del mongolismo o trisomia 21.

En 1959, los profesores Turpin. Lejeune y Gautier descubrieron que los pequeños retrasados mentales, a los que corrientemente se les llama mongólicos, poseían 47 cromosomas en lugar de 46. La medicina se encuentra todavía impotente ante los casos de aberración cromosómica y ciertos médicos son partidarios del aborto terapéutico. En los casos de enfermedades del metabolismo, es a menudo posible prescribir un tratamiento precoz de la madre.

 

Ritos Funerarios Formas de enterrar a los muertos Tradiciones Costumbres

Ritos Funerarios Formas de enterrar a los muertos

Quizá sea lo único que tenemos en común que tenemos todas  las culturas de este planeta: cuando se nos muere un ser querido, tratamos de honrar su memoria de la manera mas solemne posible. Tan sólo difieren las formas externas, el ritual, que se adapta siempre a la idea que sobre el más allá cultiva cada pueblo.

En efecto, tal y como lo confirman diversos hallazgos arqueológicos, el hombre de Neandertal fue la primera criatura que enterraba a sus muertos siguiendo una suerte de ritual. En una sepultura infantil hallada en Teshik Tash (Uzbequistán, ex-URSS), el cuerpo estaba rodeado por una corona de cuernos de cabra montés, mientras que en otros enterramientos cercanos los restos estaban adornados con cráneos de animales. Tampoco es infrecuente encontrar en tumbas neandertalesas todo tipo de objetos de ajuar, armas y alimentos, que debían servir para la vida en el más allá.

En la localidad francesa de La Ferrassie los arqueólogos encontraron una tumba que disponía incluso de- una piedra tallada en forma de cazuela para que el finado pudiera prepararse la comida. Y en Shanidar, en el Kurdistan iraquí, descubrieron una sepultura en la que se habían depositado claveles, jacintos y malvas, flores tan coloridas como olorosas.

El siguiente escalón evolutivo dio paso al hombre de Cromagnon, que vivió en el paleolítico superior, desde los años 33.000 a 10.000 antes de Cristo, aproximadamente. En consonancia con su mayor nivel de desarrollo cultural, estos antepasados nuestros construían tumbas mucho más elaboradas y lujosas que el hombre de Neandertal. En una de ellas, localizada en Rusia y de unos 24.000 años de antigüedad, yacían los restos de un hombre vestido con una capa tejida con más de 3.000 perlas de marfil engarzadas. En otra cueva —sepulcros típicos del paleolítico superior— los arqueólogos encontraron jabalinas de marfil, 8.000 perlas del mismo material y numerosos anillos y brazaletes, con los que se pretendía reflejar el rango del fallecido tanto en esta vida como en la otra.

ritos funerarios ancestrales

Según los prehistoriadores, la hibernación de los osos en sus grutas durante la época invernal, y su despertar en primavera, habría sido, para el hombre de Cromagnon, el origen de la creencia de que la regeneración se llevaba a cabo con la ayuda de espíritus en cavernas silenciosas, recónditas y oscuras. Una idea que también queda patente en algunas pinturas rupestres. En unas cuevas con más de 15.000 años de antigüedad se ha encontrado una pintura que representa a una persona muerta de la que sale su alma, simbolizada esquemáticamente bajo la forma de un pájaro. Se trata del primer documento donde se ilustra la confianza del hombre en la inmortalidad.

La esencia de este remoto concepto —el saliendo del cuerpo inerte— ha perecido inalterada a lo largo de los miles de años de manera más o menos manifiesta. El más claro lo vemos todavía hoy entre indios del Perú: entierran a sus muertos tumbas de adobe en las que, a la altura a cabeza, practican una abertura en forma de chimenea para que pueda escapar el  alma, pero después de garantizar la renovación o liberación del alma, el ser humano ha hecho denodados intentos, una y otra vez, de sustraerse a la desintegración de la carne. En el año 7000 antes de Cristo, en Jericó ciudad agrícola más antigua del mundo, intentaban conservar el visaje de los difuntos, como demuestra el hallazgo arqueológico de siete cráneos cuyos rostros habían sido cubiertos con máscaras mortuorias personalizadas hechas de yeso y arcilla. Este ritual serviría para evitar la corrupción de la parte más significativa del cuerpo humano, la cara.

El mismo deseo mostraban por aquel entonces los pobladores de la vieja Europa cuando levantaban panteones a base de gigantescos bloques de piedra sin labrar: los dólmenes que aún pueden encontrarse en Portugal, Bretaña, las Islas Británicas, y en parte de España. Estos constituyen, junto a los túmulos de la edad de piedra hallados en Centroeuropa, los primeros intentos de mantener los cuerpos libres de la presión desintegradora de la tierra durante el mayor tiempo posible, con el fin de llegar a la otra vida con el mínimo deterioro.

Pero, indudablemente, quienes más se han ocupado y preocupado de sus muertos son los antiguos egipcios. Casi todo en su cultura giraba alrededor de este tema, como demuestran sus dioses dedicados a la muerte, su tribunal de muertos, sus pomposos ritos

funerarios con embalsamamiento incluido, sus necrópolis y pirámides, e incluso su Libro de los Muertos. Los jeroglíficos que adornan las cámaras funerarias de las pirámides nos confirman que los egipcios creían firmemente en la resurrección. Se imaginaban la vida en el más allá como una existencia material, en la que los difuntos gozan de todos los placeres y privilegios que habían experimentado en la vida terrena.

Por eso, originalmente los faraones se hacían acompañar por esclavos, soldados y sirvientes —que morían asfixiados por la falta de aire—, amén de abundante comida y bebida, suntuosos carruajes, barcas y tesoros, algo que también hacían los reyes sumerios y los emperadores chinos. Más adelante abolieron la cruel costumbre de emparedar vivos a sus sirvientes, sustituyéndolos por figuras talladas en madera. Pero lo mas importante de todo era, naturalmente, conseguir una buena momificación: el cuerpo debía permanecer incorrupto para poder seguir las instrucciones secretas, inscritas en forma de jeroglíficos, que les devolverían la vida en el más allá.

Los antiguos egipcios creían que el fallecido era conducido por un barquero al otro lado del río, en dirección Oeste, donde sería recibido por Osiris, el dios de los muertos. Curiosamente, también los griegos clásicos pensaban que el reino de las sombras, al que llegaban las almas de los difuntos, se encontraba en la parte occidental del mundo. En su mitología, el espíritu del muerto sólo podía ser conducido por el barquero Caronte a la otra orilla del río Aqueronte en el caso de que el cuerpo hubiera recibido sepultura bajo tierra. De haber quedado insepulto, se vería obligado a vagar durante cien años a orillas del río antes de poder realizar su último viaje. Caronte recibe un óbolo por cada transbordo, y ése es el motivo de que los griegos pusieran una moneda bajo la lengua de los fallecidos, antes de enterrarlos.

El horror a la descomposición ha perdurado hasta nuestros días, como lo demuestra la costumbre occidental de vestir y acicalar los cadáveres para que parezcan como vivos por lo menos durante el velatorio. Pero, una vez más, quienes más lejos han llegado en el intento de ocultar a la vista el proceso fisiológico que sigue a la muerte son los estadounidenses, que en buena lógica también ostentan el récord mundial de gastos de entierro. En los funeral borne, las funerarias, el muerto, si así lo había dispuesto en vida, puede ser amortajado sentado ante su escritorio preferido y con un puro en la boca. Un producto químico inyectado en su sistema circulatorio retrasará la descomposición durante unos cuantos días. Incluso en el caso de que el cadáver presente una herida en la cabeza, las técnicas cosméticas ofrecen resultados tan espectaculares que los familiares tendrán la sensación de que el finado simplemente está dormido.

Antes de seguir con nuestro relato, regresemos a la actualidad y desde hace varios años una la empresa conocida como Celestis. Como tampoco podría ser otro el país donde tiene su sede: Estados Unidos, y más concretamente Florida, bien cerca del centro espacial de Cabo Cañaveral. El servicio que ofrece: lanzar al espacio los restos mortales de clientes a un precio ligeramente superior al de un funeral convencional.

Para ello disponen de un moderno laboratorio donde reducen, por medio de un tratamiento de alta temperatura y presión, a ceniza muy fina y ligera los restos del ver, previamente incinerados en un crematorio convencional. A continuación introducen esta ceniza en una pequeña cápsula metal noble, sobre cuya superficie inscriben nombre del fallecido. Las cápsulas se van almacenando en un contenedor del tamaño de un satélite de comunicaciones. Una vez lleno, avisan a los familiares de los finados para que acudan al lugar del despegue, donde se celebrará una ceremonia religiosa interconfesional.

El cohete, un Conestoga II de cuatro etapas y combustible sólido, coloca el contenedor coros microsepulcros en una órbita a 3.000 kilómetros de altura, lejos de las trayectorias de otros satélites, pero aún visible si se apunta sobre las coordenadas correctas con un telescopio de aficionado. «Y allí permanecerá durante 63 millones de años, en el limpio y puro vacío espacial, libre de las fuerzas desintegradoras que reinan en la Tierra, en una paz inviolable», como reza la publicidad de Celestis.

El sepelio espacial, por extravagante que nos parezca, enlaza directamente con el sentido último de todos los ritos funerarios, en cualquier época y cultura: preservar la memoria de los muertos a lo largo del tiempo. Probablemente sea la tradición más antigua del mundo, pues arranca hace 70.000 años, en el seno de las pequeñas comunidades que formaba el hombre de Neandertal. La principal característica de este precursor del ser humano moderno es que ya tenía conciencia de sí mismo. Pero con el desarrollo de este concepto de la individualidad también llegó al mundo la idea de la muerte. Los sueños, y fundamentalmente aquellos cuyo protagonista era una persona fallecida, dieron lugar a la creencia en el más allá y en la existencia de una vida después de la muerte.

El colmo de la tecnología aplicada a la conservación de los cuernos es la máquina inventada por Jeff Weber, director de la empresa Eternity Foundation of Americe, con sede en Clearwater (Florida). Se trata de una cámara de liofilización en la que el cadáver, previamente congelado, es sometido a un proceso de sublimación de la humedad en un ambiente de vacío atmosférico, igual que se hace con el café. Después del tratamiento, la apariencia externa del cadáver permanece inalterada (excepto los ojos, que al estar constituidos casi exclusivamente de agua, desaparecen, por lo que han de ser sustituidos por unos de cristal), pero en su interior se ha evaporado todo el agua. El cuerpo pesa ahora un setenta por ciento menos y es incorruptible, a menos que se derrame agua sobre él. Precio: 25.000 dólares.

cuadro sintesis ritos funerarios

La lluvia Ácida Causas y Consecuencias Efecto Como se produce la LLuvia?

La Lluvia Ácida Causas y Consecuencias

El hombre, a través de sus actividades, perturba el medio ambiente e interfiere en la precipitación de dos maneras fundamentales: con la construcción de ciudades y con el vertido de contaminantes a la atmósfera. Respecto a la contaminación atmosférica, uno de sus efectos más destructivos es la lluvia ácida, así denominada por la elevada acidez del agua precipitada.

La lluvia acida es un problema ecológico que no respeta fronteras. La contaminación atmosférica que la causa es arrastrada por los vientos dominantes, desde las zonas industriales hasta montañas, lagos y bosques. Ni siquiera el Ártico está libre de tal contaminación.

¿De dónde proviene el ácido? Ya no hay duda de que la mayor parte se origina en automóviles, hogares, fábricas y plantas de energía. Siempre ha existido un poco de ácido en la lluvia alimentada por volcanes, pantanos y el plancton de los océanos; pero los científicos saben que ha aumentado abruptamente en los últimos 200 años. El hielo formado antes de la Revolución Industrial y atrapado en los glaciares resultó tener una acidez moderada, de origen natural.

La lluvia se vuelve acida principalmente por la presencia de dos elementos químicos: azufre y nitrógeno. El azufre se encuentra en la hulla y el petróleo. Al quemarse forma bióxido de azufre, que se mezcla con las gotas de agua en las nubes y se convierte en ácido sulfúrico. Como resultado de la combustión, el nitrógeno forma óxidos que se transforman en ácido nítrico al reaccionar con las moléculas de agua. Una parte de ambos ácidos cae donde se originan, mientras que el resto puede recorrer cientos de kilómetros.

La lluvia Ácida Causas y Consecuencias

La acidez de las precipitaciones está determinada por la concentración de iones de hidrógeno presentes en el agua; se expresa en términos de valor del pH, según una escala de O a 14, donde el valor 7 indica solución neutra (el agua destilada, por ejemplo), los valores inferiores, soluciones ácidas (manzanas, vinagre, zumo de limón), y los superiores, soluciones básicas (lejía, cal, amoniaco). Cada descenso del. pH en una unidad supone un aumento diez veces mayor en la acidez.

La lluvia ya es de por sí ligeramente ácida, pues contiene dióxido de carbono (también lo son la nieve, la niebla y las formaciones de hielo). Se considera lluvia ácida aquella que tiene un pH inferior a 5,6.

Existen diversas fuentes naturales de lluvia ácida: entre otras, los compuestos de azufre que resultan de las erupciones volcánicas, los manantiales termales y las fumarolas, y una cantidad considerable de óxidos de nitrógeno y azufre, producto final del metabolismo de diversos grupos bacterianos. A pesar de estos contaminantes naturales del aire, el pH del hielo glacial llega a casi 5,0, lo que significa que las emisiones naturales de los compuestos ácidos no son el origen principal de la lluvia ácida, sino las actividades de las sociedades humanas, .especialmente las más desarrolladas. 

La combustión de carburantes fósiles

La combustión de carburantes fósiles (petróleo, gas y carbón) por fábricas, centrales eléctricas, hogares y vehículos libera dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno. Estos’ gases no sólo ejercen un efecto nocivo sobre las cosechas, los árboles y los edificios del entorno más inmediato, sino que atraviesan largos recorridos transportados por el viento. Durante el trayecto, los rayos solares los transforman en sulfatos y nitratos. Una vez secos, estos contaminantes se resisten a caer al suelo, y tan sólo la lluvia y la nieve logran extraerlos de la atmósfera. Así, son absorbidos por las nubes y convertidos en ácido sulfúrico y nítrico, ambos solubles en agua, que se depositan a continuación, disueltos en la lluvia, la nieve o la niebla, sobre las plantas, los árboles, los lagos y los ríos, los mares y los suelos. 

Efectos de la lluvia ácida sobre el terreno, las aguas dulces y el medio urbano

El fenómeno de la lluvia ácida (incluida también la nieve, las nieblas y los rocíos ácidos) tiene consecuencias negativas sobre el medio ambiente, porque no sólo afecta a la calidad del agua, sino también a los suelos, a los ecosistemas y, de modo particular a la vegetación: bastan 0,01-0,02 ppm de ácido (que corresponden a 10-20 mm./m3 en la atmósfera) para matar los líquenes; por su parte, las coníferas no sobreviven a concentraciones mayores de 0,07-0,08 ppm.

Los efectos de la lluvia ácida sobre el terreno dependen en gran medida del tipo de suelo sobre el que se deposita. Si el terreno es una formación de origen calcáreo, los ácidos serán rápidamente absorbidos por el carbonato cálcico que compone esta clase de suelos. Por el contrario, si la superficie de depósito es de composición arcillosa o granítica, las consecuencias son más graves, dado el enorme poder de disolución que tiene este tipo de agua de lluvia, que acaba alterando el pH medio del terreno1 originando una acidificación general. Al filtrarse en la tierra, los ácidos destruyen los nutrientes esenciales del suelo, tales como el magnesio, el calcio y el potasio, que alimentan a las plantas y los árboles. estos se vuelven ralos y descoloridos, y mueren.

Las regiones montañosas sometidas a precipitaciones de lluvia o nieve ácidas están, a menudo, compuestas por granito y otras rocas ígneas, que producen suelos delgados carentes de los agentes químicos capaces de neutralizar los ácidos presentes en esta clase de precipitaciones. 

Otro efecto de la lluvia ácida es el aumento de la acidez en las aguas dulces, como consecuencia del incremento de metales pesados muy tóxicos (plomo, aluminio, mercurio, cinc y manganeso), que provocan la ruptura de las cadenas tróficas y del proceso reproductivo de los peces, condenando a los ríos y lagos a una lenta pero implacable disminución de su fauna. Los lagos tienen un pH casi neutro, debido a que minerales como el calcio, liberados en sus aguas a través del suelo, neutralizan la lluvia natural. Sin embargo, este mecanismo amortiguador puede no ser suficiente para absorber el incremento de acidez de aquélla.

Los efectos de la lluvia ácida sobre el medio urbano son, por una parte, la corrosión de edificios, la degradación de las piedras de las catedrales y otros monumentos históricos y, por otra, las afecciones del aparato respiratorio en los seres humanos.                       

Las regiones del mundo que más sufren los efectos de la lluvia ácida son aquellas       dotadas de suelos sensibles, esto es, que carecen del porcentaje necesario de neutralizantes, sobre todo en áreas situadas dentro o cerca de grandes agentes contaminantes. También en ámbitos no industrializados, como áreas remotas de China, donde el carbón se utiliza para calefacción, cocina y depuración de agua, o en zonas de África donde se queman arbustos para propiciar el crecimiento de los pastos, se producen los   mismos efectos. Los contaminantes atraviesan largos recorridos  transportados por  el viento 

En virtud de los desplazamientos de las masas de aire, los contaminantes alcanzan zonas alejadas cientos de kilómetros del lugar donde han sido emitidos. Por esta razón, surge la necesidad de saber hacia dónde se dirigen las nubes contaminantes originadas en un país. Se han elaborado con este fin programas modelo, aplicados a distancias variables, que contemplan: ciclos convectivos, lluvias, nubes y el efecto del suelo. Pronostican variables de vientos, temperatura del aire, humedad relativa, superficie del mar, diferencias de presiones, etc.

Los métodos normalizados más empleados en el análisis de SO2 son los siguientes: método del peróxido de hidrógeno, método del yodo, método gravimétrico, método yodo-tiosulfato, métodos espectrofotométricos, métodos calorimétricos, etc. Se ha podido constatar, por un lado, que Gran Bretaña y Alemania son los grandes exportadores de SO2, al provocar lluvias ácidas en otros países de la UE. Por otro lado, se sabe que la acidez de las lluvias, en general, es mayor en los meses de primavera y verano, y no coinciden estas épocas con los meses en los cuales las cantidades emitidas de contaminantes son mayores (meses de invierno). Por último, también se ha comprobado que el transporte de contaminantes por las corrientes de aire es muy importante, ya que los efectos de lluvia ácida que sufre un país se deben, en su mayor parte, a las emisiones provocadas por otros países.

La lucha contra la lluvia ácida

Desde los años ochenta, se ha producido una toma de conciencia sobre la necesidad de controlar y paliar, en la medida de lo posible, los efectos perniciosos que sobre el medio natural ejercen las sociedades humanas. Las inversiones se han concentrado en impulsar el desarrollo de las llamadas energías limpias (solar y eólica, fundamentalmente), y la implantación de controles más rigurosos para limitar la liberación a la atmósfera de agentes contaminantes.

Los países industrializados han movilizado gran cantidad de recursos económicos para reducir las emisiones ácidas. En 1993, la UE acordó reducir las emisiones de óxidos de azufre en un 40% para el año 1998 y en un 60% para el 2003, y las de óxidos nitrosos, en un 30% para 1998. Otra de las medidas acordadas a partir del año 1993 fue la de instalar catalizadores en los coches de nueva fabricación, para conseguir la reducción de las emisiones de los mencionados gases. Uno de los progresos más significativos ha tenido lugar en las cámaras de producción de las centrales termoeléctricas, un causante esencial de las emisiones de ácidos a la atmósfera: se han incorporado técnicas que reducen e incluso eliminan la emisión de los óxidos de nitrógeno y azufre, que son recuperados y reutilizados como abono.

¿CÓMO SE MIDE LA ACIDEZ?

Los ácidos destruyen casi todo lo que alcanzan; son solubles en agua y su fuerza se mide por el pH (potencial de nitrógeno). La escala del pH abarca valores desde 1 hasta 14. El 1 indica acidez extrema y el 7 neutralidad; el 14 se da en líquidos de gran alcalinidad (lo opuesto a la acidez). El pH se determina con un medidor especial o papel indicador. Un ácido fuerte como el sulfúrico hace que el papel se coloree de rojo, uno neutro lo pone verde, y los líquidos muy alcalinas le dan una coloración púrpura.

LIQUIDO COLOR DEL INDICADOR PH
Acido Sulfúrico Concentrado Rojo 1.0
Jugo de Limón Rojo 2.3
Vinagre Rosa 3.3
Lluvia Zonas Industriales Rosa 4.3
Lluvia Normal Naranja 5.5
Lluvia Destilada Verde 7.0

 

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Cap. 23).