Vida de Reinas

Normas Morales en la Sociedad Nobleza Honor Libertad

NORMAS MORALES DE UNA SOCIEDAD
Nobleza,Honor,Libertad,Hospitalidad

En una comunidad el hombre limita su accionar individual por normas impuestas por la autoridad, las que debe respetar so pena de incurrir en trasgresión a las mismas y sujeto a sufrir una pena por ellas establecida para el caso de incumplimiento.

Tales normas, que hemos llamado jurídicas, se diferencian de otras llamadas normas morales o espirituales, aún cuando en su casi generalidad guarden similitud pues todas las normas jurídicas han sido establecidas en base a normas morales o espirituales fijadas por los hombres en sociedad.

normas morales

Sin embargo, estas normas morales o espirituales son solamente obligatorias a la conciencia humana, mientras que las jurídicas son coercitivas y deben aplicarse a todos los miembros de una sociedad.

Como son el resultado del análisis de la conciencia humana las normas morales o espirituales también se denominan naturales.

Todo individuo que forma parte de una sociedad humana posee un conjunto de normas morales o espirituales, aún no llevadas al rango de jurídicas, y que le han sido impuestas por la tradición histórica o el estilo de vida que desarrolla.

Por ello, no es de extrañar que el hombre de vida argentino posea un conjunto de virtudes que lo distinguen de otros pertenecientes a otras nacionalidades; virtudes éstas fundadas, justamente, en ese conjunto de normas morales o espirituales que considera propias de su ser.

Analizaremos a continuación algunas de ellas, en su mayor parte adquiridas por el aporte de la cultura hispánica.

Nobleza: En la época de la Conquista el título de noble se otorgaba a todo individuo cuando se había destacado por alguna acción o servicio que enaltecía al ser humano en sus valores morales o éticos.

La nobleza del ser lo ubican a éste en una posición estimable y sus procedimientos se prestaban a la imitación por todos aquellos que lo rodeaban. Ese deseo de sobresalir por sus actos nobles, fue asimilado por el hombre argentino y constituye una de sus normas de conducta.

Sentido del Honor
El honor es, al decir de la Academia de la Lengua, la cualidad moral que nos lleva al más severo cumplimiento de nuestros deberes respecto del prójimo y de nosotros mismos.

Por sentido del honor debe entenderse la fijación, por parte del individuo, de normas de conducta que le permitan mostrar ante las personas que lo rodean al máximo de virtudes posibles para que, cuando corresponda, él pueda decidir sobre los actos de los demás con toda libertad y justicia.

La virtud que debe inspirarlo fundamentalmente se conoce con el nombre de probidad, que expresa la conducta de un hombre.

Los romanos fijaron como reglas de probidad, entre otras, las siguientes:

—No hagas a los demás lo que no quieras para tí mismo.
—Procura que en tu comercio tengas ganancias que no dañen a otros.
—Vive honradamente.
—Nadie puede ser juez en sus propios pleitos.

Espíritu de igualdad
Todos los ciudadanos que componen una comunidad son partes de ésta y, por lo tanto, debe reconocerse a los demás una posición similar a la nuestra en esa comunidad.

Ese reconocimiento que lleva implícito el ser humano se conoce con el nombre de espíritu de igualdad que constituye una norma ética y moral reconocida también por las leyes de nuestro país que, en sus principios constitucionales, pregona la igualdad entre los hombres que habitan la Nación.

Sin embargo, el reconocimiento de esa igualdad para todbs los actos de los individuos en sociedad, no excluye que sea tan absoluta que no distinga ciertas características humanas que hace a unos individuos superiores a otros y que nosotros llámanos idoneidad o capacidad personal.

Hospitalidad
Siguiendo nuestra consulta al Diccionario de la Lengua observamos que el término hospitalidad se define como una virtud que se ejercita practicando la obra de misericordia de dar posada al peregrino, dando albergue y asistencia a quien necesita de ellos.

Esta es una norma de conducta que define también al hombre argentino quien, desde sus orígenes de su organización política y social, ha previsto el ingreso de personas de otras nacionalidades y razas, imponiendo cojno condición que ellos deseen habitar el suelo argentino y cumplan sus leyes.

También es una norma que practica frente a sus semejantes, en el interior del país, pues es reconocido el proceder de todo habitante del país a acudir en casos de infortunios o desastres, (terremotos, incendios, etc.).

Vocación por la libertad
Quienes han elegido el régimen democrático de gobierno han aceptado también un modo de vivir basado en la libertad.

Que esa libertad se encuentre limitada en todo cuanto pueda afectar los derechos y la libertad de terceros, no empaña la vocación del ser argentino que dedicó muchas generaciones a constituir una nación libre y soberana.

Fuente Consultadas:
Formación Moral y Cívica 2 Ciclo Básico César Reinaldo García y Apolinar Edgardo García

Tomas Becket Asesinato del Arzobispo de Canterbury

TOMAS BECKET O EL ASESINATO EN LA CATEDRAL

Enrique II de Inglaterra (familia Plantagenet), todavía con más violencia que con la nobleza, tuvo que enfrentarse con el clero. La Iglesia constituía entonces una fuerza muy bien organizada, con inmensas riquezas, y cuyos miembros, los personajes más cultivados de la época, alcanzaban las más altas funciones políticas. Favorable a una concepción de realeza electiva, en la que el soberano debe, ante todo, hacer respetar la voluntad divina, constituía un importante foco de resistencia a la monarquía, tal como la concebía Enrique II.

En 1162, moría el arzobispo de Canterbury. Decidido a imponer su intervención sobre la Iglesia, Enrique designó a Tomás Becket para reemplazarlo; éste, tras algunas vacilaciones, aceptó el honor que se le hacía. Pero, tan pronto como fue investido de su nuevo cargo, se operó en él un gran cambio; renunciando a todos los placeres que el dinero y sus funciones le habían procurado hasta el momento, se convirtió en un hombre austero, y llevó una vida muy sencilla, repartida entre las plegarias y la administración de su diócesis.

Pero, sobre todo, se convirtió en el acérrimo defensor de los derechos de la Iglesia, oponiéndose a toda nueva ingerencia del soberano en los asuntos del clero. Ahora bien, Enrique exigía que los tribunales eclesiásticos, que eran, hasta aquel entonces, los únicos habilitados para juzgar los crímenes, robos o actos de bandolerismo de los clérigos, compartiesen esta prerrogativa con los tribunales reales, que podrían juzgar en segunda instancia a los clérigos por estos mismos actos.

Tomás rehusó categóricamente la posibilidad de una doble sentencia. Pasando por encima de esta negativa, Enrique publicó, el 30 de enero de 1164, los célebres estatutos de Clarendon, que aseguraban una intervención permanente del rey sobre el clero. El artículo 8 concedía exclusivamente al soberano el derecho de decidir si un caso era de la competencia de los tribunales eclesiásticos o de los reales, y no podía tener lugar ninguna excomunión sin su conformidad; fueron suprimidas las apelaciones a la Corte de Roma; el rey era dueño de las elecciones episcopales, y, en caso de vacante de una iglesia, la  administración  real  sustituía  a  la  del clero hasta que se nombraba un nuevo titular.

asesinato de tomas becket

Tras haber sido el amigo y confidente  de Enrique II, Tomás Becket, convertido en arzobispo de Canterbury,  se  opuso a las intenciones del rey, que quería apropiarse de los privilegios de la Iglesia. Pensando que hacían un servicio al soberano, unos caballeros asesinaron al arzobispo en su catedral. Enrique II tuvo que pedir perdón en público por este crimen. Asesinato de Tomás  Becket. Manuscrito. París, Biblioteca Nacional.

Ante un acto tal de autoridad, Becket pensó, en un primer momento, en doblegarse, pero la violencia con que el Papado condenó los estatutos le dictó su actitud: huyó de Londres y se refugió en la Corte de Luis VII; desde allí, marchó a Roma, donde el papa Alejandro lo desligó de sus compromisos y le permitió retirarse a un monasterio francés. Durante seis años, vivió en el monasterio de Pontigny, gozando de la protección del rey de Francia. En 1170, Enrique II, enfermo, le propuso una entrevista, pues había conservado una profunda amistad hacía Tomás, a pesar de las diferencias que los habían separado durante aquellos años.

La entrevista tuvo lugar en una playa de la Mancha, donde los dos viejos amigos se encontraron con emoción. Enrique, borrando el pasado, propuso a Tomás que se hiciera cargo nuevamente de sus funciones de primado de la Iglesia de Inglaterra, y éste, persuadido de la posibilidad de un entendimiento, aceptó. Pero la reconciliación fue breve, porque el sentimiento del deber y del honor en Becket, y el de la autoridad absoluta en Enrique, eran más fuertes que su profunda amistad. Cuando el rey se convenció, de forma evidente, de que Becket no transigiría sobre los privilegios de la Iglesia más de lo que había transigido seis años antes, Enrique fue presa de una cólera sorda y pensó en desembarazarse de su arzobispo.

El 29 de diciembre de 1170, cuatro de sus barones hicieron irrupción en la catedral de Canterbury, donde Tomás Becket celebraba un oficio, y lo asesinaron al pie del altar. La indignación en Inglaterra, donde Becket era tenido por santo, fue tal, que Enrique II se vio obligado, dos años después, a hacer penitencia sobre la tumba de su viejo amigo, haciéndose azotar por los monjes, hasta que brotase sangre. Sin embargo, aunque tuvo que renunciar al artículo 8 de Clarendon, consiguió que los restantes quedaran en vigor. La autoridad monárquica se había impuesto, y el rey seguía siendo el dueño del clero.

El final de su reinado (1189) fue trágico, a consecuencia de la muerte de sus dos hijos mayores y de la rebelión del tercero, Ricardo Corazón de León, instigado por el rey de Francia, Felipe Augusto. Viejo, cansado y abandonado por todos, Enrique tuvo que reconocer humildemente que era vasallo de Francia y aceptar en el futuro, cumplir fielmente sus obligaciones. Pero su sucesor, Ricardo Corazón de León, no respetaría los compromisos de su padre.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III
HISTORIA I  José Ibañez Edit. Troquel

Enrique II Plantagenet Biografía Rey de Inglaterra

BIOGRAFÍA Y REINADO DE ENRIQUE II
INGLATERRA LA PRIMERA POTENCIA DE OCCIDENTE

Enrique II (de Inglaterra) (1133-1189), rey de Inglaterra (1154-1189) uno de los soberanos más poderosos de su tiempo, fue el primer monarca inglés perteneciente a la dinastía Plantagenet. Reinó entre los años 1154 y 1189. Fue el primer monarca de la Casa de Anjou o Plantagenet, fue un importante reformador de la administración y uno de los soberanos europeos más poderosos de su época. Nació en Francia, ciudad de Le Mans el 5 de marzo de 1133, fue duque de Normandía en 1151.

Cuando fallece su padre  heredó los territorios franceses que pertenecían a los Angevinos (miembros de la casa de Anjou). Mediante su matrimonio en 1152 con Leonor de Aquitania, añadió a sus posesiones una serie de extensos territorios del suroeste de Francia.

Enrique II de Inglaterra Plantagenets

El gobierno de los Plantagenet: Al rey Guillermo El Conquistador I le sucedió su hijo Guillermo II, llamado El Rojo, que luego de un gobierno mediocre pereció asesinado (año 1100); entonces ocupó el trono su hermano Enrique I, soberano que logró el favor popular, eliminando rencores entre anglosajones y normandos. A su muerte, heredó la corona su hija Matilde, quien casóse con el conde francés Godofredo Plantagenet, representante de la Casa de Anjou. Sin embargo, Matilde no pudo gobernar porque las ambiciones de su primo Esteban de Blois originaron diversas luchas.

Finalmente ocupó el trono de Inglaterra el hijo de Matilde, llamado Enrique II, Plantagenet, conde de Anjou (año 1154). La nueva dinastía se mantuvo en el poder cerca de trescientos años. Además del territorio inglés, Enrique II dominaba toda la región occidental de Francia hasta los Pirineos.

ENRIQUE II PLANTAGENET Y SUS POSESIONES FRANCESAS

mapa dominio de enrique plantagenets

Enrique II, buen mozo, pelirrojo, de apariencia muy sencilla, inclinado a terribles furores, pero encarnizado trabajador, dotado de una gran inteligencia y habiendo recibido una buena educación, Enrique II fue uno de los reyes más grandes que tuvo Inglaterra. No se entendía bien con Leonor, y profesó una verdadera hostilidad a los hijos que ella le dio, atrayéndose así el odio de toda su familia. Fue, sin embargo, capaz de una gran amistad, como la que le unió, durante muchos años, con Tomás Becket.

Continuando con la política centralizadora de su abuelo, pasó gran parte de su reinado recorriendo sus dominios y reorganizándolos. Si no pensó nunca en la unificación de sus posesiones francesas, que era irrealizable, intentó, sin embargo, atenuar las diferencias que había entre ellas. Realizó una obra considerable en el ducado de Normandía, donde introdujo el Excbequer que tuvo lugar dos veces al año en Caen, ciudad en la que estaba depositado el tesoro del ducado; reemplazó los vizcondes por bailes, encargados de hacer justicia y de percibir los impuestos en cada bailía (tierras bajo su juridicción) ; hizo fructificar los ingresos de sus dominios, creó derechos sobre el comercio y sobre la pesca, acumulando así un tesoro considerable. Supo aliarse hábilmente con el clero, cubriéndolo de oro, y obtuvo el apoyo de la burguesía de las ciudades, concediéndole ciertas libertades municipales, a cambio de estrictas obligaciones militares.

Sus estados de Anjou, Turena y Maine estaban mucho más retrasados que Normandía, y Enrique tuvo que recurrir a un virrey para imponer su autoridad en ellos.

Leonor, que seguía siendo la soberana de Aquitania, fue una excelente administradora; ella estimuló la promulgación del Código de Oloron, que fue durante siglos la base del derecho marítimo. Sin embargo, la nobleza, el clero e incluso las ciudades de esta provincia estaban muy indisciplinadas, y no esperaban más que una ocasión pata sublevarse y reclamar su independencia.

A causa de todas estas posesiones, los Plantagenet eran vasallos del rey de Francia, a quien debían homenaje y asistencia. Pero Enrique II, vasallo mucho más poderoso que su soberano, omitió el cumplimiento de las obligaciones que los lazos de vasallaje exigían, ocasionando así conflictos permanentes entre los dos reinos.

Además de las posesiones que había recibido por herencia, Enrique II intentó conquistar más, por alianzas o por guerras: así, el Vexin francés, aportado como dote por Margarita de Francia, hija de Luis VII, a su hijo y heredero Enrique Court Mantel igualmente, Enrique se apoderó de la Bretaña, casando a su cuarto hijo Godofredo con la heredera de este ducado; tomó por la fuerza el Quercy, y obligó al conde Raimundo de Toulouse a rendirle homenaje.

INGLATERRA, PRIMERA POTENCIA DE OCCIDENTE
Prosiguió esta política hegemóníca en Irlanda, donde, en 1170, llevó a cabo una expedición e instaló a numerosos señores ingleses en el país de Gales, imponiendo ro soberanía, y también en Escocia, a cují rey. Guillermo el León, obligó a prestarle juramento y a rendirle homenaje despues de haberle infligido una terrible derrota en 1174, en la batalla de Alnwick. Escocia se convirtió en un feudo de la corona de Inglaterra, su clero fue sometido al clero inglés, y se instalaron guarniciones en todas sus plazas fuertes.

En 20 años, Enrique II había hecho de Inglaterra la primera potencia de Occidente. En la propia Inglaterra, supo rodearse de excelentes consejeros, adictos a la idea del absolutismo real; tres de ellos desempeñaron funciones muy importantes: el Canciller, guardián del sello real y consejero jurídico y político del soberano. Este cargo adquirió un gran relieve cuando Enrique II lo confió a un hombre cuya personalidad igualaba a la suya, y que, después de haber sido su más fiel servidor, se convirtió en su irreductible enemigo: Tomás Becket.

Hijo de un noble inglés consagrado a la causa de los Plantagenet, y de la hija de un emir de Palestina, Tomás Becket fue, desde muy joven, el amigo y confidente de Enrique II. Ambos eran jóvenes, brillantes y despreocupados, y tenían la misma pasión por los festines, la caza y las mujeres. Enrique quiso hacer Canciller a su amigo más querido, y Tomás probó rápidamente sus cualidades de hábil político.

En materia de finanzas, el Tesorero del Exchequer tenía un papel coordinador tanto más considerable cuanto que Enrique había separado la Tesorería o Bajo-Exchequer de la Cámara de Cuentas o Alto-Exchequer, encargada de registrar los gastos y los ingresos. Por último, el Consejo del rey, presidido por el Justicia Mayor, se convirtió en un tribunal permanente, que enviaba, todos los años, a provincias, delegaciones encargadas de hacer justicia en nombre del rey y de constituir jurys, nueva institución creada por Enrique II.

LA REBELIÓN DE LEONOR Y DE SUS HIJOS
Enrique II intentó disminuir el poderío de los nobles, reforzando los órganos que dependían directamente de él; revocó todas las concesiones que les había otorgado Esteban de Blois, confiscó sus dominios, destruyó los castillos. Disminuyó la importancia de los ejércitos feudales instituyendo una tasa mediante la cual se podía sustituir la obligación del servicio militar. Los ingresos derivados de esta tasa permitieron la formación de un ejército profesional, mucho más dócil que el feudal. Gracias aél, pudo vencer Enrique II la rebelión de ¡os señores que estalló en el continente.

En 1173, Enrique desembarcó en Guyena, acompañado de su esposa y sus hijos, para recibir el homenaje de sus vasallos. Pero la rebelión se estaba incubando hacía largo tiempo, y el joven delfín, Enrique Court Mantel, la hizo estallar poniéndose a la cabeza de ios rebeldes; Luis VII, aprovechándose de estas querellas internas, apoyó a su yerno. Muy pronto, los dos hijos menores, Godofredo y Ricardo, instigados por Leonor, traicionaron también a su padre y levantaron contra él a los barones de la Marca del Perigord y de Angulema. Enrique derrotó al ejército de sus hijos y al del rey de Francia, primero en Verneuil y luego en Ruán. Entonces, Enrique Court Mantel y Ricardo imploraron su perdón y se firmó la paz, en Mont-Louis, en septiembre de 1174.

Si Enrique se mostró clemente con sus hijos, no perdonó, en cambio, a su esposa, a quien hizo encerrar durante dieciséis años, no dejándola aparecer en la Corte más que en raras ocasiones. En Guyena y en Poitiers se produjo un gran descontento, pues el pueblo reclamaba a su soberana. Para mantener a raya toda nueva rebelión, Enrique impuso un nuevo juramento de fidelidad a sus vasallos, por una disposición del año 1176.

TOMAS BECKET O EL ASESINATO EN LA CATEDRAL
Todavía con más violencia que con la nobleza, tuvo que enfrentarse con el clero. La Iglesia constituía entonces una fuerza muy bien organizada, con inmensas riquezas, y cuyos miembros, los personajes más cultivados de la época, alcanzaban las más altas funciones políticas. Favorable a una concepción de realeza electiva, en la que el soberano debe, ante todo, hacer respetar la voluntad divina, constituía un importante foco de resistencia a la monarquía, tal como la concebía Enrique II.

En 1162, moría el arzobispo de Canterbury. Decidido a imponer su intervención sobre la Iglesia, Enrique designó a Tomás Becket para reemplazarlo; éste, tras algunas vacilaciones, aceptó el honor que se le hacía. Pero, tan pronto como fue investido de su nuevo cargo, se operó en él un gran cambio; renunciando a todos los placeres que el dinero y sus funciones le habían procurado hasta el momento, se convirtió en un hombre austero, y llevó una vida muy sencilla, repartida entre las plegarias y la administración de su diócesis. (continuar: Asesinato de Tomas Becket)

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III
HISTORIA I  José Ibañez Edit. Troquel

Italia Despúes de la Unidad Política, Economía y Sociedad Resumen

RESUMEN ITALIA DESPUÉS DE LA UNIDAD HASTA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

«Italia está hecha. Ahora hay que hacer italianos», escribía Massimo D’Azeglio. El Norte, mucho más avanzado económicamente, trataba al Sur como una especie de «semicolonia». Se optó por desarrollar las industrias del Norte y por dedicar grandes sumas al ejército y a la marina, antes que transformar las atrasadas tierras del Sur.

La unidad incluso agravó la suerte de las poblaciones del «Mezzogiorno», con impuestos más elevados, con la ruina del artesano rural ante la competencia de los productos industriales del Piamonte y de Lombardía, y con el fracaso o el abandono de una reforma agraria seria: todo ello dio origen a la miseria, a la emigración, al bandidaje y al analfabetismo.

EL GOBIERNO DE LA «DERECHA HISTÓRICA»
Otro problema grave era el del nuevo Estado con la Iglesia. Tras la ocupación de Roma, Pío IX no había aceptado la «Ley de las Garantías» de mayo de 1871, por la que el gobierno concedía a la Santa Sede el Vaticano, Letrán y Castelgandolfo, con una fuerte dotación anual y el derecho de representación diplomática, pues el Papa seguía considerándose «prisionero».

Papa Pío IX y sus cardenales

Papa Pío IX y sus cardenales

Había condenado al régimen y prohibido a los católicos intervenir en la vida política: «ni electores, ni elegidos». Era una situación extraña en un país esencialmente católico, en el que una «aristocracia negra», fiel al Papa, se diferenciaba de la «aristocracia blanca» de la corte real, instalada en el Quirinal, mientras el Senado ocupaba el Palacio Madama, y la Cámara de Diputados, Montecitorio.

Se había adoptado la Constitución piamontesa: monarquía controlada por un parlamento formado por el Senado, cuyos miembros eran nombrados con carácter vitalicio, y por la Cámara elegida para cinco años. Pero el sufragio quedaba reservado sólo al 2% de la población (el 10%, después de una reforma electoral, en 1892). Si a esto se añade la abstención de los católicos, podrá apreciarse la estrechez del «país legal». La base del régimen descansaba, pues, sobre la «derecha histórica», terratenientes, grandes burgueses del Norte y funcionarios.

Hombres como Minghetti, Sella y Lanza, practicaron una política de centralización y de estricta economía. Fueron serios e íntegros, aunque hubo diputados que, a menudo y justamente, fueron acusados de corrupción: la organización del nuevo Estado, las grandes obras, la floración de negocios y de nuevos bancos favorecían a los menos escrupulosos.

En Sicilia, los funcionarios pactaban con la mafia, retenían el dinero de los impuestos y declaraban «inencontrables» a muchos “contribuyentes.

El joven Giolitti, que estaba entonces en la Dirección General de impuestos, cuenta que toda la ciudad de Catania ¡era inencontrable! La «derecha histórica» cayó en 1876, al querer Minghetti agrupar los ferrocarriles del Norte en una compañía estatal, lo que le enajenó el apoyo de los liberales. Sin embargo, aquella medida sería puesta en práctica después por la izquierda.

LA IZQUIERDA EN EL PODER-AGUSTÍN DEPRETÍS
Sus dirigentes no procedían de un medio social muy distinto del de sus predecesores, pero algunos de ellos habían sido gari-baldinos o mazzínianos, o eran masones. Por otra parte, querían ampliar la base política del país a la burguesía local. Depre-tis y Crispí eran las personalidades más relevantes.

Depretis reformó los servicios públicos, instituyó la enseñanza primaria en las ciudades y aumentó el número de electores. Crispí se convirtió en ministro del Interior, en 1877. Al año siguiente, moría Víctor Manuel II, primer rey de la Italia unificada, muy popular a causa del papel que había desempeñado a partir de 1848, por su lealtad constitucional y por su afecto a Garibaldi. Murió un mes antes que el intransigente Pío IX. Le sucedió Humberto I.

La situación económica seguía siendo difícil, muchos campesinos estaban ahogados por las deudas y el anarquismo experimentaba un enorme desarrollo. Por otra parte, el equilibrio del presupuesto estaba comprometido por los cuantiosos gastos navales, a causa de la construcción de grandes acorazados. Italia se proponía una política mediterránea de mucha envergadura.

Antiguo garibaldino y masón, Crispi era hostil a Francia, a la que no perdonaba su actitud en la cuestión romana, y también trató de poner fin al aislamiento italiano por medio de un acercamiento a los imperios cenitales. La cuestión tunecina iba a facilitar su política, desarrollada durante los gobiernos Cairoli y Depretis.

La ocupación de Túnez por Francia (1881) provocó una viva reacción: había muchos italianos residentes en aquel país, muy próximo a Sicilia, e Italia  esperaba  el  mantenimiento  del  «statu quo» en el que compartiría con Francia su influencia sobre la «antigua provincia de Roma». El asunto tunecino aceleró la conclusión de la Triple Alianza con Austria y Alemania (1882), de carácter puramente defensivo. Las relaciones con Francia se agravaron en 1887, a causa del proteccionismo francés, que se negó a renovar el tratado de 1881 sobre la importación en Francia de productos agrícolas italianos. La «guerra de las tarifas» entre los dos países no acabó hasta 1898.

FRANCISCO CRISPI-LOS PROBLEMAS SOCIALES
A partir de 1887, el impulsivo y autoritario  Crispí dominó la vida política, hasta 1896, en que el desastre de Adua provocó su caída. El déficit presupuestario se había acentuado, la agricultura meridional experimentaba un marasmo tras la ruptura comercial con Francia, hubo quiebras bancarias y escándalos financieros (1887-1894), y sus enemigos trataron de implicar a Crispi.

Los socialistas denunciaban las relaciones entre los partidos y el mundo de los negocios. El anarquismo había sido, al principio, predominante, y los seguidores de Bakunín continuaban siendo muy influyentes, pero, a finales de siglo, el socialismo marxista se había extendido entre los intelectuales, tras los trabajos de Antonio Labriola o de Felipe Turati, que fundó la revista «Critica sociale» en 1891.

En el mismo año, el Congreso de Milán organizaba el partido socialista italiano, con su periódico «Avanti». En Sicilia, surgió un movimiento para la abolición de los latifundios y la redistribución de la tierra: los Fasci de los  trabajadores. No era un movimiento colectivista o antimonárquico, pero intentaba liberar a los campesinos de los usureros y de los gabelloti (consumeros) de los inmensos latifundios. La agitación fue tal, que Crispi proclamó el estado de sitio en Sicilia, hizo detener a los dirigentes de los fasci y disolvió el movimiento (1894). Al año siguiente, los atentados anarquistas se multiplicaron (en Francia, el italiano Caserio había asesinado al presidente Carnot), y Crispí unió en la represión a socialistas y a anarquistas.

EL DESASTRE DE ADUA
Su pasado mazziniano y garibaldino no había impedido a Crispí aliarse con la monarquía y mantener muy buenas relaciones con Humberto I. Dominaba la Cámara, amenazando con disolverla. Su gran patriotismo le granjeó incluso las simpatías de los que rodeaban a León XIII, pero no pudo realizarse ninguna aproximación al Vaticano. Una de las razones de su política colonial fue la presión demográfica.

A partir de 1880, se duplicó la emigración, sobre todo la meridional: de 40 a 60.000 personas abandonaban, todos los años, Italia, definitivamente, trasladándose a los EE. UU., Argentina, Brasil, Francia. La adquisición de tierras africanas para los colonos parecía mejor solución. Desde 1870, una compañía privada había ampliado el puerto de Assab, cerca de Djibuti, base de la futura colonia de Eritrea. A pesar de su total aridez, aquella región ofrecía la ventaja de constituir una posición estratégica importante, gracias a Suez, y de ser vecina de Etiopía, fuera de las zonas de influencia inglesa o francesa.

Desde 1882 a 1885, Eritrea se había organizado sólidamente alrededor de Massaua, y los italianos habían intervenido en los asuntos etíopes, apoyando al ras (jefe) Menelik contra el Negus. Cuando este último fue muerto en Sudán, en 1889, Menelik se convirtió en Negus, y firmó con

Italia el tratado de Uccialli, que los italianos «interpretaron» como un verdadero protectorado. Militares aventureros, sin órdenes precisas, enviaron tropas a ocupar las regiones limítrofes de Etiopía (1889-1896). Menelik, uniéndose a los grandes señores feudales etíopes, formó un importante ejército, atacó e hizo capitular a dos bases italianas. Entonces ofreció la paz, pero Crispi decidió vengar aquellas derrotas y acabar con el Negus. Más de 20.000 hombres fueron enviados a Etiopía, y tres columnas, con una preparación insuficiente, marcharon sobre Adua. La expedición fue un nuevo desastre (mayo de 1896). Los italianos perdieron 5.000 hombres, entre ellos dos generales y trescientos oficiales.

Los refuerzos del general Baldissera, sucesor del desafortunado Baratieri, salvaron a Eritrea para los italianos. El gobierno de Crispí cayó, a causa de la derrota, los revolucionarios organizaron manifestaciones en todo el país, y el gobierno de Rudiní se vio desbordado por atentados anarquistas y motines, porque el desatre italiano coincidía con una crisis económica, y hubo que proclamar el estado de sitio. En 1898, Milán se sublevó, y la represión causó unos cien muertos. La crisis política culminó con el asesinato de Humberto I por el anarquista Bresci, en julio de 1900.

LA DICTADURA DE GIOLITTI
El reinado de Víctor Manuel III comenzaba, pues, trágicamente. Había que tener en cuenta ya a las fuerzas populares y a los socialistas. La caída de Crispi había hecho posible una reaproximación a Francia, que se «desinteresaba» de la Tripolitania-Cirenaica. En 1902, se firmó un acuerdo secreto franco-italiano. Las visitas de los reyes italianos a París (1903), seguida de la del Presidente Loubet a Roma, al año siguiente, que creó un grave incidente entre Francia y el Vaticano, señalaron el acercamiento de las «hermanas latinas».

Antes ministro del interior, y después presidente del Consejo, con breves intervalos, desde 1903 a 1914, el piamontés José Giolitti, nacido en una familia modesta, jurista y alto funcionario de Hacienda, diputado de Cuneo, fue el centro de la vida política. Oportunista, moderado, gran trabajador, era el hombre de las realidades económicas y financieras. A pesar de la crisis y de las dificultades, la economía italiana se había desarrollado: la industria metalúrgica y textil del Norte, la seda, la industria azucarera y la hidroeléctrica hacían progresos  asombrosos.

Fundada en 1900, la Fiat sería, la segunda productora mundial de automóviles. La agricultura, próspera en el Norte, seguía utilizando, en el Sur, instrumentos y métodos arcaicos, de modo que el problema meridional continuaba siendo grave.

La población aumentaba tan rápidamente, que, en vísperas de la guerra, había alcanzado los 35 millones de habitantes. Partidario del liberalismo económico, Giolitti trató, no sin éxito, de aliviar la situación, enfrentándose, a la vez, con la derecha, que no pensaba más que en la represión, y contra el extremismo revolucionario: en 1901, se habían producido 1.400 huelgas. Giolitti creó la legislación del trabajo (descanso semanal, contratos, enseñanza profesional, seguros, etc.), hasta entonces inexistente, ayudó a las cooperativas obreras haciéndolas participar en las grandes obras públicas y nacionalizó los ferrocarriles meridionales.

En 1914, sofocó una tentativa de huelga general, sin brutalidades. En la Cámara había 33 diputados socialistas, abogados y universitarios en su mayor parte. Giolitti hizo una «apertura a la izquierda», ofreciendo incluso una cartera al dirigente Turati. Este, como Bissolati, aunque aprobando interiormente las medidas del primer ministro, no quiso comprometerse participando en el poder, pero los reformistas progresaron dentro del partido socialista, y, a partir de 1906, un gran número de ellos se unió a la mayoría de Giolitti.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Xenofobia Odio a lo extranjero Rechazo a lo externo Racismo

La dignidad humana avasallada: La xenofobia y el racismo fueron algunas de las muchas causas de la violación de la dignidad humana en todo el mundo durante el siglo XX.  La definición del diccionario sobre la palabra xenofobia, dice que es la aversión, el odio, la repugnancia y la hostilidad hacia lo extranjero.  Como consecuencia se puede inducir que los individuos aquejados de esta distorsión de percepción, sobrevaloran su propia raza, su cultura y sus tradiciones, por sobre todas las demás.

xenofobiaLa xenofobia
La xenofobia se define como el odio o el temor irracional a cualquier persona extranjera que se traduce en actos de rechazo. En algunas ocasiones, cuando las sociedades atraviesan circunstancias críticas —dificultades económicas, desempleo, altos índices de criminalidad, epidemias—, una respuesta cómoda (en el sentido de que no requiere reflexión ni autocrítica), prejuiciosa e injusta es atribuir los males sociales a la presencia de extranjeros. Así, la xenofobia lleva a afirmaciones generales y arbitrarias como, por ejemplo, “no hay trabajo porque los extranjeros trabajan por sueldos bajos y ocupan todos los puestos”.

Este tipo de afirmaciones conduce a actitudes discriminatorias: mucha gente comienza a creer que “hay que prohibir el ingreso de extranjeros”. Cuando estas actitudes se generalizan, comienzan a manifestarse en conductas concretas como, por ejemplo, la expulsión o la segregación de extranjeros.

Durante los últimos años Europa ha conocido un resurgimiento de la violencia xenófoba En Francia e Inglaterra son frecuentes los atentados dirigidos contra los inmigrantes y los refugiados políticos. En el caso de Francia, las principales víctimas son los árabes y los inmigrantes del norte de África en Inglaterra, los refugiados de las ex colonias asiáticas del Imperio británico, sobre todo los pakistaníes, pero también los antillanos.

En la historia hemos tenido grandes demostraciones de xenofobia y de abuso, de todos aquellos que son considerados inferiores por los supuestamente superiores que se aprovecharon de ellos.

Muchos miembros de religiones étnicas, suelen ser sectarios, manteniéndose circunscriptos dentro de sus grupos sin establecer relaciones con otras etnias, por cuestiones culturales que han heredado de sus ancestros.

Los judíos han sido perseguidos desde el principio de los tiempos y todavía existe discriminación aunque no lo parezca. Durante la segunda guerra mundial fueron exterminados millones de ellos solamente por el hecho de ser judíos y actualmente pertenecer a ciertos sectores les está vedado.

La población negra esclavizada por el hombre blanco, supuestamente más educado, fue diezmada durante la época de las colonias, debido a las malas condiciones de vida, el exceso de trabajo y las enfermedades. Aún hoy en día existe discriminación en el mundo hacia la raza negra y no tan negra.

En Alemania, son comunes los ataques de los grupos de filiación neonazi, que incendian casas de inmigrantes y provocan todo tipo de lesiones y daños. Uno de los movimientos xenófobos organizados que no reconoce fronteras y se caracteriza por la utilización de la violencia como único medio de acción y comunicación es el de los skinheads (cabezas rapadas), de filiación neonazi. Aunque está compuesto por grupos, como los redskin (comunistas), los naziskin (nacionalistas) y los blackskin (negros racistas), tiene un denominador común: el resurgimiento de características de la ideología nazi en el mundo, con un claro contenido discriminatorio.

Los skinheads heredaron del nazismo el culto por una idea de patria que no tolera la coexistencia de razas, religiones ni creencias. Consideran que todo extranjero constituye un obstáculo en su camino convierten a todo aquel que es “diferente” en un nuevo enemigo social.

Organizados con cuadros de choque, intentan frenar las corrientes inmigratorias de sus países y concentran su violencia en cualquier punto de las ciudades donde se encuentren extranjeros en busca de asilo: atacan sus viviendas con bombas incendiadas y, además, destrozan cementerios de distintas colectividades extranjeras y pintan símbolos nazis.

En la Argentina estos grupos aparecieron a mediados de la década de 1980, de la mano de un grupo de rock llamado “Comando Suicida”. Los skinheads argentinos intentan parecerse a los europeos, pero no están tan organizados como ellos. Se manifiestan contra los hombres que usan el pelo largo, los drogadictos, los homosexuales, el sionismo y el imperialismo. Se conducen en forma gregaria y únicamente conciben el ataque en grupos) 

Fuente Consultada: www.laguia200.com y Filosofía de Editorial Santillana Ética Ciudadana II

Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografas de Grande

ARTISTAS DEL MUNDO: FAMOSOS, TALENTOSOS, MILLONARIOS, EXCÉNTRICOS

Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo
Steven Spielberg Paul McCartney Elton John Michael Jackson
Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo
Mick Jagger Stephen King Tom Clancy Ronaldo
Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo
Michael Schumacher David Beckham Madonna Robbie Williams

RICOS Y FAMOSOS:
La Tecnología Informática y “los bolsillos de los artistas”: Hay quien dice que los grandes mejor de la industria de la música y del cine, las multinacionales de discos y del entertainment, que han ganado tantos miles de millones de dólares y se los han hecho ganar a los músicos y directores y, sobre todo, a los dueños de las compañías y a sus accionistas, están en profunda crisis.

La enorme y cautivadora ola de las nuevas tecnologías ha echado por tierra muchos proyectos y certezas de los jerarcas de las siete notas y de las películas de Hollywood, acostumbrados a hacer pagar elevados precios por sus productos a la multitud de fans de todo el mundo. Un simple aficionado puede hoy, en pocos minutos, conectarse a Internet y descargar archivos de óptima calidad, no sólo la música de moda o los grandes éxitos del pasado, sino también películas enteras y, a veces, antes de que se estrenen en la gran pantalla. La piratería podría llegar a obligar a los grandes del espectáculo a hacer pagar menos -mucho menos- por sus creaciones. Tal vez las nuevas tecnologías puedan crear nuevos canales de distribución donde películas y música serían adquiridos por los usuarios a un precio mucho más bajo que el de una tienda.

Si se descarga un CD o una película legalmente, baja el precio de costo de los intermediarios y de la distribución, lo que incide en el precio final. De esa manera, la oferta es más amplia, porque ya no son los empresarios musicales o cinematográficos quienes deciden qué producto merece ser más escuchado o más visto. Por otra parte, aportan una plataforma en la que cualquier persona puede «colgar» sus propias «obras maestras» y donde los clientes finales tienen a su disposición opciones prácticamente infinitas.

En lugar de ir al centro y entrar en los grandes almacenes o en un cine, la mayor parte de los aficionados entraría en su sitio preferido y, con un par de clics sobre su propio «distribuidor automático» online, organizaría su tiempo libre y su diversión como mejor le pareciera. Muchas cosas cambiarán en el mundo hipertecnológico de los años futuros. Y tal vez, también el mundo de las mejor pagadas stars del rock, la lírica y el cine será completamente distinto del que conocemos hoy en día.

Plantagenet Historia de Inglaterra Ricardo Corazon de Leon

NACIMIENTO DE INGLATERRA: Mientras Alemania se debatía en sangrientas luchas que en definitiva condujeron a la decadencia del poder imperial, surgía un nuevo estado, Inglaterra, por influjo de los normandos establecidos en Francia.

En efecto, en 1066, el duque Guillermo de Normandía, con el apoyo del papa Alejandro II, desembarcó con un ejército en Inglaterra y luego de vencer en la batalla de Hastings, se instaló en el trono y tomó el nombre de Guillermo I Con Guillermo I (1066-1087), se instauró en Inglaterra el feudalismo, aunque con distintas bases que en Francia, porque el rey se reservó la mayor parte de los dominios y no quedó a merced de los señores.

Es decir, que la conquista de Inglaterra hizo a Guillermo de Normandía más poderoso que su soberano, el rey de Francia, lo que determinó la rivalidad entre Francia e Inglaterra, que quedó latente durante el reinado de los sucesores de Guillermo: Guillermo II el Rojo (1087-1100) y Enrique I (1100-1135).

Consecuentemente, el rey de Francia, Luis VI el Grueso, intentó despojar a Inglaterra de la Normandía, mediante su apoyo a Guillermo Clitón contra su tío Enrique I; pero no pudo lograrlo porque fue derrotado en la batalla de Brenneville (1119), con lo cual quedó consolidado el poder del monarca inglés.

No obstante, debido a un naufragio, Enrique I perdió a sus hijos varones y quedó sin descendencia para el trono. Sólo sobrevivió su hija Matilde, —viuda del emperador de Alemania, Enrique V,— que se casó en segundas nupcias con el conde de Anjou, Godotredo Plantagenet, cuyo hijo, Enrique, fundó en 1154 una nueva dinastía en Inglaterra, que se sostuvo en el trono por trescientos años.

Los Plantagenet Enrique II era, además, heredero en Francia del condado de Anjou y del Maine. En 1152 se casó con Leonor de Aquitania, divorciada de Luís VII, con lo cual adquirió Aquitania y Normandía.

Una vez instalado en el trono de Inglaterra, se propuso someter al clero a la autoridad real, a cuyo efecto designó a Tomás Becket como arzobispo de Canterbury y como jefe de la Iglesia de Inglaterra. Este asumió decididamente su papel y reformó las costumbres del clero, dando el ejemplo con su sencillez y austeridad. Sin embargo, Enrique II, a pesar de la oposición de Becket, impuso los Estatutos de Clarendon (1164), por los cuales los miembros del clero quedaron bajo la jurisdicción de los tribunales reales.

Ante esta actitud, el arzobispo protestó enérgicamente, apeló al papa y se refugió en Francia. Con la protección de Luis VII, Becket pudo regresar a Canterbury, donde fue recibido con gran entusiasmo por los fieles, renovando de inmediato la pena de excomunión para los partidarios del rey.

Esto enardeció a sus enemigos y poco después fue asesinado dentro de la misma catedral. Este hecho causó gran indignación y el arzobispo fue venerado como un mártir. Enrique II se vio obligado a retractarse y abolir los Estatutos de Clarendon. Luego debió combatir contra sus propios hijos, que se sublevaron contra él, los que fueron apoyados por los reyes de Francia. Posteriormente, Tomás Becket fue canonizado por la Iglesia católica.

Ricardo Corazón de León (1189-1199) Uno de los hijos de Enrique II, fue Ricardo Corazón de León, un heroico militar que, como vimos, participó en la tercera cruzada junto con Felipe Augusto de Francia. A su regreso, debido a un naufragio, fue a parar a las costas del mar Adriático y tuvo que atravesar Alemania; pero al pasar por las tierras del duque de Austria, a quien había ofendido en Tierra Santa, fue reconocido, detenido y luego entregado al emperador.

Ricardo Corazón de León

Ricardo Corazón de León

Este lo mantuvo cautivo hasta que, ante el reclamo de los señores ingleses, lo puso en libertad a cambio de un importante rescate (1194). Durante su ausencia, Felipe Augusto había aprovechado para apropiarse de vastos territorios en la Normandía. Ricardo le declaró la guerra, que se prolongó hasta 1199 en que fu suspendida. Ricardo se dirigió entonces contra el vizconde de Limoges y pereció en un combate.

Juan sin Tierra (1199-1216) A la muerte de Ricardo su hermano Juan, llamado sin Tierra, por no haber recibido herencia de su padre, se proclamó rey, desconociendo los derechos de su sobrino Arturo de Bretaña, a quien poco después hizo asesinar. Debido a este hecho incalificable, el rey de Francia, Felipe Augusto, citó a Juan ante el tribunal real, al que no compareció.

El tribunal se pronunció en rebeldía por la confiscación de sus feudos y Felipe se apresuró a ejecutar la sentencia. A tal efecto, invadió la Normandía, se apoderó del castillo de Gaülard y sitió la ciudad de Rúan (1204), que finalmente capituló. Seguidamente Felipe extendió su poder a Anjou , la Turena y el Poitou.

Entretanto, Juan sin Tierra formó una coalición contra Felipe, en la que participaron los señores feudales del Norte de Francia, los condes de Flandes y de Boulogne y Otón IV de Alemania. Los ejércitos se encontraron en la batalla de Bouuines (1214), que finalizó con el triunfo de los franceses contra los coaligados.

La Carta Magna Estas circunstancias adversas suscitaron contra Juan sin Tierra un movimiento de oposición protagonizado por los nobles, unidos a la burguesía, quienes entraron en Londres, y en un prado de las cercanías de Windsor, obligaron al rey p firmar la denominada Carta Magna (1215)), en la que se estableció que los impuestos debían ser aprobados por el Consejo del Reino, integrado por la nobleza y el clero. Además, nadie podría ser condenado sin sentencia previa dictada por sus pares; debía garantizarse la libertad de comercio y respetarse los derechos de la Iglesia.

Famosos Amantes de la Historia de Seductores Biografias

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

grandes amantes

famosos amantes de la historia

Durante milenios, la historia de la mitad de la humanidad transcurrió más en el secreto que a la luz pública. Las mujeres no eran consideradas por su propio peso social, sino por el que agregaban a la vida de los hombres: maridos, hijos o amantes disponían absolutamente de sus hembras, mientras se dedicaban a cosas importantes que a ellas les estaban vedadas. Así, el gobierno, las artes y la libertad amorosa eran cuestiones del ámbito masculino, como la guerra, el comercio y hasta la carrera delictiva…

Generalmente, la mujer que lograba asomarse al reconocimiento social lo hacía a través del escándalo, aunque éste no fuera el objetivo buscado; pero tanto si quería ser escritora en el siglo XVIII, médica en el XIX o gobernante en cualquier tiempo, ése solía ser el precio que debía pagar. Hasta nosotros han llegado los nombres de muchas que, a lo largo de la historia humana, han brillado y siguen brillando con luz propia.

En numerosas ocasiones.en lo que conocemos de sus vidas, la leyenda se entremezcla con los hechos verdaderos y es imposible separar una de otros. Pero Jean Cocteau decía preferir el mito a la historia, porque la historia está hecha de verdades que terminan convirtiéndose ert mentiras, mientras que el mi teres tá hecho de ficciones que a la larga se revelan verdaderas.

Así, desde grandes cortesanas hasta reinas, pasando por las imprescindibles artistas, las mujeres componen un mosaico muy colorido, pues nos han llegado los nombres de tantas que, a lo largo de la historia humana, han brillado y siguen brillando con luz propia. Muchas veces, en lo que conocemos de sus vidas, la leyenda se entremezcla con los hechos verdaderos y es imposible separar una de otros. Pero Jean Cocteau decía preferir el mito a la historia, porque la historia está hecha de verdades que terminan convirtiéndose en mentiras, mientras que el mito está hecho de ficciones que a la larga se revelan verdaderas.

Pasó la Antigüedad, con su contradictoria valoración de la mujer; la Edad Media, donde tantas fueron quemadas y otras convertidas en esclavas, en relación muy superior a los hombres; pasó la Revolución Francesa, con sus ideales igualitarios que aún siguen pendientes; la incorporación masiva al mundo del trabajo en la Revolución Industrial…

También el siglo XX pasó, con todo tipo de acontecimientos movidos, entre ellos, las grandes conquistas femeninas, y el «sexo débil» sigue ganando territorio, a tal punto que ya nadie lo llama así. ¿Qué mejor momento para volver la vista hacia algunas mujeres que escaparon al molde en todas las épocas, mientras las mujeres legendarias del mañana pelean hoy sus vidas? Damas que buscaron influir en su mundo y en su tiempo, y consiguieron más que eso: siguen siendo referencia obligada del presente.

En cuanto a su propia intimidad, pretendieron nada más y nada menos que gobernarla ellas; en muchos casos obtuvieron lo que querían con creces, y en otros tuvieron que afrontar terribles consecuencias.

Fuente Consultada:Amantes y Cortesanas Cecilia B. Madrazo

La era victoriana la sociedad Reina Victoria I Epoca Victoriana

La Sociedad en la Era Victoriana Reina Victoria I

La época victoriana Una de las épocas gloriosas de Inglaterra está constituida por el reinado de Victoria entre 1837 y 1901. No es que ella gobernara directamente: se desarrolló el régimen parlamentario, con primeros ministros conservadores y liberales alternadamente (EL Partido Laborista Independiente, recién comenzó a participar del gobierno con dos diputados socialistas en 1892). Ambos partidos se dedicaron a producir reforma progresistas.

El reinado de la reina Victoria fue el más extenso de la historia británica (64 años).Ese período fue llamado por los historiadores la era victoriana, y en él Gran Bretaña se consolidó como una monarquía parlamentaria y como el impero colonial más extenso del planeta.

reina victoria

El reinado de Victoria I: En 1837, al ser coronada Victoria —casada con el príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo — se inició en Gran Bretaña uno de los más significativos períodos de su historia.

Durante el extenso reinado de Victoria (gobernó hasta 1901), el Reino Unido se convirtió en la potencia mundial hegemónica en los aspectos político, económico, naval e industrial.

La reina, mujer de firme carácter, se interesaba por los asuntos del reino, pero sin intervenir ni alterar la labor de sus Primeros Ministros. Este esplendor, sin embargo, no pudo terminar con las diferencias políticas y económicas ni con las crisis sociales y las fricciones con las potencias exteriores.

Economía y política: En esos momentos la industria británica cobró un gran impulso y, en consecuencia, se evidenció un creciente desarrollo comercial. Se amplió el mercado externo y se incorporaron nuevos y extensos territorios al Imperio inglés. No obstante, las disidencias entre conservadores y liberales se acrecentaron. Los primeros propiciaban una política económica de corte proteccionista, en tanto que los segundos sostenían la necesidad de abolir leyes ya caducas con la intención de implantar el liberalismo económico.

La persistencia de la crisis socio-económica y la difícil situación obrera –producto del alza de los precios de los artículos de primera necesidad— convenció a los políticos de ambos partidos de la urgencia de aplicar reformas. A la supresión de las leyes de granos, como ya se ha estudiado, siguieron otras leyes reformistas, entre ellas la supresión del Acta de Navegación de Cromwell, permitiéndose así, la apertura de los puertos británicos a buques extranjeros. Los partidos liberal y conservador alternaron en el poder.

Entre los primeros Ministros de la reina se destacaron: Roberto Peel (1834-1835 y 1841-1 846), conservador; Enrique Palmerston (1855-1865), primero conservador y luego liberal; Benjamín Disraeli (1865-1868 y 1874-1880), conservador; Guillermo Gladstone (1868-1874,1880,1892,1894), liberal y Roberto Cecil, lord Salisbury (1896-1907), conservador.

Las reformas electorales: La necesidad de aflojar las tensiones internas, obligó a propiciar nuevas reformas electorales, ya que la efectuada en 1832 no había resuelto el problema.

En 1867, DISRAELI,  concedió el derecho sufragio a la pequeña burguesía y a los obreros especializados.

En 1872, GLADSTONE,  instituyó el voto secreto. El número de votantes aumentó: 938.000 sufragantes más, el poder continuó en manos de los propietarios. Hubo una mayor actividad de los partidos políticos.

En 1884, GLADSTONE,  extendió el derecho al sufragio a los propietarios rurales con lo que la reforma llegó al campo. Hubo 4.000.000 de electores nuevos. Se concretaron las propuestas de los cartistas.

Glasdone

Disraeli

Finalmente se concretaron las propuestas de los cartistas

Los liberales entre 1868 1874 popularizaron la educación, democratizaron el ejército y ampliaron los derechos de los sindicatos; entre 1880 y 18& hicieron la ley de reforma electoral y trata ron de dar autonomía a Irlanda; entre 1892 y 1895 reformaron la administración local; a partir de 1906 acrecentaron los derechos sindicales, votaron numerosas leyes sociales como protección ante accidentes de trabajo y en la vejez, reformaron los impuestos, gravando progresivamente la riqueza y, en 1911, aboliendo la igualdad entre la Cámara de los Lores y la de los Comunes: los Lores sólo podían dar ahora un veto suspensivo de dos años sobre las leyes no financieras, y perdieron sus poderes especto al presupuesto.

Entre las leyes de los conservadores (1874-1880 y 1886-1892) podemos citar la igualdad de derechos entre patrones y obreros y algunas rearmas sociales.

Estos últimos se dedicaron más a las posesiones coloniales del imperio británico. Bajo el reinado de Victoria, se abrió el Canal e Suez (1859-69) —que comunica el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo; estuvo bajo control británico hasta 1954 en que Egipto retomó su soberanía— y se puso a Egipto bajo el protectorado inglés; logró terminar la conquista de la India, coronarse como Emperatriz (1876) y abrir el comercio exterior a los puertos chinos (ver Imperialismo); se descubrieron minas de oro en Australia, que pobló con colonos británicos; se ocupan extensos territorios en África y se invirtieron capitales millonarios en otros continentes, asegurando la continuidad de la Revolución Industrial inglesa.

La sociedad victoriana.: Una gran rigidez moral caracterizó la sociedad victoriana. Todo buen inglés debía mostrar ante sus congéneres una conducta recta y honesta, aunque estas virtudes, en muchos casos, fueran sólo una apariencia. La mujer se encontraba, al igual que en el esto del mundo, relegada al trabajo hogareño o fabril. Era mal visto que una mujer pretendiera ejercer una profesión universitaria.

El avance de las tendencias democráticas les obligó a dar un gran impulso a la educación. Los conflictos sociales perduraron: las diferencias de clase eran, todavía, muy grandes. Las clases altas mantenían una vida de lujo y riqueza, en tanto que la condición de los trabajadores y las clases menos pudientes no había mejorado. Esta difícil situación fue reflejada con crudo realismo por los escritores de la época, como Charles Dickens, quien en sus novelas describió la forma de vida y las tensiones socialees de la Inglaterra victoriana.

Esta situación social obligó a los sindicatos obreros a organizarse con mayor eficacia, a fin de obtener la satisfacción de sus reclamos.

El gobierno adoptó una política paternalista en el aspecto social. Se aprobaron leyes que alivianaron la situación, pero sin introducir reformas de importancia. No obstante, se promulgaron medidas que limitaron las jornadas de trabajo y que mejoraron las condiciones laborales de obreros y asalariados. En 1871, los Trade Unions sindicatos locales fueron reconocidos oficialmente por el Estado.

AMPLIACIÓN DEL TEMA, PARA SABER MAS…

INGLATERRA Y LA REINA VICTORIA. En 1837 subió al trono inglés la reina Victoria I (1837-1901), cuyo dilatadísimo reinado de 64 años constituyó uno de los periodos más brillantes de la historia de Inglaterra. El Imperio Británico fue el más extenso y poderoso del mundo y su flota la representación material de este poder que ejercía el papel de suprema policía internacional. La presencia de un barco de guerra con el pabellón de la «Unión Jack» bastaba para sofocar una revolución o cambiar un Gobierno en cualquier parte del mundo. La seguridad de su constitución política corría pareja con su potente industria y el valor indiscutible de su moneda.

Desde el primer momento, la reina dejó que el Parlamento asumiera la misión de gobernar y fue ella quien introdujo la costumbre de encargar al jefe de la mayoría la formación del Gobierno. Su actuación, perfectamente dentro de la línea tradicional británica, fue en todo del agrado de sus súbditos que la veneraban.

Pero no todo fue mérito de la reina. También lo tuvieron sus primeros ministros, que fueron hombres cultos y de una gran sagacidad. Lord Palmerston fue el último «premier» que sostuvo la política del «espléndido aislamiento». Era un conservador que luego se pasó al partido liberal. Precisamente por su deseo de mantener a Inglaterra separada de las luchas de Europa, no supo actuar con energía ante el engrandecimiento de Alemania bajo Bismarck.

En la segunda mitad del siglo pasado casi siempre se turnaron conservadores y liberales, según el resultado de las elecciones. El jefe de los primeros fue Disraeli; el de los segundos, Gladstone.

Benjamín Disraeli era de ascendencia española y judía. Gracias a él se llevó a cabo la reforma electoral del año 1867 que permitió a más de un millón de obreros gozar del derecho de voto. Su visión sagaz le permitió darse cuenta de la gran importancia que tendría en el futuro la apertura del Canal de Suez, y después de haber ocupado Chipre, adquirió 177.000 acciones del canal, que le aseguraban el dominio de la Compañía.

La reforma aprobada por Disraeli había sido planeada y pensada antes por Gladstone. Éste realizó una segunda reforma electoral que permitió elevar el número de votantes en seis millones, transformó la enseñanza primaria y protegió a los Trade Unions.

La creación oficial del Imperio Británico se realizó el día i de enero de 1877, en que Victoria I fue proclamada emperatriz de la India.

La política interna de la Gran Bretaña conoció varios movimientos. El cartista, promovido por el abogado Jones y el publicista O’Connor, jefes del partido radical, que propugnaban el derecho al sufragio universal. El librecambista defendido por Cobbden y sostenido, no sólo por los obreros, sino, por la burguesía industrial y mercantil, que pedía la total libertad de comercio con el extranjero, sin aduanas protectoras o prohibitivas. Gracias a sus esfuerzos, Inglaterra adoptó el librecambio que había de reportarle considerables riquezas.

Fuente Consultada:
Historia Universal Tomo II Chris Cook.
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

La Epoca Victoriana Reina Victoria de Inglaterra Dueña de los Mares

La Época Victoriana

Inglaterra alcanzó su mayor desarrollo económico durante la segunda mitad del siglo XIX, que coincidió con el dilatado reinado de Victoria (1837-1901), la llamada «era victoriana». Inglaterra se convirtió en la primera potencia mundial por el esplendor de su economía y la extensión de sus colonias. En 1877, la reina sería proclamada emperatriz de la India.

reina victoriaLa época victoriana Una de las épocas gloriosas de Inglaterra está constituida por el reinado de Victoria entre 1837 y 1901. No es que ella gobernara directamente: se desarrolló el régimen parlamentario, con primeros ministros conservadores y liberales alternadamente (EL Partido Laborista Independiente, recién comenzó a participar del gobierno con dos diputados socialistas en 1892). Ambos partidos se dedicaron a producir reforma progresistas.

Los liberales entre 1868 1874 popularizaron la educación, democratizaron el ejército y ampliaron los derechos de los sindicatos; entre 1880 y 18& hicieron la ley de reforma electoral y trata ron de dar autonomía a Irlanda; entre 1892 y 1895 reformaron la administración local; a partir de 1906 acrecentaron los derechos sindicales, votaron numerosas leyes sociales como protección ante accidentes de trabajo y en la vejez, reformaron los impuestos, gravando progresivamente la riqueza y, en 1911, aboliendo la igualdad entre la Cámara de los Lores y la de los Comunes: los Lores sólo podían dar ahora un veto suspensivo de dos años sobre las leyes no financieras, y perdieron sus poderes especto al presupuesto.

Inspirados en la filosofía del librecambismo, los ingleses reemprendieron las construcciones ferroviarias. introdujeron el telégrafo eléctrico, etc. En 1860 poseían la más extensa red ferroviaria y su flota mercante representaba el 75 % del tonelaje mundial, índices ambos de su desarrollo industrial y comercial.

Entre las leyes de los conservadores (1874-1880 y 1886-.892) podemos citar la igualdad de derechos entre patrones y obreros y algunas rearmas sociales.

Estos últimos se dedicaron más a las posesiones coloniales del imperio británico. Bajo el reinado de Victoria, se abrió el Canal e Suez (1859-69) —que comunica el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo; estuvo bajo control británico hasta 1954 en que Egipto retomó su soberanía— y se puso a Egipto bajo el protectorado inglés; logró terminar la conquista de la India, coronarse como Emperatriz (1876) y abrir el comercio exterior a los puertos chinos (ver Imperialismo); se descubrieron minas de oro en Australia, que pobló con colonos británicos; se ocupan extensos territorios en África y se invirtieron capitales millonarios en otros continentes, asegurando la continuidad de la Revolución Industrial inglesa.

Políticamente, conservadores y liberales se alternaban pacíficamente en el poder y empujaban a Inglaterra hacia una democracia plena. En 1867, una reforma electoral dobló el número de los electores. Pero, al mismo tiempo, Irlanda se convertía en el problema más acuciante para el gobierno. Irlanda estaba bajo el poder inglés desde el siglo XVII; sus grandes propietarios eran ingleses y protestantes, mientras que la mayoría del pueblo era católica y campesina. Otras diferencias en la lengua y el carácter agravaban la cuestión. En definitiva, las reivindicaciones de los irlandeses implicaban cuestiones políticas, sociales y religiosas. Un proyecto autonómico fue derrotado por el parlamento y la autonomía no llegó hasta 1914.

Personajes enigmaticos de la historia Hombres Polemicos

MISTERIOSOS PERSONAJES LA HISTORIA: CAGLIOTRO, RAPUTÍN, PARACELSO…

Cagliostro Rasputín Paracelso Matahari Nostradamus Houdini

FRANKENSTEIN: Una de las tardes más aburridas de la historia dio origen a un personaje imaginario que ha aterrado y fascinado al mundo entero. En una noche de tormenta de 1816, un notable grupo reunido en la Villa Diodati de lord Byron, junto al lago Ginebra, leía en voz alta historias de fantasmas junto a la chimenea mientras el viento aullaba y la lluvia golpeaba insistente contra las ventanas.

Frankestein

Los huéspedes de Byron eran el poeta Percy Bysshe Shelley, su futura esposa Mary Godwin, la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, y su médico John Polidori.

Fastidiado por el mal clima y aburrido por este entretenimiento, Byron sugirió una competencia para escribir la mejor historia de horror. Poco después, el grupo consideraba la posibilidad de comprender el secreto de la vida y discutió si la electricidad no “podría restaurar la vida y crear un ente vivo a partir de la suma de diferentes partes muertas”.

Mucho después de medianoche, tal como acostumbraban, los residentes de la villa se retiraron. Mary, en un estado de excitación, durmió mal. En la duermevela tuvo una horrible visión: “Vi a un pálido adepto de las artes malditas arrodillándose junto al ser que ensambló.

Vi al abominable fantasma de un hombre yaciendo cuan largo era y, de pronto, con ayuda de una enorme máquina, dio señales de vida y se movió de modo torpe.” Sobresaltada, Mary halló su historia de horror. Publicada dos años más tarde, el Frankenstein de Mary Shelley ha perdurado a través de más de un siglo y originó innumerables secuelas e imitaciones tanto en literatura
como en cine.

Ver Su Biografía

Boris Karloff encamó al primer Frankenstein, creando un aterrador
pero patético monstruo.

NOSTRADAMUS:
Nacido el 14 de diciembre de 1503 como Michel de Notredame en Saint-Rémy, Provenza, fue uno de los personajes mas polémicos de la historia. Amante de la naturaleza y del cuerpo humano, decidió estudiar medicina, que debió abandonar en 1525 debido a una plaga de peste bubónica que azotó a Francia.

Debido a su pasión y amor por la ciencia médica, Michel siempre trató de ayudar a los enfermos sin preocuparse por el contagio, cosa que muchos médicos olvidaron su profesión. La gente siempre estuvo muy agradecida por su apoyo y supo ganarse la simpatía y respeto de la comunidad, muy importante mas tarde cuando se le negó la licencia al graduarse y pudo contar con el apoyo de todos los agradecidos de aquella dura época.

A pesar de los mitos que rodearon la vida de Nostradamus, el éxito de este astrólogo estuvo estrechamente relacionado con el contexto que conmocionó a la segunda mitad del siglo XVI, marcado por las guerras de Religión y el prestigio de la astrología que tocaba a su fin. Fue astrólogo de Catalina de Médicis y médico de Carlos IX. Nostradamus se hizo célebre por sus Centurias, una selección de profecías que fueron profusamente interpretadas en el  curso de los siglos..

A comienzos de la década de 1530 se encontraba en Agen donde se casó con una joven mujer descrita como “pudiente, muy hermosa y admirable”. Tuvieron un hijo y una hija, pero la Inquisición, oficina de la Iglesia dedicada a suprimir la herejía, intervino en sus vidas. Conoció al humanista Julio César Escaliger: En el período siguiente recorrió la mayor parte del reino de Francia e incluso partió a Egipto en busca de su iniciación. La tarea de los historiadores fue complicada, ya que muy pronto los biógrafos de Nostradamus lo presentaron can una personalidad mística cuya palabra estaba inspirada por Dios. Jean-Aymé de Chavigny proporcionó el modelo en 1594 en su «breve discurso sobre la vida de M. Michel de Nostre-Dame».

Hacia 1545, Michel de Nostre-Dame trasladó a Salon-de-Provence, donde nuevamente contrajo matrimonio y continuó ejerciendo la medicina. Realizó intervenciones en Aix en 1546, en Lyon en 1547 siempre vendía remedios (su “farmacia”).

En la década de 1560 se dedicó a escribir almanaques, libros de gran difusión que contenían un calenadrio y predicciones astrológicas, acompañados de consejos de todo tipo.

Mas tarde volvió a ejercer la mediina médico como un galeno itinerante, adquiriendo la reputación de obrar milagros. Luego de recompensársele con una muy justa y oportuna pensión vitalicia, se estableció en Salón, entre Marsella y Aviñón, inició un negocio de cosméticos y se casó con una rica viuda que le dio seis hijos.

Ver Su Biografía

LAURENCE DE ARABIA
UN HÉROE MISTERIOSO

La fascinación ejercida por Oriente sobre los occidentales jamás fue mejor personificada que por Thomas Edward Lawrence, historiador, arqueólogo y hombre de guerra. Figura mítica, «Lawrence de Arabia» encarnó a uno de los últimos héroes románticos del siglo XX.

Que buscaba Thomas Edward Lawrence en el desierto de Arabia, en donde se lo encuentra en numerosas fotografías, oculto bajo largos velos a la manera de los beduinos? Sin duda, una redención imposible. «Dios detesta el pecado, pero ama al pecador». Esta observación de la madre de Lawrence se solía considerar a menudo como una de las claves de la personalidad del héroe, profundamente marcado por el sentido del secreto y de una fuerte culpabilidad. Esta mujer fue la ama de llaves de Thomas Chapman, aristócrata irlandés del que iba a tener cinco hijos.

En la Inglaterra victoriana, la bastardía era una tara que más valía ocultar. Lawrence viviría toda su vida con este halo de misterio. Convencido desde joven que estaba llamado a un gran destino, Thomas Edward desarrolló una verdadera pasión por la Edad Media y se identificaba con sus héroes y caballeros. Luego, sus lecturas lo llevaron al Oriente. Partió en 1909 a descubrir las fortalezas de los cruzados de Siria.

Admitido en el Jesús College de Oxford, se especializó en arquitectura militar, para luego participar en las campañas de excavaciones en el emplazamiento hitita de Karkemish, en Siria (hoy en Turquía). Al estallar la Primera Guerra Mundial,  Lawrence quiso alistarse en el ejercito de Kitchener, pero se juzgó que era más útil en la sección geográfica del Estado Mayor General.

Su trabajo consistía en actualizar los mapas del Sinaí. Sin embargo, ingresó  a partir de 1915 en el Servicio de Inteligencia británico para los asuntos árabes en El Cairo. Con un fin secreto: «fabricar una nueva nación» e influir en la política ce corona británica en Oriente.

lawrence de arabia

Lawrence de Arabia

Personaje místico consciente de edificar su leyenda, Lawrence de Arabia fue un ser atormentado, guiado por un ideal expuesto a las contingencias políticas de las que preferirá más bien huir que renegar de sus compromisos.

Ver Su Biografía

Francia y el Absolutismo de Luis XIV:EL estado soy yo Poder de Rey

Francia y El Absolutismo, Luis XIV: El Estado Soy Yo 

rey de francia luis xivEL ABSOLUTISMO EN EUROPA: Al iniciarse el siglo XVIII, el sistema político predominante en Europa era el absolutismo monárquico, resultado del fortalecimiento del poder real iniciado desde finales de la Baja Edad Media.

Este sistema se sustentaba esencialmente en la nobleza, que continuaba siendo el grupo dominante, propietario de la mayoría de las tierras y detentador de cargos y privilegios. La burguesía, a pesar de su enriquecimiento, carecía de influencia política y permanecía marginada de los círculos de poder.

A finales del siglo XVII se produjeron en Holanda y en Inglaterra una serie de transformaciones políticas que comenzaron a limitar el poder de la monarquía y a abrir camino al parlamentarismo. (Ampliar: Gobierno Absolutista)

El reinado de Luis XIV
Richelieu murió en 1642 y Luis XIII en 1643, dejando el trono a su hijo de cinco años, Luis XIV.

Mazarino y La Fronda
El protegido y sucesor de Richelieu como primer ministro, el cardenal Giulio Mazarino, continuó la política de su predecesor, culminando de forma victoriosa la guerra con los Habsburgo y derrotando, en el interior, el primer esfuerzo coordinado de la aristocracia y la burguesía para invertir la concentración de poder en el rey realizada por Richelieu.

En 1648, el Parlamento de París, en alianza con los burgueses de la ciudad, protestó contra los elevados impuestos y, con el apoyo de los artesanos, hicieron estallar una rebelión contra la Corona, denominada La Fronda. Poco después de que finalizara, los nobles amotinados del sur se rebelaron y, antes de que la revolución fuera aplastada, una guerra civil arrasó de nuevo diversas zonas de Francia. A pesar de esto, la Fronda fracasó en su intento de impedir la centralización del poder y, hasta la década de 1780, los estamentos privilegiados no desafiaron de nuevo a la autoridad de la Corona.

El absolutismo de Luis XIV A la muerte del cardenal Mazarino en 1661, Luis XIV anunció que en lo sucesivo él sería su propio primer ministro. Durante los siguientes 54 años, gobernó Francia personal y conscientemente, y se estableció a sí mismo como modelo del monarca absolutista que gobernaba por derecho divino.

A principios de su gobierno en solitario, Luis XIV estableció la estructura del estado absolutista. Organizó un número determinado de consejos consultivos y, para ejecutar sus instrucciones, los dotó de hombres capaces y completamente dependientes de su persona. La demanda de los parlamentos provinciales de un veto sobre los decretos reales se silenció totalmente.

Los nobles potencialmente peligrosos, por ser descendientes de la antigua nobleza feudal, quedaron unidos a la corte a través de cargos prestigiosos pero de carácter ceremonial, que no les dejaban tiempo libre para su actividad política. La burguesía se mantuvo políticamente satisfecha con la garantía de orden interno que le ofrecía el gobierno, el fomento activo del comercio y la industria y las oportunidades de hacer fortuna explotando los gastos del Estado.

Luis XIV y la Iglesia El rey, gracias al poder de nombrar a los obispos, consiguió un dominio firme sobre la jerarquía eclesiástica. El monarca gobernaba como representante de Dios en la tierra, y la obediencia del clero le proporcionó la justificación teológica de su derecho divino. Un movimiento disidente, el jansenismo, que se desarrolló en el siglo XVII, constituyó una amenaza política por el énfasis que daba a la supremacía de la conciencia individual, por lo que Luis luchó contra él desde sus comienzos.

Mecenazgo de las artes El gran palacio que construyó Luis XIV en Versalles fue —y sigue siendo— incomparable en tamaño y en magnificencia, un monumento de la arquitectura, pintura, escultura, diseño interior, jardinería y tecnología constructiva de Francia.

Luis XIV fue un destacado mecenas de las artes. Intentó elevar el nivel cultural mediante la fundación de la Academia de Bellas Artes y la Academia Francesa en Roma; además, ayudó a los autores con aportaciones económicas y fomentó sus trabajos, nombrando a un surintendant (supervisor) de música para elevar la calidad de las composiciones y de los conciertos. Creó también la Academia de las Ciencias.

Regulación de la economía El ministro de Finanzas, Jean-Baptiste Colbert, fue el gran exponente de la era del mercantilismo. Subvencionó a la industria, estableció aranceles para eliminar la competencia exterior y controles de calidad en la producción industrial, desarrolló mercados coloniales que fueron monopolizados por los comerciantes franceses, fundó compañías comerciales ultramarinas, reconstruyó la Armada y, en el interior, construyó carreteras, puentes y canales.(ver Mercantilismo)

La persecución de los hugonotes Antes de finalizar su reinado, los gastos de las guerras habían arruinado la mayor parte del trabajo de Colbert en el ámbito económico y, en 1685, el rey asestó un golpe a la débil economía del Estado al revocar el Edicto de Nantes.

Convencido de que la mayoría de los hugonotes se habían convertido al catolicismo, prohibió el culto público protestante, los predicadores fueron expulsados del país y se destruyeron sus centros de reunión. A pesar de la amenaza de elevadas multas, entre 200.000 y 300.000 hugonotes abandonaron Francia; la mayoría eran artesanos especializados, intelectuales y oficiales del ejército; en definitiva, valiosos súbditos que Francia no podía permitirse el lujo de perder.

Las guerras de Luis XIV Luis condujo a su país a cuatro guerras costosas. En todas ellas continuó la política de contener y reducir el poder de los Habsburgo, extender las fronteras francesas hasta posiciones defendibles y conseguir ventajas económicas. Su ministro de Guerra, el marqués de Louvois, organizó un poderoso ejército de 300.000 hombres entrenados, disciplinados y bien equipados.

En 1667, el monarca empleó este ejército para hacer valer su reclamación (basada en su matrimonio, en 1660, con María Teresa, hija del rey Felipe IV de España) sobre los Países Bajos españoles. Una hostil alianza de poderes marítimos le indujo a negociar un compromiso de paz en 1668. La recompensa francesa fueron once fortalezas en la frontera nororiental.

En 1672, las consideraciones estratégicas y económicas llevaron a Luis a atacar las Provincias Unidas (parte de los Países Bajos no sujeta a dominación española), donde pronto se enfrentaría no sólo con los holandeses, sino también con una poderosa coalición. Francia consiguió tras la Paz de Nimega (1678), que puso fin a la guerra, el Franco Condado en la frontera oriental y una docena de ciudades fortificadas en el sur de los Países Bajos.

En 1689, una alianza de poderes europeos, la Liga de Augsburgo, entró en guerra con Luis XIV para poner fin a su política de anexionar territorios adyacentes a ciudades conseguidas en tratados anteriores. Los ocho años de guerra terminaron con la Paz de Ryswick, acuerdo en el que ambas partes renunciaron a sus conquistas, aunque Francia retuvo la ciudad de Estrasburgo en Alsacia.

Los combatientes habían resuelto solucionar sus diferencias debido a que una nueva crisis internacional asomaba en el horizonte. Carlos II, rey de España, no tenía heredero directo. Un mes antes de su muerte, nombró para sucederlo al nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou. Aunque Luis había defendido anteriormente la división de la herencia de la monarquía española, decidió apoyar la candidatura de su nieto a todo el territorio. Los otros estados europeos temieron las consecuencias de la gran extensión del poder de los Borbones que esto generaría, y se unieron en una coalición para evitarlo. La guerra de Sucesión española duró trece agotadores años. Al final, Luis consiguió su principal objetivo y su nieto se convirtió en rey de España con el nombre de Felipe V.

El fin del reinado de Luis XIV La guerra, junto al frío invierno de 1709 y a una escasa cosecha, provocó en Francia numerosas revueltas por la falta de alimentos y en demanda de reformas políticas y fiscales. Una epidemia de viruela que tuvo lugar entre 1711 y 1712 acabó con la vida de tres herederos al trono, dejando un único superviviente por línea directa, el biznieto de Luis, que tenía 5 años de edad. Luis XIV murió en Versalles el 1 de septiembre de 1715, tras 73 años de reinado.

BALANCE DE UN REINADO

La edad (77 años) que había alcanzado Luis XIV no había podido hacerle cambiar el ritmo de su vida: continuaba siendo un gran cazador y trabajaba a sus horas habituales. Sin embargo, en agosto de 1715, manchas negras, reveladoras de la gangrena, aparecieron en su pierna izquierda. La muerte no podía asustarle, y el último acto de este gran actor de teatro estuvo lleno de dignidad y de grandeza, como lo había estado su vida.

Habiendo recibido a su sobrino y futuro regente, el duque de Orleans, pronunció estas palabras: «Vais a ver a un rey en la tumba y a otro en la cuna. Acordaos siempre de la memoria de uno y de los intereses del otro». Después se dirigió al pequeño delfín: «Me ha gustado demasiado la guerra; no me imitéis en esto, y tampoco en los grandes gastos que he hecho». Murió el 1 de septiembre de 1715, a las ocho de la mañana.

Luis XIV fue la encarnación magnífica de la realeza que permitió a Francia alcanzar la cumbre de su poderío, de su esplendor, de su expansión. El balance de su reinado incomparable, aparece menos brillante que su fachada suntuosa cuando se le examina con frialdad: rencor tenaz de los países asolados, bancarrota financiera, apuros económicos, persecución de los protestantes y de los jansenistas, fundamentos de la monarquía quebrantados. Todo esto forma un pasivo aplastante.

Sin embargo, el monarca, adorado en 1661, odiado en 1715, reforzó las fronteras, libró al país de las guerras civiles, sometió a la nobleza revoltosa, y de una nación aún tosca, hizo el modelo del Occidente civilizado. Absorbiendo a sus súbditos como el Estado le había absorbido a él, Luis fue un precursor de los jefes totalitarios modernos: cambió de arriba abajo su reino, y su invencible necesidad de unidad lo llevó muchas veces a sacrificar la tradición realista a los sueños desmesurados.

Aunque no supo ganar los corazones, sus citará siempre admiración, pues durante más de medio siglo se impuso, sin un des fallecimiento, a los ojos del mundo entero con la grandeza de un semidiós, mereciendo el homenaje de su enemigo Saint-Simón: «Esto es lo que se llama vivir y reinar». Pero en Saint Denis, ante el catafalco real y toda la corte, el predicador Massíllon comenzó su oración fúnebre recordando: «Sólo Dios es grande, hermanos míos…»