Vida de Santos

El Fetichismo Religioso ¿Que es? Culto, Ritos, Hechizeros y Fetiches

El Fetichismo Religioso en África
Culto, Ritos, Brujos, Hechizeros y Fetiches

Fetichismo, en antropología, devoción hacia los objetos; en psicología, devoción hacia el deseo, consistente en desviar o acentuar la atracción por una persona atribuyendo carga erótica a los objetos e imágenes que la representan. El hombre de raza negra (negro)  de África cree en la existencia de fuerzas sobrenaturales que rigen su vida y de las cuales depende totalmente. En este culto, los antepasados ocupan un puesto importante y con frecuencia se les consulta. El hechicero, único miembro de la tribu que tiene contactos con los espíritus, goza de gran consideración y poder.

Sería un error creer que los negros sólo sienten interés por los problemas planteados por la vida cotidiana. Se puede afirmar, por el contrario, que son muy conscientes de su dependencia con respecto a las fuerzas sobrenaturales. Estas fuerzas son numerosas, pues el negro está convencido de que todo lo que vive posee un alma y, por lo tanto, una voluntad propia.

Y esto no sólo lo cree de los seres humanos, sino también de los animales, plantas, ríos y de todos los elementos naturales en general. El negro también cree que el alma puede transmitirse a otros seres e incluso a objetos sin vida.

El negro se siente vinculado, por encima de todo, al alma de los antepasados. Para él, los muertos constituyen una verdadera cadena entre las fuerzas misteriosas que han hecho el mundo y los seres que viven en la tierra.

A esto se debe que los negros esculpan representaciones de sus antecesores. Estas estatuas sirven para el culto de que son objeto. Se ofrecen sacrificios en honor de los difuntos y se organizan ceremonias funerarias en su memoria.

Los antepasados también se hallan presentes, en forma de máscaras danzantes en las ceremonias finales del ciclo de iniciación. Durante estas ceremonias se da simbólica y ritualmente muerte a los jóvenes, que, después, bajo la protección de los antepasados, renacerán para pasar a ser miembros adultos de la tribu.

Los negros hacen todo lo posible para que los espíritus de los muertos les sean siempre favorables. Sacrificios, cantos y danzas no tienen otra finalidad. En el momento de las decisiones importantes no vacilarán en hacerles ofrendas especiales con objeto de beneficiarse de sus consejos. No sólo los espíritus de los muertos son objeto de este culto: también veneran a los espíritus de la selva, al espíritu del agua o a uno u otro animal.

fetichismoPara entrar en contacto con estos elementos extranaturales se requieren medios especiales y también intermediarios.

Los medios son objetos en los que puede estar encerrada por un tiempo la voluntad de un espíritu; en cuanto a los intermediarios, son personas capacitadas para penetrar en el mundo de los espíritus: los hechiceros.

Por lo general, el hechicero negro es adivino, curandero y fetichista.

Por otra parte, la frontera entre todas estas funciones, como asimismo la divisoria entre la religión y la magia, es muy difícil de establecer. Sea como fuere, teóricamente el hechicero es quien posee el conocimiento y poder necesados para interpretar la respuesta de los espíritus.

También tiene el don de entrar en trance: entonces se pone a bailar siguiendo el fascinante ritmo de instrumentos primitivos y acompañado por las melopeas de los miembros de la tribu. Los negros creen que durante este período de trance su alma sale del cuerpo para trasladarse por un tiempo al mundo de los espíritus, quienes le informan sobre sus intenciones y sentimientos.

El hechicero también conoce el medio de granjearse los favores de los espíritus de la selva antes de salir de caza. Es el único que sabe qué clase de ofrenda debe hacerse y cuáles son las prescripciones que deben respetarse antes de un nacimiento, con motivo de una boda, para el pago de una dote, o en cualquier otra circunstancia. Sus conocimientos de magia permiten, asimismo, concillarse las gracias de los buenos espíritus y aplacar las fuerzas del mal.

Para la mentalidad de los negros el hechicero es, por lo tanto, la única persona que puede proteger a los miembros de la tribu y proporcionarles medios protectores.

El fetiche es uno de estos medios. No se trata de un objeto determinado: todo objeto puede ser fetiche. Una ramita que ha crecido en determinada dirección o una piedra encontrada en especiales circunstancias. Aún más, puede ser un objeto al que el hechicero haya conferido fuerza mágica.

La palabra fetiche, derivada del portugués, significa «objeto-hada». Los principales fetiches de los pueblos primitivos son figurillas humanas recortadas en madera. Estos fetiches tienen, en un sitio u otro, una cavidad en la que el hechicero deposita un polvo mágico; por ejemplo, una mezcla de arcilla y sangre. Entonces, esta cavidad, con frecuencia situada en lo alto de la cabeza o en el vientre, se vuelve a cerrar. Entre los songhais la tapa es de cuerno y entre los pueblos del Bajo Congo es un pequeño espejo.

También existen fetiches erizados de clavos. Son objetos en los cuales el hechicero retiene por un tiempo el alma de un enemigo o de un espíritu perseguidor. Si hunde un clavo en el fetiche destruye a ese enemigo o a ese espíritu.

Por lo general, los fetiches son propiedad del hechicero, pero los negros ricos pueden permitirse el lujo de poseer un fetiche grande personal. También se da que un poblado o una familia posean un poderoso fetiche. Frente a estos grandes fetiches, la mayoría de negros de África tienen fetiches pequeños de los que no se separan. Son amuletos o grisgrís.

Todas estas costumbres que llevan el sello de la magia se encuentran muy arraigadas en el alma negra: incluso cuando se ha convertido al cristianismo, el negro difícilmente renuncia a estas prácticas.

En muchos lugares, cuando se constituía o fundaba un pueblo, una de las misiones del hechicero era la de crear el fetiche local, al cual se le confiaba la salud y prosperidad de la comunidad recién constituida. El fetiche velaba por el éxito en la caza, la pesca y la guerra, y si el nuevo pueblo se trasladaba a otros lugares, el fetiche debía acompañarlo.

http://historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente_credsa3.jpg

Biografía de San Agustín Filosofía Para la Teologia Cristiana

Biografía de San Agustín
Padre de la Iglesia Cristiana

San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental. Elaboró un método sistemático de filosofía para la teología cristiana. Enseñó retórica en Cartago, Roma y Milán antes de bautizarse en el 387. Sus discusiones sobre el conocimiento de la verdad y la existencia de Dios parten de la Biblia y los antiguos filósofos griegos. Defensor enérgico del cristianismo, san Agustín elaboró la mayoría de sus doctrinas resolviendo conflictos teológicos con el donatismo y el pelagianismo, dos movimientos heréticos cristianos.
san agustin
San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesi.

SAN AGUSTÍN (354 – 430): Aurelio Agustín nació en Tagaste (Numidia) el 13 de noviembre de 354. No hay que exagerar su africanismo para explicar convenientemente su apasionamiento y su fogosidad verbal. El mundo púnico, al tiempo de su nacimiento y formación primera, estaba completamente romanizado y Agustín fue entonces —y lo sigue siendo hoy — un occidental neto, en el sentido convencional que a este calificativo se atribuye. Su personalidad constituye algo irrepetible, único, que sólo puede explicarse, si es que puede, desde dentro de sí misma.

La auténtica semblanza de su espíritu ha sufrido grave deformación, aunque ello suene a paradoja, gracias a su perenne actualidad. Aparte el saber teológico y filosófico, Agustín ha proporcionado el bisturí para calar la entraña del hombre eterno y la lámpara para iluminar sus problemas de siempre. Y hoy tendemos en exceso a encarnar hombre y problemas en encarnadura contemporánea que, a las veces, no le cae demasiado bien.

No se suele parar mientes, en cambio, en el hecho de que el valor de la psicología agustiniana y la razón excelsa de su profundidad estriba en ajustarse de modo cabal a su tiempo. Entre otras cosas, Agustín fue — y pretendió serlo — un maestro del vivir; las cuestiones a que se volvió le hacían sangrar; fue apóstol tanto como pensador y su pensamiento se nutrió esencialmente de ese ir resolviendo los problemas cotidianos de sus ovejas y de la Iglesia católica, a la que sirvió (recalquemos esta expresión) como pastor «a fortiori».

consagracion de san agustin

Consagración episcopal de San Agustín. Pintura de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — La figura más admirable de la pintura catalana del siglo XV es Jaume Huguet, hijo del también pintor Pere, natural éste de Valls. Se ignora con exactitud la fecha en que nació Jaume. Pero en 1455 ya era pintor maduro y bien cotizado en bolsa monacal y diocesana. A su favor, muchos valores: el juego excelente de las luces y los colores, y la disposición magistral de las escenografías para cada acto, para cada retrato, para cada función “de conjunto”. Jaume Huguet abrió taller propio en Barcelona y tuvo muchos y buenos discípulos, algunos de los cuales colaboraron con él y aun se hicieron confundir —en sus obras— con el maestro. Una de las mejores, y últimas obras de Huguet, es esta Consagración episcopal de San Agustín. A pesar de su exceso en los elementos puramente decorativos —oros, brocados, paños, relieves— es seductora en su evidente monumentalidad; y algunas cabezas, de dibujo perfecto y de gran carácter, recuerdan las creaciones del lusitano Ñuño Gongalves.

Por ello escojo, entre la abundante iconografía que el arte nos ha servido, la imagen más modesta y también más próxima: aquel fresco lateranense del siglo VI que nos presenta a un asceta consumido por su propio espíritu, enjuto y cuellilargo, algo calvo, ceñido por túnica algo más austera que la ciceroniana, quizá menos que la que en realidad le cubriera, que, con mano larga y afilada nos muestra, abierto de par en par, el gran libro de la Sabiduría divina.

Su mundo es un mundo tormentoso. El Imperio se ha acogido, como a un clavo ardiendo, a la Iglesia de Roma. Ha perdido, por el contrario, el dominio efectivo sobre el sutil Oriente y se ve acosado por el bárbaro, cada vez con más insistencia.

Es un universo cuya universalidad va a cambiar de signo precisamente por haberse aferrado al de la Cruz. La Iglesia, salvo en lo que ella misma se ha «constantinizado», es la única fuerza creadora que en él pervive; por eso, como un sarampión de espiritualidad, le brotan a diario las herejías. La santidad de los inteligentes sabe, empero, sacrificar su propio impulso a la unidad necesaria, puesto que Dios es uno.

En lo temporal ha llegado la hora de la reflexión, de buscar en el pasado la coherencia necesaria entre los hechos para preparar, a su vez, el futuro: señal irremediable de decadencia; los sabios del tiempo —filósofos de la Historia— transformarán la decadencia en crisis. Y de la crisis —y de la mano de Agustín, santo y sabio — brotará Europa.

Pero también es difícil su contorno particular. El padre de Agustín, Patricio, es un burgués de los estratos bajos, cargado de responsabilidad pública y ligero de medios económicos. Acaso es un hombre vulgar, honrado. El hijo le reprochará, ásperamente, sus frecuentes violaciones de la fidelidad conyugal. Pero, ciertamente, se ha sacrificado por dar al hijo una formación literaria, apta para «triunfar»; no ha llegado a conseguirlo y sólo mediante la ayuda de un amigo generoso, Romaniano, esos estudios pueden proseguir hasta los diecinueve años del mozo.

La madre, Mónica, ya es sabido, es una Santa con mayúscula. Su santidad, tan difícil de entender en muchos aspectos para nuestra mentalidad, queda al abrigo de toda duda, en la entrega al marido (de quien consiguió el bautismo «in articulo mortis») y al hijo, sobre todo a éste. Quien atribuyó a las lágrimas de la madre — ya sus oraciones — una gran parte de su enderezamiento a Dios.

san agustin

Retablo de San Agustín (detalle) de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — Entre las pinturas más admirables de Jaume Huguet están: Retablo de San Antonio Abad —que estuvo en Barcelona y quedó destruido durante la revolución de 1909—; Retablo de los revendedores, para la barcelonesa capilla de la iglesia del Pino; Retablo de los Santos Abdóny Senén, en la iglesia de Santa María, de Tarrasa;y este grandioso Retablo de la Consagración episcopal de San Agustín. A mi juicio, lo más sorprendente de los pintores del medievalismo gótico, dentro y fuera de Cataluña, fue su capacidad asombrosa de auténticos directores de escena. Saben perfilar los fondos, bambalinas y bastidores; saben colocar a los actores en armonía con los objetos; saben combinar los colores sin hacerles perder su exquisitez de miniaturas para antifonarios y códices. Cada uno de los retablos de Jaume Huguet nos parece como si acabara de alzarse el telón de boca para iniciarse la representación.

En un medio familiar así, se comprende bien que un joven desordenado y ardiente no pudiera entregarse nunca a la vida sin remordimiento. Su fruición, por ello, no sería nunca gozosa. Aunque conviene, desde ahora, colocar ese «desorden» en su debido lugar.

Primeramente, porque Agustín fue siempre un gran estudioso y un buen estudiante. Y en el centro de su inquietud estaba, por encima de toda otra cosa, el saber; sus mismos extravíos lo revelan. A sus diecisiete años, comienza una larga relación íntima con una mujer cuyo nombre no ha llegado a conocerse y que, de inmediato, le entrega un hijo, Adeodato (regalado por Dios: nombre significativo).

Le es absolutamente fiel y su recuerdo constituye una amarga espina que no logrará arrancarse jamás. Dados los valores sociales en uso, es posible aventurar que, si no casó con ella, fue debido a su baja extracción. No cabe duda de que Agustín sintió la lanzada de la carne, como la de la vanidad; pero tampoco, de que no vivió ni para una ni para otra.

Desde esa primera juventud descubrió que la esencia de la vida consistía en un deseo de amor y de ser amado (Confesiones, II, 2). Y el desorden, acaso, en entregarse sin la suficiente discriminación, a los mil rostros con que el amor se aparece. De estas entregas le quedaba la amargura de no haber topado con el verdadero, porque, como diría él mismo, en anhelo que hoy es patrimonio de la Humanidad: «nos creaste para Ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descansa en Ti».

Intuitivamente por lo menos, se percató Agustín de que en el amor se hallaba la clave del conocimiento. Tras su conversión supo ya que Amor, Fe y Conocimiento no se encierran en un círculo intelectual sin salida, sino que se implican y se enriquecen mutuamente, hasta llegar al Sumo Bien.

Mientras llegaba el momento cumbre de desagarrarse ante la gran Evidencia, Agustín estudió. Es sabido que los historiadores atribuyen a la lectura del Hortensio, de Cicerón, el despertar intelectual de Agustín. Mas su inteligencia despertó, con toda seguridad, con el primer vagido. La retórica del enrevesado tribuno le impidió, de momento, tomar contacto fecundo con la sencillez de que la verdad se reviste. Y no es, acaso, erróneo pensar que el pasaje de San Pablo que volvió su alma del revés, al condenar «las comilonas y embriagueces», venía a condenar, en lo hondo de su espíritu, esa embriaguez de palabras que oscurecía la preciosa luz del día.

En Tagaste, al principio, luego en Madauira, por fin en Cartago, Agustín, que jamás tuvo contacto directo con la filosofía griega, por desconocer esa lengua, asimiló el pensamiento romano, a través de comentaristas y glosadores de segunda o tercera mano. Sus ojos quedaron deslumhrados, en un primer momento, por el oropel, que le empujó, literalmente, hacia el maniqueísmo.

san agustin

San Agustín enseñando en su cátedra. Siglo XV. Escuela de los Sansereninos. Pinacoteca Vaticana. Roma. — Deliciosa pintura. Seductor argumento: San Agustín, investido de toda su seriedad doctrinal y docente, preside, como si dijéramos vulgarmente, una clase nocturna para adultos. En esta obra de arte no sabemos qué admirar más: si el cuchicheo y ciertos gestos distraídos de algunos de los alumnos, ya más que creciditos; si la soberana tranquilidad del prelado de Hipona; si la finura y la gracia de la composición de la escena. Sumadas estas admiraciones en la mente del contemplador, queda en su memoria la perdurable visión de la más pura y sencilla escenificación y fórmula de la decisiva enseñanza; aun la de temas tan impresionantes como el de la gracia o el libre albedrío. (Porque el hecho de que algunos alumnos estén papando moscas, es excepción de todos los tiempos.)

Aquella extraña religión, sincrética de Cristo y Zoroastro, sin ningún rigor lógico ni humano, daba explicación sustancial al mal del mundo en un tono brillante y, sobre todo, misterioso, que forzosamente había de hacer más mella en el joven deslumhrado, que la escueta relación bíblica, en la que un Dios todopoderoso y extrañamente cruel sembraba, sin razón aparente, bien y mal a troche y moche. Sin contar con que, dando al mal un cuerpo y una fisonomía concreta, aliviaba grandemente el peso de los remordimientos por una existencia demasiado libre.

A los veinte años, Agustín, fiel a su vocación, comienza su carrera de profesor: unos pocos meses en su ciudad natal y casi diez años en Cartago. Fue, indiscutiblemente, un maestro excelente, de esos que, ganada la confianza de sus discípulos, los arrastran en pos de sí adonde quiera que se dirijan.

Y, en efecto, arrastró a muchos hacia el maniqueísmo, de donde luego hubo de rescatarlos con trabajo y pena y, desde luego, con gloria. Porque ya en esta época andaba muy tibio en el maniqueísmo. Su contacto con Fausto de Milevo, gloria de la secta (hacia el 383), le persuadió de la vaciedad absoluta del dualismo básico de Bien y Mal. Su intelecto se había empachado ya de esoterismo y fórmulas mágicas; la poesía auténtica debía descansar en la verdad sin mácula.

Pasó, a fines de 383, a Roma, lo que suponía un paso de gigante en su carrera. Y más aún, la obtención, al año siguiente, de la cátedra — dotada con fondos municipales — de retórica, en Milán, residencia del emperador y cabeza del Imperio de Occidente. Mónica le había empujado hacia allí, por su parte, no sólo para cortar de raíz sus relaciones con la concubina, sino para sumergirle en la influencia benéfica de San Ambrosio, obispo de Milán.

Hay que suponer que, efectivamente, esta influencia se ejerció con fruto. Pero no de la manera directa y personal que suele creerse. Agustín, al oír al obispo, comprendió que la religión católica no era un simple credo, propio para almas de pocos vuelos. Ambrosio y sus amigos le convencieron que con su fe podía erigirse nada menos que toda una ciencia. Pero el profesor númida tuvo pocas ocasiones de acercarse al hombre eminente; su timidez (envés hondo de su orgullo) impidió toda intimidad.

Por lo demás, su espíritu estaba ya maduro para dar el gran paso. No eran ya razones doctrinales ni de principio su obstáculo; se trataba de la gran cuestión de renunciar de lleno a su triunfo en el mundo, a sus aspiraciones intelectuales (que empezaban a apreciarse con asombro en su derredor), puesto que rechazaba todo término medio.

Y sin embargo, dio el paso, aceptando sus inabarcables consecuencias. Tenía treinta y dos años. Fra Angélico, desde el Museo de Cherburgo, nos sigue contando la escena. Pasea con Alipio, su gran amigo, por un jardín recoleto, melancólico y sombrío; se adelanta unos pasos, buscando al dueño de una vocecita misteriosa que le ha susurrado en correcto latín: Tolle, lege. Pero no encuentra sino una luz misteriosa que le hace caer de rodillas y cubrir su rostro con ambas manos. Porque Agustín ya sabe lo que es aquello; y probablemente sabe de antemano lo que va a encontrar en el libro con que primero tope: «Revistámonos de Nuestro Señor Jesucristo y no tratemos de dar satisfacción a los deseos de la carne» (Romanos, XIII, 13).

Agustín termina su curso de Retórica. Se embebe más aún en el neoplatonismo de Plotino y Porfirio, que llegan a través de las versiones latinas de Mario Victorino, otro africano, y que suponen para la Iglesia de entonces lo que en el siglo XIII significaría el redescubrimiento de Aristóteles. Mas, apenas se inician las vacaciones, se retira a Cassiciacum y se prepara a recibir el Bautismo y a organizar una vida de plena dedicación a Dios, en régimen monacal. Allí redacta sus Diálogos, que conservan de Cicerón únicamente la forma expresiva. Son alegatos contra los maniqueos, pertrechados en Platón y en los ambrosianos.

Recibió, por fin, el Bautismo, con su hijo Adeodato y su fiel Alipio. Cuando se disponía a embarcar hacia África, en el puerto de Ostia, finalizó la dura tarea terrena de Mónica, bien lograda por cierto.

En Tagaste, rotas todas las ligaduras del pasado, organizó una especie de monacato intelectual, en cuyo centro estaba la exigencia de su hallada vocación de escritor al servicio de Dios. Pero Dios le exigió, a su vez, un nuevo sacrificio. En 391 y por aclamación popular, fue nombrado obispo coadjutor de Valerio, anciano pastor de Hipona. Y a la muerte de éste, en 396, recae sobre su ideal de filósofo de Cristo, el peso de toda una diócesis, la predicación incesante, el consejo, la sentencia imparcial.

La Iglesia le llama para combatir nuevas herejías. Agustín accede por amor de Quien le ha elegido. Pero no renuncia a su obra, persuadido como está de que ella constituirá su gran servicio. Va madurando con lentitud y firmeza; su hilo conductor, la progresión de su espíritu, permite brotes prodigiosos, como lo son los Sermones, las Epístolas, o las Enarraciones sobre los Salmos, cuyo origen es, en la mayoría de los casos, circunstancial, pero que llevan a la ocasión toda la profundidad del espíritu que los concibe.

Al propio tiempo, en disputa con los nuevos herejes, donatistas y pelagianos, se va depurando el arsenal de su apologética y precisando los grandes temas de su meditación: Gracia y predestinación ; pecado original y mal; el alma humana.

Conviene detenerse un momento en estos temas, en su sentido profundo dentro de Agustín y en el que luego les ha cabido en la tradición agustiniana.

En disputa con los maniqueos, Agustín ha llegado a percatarse de que el mal no es una substancia. Es, por así decirlo, un vacío de bien. Algo que debía estar repleto de bien y aún no lo ha conseguido. En cambio, cuanto existe es bueno, como creado por Dios. Así se conciba la noción de un Dios suma bondad con la efectiva existencia del mal en el mundo; mal que proviene del pecado, libremente aceptado por el hombre, incluso en su faceta de pecado original.

Por su parte, Pelagio, monje británico de una rectitud moral a toda prueba, había desembocado, acaso cegado por esta misma ascesis que él había logrado para sí, en una negación de la Gracia santificante y redentora. El libre albedrío del hombre, don divino, desde luego, puede por sí mismo conseguir la plena imitación de Cristo.

Agustín se ve obligado a aquilatar la esencia de esa Gracia y a dilucidar su papel esencial en la Redención. ¿Caerá en una defensa de la predestinación a ultranza? Los jansenistas, los pascalianos, que se proclaman seguidores suyos, así lo han creído. Sin embargo, en Agustín juega la baza esencial el amor divino, siempre hallado por el hombre que lo busca.

En la inmensidad radical de ese Amor, ha de hallarse la solución a ese gravísimo interrogante. La fe es, pues, operante. Y, desde luego, racional. Crede ut intelligas, esto es, sin duda, básico; pero a la vez intellige ut credas, puesto que la chispa de adhesión inicial engendrará un nuevo conocimiento y éste un nuevo pasmo ante el misterio inaccesible (y aquí es patente la discrepancia con el «embrutecimiento» pascaliano). La existencia humana se teje en la fe, el conocimiento y el amor. Y en ese tejer continuo, resplandeciente de obras, debe reposar — si es admisible este reposo paradójico — la esperanza definitiva.

Agustín se ve compelido, en esta tremenda disputa, a averiguar lo que, en realidad, es el alma humana. Su problema divino absorbe todo. El Alma y Dios. ¿Nada más? «¿Os parece poco?» Ya estaba dicho en las Confesiones. Nada importa al hombre sino encontrar al Dios que lo hizo y descansar en El. Y Cristo lo había anticipado: quien quisiera salvar su vida la perderá. Así pues, el drama de la redención contempla a las almas.

El mundo es, primordialmente, un obstáculo. De aquí que el «desprecio del mundo» haya querido encontrar un patrono de excepción en el Doctor africano. Y, sin duda, con acierto. Pero no podemos desligarnos aquí tampoco de la circunstancia personal agustiniana, pues para él — ya lo vimos — fue efectivamente el mundo el gran obstáculo, en sus problemas pequeños y en sus grandes lazos. Mas, no cabe duda, lo amó profundamente. Y, evidentemente, comprendió su belleza y comprendió — menos que San Pablo— los «poemas de Dios». Todos, empero, se absorbieron en el alma, perseguidora y perseguida por su Creador.

La encarnación de estas poderosas cuestiones en un hombre concreto, palpitante y nostálgico, es el nervio de las Confesiones. Y éste es el sentido de su humanismo. Su ir al fondo de la cuestión ha servido para apoyar tesis meramente psicológicas. Su escalpelo de las pasiones, del olvido, de la memoria, están ahí al servicio de todos los investigadores, cualquiera que sea su punto de partida y el momento o plano en que decidan detenerse. Su razón profunda es la de la profundidad divina del alma humana, cifra de la creación.

Las Confesiones (397-399) con las Retractaciones (427) son la carne viva de toda la filosofía y teología agustiniana. Allí está su porqué y su para qué. Todo en Agustín es hombre, porque todo es alma. Y no hay sino alma, porque la suya — y las de todos los hombres — busca a su Creador para descansar.

De su época de episcopado, época inquieta, con poco ocio intelectual (Concilios de Cartago — 409 y 419 —; de Milevio — 416 —) quedan, como condensaciones formidables de su actividad alucinante, tratados dogmáticos (De Trinitate, terminada en 419); comentarios a libros sagrados (Los seis dedicados al Génesis — 398 a 414 —; los 124 sobre el Evangelio y Primera Epístola de San Juan —415 y 416—). Queda, sobre todo, un empeño único, de gestación laboriosa, distinto a todos los demás por su origen — otra vez, puramente circunstancial —, por los motivos que fueron preñando su desarrollo.

Y sobre todo por su destino, ya que fue esta empresa la que desligó al pensamiento agustiniano de su creador histórico y lo convirtió en patrimonio de ese agustinismo que tantas veces ha olvidado lo que fue el hombre: los veintidós libros de la Ciudad de Dios, escritos desde 412 a 427, de los que puede decirse, ante todo y sobre todo, que son la raíz nutricia de Europa.

En 412, se puso Agustín a la tarea de demostrar que la invasión de Roma por las hordas de Alarico no había sido venganza de los dioses postergados al Crucificado hebreo. Un análisis a fondo de los hechos venía a comprobar que la «paz romana», poseída de su invulnerabilidad, era, por el contrario, sumamente corruptible y que únicamente por su aceptación del Cristianismo, pudo subsistir tanto tiempo desde que se iniciara la efectiva decadencia. Sólo subsistirá, concluye Agustín, la ciudad fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí misma.

Por tanto, es preciso que la ciudad que «peregrina» hacia Dios, en el tiempo, funde en El su constitución. Y que su príncipe sea como el gestor de un quehacer temporal, pero trascendente. La ciudad de Dios peregrina en unidad hacia Jerusalén, huyendo de Babel («confusión», frente a unidad).

Es fácil advertir estos rasgos en la construcción política de Carlo-mágno y del Sacro Romano Imperio. Y fácil rastrear en todo el patrimonio espiritual occidental esta base profunda del Cristianismo, convertido en motor y aglutinante histórico, precisamente por su significado ultrahistórico. El germen de toda Utopía — espécimen espiritual puramente europeo — está en esa noción de superar, por un ideal, la sujeción a espacio y tiempo.

Así, el llamado «agustinismo político» (Arquilliére) implanta a la vez, en la conciencia occidental, una preocupación primordial por el contacto entre presente y futuro.

En 427, cuando Agustín da cima a la visión increíble de la felicidad de los justos, sus fuerzas humanas tocan también sus últimas reservas. Debe resignar en Heraclio, su coadjutor, gran parte de las funciones pastorales. Cinco días a la semana podrá dedicarse a su obra escrita, sin otra tarea ni responsabilidad…

El camino queda despejado y claro. Agustín entra por él con toda abnegación y sin reserva. Pero sería erróneo suponer que su conversión es fulminante; que su paso de la noche a la luz se hace en un instante. Muy al contrario, la nueva luz encontrada ilumina, más a lo crudo, la magnitud de las cadenas del hombre. La última, la más pesada, la constituye el propio mundo que le rodea, en suma, la soberbia de la vida. Habrá que despojarse de ella sin dejar siquiera un rescoldo en el alma…

En 28 de agosto de 430 (día que la Iglesia le consagra) fallece. Unos meses antes los vándalos han llegado hasta su Numidia natal. El arrianismo que traen consigo se ha ahorrado un eximio debelador.

Ver: Obra Teológica de San Agustín

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad – San Agustín- Ediciones Cadyc

Biografia de Francisco Javier Santo Jesuita Misionero Español

Biografía del Santo Francisco Javier

San Francisco Javier (1506-1552), religioso jesuita y misionero español, llamado el Apóstol de las Indias. La figura de San Francisco Javier está considerada por los historiadores como una de las más interesantes y sugestivas de todas las épocas. Es cierto. La vida del santo andariego, desde que inició su gran aventura en plena juventud, resulta apasionante por la extraordinaria fe y el gran espíritu que presidieron todos sus actos.

Nació el 7 de abril de 1506 cerca de Pamplona (Navarra) y estudió en la Universidad de París, donde conoció, en 1529, al asceta español Ignacio de Loyola, al que se unió en 1534 para fundar la Compañía de Jesús. En 1537, año en que se ordenó sacerdote, se convirtió en primer secretario de la Compañía.

Como miembro de la Compañía de Jesús, empleó las lenguas y las costumbres nativas en su labor evangelizadora. Predicó en la India a partir de 1542 y, posteriormente, se trasladó a las islas Molucas, Ceilán y Malaca. Durante su estancia en Japón (1549-51) fundó diversas comunidades. Murió camino de China. Es el patrono de las misiones. Escribió Epístolas.

Francisco Javier

“Español auténtico, navarro de recio temple, jesuíta de la primera hornada, hombre esforzado y tenaz, apóstol de Oriente, vagabundo de todos los caminos, trotamundos infatigable, excepcional evangelizados fecundísimo misionero, titán de hazañas inigualables, aventurero de sublimes ideales, caballero andante de heroicas acciones, voluntad indomable, espíritu activo y arriesgado, hombre impetuoso y apasionado, inteligencia profunda, clara y muy viva, defensor acérrimo de los desamparados, alma de una generosidad ilimitada, ejemplar capitán de milicias espirituales, incansable predicador de la verdad en regiones lejanas e inhóspitas, tesonero luchador, sacerdote de corazón alegre, juvenil y humilde, carácter fuerte como la roca, penitente duro y áspero, místico soñador, y amigo de todos los peligros. Éste fue San Francisco Javier. Un Santo, como dicen muchos, muy a la española.”

Fuente: Celebridades Biblioteca Hispania Ilustrada Editorial Ramón Sopena

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

castillo donde nació francisco javier

Vista aérea del castillo de Javier, lugar de nacimiento de san Francisco Javier, situado en el extremo oriental de la Comunidad Foral de Navarra, próximo al límite con Aragón. El castillo de Javier, uno de los más pequeños y modestos de los muchos que esmaltaban la superficie de la España de entonces, considerado como un diminuto y casi insignificante guardián del paso hacia los Pirineos, superó en mucho la fama de sus otros hermanos mayores.

Escalera interior del castillo

Escalera interior del castillo en donde vivió Francisco Javier

PASAJES DE SU VIDA Y OBRA:
Francisco Javier comienza sus estudios en la Universidad de París:

En el mes de septiembre de 1525, Francisco de Jassu y de Azpilcueta, llamado Francisco Javier, cruzó la frontera de los Pirineos a lomos de su caballo, camino de la capital francesa. Con aquella marcha daba su adiós definitivo al castillo de Javier y a todos los suyos, pues nunca más volvió a verles. La buena doña María de Azpilcueta murió cuatro años después de la marcha del joven Francisco, y con esta muerte, el estudiante se sintió todavía más desligado de los suyos de lo mucho que ya lo estaba.

A pesar de que el viaje desde Navarra a París debió ser interesante, Francisco no dejó escrita ninguna referencia sobre él. Con ánimo bien dispuesto y ansioso de saber, dejó atrás su patria a la que siempre tuvo muy presente en su corazón, para mirar de frente el nuevo camino que se le abría. Con aquel adiós a Javier se cierra el capítulo más oscuro, menos conocido, de la vida de Francisco.

Francisco Javier inicia una relación con Ignacio de Loyola:

El día 2 de mayo de 1528 llega a la misma Universidad de París un español de treinta seis años, rubio, cojo que había hecho un largo camino desde la ciudad de Barcelona, ese español era Iñigo de Loyola, nombre que mas tarde cambiaría por Ignacio. Desde el mismo momento que conoció a Francisco notó las aptitudes de este como ayudante en sus planes religiosos, pero Francisco no tenía oídos para sus proyectos.

Ciertamente, Francisco no gastaba ningún miramiento con su compatriota, pero éste sabía callar y esperar. Ignacio nunca se enfadaba ni se molestaba, ni siquiera se entristecía por la actitud de Francisco. Estaba seguro de que algún día el incrédulo acabaría por creer, de que algún día se uniría a su causa, y de que juntos harían grandes cosas. Por eso no desmayaba ni cejaba en su empeño, e ignorando las burlas y sarcasmos del compañero, proseguía la tarea de atraérselo. Se dice, aunque no se tiene prueba de ello, que Iñigo disparaba una y otra vez en los oídos de Francisco: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?.» Y se dice también que al cabo ésta fue la máxima que presidió la obra de Francisco Javier.

Francisco Javier es Convertido a Jesuita:

Después de cinco largo años de reuniones, debates y cuestionamientos, Loyola logra convencer a Francisco. Poco después de haber pronunciado el triple voto (castidad, pobreza y peregrinación) , Francisco Javier se dispuso a realizar los «Ejercicios Espirituales». Se retiró a un lugar de las afueras de París, que sólo Ignacio conocía, y allí permaneció aislado del mundo durante cuarenta días, dedicado a las más severas penitencias y a las más profundas meditaciones. Aquellos días en su solitario retiro, solo interrumpido por las consoladoras visitas de Ignacio, fueron días de una lucha agotadora, gigantesca, digna del alma vehemente y apasionada que albergaba el cuerpo de tan gran español. Tan duros llegaron a ser sus martirios, tratando de castigar sus pasadas vanidades como atleta, que sus compañeros temieron que se le tuviera que amputar por lo menos uno de los brazos, pero no fue así.

Cristo en el castillo de Francisco Javier

Santo Cristo de Javier que se encuentra en el castillo. Es del siglo XIII y según la tradición sudó sangre el día de la muerte de Francisco

EL PEREGRINAJE DE SU CADAVER: En un ataúd de madera recubierto de cal, fue enterrado el cuerpo de Francisco Javier y sepultado al otro lado de la isla, frente al mar, en tierra de gentiles. Y allí quedó en su tumba solitaria, marcada sólo por unas piedras que el buen Antonio puso para que el mundo supiese dónde descansaba el cuerpo frágil y fatigado del jesuíta.

Pasado el invierno, a mediados de febrero de 1553, el Santa Cruz se dispuso para regresar a Malaca. Ninguno de sus tripulantes había pensado ni remotamente llevarse el cuerpo del misionero. Pero el chino Antonio, devoto hasta el fin, insistió una y otra vez cerca del capitán, Y consiguió que el ataúd fuese desenterrado de la playa y trasladado al barco, el cual atracó en el puerto de Malaca el 22 de marzo.

El recibimiento dispensado a los restos mortales del apóstol fue conmovedor y unánime. Una inmensa multitud le acompañó hasta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, donde tantas veces había resonado su voz. Se celebraron solemnes oficios por su alma, y se dio cristiana sepultura a su cuerpo, revestido de ropas sacerdotales, en una fosa cavada en la roca, detrás del altar mayor. Sin ataúd, en contacto directo con la tierra, sólo el rostro protegido por un lienzo blanco.

El 15 de agosto de 1553, cinco meses después de ser sepultado en Malaca, en esa fiesta de la Asunción que tan significativa fue en su vida, el fiel amigo del apóstol, Diego Pereira, y el heroico padre Juan de Beira se llegaron secretamente, por la noche, hasta la tumba de Francisco Javier.

Ayudados por unos hombres leales y a la luz de una linterna, desenterraron el cuerpo querido y comprobaron que estaba intacto, como dormido, con los colores de la vida en su rostro. Los dos amigos, llevando a extremos su devoción por el muerto, decidieron que la tierra pobre de Malaca no era digna de albergar en su seno aquel cuerpo bendito. Tenían que trasladarlo a Goa.

Rellenaron la tumba vacía. Y con el mayor sigilo y todas las precauciones, llevaron el cuerpo del misionero a casa de Pereira, donde lo encerraron en un féretro forrado de rica seda y cubierto de brocado.

El 11 de diciembre, cuando el apóstol ya llevaba más de un año muerto, el féretro con su cuerpo fue embarcado en un viejo barco que se dirigía a la India. Ni después de muerto pudo el eterno viajero librarse de las azarosas navegaciones y las más extrañas aventuras. Porque la travesía desde Malaca hasta Goa, con escala en Cochín, no fue precisamente tranquila. Y porque el hecho de robar su cuerpo de la tumba, guardarlo meses en una casa y embarcarlo hacia otro destino, todo en el mayor secreto, tampoco es una aventura corriente.

Goa recibió al apóstol muerto con una explosión de fervor y amor indescriptibles. El recuerdo del infatigable y andariego misionero sacudió el alma entera de la población, desde el virrey hasta el más pobre de los ciudadanos, y todos los pechos se llenaron de sollozos y los ojos de lágrimas.

Era la medianoche del 15 de marzo, Jueves Santo, cuando llegó a la playa, y era el amanecer del Viernes Santo cuando la multitud le dio su devota bienvenida, con un fondo de campanas al vuelo. Fueron cuatro días de incesante desfile ante el cuerpo incorrupto expuesto a los fieles.

Fueron cuatro días de respetuosa veneración y de escenas conmovedoras. Luego el cuerpo fue encerrado en una urna dispuesta por los jesuítas y sepultado en la iglesia de San Pablo, junto al altar, al lado del Evangelio. Pero tampoco allí el descanso terreno iba a llegarle, aunque él sí disfrutaba ya enteramente del descanso eterno y glorioso.

Sus reliquias fueron trasladadas de uno a otro lugar, en una peregrinación parecida a la que fue su vida. Era preciso examinarlas una y cien veces, para esclarecer los motivos de su incorruptibilidad. Por último, el cuerpo reposó tranquilo en la capilla donde actualmente se venera.

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

Por último, el papa Benedicto XIV proclamó al gran santo español, navarro de pro, patrón de la India y de todo el Este, y más tarde fue nombrado Santo Patrono de todas las misiones de la Iglesia católica.

Actualmente San Francisco Javier es venerado por todo el mundo, sin distinción de razas ni color ni religión. Él fue amigo de todos los gentiles, fue su apóstol, y todos los gentiles le tienen por un amigo aunque no se hayan decidido a abrazar la fe que él predicó con tanta ilusión Y no digamos de los cristianos, para los que San Francisco Javier es uno de los amigos más queridos, más sinceros, más propios. Es un símbolo, un ejemplo, un mito, una hermosa leyenda, una estrella.

 

Biografía de Monet Claude Pintor Impresionista Vida y Obra

Vida y Obra de Monet Claude Pintor Impresionista

Un frío día del otoño de 1840 nacía en París el segundo hijo de Adolphe y Louise-Justine Monet. Un día, el 14 de noviembre, que pasaría a la historia: Claude Oscar,  sería considerado el padre de un estilo artístico que legó algunos de los cuadros más bellos de la historia: el impresionismo. Parisino, sí, pero educado en la ciudad portuaria de Le Havre, adonde su familia se trasladó cuando Claude tenía 5 años. Allí, a la orilla del mar, se impregnaría del paisaje marino, de la brumosa luz del norte que tanta influencia tendrá sobre su obra.

Claude Oscar Monet  (1840-1926), pintor impresionista francés que llevó a su máxima expresión el estudio de los estados transitorios de la luz natural y se convirtió  más tarde en uno de los líderes del movimiento “Impresionista”

Nació en París el 14 de noviembre de 1840, su familia se trasladó a Le Havre en 1845 y creció sintiendo un gran amor por el mar y su ambiente. Esta fascinación quedó demostrada en muchos de los paisajes marinos que” pintó durante su vida.

Estudió dibujo en su adolescencia y pintó marinas al aire libre con Eugène Louis Boudin. Qunice años tenía este joven y ya era conocido como caricaturista en Le Havre. Allí le hacían encargos por los que recibía 20 francos.

Hacia 1859 había decidido firmemente comenzar su carrera de artista y para ello pasaba largas temporadas en París, en donde solicitó una beca de estudios en la Escuela de Bellas Artes de París. A los 18 años, sin saber que su solicitud de beca había sido rechazada, el joven ya era habitué en el ambierte artístico parisino, donde conoció a quien sería su gran amigo: el periodista y político Georges Clemenceau.

En 1861 fue llamado a realizar el servicio militar y asignado al cuerpo de caballería en Argelia, de donde regresó antes de tiempo, enfermo de fiebre tifoidea. Aunque breve, la experiencia africana fue importante: “Las impresiones de color que recibí allí —dirá luego— no iba a asimilarlas hasta más tarde, pero el germen de mi búsqueda ya existía”.

Nuevamente en París, Monet ingresó en el atelier de Charles Gleyre, donde conoció a Pierre-Auguste Renoir, Frédéric Bazille y Alfred Sisley Éstos fueron tiempos de gran apremio económico para el artista, pues su padre redujo y luego suprimió el apoyo.

Claude Oscar Monet Pintor Impresionista

MONET CLAUDE OSCAR(1840-1926)- Claude Monet, quien fue más tarde uno de los líderes del movimiento “Impresionista”, nació en París el 14 de Noviembre de 1840. En 1859 Monet visitó París, donde trabajó en la Academia Suiza. Allí conoció a Camille Pissarro y se unió a la nueva ola de artistas que trataban de liberarse de las actitudes tradicionales en la pintura.En la década de 1860 se le asoció con el pintor pre-impresionista Édouard Manet y con otros pintores franceses que más tarde formarían la escuela impresionista: Camille Pissarro, Pierre Auguste Renoir y Alfred Sisley.

Después, en 1863, estuvo una vez más en París donde conoció a Renoir, Sisley, Cezanne, Whistler y Manet. En 1870, visitó Inglaterra donde hizo estudios más amplios de la luz al aire libre. Por esta época tenía una esposa y un hijo y su talento había sido reconocido, aunque en 1874, en la primera gran exhibición “Impresionista” de París, su obra fue atacada.

Fue uno de sus cuadros, llamado Impresión, que le dio a la Prensa una denominación convenientemente despreciativa para todo el movimiento. Más adelante Monet pintó una serie de impresiones del valle de río Sena, por las cuales es famoso, y continuó con la idea de estudiar un objeto particular bajo diferentes luces y ángulos.

Entre estas series están las de Los Álamos, Mañanas en el Sena y La Catedral de Rouen. Su interés en el arte Japonés le condujo a diseñar su propio jardín de aguas en Giverny, con un puente japonés. Este jardín fue el motivo de su trabajo en sus últimos años, y pese a su deficiente visión continuó haciendo estudios con él hasta su muerte, ocurrida el 5 de Diciembre de 1926.

CRONOLOGÍA POR ETAPAS DE SU VIDA:

1840-1858: Aunque nace en París, pasa su infancia en Le Havre. Allí destaca como caricaturista, y en el medio artístico de la ciudad conoce a Boudin, un paisajista que será su primer mentor.

1841-1843 Se populariza el uso de pintura al óleo envasada en tubos de estaño, lo que revoluciona las técnicas pictóricas y favorece a los paisajistas que trabajan al aire libre.

1858-1870: París: Decidido a hacer carrera como actor, se traslada a París donde, en la academia Suisse, coincide con los pintores que integrarán el movimiento impresionista. Conoce los primeros éxitos como pintor en los Salones de 1865 y 1866.

1870 Monet se casa con Camille La guerra franco-prusiana les obliga a refugiarse en Londres.

1871-1878: Argenteuil. Instalado en Argenteuil, se convierte en elgran aglutinador de los impresionistas, quienes realizan su primera exposición en 1874. Tiene su primer hijo con Camille Doncieux. Conoce a Alice Hoscliedé.

1874 Inauguración de la Opera Garnier, uno de los edificios más destacados del Plan Haussmann, que moderniza París poniendo fin a su trazado medieval.

1879-1880: Nace su segundo hijo y, poco después, muere su primera esposa. Monet vive con sus doshijos. Alice Hoschedé y los seis hijos de ésta. Su situación económica es, como siempre, apurada, pero sigue trabajando con absoluta pasión y la crítica empieza a reconocerle como el representante más destacado del movimiento impresionista.

1881-1882: Poissy: Esta población no le inspira tanto como lo hicieran sus residencias anteriores. Realiza numerosas expediciones de pintura para inmortalizar los paisajes de Dieppe.Varengeville, Pourvilleylos acantilados de la isla de Saint-Martín, además de sus cuadros de l’Etretat.

1882 El médico alemán Robert Koch descubre el bacilo de la tuberculosis. Al año siguiente descubriría el del cólera.

1883-1891: En Giverny establecerá su hogar definitivo, dando rienda suelta a sus dos pasiones: la pintura y la horticultura. El reconocimiento artístico viene acompañado de la bonanza económica.

1892-1898: Ruán: La década de los años noventa inaugura una nueva etapa dentro de su pintura, que da paso a las series. De éstas, una de las más famosas es la que dedica a la catedral de Ruán, que le consagra como pintor ante las nuevasgeneraciones.

1892 La muerte el año anterior de Ernest Hoschedé facilita que Monet y Alice regularicen su situación el 16 de julio.

1899-1926: Jardín de Agua.En sus últimos años trabaja con ahínco en la serie de las Ninfeas, que donará al Estado francés en 1922 ante la Insistencia de Clemenceau.

Monet participó en la revolución de la pintura de paisaje, practicada en lo sucesivo al aire libre mediante una ejecución rápida y en contacto directo con la naturaleza para preservar la espontaneidad del gesto, la fidelidad al motivo y la autenticidad de las impresiones transcriptas sobre el lienzo. Sus obras encuadradas, si no compuestas, y a menudo retocadas en el taller, no dejaban de expresar fenómenos atmosféricos transitorios y evanescentes. En efecto, además de los temas tomados de la vida moderna (cafés, diversiones, trenes), Monet se dedicó principalmente a pintar las aguas (mar y ríos), la nieve, el cielo y el aire, “lo que se encuentra entre el motivo y yo”, a saber, el efecto producido por la luz y la atmósfera.

SOBRE EL MOVIMIENTO IMPRESIONISTA:

Durante el último cuarto del sigloXIX, el realismo de Courbet, después de vivificar todos los géneros sobrevivió renovándose con la denominación muy acertada de “impresionismo”. El realista quería captar la realidad, el impresionista se conforma con anotar la impresión que recibe.

Atento a la apariencia, naturalmente tendía a considerar ante todo la luz, que es el elemento primordial en este dominio. El objeto   solo   es   una   pantalla  que   recibe   diversas luces; su color interesa menos que el de los rayos.

Los “impresionistas”, que salieron del taller donde Courbet pintaba aún objetos sólidos modelados por luces directas y sombras negras, captaron al  aire libre el cambiante desorden de los rayos solares, los múltiples reflejos que se mezclan, e incluso las “impresiones” de deslumbramiento y de irisación, todas las fantasías del dominio óptico que dependen tanto de las reacciones imprevisibles de nuestro órgano visual como de una realidad objetiva. Esa búsqueda de efectos, hasta entonces dejados de lado por considerarse que ocultaban la verdad de las cosas, ha llevado a  una  transformación  fundamental  de  la técnica de la pintura.

El arte pictórico eliminó deliberadamente lo esencial  de  lo  que  constituía  su ley desde el Renacimiento: el color local, la pincelada subordinada al modelado, la continuidad de los tonos y su sumisión al dibujo, el sacrificio de la forma   escultórica   al   juego   de   la  policromía.   Eí beneficio de esta conmoción fue la revelación de una naturaleza mucho más colorida, más tornasolada que ese universo usual que ha perdido la frescura debido a hábitos seculares.

Claude Monet nos ha mostrado que las viejas piedras de una catedral desgastada por el tiempo brillan bajo la luz como un torrente de pedrerías. El impresionismo renovó también nuestra visión de las actitudes de la vida. Degas no dejó de revelar aspectos de humanidad en los cuales no habían reparado las miradas. Es indiscutible que estos descubrimientos, amargos o divertidos y a veces indiscretos, han enriquecido nuestros juicios con matices irónicos.

obra de monet Impresion sol naciente

Impresión, Sol Naciente, una de las obras mas famosas de Monet

Cuadro mítico  del movimiento, quizás el más popular de la historia de la pintura: en 1874, Impresión, sol naciente hace su entrada en la historia. El público lo descubre en la primera exposición colectiva del Grupo de Batignolles. Existe constancia de la reacción que provocó en la prensa de la época. Leroy, de Le Charivari, titula su artículo «La Exposición de los impresionistas», y elige este lienzo como blanco preferido.

Para él «el papel pintado en estado embrionario estarnas acabado que esta marina». Por el contrario, Philippe Burty da las gracias a Monet «por captar impresiones tan fugaces». Armand Silvestre, otro amigo de los pintores, se aproxima a la visión de Monet, Pissarro y Sisley para explicar: «Sólo persigue un efecto de impresión, la búsqueda de la expresión se la deja a los apasionados de la línea.» Se comenta además la similitud de este lienzo con una acuarela.

En la actualidad se comprenden con más precisión las intenciones de este cuadro que el artista ejecuta en el hotel de l’Amirauté en Le Havre. El lienzo plasma el instante más fugitivo, cuando el sol emerge de la bruma.

El lienzo restituye exactamente el sentimiento de lo efímero ligado a una hora incierta de la mañana en que los humos contaminan el color de las nubes, y los mástiles se tifien con los colores del agua.

ALGUNOS PASAJES DE SU VIDA:

Con 26 años, luego de pintar otra de su grandes obras, llamada “Mujeres en el Jardín“, regresa a Honfleur y durante el invierno 1866-1867 crea sus primeros paisajes nevados con diferentes versiones de La carretera de la granja Saint-Simeón.

Obra de Monet Mujeres en el Jardín

En primavera, llega una decepción: el Salón rechaza sus obras, ya que el jurado considera su técnica demasiado brutal. Monet se dedica entonces, como Renoir, a pintar vistas de París, temas que deberían de venderse en aquel año de exposición universal.

Al mismo tiempo, viaja a menudo entre la capital, donde Camille está esperando un hijo, y Sainte-Adresse, donde su familia, que no quiere ni oír hablar de su relación sentimental, le brinda apoyo económico. «Tengo una veintena de lienzos que progresan a buen ritmo, unas marinas impresionantes, figuras, jardines, en fin, de todo», dice a Bazille el 25 de julio de 1867. Precisamente, Bazille será el padrino de su primer hijo, Jean, que nace el 8 de agosto; la madrina es la compañera de Pissarro.

El cuadro Barcos zarpando de los muelles de Le Havre destaca en el Salón de 1868, donde es admitido gracias al apoyo de Daubigny Zola subraya la modernidad y la originalidad del pintor en un artículo premonitorio: «No me preocupo por él; domará a las multitudes en cuanto se lo proponga.» Poco después, Monet pasa algún tiempo en una aldea a orillas del Sena, Glotón.

Obra de Monet Barcos Zarpando del Muelle de Havre

Barcos zarpando de los muelles de Le Havre fue comprado en la Exposición  Marítima Internacional por un familiar de Saint-Simeón, Louis-Joachim Gaudibert, yerno de un rico notario de Le Havre. Este primer mecenas del pintor le encarga unos cuantos retratos -Monet hace uno, magistral, de su mujer: La señora Gaudibert y le asigna una renta que le permite instalarse con Camille y Jean en Étretat.

Aquí pinta uno de los cuadros que anuncian mejor la inminente evolución de su estilo: Bennecourt, nombre de la aldea que se ve en la orilla opuesta del río, en la cual Daubigny atraca a menudo su barcaza taller, acompañado de Coroty Guillemet.

Viaje por Francia: Monet se instaló primero en lle-de-France (Bougival, Argenteuil, Vétheuil, Poissy), y luego en Giverny; también residió frecuentemente en el extranjero (Gran Bretaña, Países Bajos e Italia) y recorrió Francia de Norte a Sur, pintando el campo (serie de Almiareó, el valle de la Creuse), los puertos (Le Havre y Honfleur), la costa en Normandía (Etretat y Varengeville), en Bretaña (Belle-lle), en el Sur (Antibes) y, por último, los lugares destacados (la catedral de Rúan).

Siempre en busca de las transformaciones de un lugar por la luminosidad, las estaciones y el paso del tiempo, esbozó de este modo en su obra una imagen caleidoscópica del paisaje francés, y terminó incluso por encarnar la pintura francesa a los ojos de los extranjeros, en particular de los estadounidenses, que pronto se convirtieron en apasionados coleccionistas de sus telas asegurándole, así, renombre internacional.

Atento al paisaje: A lo largo de su vida, Monet visitó muchos pequeños poblados, fascinado por los paisajes y las vistas que capturaba para sus cuadros. De los pueblos portuarios tomó la esencia de los movimientos del agua, y de los rurales, las imágenes cotidianas del campo. Su residencia final, a la que dedicó años de cuidado y estudio, fue fijada en Giverny. En la primavera, numerosos turistas la visitan para apreciar las flores del estanque, aquellas que Monet Inmortalizó.

Ver Mapa Arriba: Los Caminos del Artista

6:Londres (1870 y 1888): Claude Monet y su mujer Camilie buscaron asilo en la capital británica durante la guerra franco-prusiana.

5-Étretat(1868): Gracias a una renta que recibe de su mecenas Gaudibert, Monet se instala junto a Camilie y su pequeño hijo Jean en este pequeño poblado de playas y acantilados.

1-París: En esta ciudad, donde nació y vivió durante largos períodos, Monet conoció la gloria como pintor en las exposiciones impresionistas.

9-Giverny (1883-1926): En esta pequeña comunidad rural, Monet estableció su residencia definitiva. Allí construyó su célebre jardín y vivió hasta su muerte, en 1926.

7-Argenteuil (1871-1878): En esta ciudad, situada a orillas del Sena y a pocos kilómetros de París, Monet realiza algunas de sus obras más características.

2-Le Havre (1845-1857): En esta ciudad portuaria pasó su infancia e ingresó en el medio artístico como caricaturista.

4-Honfleur (1863-1865): Esta pequeña ciudad fue retratada más de una vez por Monet, quién se mostró muy interesado por las vistas del puerto en la desembocadura del Sena.

8-Ruán (1892-1894): En esos años visita tres veces la capital de la Alta Normandía, donde se consagra a estudiar su catedral; así comienza una nueva etapa en su pintura, que tendrá gran aceptación en los ambientes artísticos parisinos.

1-Argelia (1861-1862): Se dirige a esta colonia francesa para realizar el servicio militar, y regresa antes de tiempo a causa de la fiebre tifoidea.

Con 31 años,  ya instalado en Argenteuil en 1871,Monet hizo de su casa un centro artístico de gran vitalidad. Allí perfeccionó su estudio de la relación entre la luz y las aguas, y comenzó a trabajar a bordo de su pequeño barco-taller, con el que se acercaba a las aguas del Sena para obtener vistas tan novedosas como originales.

Por esa época, Monet participó en la constitución de una sociedad de pintores, escultores y grabadores que se pronunciaron en contra de los dictámenes de los Salones y decidieron organizar una exposición independiente. Fue allí donde su famoso cuadro: Impresión, sol naciente, pasaría a la historia del arte por haber dado nombre a uno de los movimientos más importantes de la pintura occidental.

obra de monet

Almuerzo Campestre
Claude Monet, 1865-1866 (Fragmento central de la composición) Oleo sobre tela, 192 x 217 cm Colección particular Del motivo al taller. En esta obra, fragmento central de una composición inconclusa, el artista unió sesiones de pose al aire libre con el trabajo de composición y de ampliación en el taller. El espacio y la atmósfera resultaron de los efectos de luminosidad en el follaje, en los vestidos y en el mantel blanco que acompasaron la composición. La vida familiar. Monet pintó aquí un homenaje y, a la vez, un reto a Manet, y se orientó hacia la representación de la vida moderna: imagen de las distracciones, decorado natural, vestimenta contemporánea y simplicidad de la escena (actitudes y accesorios).

RSGATAS EN ARGENTEUIL Claude Monet, hacia 1872
Oleo sobre tela, 48 x 75 cm Museo de Órsay, París
Una precisión topográfica. Este boceto, realizado sin duda enteramente en el lugar, revela la atenta observación del artista, al Igual que las variaciones de intensidad y de cualidad luminosas según las zonas y la naturaleza de los objetos. La realidad y su reflejo, a través de una composición en espejo, coexisten en el plano del lienzo, fundidos en una misma gama cromática (azul-blanco, verde-rojo). La pincelada fragmentada disolvió con sus espaciamientos el contorno de los objetos.

Autorretrato

Alamos a orillas del Epte
Claude Monet, 1891
Oleo sobre tela, 80 x 92 cm Colección particular
El sentido del espacio. Monet
construyó un espacio cadencioso y ágil mediante un juego de líneas (verticales y curvas) donde los planos se escalonan y donde la mirada se pierde en el encogimiento de los árboles y sus límites confusos.
El trabajo en serie. Este lienzo pintado probablemente desde una embarcación, pertenece a una serie de veinticuatro variaciones sobre el tema de los árboles, de sus reflejos en el agua y de la transparencia del aire.

NENUFARES AZULES
Claude Monet, 1916
Oleo sobre tela, 200 x 200 cm Museo de Orsay, París
Inmersión en el color. Monet desplegó un conjunto de contrastes cromáticos: colores fríos interrumpidos por destellos de blanco, rosado y amarillo. La luz brota de la sombra con gran intensidad. Las pinceladas libres y largas se amoldan a las formas y tejen a superficie. Sin un horizonte, a mirada se pierde en la extensión del estanque de nenúfares que Monet creó en Giverny: un jardín que el pintor diseñó inspirado en el paisajismo japonés. El espacio autónomo en lo sucesivo, se concreta con trazos verticales y horizontales, y con juegos cromáticos que sugieren efectos de superficie y de profundidad.

Fuentes Consultadas:
Historia Visual del Arte Edit. Larousse La Nación Entrada: Impresionismo-Monet
Grandes Pinturas de la Historia Cuadernillo “Mujeres en el Jardín” MONET Editorial Clarín
Grandes Maestros de la Pintura MONET  Editorial SOL S.R.L.
Historia de la Pintura Louis Houticq Editorial Universitaria de Buenos Aires
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Editorial Ariel Entrada: Monet Claude Oscar

Vision Medieval del Universo Las Esferas Celestes y el Hombre

Cosmología Medieval del Universo
Las Esferas Celestes

Tenemos en nuestra mano una bola de marfil labrado. Es obra de un artesano chino y tiene taladrado un diseño por el que podemos ver en su interior otra bola más pequeña y dentro de ésta, otra. Hay diez bolas en total y sólo la menor es sólida. Estamos sosteniendo lo que un hombre medieval consideraría como la verdadera representación del Universo; nuestra mano simboliza  el poder de  Dios.

10 bolas de marfil representan el universo medieval

La idea básica de esta concepción del Universo era ya muy antigua hace mil años. Parte de los escritos de Aristóteles, ampliados y extendidos por Ptolomeo, un griego del siglo II de la era cristiana. Los detalles ulteriores se tomaron de otros pensadores a través de los siglos, especialmente por lo que se refiere a las propiedades e influencias de los diversos planetas.

La característica de nuestro mundo que más había atraído al brillante intelecto especulativo de Aristóteles era su constante cambio, frente a la aparente inmutabilidad del resto del Universo. Al carecer de telescopio o cámara fotográfica para ayudarse en sus observaciones, las estrellas le parecían eternas e inalterables. Por ello, consideró que el Universo estaba dividido en dos partes: naturaleza (fisis) y cielo (uranos).

El primero terminaba antes de empezar el segundo, en la órbita de la Luna, donde el aire de la naturaleza dejaba paso a una atmósfera más pura e inalterable a la que llamó éter.

Edad Media Venus

Venus era un planeta afortunado que ejercía una influencia beneficiosa sobre la Tierra. En su pabellón, el poeta inglés Chaucer vio «instrumentos de cuerda y cantos, fiestas y danzas … y toda la circunstancia del amor».

Los cuatro elementos
¿De qué se creó el mundo en un principio ? La respuesta es los cuatro Contrarios: caliente, frío, mojado y seco. Toda vida y toda materia procede de diversas formas de equilibrio o desequilibrio entre éstos, pues para el pensador medieval toda materia tiende hacia el lugar que le corresponde y donde podría estar en reposo.

Ello quedó claramente expresado por Macrobio, filósofo que vivió a principios del siglo V. Los Contrarios —decía— se combinan para formar cuatro elementos, que constituyen la materia. Lo caliente y lo seco se unieron para formar el fuego; lo caliente y lo mojado constituyen el aire; lo frío y lo seco, la tierra; lo frío y lo mojado, el agua.

Mientras pudieron moverse libremente, la gravedad, o pesadez, de la tierra y el agua les hicieron buscar el centro de la Tierra, mientras que la levedad, o ligereza, del fuego y el aire, los elevaron.

El elemento más ligero, el fuego puro (y, por tanto, invisible), formó una esfera por debajo de la órbita de la Luna y es a ella a la que las llamas, que eran impuras (y, por tanto, visibles), aspiraban al elevarse. El aire, que tenía un cierto grado de peso, estaba debajo y el agua, que es lo suficientemente gruesa como para poder tocarse, más abajo todavía, mientras que los restos más pesados de la materia creada se hundían en el punto más bajo de todos, unidos al frío eterno, para formar la Tierra.

La Tierra, que el hombre medieval culto sabía que era redonda, constituía el punto más bajo de todo el Universo. Estaba colocada en el centro sólo para que los demás cuerpos celestes tuvieran un punto alrededor del cual girar.

Éstos eran las esferas, sin peso, huecas, transparentes y lo suficientemente fuertes como para soportar el peso de un planeta, que estaba fijado a cada una de ellas. El cuerpo más cercano a la Tierra era la Luna; más allá, por orden de distancia creciente, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno.

La octava esfera era la de las «estrellas fijas», siempre en la misma posición con relación a los planetas, llamada stellatum. Más allá estaba la Esfera Cristalina y a continuación el Primum Mobile o Primer Móvil, una esfera que no contenía ningún planeta y que, por tanto, no podía ser trazada por el ojo humano. Se creía que era la responsable del movimiento de las otras esferas.

Para el poeta italiano Dante y toda la cristiandad medieval, más allá del Primer Móvil brillaba el Empíreo, «ese Cielo que es pura luz, luz intelectual, lleno de amor», la morada de Dios, el Primer Motor y la única Existencia verdadera.

Por tanto, el poder de Dios causaba la rotación del Primer Móvil, que giraba de este a oeste, completando su órbita cada veinticuatro horas. Sin embargo, las esferas más bajas estaban ligadas al «gran año», una revolución de oeste a este que tardaría 36.000 años en completarse. De hecho, su movimiento real era hacia el oeste, al ser empujadas hacia atrás en el camino que trataban de tomar por impulso del Primer Móvil, que las atraía.

Se sabía que la Tierra es pequeña e insignificante entre los cuerpos creados. El Universo era enorme, pero podía ser comprendido; dentro de él, el hombre era lo más bajo, pero conocía sus límites.

Edad Media, la alquimia

El intento de convertir los metales inferiores en oro era una importante ocupación medieval. Estos alquimistas contemplan el resultado   de  su  fracaso.

Las predicciones astrológicas
Estas esferas afectaban en gran medida a los habitantes de la Tierra. Gobernaban las plantas y los minerales, los temperamentos y los sucesos históricos a través de las influencias que transmitían, que la «ciencia» de la astrología se encargaba de interpretar.

Dicha ciencia, basada en la regularidad de los movimientos celestes, afirmaba que, partiendo del conocimiento del Universo, podían predecirse los acontecimientos relacionados con el hombre. Tales creencias fueron condenadas por la Iglesia, pero, a pesar de ello, tenían numerosos partidarios. En la Edad Media estaban extendidas y subsistieron en el Renacimiento.

Saturno ejercía una influencia siniestra sobre la Tierra. Producía el plomo, el carácter melancólico en el hombre y los acontecimientos desastrosos en la historia. Era el más terrible de los planetas, y por ello recibía el nombre de Infortuna Major o el Mayor Infortunio.

El metal de Júpiter era el brillante estaño; traía la paz y la prosperidad e inspiraba en el hombre una disposición alegre, noble y equilibrada. Era el mejor de los planetas y se le llamaba la Mayor Fortuna.

Marte era otro planeta desgraciado. Se le denominaba Infortunio Menor. Su metal era el hierro y su temperamento belicoso.

Por el contrario, el Sol era un planeta afortunado. Confería a los hombres la sabiduría y la liberalidad y gobernaba los sucesos felices. Su metal era el oro, en torno al cual surgió la ciencia de la alquimia. Se creía que, si llegaba a producirse un oro en forma apta para beber, el «oro potable», sería el elixir de la inmortalidad.

Venus o Afrodita también era afortunada: la Fortuna Menor. Su metal era el cobre o cyprium, el metal chipriota, y Afrodita era una diosa especialmente consagrada a Chipre. Concedía la belleza, el amor y los sucesos dichosos.

Mercurio era el planeta de la rapidez, la actividad y la inteligencia. Dotaba a todas las profesiones de entusiasmo y habilidad, incluyendo el propio aprendizaje, y su metal era naturalmente el mercurio. También gobernaba la estudiada prosa retórica de los filósofos.

La Luna marcaba la frontera entre la antigua división de Aristóteles en aire y éter, entre el mundo mortal y el inmortal. Por encima de la Luna todo era incorruptible y necesario; por debajo, corruptible, mudable y contingente ante la actuación del «azar» y el destino. Encima estaba el reino de la gracia; debajo, el de la naturaleza.

En los reinos situados por encima de la Luna no  existía el «azar» ni,  consecuentemente, el cambio. El metal lunar era la plata y su carácter la inconstancia, la afición a la vida errante y la tendencia a los accesos de locura (de los lunáticos).

Los habitantes de las esferas etéreas
Todo el universo celestial fue creado por Dios y las esferas mantenían su círculo eterno para demostrar su aspiración de amor por Él. Esta capacidad de amor sugiere algo sensible y, efectivamente, se creía que cada esfera estaba animada por una Inteligencia, una criatura movida por «amor intelectual» hacia su Creador. Regocijándose en la gloria de Dios, lanzaban sus planetas alrededor del cielo en una gran danza.

Las Inteligencias eran sólo una pequeña parte de los moradores de la esfera etérea: también había nueve órdenes de ángeles. Estaban divididos en tres jerarquías de tres órdenes cada una. El primero y más cercano a Dios era el orden de los Serafines, que descollaban en inteligencia, y de los Querubines y Tronos, que se abrasaban en el ardor del amor.

El Querube era el terrible poder de la caritas pura, el amor libre de debilidades o imperfecciones humanas. Los ángeles de la segunda jerarquía se ocupaban de gobernar la naturaleza: las Dominaciones formulaban sus leyes, obedeciendo la voluntad de Dios; las Virtudes, cuyo nombre latino significa más bien «eficacias» o «eficiencias», las ponían en acción y las Potestades preservaban de la desgracia a todo el proceso.

Sólo la tercera jerarquía, la más baja, se preocupaba por los asuntos de los simples seres humanos. Los Principados vigilaban los negocios de las naciones. Los Arcángeles y Ángeles, los dos últimos órdenes, cuidaban de los seres humanos individualmente considerados y, como consecuencia, son los que han sido recordados por más largo tiempo.

El hombre, ser racional
¿Y el hombre? Era animal como las bestias, pero racional como los espíritus.

Era el espejo del mundo, «que comprende, como los ángeles, que vive, como los árboles, que  existe,  como  las  piedras»,  como  dijo san Gregorio Magno. El alma del hombre procede directamente de Dios y tiende a volver a Él. Por tanto, todas las esperanzas del hombre son una manifestación de la ley general de gravedad y levedad.

El alma tiene tres partes y las tres se encuentran en el hombre. La más baja, el alma vegetativa, es la facultad que gobierna los procesos vitales: nutrición, crecimiento, digestión, cicatrización de las heridas y también generación. Ésta es la única alma de las plantas.

Los animales tienen también un alma sensitiva (su significado actual es más bien sensorial) con cinco sentidos, que son la vista, oído, etc., y cinco juicios: el sentido común, que convierte la mera sensación en consciencia localizada; la imaginación, o facultad que presenta ante la mente lo que no tiene delante, en el sentido de que un «hombre imaginativo» considera todas las posibilidades prácticas; la fantasía, que estaba más próxima a lo que ahora llamaríamos imaginación ; la memoria, y la estimación, que ahora llamaríamos instinto.

Sólo el hombre poseía además un alma racional, compuesta de dos facultades: el intellectus (intelecto) y la ratio (razón). La primera era el don más alto;  se ocupaba de las causas originariasde las cosas, de investigar y aprehender la verdad. Era una versión brumosa de la inteligencia pura de los ángeles. La ratio realizaba la tarea más pesada de establecer relaciones de causalidad, pasando de la premisa a la consecuencia.

El alma tripartita del hombre era paralela a la organización global del cosmos y de la sociedad. Todas las partes quedaban resueltas en esa armonía que era la aspiración y el deseo del pensamiento medieval. En el cosmos, Dios, por medio de sus órdenes de ángeles, gobernaba al hombre; en la sociedad, el rey, por mediación de sus caballeros, gobernaba al pueblo, y en e! hombre, el alma racional (razón), por medio del alma sensitiva (emoción), ejercía el gobierno sobre el alma vegetativa (apetito).

Los cuatro temperamentos

En cuerpo y alma, el hombre era un microcosmos. Lo mismo que los cuatro Contrarios primarios del mundo se combinaron para producir los elementos, así también en el hombre dieron lugar a cuatro fluidos o humores.

Caliente más seco producía el humor colérico (bilis amarilla); caliente más mojado, el sanguíneo (sangre); frío más seco, el melancólico (bilis negra), y frío más mojado, el flemático.

Un hombre de salud perfecta tenía los cuatro humores mezclados exactamente en la proporción correcta, pero esto era muy raro. Normalmente predominaba uno. La mezcla daba al hombre su «complexión» o «temperamento». Un mal carácter significaba una mala mezcla que salía al exterior, y un hombre bueno, cuando estaba irritado, podía sufrir un cambio de complexión y perder la calma.

El   hombre  de   complexión  colérica  erauna persona muy tensa, que se dejaba llevar fácilmente por cualquier camino, excitable y vindicativo. Se creía que los sueños eran un modo de determinar la complexión de un hombre. El colérico tendería a soñar con cosas brillantes y peligrosas: fuego, relámpagos, espadas.

personalidad segun los cuatro humores

Uno de los cuatro humores dominaba a cada hombre, dándole su especial «complexión» o «temperamento». 1. El hombre de complexión sanguínea tenía las mejillas sonrosadas y era equilibrado. 2. El hombre flemático era lento y pálido. 3. El hombre colérico era muy tenso. 4. El hombre melancólico era delgado y se obsesionaba por las dificultades. Estas ideas subsistieron hasta el siglo   XVIII.

El humor dominante del hombre sanguíneo era la sangre, el más noble, amigo de la naturaleza y la vida. Sería corpulento, de mejillas sonrosadas, ligeramente mordaz, con facilidad para dormir y soñar con caballos, flores rojas, mujeres rubias: un gran contraste con el hombre flemático, grueso, lento y pálido, con sus sueños de peces. La complexión melancólica era la más «neurótica» en el sentido moderno: individuos delgados, nerviosos, que padecen insomnio  y  pesadillas.

Ni que decir tiene que los humores eran pura materia y, por tanto, no podían verse afectados por el alma, que es completamente inmaterial. Para salvar el abismo, se pensó en unas exhalaciones llamadas «espíritus» (en sentido químico) que surgían de lo mejor de la sangre. Si no brotaban, el individuo se sentía abatido. Los espíritus vitales del hombre le unían a su alma vegetativa; los espíritus animales, a su alma sensitiva, y los espíritus intelectuales, a su alma racional. Cuando éstos últimos se desordenaban, se volvía loco.

Tal era el hombre medieval en su atestado y ordenado universo. Su concepción total parece tan ajena a la era científica que la reacción inmediata puede ser la risa o el desdén. No cabe duda de que los hombres de la Edad Media eran crédulos; les resultaba difícil admitir que el contenido de los preciosos libros podía no ser cierto y atribuían una indebida autoridad a sus fuentes. Pero lo que hicieron fue construir, a partir de la información recibida, una síntesis comprensiva de todo el Universo. A ello aspiraban Dante en su Divina Comedia y Santo Tomás en su Summa Theologica.

La necesidad de explicar los misterios del Universo es la clave del pensamiento de la Edad Media, pues engendraba un sentido de confianza mezclado con humildad al definir la situación exacta del hombre en la Creación.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Curas Carismaticos Sanadores Historia, Origen y Misión

Curas Carismáticos: Maestro de la Sanación

Para el Movimiento de Renovación Carismática, ser cura es ser sanador. El que sana es Dios, y los sacerdotes son su instrumento. Para ellos, el secreto está en la oración y el amor, dos principios que imparten con dedicación.

Los renovadores caris-máticos comenzaron a organizarse en 1967 en los Estados Unidos. Se trataba de un grupo de estudiantes universitarios católicos, que hicieron la imposición de manos por primera vez en mucho siglos. Cuando se la practicaron a un enfermo y éste se curó, decidieron que debían hacer algo.

Reunidos en torno a la Universidad de Fordham, en la ciudad de Pittsburg, pronto sus prácticas comenzaron a llamar la atención de religiosos y laicos: los jóvenes formaban grupos de oración, y organizaban retiros espirituales en los que ya no se reflexionaba sobre Dios, sino que se hablaba sobre Él.

curas sanadores

Los estudiantes proponían un tratamiento manos racionalista y más amoroso de las Sagradas Escrituras, planteaban la necesidad de una vivencia más personal y auténtica de la religión, es decir, recuperar el espíritu comunitario y ritual de los primeros cristianos.

Practicaban una liturgia (el orden y la forma determinados por la Iglesia para la celebración de los oficios) de carácter vivencial, que promovía la participación activa en los ritos por parte de los fieles, lo que, aseguraban, facilitaba la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, lo que más molestaba a las autoridades de la Iglesia, en un principio, era la familiaridad escandalosa que los jóvenes de Fordham tenían hacia la figura de Cristo.

En realidad, no se trataba de un fenómeno genuinamente nuevo. Durante siglos, la Iglesia católica se había visto ante situaciones similares y las había tolerado, siempre tratando de mantenerlas bajo control. El último antecedente databa de 1958, cuando en la Iglesia de Notre Dame de París se formaron grupos de oración cuyos integrantes tomaban estampitas con la imagen de Cristo y rezaban lo que les venía a la mente de manera espontánea. Contrariamente a lo que pasó con los carismáticos, este movimiento pasó casi inadvertido. Aún no era el momento.

Pero en los años sesenta el periodismo dedicó mucho espacio a las actividades de los jóvenes de Fordham en diversos diarios y revistas de actualidad. Así fue como la prensa fue la encargada de dar a conocer al mundo la existencia de los primeros carismáticos y muchos católicos encontraron en este mensaje algo que desde hacía mucho tiempo estaban esperando.

El Movimiento de Renovación Carismática comenzó a postular la sanación por medio de la fe mucho antes que las Iglesias evangélicas pentecostales. Cada grupo es independiente y tiene sus propias normas y dinámica.

La liturgia carismática, que incluye diálogos espontáneos, canciones, aplausos y vivas al Señor, implica un regreso al Cristo vivo, cuando encomendó a los doce apóstoles que predicaran el Evangelio por el mundo y que curaran a los enfermos.

Otro aspecto que diferencia a los carismáticos es su rechazo al culto de las imágenes, que fuera expresamente prohibido por Cristo. En realidad, éste es un viejo problema teológico no del todo resuelto, pues la adoración de imágenes se remonta a las prácticas paganas, plagadas de fetiches. Aunque la Iglesia ha elegido no prescindir de las imágenes, teniendo en cuenta que son una necesidad de la psiquis humana, los carismáticos prefieren obedecer al mandato cristiano original.

Para comprender qué es lo que caracteriza a los sacerdotes carismáticos hay que remitirse a la fe, pues el carisma es un don del Espíritu Santo. El don por el que son más reconocidos los curas de este movimiento es el de la sanación, aunque también suelen tener el don de lenguas (que los hace comunicarse con Dios por medio de idiomas que desconocen) y el de profecías.

La palabra “apóstol” deriva de una palabra hebrea que quiere decir “predicador itinerante”. Por esto, muchos de los sacerdotes de la renovación se dedican a llevar la palabra y el carisma a distintas partes del mundo, especialmente a toda América Latina.

Los unos y los otros
¿La renovación carismática divide a la Iglesia católica? Los sacerdotes pertenecientes al movimiento sostienen que la Iglesia es una sola, la Santa Católica Apostólica, como sostiene el Credo. Ellos no hacían otra cosa que volver realidad un pedido del papa Juan XXIII, que en una de las oraciones previas al Concilio Vaticano II decía: “Dígnese el Espíritu Santo a escuchar de la forma más consoladora la plegaria que asciende a Él desde todos los rincones de la Tierra. Renueve en nuestro tiempo los prodigios como en un nuevo Pentecostés (…)”.

A mediados de 1967, los muchachos de Fordham oraban para pedirle a Dios que les diera la gracia de evangelizar con poder, como lo hacían los apóstoles.

Según la tradición católica, el décimo día después de la Ascensión de Cristo, el Pentecostés, se produjo el nacimiento de la Iglesia y el Espíritu Santo descendió de los cielos sobre los apóstoles para santificarlos. Fue entonces cuando derramó sus dones o carismas sobre ellos, para su propio bien y el de la Iglesia.

En la catequesis actual se menciona a siete de ellos: la piedad, la sabiduría, la fortaleza, el entendimiento, el con-
sejo, la ciencia y el temor de Dios. Pero había otros que, con el paso de los siglos, la Iglesia fue dejando de lado, por considerarlos irrelevantes una vez que logró asentarse. Estos dones eran el de la profecía, el de sanación y el de lenguas, aquel que había permitido a Pablo de Tarso predicar en idiomas que no conocía.

El grupo de Fordham buscaba ese nuevo Pentecostés del que hablaba Juan XXIII, no en el sentido de una nueva fundación de la iglesia sino de su revitalización.

Aquellos muchachos se sintieron llenos del Espíritu Santo y consideraron que todos los cristianos, por el bautismo, tienen carisma. La misión del cristianismo es descubrirlo.

La sanación
Para los carismáticos, sanación y salvación son casi sinónimos. El que sana, se salva, y el que quiere salvarse, debe estar sano. Primero en su corazón para luego, si es voluntad de Dios, estarlo en su cuerpo también.

La imposición de manos es, en ese contexto, un acto de fe. El Evangelio según San Marcos, 618, dice que hay que poner las manos sobre los enfermos y éstos sanarán. Además, lo consideran un signo de fraternidad cristiana.

La multiplicación de las gracias, fundamentalmente de curaciones físicas inexplicables desde el punto de vista médico, atrajo cada vez a más fieles y también a un sector de la jerarquía eclesiástica. También se produjeron transformaciones espirituales y otros fenómenos que hasta entonces parecían circunscriptos a las páginas de la Biblia o los relatos de vidas de santos.

Pero además de personas con problemas de salud, se acercan al Movimiento de Renovación Carismática los que tienen problemas de vivienda, falta de trabajo o dificultades espirituales como tristeza o depresión.

Resulta apabullante la cantidad de fieles que así han venido a escuchar misa, la palabra de Dios, a confesarse y a comulgar. Los carismáticos dicen que cuando se predica a Jesús, su Padre da signos de satisfacción, que son las curaciones de los enfermos.

Pero aclaran que no se apartan de la medicina y sostienen que Dios cura a través de los remedios, así como también lo hace por medio de la oración, valiéndose de ellos. Y acotan que no sólo un sacerdote puede rezar por la sanación sino toda persona bautizada. Siempre señalan que cuando los padres oran por sus hijos y les imponen las manos, también sanan.

Los carismáticos valoran la oración y la plegaria comunitaria, a diferencia del silencio de los rezos individuales, y entienden que la alegría es más valiosa que el pesar y la culpa. Opinan que la Iglesia debe cambiar para no quedar reducida a grupos que no parecen ser hijos de Cristo, y que la liturgia es una manifestación alegre de la fe. Desde este punto de vista, si los cristianos no expresan su sentir hacia los demás, es como si no fueran hermanos.

La Renovación se considera un movimiento laico, no clerical, del que el sacerdote no es dueño sino un simple asesor. Se sienten definidos por el amor y la lectura constante de la Biblia, además de la oración espontánea y grupal, la recepción frecuente de la eucaristía, el interés por el otro y la práctica del amor sincero y la paz auténtica, no en forma nominal, sino con el corazón y el espíritu. En su prédica dicen que sólo el amor permite encontrar al otro, reconocerlo, rezar por él, meterse en el otro sin dejar de ser uno mismo.

El veredicto de Paulo VI
La renovación descubre los carismas que cada cristiano tiene, para ponerlos a disposición del bien común, para gloria de Dios y de la Iglesia. Los carismáticos no se apartan del Papa; por el contrario, se basan en las palabras de
Paulo VI, quien dijo: “Hoy día se habla mucho de carisma, ojalá que haya una lluvia de carismas que llamen la atención al poder del Evangelio, que atraigan a la gente al poder del Evangelio”.

Y en otras de Juan Pablo II: “El nacimiento de la renovación carismática después del Concilio Vaticano II ha sido un don especialísimo del Espíritu Santo para la Iglesia”.

Cuando el fenómeno de los carismáticos fue empezado a tratar en los más altos niveles de la Iglesia, Paulo VI participó de esta inquietud y decidió recibir a un grupo de líderes del movimiento en el Vaticano. Al darles la bienvenida, puso en claro el interés que sentía: “Estamos sumamente interesados en lo que ustedes están haciendo. Hemos oído mucho de lo que sucede entre ustedes y nos regocijamos”.

El espaldarazo final al movimiento llegó en mayo de 1975, cuando se celebró en Roma, sobre las catacumbas de San Calixto, el Primer Congreso Mundial Carismático. Más de diez mil fieles provenientes de los cinco continentes se reunieron alrededor de la tumba de San Pedro.

Fue entonces cuando Paulo VI tuvo un gesto inequívoco: cedió el Altar de San Pedro al carismático cardenal Suenens para que celebrara la Eucaristía. Nadie podía dejar de entender el mensaje. La más alta jerarquía daba un reconocimiento pleno a la Renovación que, en menos de una década, había atraído a miles de fieles a la Iglesia. El sueño de los estudiantes de Fordham se había cumplido. Así como alguna vez pasó con los primitivos cristianos, los carismáticos abandonaron definitivamente las catacumbas.

El primer carismático de la Argentina
A una de aquellas primeras reuniones estudiantiles había asistido un jesuíta español radicado en la Argentina, cuyo interés excedía la simple curiosidad. Hacía mucho tiempo que el padre Alberto Ibáñez Padilla estaba a la caza de las manifestaciones del Espíritu Santo.

A fines de la década del ’50, de paso por París, conoció a los grupos de Notre Dame. Más tarde realizó un curso de liturgia pastoral en Medellín, Colombia. Encontraba que la liturgia católica, al igual que la mayoría de los otros cultos cristianos, resultaba muy pesada y monótona a sus fieles. En ese sentido (y a pesar de reconocer sus errores doctrinales) admiraba a los pentecostales, cuyos rituales vivos lograban que la gente participara intensamente. Por eso, cuando escuchó hablar de los jóvenes de Fordham, decidió ver de qué se trataba.

El padre Ibáñez Padilla regresó a la Argentina dispuesto a difundir lo que había experimentado. Organizó charlas y publicó artículos en distintos medios católicos.

Uno de esos artículos, titulado “¿Sabía usted que existen pentecostales católicos?” y publicado en mayo de 1969, llamó la atención de los pentecostales no católicos. Éstos exhibieron el artículo en la cartelera de un templo de la calle Hidalgo, en la ciudad de Buenos Aires. Cuando se enteró, el sacerdote decidió averiguar de quiénes se trataba.

El templo estaba a cargo del pastor Juan Carlos Ortiz que, desde hacía aproximadamente un año, venía organizando reuniones con pastores de distintos cultos no católicos y no pentecostales. Dispuesto a investigar más, el jesuíta se hizo pasar por laico y logró que lo invitaran a uno de esos encuentros, que se organizaban en casa de un gerente de Coca-Cola, Alberto Darling.

Ibáñez Padilla participó de varias de aquellas reuniones, hasta que finalmente se dio a conocer como sacerdote católico. “Ya me parecía que el aire estaba impregnado de olores católicos”, dijo Darling. Enseguida    simpatizaron con él e incluso le hicieron un reportaje titulado “¿Católicos pentecostales?”, en la revista Primicia Evangélica. El sacerdote, entretanto, prosiguió con su tarea de difusión entre los católicos y publicó una serie de artículos en Esquiú, al tiempo que comenzaba a organizar grupos de oración.

Poco a poco fue introduciendo la oración espontánea a la vez que proponía una mayor apertura a lo bíblico y al Espíritu Santo.

Los carismáticos sostiene que su prédica no tiene nada en común con las sectas, ni constituye una batalla espiritual contra ellas. Para ellos, la renovación carismática atrae al pueblo de Dios a la fe. Su idea no es competir con otros cultos, ni siquiera imponer algo nuevo, pues los carismas existieron desde el comienzo mismo de la Iglesia.

Poco a poco, en la Argentina otros sacerdotes también comenzaron a formar sus grupos. Entre los más destacados estaban los padres Inocencio Iacobellis, Paco Muñoz y José Torres. En escasísimo tiempo, los primeros cuatro grupos de oración se transformaron en ciento veinte, extendidos no sólo en la Argentina sino también en Uruguay y Paraguay.

En 1971, los carismáticos de los grupos del padre Ibáñez Padilla, institucionalizados bajo el nombre de Aín Ka-rim, publicaron un manual que, llamativamente, recibió la bendición del cardenal Antonio Caggiano y del obispo coadjunto, Juan Carlos Aramburu.

El movimiento creció de manera carismática. Los testimonios de sacerdotes y laicos que aseguraban haber recibido los dones del Espíritu Santo comenzaron a hacerse públicos. Uno de los más impactantes fue el del párroco de Montevideo, padre Julio Elizaga, que explicó cómo había recibido el don de lenguas mientras le imponían las manos: “Comenzaron a brotar de mis labios, mientras oraba, cánticos en un lenguaje desconocido.Yo no lo podía controlar. No lo producía conscientemente, aunque tenía plena consciencia de lo que estaba sucediendo. Creo que fueron varios minutos que pasé en esta maravillosa experiencia; un deseo de alabanza y agradecimiento a Dios me hacía alabarlo como jamás antes lo había sentido”, relató.

Carismáticos en el banquillo de los acusados Sin embargo, con el éxito del movimiento llegaron las crisis. En mayo de 1973, el padre Ibáñez Padilla terminó sentado en el banquillo de los acusados. Supuestamente por haberse convertido en pente-costal. Tuvo que dar explicaciones al provincial de los jesuítas y fue examinado a fondo por una suerte de tribunal de la compañía.

En la reunión, llamada de “discernimiento espiritual”, el padre hizo una larga exposición sobre el desarrollo y la espiritualidad del movimiento, tratando de aclarar los puntos que más se le cuestionaban: el bautismo en el Espíritu Santo, el don de lenguas y otros carismas considerados excepcionales. Como remate, puso énfasis en distinguir entre las gracias místicas y los fenómenos psicológicos que pudieran acompañarlas o ser confundidas con ellas. El tribunal quedó satisfecho con las explicaciones pero le pidió prudencia, mucha prudencia.

El 19 de agosto de 1973 se realizó en la Argentina la Asamblea Fundacional del Movimiento de Renovación Espiritual. Aquellos pocos grupos de cuatro años antes se habían convertido en una organización de alcance nacional, con sedes y coordinadores en casi todas las provincias. De todos modos, la lucha interna no había terminado sin heridas. No fueron pocos los que se alejaron escandalizados con la sensación de que habían estado participando de algo que la Iglesia no veía con buenos ojos.

En cierto modo no se equivocaban. Un sector de la jerarquía eclesiástica estaba muy alarmado por las prácticas de los carismáticos, y sobre todo por su gran inserción en la comunidad católica.

Los carismáticos se vieron ubicados de pronto en el umbral de la clandestinidad. Los vínculos entre las autoridades de la Iglesia argentina y los renovadores habían llegado al máximo de tirantez. Mientras el padre Ibáñez Padilla intentaba recomponer las relaciones sin resignar los principios, los grupos de oración siguieron delante de manera casi subterránea. Cualquier error podía desencadenar una catástrofe. Los renovadores tenían enemigos muy poderosos dentro de la Iglesia.

Cuando todo parecía perdido, Paulo VI tuvo un gesto que obligó a la jerarquía eclesiástica argentina a dar un paso atrás y suavizar su posición: “Para un mundo así, cada vez más secularizado, no hay nada más necesario que el testimonio de esta renovación espiritual, que el Espíritu Santo suscita hoy visiblemente en las regiones y ambientes más diversos”. Los carismáticos suspiraron aliviados.

Fenómeno masivo: A fines de 1976, monseñor Aramburu convocó a los sacerdotes de la renovación y les dijo que continuaran con su obra, pero que lo hicieran con prudencia: “Ustedes van a una parroquia y le ofrecen al párroco formar un grupo de oración. Si el párroco los acepta, bueno, lo fundan. Y si no los acepta, no insisten, se van a otra parroquia”.

Fuente Consultada:
Revista Vivir en Armonía N°4 -Los Curas Carismáticos-
Trabajo Enviado por el Colaborador Abel M. Gimenez

Anexo: Algunos link a Youtube con videos sobre la obra carismática

Lo que dicen los papas de la Renovación Carismática Católica
http://www.youtube.com/watch?v=PpY8KcvnKPY

Padre Tardif (Fallecido) http://www.youtube.com/watch?v=w4zLm3GtYao

Padre Moisés Larraga http://www.youtube.com/watch?v=vXv0Y12-C5Q

Padre Mauricio Cuesta http://www.youtube.com/watch?v=msR-4qGlPok

Padre Cancelado http://www.youtube.com/watch?v=3B5ldPYQveM

Padre Wilson Salazar http://www.youtube.com/watch?v=CnjU3_5D9yA

Padre Ignacio Peries http://www.youtube.com/watch?v=dRJuQAAdEvU

Padre Teodoro http://www.youtube.com/watch?v=QjgO8f1Nnpg

Padre Isaac Ramirez http://www.youtube.com/watch?v=xaxIRMlRJjI

Padre Guadalupe Santos http://www.youtube.com/watch?v=cVsieOMoVU8

Padre Salvador González  http://www.youtube.com/watch?v=YJlHnMOqWQ4

Padre Ignacio Larrañaga http://www.youtube.com/watch?v=b-hU-CGF3OY

Padre Dario Bencosme http://www.carismaticos-hispanos.com/

Padre Dario Betancour http://www.youtube.com/watch?v=tHrTkcGYtYk

Padre Adolfo Bertinelli http://www.youtube.com/watch?v=O28szrlgcQ8

Padre Manuel Acuña http://www.youtube.com/watch?v=SCXL9pDULnQ

Padre Daniel Molina http://www.youtube.com/watch?v=HulZ9tFPXVk

Padre Aicardo http://www.youtube.com/watch?v=IdwfLyoD3rU

Padre Alberto Linero http://www.youtube.com/watch?v=xrF3ukG1Wz0

Padre David Hurtado http://www.youtube.com/watch?v=wiJnNbCZI6M

 

 

Arte Gótico y Románico en la Edad Media Resumen Descriptivo

BREVE DESCRIPCIÓN DEL ARTE GÓTICO Y ROMÁNICO MEDIEVAL

Fundamentada en la tradición romana, pero formada en la escuela carolingia, la arquitectura románica es la prueba irrefutable de la mentalidad profundamente cristiana que dominaba al hombre de la Edad Media a través de los movimientos políticos. Durante unos tres siglos, su crecimiento constante y armonioso estuvo caracterizado por el paso de la preponderancia alemana hacia Francia que logró superarla. Por su parte, España también aportó obras románicas únicas en su género, muchas de las cuales aún subsisten

Con su nombre, el estilo “románico” pretendió subrayar que era una continuación del que fue propio de la Roma republicana e imperial. Nació a principios de la Edad Media y se extendió, principalmente, por los países latinos. De construcción sólida, pesada y compacta, estuvo basado en algunos principios clásicos, a los cuales agregó otros, diferentes. Mantuvo, por ejemplo, casi intacta la planta de las tradicionales basílicas romanas, pero transformó sus muros, haciéndolos más consistentes. Reemplazó los techos de madera por bóvedas y cúpulas, hechas con piedras y ladrillos porosos.

Los ingleses lo llamaron “normandos“, porque fueron los normandos quienes, desde el norte de Francia, lo introdujeron en Gran Bretaña. En lacatedral de Durham, en Inglaterra, se aplicaron, para abovedar, procedimientos similares a los empleados en Normandía, copiados, a su vez, de otras construcciones francesas, italianas y españolas. Así, los lombardos, usaban vigas transversales y rellenaban los intersticios de las bóvedas con materiales más livianos.

El estilo lombardo se aligeró, en el Piamonte y en Liguria, por influencia de lamodalidad francesa. En Venecia, se relacionó con Oriente, como puede verse en la iglesia de San Juan de Rialto o en la catedral de Murano. En Florencia, Pisa, Lucca, etc., se evitó la bóveda y se dejó de lado la técnica ciclópea.

En Roma y en el Lacio, al igual que en Umbría, se reemplazó la solidez de la primera etapa con una tendencia menos pesada. Los adornos -que los bizantinos habían descartado del templo- reaparecieron y proliferaron los candelabros, las pilas bautismales ricamente labradas, las pinturas, las esculturas, los trabajos de orfebrería, las miniaturas y las piezas de madera tallada.

arte romanico edad media

Catedral de Durham (Inglaterra), comenzada en 1093.

arte romanico edad medio

Castillo de Rochester (Inglaterra). Comenzado en el s. XI, sólo subsiste el torreón. Es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura románica.

edad media arquitectura gotica

Nave central de la Catedral de Maguncia.

arquitectura edad media

Monasterio de Sania María en Ripoll (España). Construido en 888, fue restaurado 1.000 años después, en 1888.

Hasta el siglo II , por lo general los arquitectos eran monjes anónimos. Después, debido a la constante multiplicación de sus deberes, tuvieron que recurrir a los laicos. Como su nombre indica, el estilo románico emanó de la tradición arquitectónica romana, renovada durante la época de Carlomagno. Este estilo fue empleado en la construcción de castillos y, sobre todo, de iglesias. Éstas no sólo se utilizaban para el culto, sino también como mercado cubierto, pretorio y fortaleza.

Bajo la influencia bizantina, las iglesias desterraron el techo de madera de las primeras basílicas romanas y adoptaron pesadas bóvedas de medio punto, talladas en piedra y reposando a todo lo largo de los muros laterales, que apenas podían sostener un peso tan enorme. Los arquitectos de entonces: hicieron los muros muy gruesos, los sostuvieron por medio de contrafuertes exteriores, practicaron únicamente las estrechas aberturas de puertas y ventanas y reforzaron su resistencia con arcos de medio punto. A pesar de estas precauciones, temían que se vinieran abajo y, por prudencia, se limitaron a construcciones de dimensiones modestas, excepto en el caso de las iglesias de conventos y de las que eran centros de peregrinación.

A pesar de que la arquitectura románica se desarrolló de modo armonioso y constante, sufrió cambios tan importantes y violentos que parece indicado hacer una subdivisión en períodos distintos, la cual, sin embargo, no puede aplicarse a toda Europa, pues desde la segunda mitad del siglo xn Francia ya empezó a encaminarse hacia el gótico para llegar al gótico puro a principios del siglo XIII.

En la misma época, Inglaterra también dio comienzo a nuevos sistemas, pero Alemania todavía se mantuvo fiel a las formas tradicionales del arte románico. Sin embargo, intentaremos esbozar esta evolución.

En el siglo X, Alemania marcó la pauta en el terreno de la arquitectura. Las formas carolingias se respetaron de modo escrupuloso, casi servil, y esto constituye una de sus características. Los primeros cambios aparecieron en la segunda mitad de este siglo, y son la bóveda y el sistema de alternación. Pero no modificaron —por lo menos durante un tiempo— ni el volumen ni la forma de las construcciones. Siguió reinando la basílica de fondo plano, con apoyos uniformes (columnas o pilares), muros lisos y linterna sin redondear. De 1000 a 1100, en la primera época del románico, la piedra sin labrar fue progresivamente sustituida por la piedra de sillería.

A partir de 1090, aproximadamente, sólo se abovedó la nave central y se construyó una torre sobre la linterna. Mientras Alemania y Normandía seguían marcando la pauta, en Borgoña y el mediodía de Francia aparecían los primeros grandes edificios románicos.

De 1100 a 1180, durante el románico medio o alto, se sustituyó el techo plano por múltiples naves abovedadas. Aparecen las primeras bóvedas de aristas, columnas y arcos en haces, el deambulatorio y el triforio (estrecha galería que corre por encima de las arcadas de la nave central) y aumenta el número de torres y fachadas.

La aparición de la ojiva en Borgoña y de un nuevo arte en el mediodía de Francia proporcionó a este país la supremacía en materia de arquitectura. De 1180 a 1240, los edificios abovedados alcanzaron su máximo apogeo, la ojiva reemplazó al arco de medio punto y se desarrolló el sentido de las composiciones decorativas. Francia, que ya antes de finalizar el siglo xn había optado por el gótico, se impuso por lo que respecta a este estilo.

En España el arte románico dejó obras únicas en su género, como Santa María de Naranco (848), en Asturias; Santa María de Amer (941); el monasterio de Ripoll, y ese grupo de iglesias catalanas de torre cuadrada de la que es típico ejemplo San Clemente de Tahull. Joya del románico, iniciada en estilo asturiano, es la iglesia de San Isidoro, en León, así como la de San Martín de Frómista, en el camino de Santiago, ambas iniciadas en los primeros años de la segunda mitad del siglo XI. Notable es asimismo el grupo de iglesias románicas segovianas (San Millán, San Juan de los Caballeros, San Martín, San Lorenzo y San Esteban).

Durante este período se construyeron en España las catedrales de Jaca (hacia 1054-1063), Lugo (1129), Zamora (1151-1174), Santiago, los monasterios de San Pedro de Roda, San Juan de Duero, la Colegiata de Toro, etc.

El despertar de la arquitectura gótica estuvo íntimamente vinculado al rápido crecimiento de las ciudades. La ojiva simbolizaba la audaz vitalidad y la progresiva prosperidad de la joven burguesía. Nacido en las catedrales del norte de Francia, este nuevo estilo no tardó en conquistar victoriosamente toda  Europa occidental

ARTE GÓTICO MEDIEVAL: A fines del siglo XII y comienzos del XIII nació en el norte de Francia un arte nuevo que los germanos llamaron, posteriormente, gótico, palabra derivada de “Gott”, que significa Dios, ya que las agujas en que terminaban sus torres parecían apuntar hacia el cielo.

El gótico, en sus comienzos, tomó en cuenta algunos de los principios del estilo románico. Pero aportó un cambio fundamental: hizo que las vigas de las bóvedas se apoyasen sobre pilares, en lugar de hacerlo sobre los muros. Las paredes dejaron de ser imprescindibles, reemplazándoselas, entre pilar y pilar, por coloridos vitrales.

Como se carecía de vigas de hierro, las estructuras tuvieron que hacerse de piedra, lo que obligó a realizar minuciosos cálculos para lograr una resistencia adecuada. Esa red de sutiles vigas, en el interior de la bóveda, recibió el nombre de “tracería”. Se abandonó el arco redondo, de medio punto, característico del románico y se lo reemplazó por dos segmentos de arco destinados a encontrarse en un punto dado, que podía variar de ubicación según que el arco apuntado fuese más chato o más puntiagudo, originando la ojiva.

Después, en lugar de los contrafuertes con que se solían reforzar los pilares para que aguantasen, lateralmente, la presión de las piedras de la bóveda, se recurrió a los llamados “arbotantes” (arcos que sirvieron para contrarrestar el empuje de los principales), los cuales completaron el andamiaje de la bóveda gótica.

La tracería, por dentro, y los arbotantes, por hiera, apoyados sobre pilares, aliviaron la estructura de los edificios, sin perjudicar la solidez del conjunto. Los múltiples adornos, como las trabajadas esculturas de los pórticos del crucero, en las catedrales góticas de Chartres o de Estrasburgo, y las estatuas —como, por ejemplo, las de los fundadores en la catedral de Naumburgo, cuya nobleza y vigor son notables-combinaban su serena riqueza con el prodigioso juego de los vitrales multicolores, con la minuciosa ilustración de los libros manuscritos y con la pintura “al fresco” en las paredes.

Finas piezas labradas -en metal o en marfil-, como una estatuilla en plata de la Virgen, realizada en 1339 por el orfebre francés Jean de Evreux (que puede verse en el Museo del Louvre), completaban el estilizado conjunto.

La pintura “al fresco” recibió este nombre porque se decoraban las paredes de ese modo, es decir cuando el estuco aún estaba húmedo. Así lo hizo, por ejemplo, sobre los muros de la capilla dell’Arena, en Padua, el famoso pintor florentino Giotto di Bondone, que vivió entre los años 1266 y 1337 o sea en plena culminación de la Edad Media.

Para quitarle rigidez a las figuras, se les imprimió una forma ondulada, a la manera de una S. Hay trabajos imbuidos de una soltura y de una espontaneidad naturales que, a veces, mediante el agregado de un simple toque, invaden el campo de lo anímico y de lo temperamental. Esa naturalidad se reflejó en los pliegues de una túnica, en la tersura o en las arrugas de la piel, en la delicadeza de un gesto.

Por eso el estilo gótico -cuya importancia, durante la parte final de la Edad Media, fue equivalente a la del románico durante la primera- lo superó en grandeza, convirtiéndose en el modelo más acabado de la magnificencia medieval. La fuerza y la sugestión del estilo gótico, que sella e identifica toda una época y le da carácter no solamente en el campo del arte sino, también, en el de la historia, irradia más allá del foco nordeuropeo de su nacimiento y, adaptándose a los antecedentes y tradiciones de otras lejanas tierras, llega a los confines del mundo medieval. Tal expansión se plasma, por ejemplo, en Suecia: la catedral de Upsala lo representa con acusadas líneas no exentas de fervor.

Y en los Países Bajos la catedral de Utrech lo patentiza hacia fines del año 1300. Pero no iba a quedar circunscripto solamente a estos ámbitos. Por influencia de las Cruzadas penetró en Medio Oriente y en Siria reaparecen sus testimonios, concretados arquitectónicamente en fortalezas como la de Krak de los Caballeros y en varias iglesias latinas. También en la isla de Chipre este influjo se hace nítido, como para probar su universalidad y la vigencia de su mensaje. Y así, la catedral de Nicosia y la de San Nicolás, en el peñón de Famagusta, recogen en plena área mediterránea el impulso que, en sus comienzos, fue de indudable concepción septentrional.

 

Catedral de Chartres

Interior de la Catedral de Chartres

Catedral de Well en Inglaterra

ALGO MAS SOBRE EL ESTILO GÓTICO:

En Francia, el desarrollo del nuevo estilo arquitectónico, el gótico, coincidió con una sorprendente evolución en el terreno político. En efecto, en esta misma época (1150) los reyes empezaron a extender y consolidar su autoridad. Junto a esta tendencia a establecer el orden y la estabilidad política, se esbozó también un fuerte impulso económico favorecido por la prosperidad de las poblaciones urbanas. Además, la Iglesia atravesaba un período próspero, y la vida intelectual adquirió un amplio desarrollo que culminó con la fundación de la universidad de París, a principios del siglo XIII.

En la segunda mitad del siglo XII se construyeron algunos edificios, como la iglesia abacial de Saint Denis y Notre-Dame de París. En otros lugares florecieron los elementos característicos del nuevo estilo, como la bóveda sobre crucero de ojivas, que estaba formada por aristas reforzadas por arcos empotrados en la manipostería.

Las secciones triangulares entre las nervaduras se rellenaban con un material más ligero. En los edificios góticos, la ojiva representó por último un papel constructivo. Los planos arquitectónicos pudieron ser más audaces con la ojiva que con el arco de medio punto, pues permitía que gran parte del peso de la bóveda descansara sobre los pilares. Sin embargo, al principio los edificios góticos adoptaron importantes elementos románicos.

En la famosa catedral de Chartres, construida durante la primera mitad del siglo XIII, no aparece ninguno de estos elementos. En ella el gótico florece en todo su esplendor. Esta famosa iglesia comprende tres naves y un hondo coro, con deambulatorio y capillas o absidiolas. Las molduras de las columnas acentúan más aún la sensación de fuga hacia lo alto.

En algunos puntos, los gruesos muros del arte romanico han sido reemplazados por maravillosas vidrieras (como el rosetón que corona la fachada principal).

Desde este momento se abre paso el gótico. En todas las grandes ciudades aparecen espléndidos edificios, tanto en París (la Sainte Chapelle recibe, con frecuencia, el sobrenombre de «joya del arte gótico») como en Reims o Amiens. La iglesia de Beauvais, cuyo coro es tan grande como una catedral (48,20 m), representa el punto culminante alcanzado por la arquitectura gótica.

El estilo de las catedrales francesas superó al de los demás países. En Inglaterra, el coro de Can-terbury, construido en 1175, según las ideas fundamentales de Gui-llaume Sens, abrió nuevos horizontes. Otro francés, Geoffroy des Noyers, trazó los planos de la catedral de Lincoln. En el siglo xiv, debido a la riqueza de su ornamentación, el gótico inglés, del que constituye un bello ejemplo la catedral de York, recibió el nombre de decorated style. En el siglo xv se construyeron las ricas bóvedas del King’s College de Cambridge y la capilla de San Jorge de Windsor.

A partir de 1220, España también contribuyó al florecimiento del gótico. A este estilo pertenecen las catedrales de León, Burgos, Toledo, Palma de Mallorca, etc. El mudejar influiría en el gótico en la catedral de Sevilla. En Portugal incluso se mezclaron elementos indios, como en el convento de Batalha. En Alemania, él arco de medio punto se mantuvo durante más tiempo, pero con la construcción de la catedral de Colonia, a mediados del siglo xm, el gótico acabó implantándose definitivamente.

El estilo particular de las catedrales de Siena, Orvieto y Florencia demuestra que los italianos no comprendieron del todo el partido que se podía sacar del nuevo estilo. Sólo el domo de Milán, que, sin embargo, fue en gran parte obra de arquitectos alemanes, se puede comparar a las demás catedrales góticas. Más tarde, un historiador del arte italiano, Giorgio Vasari (1511-1574), pensando en estos arquitectos germanos, dio despectivamente a este estilo el nombre de «gótico», palabra derivada de «godos», es decir, «bárbaros».

El gótico también fue muy brillante en los Países Bajos, gracias a la prosperidad de las ciudades. Difundiéndose, sobre todo, a través del valle del Escalda, este nuevo estilo entró en el condado de Flandes. Algunas veces, este gótico primitivo que aparece en la iglesia de San Nicolás de Gante y de Nuestra Señora de Pamel en Aude-narde, recibe el nombre de gótico alanceado.

Pero en Flandes la arquitectura gótica no se limitó a la construcción de iglesias: la fastuosa vida urbana permitió que se aplicase a edificios de utilidad pública. Así nacieron los mercados, atalayas y casas consistoriales, entre las que merece citarse la de Alost, construida en la primera mitad del siglo xm. Hacia mediados de este siglo, el gótico puro triunfa en el coro de la catedral de Tournai. Sin embargo, este estilo no alcanzó su plena madurez hasta el siglo xv, en Brabante. Numerosas iglesias, como la de Saint Rombaut en Malinas y las casas consistoriales de Bruselas y Lo-vaina, testimonian la excepcional brillantez del gótico en estas regiones.

Como cierto poeta dijo, el gótico es un cántico de alabanza que la arquitectura de Europa elevó al Señor.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Edit. Cuántica
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 3 Arte Gótico y Románico Medieval

Biografía de Brunelleschi Arquitecto de la Catedral de Florencia

VIDA Y OBRA DE FELIPE BRUNELLESCHI, ARTISTA DEL RENACIMIENTO

Filippo Brunelleschi (1377-1446), nació en Florencia (Italia) en  1377, fue un gran artista italiano, y se lo considera uno de los maestros fundamentales de la transición hacia el renacimiento. Sus aportaciones, como la recuperación de los motivos clásicos y la capacidad para trasladar a sus obras las leyes matemáticas de la proporción y la perspectiva, le convirtieron en el primer arquitecto de la edad moderna.

Recibió una formación de escultor como numerosos arquitectos del Renacimiento (Miguel Ángel, Sansovino). Formó parte del gremio de los orfebres y participó en 1404 en el concurso para la nueva puerta del baptisterio de Florencia. Ese mismo año, el artista alcanzó la fama con el encargo de la construcción del duomo que corona la catedral. La altura del edificio, la amplitud de la cúpula, su peso, hicieron de esta empresa una hazaña, un proyecto arquitectónico que sólo un ingeniero podía enfrentar.

Felipe Brunelleschi

FLORENCIA EN EL SIGLO XV: A comienzos del siglo XV, Florencia salió de una dolorosa crisis política y bancaria. Su resistencia a los ataques exteriores fue estratégica, pero también cultural y artística. La ciudad buscaba imponerse como el centro de un mundo nuevo, tomando como referencia el modelo de la Antigüedad.

Las corporaciones florentinas, que reunían un número creciente de artistas, convocaron numerosos concursos para responder a importantes encargos públicos y privados, con lo que dieron inicio a un nuevo tipo de mecenazgo. El carácter “comercial” del contrato que ligaba el encargo al artesano-artista tuvo gran éxito en la historia de las artes.

En los concursos, los artistas más dotados se destacaban. Y entre ellos se produjo una fuerte competencia. Tal es el caso de la iglesia de Orsanmichele: llamaron a los mejores escultores (Donatello, Lorenzo Ghiberti, Nanni di Banco) para decorar una serie de hornacinas (nichos) originales y ostentosas en el exterior del edificio. Pero los concursos más famosos fueron los de la cúpula de Santa María del Fiore y el de las puertas del baptisterio.

Corría el año 1401. En Florencia, ciudad que estaba alcanzando la cumbre de su desarrollo económico, la vida artística bullía intensamente. Una de las consecuencias de esa efervescencia artística fue el concurso abierto para la segunda puerta del Bautisterio, en el que participaron los más grandes escultores de la época. Entre ellos se presentó un joven, Felipe Brunelleschi, que interpretó el tema propuesto: “El sacrificio de Isaac”, representándolo en una placa de marco mixtilíneo con una violencia dramática, un vigor de formas y un preciso sentido del espacio completamente nuevos e inesperados en la escultura florentina.

La placa sorprendió mucho a los jueces: en efecto; se trataba del primer paso hacia la revolución artística que poco después desencadenaría el mismo Brunelleschi, junto con Donatello y Masaccio, en la capital toscana. Sin embargo, el concurso fue ganado por Lorenzo Ghiberti, cuyo gusto, con tendencias aún góticas y sensible a las elegancias estilísticas de Andrés Pisano, era más fácilmente comprensible para los florentinos de su tiempo.

Sacrificio de Isaac

El sacrificio dc Isaac Lorenzo Ghiberti, 1401-1402 Museo del Bagello, Florencia
De la simplicidad a la tensión dramática. El abandono del estilo gótico (es decir, “bárbaro”) a partir del siglo xv condujo a los artistas a buscar en la Antigüedad para renovar su lenguaje plástico. No obstante, el dominio de la perspectiva fue considerado el verdadero progreso. Una obra innovadora. Ghiberti organizó su composición en torno de la diagonal formada por el saliente rocoso, dividiendo el espacio terrestre que concentra la dimensión anecdótica (los dos sirvientes, el asno y la lagartija) y el espacio donde se desarrolla la acción divina, cuyos protagonistas son Abraham, Isaac y el ángel. Con este relieve de gran fluidez, que evidencia un dominio del arte del bronce (el relieve fue fundido en una sola pieza), el joven Ghiberti creó una fórmula Innovadora, verdadero manifiesto de los nuevos tiempos, legitimado por el jurado.

El SACRIFICIO DE ISAAC Felipe Bruneileschi, 1401-1402 Museo del Bargello, Florencia La maestría de la técnica. Por el contrario, Bruneileschi inscribió la escena en un triángulo. En la base se encuentran los dos sirvientes encorvados. En lo alto, Abraham, con el cuerpo y los brazos estirados, sostiene firmemente la cabeza de Isaac en su mano, mientras que un soplo divino levanta su toga. A la Izquierda aparece un ángel. Este sujeta el brazo de  Abraham y le muestra el carnero para el sacrificio. El juego de manos y el intercambio de miradas confieren a esta enérgica escena toda su tensión. Sin embargo, la técnica empleada por Bruneileschi fue menos innovadora que la de Ghlberti, ya que las piezas fundidas en forma separada fueron posteriormente montadas sobre la plancha de bronce. La fineza del pulido de los más mínimos detalles revela, no obstante, un gran dominio de la técnica del bajorrelieve.

Felipe Brunelleschi había expresado claramente sus ideas reformistas con la placa presentada en el famoso concurso de 1401. Desgraciadamente han desaparecido los testimonios de los estudios que siguieron a dicha placa en el campo de la escultura, y también los de sus primeras pinturas. Pero no hay duda que estaban destinados a confirmar, como las dos tablillas en que representó en perspectiva el Bautisterio y el Palacio de la Señoría, los nuevos principios en que se fundaba su lenguaje artístico.

Y fue luego en el campo de la arquitectura, con la Cúpula de Santa María de la Flor (o Fiore), con el Hospital de los Inocentes, con la Basílica de San Lorenzo, donde dio la medida plena de su genio creador.

En abierto contraste con las delicadezas rítmicas del gótico, a la sazón consideradas ya como germánicas y “bárbaras”, concibió un arte que fuera una manifestación nacional, o, mejor aún, un exponente de la latinidad. Por otra parte, corresponde a Brunelleschi el mérito de haber inventado la perspectiva científica; es decir, de haber organizado sobre sólidas bases matemáticas la representación, en un plano bidimensional, de los elementos tridimensionales de un edificio. Se trataba de crear un orden, fijando relaciones y proporciones claras y armónicas entre los diferentes órganos de la construcción, agrupándolos en una unidad de espacio de modo tal que todas las líneas esenciales del edificio parecieran confluir naturalmente hacia un único punto de fuga.

El límpido y racional equilibrio propio de las primeras construcciones de Brunelleschi, no es sino el reflejo de la claridad intelectual de sus concepciones arquitectónicas. Fiel a dichas concepciones, Brunelleschi prosiguió su actividad proyectando la Sacristía Vieja de San Lorenzo y la Capilla de los Pazzi, una obra maestra absoluta del arte, en la que la serena geometrización, especialmente en el interior del edificio, determina un ritmo maravilloso. La Iglesia del Espíritu Santo, en la que perfecciona el plano de San Lorenzo,  fue la última  de  sus  grandes  obras.

La construcción de Santa María del Fiore
Después de la demolición de Santa Reparata, en 1296, Arnolfo di Cambio emprendió ios trabajos de la nueva catedral, Santa Maria del Fiore, concebida para ser la más bella de la Toscana. La elección de una larga nave con cúpula octogonal fue adoptada definitivamente en 1357, pero la construcción de la cúpula planteó rápidamente problemas técnicos y quedó pendiente.

En 1418 se realizó un concurso, seguido por otro en 1420. Brunelleschi y Ghiberti fueron premiados en abril de 1420 y nombrados “expertos de la cúpula” con el contramaestre Battista de Antonio. En 1436, la construcción de la linterna fue también motivo de un concurso. El jurado escogió el modelo de Brunelleschi, destacando la calidad de su iluminación, su ligereza y su resistencia a las intemperies.

Cupula Catedral de Florencia

León Battista Alberti escribió a propósito de esta monumental empresa arquitectónica que debía ser el símbolo del esplendor de Florencia en el Renacimiento: “¿Qué arquitecto antes de ti, Filippo [Brunelleschi], osó construir un conjunto de tales dimensiones, erigido hacia el cielo y tan grande como para poder cubrir con su sombra a todos los toscanos y ejecutarlo sin cimbra ni envigado? Tu habilidad es tan grande […] que parece increíble para los contemporáneos como ignorada por los antiguos”.

Obras del Arquitecto  Brunelleschi

La maestría de la arquitectónica. Brunelleschi, inspirándose en técnicas de la Antigüedad, consiguió hacer la cúpula más ligera: creó un doble cascarón (interno y externo) con una vía de circulación entremedio, eliminando así los contrafuertes exteriores y ofreciendo una lectura simple de los volúmenes. Un zuncho de madera fue colocado sobre el borde del tambor, en el cual se levantaron una estructura de ladrillos “en espina de pez” y tres niveles de largas piedras, unidas entre sí por cadenas de hierro. En la cima, la linterna cumple la función de clave de bóveda de la cúpula: su peso asegura la estabilidad del conjunto del sistema estructural.

FELIPE: BRUNEL-LESCHI (1377-1446): Nave central de la Basílica de San Lorenzo.Florencia. La suprema claridad lineal de los perfiles de piedra y la maravillosa concepción perspectiva de la Basílica de San Lorenzo, revelan el talento de Felipe Brunelleschi, que entre 1421 y 1428 se dedicó a la reconstrucción del hermoso  edificio.

FELIPE BRUNELLESCHI   (1377- 1446): Palacio Fitti. Florencia.
Entre las varias construcciones civiles atribuidas a Felipe Brunelleschi, se puede contar con cierto fundamento e! Palacio Pitti, a pesar de los substanciales agregados  posteriores.

FELIPE BRUNELLESCHI (1377- 1446):Hospital de los Inocente Florencia (1419-1424)

La influencia de Brunelleschi fue enorme entre sus contemporáneos y sus sucesores inmediatos, como Michelozzo, Donatello o el propio Ghiberti, e incluso ha llegado hasta el siglo XX, dado que los críticos modernos le han destacado como el primer arquitecto racionalista. En su tiempo ya fue considerado como una de las figuras más decisivas del renacimiento italiano, el gran genio que reformó el arte medieval y definió el nuevo orden interno y el lenguaje arquitectónico. Murió en Florencia en 1446.

Fuentes Consulatadas:
ARTERAMA  Fasc. N°53 Editorial CODEX Enciclopedia de las Artes
Enciclopedia Electrónica ENCARTA
Historia Visual del Arte Edit. Larousse

 

Historia de la Orden del Cister Bernardo de Claraval

Historia de la Fundación de la Orden del Cister

La orden del clster es unaorden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Cister por Roberto de Molesmesen 1098. Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval. su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cistercíense Más Importante del Siglo XII, aún no siendo el fundador sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la Orden.El Císter proporcionó numerosos santos a la Iglesia, comenzando por  san Roberto de Molesme, san Esteban Harding, y san Bernardo de Clairvaux (o de Claraval).

Todo empezó en el ano 1098, cuando un grupo de 21 monjes benedictinos, con su abad Roberto al frente, salieron del Monasterio de Molesme, movidos por el Espíritu Santo, en busca de un lugar solitario, Citeaux (Cister), donde poder buscar a Dios con mayor autenticidad y sencillez, llevando una vida en pobreza y soledad, y proveyéndose de lo necesario con su propio trabajo. Su norma de vida seña el Evangelio y la Regla de San Benito en toda su pureza.

El 21 de marzo fue la fecha elegida para establecerse en el Nuevo Monasterio. Los comienzos no fueron fáciles; la pobreza material y la escasez de vocaciones se prolongarían varios años. Pero esto no arredró el ánimo de los monjes, que trabajaron por convertir aquel lugar inhóspito en un vergel.

El santo fervor de los hermanos hizo que Odón, el duque de Borgoña, les favoreciera abundantemente, contribuyendo a lo construcción del Monasterio y entregándoles tierras y ganados para su sustento. Cister fue elevado al rango de Abadía, bajo el patrocinio del Obispo de Chalons, titular de aquella diócesis (en la actualidad Dijon).

primer monasterio de cister

Este monasterio situado al sur de Navarra, a 34 kilómetros de Tudela, es el primer monasterio que la
Orden del Císter construyó en la Península Ibérica.

HISTORIA DE SU FUNDACIÓN: En Lombardía, se inició a un movimiento que exigía un retorno a la pobreza y abstinencia de la Iglesia primitiva.En el siglo XI, el obispo Pedro Damián estimuló esta acción, y creó, a su vez, comunidades de clérigos, en las cuales la vida monástica se desplegó en una asombrosa austeridad.

De todas partes surgieron tendencias extremistas que, superando la experiencia de Cluny, buscaban otras vías de salvación. Así procedieron los que, influidos por la lectura de los Padres del desierto, llegaron a preconizar una vida solitaria.

En 1084, un monje llamado Bruno fundó la orden de los cartujos, partiendo de un monasterio organizado por él cerca de Grenoble: la Gran Cartuja. Después, ante los desórdenes internos que se produjeron en el monasterio, varios monjes, bajo la dirección del abad Roberto de Molesme, quien ya había cuestionado y alejado de la Orden de Cluny , decidieron abandonarlo en 1098.

Encontraron el sitio adecuado en la árida región borgoñona de Citeaux, (traducida al español como Císter) donde levantaron una capilla y un modesto cenobio. Los primeros tiempos no fueron fáciles, debido a lo inhóspito del lugar. Aparte de las privaciones inherentes a la vida monacal, su ignota ubicación no atraía nuevos monjes para aumentar su número o emprender nuevas fundaciones. La falta de agua obligó a Roberto a trasladarse a un emplazamiento cercano que pertenecía a la diócesis de Dijon, ciudad capital del ducado de Borgoña. Tanto el obispo como el duque Eudes de Borgoña prestaron ayuda a aquellos monjes tan virtuosos, contribuyendo a la erección del monasterio y entregándoles tierras y ganado para su subsistencia.

Esta orden fundada en 1098 por Roberto de Molesme, la comunidad cisterciense vivirá en una austeridad voluntaria y total, sin ningún regalo en el vestido o en la comida.

Estos monjes vestidos de blanco, que dormían en una sala común y comían juntos en un refectorio, se consagraron a la oración y al trabajo de los campos, pero, a diferencia de los de Cluny, no percibían ninguna renta de sus tierras. Los monjes estaban divididos en dos categorías: los más instruidos y aquéllos cuyo origen social era elevado, llegaban a ser monjes de coro y no estaban obligados más que a los ejercicios espirituales, a diferencia de los «conversos», vestidos con hábitos pardos, a quienes su pobreza de procedencia conducía a trabajar los campos, y, por ello, se convertían en la mano de obra de los padres blancos.

El papa Urbano II concedió a la nueva Orden el estatuto de Privilegio Romano, al tiempo que exigía a Roberto que reasumiera su antiguo puesto en Molesme, a pedido de los monjes que habían permanecido en esa abadía. Su sucesor fue el hasta entonces prior del Císter, un monje llamado Alberico, que gobernó con acierto la congregación consolidando su prestigio y sus bienes.

Otro destacado abad de esa época fue Esteban Harding, resultó un gran promotor del Císter, que bajo su guía experimentó una notable expansión. Fue autor del Exordio Parvo y de la «Carta de Caridad», escritos que fijaron definitivamente las normas de vida de la Orden, su organización interna y, en definitiva, su Regla. Bajo la conducción de Esteban Harding (posteriormente canonizado) se fundaron las primeras cuatro nuevas abadías, conocidas como «las cuatro hijas del Císter».

En 1112 se presentó en Citeaux un grupo de treinta laicos encabezados por un joven llamado Bernardo, que pidieron ingresar como monjes. Esteban aceptó ese ruego y tres años después envió a Bernardo a fundar una nueva abadía en Clairvaux (Claraval). Esta congregación fue una inesperada y brillante estrella en la aún escasa constelación del Císter.

El Císter alcanzó renombre en toda Europa, gracias al ingreso de este joven noble de excepcional valor, seguido de sus compañeros: San Bernardo. En 1115, San Bernardo fundó cerca de Troyes su propia abadía: la de Claraval. Excelente polemista, San Bernardo representó, en el siglo XII, un papel muy importante en las famosas discusiones entre teólogos, en las cuales fue el adversario de Abelardo; después representó, igualmente, un gran papel en la segunda cruzada.

Su comunidad interna llegó a reunir 700 monjes, más otros miles en los 160 monasterios que dependían de ella. El polifacético Bernardo de Clairvaux obtuvo un particular poder dentro de la Iglesia, que le permitió tanto inspirar la fundación de la Orden del Temple como intervenir con autoridad en los conflictos del Vaticano.

Cuando murió, en 1153, la orden cisterciense estaba ya sólidamente implantada y tenía a su cabeza una direción colectiva: el Capítulo General, que reunía todos los años a los abades de las diferen tes casas. Durante casi dos siglos, las abadías aparecieron como puertos donde se refugiaba lo más noble y elevado del hombre medieval: el trabajo, la cultura y la fe.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Historia de la Orden de Cluny Fundación y Reformas

FUNDADOR DE LA ORDEN DE CLUNY: PROPÓSITO ESPIRITUAL

Monasterio de Cluny, abadía benedictina situada en la región de Borgoña, Francia, que desempeñó un papel importante en la renovación monástica francesa y europea durante los siglos X y XI. Desde un punto de vista arquitectónico, la iglesia de Cluny fue el mayor templo románico de la edad media

ANTECEDENTES: En el paisaje de la Baja Edad Media, los monasterios y conventos eran una imagen habitual, día a día la cantidad de abadías se agrandaban muy pronto, gracias a las numerosas donaciones. Se levantaban generalmente en lo alto de un peñón, en lo profundo de un bosque, o en otros sitios aislados del mundo para favorecer el recogimiento y la oración. En teoría, las órdenes religiosas y sus monasterios representaban la opción más pura y radical de quienes se sentían predestinados para servir pacíficamente a Dios, con la mayor pureza y devoción. Para que lo representara cerca de los poderes laicos, el abad nombraba a un procurador. Paralelamente a esas actividades, las abadías no tardaron en convertirse en centros culturales de primer orden, de donde salieron, como en Bizancio, múltiples obras de arte, flor y nata de la cultura medieval.

Por otro lado en la práctica eran muchos los que, sin gran vocación religiosa, elegían el monacato como manera de escapar de la inseguridad, la violencia y la miseria que impregnaban el Medievo.

Eso llevó a un paulatino relajamiento de los votos de castidad y obediencia que obligaban a los monjes; mientras los abades y priores se saltaban las reglas de pobreza y humildad acumulando riquezas y convirtiéndose en verdaderos señores feudales. Se produjo entonces un efecto contrario porque la nobleza comenzó a colocar a sus miembros al frente de los monasterios importantes, para obtener más tierras y poderío. La enco nada querella de las investiduras alcanzó así a las ordenes religiosas, que llegaron a sufrir un gran desprestigio ante la po blación.

En aquel siglo de barbarie, donde todas las conquistas de la civilización estaban en peligro de desaparecer para siempre, es admirable el paciente trabajo de aquellos monjes copistas que habían consagrado toda su vida a transmitir a los siglos venideros las obras maestras de los tiempos pasados. En el siglo X, en la región de Macón, surgió una abadía cuyo renombre iba a extenderse rápidamente por toda Europa. Un nuevo período se abrió para los monasterios: el de la organización de órdenes jerarquizadas.

LA NUEVA ABADÍA DE CLUNY
Fundada en el año 910 por un gran señor, Guillermo, duque de Aquitania, la abadía apareció como la ciudadela de la ortodoxia benedictina, frente a la degeneración que siguió al enriquecimiento de los otros monasterios. El abad Bernon decidió, pues,   introducir  la   Regla de San Benito, tal como había sido interpretada en el siglo IX por el abad aquitano Benito de Aniano. Este último, en una capitular fechada en el año 817, había impuesto a los monasterios el retorno a una vida más estricta, que implicaba, entre otras cosas, la reducción de los estudios y el incremento de los oficios litúrgicos. Los monjes, vestidos, de negro, repartían la jornada entre la oración y el trabajo manual.

abadia de cluny

Quince años después, el segundo abad de Cluny, san Odón, encaró una reforma sustancial con el fin de recuperar las virtudes evangélicas. Centró la vida monacal en el Oficio Divino (Opus Dei), aumentó el tiempo dedicado a la oración, fomentó el canto gregoriano en las ceremonias litúrgicas e hizo cumplir severamente las normas de clausura y de silencio.

Consiguió para su nueva Orden la calidad de prelatura independiente, es decir, que en lo religioso obedecía directamente al papa, y en lo terrenal sólo al emperador. En su apogeo la Orden de Cluny llegó a poseer mas de mil casas regulares en toda Europa, dirigidas desde la poderosa abadía fundadora.

guillermo de aquitania

En el año 893, la villa de Cluny, en la Borgoña francesa, fue adjudicada por Carlomagno al duque Guillermo de Aquitania. Éste la donó a la Orden de San Benito en 910, para que se levantara allí una abadía en honor de san Pedro y san Pablo.

Los monjes hacían voto de castidad, y se habían comprometido a vivir pobremente, renunciando a toda posesión personal. Desde entonces, se sucedieron, al frente de la abadía, abades de gran valor, tales como Odón, Aymard, Maíeul. Rápidamente, las donaciones afluyeron a la abadía. Poco a poco, los monjes sufrieron la terrible atracción del siglo; al vivir en la opulencia, abandonaron el trabajo de la tierra a colonos, para no consagrarse más que a la oración litúrgica «Opus Dei». Directamente dependiente de Roma, para evitar toda ingerencia laica, la abadía recibió el privilegio de la exención, lo cual la sustraía de la intervención del episcopado.

Al final del siglo X, varias congregaciones religiosas recurrieron a los abades de Cluny, para que reorganizasen sus monasterios según las reglas cluniacenses. De esta forma, se creó una orden cluniacense constituida por una serie de congregaciones, sometidas todas ellas a la autoridad única y total del abad de Cluny. A finales del siglo XI, varios cientos de casas difundieron la extraordinaria celebridad de la que llegó a ser la más poderosa institución de la Iglesia católica. Este formidable desarrollo, que correspondía a un deseo de renovación espiritual, condujo, finalmente, a una lenta corrupción de las costumbres cluniacenses.

La obra de Cluny destacó por su acción a favor de la paz, el fomento de las peregrinaciones y la hospitalidad, la dedicación a la enseñanza en las escuelas cluniasensis y la protección e impulso de las artes. Pero lamentablemente a esta última inclinación debió tanto su esplendor como su decadencia.

Comprometida en la culminación de la arquitectura religiosa románica, encaró sucesivamente tres reformas de la gran abadía, cada cual más ambiciosa en dimensiones y en esplendor que la anterior. En la última versión, la iglesia presentaba cinco naves con doble crucero y un ábside con un am plio coro y una giróla de capillas radiales, coronada por una im ponente bóveda de cañón ojival.

Las dos poderosas torres latera les y la suntuosa decoración expresaban una mundana admiración por la belleza y un pecaminoso deseo de ostentación Por lo menos esa era la opinión de Roberto, abad cluniacense de Molesme, cuya pía indignación lo llevó a desvincularse de su descarriada casa central.

Por otro lado en la Edad Media, la riqueza era una fuerza corruptora que ningún obstáculo podía detener, si no era el apasionado deseo de pureza que animaba a numerosos cristianos, por lo que Cluny sufrió los ataques de los fieles, indignados por la vida fácil y cómoda de los cluniacenses. Desde entonces, fue una forma de monarquía aristocrática, integrada en el medio feudal, la que reinó en el edificio coronado por cuatro campanarios. Aparecieron nuevas corrientes rigoristas que llegarían a superar,  necesariamente, la Gregoriana.

Entre los numerosos religiosos cluniacenses que fueron canonizados, se cuentan el abad san Odón y el ex monje san Gregorio VII, el gran pontífice de la Edad Media. También fue abad de Cluny san Pedro el Venerable, que casi se pierde la canonización por haber respaldado al monje intelectual y polémico Pedro Abelardo.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

La Educación en el Imperio Carolingio La Escuelas Medievales

PRIMERAS ESCUELA DEL REY CARLOMAGNO EN LA EDAD MEDIA

Bajo los primeros carolingios, la Galia se hallaba en un estado de decadencia intelectual inquietante. Desde hacía mucho tiempo, habían desaparecido las escuelas públicas de la época romana, siendo reemplazadas por escuelas eclesiásticas, destinadas a la formación del clero; pero resultaban insuficientes para llevar a cabo su labor, aunque la lectura y la escritura se tenían por un lujo entre los clérigos e, incluso, entre los obispos.

Más aún, la lengua latina, única lengua escrita que perduraba, estaba completamente corrompida y el libro se había convertido en un objeto muy raro. Los manuscritos prueban la torpeza tanto de los escribas como de los miniaturistas encargados de ornamentarlos. Sin embargo, el caso de Italia, donde el ostrogodo Teodorico se había esforzado en conservar y desarrollar la cultura antigua, ejemplo seguido por los lombardos, cuyos reyes y duques se comportaban como verdaderos mecenas, era mucho menos desconsolador.

escuelas edad media con Carlomagno

También en España, la Iglesia, que rápidamente se hizo poderosa, se había esforzado en crear una nueva enseñanza capaz de reemplazar a las antiguas escuelas romanas, preservando de esta manera, la cultura clásica. Pero, más que estos países, fue Irlanda el foco de intensa vida intelectual, gracias a la actividad de los monjes.

La vieja enseñanza romana de humanidades se conservó en los monasterios, casi pura de toda mezcla, con las siete ramas del saber: gramática, retórica, dialéctica, aritmética, astronomía, ciencia musical y geometría. A esta enseñanza tradicional, fue ajustada la teología que formará como su coronación. Los monjes irlandeses, hechos misioneros, habían difundido por Escocia e Inglaterra su enseñanza y su gusto por la cultura. Antes de finalizar el siglo VII, habían fiorecido grandes escuelas anglosajonas que crearon maestros notables, tales como Be-da, denominado «el Venerable», en la época carolingia, versado en todas las ciencias. Los misioneros anglosajones, lo mismo que en otro tiempo los monjes irlandeses, extendieron, a su vez, por todo el continente, el conocimiento de la antigüedad latina. Así, San Bonifacio, el reformador de la escuela franca, no concibió la reforma moral del clero  sin una  reforma  intelectual.

LAS PRIMERAS ESCUELAS
En sus comienzos, el programa de Car-lomagno se confundió con el que había inaugurado San Bonifacio. Desde el comienzo de su reinado, se alzó contra la ignoran cia de los sacerdotes y tomó a su cargo la organización de los estudios en el reino. Recurrió a maestros italianos, anglosajones y españoles: Pablo Diácono, Alcuino, Teodulfo y sus émulos. Alcuino, el maestro más famoso de la gran escuela episcopal de York, fue el principal colaborador de Carlomagno. De este modo, el sistema inglés de enseñanza penetró en el reino franco, y después en todo el Imperio. Sin embargo, este movimiento de estudios no quedó por mucho tiempo confinado en la Iglesia. Car-lomagno trabajó por su difusión entre los laicos.

Así, ordenó la institución de cursos elementales destinados a un público más amplio, es decir, al mismo pueblo, aunque sólo fuera por darle algunas nociones de instrucción religiosa. En la corte, hizo crear «la escuela palatina» para formar en el servicio del Estado a la gente joven que le rodeaba. De esta manera, el palacio del soberano se convirtió en el verdadero centro intelectual del Imperio. Carlomagno y sus cortesanos, incluso los de edad avanzada, dieron ejemplo y se pusieron a estudiar. En la primera fase de este renacimiento intelectual, no hubo obras verdaderamente originales.

Se trata de una literatura latina que es una transposición de las obras clásicas, tanto en la forma como en el fondo. Egui-nardo calcó su «vida de Carlomagno», de las «Vidas» de Suetonio. Teodulfo imitó los versos de Ovidio o de Fortunato. Angilberto siguió la Eneida de Virgilio. También en materia artística, la imitación fue la norma. Se utilizaron, frecuentemente, trozos de monumentos antiguos para hacer el remedo más completo. En este aspecto, fue más Rávena que Roma la que sirvió de modelo. Para la capilla de Aquisgrán, construida a imitación de la de San Vital de Rávena, Carlomagno mandó llevar de Italia columnas, mármoles y mosaicos para decorarla.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III El Rey Carlomagno  Editorial CODEX Tomo III
La Gran Aventura del Hombre

La Leyenda del Nacimiento de Buda y Origen del Budismo

VIDA DE GAUTAMA SIDARTA – ORIGEN DEL BUDISMO – EL NIRVANA –

Hacia el año 550 antes de Cristo, gobernaba un pequeño reino del norte de la India un rey de la dinastía Sakhya. Tenía un lujoso palacio a orillas del Ganges, el río sagrado, construido casi en la cresta de una escarpada colina, rodeada por las nieves del Himalaya. Estaba casado con Maya, princesa de acrisolada virtud, dedicada a extremas prácticas ascéticas, que la habían movido incluso a separar su lecho del de su esposo, que la respetaba y amaba tiernamente.

Una noche, Maya tuvo una visita inesperada; arrebatada de la tierra, se encontró frente a un elefante sonrosado, de seis colmillos; la tierna bestia se arrimó al costado de la reina y sin causarle el menor dolor, hirió con una de sus defensas la carne inmaculada.

Diez meses después de este sueño o suceso prodigioso, nació el príncipe Gautama Sidarta. Sobre un loto, apareció frente a Maya una tierna criatura rubia y rosada, mientras del cielo caía una lluvia de flores. El recién nacido descendió del loto y anduvo siete pasos hacia cada uno de los puntos cardinales (la teología hindú había establecido la existencia de siete cielos o espacios divinos, de los cuales el séptimo era accesible únicamente al principio supremo) y luego dijo: «Triunfaré del nacimiento y de la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al hombre».

estatua buda

Inmediatamente, cesó la lluvia de flores y el infante — pues volvió a serlo desde este instante— se reclinó nuevamente sobre el loto.

Todo el palacio había presenciado, sobrecogido, el prodigio. Y su cese restituyó al príncipe al mundo de los niños. Durante mucho tiempo, exactamente hasta que cumplió sus veintinueve años (uno menos que Cristo), Sidarta fue y creció como un hombre cualquiera. Al revés que Cristo, su educación y formación estuvieron marcadas por el signo aristocrático de su condición y, además, por una extrema brillantez. Superaba a sus amigos y condiscípulos en valor, agudeza y penetración. Sorprendía a todos los maestros.

Sólo el padre andaba inquieto por el porvenir de un príncipe tan encantador. Porque un asceta — de los muchos que visitaban el palacio, a causa de su esposa— le había predicho, con toda seriedad, que, en efecto, Sidarta sería el mejor rey que el país hubiera conocido jamás. Mas, si por ventura — o malaventura, pensaría el rey — se volviera sobre la vanidad de la existencia y se introdujera en las prácticas ascéticas, nada podría ya separarle de ellas. Ignoramos con qué designios facilitó el asceta estos datos al perplejo rey.

Pensó éste que nada sino el amor de una hermosa mujer sería táctica eficaz para conjurar este gran riesgo. Y en efecto, Sidarta se enamoró locamente de la bellísima Yasodhara, con la que contrajo matrimonio y de la que, en seguida, hubo un hijo. La leyenda insiste en el gozoso aislamiento en que por esta época vivía el príncipe: ocupaciones deportivas, fiestas y ahora el amor de su mujer y del nuevo principito. Pero, de lo que acontecía al otro lado de las moradas de los nobles, ignorancia absoluta y apartamiento radical. Era otro mundo y sus leyes otras leyes.

¿Qué movió a Sidarta a abandonar su palacio y trasponer el muro separador? ¿Una cierta inquietud insatisfecha que aguijoneaba la corteza del príncipe feliz? En cualquier caso, aquella excursión a Kapilavastu fue decisiva. He aquí lo que Sidarta encontró: un mendigo viejo y llagado que tendía su escudilla al borde del camino; el cortejo fúnebre de una joven madre cuyo esposo e hijos lloraban sin consuelo, al borde de la pira funeraria; la palabra de un asceta macilento que, tras predicar altivamente la virtud a una muchedumbre absorta e ignorante, les suplicaba con humildad alimento para sustentarse.

Y obsérvense ahora las conclusiones que de esta salida obtiene la leyenda: Sidarta comprobó la existencia de la muerte y el dolor en el mundo y resolvió liberar de ellos a los hombres, o, mejor dicho, liberarles de su temor, pues el sufrimiento procede del temor y el temor de la ignorancia. Por consiguiente, el punto de partida de Buda sería absolutamente irreligioso y, en cierto modo, racionalista.

Tuvo que darse en su alma, forzosamente, una simpatía hacia ese desajuste del mundo que tan hondamente le conturbó. Y al propio tiempo, despertarse en él una convicción íntima de que estaba capacitado para derrotar la ignorancia del mundo (dejando aparte lo divino que hubiera en su naturaleza, pues los datos de la leyenda no permiten inferir que, en esta sazón, poseyera Sidarta conciencia de su divinidad).

Todo ello suscitó en él la decisión de abandonar palacio, padres, mujer e hijos, de renunciar a sus riquezas — no por remediar pobreza ajena, sino por desembarazarse de un obstáculo para la sabiduría— y de consagrarse a investigar la causa del desajuste, pues, ante todo, era necesario «saber».

Una pintura siamesa, muy reproducida en los estudios dedicados a Buda, nos relata que éste abandonó su palacio a caballo, mientras dioses y «boddishatvas» colocaban sus palmas bajo los cascos del animal, para que no despertaran los seres queridos.

Buscó Sidarta, primero, el sabio parecer de los eremitas del Pico de los Buitres. Pero encontró que su penitencia y su gimnasia del dolor eran estériles porque se habían constituido en fin, sin buscar la gran causa del dolor de los hombres ni su provecho. El resultado de las prácticas ascéticas conducía todo lo más a una perfección del asceta y eso no redundaba en beneficio de la gran cuestión, que concernía a todos los hombres.

Así que Sidarta, desengañado, pero firme en su propósito, reanudó su peregrinación. Tomó de un cadáver abandonado el manto con que sus huesos se cubrían y se hizo un ropaje holgado que le cubriera hasta los hombros. Andaba absorto, caminando hacia la Sabiduría, sabiendo que la hallaría, pero ignorando dónde. Cuando el hambre le volvía en sí, pedía limosna. Y no pronunciaba palabra alguna. No recogían sus ojos la belleza de las estaciones ni se perturbaba su carne al sentir la lluvia o el rayo de fuego solar.

Finalmente, llegó ante un grueso árbol, cuyas ramas bajas se inclinaban, polvorientas, hasta el suelo y supo que allí le sería dada la sabiduría. Lo rodeó siete veces, desafiando a los dioses: «No me moveré de aquí hasta que sepa».

Recogió una brazada de las hojas caídas, las apiló y se sentó sobre ellas en la postura que tan familiar nos es a través de la iconografía: su mano derecha tocaba el suelo, como para no perder el contacto con esa tierra habitada por los hombres a quienes había que instruir.

No se sabe el tiempo que Buda permaneció así. Probablemente el tiempo se detuvo. Mará, dios maligno e inteligente, que comprendió el peligro de esa detención, diluvió sobre el contemplativo toda clase de Tentaciones y precipitaciones «celestiales». Finalmente le envió a sus seductoras hijas, imagen viva de la concupiscencia. Se cuenta que, así como Sidarta recibió impasible el rayo, el granizo, la lluvia y el fuego (a veces protegido con el cuerpo de los buenos espíritus), cuando notó la presencia de las lascivas danzarinas alzó sus ojos hacia ellas. Y su mirada las convirtió en viejas arrugadas, de espantoso aspecto.

En ese mismo momento, Sidarta supo. Era el deseo de nacer y el mismo nacimiento, lo que ocasiona el dolor. Es, pues, menester abandonar ese deseo y sustituirlo por el de entrar, de una vez para siempre, en el Nirvana.

En tanto exista, arraigado en la naturaleza, el anhelo de volver a incorporarse a un cuerpo, se producirá la transmigración del alma y, con ella, el riesgo de empeorar de condición por una existencia nueva en circunstancias difíciles. Superando el deseo de nacer se accederá directamente al Nirvana. Por ello es menester aprovechar la existencia actual cumpliendo puntualmente la obligación moral.

Se ve, pues, cómo Sidarta acepta el postulado básico del brahmanismo de la purificación del alma, a través de un número indefinido de existencias, cuya calidad está determinada por el mérito o demérito contraídos en la anterior.

Mara, empero, le propone — ya directamente, cara a cara — la última tentación, lógica consecuencia de la ciencia hallada. «Aprovecha, pues, ese conocimiento y entra ahora mismo en el Nirvana. No corras tú nuevo riesgo pretendiendo existir por más tiempo». Pero Sidarta — de ahora en adelante será llamado «el Buda», esto es, «El Iluminado» — no abriga ya ningún temor por sí mismo. «No entraré en el Nirvana hasta que enseñe a todos los que viven la manera de hacerlo por sí mismos. Están solos, pero su soledad les es suficiente. Deben saberlo».

Y  Mará, derrotado, se retira definitivamente.

Buda vuelve al camino. Pronto reúne unos cuantos discípulos y se encamina con ellos a Benarés, la ciudad santa, donde expondrá su famosa doctrina de la vía media: «Entre el ascetismo seco y complicado y los deleites del mundo, allí, precisamente en la mitad de esa línea, está la Verdad. No despreciéis vuestra condición actual; representa un castigo por vuestras faltas pasadas, pero puede ser el instrumento precioso para proporcionaros la entrada definitiva en Lo-Que-No-Es-Más».

Y  les dio unas reglas prácticas de vida pura, cuyo eje estaba, precisamente, en respetar toda vida, pues en ella radicaba siempre una posibilidad de entrar en el Nirvana.

La predicación de Buda duró casi cincuenta años. Los adeptos se multiplicaron. Hasta su esposa e hijo se convirtieron en discípulos. Por el contrario, encontró en los brahmanes unos enemigos irreductibles. En ello se mezcló una vez más el cuidado por las cosas de este mundo: «Por eso, vosotros, brahmanes soberbios, no poseéis la verdad y en vano mediríais vuestra santidad con la mía». Buda era de la casta Chatria, por pertenecer a la dinastía Sakhya, y su lengua y milagros fueron considerados como puro artificio político en beneficio propio.

La vida retirada y desprendida de los budistas convencería pronto al «pueblo» de que no había engaño posible. Y el «pueblo», sin comprender del todo la doctrina, se rendía a la presencia humilde —y, por supuesto, taumatúrgica— del Bienaventurado, como empezó a llamársele.

Ampliar Este Tema En Este Sitio

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Entrada: BUDA

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

RESUMEN BIOGRAFÍCO Y  LOS HECHOS MAS IMPORTANTES  DE SU PONTIFICADO

Juan Pablo II (1920-2005), papa (1978-2005), el primero no italiano desde 1523. El pontificado de Juan Pablo II confirmó la evolución de la Iglesia desde el concilio Vaticano II. La orientación enérgica y eficaz de su pontificado, sus declaraciones doctrinales y sus viajes por todo el mundo (sin precedentes) realzaron la importancia del Papado tanto dentro como fuera de la Iglesia católica.

El papa ratificó su vocación de ser un actor del siglo, principalmente a través de su compromiso contra el comunismo, e internacionalizó su acción por medio de frecuentes viajes apostólicos. Por primera vez desde 1552, un cardenal no italiano accedió al pontificado. Adoptó el nombre de Juan Pablo II.

Papa Juan Pablo II

Papa Juan Pablo II

Juan Pablo II sucedió a Juan Pablo I cuyo  pontificado sólo había durado treinta y tres días, quioen había sucediendo  a los quince años del de Paulo VI. El impacto fue profundo en la cristiandad. La Iglesia atravesaba por un período de incertidumbres ligado en especial a los efectos de la conmoción causada por el concilio Vaticano II. Su pontificado se inscribe en la continuidad de la onda de choque  propagada por el concilio Vaticano II. La adaptación de la Iglesia católica al siglo XX, iniciada de manera voluntarista por Paulo VI, planteó importantes debate; además de la oposición tradicional entre los “conservadores” y “progresistas”.

De nombre Karol Wojtyla nació en Wadowice, Galitzia , cerca de Cracovia en Polonia, el 18 de mayo 1920, el segundo hijo de un padre militar y una madre maestra. Wojtyla fue marcado en su juventud por la desaparición de todos sus parientes. A los 9 años su madre muere y unos años más tarde, su hermano mayor muere prematuramente. Su padre murió en 1941.

Estos eventos familiares tuvieron lugar en un contexto histórico difícil. Karol Wojtyla ha compartido el destino de Polonia particularmente afectados por las tragedias del siglo XX. En 1939, Polonia volvió a perder su autonomía con su partición entre la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Después de la guerra, Polonia experimentará el totalitarismo comunista hasta 1989. Wojtyla visitará Polonia comunista en el inicio de su pontificado en 1979 y de nuevo en 1983 y 1987. Las manifestaciones desencadenadas por sus visitas, su apoyo explícito al Solidarnosc sindicato, han jugado un papel decisivo en la caída del poder comunista en Polonia (1989), el primer acto de la debacle del bloque oriental.

La acción polaca de Juan Pablo II ha sido una de las ilustraciones de un pontificado marcado por los derechos humanos y la propagación de los conflictos armados. En 1979, en su primera encíclica, Juan Pablo II declaró: “La paz se reduce al respeto de los derechos humanos inviolables […], Cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro.”.

Una de las últimas batallas de Juan Pablo II ha sido su oposición al estallido de la guerra en Irak por parte de Estados Unidos. El 13 de enero de 2003, al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, dijo: “No a la guerra Nunca inevitable Siempre es una derrota para la humanidad ..!”

Antes de entrar en el seminario, Karol Wojtyla siguió la literatura estudiada en la Universidad Jagellónica de Cracovia. El trabajo forzoso impuesto por los ocupantes nazis hicieron interrumpir sus estudios. Desde el otoño de 1940 y durante casi 4 años, Karol Wojtyla trabajó como obrero en una cantera de piedra primero (para una industria química Solvay) , y luego en una fábrica química. Juan Pablo II mantendrá esta experiencia con una gran preocupación por los problemas sociales.

En 1979, durante su viaje a México, dijo a los trabajadores de Monterrey: “No me he olvidado de los difíciles años de la Primera Guerra Mundial , yo mismo tengo experiencia directa de trabajo físico como el suyo […]. Sé perfectamente lo necesario que es que el trabajo abusivo,  responde a la dignidad superior del hombre “.

En Centesimus annus (1991) Juan Pablo II también advierte contra una forma radical del capitalismo: “La solución marxista ha fracasado, pero persisten en el mundo fenómenos de marginación y explotación especialmente en el Tercer Mundo , así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados […]. Hay incluso un riesgo de propagación de una ideología radical de negarse capitalista para su consideración, admitiendo A priori que cualquier intento de tratar directamente está condenado al fracaso, y que, en principio, espera que la solución para el libre desarrollo de las fuerzas del mercado “.

Juan Pablo II refiriéndose a los países más pobres del mundo, dice que muchos hombres viven en ambientes donde la lucha por lo necesario es absolutamente prioritaria, donde están vigentes todavía las reglas del capitalismo primitivo junto con una despiadada situación que no tiene nada que envidiar a la de los momentos más oscuros de la primera fase de industrialización.

Se unió a un grupo de teatro de vanguardia que extenderá sus actividades bajo tierra. Karol Wojtyla escribió varias composiciones poéticas y teatrales, algunas de las cuales, al igual que la obra de teatro La tienda del orfebre, había hecho eco posteriormente fuera de las fronteras de Polonia. La creación literaria no ha sido abandonado por Juan Pablo II será el primer papa a publicar una colección de poemas (Tríptico Romano, 2003).

La ocupación nazi y más tarde las autoridades comunistas tratan de romper las raíces culturales de la identidad polaca. Las actividades de los estudiantes y teatrales de Karol Wojtyla será una forma de resistencia a la opresión ideológica y política.

Cuando se  convirtió en el Papa Juan Pablo II, declaró el 02 de junio 1980, en la UNESCO en París: “Soy hijo de una nación que ha vivido las mayores experiencias de la historia, que ha sido condenada a muerte por sus vecinos en varias ocasiones, pero que ha sobrevivido y que ha seguido siendo ella misma. Ha conservado su identidad y, a pesar de haber sido dividida y ocupada por extranjeros, ha conservado su soberanía nacional, no porque se apoyara en los recursos de la fuerza física, sino apoyándose exclusivamente en su cultura. Esta cultura resultó tener un poder mayor que todas las otras fuerzas.”

En 1982, se creó el Consejo Pontificio de la Cultura, y en 1993 se unió a ella el Pontificio Consejo para el Diálogo con los no creyentes (creados por Pablo VI en 1965). La creación de este nuevo dicasterio (tribunal compartido), presidido desde el inicio por el cardenal francés Paul Poupard, recibió la misión de promover el encuentro entre las culturas y el Evangelio.

En diciembre de 2000, Juan Pablo II dijo: “Una cultura que rechaza referirse a Dios, pierde la propia alma y se desorienta transformándose en una cultura de muerte, como atestiguan los trágicos acontecimientos del siglo XX y como demuestran los efectos nihilistas actualmente presentes en importantes ámbitos del mundo occidental»..” (Mensaje para la 34ª Jornada Mundial de la Paz).

Karol Wojtyla en 1942 entró al seminario de Cracovia, que debido a la ocupación nazi el seminario se redujo a la clandestinidad.

El 1° de noviembre de 1946, el arzobispo de Cracovia, el arzobispo Sapieha (que Pío XII lo había declarado cardenal) dirige al sacerdote Karol Wojtyla, y lo envía a continuar sus estudios en Roma, en la Pontificia Universidad de la Angelicum.

Defiende  su tesis en junio de 1948, en 1953, apoyará una tesis sobre el filósofo alemán Max Scheler, en la Universidad Jagellónica de Polonia, que cerró el año siguiente por el poder comunista. Siendo profesor asistente en la Universidad de Lublin en 1954, se convierte en el titular de la Cátedra de Ética en 1957. En 1958 fue nombrado arzobispo de Cracovia y el 26 de junio de 1967 cardenal.

Las actividades intelectuales de Padre Wojtyla no impidieron desarrollar una actividad pastoral. Se orienta a los jóvenes. Juan Pablo II se mantendrá durante toda su vida, una proximidad real con los jóvenes  que hablará de manera particularmente fuerte en  la Jornada Mundial de la Juventud o “Día Mundial de la Juventud” (en París en 1997, Roma en 2000 y Toronto en 2002 ). Este contacto privilegiado con la juventud presentará una doble nota de confianza y exigencia.

En el “Día de la Juventud” en Roma, Juan Pablo II declaró: «En el año 2000, ¿es difícil creer?». Esta es la pregunta que planteó Juan Pablo II a los dos millones de jóvenes reunidos en la vigilia de las Jornadas Mundiales de la Juventud. «Esta tarde os entregaré el Evangelio –dijo en respuesta al interrogante–. Es el regalo que el Papa os deja en esta vigilia inolvidable. La palabra que contiene es la palabra de Jesús. Si la escucháis en silencio, en oración, dejándoos ayudar por el sabio consejo de vuestros sacerdotes y educadores con el fin de comprenderla para vuestra vida, entonces encontraréis a Cristo y lo seguiréis, entregando día a día la vida por Él».

El Padre Wojtyla fue ordenado obispo auxiliar de Cracovia 28 de septiembre de 1958. Al igual que cualquier obispo católico, fue convocado al Vaticano II, inaugurado por el Papa Juan XXIII el 11 de octubre 1962 y clausurado por el Papa Pablo VI el 07 de diciembre 1965. El Obispo Wojtyla fue invitado a hacer una contribución personal al Consejo, por estar involucrado en el trabajo de redacción de la Constitución pastoral Gaudium et Spes.

El 13 de enero de 1964, Pablo VI nombró al obispo Wojtyla arzobispo de Cracovia. El nuevo arzobispo tomó posesión del cargo el 8 de marzo de 1964. Pablo VI murió el 6 de agosto de 1978, 20 días después Wojtyla es elegido Papa el 26 de agosto de 1978.

Mensaje Inicial de Juan  Pablo II: Ante los fieles sorprendidos por la juventud de este papa polaco, desconocido para todos, y cuyo nombre era difícil de pronunciar.Juan Pablo II lanzó un mensaje de esperanza y confianza hasta hoy famoso: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo de par en par! A su poder salvador abran las fronteras de los Estados, de los sistemas económicos y políticos, los vastos dominios de la cultura». A través de esta primera homilía, Juan Pablo II anunció la fuerza de los valores apostólicos que pronto estremecerían Europa del Este, y reafirmó el espíritu de cruzada que caracterizó de muchas maneras su pontificado.

El Papa Juan Pablo II tuvo como objetivo la puesta en práctica del Concilio Vaticano II. El día después de su elección, dijo: “Queremos en primer lugar destacar la importancia permanente del Concilio Ecuménico Vaticano II, y esto significa para nosotros un compromiso formal para implementarlo a fondo.”

Es en esta perspectiva que Juan Pablo II va a reformar el derecho de la Iglesia Católica a través de la promulgación del nuevo Código de Derecho Canónico en 1983. Él quizo ofrecer una presentación de los fundamentos de la fe católica, con la publicación de Catecismo de la Iglesia Católica en 1992. En la encíclica Ut unum sint 1995, proclama la  apertura a las comunidades cristianas no católicas y a la discusión sobre los procedimientos para el ejercicio del ministerio papal.

ECUMENISMO: Uno de los objetivos principales del concilio Vaticano II fue «promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos». El Vaticano reconoció como primer interlocutor al Consejo ecuménico de las Iglesias, pero autorizó a sus representantes para que participaran en ciertas conferencias ecuménicas. Iniciada durante el pontificado de Paulo VI, esta tendencia se aceleró tras la iniciativa de Juan Pablo II, que estableció explícitamente la plena comunión «como objetivo para el diálogo entre las distintas religiones cristianas». Durante los últimos veinte años, este movimiento ha pasado por etapas importantes: en 1986, los cristianos separados participaron junto al papa en el primer encuentro entre religiones, organizado en Asís (Italia). En 1987, el patriarca de Moscú fue recibido en el Vaticano, reanudó las relaciones con la Santa Sede y recitó junto con Juan Pablo II el Credo de Nicea. Sin embargo, el ecumenismo se ha enfrentado desde hace algunos años al deterioro de las relaciones entre el papa y la Iglesia anglicana (debido al problema de la ordenación de mujeres) y a las tensiones a raíz del magisterio político ejercido en ciertos países por la Iglesia ortodoxa.

Los esfuerzos de reconciliación con el judaísmo y el diálogo interreligioso también aspectos del pontificado de estar en el punto de vista del Consejo. Respecto del judaísmo, Juan Pablo II planteará gestos altamente simbólicos, cuyo objetivo será promover la reconciliación con la Iglesia Católica. Para ello, Juan Pablo II dirigió un “examen de conciencia” sobre los pecados cometidos contra Judíos en la historia de la Iglesia.

Por otra parte, Juan Pablo II ha dado visibilidad al diálogo interreligioso, por ejemplo a través de su encuentro con los jóvenes musulmanes en el estadio de Casablanca en 1985, visitó la Mezquita de los Omeyas en Damasco, 6 de mayo de 2001 y de nuevo ambas reuniones de oración interreligiosa en Asís en 1986 y 2002. Todos estos actos procedieron de la convicción del Papa Juan Pablo II que el despliegue de la herencia del Concilio era la manera correcta de llevar a la Iglesia Católica en el tercero milenio.

Juan Pablo II canonizó por Francisco 27 ​​de abril 2014, junto con Juan XXIII.

CRONOLOGÍA DE JUAN PABLO II

1920 Nacimiento de Karol Wojtyla, el 18 de mayo. Las tropas alemanas invaden Polonia.

1946  Karol Wojtyla es ordenado sacerdote.

1958 Es nombrado obispo de Ombi.

1962-1965 Concilio Vaticano II.

1963 Wojtyla, arzobispo de Cracovia.

1967 Es nombrado cardenal por Paulo VI.

1978 Muerte de Paulo VI y luego de Juan Pablo I.   Karol Wojtyla, elegido papa.

1979 Viaje apostólico a Polonia.

1980 Grandes huelgas en Gdañs

1981 Atentado contra Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Encíclica Laborem Exercens legítima la reivindicación de la libertad sindical.

1986 Jornada ecuménica de oración por  la paz, en Asís.

1988 Monseñor Lefebvre es declarado cismático.

1989 Victoria de Solidarnosc en las elecciones legislativas en Polonia. Caída del muro de Berlín. Encuentro histórico entre el papa y Mijaíl Gorbachov.

1991 Publicación de la encíclica Centisimus Annus que constata el fracaso del socialismo, pero critica el capitalismo.

1997 Jornadas mundiales de la juventud en París.

1998 Viaje de Juan Pablo II a Cuba.

2000 Año del Jubileo declarado por Juan Pablo II.

Viajes apostólicos a Egipto y Tierra Santa.

2002 -2003 Viajes apostólicos a Canadá, Guatemala, México y España.

2005 Muerte de Juan Pablo II.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Larousse Tomo II Entrada: Biografía Juan Pablo II

Gremios y Cofradías en la Edad Media Organizacion Laboral

ORGANIZACIÓN LABORAL EN LA EDAD MEDIA

GREMIOS O CORPORACIONES MEDIEVALES: En el siglo XII ya está instalado el artesano con su pequeño taller en un burgo. En los últimos tiempos ha progresado notablemente. Desarrolla una gran actividad. Cada vez fabrica mayor cantidad y más variedad de objetos: armas, ropas, sombreros , arcones, calzados, carretones, féretros, etc. Cuenta ahora con la seguridad de poder vender toda su producción. Los mercaderes ambulantes van de castillo en castillo, de ciudad en ciudad.

En las ciudades, los comerciantes organizan ferias, y en estas ferias compran los señores y los campesinos, que ahora utilizan la moneda para adquirir las mercaderías. El trueque o intercambio de productos ha sido reemplazado por este sistema, que se incorporará ahora definitivamente al mundo del comercio.

Además de un comercio regional, cuentan con la gran demanda de un comercio internacional entre los puertos de Oriente y los puertos del Mediterráneo Occidental (Italia, Sicilia, Francia, Provenza, Aragón, Mallorca).

Por lo tanto, la fabricación debe aumentar. Aunque el taller no se amplía, pues sólo siguen trabajando en él cinco o seis artesanos, la técnica mejora con los nuevos telares a pedal que se incorporan, y además, con la aplicación de los molinos de agua, cuyas fuerzas se utilizan tanto para moler el trigo como para golpear el paño en el batán. Son famosos los paños flamencos, que luego los florentinos perfeccionan con un mejor teñido y más delicada presentación. La industria del cuero, del hierro, la fabricación de armas y de navios enriquece a la burguesía.

Vendedor de Pescado en la Edad Media

COMERCIANTES Y ARTESANOS SE ORGANIZAN
El comerciante, que vive de la exportación y de la importación, está dispuesto ahora a emprender un viaje, y prepara su caravana.   A partir de este momento comienzan todas las dificultades, que luego se acrecentarán. Si la ruta que siue es terrestre, no faltarán robos y ataques hasta de los mismo señores feudales; si la ruta es mar´tima , se sabe que los piratas estarán en acecho.   No se puede viajar solo, sino en unipo; no se debe enviar un solo barco, sino tratar de organizar una flotilla.   Hay que con seguir guardias para cuidar las caravanas.

Hansa, Guilda, Liga, Hermandad: Por eso los mercaderes empiezan a asociarse en forma permanente. Estas asociaciones se llamaron Guildas en Inglaterra. En Alemania aparece con esta misma intención la Liga hansiática Hansa (Federación de ciudades libres).

En Italia se organizará la Liga Lombarda, y en España la Hermandad de las Marismas (1296), que agrupa a las ciudades marítimas. Cualquier mercader podía ingresar al principio en estas asociaciones, pero después las cosas se complicaron. En ellas se vigiló la competencia, se organizaron las ferias, se exigió una determinada nacionalidad para sus miembros, y además mediante estas ligas las ciudades se protegieron. Tenían sus milicias y hasta una armada.

Corporaciones o Gremios: Las asociaciones de artesanos aparecieron más tardiamente que las de mercaderes. Cada corporación corresponde a un oficio determinado y demuestra en sus severos reglamentos la modalidad de la época:  el ordenamiento jerárquico, rígido.   Para abrir un taller se necesitaba que la corporación lo aprobara. Los precios y los salarios eran fijos.

En el escalón más bajo estaban:

♦     Los aprendices (discipuli), los que debían aprender a trabajar, de 10 a 12 anos de edad. Vivían con su maestro y debían servirlo en el taller y en el hogar durante tres años.

♦    Los compañeros (famuli), es decir los obreros que trabajaban con el maestro dos o tres años.

♦    Los maestros (magistri), los dueños del taller. Sólo cuando se llegaba a ser maestro se podía abrir un taller.
Al que no pertenecía a la corporación, no le estaba permitido ejercer en esa rama de la artesanía.

Las corporaciones o gremios eran también centros de ayuda mutua; ayudaban al enfermo, a la viuda, al huérfano. Así, el estatuto del gremio de los sastres de Londres fijaba una pensión que se le debía pagar a cualquiera de sus miembros, impedido de trabajar.

Cofradías: En España existían las Cofradías, asociaciones profesionales con fines benéficos, de acentuado carácter religioso, vinculadas con un santo al que tomaban como protector.

Las cofradías de mareantes (marineros, pescadores, etc.), fueron las más antiguas. En el sur de España, en Sevilla especialmente, los pilotos, navieros y contramaestres se unieron en la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Aire. Junto a las cofradías aparecen los gremios, las verdaderas corporaciones profesionales, menos importantes allí que en Francia e Italia, naciones de fuerte artesanía.

En España, país esencialmente ganadero, fue importante el Concejo la  Corporación de la Mesta   (1273), asociación de pastores y propietarios que llegó a ejercer un verdadero control del comercio ganadero.

Boticario en la Edad Media

DISTINTAS CATEGORÍAS DE BURGUESES
A la ciudad medieval la dirigen magistrados y un consejo municipal o ayuntamiento. Los ciudadanos más ricos y poderosos piensan que a ellos solos les corresponde gobernar la ciudad. Esta oligarquía o patriciado urbano se considera muy superior y bastante próximo a la nobleza.

A veces, también poseía tierras como la nobleza, pero se diferenciaba de ella por la riqueza monetaria que había adquirido con la actividad industrial o comercial de sus antepasados. Este patriciado urbano no se dedicaba ahorn a ningún trabajo; sólo colocaba sus capitales en empresas que otros atendían. Por debajo de ellos en la escala social, estaban los mercaderes, los fuertes empresarios y los navieros con barcos de su propiedad y mercaderías acumuladas, dispuestos a llegar hasta China para conseguir el máximo beneficio de sus fuerzos y su audacia.

Luego venían los pañeros, drogueros, cirujanos, notarios y los artistas importantes, como los maestros de obras de las catedrales. Todo ellos miraban con desprecio a los artesanos o gente de oficios (menestrales): carpinteros, herreros, sastres, zapateros, pequeños comerciantes, y a su vez, no consideraban por encima del resto de los habitantes de la ciudad. Todos los burgueses, a pesar de las diferentes categorías sociales estable cidas, se sienten hijos de su propio esfuerzo y no creen que dentro de la vida urbana deban existir vallas sociales infranqueables.

AMPLIACIÓN DEL TEMA…
CORPORACIONES: Durante mucho tiempo, cada artesano pudo trabajar libremente, pero, poco a poco, las profesiones se’ fueron organizando en corporaciones. Se comenzaba siendo aprendiz: los muchachos aprendían el oficio en la tienda u obrador del patrón; vivían con él y eran utilizados para todas las tareas,   incluidos   los   trabajos   domésticos que les imponía la mujer del patrón. No estaban remunerados; su trabajo servía para pagar, además del alojamiento y la comida, la formación profesional. Después, el aprendiz se convertía en obrero u oficial.

Para hacerse maestro y tener derecho a abrir un taller e instalarse por su cuenta, tenía que realizar una «obra maestra», que le ocupaba largos meses y que le exigía el empleo de materias primas costosas.

El acceso a la maestría era, pues, difícil, sobre todo en algunos oficios, porque, para evitar la competencia y limitar su número, se tendía a cobrar derechos de entrada, y, además, los encargados de juzgar las «obras maestras» se mostraban cada vez más severos. Lo más sencillo, por supuesto, era ser hijo o yerno de un maestro; en este caso, las barreras se alzaban.

Esto dio lugar a una herencia de los oficios paralela a la de los feudos, que permitió mantener en la sociedad una rigidez que se consideraba necesaria para la buena marcha del mundo. Desde luego, estos exámenes estaban justificados, a veces: así, hoy podemos admitir que el oficio de barrer: fuera objeto de una reglamentación precisa, pues los miembros de esta profesión actuaban también como cirujanos.

Para hacer frente al egoísmo de los maestros, los obreros se asociaban, a veces, en gremios. Estas organizaciones permitían discutir con más eficacia las condiciones de los salarios, representando el papel de los sindicatos contemporáneos. Sin embargo, las corporaciones, dirigidas por los maestros, consiguieron generalmente quebrantar estas asociaciones disidentes, a las que calificaban de asambleas facciosas.

Los maestros, pues, no admitían la lucha de clases en el seno de su profesión. Estimaban que las corporaciones velaban por el bien de todos y que había que continuar unidos para oponerse a las clases dominantes de la aristocracia.

De hecho, las corporaciones desempeñaron en Italia, y particularmente en Flandes y en París, un papel revolucionario, que prefiguraba el del Tercer Estado en la revolución de 1789. Así, en el siglo xiv, Esteban Marcel se apoyó en los carniceros para oponerse al poder real; por su parte, Jacobo van Artevelde recibió en Gante el apoyo de las corporaciones.

LAS COFRADÍAS
En el curso de esa Edad de la Fe que fue la Edad Media, era normal que las corporaciones, organizaciones económicas, se relacionaran con lo religioso. Gada corporación formaba normalmente una cofradía; cada cofradía rendía culto a un santo particular (a Eloy los orfebres, a Crispín los zapateros, a José los carpinteros) y edificaba una capilla en la que se reunía.

Además, las cofradías organizaban procesiones y fiestas, obligaban a sus miembros a asistir a las exequias de los cofrades muertos y, sobre todo, era un organismo de asistencia mutua, encargado de ayudar a los compañeros pobres, enfermos o ancianos. Algunas cofradías llegaron a crear centros hospitalarios. Tanto los aprendices como los oficiales y los maestros estaban, pues, unidos por un conjunto de lazos económicos, jurídicos, políticos, religiosos y sentimentales que los hacían solidarios y los protegían, pero que impedían las innovaciones.

Nuestra mentalidad moderna encuentra normal la competencia: que quien descubra un truco técnico, que quien dé pruebas de inventiva, consiguiendo fabricar a menos precio, quite la clientela a un competidor, nos parece justificado. La Edad Media, en cambio, consideraba esto desleal y deshonesto. Se condenaba el progreso, que podía arrebatar el pan de la boca de los cofrades.

Las corporaciones, al reglamentar los precios y las técnicas de fabricación, conseguían la seguridad de sus miembros, pero paralizaban los progresos técnicos. Por esto la Revolución Francesa, que suprimió las corporaciones en nombre de la libertad individual, favoreció el progreso técnico, pero, al mismo tiempo,el aplastamiento de los misérrimos proletarios del siglo XIX.

LA CORTE DE LOS MILAGROS
Sin embargo, existía la miseria en las ciudades: el vagabundeo, la mendicidad y el bandidaje hacían estragos tanto en la ciudad como en el campo. Las guerras, los disturbios y las epidemias hacían crecer el número de los desheredados de la sociedad. La mendicidad era para algunos un género de vida normal, que la moral cristiana no reprobaba. Guillebert de Metz llegó a jactarse de los ochenta mil mendigos que, según él, probaban el esplendor de París.

Como ocurría siempre en la Edad Media, la cifra era exagerada. Los verdaderos pobres podían quejarse de la competencia que les hacían los «caimanes» o falsos mendigos, que sabían remedar admirablemente innobles enfermedades y que se disfrazaban para presentar a la compasión pública heridas sangrientas, aplicándose una mezcla de harina, pintura y sangre. Algunos, con moras y bermellón, hacían apiadarse a los transeúntes, echando sangre por la boca y por la nariz. Muchos niños eran raptados, mutilados y puestos a mendigar. La «Corte de los Milagros» bordeaba la callejuela laboriosa.

Vendedores de falsas reliquias, monederos falsos, tramposos, malhechores, intentaban escapar a la justicia mostrando una tonsura y afirmando  que  sólo podían  ser  juzgados  por las autoridades eclesiásticas. Todos ellos hacían de las ciudades lugares peligrosos. Para poner fin a los manejos del hampa, fueron promulgadas diversas ordenanzas; sin embargo, su repetición periódica prueba que eran ineficaces.

Como la Mafia contemporánea, los maleantes formaban una corporación con sus reglamentos interiores y su jerarquía de aprendices, oficiales y maestros; la «obra maestra» consistía en cortar la bolsa de una mujer arrodillada en una iglesia, o asaltar sin ruido a un burgués. Sólo les faltaba el santo patrono.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Historia Oton I Emperador del Sacro Imperio Romano Vida

OTON EL GRANDE, EMPERADOR

El 2 de febrero de 962 después de Jesucristo, en la Basílica de San Pedro, de Roma, se repetía la misma ceremonia con la cual, en el año 800, Carlomagno había sido reconocido emperador del Sacro Imperio Romano: el papa Juan XII colocaba la corona imperial sobre la cabeza de Otón I, rey de los germanos. En esa forma, después de casi dos siglos, resurgía el Sacro Imperio Romano. Y como se lo debía a un soberano alemán, fue llamado Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón I, llamado El Grande, fue rey de Germania (936-973) y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (962-973). En el ejercicio del primero de sus citados títulos, su reino se vio consolidado y fortalecido. Obtuvo el dominio del norte de la actual Italia al contraer matrimonio con la reina viuda de Lombardía, Adelaida, a la que había ayudado a derrotar al usurpador Berengario II. Coronado emperador del Sacro Imperio por el papa Juan XII, pretendió la subordinación de la Iglesia a la autoridad imperial.

 

Emperdor Oton I

LUCHA CONTRA LOS FEUDATARIOS
El mismo día de su coronación como rey de Alemania (año 936) Otón I quiso mostrarse magnífico con los feudatarios que intervinieron en la ceremonia: asignó a cada uno de ellos importantes cargos de corte (chambelán, comandante de caballería, etc.).

Con dicho acto, el joven soberano quiso demostrar que deseaba vivir en armonía con todos los nobles de su reino. Pero, aquélla tuvo breve duración: poco después, los feudatarios más poderosos (los duques de Bohemia, de Franconia, de Suabia) se rebelaron con la intención de constituir en sus territorios reinos independientes.
Sin embargo, no tardaron en comprender que tenían que habérselas con un soberano enérgico, dispuesto a hacer reconocer a toda costa sus derechos de rey.

Efectivamente, Otón I enfrentó a los feudatarios rebeldes y, después de dos años de guerra, logró derrotarlos y someterlos a su autoridad. Y como se dio cuenta de que tarde o temprano los feudatarios volverían a rebelarse, Otón I les quitó el dominio de muchas tierras y las concedió en feudo a hombres de la Iglesia (especialmente obispos, que tuvieron el título de condes).

Una vez que hubo consolidado su poder en Alemania, Otón pudo considerarse el soberano más poderoso de Europa, y tratar de alcanzar la meta a que aspiraba desde hacía años: hacer resurgir el gran imperio fundado por Carlomagno y destruido por sus sucesores. El programa no era ciertamente fácil: para reconstituir la unidad del Imperio Carolingio había que someter a los reinos de Francia y de Italia, que hacía tiempo se habían independizado.

VICTORIA SOBRE LOS HÚNGAROS
Cuando todo parecía ir perfectamente, Otón recibió una tremenda noticia: hordas de húngaros, procedentes de las regiones danubianas, habían invadido Alemania. Dejando el trono de Italia a Berenguer II, que ie había hecho acto de sumisión y promesa de fidelidad, Otón regresó a Alemania para enfrentar a los invasores.
En una sangrienta batalla, librada en las cercanías de Augusta, Otón I logró exterminar al ejército enemigo. Merced a esta victoria, los húngaros fueron expulsados para siempre a sus tierras de origen.

OTÓN I EN ITALIA
Mientras Otón meditaba planes para poner en ejecución su gran programa, he ahí que la fortuna le salió al encuentro ines– eradamente. Adelaida, viuda de Lotario, rey de Italia, le pidió que se dirigiera a ese país para ayudarle a recuperar el reino, que le había usurpado Berenguer II, marqués de Ivrea.

Para liberarse de Berenguer, también los feudatarios italianos se sintieron inclinados a reconocer la autoridad del rey extranjero.

A Otón I no podía presentársele una ocasión más favorable para poner pie en la península italiana. En septiembre de 951 llegó a Italia, donde no encontró ninguna resistencia. Berenguer, despavorido, se había refugiado en Ivrea. Adelaida, que esperaba ser repuesta en el trono de Italia, fue pedida como esposa por Otón I. Así, este soberano obtuvo lo que deseaba: Italia podía considerarse uno de sus reinos.

REY DE ITALIA Y EMPERADOR
Mientras tanto, Berenguer II no sólo había actuado como si fuera un rey independiente, sino que también trató de conquistar los territorios de la Iglesia. Entonces, el papa Juan XII, para defenderse de la amenaza de Berenguer, decidió pedir ayuda a Otón I.

Y he aquí que en el invierno de 962, Otón I llegó nuevamente a Italia. Los príncipes y prelados italianos se reunieron en Milán, declararon a Berenguer derrocado y ofrecieron el reino a Otón I. Poco después, en Pavía, el soberano alemán fue coronado rey de Italia. Alemania e Italia, unidas, podían formar un imperio. Otón I pensó, entonces, que había llegado el momento de ceñir la corona imperial. “Si, con la ayuda de Dios, Roma me ve entre sus murallas —escribió al Papa— yo levantaré con toda mi potencia a la Iglesia Romana y a Ti, que eres su Jefe”.

Una declaración de esta naturaleza no pudo dejar insensible a Juan XII. Otón I fue coronado emperador, y al papa Juan XII le pareció que en ese momento resurgía en Europa el Sacro Imperio Romano.

LA IGLESIA AL SERVICIO DEL IMPERIO
En cuanto logró su coronación, Otón I se apresuró a dar a conocer sus verdaderas intenciones. Mediante un edicto estableció que el derecho de nombrar a ios pontífices correspondía solamente al emperador. Si en el tiempo de Carlomagno, el imperio había estado al servicio de la Iglesia, ahora, con Otón I, la Iglesia se encontraría sujeta al imperio. No obstante, Otón I no había finalizado sus planes de conquista. Ahora aspiraba a la posesión de Italia meridional, aún en manos de los bizantinos. . Pero, en 973, cuando se preparaba para llevar a cabo la conquista, murió a la edad de 61 años, después de 37 de reinado.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – Oton I Emperador

Biografia de Mozart,Van Gogh,Picasso,Cervantes,Dante Alighieri

Grandes de la Música
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
Amadeus Mozart Johann S. Bach Beethoven
Grandes de la Literatura
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
Shakespeare Dante Alighieri Miguel Cervantes
Grandes de la Pintura
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
Miguel Ángel Van Gogh Pablo Picasso

 Los hombres hacen su historia y construyen civilizaciones. Desde hace millares de años, y a partir del momento en que los primates comenzaron a utilizar las manos, los ojos y el cerebro racionalmente, diferenciándose de los otros animales, millones de hombres pasaron por la superficie de la Tierra.

La mayoría de ellos, limitada por sus condiciones personales y sociales, no dejó rastros en la Historia. Otros, en cambio, políticos, científicos, filósofos, religiosos y artistas lucharon, innovaron y modificaron el mundo y la realidad que los rodeaba y, al proceder así, hicieron Historia.

Esos personajes se proyectaron más allá de su mera condición de individuos, para conquistar un puesto destacado en la transformación del destino colectivo de la humanidad. Algunos de ellos desempeñaron un papel más trascendente que otros. Pero todos, indistintamente, con el aporte que brindaron de acuerdo con sus posibilidades, forjaron las bases del gran edificio de la civilización contemporánea.

¿Por qué Mozart, Bach, Beethoven, Shakeaspeare, Miguel Ángel, y otros tantos personajes históricos se hicieron famosos?. ¿Lo fueron gracias a su talento o también debido a las circunstancias históricas que les tocó vivir? ¿Fueron más  afortunados que los demás o tuvieron más sensibilidad e intuición que sus contemporáneos?. Leer sus biografías, significa sobre todo conocer la vida y la obra de los grandes hombres de la historia.

Aquí solo presentamos algunas de las vidas de los individuos que, en mayor medida, han contribuido a hacer la Historia en el Arte. Estos protagonistas son también los protagonistas de nuestra memoria colectiva, aquellos a quienes se recuerda (con independencia de que la importancia real que tuvieran en su época fuera quizá menor que la que tuvieron otros, a quienes hemos preferido olvidar).

La literatura, las artes y la música tienen ahí también su influencia, así como la toponimia e incluso las canciones infantiles, perdurando hasta nosotros nombres y figuras que quizá de otro modo se habrían perdido con el paso del tiempo.

La celebridad ha sido, por tanto, un criterio de inclusión de algunos personajes en esta página, en atención al lector que pudiera interrogarse por esos nombres conocidos. Y es que, en definitiva, es la curiosidad del lector el elemento que dará a este post su sentido último, al guiar la lectura de un personaje a otro.

Agregamos otro gran personaje, que merece estar en esta lista y es importante que leas sobre su vida, se trata de Leonardo Da Vinci, haz clic para llegar a su biografía.

Fotos de Catedrales del Mundo Iglesias Templos

¿Qué hizo posible la erección de las magníficas y avanzadas catedrales góticas en una época comí la Edad Media, considerada primitiva y oscura? ¿Qué intereses políticos y conjuras eclesiásticas impulsaron su construcción? ¿Qué papel jugaron las intrigas palaciegas medievales? ¿Fueron esas enigmáticas catedrales monumentos simbólicos de sectas ancestrales? ¿Quiénes guardaban los secretos constructivos de su sorprendente armonía y equilibrio? ¿Cómo influyeron en el desarrollo de las ciudades y en la vida cotidiana de los campesinos? Y, finalmente, ¿Qué mensajes crípticos se ocultan aún en sus rincones y sus ornamentos?

Explica Chanelle en su libro “Más Allá de las Catedrales“: «El arte gótico es un resurgimiento de los principales mitos del paganismo», el autor vincula las catedrales góticas con tradiciones místicas como las de los druidas, los eremitas y los cataros, conjugándolas con los arcanos de los alquimistas, el procaz paganismo de las fiestas medievales o los secretos orientales que guardaban celosamente los templarios.

De este modo, consigue mpstrar el auténtico submundo que latía bajo el asombroso florecimiento cultural del siglo XII. Además, revela sin tapujos la cara oscura del papel de la Iglesia en todos los aspectos de la vida durante la Edad Media, desde las luchas internas del Vaticano hasta la instigación de la macabra cruzada, albigense; pasando por las intrigas y traiciones cometidas para imponer el poder terrenal del Papado sobre imperios y reinos, la corrupta «querella de las investiduras», la venta de absoluciones e indulgencias, el oportunismo de los obispos y abades, el lujo y,erotismo en los conventos y, sobretodo, los infernales crímenes de la Santa Inquisición.

El  Sagrado Río Ganges El Fujiyama Palacio Potala Mar de los Sargazos

 

Siglo de Oro Italiano Historia del Renacimiento Y Humanismo

EL SIGLO DE ORO ITALIANO:  A pesar de las guerras, Italia, aunque dividida, mantuvo el liderazgo artístico, que Vasari teorizó fundando la historia del arte, con su obra La vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores. Roma reemplazó a Florencia, convulsionada por problemas políticos. Los papas convocaron a Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci para construir y decorar el Vaticano. En Mantua, los Gonzaga edificaron el Palacio del Té y en Ferrara, ciudad de Ariosto, los Este también iniciaron construcciones.

En Urbino, refinada corte principesca protectora de las artes, Castiglione escribió el Libro del cortesano. Venecia ocupó en tanto un lugar decisivo en la producción artística de la península. Tiziano, Tintoretto y Veronese recibieron encargos de las principales cortes principescas. Palladio innovó tanto en la arquitectura civil como en la religiosa, elaborando las normas de un clasicismo que influiría a Europa por largo tiempo. A la armonía sobria y serena del apogeo del Renacimiento, se impuso el manierismo.

Papa Urbino

A pesar de este nombre los siglos XV y XVI carecieron en Italia de figuras comparables al Dante, pero sí ofrecieron mayor variedad de géneros y una clara influencia oriental y clásica. Ludovico Ariosto (1474-1533) tuvo por mecenas el cardenal Hipólito de Este.

Dante Allighieri

Su fama como poeta era tan grande que en cierta ocasión en que cayó prisionero de un grupo de bandidos, al enterarse éstos de que habían capturado al autor de Orlando furioso, no sólo le devolvieron la libertad sino que le colmaron de honores.

En esta obra relata las hazañas de Orlando y el sitio de París, atacado por los infieles. Las hazañas de los cruzados para tomar Jerusalén fueron cantadas en un poema heroico titulado La Jerusalén libertada, debida a la inspiración de Torcuato Tasso. Éste era un hombre nervioso y desquiciado, que murió en un manicomio en 1595.

El nombre de Maquiavelo (1469-1527) y el maquiavelismo se han hecho famosos para expresar el refinamiento de un gobernante que prescinde de todo escrúpulo con tal de lograr sus fines. Exactamente quizás no era éste el propósito que inspiró a Nicolás Maquiavelo al escribir El Príncipe, un arte de gobernar que ha servido de modelo a muchísimos políticos, para los cuales todos los medios son laudables si están destinados a conseguir un ideal.

ERASMO Y RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad de su tiempo.

Rabelais

Rabelais, escritor humanista y médico francés 1494–1553

Erasmo de Rotterdam Filósofo y teólogo flamenco

Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos los rincones de Europa. En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.

Era contemporáneo de Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues fue poeta, médico, monje y jurisconsulto. Murió siendo párroco de Meudon. Su obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel, ambos grandes comilones y amantes de la buena vida.

En esta novela se burla de los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos. Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de “La Pléyade”, entre los cuales estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos. Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de crítica que contiene altos conceptos filosóficos. En Alemania, el Renacimiento fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma.

Un poeta, Hans Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros cantores, obra que se inspiró en los “minnensingers” medievales. Portugal, que se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue apasionante.

Perdió el ojo derecho peleando en África, fue a las Indias y naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado. Cuando su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa Venus.

LA POLIFONÍA. La denominada “Ars Nova” trajo una gran libertad de formas musicales. Representaba dicho estilo una revolución en la música religiosa, pero fue pronto admitido en gracia a su belleza. El canto a muchas voces y en polifonía, es decir, utilizando distintas líneas melódicas, alcanzó gran esplendor. Solía realizarse sin acompañamiento. Su principal maestro fue Juan Pierluigi de Palestrina (1526- 1594). Su maestría era tanta que a pesar de estar casado fue nombrado cantor de la Capilla Sixtina del Vaticano por decisión personal del papa Julio III, ya que estaba prohibido que los seglares, y más si estaban casados, actuaran como cantores.

Años después Palestrina fue designado director de la famosa Capilla, y en tiempo del papa Marcelo III escribió una de sus famosas misas a él dedicadas. Aún no contaba treinta años de edad y a pesar de ello su vida fue azarosa debido a la envidia que muchos clérigos tenían de sus éxitos. Finalmente murió pobre a los 72 años. Sin embargo, el reconocimiento posterior de la Iglesia ha sido notable, pues su cuerpo, por especial concesión, descansa en la basílica de San Pedro de Roma.

Casi contemporáneo de Palestrina vivió en España un gran músico: Tomás Luis de Victoria, autor de un oficio de difuntos dedicado a la emperatriz María, hermana de Felipe II, y numerosos motetes y composiciones de tipo religioso. No podía faltar en los palacios renacentistas el cultivo de la música que durante la Edad Media había permanecido en las iglesias o bien como manifestación popular. Aparecen ahora los instrumentos de teclado como el clavicordio, el clave y la espinela que fueron precursores del piano.

La viola y el laúd, así como la vihuela en España, fueron también muy apreciados por sus dulces sonoridades. Hasta el siglo XVII no debía llegar el predominio del violín. De esta época datan las composiciones breves y encomiásticas, denominadas “motete” y “madrigal”. También se usó el “canon”, o sea una composición que repite una melodía con distintas entradas y tonos.