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Algunas de las mayores y más célebres empresas jamás acometidas por la humanidad son monumentos religiosos. Desde siempre, los soberanos han catalizado el esfuerzo de pueblos enteros para construir templos al servicio de la religión oficial imperante.

Los templos egipcios de Karnak o el gran templo azteca de Ciudad de México son auténticas proclamaciones de fe levantadas para impresionar tanto a mortales como a dioses. Los soberanos que acometían tales obras actuaban en nombre de sus súbditos, al tiempo que pretendían granjearse el favor de los dioses proclamando a los cuatro vientos su devoción.

Asimismo, todo templo consagrado a un dios que ostentara el nombre del devoto soberano se convertía en una manera de ensalzar la legitimidad, el poder y los logros de este último. El paso final dentro de este proceso era la deificación del propio rey, que se hacía erigir templos para su mayor gloria en vida. En ese sentido, las estatuas colosales de Rameses u, que en el templo egipcio de Abu Simbel dejan bien claro quién es el verdadero protagonista de tan insigne complejo monumental.

Muchos templos, pues, son en realidad monumentos que ensalzan el poder de un rey, si bien hay otros cuya edificación surgió de una convicción religiosa más profunda. Tal es el caso de Stonehenge, la obra maestra de un pueblo que, sin jerarcas poderosos o un gobierno centralizado, canalizó bajo un mismo proyecto la voluntad de toda una comunidad durante tal vez varias generaciones sucesivas.

De hecho, siglos después de su construcción aún había personas de la clase dominante deseosas de ser enterradas en sus proximidades, bien por respeto a una tradición fijada por sus antepasados y por el valor sagrado del monumento en sí, bien porque consideraran éste una obra mágica surgida de las manos de dioses o héroes, o incluso por su aspecto de extraña formación natural cuyo origen sigue siendo un misterio. Sea cual sea el motivo, lo cierto es que Stonehenge era para aquellas gentes un poderoso símbolo de lo excepcional y lo místico.

Los templos nos permiten saber cómo veían los pueblos a sus dioses y cómo se veían a sí mismos. La peculiar disposición de las imponentes formas geométricas de Newark, en Ohio, Estados Unidos, réplicas de determinadas constelaciones, sugieren que para el pueblo que las construyó la observación de los ciclos lunares era de suma importancia.

En algunos casos, los avances técnicos permitieron crear obras revolucionarias, como la bóveda del Panteón de Roma, la más grande de su estilo jamás construida. Algunos monumentos religiosos constituyen la culminación de toda una tradición arquitectónica muy sofisticada, como es el caso de las mezquitas de adobe de Tombuctú, en Malí, las grutas budistas de Ajanta, India, o el mismo Partenón con respecto a la tradición de templos peristilados de la Grecia clásica. Asimismo, en Malta se encuentran Ggantija y otros templos prehistóricos de indudable valor, tanto más cuando las pequeñísimas comunidades isleñas utilizaron para su construcción enormes bloques de piedra.

Tanto en la pirámide del Sol de Teotihuacan como en el zigurat de Ur nos encontramos con sendos pueblos pugnando por alcanzar el cielo y llegar al alejado dominio de los dioses que controlan sus destinos. Tanto el templo de Borobudur, en Java, como el de Paharpur, en Bangladesh, se concibieron como la representación en la tierra del monte Meru, el centro celestial del universo en el que habitaba el rey de los dioses. La orientación suele ser un elemento de relevante, tal como sucede con el impresionante Túmulo de los monjes, Cahokia (Missouri), concebido como parte de un complejo cosmológico consagrado a servir de puente entre el mundo humano v el sobrenatural.

En ocasiones, los templos hacen las veces de santuarios con sus propias reliquias; como tales, se levantaron en enclaves privilegiados, según su importancia, como el stupa budista de Sanchi, India, con reliquias del mismísimo buda, o el Lanzón de Chavín, Perú parte de un programa cosmológico que tenía por fin señalar el lugar que ocupaba el hombre en el universo.

Templo Stupa budista de Sanchi Templo Paharpur, en Bangladesh

Chavín introduce un elemento nuevo el empleo de artefactos tecnológicos para impresionar al creyente, en este caso la construcción de un complejo entramado de galerías subterráneas para multiplicar el sonido del agua que circula por ellas.

Este recurso nos recuerda que los templos no se concebían como monumentos estáticos para ser contemplados desde lejos, sino como lugares donde se celebraban ritos ceremoniales religiosos, tanto de ámbito público como privado, que entroncaban perfectamente con la tradición y la fe.

Y, si en cierto modo fue precisamente el poder de dichas creencias lo que llevó a construir estas obras tan extraordinarias, no es menos cierto que era su componente monumental, con su capacidad para impresionar y albergar todo tipo de ceremonia; y rituales, lo que subrayaba el carácter religioso de tales monumentos en las mentes de los sacerdotes, los soberanos y el pueblo en general.

FECHAS APROXIMADAS CONSTRUCCIÓN

3600-2500 a.C. Ggantiga y Templos de Malta
2950-1600 a.C. Stonhenge
2000 a.C. Zigurat de Ur
2100-300 a.C. Templos de Karnak
1285-1265 a.C. Templo Abu Simbel
900-200 a.C. Templo de Chavín
447-438 a.C. Partenón de Atenas
300-225 a.C. Pirámide del Sol (México)
Siglo III a.C – V d.C. Templo Stupa de Sanchi
Siglo II a.C – VI d.C. Grutas Budistas de Ajanta
118-125 d.C. Panteón de Roma
250 d.C. Forma Geométricas de Newark
Siglo VIII – IX Monasterio de Paharpur
Santuario de Borobudur
950-1050 d.C. Túmulo de los Monjes
Siglo XIV – XV Mezquitas de Adobe de Tombuctú
1325 – Siglo XVI d.C. Templo Mayor de Tenochtitlán

Construir un templo de piedra era una operación larga y difícil. Muchos problemas se resolvieron adoptando andamiajes y sistemas de elevación de los bloques al lugar de trabajo antes de darles su última mano, que se efectuaba sobre elementos completos y partes unitarias del edificio. En la reconstrucción podemos observar la variedad de sistemas de sujeción, elevación y colocación de los componentes arquitectónicos: los bloques podían presentar almohadillas sobresalientes, canaladuras, manubrios o encajes a los cuales podían asegurarse lazos de cables, ganchos metálicos, cuñas fijadas a su vez a tornos y polipastos. La relativa precariedad de las técnicas y la no completa fiabilidad de las sujeciones, sin embargo, debía hacer frecuentes los incidentes en las edificaciones, en las cuales no es probable que se observaran normas específicas de seguridad.

AMPLIACIÓN SOBRE EL PUEBLO CHAVÍN:


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EL PUEBLO CHAVÍN

Empezó a colonizar los Andes peruanos alrededor del 1200 a.C. Probablemente emigraron desde América Central, donde los olmecas desarrollaron una civilización en la misma época. Los chavín cultivaban maíz, que constituía su alimento básico y requería poco esfuerzo. Los agricultores chavín podían dedicar parte de su tiempo a mejorar sus técnicas y a la religión. Usaban telares para elaborar sus ropas de algodón, pero muy pocas muestras de sus tejidos han llegado hasta nuestros días. También eran unos hábiles ceramistas. Sus objetos de alfarería solían tener formas de animales, pájaros, hombres o incluso formas vegetales. Pero todas estas actividades no impidieron que los chavín construyeran también un magnífico templo.

CHAVÍN DE HUÁNTAR

Hacia el 850 a.C. los chavín situaron su centro religioso en Chavín de Huántar. Allí construyeron una compleja red de plazas, explanadas, terrazas y montículos cuyo centro era un enorme templo de piedra. Este edificio se planeó con detenimiento antes de empezar a construirlo. Sus tres plantas están conectadas mediante rampas y escaleras y el aire de todo el edificio se renovaba constantemente gracias a un complicado sistema de ventilación, incluso en las habitaciones más profundas y alejadas del exterior.

PAZ Y ABUNDANCIA

Aunque los chavín creían en unos dioses jaguar fieros y crueles, su cultura era relativamente pacífica. Las únicas armas encontradas han sido las propias de un pueblo cazador más que guerrero. El hecho de disponer de muellísimo territorio debió ser decisivo para que los chavín evitaran los enfrentamientos que suelen conducir a la guerra. Esto les habría permitido dedicar parte de su tiempo a crear un estilo distintivo, que influyó en el arte de todo el Perú.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Consultora Tomo 4
Setenta Maravillas del Mundo Chris Scarre.





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