Terremotos en el mundo Desastres Naturales en el Planeta Tierra






Terremotos En el Planeta – Los Desequilibrios Ecológicos

De las fracturas que existen en la masa terrestre, hay una que corre a lo largo de mil kilómetros paralela al océano Pacífico, cerca del estado de California, Estados Unidos: la falla de San Andrés. Estas fallas hacen que dos placas choquen y acumulen energía en forma de tensión y temperatura.

Cuando el proceso supera el límite de acumulación, la energía se libera, estalla violentamente y la tierra tiembla, se divide. En la zona de la falla de San Andrés, exactamente en la ciudad de San Francisco se produjo, hacia 1906, un terremoto de 8,3 puntos en la escala Richter. Allí, la tierra parece amontonarse hasta explotar.

También convergen las leyendas de pueblos antiguos y los terremotos que se corroboran en el Libro de las Profecías de Nostradamus a través del cual, por medio de interpretaciones de videntes modernos, se han delimitado las zonas de la tierra susceptibles de temblar. La costa sudoeste de los Estados Unidos está en rojo peligro. Allí las observaciones científicas coinciden en anunciar la inminencia de casi el peor terremoto de la historia que se prevé para finales del siglo XX.

TERREMOTOS: Es un evento físico causado por la liberación repentina de energía, debido a una dislocación o un desplazamiento en la estructura interna de la Tierra”, es la definición que los geofísicos y geólogos utilizan para referirse a los terremotos. Pero esta aséptica frase se vuelve absolutamente insuficiente para describir la angustiante sensación que asaltó a los residentes de la ciudad de San Francisco en abril de 1906.

En esa fecha, se desató un movimiento sísmico que alcanzó el punto 8,3 en la escala de Richter. Con una fuerza desencadenada equivalente a una explosión atómica, sus apenas 5 segundos de duración le alcanzaron para matar instantáneamente a 1.000 personas e iniciar miles de incendios que dejaron la ciudad reducida a cenizas, en lo que se recuerda como la primera gran catástrofe del siglo.

Algo similar les ocurrió, décadas más tarde, a los habitantes de la Armenia soviética, cuando -en 1988- un sismo dejó un saldo de 25.000 muertos. O a los iraníes en 1990 con sus 30.000 muertos y a los pobladores de la provincia de Tangshan, en China, cuando en 1976, fallecieron 800.000 personas producto de uno de los peores movimientos sísmicos registrados en la historia del hombre. Y todas estas pocas cifras de la angustia no son más que un botín de muestra.

Al menos eso se desprende de un trabajo publicado -hace ya una década- por la prestigiosa revista “Scientific American“. Allí se estimaba que, en los últimos 500 años de historia humana, más de 3,5 millones de personas han perecido como consecuencia de los sorpresivos temblores convulsivos de la Tierra en que vivimos.

FALLAS Y TERREMOTOS
Prácticamente todas las zonas del planeta adonde la muerte llegó brutalmente en forma de terremoto, tienen algo en común: están ubicadas sobre regiones que los geólogos denominan “fallas”. Por ejemplo la populosa ciudad de San Francisco, con su casi 1.000.000 de habitantes, está ubicada sobre uno de los sistemas más tristemente famosos del mundo: la falla de San Andrés, que corre a lo largo de unos mil kilómetros, paralela al océano Pacífico, cercana a la costa del estado de California. También Armenia está ubicada sobre una zona de fallas, lo mismo que Egipto, la frontera norte de la India y parte de China meridional.

A esta altura sería bueno preguntarse: ¿qué es una falla en la Tierra?. Los especialistas suelen definirlas como “una línea de fractura de la tierra, a lo largo de la cual se producen desplazamientos relativos”. Pero esta definición técnica no nos aporta demasiado. Para entender realmente qué es una falla y por qué es el punto donde el suelo en que nos    paramos deja de ser firme, es necesario ir muy profundo, más precisamente hacia el interior de nuestro Planeta.

FLOTANDO SOBRE UNA ISLA
A mediados de la década del ’60 una serie de observaciones realizadas sobre rocas sedimentarias extraídas del fondo del océano Atlántico llevaron a varios grupos de científicos a proponer la verdadera piedra basal del actual modelo geológico que explica la estructura morfológica de la corteza terrestre.

La historia comenzó hacia 1964. En ese año varias revistas especializadas publicaron artículos en los que equipos de diversas expediciones oceanógraficas, comentaban resultados similares. Las conclusiones eran extrañas. De acuerdo a la interpretación compartida, el fondo del mar parecía estar en perpetuo movimiento. En otras palabras, a juzgar por las pruebas, los continentes de África y América del Sur estaban alejándose uno de otro.

De manera lenta, eso sí –a razón de no más de entre 1 y 5 centímetros por año– pero constante. Este hecho necesitaba imperiosamente una explicación y para hacerlo surgió la famosa Teoría de la Tectónica de Placas que, en definitiva, también sirvió para explicar por qué distintos puntos de la superficie de la Tierra se sacuden violentamente unas 150 veces cada año y por qué hay hasta 100.000 movimientos débiles -solo perceptibles por los aparatos , sismógrafos más sensibles- cada 365 días.



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ISLAS CHOCADORAS
De acuerdo a la teoría de la tectónica de placas, la corteza terrestre está dividida en una docena de grandes “mosaicos” que flotan sobre el manto, un especie de enorme océano formado por rocas fundidas. Estas “islas” que soportan a los mares y continentes, tienen un ancho de decenas de miles de kilómetros y una profundidad estimada de entre 50 y 200 kilómetros. Las “islas” o placas derivan -muy lentamente- sobre el manto de rocas fundidas. Cuando dos placas “chocan”, sus diferentes movimientos relativos hacen que una se “monte” sobre la otra.

En este proceso de fricción se genera un esfuerzo y una energía que se acumula tanto en forma de tensión como en temperatura. Ambas se expresan deformando y fundiendo las masas rocosas a profundidades de entre 10 y 20 kilómetros bajo nuestros pies. Cuando el proceso de empuje, deslizamiento y aumento de las temperaturas supera un cierto límite de acumulación, la energía se libera y estalla de manera violenta. Entonces las tensiones se transmiten en forma de ondas hasta la superficie y una vez allí provocan los terremotos.

Con esta teoría también se explica la salida de las enormes temperaturas que -en forma de lava y rocas fundidas- encuentran su camino hacia la superficie a través de las explosiones volcánicas, muchas veces asociadas a los sismos tanto en lugar como en tiempo.

En el caso de la inestable California, la falla de San Andrés constituye la frontera noroeste entre la placa del Pacífico y la placa Americana. Ambas tienen una velocidad de desplazamiento relativo de 0,5 centímetros por año, aunque en algunos lugares el movimiento puede llegar a ser de hasta 5 centímetros en apenas 365 días.

Justo bajo el magnífico puente Golden Gate y sus aledaños, la placa del Pacífico se desplaza hacia el noroeste, en dirección a Japón. Pero en ese mismo sitio, gira la placa norteamericana, disputándole su lugar. Resultado: a cortos intervalos de tiempo California se sacude con sismos de baja escala. Sin embargo la mayoría de los sismólogos coincide en que todos estos movimientos pequeños son manifestaciones que están prea-nunciando algo mayor.

LA IMPORTANCIA DE LA PREVENCIÓN
En agosto de 1992, un terremoto en Egipto provocó 4.500 muertos, 4.000 heridos y grandes daños materiales. Este terremoto puede parecerle a un lego algo tremendo. Sin embargo, para los especialistas no fue un evento importante. Con una magnitud de apenas 5,9 en la escala de Richter está técnicamente considerado como un movimiento de moderada magnitud. ¿Por qué entonces un sismo pequeño causa semejantes estragos?.

Según los expertos, la respuesta hay que buscarla en la ausencia de medidas preventivas. Una manera fácil y barata de evitar víctimas y daños, es obligar a arquitectos e ingenieros a respetar las normas constructivas “antisísmicas” que contemplan este tipo de eventos y que reducen drásticamente sus consecuencias.

Exactamente eso es lo que están haciendo los profesionales de Japón, una nación acostumbrada a sufrir sismos con frecuencia. Además de las normas tradicionales (grandes bases y poca altura edilicia) los ingenieros japoneses han diseñado un revolucionario sistema de contrapesos basculantes para tratar de evitar los daños.

En la terraza de las oficinas del Edificio Kyobashi, piso 11, se instaló un peso de 5 toneladas sobre dos rieles. Esta masa está conectada a dos brazos hidráulicos manejados por una computadora. De esta manera si un sismo sacude la tierra, diversos sensores enterrados en las paredes del edificio miden  las vibraciones,  la computadora las analiza y hace mover el contrapeso de manera tal de contrarrestar las ondas del suelo.

detector de terremotos antiguos de origen chino

Este ingenioso  aparato fue construido por el astrónomo chino Chang Heng en el siglo II, el primer científico que intentó detectar terremotos a distancia. Hoy, en las zonas de alto riesgo como Japón, se vigilan constantemente los movimientos de la tierra con instrumentos de  gran sensibilidad que trazan gráficos  de las ondas sísmicas.


Chile, 1960: mueren 2.000 personas y 2.000.000 pierden su hogar en el mayor terremoto de todos los tiempos, de 9, 5 grados en la escala Ritcher. Los ríos cambiaron su curso; nacieron nuevos lagos, se movieron las montañas y la geografía se modificó.

Luego, un tsunami arrasó lo poco que  quedaba en pie. Menos fuerte, pero muy dramático fue el de Paquistán, de 7,6 grados, en octubre pasado, que, aunque casi pasó inadvertido ante la ola de huracanes que azotó la costa del Atlántico, dejó un saldo de 40.000 muertes y más de 2,5 millones de personas afectadas.

Robert Yeats, geólogo de la Universidad de Oregón, señaló al respecto que el choque constante entre la placa Indica y la Euroasiática hace que este país asiático sea el más perjudicado.

El terremoto se originó a tan sólo 10 kilómetros de profundidad y la sacudida provocó derrumbamientos masivos que enterraron pueblos enteros situados en las laderas de las montañas. En este punto vale la pena aclarar que los temblores de tierra son habituales. La mayoría no son destructivos y sólo unos pocos son percibidos por la población.

Tsunamis en cadena:

Uno de los sucesos que más fresco está en la memoria fue el tsunami del 26 de diciembre de 2004.

Un terremoto a 4.000 metros de profundidad en el océano Índico, a unos 260 kilómetros al oeste de la costa de Aceh, Indonesia, que llegaría a los 9 grados de la escala Richter, ocasionó una cadena de tsunamis que borraron literalmente del mapa islas, playas y poblaciones, que quedaron sumergidas en una densa capa de lodo y agua. Murieron cerca de 300.000 personas.

La onda expansiva de las olas afectó a Indonesia, Tailandia, Sri Lanka, India, Bangladesh, Birmania, Malasia, Islas Maldivas, Somalia, Kenia, Tanzania y las Islas Seychelles.

La cadena de olas se desplazó a más de 500 km/h y tardó sólo 6 horas en llegar al continente africano, a más de 5.000 Km. de distancia. Foto: Indonesia: Momento en que la ola llega a la costanera, la población fue tomada por sorpresa.

QUE HACER ANTE UN TERREMOTO
Antes del terremoto
Se debe tener preparado botiquín de primeros auxilios, linternas, radio con pilas, algunas provisiones en un sitio conocido por todas las personas.

Se debe saber cómo desconectar la luz, e agua y el suministro de gas.

Hay que prever un plan de evacuación en caso de emergencia y asegurar el reagrupamiento de las personas en un lugar seguro.

Confeccionar un directorio telefónico para que en caso de una necesidad, se pueda llamar a las autoridades civiles que ayuden en casos de emergencia: bomberos, defensa civil, policía.

Al máximo se debe evitar colocar objetos pesados encima de muebles altos. Se deben asegurar al suelo.

A las paredes deben estar bien fijas muebles como armarios, estanterías, etc. Se debe sujetar aquellos objetos que pueden provocar daños al caerse, como cuadros, espejos, lámparas, productos tóxicos o inflamables, entre otros.

La estructura de la vivienda, del colegio, o del lugar de trabajo se debe revisar y sobre todo, asegurarse de que las chimeneas, los aleros, los revestimientos, balcones y demás, tengan una buena fijación a los elementos estructurales. Si es necesario, hay que consultar a una persona especializada en la construcción.

Durante el terremoto
Si el terremoto no es fuerte, hay que estar tranquilos, pues acabará pronto,
Si el terremoto es fuerte,
hay que mantener la calma y transmitirla a las demás personas. Se debe agudizar la atención para evitar riesgos y recordar las siguientes instrucciones:
Si se está dentro de un edificio, hay que quedarse dentro; si se está fuerza, se debe permanecer fuera. El entrar o salir de los edificios, solo puede causar accidentes.

Dentro de un edificio se debe buscar las estructuras fuertes: bajo una mesa o una cama, bajo el dintel de una puerta, junto a un pilar, pared maestra o en un rincón y proteger la cabeza.

No utilizar el ascensor y nunca huir en forma precipitada hacia la salida.

Apagar todo fuego. No utilizar ningún tipo de llama (cerilla, encendedor, vela, etc.) durante o inmediatamente después del temblor.

Si se está fuera de un edificio, hay que alejarse de cables eléctricos, cornisas, cristales, pretiles, etc.

No hay que acercarse ni entrar en los edificios para evitar ser alcanzado por la caída de objetos peligrosos (cristales, cornisas, …). Se debe ir hacia lugares abiertos, sin correr y teniendo cuidado con el tráfico.
Si se está en un automóvil, cuando ocurra el temblor se debe parar donde le permita permanecer dentro del mismo, retirado de puentes y tajos.

Después del terremoto
Hay que guardar la calma y hacer que las demás personas la guarden. Se deben impedir situaciones de pánico.
Comprobar si alguna persona está herida. Prestar los primeros auxilios. Las personas heridas graves, no deben moverse, salvo que tengan conocimiento de cómo hacerlo; en caso de empeoramiento de la situación (fuego, derrumbamientos, etc.) mover a esa persona con precaución.

Se debe comprobare! estado de los conductos de agua, gas y electricidad. Hacerlo en forma visual y por el olor, nunca se debe poner en funcionamiento algún aparato. Ante cualquier anomalía o duda, cerrar las llaves de paso generales y comunicarlos al personal técnico.

No se debe utilizar e teléfono, Hacerlo sólo en caso de extrema urgencia. Conectar la radio para recibir información o instrucciones de autoridades.

Tener precaución al abrir armarios, algunos objetos pueden caer al quedaren posición inestable.

Utilizar botas o zapatos de suela gruesa para protegerse de objetos punzantes o cortantes.

No retirar de inmediato los desperdicios, excepto si hay vidrio rotos o botellas con sustancias tóxicas o inflamables.

Apagar cualquier incendio; si no se puede dominarlo contactar de inmediato a los bomberos.

Después de una sacudida muy violenta se debe salir en forma ordenada y paulatinamente del lugar que se ocupe, sobre todo si éste tiene daños.

Hay que alejarse de las construcciones dañadas. Se debe ir hacia zonas abiertas.

Después de un terremoto fuerte siguen otros pequeños, réplicas que pueden ser causa de destrozos adicionales, en especial, de construcciones dañadas. Se debe permanecer alejado de éstas.

Si fuera urgente entrar en edificios dañados hacerlo de manera rápida y no permanecer dentro. En construcciones con daños graves no entrar hasta que sea autorizado.

Tener cuidado al utilizar agua de la red ya que puede estar contaminada. Consumir agua embotellada o hervida.
Si el epicentro de un gran terremoto es marino puede producirse un maremoto. Esto puede ser importante en las zonas cercanas al mar Por ello hay que permanecer alejados de la playa.

Ver: Terremotos Históricos




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