Tipos de Habitat de Vida La Temperatura y la Civilización





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LOS AMBIENTES DE VIDA DEL PLANETA – RELACIÓN VIDA – TEMPERATURA

Es posible que si escuchamos a una persona afirmar en una reunión que los animales más pequeños, e incluso las plantas, tienen un “domicilio” y hasta una “dirección”, lo tomemos por un poeta o por alguien que no se encuentra en sus cabales. Sin embargo, esta afirmación no tiene nada de falsa. Al contrario: muchos científicos y naturalistas dedican su vida para conocer más acerca de este tema. Es claro .. . ellos no hablan de “domicilio” y “dirección”, sino, de habitat, término que proviene del latín (habitatio-nis) y que significa habitación.

En ecología, habitat es el conjunto de las condiciones físico-geográficas en que desarrolla su vida una especie. En realidad, lo podemos identificar con el ambiente que le es propio a cada planta, a cada animal e, incluso, a cada ser humano.

Cada especie posee un habitat particular. Este ambiente lo componen diversos factores, que en parte son elementos vivos y en parte elementos muertos. Los ecólogos han clasificado a estos componentes ambientales en edáficos, climáticos y bióticos.

Los edáficos son los que se refieren al suelo, el  que de acuerdo con su localización geográfica puede poseer distintos componentes minerales, mayor o menor proporción de arena o de limo o de cantos rodados (que hacen variar sus posibilidades de retener el agua recibida de las precipitaciones y deshielos, y su consistencia) e incluso, diferencias en la cantidad de material orgánico (humus) incorporado. En relación con los suelos, los habitat más “codiciados” son los que cuentan con una gruesa capa de humus, buena capacidad para retener el agua de lluvias, muchos minerales y pocas rocas de mediano o gran tramaño.

El aspecto climático se refiere a las variaciones meteorológicas que afectan a un sitio determinado. Los elementos que lo componen son la temperatura, la presión, las precipitaciones y las radiaciones cósmicas. Tamibén influyen, indirectamente, la distancia entre el punto estudiado y el océano, la altura sobre el nivel del mar y la proximidad de factores extraños como fuentes termales o volcanes.

Por supuesto, tendrá más “in-quilinos” aquel habitat que posea un clima cálido y húmedo, porque allí las condiciones de vida son más fáciles. Por último, resulta de especial importancia el factor biótico (de bios — vida).

No es posible lograr un cuadro real que refleje la existencia de cualquier especie si no colocamos en él a todos los otros vegetales o animales que están asociados con ella. Por otra parte, existe una relación dominante de unas familias sobre otras. Donde no hay vegetales no pueden existir animales herbívoros. Donde faltan éstos, no pueden prosperar los carnívoros.

El habitat habla del lugar donde se vive, es decir, un área física, una parte específica de la superficie terrestre.

De acuerdo con este concepto, puede ser acuático, aéreo o terrestre. Para cada caso, la evolución biológica ha dotado a cada criatura viviente de las “armas” necesarias para desenvolverse exitosamente en su medio. Los topos tienen uñas poderosas, los peces aletas en forma de remo y los pájaros alas que les permiten volar. Para alcanzar estas herramientas perfeccionadas la naturaleza empleó siglos en probar y seleccionar, generación tras generación, cada uno de los adelantos aplicados.

Recordemos, asimismo, que el habitat puede tener dimensiones muy dispares. Puede ser tan grande como un mar o una pradera, intermedio como un bosque o una laguna, o pequeño como un tronco de árbol podrido o el intestino de un mamífero.

Después de la Primera Guerra Mundial, un grave problema que, es su momento, se intensificó día a día afectó a la humanidad entera: la vivienda. Sobre este tema, evidentemente, la ecología tiene mucho que decir. Cuando una población aumenta (trátese de heléchos, de ratas o de personas) se van haciendo cada vez más difíciles de satisfacer las necesidades de mantener un habitat determinado. No olvidemos que al comienzo habíamos dicho que habitat era equivalente a domicilio.

El hombre extendió, con hélices, motores y ruedas, su ambiente; pero, al mismo tiempo, debió someterse a los efectos de sus propios avances. Su “habitat privado”, la vivienda, paulatinamente se reduce a departamentos cada vez más pequeños, única solución para dar cabida a las nuevas generaciones, más numerosas que las anteriores.

SOL Y SOMBRA



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En el fondo de nuestro jardín podremos realizar una interesante experiencia. Si observamos detenidamente las partes del suelo en las que una pared o arbusto dan sombra permanente, descubriremos que las hierbas crecen allí con menos densidad que en otros sitios. En cambio, notaremos que en esa zona la humedad es mucho mayor y que la tierra es menos granulosa y más compacta. Si tenemos paciencia, podremos comprobar asimismo que, mientras en las zonas donde da el sol predominan los insectos, aquí son más abundantes los gusanos.

En fin… dos mundos distintos se desarrollan a pocos centímetros de distancia. Todos los factores que componen el habitat interactúan de tal manera que llegan a constituir unidades casi independientes, con fisonomía propia. El suelo compacto, la humedad, la vegetación y la microfauna se “entremezclan” al pie de la pared umbría para dar origen a un habitat con rasgos particulares que lo identifican. Al lado, la influencia solar crea las condiciones para que se desenvuelvan con comodidad otras especies diferentes.

EL POTENCIAL BIÓTICO: ¿Qué posibilidades habrá de que en el tiempo en que uno se va de vacaciones, las hormigas, libres de toda persecución, acaben con los rosales del jardín? En las condiciones ambientales óptimas que implica un jardín sin depredadores ni insecticidas, es muy probable que las hormigas salgan triunfantes.

El potencial biótico es justamente eso, la capacidad de una población para prosperar en un medio óptimo. Lo que medimos, en este caso, es su velocidad de crecimiento cuando no hay obstáculos ni límites que la detengan. Mientras una pareja humana podría originar una descendencia de. 200.000 individuos en cien años, una mosca, qon su compañera, podría llegar en un año a la “considerable” cifra de un tres seguido de . . .¡cincuenta y cinco ceros!

Como vemos, el potencial biótico varía para cada especie. Y gracias a Dios existen controles naturales para algunos animales, porque de lo contrario viviríamos inundados de insectos, a tal punto que el sol se nos haría invisible.

Lo que impide que cierto grupo de animales o vegetales crezca en forma desmedida es la suma de los factores físicos, químicos y biológicos que hay en el am biente. Y que influyen, en diversa forma, para alterar las condiciones óptimas de desarrollo.

Una familia humana tipo, en la actualidad, no tiene por lo general más de tres vástagos, porque un número mayor de hijos haría difícil el mantenimiento del núcleo. Es un factor económico el que constituye el límite. Algunos peces, en cambio, son “regulados” por animales de mayor tamaño que se los comen, “recortando el excedente” como la tijera lo haría con un trozo de género que la modista quiere adecuar a un molde.

Todas estas maravillas sólo pueden producirse en un marco multifacético como es nuestra Tierra, donde siempre hay lugar para algo asombroso o inesperado.

LA TEMPERATURA Y LA CIVILIZACIÓN

Es un hecho interesante de destacar el que casi todas las grandes civilizaciones hayan florecido allí donde el clima no es ni muy cálido ni muy frío. Parece ser que el género humano necesita, para su progreso, el estímulo de una temperatura templada, pues tanto el frío riguroso como el calor excesivo han frustrado, de alguna manera, su desarrollo.

Así la raza negra, sofocada por el calor bochornoso de su tierra nativa, avanzó poco en agricultura, artes y ciencias, hasta la época en que los descubrimientos y colonizaciones la pusieron en contacto con los pueblos europeos. El clima en que vivía no era propicio para la actividad y la empresa, pero sí para proveerle de alimentos y ropas sin mayor esfuerzo.

En el extremo opuesto, la gente de las tierras árticas, esquimales y lapones, ha quedado atrás en la marcha general del progreso, porque la inclemencia de su clima no retribuía el enorme esfuerzo que demanda la subsistencia.

El hombre de los trópicos es, entonces, semejante al hombre rico, que no se aficiona al trabajo porque no tiene la coacción de la necesidad para hacerlo; mientras que el hombre de las tierras frías se asemeja al muy pobre, que tampoco hace mucho porque sus esfuerzos no parecen ser retribuidos.

Muchos aspectos del clima —lluvias, visibilidad, cambios de las estaciones, temperatura media del año— y las variaciones de duración del día y de la noche afectan las condiciones de vida, pero sobre todo este factor parece tener la mayor influencia en el aliento o desaliento del empeño humano. Aquellos que han estudiado el problema han llegado a la conclusión que cualquier temperatura, entre 0° y 22°, es favorable al progreso, y que una temperatura media de 10° es la ideal.

Vemos abajo un mapa con las temperaturas del planeta.

mapa de mundo con temperaturas por regionesn

Es bien destacable que la zona amarilla incluye a muchas de las más importantes ciudades del mundo, como ser Londres, Nueva York, París, Chicago, Tokio y Berlín. Aunque los climas de estas ciudades no son iguales, todos ellos comparten una temperatura media anual, entre los 5o y los 15°. También están, dentro del área amarilla, dos grandes civilizaciones de la antigüedad: la cretense y la romana. Dentro del área anaranjada, floreció la antigua civilización griega y más tarde las de Rusia y España, mientras que en el área de color castaño se desarrollaron las de los incas, China e India.

Dentro de la zona anaranjada florecieron, en la antigüedad, las civilizaciones egipcia y maya, pero ambas cesaron hace mucho de extender una considerable influencia sobre el resto del mundo. Dentro del área roja hubo dos tempranas civilizaciones: la de la India y la de la Mesopotamia. De esto se desprende que no es absoluta la conclusión según la cual los climas muy cálidos o muy fríos sean incompatibles con el progreso humano; pero sí podemos afirmar que no lo favorecen.

El hombre es ahora dueño de su ámbito como nunca lo fue en el pasado. Hoy se elevan ciudades en las zonas árticas y cerca del ecuador, en Latinoamérica y en Indonesia.

Es fácil ver por qué la civilización fue más lenta en desarrollarse en el hemisferio sur. Son comparativamente pocas las zonas al sur del ecuador que gocen de una temperatura cercana a la ideal. Además, la gran extensión de los océanos Pacífico e Indico aisla una región de otra y dificulta extremadamente todo contacto.

HABITAT Y LA VIDA DEL MUNDO ANIMAL EN EL MUNDO:
Sabemos que el factor geográfico tiene un importante papel en la conformación de las civilizaciones, en la distribución de las razas humanas, en las lenguas que la gente habla y aun en las religiones que profesan. Si el ambiente geográfico significa tanto en su conducta, no es de maravillarse que’ sea por lo menos igualmente importante en el mundo animal.

La zoogeografía estudia la distribución de los animales sobre la superficie de la tierra, distribución no sólo en sentido horizontal, sino también vertical, porque algunos viven en la alta montaña, otros en las zonas llanas y otros en las profundidades abisales.

Basados en las últimas enseñanzas de la ciencia, vamos a dar una noción clara de la delimitación de las diferentes regiones.

Muchas circunstancias determinan las áreas dentro de las que varios animales terrestres viven normalmente. No pueden cruzar con facilidad anchas barreras de agua que dividen una región de otra; es raro que logren atravesar una cadena de montañas altas; muy pocas veces cruzan las vastas tierras desérticas.

La mayoría de los animales se nutre de una clase limitada de alimentos. Si son herbívoros, no pueden sobrevivir mucho tiempo en regiones donde las plantas necesarias no crecen. Si son carnívoros, viven sólo donde sus presas puedan hacerlo también en cantidades suficientes.

De manera que, aunque no es posible dibujar una línea de demarcación en el mapa del mundo y declarar que sólo ciertos animales viven a un lado de ella, y otros muy diferentes al otro lado, es posible dividir el mapa en unas pocas regiones principales e indicar, con certeza, que cada una tiene su fauna característica, es decir, una vida animal que le es propia.

mapa de habitat del mundo

El mapa superior de la lámina está dividido en siete regiones:

A)   Oceanía (Australia e islas vecinas).
B)   América Central, del Sur e islas del Caribe, que los zoólogos llaman región neo-tropical.
C)   La región tropical, que incluye casi toda África, junto con Madagascar y parte de Arabia, se caracteriza por la. presencia de gran número de mamíferos con pezuñas: viven juntos en manadas y entre ellos encontramos jirafas, cebras, leones, el elefante africano (que es el animal terrestre más grande que hoy existe), el rinoceronte y el búfalo africano.
D)   India, S.E. de Asia, con sus guirnaldas insulares.
E)   Una gran extensión de tierra que cubre la mayor parte de Asia, casi toda Europa y parte N. de África, llamada la región paleártica: viven el caballo, el pequeño oso castaño, el camello, el alce y el ciervo
E)  La región neártica que incluye la mayor parte de América del Norte.
G) Las   tierras   árticas,   alrededor  del  polo norte.

Los animales nativos de la India o S.E. de Asia; son ellos el elefante de la India, más pequeño, de lomo más recto, orejas más pequeñas y más manso que el africano; el tigre, el orangután y el búfalo acuático de la India.

Los animales que viven en las tierras árticas; son el oso polar, el reno y el zorro ártico. El reno, ya muy domesticado, provee a los lapones de leche, carne y piel, y suele servir de bestia de carga.

Es también posible hacer una distribución vertical de los animales, aunque, naturalmente, por la facilidad de desplazamiento, los límites son menos precisos que aquellos que se demarcan para los vegetales. Por ejemplo, en los Alpes, el ciervo no traspasa el límite de los vegetales, mientras que la gamuza se aventura hasta la zona de las nieves eternas.

Los geólogos saben que Australia y algunas de las islas que la rodean han estado separadas de las grandes extensiones de tierra del mundo, por muchos millones de años. La vida animal, durante tanto tiempo, no ha evolucionado de la misma manera ni al mismo tiempo que en otros lugares. Cuando el hombre blanco se estableció por primera vez allí, se vio sorprendido por los animales raros que halló, seres por completo diferentes de los que existían en el Viejo Mundo.

El canguro, por ejemplo, a pesar de que mide casi 1,50 m. de largo, tiene hijuelos que al nacer no alcanzan a más de 5 cm. Estos pequeños pasan no corto período de su desarrollo dentro de una especie de bolsa ventral en el cuerpo materno, el marsupio, y permanecen allí hasta que están suficientemente desarrollados, como para comenzar una existencia independiente.

Aún más destacable es el ornitorrinco, aunque es mamífero y, por tanto, alimenta a sus pequeños con leche, es un animal ovíparo; en cierto sentido podemos considerarlo como un fósil viviente, o sea, un representante de ciertos animales que debieron abundar hace mucho tiempo, cuando los mamíferos hicieron por primera vez su aparición en la tierra.

Los otros animales que se hallan en la parte superior de la lámina son: el dingo (especie de perro salvaje, nativo de Australia); el kiwi neozelandés o ápterix (pájaro sin cola y con alas no desarrolladas); un pez con pulmones y el equidna (especie de oso hormiguero con el cuerpo cubierto de espinas).

América del Norte tiene muchos que son comunes en Europa y Asia. Sus representantes propios son ciertos tipos de zorros, el bisonte americano (a menudo llamado búfalo) y osos negros algo parduscos. Estos últimos, además del oso pardo de Alaska, son los más grandes y temidos de todos los osos, y hoy rara vez se los encuentra fuera de los grandes parques nacionales, donde se los preserva de la caza.

Los animales oriundos de América Central y América del Sur incluyen armadillos; osos hormigueros de lengua muy larga; perezosos; llamas; jaguares o yaguares y otros pocos mamíferos desdentados.

La llama fue el único animal que los pueblos aborígenes de América lograron domesticar antes de la llegada del hombre blanco. Los dos animales que en la lámina están asentados sobre una base de color verde claro, viven en el extremo norte de Canadá y Alaska; son el zorro negro y el anta, el más grande de la familia de los ciervos.

En las grandes extensiones heladas de la Antártida no hay animales terrestres, pues, a excepción de algunas zonas aisladas, los vegetales no crecen en cantidad suficiente como para alimentarlos. Pero en la franja costera de la Antártida habita un mamífero, el lobo marino, que es el miembro más grande de la familia de las focas. Hay también pingüinos, en grandes cantidades. Han perdido su posibilidad de volar, pero son buenos nadadores. Al vivir en una región donde no hay materiales para fabricar sus nidos, colocan los huevos arriba de sus pies, y tanto los machos como las hembras comparten la tarea de incubarlos.

No todos los animales están confinados para siempre a una sola región de la tierra. A menudo el hombre ha llevado ciertas especies de una región a otra. Las ratas viajan por todas las partes del mundo en las bodegas de los barcos. El cangrejo chino, trepado a los buques, ha sido llevado a varios estuarios de Europa.

El conejo, trasladado de Europa a Australia, se multiplicó de manera tan sorprendente que se ha convertido en una terrible plaga. Y los caballos salvajes, que por muchos años vagaron por las pampas de América del Sur, eran los descendientes de aquéllos que los conquistadores españoles trajeron a estas tierras.

Fuentes Consultadas:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°8 Edit. Cuántica – Los Habitat del Mundo –
El Mundo en el Tiempo Tomo III Globerama Edit. CODEX




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