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Cinque (1813?-1880)
Un amotinado africano

Cinque era hijo de un minero en lo que es ahora la República de Sierra Leona, en la costa oriental de África. Lo llamaban Sing-Gbe, en la lengua de la tribu. Sin embargo, la prensa lo apodó «Cinque» y así permanece en la historia.

En la primavera de 1839 fue apresado por unos tratantes de esclavos, que lo vendieron a un comerciante portugués para ser embarcado a Cuba. En este primer viaje no tuvo oportunidad de escapar, ya que los esclavos estaban encadenados pierna con pierna en las estrechas cubiertas del Tecora. Gastó todas sus fuerzas y su coraje para poder sobrevivir los 3 meses de viaje, rodeado por hombres, mujeres y niños que morían atados a sus cadenas. Los captores los alimentaban a la fuerza como a gansos para ser vendidos en el mercado, azotándolos para someterlos y frotándoles vinagre y pólvora en sus heridas para prevenir las infecciones.

Al atracar en La Habana, Cinque y 52 hombres más fueron comprados por dos cubanos llamados José Ruiz y Pedro Móntez a menos de 10 dólares por persona. Marcharon sin cadenas ahora, hacia otro puerto cubano ubicado más en el este y fueron cargados a bordo de la goleta Amistad. Pero nunca llegaron a destino porque Cinque convenció a sus compañeros para que se amotinaran. Ellos deben haber estado muy impresionados por su líder que, de acuerdo a las palabras de un periódico contemporáneo, parecía un personaje bastante heroico.

«Tiene 5 pies y 8 pulgadas de altura, de 25 a 26 años, una figura erecta, está bien constituido y es muy activo», escribió el periodista más tarde. «Se dice que puede vencer hasta a dos hombres juntos. Para ser un negro africano tiene un semblante inusualmente inteligente y revela una tranquilidad y una decisión poco común, con una serenidad que caracteriza al coraje verdadero… Mientras espera ser ejecutado manifiesta, sin embargo, una sangre fría, digna de un estoico bajo circunstancias similares.»

Su palabra fue también inspiradora para su banda porque, según el abolicionista Lewis Tappan, él era «un orador naturalmente poderoso y nacido para sacudir las mentes de sus compañeros». De cualquier modo, en la cuarta noche de viaje, los otros esclavos lo siguieron a la cubierta donde toda la tripulación, menos el timonel, estaba durmiendo.

Cogieron los cuchillos de los marineros que tenían 2 pies de largo y rápidamente se hicieron cargo de la situación. Cinque mató al capitán y al cruel cocinero, pero ningún otro sufrió daño alguno. Pusieron a la tripulación en botes y los echaron al mar; sólo Móntez y Ruiz fueron retenidos para que guiaran la goleta de vuelta a África.

El capitán Cinque asumió el mando de la nave y usaba una tabaquera con una cuerda alrededor de su cuello como insignia de su rango. Su tripulación se vistió con las ropas encontradas a bordo.

Ordenaron a través de señas a Móntez y a Ruiz que navegaran hacia el sureste, hacia Sierra Leona y que se fueran turnando en el timón. Pero sus antiguos amos los engañaron y fueron moviendo el barco un poco hacia el norte o al oeste cada noche. Después de 50 días, la Amistad terminó en las aguas de Nueva York.

Los amotinados desembarcaron y compraron provisiones con el oro que encontraron a bordo, sirviéndoles de traductor un esclavo que había aprendido unas pocas palabras del idioma inglés en África. Pero pronto un bergantín americano de vigilancia costera divisó el barco y «su casco y costados… cubiertos de musgo, mientras sus aparejos y sus velas presentaban el aspecto del Barco Fantasma después de una travesía fabulosa».

Cuando los americanos subieron a bordo, Cinque se zambulló en el agua evadiendo, de esta forma, a sus perseguidores por más de una hora. Finalmente lo apresaron y la Amistad fue devuelta al oficial de justicia en Nuevo Londres, donde los amotinados fueron acusados de asesinos y piratas.

Allí se realizó uno de los más sensacionales juicios del siglo. La Corte decidió que los hombres no eran ni súbditos ni esclavos españoles y que debían «ser declarados libres y se les debía levantar la custodia de la Corte y dejar partir sin retraso».

Luego Cinque y sus hombres recorrieron el norte del país recolectando dinero para pagar su viaje de regreso. El viaje fue un gran suceso en cuanto a las finanzas y a los comentarios que acarreó. Un periodista del New York. Sun escribía sobre Cinque: «Sus ojos pueden revelar su pensamiento, desde el desacato tranquilo de un jefe altanero a la gran resolución que debe ser sostenida a través del martirio… Muchos hombres blancos podrían haber tomado una lección de dignidad y de paciencia de este africano».

Se juntó dinero más que suficiente como para permitir al grupo de negros alquilar el bergantín Gentlemen y navegar hacia Sierra Leona. Fue el 2 de diciembre de 1841.



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Más tarde el líder se convirtió en intérprete de una misión cristiana en su tierra, pero nunca se arrepintió de su comportamiento a bordo de k Amistad. Una vez le preguntaron si no habría orado por el capitán y el cocinero, en lugar de matarlos, en el caso en que tuviera que hacerlo de nuevo. «Sí —contestó—, hubiera rezado por ellos y también los hubiera matado.»

Murió en 1880, de casi 67 años.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky




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