La Vida de los Insectos Sociales: Caracteristicas y Organizacion

VIDA DE LOS INSECTOS SOCIALES - Características y Organización
Abejas, Hormigas, Mariposas y Arañas

vida de los insectos abeja

Ver: Clasificacion de los Insectos

LA VIDA DE LOS INSECTOS:

Es tan extenso, variado y al mismo tiempo interesante el mundo de los seres vivos provistos de tres pares de patas, pues ésta es la definición concisa y concreta de los insectos, que por sí solo ha dado vida a una ciencia: la Entomología.

Entre una mosca, un escarabajo, un grillo y una mariposa existen diferencias enormes no sólo en cuanto a género de vida, sino también en su forma de reproducirse, su anatomía y su aspecto.

Sin embargo, todos los insectos poseen ciertas características comunes, siendo las más destacadas la presencia de tres pares de patas y el hecho de que no viven en el mar.

Todos llevan vida terrestre aunque algunos sean parásitos de otros animales y bastantes permanezcan casi toda su vida enterrados en el suelo.

Cerca de un millón de especies distintas han sido clasificadas en esta clase de artrópodos y es muy posible que existan muchas desconocidas aún.

Su tamaño es muy variado.

Mientras unos son tan diminutos que no llegan a medir un cuarto de milímetro, hay coleópteros que miden hasta cerca de 30 cm de longitud, y en algunas mariposas la envergadura de sus alas supera esta cifra.

El cuerpo de los insectos está diferenciado claramente en tres regiones: una cabeza en la que se hallan las antenas y la boca masticadora o chupadora, un tronco en el que se insertan las alas y las patas y un abdomen.

El tegumento del cuerpo es quitinoso; en algunas especies sumamente blando, mientras en otras, en algunos escarabajos por ejemplo, es más duro.

Algunos insectos tienen el cuerpo recubierto de cerdas, semejantes a pelos como en el caso de la mosca.

Las antenas san muy variadas.

En ciertas mariposas adoptan formas que recuerdan penachos de plumas.

La boca de estos artrópodos es muy interesante, pues adopta dos formas distintas.

O bien el animal se alimenta masticando y triturando la comida o bien chupa sustancias, generalmente líquidas, gracias a una trompa.

En el primer caso la boca masticadora ofrece una especie de trampilla o piececita llamada «labro» o labio superior y debajo un labio inferior que abre o cierra, el orificio bucal, el cual está rodeado de un par de «maxilas con palpos» y un par de «maxilas trituradoras», sin palpos o piezas de protección.

Las bocas chupadoras, en esencia, están constituidas por una trompa arrollable en el caso de las mariposas o un pico alargado capaz de succionar como en los piojos o bien una trompa no arrollable provista de pelillos como en las moscas.

El tórax se compone de tres segmentos, de cada uno de los cuales brota un par de patas formadas por cinco artejos o piezas articuladas.

Las alas son independientes de las patas en el sentido de que no deben su origen a una pata transformada, sino a una formación tegumentaria sostenida por nerviaciones.

No todos los insectos tienen alas, pero los insectos alados son los únicos artrópodos provistos de este elemento de locomoción.

Las patas sirven para múltiples funciones.

En algunos escarabajos se hallan diferenciadas y adoptan la forma de palas que les permiten acarrear y amasar diversas sustancias.

En otros, como la pulga, son resortes capaces de proyectar al animal a una altura 30 veces superior a su talla.

Si el hombre tuviera la facilidad de dar saltos como este insecto, podría salvar edificios de doce pisos con suma facilidad.

Para el grillo cebollero las patas delanteras son verdaderas excavadoras, y para los zapateros o sastres, que con ambos nombres se les conoce, las patas son puntos que les permiten sostenerse sobre el agua gracias a la tensión superficial de los líquidos.

Los insectos suelen caminar moviendo tres patas a la vez, pero no todas de un lado, sino la primera y posterior de un lado, al mismo tiempo que la segunda del lado opuesto, cambiando el orden al siguiente movimiento.

Algunos insectos poseen millares de músculos y su fuerza es considerable, por lo que no es raro advertir a una hormiga arrastrando objetos 50 veces más pesados que ella.

La velocidad de vuelo, proporcionalmente a su tamaño, es considerable ya que una libélula puede cubrir 30 km en una hora.

Estableciendo una comparación a escala humana es como si una persona de talla normal corriera a 70 km por hora.

El abejorro es el insecto que aletea con mayor rapidez, dando unas 240 oscilaciones por segundo mientras que la mosca sólo alcanza las 200.

En relación con el vuelo hay mariposas que se conducen exactamente como un avión y necesitan calentarse antes de emprender la marcha por el espacio y cuando están lanzadas, alcanzan hasta 40° de temperatura.

Sobre la resistencia del vuelo de los insectos, se dan hechos asombrosos como el de cierta mariposa que, saliendo de Alaska y sin tener ningún punto sólido donde posarse, emprende cada año una emigración en masa hacia las islas Hawai, en pleno Pacífico, realizando unos 6.000 km de vuelo sin escalas.

La sangre de los insectos no se parece en nada a la humana, pero en algunos este líquido vital es tan abundante que representa la quinta parte del peso del animal.

Aunque el sistema circulatorio esté reducido a un vaso central a modo de corazón, numerosos tubos irrigan todos los tejidos del insecto.

Los sentidos de los insectos están muy aguzados.

El hombre, por ejemplo, necesita un excitante 200 veces más intenso del que precisa una mosca para percibir una sustancia azucarada.

Los ojos son variadísimos en número y forma, pues mientras las hormigas poseen menos de 10, la mariposa denominada «esfinge del convulvo» tiene nada menos que 27.000 ojos.

Esto no significa que posea ojos independientes en tan elevado número, sino que sus ojos compuestos se hallan constituidos por la agrupación de 27.000 facetas, cada una de las cuales capta una imagen distinta.

Hay insectos que son ciegos para algunos colores como la abeja que no distingue el rojo; otros son miopes y algunos, como la mosca, poseen sus ojos tan bien distribuidos que pueden ver en una zona de 360°.

Por esto no se puede atrapar una mosca atacándola «por detrás».

En cambio, hay insectos que viven en lo más profundo de algunas cavernas y son ciegos.

Los insectos, naturalmente, no hablan, pero pueden producir multitud de ruidos y sonidos.

El grillo, las chicharras y las cigarras, parecen incansables durante las noches de verano.

Estos ruidos se deben a enérgicas fricciones de los élitros que son las alas córneas de coleópteros y ortópteros o bien por la acción de otros órganos.

Ningún insecto emite sonidos de origen bucal.

El zumbido, por ejemplo, se debe a la vibración de las alas.

La producción de luz es debida a la presencia de ciertas bacterias o bien a la oxidación de una sustancia llamada «luciferina», pero en ningún caso se produce desprendimiento de calor se trata de una luz fría.

Todos los insectos, pese a su gran variedad, respiran por medio de tráqueas, tubos muy ramificados que comunican con el exterior por medio de unos orificios llamados «estigmas».

Ciertas glándulas, en algunas especies, producen seda, cera o venenos que, inyectados en un animal o en el hombre, pueden ocasionar agudos dolores.

El llamado escarabajo escopetero lanza un chorrito de líquido maloliente al mismo tiempo que se produce una pequeña explosión, perfectamente audible debida a la rápida volatilización de aquella sustancia.

La chinche vulgar segrega un producto en extremo maloliente que constituye su mejor defensa cuando la atacan.

La reproducción de los insectos presenta una gran variedad y riqueza. Se dan casos de elementos estériles como las abejas obreras, pero también se dan casos de partogénesis, es decir, la reproducción de una hembra sin participación del macho.

Los pulgones nacen durante la primavera y el verano solamente de la madre, pero en otoño, cuando ya existen machos, la reproducción es sexual quizá porque las nuevas crías tendrán que afrontar la dureza del invierno y precisan una constitución más fuerte.

Aunque los insectos nacen de un huevo, éste no se convierte directamente en animal adulto como ocurre en una gallina, sino que sufre una metamorfosis.

La metamorfosis complicada o compleja se desarrolla según estas fases:

Las larvas nacen del huevo y se parecen mucho a un gusano.

En el caso de la mariposa de la seda se denominan así, gusanos de seda, aunque no lo son. Entonces comen con una voracidad insaciable y aumentan rápidamente de tamaño.

Al término de este crecimiento experimentan una muda.

El resultado es una ninfa, un insecto adulto, pero simplificado, con las alas y patas arrugadas, plegadas y todo el cuerpo reducido.

Pero no son insectos acabados porque no comen ni se mueven.

Viven en perfecta quietud y semejan tanto una momia que en algunas especies incluso se hallan envueltas en sustancias protectoras como en el capullo, y entonces se denominan crisálidas.

Esta quietud es sólo externa porque en su interior se operan profundas transformaciones hasta dar lugar a la última fase. 

El insecto adulto aparece rasgando la envoltura que le resguardaba y protegía. 

La metamorfosis sencilla consiste en la carencia de ninfosis. La larva se convierte en insecto adulto directamente.

La palabra insecto, exceptuando quizás las abejas y las mariposas, sugiere una idea de destrucción, molestia o lucha cuando no la de repugnancia.

En efecto, hay muchísimos insectos molestos y perjudiciales.

Algunos constituyen verdaderas plagas de la agricultura y no son escasos los que viven parásitos de animales domésticos y del hombre, mientras otros producen enfermedades gravísimas.

La langosta de los sembrados puede sumir en la miseria regiones enteras.

Pero también hay muchos cuya labor es altamente beneficiosa por estar entregados a una guerra implacable y cruel, como los insectos que se alimentan de huevos o de larvas de otros.

La enorme destrucción que se produce en sus filas mantiene en la naturaleza un equilibrio que el tiempo demuestra ser perfecto.

Una termita hembra puede poner loo millones de huevos, pero los pájaros, los animales insectívoros y otras causas se encargan de eliminarlos, de lo contrario acabarían por invadir el mundo.

El peligro no reside sólo en los insectos propiamente dichos cuya voracidad es proverbial, sino en los gérmenes que pueden propagar.

Se calcula que una sola mosca puede llevar 500 millones de bacterias capaces, cada una de ellas, de transmitir una enfermedad a un ser humano.

Sin embargo, no se puede tomar una posición negativa frente al mundo maravilloso y variado que estudia la Entomología.

Si el mosquito, tan desagradable, es un insecto, también lo es la mariposa de la seda.

Para clasificar y estudiar un mundo tan diverso se atienden principalmente estos datos anatómicos y fisiológicos:

El tipo de metamorfosis.

La forma de alimentación (masticadora o chupadora).

El número y forma de las alas.

Una rápida ojeada a las principales especies permitirá que nos demos cuenta de la riqueza que ofrece esta clase de artrópodos, prescindiendo, en este breve estudio de las denominaciones excesivamente científicas.

SIN METAMORFOSIS Y SIN ALAS.

Los apterigógenos constituyen un grupo muy poco numeroso.

Alguna vez nos habrá sorprendido, al tomar un libro viejo de una estantería, ver un pequeño insecto blanco, provisto de finísimas antenas y seis patitas.

Si lo tocamos, deja en los dedos un polvillo parecido a escamas. Es un lepisma.

LAS LIBÉLULAS.

Son insectos muy elegantes.

Cuando se posan en un tallo o una flor, la cabeza y el tórax forman una masa redondeada, brillante, su abdomen se prolonga como la carlinga de un avión y sus alas membranosas, casi transparentes, aletean con viveza.

Su cabeza posee gran movilidad y durante el vuelo mastican rápidamente los insectos que han podido aprisionar.

Las libélulas no andan, sus patas le sirven sólo para apoyarse y si desean mantenerse casi inmóviles en el aire, lo consiguen gracias a movimientos rapidísimos de sus alas.

Quien haya contemplado el revoloteo de las libélulas sobre las aguas de un río quizás se habrá extrañado al ver que, en un momento determinado curvan el extremo del prolongado abdomen y lo introducen por un instante en el agua.

Se trata de la puesta de huevecillos.

Es una paradoja que este insecto predominantemente aéreo y volador, surja de larvas acuáticas que viven siempre dentro del líquido.

Como su metamorfosis es sencilla, llega un momento en que la larva crecida sale del agua, trepa hasta el tallo de una planta y deja que el sol seque su tegumento, apareciendo al cabo de poco con unas alas frágiles, casi siempre cabeza abajo y sale de su piel realizando de este modo la primera muda y con ella su entrada en el mundo animado.

LOS TERMITAS.

De vez en cuando se pueden leer en la prensa noticias alarmantes acerca del daño causado en edificios y construcciones por cierta especie de hormigas.

No hay exageración en el peligro que suponen estos insectos.

En Italia se calcula que más de 100.000 libros y unos 200 monumentos han sido atacados por ellas en el transcurso de pocos años.

En España se localizaron, en 1956, más de 4.500 focos de termes.

Cuando alguien advierte la existencia de estos voraces insectos en su domicilio, debe dar cuenta a las autoridades para atajar el mal sin perder tiempo si es que ello resulta posible.

En Hamburgo fue preciso incendiar un barrio entero para librarlo de termitas y, en Francia, el palacio de Versalles ha sido objeto de grandes reparaciones para salvarlo de la invasión de estas hormigas blancas, las cuales nada tienen que ver con las hormigas vulgares.

Como éstas, los termitas viven en comunidad, en número exorbitante.

La mayoría de individuos son obreras, estériles y sin alas.

La hembra, al ser fecundada, desarrolla en forma tan desmesurada su abdomen repleto de huevos que alcanza hasta 10 cm de longitud.

Las obreras excavan la tierra si la colonia se halla en el campo o bien construyen sus canales en el interior de la madera si se hallan en edificios.

Su actividad es prodigiosa porque son a millones y su boca masticadora tritura la madera más resistente.

Una hembra puede poner más de 4.000 huevos al día, cifra que supone más de 1 millón al año y aún existen especies que superan estas cantidades.

Las obreras son las encargadas de alimentar las larvas en su primera fase de vida, con su propia saliva.

Se calcula que 1 millón de termitas consumen cada día 30 Kg. de madera y en un termitero pueden vivir varios millones de insectos.

En África existen termiteros enormes, que se elevan varios metros sobre el suelo a modo de monolitos de impresionante aspecto.

Bajo la superficie se extienden también las galerías abiertas por las obreras. Son, pues, innumerables los corredores y pasadizos.

¿Dónde se halla la cámara real en la que vive la reina, el insecto único y poderoso, culpable de la proliferación masiva de la colonia?.

Si se diera con esta cámara real sería muy fácil exterminar el termitero, pero esto es muy difícil.

Los corredores son tan complicados que en algunas ocasiones se extienden a gran distancia del montículo de tierra.

En los edificios las hormigas blancas pueden trazar un corredor perfectamente disimulado en las junturas de puertas, marcos o paredes empleando sus propios excrementos y las obreras discurren por su interior.

De este modo se comunican y atacan las partes de madera de un edificio separadas por grandes distancias.

La lucha contra estos voraces animalitos adquiere perfiles cómicos cuando se ven brigadas de trabajadores abriendo una profunda zanja alrededor de un edificio atacado, como si se tratara de ponerle sitio y una vez construido el foso, lo llenan de sustancias, desinfectantes, gasolina, etc.

Esta medida ha sido a veces necesaria para cortar el paso a los termitas que serán atacados en el interior del edificio por medio de toda clase de sustancias tóxicas.

Si estos datos pueden parecer exagerados, téngase en cuenta que Italia gastó en 1956 más de 750 millones de liras en su lucha antitermes.

Nada menos que la Biblioteca del Vaticano había sido amenazada por las implacables hormigas blancas.

SALTAMONTES Y GRILLOS.

Como un caballero medieval provisto de coraza, yelmo y cota, el saltamontes o langosta es un insecto alargado y vistoso.

Contemplando su cabeza con una lupa ofrece un aspecto impresionante: grandes ojos múltiples y antenas delicadas.

Las patas anteriores son cortas y las posteriores alargadas y dispuestas como un resorte a punto de saltar.

De ahí su nombre vulgar de saltamontes.

Las alas membranosas se doblan bajo el primer par de alas endurecidas que constituyen una protección para aquéllas, delicadas, largas y finas.

A través de la Historia, las plagas de langostas, ya citadas en la Biblia, han constituido un motivo de terror para los pueblos.

Su aparición viene precedida de un ruido inconfundible, se nubla el sol y como una nube que se ensancha y cubre el firmamento, se abaten sobre los poblados, los bosques, los campos y los cultivos devorando en poco tiempo todas las plantas.

A veces es inútil intentar ahuyentarlas con fumigaciones o destruirlas a golpes o con ayuda de las llamas.

A miles de millones llueven del cielo y cuando vuelven a levantar el vuelo, la tierra se ha convertido en un lugar desértico en el que los arbustos y los árboles muestran la desolación de sus ramas completamente desnudas.

Las tropas de Carlos XII de Suecia se vieron detenidas en un desfiladero que resultó obstruido por una lluvia de langostas.

En épocas más modernas, estas plagas incluso han detenido trenes al obstruir las vías.

El inglés Carruthers, a fines del siglo pasado, fue testigo de la invasión de una zona del Mar Rojo y calculó que la nube de langostas estaría formada por unos 20.000 billones de insectos, cifra exorbitante, pero que el viajero dedujo del área ocupada por la plaga que era de unos 4.000 Km².

Lo cierto es que tanto España, Marruecos, China, Arabia como América (igual la septentrional que la meridional) se han visto afectadas por esta plaga.

En los Estados Unidos, por ejemplo, una sola invasión de este insecto en Missouri ocasionó pérdidas por más de 2 millones de dólares.

En África del Sur un viajero vio una nube de langostas que empezó a pasar sobre su cabeza a la una de la tarde a una velocidad de 20 Km por hora cubriendo un frente de 16 km.

Al ponerse el Sol aún seguían pasando langostas, pero si bien durante la noche se detuvieron, la invasión prosiguió a primeras horas del día hasta que el sol estuvo bastante alto.

La cifra dada por Carruthers en la zona del Mar Rojo no es exagerada si se tiene en cuenta la información de este testigo del África del Sur.

Resulta un misterio saber de dónde proceden, por qué emigran, por qué realizan viajes tan largos y cuál es la causa que les impulsa a abatirse sobre un determinado país.

En muchos casos las bandadas dejan atrás regiones ricas en vegetación y, en cambio, se posan sobre tierras más pobres, refutando de este modo la hipótesis de que sea el hambre la causa de estas migraciones masivas.

Al parecer, se dan dos formas de langosta, una sedentaria que no se mueve del país de origen y se reproduce en cantidades moderadas, y otra emigrante de reproducción más rápida y numerosa.

Los hebreos, los indios y otros pueblos utilizaron las langostas como alimento, pero en general es tal la aversión que produce este insecto, particularmente perjudicial, que contra él se han intentado toda clase de medios de exterminio incluso el empleo de lanzallamas, trincheras, barreras de redes, cremación con gasolina, tóxicos, etc.

El canto típico lo producen frotando los fémures, las patas, contra unas nerviaciones de los élitros o alas anteriores endurecidas.

En la base de estas alas se halla una formación circular, a modo de membrana vibrátil capaz de ampliar el sonido producido por el roce anteriormente citado.

El grillo, que algunos llegan a enjaular sólo para escuchar su monótono «ric-ric», es un insecto emparentado con el saltamontes, pues como él pertenece al orden de los ortópteros.

Es notable constatar que estos animales cantores, aunque la palabra esté mal empleada ya que no está en la boca el origen del ruido que producen, son amantes del silencio.

El grillo sólo canta cuando no se oye el menor ruido.

Basta el producido por una ramita al troncharse para que enmudezca y se meta de nuevo en el interior de su madriguera, pues este insecto suele situarse frente a la entrada de la misma cuando quiere entonar su monótono canto.

En España, a principios del verano, la hembra pone unos cuantos huevos en un agujero practicado en el suelo y antes de un mes aparecen las larvas desprovistas de alas, pero en todo semejantes a un grillo adulto, ya que su metamorfosis es sencilla.

Al llegar el otoño se hunden en el suelo y en la primavera siguiente son grillos ya adultos.

El grillo cebollero es un cavador consumado.

Sus patas anteriores son auténticas zarpas excavadoras con las cuales abre profundas galerías en las que vive, como si fuese el topo de los insectos.

Aunque los agricultores suelen exterminarlo, es un buen auxiliar, pues se alimenta de insectos perjudiciales y, si rompe o desgarra raíces, sólo lo hace por su afán de abrir galerías pues se trata de un insecto masticador.

LAS MANTIS Y EL MIMETISMO.

La mantis religiosa o insecto de Santa Teresa es un animal sumamente delgado.

Dobla sus patas delanteras como si rezara, por lo cual el vulgo le ha dado esta denominación mística.

Sin embargo, es un insecto cruel.

Después del aparejamiento la hembra atrapa al macho y se lo come. Sus patas anteriores se hallan transformadas en dos poderosas pinzas capaces de aprisionar a su pareja, mucho más débil.

Es difícil distinguir una mantis cuando se halla posada sobre un tallo porque su delgado y verde cuerpo se confunde con aquél y sus patitas semejan nerviaciones.

El «mimetismo» o facultad de enmascararse, es muy grande en los insectos. Existe un grupo denominado insectos-palo, insectos-hoja, etc., cuyo cuerpo es tan parecido a una de estas formaciones vegetales que pasan completamente inadvertidos.

En la lucha por la vida estos animales no tienen fuerza, ni velocidad y su única defensa está en el disimulo, en el camouflage que el hombre utilizó en las artes de la guerra y que para ellos la naturaleza lo dispuso en su cuerpo, especialmente formado.

Insectos de esta clase llegan a medir hasta 10 cm de longitud con un grosor inferior a los 2 mm.

Una especie que vive en Malaya alcanza los 27 cm de longitud y' su grueso apenas es superior al centímetro.

La mantis, con su actitud orante, inmóvil, no es sino un cazador que aguarda su presa, sobre la que se lanza con presteza sorprendente.

En cambio, la tijereta, que ha sido calumniada por atribuírsele nada menos que la facultad de penetrar en el oído humano y con sus apéndices llamados tijeras poder cortar la membrana del tímpano, es un insecto maternal, uno de los pocos que ponen sus huevos, los incuban y vigilan hasta que de ellos nacen las larvas.

Estas injusticias abundan en el conocimiento, muchas veces falso, que el hombre tiene de los animales, pero uno de los casos más curiosos lo da sin duda la célebre fábula de La Fontaine mundialmente conocida.

LA CIGARRA Y LA HORMIGA.

Se pasó la cigarra el verano cantando, y luego, cuando llegó el invierno, tuvo que pedirle a la hormiga un poco de alimento.

Ésta, avara y sin buen corazón, se lo negó.

Se pueden deducir muchas enseñanzas morales de esta narración, pero el zoólogo se rebela contra ella en toda su integridad.

En primer lugar, el enemigo más terrible que tiene la cigarra es la propia hormiga, la devoradora de todo insecto muerto y que tantos destrozos causa a la agricultura. P

ero es que además la cigarra no necesitaba pedirle alimento a la hormiga porque no existe una sola cigarra adulta que pueda sobrevivir un invierno.

Al llegar los primeros fríos mueren todas, tengan o no comida.

vida de los insectos hormiga

Por otra parte, ¿qué haría la cigarra del grano almacenado por la hormiga si aquélla se alimenta sólo de líquidos?.

La cigarra tiene boca chupadora, no masticadora, por tanto su alimento son los jugos, la savia de las plantas.

Durante el verano canta y succiona incansable.

¿Canto amoroso para atraerse a la pareja?.

No, porque si bien el único que canta es el macho, se ha demostrado que la hembra es sorda y muda.

O, por lo menos, casi sorda al estridor de los élitros del macho.

Los huevos puestos por las cigarras en verano, darán paso a larvas antes de llegar el otoño, pero éstas permanecerán aletargadas durante el invierno siguiente y el otro y quizás otro.

Las cigarras nacidas este año en España, los ejemplares adultos, corresponden a huevos puestos 4 años antes y en América existe una especie de cigarra que necesita 20 años para que el huevo adquiera el estado de pleno desarrollo, el de cigarra capaz de reproducirse y la cual sólo vive un verano y, por tanto, es inútil prestarle comida para un invierno que no ha de conocer.

Sus últimos cantos, en el mes de septiembre, anuncian su próximo fin.

INSECTOS REPULSIVOS.

Los hemípteros son insectos chupadores, de metamorfosis sencilla, provistos de un pico articulado y distribuidos en una serie de especies la mayor parte de las cuales resultan molestas, parásitas o repulsivas.

En los jardines es posible encontrar un insecto de forma casi pentagonal de aspecto no muy desagradable parecido a un escudo pero que produce un hedor insoportable.

Es la chinche de jardín o de campo.

Una especie semejante puede habitar en casas poco limpias constituyendo lo que se denomina chinche de las camas.

En las épocas frías se esccen cualquier intersticio y aparece en verano, Su picadura ocasiona fuerte escozor.

Parásitos de distintos vegetales son el pulgón . trigo, de la col, del rosal, de los manzanos, etc.

Parientes de ellos es la temible filoxera, que en épocas no muy lejanas destruyó enormes extensiones de viñedos europeos.

Como las vides americanas son inmunes a este parásito, fue preciso repoblar las plantaciones del Viejo Continente con cepas procedentes del Nuevo Mundo a fin de salvar la riqueza vinícola de España, Francia, Italia y Grecia.

Sin alas, redondeados y voraces, los piojos son uno de los parásitos más molestos tanto para el hombre como para gran número de mamíferos.

Se agarran a los pelos por medio de sus patas cortas fuertes y se alimentan de su sangre gracias a su boca chupadora.

Durante las épocas de miseria o de guerra, la propagación de los piojos puede abrir el camino al tifus exantemático.

Sin embargo, incluso en este orden de insectos, es posible encontrar un grupo simpático. Los zapateros o sastres, que se deslizan con rapidez sobre aguas de los ríos apacibles o de los estanques.

Sus patas son largas y finas y su peso es tan liviano que la tensión superficial del líquido puede sostenerles.

A muchas millas de la costa, en la superficie de. mar, es posible encontrar insectos semejantes ¿ nuestros zapateros que «andan» sobre las aguas.

En ciertos árboles es posible advertir como una; plaquitas blancuzcas, grisáceas, desecadas. Se trata de cochinillas hembras, las cuales, una vez fecundadas por el macho, que es alado y de vida muy corta, permanecen fijas en el tronco o la rama hasta que mueren.

Antes de que esto ocurra ponen los huevos, los cuales se hallan resguardados por el cuerpo de la madre.

Una vez muerta, ésta sigue protegiéndolos al desecarse, pues constituye de este modo un escudo contra las inclemencias del invierno.

Al llegar la primavera, innumerables cochinillas recién nacidas brotan de estas escamas al parecer inofensivas.

El enemigo más implacable de las cochinillas es un coleóptero muy conocido: la mariquita.

Antiguamente de las cochinillas se obtenía una laca de color encarnado vivo, que se utilizaba en la industria de colorantes.

LOS ESCARABAJOS.

Los coleópteros constituyen el orden más numeroso de los insectos.

Comprende más de 250.000 especies distintas; algunas tan diminutas que no llegan a medir 0,25 mm, mientras otras sobrepasan los 10 cm.

Si poseen alas (hay especies ápteras), las dos anteriores son duras, consistentes y se denominan «élitros» y forman una especie de estuche dentro del cual se dobla el otro par que es membranoso.

Un coleóptero es un animal generalmente de color negro, brillante, acorazado, con antenas muy variables, pues las hay en forma de largos cuernos y otros las ofrecen delicadas y finas.

Todos son masticado-res, pero mientras unos se alimentan de vegetales y son, por tanto, fitófagos, los hay implacables carnívoros, necrófagos y también omnívoros, o sea, que comen lo que se les pone a su alcance.

Todos ellos presentan metamorfosis complicadas.

Existen algunas especies acuáticas, pero por lo general suelen vivir en hendiduras, bajo las piedras, más o menos ocultos.

Aunque existen algunas especies útiles a la agricultura, la mayoría suelen constituir una pesadilla para el campesino.

Los cárabos, son implacables exterminadores de larvas y orugas, especialmente las que dan origen a la mariposa de los pinos y abetos.

Los escopeteros de los que se habló al citar los ruidos producidos por los insectos, son cárabos también.

Los ditiscos, son escarabajos capaces de nadar con gran rapidez zambulléndose y volviendo a la superficie para hacer nuevo acopio de aire.

¿Qué es de los cadáveres de los pajarillos, reptiles y otros animales que mueren en el bosque o en los montes?

Existe un escarabajo enterrador que cava una auténtica sepultura a estos animales, mucho mayores que él.

Este trabajo tan noble lo realizan estos coleópteros con un fin egoísta, porque al enterrar al pajarillo, por ejemplo, depositan sus huevos con él, a fin de que al nacer las larvas encuentren alimento.

Existen muchos escarabajos cavernícolas, los cuales carecen de ojos y desenvuelven su vida en la más completa oscuridad.

Los niños conocen la mariquita, cuyo caparazón muestra varios puntitos y ofrece hermosas coloraciones.

Es un gran amigo del campesino, pues extermina las cochinillas y los pulgones y da muestras de una muy loable voracidad.

El gusano de luz no es tal gusano, sino un coleóptero cuya hembra ofrece durante toda su vida el aspecto de larva con el abdomen fosforescente y se alimenta de babosas y caracoles, a los cuales baña con su saliva y efectúa así una digestión previa antes de comérselos.

De noche, si se duerme en una habitación donde haya muebles antiguos se oyen unos ruidos secos que el silencio amplifica.

Se deben a un pequeño escarabajo, el anobio, que los produce al excavar galerías en el interior de la madera. ¡Y se deben a simples y contundentes cabezazos de este coleóptero!

Hasta aquí los coleópteros zoófagos.

Ahora citaremos aquellos que se alimentan de vegetales y que, por tanto, en su mayoría, son una plaga para la agricultura.

Es posible encontrarles en todas partes. Unos atacan las raíces, otros las hojas, los frutos, el tallo... nada se libra a su voracidad.

Así, el escarabajo de la patata, de rayas amarillas y negras, lo mismo ataca este tubérculo que los tomates y las berenjenas.

Antes no era conocido en Europa, pero en los últimos años se ha extendido, después de su desembarco, procedente de América, hasta la misma Rusia.

La galénica de los olmos ataca las hojas de estos árboles y no deja sino las nerviaciones.

Lo mismo podría decirse del gorgojo del trigo o del arroz, el picudo del algodón o el escarabajo del abedul, cuyas hojas enrolla para verificar dentro de este embudo improvisado la puesta de huevos.

Unos atacan las hojas, otros abren galerías en los troncos, muchos se introducen en los frutos, etc.

A veces, en un camino vecinal poco frecuentado se puede ver un escarabajo atareado en la confección de una bola de estiércol que empuja con grandes dificultades hasta la entrada de su madriguera.

Es el escarabajo pelotero.

En ella depositará sus huevos, que al dar paso a las pequeñas larvas, encontrarán en el estiércol alimento suficiente para conseguir su transformación.

Este trabajo y esta previsión hizo que los, antiguos egipcios llegaran a reverenciarlo, pues decían que simbolizaba la rotación de los planetas, el curso de los años, etc., y de ahí que en jeroglíficos y monumentos de la época faraónica se encuentre el «escarabajo sagrado» representado con tanta profusión como respeto.

En países tropicales es posible encontrar bellísimos escarabajos de elegantes cuernos, formas muy desarrolladas y algunos de aspecto francamente amenazador a pesar de su tamaño, que no suele exceder los 10 cm, como en el caso de los Goliat y Hércules.

Fuente Consultada
Enciclopedia Temática Ilustrada CONSULTORA Tomo II Los Seres Vivos - Los Insectos -

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