Los Esclavos en el Virreinato Negocio de la Esclavitud en Buenos Aires



Los Esclavos en el Virreinato: Negocio de la Esclavitud en Buenos Aires

LOS ESCLAVOS EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

Un cronista colonial testimonió las cuentas del comercio negrero: un velero arribado al Río de la Plata con trescientos esclavos dejaba a su propietario setenta y cinco mil pesos de ganancia, cuando el sueldo de un peón de campo oscilaba entre los cinco y ocho pesos mensuales. Vendida la carga humana podía adquirir veinticinco mil pesos de cueros, colmando la capacidad de su nave y con cuya venta en puertos europeos tendría otra pingüe ganancia de cincuenta mil pesos.

Los Esclavos en el VirreinatoEn el Plata los africanos desempeñaron tareas domésticas, aunque algunos desarrollaron aptitud para otros oficios subalternos.

En las ciudades se alquilaban esclavos para trabajar en talleres de artesanos y por esos trabajos recibían un salario que compartían con sus amos y solían ahorrar su parte para comprar su libertad.

También podían comprar “certificados de blancura” que los habilitaban para desempeñar cargos públicos de la más baja categoría que solían facilitares ganancias ilegítimas, como habían aprendido de sus patrones blancos.

Pero no fueron sólo humanos instrumentos de trabajo; era bastante frecuente que la sensualidad de las negras las hiciera muy codiciadas para “los juegos de amor oculto”, como dice un cronista de la época.

Cuando los frutos de este amor llegaban, la comunidad recibía con cierta complacencia este “aumento de la natalidad”, pues el mulato era una mercadería que continuaba con la materna condición de esclavo.

Las zonas de aprovisionamiento de esclavos en la costa de África variarán de acuerdo con la época, las compañías y los países que en distintos momentos ejercieron el monopolio del tráfico.

Las áreas de mayor importancia situadas en la costa occidental fueron el Sudán Occidental, la costa de Guinea y el Congo. Asimismo se importaron africanos de Madagascar y de las factorías emplazadas en el extremo sur del continente, con mayor intensidad en los últimos años del siglo XVIII.

El cruce del Atlántico desde las factorías africanas se realizaba en veleros que los portugueses denominaban tumbeiros, sombría calificación alusiva a que todavía durante el siglo XVIII sólo sobreviven al viaje entre el sesenta y el setenta por ciento de los esclavos embarcados.



No escasearon los casos en que no arribó con vida ni un solo negro, como ocurriera en el primer viaje de una nave de la Compañía de Guinea a Buenos Aires en 1702.

Llegado el velero a puerto los oficiales reales controlaban el estado y el volumen de la carga humana, cobraban los derechos correspondientes y aplicaban sobre la piel del africano una imborrable marca con un hierro al rojo (carimbo).

Los dibujos son variados y similares a las marcas de ganado: cruces, círculos, iniciales, etc. Recién en 1784 se deja sin efecto esta bárbara costumbre que se extendió en América durante más de tres siglos.

Ver: Historia de la Esclavitud En Estados Unidos

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