Opinión Publica Por Gases Lacrimogenos Guerra de Vietnam Caso Utter



Opinión Pública Por Gases Lacrimógenos: Guerra de Vietnam – Caso Utter

Pentágono II: «los Estados Unidos no son parte de ningún tratado actualmente en vigencia que prohíba o restrinja el uso de gases tóxicos o no en guerra. o humo o materiales incendiarios, o de guerra bacteriológica”. Así dice el Army Field Manual 27-10, del ejército norteamericano.

El Departamento de Estado nunca fue partidario demasiado entusiasta de los agentes de guerra biológica y química, pero cuando en los primeros meses de 1964 el Pentágono le solicitó en forma oficial que evaluara jurídicamente el uso de gases no letales en Vietnam presentó un informe ecléctico —dando el visto bueno—, pero con “limitaciones”.

uso de defoliantesDe todos modos, el pedido del Pentágono había sido pura formalidad, porque desde 1962 estaba equipando a los soldados sur vietnamitas con una variedad de gases lacrimógenos perfeccionados, como simple preámbulo a su uso en el campo de batalla en 1964.

En rigor, los Estados Unidos fueron parte y firmaron el acuerdo de la Conferencia de Ginebra de 1925 que declaró ilegal el uso en guerra de gases asfixiantes, venenosos y de todo tipo.

Lo ambiguo de la situación proviene del hecho que el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, en una sesión a puertas cerradas, se negó en 1926 a ratificar la firma del acuerdo.

Era un peculiar momento en la vida política norteamericana, donde una nueva ola de “aislacionismo” se hacía sentir en todo momento y cuando la “Legión Americana”, con el apoyo de la “American Chemical Society”, tenía opiniones muy definidas a favor de los arsenales químicos.

En 1943, F. D. Roosevelt definió la política norteamericana referente al uso de gases en la Segunda Guerra Mundial: no iban a emplearse a menos que las potencias del Eje lo hicieran primero.

El mismo Eisenhower se negó a usarlos en Corea en forma ofensiva. Pero en 1960 tanto el Departamento de Estado como el Pentágono, en forma oficial, ratificaron que el objetivo del desarrollo de arsenales biológicos y químicos era el tener un espectro de armamentos adecuado para “responder’ a una acción hostil de todo tipo.

En 1965, ocurrió un cambio radical en el contenido de las declaraciones oficiales del Departamento de Estado: Dean Rusk y Cyrus Vance comenzaron a asegurar, reiteradamente, que los Estados Unidos “no utilizaban gases letales en Vietnam del Sur”. De los otros, sí.

El caso Utter : Los técnicos de psicología social del Pentágono efectuaron uno de los mejores trucos publicitarios que registra la historia política norteamericana, para venderle a la población el uso de gases en Vietnam sin que protestara por el mal olor.



Fabricaron el caso Utter, que efectivamente paralizó todo tipo de protesta organizada de la opinión pública, mientras el uso de gases se generalizaba hasta convertirse en otro recurso habitual de la guerra. L. N. Utter era un teniente coronel de los Marines, que comandaba un batallón.

El 7 de setiembre de 1965, el comando norteamericano en Saigón dio a conocer un comunicado de prensa anunciando que el teniente coronel Utter estaba detenido y se le había instituido un sumario por haber autorizado el uso de 18 granadas de lacrimógeno en el transcurso de una pequeña operación de patrulla.

Según la versión de “New York Times”, el coronel Utter había desechado la idea de usar granadas de fragmentación, lanzallamas o armas automáticas para desalojar a “sospechosos” de sus reductos, porque éstos se escudaban con mujeres y niños. El uso de gas lacrimógeno, pues, le había parecido “lo más humanitario”.

La promesa de una investigación y de ser necesario, un juicio, y la abundante propaganda sobre los “motivos humanitarios” de la acción del teniente coronel Utter controlaron inmediatamente la prensa norteamericana.

Se acusaba a Utter por no haber pedido autorización a Westmoreland antes de ordenar el uso de gases. Dos semanas más tarde, el 22 de setiembre, Westmoreland solicitaba —con una gran parafernalia publicitaria— permiso para utilizar gases cuando su aplicación fuera más humanitaria que el uso de armas convencionales. El “New York Times”, al comentar el pedido, recalcaba que Westmoreland habla tenido siempre esa autorización.

El 25 de setiembre, Westmoreland anunció que no se tomaría ninguna medida disciplinaria contra Utter, se negó en lo sucesivo a discutir el ceso y el sumario nunca fue dado a conocer a aprensa.

En octubre de 1965, en el documento no clasificado que produjo una compañía de consultores del “Travellers Research Center”, de Hartford, Connecticut, por encargo del Pentágono, para analizar la política oficial de los Estados Unidos con respecto al uso de armas químicas y biológicas, se deja bien establecido que ni el Pentágono ni la comandancia norteamericana en Saigòn habían dado nunca órdenes de no usar gas, que el uso de gas de cualquier tipo lo determinaba el comandante de cada unidad en el teatro de operaciones y que el general Wallace M. Greene, comandante en jefe del Cuerpo de Marines, ‘había confirmado en una carta privada que “no había habido, ni hay ahora, ni habrá, ninguna intención de someter a Utter a una corte marcial, o aplicarle sanción disciplinaria de ningún tipo”.

Los resultados del “asunto Utter” fueron evaluados así por el semanario “Navy”, órgano oficial de la marina norteamericana, en su editorial de octubre de 1965: “La reacción de la prensa esta vez ha sido muy favorable, indicando que ahora los editores norteamericanos se dan cuenta cuanto más humanitario es el uso de gas que los mortales efectos del napalm, los lanzallamas y las armas automáticas.”

Fuente Consultada: Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 3



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