Biografía de Balbín Ricardo Líder Político del Radicalismo Argentino



Biografía de Balbín Ricardo
Líder del Radicalismo en Argentina

Ricardo Balbín, para muchos el último caudillo de la política criolla, nació en Buenos Aires el 29 de julio de 1904. Prontamente sus padres (dos inmigrantes españoles) se trasladaron a la ciudad de La Plata y ése será su definitivo lugar de radicación. Buenos Aires, apenas, un sitio donde estudiar: primero como interno del Colegio San José, luego como alumno de la Facultad de Medicina. Pero más allá de ser un buen estudiante, era el quehacer político lo que más atraía al joven Balbín.

Ricardo Balbin

Ricardo Balbín (1904-1981), político argentino. Hijo de españoles, nació en la provincia de Buenos Aires. Estudió en un internado, con el hijo de Pedro Solanet, y gracias a éste tuvo su primera participación en política, a los 12 años, en una manifestación para ver la llegada del candidato. Estudió luego en el colegio San José de Buenos Aires y en cuanto cumplió los 18 años se inscribió en la Unión Cívica Radical (UCR). Tras cursar un año en la Facultad de Medicina, hubo de abandonar por razones económicas. En marzo de 1924, comenzó la carrera de Derecho en la Universidad de La Plata, concluyendo en 1926.

La militancia radical
“Yo creo que nací radical”, ha expresado Ricardo Balbín en muchas oportunidades. Coherente con ese sentimiento, apenas cumple los 18 años se afilia al partido: “El radicalismo, en primer lugar, representaba la liberación del país y, sobre todo, la liberación del individuo. Hay que tener en cuenta que aquella época era muy distinta de la actual.

Entonces coexistían dos expresiones políticas: el viejo régimen, como lo calificó Yrigoyen y la causa del pueblo”. Balbín había elegido la segunda. Cuando volvió a La Plata —abandonó sus estudios de medicina por motivos económicos— se enroló en la Facultad de Derecho y trasladó a ese campo su militancia radical.

Fue secretario de la Federación Universitaria, hasta que el rector Benito Nazar Anchorena, conservador de pura cepa, decidió expulsarlo, esgrimiendo motivaciones harto conocidas: promover disturbios, en su condición de líder estudiantil. Reincorporado a los pocos meses, pronto finalizó su carrera y a los 22 años ya tenía su diploma de abogado.

En 1930, la revolución militar de setiembre arrasa con la Constitución. La mayor parte de la dirigencia radical va a prisión y los jóvenes, con más entusiasmo que que otra cosa, deben asumir el compromiso de preservar la estructura partidaria.

El 7 de octubre de ese mismo año, una movilización juvenil con banderas rojas y blancas copa la ciudad de La Plata. Se divide a ésta en secciones y a cada una de ellas se le asigna un presidente. Pero la Primera Sección queda desguarnecida, se carece de dirigentes que ejerzan su presidencia. Es entonces que algún joven, como él, sugiere a Balbín: “¿Por qué no sos vos el presidente?”. Aceptó esa responsabilidad. Estaba naciendo otro líder del partido.

El largo camino
Ya antes, también por el año 30, Ricardo Balbín se había destacado. Cuando el presidente Yrigoyen decidió intervenir la provincia de Mendoza, él fue nombrado fiscal de Crimen, un cargo especialmente comprometido, donde los hombres se granjeaban con facilidad los odios de sus semejantes, que a veces trataban de tentarlos y de comprar sus conciencias y otras veces procuraban defenestrarlos, si el funcionario resultaba íntegro.

Lencinistas y conservadores lo hicieron centro de sus críticas y el joven político fue conociendo la dureza de la lucha por el poder. De todas formas, en 1931 ya estaba de vuelta en Buenos Aires y el 5 de junio de ese año era elegido diputado provincial por la Tercera Sección Electoral. El gobierno anuló la elección, pero no obstante, en 1933 volvía a ser electo.

El 7 de diciembre de 1942, obtuvo nuevamente una banca en la legislatura provincial: su participación en esa elección, que se presumía fraudulenta, fue muy criticada. Pero el ya fogueado dirigente daba buena respuesta a esas críticas: “Ustedes compórtense como se debe en una elección, que si hay fraude yo renuncio a mi banca”. El fraude se produjo y la renuncia también.

Los primeros gobiernos del peronismo
En 1946, Balbín accede a la Cámara de Diputados del Congreso Nacional. Es nombrado presidente del bloque e integra de ese modo el famoso grupo de los 44 opositores al peronismo. En esa época comienza también a hablarse con respeto de sus sobresalientes dotes de orador. Su crítica al oficialismo se concentra en el monopolio de los medios de comunicación, la falta de libertad de expresión, el régimen policial, el culto a la personalidad, el manejo de fondos. Por entonces, otro diputado hacía también sus primeras armas: se llamaba Arturo Frondizi.

Esta línea definidamente opositora de Ricardo Balbín le acarreó su expulsión de la Cámara. El 29 de setiembre de 1949 se lo acusó de desacato a Perón. Sin fueros parlamentarios y con 14 procesos instruidos en su contra, fue detenido el 12 de marzo de 1950, justo en el momento en que abandonaba un local comicial en donde había sido consagrado candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires. Recorre las cárceles de Rosario y San Nicolás, para ser alojado, finalmente, en la celda 24 del Penal de Olmos.

Recién el 2 de enero de 1951, merced a un indulto presidencial recupera su libertad, después de 297 días de prisión. Su temperamento se mantiene incólume y en las siguientes elecciones presidenciales es el candidato por el radicalismo, secundado por Arturo Frondizi como compañero de fórmula. Obtiene de esa manera 2.416.712 sufragios mientras que Perón-Quijano triunfan inapelablemente, con 4.744.803 votos a su favor. Sigue luego un endurecimiento de las condiciones políticas, la oposición radical se vuelve muy marcada y la figura de Balbín juega un papel preponderante: sus apariciones públicas terminan generalmente en incidentes y el orador es frecuentemente detenido.

La división de la Unión Cívica Radical
El desgaste del peronismo precipita su caída y la llamada Revolución Libertadora entra a escena. Un año después de los enfren-tamientos armados, . en noviembre de 1956, la UCR se divide: Frondizi llamó a la Convención Nacional del Partido a Tucumán a fin de elegir la fórmula presidencial para las futuras elecciones y esa convención lo designó candidato. Balbín había exigido que el nombramiento se realizara a través del voto directo de todos los afiliados y la ruptura fue inevitable, Unión Cívica Radical del Pueblo se llamó el sector que de allí en adelante él acaudillaría.

En las elecciones de constituyentes de 1957, la UCRP obtuvo la primera minoría con 2.117.160, pero en las presidenciales de 1958 el escenario político fue testigo de la segunda frustración de “El Chino”, derrotado por el binomio Frondizi-Gómez gracias al traspaso unánime de los votos peronistas.



Nuevamente en la oposición, Balbín fustiga la política del fron-dizismo, especialmente en sus aspectos vinculados con los contratos petroleros. Frondizi es derrocado por un golpe militar y en 1963 nuevamente salen a luz las urnas. Un sector del partido propone entonces a Balbín la candidatura a presidente de la República. Acaso por un cálculo equivocado de sus posibilidades, Balbín la rehusa, cediendo el lugar al doctor Arturo Illia, quien triunfa en las elecciones y gobierna hasta el golpe militar de junio de 1966.

La vuelta del peronismo
“Las antinomias no nos impiden trabajar juntos para superar a los regímenes de fuerza y abrir las puertas a una solución democrática fundada en la soberanía nacional”: con estas palabras, Ricardo Balbín explicaba la participación de radicales y peronistas en La Hora de Pueblo”, un nucleamiento no electoral que reclamaba con urgencia al gobierno de Lanusse una salida constitucional inmediata.

Las viejas épocas de encarcelamientos y persecuciones quedaban atrás. Perón regresa al país el 17 de noviembre de 1972 y Balbín se encuentra con él en la famosa reunión del restaurante Niño. Los dos líderes conversan también en la casa del general, en Gaspar Campos: “Yo con Balbín voy a cualquier parte”, expresa Perón mientras se abrazan. De todas maneras, volverán a enfrentarse en las urnas.

El 19 de diciembre de 1972, se produce la proclamación de la fórmula Ricardo Balbín-Eduardo Gamond, derrotada a la postre por los candidatos del FREJULI. Después de la renuncia de Cámpora, De la Rúa lo secundará en la disputa electoral contra Perón e Isabelita. Cuando Perón desaparece, se produce un verdadero vacío de poder. El ya anciano general lo había previsto y según algunos habría manifestado su deseo de realizar una verdadera transferencia del gobierno al líder radical, solución que resultó totalmente impracticable desde el punto de vista constitucional.

Balbín despidió los restos, de Perón con un memorable discurso: “Vengo a despedir los restos del señor Presidente de la República de los argentinos, que también con su presencia puso el sello a esta ambición nacional del encuentro definitivo. . . No sería leal si no dijera que vengo también en nombre de mis viejas luchas. . . pero frente a los grandes muertos tenemos que olvidar todo lo que fue error, todo cuanto en otras épocas puede ponernos en las divergencias y en las distancias. . . Sabrán disculparme que en esta instancia de la historia de los argentinos, precisamente en estos días de julio, el país enterraba a otro presidente, el doctor Hipólito Yrigoyen. . . “Y concluía: “Este viejo adversario despide a un amigo”.

Durante la gestión de Isabel Perón, por momentos el caos y la corrupción llegaron a límites intolerables. Pero Balbín dice: “Somos partidarios de la estabilidad y de la democracia, lo que a veces nos hace aparecer como ridículos en vista de los tremendos errores que se cometen a diario. Empero, las instituciones son irreemplazables. Este gobierno debe llegar a su término, aunque sea con muletas“. Ni así llegó.

Sobrevino luego otro gobierno militar, lleno de soberbia y arrogancia. Otra vez la política fue suspendida y los políticos condenados. Otra vez, sin embargo, los inevitables errores de los gobernantes fueron devolviendo a esos viejos políticos su lugar en la escena cívica.

Como antaño, reconstruir un clima de convivencia civilizada, una alternativa democrática frente al régimen militar, fue la preocupación central de Balbín. Nadie, excepto él, podía convocar a los principales dirigentes partidarios, que conformaron la Multipartidaria.

Nadie como él, tantas veces perseguido, tenía la suficiente autoridad moral como para postergar antiguos rencores sin despertar suspicacias. Su muerte, el 8 de setiembre de 1981, fue sin duda un duro golpe para esa semilla que luchaba por sobrevivir.

Su entierro, en cambio, —la primera gran manifestación popular en muchos años— reveló que el espíritu cívico de los argentinos, aunque aletargado, aún vivía.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Tomo II – Biografía de Ricardo Balbín –  Editorial Redacción





OTROS TEMAS EN ESTE SITIO



Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *