Humor Político de Tato Bores Gobiernos Argentinos de Peron a Menem



Humor Político de Tato Bores – De Perón a Menem

Con un impecable gusto por el buen humor afilado y crítico de una realidad argentina transcurrida en varias décadas, un hombre supo ser al Biografia de Tato Bores Humorista Politico Argentino mismo tiempo capocómico e historiador. Es que al volver a ver los monólogos de Tato Bores no quedan dudas de que gran parte de la historia política de la Argentina ha sido narrada de una manera admirable por este mito de la pantalla chica nacional.

El humor reflexivo, irreverente y a la vez respetuoso de las instituciones. Un humor de Estado que era también un reflejo innegable de la condición argentina. Frase de cabecera por aquel entonces: «No culpe al espejo quien tiene la cara fea«, rezaba uno de los carteles en escena.

La historia de Tato es, también, la historia de la libertad de expresión en la Argentina, aunque por momentos pareciera ser una historia invertida. Los gobiernos constitucionales desde Frondizi a Cámpora fueron, según Tato, tiempos de completa libertad. Todo lo contrario de los gobiernos militares, desde Aramburu hasta Videla, donde había que cuidarse. Así, atendiendo las restricciones del censor de turno, Tato siguió en el aire y el show continuó.

De todos modos, Tato recordaría algunos episodios ocurridos durante gobiernos democráticos, donde su programa se vio expresamente excluido de la televisión estatal. En 1974, un Secretario de Prensa de Isabel Perón lo mandó a sacar del aire, aprovechando la excusa del duelo por la muerte del líder.

Una década después, en 1987, otro funcionario, pero radical, consideraría que los chistes de Tato no eran convenientes en tiempos de elecciones y no le renovaron el contrato hasta 1989.

Mucho antes, Tato había sido «el diputado que no cesó», época en que el presidente de facto Juan Carlos Onganía mandaba a todos los legisladores a la casa y el humor político era casi lo único político que quedaba. Su monólogo dominical batió todos los records de audiencia el domingo siguiente de la caída del radical Arturo Illia. Allí se le oyó decir: «Ustedes estarán esperando que yo hable de la que se armó. Pero de la que se armó no pienso hablar y de la que se va a armar mucho menos».

Decirlo todo, en una sola frase, que a su vez no diga nada. Tato habló cuando muchos otros callaban, un privilegio que solo gozan los que no hablan del todo en serio.


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