Cadaveres Famosos de la Historia Muerte de Politicos Argentinos



Cadáveres Famosos de la Historia: Muerte de Políticos Argentinos

Eva Perón murió en 1952; su pelo es aún bello y rubio, su rostro delicado parece el de una muñeca. Su cadáver es el máximo exponente de la perfección en el arte del embalsamamiento y ahora permanece, cuatro metros y medio bajo tierra, en el panteón de su familia, en un ¡cementerio de Buenos Aires. Eva, la más vibrante personalidad que haya conocido América del Sur, descansa por fin. Ha sido sepultada en su tierra, adonde regresó tras un secreto, misterioso exilio que duró dieciséis años.

Eva Duarte de Perón

Durante ese lapso, nunca llegaron a despintarse las leyendas que cubrían los muros de Buenos Aires, la ciudad que la adoraba: «Devuelvan el cadáver de Evita.» Evita era el sobrenombre que daban a su heroína los descamisados de los pobres de Argentina.

La devoción de los pobres hizo de Eva Perón, por cierto tiempo, la mujer más poderosa del mundo. Eva, hija ilegitima de una pobre mujer provinciana, nació en 1919, aunque —con inconfundible femineidad— asegurara que su año de nacimiento era 1922.

Cuando cumplió quince años se trasladó a Buenos Aires con su primer amante y trató de encontrar trabajo como actriz. Tenía veintidós años cuando conoció al coronel Juan Perón, que le doblaba la edad; en esa época era una joven estrella de la radiofonía y ganaba 10 pesos por semana, como presentadora de novedades discográficas y como protagonista de radionovelas baratas.

Perón, junto con otros líderes militares derechistas de la junta de gobierno argentina, llegó a la emisora para solicitar fondos en beneficio de las víctimas de un terremoto. El coronel —un juvenil, erguido y atlético militar de 48 años— quedó cautivado por la profunda y seductora voz de Eva. A partir de ese momento fue Eva la que recaudó dinero para el ministerio de Acción Social de Perón; así fue como se convirtió en su portavoz femenina.

«A él le importan un pimiento los uniformes brillantes y los smokings», murmuraba ella. «Sus únicos amigos son ustedes, los descamisados.»

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