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Concepto de Funcionario Publico: Sus Funciones, Objetivos y Jerarquia

¿Que es Un Funcionario Publico? Funciones, Objetivos y Jerarquia

CONCEPTO DE FUNCIONARIO. Personas encargadas de las tareas administrativas del Estado. Conocidos también con el nombre de empleados públicos o con la calificación de burócratas, los funcionarios integran el servicio civil de un país.

Recaudan impuestos, tramitan pensiones, cuidan de la salud pública, controlan la vida económica y realizan centenares de tareas, a veces tan sencillas como la ordenación de un fichero y a veces tan complejas como la regulación del sistema bancario.

La historia de la función pública es larga y oscura. En las comunidades menos evolucionadas, los encargados de las labores administrativas son personajes de gran importancia, que heredan sus cargos de generación en generación.

Para eliminar los males de este sistema, practicados por los señores de la Edad Media, posteriormente los reyes se rodearon de personas entendidas en diversos asuntos, extraídas del clero y de la burguesía.

Este proceso se repitió en Inglaterra, España, Portugal, Francia, Prusia y otros reinos surgidos en los primeros tiempos de la Edad Moderna.

Con el tiempo, al producirse la consolidación de los estados nacionales, las tareas de los funcionarios se fueron dividiendo y el personal hubo de ser aumentado en forma paralela.

El mecanismo del servicio civil de cualquier país moderno, cuyas células básicas son los funcionarios, tiene seis características principales.

La primera consiste en que las funciones están diferenciadas. En cualquier gobierno existen ministerios de Asuntos Exteriores, de Hacienda, de Trabajo, de Obras Públicas, etc., que todos oímos mencionar a diario.

Aunque esta división en ministerios o departamentos parece muy sencilla y lógica, es el producto de cientos de años de tanteos, esfuerzos y errores.

Su evolución dista mucho de haber concluido, y los ministerios se van subdividiendo a medida que sus tareas se hacen más complicadas y amplias.

El segundo elemento característico de la burocracia es que sus miembros deben reunir ciertos requisitos para poder ocupar sus cargos; a veces basta con una simple recomendación de un político influyente, pero en algunos países se realizan exámenes rigurosos de selección.

En tercer término, la función pública está organizada de acuerdo con una jerarquía rigurosa.

La palabra jerarquía, extraída del lenguaje de la Iglesia Católica, designa el especial carácter de la tarea de los funcionarios, que los hace formar una especie de inmensa pirámide: en las partes inferiores se hallan los individuos que cumplen trabajos rutinarios, y a medida que se asciende se halla a personas más especializadas y responsables.

En teoría, los ascensos deberían producirse por riguroso orden de méritos o de antigüedad en el empleo, pero en la práctica suelen privar las conveniencias políticas y las amistades personales.

Junto a los tres aspectos que acabamos de analizar aparecen otros tres, que tienen relación directa con el trabajo de cada funcionario: la objetividad, la precisión y el secreto. Por objetividad se entiende la sumisión del funcionario a su tarea, al objeto de su actividad.

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Supongamos que se trata de contratar la construcción de un puente; varias empresas privadas presentan sus propuestas y el funcionario, colocado frente a ellas, debe analizar con frío realismo las ventajas e inconvenientes de cada una; ¿cuál es la más económica?. ¿Cuál de ellas ofrece mejores garantías de calidad?. ¿Qué empresa terminará la obra en plazo más breve?.

Colocado frente a esta difícil opción, el funcionario debe tener la entereza necesaria para desechar toda otra consideración, olvidándose de que uno de los solicitadores es su amigo, o de que otro le podrá ofrecer una suma de dinero.

Además de este requisito de la objetividad —que en realidad es un ideal acariciado por los gobiernos de todos los países, pero que a menudo no se concreta en la práctica— el funcionario debe tener precisión en lo que hace y firmeza en lo que dice.

Al vacilar en sus actos, confunde a los subordinados, irrita a los colaboradores y pone en peligro la obra que tiene entre manos.

Para aumentar la precisión de la obra gubernativa, en todo el mundo se tiende a elegir come funcionarios a hombres especializados en derecho medicina, economía, finanzas, ingeniería o otras carreras univresitarias, dejando las mas endeble.

Al buscar la mayor precisión posible, los funcionarios tienden a desarrollar una jerga extraña y hermética, casi incomprensible para el profano, que es el blanco de toda clase de burlas, pero que no deja de ser muy útil.

La última condición que deben respetar los funcionarios es el secreto; mientras resulta conveniente que las tareas del poder legislativo, encargado de elaborar las leyes, sean conocidas por todos los ciudadanos, no ocurre lo mismo con los actos del poder administrador.

Si los par ticulares pudieran saber por anticipado que se ha de reformar el sistema bancario del país, por ejemplo, podrían obtener ventajas nocivas para la colectividad.

Esta reserva de la función pública ha sido heredada de la organización interna de la Iglesia Católica, cuya compleja estructura fue imitada por los primeros estados surgidos en la Edad Moderna; los archivos del Vaticano, por ejemplo, que contienen la más valiosa colección de documentos relativos a la historia de Europa, sólo fueron abiertos parcialmente por León XIII a fines del siglo pasado, cuando ya no existía el peligro de que la divulgación de sus secretos causara problemas internacionales.

Idéntica actitud de reserva adoptan las.cancillerías de todas «¡as gran-des potencias en la actualidad.

La importancia de los funcionarios fue resumida así por el poeta inglés Pope durante el siglo XVIII: «Que los locos discutan sobre las formas de gobierno: la mejor es la que está mejor administrada».

A pesar de su exageración, la frase encierra una gran verdad: los funcionarios dueños de los secretos de la administración, tienen en sus manos una buena parte de la felicidad popular.

Para que cumplan cabalmente su misión,, las democracias modernas tratan de elegirlos teniendo en cuenta sus condiciones profesionales y éticas, de facilitarles ascensos oportunos y equitativos, de someterlos a una disciplina estable y bien meditada, de controlar severamente sus ingresos personales y de crear en ellos un fuerte sentido del orgullo profesional.

Los funcionarios de una democracia son responsables ante el pueblo y ante sus representantes legítimos. Pero ello no significa que deban ser partidarios de una ideología progresista o conservadora, moderada o avanzada, sino que sean especialistas conocedores de su trabajo.

Enciclopedia Ilustrada CUMBRE  Editorial CUMBRE S.A. Tomo 5 Entrada Los Funcionarios

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