La Sociedad Estamental Señor Feudal vasallos Ciervos de la Gleba



La Sociedad Estamental: Señor Feudal, Vasallos, Ciervos de la Glebafeudalismo, señor feudal

Origen del sistema feudal: Los caballos de guerra eran costosos y su adiestramiento para emplearlos militarmente exigía años de práctica. Carlos Martel, con el fin de ayudar a su tropa de caballería, le otorgó fincas (explotadas por braceros) que tomó de las posesiones de la Iglesia. Estas tierras, denominadas ‘beneficios’, eran cedidas mientras durara la prestación de los soldados.

Éstos, a su vez, fueron llamados ‘vasallos‘ (término derivado de una palabra gaélica que significaba sirviente). Sin embargo, los vasallos, soldados selectos de los que los gobernantes Carolingios se rodeaban, se convirtieron en modelos para aquellos nobles que seguían a la corte.

Con la desintegración del Imperio Carolingio en el siglo IX muchos personajes poderosos se esforzaron por constituir sus propios grupos de vasallos dotados de montura, a los que ofrecían beneficios a cambio de su servicio. Algunos de los hacendados más pobres se vieron obligados a aceptar el vasallaje y ceder sus tierras al señorío de los más poderosos, recibiendo a cambio los beneficios feudales.

Se esperaba que los grandes señores protegieran a los vasallos de la misma forma que se esperaba que los vasallos sirvieran a sus señores.

SEÑORES, VASALLOS Y FEUDOS

Las revueltas de la Baja Edad Media tuvieron como resultado muchas instituciones nuevas: señoríos, vasallaje, feudos. Los siguientes textos ilustran dos facetas del feudalismo. El primero da cuenta de la cesión que un señor hace de su feudo a un vasallo. El segundo es una declaración clásica del Obispo Fulbert de Chartres en el año 1020, sobre las mutuas obligaciones entre el señor y el vasallo.

Registro de una cesión hecha por el abad Farítio a Roberto, un caballero

El abad Faritio también cedió a Roberto, hijo de Guillermo Mauduit, la tierra de cuatro hides (60 a 120 acres) en Weston, que su padre había heredado de su predecesor, para tenerla en calidad de feudo. Y él deberá de hacer este servicio a cambio, a saber: que siempre que :a la iglesia de Abingdon deba desempeñar su servicio de cabalo, Roberto deberá cumplir la mitad del servicio de caballero para la misma iglesia; es decir, en la protección del castillo, en el servicio militar exterior y en esta parte del mar; en dar dinero en forma proporcional, si el rey es hecho prisionero, y en el resto de los servicios que los demás caballeros de la iglesia desempeñan.

Obispo Fulbert de Chartres
Habiéndome pedido que escribiera algo relacionado con la forma e la lealtad, he anotado de manera breve para ti, con la autoridad de los libros, las cosas que siguen. El que hace un juramento de lealtad a su señor debe tener estas seis cosas presentes en todo momento: lo que es inofensivo, seguro, honorable, útil, fácil y practicable. Inofensivo, es decir, que no debe herir a su señor en el cuerpo; seguro, que no debe herir a su señor traicionando sus secretos o sus defensas en las que descansa la seguridad; honorable, que no debe lastimarlo en su justicia, o de otras formas que atañan a su honor; útil, que no debe herirlo en sus posesiones; fácil j practicable que aquel bien que su señor pueda realizar con facilidad, no lo haga con dificultad, ni que pudiéndose llevar a cabo, sea imposible para él realizarlo.

Que el fiel vasallo deba evitar estos daños es ciertamente propio, pero no únicamente por esto merece él sus propiedades, ya que esto no basta para abstenerse del mal, a menos que también se haga el bien. Por consiguiente, sólo resta que en esas seis cosas mencionadas arriba aconseje y ayude fielmente a su señor, si es que desea que se le considere digno del beneficio recibido y estar a salvo en lo que concierne a la fidelidad que juró.



El señor debe también actuar de manera recíproca con su fiel vasallo en todas estas cosas. Y si no lo hiciere así, será considerado con toda justicia culpable de mala fe, al igual que el primero, en caso de que se le sorprendiera evitando o consintiendo el incumplimiento de sus deberes y, en ese caso, sería desleal y perjuro.

DECADENCIA:  El feudalismo alcanzó el punto culminante de su desarrollo en el siglo XIII; a partir de entonces inició su decadencia. El subenfeudamiento llegó a tal punto que los señores tuvieron problemas para obtener las prestaciones que debían recibir.

Los vasallos prefirieron realizar pagos en metálico (scutagium, ‘tasas por escudo’) a cambio de la ayuda militar debida a sus señores; a su vez éstos tendieron a preferir el dinero, que les permitía contratar tropas profesionales que en muchas ocasiones estaban mejor entrenadas y eran más disciplinadas que los vasallos. Además, el resurgimiento de las tácticas de infantería y la introducción de nuevas armas, como el arco y la pica, hicieron que la caballería no fuera ya un factor decisivo para la guerra. La decadencia del feudalismo se aceleró en los siglos XIV y XV.

Durante la guerra de los Cien Años, las caballerías francesa e inglesa combatieron duramente, pero las batallas se ganaron en gran medida por los soldados profesionales y en especial por los arqueros de a pie. Los soldados profesionales combatieron en unidades cuyos jefes habían prestado juramento de homenaje y fidelidad a un príncipe, pero con contratos no hereditarios y que normalmente tenían una duración de meses o años. Este ‘feudalismo bastardo’ estaba a un paso del sistema de mercenarios, que ya había triunfado en la Italia de los condotieros renacentistas.

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