Los Científicos Mas Grandes del Mundo Genios de las Ciencias



GRANDES CIENTÍFICOS DEL MUNDO
HISTORIA DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO: GRANDES TEORÍAS

Darwin, Charles Robert Científico inglés, padre de la teoría evolucionista de la selección natural de las especies (Shrewsbury, Shropshire, 1809 – Down, Kent, 1882).

No había sido más que un mal estudiante de Medicina y de Teología hasta que, a los 22 años, se embarcó como naturalista en la expedición del navío Beagle.

El viaje recorrió las costas de Sudamérica y múltiples islas del Atlántico sur, el Pacífico y el Índico entre 1831 y 1836; Darwin tomó notas de sus observaciones sobre especies animales y vegetales, fósiles y tribus indígenas, que constituirían el material básico de su trabajo científico posterior.

En 1859 Darwin publicó su obra fundamental: Del origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas mejor dotadas en la lucha por la vida.

Enseguida se desató una enorme polémica, tanto dentro como fuera del mundo científico, agudizada cuando Darwin precisó la posibilidad de que el hombre moderno descendiera de un tronco simiesco primitivo común con los monos (en un nuevo libro de 1871: El origen del hombre y la selección natural).

Sin embargo, Darwin -aquejado de una mala salud crónica- no participó directamente en tales discusiones públicas, dejando la defensa de la teoría evolucionista a otros científicos de su época.

LOS GENIOS CIENTÍFICOS DE EUROPA: El genio europeo, cuyos fundamentos deben buscarse en la antigüedad grecorromana, para alcanzar su nivel incomparable hubo de esperar a que las ciencias exactas, libres de todo obstáculo, abriesen nuevos horizontes. Esta evolución no se encerró exclusivamente en los valores especulativos, sino que se concretó también en la técnica y de este modo creó un mundo nuevo.

Después de Oceanía, Europa es el continente más pequeño y, sin embargo, en su haber cuenta con realizaciones que los otros cuatro le pueden envidiar. No obstante, la colaboración europea sólo se ha hecho realidad en la segunda mitad de nuestro siglo, puesto que hasta entonces los Estados habían librado sangrientas guerras entre sí. Por este motivo, es admirable el progreso del genio europeo, desarrollado a pesar de tantas dificultades.



Las culturas griega y romana florecieron en Europa antes de ser perfeccionadas por el cristianismo. Así se desarrolló una cultura occidental que sobrepasó a la civilización árabe y que conoció gran expansión a partir del siglo XVI.

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Con frecuencia la emigración europea hacia los demás continentes fue paralela a una notable tendencia al imperialismo y a un irresistible deseo de conquista que pronto se extendió hasta los países más lejanos, a cuyo desarrollo contribuyó poderosamente.

En cuanto se intenta explicar el genio europeo surge su universalidad.

En efecto, el europeo ha llevado a cabo importantes realizaciones, prácticamente en todos los sectores de la actividad humana. Si bien es cierto que ninguna religión es originaria de Europa, no lo es menos que el europeo ha conseguido dar a una religión procedente de Asia (el cristianismo) una intensa fuerza que ha rebasado los límites de la fe primitiva, sin ser un obstáculo para el desarrollo del genio humano.

Sin duda se podría objetar que las corrientes artísticas de Europa y sus proyecciones no superan a las de otras civilizaciones, con frecuencia más antiguas. E incluso se podría preguntar si la adquisición de conciencia de los europeos, a través de las épocas, ha sido realmente superior a la de otros pueblos.

Sin embargo, un hecho es cierto: en Europa, el desarrollo del pensamiento científico y de la técnica ha alcanzado un nivel no igualado en ningún otro continente. Europa ha dado al mundo una pléyade de genios que comunicaron al pensamiento científico un ritmo y una fuerza nuevos. Éste fue el origen de la revolución ecocomico-social que todavía dura y de la que ni siquiera sabemos lo que nos reserva.

Es difícil citar los nombres que deberíamos, y, sin embargo, sabios como Copérnico, Galileo, Kepler, Mercator, Von Humboldt, Brunhes y también Stevin, Newton, Darwin, Poincaré, Pi Suñer (electrón), Rutherford, Fermi o Vesalio, Servet, Pasteur, Cajal, Fleming, Ochoa y tantos otros establecieron las bases de un desarrollo sin igual para la evolución de la humanidad.

Durante siglos, Europa occidental ha marcado la pauta en el terreno del pensamiento científico (como acabamos de ver), pero también en el de las realizaciones técnicas. En este campo, el camino que separa la edad de piedra de la era de la astronáutica está jalonado también por nombres ilustres: Da Vinci, Montgolfier (globo aerostático),   Stephenson  (locomotora de vapor), Gramme (dinamo), Diesel (motor), Monturiol y Peral (submarino), Torres Quevedo (telequino, máquina de calcular, transbordador aéreo), La Cierva (autogiro), Marconi (radio), y muchos más.

El desarrollo de los sistemas filosóficos seguía el mismo ritmo. Si durante muchos siglos la vida estuvo dominada por los conceptos griegos y cristianos, Descartes en el siglo XVII, Kant en el XVIII, Marx en el XIX y Heidegger en el XX, rompieron los marcos tradicionales y situaron a la humanidad ante problemas vitales que fueron tan revolucionarios como las conquistas de la ciencia y de la técnica.



A lo largo de este corto resumen apenas hemos esbozado algunos aspectos del genio europeo. Diremos, sin embargo, que el europeo también constituyó un ejemplo estimulante en lo que concierne a la organización gubernamental: el Código civil de Napoleón, que sucedió al derecho romano, ejerció profunda influencia en la legislación de numerosos Estados de Europa e incluso de los demás continentes.

No obstante, hemos de reconocer que el genio europeo no habría podido desarrollarse sin la fecunda aportación de las antiguas civilizaciones orientales, por una parte, y del genio árabe por otra. El sistema de numeración decimal, el álgebra, la técnica de la construcción de esclusas, la fundición, el papel, la pólvora de cañón, el molino y la brújula, son tesoros que heredamos de civilizaciones extraeuropeas.

El recuerdo de estos adelantos debe incitarnos a compartir nuestros valores culturales con esos otros pueblos que tanto los necesitan. Este es el sentido de la política actual, que tiende cada vez más a hacer que los países de Europa pongan sus recursos, tanto en el campo financiero y técnico como en el intelectual, al servicio de los pueblos en vías de desarrollo que, debido a fortuitas circunstancias, se han quedado rezagados en el camino del progreso.

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