Causas de los Fracasos de la Oposicion a Rosas Juan Manuel



Causas de los Fracasos de la Oposición a Rosas Juan Manuel

El fracaso de la tentativa unitaria para organizar el país abrió un nuevo paréntesis en la vida nacional. La lucha de partidos e intereses, sangrienta a veces, caracterizó el panorama nacional por más de veinte años. Unitarios y federales fueron las divisas enfrentadas en esa lucha, pero tras esa dualidad se ocultaron tantos matices, que se hace muy difícil dividir la lucha entre dos bandos. Para muchos historiadores modernos el entrenamiento real es el protagonizado por los intereses de las provincias r los de la capital-muerto.

Juan Manuel de Rosas es la expresión más acabada de esa confusión: su proclamado federalismo estará fuertemente influido por la defensa de los intereses locales. De cualquier manera, en torno a él se centra la lucha política en Ion años que van desde la tentativa unitaria de recuperar el poder (1828) hasta la batalla de Caseros.

Juan Manuel de Rosas

Juan Manuel de Rosas

A pesar de tan grandes esfuerzos y de los realizados posteriormente, no consiguieron derribar a Rosas.
Varias fueron las causas del fracaso:

1° La falta de unidad. Mientras los federales tenían una sola cabeza, Rosas, sus opositores estuvieron siempre divididos y procuraron excluirse; de aquí una serie infinita de intrigas, espionajes y rencores. Rivera, uruguayo ante todo, dominado por secretas ambiciones expansionistas sobre la Mesopotamia, con frecuencia contrarió la obra común. No acudió en apoyo de Be ron de Astrada, se opuso a la expedición de Lavalle, anuló la victoria de Paz en Caaguazú, y entró en conflicto con el mismo general, cuando tomó a su cargo la defensa de Montevideo, poniéndole en el caso de renunciar.

La falta de acuerdo impidió una acción conjunta y simultánea: la expedición de Lavalle, la sublevación de los hacendados del sur de Buenos Aires y la Liga del Norte, que mejor concertadas hubieran acorralado a Rosas, resultaron tres episodios aislados y sucesivos, que éste pudo dominar.
La rivalidad entre Lavalle y Lamadrid contribuyó después a la derrota de los dos.

2° La inferioridad del comando. Paz, el mayor talento militar de la época, no consiguió el apoyo suficiente. Lavalle, aunque de proverbial temeridad, carecía de altas dotes estratégicas. Esto era tanto más lamentable cuanto que, dominado por el deseo de ser él solo quien derribase a Rosas, alejó de su lado a los mejores jefes y no quiso escuchar consejos.

Rosas no era tampoco un estratego; exceptuando la batalla de Caseros, que perdió, no dirigió ninguna operación militar de gran estilo; pero contaba con jefes capaces, como Oribe, Pacheco, Mansilla, Urquiza, Garzón, Chilabert, Costa, Lagos, etc.

3° La falta de disciplina. Las tropas, salvo las del general Paz, no formaron un ejército ordenado. Constituidas en su gran mayoría por civiles, su entusiasmo y coraje no podían suplir la falta de otras cualidades indispensables a la milicia.

«La subordinación —dice Paz en sus Memorias, refiriéndose a las tropas de Lavalle— era poco menos que desconocida. Todo se hacía consistir en las afecciones y la influencia personal de los jefes; toda autoridad, toda obediencia, todo derivaba de la persona del general, y es seguro que si éste hubiese faltado, se hubiera desquiciado en un día el ejército Libertador…, no se pasaba lista, no se hacía ejercicio periódicamente, no se daban revistas. Los soldados no necesitaban licencia para ausentarse por ocho o quince días… De aquí resultaba que una cuarta parte del ejército estaba fuera de las filas, porque andaba seis, doce, veinte o más leguas; de modo que cuando se quería que estuviese reunido, era preciso recurrir a arbitrios ingeniosos.»

El armamento, no obstante los valiosos aportes de los franceses, era irregular; las municiones, escasas; las caballadas, desatendidas.



Rosas, por el contrario, disponía de un excelente parque y maestranza, donde se acumulaban y reparaban las armas. Los caballos eran objeto de un cuidado particular, por ser el elemento fundamental de movilidad; los arreos, bien trabajados, y los uniformes confeccionados según patrones tipos. Los soldados, reclutados en parte entre sujetos maleantes y vagos, estaban hechos a todas las fatigas, y sometidos a una disciplina de hierro, donde no faltaba el cepo, los rebencazos y el fusilamiento. Sus crueles desmanes y la degollación de los vencidos no eran producto del desorden, sino desahogos de ferocidad, consentidos y aún ordenados, que cesaban inmediatamente, cuando los jefes lo estimaban oportuno.

4° La política de Rosas. Conseguía atraer adversarios, apremiados por la necesidad o disgustados con sus compañeros. Supo aprovechar y azuzar las ya citadas rivalidades y recelos recíprocos de sus enemigos. Los conflictos con el extranjero le permitieron atraerse el «sentimiento patriótico», grato a su energía frente a las agresiones de las grandes potencias. Muchos de sus adversarios políticos no estaban conformes con la intromisión armada del extranjero. .

5° La oposición resultó más eficaz en la propaganda intelectual que en la acción bélica. La palabra clara e ilustrada de los adversarios concluyó por convencer y atraer a la parte sana del federalismo bajo el liderazgo de
Urquiza, factor decisivo para la caída del régimen.

Los errores tácticos del unitarismo y el político de solicitar la ayuda de, Francia e Inglaterra. Una nación interviene en los conflictos internos de otra teniendo siempre en vista sus propios intereses, y no los del bando que la reclama. Así, Francia, con el Tratado de Arana-Mackau, abandonó bruscamente al unitarismo, dejándolo librado a su suerte; Inglaterra se acercó o alejó de Rosas según las exigencias del comercio británico. Puede suceder, sin embargo, que haya coincidencia de intereses.

Tal sucedió cuando Rosas amenazó la independencia del Uruguay y Paraguay, y la integridad territorial y el régimen monárquico del Brasil. La caída de Rosas fue para estos países una necesidad tan esencial como para sus enemigos internos. Urquiza, como veremos, supo emplearlos aliándose con el Brasil y Uruguay, asegurando la neutralidad benévola de Paraguay.

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