Funcionamiento de los Riñones en la Excrecion Humana



Funcionamiento de los Riñones en la Excreción Humana

Si tenemos una hoguera encendida, y no la renovamos de vez en cuando para eliminar las cenizas, acabará por apagarse bajo los residuos acumulados de la combustión; éstos, en efecto, tienden a sofocar el fuego. En los organismos vivos, ocurre un fenómeno similar; en las células se producen combustiones, que proporcionan la energía necesaria para el trabajo muscular, la sustitución de los tejidos gastados y la construcción de nuevos tejidos; estas combustiones originan sustancias de desecho, que pueden quemarse de modo más completo con un suplemento de energía, como ocurre con el ácido láctico, o bien, deben eliminarse del organismo, para no entorpecer procesos vitales.

Si las sustancias de desecho se acumulan, aparecen primero unos efectos nocivos (intoxicación) y, al final, se puede llegar a la muerte del organismo. En   los  animales  unicelulares,   las  sustancias de desecho se expulsan directamente al medio; en cambio, en los animales superiores y, en particular, en el hombre, existen unos órganos especiales encargados de la eliminación: los ríñones.

En el hombre existen otras formas de excreción, que incluyen: la eliminación de C02 por los pulmones (cuando respira) , la traspiración y el crecimiento de pelos y uñas. Sin embargo, la eliminación más importante, es decir, la verdadera excreción es la que lleva a cabo el riñon.

Nos equivocaríamos si creyéramos que el riñon sólo lleva a cabo la eliminación de elementos nocivos. En realidad, desempeña una función compleja, por la que controla la cantidad de agua que pasa al medio exterior (de particular importancia, en el caso de los animales terrestres), participa en la regulación del pH (o sea, el nivel de alcalinidad, o
acidez) de la sangre, y en el balance general de los iones en la sangre y en todos los fluidos del cuerpo.

También tiene la misión de retener todas las sustancias cuya pérdida perjudicaría al organismo   (glucosa, aminoácidos, etc.). Cuando los ríñones no trabajan de modo satisfactorio, los médicos pueden, en algunos casos, utilizar un riñon artificial, que realiza el trabajo del riñon, y, por tanto, también purifica la sangre del paciente.

Máquina de Diálisis

ESTRUCTURA  DE  LOS  RÍÑONES
En el hombre, los ríñones son unos órganos en forma de habichuela, de 10 cm. de longitud y 5 de anchura, de color rojo oscuro, y de superficie lisa. Se encuentran, en número par, uno a cada lado de la columna vertebral, en la región lumbar.

De los ríñones salen los uréteres,, que conducen la orina a la vejiga urinaria, de donde se expulsa por la uretra en el acto de la micción. El corte frontal de un riñon muestra dos zonas principales: una capa cortical, de aspecto granuloso, y una capa medular, más interna, estriada radialmente. El conjunto se encuentra encerrado en una cápsula de grasa protectora.

Esquema Básico de un Riñon

Al estudiar al microscopio las zonas cortical y medular, se observa que en ellas hay una gran cantidad de pequeños tubos, los tubos uriníjeros, que constituyen la mayor parte del tejido del riñon. El tubo urinífero empieza en la zona cortical, por un extremo cerrado que se dilata, formando una ampolla y que se puede comparar con el fondo de una botella de champán. Esta concavidad se conoce con el nombre de cápsula de Bowman.

La segunda región es un tubo contorneado, que está seguido por una horquilla, cuyo vértice se encuentra en la capa medular; esta horquilla se llama asa de Henle. La rama descendente es de paredes finas; la ascendente, de paredes gruesas.

Después de otra región, también muy contorneada, se llega al tubo colector, que desciende en línea recta en la capa medular, y se reúne con muchos tubos semejantes, para acabar desembocando en la pelvis renal.  Comprendemos ahora el aspecto granular de la capa cortical, que se debe a los millones de cápsulas de Bowman que la forman, y el aspecto estriado de la capa medular, debido al gran número de tubos rectos, que van de la corteza a la  médula.



El riñon está muy bien irrigado, puesto que es el encargado de purificar toda la sangre que circula en el organismo. La arteria renal penetra en el riñon en su parte central, y origina unas arterias en arcada, que se encuentran entre la capa medular y la cortical, y que presentan ramificaciones en las dos capas.

Las que penetran en la capa cortical originan numerosas arteriolas; cada arteriola penetra en una cápsula de Bowman, y forma un complicado nudo de capilares, que reciben el nombre de glomérulos de Malpighi. Las vénulas que salen de las cápsulas de Bowman se reúnen en una red de capilares que rodea a los tubos uriníferos. Estos capilares acaban formando venas de mayor tamaño, cuya unión constituye la vena renal, que sale del riñon y desemboca en la vena cava inferior.

El sistema excretor del hombre, mostrando las relaciones entre los ríñones, el aporte de sangre, los uréteres y la vejiga.

CÓMO  FUNCIONA  EL  RIÑON
Por los riñones del hombre adulto circula, aproximadamente, en 1 minuto, 1 litro de sangre; es decir, una considerable parte de la cantidad de sangre impulsada por el corazón. La cantidad de líquido filtrado diariamente alcanza los 180 litros; para evitar la deshidratación, la mayoría de esta agua debe ser absorbida de nuevo. De hecho, lo es el 99 %.

Las cápsulas de Bowman filtran todas las sustancias del plasma sanguíneo, que por su bajo peso molecular pueden atravesar fácilmente la membrana. En este filtrado (orina primaria u orina bruta) hay agua, sales minerales, glucosa y algunos aminoácidos, junto con productos urinarios: urea, ácido úrico y pigmentos, como la urobilina.

La solución, en cambio, está desprovista de moléculas grandes (coloidales), demasiado gruesas para pasar a través de las paredes capilares de los glomérulos de Malpighi. Los tubos uriníferos regulan la concentración de esta orina bruta, reabsorbiendo una parte de estas sustancias, para devolverlas a la sangre.

En las personas no enfermas se reabsorben, totalmente, la glucosa y parcialmente el agua, la sal común (de forma que la sangre conserve su salinidad normal de 9 por 1.000)   y algunos aminoácidos. Esta absorción se hace principalmente en el «asa de Henle».

La eliminación del agua, como la de ciertos iones vitales, está bajo la influencia directa de ciertas hormonas, y es la reabsorción en los túbulos la que de una manera específica se aumenta o se disminuye. Si hacemos medidas de las concentraciones de distintas sustancias en la sangre y en la orina, encontraremos diferencias curiosas. En la orina hay unas noventa veces más sulfato, unas nueve veces más potasio, y unas veinticinco veces más ácido úrico que en la sangre.

La urea, que es la principal sustancia de desecho, se encuentra en la orina en una concentración setenta veces mayor que en la sangre. Sin embargo, aunque pueda parecer sorprendente, algo de urea se reabsorbe, porque debe haber cierta concentración en  el plasma sanguíneo (aproximadamente, 0,03%).

En cuanto al amoníaco, la concentración en la orina es más de cuatrocientas veces superior a la concentración en la sangre; esto es consecuencia de que este producto de desecho se origina en el mismo riñon. Normalmente, en la orina no se encuentran glucosa, ácidos grasos, proteínas o bicarbonato, mientras que en la sangre alcanzan concentraciones importantes.

Si hemos ingerido un exceso de agua, la reabsorción del líquido será pequeña, mientras que la de la sal es muy grande. La orina será abundante, muy clara y muy poco salada. Si, al contrario, no hemos bebido suficientemente, los tubos reabsorben una gran porción del agua filtrada por las cápsulas de Malpighi, y la orina será poco abundante, oscura y salada. Un término medio, para la cantidad de orina excretada diariamente, es de uno y medio a dos litros.



La función de las distintas partes de los tubos ha sido estudiada colocando finas pipetas en ellos, y sacando pequeñas muestras de fluido. Las diferencias de concentración de distintas sustancias, en diferentes regiones de los tubos uriníferos, permiten deducir la función propia de cada región.

Los ríñones poseen un metabolismo extraordinariamente intenso. El consumo de energía de ambos ríñones representa de 1/20 a 1/10 del consumo total en reposo, a pesar de que su peso sólo es de alrededor de 1/200 del peso corporal. El consumo de energía por unidad de peso es mayor que en los demás órganos. El riñon produce un trabajo osmótico, pero no es suficiente para justificar el alto consumo energético.

Debemos suponer que los procesos de absorción y secreción necesitan reacciones auxiliares que consumen energía. La selectividad del transporte de sustancias, a través de las células epiteliales de las túbulos, debe ser obtenida a costa de un rendimiento energético bajo. Se comprueba, además, que aparte de su función excretora, que representa la actividad principal, el riñon participa en numerosas trasíorma-ciones importantes para el metabolismo total.

Hasta ahora hemos considerado únicamente lo que ocurre en el caso de una persona normal. En ciertos casos patológicos, la orina debe tener una composición diferente de lo normal. No olvidemos, sin embargo, que la composición de la orina varía de. modo considerable con el; tipo de dieta que consume una persona. Por el ejemplo, el contenido de nitrógeno, en la orina, es mucho mayor en una persona que consume una dieta rica en proteínas que en otra que toma una alimentación rica en fécula, sobre todo, debido a una producción incrementada de la urea.

En los artríticos suelen aparecer en la orina cristales de ácido úrico. Los cristales están coloreados en amarillo por colorantes absorbidos. Las orinas neutras, o acidas, pueden precipitar también uratos ácidos, coloreados en amarillo o rojo, que, a diferencia de los demás sedimentos, se disuelven por calentamiento de la orina.

En ciertas circunstancias, los sedimentos pueden dar lugar a la formación de concreciones, cálculos urinarios. Los cálculos de oxalato calcico, y de fosfatos son los más frecuentes. La formación de cálculos está influida por la alimentación y por alteraciones en el metabolismo.

En los casos de diabetes, suele producirse la glucosuria. o paso de la glucosa a la orina, Otras afecciones son la acetonuria (paso de acetona), la fosfaturia (excesos de fosfatos) y, finalmente, cuando la orina lleva sangre, hematuria. La insuficiencia renal determina la acumulación de urea en la sangre, fenómeno llamado uremia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología Fasc. N°59 Funcionamiento y Estructura de los Riñones

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes



------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------