Los Viajes Espaciales en el Siglo XX Caracteristicas y Problemas



Los Viajes Espaciales en el Siglo XX – Hechos Destacados –

astronauta, viajes espaciales nasaLa agencia espacial NASA, sigla que significa National Aeronautics and Space Administration, fue fundada en 1958 como una organización del gobierno de Estados Unidos.

La misión era planificar, dirigir y manejar todas las actividades aeronáuticas y espaciales de Norteamérica, exceptuando las que tuvieran fines militares.

El Presidente John F. Kennedy, el 25 de mayo de 1961, pronunció ante el Congreso de Estados Unidos las siguientes palabras:»Creo que esta nación debe proponerse la meta, antes de que esta década termine, de que el hombre pise la Luna y vuelva a salvo a la Tierra”.

El programa Apolo: Desde ese momento la NASA, tras el desafío impuesto por Kennedy, puso en marcha los programas espaciales Mercury y Gemini. En febrero de 1966, utilizando las investigaciones y experiencias arrojadas por ambas misiones, nace el ambicioso proyecto espacial Apolo.

El objetivo: llevar al hombre a la Luna.


En un inicio se barajaban algunas ideas que contemplaban construir una nave que fuese capaz de llevar a la Luna entre dos y cuatro tripulantes.

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UN MUNDO SIN FRONTERAS: Para lograrlo fue necesario mejorar el cohete lanzador. Los científicos fabricaron los Saturno, de los que se hicieron varios modelos, destacando el Saturno 5.

La historia de la vida del hombre sobre la Tierra es tan solo un suspiro comparada, por ejemplo, con la edad del Universo. Apenas medio millón de años, un lapso muy corto en la crónica de nuestro planeta, separan la conquista del fuego del descubrimiento de la superconductividad.

Sin embargo, el ser humano puso su sello en este mundo y lo moldeó a su medida. Nada en la Tierra sería igual sin su presencia. Pero hoy, los límites del globo le resultan demasiado estrechos y el hombre se ha lanzado a la conquista de nuevos mundos. Es el turno de la era espacial.



Las travesías por el espacio no son algo sencillo. En primer lugar, el medio de transporte debe cumplir con ciertos requisitos básicos. A diferencia de lo que sucede en la Tierra, donde podemos desplazarnos en automóviles, barcos, aviones o bicicletas, para abandonar el planeta hay que subirse a un vehículo que pueda alcanzar una velocidad lo suficientemente alta como para vencer la atracción gravitatoria terrestre.

Estos cohetes funcionan igual que los fuegos artificiales y obedecen al mismo principio: el de acción y reacción que enunciara el científico inglés Isaac Newton en 1687. Al igual que lo que sucede cuando se deja escapar el aire de un globo y éste se ve impulsado hacia adelante, los cohetes espaciales producen gas al quemar combustible.

Cuando el gas caliente escapa, la nave se impulsa hacia adelante, en una reacción igual pero en sentido contrario a la salida de los gases. El cohete necesita alcanzar una velocidad muy grande, de 40.000 km/hora, la denominada velocidad de escape, para vencer la atracción que el planeta ejerce sobre él y poder abandonar la atmósfera terrestre.

En el espacio exterior, lejos de un cuerpo de gran masa, la fuerza de gravedad es prácticamente nula. Esta situación totalmente atípica provoca una serie de desarreglos en el organismo de los astronautas, quienes deben ser cuidadosamente controlados.

Fuera de la Tierra, los astronautas enfrentan una variedad de trastornos: padecen de «anemia espacial», sus frecuencias cardíacas y respiratorias disminuyen, los músculos de sus extremidades se atrofian y sus huesos pierden calcio. Los efectos de la ingravidez se hacen sentir alrededor de una semana después de la partida, y deben pasar otros treinta días aproximadamente para que el cuerpo se acomode a la nueva situación.

De todos modos, la exposición prolongada a la ingravidez es potencialmente peligrosa. Por esta razón, los especialistas están ideando nuevas alternativas para los viajes de larga duración. La gravedad podría obtenerse en forma artificial haciendo rotar la nave.

De esta manera, las naves espaciales se podrían construir en forma de ruedas gigantescas que giran lentamente sobre su eje.

En los primeros días de viaje, la tripulación sufre del «mal del espacio», es decir, vómitos, dolor de cabeza y sudor. Esta es una consecuencia directa de la desorientación que produce la ingravidez sobre los órganos del equilibrio, ubicados en el oído interno.

Para dominar el Universo, el hombre necesita primero sobreponerse a los obstáculos que le genera este medio tan diferente de su ambiente natural. Para lograrlo, nada mejor que realizar una experiencia en ese medio.

En junio de 1997, el Laboratorio Espacial de Vida y Microgravedad se montó a bordo del transbordador «Columbia», y su tripulación llevó a cabo una serie de experimentos destinados a estudiar cómo se adaptan los animales, las plantas y los seres humanos a la falta de gravedad. Un año más tarde, la misma nave llevó una tripulación compuesta por 7 astronautas, 152 ratas, 18 ratones, 223 peces, 1.514 grillos y 135 caracoles, para analizar el funcionamiento del sistema nervioso de los seres vivos en el espacio.



Aún no se conoce cuál es el límite de la resistencia humana en el espacio. Enviar una misión tripulada a Marte, por ejemplo, llevaría alrededor de tres años.

Alimentar a toda una tripulación en un vuelo tan prolongado es un problema importante. Una solución sería producir los alimentos en invernaderos a bordo de la nave. Para ello, se podrían utilizar los cultivos hidropónicos, los cuales pueden crecer en ausencia de tierra.

En este método de cultivo, los nutrientes se aportan en soluciones líquidas y las plantas se sostienen sobre materiales porosos, como grava, arena o fibra de vidrio. Por otra parte, los científicos ya consiguieron hacer germinar semillas en el espacio, de modo que se muestran de lo más optimistas en lo que respecta a la «agricultura espacial».

Todos estos progresos nos llevan a pensar que, en un futuro no muy lejano, los viajes espaciales resultarán casi tan familiares como las vacaciones en la playa.

Fuente Consultada: Biologia y Ciencias de la Tierra «Un Mundo Sin Fronteras» – Editorial Santillana Polimodal Cuniglio, Barderi, Bilenca, Granieri y Otros

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