Documento Histórico: Movilizacion Obrera del 17 de Octubre de 1945



Documento Histórico: La Movilización Obrera el 17 de Octubre

El 17 de octubre de 1945, según un militante sindical platense
(Memorias publicadas en; relatos del peronismo.com.ar, pertenecientes a Rolando Hnatiuk.) 

«Yo vivía en diagonal 74 y 119 de la ciudad de La Plata, a media mañana me dirigí caminando desde mi casa hacia el centro de la ciudad, más precisamente hasta la Confitería Paris en la esquina de las calles 7 y 49, lugar habitual de encuentro de la época. Era un día muy caluroso. Nos habíamos puesto de acuerdo en reunimos con distintos compañeros, que anteriormente tuvimos participación en diferentes hechos.

dia de la lealtad peronista

Estábamos esperando que ocurriera algo de importancia, porque todo el mundo sabía que habían detenido al coronel Perón, pero no se sabía bien qué estaba sucediendo. Los diarios decían que estaría en la isla Martín García, o que lo habían pasado al Hospital Militar. En ese momento se comentaban una cantidad de cosas, pero nada se sabía con precisión. Como dije, nos encontramos en calle 7 con varios compañeros. ( … ).

Esperábamos a la manifestación que, sabíamos, había salido de Berisso. Estaban cortados los servicios de tranvías que llegaban desde Ensenada y Berisso ya que al llegar hasta la calle 60, eran detenidos por la gente que ahí se concentraba. La gente salió a la calle a pedir la libertad de Perón.

Fuimos hasta la Legislatura y ahí, en la vereda de la plaza San Martín, se produjo el primer acto, espontáneo, donde la gente hablaba a voz en cuello sin micrófono, ni palco, ni nada. Por la diagonal 79 venía una gran columna caminando desde Berisso. Cuando pasa la caravana por calle 7, recuerdo perfectamente a las obreras del frigorífico en sus delantales blancos con huellas de sangre de la faena, al igual que los obreros de YPF con sus mamelucos. Eran los trabajadores que habían dejado sus tareas para marchar al grito de «Perón, Perón».

Los obreros acompañaban la consigna, con palos y bastones golpeando el piso, haciendo retumbar el grito en toda la ciudad, logrando que el ambiente temblara como nunca se llegó a ver en manifestación alguna en La Plata. Nos pusimos con Mario Sbucio a la cabeza de esa manifestación, con un compañero gráfico que había venido de San Nicolás, Santiago Alaimo.

Avanzamos por calle 7 desde la Legislatura y pasamos por una serie de edificios, entre ellos, el que fue de la tienda La Época, que estaba en construcción. Desde los andamios los obreros nos hicieron gestos obscenos provocando a la gente que marchaba, los nuestros subieron por atrás, sin que se dieran cuenta y amenazando con tirarlos, los hicieron gritar »viva Perón».

Seguimos hasta calle 45 y entonces le digo a la caravana «ahí vive Alfredo Calcagno», que era el rector de la Universidad, y había insultado al pueblo y a Perón desde los balcones de edificio, amparado en las rejas que lo circundaban y nosotros, impotentes, tuvimos que aguantarlo infinidad de veces insultándonos. Perón estaba detenido desde el día 1° de octubre, en esos días que transcurrieron hasta el 17 los obreros volvimos a sentir el desprecio y los insultos provenientes de los diarios y los dirigentes de la Universidad.

El 17 la bronca acumulada explotó, los trabajadores sólo con Perón empezamos a ser tratados dignamente, antes de él y desde su detención volvimos a sufrir ese desprecio de las clases poderosas. Entonces la manifestación enfurecida, entró hasta el final de la casa, que es actualmente e Museo Azzarini, y se hicieron destrozos materiales.»



EL FENÓMENO PERONISTA

José Luís Romero explica en su libro el fenómeno peronista: «Las clases medías de Buenos Aires ignoraban que, en los últimos años y como resultado de las migraciones internas, se había constituido alrededor de la ciudad un con/unto social de caracteres muy diferentes a los del suburbio tradicional. La era del tango y del ‘compadrito’ había pasado.

Ahora poblaban los suburbios los nuevos obreros industriales, que provenían de las provincias del interior y que habían cambiado su miseria rural por los mejores jornales que le ofrecía la naciente industria. De 3.430.000 habitantes que tenía en 1936, el Gran Buenos Aires había pasado a 4.724.000 en 1947. Pero, sobre estos tota/es, mientras en 1936 había solamente un 12% de argentinos inmigrados del interior, este sector de población había pasado a constituir un 29% en 1947. Los partidos políticos ignoraron esta redistribución ecológica; pero Perón la percibió, descubrió la peculiaridad psicológica y social de esos grupos y halló el lenguaje necesario para comunicarse con ellos.

El resultado fue un nuevo agrupamiento político que contrapuso esas nuevas masas a los tradicionales partidos de clase media y de clase populares, que aparecieron confundidos en lo que empezó a llamarse la ‘oligarquía’.

El panorama político del país cambió, pues, desde el 17 de octubre. Hasta ese momento los partidos tradicionales habían estado convencidos de que el movimiento peronista era impopular y que la mayoría seguía aglutinándose alrededor del radicalismo; pero desde entonces comenzaron a convencerse del arraigo que la nueva política obrera había adquirido. La consecuencia fue la formación de la Unión Democrática, frente electoral en el que se unieron conservadores, radicales, demócratas progresistas, socialistas y comunistas, para sostener, frente a la de Perón, la candidatura radical de José P. Tamborini. La campaña electoral fue agitada.

Perón logró atraer a ciertos sectores del radicalismo y del conservadorismo y fue a las elecciones en compañía de un radical, Hortensio. J. Quijano. Lo respaldaba desembozada-mente el aparato gubernamental y lo apoyaban fuertes sectores del ejército y de la Iglesia, así como también algunos grupos industriales que esperaban una fuerte protección del Estado para sus actividades.

Pero también lo apoyaba una masa popular muy numerosa cuya fisonomía, a causa de su novedad, no acertaban a descubrir los observadores. La formaban, en primer lugar, los nuevos sectores urbanos y, luego, las generaciones nuevas de las clases populares de todo el país, que habían crecido en el mas absoluto escepticismo político a causa de la permanente falsificación de la democracia que había caracterizado a la república conservadora.

Muy poco trabajo le costó a Perón, poseedor de una vigorosa elocuencia popular, convencer a esa masa de que todos los partidos políticos eran igualmente responsables de tal situación. El 24 de febrero de 1946, en elecciones formalmente inobjetables, la fórmula Perón-Quijano triunfó en casi todo el país».

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