El Gaucho en el Virreinato del Rio de la Plata Los Gauderios



El Gaucho en el Virreinato del Rio de la Plata

LA CAMPAÑA RIOPLATENSE EN LOS ÚLTIMOS CIEN AÑOS
DE DOMINIO COLONIAL ESPAÑOL

La explotación del ganado vacuno, según un sacerdote jesuita: «las vaquerías»
(Carta del padre Cayetano Cattáneo, 1730)

gaucho

El sistema de que se valen, para hacer en brevísimo tiempo tantos estragos, es el siguiente: se dirigen en una tropa a caballo hacia los lugares en que saben se encuentran muchas bestias, y llegados a la campaña completamente cubierta, se dividen y comienzan a correr en medio de ellas, armados de un instrumento, que consiste en un fierro cortante de forma de media luna, puesto a la punta de un asta, con el cual dan al toro un golpe en la pierna de atrás, con tal destreza que le cortan el nervio sobre la juntura; la pierna se encoge al instante, hasta que después de haber cojeado unos pasos, cae la bestia sin poder enderezarse más; entonces siguen a toda carrera del caballo, hiriendo otro toro o vaca, que, apenas reciben el golpe, se imposibilitan para huir.

De este modo. dieciocho o veinte hombres solos postran en una hora siete u ochocientos. Imaginaos qué destrozo harán prosiguiendo esta operación un mes entero, y a veces más. Cuando están saciados, se desmontan del caballo, reposan y se restauran un poco. Entretanto, se ponen a la obra los que han estado descansando, y enderezando los animales derribados se arrojan sobre ellos a mansalva, degollándolos, sacan la piel, el sebo, o la lengua, abandonando el resto para servir de presa a los cuervos …

ALGO MAS…
En el libro de Sergio Valenzuela, Enigmas de la Historia Argentina, explica sobre el gaucho:

El término «gaucho» se comienza a usar en Salta en 1814, y uno de los primeros que lo utiliza es San Martín. En los oficios que intercambian Saravia y San Martín, acerca de la resistencia del «paisanaje» a las fuerzas realistas, estos actores rurales aparecen mencionados como «gauchos», lo que sería una extensión al Norte de otros fenómenos de movilización en el campo, como el de la Banda Oriental con Artigas. 

En este sentido, gaucho no es todo el paisanaje, sino el paisanaje movilizado. El término va a ir imponiéndose para la denominación de estos hombres movilizados que proceden del mundo rural. ¿Quiénes son?

Entre ellos hay pequeños propietarios, peones, arrendadores, que en el caso del Valle de Lerma, en Jujuy, dejan de pagar sus arriendos, dejan de prestar los servicios que deben al patrón desde el momento en que se movilizan. El servicio que están prestando en la milicia se compensa con no tener que hacer estos pagos que tradicionalmente debían cumplir para acceder a la tierra.

Un grupo de historiadores del pasado agrario (Gelman, Garavaglia, Mayo) se sumergió en los documentos y encontró que la imagen más difundida en la campaña no fue la dicotomía entre el estanciero grande y el gaucho libre y sometido. En la zona pampeana predominaron las familias de pequeños y medianos productores, campesinos que producían a baja escala algo de trigo, tenían algunas vacas, ovejas y muías.



Así, se animaron a aseverar que la idea del gaucho tiene mucho de mito. El gaucho simpático, malo según Sarmiento, bueno según José Hernández, a quien la naturaleza le daba lo necesario para vivir, montado en su caballo, facón en la cintura, sin vivienda estable y que pasaba horas en la pulpería habría representado, a lo sumo, a una pequeña porción de los habitantes de la pampa.

El varón solo, nómade, que visitaba a la china y se rehusaba a trabajar sería, ajuicio de estos investigadores, un ser marginal y no el promedio de los habitantes de nuestros interminables campos. Este tipo de personaje «era más bien un desocupado y no un espíritu libre e indómito», según Gelman.

Este imaginario alrededor del gaucho habría sido funcional a algunos sectores dominantes del mundo rural. Las estancias se expanden y presionan al estado para tener más mano de obra disponible. La manera de hacerlo es criminalizar al trabajador rural pobre, generando la imagen de una población de «vagos y malentretenidos». La consecuencia fue la decisión estatal de promover la papeleta de conchabo, que significaba la obligatoriedad de trabajar, a riesgo de quedar fuera de la ley.

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