Historia del Teatro Universal desde su Origen Resumen

Resumen de la Historia del Teatro Universal

► ORÍGENES DE TEATRO:

El teatro es una representación animada por actores —cualquiera sea el género o argumento escrito por el autor—, en un edificio destinado a este fin; esto se ha venido haciendo en sus distintas modalidades, desde la más remota antigüedad.

Así como los niños gustan ser actores improvisados cuando practican ciertos juegos, al hombre le agrada dejarse llevar en alas de la fantasía, otorgando así a la vida una proyección que la actividad diaria suele negarle.

El instintivo sentido de recitación, de la representación mediante gestos y palabras, de una realidad que a veces no es la propia, empujó al hombre primitivo, desde la edad paleolítica, a usar máscaras y disfraces para declamar vulgares salmodias, desenvolver sus danzas y esbozos de diálogos, celebrando acontecimientos de la tribu: la partida para la caza, la recolección de la cosecha, el paso de la juventud a la edad adulta, los ritos fúnebres, etc.

En estas rudimentarias manifestaciones, como en muchas otras de los pueblos primitivas que subsisten en nuestros días, no podemos hablar de "teatro", no tanto por la rusticidad de su representación, carente de argumento, cuanto por el espíritu con que se llevaban a cabo.

Estos espectáculos son más bien ceremonias religiosas, en las que el hombre no se empeña mucho por despertar el interés de sus semejantes, sino el de la divinidad.

Al ponerse la máscara, no cree sólo que se ha disfrazado, sino que, ingenuamente, piensa que la divinidad a la que pertenece el disfraz, ha entrado en él.

Esto es fácil de comprobar por los ritos de ciertos pueblos de hoy día; esta identificación del actor con la divinidad va desapareciendo poco a poco; el actor sabe que está representando un papel, y el público se persuade de que no tiene ante sí a un dios, sino a un actor caracterizado de tal.

Este nuevo concepto de la escenificación la hizo más compleja; se presentaron episodios enteros relacionados con la mítica vida del dios, enriqueciéndola con diálogos y recitados.

Las representaciones eran todas de argumentos religiosos, raramente de carácter profano o humorístico, asemejándose más a lo que nosotros entendemos por teatro.

historia del teatro

Los egipcios, desde el tercer milenio a. de J. C, representaban espectáculos sagrados en ocasión de las festividadesde Osiris; he aquí un rey y un sacerdote que llevan máscaras de halcón paa representar al dios Horus.

Las representaciones  de los pueblos primitivos no son verdadero teatro  pero tienen una significación mágica y religiosa común a todas las antiguas sociedades del mundo.

En el antiguo Egipto (tercer milenio antes de Cristo), ya existían expresiones más evolucionadas de este género; se efectuaban en los templos, estaban estrechamente ligadas a las celebraciones de los ritos secretos, y sus argumentos eran escritos especialmente para tales ocasiones.

►El Teatro Clásico

El teatro clásico, del que somos herederos, nació en Grecia en el siglo V a. de J. C. Como en otros pueblos, aquí también fue precedido por ceremonias análogas a las ya descriptas, que se celebraban en honor de Dionisio, dios de la fertilidad.

En estas fiestras campestres participaban bacantes y sátiros disfrazados con pieles y cuernos.

Pronto tuvo gran importancia el ditirambo, invocación versificada en honor del dios; tomó tal impulso que necesitaron dos corifeos que dialogaban entre sí, dos coros que comentaban cantando, y un tercer personaje que representaba al dios.

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Reconstrucción de un teatro ateniense. La escena se desarrollaba siempre al aire libre y empezaba por la mañana. El idificio se .construía de modo que fuese posible aprovechar la pendiente de las colinas. La orquesta, disimulada bajo una tarima, acomvañaba al coro y a las danzas.

De esta representación coral, que mantuvo, en los primeros tiempos, los mismos argumentos religiosos, derivó el género teatral más importante: la tragedia, que floreció en Atenas en el siglo v a. de J. C.

En ese siglo encontramos autores como Esquilo, cuyas obras denotan un profundo sentimiento religioso, y sófocles, que analizó los problemas morales ahondando en la vida del hombre y dando mayor naturalidad al lenguaje de la tragedia.

Nació así la comedia, género teatral profano y realista, que llevó a escena, para censurarlos, los vicios más ocultos de la vida ciudadana.

Tragedias y comedias se representaban durante las fiestas dionisíacas que se celebraban cuatro veces al año; las tragedias, especialmente, se consideraban parte integrante de los festejos religiosos; el público permanecía, pues, todo el día en el teatro.

La representación comprendía tres tragegias, un drama satírico, y una comedia breve. Los sacerdotes de Dionisio y los magistrados asistían a la representación inaugural.

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Para ser gratos al dios Dionisio, sus  fieles imitaban a los sátiros, los faunos y las ninfas que le habían acompañado en sus incursiones campestres

La tragedia gozó, por mucho tiempo, de los máximos honores; desde Sófocles hasta el gran Aristóteles, se escribieron numerosos tratados acerca de las normas a que debían ajustarse.

Se realizaban concursos, y las obras teatrales eran siempre elegidas después de una cuidadosa selección.

Al finalizar la temporada teatral, el autor de la mejor obra era premiado.

Los atenienses amaron profundamente el teatro, no sólo por el deleite que les proporcionaba (y que buscaron preferentemente en la comedia), sino por el valor educativo que inspiraban los argumentos desarrollados.

Esto explica que las mujeres y los niños pudieran asistir a estos espectáculos (las mujeres, en Atenas, llevaban una vida casi exclusivamente de hogar).

El Estado otorgaba un subsidio a los autores y a los actores, y disponía que se diera a los pobres los dos óbolos exigidos a la entrada.

Pero la mayor parte de los gastos que ocasionaban estos espectáculos eran solventados por el corego; éste era elegido, por turno, entre los ciudadanos más ricos de Atenas, y debía organizar, vestir e instruir a su costa, un grupo coreográfico, empresa que consideraba un alto honor y en la que no escatimaba sus dotes ni su dinero.

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Actor trágico con máscara y coturnos. Sobre el fondo del escenario, el telón, con sus columnas, sugiere un palacio. Del mecanismo Usado en el teatro por los griegos conocemos el enchicléma, plataforma móvil, que se adelantaba sobre el escenario para mostrar lo que sucedía en el interior de una casa (por ejemplo un asesinato).

Los actores gozaban de gran estima; eran tres en las comedias; cuando la obra requería más personajes, ellos mismos, multiplicando sus caracterizaciones, desempeñaban estos nuevos papeles.

A partir del siglo IV, los espectáculos ya no estaban tan ligados al culto dionisíaco; en Sicilia. Macedonia.

Tesalia y Egipto, donde el teatro griego se había difundido, prevalecía la costumbre de festejar los sucesos ciudadanos de cierta importancia, con una representación teatral. Con Eurípides, el último gran trágico griego, la tragedia ya no tiene, como hemos dicho anteriormente, valor religioso.

En cuanto a la comedia, después de Aristófanes, pierde el áspero acento satírico, y utiliza cada vez más el argumento vulgar.

Sin tener acceso al teatro, conformándose con aparecer en los espectáculos populares de las plazas, fue difundiéndose una especie de farsa grotesca, entremezclada con danzas y juegos, en la que se representaban escenas de costumbres.

Tuvo en Roma un éxito mayor aún que en Grecia.

Las representaciones en Grecia empezaban muy temprano, de aquí que el público se dirigiese al teatro a la salida del sol. El precio de la entrada era de dos óbolos, pero ya en tiempos de Pericles (siglo V a. de C.) a los pobres se les pagaba la entrada con cargo a los fondos públicos.

Los considerables gastos que suponían las representaciones eran subvencionados por ciudadanos ricos. En un principio las representaciones se llevaban a cabo por un solo actor -a menudo el propio autor- y un coro, dirigidos por el corega.

En la época de Esquilo los actores pasarían a ser dos: el protagonista y el antagonista.

A veces, el mis mo actor se veía obligado a interpre tar más de un papel, lo que nos hace suponer que el público griego estaba dotado de un poder de imaginación mucho mayor que el de hoy.

El teatro romano, imitador en todo del teatro griego, no tuvo, aquél, para sostenerlo y vivificarlo, ni la fe colectiva ni el ardor cívico de to do un pueblo. Sin duda, los juegos los grandes juegos romanos, en oca sión de los cuales se daban represen taciones teatrales, estaban revestidos de una gran pompa y se preciaban de tener disoes patrones.

Del teatro como expresión de un rito se llega al teatro como pasatiempo; el actor, al igual que el titiritero y el gladiador, debe divertir a un público de menor cultura, deseoso de novedad.

Por otra parte, todo lo que provenía de Grecia gustaba en la Roma de los césares.

Así nació una literatura teatral que rehacía los temas griegos, eligiendo aquéllos que se adaptaban al espíritu latino y a las costumbres de este pueblo.

Roma toma el teatro griego cuando los grandes géneros de la tragedia y la comedia estaban en decadencia; empero, el espíritu práctico romano pareció no comprender el alto significado religioso y moral de las obras griegas de la edad clásica.

Antes que Livio Andrónico, liberto de origen griego, tradujese al latín e introdujese, en los teatros romanos, algunas tragedias y comedias griegas (en 240 a. de J. C), en Roma se representaba casi exclusivamente un género primitivo de espectáculo cómico, que había sido introducido por actores romanos y etruscos; era la atellana, originaria de la ciudad de Atella, Italia; era una mezcla de alta comedia y de parodia, en la que los actores caracterizaban a personajes de psicología diversa, en base a metáforas.

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Reconstrucción de un teatro romano que pone claramente de manifiesto, por su-imponencia, la fuente griega en que se inspiraron sus diseñadores.

Asimismo, en Roma, con Eísnios, Accio y Pacubio, floreció la tragedia praetextae, escrita sobre tomas nacionales, y que no obtuvo gran éxito; junto a ella seguía subsistiendo el género de las palliatae, cuyo argumento se inspiraba en la tragedia griega.

En esta época, la afición prevaleciente del público romano orientó al teatro hacia el género cómico, los espectáculos brillantes y la comedia.

Los espectáculos circenses tomaron auge, y eclipsaron muy pronto las últimas manifestaciones de la tragedia romana. Las representaciones correspondientes a este género no van más allá del siglo de Augusto.

Recordemos que los romanos buscaban en el teatro la diversión, y no principalmente un fin educativo.

El teatro hubo de seguir las formas que el gusto popular aplaudía, como ocurrió en las obras de Plauto o en las más delicadas de Terencio; lo lamentable es que por ello cayera a veces en trivialidades.

Los edificios para las representaciones se construyeron en época relativamente tardía, aún cuando el primer teatro que Roma poseyó data del año 55 a. de J. C, y fue construido bajo Pompeyo.

Los teatros romanos se inspiraron en los griegos: eran inmensas construcciones que podían dar cabida a 50.000 espectadores.

La distribución, el decorado, el lugar reservado para el coro, se adaptaban a las necesidades del arte teatral de la época.

Había incluso un complicado mecanismo que permitía la aparición en escena y el traslado de los dioses, cuando el argumento lo requería; estas intervenciones podían ser acompañadas por truenos u otros ruidos que expresaran la cólera de los dioses, para lo cual se disponía de cilindros de bronce que se llenaban de piedras y eran accionados por un mecanismo especial.

Los romanos tenían poca estima por el género teatral, y los actores eran despreciados, considerándose su profesión indigna de hombres libres.

Durante la lenta y progresiva decadencia del Imperio Romano, el teatro fue corrompiéndose y no debe asombrarnos que la Iglesia naciente condenara todo tipo de espectáculo, prohibiendo a los fieles asistir a las representaciones. Lo que se censuraba era ese género de teatro, y no el teatro en sí que verá renacer la alta Edad Media, en el atrio de las iglesias.

En cierto sentido el teatro volvió a ser ritual, y tuvo nuevamente un carácter religioso y educativo. Se iniciaba el gran ciclo: primero el teatro sacro de la edad primigenia de la historia, luego el teatro solemne que exalta la actividad del hombre como ente moral, luego la farsa y la diversión sin más.

Orfeo: el amor y la música: Una de las más bellas leyendas de la mitología clásica es, sin duda, la del músico tracio Orfeo, a quien se le atribuye el invento de la lira.

Casado con la ninfa Eurídice, tuvo que soportar su pérdida, ya que ésta, al ser mordida por una víbora, murió y descendió al Infierno.

Pero Orfeo no se resignó: fue en su busca y consiguió de los dioses el privilegio de poder retornar con ella al mundo de los vivos, con la condición de no volver la vista atrás antes de que ambos amantes hubiesen abandonado el recinto infernal.

Concluido casi el retorno, el joven tracio, que ya había alcanzado la luz, no pudo resistir el deseo de contemplar el rostro de Eurídice y se volvió.

Pero la ninfa, que todavía no había abandonado el Infierno, se desvaneció ante la mirada impotente de Orfeo, quien desde entonces se dedicó a vagar sin rumbo, acompañando su dolorida existencia con los sones de su lira, hasta que fue fulminado por un rayo de Zeus, o, según otra versión, despedazado por las terribles Ménades. Su leyenda dio origen a toda una cosmogonía o explicación mítica de los orígenes del mundo y la implantación de ritos iniciáticos (orfismo).

Su presencia en las artes ha sido continua, sobre todo en el terreno musical y en el teatro, destacando en este último campo la obra Orfeo (1927), del escritor francés Jean Cocteau.

► El Teatro en la EDAD MEDIA:

El mundo antiguo no legó al mundo medieval ninguna forma dramática viva.

Al perderse en Roma el arte teatral, en medio de los aparatosos juegos del circo, será la Iglesia quien devuelva al teatro vida y sentido nuevos, hasta que el pueblo arrastre hasta él, lejos del altar, al nuevo drama.

El primer espectáculo escrito y representado por entero fuera de la Iglesia se montó hacia mediados del siglo XII.

La liturgia dio a luz el drama, como antaño el mito de Orfeo lo hiciera con la tragedia. Con un intervalo de dieciocho siglos, el teatro renace y conoce las mismas fases: coros que celebran el nacimiento de un dios, actores que se van destacando del grupo, y personalizándose, para representar la historia divina hasta que, poco a poco, vuelvan a representar la historia del hombre.

Esta forma teatral iría perfeccionándose durante los siglos XII, XIII y XIV, hasta florecer en el siglo XV.

El tema del misterio es siempre un tema religioso, penetrado de profundidad mística, pero que contiene al mismo tiempo pintorescas escenas de violenta comicidad.

Se trata de espectáculos que duraban varios días.

Es un teatro que probablemente nació en los tiem-;  pos de la clandestinidad del cristianismo y se desarrolló en una época de crisis profunda, debatiéndose entre los restos de la mentalidad pagana que había dominado el Mediterráneo y la de los pueblos bárbaros, de tan diferente origen.

La Edad Media se vio obligada a salvar lo positivo de aquel mundo pagano y a preparar los cimientos de una nueva sociedad.

La oscuridad que se atribuye a esta época -exagerándola, por cierto- se debe a esta mezcla de elementos y a la ingente labor que ofrecía su acoplamiento.

La Iglesia tuvo que enfrentarse a la tarea de completar lo que no había conseguido el Imperio Romano: mentalizar a los invasores bárbaros con una nueva idea de la existencia.

Quizá por ello el teatro medieval, reflejo de su época, más que presentar hechos ordenados, los expone simplemente ante los ojos del espectador, se los hace ver.

La idea de este nuevo teatro surge de la búsqueda de una nueva idea de sociedad, y también de una nueva lengua, ya que se hallan en formación todas las lenguas vulgares, procedentes del latín.

Los primeros documentos que se conservan de teatro medieval son franceses; se remontan al año 1100, y están escritos en dos lenguas alternadas: latín y francés vulgar.

Las representaciones medievales reciben los nombres de milagros, misterios, y farsas, en el caso del teatro profano. Estos espectáculos se parecen en toda Europa, debido a una razón clara: la cristiandad.

La Iglesia ya cuenta, además de su poder espiritual, con el poder político, aunque aún no tiene una verdadera organización estatal.

¿Qué mejor prueba de ello que la estrecha conexión existente entre las formas dramáticas de las distintas naciones, por encima de sus caracteres idiomaticos?

Al alargarse la representación y exigir cada vez mayor número de personajes pierde intensidad, pero gana en espectáculo y, por lo tanto, en participación de la masa.

Conservamos pocos ejemplos de este tipo de teatro. Los más importantes son: el Auto de los Reyes Magos, en lengua castellana, misterio del ciclo de Navidad, de autor anónimo, compuesto a finales del XII o principios del XIII; Abraham e Isaac, del poeta florentino Feo Belcari (1410-i 484); y la famosa Farsa de Micer Pathelin, tipo cómico que enlaza con los antiguos personajes del teatro pagano.

El teatro medieval, aunque no produjo obras de mucho valor, sí sentó las bases del nuevo teatro, sin cuya evolución entre los siglos XVI y XVII no habría existido el drama moderno tal como hoy lo conocemos.

► El Teatro en la EDAD MODERNA:

Desde principios del siglo XVI se abandonan definitivamente las formas de expresión de la Edad Media, aunque no sin resistencia, ya que -hecho único en Europa- la influencia del gótico francés no había hecho mella en el arte italiano.

En primer lugar, Florencia, por razones del protagonismo social y político de los Médici, será quien elabore las formas de la nueva civilización.

Así es como el teatro italiano da nacimiento a un estilo propio, que se ha perpetuado hasta nuestros días. El arte se integra en la vida pública.

La clase dominante impone a los artistas -generalmente, por medio del mecenazgo- temas y formas de expresión que reflejan la nueva ideología.

Este teatro se ve poco a poco absorbido por un teatro aristocrático, con su lujo, su fasto y su pompa; y éste hará aparecer a finales del XVI el estilo barroco, que en su declive hará posible que los decorados, la música y el drama se unan para la creación de un nuevo género teatral -la ópera-, al tiempo que facilitará también la creación del melodrama.

En El Príncipe, Maquiavelo, medio siglo antes de Montaigne y casi un siglo antes de Bacon, afirma su inclinación por el realismo, por esa realidad que marca quizá el paso de lo antiguo a lo nuevo del modo más patente.

Mientras se desarrolla este teatro de corte, con reminiscencias de los antiguos clásicos y que vive de la protección de los príncipes, la Commedia all'improviso -llamada más comúnmente Commedia dell' Arte- no cesa de multiplicarse y perfeccionarse, con gran protagonismo de los actores cómicos (zanni), supervivientes de los latinos, que actúan en compañías ambulantes, de una ciudad a otra.

El inmenso éxito popular de esta comedia del arte no deja de llamar la atención de los príncipes y de la gente culta. La juventud, entusiasta, forma grupos de dilettanti (aficionados) en favor de esta forma de teatro.

Así, desde la calle llega a los palacios, donde se perfecciona y se enriquece.

Todas las posibilidades del juego escénico, dominadas por la libertad y el genio del actor, están aquí permitidas.

Se trata de una manera de actuar en la que predomina la improvisación.

La comedia del arte devolvió su valor al espectáculo; una concepción plástica del teatro exigía del actor todas las formas de interpretación: creación de sentimientos y de pensamientos por medio de la mímica, de la danza, de la acrobacia incluso, al igual que sucede con las tendencias imperantes de nuevo hoy. Por otro lado, este teatro se desenvuelve en una época en que las luchas religiosas son sangrientas.

El Humanismo contribuirá, por su parte, a la creación de tendencias literarias que abren un abismo entre los eruditos y la masa, todavía inculta. La corte y los nobles frecuentarán cada vez menos los espectáculos populares, acentuando la diferencia, cada vez mayor, entre el pueblo y las clases elevadas, las cuales , por necesidad y por interés, harán causa común con la cultura.

La invención de la imprenta permitirá difundir los intercambios intelectuales ya existentes, y el descubrimiento de América por los españoles conferirá a estos conocimientos un carácter universa!.

La fantasía española se impondrá en este tipo de teatro, principalmente a partir de 1502, a través de las múltiples ediciones de la famosa Celestina.

Así, podremos decir que la influencia italiana por la técnica y la española por la imaginación -donde los temas del amor y la fatalidad imponen su violencia- entran a saco en el teatro ilustrado, haciendo olvidar un poco a los antiguos clásicos, mientras el pueblo y la mayor parte de la burguesía mantienen su inclinación hacia la palabra brillante e incluso grosera, hacia la mascarada, los chistes y la farsa.

Se trata de una época en que los caracteres de la comedia y tragedia modernas descubrirán su esencia.

De modo que si el siglo XVI no ha dejado, en suma, una obra dramática particularmente notable, sí ha preparado, en sus diversas y vivas experiencias, todo lo que iba a permitir al teatro posterior perfeccionarse y expresarse plenamente.

► Calisto y Melibea:

Calisto.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

Melibea - ¿En qué, Calisto? calisto - En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mi inmérito tanta merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese.

Sin duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar yo tengo a Dios ofrecido.

¿Quién vio en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como ahora el mío?

Por cierto, los gloriosos Santos, que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo ahora en el acatamiento tuyo.

Mas, ¡oh triste!, que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventuranza, y yo, mixto, me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar.

Melibea.— ¿Por gran premio tienes éste, Calisto?

Calisto - Téngolo por tanto, en verdad, que si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.

Melibea- Pues aún más igual galardón te daré yo, si perseveras. calisto- ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!

Melibea.- Más desventuradas de que me acabes de oír.

Porque la paga será tan fiera cual merece tu loco atrevimiento.

Y el intento de tus palabras ha sido como de ingenio de tal hombre como tú, haber de salir para se perder en la virtud de tal mujer como yo.

¡Vete, vete de ahí, torpe! Que no puede mi paciencia tolerar que haya subido en corazón humano conmigo el ilícito amor comunicar su deleite. calisto - Iré como aquél contra quien solamente la adversa fortuna pone su estudio con odio cruel...

(Fernando de Rojas: Tragicomedia de Calisto y Melibea)

►Historia del Teatro: EL SIGLO DE ORO:

El período isabelino, en Inglaterra, ilustra una de las épocas más grandiosas de la historia del teatro.

El genio de Shakespeare, en el que toda la humanidad consigue verse reflejada, todavía hoy alcanza unas cotas que jamás fueron superadas.

La apasionada vida de la época era demasiado fuerte para que el pueblo no pidiese verse representado en los escenarios.

Todo un mundo político y social agoniza en su moral, y la nueva sociedad que nace se vale del realismo político para alcanzar sus metas, lo que en el teatro se convertirá en grandiosas tragedias de expresión múltiple y exaltadora, en las cuales un personaje de voluntad desmesurada será el héroe que rompa todos los obstáculos, que viva una vida intensa, aparentemente liberado por su violencia, su astucia y una aterradora crueldad.

La reina Isabel moderará las tendencias puritanas de su sociedad, manifestando su gusto personal por los espectáculos populares, como los combates de animales, las carreras, la caza y las representaciones teatrales que organiza en el teatro que ha hecho construir en la corte para su propio uso.

El isabelino es un teatro puramente nacional. Las influencias externas llegan muy atenuadas, exceptuando quizá la de la commedia dell'arte, que se manifiesta en el empleo del bufón (personaje medieval divertido).

Los grandes dramaturgos de este período son, con William Shakespeare a la cabeza, Ben Jonson, Fletcher, Marlowe, Thomas Dekker, John Ford, Thomas Middleton...

Todos estos nombres ilustres llenan lo que dura una simple vida humana, y para nuestro asombro es de ellos de quienes se habla al tratar del milagro isabelino.

A finales del siglo XV, el pueblo español, despertando a la conciencia de su genio nacional, permitirá al teatro un desarrollo igualmente decisivo.

El Imperio español está en pleno auge.

Tras la influencia italiana, la originalidad profunda y radiante del teatro español florece en obras gracias a las cuales el mundo entero llamará a esta centuria el Siglo de Oro, uno de los más gloriosos de la historia universal del teatro.

Es un teatro obsesionado, como lo era el hombre de su época por la idea del honor. La Iglesia se halla, por su parte, en plena lucha con tra la herejía.

La todopoderosa Inquisición conseguirá suprimir toda libertad religiosa o política. Sin embargo,, renuncia a luchar contra el teatro, prefiriendo servirse de él en la medida de lo posible. Y lo hará, esencialmente, sugiriendo temas a los autores dramáticos, y censurándolos después.

El período heroico del teatro empieza realmente con el reinado de Felipe II, que verá el florecimiento de la poesía lírica y de la épica, y el esplendor de los grandes místicos, como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.

Los grandes nombres del teatro son: Miguel de Cervantes -genial novelista, y no tan grande como dramaturgo-, Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca, Juan Ruiz de Alarcón y, por supuesto, Lope de Vega.

De todas las artes, el teatro fue el que manifiestamente sirvió mejor a los fines de la política interior de Felipe IV.

La reputación del fasto y el esplendor de una corte que todavía pretendía asombrar al mundo, y en la que se representaban tantas obras y comedias palaciegas, servía para enmascarar ante el pueblo la decadencia política y social de la monarquía de los Austrias, comenzada con guerras desgraciadas y tratados desastrosos que culminaron en el agotamiento de las arcas reales.

El teatro de toda esta época, amado por los reyes, por la aristocracia y por el pueblo, quiere ser, y lo consigue, eminentemente popular. Los dramaturgos viven profundamente su época, y la reflejan.

Todos los historiadores están de acuerdo en que la aristocracia ocupa los altos cargos pero tiene poca influencia.

El rey, seguido por su pueblo, tiene toda la autoridad material, mientras que la Iglesia, que ha mantenido durante ocho siglos una encarnizada pugna contra el Islam, lucha ahora contra el protestantismo y posee toda la autoridad espiritual y moral, que impone por medio de la Inquisición.

Se puede situar en el reinado de Carlos II, es decir, en los últimos años del Siglo de Oro, el fin, al menos en bloque, del gran genio dramático español, uno de los más grandes que hayan existido.

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Volpone, también conocida como El zorro (1605), es ina comedia en verso de Ben Jonson, uno de los grandes del teatro isabelino. Se desarrolla en la Venecla del siglo XV, y su personaje central es Volpone, quien, dueño de una gran fortuna y sin descendencia, se divierte a expensas de los que le quieren heredar.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse - Historia del Teatro -
El Teatro Por Dentro - Temas Claves - Colección AULA ABIERTA SALVAT Libro Nº40
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  - Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica


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