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La Isla de Santa Elena Geografía, Recursos Naturales Ubicación

La Isla de Santa Elena – Geografía, Recursos Naturales y Ubicación

Aislada en medio del océano Atlántico se alza una pequeña isla de 122 km²: Santa Elena, a la que dió fama el hecho de que Napoleón pasara en ella los últimos años de su vida. El emperador vivió junto con algunos de sus seguidores en la húmeda y lúgubre Longwood House. En 1820 cayó gravemente enfermo, y el 5 de mayo de 1821 expiró. Sus restos mortales fueron trasladados a Francia en  1840.

Por extraño que parezca, en el mundo existen lugares que deben su fama a su aislamiento. Así ocurre con Santa Elena. En efecto, esta pequeña isla de 16 por 12 km, está situada en medio del océano Atlántico, a 1.865 km. de las costas de África y a 3.565 km. de las de América. En este islote volcánico, muy accidentado y con numerosos barrancos, viven unas cinco mil personas, blancas o de color, que se dedican principalmente a la agricultura, pesca y ganadería.

Sin embargo, estas actividades se encuentran muy limitadas por las condiciones de la isla. De sus 122 km² de extensión sólo una cuarta parte ha podido ser destinada a la agricultura.

Las zonas de cultivo se hallan situadas en las llanuras del nordeste, porque el resto de la isla no reúne condiciones para las labores del campo. Sus principales cultivos son patatas, lino, árboles frutales y algunos cereales y legumbres. La pesca en el mar —las aguas de la isla apenas tienen peces— ha sido el origen de una modesta industria de salazones. La ganadería se limita a la cría de las especies bovina y ovina. También se crían conejos y gallinas.

Santa Elena es una

isla y dependencia británica de Santa Elena (comprende la isla Ascensión y el grupo de islas de Tristán da Cunha), situada al sur del océano Atlántico, aproximadamente a 1.930 km al oeste de África. Es de origen volcánico y su superficie, accidentada y montañosa, alcanza una altitud cercana a los 820 m en las High Hills, al suroeste; tiene una superficie de 122 km2. El clima es templado y tiene una temperatura media anual ligeramente superior a los 21 °C. Los principales productos son las patatas (papas) y el lino. La colonia es administrada por un gobernador. La capital y puerto más importante es Jamestown, con 1.400 habitantes (1987). La población de la isla era de 5.564 habitantes en 1988.

Descubierta en 1502 por los portugueses, que la hallaron deshabitada, ocupada algunos años por los holandeses y después cedida en 1659 a los ingleses, que fundaron allí una colonia, Santa Elena habría tenido un destino gris, de no haber sido designada en 1815 como lugar de exilio para Napoleón.

En abril de 1814, cuando el emperador abdicó, sus vencedores le confiaron el gobierno de la isla de Elba, en el Mediterráneo. Antes de que transcurriera un año, el 1° de marzo de 1815, desembarcó en Golfo Juan y volvió a hacerse con el poder: fueron los Cien Días.

Derrotado definitivamente en Waterloo el 18 de junio de 1815, se vio forzado a abdicar por segunda vez. Tras haber intentado llegar a Estados Unidos, Napoleón decidió confiar en la generosidad de los ingleses, con la esperanza de conservar, de este modo, su libertad personal. Pero los ingleses lo deportaron a Santa Elena junto con algunos de sus fieles, a bordo del buque de guerra Bellérophon.

Napoleón permaneció allí durante cinco años, hasta su muerte, el 5 de mayo de 1821. A algunos de sus compañeros: Las Cases, Montholon, Gourgaud y Bertrand, les dictó sus memorias, que millares de personas leerían más tarde con apasionado interés.

Este exilio de Napoleón en Santa Elena constituyó una penosa prueba. Al principio fue calurosamente acogido en el seno de la familia Balcombe. Poco después lo trasladaron a una casa poco agradable en Longwood. Napoleón no sólo sufrió la soledad y el destierro, sino que, además, fue duramente tratado por sus guardianes. El gobernador inglés de la isla, sir Hudson Lowe, aplicaba las consignas con intransigencia y sin tacto.

Santa Elena es un lugar de estancia poco envidiable. Pese a estar situada a 16° de latitud sur, su clima es más bien desagradable. Llueve mucho y a veces las tempestades causan estragos. Con mucha frecuencia, violentas borrascas se estrellan contra las rocas.

Longwood House, situada en la cumbre de una montaña, estaba expuesta a furiosos ventarrones. Algunos de los fieles de Napoleón que se habían establecido con él en Santa Elena no lograron habituarse. Así le ocurrió a Las Cases, antiguo oficial de Marina, a quien el gobernador Lowe obligó a abandonar la isla porque había intentado mandar en secreto una carta a Luden Bonaparte, hermano de Napoleón. En realidad, esta expulsión la provocó el mismo Las Cases porque no podía adaptarse a la vida en Santa Elena.

Longwood House, la residencia de Napoleón, era una vieja vivienda que carecía de comodidades. Antes de que Napoleón fuera a vivir en ella, fue someramente restaurada y amueblada con lo estrictamente necesario. Además, era una casa muy húmeda. No es de extrañar que esta situación contribuyera muy poco al buen humor de los habitantes. Se volvieron irritables, propensos a la discordia, y el aburrimiento fue su fiel compañero.

El general Gourgaud, que a partir de 1805 había tomado parte prácticamente en todas las campañas de Napoleón y que en 1814 incluso le había salvado la vida cerca de Brienne, en 1816 escribía en su diario: «Martes, 25 de marzo: ¡Aburrimiento, aburrimiento! Miércoles 26, ídem; jueves 27, ídem; viernes 28, ídem; sábado 29, ídem; domingo 30, gran aburrimiento». Y por si esto fuera poco, la higiene también dejaba que desear. El agua potable estaba sucia y provocaba numerosos casos de disentería.

En  Santa Elena,  la  salud de Napoleón, que casi nunca recibía noticias de los suyos, se arruinó rápidamente. En noviembre de 1820, Montholon notificó a sir Hudson Lowe que el emperador estaba gravemente enfermo.

No se sabe la naturaleza exacta de su enfermedad. Se supone que era una úlcera de estómago que degeneró en cáncer. Parece ser que el gobernador no actuó de inmediato al saber esta noticia. La enfermedad no tardó en agravarse, y el 12 de abril de 1821, Napoleón empezó a dictar su testamento a Montholon. Su redacción duró varios días. Una de las frases más conocidas de este testamento es: «Deseo que mis cenizas descansen a orillas del Sena, junto al pueblo francés al que tanto he amado».

Algunas semanas después, Napoleón, uno de los más famosos capitanes de todos los tiempos, moría solo en aquella isla solitaria.

En 1840, el rey Luis Felipe cumplió el deseo del emperador caído: debido a su trágico destino, éste conservaba fervientes admiradores cuya simpatía convenía granjearse. Las cenizas de Napoleón fueron trasladadas de Santa Elena a Francia. Esta ceremonia fue presenciada, entre otras muchas personas, por Bertrand, quien había acompañado a su soberano en el exilio a la isla de Elba y a la de Santa Elena. La tumba se colocó en un marco grandioso, bajo la cúpula de los Inválidos.

La historia de Santa Elena como lugar de destierro no concluyó con la muerte de Napoleón. Durante la guerra de los bóers en África del Sur (1899-1902), Cronje, uno de los generales de los bóers, fue enviado en cautiverio a Santa Elena junto con muchos de sus compañeros de armas.

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