Jericó Primeros Pueblos de Oriente Asentamientos del Neolítico



Jericó Primeros Pueblos de Oriente Asentamientos del Neolítico

En algún momento entre el 11.000 a. de C. y el 6000 a. de C., la sociedad ahora llamada Próximo Oriente pasó de estar formada por pequeños grupos de cazadores unidos por simple supervivencia a una sociedad organizada que se procuraba sus alimentos. Durante el neolítico la gente se reunía en pequeños poblados, cultivaba cereales y legumbres, criaba ganado y mantenía un comercio limitado.

El asentamiento de Jericó de hace 9.000 años fue una comunidad bien organizada, de casi 3.000 personas, muy distinta a poblados o villorrios que no alcanzaban más de unos cientos de personas. En la ciudad nace la especialización y así, junto al campesinado, aparecen los constructores, artesanos del metal y la piedra además de mercaderes y sacerdotes, entre otros.

Neolítico es la palabra griega para «piedra nueva» y se refiere a la técnica para obtener utensilios de piedra tallando obsidiana. No obstante, los pobladores del neolítico no tenían cerámica. El clima era algo más cálido y más húmedo que en la actualidad.

La línea costera se extendía al oeste de la existente hoy en día y en algunos lugares se ha encontrado la costa antigua, sumergida a unos 2,7 metros por debajo del nivel del mar. Uno de los lugares neolíticos más famosos es Jericó, en la depresión del valle del Jordán, a 15 kilómetros al norte del mar Muerto.

Allí, el asentamiento humano se remonta hasta el 8000 a. de C. y Jericó proporciona datos arqueológicos completos desde esa fecha hasta el 1560 a. de C. Aquí se han encontrado pruebas del pueblo de Wadi an-Natuf, que han dado nombre a la cultura natufiense (es una cultura del Epipaleolítico Final y Mesolítico), y cuyos habitantes guardaban relación con otro grupo que habitó en la cordillera del Carmelo.

Ciudad del valle del Jordán , en la ribera occidental del río, a unos 8 Km. de la costa septentrional del mar Muerto, y aproximadamente a 27 Km. de Jerusalén.

Estos habitantes primitivos de Jericó vivían en estructuras circulares, cuyos cimientos estaban hundidos profundamente en el suelo. Poco después estos habitantes establecieron asentamientos permanentes, y empezaron a erigir fortificaciones alrededor de sus aldeas.

Jericó es una de las ciudades neolíticas más antiguas, su tamaño era ocho veces mayor que el de los primeros asentamientos natufienses, y se cree que sería uno de los primeros núcleos provistos de murallas. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz un buen número de casas circulares, muchas de más de una habitación, a las que se añaden espacios abiertos para las actividades domésticas como cocinar o lavar.

Aquellas casas tenían cimientos de piedra, suelos pavimentados y muros bien de piedra, o bien de adobe. Cada yacimiento cuenta con su propio silo de piedra o barro, señal de que los días en los que aquellos hombres y mujeres vivían como nómadas habían quedado muy atrás en el tiempo.



Forzados por las circunstancias, se habrían visto obligados a adaptar la naturaleza a sus propias necesidades, lo que dio como resultado una nueva forma de vida.

Las murallas de Jericó se levantaban en el lado occidental de la ciudad, y no para defenderla de los ataques de los vecinos como se creía, sino como un medio para protegerse de las inundaciones. Sin duda, una prueba más de que el espíritu humano dirigía sus esfuerzos al control y la domesticación de la naturaleza. No cabe duda de que esta comunidad mantenía contactos con otras culturas.

La obsidiana es un cristal natural que se forma a partir de la lava volcánica. Se trataba de un material muy preciado, ya que con él se fabricaban las mejores y más afiladas puntas de flecha. La obsidiana se da de forma natural en las colinas rocosas del interior de Turquía y, sin embargo, se ha encontrado a cientos de kilómetros de distancia, en la Jericó neolítica, lo que demuestra que ya entonces las rutas comerciales a larga distancia estaban perfectamente establecidas. ¿Por qué no intercambiar obsidiana por semillas ya modificadas y perfectas para su consumo y cultivo tras más de mil años de selección artificial? No es difícil imaginarse cómo, una vez establecidas en un lugar, las técnicas propias del trabajo agrícola y ganadero se difundieron rápidamente por toda Europa, el Próximo Oriente e incluso más allá.

Se han descubierto muros de piedra que alcanzaban 10 metros de altura y las pruebas del carbono han dado fechas de hasta 6800 a. de C. Estos restos han hecho que Jericó sea llamada «la dudad más antigua de la tierra».

Durante el período calcolítico la metalurgia había progresado hasta obtener herramientas de cobre. La palabra «calcolítico» proviene de las palabras griegas, khalkos (cobre) y lithos (piedra).

Aunque aún se seguían utilizando las herramientas de piedra, se introdujeron los utensilios de cobre, que demuestran su habilidad para fundir piedras que contenían este metal. Uno de los yacimientos más importantes del período calcolítico es Tuleilat el-Gasul, en el valle del Jordán, 5 kilómetros al norte del mar Muerto, que dio su nombre a la «cultura gasuliana», que se remonta desde el quinto milenio hasta 3300 a. de C.; en esta época ya se había extendido el uso de la cerámica.

Existen pruebas de redes comerciales: el basalto se traía del norte, las conchas y caracoles marinos llegaban del mar Rojo y del Mío; las turquesas de la minas del sur, del Sinaí; los colmillos de elefante de África o del norte de Siria; y los colmillos de hipopótamo es posible que procedieran de Egipto.

El cobre se conseguía de dos formas: cobre común de Timna, cerca del golfo de Eilat, o cobre arsenicado de Anatolia, Irán y las montañas del Cáucaso. El cobre arsenicado que se obtenía en minas de cobre con sedimentos de arsénico es un mineral natural muy resistente. Los arqueólogos descubrieron lo que ellos llaman una Cueva del Tesoro en los acantilados situados sobre la orilla oeste del mar Muerto, cerca de Najal Mishmar.

Esta cueva, casi inaccesible, es una de muchas, excavadas en un acantilado que se eleva a 300 metros sobre el nivel del mar Muerto.

En la parte posterior de una de estas cuevas, escondidos en una hornacina tapiada por un muro delgado de barro, había 429 objetos, casi todos de cobre. Varios parecían tener un significado religioso, tales como coronas y cetros. Incluso restos de cestería han sobrevivido al período calcolítico.



Los habitantes de este período desaparecen de los archivos arqueológicos alrededor del 3300 a. de C. y los eruditos no se ponen de acuerdo sobre los motivos de esta desaparición. Estos pobladores I guardaban poco parecido con los de la primera Edad del Bronce que vinieron a continuación.

SOBRE SU DESCUBRIMIENTO: La investigadora estadounidense Kathleen Kenyon (n.1906), excavó muchos años en Israel, Jerusalén y el monte Carmelo, y sobre todo en Jericó, esta legendaria ciudad cuyos muros, según la Biblia, se derrumbaron al son de las trompetas de los guerreros de Josué.

arqueologa Keyton

En 1952 empezó  Kenyon su trabajo; cuatro años después alcanzaron las palas de su equipo la capa inferior de una colina y los cimientos de una ciudad fortificada. Junto a una fuente copiosa y en lugar muy estratégico habían detenido los nómadas su perpetuo vagar para construir una ciudad.

Hicieron casas de adobes en forma de colmena, con muros de piedra en torno, cuyo tamaño atestigua una torre de 9 metros de altura y casi 9 de base. En la siguiente fase de asentamiento (2da. mitad del VII milenio) las casas tenían plano rectangular, siempre con varias habitaciones en torno a un patio. Muy a fines de la campaña de excavación de 1953, de un montón de escombros salió a la luz una serie de cráneos, revestidos de arcilla y con vividos rasgos humanos finamente modelados. Se trataba sin duda de retratos de difuntos; el resto de los esqueletos apareció después bajo el suelo de una casa. Las cuencas de los ojos estaban engastadas de conchas.

Los moradores de Lepenski Vir vivían casi exclusivamente de la caza, pesca y recolección silvestre y sin embargo la gente de esa pequeña ciudad del Danubio, entre Yugoslavia y Rumania, era ya sedentaria. Se establecieron allí entre 5800 y 4950 a. C, hicieron casas de planta trapezoidal, estrictamente ordenadas, mirando a un punto determinado de la orilla del río. Cada casa era a la vez morada y santuario.

También con la mayor probabilidad, eran figuras de culto, ídolos o imágenes de muertos las extrañas esculturas de piedra que surgieron  del suelo  en la terceracapa: unas cabezas de hasta 60 cm de altura, talladas en tosca arenisca, casi siempre sin cuerpo, con ojos saltones y comisuras bucales contraídas hacia abajo.


Torres de piedra en Jerico

 

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