Plan Politico de Lenin Para La Revolucion Socialista Rusa Trosky y Stalin



Plan Politico de Lenin Para La Revolucion Socialista Rusa

La Revolución de Octubre:

La Primera Guerra Mundial que al contener y desviar inicialmente el ascenso revolucionario de las masas, parecía contradecir las tesis de Lenin que el imperialismo como “capitalismo agonizante” era el preludio de la revolución socialista”, la confirmé plenamente, sin embargo, con el corre de las acciones convirtiéndose en un decisiva acelerador del proceso.

En los países europeos la II Internacional desembocó en una posición pro-bélica, de apoyo a la política imperialista de sus burguesías, tras la justificación de la «defensa de la patria”. Lo que unido a las calamidades que la guerra trajo a las masas trabajadoras la fue alejando de sus base de masas.

Lenin y su estrategia politica Revolucion Rusa Teoria Marxista

En Europa se había creado una “situación revolucionaria”. La estrategia de Lenín, compartida por los espartaquistas alemanes dirigidos por Rosa Luxemburgo y Guillermo Liebknecht, el Partido Socialdemócrata Búlgaro, etc., era la de transformar la guerra en insurrección revolucionaria en cada país.

En febrero de 1917 se produce en Rusia, por la movilización preponderantemente espontánea de las masas, la caída del Zar y la instauración de una dualidad de poderes.

Por un lado, el Gobierno Provisional dirigido por la alta burguesía y, por el otro, los Soviets de obreros, campesinos y soldados. Lenín, desde el exilio, manda el 6 de marzo un telegrama donde estará la esencia de su estrategia socialista:

Nuestra táctica total desconfianza, ningún apoyo al nuevo gobierno; sospechamos especialmente de Kerensky; única garantía armar al proletariado; elecciones inmediatamente Duma de Petrogrado (Soviet ciudad); ningún acercamiento a otros partidos.

Telegrafíen este a Petrogrado”.

De febrero a octubre, los bolcheviques pasan de ser ínfima minoría a dirigir los Soviets y la insurrección triunfante.

La figura de Lenín adquiere perfiles gigantescos, para lograr este desarrollo tuvo que vencer, además, en el seno del partido bolchevique, a las tendencias representadas por Kamenev, que planteaba el más abierto apoyo al gobierno provisional, y por Stalin, que planteaba el apoyo crítico al gobierno provisional y una política de presiones sobre el mismo para que cumpla las transformaciones de corte democráticas burguesas.



La Revolución Socialista de Octubre abre la época de transición del capitalismo al socialismo en escala mundial.

En 1919, orientado por el carácter necesariamente internacional de la revolución proletaria, los bolcheviques y otros grupos crean la III Internacional.

El poder soviético, a la vez que transformó las relaciones de producción de capitalistas y semifeudales en socialistas, se apoyó y extendió a través de los órganos de poder obreros – campesinos, comenzando a suplantar con ellos al viejo aparato estatal de herencia zaristá.

En septiembre de 1922 se agrava la enfermedad de Lenín y hasta su muerte, en 1924, su actividad política directa será muy reducida.

Su muerte se produce en una situación muy difícil para la Unión Soviética que salía de la guerra civil desvastada económicamente y en una Euopa donde la “situación revolucionaria” se había agotado.

Lenín se esforzó desde su lecho de enfermo por evitar la escisión que preveía en el seno de la dirección del partido a través de la incorporación de gran cantidad de obreros a la misma y del desplazamiento de Stalin del cargo de Secretario General.

Estas propuestas no serán conocidas públicamente hasta 1956. La fracción stalinista del Comité Central aprobó su no difusión en la clase obrera y confirmé a Stalin en su cargo en el XII Congreso del Partido.

La lucha interna

A partir de la muerte de Lenín se profundiza la contraposición de dos líneas en el seno del P. C. Ruso. Una que luego será calificada como la defensora de la teoría del “socialismo en un solo país” tendrá como sus principales exponentes a Stalin y Bujarin.

La otra, que luego será calificada como partidaria de la “revolución permanente» estará encabezada por Trotski, el constructor del Ejército Rojo, a la cual apoyarán luego Zinoviev, Kamenev y otros.

Ambas se enfrentan en 1925 y 1927. Los temas de la discusión son diversos pero el trasfondo es el siguiente: cómo resolver la contradicción entre la necesidad de construir el estado socialista y el cerco capitalista que lo rodea.



Lo que se reinscribe en el problema de fondo que tuvo que afrontar la política de la Internacional después de la muerte de Lenín, el de la relación entre la Revolución Rusa y la revolución mundial.

Trotski sostenía la tesis de que era imposible construir el socialismo en un solo país, dada la acción combinada y negativa del mercado mundial capitalista y la presión de las masas campesinas en el interior de Rusia.

Afirmaba la necesidad de subordinar todo a la revolución internacional acelerando la industrialización en la URSS.

Stalin pensaba que, independientemente de la situación internacional, era posible construir el socialismo en un solo país puesto que la alianza de la clase obrera con el campesinado era sólida.

La tesis de Trotski tenía una parte de verdad, pues de acuerdo con los clásicos del marxismo no podía concebirse el socialismo en un país aislado.

Y preveía que la política de Stalin llevaría inevitablemente a concesiones incompatibles con la nueva sociedad: en el plano internacional obligaría a atenuar la influencia revolucionaria del Estado Soviético para evitar la agresión extranjera; en la nacional obligaría a hacer concesiones a los campesinos para evitar que éstos derrocaran al poder soviético.

Sin embargo, la tesis no proponía una solución concreta al problema de cómo avanzar en la construcción del socialismo en la nueva situación política creada con el fin de la “situación revolucionaria»  europea y la creación del cerco capitalista sobre la URSS.

Stalin afirmaba que es posible la industrialización y colectivización del campo ruso al tiempo que el Estado soviético maniobraría a escala internacional para garantizar un período de paz fundamental para la construcción del socialismo.

Desde el punto de vista la propuesta de Stalin aparecía como más «realista».

Además, la composición social con que la URSS queda luego de la guerra civil de destrucción física de la mayor parte de la industria y del mismo proletariado, con el consiguiente crecimiento de la influencia campesina de tinte nacionalista; la hábil política de Stalin para lograr el control paulatino de la dirección del partido; y otros factores se combinaron para posibilitar el triunfo de Stalin.



La polémica en sus términos generales se zanjó a fines de 1927. La línea triunfante expulsó del partido tanto a Trotski como a Zinovíev y otros.

El internacionalismo proletario y la cuestión nacional: La revolución proletaria encuentra una de sus premisas inexcusables en su carácter internacional. Por un lado, como necesidad política para coordinar la acción y la solidaridad del proletariado de los diferentes países y, por otro, como objetivo histórico futuro post-revolucionario, con la supresión de las fronteras nacionales propias de la sociedad capitalista.

Los marxistas, entonces, se vieron ante la necesidad de tener que resolver teórica y políticamente el problema de la articulación de las reivindicaciones nacionales específicas y la lucha de clases en el plano mundial. Lenín postuló que “El capitalismo en desarrollo conoce dos tendencias históricas en la cuestión nacional.

La primera consiste en el despertar de la vida nacional y de los movimientos nacionales, en la lucha contra toda opresión nacional, en la creación de los Estados nacionales.

La segunda es el desarrollo y la multiplicación de vínculos de todas clases entre las naciones, el derrumbamiento de las barreras nacionales, la formación de la unidad internacional del capital, de la vida económica en general, de la política, de la ciencia, etc. Ambas tendencias son una ley universal del capitalismo.

La primera predomina en los comienzos de su desarrollo, la segunda distingue al capitalismo maduro, que marcha hacia su transformación en sociedad socialista.

El programa nacional de los marxistas tiene en cuenta ambas tendencias, defendiendo, en primer lugar, la igualdad de derechos de las naciones y de los idiomas (y también el derecho de las naciones a la autodeterminación, de lo cual hablaremos más adelante) y considerando cualesquiera privilegios en este aspecto y, en segundo lugar, propugnando el principio del internacionalismo proletario y la lucha implacable para evitar que el proletariado se contamine de nacionalismo burgués, aun del más sutil.”

“La burguesía coloca siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales. Y las plantea de un modo incondicional.

El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Teóricamente, no puede. garantizarse de antemano que la separación de una nación determinada o bien sin igualdad de derechos con otra nación pondrá término a la revolución democrático-burguesa.

Al proletariado le importa, en ambos casos, garantizar el desarrollo de su clase; a la burguesía le importa dificultar ese desarrollo, posponiendo las tareas de dicho desarrollo a las tareas de “su” nación.

Por eso, el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho a la autodeterminación, sin garantizarlo a ninguna nación, sin comprometerse a dar nada a expensas de otra nación. (…) Lo que más interesa a lis burguesía es que una reivindicación determinada sea “realizable”; aquí la eterna política de transacciones con la burguesía de otras naciones en detrimento del proletariado.

En cambio, al proletariado le importa fortalecer su clase contra la burguesía, educar a las masas en el espíritu de la democracia consecuente y del socialismo.”

De la Nueva Política Económica a la Colectivización Total

A partir de 1921 Lenin adoptó un sistema económico -la llamada Nueva Política Económica o NEP- en el que convivían un sector estatal y un sector privado. Tras la muerte de Lenin, su sucesor, Stalin, lanzó una nueva política económica que colectivizó los medios de producción, eliminando así al sector privado.

«Rusia había adoptado, a partir de 1921, un nuevo sistema económico basado en la coexistencia de un sector estatal, en el que se incluía la gran industria, la banca y el comercio exterior, y un sector privado, que incluía la agricultura, la artesanía y el pequeño comercio. A este sistema se le denominó Nueva Política Económica o NEP.

En las ciudades reaparecieron las tiendas y los restaurantes, la gente de nuevo compraba y se divertía, sobre todo los nuevos ricos, que aprovecharon todas las oportunidades para hacer negocios, legales o ilegales.

Los obreros industriales se beneficiaron de la recuperación económica y podían sentir la satisfacción de ser la nueva clase dirigente, de la que surgían la mayoría de los funcionarios comunistas que administraban el país.

Quienes sabían historia recordaban el período de Termidor, la etapa de la revolución francesa en que los privilegiados volvieron a gozar de la alegría de vivir tras los sombríos años del Terror.

Algunos observadores extranjeros creyeron que Rusia había entrado de lleno en una etapa termidoriana, es decir que la fase más radical de la revolución había terminado, y que Rusia entraba en una etapa de estabilidad, de moderación, de consolidación de los cambios. Pero no fue así. La NEP representó tan sólo un intervalo de calma entre dos períodos convulsos.

A fines de 1929 Stalin, que había sucedido a Lenin al frente del Partido Comunista, puso en marcha la colectivización forzosa de la agricultura.

Esto supuso una auténtica guerra civil lanzada por el régimen comunista contra el campesinado, una de cuyas consecuencias fue la reaparición del hambre, que asoló Ucrania en 1933.

Para entonces la mayor parte de la tierra rusa había sido colectivizada y habían desaparecido también la industria y el comercio privados.

El ideal colectivista por el que los bolcheviques de 1917 habían luchado se había hecho realidad, aunque fuera a costa de inmensos sufrimientos para el pueblo ruso.»

Juan Aviles Parré. La Revolución Rusa, Madrid,
Santularia, 1997.

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