Nitroglicerina, Historia, Inventor, Caracteristicas y Fabricaciòn



NITROGLICERINA: DESCUBRIDOR Y PRECAUCIONES EN LA ELABORACIÓN

NITROGLICERINA  Ester (compuesto orgánico) nítrico de la glicerina, de fórmula C3H5N3O9, en el que sus tres grupos alcohólicos han sido esterificados por otros tres de ácido nítrico. Es un líquido aceitoso, incoloro e inodoro, más pesado que el agua e insoluble en ella, que se prepara tratando la glicerina con una mezcla fría de ácidos nítrico y sulfúrico concentrados. Arde sin explosión cuando está en capas delgadas, pero detona con gran violencia por efecto del calor, del roce o de un choque; estalla con una fuerza siete veces mayor que la de la pólvora.

La nitroglicerina fue el primer explosivo práctico producido nunca más fuerte que el polvo negro. La nitroglicerina fue sintetizada por el químico italiano Ascanio Sobrero en 1847, trabajando bajo Théophile-Jules Pelouze en la Universidad de Turín.

Sobrero inicialmente llamó a su pyroglycerine descubrimiento, y advirtió enérgicamente en contra de su uso como explosivo. Más tarde fue adoptado como un explosivo comercialmente útil de Alfred Nobel.

Nobel experimentó con varias formas más seguras para manejar la nitroglicerina peligrosa después de que su hermano menor Emil Oskar Nobel y varios obreros murieron en una explosión de nitroglicerina en la fábrica de armamentos del Nobel en 1864 en Heleneborg, Suecia.

Un año más tarde, Alfred Nobel fundó Alfred Nobel y Company en Alemania y construyó una fábrica aislada en el Krummel colinas de Geesthacht, cerca de Hamburgo. Este negocio exporta una combinación de líquido de la nitroglicerina y la pólvora llamado «Aceite de voladura», pero esto era extremadamente inestable y difícil de manejar, como se muestra en numerosas catástrofes

Las operaciones en la industria de la nitroglicerina fueron siempre bastante peligrosas. Se llevan a efecto en una serie de talleres establecidos en terrenos cuyas proximidades se consideran siempre como peligrosas. Los edificios se sitúan a diferentes niveles y más bajos que las tuberías de plomo, forradas de madera, por las que corre el líquido explosivo desde un taller a otro. En estas peligrosas construcciones no debe emplearse ni el hierro ni ladrillos.

Se hacen de madera, pues ésta ofrece mucha menos resistencia que los materiales antes citados. Cuando, por desgracia, acontece una explosión, saltan los costados y vuela la cubierta, cayendo destrozados y en pedazos sobre los muros deshechos. Si la explosión ocurriere en un edificio de mampostería, los trozos de los materiales serían lanzados contra las otras construcciones que le rodeasen.

Así, se ha visto que la mejor disposición para establecer los talleres es instalarlos en grandes zanjas o pozos, defendiéndolos, además, con terraplenes de mayor altura que los techos de aquellos casetones en los cuales se efectúan trabajos expuestos. De este modo, los efectos de la explosión se limitan al lugar donde sobrevino.

En las fábricas de nitroglicerina se trata de evitar por todos los medios imaginables la posibilidad de cualquier choque, por pequeño que sea, golpes de las herramientas metálicas con la piedra y la menor perturbación o desorden que pueda producir una explosión.

Los obreros calzan zapatos de suela cosida, pues los clavos son más peligrosos que encender una cerilla; todos los útiles se hacen de bronce o latón, y los edificios se aseguran con estaquillas y clavijas de madera o clavos de bronce. Causas tan insignificantes, como, por ejemplo, el reflejo de la luz del Sol en el agua contenida en un balde que habrá servido para lavar nitroglicerina, han dado lugar a diversas explosiones.



A pesar de todo lo dicho, la vida del obrero en las factorías donde se prepara este producto no es tan desagradable como parece. Poco a poco fue mejorando la índole de los trabajos, y desde luego es mucho menos peligroso ahora el proceso que cuando comenzó la industria.

Los obreros están obligados a cambiar el traje a la entrada en la fábrica, y no se les permite tener consigo ningún útil o pieza de metal, cerillas o cigarros. No pueden volver a sus casas con la blusa de faena, pues esto sería tan peligroso como el llevar un torpedo, que estalla al menor descuido.

La primera operación en las fábricas de explosivos se efectúa en el taller de nitrificación, que es indispensable conservar escrupulosamente limpio de tierra, arena y polvo. El encargado vigila por una abertura del gran tanque de plomo el chorro de nitroglicerina que cae sobre la mezcla de ácido sulfúrico y nítrico, regulando al mismo tiempo una corriente de aire comprimido que agita los líquidos durante el proceso de nitrificación.

Un termómetro indica la temperatura de la mezcla, debiendo tenerse especial cuidado en que ésta no suba al grado que se considera peligroso, por efecto del calor desarrollado en la reacción. Alrededor del tanque circula constantemente una corriente de agua para enfriar la mezcla.

El aire comprimido también sirve para rebajar la temperatura. La nitrificación dura unos treinta minutos, y una vez terminada, la materia que podríamos llamar «nitroglicerina cruda» está en disposición de pasar al taller de separación.

Esta nitroglicerina es un líquido oleoso, pesado, de coloración pajiza pálida, con sabor azucarado y cualidades venenosas: muchas personas, sólo con tocarlo, sienten dolor de cabeza; y por último,en caliente explota con gran facilidad. Una vez en el taller de separación es menos peligroso.

El tanque separador tiene también una abertura, y según corren los desperdicios, ácidos desprendidos de la nitroglicerina cruda, un obrero vigila también observando si aparecen vapores de color rojo vivo, que es la señal de peligro. Si los humos van enrojeciéndose debe aumentarse la presión de la corriente de aire para mezclar más intensamente la masa, pues esto es a causa de que el compuesto tiene una temperatura superior a la precisa para que no se descomponga.

Esta descomposición es provocada por el agua, con la cual se lava la nitroglicerina dos o tres veces. Si el vapor no disminuye y se teme, por tanto, pueda ocurrir una explosión, se abre rápidamente el cierre entre los tanques de separación y sumersión. La nitroglicerina corre a este último, que es una amplia cisterna refrigeradora instalada fuera de la caseta o taller.

Pero si la operación sigue su marcha normal, la carga, libre de ácidos y bien lavada con agua, corre por tuberías deplomo al gran departamento de filtración. Aquí se hace pasar por dos franelas, y, recogida en cubos de caucho, la analiza un químico. Muchas veces tiene que lavarse de nuevo, por no satisfacer a las condiciones exigidas. Cuando cumple estas condiciones, se envía, también por tubería, al taller de sedimentación, donde reposa un día o más, hasta que aparece el agua en la superficie.

Algunas veces se hace pasar a través de la sal común, que absorbe el agua, y de esta manera se economiza el tiempo empleado en la sedimentación. En las fábricas de pólvoras hay otras muchas disposiciones ingeniosas que disminuyen el riesgo de la manipulación y producen un compuesto más puro, químicamente considerado.



Preparación actual de los explosivos para hacerlos menos peligrosos
Después de terminada la sedimentación, la nitroglicerina puede ya servir para preparar la dinamita, cordita, nitrogelatina y otros varios compuestos explosivos, ha dinamita se hace mezclando la nitroglicerina con tierra infusoria o kieseiguhr, que absorbe tres veces su peso de aquella materia; pero para las explotaciones de canteras y minas se emplea una materia inerte más débil.

Se cargan los cartuchos en casetas o chozas, en las que trabajan tres mujeres: una, en la prensa, que es un cilindro con pistón de marfil que comprime la carga en el cartucho; las otras dos mujeres los envuelven, y un chico recoge el peligroso producto cada diez minutos, transportándolo al almacén.

En la explotación de minas la dinamita ha sido en gran parte suplantada por la gelatina explosiva y varias otras pólvoras especiales, en general conteniendo nitroglicerina, pues son más enérgicas, económicas, menos sensibles a la acción de la humedad y más seguras. Muchas de las llamadas «pólvoras sin peligro» son muy semejantes a la dinamita; pero contienen alguna otra substancia para reducir la temperatura y longitud de la chispa en el momento de la explosión. Aunque esto disminuye la fuerza explosiva, es una modificación conveniente, pues se ha comprobado que la acción de la chispa en una pequeña carga de dinamita, sobre las cenizas o el polvillo de carbón, ha sido causa de desastrosos accidentes, ha dinamita se va reemplazando en otros diferentes trabajos por varios tipos de explosivos estudiados especialmente para las condiciones particulares de cada obra.

Es tan conocida por los especialistas la acción de los diversos ingredientes que entran en la composición de la dinamita, que pueden preparar las mezclas de suerte que satisfagan a la calidad que se desee. En la práctica moderna del empleo de explosivos hay en realidad muy poco peligro, si las personas que los manejan son cuidadosas, pues todas las diversas calidades se ensayan de varias maneras antes de lanzarlas al mercado. Generalmente los barrenos o explosiones industriales, en obras públicas y explotaciones mineras, se descargan por medio de la chispa eléctrica y desde lugares distantes, al abrigo de todo peligro.

Poco se deja a la casualidad, pues los hombres saben muy bien, por triste experiencia, la tremenda fuerza que desarrollan los gases. Conocen también la manera de barrenar la roca o el carbón que desean destrozar o arrancar, la profundidad y dirección que deben dar, así como la cantidad y clase de explosivo necesario para conseguir determinado trabajo, que pueden fijar con exactitud completa. Algunos explosivos rajan el material duro en que se utilizan, mientras otros actúan como grandes y potentes martillos de vapor, por compresión, machacando y despedazando la roca.

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