Historia del Descubrimiento De Los Rayos X Biografia de Roentgen



Historia del Descubrimiento De Los Rayos X
Biografía de Roentgen

«La suerte llama a las puertas de los espíritus preparados para recibirla», decía Pasteur.

Los Rayos X Descubrimiento La historia del descubrimiento de  los rayos X se inicia con una serie de investigaciones y experimentos que realiza el científico William Crookes de nacionalidad británico, quien estudió las reacciones de ciertos gases al aplicarles descargas de energía.

Para las experiencias científicas se utilizó  tubos al vacío, y electrodos para crear corrientes de alto voltaje. Llamó a estos tubos especiales, tubo de Crookes. Al estar en las proximidades de placas fotográficas, estos tubos generaban en las placas algunas imágenes borrosas. Pese al descubrimiento, Crookes no continuó investigando este efecto.

Veamos como sigue esta historia…

HISTORIA DEL DESCUBRIMIENTO: Este cientifico alemán Wilhelm Conrad Roentgen (1845-1923), centró su atención en la capacidad de los rayos catódicos para hacer fluorescentes las diversas materias.

Colocó ciertos productos químicos, conocidos por su fácil fluorescencia, en el interior de un tubo de rayos catódicos, rodeó éste de papel negro y oscureció la habitación para observar la pálida fluorescencia resultante.

El 5 de noviembre de 1895 puso en funcionamiento su tubo de rayos catódicos, y en medio de la palidez reparó en un destello de luz que no procedía del tubo: estaba brillando una hoja de papel recubierta con platinocianuro de bario (uno de los productos químicos que se proponía utilizar).

El brillo cesó en cuanto desconectó el tubo de rayos catódicos. La radiación emergía claramente del tubo cuando los rayos catódicos fluían, y penetraban la materia en alguna medida.

Rontgen ignoraba de qué radiación podía tratarse, y por eso le dio el nombre de rayos X, pues x es el símbolo usual de una cantidad incógnita en matemáticas.

Publicó el hallazgo el 18 de diciembre de 1895.



Respecto a este descubrimiento podemos decir que fue una de las mayores deudas que la medicina ha contraído con la física es sin duda alguna el descubrimiento de los rayos X por Roentegn. El hallazgo supone la culminación práctica de una línea de investigaciones y, en un mayor nivel de importancia, un camino para profundizar en la exploración del enfermo.

Las ventajas que ha reportado la radiología son incalculables; Roentegn representa la cúspide de lo que podríamos considerar, hoy en día que las ramas de la historia se multiplican, la historia de la exploración médica. La medicina aplicó inmediatamente las posibilidades que le ofrecía el hallazgo.

Roentegn pudo vivir las enormes aplicaciones que impulsaba su obra. Es decir, en primer término se creó la radiografía, la cual fue inmediatamente estudiada por el cirujano en el diagnóstico y localización de fracturas, luxaciones, cuerpos extraños y proyectiles.

-El Día De La Gran Experiencia-

Wilhelm Conrad Roentgen, (ó Roentegn) un profesor de la Universidad de Würzburg, haciendo experimentos con los tubos catódicos para demostrar la existencia de ondas y confirmar así la teoría alemana, descubre por casualidad los rayos X.

Fue en una tarde del 8 de Noviembre de 1895, había recubierto su tubo catódico con cartón negro trataba de ver si, tal como decía Lenard, ciertas ondas salían del tubo.

Muy cerca tenía una pantalla fluorescente con el fin de comprobarlo. ¡Cuál no fue su sorpresa cuando ve el esqueleto de su mano proyectado sobre la pantalla fluorescente!

Reemplaza entonces la pantalla fluorescente por una placa fotográfica y obtiene de esta forma el primer cuché radiológico, la primera radiografía: los huesos de su dedo en claro sobre fondo negro… Así pues, ¿qué son esos rayos misteriosos que penetran la materia, pero que se detienen ante los huesos?

  Roentegn no lo sabe, lo único que sabe es que ha hecho un gran descubrimiento. Se lo dice a su mujer pero, en un estado un poco paranoico, ni siquiera le dice de qué se trata. Trabaja en ello día y noche. Repite una y cien veces los experimentos.

Todo cuadra. Eso es!, ha descubierto unos rayos nuevos. Los rayos catódicos son ondas. Los alemanes tienen razón.

Publica su trabajo y a esos rayos los llama rayos X (X es el factor desconocido por excelencia en álgebra). Por ello recibirá el premio Nobel de Física en 1902, por más que la naturaleza de los rayos X no se conozca hasta dieciséis años más tarde, gracias al trabajo de Max von Laue en Múnich.



El descubrimiento de Roentegn, que tiene lugar en 1895, despierta enseguida un enorme interés en toda Europa.

Por supuesto, sobre todo entre los médicos, porque en adelante dispondrán de un medio de exploración del cuerpo humano, técnica que explotan inmediatamente, pero también entre los físicos, intrigados por este nuevo fenómeno. Básicamente, el descubrimiento de Roentegn produce una cierta confusión.

Se creía que Jean Perrin y Thomson habían demostrado que los rayos catódicos estaban formados por partículas y hete aquí que ahora viene este alemán y demuestra que también hay ondas, ¡porque nadie se imaginaba a las partículas atravesando el cartón negro! No cabe duda de que la naturaleza sabía guardar su secreto.

En 1896 publicó su descubrimiento y dio la primera demostración. De ahí en adelante, el desarrollo de las radiografías, como parte importante en los diagnósticos médicos, fue bastante rápido.

Al observar que con ellas, las zonas duras o más densas del cuerpo, aparecían de manera nítida en las fotografías, el campo traumatológico, principalmente, vio posibilidades ilimitadas para mejorar su trabajo diario, como asimismo el relacionado con emergencias médicas. Más adelante, se le dio un uso, en la detección de tumores en el organismo humano.

roentgen rayos x

La propaganda acerca de los rayos X suscitó tanto asombro como temor en el público general. Para muchos, este descubrimiento abrió el camino a las investigaciones más indiscretas y amenazó con matar la Intimidad humana. Un periódico relató la historia fantasiosa de un estudiante a quien su tío le había negado una ayuda financiera y aquél había presentado una radiografía de las monedas que mantenía escondidas en su bolsillo…

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ANTECEDENTES HISTÓRICOS: La línea de investigaciones hace referencia al estudio de descargas eléctricas a través de gases enrarecidos, que si bien empieza a dar sus frutos hacia la década de los setenta, en realidad ya tenía unos antecedentes claros. En efecto, en 1835 el físico Faraday describió los resplandores que se manifestaban en el tubo de descarga cuando la presión gaseosa no sobrepasaba algunos milímetros.

A continuación, los progresos de la técnica del vacío de los tubos, construidos por el alemán Heinrich Geissler, permitieron observar a Julius Plücker, en 1858, que la mancha fluorescente producida por la descarga frente al polo negativo, esto es, el cátodo, se desplazaba desviada por la acción de un campo magnético.

Las observaciones de Plücker supusieron un punto de partida. Había enunciado la radiación invisible que emanaba del cátodo. Esta emanación fue detenidamente observada y proseguida por el alemán Wilhelm Hittorf y el inglés William Cookes.

Casi simultáneamente Engen Goldstein, en 1886, empleando un tubo con cátodo perforado, en el espacio situado detrás del cátodo descubrió unos nuevos rayos, que debido a su modo de obtención denominó rayos canales. Pero un nuevo paso estaba destinado al inglés Philipp Lenard.

Practicando una abertura en la pared del tubo, que cubrió con una hoja de aluminio capaz de resistir la presión atmosférica —después se la llamó «ventanilla de Lenard»—, consiguió hacer salir a los rayos catódicos del tubo y, de este modo, estudiar las complejas condiciones de la descarga productora. Y, finalmente, al explorar la radiación que sale del tubo catódico, Roentgen, guiado por una observación casual, a finales del año 1895 logró el capital descubrimiento de los rayos X.

La contribución de Roentegn completaba el viejo problema de la medicina, que en el fondo no era otro que poder observar directamente la lesión.

elogios importantes para la mujer

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BIOGRAFÍA: Wilhelm Conrad Roentegn nació en el año 1845 en Lennep, un pueblo en Bergischen que pertenece a la provincia del Rhin. Sus padres, alemanes, estaban infundidos por un acentuado nacionalismo.

Esto, sumado a que provenían de una familia de artesanos asidos al trabajo, el padre era un traficante textil, hizo que el ambiente fuera más bien duro e intrasigente; Roentegn acusará estas experiencias, que no obstante en su futuro trabajo imprimirán una tenacidad tan rara como especial.

Cuando Roentegn había cumplido tres años, la familia se tarsladó a Holanda. Allí cursó los estudios secundarios. Se tienen referencias de que era un muchacho inteligente, que aprendía con rapidez y profundidad. Pero una estúpida travesura cometida en la escuela técnica superior le impidió ser admitido en la universidad de Utrecht. La dureza de esta decisión pudo tener consecuencias funestas. 

Roentegn fue asimilado sólo como oyente y hasta su traspaso a la escuela politécnica de Zurich, según manifestó más tarde, pasó por momentos de desazón.En el tercer curso se aplicó a los estudios de la matemática y en varias ramas de la ingeniería mecánica, obteniendo el diploma cumplidos los veintitrés años.

Se doctoró en dicha universidad con una tesis titulada Estudios sobre los gases. Nuestro hombre fue, pues, ingeniero. El grado de doctor en medicina, lógico premio a sus hallazgos, se le otorgó a título honorario; hecho que constatamos en contra de unas apreciaciones erróneas que alguna vez hemos tenido ocasión de leer sobre el particular.

Roentegn encarna el prototipo del antiguo investigador universitario, con una particular inclinación docente que desea compartir con la soledad del laboratorio.Su primera estancia la realizó con el profesor Kundt, de la universidad de Wurzburgo. Tras los años de rigor fue llamado por la universidad de Estrasburgo, donde llegó a ser profesor asociado de física teórica.

En 1886, o sea cuando contaba cuarenta y un años, se le ofreció una cátedra de física en Jena, proposición que también se le hizo desde la de Utrecht. Roentegn había obtenido una vasta fama como pedagogo y hombre de ciencia y los ofrecimientos se prodigaron.

Mas tarde volvió a  Wurzburgo donde estudió los fenómenos de compresibilidad de los líquidos, la conducción de los electrólitos y el coeficiente térmico de expansión. Y cuando contaba cuarenta y nueve años, o sea uno antes de efectuar su descubrimiento definitivo, fue nombrado rector.

Dando muestras de una enorme capacidad de trabajo, sin dejar sus tareas como físico, al año de su rectorado descubrió los rayos X; insertados en su biografía expondremos las vicisitudes de tal descubrimiento.

paginas web

La tarde del día 8 de noviembre de 1895, mientras hacía experiencias con el tubo catódico en su cuarto oscuro, cubrió una de sus lámparas con el propósito de impedir la salida de rayos luminosos.

Casualmente, cerca de allí se hallaba una placa de vidrio cubierta con una sustancia, platinocianuro de bario, que brilla o se ilumina cuando es expuesta a la luz. Naturalmente, al conectar la corriente a través de la lámpara, que estaba del todo cubierta, la placa se volvió luminosa.

Esto demostró que resultaba afectada por algún agente el cual podía pasar a través de la cubierta oscura de la lámpara. Este hecho fortuito fue el punto de partida para el resto de sus investigaciones.

Roentegn trabajó con una intensidad inusitada. Al mes justo de su hallazgo, esto es el 8 de diciembre de 1895, resumió sus trabajos en un breve como tan sustancioso folleto titulado Sobre una nueva clase de radiaciones.

Este folleto, que además resulta un modelo de concisión y objetividad, un documento a valorar por quienes participan demasiado asiduamente en las páginas de la literatura científica, dio paso a una primera demostración, que se celebró al 9 de enero de 1896 en una sesión de la Sociedad de Física de Wurzburgo.

La presentación de Roentegn fue concreta y convincente. Siguiendo el aire de los grandes descubrimientos en medicina, a este respecto se pueden, por ejemplo, recordar las demostraciones de Harvey o Koch, Roentegn mostró el poder de penetración de sus rayos.

«La demostración fue acogida —escribe Hayward— con un asombro profundo. Se trataba de un nuevo descubrimiento de apariencia milagrosa que no podía provocar ni dudas ni críticas, sino solamente sorpresa. Los que se colocaron frente a la pantalla fluorescente pudieron ver una imagen de su propio esqueleto, y de los botones de su ropa interior.»

En unas palabras, tras el estupor que suscitó esta primera demostración, se divulgó en muy poco tiempo por todo el mundo la importancia que los rayos X podían tener para el diagnóstico de las lesiones.

La difusión del descubrimiento, Roentegn pasó a la cúspide de la fama sólo en cuestión de meses, nada hizo variar en su vida. Siguió trabajando y tratando de perfeccionar los detalles, sin dejar el cargo académico que le habían encomendado. En 1901 le fue concedido el Premio Nobel, que Roentegn fue a recoger teniendo todavía una larguísima vida científica por delante.

El comienzo de la Primera Guerra Mundial, el fallecimiento de su esposa, el de sus últimos amigos, le dejaron totalmente anonadado, y tras un último período gris murió el 10 de febrero de 1922.

La obra de Roentegn fue el principal impulso que recibió la medicina práctica. Su hallazgo llegó en el momento justo y preciso en que la exploración física agotaba sus posibilidades.

El primer Nobel: Las repercusiones de tal descubrimiento fueron inmediatas y significativas en la comunidad científica, más aun cuando en diciembre Roentgen hizo pública la primera radiografía: la imagen de los huesos de la mano de su mujer. Para la medicina, las perspectivas eran extraordinarias.

La idea de poder escudriñar el interior del cuerpo humano gracias a estos rayos dejaba entrever maravillosas esperanzas. Además, los honores que le rindió el mundo a Wilhelm Roentgen fueron un testimonio del gran entusiasmo que sus rayos suscitaron.

Al parecer, esta conmoción tenía sin cuidado al científico. Fiel a su naturaleza discreta, huía de las entrevistas y las conferencias, y sólo aceptó entregar un comunicado frente a un grupo reducido de científicos el 23 de enero de 1896, en Würzburg. No obstante el mundo científico no lo olvidó cuando, en 1901, decidió concederle el primer premio Nobel de física.

Mientras tanto, Roentgen se había asentado en Munich, donde dirigía el Instituto de física. El descubrimiento de los rayos X tuvo efectos inmediatos y espectaculares. En Francia, Henri Becquerel y luego Marie Curie afinaron las investigaciones y recibieron a su vez el premio Nobel en 1903.

Durante la Primera Guerra mundial la radiografía de rayos X demostró con creces su eficacia. Wilhelm Roentgen siguió adelante con su modesta vida en Munich, donde falleció discretamente, pero cubierto de gloria, el 10 de febrero de 1923.

CRONOLOGIA VIDA ROENTGEN

1845 Nacimiento de Wilhelm Conrad Roentgen en Lenep, Renania, el 27 de marzo.

1863 Ingresa en la Escuela técnica de Utrecht, de la cual es expulsado. Asiste a la universidad.

1865 Roentgen es admitido en la Escuela politécnica de Zurich.

1868 Obtiene su diploma de ingeniero y se convierte en asistente de August Kundt.

1870 Es profesor asistente en la universidad de Würzburg.

1872 Roentgen desposa a Anna Bertha Ludwig. Es enviado a Estrasburgo.

1876 Es maestro de conferencia en el Instituto de física de Estrasburgo.

1879 Nombrado profesor titular, Roentgen se instala en Giessen.

1888 Regresa a Würzburg, donde dirige el Instituto de física.

1895 Wilhelm Roentgen descubre los rayos X.

1900 Es nombrado director del Instituto de física de Munich. La Academia de Ciencias de París lo nombra corresponsal extranjero.

1901 Roentgen recibe el premio Nobel de física.

1923 Muerte de Wilhelm Roentgen  en Munich, el 10 de febrero.

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PRIMERAS APLICACIONES: En 1927, Hermann Joseph  Muller publicó su descubrimiento de que los Rayos X y la luz ultravioleta podían provocar cambios hereditarios, conocidos como mutaciones. A partir de entonces, los científicos pudieron crear mutaciones en vez de esperar a que la naturaleza las produjera en forma espontánea. Muller y otros expertos en genética emplearon mutaciones provocadas de modo artificial para investigar el modo en que los genes se ordenan linealmente en cromosomas y cómo se «transmiten» en la reproducción sexual.

imagen de las primeras maquinas de rayos x aplicados a la salud

Muller predijo que los genes tenían que producir el resto de los componentes de las células vivas. Su razonamiento se basaba en el hecho de que los genes, a diferencia del resto de componentes celulares, podían reproducir los cambios que se presentaban en ellos. También sugirió que la vida empezaba con la aparición de moléculas autorreproducidas o «genes puros», que se imaginó similares a los virus.

Muller, socialista, se trasladó a la Unión Soviética en 1933 con la esperanza de continuar allí sus investigaciones. Pero la genética soviética estaba dominada por el agrónomo Trofim Denisovich Lysenko, de gran poder político, que rechazaba la genética de Mendel. Muller tuvo como obstáculo las convicciones de Lysenko, que hacían referencia a que los hijos heredan las características que sus padres han adquirido por enfermedades e influencias ambientales.

Ansioso por abandonar la Unión Soviética, se marchó como voluntario a la guerra civil española en 1937. Cada vez más convencido de que las mutaciones se acumulaban en los genes y que amenazaban a las generaciones futuras, cuando regresó a Estados Unidos, empezó a advertir sobre los peligros de la radiación y de los procesos industriales. Muller también apoyaba el potencial de la eugenesia, o «mejora genética», tergiversada luego por los nazis.

ALGO MAS…
El cuerpo atravesado por rayos

Todo ocurrió por casualidad y de esa coincidencia nacieron los raros X. El prusiano Wilhelm Conrad Rontgen (18454923), un brillante físico de la Universidad de Würzburg, estaba probando en su laboratorio la fluorescencia producida por los tubos de rayos catódicos, una invención reciente; luego de tapar uno de ellos con un cartón negro observó que en una pantalla cercana aparecía una fluorescencia que desaparecía cuando apagaba el tubo.

Rontgen hace una demostracion de los rayos X

Se dio cuenta así de que los ravos atravesaban la materia y repitió la prueba con otros materiales. Para probarlo con plomo utilizó un aro, que sostenía con la mano, y comprobó que este no era atravesado y que era posible ver los huesos de su extremidad. Entonces se le ocurrió que podría tomar una fotografía y grabó una placa con la mano de su mujer. Esto ocurrió en noviembre de 1895, y pocos días después informó sobre el descubrimiento de “una nueva clase de ravos”.

Los llamó rayos X por tratarse de toda una incógnita: no sabía cómo se producían, pero sí sus efectos. Aparecían cuando un haz de electrones muy energéticos se desaceleraba al chocar con una superficie metálica. Lo importante es que había encontrado una nueva manera de iluminar el interior del cuerpo humano.

Su hallazgo causó una gran impresión y, como lo había realizado en el marco de su trabajo como profesor universitario, los rayos X pudieron utilizarse de modo ilimitado, sin ser objeto de patentes. Pronto cambiaron el desarrollo del diagnóstico médico, facilitándolo hasta, extremos antes impensables. Rontgen obtuvo por ello el Premio Nobel de Física en 1901.

Cuando Roentgen recibió el Nobel de Física por sus trabajos con los rayos que dio en llamar «X» (Roentgen no llegó a descubrir el origen de esta nueva fuente energética), nadie podría imaginar la extraordinaria expansión que años después lendrían los rayos X en la sociedad a través de la medicina diagnóstica.

En los años setenta, y aun a sabiendas del perjuicio que la radiactividad suponía para la salud humana, se radiografiaba rutinariamente de manera anual a escolares, soldados y personal al servicio de grandes empresas, con la falsa idea de que una radiografía aseguraba el conocimiento exacto de la salud del individuo.

Todavía hoy en día los medios diagnósticos por rayos X son, con mucho y fundamentalmente debido a su bajo coste, los más utilizados en medicina: odontología, medicina interna, osteopatía, neurología, etc., basan sus estudios en las placas radiográficas.

Pero ¿son los rayos X realmente seguros?. La primera premisa que deberemos tener en cuenta es que la radiación emitida por los rayos X es similar a la producida por la energía nuclear. Conocidas como radiaciones ionizantes, todas estas emisiones se caracterizan por afectar a las células vivas de los organismos dañando su material genético.

Como hemos visto al hablar de los perjuicios de la exposición a la radiactividad procedente de la energía nuclear, al sufrir una dosis (¡o varias!) de los rayos X, las estructuras celulares de los tejidos expuestos corren el riesgo de presentar los denominados «cromosomas discéntricos», es decir, trozos de ADN cuya estructura no se corresponde a la normal. Éste es el inicio de cualquier proceso tumoral.

¿Dosis «segura»?
Cualquier exposición a los rayos X puede ser causa de un shock celular capaz de provocar una mutación en el ADN. No es posi ble establecer un máximo o un mínimo en rems o sieverts que nos garantice una inocuidad. Sin embargo, cuanta mayor sea la ra diación recibida, más probabilidades existen de daños para la salud.

Hemos comentado la cifra de 5 rem como un tope establecido por las autoridades para los trabajadores o particulares que de ban estar en contacto más o menos estrecho con la radiactividad Este máximo supera con mucho lo deseable y comienzan a bara jarse entre los especialistas sanitarios cantidades de «según dad» bastante más pequeñas, como las que a continuación me parece interesante detallarles:

tabla dosis rayos x


Estas cifras, no obstante, no tienen en cuenta la especial sensibilidad que algunos grupos de población presentan frente a la exposición radiactiva, como los ancianos o los mismos niños.

El diagnóstico por rayos X supone en demasiados casos superar el máximo permitido. Veamos por ejemplo cómo, para una persona de tamaño y peso medios, una placa radiográfica de los órganos internos (riñones, estómago, corazón, etc.) implica una dosis de entre 0,13 y 1,3 rems; del cerebro o cráneo, 0,4 rems; dental, 0,25 rems; de la columna vertebral, 1 rem, y una mamografía, 4 rems. Si a esto sumamos el hecho de que, frecuentemente, en cada exploración somos sometidos a más de una radiografía (recuerdo con muy poco sosiego cuando, siendo poco más que una adolescente, me realizaron en una consulta privada ¡once placas del sistema gastrointestinal!), veremos que nada más fácil que superar la cifra tope.

Un riesgo adicional al que nos exponemos casi la mitad de la población de nuestro país de manera anual son las radiografías dentales, utilizadas a discreción a fin de localizar caries o en simples revisiones. Aunque su intensidad no suele superar los 0,2 rems por placa, la incidencia del rayo sobre la glándula tiroides supone un grave peligro de daño en ella.

Si usted padece con frecuencia caries y debe visitar a su dentista todos los años, sepa que la nueva legislación contempla la conveniencia de que el paciente esté protegido con un collarín de plomo durante la exposición.

Además de todo esto, deberemos tener en cuenta que la gran mayoría de los centros de radiodiagnóstico no cumplen la normativa vigente: muchos han sido instalados en los años setenta,cuando aún no se era totalmente consciente de las graves consecuencias para la salud de la exposición a la radiación y la legislación era muy deficiente, y otros (casi todos) datan de antes de 1994, fecha de la entrada real en vigor de las nuevas leyes sobre el control de las instalaciones radiológicas.

Aunque puede parecer en principio poco relevante, la diferencia entre realizarse una radiografía en un centro moderno y hacerlo en uno donde los aparatos han sido instalados hace veinte años puede contarse no ya en milirrems o en milisieverts, sino en completos rems.

Medidas de autodefensa
Puede que a estas alturas usted se halle absolutamente abatido e incluso desesperado. Realmente la situación mundial, de la que nuestro país no se escapa, es preocupante. Sin embargo, aún podemos hacer algo para protegernos de la contaminación radiactiva que sufrimos y minimizar los daños que ésta puede causar en nuestra salud. Algunas sustancias, así como algunas actitudes, son capaces de ampararnos y reducir los estragos de este insidioso tipo de polución.

Vamos a ver, sin más dilación, algunas de las medidas más importantes a tomar para combatir ios efectos perniciosos de la contaminación radiactiva.

Evitemos los factores de riesgo

Consejos para reducir la absorción radiactiva

1. Limite su consumo de alimentos importados de países con un alto nivel de contaminación nuclear. Estos son fundamentalmente los nórdicos y los ex pertenecientes a la antigua Unión Soviética. Entre los productos más exportados figuran los lácteos y sus derivados.

2. Beba agua mineral de baja mineraiización (de venta en cualquier supermercado). El agua que brota de su grifo contiene sustancias nocivas y nadie le asegura que esté exenta de radiactividad residual.

3. Ventile el recinto donde trabaja o pase su tiempo. A partir de las siete horas cerrada, una habitación comienza a acumular importantes cantidades de radón, gas radiactivo que usted inhalará de no tomar la precaución de abrir las ventanas unos minutos cada, al menos, cuatro o cinco horas.

4. Ventile su cuarto de baño antes de ducharse. El agua de la ducha, por su temperatura y el sistema de chorro, desprende radón que es respirado con extrema facilidad. Minimizaremos los riesgos si mantenemos aireado el baño y no dirigimos el chorro directamente al rostro.

5. Tome precauciones sobre los pararrayos radiactivos. Consulte con su comunidad de vecinos e intente que en su tejado no sea instalado uno de estos pararrayos.

6. Extreme los cuidados con las exposiciones al sol. Los rayos ultravioleta son una importante fuente de radiaciones nocivas (véase el capítulo «El sol, ¿amigo o enemigo?»).

7. Procure que su vivienda no se encuentre cercana a una central nuclear. En ocasiones es preferible un pequeño «trastorno» porcambio de domicilio que no la continua exposición a dosis pequeñas pero muy peligrosas de radiactividad.

Fuente: Como Sobrevivir Al Siglo XXI – Ana P. Fernandez Magdalena – Editorial Robin Book

Ver:  Usos de los Rayos Infrarrojos

Ver: Descubrimiento de los Rayos X

Ver:Efectos de los Rayos Ultravioleta

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