Guerras Cartago Roma Por El Dominio Mediterraneo



Cártago y Roma Las Guerras Dominio Del Mar Mediterráneo

roma antigua

LECCIÓN VII.
GUERRAS PÚNICAS (264-134).

  1.   Origen de Cartago su ventajosa posición en el Mediterráneo. Los fenicios habían extendido sus colonias por todo el Mediterráneo, y principalmente por la costa africana, donde entré otras muchas, eran importantes y antiquísimas Hipona y Utica.
  2. A mediado del siglo IX (-860) durante las luchas civiles en Tiro, Elisa ó Dido, huyendo de la tiranía de su hermano Pigmalion, y acompañada de una parte de la nobleza opuesta, abordó a la costa de África, frente a Sicilia, y al S. de Utica, en él país de los Maxitanos, a quienes, según la tradición, hubo de comprar un pequeño territorio para establecerse, dando así origen a Cartago.

La situación de Cártago es una de las más ventajosas del Mediterráneo. Esta ciudad fue fundada en el fondo de un golfo que terminaba por oriente en el promontorio de Mercurio (C. Bon), y por occidente en el de Apolo, y dentro del cual se encontraba la ciudad de Utica, y la moderna de Túnez.

Esta posición colocaba a Cartago en el centro del Mediterráneo, a igual distancia de la Fenicia y del Estrecho, frente a Italia y casi tocando con Sicilia, ofreciéndosele así un vasto espacio donde ejercer su actividad.

  1. Carácter de Cartago. — Fundada por Tiro, Cartago reprodujo bien pronto el espíritu de su metrópoli, dedicando toda su actividad a la industria, al comercio y a la navegación; pero como su posición era mas ventajosa, su comercio muy luego se hizo floreciente, dominando sin rival posible en la cuenca occidental del Mediterráneo; y extendiendo su colonización desde la Gran Sirte hasta las Columnas, países todos ellos fértiles y abundantes, que tenían una agricultura adelantada, ofreciendo inmensas cantidades de productos, que el comercio cartaginés se cuidaba de extender en todos los mercados.

Era, pues, Cartago un pueblo esencialmente comerciante, adquiriendo por este medio un poder muy superior al de Fenicia; pues tenía en sus manos casi todas las relaciones de los pueblos occidentales, habiendo alejado de estos mares lo mismo a los fenicios que a los griegos, después de largas luchas con estos últimos.

La ocupación constante del comercio desarrolló en Cartago el carácter duro y egoísta, el afán del oro y las riquezas, y la política tiránica y ambiciosa con los pueblos que le estaban sometidos.

  1. Gobierno de Cartago. En mas de cinco siglos la constitución cartaginesa no experimentó modificación alguna y efecto de la acertada distribución de los poderes, entre los sufetes, el senado y el pueblo, se vio libre aquella república de los excesos de la anarquía y del despotismo. Los Sufetas tenían dos magistrados, semejantes a los cónsules romanos y a los reyes de Esparta, que tenían a su cargo la administración general de la república, y la presidencia del senado, pero sin intervención en los asuntos militares. Esta magistratura fue primero vitalicia y últimamente se hizo anual.

El Senado tenía casi las mismas atribuciones que en Roma, pero sus decretos no alcanzaban fuerza de ley, sino cuando eran aprobados por los sufetas y por el pueblo a este cuerpo estaba encomendada la suprema administración de justicia, y el conocimiento de los asuntos graves de la república.

El pueblo intervenía en la elección de los magistrados y en cierto modo ejercía una autoridad superior al senado y a los sufetes, cuyos acuerdos podían anular: además le correspondía la declaración de guerra y los tratados de paz.

En cuanto a la religión los cartagineses heredaron de los fenicios las supersticiones orientales, y los sacrificios humanos en honor de sus divinidades; el diezmo del botín cogido a los enemigos se consagraba a Melcart, el dios de Tiro.

  1. Extensión de los dominios de Cartago. La política cartaginesa muy semejante a la romana, y los intereses de su comercio, habían hecho de Cartago una potencia formidable, superior a cuantas existían en las costas del Mediterráneo en vísperas de las guerras púnicas y aun mas allá del estrecho de las Columnas, Himilcon extendió sus relaciones comerciales hasta Inglaterra, y Hannon exploró las costas del África hasta  la Guinea.

En el Mediterráneo, además de las costas africanas, consiguieron fácilmente apoderarse de las islas de Córcega, Cerdeña y de las Baleares. Pero encontraron gran resistencia para extender su dominación por la isla de Sicilia, que era para ellos la mas importante, tanto por su proximidad a Cartago, como por la fertilidad y riqueza de su suelo.



Los griegos habían establecido en Sicilia un número considerable de colonias, entre las que alcanzaron mayor esplendor Gela y Agrigento en la costa S.O, y mas todavía Siracusa en la oriental, que había extendido su dominación por gran parte de la isla.

Los cartagineses, en su ambición de dominar a Sicilia, sostuvieron una lucha por mas de doscientos años con estas colonias, en cuyo tiempo sufrieron grandes derrotas, perdiendo la batalla de Himera contra Gelon, tirano de Gela, llegando Agatocles, tirano de Siracusa a  sitiar la misma ciudad de Cartago en África Sin embargo, los cartagineses  consiguieron apoderarse de la mayor parte de Sicilia, excepto la costa oriental sometida a Siracusa.

  1. Roma y Cartago al comenzar las guerras púnicas. Después de la sumisión de los samnitas, y de la derrota de Pirro y la toma de Tarento, Roma se encontró dominando en casi toda la península italiana, desde el Rubicon hasta el estrecho de Sicilia. Cartago por otra parte, dueña de toda la costa de África y de las principales islas del Mediterráneo, extiende su poder a Sicilia llegando hasta el mismo estrecho; de manera que los dominios de las dos repúblicas quedaron separados por unas cuantas millas de mar.

Las primeras relaciones de Roma y Cartago eran muy antiguas. En tiempo de los primeros cónsules se concerté un tratado de comercio entre ellas: dos siglos después se amplió el mismo tratado, comprendiendo en él a Tiro y Utica; ratificándose por último la amistad de ambas repúblicas, con ocasión del sido de Tarento por los romanos.

Las dos naciones que iban a medir sus fuerzas en las guerras púnicas eran igualmente poderosas, aunque a decir verdad, eran más valiosos los elementos de que Cartago disponía. Roma, victoriosa de los pueblos de Italia por el valor de sus legiones, desconocían por completo la importancia de la marina, que no había necesitado hasta ahora; y Cartago por su posición y por su comercio, era una nación marítima, que disponía de grandes escuadras, pero que miraba como cosa secundaria sus ejércitos de tierra, compuestos casi en totalidad de mercenarios.

Paro Roma y Cartago, de historia y carácter tan diferentes, tenían sin embargo una organización política muy semejante, y estaban dotadas de igual ambición, y de la misma constancia de sus propósitos; y si la paz entre ellas se había conservado mientras estuvieron lejos, la guerra era inevitable desde el momento en que sus intereses se encontraron en el estrecho de Sicilia.

  1. Causas de las guerras púnicas. Todos los pueblos antiguos que llegaron a extender considerablemente sus dominios, tuvieron la aspiración de fundar un imperio universal, creyéndose por esta causa autorizados para atropellar el derecho y la independencia de las naciones que encuentran en su camino. Roma y Cartago estaban en este caso. Una y otra habían alcanzado gran poder, y podían creerse, y quizá se creyeron llamadas a dominar en todo el Mediterráneo; pero aspirando ambas a un mismo objeto, cada una representaba un obstáculo para la otra, y la lucha se hacia necesaria, tan luego, como sus intereses se encontraran. De manera que la causa fundamental de las guerras púnicas se encuentra en la ambición de las dos repúblicas, y en la aspiración de una y otra a constituir la monarquía universal.

Después de esta causa general, sólo faltaba un pretexto, una ocasión propicia para que la guerra estallase entre Roma y Cartago; esta ocasión no se hizo esperar.

La mayor parte de Sicilia pertenecía a los cartagineses, y el resto se hallaba en poder de Hieron, tirano de Siracusa, que extendía sus dominios por la costa oriental.

En las guerras de los cartagineses con los siracusanos, éstos, en vida de Agatocles, se habían valido de soldados mercenarios, procedentes la mayor parte de Campania en Italia. Al subir al tiene Hieron, los despidió abonándoles los atrasos; y volviéndose a Italia, en el camino se apoderaron de la importante plaza de Mesina, desde donde molestaban con sus correrías y sus devastaciones a los cartagineses y siracusanos. Atacados por Hieron los mercenarios, nombrados Mamertinos, en su ciudad de Mesina, llamaron en su ayuda a los romanos.

El senado que, poco antes había castigado severamente a los campanios que se hablan apoderado de Regium, dudó en acudir al llamamiento de los mamertinos, tan criminales como ellos, y mas aun por la alianza que Roma tenia con Hieron y con los cartagineses; pero sometida la cuestión al pueblo, éste acordó favorecerlos, bajo el pretexto de que eran italianos, y por consiguiente súbditos romanos.

En su consecuencia, se mandó un ejército a las ordenes del cónsul Apio Claudio, que pasando el estrecho, se apoderó de Mesina y derrotó a las cartagineses y siracusanos; dando así lugar a la primera guerra púnica.



De manera que la causa ocasional de las guerras púnicas, y en particular de la primera, fue el  auxilio prestado por los romanos a los mamertinos contra los cartagineses.

  1. Principio de la guerra: Batalla de Milas. Derrotados siracusanos y cartagineses por los romanos, éstos se apoderaron de muchas plazas de Sicilia, uniéndoseles además el rey de Siracusa, que abandonó a sus anteriores aliados.

Entre tanto los cartagineses devastaron las costas de de Italia, sin que los romanos, inexpertos en el arte de la navegación, pudieran evitarlo. Comprendiendo el senado la necesidad de una escuadra para vencer a los cartagineses, mandó construir cien naves, tomando como modelo  una galera enemiga arrojada por las olas a las costas de Italia; armadas de puentes volantes y garfios de hierro, que arrojados sobre las naves cartaginesas, pudieran estorbar sus maniobras, y amarrándolas de esta manera a las naves romanas, convertían en cierto modo una batalla naval en combate sobre tierra firme.

Dispuesta la escuadra, se encargó el mando al cónsul Duilio, que encontró a los enemigos en las aguas de Mila, causándoles una completa derrota. Para eternizar la memoria de su primera victoria naval, los romanos levantaron en el Foro una columna rostral en honor de Duilio.

  1. Continuación de la guerra. Régulo  en África. A consecuencia de la batalla de Milas, la mayor parte de Sicilia cayó en poder de los romanos. El senado mandó construir nuevamente gran número de naves, que con un poderoso ejército, puso a las órdenes del Cónsul Atilio Régulo.

Esta escuadra alcanzó y derrotó a la cartaginesa mandada por Hannon y Amílcar, cerca de Ecnomo; y en su persecución llegó a la costa de África, desembarcando en Clipea al E. de Cartago; y apoderándose de Túnez y otros pueblos inmediatos, obligó a los cartagineses a pedir la paz, que no pudieron admitir por las intolerables condiciones que Régulo imponía.

En este trance los cartagineses levantan un nuevo ejército de mercenarios, que al mando del espartano Jantipo, presenta batalla a los romanos en las inmediaciones de Túnez, consiguiendo derrotarlos, haciendo prisionero a Régulo, y huyendo a Clipea los pocos que sobrevivieron en aquel desastre.

Reanimados por este triunfo, los cartagineses vuelven a Sicilia, apoderándose de Agrigento y sitiando a Palermo, donde fueron derrotados por los romanos mandados por Metelo, viéndose sitiados por éste poco después en Lilibea (Marsala).

En esta situación, los cartagineses pidieron la paz a Roma enviando al mismo Régulo para concertarla.

Este ilustre romano, comprendiendo el fin que le aguardaba, tuvo sin embargo el valor de aconsejar al senado de su patria que no la aceptara, y fiel a su palabra, volvió a Cartago, constituyéndose nuevamente en prisionero de los cartagineses, que le hicieron morir en medio de los mas horribles tormentos.

La guerra entre tanto continuó en Sicilia, defendiendo a Lilibea Amílcar  Barca, el mejor de los generales cartagineses, que derrotó en varios encuentros a los romanos, a la vez que una poderosa escuadra, mandada por Claudio Pulcher, era destruida por Aderbal, otro general cartaginés.

Estos desastres desalentaron de tal manera a los romanos, que por algunos años desistieron de la guerra, dejando a los cartagineses el dominio de los mares de Sicilia.



  1. Batalla de las islas Egates: conclusión de la guerra. En este tiempo los romanos equiparon una

nueva y mas poderosa escuadra, que al mando del cónsul Lulacio Catulo, alcanzó a la cartaginesa junto a las islas Egates de Sicilia, derrotándola por completo.

Aquella batalla, aunque menos importante que otras anteriores, puso fin a la guerra, porque Roma, y más todavía Cartago, habían gastado sus fuerzas y sus recursos, y esta última prefirió las duras condiciones de la paz, a la ruina de su comercio y a la conclusión de sus especulaciones.

Amílcar que no había sido vencido, tuvo que firmar la paz a nombre de Cartago, cediendo ésta a los romanos la isla de Sicilia, pagándoles una indemnización de 3.200 talentos (70 millones de reales), y obligándose a no hacer guerra a los aliados de Roma. La isla de Sicilia fue declarada provincia romana; excepto el pequeño reino de Hieron de Siracusa.

Así concluyó la primera guerra púnica que había durado 24 años (264-241).

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  1. Guerra de los mercenarios en Cartago. En el mismo año en que se terminó la primera guerra púnica, se vio Cartago amenazada de un desastre todavía mayor a causa de la sublevación de los mercenarios.

Durante las guerras en Sicilia, Amílcar había conseguido pagar puntualmente a sus soldados mercenarios: después de hecha la paz, agotados los recursos, y no  facilitándoselos al senado, se fueron retrasando las pagas, regresando los mercenarios a Cartago, donde se les había prometido abonarles sus atrasos.

Con el pretexto de pagar a las soldados se impusieron fuertes contribuciones a los pueblos, a pesar de lo cual los mercenarios no recibieron paga alguna; y cansados de esperaren vano, y apoyados por los pueblos comarcanos, se sublevan y en número de 70.000 hombres, derrotan a los generales cartagineses, cometiendo toda clase de crueldades y tropelías. Después de tres años de guerra encarnizada, Amílcar Barca, consiguió introducir la división entre los mercenarios, derrotando los después, y perdiendo la vida mas de 40.000. Fueron tantas las crueldades de esta guerra que ya en la antigüedad se le llamó inexpiable.

  1. Conquistas de los romanos hasta la segunda guerra púnica. Mientras los cartagineses se encontraban preocupados con la guerra de los mercenarios, Roma, violando el tratado de paz con Cartago, se apoderó de las islas de Córcega y Cerdeña, declarándolas provincias romanas.

Por este tiempo el senado se propuso castigar a los ilirios que dedicados a la piratería, asolaban las costas italianas del Adriático.

A este fin mandó un ejército a  Iliria, que venció a la reina Teuta obligándola a ceder una parte de su territorio a los romanos; éstos se apoderaron a la vez de Córcira, Apolonia y Epidauro, dándose a conocer por primera vez en Grecia, que recibió con grandes honores a los embajadores romanos.

Poco después comenzó la guerra con los galos de Cisalpina. Estos en número de 70.000 se dirigieron contra Roma, llegando hasta Clusium en Etruria, donde fueron derrotados por el cónsul Marcelo, perdiendo 40.000 hombres en la batalla después de lo cual se apoderan los romanos de Galia Cisalpina, venciendo a los Iusubrios que trataron de estorbar el Paso a las legiones, y se apoderaron de la península de Istria, quedando de esta manera dueña Roma de toda  Italia y de las principales islas del Mediterráneo, Sicilia, Córcega y Cerdeña, y de casi todo el litoral del  Adriático.

  1. Análisis sobre la primera guerra púnica. En primer lugar, puede notarse la ambición y mala fe con que procede Roma, castigando severamente a sus súbditos los campanios que se habían apoderado de Regium, y amparando a los mamertinos que habían cometido igual crimen en Mesina: así corno su afán de revestir sus actos, hasta los mas criminales, con un aparato de legalidad y de justicia, procurando legitimar la protección a los mamertinos, por el hecho de ser italianos y por tanto súbditos de Roma ,como si no lo hubieran sido igualmente los campanios, a quienes habían castigado.

Otra prueba de la mala fe romana la tenemos en el hecho de apoderarse sin escrúpulos, de Córcega y principalmente de Cerdeña, aprovechándose de la insurrección de las guarniciones cartaginesas, mientras su rival se encontraba ocupada en la guerra de los mercenarios.

En esta guerra,  cartagineses y romanos fueron igualmente crueles, sacrificando Roma poblaciones enteras sin ningún respeto humano, y haciendo lo mismo Cartago, manchándose ésta además con el horroroso suplicio de Régulo.

Por último, la mala fe que tanto achacaron los romanos a los cartagineses, y que llegó a hacerse célebre con el nombre de fe púnica, debe imputarse igualmente a la política de Roma.

RESUMEN DE LA LECCIÓN VII.

  1. Según la tradición, Cartago fue fundada por Dido, que huyendo de Tiro por la tiranía de su hermano Pigmalion, vino á establecerse al sur de Utica, y frente a Sicilia. La posición de Cartago en el centro del Mediterráneo y cerca de Italia, es una de las más ventajosas para extender su dominación por el mundo entonces conocido.
  2. Cartago reprodujo el carácter mercantil de Tiro, su metrópoli, extendiendo su comercio y sus colonias por el Mediterráneo occidental este carácter desarrolló en ella la ambición, el egoísmo, la dureza y la tiranía con los pueblos sometidos.
  3. El gobierno de Cartago estaba encomendado a los Sufetas, que cuidaban de la administración general de la república al Senado, que entendía en la administración de justicia y en los asuntos graves del Estado; y al pueblo, que intervenía en la elección de los magistrados, en la elección de declaración de guerra, etc. En cuanto a religión, los cartagineses heredaron de Tiro las supersticiones orientales, y los sacrificios humanos en honor de sus dioses.
  4. En vísperas de las guerras púnicas, Cartago extendía su poder por los pueblos de la costa de África desde las Sirtes hasta el estrecho,  perteneciéndoles además las Baleares, Córcega, Cerdeña, y llegando a dominar en la mayor parte de Sicilia, después de dos siglos de guerras con las colonias griegas allí establecidas, especialmente contra Siracusa.
  5. Dueña Roma de Italia, y Cartago de Sicilia, sus dominios solaban separarlos únicamente por el estrecho de Mesina. Estas dos repúblicas tenían tratados de alianza .Desde muy antiguo Cartago era, una nación marítima que disponía de grandes escuadras, pero sus ejércitos se componían de mercenarios; Roma por el contrario tenia ejércitos aguerridos, pero desconocía la marina. Ambas repúblicas eran igualmente ambiciosas y constantes en sus propósitos.
  6. La causa fundamental de las guerras púnicas se encuentra en la ambición de Cartago y Roma,   y en su aspiración a constituir la monarquía universal: el motivo que hico estallar fue la protección que dieron los romanas a los mamertinos, soldados mercenarios de Siracusa, que se habían apoderado  por sorpresa de la plaza de Mesina, desde la cuál molestaban a  siracusanos y cartagineses.
  7. Los romanos derrotaron a los cartagineses en Sicilia, y éstos devastaron con su armada las costas de Italia; pero construida una escuadra por los romanos, tomando por modelo una galera arrojada por las olas a las costas de Italia, y tomando el mando al cónsul Duilio, éste derrotó la armada cartaginesa junto al promontorio de Mila, en Sicilia.
  8. Otra escuadra mayor mandada por Régulo derrotó a la cartaginesa en Ecnomo, pero el ejército romano fue desbaratado junto a Túnez, y Régulo hecho prisionero. Derrotados poco después los cartagineses por Metelo en Sicilia, pidieron la paz a Roma por conducto de Régulo, que aconsejó al senado que no la aceptara, restituyéndose a Cartago, donde  perdió la vida .La guerra en tanto continuó en Sicilia con varia fortuna.
  9. Al frente de una nueva y más poderosa escuadre el cónsul Lutacio Catulo derrotó a los cartagineses en las islas Egates; después de lo cual se concertó la paz, cediendo Cartago a los romanos la isla de Sicilia que fue declarada provincia romana, y una fuerte indemnización.
  10. Los mercenarios en demanda de sus atrasos, y los pueblos enojados por las contribuciones, se sublevaron en número de 70.000 y derrotaron a los  generales cartagineses, hasta que después de tres años de lucha fueron sometidos y casi exterminados por  Amílcar. Por las muchas crueldades que entonces se cometieron, se llamó esta guerra inexpiable.
  11. Durante estas guerras Roma se apoderó de Córcega y Cerdeña; extendió su dominación por Iliria, desposo de vencer a la reina Teuta y derrotados los galos en la batalla de Clusium por Marcelo, Galia Cisalpina e Istría quedaron incorporarlas a los dominios de la República.
  12. En la primera guerra púnica puede notarse la mala fe de los romanos, protegiendo a los mamertinos y castigando a los campanios, culpables del mismo crimen; así como su afán de revestir sus actos con apariencias de legalidad y de justicia. Lo mismo se observa en el hecho de apoderares de Córcega y Cerdeña estando en paz con Cartago. En esta guerra cartagineses y romanos fueron igualmente crueles.

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