El Nacionalismo Italiano Objetivos



El Nacionalismo Italiano

Los territorios que más adelante configuraron Italia y Alemania constituían un ejemplo de lo que llamamos naciones multiestatales. Es decir, un territorio poblado por un conjunto de individuos que comparten el sentimiento de pertenecer a una misma unidad cultural y lingüística y con un pasado, unas tradiciones y unas costumbres que los particularizan, pero cuyo territorio se halla fragmentado en diferentes Estados.

En 1815 Italia quedó dividida en ocho Estados diferentes. El norte comprendía el reino Lombardo-Véneto, anexionado al Imperio Austríaco, y el de Piamonte-Cerdeña. El segundo, que fue ocupado por los franceses durante la revolución, contaba con una importante industria, una burguesía abierta a las ideas liberales y una monarquía, la Casa de Saboya, que había iniciado el desmantelamiento del absolutismo.

En el centro se hallaban cuatro pequeños ducados independientes (Parma, Módena, Lúea y Toscana), que eran satélites de la política austríaca. También se encontraban los Estados Pontificios, gobernados por el Papa y opuestos a la difusión de los principios liberales. El sur se hallaba ocupado por el Reino de Nápoles, en manos de los Borbones, que mantenían en pie una monarquía absoluta.

En la segunda mitad del siglo XIX. Entre las principales regiones de Italia en esta época, se destacaban: el reino de Piamonte y Cerdeña, en el norte; las tierras del Papado, en el centro, y los dominios borbones, de origen español, en Nápoles y Sicilia, además de múltiples territorios pertenecientes a la aristocracia terrateniente, en el sur de la península. Una parte importante de los territorios del noreste (Venecia, Trento, por ejemplo) se encontraban bajo el dominio de los austríacos.

El Reino de Piamonte y Cerdeña se convirtió en el principal impulsor de la creación de un Estado nacional unificado. La burguesía piamontesa, representada por industriales, políticos e intelectuales, fue la principal gestora de los movimientos nacionalistas que surgieron en este período.

En esta región se concentraba la mayor parte del potencial económico de la península y era la única zona industrialmente integrada al resto de Europa. Políticamente era gobernada por el rey Víctor Manuel y su ministro liberal, Camilo Cavour.

Este proceso tuvo la oposición de las fuerzas conserva doras principalmente, la aristocracia terrateniente del sur y el Papado, en el centro de Italia. El Papado fue uno de los sectores que mayor resistencia impusieron a los intentos de unidad, ya que temía la pérdida de sus territorios y aumento de la influencia del liberalismo en la región.

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