Acta de Fundación

Traslado de Santa Fe de la Vera Cruz Mudanza de la ciudad Santa Fe

Traslado de Santa Fe de la Vera Cruz
Mudanza de la ciudad Santa Fe

Traslado de la ciudad de Santa Fe: La ciudad debía ser trasladada; casi desde el momento de la fundación, dicha posibilidad estaba presente, y con el andar del tiempo se fueron sumando factores.

De los miles de aborígenes repartidos Garay, sólo unos pocos quedaban, habían muerto por los malos tratos y las peste, o huían hacia el monte a unirse sus hermanos. Los ataques de los nativos eran permanentes, y la geografía de la zona, con esteros, bañados, bajíos, montes de espinillos y pajonales, hacía imposible su avistaje con tiempo, o su persecución.

La ciudad tenía tres lados a defender, y solamente el este, bañado por el río San Javier, entonces llamado de losquiloazas, era de fácil cuidado.
Pero creemos que la razón fundamental debió ser la falta de cumplimiento del objetivo de la fundación, el abrir puertas a la tierra, ya que la comunicación con el interior del país, era interrumpida durante la mayor parte del año por las crecidas de los Saladillos, difíciles de vadear en épocas de bajante e imposibles, en las de crecidas.

En esos tiempos el comercio y contacto con el Tucumán, Cuyo y aún con Buenos Aires por vía terrestre, se veían interrumpidos totalmente, quedando sólo la vía fluvial para comunicarse con las demás ciudades ribereñas.

Son innumerables las actas del cabildo y sesiones capitulares que expresan la necesidad del traslado, sobre todo en los años 1649, 1650 y 1651, hasta que, elegido el nuevo sitio, conseguidas las autorizaciones pertinentes, llegados los guaraníes de las misiones jesuíticas para ayudar en las tareas, se emprende el lento traslado que durará diez años, hasta completarse totalmente en 1660, año en que las autoridades comienzan a funcionar en el nuevo sitio, si bien todavía algunos vecinos demoran algo en trasladarse.

De estos años es que nace la denominación de Santa Fe de la Vera Cruz para la nueva ciudad, llamándose al antiguo asiento Santa Fe La Vieja. Es de hacer notar que al efectuarse la traza de la nueva ciudad, ésta se mantuvo tal como lo habla hecho Garay, casi cien años antes en el sitio original, lo que, pese a haberse extraviado el plano de Garay, posibilitó que se pudieran identificar con más facilidad los restos, cuando la ciudad vieja comenzó a ser relevada por el Dr. Agustín Zapata Gollán.(imagen)

Fuente Consultada: Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe Tomo I

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Hernandarias Saavedra Gobernador de Santa Fe Primer Criollo Gobernador

Hernandarias Saavedra Gobernador de Santa Fe
Primer Criollo Gobernador

El gobierno de Hernandarias, Asunción y Buenos Aires: Hernando Arias de Saavedra -Hernandarias- hijo de Martín Suárez de Toledo, que fuera jefe de Garay, y casado con doña Jerónima de Contreras, la hija de éste, fue un personaje casi mítico y legendario de estas tierras.

Nacido en Asunción, casado en Santa Fe en 1582, primer gobernador criollo del Río de la Plata, cargo que ocupó por cuatro veces, dos de ellas elegido por el pueblo de Asunción, en 1592 y 1597, nombrado la tercera por el rey en 1601, fue un trabajador incansable.

Luchó permanentemente contra los ataques de los indios que asolaban Asunción, Concepción del Bermejo, Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires, realizó incursiones de castigo y logró, a veces, la retirada de los salvajes por el solo prestigio de su nombre. Luchó también contra los piratas ingleses, impidiendo en una ocasión la invasión de Buenos Aires por 400 soldados de ese origen.

También se enfrentó contra los portugueses, tanto en el Guayrá como en el Río da la Plata y la Banda Oriental. Precursor en temas de legislación laboral, sobre todo en lo que hace al trato que debía brindarse a los indios encomendados, dio ordenanzas de avanzada en este aspecto; su reiteración indica que las órdenes al respecto no eran cumplidas por los encomenderos.

Fue también el precursor de las misiones, logrando la instalación de la primera de ellas, por parte del sacerdote Bolaños, durante su tercera gobernación. En 1614 fue nombrado gobernador por el rey, por cuarta vez, encargándose en esta ocasión de luchar contra el contrabando, que era ya muy importante.

Estaban en Buenos Aires casi todos implicados, por lo que le llevó muchos esfuerzos. Pero no sólo luchas encaró, sino que realizó una importante obra de gobierno: instaló familias pobres con mercedes de tierras, en carácter de colonos, reunió las vacadas cimarronas para su mejor aprovechamiento, creó en Santa Fe un internado para doncellas y fundó dos reducciones en nuestro territorio provincial: las de San Lorenzo de Los Mocoretáes y San Miguel de los Calchines (actualmente Los Cerrillos y Santa Rosa de Calchines, ambas en el departamento Garay), si bien la duración de las mismas fue poca debido a la tremenda mortandad producida por la viruela. lmpulsó la enseñanza, difundió la agricultura y otras obras de diversa índole, no sólo en la Santa Fe de sus amores, sino en todas las ciudades de su gobernación.

Durante su cuarto período de gobierno, solicitó a la corona la división de la jurisdicción en dos gobernaciones: la del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires, y la del Paraguay, con capital en Asunción.
Transcribiremos un párrafo de la real cédula del 16 de diciembre de 1617, que aclara perfectamente la intención de esta modificación: “…habiendo entendido que algunas ciudades del Río de la Plata, se hallaban en gran peligro de ser destruidas de los indios guaycurús y payaguás. naciones que están rebeldes y aunadas y que hacen grandes daños, y que para remedio de esto convenía se dividiera aquel gobierno, que tiene más de quinientas leguas de distrito, y en él ciudades muy distantes, sin poder socorrerse las unas a las otras y entenderse que no se puede gobernar por sólo una persona de más que, siendo como eran cosa forzosa que el gobernador asista lo más del tiempo en el puerto de Buenos Aires, para su guarda y defensa, queda todo lo de arriba desamparado; y que respecto de lo sobredicho, es cosa conveniente y necesaria que la dicha provincia de Guayrá tenga gobierno de por sí, en la ciudad de Asunción…

LAS REDUCCIONES : Hemos visto en el texto algunas de las formas de poblamiento, como fueron las fundaciones de casas-fuertes, puertos y ciudades; debemos agregarles a éstos, los fuertes secundarios que se levantaban para proteger la entrada a centros urbanos mayores, como fue el caso del fuerte del Paso del Salado (actual Santo Tomé) respecto de Santa Fe, olas postas para el recambio de animales de tiro, en las rutas de las carretas, alrededor de las cuales se agrupaban algunos ranchos, para facilitar la mutua defensa que con el tiempo también dieron origen a ciudades o pueblos.

Un caso especial es el de la reducciones, que estaban al servicio de un nuevo concepto del trato hacia el aborigen, inspirado éste en las leyes nuevas de 1542, en las cuales se reconocía los abusos incalificables de los encomenderos, pretendía el desarrollo separado de las comunidades europeas y las aborígenes a cargo de religiosos.

De esta forma, con resultado muy desparejo, (respondía a intereses también muy disímiles, pues para este tema, como para cualquier otro, la teoría y la práctica marcharon las más de las veces separadas), se fundaron varias reducciones.

En nuestra zona nacieron por inspiración de Hernandarias las más conocidas a nivel mundial de todas las reducciones, las llamadas misiones jesuíticas del Paraguay, que ocupaban parte del territorio actual de dicho país, de Brasil, de la Argentina y de Uruguay, y que tuvieron algunos asentamientos en nuestro territorio provincial, dos de los cuales ya mencionamos, pero que posteriormente se multiplicaron.

Muchas de las reducciones dieron lugar a poblaciones actuales, como fueron los casos de los abipones de San Jerónimo del Rey (Reconquista) y de San Jerónimo del Sauce (que mantiene el nombre), la de Santa Rosa de Calchines, Inspin, San Pedro Chico, Cayastá y la más conocida de todas, gracias a las hermosas páginas que nos legara su fundador, el padre jesuita Florian Paucke, la de San Javier.

Revolucion de los Siete Jefes en Santa Fe Colonial Historia Fundacion

Revolución de los Siete Jefes en Santa Fe

La revolución de los siete jefes: En 1580, siete años después de la fundación, se produce un hecho de armas que es conocido como la revolución de los siete jefes, que posiblemente no haya sido revolución, ni los jefes hayan sido siete, pero que es el acontecimiento político más importante de la ciudad en sus primeros tiempos.

Se pueden considerar varias causas para el alzamiento, de diferente carácter:

Sociales: es ya indudable en el estado actual de las investigaciones, que los españoles peninsulares establecían diferencias respecto de los americanos, ya fueran éstos criollos o mestizos.

Económicas: en el reparto de solares, en la traza de la ciudad y de tierras para suertes de estancias, efectuado por Garay, los peninsulares se vieron favorecidos sobre los intereses de los criollos.

Políticos: los cargos más importantes del cabildo fueron ocupados por peninsulares. A esto debe sumarse que en Asunción existía una tradición democrática desde los tiempos de Irala, donde los más elegían a su jefe, y los más en Santa Fe eran los mancebos, que querían ser gobernados por uno de ellos, no por un peninsular que no conocía la tierra y su gente, y menos por un extranjero como Simón Jacques, que quedó en reemplazo de Garay cuando fue a fundar Buenos Aires.

Jurisdiccionales: Llamaremos así a los problemas planteados desde el inicio, como ya viéramos, por las autoridades del Tucumán respecto de nuestra zona. Desde allí se consideraba que el límite de la jurisdicción de la ciudad de Córdoba y de la gobernación del Tucumán, debía ser el río Paraná. Esto posibilitó el indudable apoyo de Gonzalo de Abreu, gobernador del Tucumán a los revoltosos.

Algunos historiadores han considerado otra causa, hoy prácticamente desechada por falta de apoyatura documental, la cual sería el intento de independencia del rey de España. Entendemos que de los puntos mencionados anteriormente surge una rivalidad local, pero consideramos dificultoso que los cabecillas del movimiento armado pretendieran desconocer la autoridad real, enfrentándose a las autoridades de Asunción, Tucumán, a Garay y a cualquier navío que pudiera llegar de la península.

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Esta llamada revolución, terminó trágicamente con la muerte de la mayoría de sus cabecillas; en realidad, debería hablarse de participantes, no de jefes o cabecillas, ya que no hay constancia de que otros los siguieran. En total podrían ser once personas.

La mayoría resultó muerta o ajusticiada, sus bienes confiscados y el orden reimplantado. Creemos que la importancia del hecho se ha agigantado; por un lado, por tratarse de un acontecimiento extraordinario en una ciudad apacible; por otro, por la salvaje represión (algunos fueron descuartizados y sus restos exhibidos en las entradas de la ciudad) y por último, por la romántica pretensión de los santafesinos de tener en su ciudad el primer antecedente de la independencia patria. Garay, informado sobre estos hechos en Buenos Aires, a la que acababa de fundar, regresa inmediatamente, pero ya todo está concluido; hace liberar a los que permanecen prisioneros y la situación pasa al olvido rápidamente.

Fundacion de Santa Fe Acta Fundacional y Eleccion del Sitio

Fundacion de Santa Fe Acta y Elección del Sitio de Fundación

Elección del sitio. Fundación: Jurisdicción: Existían ya normas dadas por la corona para las fundaciones. Estas debían hacerse previa elección de un sitio que fuera bueno, en que no hubiera tierras malsanas, que tuviera tierras y pobladores nativos para repartir; debía también seguirse un cierto ritual, con la plantación del rollo, la lectura del acta de fundación, la bendición del lugar, la traza del plano, reserva de terrenos para el cabildo y la lglesia. Se repartían los solares entre los vecinos, más allá del límite de la ciudad propiamente dicha, debían repartirse tierras de pan llevar, para chacras o huertas, y más lejos, las suertes de estancia, para las actividades productivas que dieran sustento a la dudad fundada.

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

En muchos casos estos pasos no se cumplieron; de allí la discusión sobre si se trataba de fundaciones de ciudades, o eran solamente puertos, casas, fuertes, o campamentos provisorios, como ocurrió en la Buenos Aires de Mendoza, o en Asunción. No fue así en el caso de Santa Fe, donde Garay, en cumplimiento de las instrucciones recibidas, procedió a la fundación con todos los elementos que la caracteriza. Un solo elemento no fue quizás tan bien considerado como se debía, y se pagó un alto precio por ello, pero la fuerza de las circunstancias así lo determinó.

Se trata de la elección del sitio, ya que habiendo Garay engañado a Cabrera sobre la fundación de la ciudad cuando aún no había sido hecha, debió fundarla al regresar del encuentro con éste, en el sitio que le había dicho, el que era bueno para un campamento, pero no había sido pensado para la ciudad. Así fue que en las inmediaciones de la actual localidad de Cayastá, el 15 de noviembre de 1573. Juan de Garay procedió a la fundación formal de la Ciudad de Santa Fe (así, sin aditamento alguno).

Garay advirtió esta cuestión, por eso en la misma acta de fundación, deja abierta la posibilidad del traslado futuro de la ciudad, si el cabildo, que en ese acto se establecía, así lo decidía. Santa Fe constituye la primera resultante de la conquista criolla en América y la primera urbanización en la zona del Río de la Plata, ya que las casas-fuertes, puertos y asentamientos anteriores no tuvieron dicho carácter.

Garay llevaba en un pergamino la traza, que luego aplicó a Buenos Aires, mandando a los vecinos a construir sus casas en los solares asignados, producto de su planificación personal, efectuada dentro de las normas imperantes y que para el mismo tiempo Felipe II incluyó en las ordenanzas al respecto.

Resumiremos entonces la razón principal de la fundación de la ciudad de Santa Fe en la frase que empleara el mismo Juan de Garay, Abrir puertas ala tierra”: posibilitar una salida al mar para el Tucumán, un puesto de reabastecimiento para Asunción, un enlace con la futura ciudad a fundarse en el viejo sitio de Mendoza, y también un dique a los intentos de las autoridades del Tucumán de extender su jurisdicción.

Aclaremos también lo de “conquista criolla’, haciendo mención a los llamados por entonces “mancebos de la tierra”: eran los nacidos en Asunción (ya sea españoles nacidos en América o criollos) como los hijos de los primeros conquistadores y de mujeres indias (mestizos).

Eran estos mancebos gente brava, difícil de gobernar, independiente, con amor a la libertad, hábil en esta tierra, orgullosa, considerándose superior a su padre, por ser nacido en la tierra, y superior a su madre, por tener los elementos de la cultura dominante, que ella y sus hermanos no tenían.
Lo que podemos llamar la razón geopolítica y la apoyatura humana, son los elementos que hicieron de esta fundación la exitosa empresa que aún perdura como una de las principales ciudades del país.

ACTA DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SANTA FE

«Yo, Juan de Garay, capitán y justicia Mayor en esta conquista y población del Paraná y Río de la Plata. Digo que en el nombre de la Santísima Trinidad y de la Virgen Santa María y de la universidad de todos los Santos y en nombre de la Real Majestad del Rey Don Felipe nuestro señor y del muy ilustre Señor Juan Ortiz de Zárate, Gobernador, Capitán General y Alguacil Mayor de todas las provincias del dicho río de la Plata, y por virtud de los poderes que para ello tengo de Martín Suárez de Toledo Teniente de Gobernador que al presente reside en la dudad de la Asunción. Digo que en el dicho nombre y forma que dicho tengo, fundo y asiento y nombro esta ciudad dé Santa Fe, en esta provincia de Calchines y mocoretáes, por parecerme que en ella hay las partes y cosas que conviene para la perpetuación de la dicha ciudad de agua y leñas y pastos, pesquerías y casas y tierras y estancias para los vecinos y moradores de ella y repartirles, como su Majestad lo manda y asiento la y pueblo la con aditamento que a todas las veces que pareciere o se hallare otro asiento inconveniente y provechoso para la perpetuidad, lo pueda hacer de acuerdo y parecer del Cabildo y Justicia que en esta ciudad hubiere, como pareciere que al servicio de Dios y de su Majestad convenga, y porque su Majestad manda a los Gobernadores y  Capitanes que así poblaren y fundaren nuevos pueblos y ciudades, les da poder y comisión para que puedan nombrar en su real nombre, Alcaldes y Regidores y para que tengan en justicia y buen gobierno y policía las tales ciudades o pueblos, así yo, en nombre de su Majestad y de dicho Señor Gobernador, nombro y señalo por alcalde a Juan Espinosa y a Ortuño de Arbildo y por Regidores a Benito de Morales y Hernando de Salas y a Mateo Gil ya Domingo Ramírez y a Lázaro Beñalvo, y Juan Santa Cruz y así, en nombre de su Majestad y de dicho Señor Gobernador, les doy poder y facultad para que usen y ejerzan los dichos oficios de Alcalde y Regidores en aquellas casas y cosas convenientes ya ellos tocantes, conforme a las ordenanzas que su Majestad tiene hecha para las ciudades y pueblos de las Indias, para que usen así de Alcaldes Ordinarios como de la Hermandad en todos los negocios a ellos tocantes y no es tanta que su Majestad, por sus reales provisiones manda que sea cada año elegidos y así, cumpliendo sus reales mandamientos, por tales los nombro y señalo, pero pareciéndome que la elección que se ha de acostumbrar a hacer sea un día señalado, como es uso y en todas las ciudades y los reinos de su Majestad, digo que les doy poder y facultad, en nombre de su Majestad, pata que ejerzan y usen los dichos oficios y cargos desde el día de la fecha de ésta, hasta el día y año nuevo que vendrá que es el principio del  año que vendrá de mil quinientos setenta y   cuatro, y así mando por ordenanza que aquel día antes de misa, todos los años, tengan de costumbre juntarse en su cabildo los Alcaldes y Regidores con el escribano del Cabildo y hacer su nombramiento y elección, como Dios mejor les diere entender y en la manera y forma que se acostumbra en todos los reinos del Perú. Otro sí, mando a los alcaldes y Regidores vayan conmigo y en el medio de la plaza de esta ciudad me ayuden a alzar y enarbolar un palo para Rollo para allí, en nombre de SM. y del Señor Gobernador Juan Ortiz de Zárate, se pueda ejecutar la justicia en los delincuentes, conforme a las leyes y ordenanzas reales.

Otro si, nombro y señalo por jurisdicción de esta ciudad:por la parte del camino del Paraguay y hasta el cabo, de los anegadizos chicos y por el río bajo, camino de Buenos Aires, veinticinco leguas más abajo de Sancti Spiritus, y hacia las partes del Tucumán, cincuenta leguas a la tierra dentro desde las barrancas de esté río y dé la otra parte del Paraná, otras cincuentas.

Otro sí, mando que el asiento y repartimiento de los solares, casas de los vecinos de esta ciudad, se edifiquen y asiente y se guarden conforme una traza que tengo señalada en un pergamino que es hecho en este asiento y dudad de Santa Fe, hoy domingo, a quince de noviembre de 1573 año.

Otro sí, en la traza de esta ciudad tengo señalados dos solares para la Iglesia Mayor, la cual nombro LA VOCACIÓN DE TODOS LOS SANTOS testigos que a todo lo susodicho fueron presentes: Francisco de Sierra, maese de campo de esta conquista y Antonio Tomás y Hernán Sánchez. Fecha día, mes y año dichó. Juan de Garay, por mando del Señor capitán, Pedro de Espinosa escribano nombrado por la Justicia. Por testigo:
Francisco de Sierra, por testigo: Antonio Tomás, por testigo: Hernán Sánchez»

Los Mocovies Aborigenes de Santa Fe Primera Fundacion de Santa Fe

Los Mocovies:Aborígenes de Santa Fe

LOS MOCOVÍES. Formas de vida. Vivienda, artesanías

Los Mocovies Aborigenes de Santa Fe Primera Fundacion de Santa FeLas descripciones que haremos de este grupo, incluido dentro del mayor de los guaycurúes (abipones, mocovíes, tobas,pilagás), corresponde preferentemente a lo relatado por el Padre Florian Paucke.

De este relato hemos expurgado todos los elementos que indicaran contacto con el hombre blanco, especialmente teniendo en cuenta que sus observaciones fueron efectuadas durante la segunda mitad del siglo XVIII, es decir doscientos años después de la llegada de los europeos.

Muchos grupos a los que él conoció y trató, se hallaban aún en estado de aislamiento y los que convivían en su misión de San Javier, le transmitieron todas las tradiciones, su cosmogonía y otros elementos culturales que supo recoger con paciencia, minucia y fidelidad de etnólogo.

Pertenecía el guaycurú al grupo de los patagónicos o pámpidos, como ya lo mencionáramos, y era la más norteña de las parcialidades de éstos, lo que indica una corriente migratoria inicial hacia el norte y un retroceso posterior hacia nuestro territorio provincial, que se prolongó hasta la época independiente de nuestro país. Esto habría originado la denominación de chaquenses, que también se le da.Eran gente bien formada, hermosa y alta, aunque las mujeres se encontraban afeadas, para nuestro criterio estético, por pinturas y marcas corporales.

La falta de defectuosos físicos entre ellos, salvo los heridos o accidentados en la guerra o en la caza, se debía a la eliminación de los infantes nacidos con cualquier tara. Esto, y la desaparición durante la primera infancia de los menos aptos para la dura supervivencia, hacía que los adultos fueran muy fuertes y soportaran sacrificios y privaciones sin aparente daño.

Eran casi lampiños y se arrancaban los pelos que les nacían en el rostro, incluso los de las cejas. Usaban, tanto los hombres como las mujeres, collares y pendientes de conchas, y otros de madera; los hombres se hacían incisiones que aparentaran ser cicatrices de guerra y usaban un bezote con plumas para parecer terroríficos ante sus enemigos.

Generalmente andaban desnudos ya veces se cubrían con alguna piel ablandada, que colgaban de uno de sus hombros. Las mujeres llevaban un delantalcito que pendía de su cintura por la parte delantera.

Se hacían las mantas con varios cueros pequeños unidos y previamente pintados con una tinta roja; ésta derivaba de cortezas hervidas en orín; los dibujos eran pintados con un palito, y sobre ellas dormían.

Utilizaban ollas y vasijas para el agua, hechas de barro cocido por las mujeres y generalmente con forma puntiaguda en el fondo. Comían la carne de la caza y de la pesca, generalmente asada sobre las brasas o en parrillas de madera, y también hervida, juntando el caldo en una fuente que hacían circular por el grupo y de la cual todos bebían.

Se alimentaba también de algunos animalitos menores, gordos, que freían en su propia grasa; de hierbas del campo, huevos, frutas y langostas, dándose comilonas de éstas, ya sea hervidas, o secadas al sol y molidas, agregadas a sus sopas.
Preparaban bebidas fermentadas con agua y miel silvestre, o con agua y harina de vainas de algarrobo, a la que llamaban latagá.

El casamiento se hacía en edad no muy temprana, y el hombre debía hacer regalos (o pagar> por la novia, a su familia. Cualquiera de los cónyuges podía deshacer el vínculo si no lo consideraba adecuado. Los hombres podían tener varias esposas pero era común que tuvieran una sola.

Los niños eran criados por las madres y los varones, ya mozos, por los padres, pero toda la comunidad era responsable de su educación. Se hacía una vivienda de paja por cada familia. Estas eran muy precarias, por lo que se abandonaban cuando se trasladaban de lugar o se incendiaban cuando algún morador fallecía allí.

Organización política

Estaban organizados en pequeñas aldeas, a cargo de un jefe que no tenía mucho poder, pero que gozaba de respeto. El mismo no se distinguía ni por su Vivienda ni por su atuendo de los demás, y era a veces más miserable que los otros, pues al. ser los mocovíes, en opinión de Paucke, muy pedigüeños, el jefe no se atrevía a negar nada por no perder prestigio, llegando a quedar muy pobre.

El castigo de los crímenes que se pudieran cometer no era juzgado por tribunal alguno,. Era la familia ofendida la encargada de la justicia, lo que traía a veces largas reyertas. El jefe intervenía en ellas cuando ambas partes lo solicitaban y tenía mucho cuidado de ser justo para no perder su poca autoridad. Las viejas sabias solían aconsejar al jefe, así como algunos ancianos de prestigio, por su buen tino.

Los intercambios de mujeres entre aldeas eran frecuentes, dado que no estaba permitido por la tradición el matrimonio hasta el sexto grado de consanguinidad, resultando así más duraderas las alianzas.

El reconocimiento de pertenencia a un mismo grupo entre las distintas parcialidades mocovíes ha sido la clave del éxito en su enfrentamiento ante los demás grupos, inclusive ante los guaraníes, que se encontraban en expansión para la época que consideramos.

Usaban un numeroso arsenal, que era todo el mobiliario y el ajuar personal de los varones, el que consistía en arcos, flechas de punta de hueso o de espinas de pescado, otras flechas menores para atrapar peces, muy livianas, pesados garrotes, lanzas largas de afiladas puntas de madera endurecida al fuego, otras lanzas más cortas que- eran arrojadizas, boleadoras, las que resultaban todas aptas tanto para la caza como para la guerra.

Creencias. Culto a los muertos

Creían en un dios bienhechor, que habitaba en el cielo, en la constelación de las cabritas, cuya aparición festejaban anualmente, dios al que llamaban ‘el abuelo”, pero que no era objeto de culto especial ni tenía clero especializado. Eran también animistas, es decir, creían en la divinidad de todo lo animado, por lo cual toda su vida estaba impregnada de religiosidad, si bien al gran número de supersticiones que esto originaba, se agregaba la burla hacia las mismas, sobre todo por parte de los hombres, en momentos de tranquilidad o bonanza.

Una costumbre muy peculiar era la de eliminar el nombre de los muertos de su vocabulario, los que no podían ser nombrados nunca más, y como por lo general sus nombres representaban cosa o animales, usualmente aves, el nombre de los mismos debían cambiarse al morir aquel que lo llevaba, con lo cual cada comunidad variaba bastante la lengua respecto a la de sus vecinos.

Los fallecidos eran enterrados en lo que antes definimos como sepultura primaria, cerca de la aldea, donde se le ofrecían alimentos y obsequios pero pasado un tiempo, se desenterraba. Se descarnaban y sus huesos eran llevados hasta el secreto cementerio de los ancestros, hacia el norte, distante mucho  kilómetros; sólo algunos conocían a dónde se efectuaba el entierro definitivo.

En señal de duelo los deudos especialmente las viudas, se cortaban una falange; así es que se va observado casos en que sucesivos duelos, a algunas viejas les quedaban casi dedos en as manos, y aún en los píes.

Todas las enfermedades se consideraban de origen sobrenatural, por lo cual, eran muy apreciadas y temidas as viejas hechiceras, que lograban curaciones; las hacían, en general, chupando la parte enferma para extraer el mal que se había alojado en el cuerpo del enfermo. Utilizaban también hierbas, infusiones y emplastos.

Aarón Castellanos: Fundación de Colonias en Argentina