Acta de la Independencia

La Guerra Gaucha Los Gauchos de Martin de Guemes en Jujuy

La Guerra Gaucha
Los Gauchos de Martín de Guemes en Jujuy

LA GUERRA GAUCHA: Durante nueve años, entre 1812 y 181, la caballería gaucha, vence sucesivamente, en una desgastadora guerra, ocho invasiones llevadas a cabo por las tropas realistas, procedentes del Alto Perú y el Perú. Aquellos singulares jinetes, sin otras armas que tacuaras con un cuchillo en la punta a manera de lanzas, machetes, boleadoras, lazos y alguna que otra tercerola, montados en ágiles y pequeños caballos serranos, acostumbrados a moverse entre montes de vinales, quebradas pedregosas o sendas impracticables, se organizaron en partidas regulares aprovechando el exhaustivo conocimiento del terreno y atacaron, tanto de día como de noche, a las columnas enemigas.

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“He jurado defender la independencia de América y sellarla con mi sangre. Estamos dispuestos a morir primero que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable”

Con estas palabras, Martín Güemes pone de manifiesto su voluntad libertadora como continuador del espíritu revolucionario surgido el 25 de Mayo de 1810, cuando el pueblo salió a la calle a exigir un gobierno criollo contra el enemigo colonialista que nos azotó siempre, llevándose nuestras riquezas.

¿Qué fue la resistencia sino una colosal batalla con centro en Humahuaca, un ala en la Quebrada del Toro y la otra en la frontera del Chaco? Diez veces entraron los realistas a Salta y Jujuy; diez veces fueron expulsados. A cada nueva invasión, los partidarios de la resistencia crecían.

Güemes tuvo por aliado al pueblo, a la peonada, a todos los hombres, mujeres y niños que querían una patria libre y colaboraron dando todo lo que poseían, peleando codo a codo con piedras, hondas y armas robadas, alzados contra el invasor.

Un domingo llega la avanzada realista al pueblito de Chicoana, y después de la misa un gaucho dice:

-Tendríamos que alzarnos contra esta canallada! con qué armas? – le observan.

– Con las que les quitemos, pues!

Y estalla entonces la asonada; el vecino Luis Burda es su jefe; y así desarman y corren a la guardia realista. En otro lugar, por los Cerillos, el estanciero Pedro Zabala sale a pelear, seguido de sus peones que llevan chuzos de cuchillos atados con tientos en palos del monte.

Martin de guemesEn Sauce Redondo el Capitán Saravia con sólo 30 paisanos armados de garrotes y fusiles, ayudados del inerme paisanaje, atropellan por sobre un fuego vivo, asaltando y venciendo al enemigo que advierte que los hombres que los han atacado desean ser libres de corazón.

“A este pueblo no lo conquistaremos jamás exclamó el General Valdés del Ejército español, cuando al acercarse a un rancho pobre, ve que un changuito de tan solo cuatro años monta en pelo a un caballo y corre al monte para prevenir de la invasión a las montoneras del Comandante Martín Miguel de Güemes.

Sobresale el ejemplo de nuestra Juana Azurduy, que luego del desastre de Ayohuma, decide incorporarse definitivamente a las milicias de la liberación.

Participando en numerosas batallas junto a su marido Manuel Padilla, y otras como capitana de su propia columna de un puñado de gauchos, con los cuales logró defender Chuquisaca y constituirla en territorio liberado del imperio.

Petrona Arias, vestida de hombre, cabalgaba de chasqui por las quebradas. Loreto Sánchez, disfrazada de panadera, entraba a espiar a los cuarteles; y a Juana Moro los realistas la emparedaron en su casa por sospechosa de espionaje.

Y, esa valiente, “la regalada”, que salió de su rancho totalmente desnuda y fingiéndose loca, para distraer y atajar a una partida de invasores, mientras los patriotas preparaban la emboscada.

Hombres de Don Martín Miguel hoy desocupados. Mujeres que reciben de pago hambre y miseria de quienes jamás dieron nada, de los que nunca supieron del valor y del sacrificio. Niños… desnutridos y analfabetos. Triste laurel de vergüenza pata el triunfo de este pueblo que no sabe de cobardías ni entregas. Todavía hoy sigue impaga la deuda, todavía hoy dura la agonía hecha piedra de todo el pueblo norteño.

Por eso es que debemos rescatar al héroe gaucho de las manos de los que los mataron, debemos rescatarlo como bandera de un pueblo que en cualquier momento repite la historia. Porque la Guerra Gaucha sigue viva en las quebradas. Viva en los trabajadores que entre cerros y soledades repite hazañas y sacrificios, viva en las sombras que callan muertes en selvas y hondonadas. Viva en cada hombre, mujer y niño de esta tierra que no se resigna al hambre y la dominación; en cada humilde que trabaja y que sueña con una Argentina para todos.

El general español Andrés García Camba, entonces comandante del escuadrón de Dragones del Perú, los define con exactitud: «Los gauchos eran hombres de campo, bien montados, todos de machete y rifle, de los que se servían alternativamente, sobre sus caballos, con sorprendente habilidad, acercándose a las tropas
con tal confianza, soltura y sangre fría que admiraban los militares europeos que por primera vez observaban a esos hombres extraordinarios a caballo, cuyas excelentes disposiciones para la guerra de guerrillas y de sorpresa tuvieron repetidas ocasiones de comprobar».

La Muerte de Martín de Güemes:

La muerte ¿el Héroe Gaucho Don Martín Miguel fue planificada por el General Olañeta, jefe del Ejército Realista del Alto Perú y ejecutada por el Teniente coronel José Maria Valdéz, alias el Barbarucho. Pero no debemos olvidar las incidencias que tuvieron las sublevaciones, resistencias, desobediencias y traiciones ¿e los enemigos internos.

En aquella época la sociedad salto-jujeña estaba dividida entre los partidarios de Güemes (Patria Vieja) y sus opositores (Patria Nueva), planteándose una lucha de clases, Tal vez Güemes era odiado por señores como él, pero que se sentían españoles y otros muchos, con la independencia verían en riesgo sus intereses económicos. Además, el material de la guerra era el soldado, y el soldado salía del gaucho, y el gaucho salía del peón. Cada soldado que ganaba el Ejército de la Independencia era un peón que perdía el señor feudal y el gaucho prefería la condición social del soldado a la servidumbre rural a la que estaba sometido.

Algunas de las reformas sociales durante la Guerra Gaucha fueron: la creación ¿el Fuero Gaucho, que otorgaba los mismos privilegios, prerrogativas y derechos que tenía el fuero militar; la excepción del pago de deudas mientras estaban en servicio a la Patria, ya que no tenían sueldo ni recompensa alguna en el Ejercito Guerrillero (hasta peleaban desnudos); la liberación del pago de arriendo: la liberación de la servidumbre y ¿e la explotación del peón rural; la protección a los mulatos que ejercían los oficios de albañiles, pintores, zapateros talabarteros y otros, que hieren los que formaban el batallón de los llamados “Cívicos’. No obstante que la Asamblea del año 1813 había abolido la esclavitud aún existían esclavos en la región, a los que Güemes les otorgó la libertad.

Era tanto su calor humano, que llegaron a darte el nombre de Padre de los pobres. En una de sus arengas decíales: “Esos que veis de frac, son vuestros enemigos, por consiguiente mis enemigos Mientras os conservéis unidos, os asegure que vivirán garantidos vuestros derechos y nuestra libertad, a despecho de esos miserables oye nos odian: a mi, porque les tomo cuatro reales para defender su propia libertad, luchando y dando la vida por Libre Patria; y a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados ni esclavizados por ellos. Todos somos libres y todos tenemos iguales derechos, porque todos somos hijos de la misma patria que hemos arrancado de la servidumbre, quebrando con nuestros esfuerzos el yugo español. Ha llegado el momento en que seáis hombres libres y de que caigan para siempre vuestros opresores.

Esta exaltación y defensa de los gauchos y la imposición forzada de contribuciones, crearen el enemigo interno. Los poderosos se resentían y se sentían ofendidos porque tenían que desembolsar sus fortunas para e. sostenimiento ¿e la guerra. Por ello odiaban y combatían a Güemes, tildándolo de “tirano, feroz, abominable” otros epítetos. Pero Güemes no adoptó la violencia del azote, la tortura, el degüello la horca o el fusilamiento como lo hacía Artigas, Quiroga, López, Aldao, Ibarra, Lavalle, Lamadrid, Urquiza, Rosas y las dictaduras que bañaren de sangre el país. No, Güemes no hizo matar a ningún opositor. Se había limitado a aplicar penas pecuniarias, o cuando más la prisión, la expulsión o la deportación, predominando las multas que contribuían al sostenimiento de la India por la Independencia.

A solamente 13 días de la muerte del Prócer sus opositores designan como Gobernador a Don José Antonio Fernández Cornejo, y firman un armisticio con Olañeta para suspender las hostilidades Armisticio considerado indigno por San Martín en una carta a O’Higgins, en el que se acuerda la disolución del Ejército de Expedición al Perú con el que Güemes apoyaría a San Martín.

El impacto en los gauchos por la muerte de su adorado jefe, los mantuvo atónitos y neutrales de los acontecimientos políticos de esos días, pero la firma del armisticio y la designación de Cornejo fueren la chispa que encendió el levantamiento popular del 22 de Setiembre de 1821 para recuperar el poder. Como consecuencia se firma un pacto de paz con la designación José Ignacio Gorriti, en reemplazo de Cornejo.

Al cumplirse si mandato, a Gorriti se le ofreció ser reelegido, no aceptando con aquellas famosas palabras: “El mayor agravio que se le puede hacer a un pueblo libre, es perpetuar en el poder a sus gobernantes”. Para evitar nuevos enfrentamientos se aceptó por parte de los güemistas, la designación por la Junta ¿e Representantes del General Alvarez de Arenales, para sucederlo.

Batalla de Ayacucho Fin del Imperio Colonial Español en America

Batalla de Ayacucho Fin del Imperio Colonial Español en América

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: En enero de 1820 se produjo en Cádiz la sublevación de las tropas destinadas a América para vencer a los revolucionarios. Bajo la dirección del coronel Rafael del Riego, las tropas marcharon sobre Madrid e impusieron a Fernando Vil el restablecimiento de la Constitución de 1812, de carácter liberal. Esta situación favoreció el desarrollo de las guerras por la independencia de América. Así, luego de varias derrotas, los realistas fueron vencidos definitivamente por el general Antonio J. de Sucre en la Batalla de Ayacucho, en diciembre de 1824.

batalla de ayacucho

La independencia de las Provincias Unidas fue reconocida, sucesivamente, por Portugal (1821), Estados Unidos (1822)-que, simultáneamente, reconoció la independencia de otros países americanos- y Gran Bretaña (1824).

El glorioso proceso de independencia fue coronado por dos grandes batallas que libraron los ejércitos patriotas contra las fuerzas realistas que, tras la proclamación del 28 de julio de 1821, aún se mantenían en nuestro territorio y pugnaban por reconquistar a nuestro pueblo. Una de estas batallas libradas fue la de Ayacucho, donde el valor y coraje de las tropas lograron la victoria.

El día 9 de diciembre de 1824, a las 9:00, se inició la Batalla de Ayacucho. A las 13:00, Canterac, informado de que el virrey La Serna había sido hecho prisionero por la valerosa acción del sargento Barahona, y herido de arma blanca, tomó el mando del ejército realista y convocó a Consejo de Guerra para evaluar la situación militar de la batalla.

Las conclusiones de ese Consejo fueron que:

1.La batalla estaba siendo ganada por los patriotas.
2.Existía desbande en sus tropas.

A pesar de los informes, el Consejo de Guerra decidió el repliegue del ejército realista al Alto Perú para apoyar al general Olañeta, pero las tropas realistas ya no tenían fuerzas ni ganas de obedecer a sus jefes. La tropa realista, al recibir esa orden, se amotinó y se produjeron rendiciones y huidas.

El Mariscal del Perú, don José de La Mar, con un ayudante, instó a la rendición a los jefes realistas, “asegurando que el general Sucre estaba dispuesto a conceder a los vencidos una capitulación tan amplia como sus altas facultades permitiesen, a fin de que cesaran del todo las desgracias en el Perú”.

Ante su situación militar calamitosa y ya sin tropas por el amotinamiento, el general Canterac aceptó la rendición.

Después de Ayacucho, Bolívar y Sucre descendieron al Alto Perú, donde se encontró en Potosí con los enviados argentinos, general Alvear y doctor José Miguel Díaz Vélez, repitiéndose allí las escenas de la entrevista de Guayaquil: ofreció a los emisarios argentinos el concurso de 22.000 hombres para rechazar el poder imperial del Brasil, como ya se lo había manifestado el Libertador al general Alvarado en Arequipa, poco antes, diciéndolé: «Tengo 22.000 hombres que no sé en qué emplearlos, y cuando la «República Argentina está amenazada por el Brasil, que es un poder irresistible para ella, se me brinda la oportunidad de ser el regulador de la «América del Sur. Le ofrezco a Vd. un cuerpo de 6000 hombres para que «ocupe a Salta».

El general Alvarado había rehusado el ofrecimiento con paliativos propios de su carácter. La primera conferencia con Alvear y Díaz Vélez tuvo lugar el 18 de octubre, y, la segunda, el 19, tratándose en ambas la cooperación del Libertador para solucionar el viejo pleito de la Banda Oriental; pero las pretensiones de Bolívar, netamente imperialistas, disuadieron al Gobiereno Argentino del empleo de un auxilio que podría transformarse en un peligro mayor. Sin embargo, las negociaciones se habían continuado en Chuquisaca, interviniendo en ellas el mariscal Sucre y terciando el coronel Dorrego que se hallaba accidenttalmente en aquellos lugares . Quedaron finalmente en la nada.

Convocada y reunida en Chuquisaca una Convención de las provincias interiores y septentrionales del Perú, se decretó su separación del Gobierno de Buenos Aires, con el nombre de República de Bolivia, en honor del Libertador nombrado protector perpetuo de la misma.

Se le invitó, así mismo a dictar una constitución la que fué presentada al Congreso boliviano el 25 de mayo de 1826, por la que se confería el P. E. a un presidente vitalicio, irresponsable ante el Congreso y con derecho a nombrar sucesor. Estos hechos alarmaron profundamente a los republicanos de Bolivia, Perú, Venezuela, Nueva Granada y aún a los de Chile y Buenos Aires, acusando a Bolívar de querer asumir la distadura perpetua de la América Meridional.

Aprovechando esta situación, el general Páez, vice-presidente de la República de Venezuela, y en funciones de Presidente durante la ausencia de Bolívar, declaróse independiente, secundado por un gran número de partidarios; el Libertador confiando entonces el gobierno del Perú a un consejo formado por sus más incondicionales partidarios presididos por Santa Cruz, marchó a Venezuela, ocupando todo su territorio sin resistencia, entrando también en Puerto Cabello, donde se había retirado Páez, a quien después de someter, repuso en su mando, y al día siguiente decretó una amnistía general para todos los que habían participado en la última sublevación.

Queriendo anular las acusaciones que se le habían formulado de pretender apoderarse de la dictadura, a comienzos de 1827 renunció a la Presidencia de Colombia, que retiró ante la insistencia de las cámaras.

Por aquella época, en el Perú, tropas mandadas por Lara y Sandú, depusieron al Consejo nombrado por Bolívar y pronunciándose contra la Constitución, proclamaron un gobierno provisional presidido por el general Lámar; un movimiento semejante tuvo lugar en Bolivia, iniciándose otro igual en Colombia, pero este pudo ser dominado por el general Ovando, amigo del Libertador.

Este último, que había pretendido que se reforzara la autoridad del P. E., proyecto rechazado por las Cámaras, fue el blanco de la calumnia apasionada y los descontentos y envidiosos tramaron un complot: en la noche del 25 de septiembre de 1828 los sediciosos penetraron en el Palacio de Gobierno, dando muerte a las guardias, pero al llegar a las habitaciones de Bolívar, éste no se hallaba allí, porque advertido, había logrado saltar por una ventana . Esta conspiración había sido organizada por los generales Santander y Padilla. Al día siguiente, el Libertador Bolivar fue aclamado por el pueblo, que había creído la noticia de su falsa muerte, y fué llevado triunfalmente al Palacio de Gobierno.

Asumió facultades extraordinarias y las ejecuciones fueron numerosas, palideciendo desde entonces la estrella del Libertador. Los peruanos declararon la guerra a Bolívar, y mientras este marchó a combatirlos, Venezuela se declaró independiente nuevamente, con Páez de Presidente. De regreso, en enero de 1830 Bolívar renunció por quinta vez al poder y mientras marchaba para someter a Páez y los venezolanos, el Congreso le aceptó la renuncia, señalándole una pensión de 3000 pesos anuales y expulsándolo del territorio venezolano. Este fué el golpe de muerte para Bolívar, como lo expresó a don Joaquín Mosquera portador de la decisión del Congreso.

Creyendo que el clima de Cartagena le asentaba mal a su quebrantada salud, el Libertador se trasladó a Santa Marta, alojándose en casa de don Joaquín de Mier, un español amigo suyo, donde el día 17 de diciembre expiró a la una de la tarde, a los 47 años, 4 meses y 23 días de su existeencia. Por disposición testamentaria sus restos fueron trasladados solemnemente a Caracas en 1842, donde se levantó el monumento a su memoria.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas  – Jacinto Yaben – Editorial «Metropolis»

Provincias Unidas del Rio de la Plata Mapa

Provincias Unidas del Río de la Plata – Mapa

Las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta denominación se usó desde fines de 1811,  y es el nombre utilizado por el estado surgido en la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires para suplantar al virreinato del Río de la Plata, aunque la Independencia se proclamó en nombre de las Provincias Unidas de Sud América.

En 1816, había enfrentamientos entre algunas provincias, y el territorio de nuestro país era bastante diferente al actual.

Diferencias: Los diputados comenzaron a llegar a Tucumán en diciembre de 1815, con instrucciones de los cabildos de sus ciudades y representando intereses muy variados, porque en las Provincias Unidas había diferentes proyectos políticos. Buenos Aires se consideraba «la hermana mayor» de las otras ciudades y quería el proceso independentista. Esto generaba oposición en el Interior.

El Territorio: Como vemos en el mapa de esta página, el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata no coincidía totalmente con el del país actual. Las provincias eran menos, pero más extensas, e incluían a las tres del Alto Perú-actual Bolivia-, aunque se hallaban en poder de los realistas. Gran parte de la Pampa, toda la Patagonia y la región del Gran Chaco eran tierras de los aborígenes.

Aunque el nombre Provincias Unidas del Río de la Plata fue utilizado en todo el período de su existencia, otras denominaciones fueron también utilizadas en algunos documentos oficiales:

Provincias del Río de la Plata, por la Primera Junta en 1810
Provincias Unidas en Sudamérica, por el Congreso de Tucumán en 1816
Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica, por el Congreso de 1824 a 1825
República Argentina, por la constitución de 1826

Tucumán, 9 de julio de 1816: En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman.

Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados:

¡Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?

Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente:

Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando Vil, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama.

Comuniqúese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.

El Virrey Santiago de Liniers en el Rio de la Plata

El Virrey Santiago de Liniers en el Río de la Plata

El virrey Santiago de Liniers en el Rio de la PlataVIRREINATO DE LINIERS:

La caída de Sobremonte, ocurrida después de la Junta de Guerra del 10 de febrero de 1807, hizo recaer en Liniers el mando militar de todo el Virreinato, conservando la Audiencia el poder político. Por entonces se designó en España, en reemplazo de Sobremonte, a Pascual Ruiz Huidobro.

La prisión de éste (al ser capturada Montevideo por Auchmuty) hizo que se depositara el mando en Liniers, siendo este último confirmado como virrey interino por las autoridades metropolitanas el 3 de diciembre de 1807.

El marino francés pareció, de este modo, alcanzar la cumbre de su carrera política, pero en verdad también iniciaba el camino hacia su trágico fin. Pese a su indudable popularidad entre los criollos, Liniers guardaba, por encima de todo, lealtad a la Corona hispana.

Sin embargo, los peninsulares residentes en Buenos Aires no confiaban en él: a causa de su origen francés, la agresión napoleónica de 1808 hizo aparecer como dudosas sus actitudes. Las vacilaciones del gobernante afirmaron esta inquietud y el virreinato de Liniers se caracterizó por su inestabilidad.

Luego de las Invasiones Inglesas, Liniers se convirtió en una de las figuras políticas más gravitantes gracias al prestigio militar ganado en las batallas contra Beresford y Whitelocke. Tenía a su favor una gran adhesión popular y desde mediados de 1807 se desempeñó como virrey interino.

Hacia él se acercaron tanto los criollos más radicales como los españoles conservadores, sabedores de que este francés, monárquico convencido, profesaba una inquebrantable lealtad hacia la Corona. Entre los grupos antagónicos empezaron a gestarse una serie de sordas pujas políticas, insertadas dentro de un marco internacional cada vez más complicado y cambiante.

El fracaso de las dos invasiones convenció al gobierno británico de cambiar de estrategia: en lugar de intentar apoderarse de las colonias sudamericanas se dedicó a favorecer su independencia y luego dominarlo económicamente con su poderío industrial.

MISIÓN SASSENAY: El marqués de Sassenay arribó en agosto de 1808 al Plata, comisionado por el emperador francés para lograr el reconocimiento de José I como rey de España. Liniers no aceptó esta tratativa y despachó al enviado de regreso. Sin embargo, su actitud no reforzó su posición ante los españoles.

MOVIMIENTO JUNTISTA. INTRIGAS LUSITANAS. 

Las vacilaciones del virrey para proclamar la jura de Fernando VII (provocadas por las contradictorias noticias llegadas de la península) motivaron que Montevideo se separara de su mando, integrándose allí una Junta, al estilo de las que funcionaban en España, encabezada por Francisco Javier de Elío.

El arribo a Río de Janeiro de la corte portuguesa, traslado efectuado bajo la protección de la escuadra inglesa, y sus tentativas de extender su dominio al Plata, fue un nuevo factor de inquietud. La princesa Carlota Joaquina (hija de Carlos IV). esposa del regente portugués Juan VI, aspiraba a ser reconocida como soberana en el virreinato de Buenos Aires .

1ro. DE ENERO DE 1809. El movimiento juntista tuvo su eco en Buenos Aires. El 1ro. de enero de 1809 se produjo un intento de motín, apoyado por el Cabildo y las tropas de origen hispano, cuya meta era reemplazar a Liniers por una Junta similar a las surgidas en España.

Algunos partidarios de la emancipación, entre ellos Mariano Moreno, adhirieron en un primer instante al movimiento, viendo en él la posibilidad de un paso hacia la independencia. El carácter realista de la intentona hizo que Moreno se apartara de ella una vez iniciada.

Las milicias porteñas permanecieron fieles a la autoridad legal (Liniers); por ello el golpe fue desbaratado. Martín de Álzaga, jefe de la asonada, y varios de sus partidarios, fueron desterrados a Patagones. De allí los rescató Elio. 

Tal era el confuso panorama político que presentaban estas regiones. en momentos en que la Junta Central de Sevilla designó el 11 de febrero de 1809 nuevo virrey a Baltasar Hidalgo de Cisneros.

SOBRE LAS SOSPECHAS DE LA AUTORIDAD DE LINIERS:
Liniers: el cuestionamiento de la autoridad virreinal (1807-1809)

Don Santiago de Liniers, gobernaba el Río de la Plata en tiempos en que la crisis del Imperio Hispano se profundizó. Su autoridad se debilitó; los grupos de presión, integrados por personas con intereses comunes, se movilizaron para influir en las decisiones de gobierno o producir cambios favorables.

Los comerciantes ligados a los intereses peninsulares, cuestionaron el origen francés del virrey y se opusieron a las medidas que permitían el comercio con los ingleses. Dirigidos por Martín de Alzaga, tuvieron en el Cabildo su principal centro de poder.

Francisco Javier de Elio, gobernador de Montevideo, mediante un cabildo abierto, organizó una Junta de Gobierno independiente de la autoridad virreinal, que gobernó la Banda Oriental.

Los criollos buscaban alternativas para lograr una mayor participación en los asuntos de gobierno, en su mayoría apoyaban al virrey, especialmente Saavedra con el Regimiento de Patricios.

Esta situación se agravó al arribar a Buenos Aires, Claude Bernard, Marqués de Sassenay, enviado de Napoleón con la misión de hacer reconocer a José I. Liniers lo recibió junto con la Audiencia y el Cabildo, rechazó su propuesta, pero no se ordenó su detención. Las sospechas sobre la fidelidad del virrey se acrecentaron y sus enemigos acentuaron la crítica. Buenos Aires juró fidelidad a Fernando VII; Montevideo ya lo había hecho. La crisis de autoridad se profundizó.

Fuente Consultada: La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter.

Congresales del Acta de la Indendencia de 1816 Quienes Integraron?

Manuel Antonio Acevedo (1770-1825). Diputado por Catamarca. Fue clérigo, -también diputado al Congreso de 1824. Tomás Manuel de Anchorena (1783-1847). Diputado por Buenos Aires. Doctor en leyes de la Universidad de Charcas. Acompañó en sus campañas al Ejército del Norte. Fue ministro de Rosas en la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Pedro Miguel Aráoz (1759-1832). Diputado por Tucumán. Fue clérigo y doctor en teología. Integró la redacción del primer periódico de su provincia.

Mariano Boedo (1782-1819). Diputado por Salta. Fue abogado. Condiscípulo y amigo de Mariano Moreno en la Universidad de Chuquisaca. Gobernador interino de Córdoba.

Eduardo Pérez Bulnes (1785-1851). Diputado por Córdoba. Se negó a trasladarse con el Congreso a Buenos Aires y fue declarado cesante.

José Antonio Cabrera (1768-1820). Diputado por Córdoba. Licenciado en derecho. No se trasladó a Buenos Aires con el Congreso.

Pedro Ignacio de Castro Barros (1777-1849). Diputado por La Rioja. Fue clérigo y un orador notable. Rector de la Universidad de Córdoba.

José Eusebio Colombres (1778-1859). Diputado por Catamarca. Fue clérigo y doctor en cánones de la Universidad de Córdoba. Fue ministro-varias veces en Tucumán, su provincia natal.

José Darregueira (1770-1817). Diputado por Buenos Aires. Doctor en leyes de la Universidad de Chuquisaca. Pedro León Gallo (1779- 1852). Diputado por Santiago del Estero. Fue clérigo.

Esteban Agustín Gascón (1764-1824). Diputado por Buenos Aires. Nacido en Oruro (en la actual Bolivia). Doctor en derecho en la Universidad de Charcas.

Tomás Godoy Cruz (1791- 1852). Diputado por Mendoza. Bachiller en filosofía y leyes de la Universidad de San Felipe de Chile. Comerciante e industrial. Gobernador de Mendoza entre 1820 y 1822.

José Ignacio de Gorriti (1770- 1835). Diputado por Salta. Se doctoró en derecho en la Universidad de Chuquisaca. Colaboró con el Ejército de! Norte y con Quemes. Gobernador de Salta entre 1822 y 1829.

Francisco Narciso de Laprida (1786-1829). Nacido en San Juan, diputado por esa provincia. Doctorado en leyes en la Universidad de San Felipe de Chile. Le tocó ser el presidente de turno del Congreso cuanto éste declaró nuestra independencia. También participó en el Congreso de 1824.

José Severo Feliciano Malabia (1787-1849). Diputado por Charcas (Alto Perú). Doctor en leyes de la Universidad de Chuquisaca.

Juan Agustín Maza (1787-1849). Diputado por Mendoza. Doctor en derecho civil de la Universidad de San Felipe de Chile. Cooperó con San Martín en la formación del Ejército de los Andes. Pedro Medrano (1769-1840). Diputado por Buenos Aires, doctor en leyes de la Universidad de Charcas y fiscal del Estado de Buenos Aires, en 1838.

José Andrés Pacheco de Meló (1779-1833). Diputado por Chichas (Posotí, Alto Perú). Fue clérigo. Condiscípulo y amigo de Quemes.

Juan José Paso (1758-1833). Diputado por Buenos Aires. Se doctoró en jurisprudencia en la Universidad de Córdoba. Secretario de la Primera Junta, miembro del Triunvirato y de la Asamblea del Año XIII, secretario de turno del Congreso, dio lectura al Acta de Independencia el 9 de julio de 1816.

Pedro Ignacio de Rivera (1753-1833). Diputado por Mizque (Alto Perú), doctor en derecho civil déla Universidad de Charcas. Fue coronel de milicias.

José Cayetano Rodríguez (1761-1823). Diputado por Buenos Aires. Clérigo, poeta y periodista, fue director del «Redactor del Congreso Nacional», órgano oficial de las sesiones.

Antonio Sáenz (1780-1825). Diputado por Buenos Aires. Fue clérigo y abogado. Presidente de tumo del Congreso en 1819. Primer rector de la Universidad de Buenos Aires en 1821.

Jerónimo Salguero (1774-1847). Diputado por Córdoba. Se doctoró en derecho civil en la Universidad de San Carlos. Tesorero de la Casa de Moneda de Buenos Aires en 1819.

Teodoro Sánchez de Bustamante (1778-1851). Diputado por Jujuy. Se doctoró en leyes en la Universidad de Charcas. Secretario del Ejército del Norte. Gobernador de Jujuy entre 1826 y 1827.

Mariano Sánchez de Loria (1774-182).diputado por Charcas](Alto Perú). Se doctoró en jurisprudencia en la Universidad de Charcas.

Justo Santa María de Oro (1772-1836). Diputado por San Juan. Fue clérigo y doctor en teología.

José Ignacio Thames (1762-1832). Diputado por Tucumán. Fue clérigo y doctor en teología.

Pedro Francisco Uriarte (1758-1839). Diputado por Santiago del Estero. Fue clérigo y doctor en cánones. Diputado en la Junta Grande de 1811.

Acta Declaracion de la Independencia Argentina 9 de Julio de 1816

El Congreso de Tucumán
Como Director interino Alvarez Thomas cumplió en convocar al Congreso de Tucumán a las provincias, pero renunció ante la negativa de las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental a enviar representantes al Congreso. Los pueblos del litoral, acaudillados por Artigas apoyaban un sistema republicano, democrático y federal.

Por su parte, los caudillos de Buenos Aires no aceptaban el régimen federal pues buscaban mantener la hegemonía a través del sistema centralista y unitario; éste determinaba que los gobernadores serían elegidos por el gobierno central. Los porteños necesitaban la hegemonía política para mantener el privilegio económico que significaba manejar todo el comercio exterior a través de su puerto y de su aduana.

La situación exterior tampoco era favorable a la independencia, pues los españoles habían derrotado a Morelos en México, a Bolívar en Venezuela y, lo que era más cercano y peligroso, a los patriotas chilenos en Rancagua y a Rondeau en Sipe Sipe. Las esperanzas de Alvear de conseguir ayuda británica, aún a costa de un protectorado, se habían desplomado con el ofrecimiento inglés de mediar ante España una reconciliación, que encubría una virtual rendición de los patriotas.

El Congreso inició sus sesiones el 24 de marzo de 1816. Entre sus representantes se destacaban fray Justo Santa María de Oro, fray Cayetano Rodríguez, Juan José Paso, Tomás Godoy Cruz, Juan Martínez de Pueyrredón y muchos otros.

Las dos cuestiones principales que debía tratar el Congreso eran la declaración de la Independencia, exigida perentoriamente por San Martín y otros patriotas, y la adopción de una forma definitiva de gobierno.

En la sesión del 9 de julio de 1816 se puso a discusión un proyecto de Declaración de Independencia, elaborado por una comisión de diputados. Bajo la presidencia de Narciso Laprida, el secretario formuló la pregunta de si querían los diputados presentes que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España, a lo que todos respondieron, poniéndose de pie, que sí, en medio de jubilosas aclamaciones; luego se procedió a firmar el acta de Declaración de la Independencia.

Algunos días más tarde se resolvió agregar al texto la frase de toda otra denominación extranjera, para desalentar a aquellos que pretendían el protectorado de Portugal, Inglaterra y aún de Estados Unidos. El día 21 de julio fue jurada la Independencia y el 25 se adoptó la bandera celeste y blanca creada por Belgrano.

Cuando se discutió la forma de gobierno, una mayoría se mostró partidaria del sistema monárquico, pero la elocuencia del fraile Santa María de Oro los disuadió de tomar tan grave decisión y se resolvió pedir mandato expreso de los pueblos y la cuestión de la organización quedó pendiente. En 1817 el Congreso se trasladó a Buenos Aires y eligió a Pueyrredón como Director, cargo que ejerció hasta 1819.

LISTA DE CONGRESALES QUE FIRMARON EL ACTA:

Manuel Antonio Acevedo (1770-1825). Diputado por Catamarca. Fue clérigo, -también diputado al Congreso de 1824. Tomás Manuel de Anchorena (1783-1847). Diputado por Buenos Aires. Doctor en leyes de la Universidad de Charcas. Acompañó en sus campañas al Ejército del Norte. Fue ministro de Rosas en la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Pedro Miguel Aráoz (1759-1832). Diputado por Tucumán. Fue clérigo y doctor en teología. Integró la redacción del primer periódico de su provincia.

Mariano Boedo (1782-1819). Diputado por Salta. Fue abogado. Condiscípulo y amigo de Mariano Moreno en la Universidad de Chuquisaca. Gobernador interino de Córdoba.

Eduardo Pérez Bulnes (1785-1851). Diputado por Córdoba. Se negó a trasladarse con el Congreso a Buenos Aires y fue declarado cesante.

José Antonio Cabrera (1768-1820). Diputado por Córdoba. Licenciado en derecho. No se trasladó a Buenos Aires con el Congreso.

Pedro Ignacio de Castro Barros (1777-1849). Diputado por La Rioja. Fue clérigo y un orador notable. Rector de la Universidad de Córdoba.

José Eusebio Colombres (1778-1859). Diputado por Catamarca. Fue clérigo y doctor en cánones de la Universidad de Córdoba. Fue ministro-varias veces en Tucumán, su provincia natal.

José Darregueira (1770-1817). Diputado por Buenos Aires. Doctor en leyes de la Universidad de Chuquisaca. Pedro León Gallo (1779- 1852). Diputado por Santiago del Estero. Fue clérigo.

Esteban Agustín Gascón (1764-1824). Diputado por Buenos Aires. Nacido en Oruro (en la actual Bolivia). Doctor en derecho en la Universidad de Charcas.

Tomás Godoy Cruz (1791- 1852). Diputado por Mendoza. Bachiller en filosofía y leyes de la Universidad de San Felipe de Chile. Comerciante e industrial. Gobernador de Mendoza entre 1820 y 1822.

José Ignacio de Gorriti (1770- 1835). Diputado por Salta. Se doctoró en derecho en la Universidad de Chuquisaca. Colaboró con el Ejército de! Norte y con Quemes. Gobernador de Salta entre 1822 y 1829.

Francisco Narciso de Laprida (1786-1829). Nacido en San Juan, diputado por esa provincia. Doctorado en leyes en la Universidad de San Felipe de Chile. Le tocó ser el presidente de turno del Congreso cuanto éste declaró nuestra independencia. También participó en el Congreso de 1824.

José Severo Feliciano Malabia (1787-1849). Diputado por Charcas (Alto Perú). Doctor en leyes de la Universidad de Chuquisaca.

Juan Agustín Maza (1787-1849). Diputado por Mendoza. Doctor en derecho civil de la Universidad de San Felipe de Chile. Cooperó con San Martín en la formación del Ejército de los Andes. Pedro Medrano (1769-1840). Diputado por Buenos Aires, doctor en leyes de la Universidad de Charcas y fiscal del Estado de Buenos Aires, en 1838.

José Andrés Pacheco de Meló (1779-1833). Diputado por Chichas (Posotí, Alto Perú). Fue clérigo. Condiscípulo y amigo de Quemes.

Juan José Paso (1758-1833). Diputado por Buenos Aires. Se doctoró en jurisprudencia en la Universidad de Córdoba. Secretario de la Primera Junta, miembro del Triunvirato y de la Asamblea del Año XIII, secretario de turno del Congreso, dio lectura al Acta de Independencia el 9 de julio de 1816.

Pedro Ignacio de Rivera (1753-1833). Diputado por Mizque (Alto Perú), doctor en derecho civil déla Universidad de Charcas. Fue coronel de milicias.

José Cayetano Rodríguez (1761-1823). Diputado por Buenos Aires. Clérigo, poeta y periodista, fue director del «Redactor del Congreso Nacional», órgano oficial de las sesiones.

Antonio Sáenz (1780-1825). Diputado por Buenos Aires. Fue clérigo y abogado. Presidente de tumo del Congreso en 1819. Primer rector de la Universidad de Buenos Aires en 1821.

Jerónimo Salguero (1774-1847). Diputado por Córdoba. Se doctoró en derecho civil en la Universidad de San Carlos. Tesorero de la Casa de Moneda de Buenos Aires en 1819.

Teodoro Sánchez de Bustamante (1778-1851). Diputado por Jujuy. Se doctoró en leyes en la Universidad de Charcas. Secretario del Ejército del Norte. Gobernador de Jujuy entre 1826 y 1827.

Mariano Sánchez de Loria (1774-182).diputado por Charcas](Alto Perú). Se doctoró en jurisprudencia en la Universidad de Charcas.

Justo Santa María de Oro (1772-1836). Diputado por San Juan. Fue clérigo y doctor en teología.

José Ignacio Thames (1762-1832). Diputado por Tucumán. Fue clérigo y doctor en teología.

Pedro Francisco Uriarte (1758-1839). Diputado por Santiago del Estero. Fue clérigo y doctor en cánones. Diputado en la Junta Grande de 1811.

Declaracion Independencia Argentina 9 de Julio de 1816 Antecedentes

Declaracion Independencia Argentina
9 de Julio de 1816 – Las Provincias Unidas

Contexto Internacional:

Napoleón Bonaparte emperador francés desde 1804, había extendido sus dominios en Europa. Llevó adelante una guerra comercial contra Gran Bretaña esab1eçiendo un bloqueo continental a las mercaderías británicas en 1806.

Realizó exitosas campañas, venciendo a los austro-húngaro , austriacos , prusianos invadiendo España y Portugal e inclusive en 1812 intentar tomar Rusia dónde es vencido frente a los rigores del invierno, el hambre enfermedades que diezmaron el ejército. A partir de aquí, su imperio comienza a debilitarse, hasta que es derrotado definitivamente en al batalla Waterloo.

La derrota napoleónica significó el fin del proceso de la Revolución Francesa. Los monarcas absolutistas retornaron a sus tronos, iniciándose la de la Restauración Monárquica.

Para llevar adelante este objetivo, se reunieron en un Congreso en la ciudad Viena, los representantes de las distintas potencias europeas vencedores, el objetivo de restablecer la organización absolutista. En el acta del yeso se estableció el muevo orden europeo, que se basó en dos principios: legitimidad, es decir el derecho que tenían las monarquías de recuperar sus reinos, y el equilibrio, para que ninguna nación estableciese supremacía sobre el resto.

Fenando VII retornó al trono de España reimplantando el absolutismo y siguiendo con dureza y rigor a los opositores Decidió además, recuperar territorios coloniales americanos que estaban en pleno proceso emancipador ,con un ejército de casi 15.000 hombres.

En el Río de la Plata, el temor era que las fuerzas realistas pudiera revertir los ideales revolucionarios. Sin embargo, esta expedición nunca llegó a estas tierras.

Situación Interna:

Asamblea Constituyente , que se había reunido en Buenos Aires en el 1813, decidió ante la complicada situación que atravesaban las Provincias Unidas , crear un poder unipersonal el Directorio. El objetivo fue este tuviese rapidez y autonomía para la toma de decisiones.

El primer director supremo fue Gervasio Posadas, sucediéndole Carlos María de Alvear, José Ignacio Álvarez Thomas, Antonio González Balcarce, el general Rondeau y Juan Martín de Pueyrredón.

Los principales conflictos que los directores debieron enfrentar fueron:

* Continuar con la guerra de la independencia

* Resolver la situación creada por José Gervasio de Artigas, caudillo oriental, que organizó la Liga de Pueblos Libres, opositora al proyecto centralista de Buenos Aires

* La pérdida del Alto Perú , en 1815, y la defensa del norte que quedó en los de caudillos locales, sobre todo el salteño Miguel de Güemes,. El del Ejército del norte , General José de San Martín, renunció para ocuparse de la organización de la nueva gobernación de Cuyo y elaborar su plan emancipador

* La difícil situación económica que ocasionó la pérdida de las minas de plata de Potosí

* El levantamiento del ejército en la localidad de Fontezuela.

Congreso de Tucumán:

Cuando Álvarez Thomas es designado director supremo, el Cabildo de Buenos Aires formó una Junta de Observaciones que debía reglamentar mediante un Estatuto, el funcionamiento del gobierno.

Esta Junta ejercería poder legislativo y controlaría las acciones del director, al mismo tiempo autorizaba la convocatoria a un congreso constituyente a reunirse en la ciudad de Tucumán.

Este congreso inauguró sus sesiones el 24 de marzo de 1816, en uno de los momentos más difíciles de la revolución : el absolutismo se imponía en Europa y los movimientos emancipadores americanos , desde México hasta Chile, eran sofocados por las tropas realistas. Solo el Río de la Plata mantenía su proceso revolucionario y continuaba con su gobierno americano.

Por otro lado los portugueses, una vez más, preparaban la invasión a la Banda Oriental. El Congreso se reunió en la casa de la señora Francisca Bazán de Laguna, ya los edificios públicos de la ciudad se hallaban el mal estado.

Tuvo carácter nacional, ya que se reunieron representantes de Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja, San Luis, Catamarca, Mendoza ,Santiago del Estero, San Juan, Buenos Aires ,Córdoba, Charcas, Cochabamba, Tupiza y Mizque. Todos comprendieron la necesidad de dejar de lado los conflictos internos y aunar esfuerzos para alcanzar los objetivos principales: dictar una “Constitución” y proclamar la “Independencia”.

Como primera medida se eligió un nuevo Director supremo: el diputado por la provincia de Salta ante el Congreso, Juan Martín de Pueyrredón (imagen) protagonista de la Reconquista de Buenos Aires  ante las invasiones inglesas.

El 9 de julio de 1816 el congreso presidido por Francisco Laprida, abogado, y diputado por San Juan y como secretario Juan José Paso diputado por Bs.As. declaró la independencia. Se redacto un acta (cuyo original se ha perdido) que firmada por diputados ,que habían llegado a caballo, diligencias o carretas , por caminos en mal estado y durante largos días. (ver el Acta)

El Acta, redactada por José María Serrano, diputado por Charcas, decía:…”Nos los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al eterno que preside el Universo, en nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo. A las naciones y hombres todos del globo, la justicia que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de los que fueron despojados, e investirse del alto carácter de nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”…

El pueblo festejó alborozado e inclusive en la noche del 10 de julio se realizó un baile de gala. Fray José Cayetano Rodríguez, diputado por Buenos Aires, dirigió el diario oficial del congreso que daba cuenta del desarrollo del mismo, “El Redactor del Congreso de Tucumán”, con la colaboración del Dean Gregorio Funes

El 19 de julio se le agregó al acta que la emancipación sería de…”los reyes de España, sus sucesores, metrópoli y de toda otra dominación extranjera”…, lo que dejaba bien en claro que no existía ningún acuerdo con Portugal, que aspiraba a incorporar la Banda Oriental a su imperio.

El segundo objetivo del congreso, dictar una Constitución que organizara el estado, quedaría relegado .Se iniciaron discusiones sobre cual seria la forma de gobierno que adoptaría el estado :las alternativas eran república o monarquía constitucional (con división de poderes)

La propuesta monárquica se basaba en el retorno absolutista y facilitaría, entonces, la aceptación internacional . Algunos diputados proponían como monarcas a un descendiente de los Incas, otros buscaban algún representante de las diversas dinastías europeas. Sin embargo, la decisión sobre la forma de gobierno fue postergada.

Mientras el congreso permanecía en Tucumán, el Director Supremo se había establecido en la ciudad de Buenos Aires. Ante las dificultades que entrañaban las distancias, se decidió el traslado del Congreso a Buenos Aires, en marzo de 1817 a pesar de la resistencia pues había diputados que sugirieron llevar el congreso y el gobierno Córdoba para localizarlo en el centro del territorio.

Reinicia sus sesiones, tratando de organizar la administración: ordenar las finanzas públicas, para pagar los prestamos contraídos y regularizar el funcionamiento de las aduanas.,

El objetivo principal de Pueyrredón fue de apoyar et proyecto emancipador, a través de la realización de una expedición libertadora que partiendo de Cuyo liberara Chile y Perú y de esta manera se aseguraría la independencia de nuestro territorio. Esta expedición fié designada a San Martín a quien se nombra general en jefe.

El congreso resolvió elaborar una Constitución, que sancionó en 1819. Esta constitución redactada por una comisión, establecía un sistema de gobierno centralista, proclamaba los derechos de la Nación y de los particulares pero no se ocuparía de los gobiernos provinciales. Fue rechazada por las provincias. Este rechazo, junto a los enfrentamientos internos que se agudizaron y la guerra civil que se reanudó, provocó la renuncia del Director en julio de 1819. Fue el fin del Directorio y del congreso de Tucumán.

La independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata significó, ni más ni menos, que el país quedaba libre de toda dominación extranjera.

Cómo se declaró la Independencia
El 26 de marzo de 1816 se iniciaron las sesiones del Congreso de Tucumán con la presencia de las dos terceras partes de los diputados electos. El Litoral y la Banda Oriental no enviaron representantes. El Congreso asumió la soberanía de las Provincias Unidas. El martes 9 de julio de 1816 se iniciaron las sesiones a las ocho de la mañana y en reunión solemne, por la tarde, en medio de honda expectativa, el secretario Juan José Paso dio lectura a la proposición. Luego preguntó a los diputados si querían «que las Provincias de la Unión sean una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli». Una aclamación cerrada por la afirmativa siguió a la pregunta y enseguida los diputados ratificaron individualmente su aprobación.

El diputado Darregueira escribió a Tomás Guido, la misma noche del 9 de julio, para ponerlo al tanto de lo sucedido: «Después de una larga sesión de nueve horas continuas, desde las ocho de la mañana en que nos declaramos en sesión permanente, hasta terminar de todo punto el asunto de la Declaración de nuestra suspirada independencia, hemos salido del Congreso cerca de oraciones con la satisfacción de haberla concluido por unanimidad de votos en favor de dicha independencia que se ha celebrado aquí como no es creíble, pues la barra, todo el gran patio y la calle del Congreso han estado desde el medio día llenos de gente, oyendo los que podían los debates, que sin presunción puedo asegurara usted que han estado de lo mejor».

El acta original de la Declaración de la Independencia, firmada por todos los miembros del Congreso que asistieron a la sesión del 9 de julio de 1816, se conservaba en el Libro de Actas de las sesiones públicas de dicha asamblea. Se dice que en 1820 se lo depositó en la. Legislatura de Buenos Aires y en la época de Rosas fue retirado para hacer una copia litográfica. Desde entonces hasta el presente se ignora cuál ha sido su destino. Solamente se conserva en el Archivo General de la Nación una copia firmada por el secretario del Congreso, José María Serrano, a fines de julio de 1816.

Los festejos del 10 de julio de 1816 en Tucumán
El 9 de julio el Congreso de Tucumán proclamó solemnemente nuestra independencia de España. No hubo ese día otra manifestación pública, dejándose para el siguiente las fiestas anunciadas. Desde la mañana del 10 de julio se reprodujeron con mayor júbilo las pompas de las ceremonias del día de la instalación del Congreso.

A las 9 de la mañana, los diputados y autoridades, reunidos en la casa congresal de la calle del Rey (bautizada ahora calle Congreso), se dirigieron al templo de San Francisco, encabezando el séquito el director supremo Pueyrredón.

A lo largo de las tres cuadras que median hasta la iglesia, formaban doble hilera las tropas de la guarnición. En la plaza mayor hormigueaba el pueblo. Después de la misa solemne y del sermón, predicado por el doctor Castro Barros, la comitiva salió en e\ mismo orden, entre salvas y músicas, dirigiéndose a la casa del gobernador Aráoz (por estar en poder de los organizadores del baile el salón congresal), donde se celebró una breve sesión para conferir al Director Supremo el grado de brigadier, y nombrar a Manuel Belgrano general en jefe del Ejército del Norte. Esa misma tarde Pueyrredón salió para Córdoba, a donde llegó el día 15 y se entrevistó con San Martín. Por la noche se realizó el baile de gala en el gran salón del Congreso.

Paul Groussac expresó: «El baile del 10 de julio quedó legendario en Tucumán ¡Cuántas veces me han referido sus grandezas mis amigos de uno y otro sexo, que habían sido testigos y actores de la inolvidable función! De tantas referencias sobrepuestas, sólo conservo en la imaginación un tumulto y revoltijo de luces y armonías, guirnaldas de colores y emblemas patrióticos, uniformes y casacas, faldas y faldones en pleno vuelo, vagas visiones de parejas enlazadas en un alegre bullicio de voces, risas, frases perdidas que cubrían la humilde orquesta de fortepiano y violín. Doña Gertrudis Zavalía y don Arcadio Talavera me contaron cómo parecía que llenaran el salón el simpático general Belgrano, el decidor Juan José Paso y hacedor Serrano…

Desfilaban ante mi vista interior las beldades de sesenta años atrás: Cornelia Muñecas, Teresa Gramajo y su prima Juana Rosa; la seductora Dolores Helguera, Lucía Aráoz, alegre y dorada, la ‘rubia de la patria’ y otras muchas.

PENSAMIENTO POLÍTICO DE SAN MARTÍN EN 1816
DOCUMENTO

Si yo fuese diputado me aventuraría a hacer al Congreso las siguientes observaciones: […] Soberano señor: Un americano republicano por principios e inclinación, pero que sacrifica estas mismas por el bien de su suelo, hace al Congreso presente:

1- Los americanos o las Provincias Unidas no han tenido otro objeto en su revolución que la emancipación del mando del fiero español y pertenecer a una nación.

2- ¿Podremos constituirnos República sin una oposición formal del Brasil (pues a la verdad no es muy buena vecina para un país monárquico) sin artes, ciencias, agricultura, población, y con una extensión de tierra que con más propiedad puede llamarse desierto?

3- ¿Si por la maldita educación recibida no repugna a mucha parte de los patriotas un sistema de gobierno puramente popular, persuadiéndose tiene éste una tendencia a destruir nuestra religión?

4- ¿Si en el fermento horrendo de pasiones existentes, choque de partidos indestructibles, y mezquinas rivalidades no solamente provinciales sino de pueblo a pueblo, podemos construir una nación? […]

Seis años contamos de revolución y los enemigos victoriosos por todos lados nos oprimen: falta de jefes militares y nuestra desunión son las causales. ¡Y se podrán remediar!

Carta de San Martín a Godoy Cruz, 24 de mayo de 1816.