Alimentos de América

El Chocolate Historia de los Alimentos en America Comida de los Indios

ALIMENTOS DE AMÉRICA: EL CHOCOLATE

El chocolate
Otro alimento que hizo verdadero furor en Europa fue, el chocolate. Igual que el café o el té, el chocolate, es un estimulante cuyo principio activo es la teobromina, que significa «alimento de. los dioses». Este calificativo nos da una descripción mucho más exacta de su uso que cualquier apoyo botánico.

En el Méjico azteca, donde por primera vez lo vieron los europeos, el cacao era la bebida favorita de los emperadores, que eran considerados dioses. El primer europeo que probó el chocolate fue Cortés, invitado por Moctezuma, que se lo ofreció servido en una calabaza dorada.

Para preparar el chocolate, los mejicanos recogían los frutos del árbol del cacao, que siempre está verde y cuyas flores amarillas se parecen a las rosas. Luego partían las frutas y las exponían al sol hasta que «sudaban». El siguiente paso consistía en moler las vainas en un molino que llamaban metatl.

Thomas Gage, un inglés que iba a estar muy relacionado con el chocolate, asegura que su nombre procede de la onomatopeya choco-choco, que imita el chasquido del chocolate al entrar en contacto con el agua, y de atle, el nombre del molino.

El chocolate era tan caro que difícilmente pudo ser la bebida habitual de los campesinos pobres. En Méjico se utilizaba como dinero en lugar de las monedas, de las que nunca se sirvieron los aztecas. Las vainas de cacao se empaquetaban en bultos de 24.000 unidades, y éstos se constituían en la medida estándar del dinero, con los
que los mejicanos y los mayas pagaban sus impuestos.

Tal y como lo tomaron Moctezuma y Cortés, el chocolate era una bebida fría, no líquida, pero sí batida hasta conseguir una consistencia parecida a la de la miel, por lo que había que tomarlo con cuchara. Se mezclaba con toda clase de especias, incluyendo una que todavía se le añade hoy en día: la vainilla. Los aztecas, además le ponían con frecuencia maíz molido a su chocolate.

chocolate derretido

En manos europeas, el chocolate sufrió un considerable cambio. Se convirtió en una bebida auténtica, pues era tan caro que había que mezclarlo con agua. Sin embargo, se seguía batiendo y añadiéndole una gran variedad de especias, según la fórmula propia de cada consumidor.

Lo más probable es que los aztecas le introdujesen varios afrodisíacos naturales. De, hecho, tanto los franceses como los ingleses, consideraban al chocolate como un afrodisíaco.

Resulta característico de ambos temperamentos nacionales el que, mientras los franceses bebían chocolate sin ninguna prevención, estaban muy preocupados respecto al café, pues sus médicos les habían asegurado que los dejaría impotentes. Los ingleses, por su parte, estiman muy tranquilos con el café, pero les preocupaban los efectos que pudiera tener el chocolate sobre la castidad de las mujeres (la castidad de los hombros no se consideraba tan importante).

Al final del siglo XVIII ya no se consideraba que el chocolate pudiese poner en peligro la virtud femenina. Se tomaba en toda Europa, y fue una de las bebidas que hizo posible la revolución intelectual europea, conocida como el Siglo de las Luces.

Las damas francesas de cierto rango organizaban reuniones, y en sus salones se servía café o chocolate a sus imitados, que eran todos intelectuales y hombres, excepto la anfitriona. Mientras sorbían su chocolate discutían sobre los temas de actualidad y de política, como el de si los poderes del rey de Inglaterra deberían ser limitados, o lo que se podría hacer para mejorar la suerte cíe los campesinos.

El chocolate había perdido completamente su exótica reputación, hasta tal punto que con frecuencia lo bebían las colegialas y las monjas. Una de las entusiastas de esta bebida fue Madame d’Arestrel, superiora del convento de la Visitación de Belley, y que tenía un joven amigo llamado Anselme Brillat-Savarin.

La Revolución Francesa hizo que Anselme tuviese que emigrar a Nueva York, donde tuvo que ganarse la vida tocando el piano en una orquestina mientras pensaba en su gran obra gastronómica. En ella habría de incluirse la receta que la madre superiora de Belley le había proporcionado para hacer un buen chocolate.

«Hazlo en un recipiente de porcelana la noche antes de que quieras beberlo. Luego déjalo reposar toda la noche. Con este reposo adquiere una concentración y una textura aterciopelada que lo mejora infinitamente. Dios no nos guardará rencor por este pequeño refinamiento. Al fin y al cabo, ¿no es Él todo perfección?»

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

Pedro de Mendoza enfermo de sifilis en la historia

Pedro de Mendoza enfermo de sifilis en la historia

Un Poco de Historia: Sífilis en la primera fundación de Buenos Aires: Pedro de Mendoza:  Mendoza era un hidalgo nacido en Guadix, Granada, que contaba a la sazón unos treinta y cinco años. Realizados los preparativos del viaje, partió el adelantado en agosto de 1535, con once barcos y unos mil trescientos hombres. Llegado al Río de la Plata a comienzos del año siguiente, levantó en su margen derecha una fortaleza a la que llamó Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aires (3 de febrero de 1536).

Al poco tiempo, los habitantes de aquella modestísima población empezaron a padecer el azote del hambre y los ataques de los indígenas, quienes, tras un comienzo amistoso, se habían vuelto hostiles y se negaban a  proporcionarles ayuda y alimentos.

Mendoza envió entonces a su hermano Diego hacia la región del Delta al frente de un grupo de trescientos hombres en busca de víveres, pero los aborígenes los atacaron. En el combate que se denomina de Corpus Christí -por la celebración religiosa de ese día, 15 de junio- los españoles lograron imponerse, pero a costa de la vida de varios de sus mejores capitanes, entre ellos el propio Diego Mendoza.

Con anterioridad, y cumpliendo órdenes del adelantado, su segundo, el capitán Juan de Ayo las había partido con trescientos expedicionarios remontando el río Paraná, y había levantado su real (campamento o pequeño poblado) que llamó Corpus Christi, cerca del río Coronda. A su regreso a Buenos Aires, Ayolas invit6 a Mendoza a conocer las tierras que él había recorrido. El adelantado partió hacia ellas y tras una corta residencia en Corpus Christi, se trasladó más al Sur, donde levantó, a fines de setiembre de 1536, el fuerte Nuestra Señora de la Buena Esperanza.

Poco después, y mientras Ayolas remontaba el Paraná y el Paraguay, Mendoza, que se sentía muy enfermo, regresó a Buenos Aires y, en vista de que sus dolencias empeoraban, resolvió volver a España. Luego de designar a Ayolas su sucesor en la conquista, el 22 de abril de 1537, se alejó para siempre, río arriba -por el Paraná primero y luego por el Paraguay-, Ayolas había llegado entre tanto a un lugar que llamó La Candelaria. Dejó allí parte de sus hombres al mando de Domingo Martínez de lrala, y partió hacia la ambicionada Sierra de la Plata, en busca de riquezas, pero cuando ya regresaba con un espléndido botín, cayó en una emboscada de los indios y fue muerto con todos sus compañeros.

Irala emprendió entonces el retorno aguas abajo y se detuvo al llegar al fuerte de la Asunción que Juan de Salazar -otro de los acompañantes de Mendoza- había levantado el 15 de agosto de 1537 en la margen izquierda del río Paraguay. Instalado en Asunción, Irala tomó el mando en reemplazo del infortunado Ayolas. Transcurridos algunos años, decidió concentrar en dicha población a todos los españoles y, para ello, ordenó el traslado de los pocos habitantes que aún quedaban en Buenos Aires y mandó quemar la población. Corría el año 1541. El primer intento de conquista y colonización en la región del Río de la Plata había fracasado.

“El adelantado Don Pedro de Mendoza no aparece por ninguna parte. Las naves están listas para iniciar la gran travesía y aunque está en Sevilla, no se presenta en público. La impaciencia de nobles, soldados y marineros se incrementa. El mayordomo y el apoderado de Don Pedro, Juan de Ayolas y Martín Orduña, tratan de disimular pero la noticia ya corre por la ciudad como reguero de pólvora y es la comidilla de las tabernas. Mendoza guarda cama porque la sífilis contraída en Italia lo tiene a mal traer. El viaje hacia las riquezas del Plata aún no es seguro.

“No es que no se conozca algún tratamiento que alivie los dolores. Desde la gran epidemia de 1494, la mortal enfermedad venérea es tratada con mercurio o argento vivo bastante exitosamente. Además, Don Pedro apenas supera los treinta años y, aunque parece mayor, ha demostrado ser un hombre bastante fornido, de comer saludable y de carácter emprendedor.

“Cojea de una pierna, igual que Diego de Almagro, pero la mayoría de los comprometidos en la expedición prefieren creer que pasa por un mal pasajero y optan por esperar que su salud se restablezca?’

El primer Adelantado del Río de la Plata, que en el verano de 1536 fundó el apostadero “Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre”, viajó, en efecto, con un avanzado cuadro de sífilis que lo retuvo más tiempo en cama que comandando efectivamente la expedición.

Muy desmejorado de salud, nombró teniente gobernador a Juan de Ayolas y el 22 de abril del año siguiente emprendió el regreso a España. No llegó a informar de sus modestos logros. “Los estragos producidos por la sífilis [eran] ya evidentes: tejidos heridos sin cicatrizar, debilidad de su corazón y una progresiva parálisis general lo postraban, ya de manera definitiva?’ El 23 de junio murió en alta mar. (Ampliar: La Conquista del Mar Dulce de Solís)

Las citas fueron extraídas de Pedro de Mendoza,
de la colección Grandes protagonistas de la historia argentina, dirigida por Félix Luna

El Mestizaje en el Rio de la Plata La Conquista de España Sociedad

El Mestizaje en el Río de la Plata
La Conquista Española

Asunción del Paraguay: el paraíso terrenal: Entre tanto se había fundado Asunción del Paraguay (15 de agosto de 1537) en tierras de nativos mansos y agricultores: los guaraníes. Domingo Martínez de Irala, fue quien tomó a su cargo esta población, aspiraba a la sucesión de Mendoza. Respaldó su pretensión el veedor real venido de España para solucionar el vacío político provocado por la ausencia de Ayolas.

Guaranies en Paraguay

Guaranies en Paraguay

El nuevo gobernante estaba decidido a cambiar el eje de la Conquista, abandonar la desembocadura del río e instalarse en Asunción, donde la mansedumbre de los indígenas aseguraba la fuerza de trabajo indispensable para la colonización.

El poblado gozaba de las ventajas de un clima cálido, nativos cordiales y mujeres trabajadoras y buenas amantes. En contraste con el medio hostil de la desembocadura del Plata, Asunción aparecía casi como un paraíso terrenal.

Irala ordenó que se abandonara a Buenos Aires. Sin embargo, un grupo de hombres se negaron a dejar el puerto, argumentando que era la única pero sólida ventaja consistía de encontrarse más cerca del Atlántico y por ende de España que el lejano enclave aguas arriba del Paraná y el Paraguay. A Buenos Aires llegaba cada tanto una nave con mercancías y nuevos pobladores. La madera y las piedras que faltaban en la llanura inmediata se obtenían con facilidad en el Delta y en la costa oriental del gran río.

Pero las órdenes eran terminantes. El sitio se abandonó (1541) y donde había estado el poblado se dejaron informaciones acerca del derrotero a seguir. Al irse los colonos, los potros y yeguas que habían venido con ellos quedaron en libertad. Con el tiempo, éstos sentaron las bases de la riqueza pecuaria de la llanura rioplatense.

Irala impuso su liderazgo en Asunción por veinte años más hasta su fallecimiento. Supo congraciarse con la Corona y hacer jugar el aislamiento de esta ciudad en beneficio de su liderazgo. Su pragmatismo y su popularidad entre los soldados le permitieron desalojar a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el segundo Adelantado del Río de la Plata, un explorador, inteligente y letrado, que había vivido aventuras extraordinarias y naufragios en América del Norte y que se empeñó vanamente en proteger a los indígenas frente a los abusos de los encomenderos.

Narra Ulrico Schmidl el clima de violencia de esos tiempos:

“Los cristianos estuvimos los unos contra los otros y no nos concedimos nada bueno el uno al otro; nos batimos día y noche los unos contra los otros. Entraron en razón sólo ante la amenaza de que los indígenas aprovecharan estas rencillas para rebelarse«.

La colonización del Paraguay tuvo rasgos originales. Dice Rosenblat que un pequeño núcleo conquistador pudo, en el transcurso de varios siglos de relativo aislamiento, mestizar a casi toda la población indígena del país.

Las nativas fueron entregadas voluntariamente por los ancianos de sus comunidades a los españoles, jugadas a los dados o tomadas por la fuerza en auténticas cacerías. En vano denunciaban los clérigos el abuso de salir a buscar “manadas de mujeres para su servicio, como quien va a la feria y trae una manada de ovejas, incluso sin  reparar siquiera en en el parentesco”. El tema de la servidumbre y de la esclavitud en los orígenes de la colonización del Río de la Plata ha sido estudiado en profundidad por Silvio Zavala.

En su moral sexual, Asunción estaba conformada por conquistadores que habían logrado convertirse en dueños de harenes de 70 mujeres, era un “paraíso de Mahoma”, más que un modelo de sociedad cristiana.

Sin embargo, esa sociedad de la frontera necesitaba para su vida material de la industria del Viejo Mundo y precisaba para mantener la cohesión social los valores religiosos del catolicismo. Desde la óptica de los conquistadores, si el mundo indígena prevalecía por falta de madres españolas y cristianas, la colonización estaba destinada a desaparecer en un corto plazo. Recordemos que el hijo mestizo valía para España solamente si se incorporaba a la cultura paterna.

Prueba de la importancia de este concepto es la oferta de Irala de perdonarles la vida a dos capitanes rebeldes, a condición de que se casaran con sus hijas mestizas, Marina y Úrsula. Estos matrimonios mixtos, resultado de un “pacto de sangre”, dieron lugar a linajes patricios del Paraguay y el Río de la Plata.

En 1555 llegó a Asunción un importante núcleo de nuevos pobladores, encabezado por doña Menda Calderón de Sanabria, viuda del tercer Adelantado del Río de la Plata, el cual había muerto antes de comenzar la empresa. Venían con doña Menda cuarenta doncellas y además hidalgos, soldados y artesanos. Eran los restos de lo que se había proyectado en la Península como una gran expedición de refuerzo. Este contingente, luego de padecer toda suerte de trastornos y naufragios, realizó a pie el trayecto desde San Vicente hasta Asunción, por elGuayrá, un camino que podía recorrerse con relativa seguridad.

Para las mozas sin dote ni fortuna, la posibilidad de encontrar marido legítimo en esa sociedad marginal resultaba un incentivo poderoso. Y para Asunción, la llegada del contingente femenino reforzó a la empresa colonizadora que con tantas dificultades se estaba llevando a cabo.

Esta empresa era ingrata, pródiga en falsas expectativas y en frustraciones.  La Conquista del Río de la Plata fue popular al principio y se desprestigió después. De haber quedado librada al arbitrio de la iniciativa particular y de la libre voluntad de los mercaderes, dice Richard Konetzke, se hubiera perdido lo iniciado con tanto esfuerzo. Su continuidad exigió un esfuerzo especial de la Corona para llevarla adelante y la obstinación de los sobrevivientes. Sólo a fines del siglo XVI, como se verá en otro capítulo, la Conquista estuvo suficientemente estabilizada.

Sin embargo, la Ciudad de los Cesares, no era más que el ya conocido y repartido Potosí. El mito murió en parte ahí. Muchos empezaron a aceptar que su destino: fundar ciudades, controlar las tierras y frenar a los nómades nativos.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Ver: El Mestizaje en América Colonial

La Conquista Española en el Rio de la Plata El Mar Dulce de Solis

La Conquista Española en el Río de la Plata
El Mar Dulce de Solís

La hora de los exploradores y colonos: Una vez dispersados los orgullosos capitanes de Mendoza, 500 europeos permanecían en el puerto de Buenos Aires librados a su suerte pero aferrados al sueño de la conquista y honor.

Este pequeño núcleo no se desanimó por el aislamiento, las privaciones y el abandono. Contaban con un buen gobierno, ejercido por uno de los lugartenientes del Adelantado. Bajo esta conducción, los sobrevivientes apelaron a su capacidad y a su ingenio, como ese estudiante sin oficio alguno que fabricó sus propios anzuelos de pesca, peines y hasta una rueda de moler, o aquel soldado tan diestro que era capaz de matar un tigre de un solo tiro de ballesta.

Todos sin distinción tuvieron que trabajar con sus manos las sementeras; aprendieron a sembrar el maíz en septiembre; trigo y hortalizas entre mayo y julio. De este modo, en un par de años solucionaron el problema del hambre y engordaron un poco. Disponer de sus propios alimentos los independizó de los indígenas, que desconfiaban en servirles.

Figuraban entre estos colonos, señala el historiador Lafuente Machain, quienes formaron los primeros centros de población permanente en el Río de la Plata. Los más jóvenes, como el carpintero Antonio Tomás, venido a la edad de 15 años, estuvieron presentes en la fundación de la segunda Buenos Aires, cuarenta y cuatro años más tarde; Nufrio de Chaves, hombre resuelto y optimista, dice de él Levillier, fundó la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1561 y Alonso Riquelme de Guzmán conquistó el Guayrá.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Alimentos Americanos en Europa La Patata o Papa Intercambio Frutos

Lo Alimentos Americanos en Europa – Intercambio de Frutos

Los dos principales productos americanos importados a Europa tuvieron al principio poco éxito. El maíz fue adoptado como cultivo en España, Portugal e Italia. Los indios americanos, que adoraban el maíz, nunca lo comían solo, y lo utilizaban como complemento de un plato de carne, o lo guisaban junto a unas alubias, pimientos verdes y pescado —la receta original de la tarta de maíz tierno con alubias. Estos complementos proporcionaban las vitaminas que le faltaban al maíz.

Los pobres que comían en Europa el maíz como si fuese trigo, sin acompañarlo de carne, empezaron a sufrir de la pelagra, «piel áspera», una enfermedad carencial producida por la falte de proteínas.

El maíz se hizo impopular, e incluso en 1847, cuando los irlandeses estaban muñéndose de hambre, se negaron a comerlo, llamándolo «azufre de Peel», pues era amarillo como el azufre, y Peel era a la sazón el primer ministro de Inglaterra. De hecho, el maíz fue despreciado en Europa, y sólo empezó a consumirse en cantidades significativas cuando los europeos adoptaron la costumbre americana de tomar cereales en el desayuno.

El alimento americano que más éxito iba a tener en Europa fue, por supuesto, la patata. En 1564, John Hawkins introdujo la batata en Inglaterra, pero no prosperó. En cambio, la patata india, que había sido cultivada por los laboriosos agricultores incas en sus gélidos montes, tuvo un éxito casi instantáneo. Introducida en Inglaterra por Sir Walter Raleigh, e implantada en la recién desarrollada colonia inglesa de Irlanda, le esperaba a la patata un futuro brillante en las Islas Británicas —hasta mediados del siglo XIX.

La verdad es que Gran Bretaña y la pateta no se adecuaban demasiado bien. Comparada con el Perú, Gran Bretaña tiene un clima tan cálido, que la única manera de cosecharlas es cultivándolas en las regiones más frías del país, Irlanda del Norte y Escocia.

Llamada a desarrollarse en un clima mucho más caluroso del que había prescrito la naturaleza, la patata británica estaba expuesta a enfermedades que probablemente no le habrían afectado jamás en el altiplano andino. Además, los incas, que fueron los que iniciaron su cultivo, habían desarrollado un método infalible para conservar la patata, secándola en frío y convirtiéndola en lo que ellos llamaban, chuñu.

La aceptación de la patata en Europa
Existían poderosas razones para que los campesinos europeos, ya de por sí obstinados y recelosos, contemplasen a la pateta con prevención y se lo pensasen dos veces antes de adoptar su cultivo. Por lo tanto, su expansión al principio fue lente. En Francia, Antoine-Auguste Parmentier, philosophs francés de siglo XVIII (y al que se le atribuye el invento de las patatas fritas), intentó convencer a sus paisanos de que la pateta no era venenosa. (Las patatas verdes sí son venenosas, hasta cierto punto.)

Sin embargo, Parmentier logró interesar al rey, y fue Luis XVI quien finalmente «engañó» a los campesinos para que cultivasen el nuevo tubérculo. Hizo que se sembrase un campo de patatas en las mismas afueras de París, y puso una guardia de soldados alrededor de este, campo real. Los campesinos se acercaron a curiosear, y se preguntaban cuál sería ese cultivo ten valioso que aconsejaba todas estas medidas de seguridad.

Finalmente, cuando la cosecha estaba lista, el rey retiró la guardia nocturna, y esperó. Al cabo de poco tiempo, y por la noche, todas las patetas habían sido robadas y la carrera de la pomme de terre se había puesto en marcha. Todavía hoy, la inclusión en un plato del calificativo parmanüer o a la parmentier, indica que se sirve acompañado de patatas.

La patata llegó a Francia demasiado tarde para impedir la Revolución Francesa. Si cuando falló la cosecha de 1788, los campesinos hubieran tenido una reserva de patatas suficiente,, y si María Antonieta hubiera podido decir entonces aquella frase que se le atribuye: «Si no tienen pan, que coman patatas», puede que el curso de la historia hubiera sido diferente.

En otra parte de Europa la patata prosperó mucho mejor. Federico el Grande la introdujo en Alemania, donde tuvo tal aceptación, que la guerra de sucesión bávara (1778-9) giraba en realidad en torno a quién había de controlar la cosecha de patata local.

Los rusos también se contagiaron de esta moda, comprobando que el tubérculo se desarrollaba muy bien en sus frías estepas. En Holanda, hoy, cuatro de cada cinco verduras y hortalizas que se cultivan son patatas.

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

La Comida de los Aborigenes en America La Conquista de España

La Comida de los Aborigenes en América – La Conquísta de España

La dieta de los indios

La mayor parte de los indios de la llanura y de los bosques, como casi todos los pueblos cazadores, dependían de una economía de subsistencia —festejándose con banquetes en épocas de abundancia y ayunando cuando la comida escaseaba. Si las condiciones eran favorables —mucha caza y clima propicio— disfrutaban de una dieta tan rica y abundante que en Europa sólo podrían permitírsela los potentados.

En primavera, las tribus del noroeste sangraban el azúcar del arce, hervían la savia y se comían el azúcar cuando cristalizaba. En verano cazaban o pescaban, complementando su dicta con maíz, calabazas y judías que cultivaban las mujeres.

En otoño cazaban en exceso para almacenar carne para los meses fríos del invierno, secando la carne de búfalo o de oso en unos bastidores de madera (muy parecidos a las barbacoas de los bucaneros). Esta carne, secada y ahumada, se golpeaba y desmenuzaba, mezclándola con grasa animal y con bayas, metiéndolo todo en un molde llamado penmican.

Como las condiciones no siempre eran favorables, y la caza a veces huía, o el invierno se prolongaba mas de lo corriente, la amenaza del hambre era una preocupación permanente. Entonces el penmican —que con terna grasa para combatir el frío, carne para proporcionar proteínas y bayas para las vitaminas— mantenía vivos a los indios hasta que la tierra volvía a recubrirse de verde.

No debe sorprendernos que con una dieta tan rica en proteínas, los indios fuesen bastante más altos que sus contemporáneos blancos.

Los Padres Peregrinos adoptaron muy pronto muchos de, los componentes del menú de los indios. Pavo, salsa de arándano, maíz, calabaza, alubias, todos los ingredientes de la comida tradicional del Día de Acción de Gracias son de origen indio. También lo son las patatas, el pan de maíz, el maíz molido, el guiso de maíz tierno con alubias, y las palomitas de maíz.

Todos estos alimentos entraron a formar parte enseguida de la vida cotidiana de los colonos. Aunque volvieron a aparecer en América del Norte las clases sociales de los que «tenían» y de los que «no tenían», los pobres nunca llegaron a ser tan pobres como lo habían sido en Inglaterra.

Más adelante, cuando los padres de la revolución americana intentaron sublevar a los colonos, no pudieron utilizar el argumento esgrimido por los agitadores políticos de la Inglaterra del siglo XVIII —la carestía de los alimentos— teniendo que recurrir en su lugar a denunciar los elevados impuestos y las restricciones comerciales.

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

Los Alimentos de America Intercambio de Alimentos con Europa

Los Alimentos de las Américas: Intercambio de Alimentos con Europa

Para los colonos que se lucieron a la mar siguiendo la estela de los pioneros, las tierras de las recién descubiertas Américas supusieron el en del fantasma milenario europeo —el hambre. Es cierto que durante los primeros años, los recién llegados tuvieron que apretarse el cinturón. Así, los ingleses en Virginia tuvieron que echar al caldero los mastines que habían traído para que los protegiesen de los indios, y los Padres Peregrinos necesitaron de toda su fe para poder mantenerse durante los primeros inviernos de su estancia.

maiz planta marlo chocloSin embargo, una vez instalados, los colonos tanto del norte como de Sudaménca, comprendieron que habían llegado a una tierra de abundancia. Los españoles de las Indias occidentales comprobaron que con una pequeña parcela podían sostener a toda la familia, pues las tierras tropicales eran muy fértiles, y las lluvias y el sol del Caribe, muy apropiados para el cultivo.

Introdujeron los naranjos, los limones, las uvas, y sobre todo el cultivo de la caña de azúcar, que se empezó a practicar en las Indias occidentales en 1506. Aunque las ovejas no se adaptaron bien al clima centroamericano, el ganado vacuno y el de cerda sí lo hicieron, y pronto vagaron por las islas manadas de vacas y de cerdos; animales que habrían de convertirse más tarde en el giran capital de los bucaneros.

Mientras tanto los españoles se apresuraron a investigar las riquezas alimenticias autóctonas del nuevo continente. Exportaron a España hortalizas americanas como la mandioca, las judías verdes, las alubias, los pimientos rojos y verdes, la tapioca, la pina, el cacahuete y la vainilla. Sin embargo, es curioso que los colonos de la América del Sur no aprendiesen nunca la lección más importante que les planteaba el nuevo continente.

Bernal Díaz, uno de los conquistadores españoles de Méjico, era, a diferencia de la mayor parte de sus compañeros, un hombre de negocios práctico, además de agricultor y soldado. Durante una primera incursión de reconocimiento en Méjico, sembró las semillas de una naranja que se había comido, y cuando volvió con Cortés, quedó asombrado al comprobar que los aztecas, que eran tan entusiastas jardineros como él, habían reconocido que los tallos de naranja era una nueva planta, y la habían regado y cuidado con mucho esmero. Al final de su larga vida, Díaz se entristeció al comprobar cómo el gigantesco sistema organizado por los emperadores aztecas para asegurar el bienestar de su pueblo, se había derrumbado por completo.

El sistema consistía en enormes almacenes ubicados en cada provincia, llenados a base de los «impuestos» pagados al emperador. Éstos se materializaban en forma de alimentos, como el maíz, que se guardaban en previsión de una cosecha desastrosa. Cuando amenazaba el hambre, los monarcas aztecas abrían sus almacenes y distribuían su contenido a la población para que pudiese sobrevivir, o para que pudiese sembrar para el año siguiente.

En el Perú ocurría lo mismo. Todo el mundo comía, pero también todo el mundo tenía que trabajar, y la conexión entre el trabajo y el no pasar hambre era una relación que se le inculcaba a todo peruano desde su más tierna infancia. No existían los mendigos, como ocurría en Europa, porque no se le permitía a nadie que permaneciese ocioso. Se trabajaba por el bien de la comunidad en general y los años buenos, con cosechas abundantes, se pagaban tasas extras para compensar los años de carestía y de hambre.

Las lecciones que podían haber extraído de los aztecas y de los incas fueron desatendidas por los españoles, al igual que hicieron los Padres Peregrinos y sus descendientes en el norte, que no supieron admirar la infinita hospitalidad de los indios, que ofrecían comida a cualquiera que los visitara y atendían sin el menor reproche a los ancianos, a los huérfanos y a los inválidos de su tribu.

ALGUNAS PLANTAS AMERICANAS:

El conocimiento de las plantas americanas proporcionó al Viejo Mundo numerosos e importantes cultivos hortícolas, tales como la papa (Solanum tuberosum); la batata (Ipomea batatas); el ají o pimiento (Capsicum); el tomate (Solanum lycopersicum); los porotos (Phaseolus); el zapallo (Cucúrbita máxima y C. moschata); la mandioca (Manihot utilissima), etcétera.

La flora medicinal americana, que se conoció en la época del Descubrimiento, enriqueció la farmacopea de entonces con el aporte de plantas a las que, a fuer de constituir medicinas foráneas, se les asignaban exageradas virtudes terapéuticas. Esa fama promovió, no obstante, el estudio farmacognóstico de muchísimos vegetales que los aborígenes utilizaban empíricamente.

La nómina es muy nutrida, y en ella deben destacarse, para nombrar sólo aquellas de las que se hizo mayor uso, la quina (género Cinchona); la coca (Erythroxylon coca); el boldo (Peumus boldus); la ipecacuana (Uragoga ipecacuanha); la zarzaparrilla (Smilax sp.); el paico (Chenopodium ambrosioides); la vainilla (Vanilla sp.); el palo de bálsamo (Miroxylon balsamum); la jalapa (Exogonium purga), y el jaborandi (Pilocarpus pennatifolius).

CÓMO SE DIFUNDIERON ALGUNAS PLANTAS AMERICANAS
La papa (Solanum tuberosum), que es un tubérculo, y como tal almacena para la planta sustancias de reserva, constituye a su vez un buen alimento para el hombre. Fue introducida en Europa en el siglo XVI y tardó bastante tiempo en ser aceptada por las diferentes poblaciones.

Alemania fue la primera nación que intensificó su cultivo y, por ende, su consumo, constituyendo desde entonces para su población un primordial alimento. Se explica así el sentido del monumento que le fue erigido en Braunlage (Alemania occidental), con la inscripción «Al más grande antídoto contra el hambre».

En Francia, en donde se le llamó «manzana de la tierra» (pomme de terre), su consumo se impuso más que por la entusiasta propaganda de Antonio Augusto Parmentier, por la escasez y el hambre, cuando en 1779 se malograron cosechas. Para Irlanda y Rusia, este tubérculo significó un elemento básico en la alimentación popular.

EL TABACO (NICOTIANA TABACUM)
Fue Cristóbal Colón quien hizo las primeras referencias acerca del uso del tabaco por los indígenas, pero no es posible establecer desde qué época lo empleaban —en las distintas regiones americanas en las que la planta se producía— ya fuese en ritos religiosos, en la terapéutica o en las ceremonias guerreras.

Los europeos se aficionaron rápidamente a él, e introducido primero en España y Portugal, y después en Francia y en Italia (alrededor del año 1560), en poco tiempo su uso y su cultivo se extendieron a Turquía y a Oriente. A Francia fue llevado por el embajador francés en Portugal, Juan Nicot, de quien esta especie botánica perpetúa el nombre (Nicotiana) en su denominación y en la del alcaloide que contiene (nicotina).

En Inglaterra se conoció el tabaco sólo en 1586, cuando Sir Walter Raleigh lo llevó desde Virginia, región de América del Norte, en la que esta planta abundaba.
Actualmente, Estados Unidos, China, India y la URSS son los grandes países productores (el 50% del total mundial).

EL CACAO (THEOBROMA CACAO)
Conocido por los conquistadores en México, por el uso que de él hacían los aztecas, lo difundieron rápidamente, primero en España (1520) y más tarde en Italia (1606) y en Francia (1615). Hacia 1700 ya su uso se había extendido por toda Europa. Por su exquisito sabor y por su valor nutritivo, los antiguos mexicanos lo consideraban alimento divino (de ahí su nombre científico, Theobroma, que significa «alimento de los dioses»). Chocolate es también voz azteca. El cultivo del cacao se ha extendido sobre todo en el África ecuatorial, donde actualmente cubre los dos tercios de la producción mundial (Ghana y Nigeria están considerados los dos principales países productores).

EL CAUCHO (HEVEA, CASTILLOA)
De todos los árboles gomíferos, el que suministra mayor cantidad y mejor calidad de látex es el Hevea brasiliensis o caucho de Para (la voz indígena caucho significa «árbol que llora», aludiendo a la secreción que brota de las heridas que se infieren al tronco).

Conocidos los árboles del caucho (géneros Castilloa y Hevea) desde el momento mismo del Descubrimiento, las aplicaciones que de su látex hacían los indígenas despertaron el interés de los conquistadores. Hasta principios del presente siglo, las «seringueiras» brasileñas (seringa es el nombre vernáculo del caucho), al parecer inagotables, cubrían las necesidades del mercado.

Más tarde, a raíz de las plantaciones que se hicieron en Asia sudoriental con ejemplares de Hevea obtenidas de semillas que el inglés Enrique Wickham sacó del Brasil, los cauchales cultivados compitieron con la producción brasileña, y hoy la Federación de Malasia, Indonesia y Tailandia aportan el 95 % de la producción mundial de caucho natural.

LA QUINA (CINCHONA SP.)
El único específico efectivo contra el paludismo (plaga que afecta a mil millones de seres en las zonas maláricas del mundo) fue, hasta reciente fecha, la quinina, droga que se extrae de la corteza del árbol de la quina. (Durante la última gran guerra, en virtud de la ocupación por el enemigo de las Indias holandesas, territorios de intensa producción de quina, se obtuvieron en laboratorios antimaláricos sintéticos: atebrina, plasmoquina, cloroquina.) La importancia de este árbol, cuyas propiedades febrífugas se popularizaron, según la tradición, a mediados del año 1600, con el tratamiento a que se sometió la condesa de Chinchón, esposa del virrey del Perú, atacada de fiebres intermitentes, era ya conocida por los naturales. (El nombre científico de la quina, Chichona, que perpetúa el nombre de la condesa, le fue dado al género por Linneo en 1742.)

Las plantaciones de la isla de Java, que llegan a suministrar el 90 % de la producción mundial, proceden de semillas que en el año 1864 se recolectaron en las yungas (valles calientes), de la región de Chulumani, en Bolivia, de donde es originaria la variedad C. calisaya.

EL GIRASOL O MIRASOL (HELIANTUS ANNUUS)
El girasol, la hoy difundida Compuesta de semillas oleíferas, es originaria de la región templada de América del Norte, lo mismo que su congénere el topinambur o pataca (Helianthus tuberosus).

Tanto el nombre científico (Helianthus) como las denominaciones vulgares obedecen a su condición de flor heliotrópica (que gira siguiendo al Sol). Existen numerosas especies, pero la que se cultiva es la variedad anual (H. annuus). En las regiones de las que es originaria, se consumían las semillas de las especies silvestres, y más tarde, al llevarla a Europa (a mediados de 1800), se cultivó con cierta intensidad en Ucrania, tanto para la alimentación humana como para el engorde de aves y cerdos.

En nuestro país se sembró, primero, como planta ornamental, y hace apenas medio siglo que comenzó su explotación industrial, especialmente como planta oleaginosa.

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

Ver: Una Tabla de los Intercambios