Refugiados en el Mundo

La Migración Africana Hacia Europa Historia Trágica del Viaje

La Triste Historia de la Migración Ilegal Africana Hacia Europa

LA ODISEA: El joven se agarra de una mano cubierta por un guante y consigue poner un pie en el muelle. Tiembla. Apenas puede sostenerse. Es el primero de los africanos en dejar el cayuco. Ya está en Europa. Ha logrado la hazaña de llegar vivo a la tierra prometida.

De inmediato, comprende que no es bienvenido. Lo reciben con guantes y barbijo y ni siquiera lo saludan. Ni hola. Es sujetado de un brazo hasta llegar a las carpas de la Cruz Roja, donde se desmorona, exhausto. Así, uno tras otro van dejando el colorido bote de madera que los trajo desde Senegal.

Algunos padecen hipotermia. Otros necesitan ayuda para caminar. En la expresión de sus rostros puede advertirse que vivieron algo horrible. Llevan restos de sal en la cara y los ojos lastimados por el mar.

Unas treinta personas observan todo desde atrás de rejas y barandas. La mayoría son turistas ingleses y alemanes. Unos sacan fotos con sus celulares, otros filman. Observan un rato, hasta que se aburren. Luego se marchan. Los periodistas hemos podido entrar. Ya no hay africanos en el cayuco, todos descansan en el interior de las carpas. Se los ve extenuados.

El viaje ha sido eterno. Fueron ocho días en el mar. A pesar de todo, no hay tiempo para asimilar el estado de shock. Ahora les toca soportar las asperezas de ser tratados como delincuentes. En media hora partirán hacia la comisaría. Después, en función de la suerte y la edad, irán a parar a un centro de internamiento o a uno de acogida.

Episodios como este ocurren a menudo en el puerto de Los Cristianos, al sur de Tenerife. Desde hace ya más de un año es el lugar donde más cayucos desembarcan. Estos botes pesqueros salen del continente más empobrecido del planeta e irrumpen de golpe en las playas donde reposan los turistas del primer mundo.

A bordo de piraguas con motor, se juegan la vida en un viaje que suele durar entre 4 y 12 días, después de recorrer más de 1.000 kilómetros por las aguas del Atlántico. Viajan a la intemperie. Los cayucos son embarcaciones pensadas para salir al mar con 15 o 20 tripulantes, como mucho, aunque a Los Cristianos han arribado cayucos ocupados hasta por 180 personas.

Abdulaye es un joven senegalés que logró sobrevivir a la pesadilla del mar. Habla y los nervios lo hacen reír. Mientras le relata a Veintitrés Internacional los días en el cayuco, cierra sus ojos y se toca las sienes con la punta de los dedos. Dice que al principio iba bien.

Cuenta que comían arroz y bebían Coca Cola o agua. Pero los días siguientes, recuerda y vuelve a cerrar los ojos, “fueron muy duros, es terrible estar ahí. Hacía mucho frío, mucho. Las olas eran grandes y el tiempo no pasaba. Tenía fiebre. Algunos gritaban y querían tirarse al mar. A mi lado iba un chico que estaba duro, no comía ni hablaba. Después se acabó el agua y empezó lo peor”.

Abdulaye pudo llegar, pero este drama mata a miles y miles de personas cada año. Con frecuencia, aparecen en las costas las embarcaciones destrozadas y los cuerpos hinchados por el agua. Según informaron fuentes oficiales, el año pasado se recuperaron alrededor de 600 cadáveres y el número total de muertos fue de más de 6000. La situación en el mar es tan compleja que incluso se producen incidentes en el momento mismo del rescate.

Esto ocurrió meses atrás, cuando un barco de Salvamento Marítimo intentaba auxiliar a un cayuco y se produjo un naufragio del que resultaron muertas 88 personas, según afirmaron los sobrevivientes. “El barco golpeó nuestro cayuco y la gente cayó al mar”, reveló uno de ellos a la prensa tinerfeña.

DE MARTIRIO EN MARTIRIO: Para la mayoría de los que sobreviven al mar, el calvario continúa en los centros de internamiento. De estos centros, se presume lo peor. Pesa sobre ellos una larga lista de denuncias: condiciones de vida infrahumanas, inseguridad jurídica, palizas brutales, violaciones, muertes dudosas. Ahí, los policías te pegan por cualquier cosa”, nos confiesa Mahamadou, un emigrante de Malí. Durante el 2006, fueron encarcelados en Málaga tres policías después de que internas del centro Los Capuchinos denunciaran haber sido victimas de abusos sexuales.

Mientras estuvo en funcionamiento el centro de Las Raíces, al norte de Tenerife, fue uno de los más cuestionados en materia de abusos y condiciones de insalubridad. En él, los internos soportaban la crudeza del frío y las lluvias en las peores condiciones. En otros centros se registraron hasta muertes a causa del hacinamiento. No hay escapatoria, duermen amontonados y a la intemperie.Todo esto simplemente por no llevar documentación. No cometieron delito alguno, trata sólo de una falta administrativa.

Después de 40 días en esos centros, a una  parte de ellos les tocará ser repatriados. En este sentido, los últimos datos ofrecidos r el gobierno hablan de una cifra cercana as 28 mil repatriaciones en lo que va del o. “Ser devuelto a tu país así es muy traumático. Tú no sabes cuánto hay que luchar para llegar hasta aquí. Algunos venden su ;a. Hablé con amigos que frieron repatriadas a Senegal y no quieren ver a sus familias por que sienten vergüenza”, le reveló Abdue a este medio.

«Teníamos un problema y lo hemos resuelto”, fue lo que contestó José María Azen 1996, cuando se le preguntó la razón la cual sedaron con haloperidol a 103 personas antes de llevarlas a África. El 9 de junio pasado se produjo la muerte nigeriano Osamuyia Akpitaye, mientras luego de que la autopsia revelara que murió de forma violenta, por asfixia, sofocación y falta de oxígeno.

LOS CAYUCOS COMO COARTADA: Quienes salen de los centros de internamiento y no son repatriados se quedan en la calle con una orden de expulsión en la mano. Tienen que dormir en lo de algún conocido, en un centro de acogida o bajo el puente. Yo les diría que no vengan, no tiene sentido arriesgar la vida para estar así. Pero no me van a creer si lo digo, nos comenta Ibrahim, otro emigrante senegalés.

Caminamos junto a él y percibimos de inmediato las dimensiones del racismo. En la tapa de los diarios locales pueden leerse títulos como «Invasió, ‘Avalancha imparable”, “Nueva oleada de ilegales”. Los titulares no se refieren a los más de 12 millones de personas que visitan Canarias cada año, sino a quienes vienen en cayucos, que representan menos del cinco por ciento de la inmigración que entra en España.

los Fondos Europeos del Programa Solidaridad y Gestión de Flujos Migratorios, de acuerdo con lo que informó el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Aunque de todos modos no parece resultar suficiente y por ello el gobierno ha gestado una salida más ambiciosa: el Plan África. Con el pretexto de ser el país más afectado por este tipo de inmigración, el gobierno de España impulsó el Plan África con el apoyo de la Unión Europea. Se trata de un proyecto que habla entre otras cosas de regular los flujos migratorios “ilegales” a través de la inversión y la intensificación de los controles militares en las costas.

Además, leyéndolo aparecen párrafos en los que se prioriza lo siguiente: “El fomento de las inversiones españolas, sin olvidar la creciente importancia estratégica de la región subsahariana, y en particular el golfo de Guinea, para nuestra seguridad energética y las oportunidades de negocio en el sector de hidrocarburos para [as empresas españolas”.

En este marco, el presidente del gobierno nacionalización de la empresa canaria, por lo que aconsejó: “Hay que mirar a África como punto de posicionamiento de las empresas de las islas”.

Pero no son pocos los que pretender abrirse paso en el mercado africano y me nos aún quienes pierden el sueño por sus riquezas naturales. China, por ejemplo, es tal vez la que ha conseguido insertarse con mayor fuerza en los últimos tiempos. Por su parte, la administración Bush teme que. darse afuera y es por ello que hizo pública su intención de avanzar en una supuesta lucha antiterrorista en los países del Sahel. Por este sentido, desarrolló la Iniciativa Pan Sahel, con el argumento de equipar, entrenar y coordinar a las fuerzas de seguridad de Mauritania, Malí, Chad y Níger, a los que se sumarian Argelia, Marruecos y Túnez.

Aún más claro y conciso fue el presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. en España, Jaime Maflet, cuando en Las Palmas de Gran Canaria indicó: “Hay que invertir en África, no por caridad, sino por interés”.

Desde hace ya algunos años, existe una unión concreta por el mar entre África y España, que no es otra que la del gasoducto submarino Magreb-Europa. Y para el 2009, el Ministerio de Industria español prometió que estará listo el nuevo gasoducto, que unirá Argelia con España sin tener que pasar por Marruecos.

Actualmente, el 78 por ciento del petróleo que se consume en Canarias proviene de África occidental, advierte el presidente de la Asociación Canarias ante la Crisis Energética, Juan Jesús Bermúdez, tras recoger dicha información en la refinería de Santa Cruz de Tenerife. Sólo el 78 por ciento, el resto lo traen desde México.

Por estos días, los números confirman que el Plan África ya está en marcha. En base a las cifras oficiales, la cantidad de personas que llegaron en cayucos o pateras se redujo en más de un 60 por ciento en relación con el año pasado durante el mismo periodo. Esto hace pensar que será improbable que se llegue a la cifra récord del 2006, año en el que, según la Delegación de Gobierno, arribaron cerca de 31.000 africanos en pateras o cayucos.

Desde el Ministerio del Interior se aseguró que esta caída en las cifras se debe al refuerzo de los controles fronterizos en el Atlántico, a cargo de la Agencia Europea de Control de Fronteras Exteriores (Frontex). Al respecto, el delegado del gobierno en las islas, José Segura, comunicó que en lo que va del año más de 5.000 personas fueron interceptadas en las costas de África.

Yossou N’Dour, el músico más popular de Senegal y uno de los de mayor influencia en toda África, le dio su opinión al diario El País: “Este es un asunto muy serio que no puede ser solucionado enviando helicópteros de vigilancia a Gambia o a Senegal”.

DESDE LA OTRA ORILLA: Estando en África, todo resulta más claro. «Aquí llevamos la vida dura”, nos dice un muchacho de unos 25 años, comprimiendo en esa frase todo lo que nos está tocando ver. Millones de personas atestan las calles de Dakar. El tráfico impone una sensación caótica que se reproduce en toda la ciudad. A los diminutos colectivos urbanos parece derramárseles la gente que viaja colgada de las puertas. Hay música y colores por todas partes. El obelisco es uno más de los innumerables legados de la colonización francesa.

La presencia de la religión musulmana se verifica a cada instante. El sol castiga sin tregua. La gente habla fuerte. Habla en wólof, aunque también en francés y en otras lenguas. El ambiente está impregnado de todo tipo de olores. A pesar de la precariedad, la gente sonríe. Sonríe, mira a la cara, contagia vitalidad. Los jóvenes, que son mayoría, charlan y se dan la mano a cada rato.

En Senegal viven cerca de 10 millones de personas, de las cuales una gran parte se desplaza constantemente hacia la capital y hacia otros sectores de la costa, a fin de trabajar o de intentar trabajar. En el interior, la vida es aún mucho más dura. Tardamos cinco horas para recorrer 130 kilómetros en auto. A medida que avanzamos el calor es cada vez más sofocante. Hace más de 35 grados. El pueblo al que llegamos parece abandonado. Hay un silencio absoluto. La sensación térmica aplasta la tarde. Nos llevan a visitar a la familia de un chico que llegó en cayuco a Fuerteventura. De la casita sale toda la familia a recibirnos. Empiezan a aparecer niños. De un momento a otro nos vemos con más de 20 personas. El padre quiere que les saquemos una foto para llevársela a su hijo.

LA DIÁSPORA: En los pueblos pesqueros aledaños a Dakar hay cientos de cayucos. Muchos de ellos saldrán cualquier día de estos rumbo a las Islas Canarias. Se trata de piraguas artesanales que representan una parte fundamental de la cultura del país. Incluso del nombre del país: en wólof, “gal” significa, justamente, cayuco. Senegal quiere decir “nuestros cayucos”. Es una nación de pescadores, que depende en gran medida de la fauna marina. Por eso resultó devastador el acuerdo mediante el cual empresas europeas recogieron a escala industrial la fauna de la costa senegalesa durante más de 20 años, nos explica Souleiman, un estudiante de la Universidad de Dakar.

“Barça wala Barsaj!”, Barcelona o el infierno, es lo que dicen antes de subir al cayuco que zarpará con destino a Europa. Ya no nos preguntamos por qué viajan, aunque nos gustaría que supieran lo que les espera. Cada vez los cayucos viajan más cargados. Meses atrás llamó la atención la captura de uno cargado con 188 personas en la costa de Dakar. Mientras más tripulantes, más barato es el costo del viaje. Si consiguen reunir un grupo grande, podrán comprar entre todos directamente el bote. Si no, tocará pagar entre 300 y 1.000 euros por un lugar en la embarcación. El objetivo número uno, deja claro Souleiman, es ayudar desde allá a sus numerosas familias.

Tiempo atrás, hemos hablado a través de una emisora de radio con mujeres que pertenecen a asociaciones de madres y viudas que perdieron a sus familiares en el mar. Ahora vemos pasar a una mujer, con expresión triste, y se nos ocurre que podría ser una de ellas.

HISTORIAS PARECIDAS: La ciudad de Saint Louis, al norte del país, fue fundada a mediados de 1600 por los mismos franceses que posteriormente constituyeron la “Compañía de Senegal”, con el fin de organizar el tráfico de esclavos. Y fue justo frente a Dakar, en la pequeña isla de Gorée, donde durante tres siglos funcionó el más importante mercado de esclavos del mundo. Alrededor de veinte millones de personas fueron transportadas desde Gorée hacia América y Europa. Millones y millones de mujeres, niños y hombres fueron apresados en distintas partes de África, llevados hasta la isla. De eso ha pasado mucho tiempo, pero hoy Senegal sigue siendo el lugar adonde confluyen miles de personas de distintos países de África con el propósito de embarcarse hacia Europa.

De hecho, es el principal punto de partida de los emigrantes que intentan llegar por mar a la tierra prometida. Antes eran traídos a la fuerza, ahora llegan hasta aquí por sus propios medios. Antes viajaban encadenados rumbo a América y Europa a trabajar como esclavos. Ahora, las cosas han quedado de tal modo que se costean el viaje solo y hasta pagan con su propio  dinero la Coca Cola que llevan. Se van a escondidas, en condiciones penosas, a padecer, en general, situaciones de esclavitud o de semiesclavitud. Para comprobar esto último, el periodista italiano Fabrizio Gatti se infiltró en una plantación en la que, en base a su denuncia, los trabajadores eran sometidos a condiciones laborales equiparables a las de los esclavos.

Por su artículo “Yo fui esclavo en Apulia”, publicado en la revista «Lspresso«, Gatti recibió el premio de periodismo de la Unión Europea. El jurado considero que el periodista supo investigar y narrar «la difícil situación de ciudadanos de segunda clase en Europa que sufren graves discriminaciones por su origen étnico’. “Nos dieron la fotocopia de la independencia en 1960, reclamamos el original”, exige el músico marfileño Tiken Jah Eakoly. Y agrega: “Nos han dado el acta de defunción, pero no la hemos firmado”.

En el cielo revolotean cientos de cuervos. En la play a se ve una larga hilera de cayucos con pescadores que van y vienen. Un joven nos ha dicho que le gustaría probar suerte. Si la tiene, se agarrará de una mano cubierta por un guante y subirá hasta el muelle.

 Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional Mes de Octubre 2007 Numero 23 (Historia de un argentino que vivió con los inmigrantes ilegales).

El Drama de los refugiados en el mundo

El Drama de los Refugiados en el Mundo

Afuera hay sol, pero la casa de Marian Mirita está helada. Sólo una Biblia en rumano y dos monedas de 20 céntimos sobre una de las cuatro camas que hay revelan que no está abandonada. Hace meses que cortaron la luz y el agua.

No hay ropa en el armario ni fotografías o recuerdos en las paredes de ninguna de sus dos habitaciones; tampoco hay nada en la pequeña cocina. El baño está afuera, en un patio medio revestido de hierba y maleza. Esto es Prepeleac, uno de los barrios más pobres de Targoviste, una pequeña ciudad de 80.000 habitantes al norte de Bucarest (Rumania). Calles sin asfaltar en las que los taxistas no quieren entrar al caer la tarde.

Elvira, de 76 años, no puede parar de llorar. Con cada sollozo, su cuerpo se tambalea y su rostro, arrugado por el paso del tiempo, revela un dolor profundo. Se arregla la pañoleta con la que cubre su pelo canoso e intenta mantener la compostura. Su hijo Marian, de 44 años, salió de Prepeleac para buscar una vida mejor pero ya no volverá.

El miércoles murió en España, tres semanas después de prenderse fuego ante la Subdelegación de Gobierno en Castellón. Quería volver a casa y estaba desesperado. “Yo no quería que se fuese… le avisé que no todo allí es oro, pero no me hizo caso”, se lamenta Elvira. (foto: www.elmundo.es)

Como la mayoría de los habitantes de Prepeleac, transportaban y vendían fruta con un carro tirado por caballos. Su madre y sus cuatro hermanas les ayudaban de vez en cuando.

Más tarde consiguió trabajo en una de las fábricas de maquinaria más grandes de la ciudad. La suerte sólo le duró unos años. Su padre murió y Manan heredó el carro que había sido el sustento de toda la familia. «Es la tradición”, explica Luminita, la hermana mayor de Marian.

Fue en uno de esos viajes por los pueblos para vender frutas cuando Manan conoció a Ionela, su esposa. Los dos tenían apenas 20 años cuando decidieron casarse. Después nació Izabela, que hoy tiene 17 años y que se convertiría en la niña de los ojos de su padre.

Con el dinero que Manan ganaba con el carromato y los trabajos de costurera que Ionela hacía aquí y allá pudieron construirse una casa en Prepeleac. Dragos, de tres años, nació cuando ya no lo esperaban. “Quería mucho al niño. Deseaba que tuviera una vida mejor, con un piso, con un buen trabajo. Eso le ponía muy triste”, cuenta Violeta, otra de sus hermanas.

Desde que nació su hijo, Manan no podía quitarse de la cabeza la idea de salir de Rumania. Los 34 lei (diez euros) que ganaba con el carromato apenas le alcanzaban para mantener a la familia. Con la ayuda que recibían del Estado para financiar los medicamentos del pequeño, enfermo del corazón, tenían lo justo para subsistir. En Rumania el salario medio es de unos 300 euros al mes, según datos del propio gobierno.

Sin embargo, un litro de leche cuesta entre 50 céntimos y un euro. Esta situación hace que muchos rumanos salgan de su país en busca de trabajo. España, donde viven unos 500.000, es uno de sus destinos preferentes.

Todo el mundo en Prepeleac conoce la historia de Marian. A nadie le extraña que el fallecido decidiese probar suerte en España. No era la primera vez que lo intentaban. Poco después de nacer Dragos, Ionela viajó a Italia. Quería conseguir trabajo en una fábrica, pero no salió bien. Así, cuando un primo de la mujer y Nicolae, el hermanastro de Marian, les hablaron de Valencia decidieron marcharse.

Allí, dijeron, había un trabajo como obrero para Marian y un apartamento donde podrían vivir los cuatro. “Les habían prometido mil euros al mes”, explica un vecino. Para ellos era el paraíso.

Desde entonces sólo tenían una idea en la cabeza, abandonar Rumania e instalarse en España. Muchos de sus vecinos habían hecho lo mismo antes y les había ido bien. “Nos fuimos para mejorar, no para robar ni prostituirnos. Ahora que mi padre ha muerto no sé qué voy a hacer”, se lamenta Izabela. Va de un lado a otro y no para de moverse y fumar.

Toda la fuerza de su juventud se ha convertido en odio hacia el mundo desde el día que su padre se quemó.

Izabela recuerda el día en que Marian tomó la decisión de marcharse a España. Todo fue alegría en casa de los Mirita. Vendieron el carro y las pocas pertenencias que tenían y compraron cuatro billetes de autobús.

Destino: Castellón. Allí, en teoría les esperaba Nicolae, el hermanastro de Marian, con el que muchos le han confundido los últimos días. “Todo era mentira. No había piso, no había trabajo», cuenta Izabela con la cabeza gacha. Lleva cuatro noches durmiendo en la sala de espera de un hospital. Parece cansada. Desde que volvieron de España, hace seis días, Dragos está ingresado por una neumonía. Su madre, lonela, no se despega de su lado.

Ella tampoco está bien. “No quiero nada, no confío en nadie. Me habían prometido ayuda y era mentira. Ahora todo se acabó”, grita.

Está muy delgada y despeinada. Nerviosa, alterna el llanto con los gritos. No quiere salir de la habitación en la que Dragos está ingresado junto a otros ocho niños, y los médicos han tenido que llamar varias veces a la policía para que intente calmarla. “Mi marido no ha muerto. Está en España”, dice de vez en cuando.

El paraíso que buscaban los Mirita se convirtió en un infierno. Un mes después de llegar a Castellón, Manan aún no había conseguido trabajo y su hermanastro comenzó a exigirles 400 euros para pagar el alquiler. No tenían dinero y comenzaron a recoger chatarra y a vender refrescos por la playa. “Decidimos marcharnos. No teníamos 400 euros y no íbamos a pagar eso por vivir en ese piso, era muy malo», asegura Izabela. Así fue como empezaron a dormir en la calle, a recorrer la ciudad durante todo el día tratando de ganar unos euros.

Las ilusiones se habían deshecho. El paraíso que soñaban se convirtió en un infierno y decidieron volver. Marían se sentía responsable. No tenían dinero para el viaje, así que comenzaron a peregrinar por las instituciones de Castellón. Pidieron dinero al gobierno y a varias ONG para regresar a Rumania.

No obtuvieron resultado. Necesitaban 400 euros para pagar los billetes de autobús. Harto, Marían se prendió fuego a lo bonzo a las puertas de la subdelegación del gobierno en Castellón delante de su mujer y sus dos hijos. Semanas después moría solo en el hospital La Fe de Valencia. El fuego le produjo quemaduras de primero, segundo y tercer grado en el 70 por ciento de su cuerpo.

A la familia Minita ya no le queda nada. Antes de marcharse a España vendieron todo lo que tenían y ahora sólo les queda una casa a la que Izabela no quiere volver. Las hermanas y la madre de Marian no entienden por qué se marcharon de España y dejaron solo al hombre.
“Mi madre estaba mal allí, pensaban que iban a matarla. Además, mi hermano está enfermo. Si nos quedamos, morimos todos», asegura la chica. No pudieron aguantar y finalmente una asociación de mujeres de Valencia les pagó el viaje. Un día y medio después de su partida Marian falleció.

Ahora sólo quieren recuperar el cuerpo. Aseguran que no tienen dinero para pagar la repatriación del cadáver y tienen miedo de que sea incinerado en España. “Que nos hagan este último favor. Ya que a mi padre nadie le ayudó en vida, por lo menos que lo devuelvan a Rumania”, ruega Izabela. Su madre no cesa de repetir que el cuerpo de Marian debe ser enterrado junto al de su padre, donde tiene reservado un sitio.

Llora y ni siquiera su hija pequeña, Violeta, logra tranquilizarla: “Mi madre sabe que es muy importante. El cuerpo debe descansar en la tierra. Cuando mi hermano llegue comenzaremos un año de luto.

Ver: Migración Hacia Europa

Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional Mes de Octubre 2007.

Testimonio de Vida de Un Refugiado en España

Testimonio de Vida de Un Refugiado en España

Desde que fue encontrada desfallecida, en estado de shock y helada de frío al pie de las montañas polacas de Bieszczady, cerca de la frontera con Ucrania, Kamisa Djamaldinova no se separa ni cinco minutos de su hijo de dos años. “Empieza a darse cuenta ahora de lo que ha pasado y aguanta la situación con coraje”, explica Julian Curyla, director del centro para refugiados de Debak, a unos 40 kilómetros de Varsovia, que acoge a esta chechena de 36 años que perdió a sus tres hijas cuando iban de camino hacia el paraíso europeo.

Típica imagen de los refugiados del mundo

Las hermanas —Xaea, Ceda y Elina, de 13, 10 y 6 años— murieron de cansancio e hipotermia mientras intentaban entrar ilegalmente en Polonia con su madre y su hermano pequeño, Mahomet. Procedían de la localidad de Shali (45.000 habitantes), a 20 kilómetros de Grozni, la capital de Chechenia, un país arrasado por la guerra.

“Soy ama de casa y no entiendo de política, pero en mi país no se puede vivir; mi hija estaba enferma y en Chechenia no iba a recibir tratamiento: qué futuro nos esperaba?”, decía Kamisa a una periodista de Gazeta Wyborcza desde el coche que la trasladó junto a su hijo —una vez recuperados del horrible viaje— del hospital de Ustrzyki Dolne, en el sudeste del país, a la capital.

Nada más ha dicho en público Kamisa sobre los motivos que le llevaron a pagar 2.000 euros a una mafia para que les ayudara a cruzar las fronteras de la Unión Europea y que acabó engañándoles.

Estos días no quiere hablar con nadie, ni que se diga dónde están ella y su hijo. Se encuentran, supuestamente, cerca de Varsovia, en un piso tutelado por el centro de Debak, que supervisa a la familia hasta que el Estado polaco decida siles otorga el certificado de refugiados, lo que les daría derecho a vivir y trabajar en el país.

La tragedia de Kamisa y su familia ha conmocionado a los polacos, y eso que están acostumbrados a la llegada de inmigrantes ilegales del Cáucaso a través de la frontera verde, entre Polonia y Ucrania. En Polonia se llama frontera verde a cualquier ruta utilizada habitualmente para pasar ilegalmente la frontera, pero la zona montañosa a la que fue a parar Kamisa y su familia es además muy boscosa. Desde la caída del Muro de Berlín, en 1989, este lugar se ha convertido en una de las principales rutas hacia Europa occidental desde los países de la antigua Unión Soviética. Los que intentan cruzar lo hacen en coche, en autobús o, como Kamisa, se pasan días caminando por las montañas para llegar al otro lado.

Muchos se pierden, como Kamisa. Un guía les llevó en coche desde Chechenia hasta Moscú, según contó la mujer a la policía de fronteras que la interrogó. De Rusia fueron a Ucrania y allí, en las montañas, el guía les abandonó sin más tras indicarles la dirección para llegar a Eslovenia y de ahí alcanzar Austria, que era el objetivo de la familia. “Estuvimos dando vueltas un día entero”, contó la mujer a los agentes que la interrogaron.

La temperatura apenas superaba los cero grados en las montañas, y las chicas llevaban ropa de verano (una de ellas fue hallada descalza). Pronto empezaron a pasar frío y hambre. Tras más de un día vagando por la zona, la madre, desesperada, cargó a su hijo varón y fue a buscar ayuda. Tardó más de dos días en ser encontrada por la policía. Cuando volvieron por las hermanas, las tres estaban muertas, cubiertas por helechos, justo en el puesto fronterizo número 82. Kamisa se derrumbó. “Quiero que entierren a mis hijas en Chechenia», dijo a la policía de fronteras.

El marido de Kamisa, taxista, fue avisado de todo y está ahora con ella (no está muy daro por qué no acompañó a su familia en el viaje), y también un tío que vive en Austria.

Un total de 455 personas intentaron entrar en 2006 por la frontera verde, y en lo que va de año son 126 personas, sobre todo procedentes de Ucrania, Chechenia, Ingushetia, Daguestán y Moldavia. “Es normal que vengamos; la verdadera vida está en Occidente”, afirma el checheno Ilyasov Sharpudin, de 42 años, que está pendiente de que le den el estatuto de refugiado en Polonia.

“El ejército ha arrasado con todo en el Cáucaso; en Chechenia, si no sigues la corriente a (el presidente Ramzan) Kadirov amenazan a tu familia, secuestran a tu hijo, te queman la casa”, añade. Casi 3.600 chechenos han solicitado asilo en Polonia este año.

Pero Polonia suele ser una escala en el camino. Las leyes aquí son muy rígidas y los inmigrantes buscan países más comprensivos con los refugiados, como Austria, Alemania, Francia y Noruega.

Ver: Migración Hacia Europa

Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional Mes de Octubre 2007.

 

Origen e Historia de Refugiados en el Mundo Causas y Consecuencias

REFUGIADOS DEL MUNDO : CONCEPTO, CAUSAS Y TESTIMONIOS

Los refugiados y otras personas desplazadas son víctimas de acontecimientos que escapan a su control, como la persecución, los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos. Además, se les reconoce de forma creciente como un factor importante que afecta tanto a la seguridad nacional como a la política mundial. Cuando, sólo en 1999, más de un millón de personas se vieron obligadas a huir de su hogar en Kosovo, Timor Oriental y Chechenia, es evidente que el problema del desplazamiento forzado seguirá siendo un importante motivo de preocupación para la comunidad internacional en el siglo XXI.

Ver: Migración Hacia Europa

¿Quién es un refugiado?: Se denomina refugiado a la persona que debe abandonar a la fuerza su hogar porque la persiguen –así sea individual o colectivamente– debido a problemas políticos, religiosos, militares o de cualquier índole. A pesar de que la definición de refugiado varía de acuerdo con la época y el lugar, la creciente preocupación internacional por la difícil situación de los refugiados ha generado un consenso general.

La Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, define a un refugiado como la persona que «debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no puede o no quiere acogerse a la protección de tal país o no quiere regresar a él a causa de dichos temores…»

A pesar de que la definición de la Convención de los Refugiados es empleada por organizaciones internacionales tales como las Naciones Unidas, este término se sigue empleando mal y con frecuencia se utiliza de manera contradictoria en el lenguaje corriente. Los medios de comunicación, por ejemplo, a menudo confunden a los refugiados con las personas que emigran por razones económicas («emigrantes por motivos económicos») y con grupos de perseguidos que permanecen dentro del país sin atravesar ninguna frontera («desplazados internos»).

Refugiado de Ucrania Refugiado en España
Refugiados en ÁfricaGuerras Tribales

Derechos de los Refugiados:

La prohibición de la repatriación forzosa de los refugiados se conoce como no refoulement y es uno de los principios más importantes del Derecho Internacional del Refugio. Este principio se especifica en el artículo 33 de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, el cual dice que ningún estado «podrá, por expulsión o devolución (refouler en francés), poner en modo alguno a un refugiado en las fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social, o de sus opiniones políticas».

Algunos solicitantes de asilo son detenidos apenas ingresan, durante el proceso de asilo o mientras esperan ser deportados (refoulement). Es posible que dichos solicitantes hayan sido víctimas de encarcelamiento y tortura en el país del que han huido; por lo tanto, las consecuencias de una detención pueden ser particularmente graves, y originar una muy fuerte tensión emocional y sicológica.

El artículo 31 de la Convención de los Refugiados dice que no se debe penalizar a los refugiados por haber entrado a un país de modo ilegal si vienen directamente de un sitio en el que estaban en peligro y se han presentado ante las autoridades. Por lo tanto, los solicitantes de asilo no deben ser detenidos por estar en posesión de papeles de identidad o documentos de viaje falsos.

Los artículos 12 – 30 de la Convención de los Refugiados especifica los derechos que les corresponden a los individuos una vez que han sido reconocidos como refugiados en los términos de la Convención: Todos los refugiados deben ser provistos de papeles de identidad y documentos de viaje que les permitan salir del país.

Los refugiados deben recibir el mismo trato que los nacionales en lo que respecta a los siguientes derechos:

– La práctica libre de la religión y la educación religiosa

– El libre acceso a los tribunales de justicia (se incluye la asistencia jurídica)

– Acceso a la educación básica

– Acceso a la asistencia y el socorro públicos

– La protección que brinda la seguridad social

– La protección de la propiedad intelectual, tal como los inventos y las marcas comerciales

– La protección de las obras literarias, artísticas y científicas

– Tratamiento equitativo por parte de las autoridades tributarias

Los refugiados deben recibir un trato tan favorable como el concedido a los nacionales de países extranjeros en lo que tiene que ver con los siguientes derechos:

– El derecho a afiliarse a un sindicato

– El derecho a pertenecer a otras organizaciones apolíticas y sin ánimo de lucro

– El derecho a conseguir empleo remunerado

Los refugiados deben recibir el trato más favorable posible, que debe ser al menos tan favorable como el que se da a los extranjeros que se encuentran en las mismas circunstancias, en lo que respecta a los siguientes derechos:

– El derecho a la propiedad

– El derecho a ejercer una profesión

– El derecho a trabajar por cuenta propia

– El acceso a la vivienda

– El acceso a la educación básica

Los refugiados deben recibir el mismo trato que se da a los extranjeros en lo que respecta a los siguientes derechos:

– El derecho a elegir su lugar de residencia

– El derecho a desplazarse sin restricciones dentro del país

– El derecho a practicar una religión y a la instrucción religiosa

– El libre acceso a los tribunales de justicia (se incluye la asistencia jurídica)

– Acceso a la educación básica

– Acceso a la asistencia y socorro públicos

– La protección que brinda la seguridad social

– La protección de la propiedad intelectual, tal como los inventos y las marcas comerciales

– La protección de las obras literarias, artísticas y científicas

– Tratamiento equitativo por parte de las autoridades tributarias

Ver: Migración Hacia Europa

Fuente Para Ampliar Este Tema: http://www.hrea.net/learn/guides/refugiados.