Anécdotas de la Segunda Guerra Mundial

Biografia de Josip Broz Tito Presidente de Yugoslavia

Biografía de Josip Broz Tito
Presidente de Yugoslavia

Durante los 35 años en que Tito se mantuvo en el poder en Yugoslavia, cada 25 de mayo se celebró con gran boato la fiesta de su cumpleaños. Sin embargo, Josip Broz nació el 7 de mayo de 1892 en Kumrovec, un pueblecito de Croacia situado a unos 60 kilómetros de Zagreb.

La casa natal de Josip Broz fue construida por su abuelo en 1860 y constaba de cuatro habitaciones.

En ella convivían las familias de dos de los hijos de su abuelo.

Tito fue el séptimo de los quince hijos que tuvieron sus padres, quienes, a pesar de poseer una notable extensión de terrenos cultivables, no disfrutaban de una situación económica holgada.

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El padre de Josip Broz era un campesino croata, que, además de trabajar sus tierras, se dedicaba a transportar viajeros desde la est

Su madre provenía de una acomodada familia campesina de Trebce, pueblo distante unos seis kilómetros de Kumrovek, en Eslovenia.

Poco ha trascendido de la infancia y adolescencia de Tito. Siempre fue un tema oscuro, no sólo para los historiadores sino hasta para sus propios colaboradores. Sí se sabe con total certeza que Tito visitaba a sus abuelos maternos con mucha frecuencia. Así comía mejor. Como sus abuelos sólo hablaban esloveno, Tito no aprendió el croata y esto le costó perder el primer año de escuela.

Muy joven se marchó a Sisak, porque no se sentía a gusto en su pueblo natal.A los 20 años encontró trabajo en la fábrica de automóviles Austro-Daimier. Su contacto con los ambientes obreros de la época determinó su posterior adscripción al Partido socialdemócrata de Croacia, que en aquellos años representaba a los sectores más activos del proletariado croata.

En 1913 se incorporó al ejército austro-húngaro, en el que llegaría a ostentar el grado de sargento mayor tras realizar un curso en la escuela de suboficiales durante 1914.

El asesinato del archiduque Francisco Fernando a manos de un servio, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, precedió el estallido de la primera gran guerra, en la que el imperio austro-húngaro luchó contra la Rusia zarista. Ese mismo año, Tito, que estaba en el ejército, fue detenido bajo la acusación de realizar propaganda antimilitar.

Recluido en Siberia, estudió estrategia militar, y por esa época dio comienzo el proceso que conduciría a la creación de Yugoslavia.

En 1917 escapó del campo de Siberia y se unió al levantamiento bolchevique. Fue a San Petersburgo y volvió a ser detenido. Estuvo en los Urales y Siberia, y fue en este último lugar donde conoció, en 1918, a Pelagia Bielousova, de 16 años, que en enero de 1920 se convirtió en su primera esposa, con quien tuvo cinci hijos.

Cuando regresó a su país, en 1920, el estado yugoslavo se encontraba sometido a fuertes tensiones entre los diversos pueblos que lo constituían: seis millones de servios, más de cuatro millones de croatas, millón y medio de eslovenos y cuatrocientos mil turcos y albaneses.

En aquel momento, Yugoslavia era una amalgama de pueblos, cuyas diferencias se polarizaban en torno al separatismo croata y el ultranacionalismo servio.

Tito se afilió al recién nacido Partido comunista de Yugoslavia y tomó parte activa en la organización de los sindicatos y del partido, declarado ilegal en 1921 por el Partido radical en el poder, fue detenido varias veces.

La carrera política de Tito se vio temporalmente interrumpida el 4 de agosto de 1928.

En esa fecha fue apresado por la policía y acusado de tenencia ilícita de armas y uso de explosivos. Condenado a cinco años de trabajos forzados, Tito aprovechó su estancia en las cárceles de Lepoglava, Marburgo y Ogulin para completar su formación comunista.

Tras su salida de la cárcel,se dirigió a Viena donde fue delegado por el Partido comunista yugoslavo para asistir al VII congreso del Komintern.

Permaneció en Moscú hasta 1935, donde impartió clases en la Escuela internacional Lenin y en la Universidad de las minorías nacionales de occidente.

Tito regresó a Yugoslavia en la primavera de 1937, y señaló a sus correligionarios la necesidad de impulsar la labor revolucionaria en el país. Tito marchó de nuevo a Moscú donde permaneció desde agosto de 1939 hasta enero de 1940.

Aprovechó su estancia en la capital moscovita para traducir la obra de Stalin Historia del Partido comunista de la Unión Soviética.

Durante estos años, la vida personal de Tito estuvo marcada por su relación con Herta Hass, estudiante de origen alemán y oriunda de Marburgo, a la que conoció en 1937 y con la que tendría un hijo, Aleksander-Misa; poco después de nacer éste, en la primavera de 1941, se separarían.

En 1941, Hitler mandó un ultimátum para que este país se adhiriese al Pacto tripartito o se preparase para la invasión. Tras largas discusiones, el 25 de marzo el gobierno claudicó, permitiendo el paso de las tropas alemanas por Yugoslavia.

Dos días más tarde, un golpe militar derrocó al gobierno, Tito  instaló la dirección del partido en Belgrado  y ante la inminente invasión alemana contra la U.R.S.S., Tito convocó una reunión del comité central del partido.

Desde setiembre de 1941 hasta enero del siguiente año, los alemanes lanzaron su primera ofensiva contra los partisanos y los expulsaron de Servia. A finales de noviembre, Tito contaba con 28 brigadas de 3.000 a 4.000 hombres cada una.

Los alemanes iniciaron una segunda ofensiva de enero a marzo de 1942 y una tercera en abril, obligando a Tito a retirarse a Bosnia occidental. Despúes de varios años de idas y vueltas bélicas, y el agotamiento del poderío alemán, el fin de la guerra se avecinaba y las grandes potencias tenían sus ojos puestos en Yugoslavia y en el hombre que había aglutinado la resistencia contra los alemanes.

Al poco tiempo se iniciaron las conversaciones , y se reunió con Churchill en agosto, en el cuartel general de los aliados en Italia. La conversación giró alrededor de las reivindicaciones yugoslavas sobre Triestre y de las relaciones entre el gobierno monárquico en el exilio y el gobierno comunista.

El 21 de setiembre voló a la U.R.S.S. para entrevistarse con Stalin. Ambos estadistas no llegaron a un total entendimiento pero acordaron la entrada «temporal» de tropas soviéticas en territorio yugoslavo.

La entrada de Tito en Belgrado tuvo lugar el día 20 de octubre de 1944. En diciembre del mismo año, las tropas alemanas habían sido desalojadas de casi todo el territorio yugoslavo y Tito se disponía a reconstruir el país bajo una óptica distinta.

En las primeras elecciones el Frente popular de Tito obtuvo una aplastante victoria. El 29 de noviembre se proclamó la república y Tito fue nombrado primer ministro.

La monarquía había sido derrocada, los realistas serían ejecutados y se eliminaría sin previo juicio ni condena a los guerrilleros anticomunistas. Meses más tarde, Mihajlovic fue detenido, juzgado en Belgrado, condenado a muerte y finalmente ejecutado.

En octubre de 1946, se procedió contra el cardenal arzobispo de Zagreb, Stepinac; acusado de colaboracionista, fue condenado a quince años de trabajos forzados, aunque salió de la cárcel en 1951.

Tito disponía de un ejército de partisanos auténticamente fieles y de recursos económicos suficientes para, en principio, regir su propio destino.

La primera medida de gobierno fue la promulgación de una nueva constitución de corte comunista y centralizador. Yugoslavia quedó oficialmente constituida como República Popular Federativa integrada por las repúblicas de Servia, Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Montenegro. El nuevo gobierno nacionalizó la banca, el comercio y la industria, y elaboró un plan quinquenal de industrialización.

En cumplimiento del acuerdo de paz firmado en París, Yugoslavia obtuvo, en febrero de 1947, los territorios anexionados a Italia en 1920, pero este acuerdo fue denunciado por Stalin y las relaciones entre Yugoslavia y la U.R.S.S. se deterioraron. La escisión entre Yugoslavia y la U.R.S.S. culminaría en 1948.

Stalin había intentado la sustitución de Tito por Hebrang, comunista croata que había dirigido el movimiento guerrillero en Croacia durante la segunda guerra mundial, de modo que la rotura con Moscú fue definitiva. El 28 de junio de 1948 Yugoslavia fue expulsada del Kominform. Stalin dijo de Tito: «Levantaré el dedo pequeño y Tito será barrido».

Por este distanciamiento con Stalin motivaron el acercamiento de Tito al bloque occidental y el inicio de la denominada «vía yugoslava hacia el socialismo». Los medios de producción fueron colectivizados, bajo un sistema de autogestión supervisado por el estado. Se mantuvo la propiedad privada de las empresas con menos de cinco trabajadores y, en mayo de 1953, se descolectivizaron las granjas, instaurándose la propiedad de la tierra.

La consolidación de las distancias políticas respecto de la U.R.S.S. generó una cierta oposición en el seno del partido comunista yugoslavo.

Desde su confirmación en el poder, Tito mostró permanentemente un gusto especial por las residencias, palacios y mansiones. En los años de posguerra, Tito instaló su residencia principal en el palacio Blanco de Belgrado y tomó distintos palacios para su uso personal.

En el orden personal, Tito gustó enormemente de la buena mesa y los buenos vinos (fue considerado un gran catador). Quería que su servicio fuera pulcramente uniformado; las camareras con cofia y excusalí blancos y los camareros de smoking.

Desde los primeros años de su mandato inició una serie de hábitos que mantendría durante toda su vida. A las 8 de la mañana ya estaba sentado frente a la mesa de trabajo; solía recibir visitas hasta la hora de comer; comía y cenaba siempre a la misma hora y después de la comida solía pasear un rato para continuar trabajando más tarde; se acostaba hacia las 11 de la noche y leía un rato, casi siempre boletines de las agencias de información.

Su carácter era distanciado e impenetrable incluso para sus colaboradores. Le gustaron los deportes y los practicó activamente. De todos ellos, en especial la caza. Asimismo, la fotografía, el billar, el ajedrez (fue bastante mal jugador), el dominó y la pesca formaron parte de sus aficiones. Tenía un gran sentido del humor.

Durante 1952, Tito se casó con Jovanka Budisavljevic a la que conocía desde 1946, cuando con 23 años fue destinada a su servicio personal como ama de llaves. Tito no tuvo ningún hijo con Jovanka y se separó de ella en 1978, al parecer a causa de su tendencia a inmiscuirse en política.

El 13 de enero de 1953 entró en vigor en Yugoslavia una nueva constitución, según la cual quedaron constituidas dos cámaras: la asamblea federal y el consejo de producción.

La visita de Kruschev a Yugoslavia en 1955 hizo que se reanudasen los contactos con la U.R.S.S. que, al año siguiente, condujeron a la rehabilitación del régimen de Tito durante la visita que éste realizó a Moscú. Tito fue recibido en el aeropuerto por Kruschev, quien reconoció los principios que Tito había defendido frente a Stalin sobre la «independencia de caminos hacia el socialismo».

 En 1954, Tito viajó a la India y al año siguiente comenzó un progresivo acercamiento a Nehru, primer ministro de la Unión India, y a Nasser, presidente de la República egipcia, para la formación de un bloque de países no alineados que culminaría con la celebración de la primera Conferencia de países no alineados, en setiembre de 1961.

Su política de no alineamiento y su defensa pública de los principios de la descentralización y de la autogestión, la implantación de la economía socialista de mercado y, en 1968, la invasión soviética de Checoslovaquia, el apoyo de Tito a Dubcek y la crítica abierta a la teoría brejneviana de la soberanía limitada fueron otros tantos motivos de una nueva disidencia y distanciamiento de Moscú.

Consecuencia de estos enfrentamientos fue el acercamiento de Yugoslavia a Occidente. Los primeros años de la década de los setenta estuvieron jalonados de acontecimientos: visita del presidente Richard Nixon, gira de Tito por E.U.A., Canadá, Gran Bretaña, Luxemburgo, Holanda y Bélgica, restablecimiento de las relaciones con el Vaticano y con la R.F.A. y visita de Tito a Pablo VI.

Los ostentosos éxitos diplomáticos obtenidos por Tito fortalecieron su posición frente a Moscú. Los dirigentes soviéticos intentaron mejorar las relaciones y limar las tradicionales hostilidades. A tal fin, Moscú concedió al presidente yugoslavo la Orden de Lenin en 1972, que le fue entregada durante una visita que Tito realizó el mismo año a la U.R.S.S.

 En febrero de 1974 entró en vigor la tercera constitución yugoslava, en la cual se establecía una presidencia compuesta por un representante de cada república y provincia autónoma de la federación. En mayo de este mismo año, Tito fue nombrado presidente vitalicio.

En años siguientes Tito recibió a Gerald Ford, a Fidel Castro y a Ceausescu, realizó una gira por América latina y visitó Suecia, Grecia, Portugal y Turquía.

Una enfermedad le atacó justo al empezar la nueva década del 80. Comenzó con una flebitis de la pierna izquierda; el 14 de enero fue operado a causa de una trombosis en la pierna pero, seis días más tarde, se hizo necesaria la amputación. Durante el postoperatorio apareció una insuficiencia cardíaca y el 14 de febrero cayó en estado de coma. Tito ya no se recuperó. El día 23 se le sumó al cuadro clínico una neumonía. Al mes siguiente se siguió manteniendo con vida al mariscal de forma casi artificial. Después de cuatro meses de enfermedad, murió.

El comunicado oficial decía lo siguiente: «El 4 de mayo de 1980, a las 15h 05m, en Ljubliana, el gran corazón del presidente de nuestra República Socialista Federativa de Yugoslavia dejó de latir».

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Josif Broz Tito  “el hombre que desafió a Stalin” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Batalla de Stalingrado Invasion Alemana a Rusia Consecuencias

Batalla de Stalingrado Invasión Alemana a Rusia

BATALLA DE STALINGRADO: El punto de inflexión de la segunda guerra mundial, la batalla de Stalingrado, fue un encarnizado conflicto urbano, en el que decenas de miles de soldados alemanes y soviéticos murieron. Aquí fue donde el Ejército Rojo demostró que no solo podía contener a la Wehrmacht, sino también derrotar a la máquina de guerra alemana, aparentemente invencible.

El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, su mayor error. Hitler y los mandos militares pensaban que sería una campaña breve que decidiría la guerra. Los alemanes ocuparon un gran territorio, pero sin ninguna victoria decisiva y con apuros invernales. Después de la primera paralización de Stalin, Rusia organizó un ejército llamando a la “guerra patriótica”, justificada por la brutalidad del invasor.

Las causas del enfrentamiento con Rusia provienen de las irreconciliables diferencias entre las ideologías de ambas naciones, además de la política y el sueño hitleriano del » espacio vital » que tanto ansía Hitler para que la población alemana se desarrolle sin límites.

Bajo estas condiciones Adolfo Hitler lanza un violento ataque contra la unión soviética teniendo que pelear en frentes occidentales tanto orientales y sin embargo, consigue un incontenible avance hasta llegar a Stalingrado en 1943, misma que estuvo a punto de caer, salvada solo por el cruel general invierno, el mismo que haría morder el polvo a Napoleón.

Moscú fue atacada en octubre de 1941, un mes después de que empezase el sitio de Leningrado. La llamada «Operación Tifón» El ejército expedicionario alemán volcó todo su potencial en este ataque, pero los soldados estaban exhaustos, los suministros eran insuficientes y las tropas soviéticas hicieron gala de una extraordinaria determinación para salvar a la ciudad.

Gracias a la desesperada reorganización del ejército soviético, a un mando más eficiente y al titánico esfuerzo del pueblo soviético, los rusos lograron darle la vuelta a la situación. El hecho de que Stalin permaneciese en Moscú durante la batalla contribuyó enormemente a elevar la moral de los soviéticos.

Los gritos de «Stalin está con nosotros» podían oírse en las calles. Cuando el Ejército Rojo contraatacó, en diciembre de 1941, los alemanes fueron expulsados de Moscú.

La Operación Barbarroja, la invasión alemana de la Unión Soviética, fue la mayor invasión terrestre de la historia, enfrentando a 3,6 millones de soldados alemanes y sus aliados contra unos tres millones de soldados soviéticos en la Unión Soviética occidental. Táctica y doctrinalmente superiores, los alemanes avanzaron más lejos y más deprisa que ningún otro ejército moderno, capturando unos tres millones de prisioneros. Sin embargo, la Unión Soviética no se desplomó, como Hitler había predicho. Los objetivos estratégicos poco claros, la logística excesivamente forzada, la resistencia soviética inesperadamente dura y el terrible invierno ruso hicieron que los alemanes no lograran derrotar a su enemigo en 1941. De hecho, el Ejército Rojo pudo lanzar una el 90% del combustible soviético. Esto privaría a los soviéticos de combustible y proporcionaría recursos para una guerra prolongada contra Inglaterra y los EE.UU. Planteó esta opinión en la directiva del Führer n.° 41 el 5 de abril de 1942, afirmando que: «Todas las fuerzas serán concentradas para las operaciones en el sector sur, con el fin de destruir al enemigo antes de alcanzar el Don, capturar los yacimientos petrolíferos del Cáucaso y los pasos a través de las montañas del Cáucaso».

Para Hitler, Stalingrado era importante porque necesitaba proteger los campos petrolíferos de Rumania, de los que dependía todo su imperio del este.

Esta batalla duró desde agosto de 1942 a febrero de 1943. El Ejército Rojo sólo empezó a ganar terreno a partir de noviembre de 1942, cuando rodeó al 60 Ejército alemán. Los jefes militares alemanes que dirigían la campaña pidieron autorización para lanzarse a un ataque que rompiese el sitio, pero Hitler les ordenó seguir donde estaban y hacer frente al Ejército Rojo desde una posición defensiva.

Hitler se proponía abastecer a los soldados sitiados desde el aire. El 60 Ejército necesitaba diariamente provisiones, municiones y otros suministros por un peso total de entre 1.600 y 2.600 toneladas, pero el comandante en jefe de la Luftwaffe, el mariscal Hermann Góring, recibió la orden de enviar sólo 300 toneladas diarias.

En los últimos días la media diaria fue de 100 toneladas. Antes del final de aquel año, las tropas alemanas atrapadas morían de desnutrición, hipotermia y enfermedades tales como el tifus, las fiebres tifoideas y la disentería. (imagen: H. Góring)

El 10 de enero de 1943, como quiera que los alemanes se negasen de nuevo a rendirse, el Ejército Rojo atacó en la que acaso fue la batalla más sangrienta de toda la guerra. El 99 % de la ciudad de Stalingrado resultó destruida; y de sus 500.000 habitantes, sólo quedaron 1.500 después de la batalla.

Las bajas militares también fueron muy elevadas por ambos bandos. Murieron 500.000 soldados soviéticos, además de 150.000 alemanes y rumanos. Pero la cifra de muertos no se detuvo tras el final de la batalla, porque de los 91.000 alemanes hechos prisioneros, más de 50.000 murieron de hambre y de frío a lo largo del mes siguiente. El 60 Ejército de Hitler había sido prácticamente aniquilado.

En palabras del generalSiegfried Westphal: «Jamás un ejército tan grande tuvo un final tan aterrador en toda la historia de Alemania».

Estas derrotas fueron muy amargas para los alemanes. Pero lo peor estaba por llegar. En las vastas llanuras de Rusia central los alemanes lanzaron la «Operación Ciudadela», conocida también como «la batalla de Kursk». Hitler tenía especial interés en conseguir la victoria en Kursk, porque le permitiría destruir dos frentes rusos en una sola batalla.

También creyó que era un momento favorable para atacar. Los aliados no habían invadido Francia, como él creyó que harían, y esto le permitió disponer de algunas tropas de reserva.

Además, estaba convencido de que sus unidades de panzers eran superiores a los tanques rusos. Para el ejército alemán, la «Operación Ciudadela» era una oportunidad de desquitarse de las humillantes derrotas en Moscú (1941) y Stalingrado (1942).

La batalla duró cincuenta días, desde el 5 de julio al 23 de agosto de 1943, y en ella se utilizaron más tanques, morteros, cañones y aviones que en cualquier otra de la Segunda Guerra Mundial. Participó un tercio de todas las divisiones que los alemanes tenían destacadas en el frente oriental.

Fue un ataque en tenaza, con dos cuñas alemanas que partieron de OriolKursk y Belgorod-Járkov, enviadas para conquistar las lomas de Kursk, un área de 65.000 kilómetros cuadrados que seguía en poder de las tropas soviéticas.

También en esta ocasión los alemanes habían aventurado una rápida victoria que, al no producirse, les dejó mal preparados para una batalla de desgaste. En Kursk, el Ejército Rojo demostró su superior movilidad. Mientras que los alemanes dependían del ferrocarril para el transporte de sus divisiones, los rusos pudieron trasladar a sus tropas con flotas de camiones.

batalla de stalingrado

LA INFANTERÍA ALEMANA empuja un cañón ligero de infantería a su posición durante los combates al norte de Stalingrado. Los cañones ligeros se utilizaban con frecuencia contra posiciones defendidas por infantería.

La utilización de las carreteras dio a los rusos mayor velocidad y flexibilidad. El Ejército Rojo pudo asimismo sustituir los tanques perdidos en la lucha con mucha mayor rapidez que los alemanes.

A la postre, Hitler ordenó interrumpir la campaña, aterrado por las noticias de que los aliados habían desembarcado en Sicilia y de que Italia se disponía a abandonar la guerra. Además, Alemania necesitaba desesperadamente sus tropas en el Mediterráneo.

La derrota de los alemanes en Kursk fue aplastante. Los colocó a la defensiva, dio la iniciativa a los soviéticos y resquebrajó la moral alemana. A partir de entonces, los militares alemanes tuvieron la premonición de que la derrota era inevitable.

En palabras del capitán general Heinz Guderian, jefe de la junta de Jefes de Estado Mayor entre 1944 y 1945: «Innecesario es decir que los rusos explotaron a fondo su victoria. Ya no habría más períodos de calma en el frente oriental. En adelante, el dominio del enemigo fue incontestable». La batalla de Kursk significó el principio del fin de la guerra en el frente oriental.

Venganza: Una combinación de tácticas superiores, mejor utilización del material y espíritu de lucha, además de la combatividad de los partisanos, condujo a la victoria soviética. Después de la derrota alemana en Stalingrado, el conflicto se reanudó en dirección contraria. Las tropas alemanas fueron gradualmente empujadas hasta ser expulsadas de la Unión Soviética.

En su persecución de los enemigos alemanes, el Ejército Rojo participó en atrocidades masivas. Algunas de las peores se cometieron en Ucrania y en Bielorrusia. En estos territorios, la violencia estalló incluso antes de la entrada del Ejército Rojo.

El colapso de la administración polaca significó que el soterrado odio étnico y de clase emergiese con toda su virulencia. Los polacos, los panspolacos o beloruchi, fueron atacados con saña por los campesinos y los obreros, porque al considerarlos capitalistas y terratenientes los consideraban también enemigos de clase.

En las calles gritaban esta consigna: «A los polacos, a los pans y a los perros…hay que matarlos como perros».  Y El Ejército Rojo aprobó estas actividades. A medida que los soldados soviéticos avanzaban hacia el oeste y se adentraban en territorio alemán, se entregaron a una terrible venganza. La pauta la marcó el primer pueblo alemán que encontraron, Nemmersdorf, en el este de Prusia.

Las tropas soviéticas entraron el 22 de octubre de 1944 y violaron, mutilaron y mataron a todas las mujeres. A algunas las abrieron en canal. A los prisioneros de guerra y a los obreros polacos los castraron.

Similares episodios de brutalidad tuvieron lugar en toda la Alemania ocupada por los soviéticos. Cuando las tropas soviéticas conquistaron Berlín, en mayo de 1945 después de largos y sangrientos meses de lucha, el pillaje, el asesinato y la violación a cargo de las fuerzas ocupantes fueron parte de la vida cotidiana de los berlineses. Del terror que sufrieron las mujeres alemanas da idea una brutal estadística: en algunos distritos de Berlín, el porcentaje de suicidios de las mujeres llegó al 21,5 %. 

datos batalla de stalingrado

Resumen del Conflicto: En junio de 1942, el ejército alemán lanzó una gran ofensiva en el frente del este para hacerse con los campos petrolíferos del Cáucaso y la ciudad de Stalingrado, centro de la industria militar soviética. En noviembre, el general Friedrich Paulus había conquistado casi toda la ciudad, obligando a las fuerzas soviéticas a retirarse hacia el río Volga después de feroces combates casa por casa.

Pero el 19 del mismo mes, el ejército soviético lanzó un fortísimo contraataque para romper el frente por norte y sur, que acabó cercando a los alemanes. Hitler ordenó a sus hombres no abandonar la plaza y prohibió la rendición. El general Friedrich Paulus y sus soldados resistieron un asedio de siete semanas.

El 2 de febrero de 1943, exhaustos, consumidos por el frío, las enfermedades y el hambre, los restos del VI Ejército alemán, con Paulus a la cabeza, se rindieron al mariscal Zhukov. Cuando Hitler lo supo, montó en cólera.

El Ejército Rojo hizo prisioneros a más de 90.000 alemanes, que emprendieron un penoso camino hacia los campos de concentración de Siberia. La derrota en Stalingrado marcó el inicio del hundimiento alemán en el frente ruso.

QUE PENSABAN LOS ALIADOS RESPECTO A LA INVASIÓN ALEMANA A RUSIA:

En aquel dramático junio de 1941, cuando 170 divisiones alemanas y otras muchas aliadas iniciaron sin declaración de guerra el asalto contra la Unión Soviética, se oyeron numerosas voces del mismo tenor. Aquel circunstancial aliado condenado a morir —¿no se expresaba un deseo más o menos subconsciente?— sólo podía servir para «ganar tiempo».

Si la confianza de Hitler en los resultados de la invasión fue absoluta, no lo fue menos la seguridad con que las máximas autoridades militares de Londres y Washington vaticinaron el fin de la Unión Soviética. . . y el socialismo. E! estado mayor británico informó a su gobierno que «el nuevo esfuerzo nazi exigiría de seis a ocho semanas», Y el secretario norteamericano de Guerra, H. L Stimson, comunicó al presidente Roosevelt que «Alemania estaría totalmente ocupada en el aplastamiento de Rusta durante un mínimo de un mes y un posible máximo de tres meses». Predicciones análogas hacían los «entendidos» en la prensa británica y norteamericana.

Todos se equivocaron, desde luego. Y, al mismo tiempo que satisfacía contar con un aliado inopinadamente poderoso en la lucha contra la «voracidad» de Hitler, surgía el temor de lo que supondría una Unión Soviética victoriosa.

EL ATAQUE A RUSIA
Según Grigore Gafencu en «Guerra del Este», 1945

«La idea de la guerra contra Rusia —que algunos políticos y ciertos militares alemanes había acariciado siempre, pero que no fue tomada seriamente en consideración por los dirigentes del Reich hasta la primavera de 1941— estaba, pues, enteramente condicionada por las necesidades de la lucha contra Inglaterra.

El problema de una campaña en el este se planteó en el espíritu del Führer con extrema claridad; necesitaba moverse a sus anchas en la guerra sin cuartel contra el enemigo británico; disponer de un extenso territorio, rico y fértil, para resistir mejor y por más tiempo en una «guerra de usura», y permanecer solo hasta el fin; sobre todo al llegar éste. Tal idea tenía la ventaja de volver a Hitler a sus más caras teorías del Mein Kampf.

Satisfacía la necesidad de espacio extenso, ilimitado y, además, próximo y directamente unido al territorio del Reich; espacio que, por un esfuerzo de trabajo y de colonización del pueblo alemán, podía prolongar a la Gran Alemania hasta Crimea, el Cáucaso y aún más allá. Era el objeto de conquista más atrayente que los pequeños países europeos, pobres y díscolos, sin recursos y llenos de pretensiones, de los que era difícil conseguir —fueran cuales fuesen los métodos empleados por la potencia ocupante: brutalidad o tolerancia, violencia o persuasión— algo que no fuese odio, resistencia, incomprensión ni desprecio.

Instalado en Ucrania y en el Cáucaso, dueño de la tierra más fértil, del suelo más rico del mundo, disponiendo de un mar interior y dominando las grandes rutas que penetran en Asia o descienden hacia el golfo Pérsico y la India, el Reich no necesitaría más conquistas para tener a su merced no sólo a Europa, sino también a los otros continentes. Semejante perspectiva ofrecía tantas ventajas que incluso permitía entrever la posibilidad de una paz más fácil y más estrecha con la Gran Bretaña.

El efecto: si la resistencia británica se eternizaba, Alemania tendría siempre —puesto que dispondría de la riqueza y la inmensidad de los territorios rusos— posibilidad de apresurar la paz, renunciando a todas sus conquistas occidentales. Para lograr esa paz, que no pondría en litigio su potencia mundial, le convendría devolver su libertad a todo el oeste europeo, desde Noruega hasta la frontera española. De esta forma, la guerra del este suministraría a los alemanes una preciosa materia de cambio con la cual actuar a su antojo para conseguir la paz en el oeste.»

ALGO MAS….
LA HAMBRUNA EN LENINGRADO

El 17 de septiembre, el Führer ordenó el retiro de las divisiones panzer de los ejércitos del Norte, para desplazarlos junto con un contingente de tropas hacia el Sur, lo que implicaba que el ataque sobre Moscú sería iniciado, aun cuando Leningrado no estuviese derrotada.

El invierno se acercaba y los pronósticos señalaban que sería muy crudo. Los alemanes cesaron la ofensiva y se atrincheraron, pero continuaron con el fuego de artillería y los bombardeos aéreos, pues el área debía ser arrasada.

La preocupación se trasladó hacia el interior de la ciudad. Los primeros síntomas del hambre comenzaron a presentarse angustiosamente, como ocurre al cambiarse bruscamente de régimen alimenticio. Si bien durante las semanas anteriores el racionamiento había sido severo, en los días que siguieron al incendio de los almacenes Gostiny Vidor, fue haciéndose cada vez más riguroso.

Las punzadas que sentían los leningradenses en sus estómagos al ingerir sólo unas rebanadas de pan al día, los hacían desfallecer y cualquier esfuerzo, por mínimo que fuese, los dejaba exhaustos. Acostumbrarse a pasar hambre es un proceso que dura mucho tiempo, y los primeros días son los peores, hasta que pasa el dolor y es reemplazado por una debilidad y un desaliento que corroe el cuerpo y el alma. La contextura varía, adelgazándose paulatinamente, comenzando por la cara y los brazos y luego bajar a las piernas.

La gente empezó a buscar desesperadamente algo que llevarse a la boca, en un intento por mitigar los dolores y los verdaderos lamentos que emitían sus intestinos. Raspaban el pegamento de los papeles de los muros, algunos masticaban el papel, y otros comían el forraje de los caballos o también cola de carpintero. Los animales domésticos, como perros y gatos, poco a poco fueron desapareciendo…

El encargado de abastecimientos y una cuadrilla de jóvenes, lograron rescatar de entre los escombros de los almacenes quemados un par de miles de sacos de azúcar y de harina, elementos que estaban nauseabundos por el calor y la humedad a que habían sido expuestos, pero cada gramo era necesario, pues podían prolongar una vida.

El transporte de alimentos por el Ladoga utilizando navíos se efectuó hasta que quedó una décima parte de las 50 barcazas existentes, ya que los bombarderos alemanes vigilaban estrechamente las aguas del lago, por lo que los viajes debían realizarse de noche. Pero la travesía tomaba 16 horas y en algún momento quedaban expuestas a la luz del día y al fuego certero de los aviones enemigos. El sistema duró un mes, el de octubre, alcanzándose a trasladar en dicho lapso apenas diez mil toneladas de víveres, en circunstancias que sólo en harina la ciudad consumía más de quinientas toneladas por día.

UN PANORAMA DESOLADOR
Llegó noviembre y comenzó a nevar. El frío se agregaba al hambre, haciendo más lúgubre el ambiente de las casas y las calles de Leningrado. Los ancianos fueron las primeras víctimas, ya que cualquier dolencia que padecieran se agudizaba con la desnutrición.

Las tuberías del agua potable, ante la ausencia de calefacción en las casas, se fueron congelando, lo que obligó a que la gente tuviera que caminar penosamente hasta el Río Neva, que cruza la ciudad, para hacer un agujero en el hielo que ya estaba formándose sobre la superficie para extraer agua, la que se consumía sin hervirse, pues casi no existía leña ni otros combustibles para esos menesteres.

Las diarreas diezmaron ahora a los bebés. Por esta fecha ya se hablaba de más de trescientas muertes diarias causadas por el hambre. No existían féretros para las sepultaciones, pues toda la madera estaba requisada por el comisario de abastecimientos o era mantenida en secreto en algunas casas para procurarse un poco de calor o para calentar agua.

El espectáculo que ofrecían las calles era cada vez más siniestro: los trineos infantiles se utilizaban para llevar los cadáveres, envueltos en sábanas, hasta los cementerios. El pueblo parecía carecer de sentimientos, pues no se veía a nadie llorar en los entierros.

En el libro de Alexander Werth, «Rusia en la Guerra», se lee un dramático recuerdo que esboza el Mayor Lozak, oficial de estado mayor del ejército ruso:

«Para llegar a mi puesto tenía que caminar tres kilómetros desde mi casa. Andaba unos cuantos metros y me sentaba a descansar. Y luego otra vez lo mismo. Muchas veces veía a alguien que, repentinamente, se desplomaba sobre la nieve. No se podía hacer nada, así que todos seguíamos nuestra marcha, pasábamos a su lado. Y al volver se observaba una forma humana vagamente cubierta de nieve, en el mismo lugar que en la mañana vimos derrumbarse una persona…»

A mediados de noviembre hubo de rebajarse todavía más las menguadas raciones de pan. 500 gramos diarios para los soldados que estaban en la primera línea; 300 gramos para los de retaguardia y para los obreros de las fábricas y 150 para el resto de los ciudadanos.

Síntesis 2° Guerra Mundial

Mitos Sobre Los Crimenes de Guerra de la Segunda Guerra Mundial

Crímenes de Guerra Mitos de la 2° Guerra Mundial

mitos de la segunda guerra mundial

MITO: Los aliados no cometieron crímenes de guerra y no albergaron, luego de la Segunda Guerra Mundial, criminales de guerra nazi, los cuales se escaparon sobre todo a Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay.

REALIDAD: Los aliados cometieron crímenes de guerra de lesa humanidad al igual que los nazis. La destrucción casi total de la ciudad de Dresden, en Alemania, en la que murieron decenas de miles de civiles inocentes —por citar un ejemplo— no obedecía a ningún objetivo militan Además, la guerra estaba prácticamente terminada.

Sólo obedeció a un deseo de venganza contra El régimen nazi. En cuanto a la fuga de altos criminales de guerra alemanes, habría habido dos redes que organizaron el operativo. Una operó a través de los contactos del Vaticano. La otra a través de la CIA, llamada en aquella época QSS (Overseas Secret Service).

Ambas estaban relacionadas y muchos criminales de guerra terminaron en Sudamérica, pero muchos otros encontraron refugio en los Estados Unidos, al igual que muchos de los científicos que habla en la Alemania nazi y fueron arduamente disputados como el caso de Von Braun, entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

La red de espionaje nazi (la Abwehr), cuyo cerebro era Reinhardt Gehlen, tras la sumada ejecución del almirante Wilhelm Canaris (ordenada por Hitler por colaborar con el enemigo en el atentado que sufrió) quedó prácticamente por entero en manos de los Estados Unidos y fue incorporada a la naciente CIA con el objetivo principal de brindar información de primera mano acerca de las actividades de los países de Europa Oriental que tras la guerra quedaron en la denominada esfera soviética.

A fin de no repetir información, no nos referiremos aquí al fiasco de Pearl Harbour, que hemos comentado en el segundo capítulo, un hecho no sólo conocido con anticipación por el prominente miembro de una sociedad secreta; Franklin Delano Roosevelt, sino incentivado previamente con estudiadas medidas.

Es un asunto que merece figurar simplemente en el capítulo sobre terrorismo. Que juzgue el lector, con la información disponible, qué papel jugaron y juegan la “historia”, los “historiadores”, la “prensa” y los “periodistas” que se han referido en forma unilateral a la Segunda Guerra Mundial.

Lo cierto es que tanto Hitler, un antiguo amigo de la elite transformado súbitamente en el peor enemigo de la misma, como su cruel y terrible régimen nazi, fueron mostrados para siempre como el peor desastre ocurrido a la humanidad en muchísimos siglos. ¿Qué mejor manera de sepultar al enemigo para siempre? Vayamos ahora a otro intento & entierro definitivo de un enemigo.

Ver: Crimenes de Guerra y Juicios a NAZIS