Biografia de Aníbal Troilo

Mejores Jugadores de Futbol del Mundo de la Historia Messi Pele

Mejores Jugadores de Futbol del Mundo

PELE , EN LA CANCHA Y EN LA VIDA: Cuando se les pregunta a los expertos por los mejores jugadores de todos los tiempos, en un nombre hay coincidencia plena: Edson Arantes do Nascimiento, Pelé, también llamado Dico, Gasolina, O Rei, o la Perla  Negra.

Veloz, potente, imaginativo, creativo, felino, goleador certero, ejercía magias deslumbrantes en cada partido. Ganó todo: tres mundiales (58, en Suecia; 62, en Chile, y México en 1970, en los cuales hizo 12 goles).

Además, desde su debut en Baquinho, en 1954, cuando tenía 14 años de edad, hasta su retiro en el Cosmos de Nueva York, en octubre de 1977, hizo 1.282 goles, una cifra inigualable. Disciplinado, discreto, el brasileño también es un triunfador en la vida, í Fue ministro de Deportes en su país y funcionario de la FIFA, que quiere declararlo «Atleta del Siglo».

En los últimos años se lo criticó por su excesiva cercanía al poder.
Números de un Mago: ante el mundo le tTaños, con el Mundial de su catrera fue

Su primer mundial fue en Suecia, en 1958, con 17 años de edad. En un equipo de talentosos (Gilmar, Garrincha, Didí, Vavá, Zagallo y Zito, entre otros), hizo seis goles y se destacó por su desparpajo genial. ¿Es necesario decir que él es el del medio, agachado.

México 70 fue su apoteosis, la confirmación de que era el rey indiscutido, el mejor.Pelé estaba en su plenitud, y en su caso, eso significó ver a un mago en acción.
En la final en México 70,
Brasil – Italia.
O Reí cabecea y abre el marcador.
Luego hicieron goles Gerson, Jairzinho y Carlos Alberto, para apabullar a los azules 4 a 1.
Su gol número 1000, fue el 19 de noviembre de 1969. Pelé, todavía en el Santos, batió de penal al arquero argentino Edgardo Andrada, del Vasco da Gama. Ya era tan célebre que hasta los hinchas rivales aplaudieron.El día que jugó su último
partido en la Selección de
Brasil lloró como un chico.
Tenía 34 años, y creía que ya no
estaba a la altura de los
acontecimientos.
Su retiro. Fue el 1° de octubre
de 1977, en el Cosmos de Nueva
York, enfrentando al Santos, el
club de sus amores.
Jugó un tiempo para cada
equipo e hizo un gol.

DIEGO MARADONA: El más grande. Su talento hipnotizó al mundo. Millones de hinchas se emocionaron con él. Millones lloraron por él.

Fue el más grande. El que hizo vibrar a millones de argentinos y a cientos de millones de futboleros en todo el mundo. El emblema que se convirtió en el mejor pasaporte para sus compatriotas en los rincones más remotos del planeta. El supercampeón que llevó a la cima a Boca, al Napoli, a la Selección.

El que hacía pasar por torpes a fenomenales arqueros, el que a fuerza de talento se burlaba de defensores grandes como roperos: los desairaba con quiebres de cintura, amagues, centros de rabona, tacos, caños, el infernal pique corto de los buenos tiempos, los perfectos pases-gol, y esa zurda prodigiosa que la clavaba en el ángulo con un toque sutil, o con un bombazo preciso. Con efecto, claro.

El jugador más desequilibrante del más hermoso de los deportes, el que ganaba partidos cuando se lo proponía. Un duende, un mago, un estratega, un regalo de Dios, un quijote que peleó contra los poderosos. Pelusa, Diego,Maradóoo. Fue el más grande. Siempre será el más grande.

Números de un Genio: A los 15 años llegó a la primera división de Argentinos Juniors. En 1979 debutó en los mundiales con el campeonato juvenil de Japón. Dos años más tarde, pasó a Boca, que ese mismo año salió campeón. El fútbol europeo lo tuvo en el Barcelona y en el Napoli (’84 a ’91) y también escribió su historia en los Mundiales: 4 participaciones (’82, ’86 -campeón-, ’90 -subcampeón- y ’94) con 8 goles en 21 partidos.

GOL MARADONA
Su obra cumbre: El segundo gol a los ingleses en México 86.
La mejor jugada individual en la historia de los Mundiales.

México 86. Argentina 3-Alemania 2. La hora más gloriosa: su enorme talento condujo a la Selección a obtener la Copa del Mundo. Convirtió 5 goles, entre ellos aquel inolvidable frente a Inglaterra.Diego nació el 30 de octubre de 1960. A principios de los 70 era Cebollita en Argentinos Juniors. Ya se hablaba de su magia.Menotti lo dejó afuera de la Selección campeona del 78. Su revancha fue a lo grande: Campeón Mundial Juvenil en Japón 79.El debut en primera, el 20 de octubre de 1976. Argentinos Juniors-Talleres. Entró y tiró un caño. A los 16 años debutó en la Selección.Otra vuelta olímpica: 1981, con Boca Juniors. Nacía un romance inquebrantable con la mitad más uno.

EL FUTBOL: QUIZÁS, el deporte más popular en Europa, América del Sur y en la mayor parte de África. Está mucho menos extendido en Asia, y a duras penas se ha implantado en América del Norte. Sin embargo, la celebración en E.U.A. de la fase final de la Copa del mundo de naciones, en 1994, puede haber favorecido allí su desarrollo.

Está regido por la F.I.F.A. (Federación internacional de fútbol asociación), creada en 1904 con sede en Zurich. Esta federación controla más de 150 federaciones nacionales, con más de 30 millones de jugadores. Es responsable del más grande acontecimiento deportivo (además de los Juegos olímpicos), la Copa del mundo de naciones, organizada cada 4 años, cuyas fases eliminatorias se desarrollan a lo largo de dos años.

Las fases finales (disputadas inicialmente por entre 16 y 24 equipos, que serán 32 a partir de 1998) tienen lugar los años pares no olímpicos. Cada confederación continental («filial» de la F.I.F.A.) organiza también un campeonato o Copa de naciones (fase final en los años pares olímpicos), e igualmente se celebran (anualmente en Europa) diversas competiciones interclubs.

La disposición de los once jugadores sobre el terreno de juego ha evolucionado mucho, en general para reforzar las defensas; la intención de no perder prevalece sobre la de marcar, de ganar. Al principio figuraban cinco atacantes (tres atacantes llamados «de punta» y dos centro-campistas); el 4-2-4 y después el 3-2-4-1 han ido marcando las etapas, hacia la reducción, a dos (hasta a uno) atacantes cada vez con más frecuencia, permitiendo evidentemente una mayor concentración de jugadores en medio del campo. El número de goles marcados por encuentro está, en. general, disminuyendo en todas partes y el aspecto espectacular del fútbol está retrocediendo.

FUTBOL CANCHA

Disposición teórica de los jugadores al empezar un partido: arriba,
en 4-2-4, abajo, con tres atacantes, cuatro defensas y un libero.

A esta evolución se suma la importancia de los enormes presupuestos financieros de las competiciones nacionales e internacionales. Las entradas a los estadios tienen  cada vez menos peso específico en los presupuestos de los clubes, financiados, en su mayor parte, por !as subvenciones, el patrocinio de grandes firmas industriales o comerciales y los elevados cánones de las retransmisiones televisadas.

FUTBOL

CAMPEONES MUNDIALES DE FUTBOL

1930Uruguay1982Italia
1934Italia1986Argentina
1938Italia1990R.F.A.
1950Uruguay1994Brasil
1954R.F.A.1998Brasil
1958Brasil2002Brasil
1962Brasil2006España
1966Inglaterra2010España
1970Brasil2014?
1974R.F.A.  
1978Argentina  

 

Biografia de Rodrigo Bueno Rey del cuarteto cordobes

Biografía de Rodrigo Bueno
Rey del Cuarteto Cordobés

Biografia de Rodrigo Bueno Rey del cuarteto cordobesRodrigo Bueno: El cuartetero cordobés que cautivó al mundo:

Ante el estupor de sus fanáticos, y posiblemente la conmoción de todo un país, en las primeras horas del 24 de junio del 2000 se anunciaba la muerte de Rodrigo Bueno, el cuartetero cordobés que había logrado conquistar a un público que incluso, trascendió las barreras de la bailanta.

Ese mismo día, paradójicamente los tangueros volvían nuevamente a conmemorar la desaparición física de otro argentino: Carlos Gardel. Pero no fue el tango lo que sonó en las radios y canales televisivos del país ese día, sino la voz alegre de Rodrigo al ritmo del cuarteto.

Rodrigo Alejandro Bueno tenía 27 años y había nacido el 24 de mayo de 1973, en la capital de la provincia de Córdoba. Hijo de Eduardo Alberto «Pichín» Bueno y Olga Beatriz Olave Bellido. De la mano de la Mona Jiménez, Rodrigo se subió por primera vez a un escenario, a los dos años, en un programa de televisión llamado Fiesta del cuarteto.

Un trágico accidente automovilístico ocurrido en la madrugada de ese 24 de junio en la Autopista Buenos Aires-La Plata ponía fin a la vida de este joven músico de 27 años, que había planeado convertirse en referente musical de la juventud, y que luego de perder la vida pasó a los anales de la historia como un mártir de la implacable industria de las bailantas, como un mito musical de su generación, y en algunos casos como un santo que propicia milagros para muchos de sus seguidores.

Rodrigo Alejandro Bueno, tal su nombre real, había llegado a este mundo el 24 de mayo de 1973 en Córdoba, y se crió en un ambiente musical, porque en su casa sólo se escuchaba cuarteto. Además recibían asiduamente la visita de la Mona Jiménez, ya que la madre de Rodrigo era una gran amiga del músico.

Este contexto fue el pretexto adecuado para que Rodrigo se sintiera atraído por la música desde muy pequeño, incluso mostraba tanto interés en ello, que al cumplir los dos años su tío, que era carpintero, le obsequió un micrófono de madera que hizo con sus propias manos. A partir de allí, el pequeño comenzó a jugar con ser cantante.

El accidente automovilístico le costó también la vida de Fernando Olmedo, hijo del popular cómico. Ambos volvían de City Bell en una camioneta Ford Explorer que volcó ante una mala maniobra en la autopista que une La Plata con Buenos Aires.

Por aquella época tuvo la oportunidad de sentir por primera vez la adrenalina que provoca estar sobre un escenario frente a cientos de personas, cuando en el programa televisivo “Fiesta del Cuarteto”, la Mona Jiménez lo invitó a estar con él en escena.

Debió pasar menos de una década para que llegara el debut, el cual concretó con el grupo Chévere, presentándose ante públicos que colmaban los locales bailables. Sólo tenía 11 años, pero ya todos querían escuchar cantar a Rodrigo.

Decidido por completo a dedicarse a la música, abandonó los estudios sin concluir la primaria ya que había sido contratado por la agrupación Manto Negro para ocupar el puesto de cantante. El paso por aquella banda le permitió cobrar su primer sueldo como profesional.

A los 17 años, y continuando con su actitud de artista precoz, se lanzó como solista y comenzó a componer sus propias canciones, lo que le permitió editar su primer disco en 1987, titulado “La foto de tu cuerpo”, el mismo nombre de la primera canción que compuso en su vida, hacía varios años atrás.

Desde Córdoba capital llegó a Buenos Aires para presentar su segundo trabajo discográfico, llamado “Aprendiendo a vivir”. Estaba comenzando una nueva década, y los gustos musicales de los jóvenes habían sufrido un vuelco que permitió la inserción de la música popular de las bailantas dentro de los boliches de mayor renombre.

De esta forma, Rodrigo, que era conocido como El Potro, logró imponerse como el máximo representante del cuarteto cordobés en Buenos Aires, o mejor dicho en todo el país, e incluso en naciones limítrofes. Su ascensión a la fama absoluta sólo le llevó unos pocos años, y cuando en 1995 lanzó su canción “Lo mejor del amor” se convirtió en uno de los músicos más exitosos de la Argentina.

“Fue lo mejor del amor lo que he vivido contigo…” se convirtió en una de las frases cantadas que se repetían en radio, televisión, boliches e incluso en las calles, entonadas por los jóvenes como un himno a los sentimientos más profundos de la vida.

En medio de tanto éxito, la tragedia golpeó a Rodrigo, cuando en una oportunidad antes de salir a escena vio morir a su padre. Aquello lo llevó a replantearse su futuro, e incluso pensó en dejar la música para siempre, pero él sabía que había nacido con una misión, por lo que continuó su carrera.

Poco antes de morir lanzó uno de los trabajos discográficos que lo consagrarían, “Rodrigo a 2000”, el disco más vendido del cantante, cuyas canciones como “Yerba Mala”, “Como le digo”, “Soy cordobés”, “Amor Clasificado”, “Que Ironía”, entre otras sonaron a lo largo y ancho de todo el país.

En 1996, con el sello discográfico Magenta, Rodrigo lanzó Lo mejor del amor. Por este trabajo recibió el premio ACE. Al año siguiente, Rodrigo tuvo un hijo con Patricia Pacheco. Meses más tarde, grabó el disco La leyenda continúa. Este trabajo se convirtió rápidamente en disco de oro. Su despegue definitivo fue con el trabajo Cuarteteando.

En aquella época, simultáneamente Rodrigo Bueno vivió uno de los mejores momentos de su carrera, cuando logró un récord en el mundo de la música, llegando a realizar 15 funciones en el Luna Park.

Su carisma, su espontaneidad, su faceta de músico divertido, alegre y que hacía lo que quería, sus constantes cambios, que podían observarse incluso en el color de su pelo, hicieron que Rodrigo se convirtiera en un verdadero ídolo popular, y un mito que trascendió la muerte.

La cultura popular tiene un extraño mecanismo por el cual ciertas figuras carismáticas pierden su carácter humano e individual para convertirse en seres de otra índole, objetos de una devoción casi religiosa. Antes de Rodrigo la música tropical tuvo a Gilda, que al igual que él, murió en un accidente automovilístico.

En el caso de Rodrigo el primer indicio de su canonización popular fue el santuario improvisado en el kilómetro 24 de la ruta Buenos Aires – La Plata. A 400 metros de donde la Ford Explorer roja se hizo trizas, los fanáticos del Potro se fueron acercando, primero para rendir culto a su ídolo y luego, cuando corrió la voz de ciertos actos milagrosos (El del póster do), a pedirle buena fortuna.

Según dicen, «San Rodrigo» da trabajo y reestablece la salud de sus fieles. El lugar se convirtió en un auténtico santuario. Más relacionado con el mundo terrenal es el homenaje que le hicieron los habitantes del asentamiento linderode Buenos Aires, que le pusieron Rodrigo Bueno a su barrio.

Ver También Otro Fenómeno: «Gilda»

Fuente: Graciela Marker Para Historia y Biografías

Biografia Piazzolla Astor Escuchar Tangos de Piazzolla Resumida

Biografía Piazzolla Astor
Músico Argentino Compositor de Tangos

Biografia Piazzolla Astor Al recorrer las calles de Buenos Aires, durante esos días en que el cielo gris tiñe por completo cada uno de los rincones opacando el brillo de las vidrieras más luminosas, nos llega como una suave y delicada brisa una música, que nos envuelve el alma y nos acaricia el corazón.

Es el sonar triste y nostálgico de un fueye, que no rezonga porque en realidad siempre busco la manera más elegante y refinada de expresar toda clase de sentimientos; el bandoneón en el que alguna vez apoyó sus firmes manos Piazzolla.

Aníbal Troilo dijo alguna vez sobre la obra de Piazzolla que representaban algo más que un simple 2×4, por lo que la bautizó como «música de la ciudad», resumiendo en escasas palabras las, para él, extrañas composiciones de Astor.

El virtuosismo del músico fue seguramente el motivo por el cual logró convertirse en uno de los compositores e interpretes de tango más célebres en el mundo, incluso le valió opiniones positivas a lo largo de su trayectoria provenientes de los más notables concertistas internacionales.

Sin dudas, Piazzolla alcanzó la meta que busco desde que acometió sus primeros pasos en la música, por lo que no sólo fue amado sino también repudiado por una gran cantidad de tangueros que jamás pudieron comprender por completo su mensaje.

Es por ello, que los expertos tangófilos aseguran que al igual que sucede en las costumbres cristianas, en las que se enmarcan los hechos históricos dentro de fechas que se sucedieron antes y después del nacimiento de Cristo, existe en el tango un antes y un después marcado por la presencia de Piazzolla, lo que muchos llaman como pre y post piazzollismo.

Nacido bajo el signo de Piscis, Astor nació en la ciudad balnearia de Mar del Plata un 21 de marzo de 1921, hijo de Vicente Piazzolla y Asunta Manetti, inmigrantes italianos que como tantos otros habían llegado a nuestro país durante la década del 80, escapando de la pobreza que invadía en esa época gran parte de Europa.

Fue bautizado con el nombre de Astor en homenaje al violonchelista de la Orquesta Sinfónica de Chicago, Astor Bolognini, gran amigo del padre del pequeño, con lo que en cierto modo el destino de su vida ya había sido trazado apenas llegado al mundo.

La música llegó a su vida desde muy pequeño, debido a que pasó gran parte de su niñez en Nueva York, alimentándose de las nuevas corrientes compositivas de la época, momento en el que aún brillaba la tristeza del jazz y la fuerza de las composiciones clásicas de Bach.

A la par que comenzaba a interesarse por la música, Astor demostró ser un aplicado e inteligente alumno, logrando aprender al mismo tiempo cuatro idiomas, el castellano, el inglés, el francés y el italiano.

Aun era un pequeño delgado de ojos profundos que llevaba pantalones cortos cuando recibió quizás el mejor regalo de su vida. Una tarde de otoño, mientras Astor preparaba sus deberes llegó a la casa su padre con un paquete, en cuyo interior descansaba un fueye que había comprado especialmente para su hijo.

Este primer bandoneón, que llegó a las manos del pequeño Astor en 1929, había sido adquirido por su padre en una casa de empeños por sólo 18 dólares, y logró ser el puntapié inicial para el comienzo de una carrera cuyo límite sólo pudo imponerlo la muerte.

Fue precisamente en el año 1932, cuando con sólo 11 años de edad Astor compuso el que sería su primer tango, jamás difundido, titulado «La catinga». Dos años después, el pequeño compartió una serie de escenas cinematográficas junto a otro mito del mundo del tango, Carlos Gardel, cuando intervino como actor infantil en la película «El día que me quieras».

Al promediar el año 1936 la familia Piazzolla regresó a la Argentina, y fue a partir de ese momento en que Astor comenzó a acercarse cada vez más al mundo del tango, mientras continuaba sus estudios musicales en las clases impartidas por notables compositores de la talla de Alberto Ginastera y Raúl Spivak.

Lentamente, pero con una gran decisión, Astor comenzó a insertarse en el mundo tanguero, integrando como bandoneonista una serie de conjuntos locales de la ciudad de Mar del Plata, y durante lo cual ya comenzaba a notarse su fuerte influencia clásica dentro de sus interpretaciones de diversos tangos tradicionales.

De esta manera, una vez viviendo en la ciudad de Buenos Aires, se dice que Astor practicaba interpretando piezas de Stravinsky, Bartók y Ravel, y concurría todas las mañanas al Teatro Colón como espectador de la orquesta, mientras que por la noche visitaba los más recónditos clubes para presenciar la actuación de orquestas de tango.

La fusión de ambos estilos tuvieron consecuencias en la mente compositora de Piazzolla, de ello no hay dudas, dando lugar al comienzo de una carrera que lo llevó a recorrer todo el mundo, y a convertirse en un verdadero icono del tango, a pesar de que durante años muchos se habían hecho eco de aquella crítica que aseguraba que lo suyo no era tango.

Uno de los primeros hitos en la trayectoria de Astor fue sin dudas su participación en la orquesta de Aníbal Troilo, donde permaneció por alrededor de siete años tratando de impregnar con su creatividad y agudeza un nuevo estilo a la agrupación, limitado por Pichuco en reiteradas oportunidades.

El Gato, como fue apodado Piazzolla durante su paso por la orquesta de Troilo, se mantuvo como bandoneonista y arreglador de la agrupación de Pichuco hasta el año 1944, cuando se aventuró a comenzar a forjar su propia carrera, convirtiéndose en el director y bandoneonista de la orquesta que acompañaría a Francisco Fiorentino, un cantor único que también había decidido alejarse de Troilo para iniciarse como solista.

Después de aquella experiencia extraordinaria, en el año 1946 Astor se separó de Fiorentino para conformar si primera propia agrupación, y si bien aún continuaba manteniendo las pautas tradicionales del género, ya comenzaban a surgir algunos de los aspectos fundamentales que darían lugar al nacimiento de la llamada «música de Buenos Aires».

Durante su impecable trayectoria, que se extendió casi ininterrumpidamente por más de cincuenta años, Piazzolla compartió el escenario con figuras inolvidables del tango, entre los que se encuentran Horacio Salgán, Enrique Mario Francini, Armando Pontier, Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi y el ya mencionado Aníbal Troilo, entre otros.

Fue también parte fundamental de una obra única, a través de una serie de composiciones musicales inspiradas en poemas de Jorge Luis Borges, que registró para el disco junto al cantor Edmundo Rivero y el actor Luis Medina Castro.

Su genialidad como compositor queda demostrada en una enorme diversidad de creaciones que abarcan diferentes géneros, y que dieron origen a una inagotable corriente que represento en definitiva la encarnación del cambio en el tango.

Fuente Consultada: Graciela Marker

ADIOS NONINO: En octubre de 1959 muere Vicente Piazzolla (su padre) , acontecimiento que marcó profundamente al músico y fue el motivo de una de sus más hermosas composiciones: «Adiós Nonino», sin duda el más emocionante de sus temas. Ástor estaba de gira por Centroamérica cuando recibió la noticia y, al regresar a Buenos Aires, se sumió en una tristeza profunda, agravada por la mala situación económica en la que se encontraba y que era la consecuencia del fracaso de su Jazz-Tango en el país del Norte.

Entonces Ástor rehizo el «Nonino» que había compuesto en París en 1954, y que aún puede escucharse en una grabación que realizó la orquesta de José Basso en julio de 1962. De aquel tema original sólo mantuvo la parte rítmica y le agregó la prolongada letanía en la que subyace su lamento.

El dolor del hijo se trasluce sin reparos en ese acongojado pasaje musical. En dos frases de ocho compases (cuatro más cuatro) que se repiten formando un precioso tramo de dieciséis compases, se percibe todo el sentir de Ástor.

PARA SABER MAS…
Una máquina de componer

Cuando componía, Piazzolla era capaz de una concentración tan absoluta que ni «terremotos o guerras o estados de sitio», como dijo alguna vez, podían quebrar. Describió con cierto detalle a su hija Diana el proceso de composición y le confesó que podía estar sentado frente al piano horas enteras sin escribir una sola nota.

Luego, «en un instante, lo que yo llamo un instante casi de iluminación, de magia, de dolor y de placer, aparece la idea principal y respiro con tranquilidad». Las etapas posteriores, como «el desarrollo lógico de la obra, su coherencia interna, la orquestación», podían presentarle alguna dificultad.

Nunca se sentía seguro de la calidad de la obra hasta que la ensayaba con sus músicos. Habitualmente componía en el piano; Alberto Ginastera le había dicho que «el piano es la orquesta» y él se tomó en serio el consejo. Sin ese instrumento le resultaba casi imposible «imaginar una melodía en el aire». Tampoco era capaz de cantar o silbar lo que había escrito. Si precisaba que alguien se lo silbara (por ejemplo, cuando componía para el cine), a veces se lo pedía a Daniel.

Nadie es profeta en su tierra
Ástor Piazzolla disfrutó siempre en el exterior de triunfos y de fama de excelente y atrevido compositor e intérprete. Pero en Buenos Aires, ya desde principios de los 60, su música provocaba una verdadera polémica. Era demasiado innovadora para una sociedad que parecía haberse dormido en los 40 y 50, y se cerraba a todo lo que venia «de afuera», salvo que conservara los modelos ancestrales. Según se decía, y aún lo dicen algunos, Ástor Piazzolla desvirtuó tanto la música clásica como el tango.

Se estableció desde el comienzo un debate en el que se buscaba dilucidar si profanaba a una, al otro o a ambos por igual. De modo que aquella gran alegría que le provocaba el triunfo logrado fuera del pais, muy pronto se convirtió en desengaño. Fue así que, a su condición de «irrespetuoso con la música», según se decía de él, sumó su rebeldía, su personalidad desmedida y ese orgullo que lo incitaba a expresar sin miramientos todo cuanto pensaba, además de una imperiosa necesidad creativa que, sin duda y pese a la rebeldía, sólo conlleva la búsqueda de reconocimiento.

Por lo tanto el debate no fue entre la sociedad o contra la sociedad, Piazzolla debatía consigo mismo aunque sin cambiar un ápice la música ni su actitud Pero nadie mejor que él para explicar su estética: «Yo hice una revolución en el tango, rompí con viejos moldes, por eso me atacaron y tuve que defenderme. Pero lo que nadie me puede negar es mi origen; tengo el tango marcado en el orillo».

Nunca pretendió que su música fuera fácil de entender, más bien sabía que imponía un gran esfuerzo a quienes lo escucharan, «Mi música no es para hacer la digestión. Mi música es para sentarse en una platea y escuchar y meterse muchos problemas en la cabeza, porque se trata de una música que lo hace pensar a uno. Y mi experiencia me permite decir que la gente que sigue a Piazzolla es la gente que piensa.» Sabia que a la música había que sentirla, pero también que su música era para pensar y consideraba que pensar es una manera posible de ser feliz.

Para él, la cuestión no se dirimía simplemente reduciéndola a una cuestión generacional. «Hay tangueros viejos que no estudiaron y se quejan, y hay jóvenes que están muy apurados y no tienen coraje para aguantárselas. Entonces cruzan de vereda antes de tiempo y se hacen jingleros para ganar dinero fácil», dijo alguna vez, y con cada una de sus afirmaciones provocaba nuevos comentarios, no siempre amables.

Desde sus orígenes, el tango se conformó como una música cosmopolita, con aires africanos, sones orilleros, candombes, habaneras y tanguillos zarzueleros. Y si Buenos Aires está tan presente en todo el tango, bien claro está que su presencia es más fuerte en el tango de Piazzolla. Tal vez Ástor sólo continuó sumándole a esas melodías rioplatenses algo más de aquel crisol de músicas y aires que formaron parte de su origen.

Piazzolla incrementó el cosmopolitismo del tango y, por otro lado, no hizo sino retrotraerlo siempre al presente, aún hoy, cuando su música parece adaptarse una y mil veces a los sones ciudadanos.

Piazzolla y los poetas: Se produce por esos años un acercamiento a los poetas, especialmente a aquellos que eran considerados alejados al tango, porque sin dudas los mejores poetas han surgido en el ámbito tanguero o se inspiraron en el mundo de esta música ciudadana.

Piazzolla se vinculó entonces con Jorge Luis Borges. Sus caminos se cruzaron al fin. Pese a que solían «chicanearse» el uno al otro, la poesía de Borges inspiró Ástor importantes trabajos, y Borges se dejó recrear por el gran músico. En 1968, Carlos Guastavino puso música a la «Milonga de dos hermanos».

En 1976,Jairo concretó la placa «Jairo canta a Borges». El músico presentó el álbum con Susana Rinaldi en el Olimpya de París. Emocionado, Julio Cortázar aplaudía entre el público. Luego se editó «Borges & Piazzolla» y el álbum «Juan Sosa canta a Jorge Luis Borges», con la voz de Héctor Alterio en los textos, musicalizados por Jorge Sarraute y Osear Grassi. Entre otros temas,se destacaba «Milonga de Albornoz» de Borges y José Basso.

La relación entre ambos nunca fue del todo buena. Cómo podía serlo entre dos compadritos. «Lo que pasa es que fui el único que se animó a refutar a Borges», dijo Piazzolla. Probablemente le faltó reconocer que Borges, tal como le sucedía al mismo Ástor, era feliz cuando alguien lo refutaba.

En 1987, Piazzolla musicalizó tres cuentos borgianos: «El sur», «La intrusa» y «El hombre de la esquina rosada»,dando forma así a la obra «Tango apasionado». Esta relación amor-odio (la misma que Borges manifestaba por Buenos Aires: «No nos une el amor sino el espanto / será por eso que la quiero tanto») devino una pieza teatral «Entre Borges y Piazzolla», que interpretaron Pepe Soriano, Juan Carlos Copes y Raúl Lavié, y el disco «Borges & Piazzolla», con Lito Cruz, Daniel Binelli y Jairo. Ambos creadores —músico y poeta— en esa refutación del tiempo y el arte, nos han legado grandes obras y el maravilloso concepto de que las diferencias, incluso las aparentemente irreconciliables, pueden dar ganancias. De su incursión en la literatura, Piazzolla también nos dejó «Introducción a Héroes y tumbas», un trabajo basado en la novela Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato, que remite en realidad a un extracto de Informe sobre ciegos. En el disco que grabaron Ástor Piazzolla y su octeto, «Tango contemporáneo», el mismo Sábato recita los textos.

Pero no todo fueron logros, Piazzolla también nos legó algunos errores (pero quién podría arrojar la primera piedra en materia de flaquezas, errores, o ingenuidad). En 1978, compuso y grabó con orquesta una serie de temas que dedicó al campeonato mundial de fútbol que se disputó en la Argentina durante la sangrienta dictadura militar implantada en 1976. Este evento, que se manipuló políticamente, fue sin duda un paso en falso en que incurrió Piazzolla tal como lo hicieron muchos otros importantes intelectuales de la época.

Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges, por ejemplo, se reunieron con Videla y declararon que «veían tranquilo» al país. Sin dudas hoy —tal como hicieron luego la mayoría de aquellos intelectuales—, Piazzolla escribiría en contra de lo sucedido en esos días, aun respecto de su propio error o ingenuidad, actitudes que más adelante fueron erróneamente interpretadas como complicidad o acatamiento de aquellos vergonzantes hechos de la dictadura que actualmente toda la sociedad repudia.

Piazzolla hacía bromas de mal gusto pero no le gustava que se la hicieran a el. Podía agarrarse a pinas en la calle pero de vuelta a casa necesitaba una mujer que lo bancara. A la vida le gustan las paradojas y contradicciones. Y a veces la arrogancia oculta a un tímido. En 1958 en Nueva York, el diplomático Albino Gómez llamó por teléfono a Piazzolla para invitarlo a un cocktail al que concurrirían figuras de la cultura, entre ellas el compositor ruso Igor Stravinsky. «-Esta noche tengo que ir a buscar a Stravinsky y llevarlo a una reunión. ¿Querés venir conmigo?» Astor, familiarizado con las bromas pesadas, se lo tomó a risa. «Al rato -según relató el propio Astor a Natalio Gorin- Albino volvió a insistir. Lo mandé al diablo y le corté la llamada».
Llegado el día del cocktail, Gómez, que sabía de la admiración de Astor por Stravinsky, se preocupó por presentar a los dos músicos. «A Astor le temblaban las piernas, más bien el cuerpo entero -recuerda Gómez-, y no sabía qué hacer ni qué decir en ningún idioma, pese a su fluidez en inglés y francés. Por mi parte yo repetía la presentación, pero nada. Finalmente Astor salió apenas de su estado cátatónico y pudo balbucear algo así como: «Maestro yo soy su discípulo a la distancia. Dio media vuelta  y huyó»

LA MÚSICA DE PIAZZOLA EN EL CINE

Como compositor, el nombre de Ástor Piazzolla figura asociado a las siguientes películas:
Con Los Mismos Colores, Torres Ríos, Argentina, 1949;
Bólidos de Acero,
Torres Ríos, Argentina, 1950;
El Cielo en las Manos,
E. De Thomas, Argentina, 1950;
Stella Maris,
Cárpena, Argentina, 1953;
Sucedió en Buenos Aires,
Enrique Caben Salaberry, Argentina, 1954;
Marta Ferrari,
Sarraceni, Argentina, 1956;
Los Tallos Amargos, Fernando Ayala, Argentina, 1956;
Continente Blanco,
B. Roland, Argentina, 1957;
Historia de una carta,
Porter, Argentina, 1957;
Violencia en la ciudad,
De Rosas, Argentina, 1957;
Una viuda difícil,
F. Ayala, Argentina, 1957;
Dos basuras, Land, Argentina, 1958;
Las furias,
V. Lah, Argentina, 1960;
S
ábado a la noche, cine, F. Ayala, Argentina, 1960;
Quinto año nacional,
Blasco, Argentina, 1961;
Detrás de la mentira,
Emilio Vieyra, Argentina, 1962;
Prisioneros de una noche,
David José Kohon, Argentina, 1962;
La fin del mundo,
E. Vieyra, Argentina, 1963;
Los que verán a Dios, Blasco, Argentina, 1963;
Paula Cautiva,
F. Ayala, Argentina, 1963;
Con gusto a rabia,
F. Ayala, Argentina, 1965;
Che, Buenos Aires,
D. J. Kohon, Fernando Birri, Argentina, 1966;
Las locas del conventillo,
F. Ayala, Argentina, 1966;
Las Pirañas, Luis García-Ber-langa, España-Argentina, 1967;
Breve cielo,
D. J. Kohon, Argentina, 1969;
La fiaca,
F. Ayala, Argentina, 1969;
Tango Argentino,
Simón Feld-man, Argentina, 1969;
Pulsación,
Carlos Páez Vilaró, Uruguay, 1969;
Con alma y vida,
D. J. Kohon, Argentina, 1970;
La ñata contra el vidrio,
varios, Argentina, 1972;
Pleut Sur Santiago
(Llueve sobre Santiago), Helvio Soto, Bulgaria/Francia, 1975;
Luna de miel,
Nadine Trintignant, Francia, 1975;
Lumiere,
Jeanne Moreau, Francia, 1975;
Madame Claude,
Just Jaeckin, Francia, 1976;
Servante et Mai-tresse, 1976; Armagedon, Alain Jessua, Francia/Italia, 1976;
¿Qué es el otoño?,
D. J. Kohon, Argentina, 1977;
El infierno tan temido,
Raúl De La Torre, Argentina, 1980;
¿Somos?, Carlos Hugo Christensen, Argentina, 1982;
Volver,
Lypszyc, Argentina, 1982;
Bella Donna,
Peter Keglevic, Germany, 1983;
La intrusa,
C. H. Christensen, Brasil, 1982;
Cuarteles de invierno,
Lautaro Muñía, Argentina, 1984; y
Henry
IV, Marco Bellocchio, Italia, 1984.

El tango antes y después de Piazzolla

Ástor Piazzolla es parámetro y referencia, un hito. Cuando se habla de tango «clásico» o «tradicional» se está realizando una generalización que abarca a todo el tango previo a la aparición de Piazzolla, se está refiriendo al tango anterior incluso a Horacio Salgan y Eduardo Rovira. Pero para orientarnos mejor en la historia del tango es posible establecer un orden más riguroso: Primero fue la Guardia Vieja (entre los años 1900 y 1920).

Época del tango criollo arrabalero, el cantado y el tango instrumental interpretado por bandas conformadas por trios o cuartetos. Luego fue el origen de la Orquesta Típica, en la que se incorporó un nuevo instrumento: el bandoneón. De este período cabe mencionar a los músicos Paquita Bernardo, Vicente Greco, Villoldo o Arólas, entre otros. Y uno de los tangos paradigmáticos de esta etapa es sin duda «La morocha», de Saborido y Villoldo. Posteriormente llegó la Guardia Nueva (entre los años 1920 y 1940).

En este período se destacó, además del tango con letras de autores importantísimos como Discépolo, el tango instrumental, y tuvieron lugar algunos gestos rupturistas que establecieron dos nuevas corrientes: la tradicionalista y la evolucionista. En la primera se ubicaron tangueros como Juan D’Arienzo o Francisco Canaro.

En la segunda encontramos nombres de la talla de Julio de Caro, Francisco De Caro, Juan Carlos Cobián, Elvino Vardaro y el mítico dúo Gardel-Le Pera. Entonces nacieron obras que marcaron la historia como «Uno» y «Golondrinas». Es precisamente en esta corriente evolucionista donde se reconocen las filiaciones de Ástor Piazzolla. El tango de Piazzolla «Decarísimo» está compuesto en homenaje a Julio De Caro.

Hacia 1940, y durante veinte años, es posible hablar de la Post-Guardia Nueva. Irrumpe en ese momento la generación del 40, en la que surgen y se destacan algunos de los músicos y obras más importantes de la historia del tango, y que se distinguen como la influencia y el entorno más directo de Piazzolla en lo que al tango se refiere. De esa época se pueden mencionar a Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Osmar Maderna, Atilio Stampone o Leopoldo Federico. Y grandes letristas, auténticos poetas del tango: Hornero Manzi, Hornero Expósito y Enrique Cadícamo, autores de obras como «La última curda» o «Sur», entre muchas otras.

Nunca le dió importancia a la plata:

Atilio Talín, quien durante largos años fue representante, apoderado, pero sobre todo amigo de Piazzolla, le decía a Fernando Sánchez en 1996: «En la década del 60 Ástor actuaba con su Quinteto en Jamaica, un boliche que quedaba sobre la calle San Martín. Hacía tres o cuatro entradas por noche (…) yo había traído una auto italiano muy lindo, un Alfa Romeo. Y una de esas noches, bajando del palco, Ástor me dijo: ‘Lindo el Alfa’, y ese fue el gancho. ‘No me diga, maestro, que le gustan los autos’, ‘Después de la música es lo que más me gusta’, dijo.

Lógicamente a partir de ese día, hace treinta y cuatro años, nació una amistad y después me convertí en su representante. (…) Hicimos un pacto: yo no me metía en la música y él no se metía en el negocio». Piazzolla confiaba en Atilio ciegamente, al punto que un día, luego de alguna diferencia fácilmente dirimida, Ástor tomó de arriba del piano una hoja de papel pentagramado y ahí escribió cuál era el porcentaje que le otorgaba para siempre.

«Nunca le dio importancia al dinero. Él quería mostrar lo suyo y nada más. Nunca se vendió; podría haber hecho mucho más dinero con cosas que no sentía, pero no. Siempre me decía que era un agradecido, porque hacía lo que quería y encima le pagaban». Anécdotas como esta muestran su gran personalidad, ya que para hacer eso que quería y lograr que le pagaran por hacerlo fueron muchas las batallas que tuvo que librar, dentro y fuera de su tierra.

Fuente Consultada: Astor Piazzola Furgor de Bandoneón Protagonistas de la Cultura Argentina La Nación

Biografia del Padre Mario Sacerdote Curador de Gonzalez Catan

BiografÍa del Padre Mario Sacerdote Curador

Biografia del Padre Mario Sacerdore Curador Padre Mario: Elegido por Dios

VIDA Y OBRA: A casi dos décadas de la muerte del Padre Mario, miles de devotos que tuvieron la oportunidad de presenciar la gran labor humanitaria que realizaba el sacerdote, continúan en la actualidad llevando adelante los proyectos en los que él había depositado su sueño, para mejorar la vida de los más humildes, vulnerables y necesitados.

Por ello, desde la página web oficial de la Fundación Padre Mario, las autoridades de la entidad sin fines de lucro aseguran: “Todos somos la Obra del Padre Mario”.

En definitiva su mensaje logró trascender más allá de su muerte física, y sus seguidores comprendieron las palabras que siempre repetía el sacerdote: “Si el hombre no puede ser amigo del hombre, jamás podrá ser amigo de Dios”.

Giuseppe Mario Pantaleón, tal su nombre completo, había nacido el 1 de agosto de 1915 en Italia, pero debido a la pobreza que debieron enfrentar sus padres luego de la Primera Guerra Mundial, decidieron zarpar hacia la Argentina, en busca de mejores oportunidades.

Giuseppe era muy pequeño cuando su familia se radicó en la ciudad de Alta Gracia, provincia de Córdoba, por lo que siempre se consideró un verdadero argentino, ya que pasó gran parte de su vida en estas tierras.

Una vez que la familia llegó al nuevo continente, decidieron que lo mejor era enviar al pequeño Giuseppe Mario a un colegio salesiano con modalidad de internado. Allí pasó casi toda su niñez y adolescencia, prácticamente sin mantener contacto con sus padres y sus hermanos, y observando cómo crecía vertiginosamente su fe en Dios.

Para continuar su educación, en 1931 los padres de Mario decidieron que viajara a Italia para ingresar al seminario de Arezzo, y finalmente el 3 de diciembre de 1944 finaliza sus estudios en el seminario de Matera, y a partir no sólo comienza a oficiar misas, sino también a llamarse definitivamente José Mario Pantaleón.

Mientras continuaba en Italia añoraba una tierra que en realidad no había tenido la oportunidad de conocer, pero ansiaba con volver a la Argentina. Por ello, cuando en 1948 llegó a sus oídos la noticia de que eran requeridos sacerdotes para la Argentina, el Padre Mario no dudo en ofrecerse. De esta forma, el 4 de marzo de ese año, Pantaleón desembarca otra vez en el nuevo continente, pero en esta oportunidad para pasar el resto de su vida.

A su llegada, fue designado para trabajar en la iglesia de San Pedro en Casilda, y como capellán del Hospital Provincial de Rosario. Fue precisamente en ese lugar donde el Padre Mario llegó a conocer a un grupo de personas que a partir de ese momento estuvieron ligadas para siempre a él, colaborando con su obra, como es el caso de Perla Garaveli, a quien Pantaleón logró curar y que luego se convirtió en su principal ayudante.

Diez años después, precisamente en 1958, fue el momento en que el Padre Mario comenzó a ser conocido por todos como el cura sanador, en momento en que se encontraba realizando su labor en los Hospitales Ferroviario y Santojanni. Sus curaciones hicieron que cada vez más devotos se acercaran a verlo para solicitarle ser sanados. Por ello, Pantaleón decidió buscar un espacio para comenzar su obra. Ese lugar fue González Catán.

Allí pasó el resto de su vida y fue también donde comenzó a moldear su obra que aún continúa, y a través de la cual se crearon dos fundaciones humanitarias, un colegio primario y secundario, un jardín de infantes, una escuela para discapacitados, un polideportivo, un centro de atención a mayores, un centro de capacitación laboral, una panadería y fábrica de pastas manejada por personas discapacitadas, un centro médico, una guardería para hijos de mujeres trabajadoras, una biblioteca con miles de títulos y un taller textil.

Sin embargo, su constante labor humanitaria fue quizás de alguna manera opacada por otra de sus facetas: el don que poseía para poder curar a través de la imposición de manos. Por ello, era habitual ver grandes filas de automóviles, micros y gente a pie que se acercaba hasta la morada del Padre Mario para poder verlo, tener contacto y finalmente sanar.

Entre anónimos también se mezclaban figuras famosas del país, como el historiador Félix Luna, el escritor Ernesto Sábato, el pintor Raúl Soldi y el ex presidente Carlos Menem, entre muchos otros.

Pocos comprendieron la verdadera dimensión del poder de su don, y cuando le preguntaban, con toda la humildad que lo caracterizaba él respondía: “Tengo el poder de diagnosticar y curar porque Dios lo dispuso. Soy un brujito malandra que tiene a Dios de su lado”.

A pocos días de haber cumplido los 77 años, precisamente el 19 de agosto de 1992, el padre José Mario Pantaleón dejó la vida terrenal, pero sabiendo que su obra continuaría gracias a sus colaboradores.

Hoy un gran grupo de voluntarios, directivos, amigos, trabajadores, empresarios, donantes, funcionarios y miembros de toda la comunidad han asumido la responsabilidad de continuar el trabajo del sacerdote, mientras él seguramente los mira desde el cielo.

Fuente Consultada: Graciela Marker Para Planeta Sedna

La Transformación del Tango-Vanguardia y Nuevos Interpretes

Historia del Tango: Vanguardia, Evolución y Actualidad 

Lo que sucedió en el mundo del Tango a partir del comienzo de la década del 60 ha sido por varios años y en diversas oportunidades tema de interminables análisis a manos de los conocedores más expertos del género. 

Después de vivir una época deslumbrante, como lo fue el furor que despertó el Tango durante los 40, y luego de su implacable olvido y decadencia en los años 50, esta manifestación artística experimentó una transformación significativa, que la condujo a la evolución del género de la mano de los más destacados representantes de la corriente. 

Llegaba junto con la década de los 60 un movimiento arrollador con aires de renovación para el Tango, corriente que ha sido denominada «La Vanguardia«, y que fue emprendida por un importante número de músicos independientes, conjuntos y cantores, que intentaron generar una evolución musical del estilo, alejándose para ello de los componentes que pertenecían al Tango clásico de años anteriores.

La transición no sólo incluyó un modo diferente de ver las cosas, intentando descubrir nuevas temáticas y sonoridades a través del cambio en la instrumentación y arreglos de los nuevos y tradicionales temas, sino que también incluyó la incorporación de mayor cantidad de instrumentos.

En la búsqueda permanente de este cambio, existieron una serie de músicos que a través de sus conocimiento y experiencias intentaron cambiar el rumbo de las cosas, entre los que podemos mencionar a Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y Mariano Mores, entre otros.

mariano mores

Mariano Mores

Pero sin lugar a dudas, siempre que se plantea la discusión que gira en torno a los cambios producidos en el Tango a partir de los años 60, surge el nombre de un interprete y compositor que supo llevar al género hasta sus máximos límites. Hablamos, por supuesto de Astor Piazzola. (imagen abajo)

piazolla

Seguramente podemos rastrear aquella necesidad que nació en Piazzolla por cambiar y hacer evolucionar al Tango, ya en los años 40, cuando muy joven aún ingresó a la orquesta de Aníbal Troilo, no sólo como bandoneonista sino también como arreglador. 

troillo

Con una fuerte instrucción en el ámbito de la música clásica, Piazzolla inició lo que podría considerarse un camino sin retorno en la evolución del Tango, mediante la incorporación de verdaderas innovaciones en cuanto al timbre, el ritmo y la armonía del género. 

De esta forma, la figura de Piazzolla se convirtió en centro de las críticas de aquellos músicos pertenecientes a la corriente de la llamada Guardia Vieja del Tango, que no podían tolerar la transformación radical que el músico le impuso a al género, a través de la introducción de disonancias y ritmos marcados y fuertes.

Por su labor, muchos consideraron a Piazzolla como el artífice de la muerte definitiva del Tango, cuando en realidad se trató de un verdadero visionario que dio paso a una nueva generación de interpretes y compositores que mantuvieron viva a la música de Buenos Aires.

A Piazzolla no le importó que un principio su música fuera repudiada, ya que no sólo era atacado constantemente por un sector tradicionalista, que arremetía contra su figura con duras críticas, sino que además sus interpretaciones no se difundía en las las radios y las compañías discográficas no se atrevían a publicar discos del compositor. 

Pero finalmente, Astor Piazzolla logró su cometido, cuando el año 1969 compuso, en un trabajo conjunto con el poeta uruguayo Horacio Ferrer, el primer tango balada, que llevó por título «Balada para un loco», y que luego del estreno de la versión interpretada por la cancionista Amelia Baltar, produjo un éxito arrollador, dando inicio de esta forma al renacimiento del género.

Cabe destacar que para aquella época surgieron a la par importantes compositores e interpretes que supieron darle un nuevo rumbo al Tango, entre los que no podemos dejar de mencionar a figuras de la talla de Eladia Blázquez, el Sexteto Tango, Osvaldo Berlingieri, Ernesto Baffa, Susana Rinaldi, Atilio Stampone y Rodolfo Mederos, entre otros.

susana rinaldi

Susana Rinaldi

Con los años, la escena cultural argentina se modificó drásticamente, y debido a diversos procesos políticos que se vivieron en la década del 70 y del 80, la sociedad sufrió el desapego a las expresiones culturales propias.

Ya en los albores de la década de 1980, nuestro querido Tango volvió a enfrentarse a un nuevo período de decadencia, mucho más profundo que el que se había experimentado en los años 50.

Esto se debió al desinterés que el público comenzó a expresar con respecto al género y sus manifestaciones, lo que condujo al mismo tiempo a la desaparición de las llamadas Orquestas Típicas. 

Si bien una gran cantidad de músicos continuaron su lucha, manteniendo su carrera artística hasta sus últimos días, lo cierto es que en la década de los 80 el país debió sobrellevar el fallecimiento de un importante números de artistas relacionados al Tango, entre los que se incluye la desaparición física de músicos como Hugo del Carril, Edmundo Rivero, Osvaldo Fresedo, Rosita Quiroga, Alberto Marino y Homero Expósito, entre otros.

edmundo rivero

Sin embargo, no todo estaba perdido. Fue durante la década del 90 en que se generó un nuevo movimiento cultural en torno al Tango, y que gracias a la aparición de nuevos compositores e interpretes, tales como Bajofondo Tango Club, Idealtango, Gotan Project y Tanghetto, entre otros, lograron captar la atención de la juventud. 

Así fue que cada vez mayor cantidad de jóvenes se volcaron a disfrutar de este estilo acompasado, por lo general a través del baile, ya que el Tango Danza se convirtió en una nueva moda, que por fortuna se mantiene hasta la actualidad. 

Con la inminente llegada del nuevo siglo, aparecieron en escena nuevas corrientes musicales que se fusionaron con el Tango, dando lugar al nacimiento de variantes tales como el Tango Electrónico o Electrotango, cautivando cada vez más a la juventud. 

El paso de los años y la subsistencia del género en la idiosincrasia y cultura de los habitantes rioplatenses, demuestra que el Tango nunca ha muerto, ya que siempre estuvo presente generando una pasión única y luchando contra las piedras que halló en su camino, para demostrar que existen diferentes maneras de hacer Tango, pero que en definitiva todas son válidas, porque nos permiten volver a nuestras raíces.

Ver: El Tango Evolucion y Origen 

El Tango Caida y Olvido Causas y

Causas de el Desinteres por el Tango

Después de aquella fantástica época de oro que vivió el Tango en sus distintas manifestaciones y llegando a cada uno de los rincones no sólo del país, sino también del mundo, llegó un momento en el que todos pensaron que nada ni nadie podía llegar a arremeter con semejante fenómeno.

Pero las opiniones positivas en cuanto a la permanencia del furor que logró despertar el tango en los años 40 no fueron precisamente profecías de un futuro cierto, y al ingresar en la década de los 50 esta expresión cultural fue desbancada paulatinamente por nuevas corrientes, y sufrió además el agobio de los distintos cambios políticos, culturales y sociales que se vivieron en el país y en todo el mundo.

Así fue que el tango ingresó en una época de escasa popularidad, que lo condujo sin remedio a la decadencia y posterior caída de su liderazgo, a pesar de la constante lucha que mantuvieron un gran número de importantes y prestigiosos representantes de la corriente, dentro de las distintas expresiones artísticas que cultivó el género. 

En plena década del 50, y después de haber gozado de una fama y un éxito mundiales sin precedentes, el Tango debió enfrentarse al fantasma del desinterés, el cual según los expertos apareció en escena debido a una serie de hechos ligados y no al mundo de la música.

Por ello, en nuestro análisis se hace necesario repasar brevemente cuáles fueron las circunstancias que se vivían en distintos ámbitos en la Argentina de los años 50, con el fin de comprender los verdaderos motivos que dieron lugar a la decadencia del tango.

Durante la década del 50 se sucedieron diversos acontecimientos dentro del plano político en la Argentina, con la creación y puesta en funcionamiento de una importante cantidad de leyes que protegían los derechos del obrero, dando como resultado una significativa transición social que llevó a un cambio notorio en la estructura nacional. 

Por otra parte, en el ámbito económico, se desató una inflación que tuvo sus orígenes en el fracaso de la política impuesta a partir de mediados de los años 40, que se basaba en un plan de estatización por parte del Gobierno de turno.

Recordemos, además que en el año 1955 en la Argentina se vivió el tercer golpe de estado a manos de autoridades militares, la tan conocida época de la «Revolución Libertadora«, dictadura militar transitoria que derrocó al Presidente Juan Domingo Perón.

Los cambios políticos que se vivieron fueron realmente profundos, y estos a su vez generaron importantes modificaciones en el ámbito social, dentro de los cuales el Tango fue tal vez una víctima del proceso de transformación. Tengamos en cuenta que durante esa época se produjo la desaparición de un gran número de cabarets y clubes dedicados a difundir nuestra música ciudadana.

Otro de los cambios notorios que se produjeron dentro de la década del 50, y que contribuyó en gran medida a la decadencia del Tango, fue sin dudas la aparición de músicos extranjeros en el mercado nacional, que desembarcaron con nuevos géneros musicales que muy pronto lograron cautivar al público. 

Hablamos de un período en que el ritmo desenfrenado y el mensaje rebelde del Rock N’ Roll explotó en todo el mundo, logrando convertirse en el medio ideal de expresión y canalización de los más jóvenes, no sólo a través de la música, sino también imponiendo su moda y sus códigos, con el objetivo de generar una verdadera revolución musical y cultural, que estaba encabezada por excelentes artistas de la talla de The Beatles. 

A partir de allí, y también con la llegada de otros géneros musicales, tales como el jazz, la rumba, el mambo y otras expresiones centro americanas, que tuvieron un importante impulso desde los sellos discográficos más prestigiosos de la época, como así también desde los medios de difusión masivos como la radio, los jóvenes comenzaron a volcarse por estas nuevas corrientes, y fue el momento en que el Tango empezó a ser considerado «música de viejos».

Pero no fueron sólo los artistas extranjeros los que lograron desplazar al Tango de la escena popular, sino también una suerte de furor que se produjo en torno al folclore, a partir aproximadamente del año 1952.

Como podemos imaginar, todos estos hechos influenciaron negativamente en el mundo del Tango, por lo que esta expresión se vio desprestigiada, olvidada, e incluso repudiada.

Un gran número de orquestas, de aquellas que en los años 40 habían logrado un éxito sin precedentes y récord de espectadores en cada una de sus actuaciones, debieron disolverse dejando como consecuencia a una gran cantidad de músicos y cantores desocupados. 

Tengamos en cuenta que los artistas ya no tenían prácticamente lugares aptos para actuar en vivo, ya que muchos locales tradicionales que se habían dedicado al Tango por más de una década, decidieron cambiar el rumbo de su negocio, convirtiéndose en discotecas donde se escuchaban otros estilos musicales.En aquella época además cerraron sus puertas lugares como Ruca, Marzzoto, la Richmond, el Germinal, el Nacional y Tango Bar, entre otros.

Mientras tanto, en los locales donde aún se podía disfrutar del Tango, hicieron su arribo los Disc Jockeys, que por un costo notablemente menor que las orquestas en vivo, musicalizaban los bailes con grabaciones famosas en disco. 

Esto provocó que las grandes orquestas que en los años 40 podían llegar a estar integradas por más de quince músicos en escena, debieran subsistir buscando una alternativa, por lo que fue un período en el cual surgieron un gran número de tríos, cuartetos, quintetos, pequeños conjuntos y cantantes solistas, que buscaban continuar con la evolución que demandaba nuestra música por excelencia. 

Algunos años después, y gracias a la permanente lucha de los más importantes representantes del universo tanguero, comenzó un nuevo período esperanzador para el género, que dio lugar a la aparición de músicos que influyeron notablemente en la evolución posterior del Tango, como fue el caso de Astor Piazzolla.

Homero Manzi, destacado  hombre del tango argentino

Pascual Contursi llevó —con «Mi noche triste»— el tango de los pies a la boca y Celedonio Flores dignificó la forma poética de la canción ciudadana, Homero Manzi lo utilizó como el medio de expresión más idóneo para comunicarse con el pueblo a través de un idioma culto, rico y colorido con el que creó imágenes de elevada sustancia lírica. Si Evaristo Carriego descubrió el suburbio como tema poético, Manzi lo realzó definitivamente.

Tuvo dos caminos: ser hombre de letras o hacer letras para los hombres. Prefirió lo segundo, y le dio al hombre de Buenos Aires —en definitiva su ciudad, pese a haber nacido en la santiagueña Añatuya— vivencias tan hondas e intransferibles— y al mismo tiempo tan universales— que toda su producción permaneció —permanece— instantánea, profunda y definitivamente ligada al habitante de estas latitudes. Manzi —Homero Nicolás Manzione su verdadero nombre— compuso letras con la abundancia y éxitos suficientes como para hacer de ello un oficio-, pero no fue un mero letrista, no hizo del tango un hábito menor, un entretenimiento; por el contrario, le dio al tango lo mejor de su temperamento, pero su imaginación estaba más allá de las adecuaciones y exigencias que pide el trabajo en colaboración, de la medida rítmica que impone la canción.

Fue por sobre todo, un hombre íntegro y sensible que supo reflejar sus impresiones y vivencias con un lenguaje de enamorado, de enamorado de la vida a tal punto que, en_ «Definiciones para esperar mi muerte» —su último poema—, desparramó una queja porque se iba «en medio de lo que todavía no he podido amar». El 3 de mayo de 1951. cuando tenía 44 años, ,su corazón se apagó para siempre. Esa noche, en el velatorio realizado en SADAIC, alguien puso la mano temblorosa sobre la cabeza del amigo muerto y le dijo a Aníbal Troilo: «Esto- no tiene reposición». Se había ido un poeta.

Epoca de Oro del Tango Argentino Grandes Representantes

La Época de Oro del Tango Argentino y Sus Grandes Figuras

Si bien los años que van desde 1940 a 1950 son considerados como la época de Oro del Tango, lo cierto es que para llegar a la evolución de la corriente musical que reflejó la idiosincrasia de nuestra ciudad, hizo falta que se produjeran con anterioridad algunos hechos y que surgieran nuevos poetas y compositores que permitieron que el cambio fuera posible. 

Uno de los primeros puntos de inflexión para lograr aquella llamada época de máximo esplendor del Tango encuentra sus orígenes en el personaje de Carlos Gardel, ya que tengamos en cuenta que tanto su obra discográfica como su participación en la cinematografía mundial tuvo lugar durante los años 1930 y 1935, siendo estas películas claras representaciones de una manifestación artística que comenzaba a ganar adeptos en todo el mundo.

CArlos gardel

Carlos gardel

Durante ese mismo período surgen en el escenario tanguero importantes figuras, destacándose los cantores populares solistas, entre los que no podemos dejar de mencionar a Agustín Magaldi, Ignacio Corsini, Charlo, Hugo del Carril, Angel Vargas, Carlos Dante, Francisco Fiorentino, y tantos otros que elevaron la figura del cantor de tangos a su máximo podio.

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Agustín Magaldi

tango historia

Hugo del Carril

tango historia

Francisco Fiorentino

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Angel Vargas

Lo mismo sucedía con las mujeres que comenzaban a transformarse en figuras relevantes del ambiente tanguero, como fue el caso de las cancionistas Rosita Quiroga, Mercedes Simone, Azucena Maizani, Nelly Omar, Ada Falcón y por supuesto Tita Merello.

tita merello

Tita Merello

El séptimo arte reflejaba esta transformación, con películas como «Tango», que es considerado el primer largometraje sonoro de la Argentina, en la que hace su aparición una joven promesa del género: Tita de Buenos Aires

Asimismo, el cine y el teatro comenzaba a mostrar no sólo la tendencia de la música, sino también el baile que acompañaba el acompasado ritmo del Tango, con figuras memorables como el gran bailarín y actor Tito Lusiardo.

troillo anibal bandoñon

Ya a mediados de la década del 30, se iniciaban importantes orquestas que llegarían a ser la representación más gloriosa de la época de oro del Tango, como es el caso de la agrupación dirigida por Juan D’Arienzo a fines de 1934, Aníbal Troilo en el ’37, el sexteto encabezado por el maestro Carlos Di Sarli en el ’31, y los que continuaban con su labor iniciada en los años 20, como Francisco Canaro, Julio De Caro, Osvaldo Fresedo, Roberto Firpo, Ricardo Tanturi, Francisco Lomuto, Edgardo Donato, y una larga lista de Orquestas Típicas. 

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Carlos Di Sarl

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Juan D’Arienzo

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Francisco Canaro

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Julio De Caro

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Osvaldo Fresedo

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Roberto Firpo

En las radios surgían los ciclos dedicados al Tango, mientras que en los barrios se recibía durante los sábados la visita de alguna de las orquestas de moda que brindarían su actuación en el club principal de la zona. 

Por otra parte, la mayoría de los expertos y los amantes del Tango coinciden en asegurar que las mejores grabaciones registradas de este género, tuvieron lugar durante los años 1935 a 1939.

La década del 30 suscitó los cambios, de la mano de poetas tales como Enrique Santos Discépolo, considerado en varias oportunidades como el “gran cronista social del tango”, debido a que sus composiciones demostraban ser un fiel reflejo de la crisis de la época, y convivir en una lírica directa que supo expresar magistralmente las bajezas, desventuras y pesares del hombre.

Podríamos asegurar aquí que uno de los momentos que marcaron el final de una época y el nacimiento del período de oro del Tango fue no sólo su evolución compositiva e interpretativa, sino también la desafortunada y repentina noticia de la muerte de Carlos Gardel en el año 1935.

Sin dudas, aquella fue una noticia que sacudió por completo al mundo tanguero, traspasando las esferas de dicho universo, y llegando a afectar a todos los ciudadanos argentinos, como así también a los millones de seguidores que el Zorzal supo ganarse con su talento y carisma a lo largo y ancho del mundo. 

A partir de allí, y debido también a la crisis social y económica que se vivía en el mundo entero para esos años, el Tango parecía perder terreno, cuando en realidad se preparaba para arremeter con todas sus fuerzas en el escenario cultural, logrando alcanzar un esplendor sin límites que le darían la gloria absoluta. 

Se iniciaba la década del 40, época de la que muchos recuerdan que Buenos Aires se convirtió en la ciudad que no dormía, reflejando en el Tango la personalidad de la identidad porteña, y llevando a esta manifestación artística al nivel de fenómeno social y cultural inigualable.

Fue en esos años en que el Tango logró alcanzar su mayor calidad tanto compositiva como interpretativa, de la mano de destacadas figuras, que dieron el impulso necesario para que la difusión de este género logrará convertirse en sinónimo de Buenos Aires. 

Los habitantes de la urbe se agolpaban en las puertas de accesos de los clubes para ver tocar en vivo a sus orquestas favoritas, mientras se deslizaban por la pista de baile girando en contra de las agujas del reloj siguiendo el devenir sentimental de ese acompasado y pasional ritmo. 

Según las investigaciones de diversos expertos, en la década de los 40 llegaron a convivir alrededor de 200 orquestas de Tango, que debían competir con su talento y calidad para cautivar a la mayor parte de seguidores posibles, con el fin de asegurarse un lugar privilegiado en el universo tanguero.

En los clubes se disputaban el éxito orquestas dirigidas por extraordinarios músicos, como Juan D’Arienzo, Carlos Di Sarli, Aníbal Troilo, entre otros, mientras la radio difundía incansablemente esta expresión con la emisión de ciclos dedicados al género y sus representantes.

El mejor ejemplo de ello es sin lugar a dudas el programa radial «El Glostora Tango Club» por Radio El Mundo, que logró convertirse en una de las audiciones más escuchadas, y cuyos oyentes disfrutaban de las actuaciones en vivo de la Orquesta de Alfredo De Angelis, acompañada por sus cantores Carlos Dante y Julio Martel

Fue precisamente en la época dorada del Tango, cuando toda la manifestación artística que reunía este género musical logró instalarse en todos los rincones de la ciudad, llegando incluso a los más prestigiosos y lujosos locales nocturnos, y a los teatros más destacados como el Maipo, el Politeama y el Blanca Podestá, entre otros. 

Esta época dorada también marco un período de esplendor para la industria discográfica nacional, que en aquel momento se encontraba liderada por los sellos Odeon y Víctor, ya que se estima que por lo general se lanzaban más de tres nuevos discos por día, logrando un nivel de grabaciones récord. 

Fue la época en que, como afirman muchos, el Tango podía escucharse en todas las esquinas de la ciudad, y su pasión podía respirarse en cada uno de los rincones de Buenos Aires.

Santos Discépolo, destacado  hombre del tango argentino

PARA profundizar en la filosofía del habitante de Buenos Aires de esas dos décadas que van desde 1930 a 1950 es imprescindible abrevar en la espléndida conjunción poética y dramática que trasunta toda la obra de Enrique Santos Discépolo.

El tiempo —constante y sustento de la poesía discepoliana— no ha mellado el lenguaje de sus 27 tangos; por el contrario, les confiere más fuerza y, también, inusitada, vigencia.

Es que la muerte de Discépolo —ocurrida el 23 de diciembre de 1951— ha quedado superada por toda su emoción creadora. Cuarto de los 5 hijos del matrimonio formado por los italianos Santos Discépolo y Luisa Deluchi.

Enrique Santos nació el 27 de marzo de 1901 en una vieja casona de la calle Paso, en pleno Once, barrio generoso en almacenes y cafetines que alimentaron su fantasía de chiquilín.

La muerte de sus padres, cuando aún no había cumplido los 9 años, agudizó su espíritu introvertido y sus inquietudes de observador; aprender el único sinsabor a partir de 1928, dio, desde ese entonces, a enfocar la vida de otro modo, a mirar por otras ventanas el panorama de la humanidad, con otra óptica las miserias cotidianas.

Con «¿Qué vachaché?» —su primer tango— experimentó de su carrera como letrista, pues, cuando Azucena Maizani le estrenó «Esta noche me emborracho-» el público no dejó de celebrar cada una de sus creaciones.

Porque en el universo de los temas discepolianos el porteño encontró, la manera de expresar sus sentimientos: se indigna con «Cambalache», «¿Qué sapa, señor?» o «Yira, yira»; o ironiza o marca flaquezas. Si bien, de tanto en tanto, la televisión nos permite apreciar algún viejo largometraje ideado, actuado o dirigido por Discépolo, nada mejor que recorrer Buenos Aires y bucear en sus tipos y costumbres para entender a ese hombre pequeño, de cuerpo endeble, pero de enorme humanidad, que traspasó los umbrales del tiempo una víspera de Navidad.

La Evolucion del Tango Instrumentos y la Orquesta Tipica

La Evolucion del Tango Instrumentos y la Orquesta Tipica

Al igual que durante los inicios de esta inconfundible manifestación artística, que se vio plasmada a través de los cambios que se produjeron en la Ciudad de Buenos Aires con la llegada de los inmigrantes a estas tierras, la posterior evolución que vivió el Tango durante los años que van desde principios del siglo XX hasta la década de 1930, estuvo íntimamente ligada al explosivo crecimiento de la urbe porteña.

Fue precisamente durante los primeros treinta años del siglo XX cuando Buenos Aires comenzó a transformarse en uno de los más importantes centros urbanos, no sólo considerado así dentro del territorio argentino, sino también a nivel mundial.

La fisonomía de la ciudad se vio transformada, dando lugar a la aparición de locales comerciales donde se vivía y se sentía la atmósfera creada por el Tango.

Ejemplo de ello es sin dudas el crecimiento imparable que tuvo la calle Corrientes, que comenzó rápidamente a poblarse de cines, salas de teatros, cafés y demás, donde se reunían los poetas, compositores y músicos que impulsaran al Tango y con ello lograran impregnar a Buenos Aires con su identidad porteña.

En este contexto, el bandoneón se convirtió en uno de los instrumentos principales dentro de las incipientes orquestas que comenzaron a ejecutar el 2×4 fuera del prostíbulo, y llevaron su música de manera lenta y gradual más allá de las fronteras de la noche y el vicio.

Lentamente, el Tango fue dejando su estructura de dos por cuatro, caracterizada por un ritmo ágil, rápido, movido y alegre, y con la inclusión del bandoneón pasó a entonar las notas melodiosas y melancólicas del cuatro por ocho.

Estos cambios requirieron a músicos que conocieran la técnica de la interpretación musical, por lo que comenzaron a surgir interpretes que poseían conocimientos musicales, haciendo posible que el Tango se convirtiera en una corriente musical tangible, con la publicación de partituras.

evolucion tango orquesta tipica

Se denomina como orquesta típica o típica en Latinoamérica a la formación musical dedicada a la interpretación de música popular de una región. El término se usa para designar agrupaciones de tamaño medio (de 8 a 12 músicos).En Argentina este termino quedóa ligado al Tango.

A pesar de la lucha que mantuvo constantemente esta expresión musical, con el fin de lograr convertirse en el arte que representará a la masa popular porteña, lo cierto es que durante los primeros años del siglo XX el Tango fue rechazado y repudiado por sociedad.

Tengamos en cuenta que debido a sus orígenes amorales, sus letras muchas veces atrevidas y su baile sensual y en muchos casos obsceno, el Tango fue prohibido y quedó excluido durante algún tiempo de las reuniones que tenían lugar en las casas de «gente bien». 

Gracias a la incipiente clase media, que comenzó a consumir esta atractiva música, como así también a la difusión y éxito que logró el género fuera de las fronteras del país, sobre todo en Europa, finalmente el Tango logró consolidarse como la verdadera música ciudadana, y alcanzó un lugar de privilegio en sitios que jamás hubiera imaginado.

Fue precisamente en el año 1917 cuando se hizo presente el tema titulado “Mi noche triste”, también conocido como «Lita», compuesto por Samuel Castriota, con letra de Pascual Contursi, el cual fue considerado como el primer tango canción, definiendo de esta forma al género.

Carlos gardel

Con esta composición, el Tango pasó de ser una música cuyo estilo se caracterizaba por sus letras pícaras y atrevidas, para convertirse en un medio de expresión en el que se priorizaba la melancolía, el sentimiento descarnado, la dualidad del hombre y la finitud de la vida, temas universales que fueron plasmados a la perfección por un sinfín de poetas dedicados al Tango. 

Con la grabación de dicho Tango realizada por Carlos Gardel junto al guitarrista José Ricardo en el año 1917 para el sello Odeón, se inició el furor por la música ciudadana, que a partir de allí representaría a los argentinos hasta la actualidad. 

Los cambios y la aceptación de la gente dieron lugar a nuevas transformaciones en la conformación de los conjuntos musicales que interpretaban los tangos más populares de la época.

De esta manera, al igual que sucediera con el bandoneón, el piano se convirtió en uno de los instrumentos indispensables de las agrupaciones, forjando así el nacimiento de la llamada Orquesta Típica. 

En sus orígenes el tango se ejecutaba con guitarras, flauta y violín, y más tarde, el bandoneón sustituiría a la flauta, retomada un siglo después por Astor Piazzolla en su octeto y su noneto de tango.

La mayoría de estas orquestas estaban compuestas por alrededor de diez músicos, que ejecutaban magistralmente las notas impuestas por las partituras.

Para ello, se utilizaban bandoneones, piano, violines, contrabajo, y en algunas ocasiones se incluían guitarras, violas, violonchelo y clarinete. 

Gracias a su participación constante en el teatro, como en la musicalización en vivo de películas pertenecientes a la corriente del cine mudo, las Orquestas Típicas lograron obtener un lugar de privilegio en la sociedad, que cada vez consumía con mayor entusiasmo este fenómeno cultural.

De esta forma, fueron lentamente incorporándose los cantantes, primero como estribillistas que acompañaban a las orquestas, interpretando sólo los estribillos de las letras, y luego llegando a ser cantores populares que muchas veces alcanzaron mayor fama que la de las propias agrupaciones.

Mientras tanto, existía un rubro paralelo, el llamado cantor del pueblo, que interpretaba las letras de los Tangos acompañado sólo de guitarras.

Ese fue precisamente el caso de Carlos Gardel, que como muchos se inició en la música a través de sus interpretaciones de canciones criollas, que luego lo hicieron devenir en cantor de tango.

El período que abarca las décadas de 1920 a 1940 es conocido como la era de la «Guardia Nueva«, que se caracterizó por introducir notables cambios en las composiciones melódicas, la poética y la interpretación de los temas populares. 

Signada por la participación de músicos profesionales de significativa calidad y capacidad musical, la Guardia Nueva dio lugar al nacimiento de un tango estructura, poético, cadencioso y de compás firme, aspectos que quedan evidentes en las composiciones y ejecuciones realizadas por músicos de la talla de Julio De Caro, Francisco Canaro, Alfredo Gobbi, Rodolfo Biagi, Angel D’Agostino, Roberto Firpo, Juan Maglio Pacho, Osvaldo Fresedo y tantos otros.

Promediando la década del 20, el Tango comienza a originar un nuevo movimiento de composiciones, cada vez más profundas y de mayor calidad, con creaciones como “Quejas de bandoneón” de Juan de Dios Filiberto, “Flores negras” de Francisco Canaro, “Tierra querida” de Julio De Caro, entre otras. 

Junto con esta transformación, el Tango alcanza el estallido de popularidad necesario para ingresar en los ámbitos de todas las clases sociales argentinas, y lentamente convertirse en la manifestación artística de moda, que en principio lograría trascender como filosofía porteña a través de las letras surgidas de la inspiración de Enrique Santos Discépolo, para alcanzar su mayor momento de gloria en la década del 40.

Tenía  cara de clown (payaso) y ojos bondadosos y tristes.  La tristeza le nació a los 5 años, cuando tuvo que salir a la calle con un organito y una cotorrita a ganarse el sustento. Se le ahondó leyendo a Nietzsche y Schopenhauer y tomó carta de amargura en sus oficios de estibador, calderero y ajustador mecánico en los talleres de Vasena.

Desde temprano se hizo bohemio. Pero en vez de tomar para el lado del ajenjo, como Verlaine, se dejó arrastrar por la música. A los 9 años, un tío lo llevó con su organito a Lobos y lo hizo tocar en el patio de la pulpería donde la partida mató a Moreira. En ese viaje lo impresionó el viento en los árboles y el murmullo de la naturaleza. El primer instrumento sin manija que tuvo, fue una guitarra robada y en ella ensayó su primera obra, que compuso silbando.

Era cuando tocar un tango significaba tanto como decir una mala palabra. Pero Filiberto le puso a su música su impresión infantil del campo y un poco no más de aquel matiz de barrio turbio que le había oído deshilvanar a Ángel Villoldo en una armónica acoplada a una guitarra. A Carlos Ibarguren se le dio por escribir que «el tango ha estragado nuestra música»; Juan de Dios lo leyó y quiso demostrar que no era cierto. Para ello escribió «Caminito», un tango suave y dulzón, casi una canción de cuna, en el que puso un quejido liviano y un llanto avergonzado donde otros ponían una puñalada. Lo estrenó un lunes de Carnaval y se lo silbaron toda la semana. Después, por su porte decente, entró en las salas donde las chicas tocaban el piano y llegó, hasta la Facultad de Derecho con una orquesta de 50 profesores. Filiberto murió a los 80 años, en 1964, en la Boca, donde siempre estuvo, en una casa de frente lleno de colores… Como su música.

Origenes del Tango en Argentina La Milonga

Historia del Tango: Los Orígenes del Fenómeno 

A lo largo de la historia del Tango, los especialistas que se han dedicado a estudiar los sucesos que dieron origen al nacimiento de este fenómeno siempre han coincidido en señalar como fecha promedio de su inicio la década de 1880, y si bien prácticamente no ha quedado registros que corroboren aquellas primeras manifestaciones del Tango, lo cierto es que fue a finales del siglo XIX cuando surgieron los pioneros de esta corriente.

Para lograr comprender el origen de nuestra música ciudadana es necesario situarnos en medio de los acontecimientos que se sucedieron en esa época, cuando Buenos Aires era conocida también como la Gran Aldea, a la que confluían millones de inmigrantes provenientes de lejanas tierras como África, América Central y sobre todo Europa. Las familias llegan a nuestro país con el fin de sobrevivir a la pobreza que se diseminaba en otros territorios, siendo la Argentina aquella tierra prometida, donde las ambiciones encontraban el cobijo necesario para muchas veces convertir una utopía en realidad. Aquellos inmigrantes se instalaban en distintos conventillos rioplatenses dándole una nueva fisonomía y cultura a la ciudad a orillas del Río de la Plata, que forjarían finalmente la sociedad argentina resultante, luego de la conjunción de un verdadero crisol de razas.

Durante el día, los inmigrantes trabajaban duro para llevar el pan a sus hogares y lograr mejorar poco a poco la economía de sus familias, con el fin de darles un futuro mejor a sus hijos. Mientras tanto, durante la noche y en los días festivos, buscaban incansablemente lugares donde poder divertirse y olvidarse por unos momentos del yugo cotidiano.

Así fue que los circos y casas de burlesque, ubicados en su mayoría en el puerto de Buenos Aires, se convirtieron en los sitios preferidos para la afluencia de un público masculino que buscaba diversión, y donde la música daba el marco ideal para actividades lícitas e ilícitas.

Cabe destacar que en aquella época aún no existía el disco, ni la radio, ni mucho menos la televisión, por lo que se solía interpretar música en vivo, de la mano de improvisados conjuntos, por lo general tríos compuestos por guitarra, violín y flauta, que sin saberlo comenzaron a darle forma a nuestro Tango. 

Los expertos aseguran que el Tango fue un género resultante de la combinación de diversos estilos musicales importados por los inmigrantes, como el candombe, la payada, la milonga, la habanera, la polca, el vals, la guajira flamenca y la cubana, el fandango, entre otros, los cuales poco a poco fueron fusionándose con otros ritmos de origen criollo.

El éxito de esta nueva manifestación musical fue inmediato, y así surgieron mayor cantidad de conjuntos, que incluso llegaron a ser pequeñas orquestas, en las que además de los instrumentos mencionados se habían sumado el arpa, el mandolín, la armónica, el acordeón, la trompeta, la corneta, e incluso instrumentos improvisados con objetos cotidianos, como un pedazo de papel o un peine.

Todo era válido para disfrutar de la nueva música que estaba surgiendo y que lentamente le estaba dando forma a lo que se convertiría en un verdadero fenómeno musical.

Durante aquel tango primitivo los interpretes y compositores no llegaron a convertirse en figuras emblemáticas de nuestra canción, y por lo general eran músicos que tocaban sus instrumentos de oído, expresando a través de ellos lo que sentían en el momento, por lo que se trataba de improvisaciones que luego de interpretadas caían en el olvido.

Fue recién entrado el siglo XX, cuando las composiciones comenzaron a ser registradas en precarias partituras, momento también en el cual llegó al Tango la melancolía del sonido del bandoneón, que fue importado a la Argentina desde Alemania. 

Esta música surgida en los sitios menos respetables, en medio de ambientes plagados de vicio y prostitución, fue originalmente una corriente musical instrumental, cuyo fin principal era amenizar las esperas de los hombres que formaban filas en la puerta de los prostíbulos.

Se dice que en una oportunidad, en una de estas interminables esperas, de la fila se apartaron dos hombres, que inspirados por la música se unieron para comenzar a realizar una serie de piruetas, que fueron aplaudidas por los presentes, y así sin saberlo dieron origen al baile propio de esta corriente musical.

El éxito de esta nueva expresión no tuvo precedentes, y así fue que las piruetas se convirtieron en pasos, que los hombres comenzaron a practicar entre ellos en las puertas de los burdeles y cantinas, y que posteriormente se traslado a las populares «academias», donde los hombres podían bailar con mujeres que en ocasiones brindaban otros servicios extras a sus clientes.

Con la música y la danza, el Tango avanzó a pasos acelerados y se convirtió en un fenómeno cuya manifestación traspasó los límites interpretativos, para convertirse en el origen de una nueva forma de comunicación y representar a los estereotipos propios de la ciudad.

Como dato interesante, cabe mencionar que se estima que el primer tango de difusión popular que ha podido ser documentado fue el llamado «El Queco», término que se utilizaba para referirse al prostíbulo. Este tango cuya composición demuestra las influencias de la canción andaluza, solía ser interpretado por aquellos conjuntos primitivos de la década del 80.

Con los años, y al llegar a los finales del siglo XIX, el Tango se fue impregnando de composiciones que comenzaban a mantener una melodía armónica y una cadencia que daría origen al definitivo estilo del 2×4, gracias al trabajo de hombres pioneros de esta corriente, como el ya mencionado Angel Villoldo, que siempre ha sido considerado por expertos y tangueros como el padre del Tango.

Fruto de su creatividad surgieron composiciones memorables, que lograron trascender las barreras del tiempo, con tangos como el “El choclo”, “El porteñito” y “La morocha”, que en la actualidad, después de más un siglo de su creación, siguen siendo interpretados y bailados como en aquellos primeros días.

 Acompáñenos, querido lector, a recorrer juntos la evolución que vivió esta manifestación artística surgida como medio de diversión nocturna, hasta convertirse en la expresión musical por antonomasia de la Argentina.

Carlos Gardel. la Voz que Expresó el Alma Porteña: La calle Corrientes, síntesis «de la ciudad, tenía desde antiguo un alma, pero le faltaba la voz que la expresara. Una voz entrañable que dijera la tertulia de muchachos de la esquina; la barra del café; el hombre que en la madrugada paladea su soledad; la pareja que busca en la estrella remota respuesta a sus afanes; el lento deshilacharse del tango —sangre de la ciudad entera ahora, corazón de suburbio antes—; el amor por las cosas simples de la vida.

Esa voz vino en Carlos Gardel. Cuando la dejó oír, amarga por sus años de pibe pobre, honda en la madurez del porteño conocedor de todas las pasiones urbanas, Buenos Aires lo colocó sobre sus hombros y lo llevó en andas como a un campeón. Más aún: como a un ídolo de ídolos.

Es que la ciudad sintió, que ese mozo, de sonrisa ancha y mano generosa, era su arquetipo y su mensajero. Llevando su mensaje cantó, ante príncipes y maharajaes, diplomáticos y mujeres hermosas. Admiró a París. Y le enseñó a llorar a los niños rubios y mecanizados de Nueva York. Hizo del tango, que hasta entonces calzaba alpargatas, se enroscaba al cuello un pañuelo de punta bordada y se expresaba en un argot realista y pintoresco, una canción que podía ponerse un smoking con la prestancia de un caballero.

Sin que la pechera almidonada le falseara su alma de malvón y su espíritu de luna que riela en un arroyo gris. Un día, como era un poco pájaro, le fallaron las alas y se fue del mundo, tras una pirueta trágica. La leyenda lo tiene en su regazo y el corazón sin olvidos del pueblo lo acuna para siempre. Por eso no interesa cuándo nació ni cómo era. Lo que importa es cómo cantaba. Cómo decía lo que la ciudad sentía, Y eso todos lo sabemos, Porque en sus canciones, tuvieran alma de suburbio o corazón dé campo, estábamos nosotros como la estrella más lejana está en la pulpa de la noche.

Historia del Tango y Origen del Baile Popular

Historia del Tango y Sus Orígenes

Debieron pasar varias décadas y transitar hacia un nuevo siglo para que nuestra música ciudadana fuera finalmente reconocida a nivel mundial como uno de los estandartes de la cultura argentina, y por supuesto su influencia en otras corrientes internacionales. 

Así fue que al promediar el año 2009, los responsables de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) decidieron que el Tango debía ocupar un sitial privilegiado debido a su aporte permanente a la cultura, por lo que declararon a este género musical nuestro como elemento del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 

Desde principios de siglo, junto con la llegada de los inmigrantes y los cambios sociales y culturales que ésta produjo, fue surgiendo una música particular de Buenos Aires: el tango.

En un principio se trató de una música que sólo se bailaba, característica de las zonas aledañas al puerto, pobladas de inmigrantes y marineros. Los prostíbulos y los patios de los conventillos fueron los ámbitos en los que el tango se fue formando.

Desde entonces, el tango se convirtió en un componente de la vida cotidiana de una parte de la sociedad porteño y en un reflejo de los cambios que en ella se iban produciendo.

Cada vez más, se compusieron tangos con letra. Estas canciones expresaron los sentimientos y el modo de hablar de muchos habitantes de la ciudad.

tango unesco

Pero la historia del Tango no se ha suscitado de la noche a la mañana, y no sólo necesitó de una notoria evolución musical, sino principalmente de un importante número de compositores, interpretes y artistas que en definitiva fueron los artífices de la generación de esta corriente, que logró traspasar los límites de la música, para convertirse en un elemento fundamental de la idiosincrasia del argentino. 

Es por ello que no podemos dudar del hecho de que el Tango ha sido y es un verdadero fenómeno cultural, seguramente uno de los más representativos de las orillas del Río de la Plata, ya que su estilo musical, su poética y su danza se forjaron no sólo en la Argentina, sino también en el Uruguay. 

CArlos gardel

Carlos Gardel. En los años ’30 la figura de Gardel se transformó en un símbolo del hombre de origen humilde que logra trascender y que triunfa en Europa y Estados Unidos. Tanto su fama de cantor como su participación en películas de producción norteamericana sirvieron para difundir esa imagen. Su famosa sonrisa —se lo llamó el bronce que sonríe—fue la contracara optimista de la década del ’30.

Para ejemplificar este hecho cabe mencionar la continua disputa que han tenido argentinos y uruguayos en torno a la nacionalidad de Carlos Gardel, una de las figuras más emblemáticas de nuestra música ciudadana, y que debido a una falsificación de papeles suscitó un gran desconcierto en cuanto a su país natal, que generó interminables discusiones entre los habitantes de ambas orillas del Río de la Plata.

En cuanto a la historia de esta corriente musical que se convirtió en fenómeno, hoy podemos asegurar que después de más de un siglo de su nacimiento, allá por finales del siglo XIX, aún no se han escrito las últimas páginas de su vida, porque continúa siendo el elemento de referencia primordial para identificar a nuestro país, su cultura y los sucesos que han marcado la historia nacional.

Es que el Tango siempre estuvo allí, para bien o para mal, siendo bendecido, enaltecido o repudiado, pero indistintamente siempre estuvo presente en el devenir de la historia de nuestra nación, ya que en definitiva el Tango es Argentina y Argentina es Tango.

Podríamos asegurar que esta corriente musical se inició en medio de una serie de acontecimientos que hicieron que el Tango utilizara condimentos picarescos y provocadores, que con el paso de los años, y junto a los cambios radicales que comenzó a sufrir nuestro país, dieron paso a esa música descarnada y melancólica, que supieron representar exquisitamente compositores como Enrique Santos Discepolo, Pascual Contursi, Homero Expósito, Homero Manzi, Enrique Cadícamo, Cátulo Castillo y tantos otros.

santos discepolo

Enrique Santos Discépolo. Desplegó una variada actividad artística como poeta, músico, autor teatral y actor. Sus obras más conocidas y las que le permitieron trascender hasta nuestros días son las letras de tango, como Cambalache, Uno y Yira-Yira. En ellas representó mejor que nadie el sentimiento de desesperanza de muchos argentinos en los años ’30, en particular la vivencia de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires.

Una vez que el Tango se instaló en nuestra cultura, convirtiéndose en una expresión artística que aunaba la interpretación musical con la danza, fue el momento ideal para que este fenómeno comenzara a recorrer las calles de otras ciudades desconocidas.

Así fue que el Tango llegó a París de la mano de artista de la talla de Angel Villoldo y Enrique Saborido, pioneros de nuestra música ciudadana, que lograron abrir las puertas de otros continentes para que después de algunos años ingresaran triunfantes importantes figuras del universo tanguero, como lo hiciera Carlos Gardel. 

Precisamente, el tango «La Morocha», compuesto por Villoldo y Saborido, es considerado la primera partitura de tango de exportación, ya que según se ha podido registrar en medios de la época: «La fragata Sarmiento realizaba su segundo viaje a Europa, y llevó 1000 ejemplares del tango, dejándolos en todos los puertos que encontraba en su ruta».  este hecho tuvo lugar en aquellos lejanos años de principio del siglo XX, alrededor de 1906.

En aquella época el Tango aún necesitaba los cambios y la evolución que concluirían en la década de oro de esta corriente musical, que sin lugar a dudas se sucedió a principios de los años 40, momento en que el fenómeno llegó a acaparar la atención de todos.

Los músicos y compositores se multiplicaron, comenzaron a surgir un sinfín de clubes y milongas que se dedicaban a presentar en vivo a las orquestas, aparecieron los bailes especiales, como aquellos que se realizaban para las épocas de carnaval, y así fue que el tango comenzó a ser una parte imprescindible de la vida del argentino.

Por aquellos años todo tenía Tango. Nuestra música se respiraba en las calles, se oía a través de los balcones y ventanas, y los ruidos propios de cada barrio parecían convertirse en instrumentos que acompañaban al 2×4.

Así se formó la fisonomía nacional, y sobre todo porteña, que aún mantiene pequeños fragmentos del aquel Buenos Aires que se fue.

Es que el tango no ha sido simplemente baile, música y poesía, sino que además ha estado siempre ligado a una serie de componentes que van más allá de las fronteras de lo artístico, ya que ha sido el medio ideal en el que el lenguaje lunfardo encontró su morada, al mismo tiempo que logró representar a los estereotipos porteños más tradicionales, como los guapos y compadritos, que vivían en el arrabal y frecuentaban lugares como cabarets, prostíbulos y bulines, que le dieron identidad al Tango. 

Damos comienzo aquí a un humilde homenaje a modo de informe especial en el que intentaremos acercar a nuestros lectores los pormenores y sucesos más sobresalientes de la historia de esta apasionante manifestación artística, para lo que transitaremos por sus inicios en los arrabales, el rechazo y posterior aceptación desde las altas sociedades rioplatenses, los personajes emblemáticos y los protagonista que dieron lugar al nacimiento de un hito cultural sin precedentes.

Acompáñenos en este devenir de la historia del tango, desde sus orígenes, pasando por su época de oro, su decadencia, y su transformación y evolución.

BULLET

  Orígenes del Fenómeno 

A lo largo de la historia del Tango, los especialistas que se han dedicado a estudiar los sucesos que dieron origen al nacimiento de este fenómeno siempre han coincidido en señalar como fecha promedio de su inicio la década de 1880, y si bien prácticamente no ha quedado registros que corroboren aquellas primeras manifestaciones del Tango, lo cierto es que fue a finales del siglo XIX cuando surgieron los pioneros de esta corriente.

Para lograr comprender el origen de nuestra música ciudadana es necesario situarnos en medio de los acontecimientos que se sucedieron en esa época, cuando Buenos Aires era conocida también como la Gran Aldea, a la que confluían millones de inmigrantes provenientes de lejanas tierras como África, América Central y sobre todo Europa.

Las familias llegan a nuestro país con el fin de sobrevivir a la pobreza que se diseminaba en otros territorios, siendo la Argentina aquella tierra prometida, donde las ambiciones encontraban el cobijo necesario para muchas veces convertir una utopía en realidad.

Aquellos inmigrantes se instalaban en distintos conventillos rioplatenses dándole una nueva fisonomía y cultura a la ciudad a orillas del Río de la Plata, que forjarían finalmente la sociedad argentina resultante, luego de la conjunción de un verdadero crisol de razas.

Durante el día, los inmigrantes trabajaban duro para llevar el pan a sus hogares y lograr mejorar poco a poco la economía de sus familias, con el fin de darles un futuro mejor a sus hijos.

Mientras tanto, durante la noche y en los días festivos, buscaban incansablemente lugares donde poder divertirse y olvidarse por unos momentos del yugo cotidiano.

Así fue que los circos y casas de burlesque, ubicados en su mayoría en el puerto de Buenos Aires, se convirtieron en los sitios preferidos para la afluencia de un público masculino que buscaba diversión, y donde la música daba el marco ideal para actividades lícitas e ilícitas.

Cabe destacar que en aquella época aún no existía el disco, ni la radio, ni mucho menos la televisión, por lo que se solía interpretar música en vivo, de la mano de improvisados conjuntos, por lo general tríos compuestos por guitarra, violín y flauta, que sin saberlo comenzaron a darle forma a nuestro Tango.

Los expertos aseguran que el Tango fue un género resultante de la combinación de diversos estilos musicales importados por los inmigrantes, como el candombe, la payada, la milonga, la habanera, la polca, el vals, la guajira flamenca y la cubana, el fandango, entre otros, los cuales poco a poco fueron fusionándose con otros ritmos de origen criollo.

El éxito de esta nueva manifestación musical fue inmediato, y así surgieron mayor cantidad de conjuntos, que incluso llegaron a ser pequeñas orquestas, en las que además de los instrumentos mencionados se habían sumado el arpa, el mandolín, la armónica, el acordeón, la trompeta, la corneta, e incluso instrumentos improvisados con objetos cotidianos, como un pedazo de papel o un peine.

Todo era válido para disfrutar de la nueva música que estaba surgiendo y que lentamente le estaba dando forma a lo que se convertiría en un verdadero fenómeno musical.

Durante aquel tango primitivo los interpretes y compositores no llegaron a convertirse en figuras emblemáticas de nuestra canción, y por lo general eran músicos que tocaban sus instrumentos de oído, expresando a través de ellos lo que sentían en el momento, por lo que se trataba de improvisaciones que luego de interpretadas caían en el olvido.

Fue recién entrado el siglo XX, cuando las composiciones comenzaron a ser registradas en precarias partituras, momento también en el cual llegó al Tango la melancolía del sonido del bandoneón, que fue importado a la Argentina desde Alemania. (imagen de un bandoneon)

bandoneon

Esta música surgida en los sitios menos respetables, en medio de ambientes plagados de vicio y prostitución, fue originalmente una corriente musical instrumental, cuyo fin principal era amenizar las esperas de los hombres que formaban filas en la puerta de los prostíbulos.

Se dice que en una oportunidad, en una de estas interminables esperas, de la fila se apartaron dos hombres, que inspirados por la música se unieron para comenzar a realizar una serie de piruetas, que fueron aplaudidas por los presentes, y así sin saberlo dieron origen al baile propio de esta corriente musical.

El éxito de esta nueva expresión no tuvo precedentes, y así fue que las piruetas se convirtieron en pasos, que los hombres comenzaron a practicar entre ellos en las puertas de los burdeles y cantinas, y que posteriormente se traslado a las populares «academias», donde los hombres podían bailar con mujeres que en ocasiones brindaban otros servicios extras a sus clientes.

Con la música y la danza, el Tango avanzó a pasos acelerados y se convirtió en un fenómeno cuya manifestación traspasó los límites interpretativos, para convertirse en el origen de una nueva forma de comunicación y representar a los estereotipos propios de la ciudad.

Como dato interesante, cabe mencionar que se estima que el primer tango de difusión popular que ha podido ser documentado fue el llamado «El Queco», término que se utilizaba para referirse al prostíbulo. Este tango cuya composición demuestra las influencias de la canción andaluza, solía ser interpretado por aquellos conjuntos primitivos de la década del 80.

Con los años, y al llegar a los finales del siglo XIX, el Tango se fue impregnando de composiciones que comenzaban a mantener una melodía armónica y una cadencia que daría origen al definitivo estilo del 2×4, gracias al trabajo de hombres pioneros de esta corriente, como el ya mencionado Angel Villoldo, que siempre ha sido considerado por expertos y tangueros como el padre del Tango.

Fruto de su creatividad surgieron composiciones memorables, que lograron trascender las barreras del tiempo, con tangos como el “El choclo”, “El porteñito” y “La morocha”, que en la actualidad, después de más un siglo de su creación, siguen siendo interpretados y bailados como en aquellos primeros días.

 Acompáñenos, querido lector, a recorrer juntos la evolución que vivió esta manifestación artística surgida como medio de diversión nocturna, hasta convertirse en la expresión musical por antonomasia de la Argentina.

PARA SABER ALGO MAS….

En su gran mayoría los tangos utilizaban el lunfardo, surgido como una jerga particular de los ladrones —lunfardo era una palabra con la que los ladrones se denominaban a sí mismos— y que se fue enriqueciendo con el aporte de palabras provenientes de los idiomas que hablaban los inmigrantes.

La década del 70 se caracterizó por la prosperidad económica y por el ascenso social y político de los sectores medios urbanos.

El tango reflejó estos cambios. Poco a poco, fue dejando de ser una expresión musical exclusiva de los barrios y sectores sociales más humildes y comenzó a ser aceptado en los círculos sociales privilegiados, que en un principio lo rechazaron por considerarlo una danza obscena, impropia para la gente decente.

En los cabarets del centro de la ciudad —que seguían el modelo de los célebres lugares de diversión parisinos— y en los salones de fiestas, las orquestas típicas tocaban tangos más refinados, de mayor riqueza armónica y sonora que la de los primeros tiempos.

La música popular urbana recibió el aporte de músicos de conservatorio —como Julio de Caro y Osvaldo Fresedo—.

El tango comenzó a ser una expresión artística que reunió elementos característicos de la cultura popular y de las élites.

A fines de los años ’20, la bonanza económica y los contrastes sociales de una sociedad en cambio quedaron retratados en muchas letras, entre las que se destacó por su tono crítico el tango Acquaforte, de Carlos Marambio Catán.

La década del ’30 se inició con crisis y depresión económica, interrupción del proceso democrático, fraude electoral y negociados. Para muchos fueron años de desesperanza y escepticismo.

El letrista de tango que mejor expresó este sentimiento fue Enrique Santos Discépolo. En su tango Qué vachaché —escrito en 1925— hizo una crítica moral de los tiempos del esplendor alvearísta y anticipó la falta de confianza y expectativas que muchos compartirían algunos años más tarde, durante la llamada década infame.

Carlos De Vicenzo Gran Golfista Argentino Un Ejemplo de Vida

Carlos De Vicenzo, Gran Golfista Argentino: Un Ejemplo de Vida

Roberto De Vicenzo: el embajador del deporte argentino A los 48 años, todavía en la plenitud de sus medios, sería difícil, injusto, elogiar a Roberto De Vicenzo por una de sus actuaciones.

Profesional integro, hizo del golf su trabajo sin olvidarse de los elementales principios de ética deportiva. Una actitud que sin embargo no le impidió cosechar triunfos en más de 160 certamen a lo largo de 31 años de pisar links.

Carlos De Vicenzo, Golfista ArgentinoTrotamundos incansable —dio la vuelta a la Tierra en más de cinco oportunidades—, tuvo oportunidad de alternar con personajes destacados en actividades más disímiles.

De Gaulle, Kennedy, Eisenhower, Perón, Nixon, Leopoldo de Bélgica, Gina Lollobrígida, Sofía Loren, Frank Sinatra, Danny Kaye, Dean Martin, Bob Hope, entre otros, supieron de su caballerosidad.

El primer contacto con el golf fue a los 7 años, en 1930, cuando ingresó un el Golf de Migueletes, primero para extraer las pelotas que los socios tiraban a la laguna y oficiar de caddie después.

A los 17 años ya habitaba una piecita en el sótano del club He Ranelagh, escenario de sus comienzos. Dos años después todo se precipitaba y Spaghetti —lo apodaron así porque entre 1944 y 45 cumplió d servicio militar en la marina y llegaba a jugar de uniforme— comentó a conocer la dulce y peligrosa caricia de la fama.

Alternativa que no logró apartarlo de una conducta austera, sobria, que lo caracterizó desde el comienzo. Quizás por eso, una y otra vez, sacudió al mundillo golfístico internacional con actuaciones sorprendentes.

En 1962, en pareja con Fidel De Lúea representó a Argentina en la Copa Canadá —ahora Copa del Mundo— y obtuvo el primer puesto individual, clasificándose segundo en el puntaje por equipos.

Las canchas del Jockey Club de San isidro, testigos de aquella victoria, volvieron a verlo triunfar en ese mismo certamen, en 1970, ahora en compañía de Vicente Chino Fernández, con quien obtuvo el segundo lugar por parejas. En julio de 1967, De Vicenzo coronó un anhelo acariciado durante dos décadas: con 44 años se consagró como el jugador de mayor edad que obtuvo el campeonato británico.

Además de De Vicenzo, solo dos argentinos, José Jurado y Leopoldo Ruiz, estuvieron al borde de alcanzar esa proeza. En 1931, Jurado escoltó a Tommy Armour y en 1950, Ruiz perdió todas sus posibilidades en el último hoyo. Con un 4, Ruiz empataba el primer puesto, pero perdió su autodominio, equivocó el palo a jugar y marcó un 7 que lo relegó al tercer lugar. También supo de grandes desencantos Spaghetti.

En abril de 1968, en el torneo de Maestros de Augusta, en los Estados Unidos de América, un error en la anotación de su tarjeta lo relegó al segundo puesto al cargársele un golpe más en el hoyo 17, el penúltimo de la jornada final.

Con su segunda colocación, recibió más cartas y telegramas de felicitación —según una costumbre iniciada por Perón e imitada en los últimos años por todos los mandatarios argentinos, Juan Carlos Onganía— que Robert Goalby, el ganador de los 20.000 dólares de premio y el saco verde distintivo.

El score real de los dos en la cancha fue de 277, pero De Vicenzo firmó la tarjeta que totalizaba 278 sin advertir el error. Fue en esas circunstancias que puso de manifiesto toda su calidad humana al aceptar, sin acusaciones ni lamentos, un fallo que además del perjuicio deportivo le produjo otros quebrantos: perdió los 5.000 dólares de diferencia entre el segundo y el primer puesto y el derecho a participar en el certamen exclusivo de los cuatro grandes, en el que intervino en 1967 a raíz de su actuación en el campeonato británico.

Acaudalado, reconocido en más de una oportunidad como un verdadero embajador ambulante, el célebre golfista es un raro ejemplo dentro de los deportistas profesionales argentinos.

Es que en un medio donde la mayoría lucha por conseguir mejores condiciones sin reparar en los medios, él intenta ser mejor, aun cuando, como todos los demás, vive del deporte. Algo que quizás, con el tiempo, logre contagiar a otros ambientes, descompuestos por la fiebre del dinero.

Fuente: Las Grandes Hazañas del Deporte Tomo 49 La Historia Popular

Carlos Moratorio Destacado Deportita Argentino en Equitacion

Carlos Moratorio: Destacado Deportita Argentino en Equitación

GRANDES DEPORTISTAS ARGENTINOS OLVIDADOS

Capitán Carlos Moratorio: un caso particular Pocos deportes como la equitación imponen a quienes lo practican una preparación tan exigente. Pocos son también los que reclamen erogaciones económicas similares.

Carlos Moratorio, Deportita Argentino en EquitacionDos condiciones que necesariamente reducen el círculo de gente con posibilidades de acometer una empresa tan difícil como la de competir con fortuna. Una alternativa que el capitán Carlos Alberto Moratorio alcanzó cuando, guiado por su vocación militar, egresó del Colegio Militar, a fines de 1951, con el grado de subteniente de caballería.

Luego de transitar por diversas unidades del Ejército, finalmente fue destinado a la Escuela Militar de Equitación, donde quedó destinado a partir de 1960.

Allí comenzó una etapa fundamental en su trayectoria deportiva, iniciada algunos años antes: pudo dedicarse por entero al adiestramiento de sus animales y a las prácticas.

Sus progresos fueron notables. En 1959 fue quinto en los Juegos Panamericanos de Chicago. En las Olimpíadas de Roma, en 1960, quedó eliminado como el resto del equipo.

En San Pablo, en los Panamericanos de 1963, logró el tercer puesto y la medalla de bronce. Un año más tarde, en los Juegos Olímpicos de Tokio obtuvo la medalla de plata.

Dos años después, el 10 de septiembre de 1966, en Stanford, Inglaterra, obtuvo el primer campeonato mundial de su especialidad, la Prueba Completa.

Para llegar a eso, debió trabajar pacientemente en la educación de su caballo Chalán, un animal que había ganado en un concurso hípico efectuado por el Ejército, en 1958.

Claro que no fue todo, junto a los otros cuatro jinetes que lo acompañaron a Gran Bretaña, viajaron dos soldados caballerizos, un veterinario, un suboficial principal herrero y el director, mayor Eduardo Cano.

Toda una costosa movilización. Los resultados fueron óptimos: Moratorio superó a 34 jinetes, representantes de Irlanda, Inglaterra, Rusia y Estados Unidos de América. En la primera jornada de las tres que componen la agotadora prueba —dedicada al adiestramiento— culminó su tarea en 7 minutos y medio. Ya punteaba la competencia a medio punto del jinete ruso que lo escoltó.

En el segundo día —dedicado al fondo— Moratorio y Chalán no tuvieron una sola falla. En la última jornada —destinada a la prueba de Caza— apenas voltearon un obstáculo que les restó 10 puntos del total acumulado. Aun tirando dos más habrían ganado. Poco tiempo después de obtener el título, en un reportaje publicado por la revista «El Gráfico», se reseñarían algunas de las facilidades que permitieron a Moratorio alcanzar el éxito.

 Tras explicar que ocupaba el cargo de instructor del equipo de prueba completa, en la Escuela Militar de Equitación, proseguía: «Prácticamente, un profesional del caballo, o por lo menos con la debida dedicación para poder competir con el mundo.

Moratorio no lo niega pero confiesa que: «Por este título, que me favorece hípicamente, he descuidado otros detalles importantes para el ascenso en mi carrera». Y dice que en su «Profesión» es enérgico. «Soy muy exigente, y este mundo no quiere trabajar. Con los soldados (caballerizos) debo cumplir una ley, con los del equipo pretendo que hagan todo bien.

Es mucho el dinero que el gobierno invierte en esto y mi gran satisfacción, por lo de mi título, es haber devuelto mucho de lo que me dieron».» Circunstancias que permiten considerar al capitán Carlos Moratorio como una excepción —por el apoyo que recibió— entre los deportistas argentinos que en los últimos años lograron algún lauro. Algo que pareció percibir también «El Gráfico», a cuyo editorial, de la edición del 13 de setiembre de 1966, conviene remitirse para entender la realidad del deporte argentino en la década pasada y en su hora actual: «Es el ejemplo que deseamos.

Los campeones que nacen por «generación espontánea» se dan uno en un millón. El caso Moratorio nos grita claramente: su pasión, si fibra, su técnica afinada, Chalán, más las condiciones morales y materiales: que lo rodearon, el tiempo y los elementos de que dispuso, la organización que lo apoyó, hicieron que ut argentino fuera campeón del mundo Esto es lo que nos debe quedar bien grabado».

Fuente: Las Grandes Hazañas del Deporte Tomo 49 La Historia Popular

Luis Nicolao Gran Nadador Argentino Gran deportista Argentino

Luis Nicolao: Gran Nadador Argentino

GRANDES DEPORTITAS DE ARGENTINA OLVIDADOS

Luis Alberto Nicolao, el mas grande: Acaso baste para definirlo una mención que seguramente nadie se atreve a discutir: fue el mas grande nadador argentino de todas las  épocas y quizás el mejor deportista de la década del ´60.

Atleta argentino, NicolaoEn su dilatado transitar por piletas de todos los rincones de la tierra acumuló una retahila de éxitos asombrosa. Pero ninguno tuvo la tremenda trascendencia del que coronó el 27 de abril de 1962, en el natatorio de Guanabara, en Río de Janeiro, Brasil.

Ese día Luis Alberto Nicolao inscribió su nombre y el de la Argentina en las tablas de records mundiales. Un hecho que la natación local jamás había registrado, ni volvió a hacerlo.

Alentado por un público entusiasta se arrojó a las saladas aguas  por esa circunstancia mucho más aptas para desplazamientos veloces, pues ofrecen menos resistencia— decidido a quebrar el record mundial de los 100 metros estilo mariposa.

En 57 segundos ya había cumplido su cometido.

Fue uno de los primados que resistió durante más tiempo el alud de records desatado en el último decenio. Durante cinco años, dos meses y trece días permaneció incólume a todos los embates.

En los primeros días de agosto de 1967 un fenómeno de la natación americana, Mark Spitz, desplazó a Nicolao al establecer 56 segundos 3 décimas, en un torneo internacional celebrado en Santa Clara, California. Sin embargo, no logró opacar la performance del que fuera representante del Club Ateneo de la Juventud, en Buenos Aires.

Escapando a la mediocridad de un medio que difícilmente !e permitiera superarse —ya antes lo había hecho su entrenador Alberto Carranza, tentado por ofrecimientos de clubes brasileños y uruguayos— el excepcional mariposista emigró hacia los Estados Unidos de América, donde optó por la beca que le ofreciera la Universidad de Stanford, en California.

Allí representó también al Santa Clara Swimming Club, una institución casi mitológica en el concierto de la natación internacional. Pero jamás olvidó al deporte de su país. Donde fuese necesario, allí estuvo presente para defenderlo.

Desde su primera participación internacional, durante el campeonato Sudamericano de Cali, en Colombia en 1960, acaparó 17 títulos sudamericanos, sin contar su participación en los equipos de postas. Fue olímpico en tres oportunidades: Roma en 1960, Tokio en 1964 y México en 1968, donde finalizó tristemente su trayectoria de nadador.

Con 24 años —una edad inusual en que la mayoría de los nadadores optó por el retiro— acudió en búsqueda de la única satisfacción que no alcanzó una medalla olímpica.

Su prueba más fuerte —los 100 metros mariposa— recién se incluyó en el programa olímpico en los Juegos de México» hecho que no le permitió alcanzar antes ese objetivo. Dispuesto a jugar su última oportunidad, se instaló en la capital azteca con 50 días de antelación para ganarle al fantasma de la altura.

Sus posibilidades parecieron fortalecerse tras su actuación en los 100 metros estilo libre, prueba en la que se clasificó para la final. A pesar de ocupar el séptimo puesto (marcó 53,9 segundos) fue un buen indicio ya que esa no era su especialidad.

El domingo 20 de octubre ganó su serie eliminatoria —corrida por la mañana— de los 100 mariposa con relativa facilidad.

A las 18.30 de ese mismo día estaba anunciada la semifinal.

Allí comenzó a gestarse un diabólico, absurdo drama que lo dejó sin posibilidades. Cuando el micro oficial que lo transportaba comenzó a atravesar la zona por donde pasaba en ese momento la carrera de maratón debió detenerse.

Fue un largo retraso: Nicolao llegó a su destino después que la competencia en que debía participar se había efectuado. Todos los reclamos —acaudillados curiosamente por mister Ritter, el delegado norteamericano— fueron desoídos.

En una declaración para la revista «El Gráfico», del 5 de octubre de 1968, Nicolao se quejó: «Le pregunté a Ritter qué había dicho el delegado argentino, Manuel Segura, y me contestó que si estaba se quedó mudo, que no vio ningún argentino que sacara la cara por mí»…

Fue el pago de un medio deportivo que defendió durante años. Un epílogo injusto a su campaña, pero digno exponente de la mediocridad que alguna vez lo hizo emigrar

.Fuente: Las Grandes Hazañas del Deporte Tomo 49 La Historia Popular

Osvaldo Suarez Atleta Argentino Olvidado Ganador San Silvestre

Osvaldo Suarez: Atleta Argentino, Ganador de la San Silvestre 

GRANDES DEPORTITAS DE ARGENTINA OLVIDADOS

Osvaldo Suárez: el dueño de la San Silvestre Con puntualidad, repitiendo un ritual que ya es característico de la prueba, los marciales sones del himno nacional brasileño resonaron en las calles céntricas de la industriosa ciudad de San Pablo, cuando apenas faltaba media hora para que expirara 1960.

Suarez deportista argentinoTras los últimos compases, tronó el disparo que indicaba la iniciación de la célebre Corrida de San Silvestre, la carrera callejera más reputada internacionalmente. Una característica que siempre le permitió reunir para su disputa a los más destacados fondistas del mundo.

Ese año se alinearon entre otros el alemán Hans Grodozki, el inglés Cordón Pirie y el canadiense Douglas Kyle. Junto a ellos el argentino Osvaldo Suárez, que había triunfado en las ediciones de 1958 y 1959.

Esa noche, el maestro —como hoy lo apodan cariñosamente en el medio atlético local— intentaba una hazaña que todavía nadie logró emular: adjudicarse la competencia por tercera vez consecutiva.

Era además una promesa que había formulado a su esposa, Emma Duran, con quien había contraído enlace un día antes. Sería un regalo de bodas.

Tras una excelente partida —fundamental en una carrera en la que participan más de 5 mil deportistas— Osvaldo Suárez se mantuvo a la expectativa detrás de Kyle, controlándolo, para quebrarlo cuando apenas restaban mil metros de carrera. Por entonces, las sirenas ya habían anunciado la llegada de un nuevo año.

Las luces de bengala iluminaban el cielo y el millón de personas que se volcó a las calles para no perder detalle de la Corrida, lo alentaba furiosamente.

Cuando cruzó el pequeño pasillo de llegada la ovación fue clamorosa. Suárez había concretado su máxima proeza deportiva, entre las muchas que jalonaron su dilatada actuación.

Tres veces ganador de la San Silvestre, 4 veces campeón Panamericano, 5 veces campeón Iberoamericano y 12 veces campeón Sudamericano, constituyó el último representante de una gloriosa dinastía de fondistas. Olímpico en dos oportunidades —1960 en Roma y 1964 en Tokio— fue discípulo de dos grandes maestros: Gumersindo González y Alejandro Stirling.

Reconocido en todos los círculos atléticos del mundo, paseó su calidad por Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Paraguay, Colombia, Ecuador, México, Canadá, Estados Unidos, España, Bélgica, Portugal, Italia, Austria, Alemania Federal, Checoslovaquia, Holanda, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Japón. En 1955 viajó por primera vez a Europa, para ello tanto él como Stirling —entonces su entrenador— debieron vender terrenos de su propiedad.

Fue en los albores de su fama. Desde su debut internacional —durante el campeonato Sudamericano efectuado en el estadio de River Plate, en Buenos Aires, en 1951— Suárez compitió contra los más destacados valores de la época. La imbatible Locomotora humana, el checoslovaco Emil Zatopek, y el recordman mundial Vladímir Kuts, de la Unión Soviética, fueron entre otros grandes, sus ocasionales contrincantes. Claro que con ninguno la lucha alcanzó las características de los duelos con su compatriota Walter Lemos, el gran rival en América del Sur.

El veterano atleta —todavía en actividad a los 37 años— logró su última victoria relevante en el campeonato Sudamericano de 1967, que tuvo como escenario la pista del parque Chacabuco, en Buenos Aires. Ovaciona por un público que pocas veces su reconocerle iodo lo que hizo por atletismo argentino, se consagró titular continental de los 10.000 metros en una carrera electrizante con el colombiano Víctor Mora, que lo había relegado en los 5.000 metros.

Esa performance marcó el comienzo de su declinación que, curiosamente coincidió con el derrumbe del atletismo argentino. Un hecho que no es circunstancial si se toma en cuenta que, en las pruebas de largo aliento, como en otras disciplinas, quedó cortado el cordón generacional con la desaparición de hombres de su talla. Algo que solo podrá explicarse a través del profundo deterioro y desamparo padecido por el amateurismo en los últimos años, cuando quedó librado a su suerte.

Fuente: Las Grandes Hazañas del Deporte Tomo 49 La Historia Popular