Antecedentes del Correo Argentino

Creador del Sistema Dactilografico Argentino Juan Vucetich

Creador del Sistema Dactilográfico Argentino Juan Vucetich

LA CREACIÓN DEL DACTILOSCÓPICO
En 1911, se dictó en la Argentina la ley de Enrolamiento General, la cual dio lugar a la creación del archivo dactiloscópico más numeroso que tuvo nuestro país hasta ese momento. La organización fue confiada a Vucetich. En ese mismo año, el Poder Ejecutivo Nacional decretó que en las cartas de ciudadanía debía figurar la impresión del dígito pulgar derecho de la persona naturalizada.

Huella Digital

Una anécdota que da cuenta de la pasión y seriedad de Vucetich tiene que ver con la publicación del libro Historia sintética de la identificación, en 1921. La hizo imprimir con sus propios medios económicos, pero ese mismo año lo sacó de la venta porque consideró que la reseña histórica era incompleta y ordenó destruir todas las ediciones. Dos años después, Vucetich donó a la Facultad de Derecho su museo particular, archivo y biblioteca, con los cuales se fundó el museo que lleva su nombre. Una copia de Historia sintética de la identificación incluye correcciones de su puño y letra.

Luego de una vida consagrada a su vocación y al servicio de los otros, el 25 de enero de 1925, a los 64 años, Juan Vucetich falleció en la ciudad de Dolores, tras una larga y penosa enfermedad, pese a lo cual no había cesado en sus trabajos.

Un decreto del 27 de enero de 1925 dice: «Habiendo fallecido don Juan Vucetich, que prestare importantes servicios a la policía de la Provincia de Buenos Aires, implantando su sistema de Identificación actualmente en uso, el Poder Ejecutivo decreta:

Art. 1: Colóquese en su tumba una placa de bronce en homenaje a su memoria.

Art. 2: Désele el nombre de ‘Sala Vucetich’ a la oficina de identificación de la División de Investigaciones en el Departamento de Policía de La Plata, debiendo mantenerse en ella el retrato de su fundador.»

Vucetich junto con colaboradores, amigos y discípulos, como Luis Reyna Almandós, Antonio Herrero, Sislán Rodríguez y Nicolás Cortiglia, entre otros, demostró que en los esquemas digitales se encuentran los elementos necesarios para establecer, de una manera definitiva y durable, la identidad de las personas en todos los momentos de la vida. También demostró que aquella tarea que se emprende con vocación, compromiso y dedicación deja sus huellas.

Fuente Consultada: Historia de la Identidad de los Argentinos Revista Caras y Caretas N°11

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Con el traspaso al Estado Nacional de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza que desde su fundación dependía de la Universidad Católica de Santa Fe, se cierra una instancia critica en la historia de la Casa de altos estudios en la que estuvo en juego el mantenimiento de sus actividades por los motivos de público conocimiento.

Las intensas gestiones que se venían realizando con apoyo de las fuerzas vivas de la ciudad y autoridades de la población toda, y naturalmente de los estudiantes y con el valioso aporte del gobierno provincial, culminaron exitosamente ayer -jueves 17- en las últimas horas de la tarde con la firma del Presidente de la Nación, Teniente Gral.

Alejandro Agustín Lanusse, del decreto N° 4526. El mismo en sustancia aprueba la oportuna resolución del Consejo de Rectores de Universidades Nacionales que aconsejaba la estatización de la FAVE. Ésta, en consecuencia, pasará desde ahora de la Universidad nacional del Litoral.

Se encontraban en Buenos Aires al momento de la firma del decreto citado, el Ministro de Agricultura y Ganadería de la Provincia, Dr. Horacio C. Cursack, que había entrevistado por ese motivo a su colega de Cultura y Educación de la Nación, Dr. Gustavo Malek; y el Prof. y Secretario de la FAVE, Sr. Francisco Rosciani, quien también había viajado con similar objetivo.

La noticia del importante hecho fue comunicada al Gobernador de la Provincia, Sánchez Almeyda por el Ministro Cursack. Inmediatamente el Primer Mandatario Provincial puso en conocimiento de lo mismo a la esposa del Dr. Gursack la que a su vez informó a El Colono del acontecimiento. De inmediato dimos cabida en nuestra pizarra al anuncio que concitó por largo tiempo la atención del público. Al mismo tiempo, los estudiantes daban rienda suelta a su alegría por el logro de la trascendente medida del gobierno nacional.

SUBSIDIO
Según buenas fuentes, se recibió un subsidio de 50 millones viejos para posibilitar la inmediata reactivación de las actividades en la Facultad.

REGRESO DE LOS ALUMNOS
Los cinco colectivos con alumnos de distintos cursos arribaron a la ciudad tras permanecer en Buenos Aires tres días.

CARAVANA
Por la ciudad, acompañados por Bomberos Voluntarios, los estudiantes y vecinos exteriorizaron su satisfacción por la medida. Recorrieron caites, se detuvieron frente a la redacción de El Colono, desconcentrándose en forma pacífica.

UN POCO DE HISTORIA
La Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza vino a llenar una necesidad fundamental no sólo de la ciudad y zona sino del país todo, visto la necesidad de contar con los recursos humanos capaces de promover e! avance tecnológico nacional en las áreas específicas.

Surgen posteriormente una serie de problemas que colocan a la Facultad en trances de cerrar sus puertas lo que de inmediato concita la movilización de alumnos, profesores y de las propias autoridades de la Casa en procura de soluciones que salven para Esperanza y para los intereses del país, este importante establecimiento educativo. Y a esa lucha incesante se sumó plenamente la ciudad que no quiere ver perderse una conquista que por sobre todos sus valores técnicos, didácticos y humanos, se suman motivaciones espirituales que troncan con los antecedentes de orden históricos que hacemos referencia en la presente exposición.

A propósito de valores, es dable destacar las comisiones que se han formado a través de las distintas organizaciones locales para entrevistar a las más altas autoridades nacionales para concretar el definitivo traspaso de la FAVE a la UNL y la aprobación de ampliación de presupuesto de la misma para la inmediata reapertura de la casa de altos estudios.

El lunes viajó a Capital Federal una delegación encabezada por el intendente de Esperanza, Arq. Jorge Zurbriggen, y el Sr. Rafael Pilatti, vice presidente a cargo de la presidencia del Cicae, para agregarse a otra comisión integrada por los profesores Bayo y Rosciani de la FAVE, que arribaron en la mañana del martes 15, junto a 230 alumnos que ocupaban cinco colectivos, dispuestos a llevar su inquietud al Presidente de la Nación sobre los motivos de este viaje que tuvo resonancia en todos los niveles. A esa presencia se sumaron las gestiones realizadas por el General Sánchez Almeyda y el Ministro Cursack.

Así comienza lo que podríamos calificar como una verdadera odisea en pro de una conquista que aparecía como improbable.

Siguiendo e! orden cronológico de lo realizado, la comisión de Prensa y Propaganda de la FAVE cumplió una ardua tarea en distintos medios periodísticos de Buenos Aires logrando entrevistas en canales de televisión y radios, además de notas gráficas para los medios porteños.

Frente a la Casa Rosada, la manifestación realizada por los alumnos despertó la atención de los transeúntes, que inquirían sobre los motivos de la concentración recogiendo volantes con diversas leyendas de! reclamo. Las comisiones se dirigieron luego al Ministerio de Hacienda de la Nación, tratando de entrevistar al titular de esa cartera, Dr. Jorge Wehbe, gestión que no prosperó tras varias horas de espera. No obstante, se pudo conocer una nota del Ministro donde no autoriza reajuste presupuestario para la UNL. Allí culminaba la primera parte de las muchas gestiones realizadas.

En tanto, se aguardaba una entrevista con el Gral. Panullo, Secretario Privado de la Presidencia de la Nación informándose cerca del mediodía que la misma no tendría efecto. La comisión se trasladaba luego de agotadas las tratativas de entrevistarse con e! Dr. Wehbe, al Ministerio de Educación y Cultura en la esperanza de conseguir la estatización.

Conocida la situación, distintos Subsecretarios de la repartición se abocaron rápidamente a buscar un principio de solución al problema. Al llegar la delegación esperancina al despacho del Dr. Rodríguez, que estuvo en julio del 72 en nuestra ciudad y visitó la FAVE, el gobernador Sánchez Almeyda y el Ministro Horacio Cursack mantenían una importante conversación telefónica con los Ministros Wehbe y Malek, titulares de Hacienda y Educación y Cultura respectivamente, tratando de lograr un acuerdo concreto respecto a! problema de la Facultad de Esperanza.

Luego de esta conversación, la delegación esperancina fue informada por el Cont. Hugo Ale siendo éstas sus palabras: «En primer término, expresó que el Ministro Wehbe ha reiterado por nota y por segunda vez consecutiva, que no existe posibilidad alguna para ampliar el presupuesto para la UNL».

En tanto, el funcionario de Educación y Cultura aseguró que traspasada la FAVE a la Universidad Nacional del Litoral, el rectorado está obligado a reabrir en forma inmediata la misma y lograr soluciones a los problemas económicos planteados.

Finalmente, con la firma del decreto n° 4526 se abre un nuevo panorama de expectativas favorables en una situación que había creado inquietud.

Al crearse las carreras de Agronomía y Veterinaria en la UNL, el estudiantado volvió a las aulas el 28 de mayo de 1973, tras participar de un acto institucional.

En la ocasión se descubrió una placa que simboliza el hecho: «La Facultad se estatizó por el Movimiento Estudiantil». Asimismo se entregaron medallas a los que acompañaron activamente, en calidad de reconocimiento, a las personas cuya actuación fueron acompañando el proceso de estatización de la FAVE: el ex intendente municipal, Arq. Jorge Zurbriggen; los profesores Rosciani y Bayo; y el señor-Miguel Barco.

Finalmente se dio lectura al acta de constitución de la Junta -que se hizo cargo de la FAVE- integrada por persona! docente (Victorino Bayo), no docente (Francisco Rosciani) y los estudiantes Bellezze y Debona, por Agronomía, y Churruarin y Senn por Veterinaria.

Fuente Consultada: Diario Local El Colono Del Oeste Edición de: 17-05-2013

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Historia de las Colonias en Argentina Inmigrantes en Esperanza

Historia de las Colonias en Argentina Inmigrantes en Esperanza Santa Fe

El 15 de junio de 1853, apenas seis semanas después de proclamada la Constitución, se firma el contrato de colonización que dará nacimiento a la primera colonia agrícola argentina. En 1º de junio de 1854 el gobierno de la Confederación lo ratifica. Aquellos buenos auspicios no eran suficientes para que todo fuera un lecho de rosas sin espinas. Pronto, éstas fueron más que aquéllas.

Su proyecto del ferrocarril Rosario Córdoba encuentra resistencias y trabas legales. Protestaba contra esa red tejida por los intereses empresarios de Wheelwright y los del Estado donde, a cargo de funciones importantes, aparecían los socios de Wheelwright.

¿Por qué motivo las provincias del interior debían seguir pagando con su esfuerzo las distancias que las separaban del puerto de Buenos Aires? ¿Por qué, cuarenta años después, los altos costos del transporte por ferrocarril seguían abrumándolas como los de las lentas carretas? De ese modo ellas jamás saldrán de pobres y seguirán condenadas a trabajar para asegurar su elemental subsistencia, protestaba Castellanos.

Cerrada esa primera etapa de negociaciones, decide dejar Paraná para retornar a Europa donde lo esperaba su numerosa familia que regresará a la Argentina recién en 1857, luego de ocho años de residir en París. Le aguarda también un intenso trabajo, negociando y tratando de convencer a banqueros, sociedades y especuladores.

No era fácil la misión toda vez que la inmigración y los capitales eran atraídos por los Estados Unidos y por las malas noticias que llegaban desde el Río de la Plata donde la prolongación de las luchas facciosas no otorgaba la mínima seguridad jurídica a inversores y colonos.

La letra del contrato de colonización firmado por el gobernador Crespo aparecía escrita en el agua a los ojos de su sucesor Cullen que decidió desconocerlo por tratarse de «un contrato leonino». A lo que se sumaba la campaña de desprestigio de la Argentina lanzada en Europa por los agentes de inmigración y los enviados allí por el gobierno del Brasil.

Los pasquines contra la Argentina aparecían en las iglesias y en otros sitios públicos metiendo miedo a las familias que habían acepta se en Santa Fe, muchas de las cuales, aterrorizadas, rompían sus contratos. Según esos pasquines, Castellanos era un aventurero a la pesca de familias incautas.

La Argentina era un país salvaje, fragmentado en comarcas gobernadas por bandidos sin ley ni moral, que mandaban a degollar hombres y mujeres, eran enemigos de los extranjeros, protegían a sus secuaces y amasaban fortunas. A ese sombrío cuadro se añadía un clima malsano, pestes de todo tipo, inundaciones, invasión de langostas, «insectos venenosos, ser pientes y bestias feroces». Castellanos no se dejó intimidar por semejante campaña.

Nadie creía que yo lograría traer colonos, dice. Pero yo había dado mi palabra y ella «tenía más valor para mí que el contrato mismo», añade. Casi solo e incomprendido, con más apoyo de los señores Vanderest de Dunkerque, Textor de Francfort y Beck y Hersog, de Suiza, que del bifronte gobierno argentino, Castellanos comienza a revertir esa imagen.

Es entonces cuando redacta y manda a imprimir su folleto de presentación de las ventajas de la Argentina titulado «Légeres noticies sur le Río de la Plata» («Ligeros apuntes sobre el Río de la Plata») que, traducido a tres idiomas, distribuye en Francia, Holanda, Bélgica y Suiza. Aquel folleto «fue el golpe de gracia» para quienes propagandizaban la imagen esperpéntica de la Argentina. Pronto, la casa de Castellanos en París «fue asediada» por una multitud interesada en adquirir el folleto.

Tal era el gentío que rodeaba la residencia que la policía comenzó a averiguar el motivo de aquella concentración. Los elogios que Castellanos prodigaba a la Argentina no se correspondían, sin embargo, con la suerte corrida por las primeras 1.487 personas (1.112 adultos; 320 menores y 54 lactantes) que llegaron a Santa Fe atraídas por las promesas de tierra y trabajo.

El mismo sabía que esos colonos habían sido abandonados a su suerte: carecían de techo, estaban sin trabajo, no se les entregaban las tierras, se intentaba convertirlos en mano de obra barata olvidando la promesa de hacerlos propietarios y comenzaba a asomar el fantasma de las enfermedades y las hambrunas. «Sufrimientos», «calamidades», «desgracias», «atrocidades» y «desesperación» son palabras que utiliza Castellanos para describir la situación de los colonos que refutaba parte de su folleto amenazando la suerte de su proyecto colonizador.

A la incuria gubernamental y las pestes, se añadía un coro de voces que, de este lado del Atlántico, establecían un contrapunto con los promotores de la campaña de desprestigio de la Argentina. Algunos periódicos, gobernantes y legisladores comenzaron a elevar el tono de sus quejas contra los inmigrantes, afirmando «que la aglomeración de extranjeros no convenía, porque se corría el riesgo de que ellos se apoderasen del país, y que era preciso desparramarlos».

Había miedo a las colonias en la mayoría del Congreso y en el gobierno, con la sola excepción de Derqui, anota Castellanos. Años después de aquellas dificultades Nicasio Oroño, siendo gobernador de Santa Fe, explicó a Castellanos que el incumplimiento del contrato de colonización tuvo como una de sus causas «una grita» que se levantó «entre el paisanaje», que se quejaba de las «tantas cosas» que se entregarían a los colonos, negadas a ellos «que habían servido a la patria tantos años». Los contratiempos, las intrigas y la maldad humanas son menos llevaderas con los años.

Archivados sus proyectos ferroviarios, postergadas sine die la entrega de las tierras que establecía el primer contrato colonizador, demorado 47 años el pago del préstamo en efectivo otorgado al gobierno de Salta, desconocido como pionero de iniciativas atribuidas a otros, Castellanos siente que esos años de lucha no han sido placenteros. Tres años antes de su muerte, aunque reconoce estar abatido, toma la pluma para refutar a sus críticos. He sido, dice, «el macho cabrío que los antiguos israelitas, inquietos por sus prevaricaciones e idolatrías, cargaban con sus pecados y lo echaban al desierto».

Al final de sus días, más justo con la historia y con su propia vida, siente que no sólo cosechó espinas o bebió del cáliz de la amargura. Veinte años después de fundada, contra viento y marea, la colonia Esperanza no sólo está de pie sino que ya justifica su nombre. «Después de tantos desastres, algo de desmoralizaron por el dilatado tiempo de vagancia y ser relegados ; tierra adentro, todas las familias tienen, sin embargo, su bienestar, con sus casas de azotea, millares de árboles de diversas clases, don de no había uno solo, molinos a vapor y demás, que ‘ es la admiración de los que las miran».

En 1877 la imprenta «El Comercio de Rosario» termina de imprimir su libro Colonización en Santa Fe y Entre RÍOS y el ferrocarril del Rosario a Córdoba. Tres años después, el 1 de abril de 1880, muere en Rosario de Santa Fe, ciudad de la que había sido jefe político  en 1868 y desde la que libró sus más importantes ; combates en su lucha por lograr un país mejor que aquél que conoció durante casi toda su intensa y agita da vida.

Ver Parte I

Fuente Consultada: Todo Es Historia Aarón Castellanos y las Colonias en la Argentina

Biografia de Aaron Castellanos Historia Fundacion de Esperanza

Biografía de Aaron Castellanos Historia Fundación de Esperanza Santa Fe

Para Pedro Goyena, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, los salteños son:  «Los ingleses de la República» y Aarón Castellanos era salteño. Según todas sus semblanzas biográficas, Castellanos nació en Salta el 8 de agosto de 1800 y bautizado en esa ciudad el 11 de noviembre de 1799.

Sobre sus estudios no hay información y todas las semblanzas  lo hacen saltar de la cuna al caballo formando parte del escuadrón «Los Infernales de Güemes», donde revistó siendo adolescente obteniendo el grado de teniente. Muerto Güemes por una partida del ejército realista a mediados de 1821 y reabiertas las puertas del Perú tras el armisticio con Olañeta, el joven Aarón dejó las armas y abrazó los negocios.

En 1822 viaja a Perú dispuesto a abrirse paso como comerciante minero en Cerro de Pasco. Aquella prematura tentativa fue corta, tal vez por no resultar exitosa. Dos años más tarde Castellanos se encuentra de regreso en Salta dispuesto a reemprender actividades comerciales.

Sus veinticuatro años no son un obstáculo para que Victoriano Sola y Pablo Soria aceptaran integrarlo a la Compañía de Navegación del Bermejo. Soria, comerciante jujeño y tenaz opositor a Güemes, se disponía a realizar el primer intento del siglo XIX de remontar el Bermejo, siguiendo las huellas de las expediciones de fray Francisco Murillo y Adrián Fernández Cornejo a finales del siglo XVIII.

Anciano, casi octogenario, Castellanos recordará algunos detalles de esa empresa que situaba como una de las tantas promovidas durante la gestión de Bernardino Rivadavia, a quien definió como el primer hombre de Estado de la Argentina y de cuya obra se sentía orgulloso continuador. «Fui uno de sus apasionados», dice Aarón; «con tanta más razón cuanto que nadie antes que él había mirado más lejos del Arroyo del Medio.

Fue hasta los Andes, Bermejo, Pilcomayo y Magallanes». Navegar el Bermejo no era el único objetivo de la empresa de Sola y Soria. Su propósito más ambicioso «era colonizar los extremos más importantes del Chaco». En Oran, punto de partida de la expedición, se construyeron «tres embarcacio nes de diferente porte».

Las tres partieron a mediados de 1826 y, días después, al llegar a Nambucu, donde el dictador Francia había colocado un cerrojo a la entrada del Paraguay, los expedicionarios fueron obligados a bajar a tierra donde los detuvieron y les secuestraron las embaraciones, los planos, los apuntes y las armas que llevaban. Según todas las reseñas biográficas, al igual que Soria y el resto de la tripulación, Castellanos permaneció cinco años preso en el Paraguay.

Este dato no parece verosímil ya que él mismo no recuerda haber estado en prisión, cuando alude a aquel suceso. Las dudas se acrecientan toda vez que la documentación aportada por Ibarguren (h) demuestra que el 17 de junio de 1826, en los días de la partida de la expedición, Aarón Castellanos se casó en Buenos Aires con Secundina de la Iglesia y Castro, con quien, entre 1827 y 1848, tuvo quince hijos. Con lo cual, Castellanos habría participado de los preparativos de la expedición pero no de su realización. Esta impresión parece reforzada por el hecho de que en 1829 Castellanos aparece prestando, con la garantía del gobierno de Buenos Aires, 50 mil pesos en metálico al gobierno de Salta a cuyo frente estaba el canónigo Juan Ignacio Gorriti.

En 1876, al momento de escribir su folleto sobre la colonización, esa deuda permanecía impaga. Soria y los demás prisioneros fueron puestos en libertad en agosto de 1831. Meses más tarde Soria «publicó y repartió entre los accionistas un folleto dando cuenta del resultado de su viaje adjuntando un plano del Bermejo», añade Castellanos. Entre 1830 y 1840 aparece radicado en Buenos Aires donde funda establecimientos ganaderos sobre las líneas de frontera que separan las tierras controladas por ese gobierno de las controladas por los indios. Años después, antes de la caída de Rosas, vende sus campos a Simón Pereyra y José Iraola.

Veintitantos años después de Caseros, Castellanos dirá que con Rosas había caído sobre el país «una larga noche de veinticuatro años en cuyas tinieblas desaparecieron todas las empresas ya mencionadas (de la época de Rivadavia) y el aspecto grandioso que había asumido el país». Rosas era a la Argentina lo que Francia al Paraguay. «Así vino el país a criar vacas y nada más», escribe Aarón. Vendidos sus campos se embarca a Francia. «Yo de mi parte, sin esperanza alguna de ver empezado en el país lo que a gritos pedía —ferrocarril e inmigración—, me trasladé a Europa con toda mi familia, con el doble objeto de educar a mis hijos (…) Allí me encontraba cuando cayó Rosas».

Conocida la noticia, Castellanos cree que ha llegado el momento de desplegar sus proyectos. Aarón formaba parte de esa numerosa colonia de sudamericanos en París compuesta, al decir de Mayer, «de ricos estancieros y políticos en disponibilidad». Astuto, intuitivo y conocedor del terreno, Castellanos se dirige a Londres donde busca y consigue una entrevista con el barón James de Rothschild al que interesa en sus proyectos ferroviarios para Córdoba con el puerto de Rosario, sobre el que convergería el comercio de diez provincias, y de colonización de tierras en la Patagonia, las márgenes del Bermejo o Santa Fe.

En aquellos días estaba intacto el optimismo que infundía el progreso mate rial que alumbraba un nuevo mundo fundado «en el ferrocarril, en la banca y en el predominio de los industriales», al decir de un biógrafo de los Rothschild. Castellanos sabe el terreno que pisa y no suple con fantasías provincianas la debilidad de su país donde está todo por hacer. «Aunque allí nadie oye ni presta atención a lo que no es de presente, obtuve sin embargo la deferencia de ser escuchado».

Esa cautelosa evaluación dará paso a cierto optimismo: obtenido «todo lo que deseaba y no con poca satisfacción me embarqué para Buenos Aires, decidido a colocarme en la huella que había trazado Rivadavia, tantos años abandonada y que tanto alegaba (sic) mis instintos». Quería colonizar «para poblar nuestros desiertos, que es el peor enemigo del país», estableciendo «pueblos modelos» que moralizaran y prometieran un mejor porvenir a las generaciones futuras. Los colonos debían venir del norte de Europa, elegidos por «sus condiciones de inteligencia, moralidad, robustez y trabajo».

También por ser «más pacíficos» que los temperamentales pobladores del Mediodía que habían tomado armas en nuestras guerras civiles, explicó. La comprensión que encontró en Londres la perdió en Buenos Aires frente a un gobierno que ni siquiera consideró sus ideas respecto a la colonización de Río Negro hasta los Andes, y del Río Chubut hasta Magallanes.

Recordando los sucesivos incumplimientos de pago de la deuda que ese gobierno tenía con él desde 1829, pidió se le otorgara en propiedad la península de San José donde se proponía fundar un establecimiento ganadero y establecer allí un cuartel contra los indios. Frustradas sus expectativas decide instalarse en Santa Fe donde expuso su proyecto al gobernador Domingo Crespo. Castellanos se comprometía a traer mil familias de agricultores del norte de Europa, a los que pagaría el pasaje y entregaría 125 arados norteamericanos, 200 palas y abundante ropa.

A cambio, los colonos debían entregarle un tercio de sus cosechas durante cinco años. Las familias debían llegar en el transcurso de los diez años siguientes, en grupos de 200 familias que se embarcarían cada dos años. El gobierno santafesino se comprometía a entregarles 32 hectáreas en propiedad; ranchos para viviendas; doce cabezas de ganado; harina y semillas. La buena acogida del gobernador Crespo no era suficiente para alejar las suspicacias: «no faltaban quienes mirasen con sospecha» su proyecto.

Ver Parte II

Fuente Consultada: Todo Es Historia Aarón Castellanos y las Colonias en la Argentina