Árabes y Judíos

Biografia de San Pedro Apostol de Jesus Historia Biblica

Biografia del Apostol San Pedro

Pedro fue su apodo, de llamaba Simón y fue el mas destacado apóstol de Jesucristo y primer jefe de su Iglesia. Supuestamente nacido en Galilea sin conocerse su año. Murió crucificado aproximadamente entre 64 y 67 en Roma, luego de ser capturado en las persecuciones de Nerón.

Era un pescador del mar de Galilea , sin estudios, generoso, impulsivo y dotado de una gran personalidad que logró transformarse en el portavoz de la palabra de Jesucristo.

Pedro es un sobrenombre el propio Jesús le colocó, para señalarlo como «piedra», piedra sobre la cual edificará su iglesia. Al morir Jesús se convirtió en el principal vocero de la palabra sagrada: dirigía las oraciones, respondía a las acusaciones de herejía lanzadas por los rabinos ortodoxos y admitía a los nuevos adeptos

biografia de san pedro
La Iglesia romana considera a San Pedro el primero de sus papas. Hacia el año 44 fue encarcelado por orden del rey Herodes Agripa, pero consiguió escapar y abandonó Jerusalén, llevando la palabra de Cristo a otra zonas del oriente.

Esta es su historia biblica, junto a otros apótoles….

«Hemos encontrado al Mesías.» Con estas palabras Andrés comunicó a su hermano Simón, el pescador del lago de Genezaret, el vendedor de pescado en Betsaida y Cafarnaúm, la buena nueva, la noticia esperada durante tantos años por el pueblo de Israel.

Cuantas veces los hijos de Jonás con los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, habrían hablado, descansando de la fatigosa labor del día, de la redención de Israel y de las predicciones contenidas en las profecías bíblicas.

Una vez llegó hasta ellos la noticia de la predicación del Bautista; y recorrieron muchas leguas para oír aquella palabra que clamaba en el desierto por la llegada del que sería el Salvador.

Hombres sensibles y entusiastas, educados en el afecto a la vieja Ley, Simón y Andrés esperaban el cumplimiento de los tiempos… «Hemos encontrado al Mesías.» ¿Por qué dudar más?…»Llévame a El», dijo Simón.

Con tan pocas palabras se inicia la trayectoria inmensa de los seguidores de Cristo, hasta su encuentro.

El Hijo del Hombre conquista su espíritu en el mismo instante en que reconoce su presencia.

Después de mirar a Simón, de ver en él el corazón puro, el alma sensible y la fe ciega capaz de los mayores sacrificios, le dice con aquellas sus palabras de suavidad infinita: «Tú eres Simón, hijo de Jonás; en adelante te llamarás Cefas.»

Palabras de conquista, que más tarde se completan con ocasión de la pesca milagrosa de Cafarnaúm.

«Maestro — replicó a Jesús el buen pescador cuando Aquél, después de haber predicado la nueva de su reino a una ingente multitud, le había ordenado que se internara en el lago y echara las redes— después de trabajar toda la noche no hemos sacado ni un pececillo; no obstante, confiando en tu palabra, voy a obedecerte.»

La pesca fue milagrosa y las mallas de las redes se rompían con tanto peso.

«Señor, apártate de mí — exclamó Simón arrojándose a los pies del Maestro—; un pecador como yo no es digno de tener un profeta en su barca.»

Y ésta fue la respuesta de Jesús, el divino e inigualable Doctor: «Ven conmigo, cree en mi palabra, y yo te haré pescador de hombres.»

A través de un duro aprendizaje, hecho con humillaciones de cada día, Simón va elevándose a la categoría de jefe de los doce, que le merece su amor inquebrantable a la persona del Maestro y el reconocimiento de su misión redentora en la Tierra.

Pero en su naturaleza de rudo galileo, y, por tanto, en su franqueza, impresionabilidad e inconstancia, se dibujan a cada paso las más flagrantes contradicciones: pasa del temor a la temeridad, de la cobardía al entusiasmo, de la ceguera intelectual a los más vivos destellos de inteligencia, de la sencillez a la petulancia.

Pero Simón es siempre él mismo: un ser tan humano que se capta las simpatías de cuantos ven desfilar su persona al lado de la de Jesús.

Incluso cuando en los momentos culminantes de la Pasión niega tres veces a su Maestro, comprendemos el terrible drama en que se reflejan los avatares mismos de la Humanidad frente a su Creador.

Luego, aparece como otro hombre. En él la fe de Pascua, la firme creencia en la resurrección del llamado Maestro, hace extinguir toda vacilación, toda duda, todo temor.

Es el primero en correr en busca del Resucitado, el primero en encontrarle.

Y más tarde, se rehabilita por un triple juramento de amor. «Señor — dice al Maestro—, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.»

En recompensa de aquel afecto, Jesús le establece doctor infalible, juez supremo, pastor universal de la Iglesia. «Apacienta mis ovejas» — ésta es la frase de consagración de su jerarquía suprema. «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra estableceré mi Iglesia.»

En efecto. Iluminado por el Espíritu Santo, Pedro organiza la naciente iglesia de Cristo.

Su palabra, llena de los efluvios de la Divinidad, convierte a miles de personas de extrañas lenguas (30).

Con fe apasionada resiste las persecuciones de los fariseos. Ya no niega, ni teme. Tiene su misión y ha de cumplirla. Bautiza a los paganos, y cuando en Antioquía surge la cuestión de las supervivencias judaicas acepta el criterio de Pablo de Tarsis en acto de suprema modestia.

La tradición relata que después del concilio de Antioquía Pedro recorre el Asia Menor, predica en las orillas del Mar Negro, navega por el Mediterráneo y llega hasta la capital del Imperio.

Es el fundador de la iglesia romana, el primer vicario de Cristo en la Tierra y el primer pontífice de la Cristiandad.

Habla a todos con sencillez y claridad, y a nadie excluye del futuro reino. Los que tienen sed de justicia, los que lloran las afrentas de cada día, los que buscan una vida más pura y un ideal sublime al que servir, se unen alrededor de su persona.

Así se forma el primer contingente de mártires cristianos en Roma.

En medio de la persecución desatada por el emperador Nerón en julio del 64. Pedro escribe sus epístolas de consolación y de fe.

Según la tradición, también él vacila ante la prueba definitiva. Abandona Roma.

Pero a su paso le sale el Maestro. «Señor, ¿adonde vas?» «A ser crucificado de nuevo.»

Pedro comprende y regresa a la Ciudad Eterna, donde le espera, con la palma del martirio, la gloria suprema de su tránsito a la nueva vida prometida por Cristo.

De esta manera, la sangre vertida por el Apóstol en Roma, regó la temprana raíz nacida de la semilla que sembró su palabra, y la hizo crecer hasta convertirse en el frondoso árbol de la Iglesia de Cristo.

Por aquel acto de una trascendencia singular, el Príncipe de los Apóstoles vinculaba su jerarquía a la ciudad de los Césares, dándole su nuevo y más substancial primado: el de convertirse en la sede de los pontífices de la Catolicidad, guías espirituales, por voluntad divina, de los pueblos del Ecumene.

Porque con el sacrificio de aquel pescador, hecho a imitación del que sufrió su Maestro en el Gólgota, se desplomaban los muros de la orgu-llosa Roma del paganismo, para que por sus hendiduras pasara la luz de la Redención.

fuente

Invasion Musulmana a España La Conquista Arabe y su Influencia

Invasión Islámica a España
La Conquista Arabe y su Influencia – Al Andalus-

¿Qué supuso la civilización árabe en la Europa del siglo X? ¿Cuál fue su aportación cultural y científica? Un emporio llamado Córdoba: baños y bibliotecas.

En el siglo X Europa atravesaba uno de los momentos más oscuros de su historia. Hacía ya tiempo que el gran Imperio romano había sucumbido ante la invasión de los bárbaros.

En lugar del poderoso Imperio habían surgido muchos estados pequeños, fragmentados, que no gozaban de la seguridad, prosperidad y cultura de antaño.

Pero en el sudoeste de Europa apareció una brillante civilización que contrastaba con toda esta mediocridad.

Su centro estaba en Córdoba, que entonces era la ciudad más grande, más rica y más culta de Europa occidental.

Los viajeros que llegaban a ella se maravillaban ante sus calles principales, iluminadas y pavimentadas, un lujo desconocido en aquella época.

La ciudad era famosa por la arquitectura de sus edificios, por su población de medio millón de habitantes, y por sus trescientos baños públicos, setenta bibliotecas y numerosas librerías.

Todos los sabios de Europa reconocían el alto nivel intelectual y artístico de Córdoba, con la que sólo Bizancio podía compararse.

El rasgo más sobresaliente de la ciudad eran sus setecientas mezquitas.

Córdoba era en el siglo X la capital de la España musulmana.

mezquita arabe en cordoba

Interior de la mezquita de Córdoba, verdadera joya del arte árabe. El dominio de los musulmanes en el campo de la medicina, la agricultura y el comercio convirtió a España en uno de los países más prósperos de Europa.

La leyenda del conde Don Julián: Desde la caída del Imperio romano, del que era una provincia, la península ibérica había sufrido numerosas invasiones de los bárbaros, la más importante de las cuales fue la de los visigodos, que crearon una monarquía de casi dos siglos de duración.

A principios del siglo VIII, tropas árabes cruzaron el estrecho de Gibraltar y, después de la batalla de Guadalete, en que fueron derrotados los visigodos, invadieron la península.

Según la leyenda, la invasión tuvo su remoto origen en los amores prohibidos de don Rodrigo, último rey godo, y la hija del conde don Julián, influyente personaje de la Corte.

Éste, como venganza personal, habría alentado a los moros del norte de África a penetrar en territorio hispano y a poner fin a la monarquía visigoda. Aunque la historia del conde don Julián no hubiese sido verdadera, lo cierto es que los árabes se aprovecharon de la decadencia y de las luchas internas de los visigodos.

Las más importantes ciudades, Toledo y Sevilla, cayeron en seguida en su poder, y en el espacio de siete años (711-718) la mayor parte de la península estaba bajo su dominación. Los musulmanes se mantuvieron en España siete siglos: aunque la Reconquista comenzó en seguida (718), no se completó hasta 1492, bajo el reinado de los Reyes Católicos.

La invasión de los árabes, aunque repentina e inesperada, era una consecuencia natural de los deseos expansionistas del Imperio musulmán. A raíz de la muerte de Mahoma (632), los pueblos árabes, exaltados por su fe religiosa, habían extendido ampliamente sus fronteras. Atacando a todos sus vecinos, habían mermado el imperio bizantino y debilitado el persa.

En el transcurso de un siglo se apoderaron de Irak, Siria y Egipto y avanzaron por la costa del norte de África. Empujados por el deseo tanto de riquezas como de someter al infiel, según el precepto coránico, la invasión del decadente reino visigodo era sólo una cuestión de tiempo o de oportunidad.

Los musulmanes no pensaban detenerse en España. En el año 720 cruzaron los Pirineos y penetraron en el reino de los francos. Tomaron Narbona y saquearon los principales monasterios del sur de Francia. Pero en 732, en la batalla de Poitiers, cerca de Tours, fueron vencidos por Carlos Martel, príncipe franco.

ejercito musulman ataca españa

Ejército islámico preparados para atacar

Los historiadores consideraban esta derrota como la salvación de la ristiandad frente a la amenaza musulmana. ja. realidad es que las luchas en los Pirineos ontinuaron durante varias décadas. Solamente después de bastantes derrotas los musulmanes decidieron abandonar sus ambiciones de conquistar el reino franco.

Para la Europa cristiana fue más importante el fracaso de los musulmanes en el Este. En los años 717 y 718 atacaron Constantinopla y si el emperador bizantino, León Isaurio, no les hubiese rechazado, seguramente toda la Europa oriental habría caído en su poder, como más tarde ocurrió con los turcos otomanos.

A diferencia de los romanos, e incluso de los visigodos, los musulmanes fueron incapaces de crear un gobierno fuerte y centralizado que dominase a todos los pueblos ibéricos. Nunca pudieron someter por completo los núcleos de resistencia establecidos en el noroeste del país, que darían lugar a los reinos cristianos y a la Reconquista.

Los dominios árabes, que recibieron el nombre de Al-Andalus, carecían de fronteras fijas por el norte, y entre ellos y el territorio de Carlo-magno quedaba una extensa zona de nadie en la que los combates eran continuos. Carlomagno intentó por su parte someter a los musulmanes, pero desistió después de ser derrotado en Zaragoza en 778.

Los árabes tenían que enfrentarse también con los deseos de independencia de los gobernadores de las provincias extremas y con los rebeldes habitantes de las ciudades. Tales insurrecciones provocaron una serie de matanzas sangrientas. En 797 el gobernador de Toledo, creyendo que el pueblo le era hostil, celebró un banquete al que invitó a los huéspedes más representativos.

Cuando entraron en el patio del castillo, fueron decapitados. Poco tiempo después, los habitantes de un barrio entero de Córdoba —unas trescientas personas— fueron asesinados y sus casas destruidas.

En los primeros años de dominación musulmana, gran parte de las luchas no se debían a diferencias religiosas entre moros y cristianos, sino a las ansias de poder de los dirigentes locales. La religión no importaba demasiado; de hecho, se cambiaba con frecuencia de credo religioso para poder jurar fidelidad al nuevo dueño.

El Cid fue uno de los primeros caballeros castellanos que ayudaron a los reyes árabes: en su caso, el rey de Zaragoza, al que ayudó en numerosas empresas.

Las dificultades de los musulmanes para crear un estado organizado se vieron agravadas por las divisiones entre ellos. Surgió una fuerte rivalidad entre árabes y bereberes, tribu del norte de África que había sido convertida al Islam y había aportado grandes contingentes de hombres para la invasión de España.

releieve en madera arabes

Relieve en madera, en la catedral de Toledo, que representa la rendición de Granada, el último reino musulmán, en 1492. A la victoria cristiana siguió una ola de persecuciones y destrucción.

Esplendor del califato: Abderramán III emprendió la tarea de unificar y fortalecer el reino musulmán. Como primera medida proclamó la independencia del emirato de Córdoba —hasta entonces dependiente de Damasco— convirtiéndolo en califato. Los reyes cristianos habían logrado llegar en sus incursiones hasta los alrededores de la ciudad.

Gradualmente, Abderramán III recobró las provincias perdidas y penetró en los reinos cristianos de León y Navarra. Bajo sus sucesores y hasta finales del siglo X, el imperio musulmán en España alcanzó el máximo de su poderío.

La civilización árabe que floreció en este período, con centro en Córdoba, tenía su origen, en parte, en la tolerancia de los musulmanes con los pueblos sometidos. Aunque existia un estado de guerra permanente con los reinos del norte, los cristianos que vivían en la zona árabe disfrutaban de completa libertad religiosa.

El Islam ordenaba someter, pero no convertir, a los no creyentes. Los judíos, que habían sido muy perseguidos por los visigodos, pudieron vivir en paz bajo la dominación musulmana; fueron los mercaderes judíos quienes impulsaron el comercio de la España musulmana confiriéndole una gran prosperidad.

Pero tanto judíos como cristianos tenían que pagar fuertes tributos, sufrían de una cierta desigualdad ante la ley y eran considerados inferiores.

Los cristianos, por su parte, reconocían que los árabes habían creado una civilización más refinada que la suya propia. Las ciudades hispánicas, en franca decadencia con los visigodos, habían revivido. Existía un orden y una organización nuevos.

Los musulmanes eran mejores comerciantes, arquitectos, ingenieros y granjeros. Eran más cultos e instruidos. Los cristianos, incluso los reyes de los reinos del norte, se daban cuenta de todo esto.

La historia ha dejado constancia de que cuando los gobernantes cristianos necesitaban un cirujano, un arquitecto, un maestro de música o un sastre, lo pedían a Córdoba.

Pero estaban decididos a superar su inferioridad y reconquistar sus tierras. Este espíritu no estaba, sin embargo, muy extendido entre los cristianos que vivían en territorio musulmán. Muchos de ellos se convirtieron al Islam, recibiendo el nombre de «muladíes».

La distinción entre musulmanes hispánicos y de origen árabe fue siendo cada vez más difícil, debido sobre todo al elevado porcentaje de matrimonios mixtos que se daban en todos los niveles sociales. Incluso los nobles, y hasta los reyes cristianos, ofrecían sus hijas en matrimonio a los reyes musulmanes. Muchos cristianos, si bien no renegaron de su fe, adoptaron las costumbres árabes.

En el terreno del comercio existia una colaboración muy estrecha entre judíos, cristianos y musulmanes. Con el esfuerzo conjunto de todos ellos, la España musulmana llegó a ser una de las zonas más prósperas y más densamente pobladas de Europa.

La agricultura gozó de un gran desarrollo gracia nuevos métodos de regadío introducidos por los árabes, así como a los nuevos cultivos arroz, algodón, naranjas, albaricoques  y melocotones. Los árabes crearon una importante industria en al-Andalus, en la que destacaba principalmente la textil, de cueros y de cerámica. Su comercio llegó hasta la India y Asia central.

La enseñanza y la investigación alcanzaron niveles muy altos: los musulmanes fueron los introductores en Europa del pensamiento griego y del arte bizantino y persa.

La medicina y la ciencia estaban muy adelantadas respecto a otros países, y la educación tan extendida que una elevada proporción de españoles musulmanes sabían leer y escribir, hecho insólito en el resto de Europa.

Los reinos de Taifas: Sin embargo, a principios del siglo XI comenzó la decadencia del Imperio musulmán. Disputas intrascendentes entre los jefes rivales debilitaron la autoridad central, dando a los reyes cristianos la oportunidad que esperaban. En lugar de pagar sus tributos a los árabes, los cristianos empezaron a exigírselos a ellos.

El rey Altonso VI llego incluso a cobrar tributo a Sevilla, la ciudad más poderosa después del declive de Córdoba. En 1085 los cristianos reconquistaron Toledo, que ya nunca más volvió a estar en manos de los árabes.

La derrota les causó tal conmoción que resolvieron pedir ayuda a los almorávides, tribu de bereberes del norte de África. Estos no supieron restaurar la brillante civilización de sus predecesores árabes.

Miles de cristianos y judíos abandonaron al-Andalus huyendo de su fanática intolerancia. Más tarde, en 1146, otra tribu beréber, los almohades, procedente también del norte de África, acudió en ayuda de los almorávides, incapaces de resistir el empuje de los reyes cristianos. Los almohades convirtieron Sevilla en un importante centro cultural, pero no pudieron detener el avance de la Reconquista.

En 1212 Alfonso VIII les infligió una derrota decisiva en la batalla de las Navas de Tolosa. Con ello se desvanecieron todas las esperanzas de restablecer el imperio musulman en España. Al-Andalus se escindió en unos pequeños reinos llamados de «taifas».

La fuerza de los cristianos se había visto siempre mermada por las incesantes luchas internas. Pero en 1230, con la unión de León y Castilla, cobraron nuevas energías y lanzaron una gran ofensiva contra los árabes.

Rápidamente, Fernando III reconquistó Córdoba (1236), Valencia (1238), y Sevilla, después de un duro asedio (1248). Sólo quedaba un reino árabe, el de Granada.

Y aunque estaba obligado a pagar un pesado tributo a los cristianos, desarrolló una cultura y un arte excepcionales, cuya mejor muestra es la Alhambra. Igual que Córdoba y Sevilla anteriormente, se convirtió en un centro de comercio y de ciencia, atrayendo a numerosos sabios de Europa y de Oriente. Durante el reinado de los Reyes Católicos, Granada fue conquistada en 1492.

El gobierno de los cristianos no fue tan tolerante como el de los musulmanes.

Fernando e Isabel expulsaron a los judíos (1493) e intentaron convertir a los musulmanes al cristianismo.

Algunos lo hicieron, recibiendo el nombre de moriscos, pero la Inquisición recién establecida tenía como fin descubrir a aquellos cuya conversión no fuese sincera.

Los manuscritos árabes se quemaron públicamente; más tarde, Felipe II ordenó la destrucción de todos los baños públicos construidos por los árabes. Finalmente, en 1609 los moriscos que quedaban en el país, medio millón, fueron deportados en masa.

Se calcula que entre 1492 y 1609 unos tres millones de musulmanes fueron desterrados o ejecutados. La España cristiana no encontraba lugar para ellos.

La historia de los musulmanes en España tuvo un final poco glorioso. Sin embargo, Europa estaba en deuda con ellos por haber sido los transmisores de la filosofía griega y del arte y la ciencia orientales.

Los filósofos españoles, como Maimónides y Averroes, no sólo interpretaron y tradujeron las doctrinas de los clásicos, sino que las transmitieron a los sabios que acudían a Toledo o a Sevilla.

Muchos descubrimientos se conocieron en Europa gracias a los árabes, como el papel. Es probable que la numeración arábiga y el concepto de cero entrasen en Europa a través de España, aunque también pudo ser por Italia. Pero, sobre todo, los musulmanes crearon en España una civilización propia, de la que hoy perduran muchas cosas.

Realizaron grandes esfuerzos para crear belleza en todos los campos. La poesía y la música eran las bellas artes que más cultivaron. Introdujeron además el laúd y la guitarra oval. Gran parte de sus mezquitas y palacios han resistido el paso del tiempo como testimonios de un pasado lleno de riqueza y cultura.

Fuentes Consultada:
Protagonista de la Historia de Espasa-Calpe – Wikipedia – Artehistoria
La LLave del Saber – Pasado y Presente del Hombre Tomo I – Al Andalus – Ediciones Cisplatinas S.A.

Origen del Califato Omeya y Abasida Historia de las Dinastías Arabes

Origen del Califato Omeya y Abásida
Historia de las Dinastías Arabes

HISTORIA: Mahoma murió sin descendencia masculina y no dejó resuelta la fórmula política de su Estado ni la cuestión sucesoria. Su actuación esencial fue como enviado de Dios o profeta y este cargo no podía dejarse en legado.

Los jefes y gobernantes que le sucedieron tomaron el título de Califas o Sucesores, y el primero de ellos fue su suegro Abu-Bekr (padre de Aixa, esposa favorita de Mahoma) que había actuado inseparablemente del Profeta desde los días de la Héjira. Este primer sucesor era hombre de carácter recto y enérgico. Hizo desaparecer a nuevos profetas que habían surgido. Terminó la conquista de Arabia y derrotó a los bizantinos cerca de Jerusalén.

historia de mahoma

En 635, fue elegido para sucederle Omar. Bajo su gobierno se conquistó Siria, Persia, Egipto y parte del norte de África (Libia, Barca y Trípoli).

En Egipto aprovechó las rivalidades existentes entre diversos sectores de la población, principalmente entre los coptos y bizantinos (este aprovechamiento de circunstancias políticas propicias; fue el procedimiento al que frecuentemente recurrieron los sarracenos y puede explicar la rapidez y rotundidad de sus éxitos). Sólo encontraron resistencia seria en Alejandría, que fue sitiada, tomada tras un largo asedio, e incendiada, siendo pasto de las llamas su famosa biblioteca.

Los primeros cristianos fueron quienes denominaron bajo el apelativo de “sarracenos” a los árabes instalados,
en los comienzos, en las regiones que actualmente ocupan desde Siria hasta Arabia Saudí. También fueron llamados moros.

La expansión religiosa, política y geográfica del Islam se hizo a través de la guerra, conocida como jihad o guerra santa, con la excepcional fuerza combativa de los beduinos. A la muerte del profeta, el califa Omar –su sucesor– no encontró mejor remedio para acabar con las disputas interminables de aquellos nómades que lanzar a esos jinetes y camelleros al jihad.

Así fue como las tribus de beduinos realizaron las primeras conquistas. ¿Cómo eran aquellas jihad? Basta imaginar el andar de aquellos grupos reducidos, montados a caballo o camello, a través de enormes distancias, con sus convoyes, tiendas de piel de camello y de cabra, llevando su nueva fe como estandarte y su ancestral espíritu guerrero.

Golpeando como una lluvia incesante sobre las ciudades y pueblos sedentarios, hasta terminar dominándolos. La expansión se hizo, fundamentalmente, hacia el oeste. No hacia el norte, porque allí los desiertos fríos reemplazan a los desiertos cálidos y los camellos no podían resistir temperaturas tan bajas. Esa es la razón por la cual los árabes no triunfaron en el siglo VII en Asia Menor.

Con la sola excepción del Asia Menor, salvada por los bizantinos, los conquistadores árabes se apoderaron de todo Medio Oriente y se extendieron en forma rápida también hacia el oeste. Tan vertiginoso avance se debe, fundamentalmente, a tres razones: lo inesperado del ataque, el veloz ritmo que tuvieron las campañas militares, y un tipo de ataque destructor a partir del aislamiento de las ciudades atacadas hasta obligarlas a rendirse, una tras otra.

Pero no solo el éxito militar alcanza para explicar la rápida expansión árabe: la región atacada y sus ciudades, además, estaban entrando en una lenta decadencia. Habían perdido dinamismo y protagonismo histórico.

Lo que sí mantenía vigente al Medio Oriente era una  antigua afinidad religiosa y moral: creencias, mitos, costumbres.

Como la nueva fe que trajeron los conquistadores árabes se había forjado dentro del mismo marco, no les resultó extraña. Después de la derrota militar siguió entonces una rápida asimilación al Islamismo: la nueva religión puso a aquellas viejas ciudades de nuevo en vigencia, con las fuerza renovadas.

El califa Omar fue asesinado en 644 por un esclavo persa. Fue elegido para sucederle Otmán, de la familia de los omeyas, quien, en 656, fue asesinado en su propio domicilio por unos sediciosos.

En la época de los califas electivos, el tercer califa  fue un Omeya: Otmán (570-656),
rico comerciante de La Meca casado sucesivamente con dos hijas de Mahoma.

A Otmán sucedió Alí, primo y yerno de Mahoma. Había pretendido anteriormente su elección. Tuvo desde el principio la enemiga de los partidarios de Otmán, uno de cuyos parientes llamado Moawia (ó Muawiya) , que gobernaba Siria, se alzó con el país al par que Aixa, viuda de Mahoma, se sublevaba en Mesopotamia. Acudió a las armas Alí, y aunque apresó a la segunda y venció al primero, no pudo, merced a un ardid de los soldados enemigos, consumar su victoria.

 Tras un convenio en que se acordó un arbitraje, cuyo resultado amañó Moawia en su favor, tuvo Alí que abandonar su cargo y, asesinado poco después, quedo Moawia como califa (661). Moawia situó la capital en Damasco. Esta decisión no fue caprichosa, sino que tenía una clara finalidad política.

Con el califa Walid I, que reinó del 705 al 715, se llega a la cumbre del poder de la dinastía omeya.

A Walid I le sigue Sólimán (715-717), luego Omar II, luego Yazid II, Hisham (724-743) , Walid II, Yezid III y finalmente Meruán II.

SINTESIS: DINASTÍA O CALIFATO OMEYA:  La familia de los Omeyas, descendiente de un tío de Mahoma, se hizo dueña del califato entre los años 661 y 750.

ya para entonces, el islam había trascendido las fronteras de la Península Arábiga para extenderse en forma vertiginosa por todo el Medio Oriente y el oeste de África. Los omeyas residieron en Damasco (Siria), para poder vigilar mejor el sistema administrativo y financiero del gobierno.

Además, continuaron con la expansión (también llamada «guerra santa» o jihad) e incorporaron nuevas tierras al inmenso imperio. Una de sus grandes conquistas fue la Península Ibérica, adonde ingresaron en el año 711: después de vencer a los visigodos, se apoderaron de casi todo el territorio, excepto una pequeña porción en el extremo norte.

España se convertirá en un emirato dependiente del califa de Damasco.

Si bien debieron renunciar a la conquista de Bizancio (el «fuego griego» flotando sobre el agua incendió sus naves) y también del reino franco (Carlos Martel los expulsó en el 732 después de rechazarlos en Poitiers), los califas de Damasco reinaron desde el Atlántico hasta los confines de la China y de la India.

En cien años, la antigua comunidad de la ciudad de Medina había dado origen al más vasto imperio de la época. Claro que, y este es todo un detalle, en los países conquistados, la administración seguía en mano de los pueblos «indígenas», los escritos se redactaban en griego o en persa antiguo. Y el arte continuaba siendo de inspiración netamente helenística.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria1.jpg

LA DINASTIAS ABASIDA:

HISTORIA: Poco tiempo se mantuvo el extenso imperio formado por las conquistas de los sarracenos o moros, bajo el gobierno de un solo califa.  Como dijimos antes al omeya Walid I (705-715)  sucedió su hermano Solimán (715-717), hombre relajado y cruel, y a éste Omar II (717-720), que intentó dar unidad política y religiosa al heterogéneo imperio.

Poco tiempo despúes apareció en escena otro personaje, Abul-Abbas, biznieto de Abbas, tío del Profeta, el cual se sumó al partido de los descendientes de Alí, que se adjudicaban la legitimidad en la sucesión, y procediendo con actividad y energía logró destronar , vencer y dar muerte a Meruán II, proclamándose califa y ordenando el exterminio de toda la familia de los omeyas.

Un joven miembro de aquella familia llamado Abderramán logró escapar de la matanza y, tras andar algún tiempo errante por el África, pudo llegar a España y fundó en ella la dinastía omeya española.

Así en el año 755 el imperio se dividió en dos califatos, el de Occidente, que comprendía solamente España con su capital en Córdoba y el imperio sarraceno de Oriente, que abarcaba el norte de África y todos los países orientales y cuya capitalidad fue trasladada de Damasco a Bagdad.

El califa de Bagdad fue considerado generalmente como jefe del mundo islámico, fundando asi  la dinastía de los abasidas (de Abbas, su primer califa), el segundo de ellos se trasladó a Mesopotamia, y estableció la capital del imperio en Bagdad, como ya hemos dicho.

Pero los abasidas, en su oposición a todo cuanto pudiera recordar la actuación de los omeyas, volvieron a considerarse como jefes religiosos mezclando la religión con la política; el efecto de este sistema fue el de robustecer el poder despótico de los soberanos que actuaban como los antiguos reyes orientales.

Se implantaron algunas reformas como la de las postas oficiales, que en realidad vinieron a ser una red de información policial al servicio del monarca.

El primer califa fue Abul-Abbas (750-754), apodado el Saffah (el sanguinario, por las grandes matanzas que ordenó). A éste sucedió su hermano Almansur, que reinó hasta 775. Realizó importantes obras; implantó el árabe como idioma oficial; mejoró la economía del país, que alcanzó gran prosperidad y protegió las letras y ciencias, que florecieron en su reinado.

El más famoso de todos los califas de Bagdad fue Harún-ar-Raschid, que subió al trono en 786 y bajo su gobierno alcanzó su corte un inusitado esplendor. En Las Mil y una Noches podemos encontrar relatos y estampas de la vida que llevaba aquel monarca y el pueblo de su capital.

Era artista y magnánimo pero cometió grandes crueldades. Sostuvo campañas afortunadas con los bizantinos.

En su tiempo un rebelde llamado Edris, de la familia de Alí, fundó en Fez el reino independiente de los edrisitas y enviado para combatirle Ibrahim-Ben-Aglab, se sublevó en Túnez y estableció la dinastía de los aglabitas, con su capital en Keruán.

Muerto Harún-ar-Raschid en 809 se sucedieron numerosos califas en medio de sangrientos desórdenes y asesinatos. Abundaron las divergencias religiosas, y los musulmanes se dividieron en numerosas banderías.

Los califas, sintiéndose inseguros, se acogieron a la custodia de una guardia personal formada por mercenarios extranjeros que acabaron por adueñarse de la situación.

Las provincias fueron cayendo unas tras otras en poder de los turcos, hasta que en 1258 los mongoles, bajo el mando de Hulagu, un nieto de Gengis Kan, conquistaron el califato de Bagdad y derrocaron la dinastía de los turcos selyúcidas.

SINTESIS DE LA DINASTIA ABASIDA: A mediados del siglo VIII se produjo una gran conmoción en el mundo islámico, al pasar el califato a manos de la dinastía Abasida (750-945) después de una cruenta lucha. El estandarte negro reemplazó a partir de entonces al estandarte blanco de los omeyas, que de algún modo representaban a lo más puro de la descendencia árabe.

Con los abásidas, el eje político dejará de ser Damasco para pasar a ser Bagdad. El Islam se replegará un poco más sobre el este y abandonará un tanto la zona del Mediterráneo. Durante el mismo período se construyeron grandes ciudades como Samara (sobre el Tigris), Basora, que es un gran puerto, y El Cairo.

En tanto, Abderramán, único sobreviviente de la matanza de los Omeyas ordenada por los Abasidas, desembarcó en España en el 755 y logró hacer reconocer su autoridad.  Creó así un emirato, ahora dependiente de Bagdad.

En el año 929, Abderramán III, imitando el ejemplo de sus correligionarios de Túnez, adoptó el título de califa, instalando la capital del Califato en Córdoba. Durante ese siglo, España se convirtió en un polo cultural y literario que asombró a Europa, hasta entonces sumida casi en la barbarie.

La fuerte organización del Califato de Córdoba duró hasta el 1002, cuando se desmembró en una serie de reinos llamados de Taifas (banderías), lo que favoreció la marcha de la reconquista cristiana de España. Este largo proceso lo había iniciado aquel pequeño núcleo del norte que resistió la entrada de los árabes en el 711.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria4.jpg

ALGO MAS…
EL MUNDO ISLAMICO 500-800 d.C.

La administración de los omeyas
BAJO LOS CALIFAS omeyas (661-750), el Islam dominó la tercera parte del mundo antiguo, formando así el imperio más extenso jamás visto. Las fronteras permanecieron relativamente estables bajo la siguiente dinastía abasida (750-1258), cuando se incrementó el comercio a larga distancia y las condiciones pacíficas estimularon el crecimiento económico.

También hubo un deslumbrante florecimiento cultural que sintetizó con éxito muchos de los progresos de pueblos sometidos, incluidos los greco-romanos del Mediterráneo oriental y los persas de Irán. Se produjo un renacimiento en la construcción de magníficos edificios con artesanos talentosos y un nuevo desarrollo del saber.

Los palacios en medio del desierto, en Siria y Jordania, incorporaron baños y mosaicos en la mejor tradición greco-romana y fueron construidos por los descendientes directos de artesanos que habían gozado de la protección bizantina. Los eruditos y científicos islámicos copiaron y desarrollaron el trabajo de sus predecesores greco-romanos. En algunos aspectos, efectivamente, fueron los omeyas y abasidas, más que Bizancio o Europa occidental, los herederos de las artes y el saber de Grecia y Roma.

Con la ascensión de la dinastía abasida, hubo un cambio en la perspectiva cultural trasladándose desde el Mediterráneo hacia Mesopotamia y Persia. La capital omeya había sido Damasco, pero en el 766 los abasidas la trasladan a Bagdad.

Estratégicamente ubicada a orillas del Tigris, en la encrucijada de las principales rutas comerciales de Oriente y Occidente, Bagdad se convirtió en un poderoso símbolo del dominio abasida.

La Ciudad Circular, un complejo administrativo, tenía dobles defensas de ladrillos de barro con cuatro entradas en los puntos cardinales.

El califa ubicó su palacio en el centro de la Ciudad Circular; los funcionarios habitaban en un anillo de residencias, al interior de las murallas. Los mercados y la mayoría de la población se ubicaban afuera, alrededor del antiguo centro de Al Karkh.

Las mezquitas, los edificios más importantes del Islam, existían en todas los pueblos islámicos. A pesar de las variaciones, todas consistían en un patio y salón cubierto para oraciones con un mihrab, un nicho en la muralla, que indicaba la dirección de la oración, hacia La Meca.

Otra característica era el minarete, o torre, desde el cual todavía se hace el llamado a oración. Una de las mezquitas más grandes se construyó en España, en Córdoba, se comenzó en el 785 y era capaz de albergar a 5.500 fieles; sin embargo, la mayor de todas era la Gran Mezquita, erigida en Samarra, Irak, por el califa Al-Mutawak-kil en 849-850.

Aunque, probablemente, el más imponente de los antiguos edificios religiosos del Islam no es una de estas grandes mezquitas sino el santuario menor de la Cúpula de la Roca en Jerusalén, ricamente decorado con mosaicos de frutas, vino y árboles se consideraba idolátrico,representar figuras humanas y animales en un contexto religioso.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal de la Civilizacion Tomo II Editorial Biblioteca Hispania Ilustrada  – Los Sarracenos –
La Magia del Islam Historia de la Humanidad Para Principiantes  – Colección Biliken Cuadernillo Nº11

Firma Armisticio:Fin del Conflicto Egipto-Israel

Historia del Conflicto Egipto e Israel – Firma del Armisticio

En la fase inicial de la guerra árabe-israelí, los ejércitos de Egipto, TransJordania, Irak, Siria y el Líbano, junto a los irregulares del ejército de liberación árabe, ocuparon toda la zona de Palestina que no había sido asignada a Israel por la ONU.

La falta de disciplina de las fuerzas árabes y las discrepancias de sus dirigentes las perjudicaron a pesar de ser mucho más numerosas que los treinta mil defensores israelíes.

Los hombres y mujeres de Israel lucharon desesperadamente y (tras las primeras semanas) con armas suministradas por Francia, Checoslovaquia y simpatizantes particulares de todo el mundo. A principios de 1949, la nueva nación había expulsado a sus atacantes y empezaba a ganar terreno.

Entre febrero y julio, el mediador de la ONU, Ralph Bunche, negoció los armisticios de Israel y los Estados árabes. Israel mantuvo todos sus territorios conquistados, incluidos Galilea, la costa palestina (excepto la franja de Gaza, ocupada por Egipto) y el desierto de Negev.

Ralph Bunche obtiene el armisticio…

A mediados de noviembre de 1948, el Consejo de Seguridad dictó el 16 de noviembre una resolución en la que reiteraba su  insistencia de que las hostilidades a la guerra egipto-israel tenían que llegar a su fin.

De acuerdo con esas instrucciones, el doctor Bunche (imagen) llamó primero a representantes de Israel y Egipto a reunirse con él, para discutir los términos del armisticio, las líneas de demarcación y el retiro de las fuerzas.

Fue lo bastante sagaz para comprender desde luego que tenía que negociarse separadamente con cada Estado árabe, ya que no había suficiente unión entre ellos para hacer posible un acuerdo común.

A su turno se pidió a los demás Estados que hicieran planes para efectuar negociaciones similares.

En aquella zona de Palestina, situada fuera del espacio asignado a los judíos, existía poca dirección, y no se habían hecho intentos de organizar un gobierno propio.

Los ofrecimientos de cooperación del gobierno judío fueron terminantemente rechazados.

Sin embargo, en una reunión celebrada el 1° de diciembre de 1948, algunas de las personas más importantes habían declarado su deseo de unirse a Transjordania, solicitud a la que accedió inmediatamente el parlamento transjordano el cual, tras considerable demora por el arreglo de los detalles, anunció el 24 de abril de 1950 la unión que formaría ahora el Reino Hashemita de Jordania.

Otros Estados árabes negaron su reconocimiento a esa medida, tal como habían negado la existencia del gobierno provisional del Estado de Israel.

El portavoz del Supremo Comité Arabe, invitado a asistir a las reuniones del Consejo de Seguridad objetó que el Presidente del Consejo usara ese título y salió de la junta para no volver.

Todos los Estados árabes, que habían sido invitados a conferenciar con el mediador suplente y con los representantes israelíes, hicieron una pausa, esperando cada uno de ellos que otro diera el primer paso.

Fue un momento de espera cargado de creciente ansiedad. El turbulento año de 1948 llegaba a su fin.

El doctor Bunche había llamado primero a Egipto y éste acudió.

Envió una delegación a reunirse con los israelíes en la Isla de Rodas, en sesiones presididas por el mediador suplente. Fue aceptada la orden de cesar el fuego y las discusiones con Egipto comenzaron el 24 de enero de 1949.

Hubo mucha tirantez y formalidad al principio, pero gradualmente desaparecieron bajo la influencia de una labor común y de un director sagaz.

La tolerancia del doctor Bunche, su paciencia y comprensión, habían sido demostradas antes, pero ésta de ahora era su más difícil prueba.

Era capaz de emplear una sardónica agudeza cuando era necesario; tenía una claridad de visión que se rehusaba a ser confundida; por cargada que estuviera la atmósfera de desacuerdos, el extraordinario don de encontrar las palabras justas para hacer notar los detalles de concordia y evadir cuestiones que parecían ser irreconciliables.

El convenio de armisticio egipcio-israelí fue firmado el 24 de febrero de 1949.

Ya para entonces Jordania y Líbano estaban dispuestos a negociar. Siria vino después Irak  la Arabia Saudita indicaron que aceptarían las especificaciones presentadas por los demás.

Las líneas de demarcación eran más o menos las mismas que las de ocupación en ese momento, a las que se harían algunos ajustes más tarde. Se ferino una Comisión Mixta de Armisticio, con tres miembros por cada parte y figurando en ella el jefe de Estado Mayor de la Organización de Supervisión de la Tregua, meada por las Naciones Unidas.

Ya en julio pudo considerarse que el conflicto  real había terminado. Justo es recordar que el doctor Bunche recibió el Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento de lo que había realizado.

El conflicto continúa…Por múltiples razones, entre las que se cuentan el frustrado panarabismo, la intransigencia judía a perder un ápice de la tierra de sus antepasados, y los intereses petroleros de las potencias mundiales, la paz obtenida por Bunche resultó ser bastante precaria.

Una prolongada guerra, en ocasiones larvada y en otras manifiesta, se desencadenó entre los Estados árabes e Israel, nueva potencia mediterránea que, a pesar de muchas dificultades, merced a una ayuda masiva de las principales bancas mundiales, lograba consolidarse, a manera de islote rodeado de hostilidad permanente, en pleno centro del mundo árabe.  

El hecho de que la cuestión de los refugiados no se haya resuelto es de lamentarse profundamente.

Se ha convertido ahora en disputa política entre los Estados árabes y ya no es sólo una cuestión de lo que Israel podría o debería hacer por sí mismo.

La idea de un régimen internacional para Jerusalén no se ha llevado a cabo hasta ahora, la Legión Árabe ocupó la ciudad vieja y puso sitio a las fuerzas judías en la nueva.

Podemos preguntarnos cuál habría sido el efecto de este desafortunado problema, si los refugiados en el territorio va señalado para ser el Estado Árabe de Palestina, hubieran podido organizarse, mediante consultas y cooperación para establecerse y hacer florecer la tierra, como Israel lo ha hecho.

Por lo pronto, el panorama de lo que el Estado de Israel ha podido hacer con la tierra que le toe asignada bien puede ser juzgado por la historia como uno de los más valiosos e interesantes experimentos que se han llevado a cabo en un mundo cada vez más sobrepoblado.  

En octubre de 1956 los israelita desencadenaron una nueva ofensiva contra Egipto, que detallaremos luego, con motivo de la nacionalización del Canal de Suez, dispuesta por Nasser.

Diez años más tarde, en 1965-1966, los israelitas emprendieron tinas gigantescas obras de desviación del río Jordán, lo que motivó inquietud entre los Estados vecinos y, al finalizar la primavera de 1967, estallaba la crisis que significaría otro giro con relación al equilibrio de fuerzas existentes en el Mediterráneo oriental, y cuyos ejes neurálgicos serían, en lo estratégico, el Canal de Suez, y en lo económico, la eterna ambición del dominio del petróleo.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

Un Martir de la Paz en Oriente Conde Bernadotte Guerra Palestina-Israel

Un Mártir de la Paz en Oriente: El Conde Bernadotte

Un mártir de la paz:
En el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, precisamente a la entrada del Salón de Meditaciones, hay una placa en la pared con una inscripción que dice: A la memoria del conde Folke Bernadotte, mediador de las Naciones Unidas en Palestina. Apóstol de la paz, gran internacionalista y humanista, devoto y valeroso servidor de Las Naciones Unidas, que fue asesinado en Jerusalén el 17 de septiembre de 1948, mientras servía a las Naciones Unidas en la causa de la paz en Palestina”.

La elección del conde Bernadotte, de la familia real de Suecia, fue inspirada ya que su energía, su prudencia y su vigorosa diplomacia produjeron notables y prontos resultados.

Mediante un esfuerzo intenso, logró que se concertara una tregua de cuatro semanas para discutir mejor los términos que condujeran aun armisticio y a la paz definitiva. Los combates esporádicos finalmente se extinguieron y pudo decirse que la tregua había quedado establecida en julio.

Pero para hacer que toda una región llena de violentos trastornos volviera a un estado de pensamiento y acción normales, cuatro semanas resultaron insuficientes, y fue necesario procurar una prórroga.

Bernadotte vino en persona a informar al Consejo de Seguridad el 13 de julio. Alto, esbelto y rubio, con rasgos fisonómicos firmes, era un verdadero escandinavo, a pesar del hecho de que su antepasado francés, uno de los generales de Napoleón, había sido llamado por el pueblo sueco, en aquella era de confusión, para ocupar su trono.

Quienes trabajaron con él dieron testimonio del encanto personal del conde Bernadotte, de su ingenio, tolerancia y generosidad de espíritu. Anunció alegremente al Consejo que como cada lado lo acusaba de favoritismo hacia el otro, tenía la satisfacción de pensar que había llevado a cabo sus instrucciones con cierta justicia. Los árabes se rehusaban a prolongar la tregua porque decían que los judíos estaban importando combatientes, en contra de lo convenido.

Los judíos atacaron la política de Bernadotte, diciendo que significaba restringir a un Estado soberano la libre inmigración. No obstante, el mediador había logrado enviar convoyes de alimentos a los sitiados habitantes de Jerusalén, y trataba de reanudar el aprovisionamiento de agua, que había sido cortado. La Cruz Roja Internacional y la Liga de Asociaciones de la Cruz Roja le prestaron gran ayuda, pero necesitaba observadores de la tregua que estuvieran bajo su autoridad, aunque el gobierno israelí se rehusó a aceptar la presencia de ninguno que fuera británico. Pidió oficiales y  soldados suecos para que fueran observadores militares.

El Consejo había solicitado sugestiones “para adelantar el arreglo pacífico de la futura situación en Palestina”, sobre la que estaba haciendo un informe escrito. Pero recalcó con palabras conmovedoras que “mi firme opinión es que las Naciones Unidas no deberían permitir que la cuestión palestina se dirima en el campo de batalla… La firme y rápida intervención del Consejo de Seguridad en este momento, y la demostración de la inconfundible intención del Consejo, de dar todos los pasos necesarios para poner fin al conflicto, serán decisivas en la situación. Por el momento he hecho lo más que he podido y por ahora no puedo hacer más”.

Lo que siguió fue en verdad una tregua inestable, pero al menos no habla lucha violenta. El Consejo de Seguridad fue convocado el 18 de septiembre para escuchar la consternadora noticia de la muerte del conde Bernadotte. Fue muerto a balazos en el sector Katamon de Jerusalén, cuando entraba en automóvil a la ciudad, y con él murió también el coronel André Serot de la fuerza aérea francesa. Ellos dos fueron el séptimo y el octavo representante de las Naciones Unidas, que dieron sus vidas en cumplimiento de su deber, asesinados con imperdonable desprecio de lo que estaban tratando de realizar los nombres de todos ellos están en placas conmemorativas en el gran vestíbulo del edificio principal de las Naciones Unidas.

La filosofía del terrorismo es un misterio para la mente ordinaria. La muerte de Bernadotte fue una horrible revelación de la debilidad del gobierno israelí, que ni podía controlar a las bandas de forajidos, los irgunes y los sternistas, ni pudo poner después en manos de la justicia a los perpetradores de los asesinatos.

Tanto las Naciones Unidas como el gobierno de Suecia hicieron toda la presión posible, pero el gobierno israelí sostuvo que ésta era una cuestión interna. sin embargo, nunca llevó sus investigaciones a ninguna conclusión que se hiciera pública Los terroristas habían volado antes el Hotel Res David, de Jesuralén, sepultando entre sus escombros a funcionarios británicos, judíos y árabes por igual; se jactaban abiertamente de su participación en la matanza de los habitantes de Deir Yassen. Pero su intención probable, la de controlar el nuevo gobierno, fue afortunadamente frenada.

La labor del Conde Bernadotte continuó gracias a los efectivos esfuerzos de su ayudante, a quien había alabado grandemente ante el Consejo de Seguridad. Era el doctor Ralph Bunche, de la Universidad Howard en Washington. Rara vez ha caído un manto sobre hombros más capaces y dignos.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

Liga Árabe Contra el Estado de Israel Derechos Legales

Liga Árabe Contra el Estado de Israel

La cuenta de los días…

Uno de los poderosos argumentos presentados por los árabes era que las Naciones Unidas no tenían derecho legal para crear un nuevo Estado. Pero el Reino Unido, por la autoridad que le confería su mandato, había establecido el reino de Transjordania en 1921, dejando la dirección del mismo en las firmes manos del emir Abdullah, hijo del jerife Hussein, de La Meca, quien había cooperado Con Lawrence de Arabia en el levantamiento de los árabes contra Turquía y el Imperio Otomano. El derecho británico para hacerlo no había sido discutido.

En realidad, las Naciones Unidas estaban haciendo lo mismo ahora. Pero todos sabían que una cosa es aprobar una proposición y otra ponerla en ejecución. Los judíos estaban muy descontentos con lo que la Asamblea General les había concedido, ya que originalmente esperaban que se les diera toda la zona de la que Transjordania era ahora parte y se quejaban de que sólo estaban recibiendo la mitad de lo que quedaba.

Declararon que su “reconocimiento como Estado, la libre inmigración y una extensión determinada constituían un mínimo irreducible”, que habían aceptado, pero más allá del cual no irían. Como se aproximaba la fecha de la retirada y en vista del continuo y marcado desacuerdo, los Estados Unidos propusieron que se estableciera un fideicomiso temporal que sirviera de puente para el gobierno provisional, pero su proposición fue Furiosamente rechazada. El portavoz de los judíos la llamó “una repulsiva reversión de posiciones, una fatal capitulación”.

Anunció que el 14 de mayo comenzaría a funcionar un gobierno provisional judío, “en cooperación con los representantes de las Naciones Unidas en Palestina …““ Haremos cuanto podamos”, dijo, “para reducir al mínimo el caos creado por el presente gobierno y conservaremos, hasta donde lleguen nuestras fuerzas, los servicios públicos desatendidos por él…”

El gobierno judío esta la, además, dispuesto a cooperar con los Estados árabes vecinos y a celebrar tratados con ellos “para reforzar la paz en el mundo y adelantar el desarrollo de todos los países del Cercano Oriente”. Era una declaración atrevida hecha por un pueblo valeroso, frente a una oposición que era igualmente denodada.

Pudo haber manera de hacer el anuncio en lenguaje menos áspero, al referirse a un país que había sufrido mucho en su esfuerzo por hacer justicia a todos; pudo haberse expresado en tono más conciliatorio de aquellos que inevitablemente habrían de ser sus vecinos, pero el lado contrario tampoco tuvo ninguna moderación al replicar.

El representante de Egipto llamó a Warren Austin “el portavoz norteamericano de la Agencia judía en Palestina”. Pasó marzo y llegó abril. Habla una desesperada necesidad de apresurarse, pero al mismo tiempo una gran necesidad de deliberar cuidadosamente.

El Comité para Palestina enviaba informes cada vez más apremiantes, diciendo que la única manera de hacer ejecutar la decisión de división era usando una poderosa fuerza militar. No obstante, en el Consejo de Seguridad se afirmaba más y más la creencia de que el arreglo pacífico sería la solución y de que no era imposible.

Tal vez no se dijeron palabras más sabias que las del apacible comentario del doctor Tsiang, de China: “Quisiera que los árabes pudieran ver el acierto político que sería conceder un Estado independiente a los judíos».

Sólo quedaban dos meses, luego uno y se llevaba con ansiedad la cuenta de los días, a medida que iban transcurriendo, quedaban quince más, después diez, luego ocho. En cada una de las fronteras de la zona judía se encontraban desplegados sendos ejércitos de los cinco Estados vecinos: Egipto Irak, Transjordania, Siria y Líbano.

Todos los miembros de la Liga Árabe estaban acordes en decir que ayudarían a sus parientes palestinos, que huían de las ciudades judías a millares. Los judíos han insistido, y con justicia, según parece, en que esos fugitivos abandonaban sus hogares debido a las falsas alarmas provenientes de sus vecinos árabes, de que, como la guerra era inevitable, no tendrían merced a manos de los judíos.

El Consejo de Seguridad trataba desesperadamente de concertar una tregua, y la Comisión para Palestina envió un mensaje el 12 de mayo, diciendo que los árabes estaban de acuerdo, pero que los judíos no habían contestad. No es muy de dudarse que después de sus encuentros en el pasado. y ante las amenazas árabes para el futuro, no confiaran en las promesas de los adversarios.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

El Panarabismo

El Panarabismo: Historia de la Creación del Estado de Israel

Un panarabismo frustrado: La propuesta de la ONU no satisfizo a nadie, pero logró unir en un interés común a todos los países árabes.

Desde el primer momento, Egipto trató de ponerse al frente de esta comunidad de pueblos islámicos, un tanto heterogénea, por otra parte, con objeto de dirigir el viejo sueño del panarabismo.

Con todo, la situación política interna de Egipto en aquellos años no era demasiado sólida.

En octubre de 1951. Egipto denunció unilateralmente el Tratado anglo-egipcio de 1936; luego exigió la inmediata y total evacuación del país por los británicos.

Hasta julio de se sucedieron los motines, las huelgas y los sabotajes, así como los cambios en el gobierno.

El 23 de julio del mismo año, un golpe de Estado militar, con una junta presidida por el general Naguib, provocó la abdicación y la huida del rey Faruk, y en junio de 1953 era proclamada la República y anulada la antigua Constitución.

Medio año después se iniciaba la segunda fase de la revolución y el general Naguib era sustituido en sus funciones por Gamel Abdel Nasser, eminencia gris de la conjura, que quiso hacer representar a su país un papel de primer orden en el Cercano Oriente.

El credo de unidad árabe sostenido por Nasser queda manifiesto meridianamente en el siguiente apunte de su puño y letra: “Pero las luchas con que tuve que enfrentarme después del 23 de julio me cogieron por sorpresa. Los jefes habían realizado su misión.

Acabaron con las fuerzas de la opresión, destronaron al déspota y quedaron a la espera de la Marcha Sagrada hacia el Gran Objetivo. Sin embargo, tuvieron que esperar demasiado tiempo.

Llegaron las masas. ¡Pero fue diferente, eran los hechos en relación con los sueños! Llegaron las masas. Y lo hicieron batiéndose en grupos divididos. Se paró la Marcha Sagrada y el recuerdo de aquellos días está lleno de sombras y de maldad.

Fue entonces cuando me di cuenta, con dolor en mi corazón, de que no había acabado la misión de la vanguardia, sino que en realidad no hacía más que empezar.

Necesitábamos disciplina, pero sólo encontré anarquía.

Necesitábamos unidad, pero sólo encontré desunión.

Necesitábamos trabajar, pero sólo encontré indolencia y pereza.

Esa es la razón de nuestro slogan revolucionario: «Disciplina, Unidad y Trabajo».

Pero no estábamos preparados. Solicitamos la colaboración de los dirigentes de la opinión y de los hombres con experiencia y los resultados no correspondieron a nuestras esperanzas.

Si por aquellos días me hubieran preguntado cuál era mi deseo más ferviente, hubiera contestado, sin dudarlo ni un instante:

—    Oír a un egipcio, que dice una palabra amable a otro egipcio.

—    Ver a un egipcio que no se dedica a ridiculizar la opinión de otro egipcio.

—    Sentir que un egipcio ha abierto su corazón al perdón. al olvido y al amor de otro egipcio”.

¡Qué fácil es hablar a los instintos de la gente, pero qué difícil llegar hasta sus mentes!.

Todos los instintos son iguales; en cambio las mentes están sujetas a la diversidad y a la disparidad.

Los políticos egipcios, en el pasado, fueron lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de ello. Les gustaba dirigir sus palabras a los instintos, pero dejaban que sus mentes erraran por el desierto.

Nosotros podíamos haber hecho igual. Podríamos encender al pueblo con grandes palabras, con brillantes esce­nas imaginarias y que les llevaran a realizar hechos caóticos, que no exijan ninguna preparación, ningún plan.

Pero nada existe detrás de esos gritos.

Sin embargo, ésa no fue la misión para la que nos escogió el Destino.

El sueño del panarabismo no dejaba de ser el objeto permanente de la política egipcia.

En 1958, Siria se fusiona­ba con Egipto constituyendo ambos países la llamada República Árabe Unida, denominación que evidenciaba la finalidad perseguida; y aunque esta unión duró escasamente tres años, Egipto conservó oficialmente el nombre de RAU para que sirviera de núcleo catalizador en el futuro.

Pese a sus derrotas y fracasos, Nasser no cejó en sus intentos de lograr su idea panarabista. aspirando a dirigir el mundo Árabe yprocurando federarse las naciones vecinas o políticamente afines.

CAMAL ABDEL NASSER
(Egipto, 1918 – 1970)

El líder más popular del Medio Oriente. Panarabista y neutralista, creó una doctrina que se conoce como nasserismo. En 1937 ingresó en la Academia Militar y al año siguiente era ya subteniente. En 1940 sirvió en Alejandría y en el Sudán.

En 1942, ya capitán, se dedicó a la enseñanza en la Academia Militar. Fue entonces cuando Nasser empezó a organizar el movimiento de «Oficiales Libres» que derribaría a la monarquía del rey Faruk.

En 1948, Nasser lucha en la primera guerra árabe-israelí y es herido. La derrota egipcia aumenta el descontento de los jóvenes oficiales; en julio de 1952, el movimiento encabezado por Nasser destituye al rey Faruk y proclama en Egipto la República.

Por jerarquía militar, el general Muhámmad Naguib es elegido presidente y primer ministro, y Nasser ocupa el Ministerio del Interior y el cargo de viceprimer ministro.

En 1954, Naguib es separado de su cargo; Nasser es primer ministro y dos años después, presidente.
Adoptando una tercera posición —que se conoció como nasserismo—.

el nuevo régimen, esencialmente militar, trata de situarse en una posición intermedia entre el capitalismo y el comunismo, basándose en un nacionalismo radical. Internamente, Nasser realiza una reforma agraria y trata de nacionalizar la economía del país; los partidos políticos son disueltos.

En el plano internacional, su política se caracteriza por la no alineación con ninguna de las grandes potencias, aunque recibió ayuda tanto de los EE.UU. como de la U.R.S.S.

Siguiendo su política de nacionalizaciones, Nasser se incauta, en 1956, del Canal de Suez, medida que provoca la agresión británico-franco-israelí contra Egipto.

Militarmente derrotado, obtiene una victoria política: bajo presión de los EE.UU., los tres países ponen fin a la agresión, condenada por la ONU, y Egipto continúa en posesión del Canal de Suez. Victorioso, trata de realizar la unión de los pueblos cuya lengua oficial es el árabe.

Crea en 1958 la República Árabe Unida (RAU), que al principio englobaría a Egipto y Siria, y después al Yemen.

Pero una revolución estalla en Irak y los EE.UU intervienen en el Líbano para evitar que los nasseristas tomen el poder.

En Siria, por otra parte, una revolución rompe la unión del país con Egipto.

En 1962 Nasser emprende una campaña militar de ayuda al nuevo gobierno del Yemen, pero intervienen Arabia Saudita y los EE.UU., que cortan la ayuda alimentaria a Egipto, respaldado por la U.R.S.S. Del sueño de la RAU sólo queda el nombre.

En junio de 1967, después de la derrota frente a Israel en la «guerra de los 6 días», Nasser enfrenta la mayor crisis: con el ejército y la economía en mala situación, renuncia a la presidencia, para reasumirla 24 horas después.

Pero sus problemas continúan: las fuerzas israelíes ocupan territorios egipcios y el rearme del ejército acrecienta la dependencia de la ayuda económica y militar soviética. En setiembre de 1970, Nasser muere, víctima de un ataque cardíaco.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

Consecuencias de la Declaracion de Balfour

La Declaración Balfour y Sus Consecuencias:

Las estipulaciones del mandato de la Liga de las Naciones, finalmente establecido en 1922, habían reconocido la que llegó a llamarse Declaración Balfour, en la que el gobierno británico había anunciado a la Federación Sionista, el 2 de noviembre de 1917, que:

el gobierno de Su Majestad ve con agrado el establecimiento de un hogar nacional en Palestina, para el pueblo judío… entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”.

Los árabes protestaron inmediatamente, declarando que la ilimitada inmigración judía prontamente los empujaría fuera de su legitimo territorio, que sobrepasaría todos sus linderos propios y absorbería política y económicamente todo el Medio Oriente.

Tenemos un ilustrativo relato de esos tiempos en las Memorias de Sir Ronald Storrs,que fue nombrado gobernador militar de Jerusalén poco después de que esa ciudad fue quitada a los alemanes en la Primera Guerra Mundial.

El vio prontamente que el cumplimiento de la Declaración Balfour bien podía acarrear graves resultados.

Ha comentado en esas memorias el hecho de que la extensión del territorio en cuestión era pequeña, que los residentes árabes, en su generación, no contribuían mucho al bienestar de la sociedad en general y que en cambio los judíos, constructores y progresistas, prometían ser una clase muy diferente de ciudadanos.

“Sin embargo”, observó, “el problema de reconciliar sus derechos y querellas.., es capaz de convertirse en una obsesión, la que rara vez va acompañada de la templanza, la sobriedad y la justicia”.

Pero los esfuerzos hechos para resolver un problema, que ya en aquellos años de la posguerra, de 1918 y 1919, era desesperado, le parecían innecesariamente inadecuados; “no puede imputarse el monopolio del error a ninguna de las tres partes interesadas: los judíos, los árabes yios británicos”.

Añadió mucho después con sobria comprensión, “como tenedores de todos los recursos de la civilización moderna, les correspondía marcar un paso que los nativos de Palestina pudieran seguir…”.

El resultado acumulativo de sus combinados fracasos en Londres y Palestina fue una explosión tan tremenda que la mayor potencia del mundo, como se consideraba entonces a la Gran Bretaña, después de veinte años de intentos y experiencias, necesitó, en pleno tiempo de paz, un cuerpo de ejército dotado de toda clase de armas, para controlar “la población civil liberada”.

Todo esto de que escribió Sir Ronald es historia antigua ahora, ya que lo hizo antes de Hitler.

Pero ya se había lanzado en Palestina el terrible grito“echemos a los judíos al mar”.

Árabes y judíos: Desde la Primera Guerra Mundial, Inglaterra se había esforzado en cultivar la amistad de los árabes, con objeto de proporcionarse acceso a la fabulosa riqueza petrolífera del Cercano Oriente.

Aunque rivales, tanto las compañías explotadoras británicas como las norteamericanas se sentían unidas y solidarias ante el temor de que la Unión Soviética se adueñase de tan decisivo resorte de poder, favoreciendo a los nacionalistas árabes.

Los países islámicos aprovecharon las guerras y disensiones entre las grandes potencias mundiales, sea para rechazar su independencia o para afirmar sus posiciones económicas o estratégicas, y aunque era difícil lograr una unión entre todas ellas, no faltaron los intentos para conseguirlas.

En 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial, se fundaba en El Cairo la Liga Arabe, integrada por Egipto, Siria, Líbano, Arabia Saudita, Transjordania, Irak y el Yemen.

Cabe señalar que, durante la contienda, Líbano y Siria habían logrado emanciparse de la tutela francesa, reconociendo el gobierno de París la plena soberanía de ambos países en 1944 y 1946, respectivamente.

Incapaz de solucionar su promesa de crear el “Hogar Nacional” judío, formulada desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial, a satisfacción de árabes y judíos, Inglaterra sometió la cuestión a las Naciones Unidas, cuya Asamblea General trató de zafarse también de tan espinoso asunto, por el riesgo que entrañaba.

El problema fue transferido a una comisión de encuesta que,. en noviembre de 1947, formuló unas recomendaciones que no lograron. calmar los ánimos enardecidos de ambas partes.

La ONU había previsto la partición del territorio de Palestina en un estado judío y otro árabe, quedando internacionalizada la ciudad de Jerusalén.

LA PARTICIÓN DEL ESTADO:

El 29 de noviembre de 1947, luego de un exhaustivo debate, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la partición de Palestina sobre la base de un informe preparado por una Comisión Ad-Hoc. Esta resolución que a continuación se transcribe, estaba inserta en el contexto de un completo programa de desarrollo integrado para la zona.

181 (II) Futuro Gobierno de Palestina

  1. A) La Asamblea General
    Habiéndose reunido en período extraordinario de sesiones, a instancias de la Potencia mandataria, para constituir una Comisión Especial y darle instrucciones al efecto de preparar el examen por la Asamblea, en su segundo periodo ordinario de sesiones, de la cuestión del futuro gobierno de Palestina:

Habiéndose constituido una Comisión Especial y dado instrucciones a la misma para que investigue todas las cuestiones y asuntos pertinentes al problema de Palestina, y para que formule propuestas para la solución del problema; y

Habiéndose recibido y examinado el informe de la Comisión Especial (documento A/364) que contiene cierto número de recomendaciones unánimes y un plan de partición con unión económica aprobado por la mayoría de la Comisión Especial;

Considera que la actual situación de Palestina es susceptible de menoscabar el bienestar general y las relaciones amistosas entre las naciones;

Toma nota de la declaración hecha por la Potencia Mandataria de que proyecta llevar a cabo la evacuación de Palestina para el 1° de agosto de 1948;

Recomienda al Reino Unido, como Potencia Mandataria de Palestina, y a todos los demás Miembros de las Naciones Unidas, la aprobación y aplicación, respecto del futuro gobierno de Palestina, del Plan de Partición con Unión Económica expuesto más adelante;

Pide:

a) Que el Consejo de Seguridad adopte las medidas necesarias previstas en el Plan para la ejecución del mismo:

  1. b) Que el Consejo de Seguridad determine, en caso de que las cinunstancias lo exijan durante el período de transición, si la situación de Palestina constituye una amenaza contra la paz. Si decide que existe tal amenaza con objeto de preservar la paz y la seguridad internacional, el Consejo de Seguridad habrá de com­pletar la autorización dada por la Asamblea General adoptando medidascon arreglos a los Artículos 39 y 41 de la Carta, destinados a facultar a la Comisión de las Naciones Unidas, prevista esta resolución, para que ejerza en Palestina las funciones que le están asignadas por la presente resolución;
  2. c)  Que el Consejo de Seguridad considere como amena­za a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión, con arreglo al Artículo 39 de la Carta, toda tentativa encaminada a alterar por la fuerza al arreglo previsto por la presente resolución;
  3. d) Que el Consejo de Administración Fiduciaria sea informado de las responsabilidades que le incumben en virtud de este Plan; invita a todos los habitantes de Palestina a adoptar cuantas medidas sean necesarias por su parte para poner en práctica este Plan; exhorta a todos los Gobiernos y a todos los pueblos a que se abstengan de toda acción que pueda dificultar o dilatar la ejecución de estas recomendaciones; y Autoriza al Secretario General a reembolsar los gastos de viaje y subsistencias de los miembros de la comisión mencionada más adelante en el párrafo 1, sección B, parte 1, sobre la base ‘y la forma que juzgue más apropiadas a las circunstancias, y a proporcionar a la Comisión el personal necesario para ayudarla a desempeñar las funciones asignadas a la Comisión por la Asamblea General.
  4. B) La Asamblea General

Autoriza al Secretario General a consignar con cargo al Fondo de Operaciones, una cantidad de hasta 2.000.000 de dólares (EE.UU.), para los fines expuestos en el último párrafo de la resolución sobre el futuro Gobierno de Palestina.

128a sesión plenaria:

29 de noviembre de 1947: En su ciento vigésima octava sesión plenaria, celebrada el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General en conformidad con los términos de la resolución arriba expresada, eligió a los siguientes miembros para integrar la Comisión de las Naciones Unidas para Palestina:Bolivia, Checoslovaquia, Dinamarca, Panamá y Filipinas.

Un panarabismo frustrado: La propuesta de la ONU no satisfizo a nadie, pero logró unir en un interés común a todos los países árabes. Desde el primer momento, Egipto trató de ponerse al frente de esta comunidad de pueblos islámicos, un tanto heterogénea, por otra parte, con objeto de dirigir el viejo sueño del panarabismo. Con todo, la situación política interna de Egipto en aquellos años no era demasiado sólida.

En octubre de 1951. Egipto denunció unilateralmente el Tratado anglo-egipcio de 1936; luego exigió la inmediata y total evacuación del país por los británicos. Hasta julio de se sucedieron los motines, las huelgas y los sabotajes, así como los cambios en el gobierno. El 23 de julio del mismo año, un golpe de Estado militar, con una junta presidida por el general Naguib, provocó la abdicación y la huida del rey Faruk, y en junio de 1953 era proclamada la República y anulada la antigua Constitución. Medio año después se iniciaba la segunda fase de la revolución y el general Naguib era sustituido en sus funciones por Gamel Abdel Nasser, eminencia gris de la conjura, que quiso hacer representar a su país un papel de primer orden en el Cercano Oriente.

El credo de unidad árabe sostenido por Nasser queda manifiesto meridianamente en el siguiente apunte de su puño y letra: “Pero las luchas con que tuve que enfrentarme después del 23 de julio me cogieron por sorpresa. Los jefes habían realizado su misión. Acabaron con las fuerzas de la opresión, destronaron al déspota y quedaron a la espera de la Marcha Sagrada hacia el Gran Objetivo. Sin embargo, tuvieron que esperar demasiado tiempo.

Llegaron las masas. ¡Pero fue diferente, eran los hechos en relación con los sueños! Llegaron las masas. Y lo hicieron batiéndose en grupos divididos. Se paró la Marcha Sagrada y el recuerdo de aquellos días está lleno de sombras y de maldad.

Fue entonces cuando me di cuenta, con dolor en mi corazón, de que no había acabado la misión de la vanguardia, sino que en realidad no hacía más que empezar.

Necesitábamos disciplina, pero sólo encontré anarquía.

Necesitábamos unidad, pero sólo encontré desunión.

Necesitábamos trabajar, pero sólo encontré indolencia y pereza.

Esa es la razón de nuestro slogan revolucionario: «Disciplina, Unidad y Trabajo».

Pero no estábamos preparados. Solicitamos la colaboración de los dirigentes de la opinión y de los hombres con experiencia y los resultados no correspondieron a nuestras esperanzas.

Si por aquellos días me hubieran preguntado cuál era mi deseo más ferviente, hubiera contestado, sin dudarlo ni un instante:

—    Oír a un egipcio, que dice una palabra amable a otro egipcio.

—    Ver a un egipcio que no se dedica a ridiculizar la opinión de otro egipcio.

—    Sentir que un egipcio ha abierto su corazón al perdón. al olvido y al amor de otro egipcio”

¡Qué fácil es hablar a los instintos de la gente, pero qué difícil llegar hasta sus mentes! Todos los instintos son iguales; en cambio las mentes están sujetas a la diversidad y a la disparidad. Los políticos egipcios, en el pasado, fueron lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de ello. Les gustaba dirigir sus palabras a los instintos, pero dejaban que sus mentes erraran por el desierto.

Nosotros podíamos haber hecho igual. Podríamos encender al pueblo con grandes palabras, con brillantes esce­nas imaginarias y que les llevaran a realizar hechos caóticos, que no exijan ninguna preparación, ningún plan.

Pero nada existe detrás de esos gritos.

Sin embargo, ésa no fue la misión para la que nos escogió el Destino.

El sueño del panarabismo no dejaba de ser el objeto permanente de la política egipcia. En 1958, Siria se fusiona­ba con Egipto constituyendo ambos países la llamada República Árabe Unida, denominación que evidenciaba la finalidad perseguida; y aunque esta unión duró escasamente tres años, Egipto conservé oficialmente el nombre de RAU para que sirviera de núcleo catalizador en el futuro. Pese a sus derrotas y fracasos, Nasser no cejó en sus intentos de lograr su idea panarabista. aspirando a dirigir el mundo Árabe y procurando federarse las naciones vecinas o políticamente afines.

Israel, un Estado-problema El 14 de mayo, mientras continuaba el debate en la segunda sesión especial de la Asamblea General, cayó como un rayo una noticia: El Consejo Nacional Judío había proclamado la formación del Estado de Israel, con lo que entró de un salto en la historia contemporánea y en la opinión pública un nombre que no había sido usado frecuentemente en más de dos mil años.

La primera tarea del nuevo gobierno era reunir sus fuerzas y luchar por su vida. El nuevo Estado fue reconocido desde luego por el presidente Truman y casi inmediatamente después por la URSS. Se había roto la barricada y los ejércitos hostiles penetraban al territorio de Israel por todos lados. El Ministro de Relaciones Exteriores de Egipto envió un telegrama a las Naciones Unidas, diciendo que ya que el mandato había terminado, las fuerzas armadas egipcias habían entrado en Palestina para establecer la seguridad y el orden.

La Legión Árabe, que era el ejército de Transjordania, había entrado en Jerusalén y las fuerzas sirias y libanesas habían invadido las fronteras septentrionales de Israel. El ejército judío contaba con numerosos soldados oficiales que habían combatido bajo la bandera británica en la Segunda Guerra Mundial, pero el gobierno israelí no tenía experiencia en conducir una guerra efectiva. Tenia en cambio la firme unidad de todo su pueblo que lo respaldaba.

Pero cuando se llegó a la realidad de los hechos, sus adversarios estaban también en desventaja. La Legión Árabe era una fuerza verdaderamente efectiva,  adiestrada, armada y dotada de oficiales por los británicos, para que el reino de Transjordania pudiera defenderse de las incursiones con que las tribus nómadas beduinas amenazaban sus fronteras meridionales.

Pero en cuanto a lo demás, su superioridad numérica no los ponía en ventaja porque no tenían práctica para pelear aliados con otros ejércitos. Debido a ciertas diferencias entre ellos no había estrategia establecida ni común acuerdo acerca de las líneas de avance y la simultaneidad de los ataques.

Después de los primeros encuentros, en los que se dieron cuenta de los sorprendentemente bien adiestrados que estaban sus adversarios, hubo entre los jefes árabes cierto cambio de cálculos y de expectaciones.

Se había convenido en que la Legión Árabe fuera a atacar Jerusalén y a ocupa  cuanto sus tropas pudieran abarcar del Estado Árabe de Palestina. Sin embargo. debido a Falta de apoyo, esta maniobra no se llevó a cabo completamente. Aquel día en que termino el mandato, en que nació el Estado de Israel, toda Palestina cayó en un furioso caos, la Asamblea General había decidido, y había hecho bien al decidirlo, que un solo mediador con gran autoridad sería mejor que la Comisión, cuya función original había sido investigar aconsejaron la política que debía seguirse. El hombre que escogieron fue el conde Folke Bernadotte, de Suecia.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg