Arquitectura en el Renacimiento

Biografia de Paolo Caliari El Verones Pintor Renacentista

Biografia de Paolo Caliari «El Verones» Pintor Renacentista

Paolo Caliari, El Veronés: Nació en Verona en 1528 y murió en Venecia en 1588. Se le considera, al par que uno de los más grandes artistas italianos, el más arbitrario y paradójico de sus pintores.

Siguiendo las prestigiosas huellas dejadas por Giorgione y Tiziano, los pintores venecianos del siglo XVI ofrecieron una imagen poética y suntuosa de su ciudad, en este caso nos referimos a Paolo Caliari.

Hijo de un escultor, estuvo iniciado en este arte en su infancia, pero siendo su verdadera afición la pintura, a ella se dedicó, siendo sus maestros su tío Badile y Juan Carotto.

Aprendió el dibujo copiando estampas de Alberto Durero y Lucas de Leide. Muy joven aún, empezó a adquirir fama y a recibir encargos, y así pudo abrirse camino y llegar a Venecia a la edad de veinticinco años, precedido ya de renombre.

Con tal bagaje de referencias, y dotado de precocidad, pasó a Venecia, donde en 1553 realizó pinturas en el Palacio Ducal, en colaboración con Poncliino, un maestro mediocre.

El ambiente veneciano determinó en él rápidos avances en el color y la composición y en el afinamiento de su natural elegancia, bajo los estímulos del Tintoretto y, después, del arte de Tiziano.

Sus frescos en la iglesia de San Sebastián (1555) demuestran cómo había ya evolucionado su estilo, en el retrato y sobre todo en las grandes composiciones narrativas bíblicas, hasta llegar a su etapa más personal (alrededor de 1570), en la que produjo sus más famosas obras, como el Banquete en casa de Levt (hacia 1573), pintura que le enfrentó a la Inquisición y en la que aparece retratado.

De pocos años después (1582) es la obra de reducidas dimensiones que aquí se reproduce.

Corresponde a un momento en que el pintor prefería iluminar sus cuadros con una serena luz de media tarde, que favorecía la suprema elegancia de los indumentos femeninos, en correspondencia con la opulencia de los ambientes naturales en que situaba sus asuntos.

Por todas estas conquistas que supo agregar a su estilo y por su elegante naturalidad, El Veronés merece ser considerado como la ultima gran figura del esplendoroso período de madurez renacentista en la escuela pictórica de Venecia.

Formado en su patria bajo el maestro Antonio Badile, perteneciente a una familia de artistas que seguían una tradición artesanal, Paolo Caliari destacó pronto en Verona entre el grupo de jóvenes que seguían las directrices del «manierismo».

Biografia de Paolo Caliari El Verones Pintor
De una pomposidad elegante y de una desbordadora alegría, la pintura de Paolo figura en una de las tres cimas de la pintura veneciana, que correlativamente presiden las figuras de Bellini, Tiziano y la suya.
El se halla en el momento en que la Serenísima camina hacia el irremediable hundimiento del siglo XVII.
Por esta causa, su pintura sensual, brillante y gloriosa, pero sin nervio íntimo, es expresiva de este lento perecer de una sociedad en medio del perfume embriagador de las flores y de los vapores enloquecedores de las orgías.

Fue arbitrario y fantástico en la representación de los personajes que figuraban en sus lienzos, pero de una gran personalidad y robusto temperamento.

Interpretó la vida en sus más bellos aspectos y, precisamente, mirando a esta finalidad, no se cuidó de la exactitud histórica, incurriendo en anacronismos con tal de hacer su obra agradable.

El arte barroco del Veronés ofrece un ancho campo a la admiración. Los críticos le han tildado muchas veces de superficial, porque no hallaban en él, como en el Tintoretto, pongamos por caso, las torturas de un alma en busca de sus mayores incógnitas.

Sin embargo, su superficialidad radica en el hecho de que no quiere expresarnos nada intelectual, sino tan sólo el modo de embellecer y transfigurar la vida, en una pintura franca, comprensiva y abierta a todos los públicos.

Una pintura para exaltar la pura alegría de vivir, que se reconoce en la armonía de la composición y en el brillar de los colores, con entonaciones que el Veronés hizo únicas.

Tanto fué así, que jamás tuvo preocupaciones arqueológicas; cualquier tema bíblico fue motivo para desparramar sus luces de festín, enmarcadas por el formidable aparato de sus estructuras arquitectónicas.

Nacido en el seno de una familia artesana, pues su padre Gabriel era escuadrador de piedras, Paolo demostró muy pronto sus aptitudes artísticas, que se desarrollaron y afirmaron en el taller de dos pintores de segunda fila, Antonio Badile y Domingo Brasasorci.

Su pintura fue un reflejo de su carácter señorial, jovial y bondadoso, aunque entero y digno.

Su producción fue profusa, pues aunque usaba un convencionalismo bien notorio en sus composiciones, éstas gustaban, sin embargo, mucho, por su armonía y genialidad en la ejecución.

Entre sus muchas obras se cuentan las Bodas de Cana, de considerables dimensiones y en las que figuran ciento treinta y dos personajes, la Comida en casa de Simón, la Comida en casa del leproso y la Comida en casa del fariseo.

Establecido definitivamente en Venecia, la vida del Veronés es la vida de sus obras sucesivas.

De 1563 es la más famosa de sus cenas, La cena en casa de Leví, en la que brilló como nunca su capacidad escenográfica. También fueron notables, por lo que se sabe, los frescos de los palacios de Venecia, que luego destruyeron las emanaciones de los canales; de lo que debían ser, nos dan una muestra los frescos que pintó en Fanzolo, en Thiena, en Maser, en las villas de Tierra Firme.

Los encargos de la Serenísima llovieron sobre su persona. Después del incendio de 1576 pintó numerosas telas para el palacio ducal, junto con otros artistas, como el Tintoretto y Palma el Joven.

En este aspecto, lo más notable de su producción son las pinturas de la Sala del Consejo Mayor.

Siempre intentando mejorar su arte, ávido de las innovaciones, aunque firme y seguro en su personalidad creadora, el Veronés continuó trabajando en Venecia hasta su muerte, acaecida en esa ciudad el 9 de abril de 1588.

Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Cena a casa de Leví es una pintura de gran formato del pintor Paolo Caliari llamado Veronese de 1573, ubicada en la galería de la Academia de Venecia.

El proceso contra Veronese. Para la Inquisición, esta interpretación de la Ultima Cena apareció como demasiado libre y provocadora.

Con el fin de excusar sus libertades iconográficas (el pintor colocó en primer piano soldados alemanes, perros, enanos y un bufón sosteniendo un loro), Veronese dio esta célebre respuesta:

«Nosotros los pintores gozamos de las mismas licencias que los poetas y los locos. (…) recibí el encargo de decorar el cuadro según mi propio gusto. Como es grande, me pareció que podía contener numerosos personajes».

El problema se resolvió mediante un compromiso: al final del proceso, el artista debió cambiar el título del cuadro por La cena en casa de Levi.

Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Las bodas de Caná es una de las pinturas más famosas de la producción total del pintor italiano Paolo Veronese, conocido por Veronés
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Cena en casa de Simón
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
La conversión de María Magdalena es una pintura al óleo, una obra temprana del artista renacentista italiano con sede en Venecia
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
La familia de Darío antes de Alejandro es una pintura al óleo sobre lienzo de 1565-1570 .
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Venus y Marte es una pintura renacentista italiana de Paolo Veronese.

VENECIA DE LA ÉPOCA: A comienzos del siglo XVI, Venecia se encontraba rodeada de amenazas.

En 1508, Julio II consiguió alinear contra la ciudad a los reyes de Francia, España y Hungría, a los duques de Saboya, a la temible familia de los Habsburgo y a numerosas ciudades italianas, entre ellas, Florencia y Ferrara. También en el mar, Venecia vio su hegemonía disputada por turcos, españoles y portugueses.

A pesar de todo, la ciudad nunca fue tan rica, ni sus instituciones tan sólidas, ni su civilización tan resplandeciente.

A lo largo del siglo, la Serenísima tuvo un fuerte crecimiento industrial, volvió a adueñarse de sus tierras agrícolas y gozó de un extraordinario desarrollo artístico.

Los encargos del Estado, de la Iglesia y de las scuolai se multiplicaron y permitieron a muchos artistas, alejados del foco artístico romano, inventar nuevas soluciones pictóricas.

Fuente Consultada:
Cien Obras Maestras de la Pintura Bibilioetac Basica Salvat
Enciclopedia Electrónica ENCARTA de Microsoft
Historia Visual del Arte de Editorial Larousse

Biografia de Jacopo Tatti, Sansovino

Biografia de Jacopo Tatti, Sansovino

JACOPO TATTI, EL SANSOVINO (1486-1570): La tradición florentina de la escultura elegante, rítmica, dulce y serena, de la que Miguel Ángel se había apartado para poder plasmar toda la fuerza de su incomparable genio, se perpetuó, a través de Andrea Contucci, denominado el Sansovino por proceder de esta localidad del Arezzo, en la obra de su discípulo, el florentino Jacopo Tatti, que de su maestro recibió también el apodo de Sansovino.

Jacobo Tatti
Jacopo Tatti, el Sansovino

Pero en las esculturas de Tatti esta elegancia toscana se mezcla con los motivos pictóricos y con el especial matiz ticianesco que bebió en su patria de adopción.

El Sansovino II dio a la arquitectura color y a los relieves ese juego especial de luces y sombras propiamente pictórico.

No se libró por completo de la influencia de Miguel Ángel, el genio del siglo, y así en algunas de sus obras se acusan la ola de pasión y el rasgo enérgico de su gran compatriota. Pero incluso en estos momentos, el Sansovino interpreta Miguel Ángel en un sentido véneto, amable, desbordante y fluido.

Nacido en Florencia el 2 de julio de 1486, Jacopo Tatti ingresó todavía muy joven en el taller de Andrea Contucci, a quien probablemente siguió cuando se trasladó a Roma para cumplimentar diversos encargos (1503-1504).

Establecido en la gran ciudad pontificia, el Tatti experimentó allí la influencia miguelangeles-ca, como se demuestra en la mayor envergadura y en las formas cada vez más atléticas de sus composiciones y figuras.

De regreso a Florencia, a causa de una enfermedad contraída en Roma, fue distanciándose cada vez más de Andrea Contucci y de sus interpretaciones rafaelescas.

De 1511 a 1517, época de su nueva residencia en la ciudad del Arno, le domina la obsesión de Miguel Ángel y de la escultura helenística del tipo del Laocoonte que había contribuido a restaurar.

A este período pertenecen sus dos Santiagos y la Madona del Parto (1518), efectuada en Roma, grande, colosal e imponente. En Roma estuvo por segunda vez hasta 1527, cuando la ciudad fue saqueada por los imperiales. Como tantos otros artistas y personajes se refugió en Venecia. Pero para el Sansovino este cambio fue radical.

Establecióse definitivamente en la República de San Marcos, y allí, en la amistad con el Ticiano y el Aretino, transformó su estilo y le dotó de plena personalidad. Sus características de ritmo, elegancia y ondulación pictórica aparecen por vez primera en la Virgen con el Niño, relieve efectuado en 1534.

Desde entonces su arte se depura, alcanzando en cada obra un nuevo efecto de calma y de belleza, de esa serenidad clásica que fue su objetivo estético.

Su actividad abarcó todo el Véneto. Pero ya no sólo como escultor, sino principalmente como arquitecto.

Sus primeras tentativas, como la pequeña logia del campanile de Venecia, causaron admiración por la belleza de la línea arquitectónica y la maravillosa confección de las esculturas, relieves y motivos ornamentales (1537).

Desde este momento el Sansovino fue el arquitecto de moda, y él renovó el aspecto de la Venecia del siglo XVI. Construyó el proto de la basílica de San Marcos, reedificó varios templos, construyó la fachada del palacio de la Ceca, proyectó los planos del palacio Cornero y restauró numerosos edificios.

La fama de estas obras le mereció varios encargos de las cortes de Padua y Florencia. Trabajó también en Vicenza, en Pola, en Brescia… A Venecia acudían artistas y embajadores en solicitud de su consejo.

Murió el 27 de septiembre de 1570, en la misma Venecia a la que con sus esculturas y sus edificios había dado el aire triunfal, espléndido y arrogante que aun hoy posee.

Biografia de Pelli Cesar Arquitecto Sus Obras Civiles Resumen

Biografía de Pelli César Arquitecto – Lista de sus Obras

César Pelli, nació en Tucuman en 1926. Arquitecto. Radicado en los EE.UU., donde desarrolla su práctica profesional. Desde mediados de los años setenta, CP y su estudio se encuentran entre las firmas de arquitectura más acreditadas dentro del concierto internacional.

Su trabajo se caracteriza por la aceptación de preceptos universales que, sin olvidar la tradición moderna o particularidades locales, participan de una tendencia globalizadora de la disciplina en la cual los avances en la tecnología de la construcción tienen especial importancia.

pelli cesar arquitecto

Hoy en 2018, Pelli tiene 91 años, y se ha convertido en el arquitecto argentino más conocido del mundo. Su fama alcanzó el «cielo» cuando construyó las Torres Petronas en Kuala Lumpur, capital de Malasia. Estas torres gemelas fueron las más altas del mundo durante 5 años, entre 1998 y 2003. En ese entonces, Pelli ya llevaba varias décadas en EE.UU. y había construido una buena cantidad de edificios memorables, todos torres de cristal de formas atrayentes y notable elegancia.

Sobre su infancia dijo en una de sus entrevistas: «Tuve una infancia muy tranquila en Tucumán. Jugábamos en la vereda, en una plaza, y nadie se preocupaba…..A mi padre le gustaba mucho hacer cosas, tenía un muy buen ojo, pero gran influencia fue mi madre, que era educadora, siempre estaba muy cerca de ella.»

«Siendo joven no tenia la menor idea sobre arquitectura, en Tucumán casi no había arquitectos, todo era algo nuevo….cuando comencé la carrera, donde estudiabamos dibujo, planos, historia, arte, todo me pareció interesante y me sentí capacitado para profundizar y formarme…

Siempre dibujé bien, y académicamente me manejaba muy bien. Pero en los deportes era un desastre, nadie me quería en los equipos. Aunque nunca me sentí mal sobre eso, si no hacía deportes no importaba. Las chicas no me daban corte, me preocupaban un poco más, pero no tanto.»

César Pelli egresó de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Tucumán en 1950.

En 1951 ganó una beca de perfeccionamiento para complementar sus estudios en Illinois (EE.UU.). Entre 1952 y 1962 vivió y trabajó en Michigan para el estudio de Eero Saarinen; aquí, junto a Kevin Roche, contribuyó a elaborar el proyecto para la Trans World Airlines (T.W.A.) en el aeropuerto Kennedy de Nueva York.

Desde 1962 hasta principios de los setenta, se desempeñó para la oficina Daniel Mann, Johnson & Mendenhali, y para Víctor Gruen & Co.

Pertenecen a esta fase de trabajo el Pacific Design Centre, en Vancouver, Canadá; la Embajada de los Estados Unidos en Japón y los jardines de invierno en las Cataratas del Niágara.

Antes de comenzar su propia práctica en 1977, trabajó para firmas prestigiosas como Eero Saarinen and Associates, Daniel, Mann, Johnson, & Mendenhall y Gruen Associates. Su experiencia con esas firmas de arquitectura le dio el tiempo para perfeccionar su propio estilo. Con el tiempo, se hizo evidente que a Pelli le encantaba diseñar edificios que dependieran del vidrio y estructuras livianas

En el año 1977 es nombrado decano de la Universidad de Yale. Enseñó en muchos cursos e hizo contribuciones significativas a la arquitectura a través de la enseñanza. También ha escrito nueve libros importantes sobre arquitectura, incluido su ampliamente leído Observations for Young Architects, publicado en 1999.

También en 1977 se establece como profesional independiente, y se abre César Pelli & Co. La primera obra de magnitud de la firma fue ganada por concurso: la remodelación del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Desde esta encomienda hasta el presente la firma ha ido consolidándose como una oficina profesionalista sensible a los cambios de la tecnología, de los mercados y de las modas.

Pelli diseñó docenas de edificios en todo el mundo durante su carrera, incluidos el Pacific Design Center, World Financial Center, Petronas Towers y Connecticut Science Center. Una de sus obras más emblemáticas de César Pelli son las Torres Petronas en Kuala Lumpur una obra de ingeniería nunca vista.

A las obras ya mencionadas, se les agregan el concurso ganado para el World Financial Center y el W. F. C. Plaza, en N. Y. (1981-1987); y algunas notables propuestas para rascacielos: el Norwest Center en Minnesota, Minneapolis (1985-1989); el Yerba Buena Tower en San Francisco, California (1988-1992); el Miglin-Beitle Tower en Chicago, Illinois (1988); la Carnegie Hall Tower, en New York City (1987-1990) y las más recientes intervenciones internacionales que, como el edificio de oficinas en nuestro país o la Torre Petronas en Kuala-Lumpur, dejan el registro de una arquitectura de «firma».

En 1995, César Pelli recibió la medalla de oro en AIA (American Instituto of Architects), luego de más de cuarenta años de residencia en los EE.UU., en reconocimiento a toda una vida de trabajo y fue destacado como uno de los 10 arquitectos más influyentes en la vida de los Estados Unidos.

Su último trabajo con mas de 90 años fue una estación de transporte multimodal llamada Salesforce Transit Center que conecta 11 sistemas de tránsito urbanos, regionales y estatales de los Estados Unidos. Es uno de los poco edificios de su creación que tiene altura, lo innovador y llamativo de este gigante es que incluye un parque de 2,2 hectáreas en su terraza, un espacio verde que promete en convertirse en un verdadera plaza pública para el barrio a pesar de que está a más de 30 metros de la vereda.

obra de pelli cesar

Cesar Pelli ha diseñado innumerables edificios en todo el mundo.

Como se puede ver en la siguiente lista:

Obras y Proyectos Destacados

1974-1976 Embajada de Estados Unidos, Tokio;

1980-1984 Ampliación del MoMA, Nueva York;

1981-1988 World Financial Center, Nueva York;

1997-1998 Torres Petronas, Kuala Lumpur;

1994-1996 Edificio República, Buenos Aires;

1998-2001 Torre Bank Boston, Buenos Aires;

2005-2008 Torre Repsol YPF, Buenos Aires;

2004-2009 Torre de Cristal, Madrid;

2007-2011 Torre Iberdrola, Bilbao.

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torres petrona del arquitecto pelli

César Pelli es un arquitecto argentino-americano responsable del diseño de las Torres Petronas en Kuala Lumpur, Malasia. Pelli dijo una vez: «El deseo de alcanzar el cielo es muy profundo en la psique humana». Esa afirmación habla de la increíble carrera como arquitecto que construyó algunos de los edificios más altos del mundo.Su trabajo le ha valido numerosos premios y ha llevado una vida rica en el mundo de la arquitectura. En esta lección, vamos a aprender sobre su vida en lo que respecta a su carrera y logros.Uno de los elementos más espectaculares de este complejo es el puente, bautizado como Skybridge, que a 171 metros del nivel del suelo conecta los dos edificios en correspondencia con las plantas 41 y 42 de cada torre.

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edificio de pelli pacif center de los angeles

El Pacific Design Center terminado en 1975, el Pacific Design Center se encuentra en Los Ángeles. Pelli diseñó el edificio para tener un exterior de vidrio azul brillante. El sitio se utiliza para muchos propósitos de diseño, como salones de exposición de muebles y exposiciones. Para 2011, se agregó una sección verde y roja al diseño. Los colores, que traen a la mente los principios básicos de la vida, se remontan a la ideología del diseño de Pelli. Por ejemplo, Pelli dijo: «Creo que mis responsabilidades como arquitecto son diseñar el edificio más apropiado para el lugar. Cada lugar tiene una cultura y una función distintas, lo que para mí requiere una respuesta adecuada «. Pelli quiere que cada edificio sea funcional y estéticamente atractivo.

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obra de arquitectura de cesar pelli

El Centro Financiero Mundial en la ciudad de Nueva York se completó en 1988 por Pelli y sus asociados. El centro se compone de cuatro edificios modernos que son una característica importante del Bajo Manhattan. El World Financial Center fue el primero de muchos edificios que conformaron Battery City Park, el área de flanqueo alrededor del World Trade Center, que incluía las torres gemelas que fueron destruidas en los ataques terroristas de 2001.El diseño de Pelli tomó en cuenta las Torres Gemelas, y consideró que «… no solo estaban fuera de escala verticalmente, sino también fuera de escala en el plano». Ocupó varios bloques que estaban todos juntos «. Quería que los edificios desimularan la altura de las torres al crear cada torre un piso o dos más alto que el siguiente.

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cesar pelli, torre de sevilla

La Torre Pelli en Sevilla ó Torre de Sevilla: es un conjunto arquitectónico, referente cultural en la ciudad y motor económico de negocios, que además es un aliciente para el turismo, el comercio y el ocio. Se ha convertido en el edificio más alto de Andalucía, sus 178 metros acabaron con el reinado de las Torres de Hércules de Los Barrios (Cádiz), que tienen 126 metros de altura.

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obra de cesar pelli

El Centro BOK (Bank of Oklahoma) en Tulsa, Oklahoma es un estadio multiusos con capacidad para casi 20,000 asientos para deportes, conciertos y eventos masivos. El proyecto involucró la producción e instalación de varios miles de paneles de acero inoxidable, cada uno instalado en un marco ZEPPS, el bloque de construcción para curvas arquitectónicas complejas y las instalaciones altamente eficientes y precisas en arquitectura. El proyecto requirió 350,000 pies cuadrados de paneles de metal para exteriores.

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obra de cesar pelli torre banco boston

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Fuente Consultada:
Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Estilos, Obras, Biografías, Instituciones, Ciudades
De Liernur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando. Editorial

Precursores de la Arquitectura Moderna y sus Caracteristicas

Precursores de la Arquitectura Moderna Racionalista y sus Características

INICIADORES DE LA ARQUITECTURA MODERNA: Tres arquitectos europeos fallecidos entre 1965 y 1969 han efectuado con variadas técnicas y mediante realizaciones de distinto carácter una revolucionaria transformación de los conceptos arquitectónicos y urbanísticos en boga hasta comienzos del siglo XX, planteando alternativas a la ciudad tradicional y su modo de vida. Sus experiencias resultan plenamente transmisibles y su validez parece universal.

Pero la oposición con que frecuentemente tropezaron a lo largo de su carrera prosigue tras su muerte. Si unánimemente se reconocen sus méritos científicos y técnicos, la utilidad de sus métodos o la originalidad de sus creaciones, la aplicación práctica de todos ellos se ve obstaculizada po¡ la maraña de intereses económicos o la rutina administrativa.

Los precursores de la arquitectura moderna: Al estudiar las diversas tendencias que confluyen en la formación del movimiento moderno de la arquitectura, éstas se describen, generalmente, por su mayor facilidad de método, autónomamente y a través de sus maestros más destacados.

Racionalismo, organicismo, expresionismo, neoplasticismo, o también Gropius, Le Corbusier, Wright o Mies van der Rohe forman capítulos independientes en todos los tratados de arquitectura moderna.

Ello, a veces, puede sugerir o bien que aquellas experiencias surgen aisladas las unas de las otras, en el tiempo o en el espacio, o bien que su aparición se debe a las felices intuiciones o a las geniales intervenciones casuales de las grandes personalidades de la arquitectura.

Y ni una cosa ni otra son ciertas en realidad, pues es imposible aislar los movimientos arquitectónicos o tales personalidades creadoras del medio en que se han dado, ya sea en su aspecto cultural, ya sea en su aspecto economico.

En la sociedad industrial occidental los intercambios de influencias críticas y experiencias son tan intensos, que cualquier intento de individualizar con demasiada rigidez las fuentes o los productos de las diversas experiencias arquitectónicas contemporáneas es un intento fútil y vano.

En el mismo sentido, los llamados maestros, los «pioneros» (según expresión de Pevsner), han sido personalidades excepcionales capaces de reunir en sí mismas la formulación teórica más avanzada con la solución intuitiva más feliz, y constituyen la ilustración práctica más brillante y ajustada de lo que es la arquitectura moderna.

Sin embargo, así como es imposible imaginarse que si no hubiese existido Edison la humanidad estaría aún alumbrándose con luz de gas, así es descabellado pensar que sin un Le Corbusier no habría existido el racionalismo.

Los rasgos que caracterizan a la arquitectura moderna no responden al simple capricho de un grupo de arquitectos ávidos de innovaciones, sino que simplemente son el producto lógico e inevitable de las condiciones intelectuales, sociales y técnicas de nuestro tiempo.

La arquitectura moderna no debe interpretarse, pues, como una serie de nombres que protagonizan una serie más o menos conexa de acontecimientos o influencias, sino como el resultado de unas exigencias económicas, sociales o culturales sentidas a partir de un momento dado en países y ambientes diferentes, pero unidos por un mismo grado de desarrollo y por unos medios de comunicación cada vez más avanzados.

El Art Nouveau en el origen del funcionalismo: Un ejemplo claro de lo dicho anteriormente es la forma casi simultánea y muy coherente en que surgió en toda Europa el movimiento nacido en Gran Bretaña con el nombre de Art Nouveau, conocido luego en Francia como Modern Style y que luego también se denominaría Art Nouveau, como en Gran Bretaña.

Este movimiento tomó el nombre de Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Liberty en Italia y Modernismo en España.

«Aunque hoy sus atractivas formas recargadas, floreadas, naturalistas, puedan parecemos la antítesis del funcionalismo, es necesario considerar al Art Nouveau como la primera manifestación global de la arquitectura moderna, tras todo un siglo en que la arquitectura había perdido la brújula de la historia.

Mientras la técnica evolucionaba rápidamente, la arquitectura oficial se refugiaba en la construcción de pastiches que imitaban los estilos históricos. Fueron precisamente los ingenieros, expulsados con petulancia del campo del «arte» considerado exclusivo del arquitecto, los que actuaban de una manera más racional, lógica y, a la postre, más acorde con los presupuestos estéticos en gestación, en sus grandes construcciones.

El Art Nouveau tuvo, como dice Dorfles, «la luminosa intuición de la naturaleza del material que empleaba, el haber comprendido que con el hormigón y con el hierro se podían crear formas nuevas, formas derivadas, precisamente, de la funcionalidad de tales materiales y llenas de una singular poesía»

Víctor Horta, en Bruselas; P. H. Berlage, en Amsterdam; P. Behrens, en Munich; O. Wagner, J. Hoffman y J. M. Olbrich, en Viena; A. Gaudí y J. M. Doménech i Montaner, en Barcelona; Ch. R. Mackintosh, en Glasgow; H. Guimard, en París; etc., y, en cierta manera, L. Sullivan, en Chicago, adoptan los nuevos materiales constructivos y los nuevos procedimientos mecánicos para construir una arquitectura original que rompe con cualquier imitación de formas estilísticas pasadas.

Sin embargo, la intensa y brillante dedicación al estudio de las posibilidades que permitían los nuevos materiales, que era la principal virtud del Modernismo, se convirtió en su principal limitación al caer en el formalismo, en una búsqueda de la forma por la forma, quedando al margen de las nuevas funciones que la sociedad comenzaba a exigir de la arquitectura: la construcción a mayor escala, la edificación masiva de viviendas, etc., lo cual suponía el planteamiento radical de nuevas soluciones técnicas y formales.

Por eso fue un movimiento de breve duración, un movimiento de transición hacia el movimiento racionalista.

El racionalismo y sus creadores: El movimiento racionalista, que se desarrolla fundamentalmente durante el período comprendido entre las dos guerras mundiales, es el intento más importante de responder, mediante la adopción decidida de las teorías funcionalistas, a la pregunta de si es posible poner de acuerdo las exigencias artísticas con las necesidades prácticas y económicas.

Y el problema fundamental que aborda es el del divorcio entre arte y técnica, provocado por la llamada Revolución Industrial o, dicho de otra manera, la falta de adaptación del artista, del arquitecto, del diseñador o del artesano a los nuevos métodos de producción industrial.

Como dice L. Benévolo, «el artista, mecido en el sueño del genio y prendido en las redes de los prejuicios artísticos, llegaba a la «profesión» de la arquitectura sin una verdadera educación que le asegurara su independencia estética y económica. Su capacidad se limitaba sustancialmente a una serie de actividades independientes de la realidad de los materiales, de los procesos técnicos y de sus relaciones económicas. La falta de conexión con la vida de la comunidad lleva inevitablemente a esterilizar la actividad artística».

Y esto no sólo en el campo de la construcción de edificios o de ciudades. También en relación con el diseño industrial de objetos y utensilios de uso cotidiano, con el diseño gráfico, etc., existía este divorcio.

Cuando los imperativos del desarrollo del capitalismo fuerzan la necesidad de nuevos mercados para los productos industriales, surge una demanda de productos formalmente atrayentes, técnicamente correctos, económicos y producibles en grandes series.

El artista no está en condiciones de satisfacer esta demanda de la técnica por su inexperiencia para adaptar sus conceptos formales a los procesos prácticos de fabricación industrial.

La experiencia didáctica del Bauhaus y Walter Gropius:  Tras sus primeras creaciones antes de la Gran Guerra, como la fábrica Fagus de Alfeld an der Leine, en la que mostró sus preferencias por una arquitectura sencilla y lógica alejada de los estilos históricos, el berlinés Gropius fundó en 1919 la Bauhaus de Weimar -trasladada en 1925 a Dessau-, y cuya dirección abandonó en 1928.

 fábrica Fagus de Alfeld an der Leine

Fábrica Fagus de Alfeld an der Leine

Gropius dió respuesta más coherente, más completa y más importante a este problema la dio la escuela de arquitectura y diseño del Bauhaus fundada en 1919, en Alemania, por el arquitecto Walter Gropius. (abajo)

Walter Gropius

La enseñanza del Bauhaus insiste sobre todo en buscar la conjunción de la teoría y la práctica mediante el continuo contacto con la realidad del trabajo.

De esta manera, el nivel formal del trabajo del arquitecto o del diseñador no queda situado en una esfera independiente, origen de experiencias separadas de los intereses concretos de la sociedad, sino que se inserta decididamente en la actividad de la producción.

El trabajo artístico no tendrá ya como objetivo inventar formas nuevas porque sí, sino contribuir, por medio de estas formas, al enriquecimiento de la vida cotidiana de los hombres.

En este sentido el Bauhaus forma a sus alumnos en el conocimiento de las artes aplicadas, industriales y artesanales, produciendo paralela y realmente objetos y obras que no son concebidos como «obras de arte» singulares e irrepetibles, sino como obras producibles er; serie, industrialmente, y accesibles a toda la población.

Los presupuestos didácticos del Bauhaus, a pesar de haber desarrollado sus actividades pedagógicas y programáticas hacia los años veinte, siguen siendo plenamente válidos, aun cuando numerosas escuelas de arquitectura y diseño de nuestros días no los hayan todavía asimilado.

Walter Gropius dirigió la Escuela de Arquitectura de Harvard, en Estados Unidos, tras haber abandonado Alemania, a causa del nazismo. Pero, además de su importantísima actividad pedagógica, es uno de los grandes arquitectos del primer racionalismo, que alcanza sus más altas expresiones en la Fagus Werke, los edificios del Bauhaus y su rica producción americana.

mejores arquitectos

La Bauhaus: «La construcción completa es el objetivo final de las artes visuales… El arte no es una profesión; no hay ninguna diferencia esencial entre artista y artesano… Formamos una sola comunidad de artífices, arquitectos, escultores y pintores sin distinción de clase… Juntos concebimos y creamos el nuevo edificio del futuro que comprenderá arquitectura, escultura y pintura en una sola unidad, y que será levantado un dia hacia el cielo por las manos de millones de trabajadores.» (Del programa inicial de la Bauhaus.)

Entre sus aspectos característicos cabe destacar el trabajo en equipo y la colaboración de maestros creadores -Klee o Kandinsky entre los más conocidos-, la combinación de programas teóricos y prácticos, la producción de objetos en materiales variados (metal, madera, tejidos…) con destino a la industria, que pone a los alumnos en contacto directo con el trabajo.

Se produce una cooperación del artista con el mundo industrial a través de la formación artesanal, tratando no de inventar nuevas formas sino de modificar la vida humana a través de la forma, abarcando la habitación y su ambiente todo.

Desde las barriadas proyectadas en Alemania al dejar la Bauhaus, mostró Gropius un doble camino de soluciones: la distribución de las unidades de muchos pisos distanciadas entre sí, cuando la construcción es densa, y la prefabricación de los elementos particulares- que el arquitecto combinará libremente- para las viviendas unifamiliares.

En Inglaterra (1934-37) y luego en Estados Unidos, donde fue profesor de Harvard, más que sus proyectos y construcciones, hechos en colaboración con otros arquitectos, importa su labor aglutinadora de esfuerzos y su sentido de responsabilidad social, excluyente de la idea de genio individual.

Ludwig Mies van der Rohe: Nacido en Aquisgrán, formado en Berlín, director de la Bauhaus de 1930 a 1933, se trasladó a Estados Unidos, como Gropius, en 1937.

Fue otro gran pionero de lo que es la arquitectura de nuestro tiempo, tanto en su época europea, como en su numerosa y fundamental obra en Estados Unidos —también, como Gropius, emigró a este país a consecuencia de las dificultades de desarrollar su actividad en la Alemania nazi—, lleva a cabo un trabajo magistral mediante una arquitectura limpia, simple, donde la perfecta ordenación de la estructura produce una extraordinaria flexibilidad del espacio, no limitado sino modelado, dilatado por una hábil disposición de los elementos planos, paredes, techos y paramentos acristalados.

Ludwig Mies van der Rohe

Esta forma de concebir el espacio arquitectónico ya era evidente en una de sus más célebres y antiguas obras, como es el pabellón alemán de la Exposición Universal de Barcelona de 1929, y en otras muy importantes, como el Illinois Institute of Technology de Chicago o los imponentes rascacielos de Lake Shore Drive, también en Chicago.

Sus realizaciones en Europa muestran preocupación por los materiales y meticulosidad en la realización de los proyectos, que plantea con sencilla geometría, creando espacios limpios y elementales y ambientes continuos e ilimitados que nunca se cierran (Villa Tugendhat, de Brno, 1930).

Si sus ensayos europeos versan generalmente sobre edificios de una planta, en América logra los mayores éxitos en construcciones de rascacielos. Estos se caracterizan por un exterior formado a base de un elemento de calculadisimas nronorciones –generalmente un panel de acero y cristal– repetido a lo largo y ancho del mismo, y un interior organizado siempre de manera diversa e independiente.

En el Edificio Seagram de Nueva York (1956) crea además un espacio delantero que desvincula a aquél del agobiante trazado vial abriendo nuevas posibilidades urbanísticas, y realza la unidad volumétrica al utilizar bronce y vidrio atérmico marrón que eliminan el contraste cromático entre superficie y estructura; el mismo resultado consigue luego con materiales menos costosos: hierro negro y vidrio gris.

Edificio Seagram de Nueva York

Edificio Seagram de Nueva York

Su último edificio, la Galería Nacional de Berlín Oeste, es la culminación de otro de sus grandes temas: la gran sala, aislada tan solo por la estructura externa, en que los elementos constructivos son reducidos al máximo con paredes de vidrio.

Le Corbusier: Pero quizás el más famoso, el más conocido de todos los grandes arquitectos forjadores de la contemporánea renovación arquitectónica sea el suizo Ch. Edouard Jeanneret, conocido por Le Corbusier. Puede ser calificado como el teórico más ambicioso y revolucionario de la arquitectura contemporánea.

Sus planteamientos más grandiosos alcanzan a la construcción de la nueva ciudad que da satisfacción plena a las necesidades de la vida moderna.

Su proyecto (la Ville radieuse), perfeccionado a lo largo de su existencia, comprende largos edificios acoplados en ángulo recto, separados al menos 200 metros del más próximo; grandes autopistas cruzan el entramado urbano sobre columnas, preservando el terreno para los peatones; los centros fabriles, comerciales o administrativos se alzan en las cercanías, aislados.

Para el diseño de la vivienda, Le Corbusier parte también de premisas humanistas: las necesidades físicas, psíquicas y espirituales de la persona deben ser tenidas presentes al dar forma a cada uno de los elementos de su morada. En el límite del racionalismo propone la medida humana como base de toda construcción: el modulor.

Si en urbanismo sus ideas se hallan aún lejos de ser llevadas a la práctica con generalidad, la arquitectura del hormigón ha sido decisivamente influida por sus postulados.

le corbusier

Le Corbusier ha sido el protagonista de la divulgación de los programas e ideas generadoras del movimiento moderno. Sus tesis, a veces demasiado simplistas para el lector actual, son brillantes y sugestivas, y han servido para popularizar el movimiento y crear un lenguaje que es hoy común en muchos ámbitos.

El empleo audaz del hormigón armado en sus construcciones, interpretando la estructura como un «esqueleto», es su principal aportación: las columnas permanecen libres formando, en su conjunto, un esqueleto independiente de los muros, tanto exteriores como interiores.

De esta forma, el espacio interior del edificio se puede modelar a voluntad empleando tabiques de formas variadas, planos o curvos, lo que llama «plan libre» o «planta abierta».

El techo es plano, lo que permite incorporar, utilizar la cubierta del edificio como «terraza-jardín»; principios materializados en la Ville de Garches y en la Ville Saboye, en Poissy, Francia. Le Corbusier defiende que los elementos de la arquitectura actual deben ser reconocidos en los productos industriales: barcos, aviones, automóviles, y define la casa como «una maquina de habitar» que debe construirse en serie.

Su actividad como arquitecto, como escritor y como urbanista ha sido inagotable hasta nuestros días: La Ville Radieuse, modelo ideal de ciudad concebida como un conjunto de grandes bloques entre amplias zonas verdes; el «modulor», norma de medida o módulo constructivo, basado en las dimensiones de la figura humana en relación con el espacio en que habita; la «grille ciam» o malla geométrica, que emplea en la elaboración de esquemas de desarrollo urbano, etc., son conceptos que han sido ampliamente divulgados en sus escritos y, a veces, aplicados en sus obras de arquitectura o de urbanismo; el edificio de viviendas de la Unité d’habitation, en Marsella; Chandigard, nueva capital del Punjab en la India; el convento de la Tourette, cerca de Lyon, son algunas de sus más importantes obras.

vila savoye lecorbosier

modulor de le corbusier

El «modulor» de Le Corbusier (Ver:Proporciones Humanas, de Vitruvio)

Frank Lloyd Wright: Aunque corramos el peligro de esquematizar las cosas excesivamente, en la arquitectura contemporánea coexisten, a pesar de que sus presupuestos básicos pueden muy bien coincidir, dos tendencias diversas: una hacia lo racional y lo geométrico (ejemplificadas en gran parte en las obras de Gropius, Mies van derRohe y Le Corbusier), y otra que hace más hincapié en lo orgánico y que, en cierta manera, asume y expresa aspectos irracionales en el proceso creativo.

Frank Lloyd Wright debe citarse inevitablemente como la cuarta gran personalidad de la arquitectura moderna.

Durante su dilatada carrera arquitectónica ha sido un apasionado defensor de esta segunda tendencia, tanto a nivel propagandístico como a través de su obra arquitectónica.

Su rechazo de las formas rígidas y mecánicas, su desprecio de una excesiva estandarización y su búsqueda de formas en cierta manera acordes con las que se dan en el mundo natural, orgánico, serían las características más acusadas de su arquitectura, las cuales aparecen perfectamente demostradas, entre otras, en su famosa Falling Water (Casa de la Cascada), en BearRun, Pennsylvania; en su antigua casa Robie, en Chicago, o en la extraordinaria fábrica Johnson, en Racine, Wisconsin.

Fuentes Consultadas:
Función de la Arquitectura Moderna – Colección de Biblioteca Salvat «Grandes Temas» , Tomo 32
Maestros del Arte Aula Abierta Salvat Temas Claves Cuadernillo Nº5

Biografia de Le Corbusier y sus Obras Arquitectura Racionalista

Biografía de Le Corbusier y Sus Obras

De nombre Charles Edouard Jeanneret, más conocido por Le Corbusier, uno de los más importantes arquitectos del siglo XX, nació en La Chaux-de-Fonds, en la región suiza del Jura, el 6 de octubre de 1887. Estudió en escuelas de arte y diseñó su primera casa a los 17 años de edad. Fue fundador, con Ozenfant, de la escuela purista, derivada del cubismo (1919). Por entonces también había fundado la revista L’EspritNouveau y para escribir en ella adoptó el seudónimo de Le Corbusier. En un artículo planteó un nuevo concepto de vivienda: una casa moderna debía ser una «máquina de vivir» eficaz (1921).

le corbusier arquitecto francés

Era necesario crear una nueva arquitectura, y la ideó en torno a cinco claves: construcción sobre pilares, jardines en el techo, conformación libre de las plantas, ventanales continuos y libre formación de la fachada, dentro de un estricto orden geométrico. Estas reglas son la base del racionalismo arquitectónico. Creó también la fórmula del módulo. Aplicó estas teorías en la Ville Savoye, una de sus principales obras.

Dedicado a diseñar casas, más tarde se volcó al diseño urbanístico en París, Argel, Barcelona y Estocolmo. En Hacia una nueva arquitectura (1923) enunció los principios del urbanismo moderno. Entre sus creaciones arquitectónicas son famosos su Pabellón de Suiza en la Ciudad Universitaria de París y el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Su padre era un modesto pintor de cuadrantes de reloj y su madre, Marie Charlotte Amélie Perret, realizaba las tareas propias de ama de casa, aunque sentía una gran afición por la música. Durante su infancia, Charles Edouard llevó una vida sin incidentes especiales al igual que cualquier muchacho de su edad. Sólo destacó por su afición a la pintura, lo que hizo que a los catorce años sus padres le inscribieran en la École d’Art de su pueblo natal para aprender grabado y cincelado.

En 1906, para apredender sobre obras del pasado  nada mejor que el inevitable viaje a Italia , en donde admira las obras medievales y renacentistas de Florencia, Siena y Pisa. Luego viajó a Austria para estudiar la arquitectura de Adolf Loos, pero cuando Jeanneret conoce a Loos, éste está ocupado en la construcción del Palacio Steiner.

La búsqueda de la esencialidad de las formas y el abandono de cualquier elemento que significase superfluidad se reafirman en la mente de Jeanneret cuando éste, en 1908-1909, va a trabajar al estudio parisiense de Auguste Perret, el cual le adentra en la problemática de las estructuras de cemento armado.

También viaja a Berlín donde se adentra en los problemas que plantea la industrialización del diseño arquitectónico y profundiza en la idea de una arquitectura plenamente abocada al servicio de una sociedad mecanizada que precisa de la fabricación en serie de los productos para rebajar los costos y cumplimentar las demandas.

A pesar de que Le Corbusier admira la arquitectura del pasado, la estudia, la comprende y busca sus relaciones espaciales y funcionales, jamás se servirá de ella para formalizar sus concepciones. Los contactos directos con Loos, Perret y Behrens influyen en Jeanneret en cuanto a la praxis arquitectónica, pero quien en realidad incide en su planteamiento social de la arquitectura y en sus concepciones urbanísticas es Tony Garnier y, especialmente, su proyecto para Une cité industrielle.

Cuando estalla la primera guerra mundial, Le Corbusier abandona Francia y se instala de nuevo en La Chaux-de-Fonds, dedicándose a la enseñanza en la escuela a la que había asistido como alumno, hasta que en 1917 retorna a París, iniciando su etapa verdaderamente creadora.

En 1921 Le Corbusier decide instalarse por su propia cuenta y acude en ayuda de su primo Pierre Jeanneret, arquitecto titulado, que a partir de entonces firmará la mayoría de sus proyectos.

La primera obra de esta nueva etapa es el proyecto de la casa Citrohan. Casi al mismo tiempo que da término a la casa Citrohan, Le Corbusier se preocupa de otro proyecto que será su primera incursión en el campo de la urbanística: el diseño del plano de una ciudad contemporánea de tres millones de habitantes, que fue expuesto por primera vez en 1922 en el Salón de Otoño de París.

«La arquitectura —dice Le Corbusier— es el acertado juego, correcto y magnífico, de volúmenes reunidos bajo la luz; los cubos, los conos, las esferas, los cilindros o las pirámides son las grandes formas primarias que nos revela bien la luz.»

En 1925, en la Exposición Internacional de Artes Decorativas que se celebró en París, Le Corbusier tiene ocasión de presentar un modelo a escala natural de una de las células habitables que proyectó para la ciudad de tres millones de habitantes, los llamados inmueble-villa.

La Villa Savoye, en la que por primera vez Le Corbusier tiene la posibilidad de aplicar todos estos principios, está concebida como un paralelepípedo de base cuadrada y espacios muy amplios que se levanta sobre columnas y en el que el sol puede penetrar por los dos lados menores, abiertos por completo.

vila savoye lecorbosier

La Villa se puede considerar, además, como la plasmación de los criterios cubistas de espacio y tiempo: es por completo cambiante desde los puntos de vista del espectador, y para abarcarla, éste debe de fijar los máximos puntos de referencia posibles no sólo con respecto al espacio interior, sino con respecto a su entorno. En esta Villa, que intenta la máxima integración entre el hombre y la naturaleza.

Para el arquitecto, la urbanística de las ciudades debe basarse en el ambiente circundante de las mismas, en su paisaje y en su clima. El urbanista debe conjugar cartesianamente los medios y los elementos, que tienen que estar relacionados con la escala del hombre y con los naturales en una constante dialéctica.

La atrevida concepción de los nuevos planes urbanísticos para las ciudades sudamericanas y para Argel, que no se llevaron a cabo, se basan en un profundo análisis de las ciudades primitivas y en particular de las de la Galia romana, que estaban concebidas según el principio de previsión de las necesidades futuras: «El esquema de Argel —escribiría Le Corbusier en Manera de pensar la urbanística— expresa el urbanismo de una ciudad donde se encuentran, en un África renovada, la historia de dos civilizaciones, una topología difícil que ofrece los paisajes más extraordinarios, un ambiente geográfico que participa de dos continentes, un porvenir prodigioso y revela la seguridad que nace de la claridad de principios, la variedad y la adaptabilidad que son fruto de la feliz unión entre el hombre y la naturaleza, entre la realidad cotidiana y la elevación de la concepción.»

La actividad de Le Corbusier va en continuo aumento. En 1928 participa en la fundación del CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), celebrado en el castillo de La Sarraz, en Suiza, «El objetivo principal y la finalidad que aquí nos ha reunido —se decía en la acta de apertura del CIAM— es el ensamblar los diferentes elementos de la arquitectura actual en un todo armónico, y dar a la arquitectura un sentido real, social y económico.

En 1931, con el proyecto del albergue-refugio para el Ejército de Salvación en París, plantea por primera vez la regulación térmica a través de acondicionamientos de aire, y, en 1932, en el inmueble Ciarte de Ginebra, Le Corbusier realiza los primeros pisos dúplex.

En 1935, tras plantear dos años antes una propuesta urbanística para la remodelación del barrio marítimo de Barcelona, es invitado por Rockefeller para dar un ciclo de conferencias en los Estados Unidos, en las que plantea principalmente la problemática de los grandes rascacielos. La segunda guerra mundial merma un tanto la actividad práctica de Le Corbusier, que profundiza entonces en los problemas teóricos del urbanismo.

A diferencia de los módulos renacentistas en los que el hombre se consideraba un ser aislado en el cosmos, Le Corbusier crea, a partir de la estatura media del hombre con el brazo alzado, una serie ilimitada de posibles combinaciones que afectan desde las partes más pequeñas de una construcción hasta la relación de ésta con su entorno.

En la década central del siglo XX, Le Corbusier realiza numerosos proyectos (Unités d’habitation de Nantes y Berlín, pabellón Philips para la Expo de Bruselas, museo en Tokio, etc.), aunque su principal labor, que le ocupará desde 1956 a 1965, es la preparación de los planos y proyectos de la capital del Punjab, Chandigarh, al pie del Himalaya.

Con más de setenta años, Le Corbusier, que no ha abandonado la práctica de la escultura y la pintura, realiza como obras más notables el proyecto para la embajada de Francia en Basilea, el Visual-Arts Center de Cambridge, en Massachussets, que ha sido considerado como su testamento, el proyecto para un hospital de Venecia.

Le Corbusier, el arquitecto que había racionalizado los conceptos arquitectónicos tomando como base al hombre, murió en Cap Martin (Costa Azul) el 27 de agosto de 1965 al sufrir un ataque cardiaco durante un baño de mar.

VER: Biografia de Oscar Niemeyer, el Arquitecto de Brasilia

Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo III- Entrada: Le Corbusier “el racionalismo arquitectonico” – Editorial Planeta

 

Biografía de Bernini Lorenzo Artista del Barroco Italiano

Biografía de Bernini Lorenzo
Artista del Barroco

Juan  Lorenzo Bernini (1598-1680), artista italiano, una de las figuras más sobresalientes del barroco. Su actividad no se reducía a la escultura, también fue un gran arquitecto, pintor, dibujante y escenógrafo; concibió espectáculos de fuegos artificiales, realizó monumentos funerarios y fue autor teatral. Su arte es la quintaesencia de la energía y solidez del barroco en su apogeo. Su fama se extendió por toda Europa. En 1665, fue invitado por el rey Luis XIV, fue recibido con grandes honores en la corte de Francia.

En la Roma papal, amante del fasto y la magnificencia, fue a radicarse a principios de 1600, Pedro Bernini, escultor no exento de ciertas cualidades pero sin gran personalidad, como muchos artistas de su época. Había llevado consigo, desde Nápoles, a su hijo Juan Lorenzo, un niño cenceño e inquieto, de mirada vivaz e inteligente, nacido en esa ciudad en 1598.

Bernini Juan Lorenzo

Pedro fue su primer maestro, y el niño no lo defraudó. A los 10 años de edad, con mínima fuerza, esculpía ya en piedra, con habilidad sorprendente, figuras cuya originalidad anunciaban su genialidad futura. Más adelante, poseyendo sus manos mayor destreza, ejecutaba como lo había hecho a menudo su padre, refacciones de obras antiguas.

Empezaron a llegar los primeros encargos cuando el joven no tenía aún quince años: un busto del obispo Santoni (ahora en la iglesia de Santa Práxedes), un retrato del cardenal Mántova (en Santa María de Monserrat), y un delicioso grupo que reproducía la cabra Amaltea (Galería Borghese).

Inspirado, lleno de vida y sensibilidad, Juan Lorenzo no esculpía en el estilo frío y correcto de su maestro; buscaba más bien comprender el espíritu de aquellas esculturas griegas de la época helenista, que tantas veces había admirado en las colecciones del Vaticano. Suerte grande tuvo Bernini al ganarse, cuando tan sólo tenía diecisiete años, la confianza del cardenal Escipión Borghese, que deseaba enriquecer con estatuas el magnífico parque de su villa. Encargó a Juan Lorenzo y a su padre la ejecución de algunas obras de importancia.

Surgieron así el David, que data del año 1615, y el grupo Apolo y Dafne, terminado en 1624, que revelaron un artista vigoroso, de temperamento dramático y dispuesto a compenetrarse con cualquier tema. El papa Gregorio XV y su sobrino, el cardenal Ludovico Ludovisi, fueron sus segundos mecenas. Gracias a ellos Bernini ingresó en la orden de los Caballeros de Cristo, gozando de una importante asignación anual que le permitió vivir sin preocupaciones económicas.

Pero el período feliz de su vida empezó con el advenimiento de Urbano VIII al solio de San Pedro. Este pontífice, en 1624, le confió la ejecución del baldaquín de San Pedro, que resultó ser la obra más antiacadémica concebida por la mente de Bernini.

bernini

Busto del papa Urbano VIII realizado por el artista italiano Gian Lorenzo Bernini y que se conserva en la Galería Nacional de Arte Antiguo (Roma, Italia). Hábil estadista, Urbano VIII destacó también por su intensa actividad de mecenazgo artístico, de la que se benefició el propio Bernini.

En 1629 fue nombrado arquitecto de San Pedro. No tenía treinta años y, según sus biógrafos, nunca hasta ese momento se había ocupado de arquitectura ni de nada con ella relacionado.

Pero, dotado de esa multiplicidad de aptitudes característica de tantos artistas del Renacimiento, Bernini se convirtió en uno de los más grandes arquitectos de su época.

Los comienzos no fueron muy exitosos y los desencantos amargaron bastante al artista. Después de haber concluido el frente del palacio Barberini con gran satisfacción del interesado, quiso añadir sobre el pronaos del Panteón dos pabellones para las campanas, los cuales suscitaron muchas críticas…

Incurrió en otro error al querer colocar, en 1637, dos campanarios sobre él frente de San Pedro; éstos debieron ser derribados a causa de equivocaciones en los cálculos. Pero el artista tenía demasiado talento para que esos contratiempos juveniles pudieran detenerlo.

Las estatuas decorativas de la bóveda de San Pedro, los monumentos fúnebres en la misma basílica y en otras iglesias, las fuentes de las plazas romanas, concebidas con gran visión plástica y arquitectónica, demostraban bien a las claras que Bernini no sólo poseía la inspiración del escultor, sino también la del arquitecto.

Como artista al servicio del Sumo Pontífice, se esmere para satisfacer en todo a su alto protector, realizando dibujos, grabados para ilustrar los poemas de Urbano VIII, escenografías para los espectáculos teatrales de la corte.

En esos años se ejercitó en el dibujo de caricaturas, y escribió algunas comedias que desdichadamente desaparecieron.

Entretanto, su fama había cruzado los Alpes, y se le encargó esculpir bustos de ilustres personajes extranjeros. Entre ellos el de Carlos I, rey de Inglaterra (1637), y el del cardenal Richelieu (1642). Pero entre los más notables se cuenta el de Constanza Bonaretti (1625) y el del cardenal Escipión Borghese.

En el año 1644 falleció Urbano VIH. Sus restos fueron inhumados en San Pedro, en el mausoleo que Bernini había concebido para él, dos años antes: una tumba monumental, ornamentada con fantásticos motivos fúnebres, coronados por la efigie del Pontífice, según la inclinación que el artista manifestó siempre en el campo del arte funerario.

Muerto Urbano VIII, Juan Lorenzo quedó sin protector. Inocencio X prefirió a otros artistas y Bernini quedó alejado del Vaticano. Dolorido y humillado, se replegó sobre sí mismo y, por primera vez en su vida, buscó inspiración en sus penas íntimas, en su escondido y atormentado mundo interior.

Nació así la obra maestra, la obra más sincera de Bernini y que muchos consideran como el ejemplo más admirable de la escultura de estilo barroco: El éxtasis de Santa Teresa.

Inocencio X, emocionado por la expresión de dolor que brota de esa admirable obra, lo admitió nuevamente en el círculo de sus protegidos. Mucho más pródigos en obras de genio fueron los años que siguieron a la muerte de Inocencio X.

Desde 1657 a 1665, gracias a la benevolencia del papa Alejandro VII, el artista, maduro en años pero rico de inagotable fantasía, dedicóse a la Columnata de San Pedro a la que consagró siete años. A partir de 1657, su mayor interés fue crear una vista escenográfica que destacase el frente de la basílica.

Trabajó luego para ampliar el palacio pontificio del Quirinal, en la construcción del palacio Ghigi (ahora Odescalchi) en la Plaza de los Santos Apóstoles, y también en la erección de la famosa Escalera Real del Vaticano. Refaccionó asimismo la iglesia de la Asunción.

A pesar de esa enorme producción, no descuidó la escultura en mármol de numerosos monumentos funerarios, motivos para fuentes y varios bustos. Entre éstos es digno de mención el de Francisco I de Este y el de Luis XIV de Francia.

En 1665 fue llamado por el «Rey Sol», quien le encargó la construcción de la fachada del Louvre, pero la envidia cortesana hizo que esa obra nunca se llevara a cabo.

De regreso a Roma, en 1667, Bernini se dedicó a obras imponentes como la Cátedra de San Pedro y la estatua de la Beata Ludovica Albertoni. Fueron éstos los últimos destellos de su genio.

Bernini estaba agotado por la intensa actividad de toda una vida, a la que se sumaba la amarga decepción recibida en Francia.

En el año 1680, la parálisis inmovilizó su brazo derecho. Fue ése otro motivo de pena y desánimo,y pocos meses después falleció.

Su físico estaba gastado por la empresa gigantesca a la que se había entregado durante los 82 años de su existencia, pero su mente, hasta el último momento de su vida, se mantuvo lúcida y anhelante de sueños y fantasías.

Biografía de Murillo Bartolome Esteban Obra Artística

Biografía de Murillo Bartolomé Esteban

Bartolomé Esteban Murillo. — Nació en Sevilla el 31 de diciembre de 1617 y murió en la misma ciudad el 3 de abril de 1682.

Fue un pintor que supo idealizar los asuntos que representaba. Se distinguió por la naturalidad de expresión de sus figuras y por la delicada belleza cromática de que estaban revestidos sus lienzos.

Su producción fue muy copiosa, siendo conocidísimos por haber alcanzado gran difusión sus reproducciones, sus famosos San Antonio de Tadua y la  Concepción.

Murillo es el artista que mejor ha definido el tema de la Inmaculada Concepción, del que nos ofrece numerosas versiones que destacan por la gracia juvenil y el rostro amoroso de la Virgen y el vuelo de los ángeles que la rodean.

En el Museo del Prado se pueden contemplar algunos lienzos que tratan este tema.

Murillo Bartolome Esteban

A los 10 años Murillo demostraba una fuerte inclinación hacia la pintura; se entretenía a menudo dibujando con un trozo de carbón sobre las paredes, mientras que su tío, que presentía su genio, lo contemplaba con placer.Y a los 22 años, Bartolomé Esteban Murillo había adquirido un cierto renombre, siendo sus cuadros muy solicitados por los aficionados y comerciantes en telas, que disputábanselos, ofreciéndole grandes sumas.

En el siglo XVII, siglo de oro para las artes y las letras de España, Andalucía se convirtió en el centro comercial de la península ibérica, y gracias a su prosperidad, en poco tiempo desarrolló una tradición pictórica que habría de distinguir, en el campo artístico, a la bella tierra andaluza de las otras regiones españolas.

Surgieron así en Sevilla, en el espacio de algunos años, numerosas escuelas de artistas, que crearon un estilo «sevillano». Esta modalidad recibió, sin embargo, cierta influencia de la pintura flamenca e italiana.

En 1617 nació, precisamente en Sevilla, Bartolomé Esteban, que fue luego conocido bajo el nombre de Murillo, pintor que con el tiempo habría de convertirse en uno de los más célebres artistas de España.

Pronto agregó al nombre de Esteban, que era el de su padre, el de Murillo, ya que habiendo quedado huérfano a los 10 años fue criado por su tía Ana Murillo, mujer del cirujano Juan Lagares, que se preciaba de querer al pequeño Bartolomé como a un hijo propio.

El niño manifestó pronto sus aptitudes artísticas, y fue en razón de las mismas que ingresó al estudio de Juan Castillo, uno de los más grandes maestros de la pintura sevillana.

Fue allí donde el joven tuvo oportunidad de admirar las obras de Juan dé las Boelas, de Francisco Pacheco, profesor de Velázquez, y de Francisco Herrera. En 1639 su maestro abandonó Sevilla para establecerse en Cádiz, y Murillo pintó entonces para la célebre feria de su ciudad, cuadros de un arte tal que los compradores llegaron a disputárselos.

En un siglo en que para muchos pintores, tales como Velázquez, Bibera, Juan de las Boelas, Rubens, constituía un imperativo el atravesar Europa y dirigirse a Italia para estudiar allí los secretos de la pintura del Tintoretto, Caravaggio y Ticiano, Murillo permaneció en España.

Parece ser que tampoco se alejó de su Sevilla natal más que para efectuar, entre 1642 y 1644, un viaje a Madrid, adonde créese conoció a Velázquez.

Algunos ponen en duda dicha estada suya en la capital, pero fue allí verdaderamente donde conoció las obras de Ticiano, Rubens y Van Dyck; recorriendo, pues, y con un éxito similar, la ruta que le señalara Juan de las Boelas, el iniciador de la fusión de los dos caracteres principales de la pintura sevillana:  el misticismo y el naturalismo.

En Sevilla, en realidad, su formación artística no se realizó exclusivamente en la escuela de Castillo, sino también al contacto de la pintura italiana: el artista habría de dar más tarde prueba de su amplio conocimiento de la escuela florentina del siglo XVI.

Vuelto a su ciudad natal entre 1645 y 1646 desarrolló su estilo, como lo prueban las numerosas telas que pintó para el convento de San Francisco, que contienen escenas de la vida de San Diego.

Sus imágenes de ángeles y santos, tratadas con una expresiva dulzura, conquistaron para el pintor el favor del público, puesto que él haciase a través de las mismas, intérprete de los sentimientos religiosos de los españoles, suprimiendo en sus obras todo academismo sin significación y todo motivo hostil a una fe pura y sincera.

Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez, escribió en su Tratado «que el arte del pintor debe ser puesto al servicio de la Iglesia, ya que a menudo el arte ha obrado con mejores resultados en la conversión de las almas, que la palabra de los sacerdotes».

Es por ello que esta misma fe que hacía de Murillo un católico ferviente, dio una significación a su pintura, que tiene como temas la vida de los santos, sus éxtasis, visiones y milagros.

En las telas del convento de San Francisco, su expresión artística obtiene un clarobscuro esfumado que Murillo llega a equilibrar mediante una paleta cromática muy rica, de donde emergían los personajes como modelados con una dulzura extrema.

En 1652 pinta para el arzobispo de Sevilla la Concepción, y más tarde, en 1655, recibe del archidiácono de Carmona, Juan Federighi, un encargo de dos cuadros que representaran a San Isidoro y San Leandro para la sacristía de la catedral de la ciudad.

Abandonando su técnica habitual de presentar a los personajes mediante formas modestas y quietas, Murillo utilizó, para obtener recursos esculturales pujantes, todas las vibrantes manifestaciones del movimiento.

Durante esta época creció su renombre, y con el trabajo realizado en la catedral de Sevilla, su gloria quedó definitivamente consagrada. En su estudio numerosos alumnos comenzaron a copiar las obras del maestro.

Para honrar a San Antonio de Padua, el artista pintó en 1656 un cuadro de mayores dimensiones, donde el Niño Jesús se ve representado en el momento en que se aparece al santo.

El Divino Infante está rodeado por un halo de luz resplandeciente, que nos prueba la existencia de una pujante armonía cromática en el estilo del artista, y en la que parecen confirmarse las palabras de D’Annunzio: «El color es el esfuerzo de la materia por transformarse en luz.»

Las formas se relacionan más íntimamente con el tema, notándose una evolución en su estilo, al que confiere una dulzura que recuerda al Correggio.

Es durante este período cuando trabaja para las iglesias y conventos de su ciudad: para la Catedral, los Capuchinos, la Cofradía de Venerables religiosos, y de su pincel surgen numerosas obras, que constituyen actualmente el orgullo de los museos de toda Europa, tales como La adoración de los pastores, El éxtasis de San Francisco y La Virgen del Rosario, actualmente en el Louvre, siendo, sin lugar a dudas, uno de los mejores trabajos de estos años de fresca inspiración, el que representa a Jesús Niño y San Juan Bautista, tema predilecto del gran Leonardo.

La multiplicación de los panes, El sueño del patricio y Moisés golpeando la roca, son los testimonios más salientes de la serenidad del artista durante este período de su existencia, así como de la intensidad de su labor.

En 1670 Murillo recibió la visita de un enviado de Carlos II, que venía a comunicarle el deseo real de verlo instalado en la corte de Madrid; Bartolomé rehusó la invitación, y continuó trabajando en la ciudad de Sevilla, pintando telas para la capilla del Hospital de la Caridad.

 Murillo recurría también a veces a los elementos realistas que constituyeron una característica distintiva del arte español, los mismos elementos que en literatura produjeron él romance picaresco (género literario que refleja la vida y el ambiente popular de España). En estas pinturas encontramos una expresividad más vigorosa y un contraste más acentuado entre luces y sombras.

Este llamado al realismo ya había sido lanzado antes por Velázquez, que era un observador atento de las gentes de condición humilde; y por Caravaggio, que había contribuido poderosamente a la formación pictórica de Murillo: el maestro sevillano se incorporó así a la gran tradición del arte español, inspirado en El Greco, Zurbarán y Ribera.

En 1665 prosigue incansablemente su actividad, y compone para la iglesia de Santa María la Blanca, una Virgen Dolorosa, un San Juan Bautista y cuatro lunetas que se refieren a la fundación de Santa María la Mayor de Roma, las que se encuentran actualmente en el Prado de Madrid.

Allí, los personajes están fijados sobre la tela con una tonalidad más clara y plateada, que se adapta bien a la dulzura del modelo. Su estilo entra entonces en una etapa más madura, que los españoles definen de una manera expresiva con el término «cálida», en oposición a la pintura «fría» de su juventud, entonces sobrecargada con medias tintas esfumadas, que contrasta con la técnica vaporosa que adopta en su madurez. Este es el estilo que emplea cuando pinta uno de sus temas favoritos: la Virgen Inmaculada.

En 1680 se le encargó a Murillo decorar con frescos el convento de los Capuchinos en Cádiz; pero un día, atacado por enfermedad repentina, cayó de un andamiaje. Llevado inmediatamente a Sevilla recibió los primeros cuidados, pero en adelante su salud no volvió a restablecerse, y la vida del artista se extinguió lentamente.

En 1614, Felipe III colocó a España bajo la protección de la Purísima, y Murillo, pintor católico, reprodujo a menudo su figura, a la que viste con manto blanco y azul, coloca una luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas, situándola en medio de ángeles que resplandecen como visiones paradisíacas. La dulzura y la discreción son las características del artista, pero resulta vano buscar en su obra el lenguaje místico. En su fe representa a la Inmaculada Concepción con los rasgos de una bellísima gitana, y los ángeles que la rodean parécense a niños que retozan en las calles de la capital de Andalucía, llenos de vida y de salud.

Aun cuando llegó a disfrutar de una próspera situación, Murillo continuó consagrando su existencia al arte, su mujer y sus cuatro hijos.

En 1660 murió su gran compatriota Diego Velázquez, y Murillo tomó entonces el glorioso título de «primer pintor de España», convirtiéndose, en el mismo año, en presidente de la Academia de Pintura. Sin embargo, declinó inmediatamente ese honor. Cuando en 1670 Carlos II lo llamó a palacio para suceder a Velázquez, rechazó la invitación, prefiriendo permanecer en su Sevilla natal, entregado a la pintura de santos y vírgenes, en la nueva capilla del Hospital de la Caridad.

Entre tanto, había trabajado en la decoración de la catedral para las festividades de la canonización de San Fernando III, rey de Castilla. Entre sus últimas obras, aun cuando resulta imposible establecer orden cronológico, citaremos dos cuadros que representan a San Agustín, encontrándose uno en el Museo de Sevilla y otro en el Prado de Madrid; diferentes telas suyas hay en la iglesia del Hospital de los Padres Peregrinos y un retrato del canónigo Justino Nevé.

En 1680, mientras se hallaba pintando en el convento de los Capuchinos de Cádiz su obra El desposorio místico de Santa Catalina, Bartolomé cayó de un andamiaje, atacado por una repentina enfermedad, muriendo en el mismo año.

La producción artística de Murillo fue prodigiosa: 481 cuadros, sin contar las copias. La mayor parte de sus obras se encuentra en el Museo del Prado de Madrid (43 telas), pero ellas enriquecen también el museo de Sevilla, el Louvre de París, el museo de Leningrado. y en Italia la galería Pítti de Florencia, y el palacio Bianco de Genova, sin contar los decorados de las iglesias de Sevilla Cádiz.

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Bartolomé Esteban Murillo:  El desposorio místico de Santa Catalina. Pinacoteca del Vaticano (Roma).

Obra de Murillo Santa Rosa de Lima

Este lienzo, representa a santa Rosa de Lima, patrona de Perú, la primera religiosa latinoamericana canonizada. La santa aparece de rodillas ante el Niño Jesús con los brazos ligeramente abiertos en actitud de tierna admiración muy alejada de la teatralidad de otros artistas del barroco.

obra de murillo pintor español
El lienzo titulado La Sagrada Familia del pajarito (c. 1650, Museo del Prado, Madrid).Aún con una fuerte influencia tenebrista, en este cuadro se aprecia la dulzura y la sensibilidad en el tratamiento de los personajes y las situaciones característicos de este autor, especializado en temas religiosos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial CODEX – Biografía de Murillo Bartolomé Esteban

Arquitectura del Renacimiento y Sus Arquitectos

Arquitectura del Renacimiento – Arquitectos

El siglo XV trajo consigo un renovado gusto por el arte clásico; esta tendencia, que se mantuvo latente durante la Edad Media, se manifestó en Italia tanto en la literatura como en las artes decorativas.

El estilo románico tenía su punto de partida en el arte romano (la bóveda románica derivaba de un sistema ya empleado en Roma), y el gótico había sido siempre atemperado en la península, modificándose según los principios de ese equilibrio formal que caracteriza los monumentos clásicos.

El interés por la antigüedad griega y romana, se intensifica y disciplina en el curso del siglo XV  y llega a influir marcadamente sobre el nuevo estilo arquitectónico.

El Renacimiento es una creación típicamente italiana. Esto se explica si se considera que Italia había conservado el patrimonio clásico del que era heredera directa, y que durante todo el siglo XV, su riqueza artística no habría de franquear las fronteras alpinas. Pero en el curso del siglo XVI, gracias a numerosos grupos de arquitectos italianos, se difundiría en los países vecinos con un alcance sólo comparable al de la arquitectura gótica del siglo XIII.

En el curso de los siglos XV y XVI, nacen en Italia las señorías, y los papas se convierten en protectores de las artes, llamados mecenas.

Una manifestación del espíritu de aquella época la constituye la evolución de la arquitectura, que influye sobre toda la vida civil y crea sus obras maestras no sólo en el dominio de los monumentos religiosos, sino también en el sector de los edificios públicos y privados.

Esto tiene proyecciones tales, que en todas las ciudades nacen espléndidos palacios y, en la campaña, las casas de descanso.

No debe olvidarse que en el curso del Renacimiento se desarrolló en Italia la ciencia del urbanismo, es decir, de una arquitectura nacional en el recinto urbano, según el plan general y el ordenamiento de la ciudad.

El Renacimiento recurre al arte antiguo en busca de elementos arquitectónicos, de concepciones planimétricas, de principios sobre las proporciones y los sistemas de construcción.

Sin embargo, la arquitectura del Renacimiento no es una mera imitación de la que se desarrolló en la antigüedad. Los arquitectos, teniendo en cuenta los viejos modelos, los transforman a la luz de un ideal estético que les es propio.

En el lenguaje artístico Florencia sufrió radicales transformaciones a partir  del siglo XV por obra de unos cuantos artistas, cuyo número y calidad resultan sobresalientes en la Historia del Arte. En el primer tercio del siglo el arquitecto Brunelleschi, el escultor Donatello y el pintor Masaccio desplegaron una actividad que sirvió de base y punto de partida para ulteriores desarrollos en Florencia y en otras ciudades de Italia a partir del segundo tercio del siglo y para la progresiva difusión e implantación del nuevo estilo en el resto de Europa occidental, con los naturales matices e incluso importantes diferencias por razones geográficas y cronológicas.

En sus inicios, el arte que denominamos renacentista tuvo como característica común su preocupación por el hombre, entendido como ser individual y libre, y por el espacio que le rodea.

En el siglo XV aparece una nueva concepción arquitectónica que subsiste aún en nuestros días. A diferencia de los constructores de los períodos románico y gótico, el arquitecto del Renacimiento no sale de entre los albañiles y escultores.

Es un hombre de formación más teórica que práctica; a menudo, proviene de otras ramas del arte, y sólo se consagra a la arquitectura de tiempo en tiempo.

Él dibuja los planos del edificio y, en la mayoría de los casos, encarga a otros la realización de los mismos. Ello explica que el aporte del Renacimiento sea no de orden constructivo, como en el románico y el gótico, sino puramente estético.

Si apartamos la común derivación de la arquitectura clásica, las creaciones del Renacimiento se presentan bajo tantos aspectos como, arquitectos han trabajado en ellas.

Este fenómeno se explica por la preparación misma del arquitecto de este período, quien, en razón de su cultura, no podía limitarse a reconstruir un modelo ya existente, sino que aspiraba a distinguirse imponiendo a su obra el sello de su personalidad.

Desde el punto de vista del estilo, conviene dividir el Renacimiento italiano en dos períodos bien distintos: en el primero, que comprende todas las manifestaciones arquitectónicas del siglo XV, los elementos clásicos son interpretados con una armonía, simplicidad y elegancia que no se repetirán en el segundo, es decir, el que corresponde al siglo XVI, durante el cual la arquitectura buscará efectos monumentales y espectaculares.

Durante el siglo XV predomina y se difunde por toda Italia la tendencia marcada por los artistas florentinos; éstos siguen las enseñanzas de Felipe Brunelleschi y León Bautista Alberti. En el curso del siglo XVI, las directivas estéticas serán impartidas por los arquitectos de Roma.

cupula brunesllechi

La cúpula de Santa María de las Flores es un milagro de la arquitectura, pues el equilibrio de esta obra gigantesca es obtenido sin ninguna armazón, gracias al simple y perfecto enlace de los dos casquetes. El proyecto inicial es obra de Lorenzo Ghiberti y de Felipe Brunelleschi, pero es a este último a quien corresponde él mérito de la realización.

El siglo XV se inaugura con los trabajos del artista y escultor Brunelleschi (1377-1446).

Si la prodigiosa cúpula de Santa María de las Flores, inspirada en la cúpula clásica del Panteón, nos lo revela aún entusiasmado con el verticalismo gótico, sus obras ulteriores prueban, de manera incontestable, que su nueva modalidad es típicamente latina.

A la cúpula florentina sucede la iglesia de San Lorenzo, con una nave techada y las naves laterales terminadas en crucero.

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Iglesia de Santa María de Novella en Florencia

Leon Battista Alberti (1404-1472), arquitecto y escritor italiano, fue el primer teórico del arte del renacimiento, y uno de los primeros en emplear los órdenes clásicos de la arquitectura romana.Alberti nació en Génova el 14 de febrero de 1404. Hijo de un noble florentino, recibió una educación acorde con su clase social, primero en la escuela de Barsizia (Padua) y luego en la Universidad de Bolonia. Allí estudió griego, matemáticas y ciencias naturales. Como poeta, filósofo y organista —uno de los mejores de su tiempo— ejerció una gran influencia entre sus contemporáneos. En 1432 fue nombrado secretario del papa Eugenio IV.

Vienen luego, en orden cronológico, la Sagrestiú vecchia, que responde a un plano cuadrado con teche en cúpula, y la galería del Hospital de los Inocentes, financiada por los tejedores de seda. Sin embargo, es en la capilla de los Pazzi donde Brunelleschi revela más claramente el sentido de la medida, de la armonía y de las proporciones.

En la iglesia del Espíritu Santo, comenzada por el arquitecto en 1436 y terminada después de su muerte, el sentido más desarrollado de la profundidad y del espacio hace presentir la arquitectura del siglo XVI.

En las dos iglesias florentinas que acabamos de mencionar, señalaremos la acentuación del eje longitudinal del edificio que vuelve al plano tradicional de la basílica paleo-cristiana, y el aligeramiento de las arcadas, mucho más esbeltas que las del medievo italiano.

arquitectura El palacio Rucellai

Florencia: El palacio Rucellai fue edificado entre 1447 y 1451 por Bernardo Rossellino, sobre un proyecto de León Bautista Alberti. Este edificio, en el cual se notará la admirable fusión de elementos clásicos con elementos de la más pura tradición medieval y el resurgimiento de los órdenes superpuestos (ventanas con dintel, que comprenden al mismo tiempo un almohadillado liso y de doble cristal), volverá a ser tomado como modelo por los arquitectos del siglo XV.

Esto último pudo lograrse gracias a la inserción de arcos entre el capitel y el pie derecho (pilar que soporta el arco o el dintel). La misma luminosidad y la misma elegancia aparecen en la capilla de los Pazzi, donde el arquitecto ha repetido con ciertas modificaciones el motivo del pronaos griego.

Entre las construcciones civiles del Renacimiento se admira el espléndido palacio Pitti, diseñado por Brunelleschi y realizado por varios arquitectos, entre los cuales citaremos a Lucas Fancelli (siglo XV) y Bartolomé Ammannati (siglo XVI). La simplicidad de las líneas y la sobriedad de los ornamentos contribuyen a dar al edificio mayor majestuosidad y armonía.

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Palacio Pitti, diseñado por Brunelleschi

Los trabajos arquitectónicos de León Bautista Alberti revelan menos elegancia y ligereza; se caracterizan por una mayor amplitud, que los emparenta con las construcciones grecorromanas.

La figura de este artista aparece como el ideal vivo del arquitecto de la época. Alberti (1404-1472), es antes que nada, un teórico de la arquitectura.

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Florencia: Hospital de los Inocentes. Es una de las primeras realizaciones de Brunelleschi; en ella se admira la armonía de las proporciones, característica de los comienzos del Renacimiento florentino. Son fácilmente observables los elementos clásicos (columnas griegas, arco romano, el cornisamento acentuado por el frontón y la orla).

Se conocen sus tratados De la Escultura, De la Pintura y De la Arquitectura, en los cuales expresa su deseo de retornar al arte clásico, pero con un nuevo espíritu; cuando se le encomienda la ejecución de los planos de los edificios, no es él quien se ocupa de su realización: el arquitecto confía el diseño de los mismos a sus alumnos: Mateo de Pasti, Bernardo Rossellino, Pier de Gennari, Mateo Nuzio y Lucas Fancelli.

Además del templo Malatestiano en Rímini, el proyecto de cuya fachada (que no ha sido ejecutada) se conserva en una medalla grabada por Mateo de Pasti, Alberti nos ha dejado: el palacio Rucellai en Florencia, la iglesia de San Andrés de Mantua, en cuyas paredes laterales se abren numerosas capillas que confieren a la construcción la magnificencia de los edificios romanos; también merece mencionarse la restauración de la fachada de Santa María la Nueva en Florencia.

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En el siglo XV, en Venecia, los elementos góticos sufrieron grandes transformaciones, tal como puede verse en la iglesia de los Milagros, obra de Antonio Rizzo y de Pedro Lombardo; allí la simplicidad del Renacimiento toscano ha sido realzada por las marqueterías de mármol y los rosetones.

Luciano Laurana fue otro de los grandes arquitectos del siglo XV; nació en Zara y murió en Pésaro. No se tiene lamentablemente una información precisa en cuanto a la ciudad donde recibió su formación artística.

Se sabe solamente que entre 1460 y 1470 permaneció en Urbino, donde ejercía su actividad en el palacio Ducal, y que en 1468, Federico II de Montefeltro lo nombró arquitecto en jefe de su corte.

El nuevo estilo arquitectónico se difunde en Toscana y en el centro y norte de Italia, gracias a los arquitectos toscanos, que inspirándose en las obras de Brunelleschi y Alberti, realizaron trabajos llenos de originalidad.

Michelozzo Michelozzi, joyero y grabador (1396-1472), edifica en Florencia el convento de San Marcos y el palacio Médicis Riccardi, y en la campiña toscana las casas de Cafaggiolo y de Careggi, que lo enfrentan con el problema de las construcciones privadas; el arquitecto lo resuelve inspirándose en las moradas medievales.

En Milán, donde trabaja hacia 1462, construye la capilla Portinari de San Eustaquio y el palacio del Banco Mediceano, cuyo portón se conserva en el museo del castillo de esa ciudad.

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Pocos son los ejemplares de la arquitectura del siglo XV en Roma. Citaremos la iglesia de Santa María del Pueblo, construida por Baccio Pontelli y M. del Caprina e inspirada en la obra de Brunelleschi y de Alberti.

El palacio Strozzi y el pórtico de la iglesia de Santa María de la Gracia en Arezzo, obras realizadas en Florencia por Benedicto da Maiano, nos muestran la original interpretación de los cánones entonces vigentes, y cuya aplicación en las proporciones caracteriza todas las manifestaciones del siglo XV, expresándose por una tendencia hacia lo monumental.

Citaremos también a Giuliano da Maiano, Giuliano da Sangallo, Antonio da Sangallo (conocido principalmente por sus construcciones militares), Agostino di Duccio (cuya habilidad de decorador se pone de manifiesto en el oratorio de San Bernardino en Perusa), Bernardo Rossellino, arquitecto, escultor y,  urbanista, a quien el papa Pío II confió la tarea de transformar su ciudad natal en una ciudad artística modelo.

En el norte de Italia, donde subsistía la tradición románico-gótica, los arquitectos modifican las enseñanzas del arte florentino, multiplicando los elementos decorativos.

SOBRE LOS ALGUNOS ARQUITECTOS

Filippo Brunelleschi
(1377-1446)
Las piezas realizadas por los escultores Ghiberti y Brunelleschi en el concurso de 1401 para la segunda puerta de bronce del Baptisterio de Florencia muestran la distancia entre la estética formalista del primero y la preocupación del segundo por el trasfondo humano de la escena representada. Tras negarse a colaborar en esta obra con su contrincante, Brunelleschi viajó a Roma y allí, en contacto con los monumentos antiguos, se encaminó a la práctica arquitectónica.

Su primera obra, la gran cúpula de la catedral de Florencia, que supuso la resolución de complejos problemas técnicos, se convirtió en un símbolo de la primacía de la ciudad y de su entronque histórico con la antigua Roma. Desde entonces, Brunelleschi mostró una clara concepción del arquitecto moderno distinguiendo proyecto intelectual y ejecución material, facetas que se confundían en el maestro de cantería medieval.

En el Hospicio florentino (iniciado en 1419) se observa ya el dominio de las proporciones que caracterizaría toda su obra frente a la infinitud gótica. La aplicación de un módulo explica la precisa geometría de San Lorenzo, mientras en la capilla Pazzi alcanza un punto culminante en el ritmo medido y contrastado de los elementos arquitectónicos resaltados en piedra gris sobre el muro blanco. Su última obra -la iglesia del Espíritu Santo- presenta un espacio unificado, pues las capillas rodean por completo el templo y sus arcos de entrada son de proporción idéntica a los que separan las naves: la visión es unitaria y el hombre resulta centro del edificio.

Vignola
(1507-1573)
Pocos edificios han alcanzado la repercusión que tuvo en Europa occidental la iglesia de la Compañía de Jesús en Roma -el Gesú- comenzada en 1568 por Jacopo Barozzi llamado Vignola. Siguiendo ideas de Alberti en San Andrés de Mantua, Vignola relaciona una nave longitudinal cubierta con gran bóveda de cañón con la planta central de gran crucero; las capillas laterales, sin embargo, se ven reducidas a pequeños nichos enfrentados a la nave.

Similar contraste manierista se produce en la iluminación del templo desde la luz tamizada de la nave, que proviene de las capillas laterales, a la mayor oscuridad del tramo que antecede al crucero y, finalmente, a la explosión luminosa del espacio bajo la cúpula.

La fachada, concebida por el mismo Vignola apoyándose también en concepciones albertianas, permitía trasponer la distinta altura de las naves sin romper la proporción y el orden clásicos mediante un cuerpo superior con frontón y aletones de unión con el frente inferior. La arquitectura del interior y de la fachada, aunque manierista, contenía en sí misma posibilidades de unificación y dinamismo barrocas -por ejemplo: desarrollo continuo del entablamiento o valoración de la luz-que explican su difusión como iglesia contrarreformista a lo largo de los siglos siguientes.

Juan de Herrera
(hacia 1530-1597)
Como Vignola se identifica con el Gesú, Herrera se recuerda sobre todo por su intervención en el monasterio de El Escorial, aunque proyectó, entre otros, edificios de tanta trascendencia como la catedral de Valladolid en 1585. Comenzó a trabajar en El Escorial en 1563 bajo la dirección de Juan Bautista, y desde 1572 dirigió la obra escurialense de modo definitivo hasta su conclusión en 1584, mostrando una visión práctica y una habilidad para combinar e interpretar ideas y pareceres variados poco comunes.

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Sus conocimientos humanistas y de ciencias ocultas, así como su admiración por Ramón Llull le llevaron a reforzar la concepción de El Escorial como templo de Salomón y también como imagen de la Iglesia. Formalmente acentuó su manierismo elevando la fachada principal y construyendo una portada sin trasfondo, encerrando un patio ante la iglesia y utilizando en ésta un lenguaje de obsesionante e intelectualizada geometría, en extremo pura y simple dentro de su difícil hermetismo.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Editorial CODEX Arquitectura del Renacimiento
Maestros del Arte Editorial SALVAT Cuadernillo de Aula Abierta N°5