Asesinos en Serie

Sacco y Vanzetti Caso del Juicio a los Italianos Anarquistas Historia

LA EJECUCIÓN DE LOS ANARQUISTAS SACCO Y VANZETTI

Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti eran dos inmigrantes italianos, acusados del asalto y homicidio del pagador de una fábrica, Frederick Parmenter, y su escolta Alessandro Berardelli, en el pueblo de South Braintree, Estados Unidos, el 15 de abril de 1920. El proceso judicial causó un gran escándalo internacional y fuertes protestas, sobre todo en Europa aunque también tuvo grandes dimensiones en Latinoamérica, debido a las escasas e insuficientes pruebas.(wikipedia)

Pero no pudieron matarlos en la memoria. Sacco y Vanzetti pasaron a ser, para siempre, “Héroes del pueblo”. Publicaciones, actos, conferencias, obras de teatro, filmes, hermosas canciones, los recuerdan. Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, un zapatero y un vendedor de pescado, así de humildes. Dos italianos inmigrantes. Pero saltaron a la gloria. A los jueces, a los funcionarios que actuaron en este increíble crimen legal ni se los recuerda. Pero se los nombra. Principalmente al juez Fuller. En realidad, todos los jueces que interpretan las leyes a favor del poder quedan en la lista negra de la historia.

Situación Histórica en EE.UU.:La toma del poder de Rusia por los bolcheviques en 1917 y su proclamación de la revolución mundial alarmó a los líderes políticos de Europa Occidental y los Estados Unidos. En 1919, el procurador de los EUA, A. Mitchell Palmer, previno que 60 mil radicales extranjeros se proponían iniciar la revolución roja en el país, recordando las bombas postales enviadas a funcionarios en abril y que el 3 de junio hubo explosiones en casas de políticos de ocho ciudades, incluyendo la suya en Washington.

Según el procurador, ya era hora de poner de lado las “muy liberales” normas de la declaración de derechos y actuar prontamente contra la subversión. Valiéndose de agentes del Departamento de Justicia, Palmer infiltró los partidos Comunista, Comunista Obrero y Socialista, consiguiendo coordinar reuniones de éstos y otros grupos radicales el 2 de enero de 1920. Esa noche los agentes del procurador apresaron en 33 ciudades a 3.000 personas, casi todos extranjeros, a quienes se acusó de querer deponer al gobierno de los Estados Unidos.

Las llamadas incursiones Palmer continuaron durante junio, arrestando a 6.000 extranjeros indeseables y deportando a casi mil de ellos. Fue durante esta histeria antirradical y antiextranjera cuando se llevó a cabo el asalto en South Braintree(próximo ítem) y, subsiguientemente, las detenciones e inculpaciones de Sacco y Vanzetti que causarían tanta controversia.

El asalto en South Braintree: Hacia las tres de la tarde del día jueves 15 de abril de 1920, el pagador de la compañía zapatera Slater & Morrill, con sede en South Braintree, Massachusetts, salió de la oficina acompañado de un guardia armado para llevar la nómina semanal, unos 16.000 dólares, a la fábrica, a unas cuantas cuadras de ahí. Dos hombres morenos los detuvieron y les dispararon.

El guardia murió instantáneamente y el pagador murió poco después. Cuando uno de los pistoleros se agachó para tomar el arma del guardia, se le cayó su gorra. Mientras los pistoleros tomaban las cajas con dinero, apareció un tercer asaltante con un rifle. Los tres huyeron en un coche azul descapotable, tripulado por dos hombres: la huida fue cubierta por un rifle que salía de la ventana trasera. El coche, un Buick sin placas, fue hallado dos días después en un bosque cercano. Cerca había huellas de un vehículo más pequeño, al que el grupo pasó su botín y huyó, cumpliendo así la última parte del plan.

Dos hombres sospechosos que tenían características similares a las buscada por la policía y que caminaban hacia una parada de tranvía camino a Brockton, fueron denunciados. Enseguida el jefe de policía deBridgewater, Michael Stewart, telefoneó a su contraparte de Brockton, el siguiente pueblo al norte, pidiéndole arrestar a los dos hombres. A las 22:00, dos oficiales abordaron el tranvía en Brockton y arrestaron a los dos sospechosos: Nicola Sacco, un zapatero de 29 años, y Bartolomeo Vanzetti, un vendedor ambulante de pescado de 32 años.

Ambos llevaban armas y se mostraron evasivos respecto a lo que hacían esa noche en Bridgewater. Tampoco recordaban lo que hicieron el 15 de abril. Varios testigos del asalto en Braintree identificaron a Sacco como uno de los pistoleros. Otros testigos no estaban seguros. Sólo uno identificó a Vanzetti. No obstante, cinco meses después de los incidentes se inculpó a Sacco y a Vanzetti por el delito.

Sacco y Vanzetti Caso del Juicio a los Italianos Anarquistas

Polémico proceso por asesinato celebrado en Massachusetts, que duró desde 1920 hasta 1927. Nicola Sacco (esposado a la izquierda)y Bartolomeo Vanzetti,
dos emigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos en 1908, fueron acusados del asesinato de un cajero y
e un vigilante y del robo de más de 15.000 dólares

Sacco Nicola: Italiano de Torre Maggiore, provincia de Foggia, nació el 23 de abril de 1891. A los 17 años, fundamentalmente la situación de su familia lo llevó a emigrar. Llegó a la tierra prometida en 1908, año de hambre y desocupación. A pesar de tener conocimientos de mecánica no encontró trabajo en este oficio. Los extranjeros no eran considerados para las tareas especializadas y apenas si conseguían trabajo en fábricas.Trabajó primero como mozo de agua, consiguiendo luego colocación como zapatero en la fábrica de calzados de Kelly. Su capacidad de amor y de ternura hacia su compañera Rosina y hacia sus hijos se vuelca a todos los seres humanos, a su clase explotada, y lo impulsa al combate.

Vanzetti Bartolomeo: Nació en Villafalleto, en el Piamonte, en 1888. Le gustaba el estudio pero sólo pudo hacer la escuela. Empezó a trabajar a los 13 años de edad, eran 15 horas diarias sin descanso semanal, sólo tenía un asueto de tres horas dos veces al mes. A los 20 años de edad decide abandonar Italia. Llega a Norteamérica en 1908. Lo espera un largo peregrinar en busca de trabajo, muchos días de hambre, sin ni siquiera un lugar donde descansar.

Recibe en su andar el desprecio de los patrones, la solidaridad de sus iguales. En su oficio de confitero no encuentra plaza fija. En muchos lugares lo echan a los pocos meses de trabajo. Trabajó de picapedrero, albañil, foguista, barredor de nieve. Hacía jornadas de 12 y 14 horas en verdaderos tugurios insalubres, recibiendo, por ser extranjero, la mitad del jornal de un norteamericano, de por sí bajo. Con ansias de leer y estudiar se quedaba de noche, después del trabajo, dormido sobre los libros.Vanzetti no se casó y se dedicó a la venta de pescado en Plymouth.

Con el tiempo, ambos fueron influidos por un filósofo anarquista llamado Luigi Galleani, quien abogaba por derribar el capitalismo. Entre 1917 y 1918, ambos huyeron a México por las movilizaciones de la Primera Guerra Mundial. Al ser interrogados por la policía, en un principio ambos negaron sus afiliaciones radicales, pero posteriormente Sacco y Vanzetti admitieron que en la noche de su arresto buscaban un coche para deshacerse de literatura anarquista comprometedora que poseían.

El hecho de portar armas, las declaraciones falsas y evasivas, las actividades izquierdistas y la identificación tentativa de los testigos fueron más que suficientes para inculparlos del asalto y asesinatos deSouth Braintree. Pero antes de ser juzgados juntos, Vanzetti fue procesado por separado y se le sentenció a prisión por su participación en un asalto en Bridgewater el 24 de diciembre de 1919. El juez de este proceso fue Webster Thayer, quien luego juzgó a Sacco y Vanzetti en Dedham, el 21 de ruayo de 1921. “Dado que los testigos son italianos”, instruyó el juez Thayer al jurado en el primer juicio, “no se deberá inferir nada en su contra. Se supone que son honestos, sinceros e inocentes.” En el juicio llevado a cabo en Dedham, siete testigos del fiscal identificaron a Sacco como uno de los pistoleros de Braintree, y cuatro identificaron a Vanzetti.

De los 12 testigos de la defensa que dijeron que los acusados estaban en otra parte el día del asalto y asesinatos, 11 eran italianos. Los jurados, pueblerinos de clase media, eran predominantemente anglosajones. Uno de ellos dijo después, procurando dar dirección al juicio, que el testimonio contradictorio de cada testigo era anulable. “Pero las balas , añadió, “no hay forma de dar la vuelta a esa evidencia.” La fiscalía pudo al fin establecer que las balas y casquillos hallados en la escena del crimen fueron disparados por el revólver que tenía Sacco al ser arrestado. La identificación del arma de Vanzetti como aquella que se tomó del guardia, fue menos concluyente. Pero el fallo de culpabilidad del 14 de julio, aunque esperado, no fue el acto final de la tragedia.

Mientras Sacco y Vanzetti permanecían bajo custodia, la defensa reunió durante los años siguientes varias solicitudes para que fuera reabierto el caso. Todas fueron denegadas. En todo el país y en el mundo entero hubo protestas por lo que se consideró como absurdas y persecutorias condenas por creencias políticas impopulares más que por culpabilidad criminal.

A fines de 1925 pareció haber una pausa en el caso cuando un tal Celestino Madeiros, reo en la prisión de Dedham, condenado a muerte por asaltar un banco, confesó tener parte en el asalto de Braintree. Madeiros juró que los pistoleros no eran Sacco y Vanzetti. Aunque no pudo hacer un recuento coherente del asalto ni identificar a los otros participantes, Madeiros consiguió ganar dos años de vida antes de que se llevara a cabo su sentencia de muerte.

Su “confesión” no fue de ninguna ayuda para los esfuerzos legales de Sacco y Vanzetti. En la primavera de 1927, el profesor en derecho Felix Frankfurter, de Harvard, que luego fue juez de la Suprema Corte de Justicia, publicó una indignada denuncia del juicio de Dedham: “Fuera del juzgado campeaba la histeria antirroja… y dominó al proceso.”

El alegato de Frankfurter produjo otra ola de protestas contra el veredicto. Cediendo ante la presión, el gobernador de Massachusetts, Ailvin Fuller, nombró al rector de Harvard, A. Lawrence Lowell, para dirigir una comisión de tres miembros que revisaría minuciosamente el caso. En otro juicio más largo que el de Dedham, de seis semanas y medial, la comisión Lowell leyó la copia estenográfica, llamó a testigos y entrevistó al juez Thayer, al fiscal y al jurado. La conclusión: Sacco era sin duda culpable y Vanzetti también, aunque la evidencia contra él era “más débil”. El 8 de agosto se negó un aplazamiento de la sentencia de muerte.

Hacia la medianoche del 23 de agosto de 1927, Sacco y luego Vanzetti fueron ejecutados en la silla eléctrica. “Viva el anarquismo!”, clamó Sacco en italiano. “Soy inocente”, protestó Vanzetti.

La noticia de las ejecuciones inició una ola de disturbios antiestadunidenses. Desde mediados de la década de 1950, y durante tres décadas, el escritor Francis Russell estudió y escribió acerca del caso Sacco-Vanzetti. En un principio, aceptó la opinión general de que el juicio fue una falsedad y que su sentencia fue un error de la justicia. Pero cuando publicó su primer libro acerca del tema, Tragedia en Dedham, tomó la postura de que Sacco era culpable y Vanzetti inocente.

Sacco pudo salvar a su colega confesando, pero quizá sintió que eso sería traicionar al movimiento anarquista. En lo que se refiere a Vanzetti, le pareció válido morir, no por un crimen que no cometió, sino en aras del avance de su movimiento.

En noviembre de 1982, Russell recibió lo que parecía confirmar su tesis: una carta del hijo del último miembro sobreviviente del comité de defensa de Sacco y Vanzetti, Giovanni Gambera. Poco antes de su muerte, unos meses atrás, el anciano Gambera confió a su hijo que todos en el círculo anarquista de Boston sabían que Sacco era culpable y Vanzetti era inocente, pero nadie quería romper el acuerdo de silencio, aunque le costara la vida a Vanzetti. “Entre usted y yo”, escribió el joven Gambera a Russell, “ésta es la última palabra.”

Ultimas palabras de las víctimas

«Muero como he vivido, luchando por la libertad y por la justicia. ¡Oh, si pudiera comunicar a todos que no tengo nada que ver con ese horrendo crimen… Mi corazón está lleno, rebosante de amor por los míos. ¿Como despedirme de vosotros? ¡Oh, mis queridos amigos, mis bravos defensores, a todos vosotros el afecto de mi pobre corazón, a todos vosotros mi gratitud de soldado caído por la causa de la libertad! …Continuad la soberbia lucha, que yo también en lo poco que pude, he gastado mis energías por la libertad y por la independencia humana. …¿Que culpa tengo si he amado demasiado la libertad? ¿Por qué he sido privado de todas las cosas que hacen deliciosa la vida? Ningún reflejo de la propia naturaleza, del cielo azul y de los esplendidos crepúsculos en las tétricas prisiones construídas por los hombres para los hombres. Pero yo no he llevado mi cruz en vano. No he sufrido inútilmente. Mi sacrificio valdrá a la humanidad a fin de que los hermanos no continúen matándose; para que los niños no continúen siendo explotados en las fábricas y privados de aire y luz. No está lejos el día en que habrá pan para todas las bocas, techo para todas las cabezas, felicidad para todos los corazones. Tal triunfo será mío y vuestro, compañeros y amigos.» Bartolomé Vanzetti

«¡No hay justicia para los pobres en América! …¡Oh, compañeros míos, continuad vuestra gran batalla! ¡Luchad por la gran causa de la libertad y de la justicia para todos! ¡Este horror debe terminar! Mi muerte ayudará a la gran causa de la humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas -altivamente, protestando hasta lo último contra la injusticia. …Por eso muero y estoy orgulloso de ello! No palidezco ni me avergüenzo de nada; mi espíritu es todavía fuerte. Voy a la muerte con una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que no será destruida…» Nicolás Sacco

«Queridos amigos y compañeros del Comité de defensa. Mañana, inmediatamente después de la media noche, deberemos morir en la silla eléctrica. No tenemos ya ninguna esperanza. …Hemos decidido, por eso, escribir esta carta para expresar nuestro reconocimiento y admiración por todo lo que habéis hecho en favor de nuestra defensa en estos siete años, cuatro meses y once días de lucha. El hecho de que hayamos perdido y que debamos partir, no disminuye para nada nuestra actitud y nuestra apreciación de vuestra conmovedora solidaridad hacia nosotros y nuestras familias. Amigos y compañeros: ahora que la tragedia de este proceso toca a su fin, unamos nuestros corazones, nuestros errores, nuestras derrotas, nuestra pasión, para las batallas futuras, para la emancipación final. Unamos nuestros corazones en esta hora, la más negra de nuestra tragedia. Armaos de valor, saludad a los amigos y a los compañeros de todo el mundo. Os abrazamos a todos y os damos el último adiós, con el alma desgarrada, pero llena de amor. Ahora y siempre un viva a todos nosotros, un viva a la libertad. Vuestros en la vida y en la muerte» Nicolás Sacco – Bartolomé Vanzetti

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR GABRIEL CARRIZO Historiador
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

El 23 de agosto fueron ejecutados en Estados Unidos, mediante silla eléctrica, dos militantes anarquistas de nacionalidad italiana, llamados Niccola Sacco y Bartolomeo Vanzetti. Este hecho adquirió gran repercusión mundial al ser catalogado como un acto de arbitrariedad e injusticia en contra de dos ciudadanos por su adscripción ideológica.

Varios factores intervinieron para el desenlace del lamentable suceso. En primer lugar, la inflación generada por la Gran Guerra hundió a los sectores trabajadores en una profunda crisis económica. La pérdida constante del poder adquisitivo de los salarios generó condiciones para la declaración de huelgas. De hecho, Sacco y Vanzetti militaban en una organización anarquista que lucha en contra de las pésimas condiciones laborales que sufren los trabajadores.

En segundo lugar, el temor que experimenta gran parte de la sociedad norteamericana ante cualquier estallido social que pueda conducir desde su perspectiva a una revolución bolchevique, miedo que es alimentado recurrentemente por la prensa. En tercer lugar, las medidas adoptadas por el Estado, como la denominada Acta de Espionaje promulgada por el Congreso de Estados Unidos en 1917 (que multa a quienes suministren informaciones que puedan afectar las operaciones de las Fuerzas Armadas) y el Acta de Sedición de 1918 (que multa y encarcela a aquellos que propaguen opinión respecto de la forma de gobierno, Constitución Nacional o contra las Fuerzas Armadas), que son disposiciones que dejan un gran margen para la arbitrariedad, pues cualquier crítica al gobierno puede ser susceptible de prisión o multa. Pero fue el Acta de Extranjería de 1918, que prohibe el ingreso al país a anarquistas o a aquellos que promuevan la violencia contra el gobierno, la normativa que habilitó la persecución y deportación de todo inmigrante sospechado de ser anarquista.

Sacco y Vanzetti fueron acusados de un doble crimen y sometidos a un proceso jurídico plagado de violaciones a la legítima defensa de los acusados. La ejecución no solamente buscaba ser un escarmiento a los trabajadores que intentaban rebelarse ante las pésimas condiciones laborales, sino que además fue considerado por las organizaciones obreras como una demostración de la persecución ideológica y xenófoba de las autoridades de Estados Unidos.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Ver: El Aislacionismo de EE.UU. Post Primera Guerra Mundial

Fuente Consultada:
Wikipedia – El Ortiba – Secretos y Misterios de la Historia

Dillinger John Historia del Enemigo Numero 1 Gangster Americano

Dillinger John Historia del Enemigo N°1

A John Dillinger, el delincuente mas buscado de la década, lo mataron a la salida del cine “Biograph”, después de haber visto, Drama en Manhattan, con Clark Gable. Ese edificio, el del “Biograph”, existe aun, lo mismo que los árboles de un bosque cercano, allí, en Chicago, donde pueden verse los huecos de las balas de uno de sus episodios con el F.B. I. En su momento, Dillinger fue temido y admirado. Miembro de una clase media que empezaba a empobrecer, se especializó en robos de bancos. Dillinger tenía sobre su conciencia un único asesinato.

Dillinger John Historia del Enemigo Numero

Había nacido en 1903 en Indianápolis, en el hogar de un tendero viudo que abandonó a sus hijos a su suerte hasta que, en 1912, contrajo segundas nupcias.

En 1915 el pequeño John (12 años) ya encabezaba una pandilla de golfillos autobautizados como «los doce sinvergüenzas», lo que le llevó, por primera vez, ante un tribunal de menores.

Cuando estuvo de nuevo en la calle, participó en una violación junto a otros niños (tenía entonces 13 años), y con 16 años abandonó las aburridas aulas de la escuela y se decidió por la mecánica, para la que parecía bien dispuesto. A los 20, se alistó en la Marina, aunque desertó muy pronto. Su ídolo por entonces era el bandido Jesse James.

Se casó a los 21 años, acontecimiento que coincidió con su primera pelea con un policía, que lo llevaría a estar entre rejas durante diez años. Su flamante esposa pidió el divorcio. En la cárcel fue un alumno aventajado y entusiasta de un personaje siniestro y con poderes parece que irresistibles que engatusó al joven preso: se trataba de Harry Pierpont. En 1933 salió de la cárcel y descubrió un país diferente, azotado por la gran crisis iniciada en 1929 y que aún continuaba.

Le acobardó la posibilidad de unirse a los más de cuatro millones de parados producidos por los momentos difíciles que se vivían en Estados Unidos y en todo el mundo por la recesión. Así que, ya sin duda alguna, eligió una profesión arriesgada pero con buenos resultados económicos inmediatos: la de gángster. A partir de ahí, y hasta su muerte, iniciará y desarrollará una carrera frenética que lo convertirá en una leyenda en vida. Comenzó con un atraco a un banco, y siguió por el robo a dos supermercados, una tienda de 24 horas y una fábrica. Al final, cayó y de nuevo fue encerrado, pero su «ángel —o demonio— de la guarda», Pierpont, le facilitó la huida.

Junto a su «padrino», reanudó sus locas aventuras al margen de la ley, haciendo que medio país lo persiguiera en enloquecidas carreras de automóviles que los llevaban de un estado a otro, de una capital a tina aldea perdida, de Indiana a Wisconsin y de aquí a Illinois, para quedarse en Chicago.

Allí, el 15 de enero, disparó sobre un policía llamado O’Maley, a quien mató. De nuevo fue detenido en Tucson (Arizona), donde «visitó» de nuevo otra prisión, la de Lake Country, de donde se volvió a escapar tras dejar en su celda, maniatados, a una docena de agentes. En su afán por escapar otra vez, robó un coche y cruzó la frontera de otro estado, lo que le convirtió en un delincuente federal y obligó a participar en su persecución al todopoderoso FBI.

Para entonces, la prensa y todo el país lo habían bautizado como «el enemigo público número 1». Se le sumó en aquellas fechas un socio nada recomendable: Baby-Face Nelson, quien a su vez, llegó acompañado por un tal Horace van Meter. Todos juntos robaron un banco, y de nuevo lograron escapar.

En Iowa atracaron de nuevo, repitiendo la forma de huir ilesos ya experimentada anteriormente, y que consistía en obligar a los rehenes capturados en el banco a viajar en el estribo de su automóvil utilizándolos como escudos contra los disparos de la policía que los perseguía y que, obviamente, no disparaba contra ellos.

En Saint Paul, un lugar típicamente mafioso, el gángster pensó que estaba a salvo junto a su amante Billie Erechette, pero el FBI llegó hasta allí y estuvo a punto de cogerlos.

No obstante, fue herido en una pierna, huyó y se ocultó en casa de su padre, donde como ya era un héroe popular, fue recibido casi como un ídolo y como un ejemplo a seguir para algunos de los suyos. Su aureola de atracador de bancos (como siempre, establecimientos odiados por quienes nunca tuvieron un céntimo) lo convirtió en una versión yanqui de nuestros «bandidos generosos».

Una nueva reyerta con los agentes se produjo en La Petite Boheme, un albergue en el que descansaban Dillinger y los suyos. Sorprendidos por la policía, fueron cercados. Se inició un tiroteo en el que sus compinches lograron saltar por las ventanas y ponerse a salvo, pero dejaron atrás a las mujeres que les acompañaban, las cuales fueron detenidas. La bola de nieve de la ubicuidad del gángster aterrorizó a medio país, haciendo cada vez más difícil que alguien lo escondiera o ayudara. Su cabeza ya tenía precio: 10.000 dólares. Y John Dillinger acudió a un cirujano plástico que le cambió la cara. Reinició sus atracos, ahora en Indiana.

Cada vez más acorralado, huyó con su última amante, Polly Hamilton, y ambos llegaron a Chicago, donde alquilaron un apartamento con nombre falso. Pero la dueña del mismo los denunció, llegando la policía a las proximidades del lugar con un impresionante número de agentes y vehículos.

Antes de todo esto, Diflinger y Polly habían sacado sus entradas para el cine Biograph y, al abandonar la sala, ignoraban todo lo que había montado en el exterior. Sin tiempo para sacar su pistola, Dillinger cayó acribillado por una lluvia de balas a la puerta del cine. Junto al cadáver aún caliente, la gente se arremolinó, algunos mojaron pañuelos en la sangre del malhechor y, a partir de ese momento, se puso en marcha la leyenda de que aquel cadáver no era Dillinger —para muchos, poco menos que invulnerable— y que el auténtico «enemigo público número 1» había logrado escapar una vez mas.

Fuente Consultada: Crónica Negra del Siglo XX- José María López Ruiz

Bonnie y Clyde Historia de amor y violencia Leyenda Bonie and Clyde

Bonnie y Clyde Historia de Amor y Violencia 

Origen de la mafiaLogia Propaganda DueLucky LucianoSociedades de la Iglesia

Esta historia es imposible de contar sin tener en cuenta cómo era el Sur en los años treinta. Era una época diferente: Bonnie y Clyde no eran las únicas personas que rompían la ley y que deparaban nuestra atención. Fue una época de depresión económica y frustración que incrementó los delitos.


Bonnie Parker y Clyde Barrow:
(Texas, EE.UU.) Estos dos amantes del crimen hicieron suyo aquel mandamiento utilizado en otros momentos por quienes adoraban «vivir peligrosamente». Esta era la única meta, la única diversión de Bonnie y Clyde.

Y así lo admitieron ellos mismos —o, al menos, Bonnie Parker— cuando ella escribió una especie de poema póstumo (para ser publicado tras su muerte) que un diario de Dallas imprimió, efectivamente, bajo el título deHistoria de Bonnie y de Clyde. La publicación y, por lo tanto, la muerte de sus protagonistas ocurrió en la primavera de 1934.

Y, como toda historia, la de sus protagonistas se inició obviamente con su nacimiento. Clyde Barrow había nacido en 1910. Sus primeros años fueron, sobre todo a las puertas de la adolescencia, tan iguales a otros de idénticos malhechores, que casi resultó aburrido sugerirlos: robos de coches, asaltos a tiendas, peleas entre bandas, además de detenciones, correccionales y, después, interrogatorios en comisarías.

También como tantos otros, Clyde salió de cada encierro con ambiciones más insoslayables y de mayor calado. Su siguiente ascenso en la escala del delito lo llevó al atraco de oficinas bancarias, en un puro ejercicio de «precalentamiento» para el crimen, ya que no vivía en una miseria que justificara, en parte, sus latrocinios.

Clyde Barrow nació el 24 de marzo de 1909, el cuarto de una familia de ocho hijos, en una granja de las afueras de Teleco, en el sudeste de Dallas. Bonnie Parker nació el primero de octubre de 1910, segunda de tres hijos; su padre era albañil. Familias analfabetas, que vivían a los saltos, y que sufrieron el perjuicio de una intensa depresión económica.

En estas estaba, trabajando a su aire, cuando se cruzó en su camino Bonnie Parker, una mujer nada corriente que llamaba la atención por un cierto atractivo descarado y una cabellera pelirroja espectacular. Era una mujer amante de las sensaciones fuertes, con una necesidad constante de vivir en una alteración emocional, y apasionada por los automóviles espectaculares (deportivos, de gran cilindrada), mucho mejor si sus ocupantes —ella misma— manejaban también armas rotundas y lo conducían personas, como ella, ávidas de violencia gratuita.

Curiosamente, la asociación entre ambos no se produjo por motivos sentimentales o sexuales (quizás porque aun siendo ella una ninfómana, él sufría su impotencia mezclada con cierta bisexualidad difusa en la que su pelirroja amiga apenas tenía nada que hacer). Sin embargo, la simbiosis y las afinidades en cuanto a una compartida idolatría para con las guerras urbanas, los disparos, las peleas y la sangre, los uniría con lazos aún más fuertes que los del placer sexual.

En diciembre de 1926, Clyde fue acusado por primera vez de haber robado un auto. Pero recién cuatro años después, en marzo de 1930, fue condenado a cumplir 14 años de prisión, por hurtos menores y robo de autos. Escapó de la cárcel con la ayuda de Bonnie, que logró introducir armas en su celda; pero lo arrestaron poco tiempo después en Ohio. No pasó más de dos años en prisión, siempre visitado por Bonnie. Consiguió la libertad condicional en febrero de 1932.Clyde regresó a su casa en Dallas, y se reunió con Bonnie. Su intención era abandonar la delincuencia, y vivir del trabajo. Bonnie soñaba con ser cantante y poeta. Clyde viajó a Massachusetts para trabajar en la construcción. Pero sólo aguantó unas pocas semanas. Su suerte ya estaba echada, la delincuencia seria el camino.

Una vez que comprobaron que habían nacido el uno para el otro, decidieron formar su propia banda de malhechores; una banda que destacaba por un carácter casi familiar, ya que estaba formada por el hermano de Clyde, Buck, la mujer de este, Blanche, y otros tres individuos: Hamilton, Jones y Methvin.

Con su flamante organización a punto empezaron las acciones. Una de las más espectaculares tuvo lugar en Joplin (Missouri) y, por primera vez, tuvieron que hacer frente a un cerco de la policía del que, tras un diluvio de tiros, lograron escapar, con un saldo de tres policías muertos. Durante el resto del año 1933, se sucedieron las persecuciones y los delitos en diversos estados y ciudades de toda la Unión, no siempre coronados con éxito.

Porque, realmente, estos gángsters se diría que trabajaban «artesanalmente», por el puro placer de delinquir, y no tenían ni la influencia ni la sangre fría de los grandes prebostes mafiosos del país. Así, en el mes de julio, nuevamente fueron cercados por la policía en el mismo estado, ahora en Platte City. Así cayó herido el primer miembro de la banda, Buck Barrow. Pero lograron huir hasta Iowa, donde, de nuevo, fueron asediados por unos policías que parecían reproducirse como las setas.

En esta ocasión Buck murió a causa de las heridas precedentes y su mujer, Blanche, fue detenida. Entonces, tan sólo con la compañía de Jones, Bonny y Clyde escaparon campo través perseguidos por una jauría de policías y de perros policías. Los agentes consiguieron, al menos, la captura de Jones. Los dos «amantes» se quedaron solos frente a todos y, como era de esperar, se defendieron matando. En los primeros días de 1934, casualmente se cruzaron en una carretera con un furgón policial donde iban cinco presos camino de una penitenciaría. El furgón fue detenido, mataron al guardián y liberaron a los cinco presos. Ebrios de velocidad y de sangre, asaltaron un banco cualquiera (que no tenía fondos) y, en Texas, asesinaron a dos policías que les habían solicitado la documentación. Otros dos agentes cayeron en Oklahoma, uno por varios tiros a bocajarro, mientras su compañero fue secuestrado por los malhechores como rehén.

Tras un frustrado asilo en la casa de uno de sus chicos, Methvin (cuyo familiar acabó llamando a la policía) huyeron a tiempo una vez más. Pero, sin saberlo, el 22 de mayo de 1934 se toparon con una enésima persecución, un asedio y cerco, que serían definitivos. Se les conminó a la rendición y la respuesta fue la esperada: el plomo disparado a dos manos. Cayeron en plena carretera de Acadie. Después, un periódico publicó el poema enviado por la poetisa Bonnie Parker y que empezaba: «Un día de estos, caerán codo con codo..

«Un grupo de seis policías los esperó durante dos días muy tensos, iban a matar a una de las parejas más célebres de la delincuencia estadounidense.A las 9.15, el Ford V-8, conducido por Clyde, apareció por la ruta. Sus ojos marrones escudriñaban el camino, pero parecía confiado. La bella Bonnie masticaba un sándwich, recostada sobre el asiento del coche. Los policías empezaron a disparar a quemarropa. Cuando los dos cadáveres fueron examinados en Arcadia, 32 kilómetros al este de Gibsland, el informe del forense precisó que cada uno de los cuerpos había recibido más de 50 balazos. El Ford tenía 167 orificios.»

Uno de los policias Ted Hinton, escribió en su libro «abrí la puerta del auto, y ví a la muchacha en medio de la sangre, pero aún olía a perfume y su peinado no se había arruinado. Sobre el piso del Ford estaban la pistola con la que Bonnie había alcanzado a disparar, un mapa de carreteras de Louisiana, y el sándwich a medio comer. En el auto se encontraron, también, muchas municiones, algunos elementos de camping, el saxo de Clyde, y quinientos dólares. Había, también, algunas patentes de autos falsificadas de Texas, Louisiana y Arkansas.» 

Fuente Consultada: Crónica Negra del Siglo XX- José María López Ruiz