Astronoma Caroline Herschel

Biografia de Emile Chatelet Primer Matematica Cientifica Francesa

Biografia de Emile Chatelet: Primer Matemática Científica

Gabrielle Emilie Le Tonnelier de Breteuil nació en París, el 17 de diciembre de 1706, en una familia aristocrática. Su madre, Gabrielle-Anne de Froulay, quinta hija de seis hermanos.

Su padre, el barón de BreteuChatelet Mujer Matematicail, era el jefe de protocolo de la Corte de Luis XIV.

Desde la infancia se hizo notar por su inteligencia y su interés por el estudio, cualidades que contribuyeron a que recibiera una educación entonces poco habitual para una niña.

Desde los seis o siete años, fue instruida por tutores en la residencia familiar, estudió latín y griego siguiendo el ejemplo de su compatriota Madame Dacier, que a principios del siglo había traducido al francés a los poetas griegos.

Aprendió además matemáticas, metafísica e inglés, conocimientos que le serían de gran utilidad a lo largo de su vida intelectual.

Se casa por  compromiso, a los diecinueve años, con el marqués du Chátelet, que casi le doblaba la edad y a quien su condición de militar mantenía alejado de casa durante la mayor parte del tiempo.

De esta forma, Madame du Chátelet consiguió un espacio propio, bastante libre de interferencias, aunque siempre dentro del orden establecido.

Durante el primer año de matrimonio, nació su hija Gabrielle-Pauline; un año después, su hijo Floren  -Louis y, en 1733, otra hija que moriría pocos meses después fruto de un amorío que sostuvo con el poeta Saint-Lambert.  

El esplendor de los salones

Con el auge de la denominada Revolución Científica, a partir del siglo XVII, la ciencia se había convertido en objeto de interés entre las personas acomodadas y los aristócratas, que eran quienes disponían de tiempo libre y de los medios económicos necesarios para organizar laboratorios y comprar aparatos.

Las mujeres de las clases altas se interesaban por los nuevos descubrimientos científicos, se dedicaban a observar los cielos con los nuevos telescopios, a analizar los insectos a través de los microscopios, a coleccionar curiosidades científicas y a montar sus propios laboratorios.

En estos lugares de relación frecuentados por la aristocracia, Emilie intercambió conocimiento con la duquesa de Saint-Pierre, con la que entablaría una estrecha amistad.

En los cafés de París, nacidos en los años treinta del siglo como lugares de encuentro de poetas, filósofos, científicos —algunos de ellos, amigos suyos— no estaba permitida la entrada de las mujeres.

Sin embargo, esto no fue un obstáculo para Emilie, que no tuvo inconveniente en disfrazarse de hombre, desafiando las normas y sin miedo al ridículo, para así participar en los debates sobre filosofía, ciencia, poesía y política que allí tenían lugar.

Su dominio del inglés le permitía leer a Newton y a Locke y poder así intervenir en las controversias científicas y filosóficas de la época. Se manifestaba partidaria del nuevo orden cósmico propuesto por Newton, frente a la teoría cartesiana dominante en Francia.

En el círculo de newtonianos se reencontró con Voltaire, al que ya conocía desde su infancia. Con él estableció una relación amorosa e intelectual que resultaría muy fructífera.

Un ámbito de creación intelectual

El deseo de preservar su pasión amorosa y su pasión científica la llevaría a trasladarse, junto con Voltaire, a Cirey, para dedicarse con más intensidad al estudio y a la investigación. Cirey sería el ámbito que permitió a Emilie superar la mediocridad que tanto detestaba y donde encontró la fuerza necesaria para la búsqueda y la indagación.

Autoaprendizaje y riesgo

La consideración histórica de su figura ha sido frecuentemente subsumida en la vida de Voltaire. Ya en el pasado siglo, la francesa Louise Colet denunció la ocultación y manipulación de que era objeto y la recuperó como pensadora y autora dentro de una genealogía femenina.

Esta recuperación ha continuado con el descubrimiento y publicación de sus escritos personales por la estadounidense Ira O. Wade, en 1947, que han contribuido a esclarecer su vida y sus logros intelectuales.

Emilie du Chátelet poseía un carácter enérgico, era autodidacta y estaba dispuesta a asumir riesgos. Decidida a superar su escasa formación, buscó tutores privados para ampliar sus conocimientos, sobre todo en matemáticas y en física.

Los encontró entre los mejores matemáticos newtonianos, como los franceses Maupertuis y Clairaut y, más tarde, el alemán Koening, discípulo de Leibniz.

Por otra parte, Chátelet fue, al mismo tiempo, maestra: Voltaire sometía a su juicio sus trabajos, sobre todo los científicos, y Algarotti escribió con su ayuda el Newtonianisme pour les Dames.

Hubo momentos en que se desesperaba pensando en su falta de dedicación a la ciencia, debida a los límites sociales impuestos a las mujeres.No podía disponer de todo el tiempo que necesita para su trabajo intelectual y se quejaba de “falta del reposo necesario para el estudio”, ya que otras ocupaciones retenían su atención.

Pero todas esas ocupaciones no la disuadieron en su deseo de afirmarse y de llegar a ser una científica seria, ciñéndose al mismo tiempo a su realidad: una formación escasa y una falta de tiempo para dedicarse con la continuidad e intensidad que exigía la investigación que le hubiera gustado realizar.

De ahí que decidiera concentrarse en unas áreas delimitadas de la investigación y la experimentación y a contribuir con ello al debate filosófico y científico. En toda su obra manifiesta una libertad de pensamiento que contrasta con el entusiasmo —frecuentemente acrítico— de sus amigos y contemporáneos, seguidores incondicionales, bien de Newton, bien de Leibniz.

Es más rigurosa en su razonamiento y en sus comentarios críticos, efectuados sin irritación ni descalificación. Su obra escrita es amplia en cuanto al contenido —metafísica, matemáticas, lengua, religión— y prolífica, teniendo en cuenta el limitado periodo de su producción, iniciado en 1735 y concluido con su prematura muerte, en 1749.

En 1735 tradujo al francés y comentó La Fábula de las Abejas de Mandeville. Al año siguiente inició sus trabajos sobre la óptica de Newton —Essais sur l’optique— algunos de cuyos capítulos fueron incluidos en la obra Elements de la phílosophie de Newton, firmada por Voltaire, quien aclaró el nombre de la verdadera autora en el prólogo del libro: “Madame du Chátelet tiene su parte en la obra; Minerva —como a veces la llamaba— dictaba y yo escribía”. Por esas mismas fechas trabajaba sobre el lenguaje, escribiendo Grammaire raisonnée, y comenzaba el Examen de la Genése, en el que trabajaría a lo largo de cinco o seis años.

En 1739 inició un tratado científico y filosófico, terminado al año siguiente, Institutions de Physique, en el que se recogía la física de Newton. Escribió el Discours sur/e Bonheur entre 1746 y 1748 y en 1749 completó los comentarios y la traducción de los Principia Mathematica de Newton del latín al francés. 

Búsqueda de la autonomía intelectual

Su interés por poseer y desarrollar un pensamiento propio le llevó a una ruptura intelectual con Voltaire, que se inició con el estudio sobre el fuego que habían comenzado conjuntamente. En aquella época se especulaba sobre si el fuego era una sustancia material o, por el contrario, algo distinto, que se regía por leyes diferentes a las de la física. Sobre este asunto, ambos participaron en el concurso convocado por la Academia de Ciencias.

Su discrepancia surgió a la hora de interpretar los resultados de la experimentación: Voltaire y Chátelet llegaron a conclusiones dispares. A partir de aquí ella decidió llevar a cabo su trabajo en solitario y en secreto, lo que limitaría sus posibilidades de continuar la experimentación. Finalmente, ninguno de los dos obtendría el premio de la Academia, pero sus trabajos serían publicados junto con los de los ganadores.

Esta originalidad de pensamiento se manifiesta en sus Institutions de Physique, texto en el que también trabajó en secreto y en el que abordó un amplio número de materias relativas a los conocimientos físicos de la época. Por una parte, se desvinculaba de la autoridad de Descartes, Newton y Leibniz —como queda de manifiesto en el prólogo del libro— y por otra, se distanciaba de las posiciones antimetafísicas de Voltaire, seguidor de Locke, como es sabido. Para llegar al fondo de las cosas, es necesario, por tanto, utilizar tanto el empirismo como la metafísica.

Una vez finalizada la escritura de Institutions de Physique, su amiga Madame de Chambonin, única conocedora de su existencia, la convenció de la importancia y necesidad de su publicación. Antes de que Chambonin viajase a París para entregarlo a la imprenta, Emilie decidió dárselo a leer a su tutor Samuel Koening.

En vísperas de su publicación, éste difundió el rumor de que el verdadero autor del texto era él y que Chátelet simplemente había copiado sus notas y las había presentado como suyas. Tras una larga controversia, la autoría de Emilie du Chátelet sería restablecida y el libro, publicado en 1740.

Finalmente, su obra sería reconocida y respetada por algunos de sus contemporáneos y por instituciones como La Sorbonne —de la que no llegó a formar parte— o la Academia de Ciencias de Bolonia, donde fue admitida en 1746.

Escritora secreta

Sin embargo, llama la atención la insistencia de esta investigadora en escribir secretamente. En los trabajos consultados, no se ha  encontrado una explicación convincente de este hecho. Sin embargo se supone , que el miedo a la luz pública de Emilie du Chátelet se debía a la falta de lo que, en el pensamiento de la diferencia sexual, actualmente ha sido denominado autorización simbólica.Chátelet plantea cosas nuevas; sabía que esto era arriesgado y que este riesgo aumentaba por el hecho de ser mujer.

El reconocimiento por parte de la Academia de Bolonia le llegó cuando estaba escribiendo el Discurso sobre la felicidad, a la vez que traducía y comentaba los Principios de la Matemática de Newton. Los Principios habían sido traducidos al latín —la lengua de la comunidad científica— en 1713, y ella los vertió al francés, la lengua por entonces más utilizada en Europa.

El Discurso es una disertación sobre el saber de la experiencia, desde su propia experiencia; una reflexión sobre el amor y la amistad, desde la madurez cuando la pasión amorosa decae y crece la amistad. En estas circunstancias “el amor al estudio es de todas las pasiones la que más contribuye a la felicidad… Una fuente de placer inagotable”.

Pero finalmente había conseguido su última meta científica: terminar la traducción y los comentarios de los Principies mathématiques de la philosophie de Newton. El libro fue publicado en 1752 con un prefacio de Voltaire, un recuerdo emocionado de su amada y, al mismo tiempo, expresión de sus sentimientos de dolor y de la fortaleza de Emilie du Chátelet en sus últimos momentos, durante los cuales él no se había separado de su lado: “El dolor de una separación eterna afligía sensiblemente su alma; y la filosofía, de la que su alma estaba llena, le permitía conservar su coraje”. Era, también, un homenaje póstumo a su pasión amorosa y a su pasión científica, que adquirieron así público reconocimiento.

Fuente Consultada: Revista Todo es Historia

Biografia de Henrietta Levitt Astronoma Mujeres Cientificas

Biografía de Henrietta Levitt-Astrónoma

UNIDAS POR  LA PASIÓN A LA CIENCIA Y UNA CURIOSIDAD  DESENFRENADA…

Astronoma Henrieta LevitHenrietta Swan Leavitt (1868-1921) se licenció en 1892 en la Society for the Collegiate Instruction of Women (más adelante llamado el Radcliffe College), dedicó un año a estudios de posgraduado y en 1895 se ofreció voluntaria para hacer trabajos pesados en el Observatorio de Harvard.

Una crisis familiar la obligó a trasladarse a Wisconsin en 1900.

Dos años después escribió al director, E. C. Pickering, y le contó cuántas ganas tenía de regresar con lo que él financió el viaje de regreso y le concedió un puesto fijo con sueldo.

A excepción de la larga convalecencia en Wisconsin después de una enfermedad, pasó el resto de la vida en Cambridge.

Su trabajo en el observatorio consistía en buscar estrellas variables en placas fotográficas de los cielos australes. Dicho en pocas palabras, descubrió 2.400 estrellas variables. Las más importantes fueron las variables cefeidas, supergigantes amarillas que se encienden deprisa y se apagan poco a poco.

Antes que estudiar las estrellas desperdigadas por toda la Vía Láctea, Leavitt se concentró en las cefeidas de la Pequeña Nube de Magallanes, la irregular galaxia que acompaña a la Vía Láctea.

Está tan lejos —a unos 200.000 años luz— que todas las estrellas que hay allí pueden considerarse a la misma distancia de la Tierra, exactamente igual que, para quien está en Tacoma, todo el que hay en París puede considerarse a lamisma distancia.

En el caso de las estrellas básicamente a la misma distancia, las diferencias visibles de brillo se vuelven reales; las estrellas que parecen más brillantes son más brillantes.

Al ir colocando todas las cefeidas en una carta, Leavitt descubrió algo sorprendentemente útil: cuanto más brillante era la estrella, más lenta era la velocidad a la que variaba.

Las cefeidas relativamente tenues —estrellas un centenar de veces más brillantes que el Sol— pulsan deprisa, contrayéndose y expansionándose en el curso de un día o dos.

Las cefeidas medianas disminuyen de la máxima magnitud y la recuperan en alrededor de cinco días. Las cefeidas brillantes, que resplandecen con la luminosidad de 10.000 soles, tienen un periodo que dura hasta cincuenta y cuatro días.

Así que, silos astrónomos conocían la longitud del ciclo de una cefeida, podían calcular su brillo intrínseco y, comparando lo brillantes que parecían con lo brillantes que se sabía que eran, era posible calcular su distancia.

No obstante, por una u otra razón, todas las primeras mediciones que se realizaron utilizando este método estaban equivocadas. Ejnar Hertzsprung, famoso por el diagrama de Hertzsprung-Russell, que traza el derrotero de las estrellas, estimaba que la Pequeña Nube de Magallanes estaba a 30.000 años luz de distancia: una desmesurada subestimación.

Harlow Shapley utilizó estrellas variables para calcular la distancia a los cúmulos globulares y, consiguientemente, pudo estimar nuestra posición dentro de la Vía Láctea, así como el tamaño de la galaxia, aunque esta cifra le salió tres veces demasiado grande.

Y Edwin Hubble calculó la distancia —bueno, la mitad de la distancia— a Andrómeda.

La diferencia entre las distancias reales (tal como las entendemos ahora) y las de estas primeras estimaciones podría parecer risiblemente inmensa.

Sin embargo, las distancias astronómicas son tan enormes que si una estimación se desvía en un factor 2 —lo que significa que la distancia correcta seria de la mitad de la estimación oficial—, la cosa no está tan mal, sobre todo teniendo en cuenta lo que significarían un factor 10, 100 o 1.000.

Las primeras estimaciones hechas utilizando las cefeidas estaban equivocadas por varias razones, entre otras por un defecto al calcular el efecto del polvo y el gas interpuestos, y, lo que es más importante, por no sospecharse la existencia de dos clases de variables cefeidas:

las cefeidas de Tipo I que se encuentran en los brazos en espiral de las galaxias; y las cefeidas de Tipo II, más viejas y apagadas, que se encuentran en las galaxias elípticas, los cúmulos globulares y el halo galáctico.

Una vez hechas estas correcciones, las variables cefeidas permitieron a los astrónomos calcular toda clase de distancias. Pero las cefeidas tenían sus límites. Pese a ser brillantes, sólo era posible detectarlas en la treintena o así de galaxias más próximas.

Más allá ya no se encontraban. De manera que los astrónomos tuvieron que buscar otras candelas estándar visibles a mayores distancias. Utilizaron las débiles estrellas RR de Lyrae, otra forma de variables; cúmulos globulares, enjambres esféricos de hasta millones de estrellas; nebulosas planetarias; y supernovas, que pueden detectarse a distancias millares de veces más lejanas que las cefeidas.

Aunque las cefeidas eran indicadores más fidedignos que ninguno de estos otros objetos más brillantes, su campo era tan limitado que de alguna manera casi llegaron a parecer extravagantes.

Pero eso era antes del Telescopio Espacial Hubble. Pese a los defectos, este instrumento ha detectado veintisiete variables cefeidas en una galaxia que se estimaba situada a 16 millones de años luz. Su brillo intrínseco se conoce y por lo tanto no sólo es posible calcular la distancia correcta sino que los científicos también pueden compararlas con otras estrellas, incluidas las supernovas.

Estas mediciones ayudarán a los astrónomos a convertir las supernovas en candelas estándar. Mientras tanto, las estrellas descodificadas por Henrietta Swan Leavitt siguen siendo los mojones del universo y retienen su posición de mejores indicadores de la distancia en todos los firmamentos estrellados.

Fuente Consultada: El Universo Para Curiosos de Nancy Hathaway

Biografia de Annie Jump Cannon Astronoma Clasificar Estrellas

Biografía de Annie Jump Cannon Astrónoma Clasificar Estrellas

UNIDAS POR  LA PASIÓN A LA CIENCIA Y UNA CURIOSIDAD  DESENFRENADA…

Astronoma Cannon JumpDe niña, Annie Jump Cannon (1863-1941) contemplaba las estrellas desde el ático de la casa de su familia e iba escribiendo sus observaciones a la luz de una vela. Antes de graduarse en el Wellesley College, estudió astronomía. Después de la licenciatura regresó a su Delaware natal, donde libró un combate con la escarlatina que le dañó seriamente el oído.

En 1892, a los veintinueve años, presenció un eclipse solar en España y poco después regresó a Wellesley como ayudante de su antigua profesora, Sarah Frances Whiting. Después se apuntó al curso de astronomía de Radcliffe y en 1896 era miembro fijo del Observatorio de Harvard.

Clasificó las estrellas según su espectro. Al principio a duras penas despachaba 5.000 estrellas al mes; más adelante fue capaz de clasificar 300 en una hora sin apenas errores y llamó la atención por su notable memoria.

Al final, escribió nueve volúmenes de El catálogo de Henry Draper y clasificó cerca de 250.000 estrellas: «mucho material —escribió ella—, para estudiar la arquitectura de las mansiones celestes y el fluir de las tribus celestiales».

Su trabajo fue tan extraordinario que en 1911 E. C. Pickering, que lo apreciaba, propuso a Abbott Lawrence Lowell, el presidente de la Universidad de Harvard, que apareciera el nombre de Cannon en el catálogo de la universidad y que ella recibiera un nombramiento oficial.

Lowell, entre cuya prole se cuenta la poetisa A.my Lowell y el entusiasta de la vida en Marte, Percival Lowell, consideró que era «bastante mejor que el nombre de miss Cannon no apareciera en el catálogo». Se autorizó a Pickering para que ofreciese a Cannon un puesto menos prestigioso en el observatorio. Fue designada conservadora de fotografías astronómicas, con un salario de 1.200 dólares al año.

Entre 1918 y 1924 se publicó, en varios volúmenes, El catálogo de Henry Draper, «un perdurable monumento» según la astrónoma Cecilia Payne-Gaposehkin. Pickering murió en 1919, pero Cannon siguió con el proyecto.

Se la reconoció como el especialista mundial más sobresaliente en la clasificación de estrellas y en 1925 la Universidad de Oxford le concedió un doctorado honorario; fue la primera mujer que recibió tal honor. Harvard hizo constar su nombre en el catálogo universitario, pero no le concedió un nombramiento oficial.

Ella nunca dejó de trabajar. Harlow Shapley escribió: «La señorita Cannon tenía la desventaja —o ventaja— de haber padecido alguna clase de infección cuando era universitaria, como consecuencia de la cual había prácticamente perdido el oído. Este hándicap la apartó de la vida social y la concentró en la ciencia».

Cecilia Payne-Gaposchkin —la primera mujer que fue profesor titular en Harvard, honor que mereció en 1956— recordaba de otro modo a Cannon. «Cuando pienso en ella como persona me faltan palabras para transmitir su vitalidad y encanto.

Había perdido el oído de joven pero en absoluto padecía del pesimismo receloso que tan a menudo acompaña a la sordera. Llevaba el aparato para oír con garbo y hacía virtud de necesidad, desconectándolo cuando no deseaba ser molestada o quería concentrarse en el trabajo. Era cálida, animada, entusiasta, hospitalaria.

Como mucha gente que oye mal, tenía la voz metálica y aguda, entre la que a menudo intercalaba sus características y resonantes carcajadas.»

Además de clasificar estrellas, Cannon descubrió 300 estrellas variables y en 1936, a los setenta y tres años, se puso a estudiar 10.000 estrellas muy poco luminosas. Dos años después recibió por fin el nombramiento oficial en Harvard.

Murió tres años más tarde, reconocida en todo el mundo como la astrónoma más destacada de su época. «Nunca se desalentaba; siempre estaba de buen humor —escribió Payne-Gaposchkin—. Murió siendo septuagenaria, trabajando hasta el final. Pero formaba parte de los favoritos de los dioses, por lo que murió joven.»

Fuente Consultada: El Universo Para Curiosos de Nancy Hathaway

Mujeres Astronomas y Cientificas Caroline Herschel William

Mujeres Astrónomas y Científicas: Caroline Herschell

UNIDAS POR  LA PASIÓN A LA CIENCIA Y UNA CURIOSIDAD  DESENFRENADA…

Hay algo de triunfal en la vida de Caroline Herschel (1750-1848). Nacida en Hannover, Alemania, ella y su hermano William, doce años mayor, fueron iniciados en la astronomía por un padre que se ganaba la vida tocando el oboe.

Aunque astronoma herschel carolinadijo a su hija que no era lo bastante bonita ni rica para casarse, también inculcó a sus seis hijos el amor a la música y a la ciencia. «Me acuerdo que me llevaba las noches despejadas a la calle, para que me familiarizara con las hermosas constelaciones, después de haber contemplado un cometa que por entonces era visible —escribió ella—.

Y me acuerdo muy bien del placer con que acostumbraba a ayudar a mi hermano William en sus estudios filosóficos…»

Cuando Caroline tenía siete años, William se enroló en los Guardias de Hannover, formando parte de la banda militar, durante la guerra de los Siete Años con Francia.

Después de haber presenciado una batalla, decidió que el ejército no era para él y se fue de Alemania para no tener que seguir sirviendo. En Inglaterra se aferró al empleo de organista y maestro del coro de la recién construida Octagon Chapel de Bath.

Cuando Caroline tenía dieciséis años murió el padre, y la madre la obligó a encargarse de guisar, limpiar y coser.

Seis años después, William fue en su rescate y Caroline se trasladó a vivir con él, quien le presentó un pormenorizado programa de tareas.

Durante su segundo día en Bath, el hermano le dio clases de inglés, de teneduría de libros y de canto, tras lo cual, «a manera de esparcimiento, hablamos sobre astronomía y sobre las hermosas constelaciones con las que estaba yo familiarizada».

Caroline confiaba en hacer carrera como cantante, e incluso recibió algún aplauso por sus actuaciones.

Pero se interpuso el interés de William por la astronomía. Mientras aún daba clases de música y trabajaba en la capilla, se afanaba en construir telescopios («Para mi pesar, vi convertirse en taller casi todas las habitaciones», anotó Caroline) y se pasaba todas las noches despejadas observando las estrellas.

Ella pasó a ser su ayudante, tallando lentes, haciendo maquetas de los grandes telescopios que montaba William, observando con él y asegurándose de que no se olvidara de comer. Era un empleo, el de ella, muy atareado. «Si no hubiera sido porque a veces se interponía una noche nubosa o de luna llena, no sé cuándo habría dormido algo mi hermano (o yo).»

A partir del descubrimiento de Urano, en 1781, William se hizo famoso, abandonó la música y, gracias a la pensión real de 200 libras anuales, se dedicó a la esfera celeste. En 1787 Caroline ganó un estipendio anual de 50 libras, reconociéndosele su condición de astrónoma por derecho propio.

Al año siguiente William se casó con una viuda rica llamada Mary Pitt. Las dos mujeres se hicieron amigas y Caroline estuvo también muy cerca de su sobrino, John, nacido en 1792.

Las observaciones de Caroline continuaron, con y sin su hermano, «todas las noches estrelladas sobre la hierba mojada o cubierta de escarcha, sin un ser humano al alcance del oído». Trabajó como devota ayudante de William hasta poco antes de la muerte de él, en 1822.

Un naturalista francés que visitó a los Herschel en 1784 describe así la escena:

«El observatorio está en un jardín… Cuando quiera que el señor Herschel busca, digamos, una nebulosa o una estrella de la mayor magnitud, llama desde el jardín a su hermana, que se asoma a la ventana de inmediato y, consultando una de las grandes tablas escritas a mano, responde desde la ventana: “Cerca de la estrella gamma”, o bien: “Hacia Orión” u otra constelación.

En verdad, nada puede haber más conmovedor y agradable que esta relación, que este sistema tan sencillo».

Pero ella era algo más que la ayudante de su hermano. Revisó el catálogo estelar de John Flamsteed, escribió un Catálogo de nebulosas (tenía setenta y cinco años cuando lo acabó) y descubrió diecisiete nebulosas y muchos cúmulos de estrellas.

También fue la primera mujer que descubrió un corneta. Llegó a encontrar ocho.

Después de que muriera William, Caroline regresó a Alemania, donde vivió otros veintiséis años, manteniendo una activa correspondencia con su sobrino, que también se hizo astrónomo, y con otros científicos importantes.

A los setenta y ocho años, recibió la Medalla de Oro de la Royal Astronomical Society, fue elegida miembro de la Royal Irish Academy a los ochenta y seis, y diez años después le concedía el rey de Prusia la Medalla de Oro de la Ciencia. Murió a los noventa y siete años en su ciudad natal. Un cráter de la Luna lleva su nombre.

LAS MUJERES EN LA HISTORIA

historia de mujeres

Fuente Consultada: El Universo Para Curiosos de Nacy Hathaway