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Científicos y Avances de la Ciencia en el Siglo XVIII

Científicos y Avances de la Ciencia en el Siglo XVIII

Juegos de sociedad para personas inteligentes: así eran considerados, todavía en el siglo XVIII, los experimentos sobre los fenómenos de la electricidad, que, por cierto, no existian prever muy extraordinarios progresos en esta rama de la ciencia.

La electricidad aparecía como un hecho extraño, curioso, un poco peligroso y un tanto divertido, pero por completo carente de aplicación práctica de ninguna especie.

Correspondió a dos ilustres estudiosos de la generación de sabios e investigadores del siglo XVIII la tarea de cambiar radicalmente este modo de pensar y de crear interés en torno de los estudios relativos a la electricidad: tales fueron Luis Galvani y Alejandro Volta.

Galvani experimentos
Galvani Luigi
Volta Alessandro
Volta Alessandro

Galvani y Volta son dos nombres que siempre aparecen unidos, porque no es posible hablar de la obra del uno sin hacer referencia a la del otro.

Lo cual no quiere decir que estuvieran siempre de acuerdo en la exposición de sus principios; antes bien, como suele suceder en todas las ramas de las ciencias cuando comienzan a dilucidarse, surgieron entre ambos notorias diferencias de opiniones, que se manifestaron en la publicación de escritos y libros referentes al mismo tema.

De más está decir que ante la discrepancia de juicios, supieron mantener el alto nivel que corresponde a la jerarquía de la ciencia y a la caballerosidad de los que fueron sus máximos exponentes.

La Máquina de Vapor:

Los primeros telares mecánicos eran grandes y pesados, y requerían de una gran fuerza energética para hacerlos funcionar, por lo que continuó la búsqueda de un mecanismo para producir energía por medio del vapor.

Este invento lo debemos a James Watt.

Después de trece años de experimentar, Watt consiguió fabricar una máquina movida por energía que liberaba una corriente continua de vapor de agua.

Antes de comenzar el siglo XIX se habían construido ya como quinientas   máquinas   en   los talleres.

Este invento transformó en pocos años las formas de trabajo, y es considerado como uno de los inventos más trascedentales de la historia humana.

Por otra parte, al ser aplicado al transporte se experimentó también una impactante  transformación, pues aparecieron el ferrocarril y el  barco de vapor.

Biografia James Watt y la Historia de la Maquina a Vapor ...

El ferrocarril:

El concepto moderno de ferrocarril  aparece como resultado de la combinación de dos elementos: los raíles utilizados en las explotaciones mineras y la máquina de vapor.

En las minas de carbón se utilizaban desde el siglo xvi carriles o vigas de madera para el transporte en vagonetas de carbón desde la bocamina al río más próximo.

Desde la segunda mitad del siglo XVIII, estos carriles son sustituidos por raíles de hierro (de ahí su denominación de «ferrocarriles»).

Posteriormente, los ferrocarriles son empleados en el tráfico de viajeros, aunque la fuerza de tracción continúa siendo animal (caballos).

Esta alternativa no sólo era menos costosa, sino que permitía desplazamientos más rápidos que los efectuados por carretera.

En cuanto al segundo aspecto, en el último cuarto del siglo XVIII  ya era conocida la idea de aplicar la caldera de vapor a una máquina de transporte autopropulsada (locomotora).

La primera experiencia es la realizada por un francés, Joseph Cugnot, que en 1769 logra crear un automóvil a vapor que alcanzará una velocidad muy limitada, de tan sólo 4 o 5 km/h.

En 1803, Richard Trevithick inventa un carruaje movido por vapor, pero tras una experiencia práctica se da cuenta de que las carreteras no estaban adaptadas a este nuevo medio de locomoción.

La revolución agraria:

En el siglo XVIII la agricultura inglesa comenzó a manifestar unas transformaciones más de índole social que técnica que se conocen con el nombre de «revolución agraria».

En el siglo siguiente, algunos de estos cambios se extenderán por Europa. Esta revolución afecta a dos campos claramente diferenciados:

Nuevas técnicas de producción y sistemas de cultivo.

Las innovaciones técnicas son prácticamente irrelevantes hasta mediados del siglo XIX, por lo que durante todo el siglo XVIII los avances se limitan a racionalizar las técnicas arcaicas vigentes en Gran Bretaña.

Nuevo ordenamiento jurídico y redistribución de la propiedad agraria.

La burguesía europea, en ascenso, desea acceder a la propiedad de la tierra en sustitución de la nobleza absentista, y esta aspiración empieza a materializarse con el inicio de una oleada de revoluciones liberales desde finales del siglo XVIII y principios del siglo siguiente, cuando la burguesía revolucionaria en el poder liquida un régimen señorial en decadencia mediante la supresión de los vestigios arcaicos.

Así, la propiedad de la tierra será transferida en una gran proporción desde los estamentos privilegiados a la burguesía.

En 1796, Edward Jenner, un físico inglés, inoculó el pus de una pústula de viruela a un niño como protección contra la enfermedad.

Lucha Contra La Viruela Descubrimiento de Jenner Edward la Vacuna ...

El experimento tuvo un éxito notable: incluso después de exponer el paciente a la viruela, no aparecieron síntomas. Así empezó la vacuna contra enfermedades infecciosas, uno de los Inventos más beneficiosos de la historia.

Millones de vidas se han salvado gracias al amplio uso de la inoculación.

Ya en el siglo XVII se habían estudiado los fenómenos eléctricos, cuando el científico inglés William Gilbert demostró la fuerza de atracción que experimentaban los objetos al friccionarlos.

Más tarde, en 1750, el Inventor y político norteamericano Benjamín Franklin desarrolló sus famosos experimentos con los rayos para demostrar que eran electricidad.

Como decíamo antes, muchos científicos trabajaron en la comprensión de la naturaleza de la electricidad y sus propiedades en la última parte del siglo XVIII.

El físico Luigi Galvani demostró la presencia de electricidad en la transmisión de señales nerviosas en 1766, a lo que siguió el trabajo del científico Alessandro Volta, que en 1880 creó la primera pila, la pila voltaica, colocando dos barras de metales distintos sumergidos en una solución salina.

Biografia de Volta Inventor de la Pila Electrica – BIOGRAFÍAS e ...

Pero fue un aprendiz de encuadernador, Michael Faraday, quien descubrió las propiedades más importantes de la electricidad.

Faraday llevó a cabo algunos estudios sobre la naturaleza de la electricidad y, en la década de 1820, construyó el primer motor eléctrico, un aparato que transformaba la energía eléctrica en energía mecánica utilizando la Interacción de la corriente eléctrica y el magnetismo.

Faraday prosiguió sus trabajos sobre la electricidad y descubrió el fenómeno de la inducción electromagnética, o la producción de corriente eléctrica a partir del cambio de un campo magnético.

Esto le llevó a construir la primera dinamo en 1831, un aparato que transformaba la energía mecánica en energía eléctrica.

Tanto el diseño del motor eléctrico como el de la dinamo experimentaron mejoras en años posteriores, y el resultado fueron motores más grandes capaces de sustituir el vapor, así como enormes generadores de energía eléctrica.

La electricidad transformó la vida como pocas tecnologías lo habían hecho a lo largo de la historia.

Antes de acabar el siglo XIX se hizo realidad la existencia de luz eléctrica económica, los tranvías y el uso de la energía eléctrica en la industria.

La electricidad aplicada a la iluminación empezó a principios del siglo XIX.

Las primeras lámparas fueron las de arco eléctrico, que utilizaban electrodos de carbón entre los que se colocaba un arco eléctrico para generar luz.

Aunque su manejo era complicado, estas lámparas tuvieron mucho éxito, sobre todo en la iluminación callejera.

A mediados de siglo, los científicos experimentaron con el uso de filamentos para la iluminación.

Un inglés, Joseph Swan, utilizó filamentos de carbono e incluso hilos de algodón bañados en ácido para pasar corriente eléctrica y generar luz.

Pero fue el genio norteamericano Edison quien reunión todas estas ideas para patentar la primera ampara incandescente.

Utilizó una bomba de vacío para crear un casi vacío en una bombilla de vacío equipada con cable de carbono.

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El vacío era necesario para asegurar la duración del filamento.

Swan también probó con filamentos de varios materiales y existe una controversia sobre quién debería realmente considerarse autor de la Invención de la bombilla incandescente.

En 1879, Edison creó la primera lámpara de larga duración con hilo carbonizado, que brillaba de forma continua durante más de dos días. Tras esta demostración, se probaron muchos otros materiales para conseguir filamentos más duraderos.

El primer uso comercial de la lámpara incandescente fue en el buque Columbia en 1880 y, en los años siguientes, las bombillas incandescentes se emplearon en fábricas, tiendas y hogares.

Si el ferrocarril había transformado el concepto de distancia para los humanos, la luz artificial en forma de bombillas incandescentes liberó a los humanos del ciclo del día y de la noche en lo que al trabajo se refiere.

En 1907, Franjo Hannaman introdujo las lámparas de filamento de tungsteno, más luminosas y duraderas que las de filamento de carbono. Hasta muy recientemente, la mayoría de bombillas incandescentes utilizaban filamento de tungsteno.

En los años siguientes se realizaron varias modificaciones en el diseño, incluyendo otros gases menos frecuentes para aumentar la duración de la bombilla y el uso de un filamento en espiral.

La otra tecnología lumínica, inventada hacia finales de siglo, fueron las lámparas de descarga eléctrica.

En 1901 se presentó una lámpara de vapor de mercurio cuyo uso se extendió rápidamente.

El principio básico de las lámparas de descarga eléctrica es el uso de dos electrodos, separados por un gas, para transmitir una corriente eléctrica.

En 1910, Georges Claude produjo la primera lámpara de neón, aplicando un alto voltaje a un tubo lleno de gas de neón.

La luz producida era roja y enseguida se desarrolló el potencial comercial de este invento.

Las lámparas de neón pronto se utilizaron en vallas publicitarias y carteleras de anuncios en todo el mundo.

la ciencia en el siglo XVIII

1752 – Un médico francés practica la extracción las cataratas a cerca de 200 enfermos,logrando suración de casi todos los casos.

la ciencia en el siglo XVIII

1761 – Se funda, en Lyón, la primera escuela de veterinaria y se intensifica su estudio.
la ciencia en el siglo XVIII

1767 – Lázaro Spallanzani (1729-1799), italiano, «autoriza definitivamente la teoría de la generación spontánea de los seres vivientes, probando que hasta is Rérmenes nacen también de otros gormónos.
la ciencia en el siglo XVIII

1776 – Como consecuencia de los estudios y escritos de un naturalista alemán, Simón Pallas (1741-1811), nace la historia natural del hombre (etnografía).
la ciencia en el siglo XVIII

1779 – El naturalista inglés Jan lugenhousz demuestra que las funciones respiratorias de los vegetóles son cumplidas por todos los tejidos, y que en las partes verdes, bajo la acción de la luz, se efectúa, además, una labor contraria (función clorofílica).

Fuente Consultada:
Historia de los Inventos Desde la Antiguedad Hasta Nuestros Días – Fullmann
Historia Universal Editorial ESPASA Siglo XXI

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Enlace Externo: La Ciencia Siglo XIX

Estados Unidos: Potencia Cientifica del Mundo

EE.UU. Potencia Científica del Mundo

EE.UU. PRIMERA POTENCIA CIENTÍFICA E INTELECTUAL DEL MUNDO

En 1941, el editor de Life, Henry R. Luce, proclamó el inicio del «siglo americano», declarando solemnemente que Estados Unidos se había convertido en «la capital intelectual, científica y artística del mundo».

Si bien nueve científicos norteamericanos habían ganado el premio Nobel durante los años 30, su veredicto sobre la ciencia estadounidense era un poco prematuro, aunque sin duda resultó profético.

Cuatro años más tarde, la fabricación de la bomba atómica con el proyecto Manhattan anunció una época de hegemonía científica norteamericana, coronada por dos triunfos completos en la entrega de los premios Nobel de ciencias, en 1946 y 1983.

El mérito por la supremacía científica norteamericana de la posguerra suele atribuirse a cuatro fuentes. En primer lugar; antes de 1940, las fundaciones filantrópicas habían emprendido acciones encaminadas a estimular la investigación.

La Fundación Rockefeller había establecido sus becas nacionales de investigación; el Consejo General de Educación había construido laboratorios académicos, y la Fundación Química había apoyado diversos proyectos, desde la fundación del Instituto Americano de Física hasta la construcción de los ciclotrones de Ernest Lawrence, en Berkeley.

Por su parte, la Institución Carnegie, de Washington, había contratado a algunos de los mejores físicos del mundo y la fortuna de los Bamberger había servido para financiar el Instituto para Estudios Avanzados en Princeton.

En segundo lugar, los propios científicos habían contribuido al establecimiento de instituciones nacionales para la coordinación de la investigación, entre ellas el Consejo Nacional de Investigación.

En tercer lugar, las penurias económicas y la persecución nazi habían llevado a Estados Unidos a docenas de destacados científicos europeos que aportaron su talento a la ciencia local.

Por último, la situación de emergencia de la guerra hizo que el gobierno federal invirtiera directa y masivamente en la investigación, a través de contratos y subvenciones.

Sagaces planificadores, entre los que destaca Vannevar Bush, organizaron entidades como la Fundación Nacional de Ciencia, que maximizaron el apoyo concedido a la ciencia de alto nivel en las instituciones de élite, excluyendo del escudriño de los sectores políticos la distribución del dinero destinado a la investigación.

Aunque muy inferiores en dimensiones que el complejo militar-industrial, estas instituciones marcaron de manera fundamental la investigación pura.

Sin embargo, todos estos factores se añadieron a un sistema nacional de investigación ya establecido.

Si bien los sistemas de financiación del siglo XX tendían a la centralización, la tradición del siglo XIX había sido de pluralismo.

Una infraestructura universitaria variada y geográficamente dispersa había surgido como consecuencia del entusiasmo religioso, los regionalismos, los sueños de movilidad social vertical y los múltiples incentivos que concedía la legislación federal, como la ley de concesión de tierras a las universidades (1862), la ley Hatch (1887) y la ley Adams (1906).

El éxito de la investigación industrial complementó esa estructura al reforzar su orientación práctica y justificar la gran población de titulados universitarios.

El resultado ha sido una compleja combinación interconectada y orientada a las ganancias de investigación pura y aplicada, que puede describirse con el término «tecnodencia».

Un cuarto de siglo de grandes progresos científicos demuestra la viabilidad del sistema.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la física nuclear pasó a estar en el candelero y el centro del escenario fue ocupado por el descubrimiento de procesos y partículas subatómicas y por la producción de elementos transuranianos.

Se produjeron a continuación muchos adelantos relacionados con la física cuántica, en especial la invención del transistor, así como importantes investigaciones sobre el estado sólido, una mayor comprensión de la unión química, la elaboración de la técnica de datación por carbono radiactivo y una auténtica revolución en las ideas sobre gravedad y cosmología.

Paralelamente a estos trabajos, tuvieron lugar importantes progresos en bioquímica y en la producción de macromoléculas sintéticas, con investigaciones merecedoras del premio Nobel en el campo de las enzimas, las vitaminas, los virus, la estructura del ADN y los mecanismos de la herencia, los procesos metabólicos y el florecimiento de la ciencia de los polímeros.

La carrera espacial combinada con el radar, desarrollado durante la guerra, fomentó el desarrollo de la radioastronomía, la geología lunar y planetaria y las ciencias de la atmósfera.

El desarrollo de los ordenadores promovió las matemáticas y los adelantos conseguidos en los submarinos militares estimularon la oceanografía y la revolución que la tectónica de placas significó para la geología.

Por último, la preocupación por la contaminación ha estimulado el estudio de la biología de la población y la ecología.

cientificos de ee.uu.

A mediados del siglo XX, Estados Unidos alcanzó el reconocimiento general como primera potencia científica del mundo. Un símbolo del auge de la ciencia en ese país fue el éxito conseguido con los premios Nobel de 1946, año en que los norteamericanos obtuvieron todos los premios de carácter científico. Los ganadores del premio fueron, de izquierda a derecha, P.W. Bridgman (física), J.B, Sumner, J.H. Northrop y W.M. Stanley (química, seguidos por Otto Hahn, el alemán ganador del premio de química en 1944) y H.J.Muller (medicina).

Fuente Consultada: El Estallido Científico de Trevor I. Williams

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