Filosofia: Averroes

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico

En los sultanatos surgidos de la desmembración del califato de Bagdad, las artes y las ciencias adquieren gran esplendor en el siglo XI. Los estudios de un médico musulmán de origen persa alcanzan gran popularidad, traspasan las fronteras y llegan a Europa.

Su nombre es Abu Alíal-Husayn ibn Abdallah ibn Sina, pero en Occidente se lo conoce por Avicena.

Fue un filósofo y médico persa, considerado el científico más grande de la civilización islámica. Autodidacta, conoció a fondo la Filosofía aristotélica y neoplatónica y la Medicina de su tiempo.

Vivió un período de tiempos difíciles en Persia, y tuvo que viajar por diversas regiones, sin abandonar los estudios, que le dieron gran fama, llegando a ocupar en Hamadan los cargos de médico de corte y de visir.

Sabiduría sarracena en España. — Los árabes, conquistadores de España a principios del siglo VIII, habían alcanzado en el siglo X un notable grado de cultura.

Fundaron la Universidad de Córdoba, que constituyó uno de los principales focos del saber de Occidente y a la que concurrían numerosos estudiantes de todo el mundo musulmán.

Existían además escuelas y bibliotecas, donde se estudiaban literatura, retórica, astronomía, matemáticas, me dicina, zoología, botánica y química.

Las obras de los filósofos griegos fueron vertidas de sus traducciones árabes al latín, y de ese modo pudieron ser conocidas por los eruditos europeos, muy pocos de los cuales hubieran podido conocerlas directamente de sus originales.

Entre los sabios sarracenos más eminentes se pueden citar a Avicena, médico y filósofo, que fue llamado el Príncipe de los Médicos, que nació en Persia en 980 y murió en 1037.

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico
Nació en el año 980, en Afsana, pueblo próximo a Bujara, la hermosa capital del sultanato fundado por los samánidas.

Avicena era hijo de un recaudador de impuestos y desde muy niño dio muestras de su brillante inteligencia.

Tenía diez años cuando ya recitaba de memoria el Corán y diecisiete cuando curó al emir de Bujara de una grave enfermedad.

El agradecido soberano lo acogió entonces en su corte y le dio acceso a su gran biblioteca, donde estudió matemáticas, filosofía, astro nomía y medicina.

Los textos griegos clásicos fueron decisivos para su visión de las ciencias médicas. Autor asimismo de una gran obra filosófica, Avicena murió en junio de 1037 en Hamadán, víctima de una indigestión.

El gran manual de medicina: Cuando sólo tenía 21 años, Avicena escribió en árabe la más famosa de sus obras, el Canon de la medicina, del que incluso llegó a hacer una versión en verso que tituló Poema de la medicina.

En ella recogió las enseñanzas de Galeno, e hizo de la observación clínica una de sus principales virtudes. Anticipándose en varios siglos a otros estudiosos, Avicena detalló con precisión la meningitis, las fiebres eruptivas y la apoplejía entre otras enfermedades, para las cuales indicó acertados consejos curativos y preventivos basados en una dieta equilibrada.

Traducido al latín: En el siglo XII, Gerardo da Cremona, uno de los sabios de la Escuela de Traductores de Toledo, tradujo la obra de Avicena al latín.

El hecho tuvo gran importancia para la medicina medieval europea, ya que desde entonces el Canon de la medicina fue el manual básico de los estudiantes de medicina hasta mediados del siglo XVII.

La filosofía de Avicena: La filosofía de Avicena tuvo gran influencia sobre pensadores medievales posteriores como santo Tomás de Aquino y Roger Bacon.

Para él, la reflexión filosófica era un camino teórico y practico para encontrar la verdad, en el centro de la cual se halla Dios.

Según él, Dios es único y necesario y representa tanto el bien absoluto como la inteligencia perfecta.

Avicena sostiene que Dios es el único ser necesario, en quien esencia y existencia coinciden, mientras que en los demás seres la existencia es un accidente que se agrega a la esencia.

Esta idea ejerció gran influencia en la Filosofía escolástica. También afirma que la materia informe es creada eternamente por Dios.

Desarrolló estas ideas en La curación del error, tratado que recoge la tradición de Aristóteles y desarrolla la lógica, las matemáticas y la metafísica.

En el siglo XII, Gerardo de Cremona, uno de Los sabios de la Escuela de Traductores de Toledo, tradujo la obra de Avicena al latín. La traducción de Cremona de los cinco libros escritos en árabe respetando el estilo didáctico y minucioso de Avicena resultó decisiva. El hecho tuvo gran importancia para la medicina medieval europea, ya que desde entonces el Canon de la medicina jue el manual básico de los estudiantes de medicina de las universidades occidentales más importantes hasta el siglo XVII.

Entre sus muchos libros destacan dos: Kitab ash-shifa, una enciclopedia del conocimiento, traducida después al latín, que trata de Lógica, Metafísica, Psicología, Ciencias Naturales, y las cuatro materias del cuadrivium medieval (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música).

El otro libro es el Canon de Medicina, texto sistemático fundamental para la Medicina medieval, tanto en Occidente como en el Islam, que puso a Avicena al nivel de Hipócrates y Galeno.

Fuente Consultada:
Grandes Cientificos de la Humanidad – Tomo I – Editorial ESPASA – Manuel Alfonseca – Entrada: Avicena
¿Sabes QUIEN…? – Editorial OCEANO – Entrada Avicena
Enciclopedia Electronica de Microsoft – ENCARTA-

Biografia de Heraclito de Efeso Filosofo

Biografia de Heraclito Filósofo Griego

En el siglo V a.C, en la antigua Grecia, un hombre se detiene a la orilla
de un río. Al cabo de unos días, se da cuenta de que unas veces su cauce es más abundante y otras menos. Estas observaciones le llevan a la conclusión de que el mundo está cambiando todo el tiempo.

El descubrimiento de que todo está cambiando siempre fue obra de Heráclito, uno de los pensadores más misteriosos de la Antigüedad, que vivió en Éfeso entre ios siglos VI y V a.C.

Escribió solamente un libro, titulado Sobre la naturaleza, deí que se han conservado sólo algunos fragmentos.

Algunos de estos fragmentos parecen adivinanzas, y a menudo poseen multiplicidad de significados, según cómo se lean.

Por esta razón Heráclito es conocido también como el Oscuro.

BIOGRAFIA Y FILOSOFIA DE HERACLITO

El más profundo de los filósofos griegos presocráticos y el iniciador en cierto sentido de la metafísica nació en Efeso, de familia muy ilustre.

Pocos detalles se conocen sobre su vida, excepto que renunció a la posición nominal de basileus (rey) en las magistraturas de la ciudad. Sus aficiones le llamaban por caminos muv distintos a los de la vida política.

heraclito

Heráclito de Éfeso, ​​​ conocido también como El Oscuro de Éfeso, ​ fue un filósofo griego. Era natural de Éfeso, ciudad de Jonia, en la costa occidental del Asia Menor.

Prefería embeberse en la contemplación de la naturaleza para descifrar el enigma del ser de todas las cosas, es decir, el elemento fundamental que las constituía.

Este era el problema básico en el despertar filosófico de la Jonia, desde que Tales de Mileto había maravillado a todos con sus predicciones astronómicas y la afirmación de que en el agua cabía ver el elemento original y constitutivo del mundo.

Sin embargo, aun había otro problema que preocupaba más a Heráclito: el de la posibilidad del cambio, la relación entre el ser y el devenir.

Los filósofos eleáticos, Jenófanes y Parménides, se habían inclinado por la noción del ser eterno e invariable de las cosas. No fue éste el criterio del filósofo de Efeso.

En sus profundas disquisiciones, difíciles de comprender incluso para un hombre como Sócrates, lo que parece ser debido a la concepción aforística de los pensamientos, Heráclito aceptó la teoría de la unidad de la naturaleza, propia de la escuela jónica, pero negó la manera de ser que aquélla le atribuía.

Si todas las cosas eran una, esta unidad estaba integrada por la «tensión opuesta» de los miembros singulares de ella. Calor y frío, noche y día, bueno y malo, etc., eran las mismas cosas en el sentido de ser las mitades inseparables y opuestas de un todo.

Esta materia inicial, el primer elemento, no es el agua de Tales ni el apeiron (lo ilimitado) de Anaxímenes, sino el fuego; fuego eterno, inquieto y dotado de razón, que por eso se llama también logos y diké (la razón y la justicia).

El fuego es uno; pero se halla en continua transfor-mación, en el aire, en el agua y en el cielo. A su vez, estos otros elementos se transforman en fuego, y el ritmo general de los acontecimientos y el orden en el cambio es, precisamente, el logos.

Así, pues, en Heráclito la unidad, la regularidad y el cambio eterno son las cualidades fundamentales de lo existente, reducidas a una invisible armonía.

La comprensión consiste en conocer esa armonía, y la virtud, en subordinar el individuo a las leyes de la misma. Su doctrina práctica de la vida la resume de la siguiente manera: «La ley de las cosas es la ley de la razón universal.»

La filosofía de Heráclito, de carácter aristocrático y dirigida a los núcleos selectos de la intelectualidad jonia, ha sido calificada de «obscura».

Realmente, él no se proponía divulgar sus concepciones entre el vulgo, al que despreciaba. «Diez mil juntos — decía—-no llegan a pesar lo que uno excelente.»

En lucha contra la oleada democrática, de carácter ya degenerado, que invadía las ciudades de la Jonia después del triunfo de Atenas sobre Persia, Heráclito expresa su pesimismo para el futuro de la cultura y se yergue como defensor del valor directivo de las altas personalidades.

Para Heráclito, todo lo que existe, incluidos los hombres, los animales, las plantas y las estrellas, es el resultado de una lucha de contrarios, donde todo cambia sin cesar. De esa manera, el día se conuierte en noche, el calor enfrío, lo joven en viejo, lo pequeño en grande, y lo vivo en muerto.

NADIE SE BAÑA DOS VECE EN EL MISMO RIO: «Nadie se baña dos veces en el mismo río» afirmó Heráclito, porque el agua corre sin cesar, y cada vez que nos bañamos el agua es diferente.

Tampoco su cauce es nunca el mismo, pues ei nivel del agua no es igual, y las orillas se erosionan y se transforman. F

inalmente, también nosotros somos distintos cada vez, pues nuestros pensamientos y sentimientos no son los mismos de la vez anterior.

Aunque sólo haya pasado un día desde esa vez anterior, ya somos un día más viejos, porque todo fluye y nada es permanente.

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Biografia de Boecio Filosofo y Poeta Romano

Biografia de Boecio

Situado entre dos épocas, con un pie en la antigüedad clásica y otro en los tiempos medievales, Boecio es, sin disputa, una de las más eximias figuras de la cultura europea. Como tal fue reconocido, ya en su misma época, por Prisciano, Casiodoro y Ennodio, éste obispo de Pavía.

Boecio
Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio fue un filósofo y poeta latino romano, actividad que compaginó con su faceta como estadista y autor de tratados sobre distintas disciplinas como la música, la aritmética o la astronomía.
Fecha de nacimiento: 477 d. C., Roma, Italia
Fallecimiento: 524 d. C., Pavía, Italia

Luego, durante la Edad Media, numerosas generaciones se formaron en sus obras, las cuales fueron copiadas repetidas veces; comentadas por grandes pensadores, como Escoto Eurígenes, Remigio de Auxerre, Nicolás Trivet y Pedro de Ailly; imitadas por escritores de todos los países, y traducidas en lengua vulgar desde el siglo IX por Alfredo de Inglaterra, quien fue seguido, en Alemania, por Notker de San Gall, en Francia por Juan de Meung, en Grecia por Máximo Planudio, etc.

¿Cuál fue la causa de esta gran popularidad y aceptación? Boecio, sin ser original y creador, fue hombre de vasta y solidísima cultura, de espíritu delicado aunque de firmes convicciones religiosas.

Como si presintiera la inminencia de la catástrofe que había de abatirse sobre la cultura occidental, «el último de los romanos» recogió los principales tratados de la filosofía griega, los tradujo y los comentó, con el elevado propósito de hacer concordar el pensamiento de Platón y de Aristóteles en sus puntos fundamentales.

Desde luego, no pudo llevar a cabo esta empresa sobrehumana; pero lo que quedó de su esfuerzo fue bastante para iluminar las próximas tinieblas de la Edad Media.

Entre sus numerosísimas obras, merecen especial mención las traducciones y los comentarios del Isagoge de Porfirio y de las Categorías y del Perihermenias de Aristóteles, que realizó entre 505 y 510.

A mayor abundamiento, escribió varios tratados de lógica (Introductio ad categóricos syllogismos, De syllogismo categórico, De syllogismo hypothetico, etc.), los cuales resumieron lo que la Alta Edad Media conoció de la segunda parte del Organon aristotélico; y diversos libros de música, aritmética y geometría.

Sin embargo, quedaría, incompleta nuestra visión de Boecio, si no nos refiriéramos a su obra más famosa, De consolatione philosophiae, escrita en las duras circunstancias a que nos referiremos en seguida.

Los problemas planteados en ella, en particular sobre la recompensa del bien y el castigo del mal, y la intervención de la Providencia en las acciones humanas, constituyeron motivo de reflexión durante los tiempos medievales, que nunca descuidaron esta obra boeciana.

Para los críticos modernos, revela la actitud filosófica de su autor, todavía propensa a enfocar tales cuestiones a base de los recursos del pensamiento platónico, peripatético y aun estoico, sin que los informara un espíritu cristiano total.

No quiere esto decir que Boecio no fuera un autor cristiano, pues sus obras De Sancta Trinitate, De persona et duabus naturis in Christo, etcétera, así lo pregonan; en cambio, se admite que, como hombre de una época de transición, representara un papel de intermediario incluso en este aspecto de la definición católica del pensamiento filosófico.

Respecto a su vida, Boecio fue un político destacado, además de filósofo y escritor. Nacido en Roma hacia el año 480, en el seno de una familia descendiente de la rancia estirpe de los Anicios, perdió a su padre en 487, siendo entonces acogido en casa del senador Quinto Aurelio Símmaco.

Este le educó en el saber antiguo y, ya mayor, le dio la mano de su hija Rusticiana.

La fama que adquirió con sus traducciones y su saber, así como su nobleza, le atrajeron el favor del monarca ostrogodo Teodorico, quien después de establecer su poder en Roma en 500, quería reverdecer los tiempos del Imperio romano.

Boecio fue nombrado muy joven cuestor y patricio, y en 510 recibió la dignidad de cónsul. Su buena fortuna continuó durante algunos años, pues en 522, a la vez que sus hijos eran nombrados cónsules, él recibía el cargo de magister officiorum, desde el cual veló por el mantenimiento de la justicia y el buen orden de las provincias.

Hacia el fin del reino de Teodorico, fue acusado de traición y sacrilegio por haber entrado en relación con el emperador bizantino Justino.

En realidad, Boecio, no sólo era un buen romano, sino un ferviente católico, opuesto, por tanto, a la opresión de los ostrogodos, bárbaros y arríanos.

Aunque él se defendió de los cargos que se le habían formulado, fue encerrado en la torre del baptisterio de Pavía.

Aquí compuso el De consolatione philosophiae, procurando vencer el desaliento y la amargura de aquellos días.

A pesar de su inocencia, fue condenado a muerte. Según una tradición, murió decapitado, después de haber sido sujeto a tormentos, en el Ager Calventianus, cerca de Milán, en un día del año 524 ó 525.

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OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
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Biografia de Juan Luis Vives Filosofo Humanista Español

Biografía de Juan Luis Vives – Filósofo Humanista

A la edad de cuarenta y ochos años, el 8 de mayo 1540, moría en Brujas Juan Luis Vives dejando a la posteridad una obra imponente en la que se reflejan todos los aspectos — filosófico, religioso, filológico, pedagógico y jurídico — del Renacimiento europeo.

Vives, sin dejar de ser valenciano y español, fue un destacado europeo, uno de esos humanistas cosmopolitas que acrisolaron en su espíritu los valores más conspicuos de Occidente.

Juan Luis Vives
Juan Luis Vives​, fue un humanista, filósofo y pedagogo español.
Fecha de nacimiento: 6 de marzo de 1493, Valencia, España
Fallecimiento: 6 de mayo de 1540, Brujas, Bélgica
Educación: Universidad de París
Era: Filosofía renacentista
Padres: Blanquina March Almenara, Luis Vives Valeriola

Con Erasmo, More y Budé, constituye el cuadrunvirato de las letras en la primera mitad del siglo XVI. En realidad, representa la versión española del humanismo, el cual, en su persona sabia, modesta y pía, no fue tan sólo un elemento filológico, sino un instrumento para la mejora de la humanidad, mediante una nueva pedagogía fundada en la psicología, un interés novísimo por las necesidades sociales y un sistema de paz entre los pueblos cristianos, inspirado en las doctrinas católicas.

Este rasgo — el catolicismo — es fundamental en la posición humanista de Juan Luis Vives. Como español forjado en la amplia visión de la unidad espiritual del mundo, rechaza toda aproximación a la causa de la Reforma protestante, germen de la disgregación inminente de la cultura y de la Iglesia de Occidente.

Por esta causa, supo siempre mantenerse fiel a sí mismo, a pesar del influjo de las doctrinas erasmitas. No tuvo la potencia espiritual, ni la abundancia artística, ni la brillantez exquisita de Erasmo; pero, en cambio, dentro de los humanistas europeos, se distinguió por su sentido común y por su visión aguda de la realidad del momento.

No vivió en la torre de marfil de la fantasía, ni le bastó nunca la erudición; fue a buscar el mundo para enseñar a todos que no hay más gloria que en el seno de Dios y de la buena conciencia.

Nacido en Valencia el 6 de marzo de 1492, el mismo año de la conquista de Granada y del descubrimiento del Nuevo Mundo, procedía de una familia establecida en esta ciudad desde los tiempos de Jaime el Conquistador, oriunda quizá del condado de Rosellón.

Su padre, Luis Vives, era hombre acomodado, y su madre, Blanca March, estaba emparentada con el poeta Ausias, el cual brilló en la lírica catalana a mediados del siglo XV.

Educado con esmero por sus padres, Juan Luis Vives se formó en la universidad de Valencia, la cual había sido reformada en 1498. En el fervor de un nuevo empuje cultural, Vives recibió en aquel centro de estudios las lecciones de gramática de Daniel Sisó y de griego de Bernardo Vilanova.

Su maestro de latinidad fue Jerónimo de Amiguet, natural de Tortosa, el cual era un profesor mediocre y no aceptaba el método erasmita, que otro español, más hábil, Antonio de Nebrija, acreditaba por aquel tiempo en la Península.

A los quince años, Vives, siguiendo la inspiración de Amiguet, compuso contra el innovador unas Declamaciones, de que luego se retractó por completo.

En 1509, y a causa de una peste que asoló la ciudad de Valencia, Vives fue a continuar sus estudios en París. Admitido por su seriedad y capacidad en la Sor-bona, cursó los estudios de teología y filosofía en los colegios de Beauvais y Montaigu.

El profesor que más profunda huella grabó en su espíritu fue Gaspar Lax, en cuyo honor compuso más tarde una de sus primeras obras, el Christi Jesu triumphus, donde reveló, no sólo sus excepcionales dotes para la forma dialogada, sino una piedad que jamás sería vencida.

Alejándose cada vez más de su patria, en 1512 se trasladó a las ricas ciudades de Flandes. Primero en Brujas y luego en Lovaina, Vives se puso en contacto con la poderosa corriente erasmita, entonces en todo su apogeo.

Erasmo, ya sexagenario, le distinguió personalmente con su aprecio. Conquistado por tan eminente maestro, Vives rompió con la tradición escolástica de Valencia y París, pero no consigo mismo.

Su fama de erudito, que ya se iba extendiendo, le valió .ser nombrado preceptor del príncipe Guillermo de Croy, sobrino del poderoso señor de Chiévres. Con su discípulo viajó por varios lugares de Flandes.

En 1519 visitó París, donde conoció a Guillermo Budé. Fue recibido muy cordialmente por los círculos hu manistas de la capital de Francia, los cuales también habían reaccionado contra los sistemas periclitados de la Sorbona.

La muerte de Guillermo de Croy abrió un triste paréntesis en la vida de Juan Vives, que él superó gracias a su laboriosidad y a su competencia.

Entre 1522 y 1523 dedicóse a la enseñanza privada en Brujas y Lovaina.

Luego se trasladó a Inglaterra, donde gracias al apoyo de los humanistas More y Collet obtuvo una situación muy digna en la corte de Enrique VIII y Catalina de Aragón, como preceptor de la princesa María y profesor en el colegio Corpus Christi, de Oxford. Considerando resuelto su porvenir, se casó en 1524 con su antigua alumna Margarita Valldaura, que residía en Brujas.

Su prosperidad fue muy efímera. Las discrepancias matrimoniales entre Enrique VIII y Catalina de Aragón arruinaron su carrera en Inglaterra.

En 1527 regresó a Brujas, ciudad que, con Lovaina, hizo centro de los últimos años de su vida, aquejado por la gota las preocupaciones materiales y lo ingente de su trabajo. Sin embargo, en esta época completó su obra de humanista, ya proclamada con todo brío en su admirable De institutione feminae christianae (1523), con sus tratados fundamentales sobre la Sabiduría y el Alma (1538), sus Diálogos, la Verdad sobre la religión cristiana, etc. Parece imposible cómo el cuerpo débil y agotado de Vives fue capaz de una producción tan densa.

Agravada su enfermedad en el curso de 1539, murió: Juan Luis Vives al año siguiente, en la fecha indicada al comenzar, dejando un lugar vacío que el humanismo posterior nunca ha sabido colmar.

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Los Sistemas Filosoficos Resumen Problemas de la Filosofia Actual

Los Sistemas Filosóficos Problemas de la Filosofía Actual

LA FILOSOFÍA ACTUAL. Los excesos de este idealismo exagerado condujeron de nuevo a un descrédito de la razón, con el derrumbamiento del edificio que Kant intentara construir; volvieron a surgir corrientes diversas y las encontradas opiniones.

Así, llegamos a la filosofía contemporánea, en la que no destaca una figura que acierte a construir una completa síntesis filosófica.

La fenomenología, de Husserl, surgió como una reacción al exagerado subjetivismo, lo mismo que la «filosofía de los valores» defendida por Scheler.

El «vitalismo», a la exaltación de la razón opone la exaltación de la vida, entre cuyos defensores principales se encuentran Nietzche, Dilihey y, sobre todo, Bergson.

El «existencialismo» es la corriente filosófica más nueva, y centra su interés en el estudio de la existencia humana. La esencia de las cosas no interesa; solamente vale la pena existir sin más preocupación. Sus máximos representantes son Kierkegaard y Heidegger.

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Husserl, con su obra Investigaciones lógicas, fundó la «fenomenología», que es a la vez un método de investigación y un sistema que ha ejercido gran influencia hasta nuestros días. Critica el subjetivismo y el psicologismo, la excesiva preponderancia que se da al yo, al individuo, y admite las realidades objetivas fuera de la mente humana, realidades que se manifiestan por fenómenos, los cuales se comprenden por medio de la intuición.

ARTHUR SCHOPNENHAUER:Nietzche, en nombre de la vida, se rebeló contra el pesimismo, introducido en la filosofía europea por Schopenhauer.(imagen)

A la negación de la voluntad de vivir, que éste sacó de la filosofía budista, opuso Nietzche la voluntad de poder, para llegar a un hombre imaginario que se encontrara «más allá del bien y del mal», o sea al superhombre.

Propugnó un cambio total en los valores de la vida humana y su influencia en la juventud del siglo XX fue grande.

Bergson es el verdadero propulsor del «vitalismo».

Analizando los datos inmediatos de la conciencia, atacó la doctrina del mecanicismo y el materialismo consiguiente.

La vida, según él, es frute de un impulso interno que llama «elan vital»; es la realidad originaria de la cual nace la materia por degeneración, y el espíritu por sublimación.

Pero la razón no puede comprender los hechos biológicos y sólo la intuición puede captar las realidades profundas de la vida.

Kierkegaard fue el precursor de la actual filosofía existencialista.

Más literato que filósofo, se opuso a las teorías de Hegel y combatió la absorción del individuo por la colectividad. Angustiado por el problema religioso y por el pecado, realizó profundas meditaciones sobre la existencia y el destino humanos.

El español Balmes representa la reacción cristiana ante los excesos idealistas de los filósofos postkantianos. Fue sacerdote, periodista y polémico infatigable.

Se le puede considerar como el primer pensador católico que intentó dotar a la filosofía tradicional de una teoría del conocimiento. Como fuentes básicas de la certeza señala la conciencia, la evidencia y el instinto intelectual o sentido común.

Heidegger es hoy el máximo representante del existencialismo». En su obra capital, Ser y Tiempo, asimila influencias del vitalismo y de la fenomenología. «Hay que partir de la existencia humana para solucionar el problema de la realidad», dice.

Explica la angustia por la limitación de la existencia humana. «El hombre es un ser para la muerte», afirmó, y se preguntaba en qué terreno encuentran las raíces del árbol de la Filosofía su sostén, y acababa por admitir como única realidad metafísica el hombre que está en el mundo, es decir, la existencia pura.

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LOS SISTEMAS FILOSÓFICOS.

Así como las ciencias presentan sus conocimientos propios en un solo sistema u ordenación, la Filosofía ofrece la pluralidad de sistemas diversos. A continuación se expone la definición de los más importantes por orden cronológico de aparición en la Historia.

Monismo. Se dio este nombre al sistema seguido por algunos filósofos griegos, anteriores a Sócrates, que admitían una sola sustancia como origen de todas las cosas: Para Thales, era el agua; para Anaxímenes, el aire; para Heráclito, el fuego. También se da este nombre a otros sistemas filosóficos que sólo admiten en el mundo una sustancia primaria; como la materia para los materialistas o el espíritu para los idealistas.

Pluralismo. El sistema de los primeros filósofos griegos que admitían varias sustancias primarias como origen de todas las cosas, o sea agua, tierra, aire y fuego a la vez, los cuatro elementos.

Dualismo. Admite la existencia de dos principios: espíritu y materia para unos; mal y bien para otros.

Atomismo. Considera el átomo como parte esencial de todos los cuerpos, que no son sino agregados de átomos.

Sofismo. La Filosofía tomada en simple sentido de erudición con excesivo apego a la razón individual, lo que implica una concepción escéptica de la vida. Los sofistas eran malabaristas de la verdad.

Humanismo. El hombre como centro de toda Filosofía.

Innatismo. Admite que las ideas son innatas,o sea que el hombre, al nacer, ya lleva en sí el principio de todos los conocimientos.

Hedonismo. El fin de toda la especulación filosófica y la norma de la conducta humana es para los hedonistas el placer.

Estoicismo. Es preciso renunciar serenamente a muchas cosas y no dejarse llevar por los excesos en el sufrimiento ni en la alegría, para vivir conforme a la naturaleza, o sea conforme a la razón. La libertad interior se conquista mediante la lucha con las pasiones hasta llegar a la apatía o serenidad del ánimo.

Escepticismo. Niega ia validez, tanto de las percepciones sensibles como del conocimiento intelectual y declara la esencia de las cosas incognoscible. El hombre, según él, no debe adherirse a ideales de ninguna clase.

Dogmatismo. Creencia en los dogmas o principios establecidos por los grandes filósofos.

Voluntarismo. Da a la voluntad, la primacía entre todas las facultades del alma.

Intelectualismo. Señala a la inteligencia como factor primordial de la vida del hombre.

Escolasticismo. Sistema filosófico que sigue la síntesis completa lograda por Santo Tomás, al coordinar el pensamiento cristiano con la doctrina de Aristóteles.

Realismo. Los conceptos universales abstractos son una realidad tan viva como la de los seres creados.

Nominalismo. Los conceptos generales, las ideas universales, como «Justicia», no existen en la realidad, pues sólo son nombres, palabras, pero nada más.

Empirismo. Sistema que fundamenta la verdad de los conocimientos filosóficos en la experiencia. Ninguna afirmación es válida si no está comprobada por la realidad.

Racionalismo. Construye la Filosofía con el uso exclusivo de la razón, mediante deducciones sistemáticas, sacadas de unos principios que se consideran evidentes.

Ocasionalismo. Los seres sólo han sido creados para dar ocasión de obrar al Creador, como el cuerpo ha sido creado y dispuesto como ocasión para el obrar del alma.

Materialismo. Surge de la aplicación del empirismo a los problemas psíquicos y considera la materia como la única realidad existente.

Deismo. Doctrina filosófica que confía la solución de los problemas religiosos a la razón natural, sin ayuda de la Revelación.

Sensualismo. Todo en el hombre proviene de la sensación, ya que sin los sentidos el hombre sería como una estatua, y una estatua que tuviera sentidos obraría como el hombre. Los pensamientos no son otra cosa que sensaciones transformadas.

Naturalismo. Defiende la vuelta del hombre a la vida natural, pues el hombre es bueno por naturaleza y la sociedad le corrompe.

Criticismo. Sistema que critica la sola validez de la razón para alcanzar el conocimiento científico, y supone el examen previo de la misma antes de aceptar cualquier teoría del conocimiento.

Idealismo. Afirma el predominio de las ideas ante las realidades del Universo. Hay varios sistemas idealistas, entre los que destacan los de Platón, Berkeley, Kant y sus seguidores. El idealismo exagerado conduce a afirmar que el mundo exterior no existe y que los objetos no son sino proyecciones de nuestro pensamiento.

Positivismo. No admite otra verdad que la doctrina positiva de las ciencias y rechaza la conciencia o sentido íntimo como fuente de conocimiento. Sólo admite la experiencia sensorial.

Psicologismo. Supone que todo en Filosofía es subjetivo; que todo se resume en opiniones personales sin valor objetivo y real. Hijo del positivismo, es una tendencia a reducir todos los procesos filosóficos a meros capítulos de la Psicología.

Fenomenología. Los objetos poseen un ser ideal y la manifestación de este ser en la cosa es el fenómeno. El estudio de estos fenómenos mediante la intuición es la base de este sistema.

Axiología. Es la doctrina de los valores. El valor no depende de la apreciación personal, sino que existe por sí mismo; es una cualidad ideal de los objetos que están dotados de propiedades características.

Historicismo. Es la manera de interpretar la Filosofía como si no fuese otra cosa que la mera relación de las diversas teorías de los filósofos en permanente evolución.

Neoescolasticismo. Es el retorno a la Filosofía escolástica, pero a la luz del pensamiento y de los descubrimientos.

Existencialismo. Es el sistema que considera la existencia humana como centro de toda especulación. El hombre está solo, inmerso en el mundo y condenado a morir. Siente la angustia de su destino porque la existencia humana confina por todos lados con la nada. Reivindica el valor de la persona y exalta el poder de la libertad.

LOS PROBLEMAS DEL MOMENTO

Cada época, a lo largo de la Historia, ha planteado problemas distintos cuyas notas esenciales estaban íntimamente ligadas a los intereses y a las formas de la vida presentes en aquel instante. El momento que hoy vivimos, la segunda mitad del siglo XX, se muestra extremadamente rico en hechos e inquietudes de todas clases.

En primer lugar, la Ciencia. Nunca se había dado un proceso general, tan extenso e intenso al mismo tiempo, de investigación científica, y en ninguna época anterior se había llegado al descubrimiento de tantas verdades cuya aplicación a la vida corriente hubiesen transformado de tal modo la existencia.

Sesenta años atrás no se conocía la aviación y hoy el hombre se dispone a conquistar el espacio extraterrestre con grandes seguridades de triunfar. No es necesario detallar los progresos conseguidos en el campo de la Biología, la Química, la Física, etc., para admitir el hecho de que nuestro momento histórico es de carácter eminentemente científico.

Pero coincidiendo con este hecho de preponderancia, la Ciencia moderna se muestra singularmente prudente y parca en disquisiciones de tipo filosófico. Han sido tantas las afirmaciones tenidas como ciertas que en el siglo presente se han venido abajo, que el hombre de ciencia se resiste a admitir una verdad como una entidad permanente, absoluta.

El determinismo que caracterizó tiempos anteriores ha dado paso a un probabilismo. Es decir, que los hechos sean como la Ciencia los describe e interpreta es sólo un hecho probable aunque el porcentaje de probabilidad sea elevadísimo. Al juntar pedacitos muy diminutos de granos amarillos y granos azules, tendremos un montón de granos verde; al contemplarlo a distancia.

¿Es posible que agitándolos nuevamente logremos separar los azules a un lado y los amarillos a otro? Es posible, aunque la probabilidad de que esto ocurra sea prácticamente nula. Así, Perrin calculó las probabilidades que existen para que los casuales golpes de moléculas del aire empujaran un objeto hacia lo alto contrarrestando la fuerza de la gravedad.

El hecho podría suceder cada diez elevado a diez mil millones de años. Prácticamente, jamás.

Cuando se empezó a estudiar seriamente la estructura del átomo fué descrito como un sistema planetario en el cual el núcleo equivalía al Sol y los electrones a los planetas que giran a su alrededor. Hoy se admite que la composición de la materia, lo que sea el núcleo, el átomo, etc., es irrepresen-table, no tiene cabida en la imaginación humana.

La estructura atómica es inimaginable. Al pensar en qué será «lo último» de la materia concreta, la Física deja paso a la matemática y quedan sólo unas cifras, unas determinantes o unas fórmulas que sólo poseen un valor explicativo para los iniciados.

El eterno mito de las puertas que se abren para mostrar nuevas estancias con nuevas puertas cerradas es cierto cuando intentamos explicar nuestro mundo natural. De ahí que la Ciencia, en el momento cumbre de su esplendor, quiera limitarse a investigaciones concretas, rehuyendo la Metafísica que ha vuelto a manos de los filósofos, los cuales han de dar una interpretación de los hechos hasta hoy descubiertos sin que les importe la posible caducidad de sus conclusiones.

Otro aspecto de la inquietud filosófica presente radica en el interés extraordinario de la investigación sociológica. En este punto el filósofo y el economista han sucedido al político. Ya no es posible lanzarse alegremente a especulaciones y construcción de entelequias políticas o sociales. El mundo se rige por unas leyes económicas muy severas y tan concretas como pueden serlo las leyes físicas porque son leyes matemáticas.

De un lado, el estudio de la economía, la producción, las necesidades sociales, y de otro un intento de interpretación histórico del fenómeno humano a base no sólo de profundizar en la Filosofía de la Historia, sino en la investigación de las formas de vida de los pueblos primitivos en un intento de sintetizar y abarcar el proceso humano para determinar su probable marcha hacia el futuro.

Los problemas del hambre, de superpoblación, de razas, etc., de carácter político y social atraen la atención de los filósofos para darles adecuada solución al servicio de distintos ideales.

Pero sin duda alguna, donde se ha demostrado más intensa aunque más descorazonadora la acción de la vida moderna en el campo del pensamiento ha sido en lo que se refiere a la Psicología. Freud, a principio de siglo, dio a conocer el mundo turbio y excitante, pero real, del subconsciente.

Las dos grandes contiendas sufridas en menos de treinta años de intervalo han ocasionado una corriente de tono francamente pesimista. Ya hemos dicho cómo el existencialismo ha sido la tendencia dominante de las juventudes de postguerra.

En Francia, Jean Paul Sartre, novelista, dramaturgo y escritor famoso, exponía la náusea que la existencia produce. Para él y sus seguidores el hecho de existir es terriblemente desconsolador. Los hombres son lobos para los otros hombres y no existe nada digno de ser vivido, excepto la experiencia de la muerte, a la cual, por trágico destino, no podemos entregarnos. Incluso el amor es el dominio de una persona sobre otra. La nada nos rodea.

La Literatura ha dado innumerables temas en los que el análisis de los hechos más morbosos o crueles ha puesto de relieve la existencia de un pozo de angustia y de miedo que acompaña nuestra vida. Se han analizado los casos de máxima perversión y las conductas más ilógicas como muestra de hasta dónde puede llegar el hombre en el vacío caminar que es su existir.

En España, estas tendencias se han suavizado considerablemente por el temperamental optimismo de nuestra raza. Ortega y Gasset (mucho antes que los existencialistas) sentaba su teoría de la razón vital. La existencia para él era un quehacer constante, más atractiva por cuanto es libre. Cada uno de nosotros crea nuestra propia historia.

No vivimos solos, sino rodeados de una circunstancia (hombre, clima, población, trabajo, etc.) y ésta se extiende desde un lejanísimo pasado hasta un futuro que se va haciende según esta elaboración que viene determinada por la frase «Yo soy yo y mi circunstancia». Ortega y Gasset no era un pesimista, sino un hombre con los ojos abiertos a este maravilloso espectáculo que es la vida.

La conducta concreta del hombre se define por la aceptación de un orden de valores. Max Scheler (1874-1928) dio a conocer su axiología, es decir, la existencia de un orden sentimental, no determinado exclusivamente por la razón ni la ciencia, alógico, en el que la carga afectiva pesa en forma extraordinaria. Cada uno de nosotros escribe en su interior una escala de prelaciones y sitúa en lo más alto un ideal y tras él otro y otro.

A esta valoración se atiene su conducta. Para llegar a esta construcción interna, el hombre se deja llevar por la intuición. Estos valores poseen una intencionalidad, mueven la conducta, pero no deben confundirse con el deseo.

En la vida de una persona se produce precisamente el choque entre el deseo y el deber porque aquél creó su escala de valores ideales y el apetito solicitó algo que está en pugna con esta escala de valoración. Yo puedo desear la muerte de mi enemigo, pero mi catalogación de valores morales me censura este deseo.

A cada valor positivo corresponde su contrario y todos ellos se encuentran jerarquizados. Para esta persona los valores o ideales religiosos están en lo más alto y los crematísticos son situados en el ínfimo peldaño de la escala. Para otra, los valores o ideas de Patria están por encima de cualquier consideración y a ellos se supeditan los de honor, familia, religión, amistad, etc. Según Scheler, las clases de valores que existen son:

1. Económicos o de utilidad (dinero).
2. Vitales (salud, valor, nobleza, etc.).
3. Espirituales: lógicos, estéticos o éticos.
4. Religiosos.

La Cultura, el progreso, el hacer histórico no son sino una aplicación a lo ancho del espacio y a lo largo del tiempo de los distintos conceptos de valor en vigencia para cada hombre y en cada época. Aquí se unen la Moral, la Estética, la Política, la Lógica, etc., pues el futuro de la Humanidad reside en la ejecutoria y la preponderancia de los valores más nobles sobre los más bajos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia CONSULTORA Temática e Ilustrada Tomo IV La Filosofia

Averroes Biografia del Filosofo Arabe El Pensamiento Medieval

Averroes Filósofos Árabes: El Pensamiento Medieval – Biografía

AVERROES (Cordoba, 1126 – Marrakech, 1198: Averroes (Abu-l-Walid Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad Ibn Rusd) fue uno de los más importantes filósofos hispanoárabes de su época. Introdujo el pensamiento aristotélico en Occidente, su figura ocupa un lugar de honor en la historia del pensamiento medieval.

Fue este último teólogo, jurisconsulto, médico, matemático y astrónomo, y a la vez un eminente comentarista de Aristóteles, a cuyo sistema filosófico profesó gran predilección.

A la cultura musulmana se debe la introducción en la aritmética de los signos de numeración llamados arábigos, de uso actual, y el léxico español también le debe la aportación de las voces álgebra, alcohol, alquimia, nadir, cénit, elixir, cifra y otras muchas de uso en las ciencias y en las artes

Filósofo hispano-musulmán. Perteneciente a una ilustre familia de jurisconsultos cordobeses, estudió Filosofía, Derecho, Física, Astrología, Matemáticas y Medicina. Gozó del favor de los sultanes de su tiempo y ejerció cargos importantes como cadí (juez) de Sevilla (1169) y de Córdoba (1182). De cultura enciclopédica, se especializó en Filosofía, abriendo camino al renacimiento hispano-musulmán.

Averroes, nació en Córdoba (cuando al-Andalus estaba bajo dominio de los almorávides) en una familia prestigiosa de jurisconsultos –su padre y su abuelo fueron cadíes supremos de Córdoba–, su curiosidad intelectual derivó en una educación que abarcó todos los ámbitos científicos: medicina, derecho, astronomía, matemáticas y filosofía.

En esta ultima especialidad, su maestro fue Abentofaid, mediante el cual conoció al sultán Yusuf I, en el 1168.

De esta manera, Averroes se abocó a la lectura atenta de los principales exponentes filosóficos: Aristóteles, Avicena y a Avempace.

Estudió también a Porfirio, Galeno, Ptolomeo y Platón.

Pasó su vida a caballo entre Andalucía y Marruecos, escribiendo obras de filosofía y de medicina, que alcanzaron gran prestigio en todo el mundo musulmán.

Filosofo Averroes, árabeA la edad de 43 años fue nombrado juez de Sevilla, y a los 56, paso a ser medico particular del Sultan Abú Yaqub Yusuf. Al poco tiempo, fue nombrado juez en Córdoba.

En ese momento ya contaba con una producción vastísima, en las que se destaca su labor de comentarista:

«Comentarios al ‘Corpus aristotelicum’», que contiene los «Comentarios menores», los «Comentarios medios» y los «Comentarios mayores», en los que se incluyen comentarios al «Isagogé», de Porfirio; el libro «Tahafut al Tahafut» -ataque a la obra del Algazel «Destrucción de la Filosofía»-; sus «Comentarios» a al-Farabi, Avicena y Avempace; sus «Comentarios» a Galeno y Ptolomeo; su tratado «El kitab al-kulliyyat al-tibb», de Medicina, y sus escritos teológicos «Damima» y «Fasl al Magal».

Escribió sus Comentarios a la filosofía de Aristóteles, en la que, además de exponer las ideas de éste, añade las suyas. También comentó La República de Platón. Chocó con el ambiente religioso y filosófico de su época, siendo desterrado a Lucena por hereje.

En el campo de la Filosofía, Averroes se alejó de las doctrinas de Avicena, uno de los más prestigiosos pensadores musulmanes, el único reconocido en aquella época.

En este sentido, rompe con los elementos neoplatónicos que la exigencia de ciertos principios religiosos habían hecho obligatoriamente necesarios para los pensadores islámicos anteriores, y, de este modo, diferencia y separa Filosofía y Teología por vez primera en la civilización islámica.

Mantenía que las verdades metafísicas pueden expresarse por dos caminos: a través de la filosofía (según pensaban Aristóteles y los seguidores del neoplatonismo) y a través de la religión (como se refleja en la idea simplificada y alegórica de los libros de la revelación).

Aunque no propuso la existencia de dos tipos de verdades (filosófica y religiosa), sus ideas fueron interpretadas por los pensadores cristianos, que las calificaron como “teoría de la doble verdad”.

Rechazó el concepto de la creación del mundo “en el tiempo”, pues mantenía que el mundo no tiene principio.

Dios es el “primer motor”, la fuerza propulsora de todo movimiento, que transforma lo potencial en lo real.

El alma individual humana emana del alma universal unificada.

Según Averroes, el mundo y la materia son emanación de Dios y son eternos. El conocimiento humano es consecuencia de un intelecto agente universal único, impersonal e inmortal, que reside en la esfera de la Luna y es compartido por todos los individuos.

En cuanto a su teoría del conocimiento, Averroes se ciñe totalmente a la de Aristóteles y da a conocer el pensamiento del gran filósofo clásico sin ningún tipo de gangas neoplatónicas.

Incluso, los amplios comentarios de Averroes sobre las obras de Aristóteles (encargados por Yusuf I) fueron traducidos al latín y al hebreo, y tuvieron una gran influencia en la edad media, tanto en el escolasticismo y la filosofía cristiana como entre los filósofos judíos.

Su principal obra original fue Tahafut al-Tahafut (La destrucción de la destrucción), donde rebatía una obra del teólogo islámico Algazel sobre la filosofía.

A raíz de sus teorías filosóficas (la que afirmaba que la razón primaba por sobre la religión) Yusuf II (hijo y sucesor de Yusuf I) ordenó su destierro en 1194 a Lucena y su destitución del cargo en la Corte.

En 1198, rehabilitado, ingresó al servicio del sultán, al poco tiempo marchó a Marrakech (Marruecos), donde murió pocos meses después.

Su cadáver fue trasladado a Córdoba para enterrarlo en el panteón de su familia.

La obra de Averroes se centra en conciliar la filosofía de Aristóteles con la teología musulmana; traducido al hebreo y al latín, ejerció una influencia decisiva sobre la escolástica del Occidente medieval, tanto judía como cristiana.

Pretendió dar una explicación racional de los misterios del Corán y rozó con el panteísmo, siendo condenado también por la Iglesia católica (1240 y 1513). Su obra tuvo mucha influencia en Occidente, donde dio lugar a la difusión de la filosofía de Aristóteles y al movimiento escolástico, para cuyos miembros Averroes fue el comentarista por excelencia.

Fuente Consultada:
Grandes Cientificos de la Humanidad – Tomo I – Editorial ESPASA – Manuel Alfonseca – Entrada: Averroes
¿Sabes QUIEN…? – Editorial OCEANO – Entrada Averroes
Enciclopedia Electronica de Microsoft – ENCARTA-