Basílica de San Pedro

Ciudad de Venecia Lugares Para Visitar Plaza San Marcos Basilica

Historia de la Ciudad de Venecia y Sus Lugares Mas Importantes

En el siglo VI, los vénetos se establecieron en las lagunas del delta del Po, en una serie de islas. Este hecho fue el origen de la fundación de Venecia. Desde el siglo IX, Venecia representó un importante papel en la cuenca mediterránea. Ni la amenaza musulmana ni el descubrimiento de América pudieron empañar, a través de las épocas, la gloria de esta ciudad. Venecia sigue ssendo uno de los principales centros mun diales   de atracción turística.

Venecia es una red de canales, callejas, puentes y plazas. La ciudad está situada en las lagunas que se formaron en el delta del Po, en la costa del Adriático.

Ya en el siglo VI, cuando los lombardos se hicieron dueños del norte de Italia, varios pueblos se retiraron a esa región, en un grupo de islas. En 812 se vieron amenazados de nuevo, esta vez por los francos de Carlomagno. A partir del momento en que los dux  (príncipes) establecieron   su   gobierno en las islas del Rialto, quedo fundada Venecia.

vista de venecia con una gondola

Puente del Rialto

Durante el siglo IX los venecianos demostraron ser excelentes comerciantes, tanto más cuanto que su ciudad gozaba de una situación muy favorable. Cuando dos valerosos viajeros llevaron de Alejandría a Venecia las reliquias de san Marcos, se edificó la primera iglesia dedicada al santo, en el emplazamiento de la actual basílica. Desde entonces el león de san Marcos figuró en el escudo de la ciudad.

En su origen, Venecia era aliada de Constantinopla. Pero su poder fue acrecentándose y la flota veneciana dominó el Mediterráneo oriental. En 1204 los venecianos se permitieron saquear Constantinopla en compañía de los cruzados. Como testimonio de esta expedición, sobre la entrada principal de la basílica de San Marcos se hallan los cuatro caballos de bronce que se llevaron de la capital del imperio romano de Oriente.

Los venecianos dominaban en Italia la parte oriental del valle del Po y habían establecido cabezas de puente militares en numerosas islas, como Chipre, Creta, las Cicladas y también en el continente.

Al principio sólo tuvieron que contar, en el Mediterráneo, con la rivalidad de Génova. Pero la conquista de Constantinopla por los turcos (1453) fue para ellos un duro golpe, porque se vieron obligados a evacuar algunas de sus bases.

Venecia conoció todavía otros sinsabores de resultas del descubrimiento de América, pues, en lo sucesivo, todo el tráfico marítimo se realizó desde los puertos del Atlántico. Sin embargo, el poder y la riqueza de la ciudad de las lagunas seguían siendo grandes: las industrias del encaje, el cristal y los espejos todavía eran prósperas, y los pintores venecianos llevaban hasta muy lejos la fama de la ciudad.

Las guerras napoleónicas pusieron fin a la independencia de la República. El tratado de Campoformio concedió Venecia a Austria, a cambio de la cesión a Francia de los Países Bajos meridionales. Venecia dejó de ser italiana hasta 1866.

Actualmente, la ciudad amenaza ruina: en efecto, Venecia se hunde lentamente en el suelo pantanoso. La mayoría de campanarios se han inclinado peligrosamente. Pero los miles, de turistas no piensan en ello cuando admiran la belleza mágica y sutil de las suntuosas mansiones patricias, los palacios, las iglesias y los museos, o el ambiente típico de los canales.

Venecia está unida al continente por un dique de 4 km de longitud. Los coches se dejan estacionados al extremo de este dique, porque en la ciudad todo el tráfico se resuelve con góndolas o embarcaciones de motor. Viejas y estrechas callejas en las que reina gran animación comercial conducen a las plazas, más amplias. La más importante es la Piazza San Marco, con la Piazzetta colindante. En ella se encuentra la famosa basílica y el palacio de los dux.

La plaza de San Marcos, vasto rectángulo de 175 por 82 m., está flanqueada en tres de sus lados por fachadas ornamentales y en el lado este por la grandiosa fachada de la basílica. Pese a los centenares de paseantes, en ella reina siempre una calma sorprendente, muy apreciada por innumerables palomas. Pequeñas orquestas típicamente italianas alegran al viajero con su música.

plaza san marcos

Plaza San Marcos en Venecia

Los múltiples callejones están cruzados por pequeños puentes que unen entre sí ciento cincuenta islotes. Uno de los mas conocidos es el puente de los Suspiros, que comunica con el palacio de los dux. El puente del Rialto está situado en el Gran Canal, a lo largo del cual más de cien palacios son el testimonio de un ilustre pasado.

Una visita a la ciudad de las lagunas puede provocar una indefinible atmósfera de desorientación, tanto en el espacio como en el tiempo. Se vaya donde se fuere, se pasa de sorpresa a sorpresa.

La actual basílica de San Marcos, en la que es evidente la influencia bizantina, data de 1063, y cuenta con cinco cúpulas, como la de los Santos Apóstoles de Constantinopla. La iglesia está sumida en la penumbra y el interior se halla ricamente adornado con mármoles y mosaicos. En la esquina de la plaza de San Marcos y la Piazzetta, se alza una torre aislada: el campanario de San Marcos. En 1902 se derrumbó, pero ha sido reconstruido según sus características originales.

basilica san marcos en venecia

El palacio de los dux se construyó en estilo gótico, entre 1309 y 1444, y la amalgama de características occidentales y orientales en su ornamentación es bastante desconcertante. Allí residieron, en otro tiempo, los dux, jefes de la antigua República de Venecia. El interior del palacio es de excepcional riqueza, y en él se pueden admirar numerosos frescos de los más grandes maestros venecianos.

Antes de la conquista napoleónica, cada año, el jueves de la Ascensión, los dux celebraban los esponsales místicos de Venecia y el mar. Seguido por un gran cortejo, el dux embarcaba en su galera ducal, llamada Bucentauro, y se adentraba majestuosamente en el mar. Allí arrojaba un anillo de oro a las olas y pronunciaba estas palabras rituales: «Nos unimos a ti en matrimonio, ¡oh, mar!, como signo de verdadero y perpetuo dominio».

Aparte de iglesias como San Giorgio Maggiore y Santa Maria della Salute, Venecia nos ofrece un interesante conjunto de excelentes obras arquitectónicas, testimonio de su esplendoroso pasado comercial. Se trata de las scuole, o casas gremiales, como las de San Giovanni Evangelista, Santa Maria della Carita, la de la Misericordia, San Teodoro, San Marco y San Rocco, notables todas.

iglesia venecia

Iglesia San Giorgio Maggiore

iglesia en venecia

Iglesia Santa Maria della Salute

La Biblioteca Nacional llamada también Marciana o de San Marcos, es de las más importantes del mundo. Se halla instalada en la Zecca (Casa de la moneda) y fue fundada en 1362 con un legado de manuscritos que pertenecieron ál poeta Petrarca, hoy desaparecidos. Conserva .unojs 560.000 volúmenes.

biblioteca en venecia

La Biblioteca Nacional llamada también Marciana

Fuente Consultada:
Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – Historia de Venecia

Biografia de Rafael Sanzio Artista Italiano de la Pintura

Biografia de Rafael Sanzio Artista Italiano de la Pintura

Todo cuanto el Renacimiento representa en gracia, armonía, belleza y serenidad  está vertido en la obra sin igual de Rafael Sanzio, el cual es, al lado de Miguel Ángel, la gran figura  del arte italiano en el siglo XVI.

Pero mientras Buonarroti explica la versión pasional, y delirante del Renacimiento,  Rafael halla la fórmula de la elegancia en la nobleza de la composición, la regularidad de la línea, el equilibrio de las proporciones y la dulce calma del conjunto.

Rafael Santi o Sanzio: Este gran artista llamado Rafael de Urbino por el lugar de su nacimiento, nació en 1483 y murió en Roma en 1520.

Era hijo del pintor y excelente poeta Juan Sanzio y en sus primeros años vivió dentro de un ambiente propicio al arte, que debió influir en sus inclinaciones.

Pasó a Perusa y entró en el obrador de Pedro Vannucci («el Perugino» o «Perusino»), donde ya reveló su fuerte personalidad artística, descollando entre sus producciones de aquel período de tiempo sus cuadros La Virgen del Libro, La coronación de la Virgen y otras obras notables.

En 1504 se trasladó a Florencia, donde conoció o trató a Leonardo de Vinci y a Miguel Ángel; allí fue modificando su técnica pictórica y ejecutó algunas composiciones y retratos.

En 1508 se estableció en Roma y allí fue donde su genio y su arte se manifestaron en genial eclosión.

Estuvo decorando los salones y capillas del Vaticano, y en los doce años que mediaron entre su llegada a la capital del orbe cristiano y su fallecimiento, produjo centenares de cuadros, retratos, dibujos para tapices, frescos murales, esculturas y obras arquitectónicas, todas ellas de inspiración y ejecución magistrales.

En la imposibilidad de su enumeración, mencionaremos sólo sus Madonnas, en las que ha culminado su acierto en armonizar la dulzura de la expresión con la prestancia y dignidad de la figura.

Su última y gran obra La Transfiguración quedó sin terminar.

Se conserva en el Museo Vaticano. En el Museo del Prado de Madrid figuran varias de sus obras siendo la más bella de todas la titulada Virgen de la Rosa. Murió tempranamente (treinta y siete años), siendo su desaparición una irreparable pérdida para el arte. Sus restos reposan en el Panteón de Roma.

Puede decirse que plasmó en el arte el tipo humano creado en la literatura por el Cortesano de Castiglione. Estas cualidades, potenciadas a un grado sublime, motivaron que Rafael se convirtiera en el maestro clásico de la pintura posterior, la cual ya no supo salir de los cauces que le abrió el gran maestro de Urbino. En este sentido, es el padre de la pintura academicista de los tres siglos venideros, aunque él no sea responsable de la falta de personalidad de sus innumerables seguidores.

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Rafael Sanzio

Raffaello Sanzio, ​ también conocido como Rafael de Urbino o, simplemente, como Rafael​​ fue un pintor y arquitecto italiano del Renacimiento.
Fecha de nacimiento: 1483, Urbino, Italia
Fallecimiento: 6 de abril de 1520, Roma, Italia
En exhibición: Museo del Louvre, Galería Nacional, MÁS
Períodos: Alto Renacimiento, Renacimiento italiano, Renacimiento, Pintura renacentista de Italia, Manierismo
Entierro: Panteon de Roma, Roma, Italia
Conocido por: Pintura, Arquitectura

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DESCRIPCIÓN DE SU VIDA: Pintor italiano nacido en Urbino, un destacado centro artístico y cultural, entonces capital del ducado del mismo nombre, conocido como el príncipe de los pintores.

Hijo de Giovanni Santi, pintor de poco mérito, pero muy educado y bien conectado en la corte renacentista de duque Federico da Montefeltro, conocido por su protección a las artes.

Después de la muerte de su padre (1494), que le había transmitido al amor a su hijo por la pintura y las primeras lecciones del arte fue con Perugino, donde aprendió la técnica de fresco  de Pietro de Perugino o la pintura mural, y allí creó su primera obra de distinción, El matrimonio de la Virgen (1504).

El aprendizaje con Perugino empezó cuando Rafael tenía 16 años; permanece junto a él hasta los 21. Sus cuadros de esta época recuerdan el periodo cuatrocentista.

Biografia de Rafael Sanzio Artista del Renacimiento ItalianoLa influencia de Umbría y del Perugino se aprecia en los amplios paisajes, en los que destacan arbolillos de copas muy claras y hojas menudas, gran simetría en las composiciones y movimientos suaves, rostros redondos, rasgos menudos y expresiones soñadoras.

A la muerte de su padre se fue a Perugia, donde comenzó a trabajar para Perugino, maestro de la escuela de Umbría cuyas pinturas muestran la paz y belleza de sus campiñas natales de los Apeninos.

Su influencia puede observarse en las obras de Rafael de este período; con un estilo dulce y colores azules y grises suaves que recuerdan las pinturas de Perugino.

A fines de 1500 Rafael fue contratado para pintar un retablo en la iglesia de San Agustín de Cittá del Castello, obra que resultó admirable y alabada por propios y extraños. Este éxito, junto con la predilección del Perugino, le proporcionó nuevos encargos, entre los cuales el de mayor envergadura fué el de los Desposorios de Brera, pintura ejecutada en 1504. Rafael afirmaba a los veintiún años su delicada personalidad y su incomparable maestría.

Sin embargo, cuando Rafael cumplió los veinte años de edad, había llegado a ser obvio que aventajaba a su maestro en la fuerza del trazo y en el diseño y equilibrio de su composición.

Se trasladó a Florencia (1504), atraídos por la fama de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, que tendrán una influencia considerable en el futuro. Durante esta etapa, Rafael pinta muchas Vírgenes, concebidas al estilo pagano de las matronas romanas, pero impregnadas de devoción y sentido cristianos.

Deben destacarse: La Madonna del Gran Duque (Florencia, Palacio Pitti), fechada en 1505, de influencia leonardesca, como casi todas sus Madonas de esta época, en la que apenas se percibe el sentido del movimiento, solamente expresado por un leve giro del cuerpo de la Virgen que, al contrarrestarse con otro del Niño en sentido contrario, suscitan en el conjunto, de tan sencillo modo, la indispensable sensación de movimiento.

En Florencia conoció el claroscuro de Leonardo — a través de las formas más extensivas de Bartolomé de la Porta — y la libertad de líneas de Miguel Ángel.

La gracia florentina aprisionó al pintor de Urbino, el cual, siempre paralelo a sí mismo, elaboró entonces su síntesis definitiva. Del período florentino de Rafael son sus Madonas y Sagradas Familias, obras que las reproducciones de todo género han hecho famosas y muy divulgadas, debido al encanto particular que de ellas se desprende y a su positivo valor ideal.

Admirado por la aristocracia y la corte papal, a sugerencia de su amigo Bramante arquitecto del Vaticano, se le encargó (1508) por orden del Papa Julio II para decorar con frescos las habitaciones del Vaticano, hoy se conoce como las Estancias de Rafael.

Así, a la edad de 31 años, se trasladó a Florencia, la ciudad que había sido el centro del desarrollo artístico e intelectual de Italia en el siglo XV.

La recargada atmósfera de Florencia difícilmente podía haber sido más distinta que aquella de las somnolientas ciudades de Umbría, y Rafael fue muy afortunado al estar allí en la misma época que lo hicieron Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel.

En los 12 años que pasó en Roma llevó a cabo numerosos proyectos de gran envergadura, en los que demostraba el resultado de una imaginación fértil y variada.

Después de la muerte de Julio II (1513), continuó trabajando para el nuevo Papa, León X (1513 a 1517), y con la muerte de Bramante (1514), fue nombrado para sucederle como el arquitecto del Vaticano y dirigió  las obras de la Basílica de San Pedro, donde sustituyó  la planta de cruz griega, o radial, con una cruz latina más simple o longitudinal. También trabajó en la  decoración de las logias (galerías) del Vaticano.

A pesar de la enormidad de la empresa, cuyas últimas partes quedaron en gran parte a cargo de sus discípulos.

Rafael se convirtió en el pintor de moda, y asume otras tareas múltiples: como crear imágenes, altares, cartones para tapices, decorados de teatro y proyectos arquitectónicos edificios civiles, como iglesias y Sant’Eligio degli Orefici.

Tal era su prestigio que, de acuerdo con el biógrafo Giorgio Vasari, el Papa León X había pensado en hacerlo cardenal.

Fue nombrado (1515), para supervisar la conservación de valiosas inscripciones latinas sobre el mármol, y encargado general de todas las antigüedades romanas (1517), quien se postuló para armar un mapa arqueológico de la ciudad.

Su última gran obra fue la Transfiguración individuales (1517) y el escenario del proyecto (1519) para la comedia que suppositi de Ludovico Ariosto.

La característica fundamental de Rafael  es su sentido de la proporción, de la medida y de la elegancia, lo que le hace primerísima figura de los cánones renacentistas, y su capacidad para asimilar el estilo de sus predecesores y contemporáneos, pero siempre creando algo nuevo de extraordinaria calidad.

Su temprana muerte en Roma a los 37 años de edad, hizo hincapié en el aura mística que rodeaba su figura.

Famoso por sus Vírgenes, la serie de pinturas de la Virgen, varios paneles en los muros del Vaticano y varias escenas de la historia sagrada, conocida por las Biblias Rafael, se convirtió en una figura histórica del Renacimiento, un movimiento artístico, científico y literario que floreció en Europa en el mismo período de la Edad Media y la época moderna, del siglo XIII hasta el XVI hasta el lugar de nacimiento en Italia y en Florencia y Roma, como sus dos más importantes centros.

Un rápido examen de las diversas actividades de la corta vida de Rafael nos permite contemplar su profunda vocación artística y su afán de superación, manifestados en los sucesivos progresos que jalonan y caracterizan las distintas etapas de su obra.

Iniciada ésta en muy temprana edad, no sólo asimila rápidamente con ágil intuición las enseñanzas de los excelentes maestros que brillaron en su tiempo, sino que acertó a impregnarlas de nuevos matices en la composición, el colorido, la técnica en suma, que imprimieron a su obra un innegable sello de propia personalidad.

No se concibe, de otro modo, que en plena juventud gozara del favor de los grandes personajes de la época que, como a los maestros ya consagrados, le encargaron obras que han pasado a la posteridad.

Entre 1508-9 se trasladó a Roma, que había tomado de Florencia la reputación de ser el centro del arte Italiano.

Fue aquí donde Rafael pintó lo que puede ser considerado como su mayor logro, cuando en varias salas del Vaticano pintó una serie de alegorías representando la mitología (Parnaso), la filosofía (La Escuela de Atenas) y la teología (Disputa).

En estos trabajos Rafael exhibió su poder de diseño y equilibrio en la agrupación y organización de su tema hasta la perfección. Sin embargo, sus actividades no estaban limitadas sólo a la pintura. Su interés por las antigüedades le llevó a organizar investigaciones arqueológicas y fue nombrado Arquitecto—Jefe de San Pedro, pocos años antes de morir por el exceso de trabajo y mala salud a la temprana edad de 37 años.

Fuente Consultada:
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Tomo I.

Biografía Rabelais Francois y Obra Literaria Escritor Francés

Biografía y Obra Literaria de Rabelais Francois

Francisco Rabelais. — Nació en Chinon (Turena) en fecha imprecisa, que se supone comprendida entre la última década del siglo XV y murió en París hacia el año 1553, sin que tampoco en la fecha de su defunción haya mucha certeza.

Ingresó primeramente en la abadía de Senlly y después pasó a un convento de franciscanos. Recibió órdenes sagradas en otro convento de esta Orden en Fontenay-le-Comte, de donde se escapó por haberse indispuesto con sus hermanos de la Orden.

BIOGRAFÍA DE RABELAIS FRANCOIS: Nadie sabe a ciencia cierta cuándo nació Francois Rabelais, lo más probable es el año de 1484 en la ciudad de Chinon, en el oeste de Francia.

Según algunas fuentes, su padre era propietario de viñedos, de socio con un abogado. Del mismo modo, no hay información precisa sobre la infancia de Rabelais y el período cuando fue enviado a la Abadía de Seuillé para estudiar.

Siendo novicio en el convento de La Baumette, y conoció un compañero de De-Bellay hermanos que le ayudan en su vida futura.

Se convirtió en un monje franciscano en 1521. En el monasterio, estudió griego, latín, el derecho y la astronomía.

Cuando las autoridades eclesiásticas de la Universidad de la Sorbona empezaron a confiscar los libros en griego antiguo, Rabelais envió una petición al Papa, pidiendo para unirse a la Orden de San Benito, pero Ingresó primeramente en la abadía de Senlly y después pasó al convento de los franciscanos.

Recibió órdenes sagradas en otro convento de esta Orden en Fontenay-le-Comte, de donde se escapó por haberse indispuesto con sus hermanos de la Orden.

Pudo conseguir, mediante poderosos valimientos, que le permitieran ingresar en la Orden benedictina, pero también la dejó por su caracter indisciplinado e ingresó como sacerdote en la abadía de Maillezais, donde también abandonó al poco tiempo, tomando el hábito de sacerdote secular que también cura párroco de Meudón, cerca de París.

Rabelais

François Rabelais (1494-1553), escritor francés que a través de una obra tremendamente satírica, donde se subraya ante todo la libertad individual y el entusiasmo por el conocimiento y la vida, expresa con vigor el humanismo renacentista.

Mas tarde en St. Denis comenzó a estudiar medicina, y abandonó la vida clerical para continuar sus estudios en la Universidad de París y licenciándose en 1530, en Montpellier.

En esta ciudad, leyó los antiguos textos médicos de Hipócrates y Galeno cadáveres disecados y se convirtió en un experto en varias enfermedades.

También inventó los dispositivos para el tratamiento de la hernia y fractura de los huesos, y publicar sus propias ediciones de clásicos médicos de Grecia y Roma.

En 1532 se estableció como médico en un hospital de Lyon. En el mismo año publicó su famosa comedia «Pantagruel» bajo el seudónimo de Alcofribas Nasier, un anagrama de su nombre.

Lyon era entonces el centro cultural de Francia, famoso por su comercio internacional de libros. Se ha dicho, su «Pantagruel» llegó a vender más copias que la Biblia.

Dos años más tarde, con el mismo éxito, publicó «Gargantua». Los libros, sin embargo, fueron condenados por la Sorbona y el Parlamento.

Rabelais se trasladó a Roma donde se convirtió en médico del cardenal de Bellay, recibió el perdón del Papa por el abandono de la orden religiosa y en 1537 recibió el título de doctor, va a ejercer la medicina en varias ciudades.

En 1546, el primer rey de Francia Francisco le concedió permiso para publicar el tercer libro de la serie de Gargantúa, Pantagruel, que se dedicó a Margarita de Navarra, hermana del rey.

Siempre estuvo preocupado por las reformas protestantes. Un tribunal francés trató de actuar con moderación y tolerancia de la práctica. Francisco por primera vez a defender al filósofo Erasmo de Rotterdam de los ataques de los teólogos católicos. Sin embargo, la salud del rey estaba en declive, y Rabelais – un defensor de sus ideas humanistas – pensó que la mejor manera era salir de París.

En 1547, De-Bellay Rabelais se convirtió en el cura de Saint-Christophe-de Jambet y después de Mendon, cerca de París.

El cuarto libro de la serie de Gargantúa, Pantagruel aparecieron en 1552, un año antes de la muerte de Rabelais. Un quinto libro de la autoría dudosa, se publicó en 1564.

Gargantúa y Pantagruel, serie de cuatro o cinco libros:

Pantagruel (1532)
La obra Gargantua (1534)
El tercer libro (1546)
El cuarto libro (1552)
El quinto libro (Su pertenencia a Rabelais es materia de discusión)

Rabelais mezcla elementos de varios géneros narrativos en sus libros. Farsas crónicas, diálogos, comentarios, etc., condimento con un humor y popular.

Su idea y anécdotas exaltan los placeres físicos de la vida: comida, bebida y sexo, y satiriza el ascetismo religioso. «Siempre beba y jamás va a morir», escribió en el primer volumen de «Gargantua».

retrato de Rabelais

Retrato anónimo del siglo XVI del escritor francés François Rabelais. Su epopeya Gargantúa y Pantagruel, serie de novelas hoy agrupadas bajo este nombre, está considerada una obra cumbre de la literatura satírica.

Fue inquieto, insubordinado, andariego y cínico. Aunque viajó mucho por Francia e Italia, su centro de residencia fue Lyón.

Unas veces ejercía la Medicina, en la que se titulaba doctor, aun antes de llegar a serlo, si es que alguna vez llegó a alcanzar este grado; otras actuaba como sacerdote.

Escribió sobre jurisprudencia, arqueología, medicina y astrología, en la que se titulaba profesor.

gargantua de rabelais

Sus obras más célebres son las aventuras de dos personajes imaginarios llamados Gargantúa y Pantagruel, en las que diserta burlonamente acerca de las cuestiones morales y sociales de su época y se lanzan descarnadas sátiras sobre las instituciones de su tiempo, envueltas en jocosas chocarrerías.

Aunque el estilo es bufonesco y desenfadado, su exposición literaria es excelente y flexible e, indudablemente, un buen modelo de prosa francesa.

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Después de una breve estancia en la abadía de San Mauro, Rabelais se doctoró en medicina en Montpellier (22 de mayo de 1537). Enseñó algún tiempo en esta universidad.

En 1538 acompañó a Francisco I a Aigües Mortes, y en 1540 y 1542, a Guillermo du Bellay al Piamonte y a otras regiones italianas. En esta época había renunciado a toda inclinación protestante para acogerse a la filosofía naturalista de Padua.

Este cambio se observó en el llamado Tercer libro de Gargantúa y Pantagruel. (1543-1545), donde, pese a una mayor contención de lenguaje, continuó hostigando las verdades de la fe y la moral.

Condenado el libro por la Sorbona, Rabelais se refugió en Metz, en cuya ciudad recibió el cargo de médico municipal (1545). Aquí compuso gran parte del Cuarto Libro. Confiado en la protección que le dispensaba el cardenal Juan du Bellay, residió dos años en Roma (1547-1549).

Luego, a favor de las nuevas circunstancias políticas de su patria, regresó a Francia, obtuvo varios beneficios eclesiásticos (1551) y completó su Cuarto Libro con unas durísimas sátiras contra el Papado, las decretales y Calvino.

Esta obra fué de nuevo censurada y condenada. Cuando era inminente su arresto, Rabelais murió en París el 9 de abril de 1553. Así terminó la vida de una de las glorias de la literatura francesa y de uno de los heterodoxos más conspicuos del Renacimiento nortealpino.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografia de Madame Satel Resumen de su Vida

Biografía de Madame Satel
Resumen de su Vida

Resumen Biografia de Madame de Stael
Célebre por las tertulias realizadas en su salón parisiense y por sus escritos, que la convirtieran en favorita del público europeo, Mme. de Stael fue una de las figuras más brillantes del Imperio Francés, y a pesar de su abierta enemistad con Napoleón Bonaparte -que le valió el destierro- supo manejar con habilidad los hilos de la política de su país.

En una época en que el prestigio social y la influencia que podía alcanzar una mujer dependían de su relación con algún gran hombre, la figura de Madame de Stael es una de las pocas que han pasado a la historia por sus propios méritos.

Autora de novelas, ensayos y artículos políticos, fue para muchos de sus contemporáneos —entre ellos Napoleón- persona incansable que desde su salón parisiense movía los hilos rectores de Francia.

Aunque algunos la consideraban una intrigante y otros una iluminada, nadie dudaba de que fuese una de las personalidades más vigorosas e interesantes de los años de la Revolución y del Imperio.

Al nacer, en 1766, Madame de Staél era sencillamente Germaine Necker, la hija de un acaudalado banquero suizo que residía en- París y a quien los propios reyes solían pedir consejo. Entre tanto, su madre recibía en su hogar a los personajes más importantes del reino y permitía a su hija asistir a esas veladas.

El salón de los Necker era frecuentado por muchos reformistas y se lo consideraba un foco de ideas avanzadas. Sin embargo, al cumplir Germaine los veinte años, sus padres decidieron casarla con un buen partido, según la usanza de la época. Pusieron los ojos en el barón Staél Holstein, embajador sueco en París y 17 años mayor que ella.

En las negociaciones matrimoniales intervinieron hasta los reyes de Francia y de Suecia, pues la novia aportaba una dote considerable a un marido extranjero y ello tenía implicaciones políticas y económicas.

Germaine no amaba al barón, pero sí la libertad de que gozó como baronesa y pronto madre de dos niños, que puso al cuidado de un aya, para dedicarse a la vida social. Fue recibida en Versalles, donde deslumbró a la Corte con el brillo de su conversación; pero había también una reina, María Antonieta, que se reservaba el papel protagonice.

Mme. de Staél se instaló en París en la rué de Bac, donde abrió un salón que llegaría a ser célebre. En sus tertulias discutían a fondo todos los temas de la época, especialmente política y filosofía; solo estaban prohibidos los lugares comunes y la falta de talento.

En 1788 Luis XVI nombró a Necker ministro de finanzas, designación que fue bien acogida por el pueblo, cuyos aplausos halagaron asimismo a la hija del ministro. Pero el ministro fue despedido poco después, cuando ya la Revolución era inminente.

LAS INTRIGAS POLÍTICAS
Madame de Stael y su salón tenían muchos enemigos: por todo París circulaban epigramas que la tildaban de intrigante y la acusaban de llevar una vida disipada. Después de 1789 la popularidad de su padre le evitó muchas dificultades, e inclusive la salvó de la guillotina.

Ella se había convertido en una ardiente constitucionalista, que deseaba para Francia una monarquía como la inglesa, pero se avecinaba el Terror y tales ideas no tenían muy buena acogida: pronto rodaron las cabezas de Luis XVI y -poco después- de María Antonieta.

Germaine, que había intentado en vano salvar la vida de la reina, consiguió que fuese nombrado ministro Narbonne, su amante. A través de él pudo influir sobre el gobierno, aunque no por mucho tiempo: Narbonne cayó y Mme. de Stael, se retiró prudentemente a un cómodo y apacible refugio suizo, donde conoció a quien habría de ser el gran amor de su vida, Benjamin Constant.

Esa mujer bella y deslumbradora, de férrea voluntad y excepcional inteligencia, quedó fascinada por ese joven de largos bucles dorados, alto y espigado, que sumaba a su talento un pasado de bohemia.

Constant se sintió halagado por la pasión que había inspirado en esa especie de musa europea, pero los dos soles no tardaron en competir entre sí en las reuniones hasta llegar a atormentarse. Las escenas terribles y los amores tempestuosos jalonaron sus relaciones durante largos años.

Hacia 1794 Germaine se entusiasma con las ideas republicanas y sueña, para Francia, con un gobierno como el de los flamantes E U A. Al año siguiente regresa a París para imponer sus ideas. Reabre su salón para promoverlas, pero el severo Comité de Salud Pública la miró con suspicacia y le «sugirió» que se retirara nuevamente a Coppet (Suiza). Así lo hizo, pero para consolarse publicó algunas novelas, una Epístola de la desgracia y Zulma.

Escribía en el exilio como si ello fuera una expiación de la vida y de la política. Eso le permitía desentenderse de sus problemas cotidianos. En 1796 apareció De las pasiones con éxito clamoroso.

El exilio no se prolongó mucho: en 1797, gracias a sus relaciones y contactos, consiguió volver a París. Reabrió una vez más su salón, donde nuevamente se urdieron complicadas intrigas y se discutieron los proyectos más audaces. Poco después del fallecimiento de su marido (1798) de quien estaba separada, se presentó en su casa un general que venía de triunfar en Italia: Napoleón Bonaparte.

Aunque el militar corso la fascinó aún más que Constant, Napoleón no cayó bajo su influjo. Ambos se observaron, se estudiaron y finalmente decidieron enfrentarse. El futuro emperador despertaba en ella una mezcla de miedo, admiración y respeto. Cuando fue nombrado primer cónsul, evidenció su desconfianza por Germaine y su salón. Sin embargo, ella no hesitó en publicar De la literatura, interesante combinación de coquetería hacia la persona del cónsul y alusiones satíricas a su gobierno. Napoleón disimuló apenas su cólera y finalmente prohibió las reuniones en casa de la autora, cuyo destierro ordenó.

UN EXILIO APASIONADO
Germaine volvió a Coppet y siguió escribiendo. Así publicó Delfina, novela en que, según sus propios términos, lo dijo todo. Pero también comenzó a viajar: si en Francia Napoleón le cerraba las puertas, otras cortes la recibirían con los brazos abiertos.
Viajó primero a Weimar donde deslumbró con su talento y vitalidad incluso al gran poeta Schiller, que al despedirla exclamó: «Me parece que salgo de una fiebre». Pasó luego a Italia, donde acopió nuevas imágenes y vivencias que volcó en su novela más importante, Carina, que la consagró ante el público europeo.

Coppet se convirtió en la meca de cuanto poeta o artista visitaba Suiza. Constant siguió un tiempo a su vera haciéndole una corte discreta, pero terminó por casarse con otra mujer: daba así a su relación con Germaine el picante sabor del adulterio.

Germaine, imitando a Benjamín, aprovechó una corta ausencia de este para casarse en secreto con Alberto de Rocca, un joven oficial de veintitrés años. Alberto devolvía la ilusión de la juventud, aunque a veces, por la noche, la indomable mujer debía apelar a las drogas para poder conciliar el sueño y dominar el miedo: desde la publicación de su libro Alemania, temía que Napoleón no se conformara con haberla desterrado y ordenase matarla. Pero la vida le deparó otra sorpresa: el nacimiento de un tercer hijo al que hubo de abandonar poco después para no ser apresada por agentes de Napoleón.

EL REGRESO Y LA MUERTE
Recorrió entonces Europa buscando en vano la paz, pero anhelaba volver a París, aunque presentía que ni la reapertura de su salón podría devolverle los ánimos.

La caída de Napoleón alivió sus temores pero ya era tarde: el regreso a París no le devolvió la felicidad. Abrió su casa en la rué Royale como en los buenos tiempos y pasó algunos meses brillantes, pero sus hijos la veían decaer, y una noche la sorprendió la parálisis en pleno baile.

Siguió recibiendo, tendida en su lecho, hasta que en la noche del 13 de julio de 1817, después de que la visitara Chateaubriand, se durmió con un ejemplar de Carina entre las manos, para ya nunca despertar. Sus hijos, casi religiosamente, cerraron ese salón en el que había reinado y al que había entregado sus últimas fuerzas.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Madame Pompadour Resumen de su Vida

Biografía de Madame Pompadour
Resumen de su Vida

Resumen Biografía de Madame de Pompadour:

Principal protagonista de la fastuosidad con que supo rodearse el frívolo Luis XV, Madame de Pompadour no solo divirtió y halagó al monarca -como se lo exigía su papel de favorita- sino que influyó notablemente en la política de su tiempo. Tan relevante fue su labor en ese plano que llegó a tener prácticamente en sus manos el destino de Francia y llevó a cabo una vasta obra en pro de la cultura y el progreso del país.

Llegar a ser la favorita de un rey, título galante que asumió Juana Antonieta Poisson, marquesa de Pompadour, significaba, en la época de las monarquías absolutas, mucho más que compartir la intimidad de un poderoso soberano como Luis XV. Equivalía a intervenir en los asuntos de Estado y a adelantarse a otros favoritos que acechaban, en los corredores de Versalles, el momento de una crisis o un altibajo del poder: esos pulidos cortesanos se transformaban entonces en enemigos mortales, capaces de recurrir a cualquier medio para oponerse a la mujer que durante casi dos decenios impulsó el brazo derecho del rey.

Por eso la fama de Madame de Pompadour no estriba solo en su hermosura de mujer sino en la habilidad política con que defendió causas justas e injustas, y llegó a concentrar en sus manos delicadas todo el poder de una gran potencia europea.

Juana nació en París el 29 de diciembre de 1721. Sus detractores aseguraban que era hija de un carnicero plebeyo del barrio parisiense de los Inválidos. En realidad, aunque no era de noble cuna, su padre había sido escudero del Regente durante la infancia de Luis XV.

El destino quiso que mientras este último, enamorado por entonces de Mademoiselle de Chateauroux, cazaba en los bosques de Leonart, encontrase a la joven Poisson, de mirada intensa y figura encantadora. Pero solo en 1745, a la muerte de la amiga del rey, pudo considerarse a Juana su reemplazante en el favor real.

Luis XV se hallaba a la sazón dirigiendo en el norte la campaña de Fontenoy, y la joven Mademoiselle Poisson decidió que no era prudente dejar solo al monarca, justamente al comienzo del idilio, cuando otros halagos podían tentar al soberano. Viajó entonces para unirse a este, y juntos sobrellevaron las penurias -nunca muy extremas- de una campaña accidentada, con soldados y oficiales predispuestos al desaliento y los rumores.

A su regreso el monarca le confirió el título y los blasones de marquesa de Pompadour, antiguo linaje extinguido en 1722. Experta en la difícil tarea de distraer a Luis XV -proclive a la indiferencia y el hastío sistemáticos («Su enfermedad era el tedio»)—, organizó, con la ayuda del filósofo Voltaire y del poeta Bernis, brillantes fiestas donde los manjares se unían al placer del espectáculo y al conocimiento de personalidades excéntricas.

Pero mientras decoraba nuevos salones en los palacios y descubría jóvenes artistas para amenizar las horas de fastidio del monarca, se fue interesando cada vez más por la política, hasta el punto de que nada ocurría en el reino sin su intervención.

Con diestros golpes de timón favoreció alternadamente a los jansenistas, a los molinistas, a los filósofos y al Parlamento, con lo cual supo atraerse la adhesión de casi todos los sectores.

No vaciló, sin embargo, en derrotar a los clericales, que le eran abiertamente hostiles, ayudada por la sagacidad del filósofo Voltaire.

EL SIGLO DE LAS LUCES
Esta multiplicidad de intereses la llevó a patrocinar en 1752 la publicación de la Enciclopedia, obra fundamental del siglo XVIII por sus proyecciones en todas las ramas del saber. También promovió el embellecimiento de París, que aspiraba a convertir en la ciudad más bella del mundo. Su tío, Lenormand de Tournehem, y su hermano, el marqués de Marigny, designados directores generales de construcciones, se dedicaron a modernizar la capital renovando la edificación en todos los barrios.

Impulsó asimismo la fundación de la primera Escuela Militar y, en otro orden de actividades, fomentó con dinero y privilegios la manufactura de porcelanas.

En 1752 fue declarada duquesa, con las prerrogativas consiguientes, pero ese título no colmaba sus deseos, y en 1756 se instaló oficialmente en Versalles como dama de compañía de la reina.

Sin embargo, ni las inmensas galerías ornadas de cuadros y tapices, ni los geométricos jardines alrededor de los estanques fueron propicios a Juana, que frisaba ya los 35 años: los sentimientos del rey hacia ella comenzaban a entibiarse…

En ese momento crítico la mujer apasionada dejó paso a la inteligencia madura. Le importaba que su influencia en la corte no decayera y para ello tomó a su cargo la administración de los placeres del monarca: nuevos amores, nuevos entretenimientos y proyectos, animándolos con una amistad respetuosa y, sobre todo, evitándole las fatigas del gobierno.

En ella descansaban prácticamente los destinos del reino, en período tan difícil como el de la guerra de Siete Años (1756-1763), que concluyó con la pérdida del Canadá y otras colonias. El desprestigio abatía al monarca, que se deslizaba por la pendiente del naufragio económico y moral, aunque seguía sosteniendo -el pueblo lo había llamado alguna vez «el bien amado»- que «esto durará lo que dure yo».

Madame de Pompadour perdía fuerzas, abrumada por el odio de sus rivales y por las preferencias que el rey dedicaba a otras favoritas. Quienes antes mendigaban su intercesión eran ahora los predilectos del monarca, afirmado por el «pacto de familia» que consolidaba las cuatro ramas de la casa reinante de Borbón. Si bien la marquesa había logrado granjearse prudentemente el favor de la reina, no pudo ser admitida por el Delfín, heredero del trono, que la hería con su urticante desapego. El monarca, dedicado a otros intereses, no ejercía su poder para salvaguardar a Juana, que fue insultada groseramente en público por ciertos cortesanos encumbrados, mientras otros intrigaban abiertamente contra ella.

El carácter de Juana, no obstante su habilidad para manejarse entre los tejemanejes cortesanos, era por momentos contradictorio, y se la consideraba tanto avara como dispendiosa. Gozaba de las cuantiosas rentas del marquesado de Pompadour y otras heredades; poseía además los castillos de Aulnay, Brimborion y Belleone, así como el magnífico mobiliario de sus palacios en Versalles, París y Fontainebleau y Compiégne.

Eran famosas sus litografías, al igual que su riquísima biblioteca y sus colecciones artísticas. Su espíritu generoso la movió a dotar a doncellas pobres y a reconstruir pueblos enteros. También los artistas se beneficiaron con su buen gusto y amor por el arte, entre ellos el pintor Carie Vanloo y Edmé Bouchardon, célebre escultor de muchas fuentes de París y Versalles. La afición de Juana por las artes decorativas explica que lleve su nombre un estilo suntuoso pero sobrio, que tipifica el gusto artístico de su época, frívola pero no exenta de sensibilidad.

Otro renombrado hombre de letras protegido por Madame de Pompadour fue Diderot, el ilustre enciclopedista, que en algunas de sus descripciones de la sociedad de su tiempo reflejó a su protectora y al mundillo que la rodeaba. Por su parte, el turbulento Rousseau la atacó duramente en su obra Emilio, pero no despreció el generoso favor de la marquesa y acabó por contarse también entre sus protegidos, al igual que Francois Quesnay, autor de la famosa máxima económica «laissez faire, laissez passer».

Juana dedicó muchas horas a grabar delicadas escenas que hoy se conservan en la Biblioteca Nacional de París: son 63 láminas de excelente factura que trasuntan un espíritu sutil y equilibrado, además de un fino sentido estético.

A su muerte, en el palacio de Versalles el 15 de abril de 1764, Luis XV no derramó ninguna lágrima, tal vez porque se sintiera aliviado con la desaparición de esa vigorosa personalidad con quien había compartido prácticamente cuatro lustros de reinado, con su incurable tedio y sus derrotas: la figura de la marquesa Pompadour, en efecto, ha quedado asociada en la historia a dos tratados desastrosos para Francia, aunque también se la vincula con los intelectuales y políticos que intentaron rescatar la situación del descrédito popular inducido por los fracasos bélicos.

Juana Antonieta Poisson, marquesa y duquesa de Pompadour, tuvo siempre presente que la vida de una mujer se rige por el corazón pero también por la cabeza. Supo así caminar airosamente por la cuerda floja en la corte más brillante de Europa mientras reunía en sus manos prácticamente todos los resortes del poder.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

La Condesa Dubarry Grandes Amantes de la Historia Luis XV de Francia

La Condesa Dubarry
Grandes Amantes de la Historia

La marquesa de Pompadour como confidente y proveedora de mujeres en la corte de Luis XV de Francia, se convirtió en árbitro del buen gusto en la corte y patrocinó a escritores como Voltaire y escultores como Pigalle. También controlaba la política y llevaba al rey en la dirección en la que quería. Cuando murió, el rey contempló en silencio cómo se alejaba el cortejo fúnebre. Dos gruesas lágrimas cayeron de sus ojos: «Es el único homenaje que puedo rendirle», le dijo a Chamfort, en cuyo brazo se apoyaba.

La sucesora: En 1768 Luis adquirió su última querida importante, la sensual Juana, futura condesa Du Barry, de quien se decía que era hija de una prostituta y un monje. El amante de Juana, Du Barry, la había preparado para convertirse en amante lujosa, y el rey quedó impresionado al conocerla. Sin embargo, dijo que para presentarla en la corte había que casarla primero. El matrimonio se celebró con un hermano de Du Barry.

Juana no tenía las maneras finas de la marquesa de Pompadour, gastaba a manos llenas y fue notoriamente infiel al rey, quien no se daba por enterado pues entre sus brazos olvidaba que ya era un viejo. Caída en desgracia a la muerte del rey, madame Du Barry fue una de las víctimas de la Revolución francesa y murió guillotinada.

La Condesa Dubarry Grandes Amantes de la Historia Luis XV de FranciaLa Condesa Dubarry Grandes Amantes de la Historia Luis XV de FranciaLa Condesa Dubarry Grandes Amantes de la Historia Luis XV de Francia
Luis XVMadame PompadourCondesa Du Barry

María Juana Gomar de Vaubernier, según fue inscripta  en el convento, luego conocida corno Madame  Du Barrv luego de casarse con Guillermo Du Barry y convertirse en condesa, reemplazó entre las favoritas del rey Luis XV a Madame Pompadour cuando ésta murió.

Ana Bequs madre de María Juana toma trabajo como en la casa de una señora de buen pasar económico e interna en un convento a su hija, para encauzarla por el buen camino; que en realidad es más correccional que escuela. Cabe suponer que Ana no tiene otra opción y e para evitarle escarnios la inscribe en el convento comoMaria Juana Gomar de Vaubernier, apellidos prestados por la empleadora de Ana, que sí ha pasado por la vicaría.

No durará mucho en el lugar. El lúgubre y silencioso ambiente del convento la vuelve toda rebeldía, y molesta tanto y tan seguido que las monjas no ven otra alternativa que expulsarla. Tampoco permanece su madre mucho tiempo más en el empleo: finalmente ha encontrado marido, un tal señor Lançon.

Ese será ahora el apellido de ambas, aunque María Juana se las ingeniará más adelante para encontrar otras formas de ser llamada, y hasta conseguir un título de condesa. Entra a trabajar primero como ayudante de un modisto, y luego en una casa de juegos ubicada en la rue de Bourbon, lugar más mundano que le permite exhibir su belleza.

A ella también le vendría de perillas un marido. Pero el conde Du Barry, al que conoce en el elegante salón, necesita más bien una amiga bella como pasaporte para el palacio; es ambicioso, ya ha conseguido del gobierno un contrato de explotación de rutas marítimas y va a por más beneficios y prebendas.

Entabla amistad con María Juan mientras mira su figura y su carita, recuerda  que casualmente acaba de morir la famosa Madame de Pompadour, quien fuera favorita del rey Luis XV.La cosa no resulta fácil. Ya otro lo han pensado, y hay varias, candidatas rondando al rey, corno  la hermosa y bien apadrinada Madame D’Esparbes. Pero Du Barry mueve magistralmente los hilos, y consigue que la joven sea presentada a su Majestad.

Poco tiempo después ya está instalada en el regio apartamento del palacio de Versalles que ocupaba su antecesora. Impensable que lo haga sin casada y ostentar algún título: Guillermo  Du Barry, hermano del auspiciante, es convocado de urgencia para casarse con la joven y volver inmediatamente a sus tierras en Toulouse. Así, María Juana se convierte en condesa Du Barry.

En los años que pasa junto a Luis XV realiza algunas intervenciones en la política real, si no en las medidas directas de gobierno, sí en la elección de los hombres que deben decidirlas y ejecutarlas. El poderoso ministro de Guerra, Choiseul, es uno de los que terminan perdiendo la pulseada con la bella y sus partidarios, y debe dimitir.

Pero Madame Du Barry no está excesivamente interesada en las luchas cortesanas: su mayor placer es transformar el palacio de Lucientes, regalo del rey, en un auténtico muestrario de obras de arte. Que, todo hay que decirlo, acumula sin demasiado criterio estético; lo mismo puede a las obras teatrales que allí se representan.

En 1774, con la muerte de Luis XV, Madame Du Barry fue expulsada de la corte, y ella se trasladó recluida a su propiedad favorita de Château de Louveciennes. Tras una larga temporada de reclusión, fue finalmente liberada con el beneplácito de Luis XVI y autorizada a regresar a su castillo de Louveciennes, sin por ello permitirle volver a Versalles.

Mas tarde, soltera y sumamente rica,  se enamora  ahora, del entonces de su principal suspirante, duque deBrissac, gran cortesano y gobernador de París, y se refugia en Londres, pero regresa a Francia en 1792 para ofrecer su ayuda económica a la Familia Real, que atraviesa sus peores días de adversidad.

En 1793 los revolucionarios la acusan de conspirar contra la revolución y es condenada a muerte. Sus últimas palabras fueron: «¿Quién eres tú, verdugo, esperad sólo un minuto más!», era un 8 de diciembre.