Biografía de Immanuel Kant

Biografía de Heidegger Filosofo Su Teoría Existencialista y Nazismo

Biografía de Heidegger Martín
Filósofo – Su Teoría Existencialista y Nazismo

Heidegger, Martín (Messkirch, Badén 1889 – Todtnauhberg, 1976). Filósofo alemán. Comenzó sus estudios con los jesuítas y los continuó con Rickert en Friburgo. Pronto fue discípulo de Husserl. Dedicó toda su vida a los estudios filosóficos y a la enseñanza. Sucesor de Husserl en la Universidad de Friburgo, en 1933 fue nombrado rector de ésta; en su toma de posesión, Heidegger pronunció un discurso muy próximo a las tesis nazis.

En 1916 sostuvo su tesis sobre La Doctrina de las categorías en Duns Scot. En 1923 enseñaba en Marburgo; en 1927 aparecía el I tomo de El Ser y el Tiempo. A partir de 1928 fue profesor en Friburgo —con una interrupción de 1944 hasta 1951—. Su filosofía hizo de la Fenomenología un análisis de la existencia del hombre.

La filosofía de Heidegger, al igual que Sartre y Merleau-Ponty es conocida como «fenomenología existencial» o «existencialismo». Quizá estos términos estén definidos de una forma demasiado vaga para ser de utilidad a la hora de clarificar sus doctrinas, complejas e incompatibles, pero lo que estos pensadores tienen en común es su rechazo de la noción husserliana de «poner entre paréntesis» la existencia del mundo, así como su insistencia en que los verdaderos descubrimientos fenomenológicos solamente tendrán lugar cuando se empiece a tratar con el fenómeno real de la existencia, en vez de hacerlo con algunas nociones preconcebidas de lo que es el sujeto humano. Esta es una posible lectura de la expresión existencialista: «La existencia precede a la esencia».

Heidegger Martin filosofo alemán

Genuino heredero de la tradición metafísica, que en el siglo XX se ha visto anclada en el nihilismo, Heidegger se ha esforzado por investigar las raíces de dicha tradición cultural y por reencontrar y depurar, en medio del drama del hombre europeo, las preguntas originales que han guiado su historia.

Su lenguaje, de apariencia abstracta y esotérica, se refiere a temas concretos y acuciantes: el poder, la técnica, la manipulación del hombre en la sociedad actual, la libertad…

Su filosofía existencialista se propone reencontrar el ser absoluto en las profundidades de la existencia. El Ser y el Tiempo desarrolla un análisis del Hombre —definido como ser en el mundo-, en relación con los otros, cómo zozobra, en tanto que los últimos escritos señalan la primacía del análisis del Ser.

Heidegger se sitúa al comienzo en la línea de Kant para definir un nuevo tiempo de ontología —ciencia del ser— donde, según él, el sentido auténtico ha sido perdido después de Platón hasta el fin de la metafísica occidental —Hegel— y, según lo cual, el Ser absoluto no sería más que un ser de representación —un concepto o un saber—, pero sería una presencia que coincidiría con el ser mismo de la subjetividad. Así pues, para el autor la verdad absoluta no es el objeto de la sabiduría, sino la forma de un comportamiento abierto que define la existencia auténtica.

Para definir este comportamiento Heidegger acude a la expresión poética para restituirnos el sentimiento originario de la presencia en el mundo o en la luz, que traduce el lenguaje inspirado. A partir de 1974, el editor Vittorio Klostermann ha empezado a publicar sus Obras completas, que llenarán casi 60 volúmenes.

Para Heidegger, lo que define la ontología y su historia es el olvido del ser como centro de interrogación. El ser como cuestión define un ser particular, el ser ahí, el hombre, que es aquel que puede existir sabiendo, en cualquier momento y a la vez, que ha de dejar de existir: que es un ser para la muerte.

Para el hombre, aceptar esta situación es signo de autenticidad. Además, plantear la cuestión de la autenticidad quiere decir plantear las diferentes maneras de ser: facticidad, abandono, historicidad. Tales son los temas fundamentales que trata Heidegger en su obra más importante, Ser y tiempo (1927).

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EL EXISTENCIALISMO

El existencialismo es un movimiento filosófico de los siglos XIX y XX centrado en la noción de particularidad; es decir, rechaza cualquier principio moral universal, y puede tomar forma religiosa o secular. El filósofo Soren Kierkegaard (1813-1855), a menudo considerado el primer existencialista, fundamentó sus ideas en la tradición cristiana. Como reacción contra los grandes constructores de sistemas filosóficos, en particular Hegel y Kant, Kierkegaard insistió en que, en lugar de buscar leyes de moralidad, se debería aceptar el hecho de que las decisiones son individuales y particulares; se llega a ellas mediante el conflicto interno, acompañado por la agonía y la ansiedad, que él denominó «enfermedad mortal». Según su visión de la creencia religiosa, que describió en Temor y temblor (1843), el argumento teológico ha de ser reemplazado por un simple «salto de fe». En términos existencialistas, esto significaba renunciar al camino de la razón y abrazar deliberadamente lo irracional o «absurdo». Kierkegaard mantenía que el individuo debe tomar decisiones radicalmente independientes respecto a su vida. El ser humano es un agente libre, responsable de su propio carácter y, en último término, también de su destino. Mas tarde Heidegger comparte esta teoría, pero independientemente del compromiso religioso.

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nazismo Hitler

Heidegger y el nazismo: La naturaleza y eí alcance de la relación de Heidegger con el nazismo ha provocado algunas controversias. Lo que no se puede negar son los siguientes hechos. En 1933, el año en que Hitler llegó al poder, Heidegger fue nombrado rector de la universidad de Friburgo.

Ese mismo año, se hizo miembro del partido nazi, y continuó siéndolo hasta 1945. Mientras Heidegger era rector, a Husserl (que era judío) se le prohibió usar la biblioteca de la universidad; también promulgó un decreto por el que se negaba ayuda económica a los comunistas, judíos y otros estudiantes «no-arios». Heidegger renunció al rectorado en 1934, pero nunca presentó una rectificación pública respecto a sus anteriores creencias nazis, ni siquiera después de la guerra.

Las evasivas de Heidegger en las discusiones de posguerra sobre esta cuestión no ayudaron a clarificar su implicación en el nazismo. Sus defensores afirman que su admiración por eí nazismo fue breve, y el uso de susdoctrinas en la universidad ocasional. Otros ven la admiración de Heidegger por el nazismo como algo consistente con su manifiesto nacionalismo, su visión romántica de la vida campesina y su declarado disgusto por la tecnología y la sociedad moderna.

SOBRE SU FILOSOFÍA:  En el análisis que lleva a cabo Heidegger la existencia del hombre se presenta como sinónimo de preocupación (o cuidado), trascendencia, libertad y temporalidad.

La existencia es, en primer lugar, preocupación, cuidado. En efecto, el hombre en cualquier momento en que reflexione sobre sí mismo, se encuentra ya «arrojado» en el ser. No ha podido escoger su situación histórica, su raza, sus datos personales, etc. Pero, por otra parte, mientras existe se abre ante él un abanico de posibilidades y se «proyecta» hacia ellas. Este proyecto, esta tensión entre lo que ya es y lo que tiene que ser aún, es la preocupación.

La preocupación no es un sentimiento pasajero, es «la estructura indiferenciada del Dasein», es el mismo ser del hombre. Teniendo en cuenta que la posibilidad suprema del hombre es la muerte, se le puede definir con toda verdad como un «ser-para-la-muerte». El hombre ante esta última posibilidad puede adoptar dos actitudes: o bien asumir lúcidamente este destino o negarse a ello. En el primer caso tenemos la existencia auténtica, que acoge a la angustia como tonalidad afectiva fundamental. En el segundo caso tenemos la existencia inauténtica, que intenta disimular* la angustia con toda clase de distracciones.

La segunda característica de la existencia es la trascendencia. La trascendencia no es aquí una mera relación de sujeto a objeto, sino que es la manera de ser humana. El hombre se dirige siempre más allá de lo que es y de lo que él es. «Trascendencia significa superación. Trascendente es lo que realiza esta superación.»

El hombre, en su trascendencia, se dirige hacia el mundo: «Aquello hacia lo cual el Dasein trasciende lo llamamos mundo, y la trascendencia la definimos como el ser-en-el-mundo.» El mundo concebido de este modo no es un ente ni una suma de entes, sino el horizonte sobre el cual destaca todo ente, el marco en que todo ente es comprendido, incluso el hombre. Por lo tanto, el mundo define, en cierto modo a priori, el conjunto de los entes con los cuales el hombre puede relacionarse y funda la posibilidad de esta relación.

El mundo es construido por el hombre, proyectado ante sí mismo como término de todos sus proyectos. «Siendo el mundo para el hombre la totalidad de su intención, se halla así producido por el hombre ante sí mismo. Producir el mundo delante de sí mismo es, para el hombre, proyectar originariamente sus propias posibilidades.» En este sentido, el animal no tiene mundo, sino únicamente «contorno», porque sólo el hombre existe y trasciende.

El mundo es, en cierto modo, subjetivo y objetivo. Subjetivo porque forma parte del ser del hombre y le es esencialmente relativo. Pero es a la vez más «objetivo» que cualquier otro objeto, porque un objeto cualquiera sólo puede revelarse al hombre ocupando un lugar en el mundo.

Existir, finalmente, es temporalizarse. La temporalidad no es el tiempo ni la duración psicológica, pues el primero no concierne al hombre y la segunda sólo a su conciencia. La temporalidad es una manera humana de ser, es un existencial. El hombre no es en el tiempo ni es tampoco una cosa que dura, sino que es un proceso de temporalización. Su propia temporalidad es el fundamento del tiempo y de la historia. El tiempo empieza y termina con el hombre porque es su misma existencia; por lo tanto, puede decirse con toda verdad que «no hay un tiempo en que el hombre no haya existido».

Las tres dimensiones del tiempo —presente, pasado y porvenir— son tres «éxtasis» del Dasein. El primero es el porvenir y es la preocupación misma.

En efecto, la preocupación es anticipación; consiste en que el hombre se proyecta hacia sus posibilidades. De este modo se define y constituye el porvenir, lo que tengo que ser. El segundo éxtasis consiste en que el hombre asume su origen, acepta el hecho de haber sido arrojado en el ser. Constituye al pasado como aquello que ya he sido, o más exactamente, aquello en que me he convertido.

Estos dos momentos están íntimamente vinculados entre sí, pues es imposible proyectar el porvenir sin volverse hacia el pasado. La unión del pasado y el futuro constituye un nuevo éxtasis por el cual el hombre se hace presente a su situación.

En definitiva, Heidegger puede afirmar que la existencia funda a la vez el mundo, el yo y el tiempo. De aquí que el mundo no esté jamás realizado; se «mundifica» (weltet) constantemente.

Heidegger no admite la definición clásica de la verdad, como la conformidad del pensamiento con la realidad. No es que la considere falsa, pero sí superficial. La verdad es revelación, desvelación (aletheia). La verdad es la característica de lo que no está escondido. Ahora bien, la desvelación pertenece al hombre, el cual por su existencia se mantiene fuera de sí, cerca de las cosas.

Pero la relación primitiva del hombre con el ser no es la verdad, sino la no-verdad, la obnubilación, y el desvelamiento se opera a partir de ella. Por otra parte, no hay que identificar la no-verdad con el error. La no-verdad no es error, sino misterio.

Cuando olvidamos el misterio original, la no verdad se convierte en «errancia», la cual, a su vez, engendra el error cuando domina al hombre hasta extraviarle. Así pues, como dice Heidegger en Ser y tiempo, el ser se desvela al hombre sobre un fondo de misterio y de una manera siempre precaria.

Y la tarea de la metafísica consistirá, precisamente, en pensar la verdad del ser. «El final hacia el cual se dirige el pensamiento esbozado es colocar al pensamiento en un camino que le permita llegar a la relación de la verdad del ser con la esencia del hombre, abrir un sendero al pensamiento para que piense expresamente al ser en su verdad.»

La tarea que se propone Heidegger es sumamente difícil y de momento sólo ha señalado posibles caminos, indicaciones fragmentarias.

Veámoslos.

1.°) El tiempo es «el horizonte posible de toda comprensión del ser en general». En efecto, el hombre es el estar ahí del ser y su existencia es temporalidad; por consiguiente, todo pensamiento acerca del ser es histórico.

2.°) El ser no es ni Dios ni un fundamento del mundo. No es ningún ente y, en este sentido, debe llamársele «la nada». Si no es ningún ente, sólo podrá ser percibido por el anonadamiento de todo ente, lo cual se consigue mediante la angustia, que es el sentimiento de que todo ente se hunde y se nos escapa. Por lo tanto, la angustia es la experiencia metafísica fundamental. Es la única vía para llegar al ser. Heidegger no quiere profesar una filosofía de la angustia, pero hasta el momento presente es la única vía que ha explorado.

3.°) La verdad del ser no es distinta del ser mismo. «Aletheia podría ser la palabra indicadora de la esencia no-pensada del esse»; «la verdad del ser es aquello en lo que el ser despliega su esencia, y así es el mismo ser». Pues la verdad es desvelamiento y es el mismo ser el que se desvela.

4.°) «El mismo ser es finito en su esencia, y sólo se revela en la trascendencia del Dasein.» Esta afirmación convierte a la filosofía de Heidegger en una metafísica de la finitud, orientada hacia el ateísmo, a menos que acabe colocando a Dios «más allá del ser», como hacía Plotino. ¿Y cómo sabe Heidegger que el ser es finito? Esto no lo explica en ninguna parte.

5.°) El ser arroja al hombre a la existencia para que vele por su verdad, intima a la esencia del hombre que habite en su verdad, destina al hombre a la existencia con el fin de ser su ahí. El hombre es el ahí del ser, «la zona de claridad del ser».

6.°) Cuando leemos que el ser es «algo simple» y misterioso y que «es más ente que todo ente» podemos estar tentados de identificarlo con Dios, pero no lo es. Heidegger no se pronuncia ni por el teísmo ni por el ateísmo. Cree que «en el momento en que nos hallamos de la historia universal» plantear la cuestión de Dios con seriedad y rigor es imposible. Por lo visto, adopta una actitud de espera que podríamos caracterizar como un ateísmo provisional.

Heidegger es, sin duda alguna, el más profundo y original de los filósofos existencialistas. Bajo un lenguaje oscuro y torturado se esconden ideas nuevas y profundas. Su filosofía, a menudo, ha despertado desconfianza por su pretensión de empezarlo todo de nuevo, él solo, desde los cimientos, borrando de un plumazo veinticinco siglos de pensamiento.

No obstante, su influencia es innegable y no sólo en el campo de la filosofía, sino también en el ámbito de la religión, puesto que su ontología constituye de por sí una contribución importante a la filosofía de la religión. Pero el gran influjo que Heidegger ha ejercido sobre la teología contemporánea no lo ha ejercido directamente su ontología, sino su esquema de análisis existencial, recogido y aplicado por Bultmann.

No obstante, en la doctrina de Heidegger hay aún muchos puntos oscuros. Por ejemplo, ¿qué es ese ser que describe como el marco de toda existencia, el telón sobre el cual se destacan los entes? Ha intentado caracterizarlo como historicidad, como ser del devenir, como el ser de la nada. En cierto modo, Heidegger en su búsqueda del ser se ha alejado tanto de los entes que aquél ha quedado vacío.

Fuente Consultada:
FILOSOFÍA – Mundo, Mente y Cuerpo – David Papineau – Editorial Blume
Enciclopedia FORJADORES DEL MUNDO MODERNO de 4 Tomos Editorial Planeta Biografía de Martín Heidegger –
Grandes Biografías – Editorial Asuri – Complementos Biográficos –
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

GEORG FRIEDRICH HEGEL:El Idealismo Aleman Biografía y Teoría

BIOGRAFÍA DE GEORG FRIEDRICH HEGEL- FILÓSOFO ALEMÁN – TEORÍA DEL IDEALISMO DIALÉCTICO

Georg Friedrich Hegel, nacido en Stuttgart (Alemania) el 27 de agosto de 1770, hijo de un funcionario municipal. Fue un filósofo alemán, creador del idealismo dialéctico, donde elaboró un sistema de la ciencia total, donde todo está englobado y explicado. Tras pasar por la Universidad de Tubinga, se instaló en Berna como preceptor. En esta primera época se interesó por la teología. En 1796 escribió una Crítica de la idea de religión positiva.

Entre 1798 y 1801 fue preceptor en Frankfurt y empezó a interesarse intensamente por la filosofía y la política. Recibió la influencia de las ideas políticas de Rousseau. En 1801 se instaló en Jena, donde, en contacto con Schelling, adoptó su filosofía de la naturaleza. En 1807 publicó la Fenomenología del espíritu y en 1812 la Propedéutica filosófica, que constituyen una introducción a su doctrina, expuesta con más amplitud en su obra capital, Ciencia de la lógica (1812-16).

En 1816 pasó a Heidelberg como profesor y publicó un resumen de sus enseñanzas titulado Enciclopedia abreviada de las ciencias filosóficas.  Allí desarrolló su propio sistema filosófico. Hasta entonces la filosofía se había construido mediante la contradicción, esto es, como un conjunto de oposiciones: cuerpo-alma, bien-mal, universal-singular, etc.

Hegel planteó la superación de la contradicción mediante el pensamiento dialéctico, ya anticipado por Heráclito: todas las cosas llegan a ser en un continuo devenir, en un proceso producto de la diferencia, del carácter contradictorio del ser. La filosofía debe ser, para Hegel, no una tendencia al saber sino un saber efectivo.

En 1818 aceptó la cátedra de filosofía de la Universidad de Berlín, donde su enseñanza gozó de un prestigio creciente. En 1821 publicó Filosofía del derecho. Murió en 1831, a los sesenta y un años, durante una epidemia de cólera.

Para Hegel, continuador de la filosofía de Kant, lo Absoluto es la razón y todo lo demás son meros fenómenos o maní festaciones de ella. La razón constituye la realidad. Sólo ella existe: el ser existe en cuanto es pensado. Pero es una razón dinámica que evoluciona en el tiempo. Así la historia es el campo en que se de sarrolla dialécticamente la idea, pues todo lo que va siendo —ha sido, es y será— no es otra cosa que la realización sucesiva de gérmenes racionales que se encuentran en la razón absoluta.

La filosofía de Hegel —el idealismo absoluto— ha constituido la base del pensamiento de muchos filósofos. Su influencia se puede advertir en la doctrina de Marx. Entre sus obras destacan: Lógica, Filosofía de la Historia e Historia de la Filosofía

TEORÍA DE GEORG FRIEDRICH HEGEL:   

Realidad racional: Como Schelling, Hegel opina que todo lo real, en su referencialidad ilimitadamente variada a otras cosas y en su condicionamiento por otras cosas, es la manifestación de un incondicionado, y que el conjunto de las cosas, para nosotros cognoscible en lo esencial, es expresión de la unidad puramente espiritual e infinita en sí de lo “absoluto”. Pero Schelling, según Hegel, entendió lo absoluto excesivamente como “sustancia” inanimada y no de modo suficientemente convincente como “sujeto” activo.

Lo “verdadero” no debe ser únicamente anclado en el “ser” idéntico consigo mismo, sino que debe verse también en el devenir. De este modo, con Hegel el idealismo pasa a ser histórico, al adquirir lo absoluto o la “idea” la totalidad de todas las determinaciones racionales del pensamiento, algo así como una historia, para pasar a ser proceso o dejarse por lo menos representar como proceso.

La realidad ideal, el espíritu, pasa del ser simple dentro de sí o ser “en sí” a un “ser otro” o ser conocido para otros o también ser para sí y deviene al fin ser “en y para si”. El espíritu es, entonces, “objeto para sí en si mismo reflexionado. El espíritu que una vez adoptado este desarrollo se sabe a sí mismo como tal espíritu es la ‘ciencia”’. La ciencia, que aquí no significa otra cosa que la filosofía, se parece al autodespliegue del espíritu absoluto, que siempre es lo que es, pero sólo se encuentra al atravesar las fases de sepa ración, contraposición y alteridad.

Por eso la ciencia describe la experiencia de la aparición del espíritu absoluto en el espíritu individual (de este modo se podría explicitar el título del primer gran libro de Hegel Fenomenología del espíritu (1807), una serie de estadios en los que los conocimientos se niegan “dialécticamente” y se elevan hacia unidades superiores. “Lo verdadero es la totalidad. Pero la totalidad es sólo el saber que se consuma mediante su desarrollo.” Esto no significa que los estadios concretos del proceso de desarrollo, tomados en sí y en relación con otros estadios previos, puedan ser considerados sin más como “no verdaderos” o “irracionales”.

Esto también es válido por lo que se refiere a la naturaleza y a la historia de la humanidad, que son en cualquier caso formas de aparición de lo absoluto en su camino hacia la autotransparencia y que expresan la razón en su devenir. Por esto Hegel puede decir enfática y bastante lapidariamente: “Lo racional es lo real, lo real es lo racional”.

Para los coetáneos de Hegel no era difícil interpretar esta frase como justificación y afirmación de las condiciones reales y existentes, lo cual les conducía a criticarle. Hegel explica esto como un malentendido: muchas cosas posibles en la naturaleza y en la historia han alcanzado su forma específica en la existencia de modo arbitrario, en concreto se podrían haber desarrollado de otro modo, y es del todo indiscutible que esta forma realizada sin necesidad está permeada de carencias irracionales. “Quien sería tan tonto que no viera en su entorno muchas cosas que de hecho no son del modo como deberían ser?”.

Pero para Hegel “una existencia arbitraria no puede merecer el nombre de real”, la “realidad de lo racional” es más bien la realidad de “las ideas y de los ideales”. “La ciencia filosófica sólo se las tiene que ver con la idea y, por lo tanto, con una realidad en la que esos estados (que no son como deberían ser) sólo son su cara externa superficial.” De este modo no se cuestiona la posible racionalidad de la modificación de estados existentes, sino que el caso es más bien lo contrario, ya que “la cara exterior superficial” de lo “real” puede justamente ser irracional.

Dialéctica: “Determinatio negatio est”; esta frase enunciada por Spinoza afirma que todo lo que conocemos lo determinamos como objeto unitario del conocimiento y lo podemos nombrar porque lo podemos distinguir de otras cosas que no son.

Esta es una afirmación absolutamente cotidiana, estamos acostumbrados a determinar y explicar las cosas y las palabras mediante diferencias y comparaciones, que no son equivalencias y que por lo tanto dejan ver las diferencias. Pero vivimos siempre en una estructura infinitamente diferenciada de determinaciones, a las cuales nos podemos referir, para introducir otras diferencias. Pero, ¿cómo surge una estructura así? Podría haber dos respuestas a esta pregunta: Ya que ningún objeto o concepto puede ser determinado a partir tan sólo de sí mismo, sino sólo negativamente mediante su valor en la estructura, su relación de diferencia con respecto al resto de las cosas singulares (que en todo caso sólo está determinada negativamente), todo lo concreto sólo puede resultar como diferenciación interna de una totalidad.

Entonces la totalidad, como la “sustancia” de Spinoza, es en cierto modo previa a cada cosa 000creta. O. también, una cosa concreta originaria no es indivisiblemente simple en el sentido usual, sino que en cierto modo posee en sí su “otro” o “negativo”, del que es distinto.

En este caso la cadena de la variedad diferenciada se debería desarrollar genéticamente a partir de una primera “doble-unidad”, cuya relación interna ya es un tercero, del mismo modo que para Fichte todos los conceptos del pensamiento, y con ellos todos los objetos del saber, surgen del “yo” absoluto. Las dos alternativas se contienen mutuamente.

Lo sencillo del segundo caso es ya complejo en potencia, mientras que la totalidad del primer caso no seria diferenciada si no tu viese un “negativo”, si no tuviera una diferencia “en” la unidad.

La dialéctica idealista parte de que toda tesis o todo concepto (aquí, lo concreto) lleva a la inclusión recíproca (que conduce a la inversión mutua) de una tesis contraria o un concepto opuesto (aquí, la totalidad). De esto se sigue una nueva tesis (síntesis) o un nuevo concepto. Éste sería en este caso el concepto de la totalidad en el sentido de la “idea” hegeliana, que no es hasta que no se ha desplegado en una serie de conceptos desarrollados de modo mutuamente dialéctico, que entonces se elevan hasta esta idea.

En correspondencia con esto, en la filosofía de Hegel no se puede entender ningún detalle, si no se ha entendido la teoría en su totalidad, lo cual sólo es posible si se han entendido en primer lugar los detalles.

El movimiento dialéctico se da, para Hegel, en todo intento de contemplar conceptualmente una cosa, a partir de la cosa misma. La cosa misma, según la concepción idealista de la identidad última de sujeto y objeto, no es otra cosa que el concepto. Los primeros capítulos de la Fenomenología del espíritu, presentados brevemente a continuación, facilitan una aproximación del procedimiento dialéctico de Hegel.

Fenomenología del espíritu: El primer capítulo de la Fenomenología trata, bajo el título, “La certeza sensible o el ‘esto’ y el pensamiento”’, el saber inmediato, “saber” de lo “inmediato” o deles “entes”. El “esto” o “este” es la designación de cualquier cosa que se da aquí y ahora, cuya existencia para nosotros posee una certeza indudable, se trate de una cosa o del instante presente de la existencia del “mundo externo” en general.

“El contenido concreto de la “certeza sensible” la deja aparecer como el conocimiento “más rico”, como un conocimiento de una riqueza infinita.” Pero ya se mostrará que es el conocimiento más “pobre” y que no se puede decir nada determinado de su objeto, sino sólo que “es”. El ‘esto’ es, siguiendo el ejemplo de Hegel, la noche.

Decimos “ahora es de noche” y estamos seguros de esta verdad, la podemos escribir. Si, en cambio, vemos otra vez “ahora, este mediodía”, la verdad que hemos escrito, tenemos que reconocer que suena a hueco, La expresión “este” (o “ahora”) no parece reflejar en modo alguno los objetos de la certeza inmediata, ni tampoco referirse a una certeza relativa a un “yo”, por lo que el “esto” no da nunca con o que quiere decir ya que en cada instante significa una cosa distinta.

El ejemplo pretende mostrar que lo que se presenta a los sentidos en su plenitud concreta, todo lo que “tomamos” como “cosas reales, absolutamente concretas, por completo personales e individuales, que no tienen igual”, todo eso en cuanto tal no lo podemos expresar. “Esto es imposible, ya que el ‘esto’ sensible al que se hace referencia, el lenguaje que es propio de lo universal, es ‘inalcanzable’. Entre los intentos reales de decirlo se corrompería.”

Después de que la plenitud sensible de lo aparentemente concreto en tanto que “esto” se haya convertido en algo “vacío”, se desplaza el acento, por lo que se refiere a la certeza del ser “objetivo”, hacia la certeza, el saber. La verdad “está en el objeto en tanto que es ‘mi’ objeto o en el ‘pensamiento’; existe porque yo sé de él”. Pero la plenitud concreta de su pensamiento no puede ser atribuida a su vez a este yo, que en primera instancia es universal, es decir, sólo diferente del yo de otros, cuyo “pensamiento” del “esto” es distinto. Lo que se quiere decir no se alcanza mediante el aislamiento del objeto o del yo. En el siguiente paso hay que “postular el ‘todo’ de la certeza sensible como su ‘esencia”’, es “contemplación pura”, en la que un yo tiene su objeto.

En este estadio de la conciencia se puede concebir conscientemente la ya mencionada universalidad de la referencia a lo inmediato aparentemente individual. Hegel presenta esto como un triple paso dialéctico:

1. se muestra el ahora, “este ahora” que “yo pienso”. Pero al mostrarlo deja de ser y deviene otro;

2. que el ahora “fue” es, sin embargo, verdadero. Ha sido “superado” como algo que ha sido, “es” en tanto que (ya) “no” es;

3. esto es absurdo, la negación debe ser negada de nuevo, de este modo se supera la segunda verdad y se vuelve a afirmar que el “ahora” es.

La “superación” significa de una parte conservar y de la otra, “finalizar”. Pero, de este modo, no se repite simplemente la primera afirmación, ahora es “una reflexión en sí” y concibe el ahora como un “complejo” o una “pluralidad simple” que “en la otreidad no deja de ser lo que es, que contiene en sí muchos ahoras, a saber, ahoras que a su vez poseen muchos ahora, etc.

El hecho de mostrar es el mismo movimiento que afirma lo que el ahora es en realidad, a saber, un resultado o una pluralidad resumida de ahoras; y el mostrar es experimentar que el ahora es universal”. El movimiento de la reflexión presentado es, pues, uno con su objeto: multiplicidad simple. Para Hegel está claro que “la dialéctica de la certeza sensible no es otra cosa que la simple historia de su movimiento o su experiencia y la certeza sensible misma no es otra cosa que sólo esta historia”.

CRÍTICAS: Brevemente indicaremos algunas de las objeciones que se han puesto a la filosofía de la historia de Hegel.

Quizá lo más difícil de admitir es la tesis del progreso necesario. Un estudio serio y objetivo de la historia nos muestra que la marcha no ha sido siempre ascendente. Es más, para afirmar que el estado de la humanidad es mejor en una época determinada que en la precedente, hay que tener una concepción previa del hombre, de su naturaleza y de su bien.

Para afirmar que la historia tiene un «sentido» que lleva una dirección determinada, hay que partir de una metafísica racionalista que niegue la contingencia y la libertad. Pero la contingencia y la libertad están ahí, por eso el porvenir de la humanidad no es objeto de ciencia, sólo permite, a lo sumo, conjeturas y probabilidades. Y cuando Hegel racionaliza el pasado, lo hace gracias a un juego del espíritu que consiste en declarar lógicamente necesarios acontecimientos que de hecho se han producido. De este modo parece que dichos acontecimientos hayan tenido que ser necesariamente como han sido y no de otro modo.

No obstante, es sólo una necesidad de hecho, no una necesidad metafísica aplicable también a todos los hechos que aún no se han producido. Finalmente, si consideramos que la historia humana es el desarrollo del Espíritu, es decir, de Dios, la filosofía de la historia no será propiamente una filosofía, sino una teología que, como hemos visto, implica un panteísmo, y no un panteísmo estático, sino un panteísmo dinámico, que es absurdo.

Para terminar sólo nos queda subrayar que el sistema de Hegel es un sistema perfectamente cerrado sobre sí mismo. Por ello los pensadores que vendrá, a continuación se situarán en el otro extremo. Al pensamiento «objetivo», racional y sistemático opondrán pensamientos «subjetivos», que intentan describir al existente tal como es, concretamente.

Fuente Consultada:
Historia de la Filosofía -Desde la antigüedad hasta nuestro días –

Biografia de Sartre J. Paul Filosofia Ideas Filosoficas Resumen

Biografía de Sartre J. Paul
Ideas Filosóficas

(París 1905 – id. 1980) Filósofo y escritor francés. Sus obras responden a los principios literarios-filosóficos del existencialismo francés. Expuso buena parte de sus ideas en su producción literaria, de la que merecen especial mención la trilogía novelística llamada Los caminos de la libertad (1945-49) y la novela autobiográfica Los palabras (1964), así como sus obras de teatro Los moscas (1943), A puerta cerrada (1944), Muertos sin sepultura (1946) y Las manos sucias (1948).

Sartre  fue maestro, escritor y filósofo. En colaboración con la mujer que compartió su vida, Simone de Beauvoir, desarrolló una filosofía de la libertad que extrae sus determinaciones de la existencia del individuo.

Nacido en París Sartre estudió filosofía en su ciudad natal y, a continuación, fue profesor en Le Havre, tras lo que regresó a París en 1937. Su prolongada relación con la existencialista Simone de Beauvoir comenzó cuando ambos eran estudiantes, aunque, siguiendo la filosofía existencialista de libertad personal, no se casaron nunca.

Sartre pasó un año en prisión durante la ocupación de París en la segunda guerra mundial. En la década de 1960 ya era una figura eminente en la escena mundial, y en 1964 se le concedió el premio Nobel de Literatura, que rechazó. Durante la revuelta estudiantil de 1968 se dirigió a los estudiantes que protestaban en La Sorbona.

En la Segunda Mundial, cae prisionero en 1940; después de su liberación colabora con la Resistencia. En su obra manifiesta una preocupación metafísica y une la literatura y la filosofía para expresar su ideología. Con Heidegger plantea el existencialismo ateo, pues desecha la idea de un Dios supremo. Afirma que el hombre no se define por ningún concepto, puesto que no es nada. El hombre es producto del absurdo y la angustia de la existencia; por esto, de nada viene y a nada va.

Cuando murió en 1980, todavía era un símbolo de la vida intelectual francesa: unas 50.000 personas acudieron a su funeral. La influencia de los filósofos alemanes Husserl y Heidegger desempeñó un papel fundamental en la elaboración de la filosofía de Sartre, resumida en una breve conferencia que ofreció en 1946: Existencialismo y humanismo.

Su optimista defensa de la libertad inspiró a toda su generación. Su filosofía existencialista también quedó expuesta y reflejada en novelas y obras de teatro, especialmente La náusea (1938). Pero su declaración filosófica más sustancial está contenida en El ser y la nada (1943), un clásico del existencialismo.

Según su filosofía, el hombre es originalmente libre; su libertad consiste en la posibilidad de la «trascendencia», pues puede disponer de sí mismo y de su situación, puede rebasarla, cambiarla y determinarla en otro sentido. En todo eso actúa no solamente como individuo solitario, sino que se descubre a sí mismo como ser social. Pues no está solo con su libertad; se ve alcanzado por la «mirada del otro».

Eso parece suponer en principio una restricción de su libertad, que en realidad resulta ser, sin embargo, una reduplicación de ésta: pues la mirada del otro, bajo la cual el sujeto se transforma transitoriamente en objeto, se devuelve, y así surge una dialéctica de reconocimiento recíproco.

Sartre dio al existencialismo cierta popularidad. El mismo, que no daba importancia a las etiquetas, vio que la existencia humana, que vive de la libertad, no está definida desde el principio: el hombre no escoge de una vez la opción que tiene ante sí, sino que es un proceso que dura toda la vida y que se ha de renovar día a día.

La consciencia de esta situación puede ser experimentada como una condena, pues el hombre tiene la sensación de «cargar sobre los hombros el peso del mundo entero» y «es responsable del mundo y de sí mismo como modo de ser». Sartre halló un constante placer en guardar cierta flexibilidad en su propia existencia; no vacilaba en cuestionar sus propias posiciones ni en subordinar repentinamente su filosofía a otra.

Así, por ejemplo, se declaró seguidor de Marx, lo que irritó, más que a algunos de sus adeptos, a los marxistas ortodoxos, que no se fiaban del filósofo de la libertad. Pero éste permaneció imperturbable y siguió defendiendo una visión del mundo que hoy ya no tiene muchos defensores, a pesar de que las ideas de esta visión del mundo son seguramente mejores que los sistemas fracasados que hasta hace poco se remitían a ellas: «El marxismo, lejos de estar agotado, es muy joven todavía… Apenas acaba de iniciar su evolución. El marxismo sigue siendo la filosofía de nuestro tiempo; es insuperable porque no se han superado todavía las condiciones que lo hicieron surgir.»

Como otros filósofos franceses anteriores, Sartre toma el cogito ergo sum (pienso, luego existo) de Descartes como punto de partida filosófico. Pero mientras que Descartes tomó su conciencia como garantía de su propia realidad, Sartre creyó que la conciencia presenta la realidad de las cosas externas; es decir, prueba la existencia de los objetos de conciencia. Sin embargo, para los demás, uno mismo sólo es un objeto.

De su producción, que comprende novelas, ensayos, narraciones, obras de teatro y libros filosóficos, sobresalen, entre otros, La nausee (La náusea, 1938); Le mur (El muro, 1939); Les mouches (Las moscas, 1943); Le chemin de la liberté (El camino de la libertad), formada por L’ágede la raison (La edad de la razón, 1945), Le sursis (La prórroga, 1945) y La mort dans l’áme (La muerte en el alma, 1949); L’existencialisme est un humanisme (El existencialismo es un humanismo, 1946); Baudelaire (1947); Le diable et le bon Dieu (El diablo y el buen Dios, 1951); Critique de la raison dialectique (Crítica de la razón dialéctica, 1960); Les mots (Las palabras, 1964), sobre su infancia; L’idiot de la famille (El idiota de la familia, 1971-1972), sobre Gustave Flaubert;Nekra-sov; Mort sans sepulture (Muerte sin sepultura); Lo imaginario y El ser y la nada. En 1964 rechaza el Premio Nobel de Literatura.

Este punto se explica con relación a la «mirada» externa: se es el objeto de la mirada del otro. Y esto produce un sentido C; alienación y separación de los demás que a uno le gustaría poder superar, lo que no es posible. Cada individuo está definitivamente solo en el mundo.

Esto también significa que no es posible reconocer la libertad de los otros; el principio kantiano de que los demás deber ser tratados con respeto y como fines en sí mismos no se puede llevar a cabo, y debe vivirse con el conflicto resultante. Como dice uno de los personajes de la obra de Sartre Huís dos: «El infierno son los otros».

Si la propia perspectiva de los demás es limitada restringida, en cambio, el concepto del yo queda absolutamente libre de trabas. Sartre atribuye al sujeto conciente una ilimitada libertad de la autocreación. En contraste con la visión aristotélica de que, por ejemplo,  antes de que exista realmente un cuchillo alguien tiene que tener en su mente la misma idea del cuchillo , lo opuesto se convierte en certeza en el caso del hombre. 

De ahí la famosa frase de Sartre: «La existencia precede  a la esencia». En otras palabras, el ser humano individual no cuenta con un modelo o una maqueta inicial. 

Ciertamente, hay constantes que no es posible cambiar sexo, edad, raza, etc.—, pero, aparte de éstas se puede  tomar el propio contexto social y hacer con él lo que se quiera.

En lo tocante a la moralidad, es una equivocación, según Sartre, no hacer uso de esta libertad y limitarse a seguir a la multitud, conformarse. Tal conformidad, junto con la creencia en la coherencia —se vive ten un universo ordenado en el que las cosas acaban por tener sentido— era lo que él denominó «mala fe» , cuyo reverso es la autenticidad. El reconocimiento de la incoherencia de la realidad, llamada por Sartre «el absurdo», produce disgusto o «náusea». Es la fuente de Angst, ansiedad o culpabilidad existencial, frente a la elección. Según él, «no tenemos excusas detrás de nosotros ni justificaciones ante nosotros». Se está condenado a ser libre».

Estas ideas pertenecen a lo que suele considerarse el período «clásico» de Sartre: los años transcurridos entre mediados de la década de 1930 y finales de la década de 1940  en los que reflexionó sobre las emociones y la imaginación y se ocupó de cuestiones relativas a la ética personal. A partir déla década de 1950, Sartre inició en una fase más centrada en la política, en la que dio más peso a la tesis marxista de que las condiciones sociales y económicas, junto con las fuerzas históricas, afectan a la elección de individuos y grupos.

En esta fase Sartre escribió Crítica de la razón dialéctica (1960), en la que trataba de reconciliar el marxismo con el existencialismo.

Los ataques al existencialismo caricaturizan su afirmación de que la vida no tiene sentido y de que el mundo es un lío nauseabundo e imprevisible en el que los burgueses adoptan el papel de villanos. Sartre trató de defenderse de estos ataques, aunque una evaluación desapasionada puede detectar que tenían algún fundamento.

Por otra parte, sus admiradores proyectaron una imagen tremendamente ensalzada de él como defensor de la libertad política y moral, un intrépido antinazi y héroe de la resistencia francesa, aunque tampoco hay muchas pruebas de ello. Sin embargo, no cabe duda de que Sartre fue un gran escritor y pensador, y una de las influencias esenciales para su generación.

Ver: Biografía y Teoría Existencialista de Heidegger Martín

Fuente Consultada: FILOSOFÍA de David Papineau