Biografía de Juan Domingo

Gobiernos Populistas en America Latina: Causas y Objetivos

Gobiernos Populistas en América Latina
Causas y Los Objetivos

Después de la Segunda Guerra Mundial, mientras Estados Unidos y  Unión Soviética rivalizaban por extender su influencia en distintas partes ce mundo, en América Latina surgieron o se consolidaron experiencias denominadas populistas.

Las más clásicas son las que se desarrollaron en México.

En Argentina y Brasil. Aunque con sus particularidades, estos «populismos» presentaron algunos rasgos en común. Getulio Vargas en Brasil, Lázaro Cárdenas y sus sucesores en México y Juan Domingo Perón en la Argentina se transformaron en líderes muy populares que ejercieron el gobierno de manera personalista.

Populismo en america latina

 ►ANTECEDENTES:

En la Argentina —y en toda Latinoamérica— desde mediados de la década de 1940 las masas emergen de un modo inequívoco, en la sociedad y en la política.

Esto se relaciona en parte con procesos de industrialización pero, sobre todo, con el acelerado crecimiento de algunas grandes ciudades, a las que se vuelcan sectores expulsados por la crisis rural y atraídos por la posibilidad, más o menos real, de obtener en las ciudades mejores empleos, mejores condiciones de vida.

Excluidas y marginadas del consumo, del prestigio y del poder, en un momento esas masas irrumpieron en forma brusca reclamando un lugar en la sociedad.

En ese sentido, el 17 de octubre de 1945 fue un episodio de un simbolismo extremo.

¿Qué hacer con esas masas?

Hay una política posible para ellas —en la Argentina y en todo el mundo— que es la de lo que genéricamente podría denominarse el socialismo: colaborar con ellas, para que ellas mismas encuentren su propio destino, realicen su propia reivindicación.

Se plantean aquí varios problemas tácticos y estratégicos: cuáles van a ser los medios, con qtu velocidad se van a producir esos cambios qué sacrificios debe imponerse una genera ción en aras de las siguientes.

En cualquier caso, es un camino difícil.

Naturalmente es posible la política inversa: excluir y marginar a las masas, explotarlas, reprimirlas los riesgos también son evidentes y consis ten en una explosión incontenible.

El siglo XX elaboró una tercera opción desarrollada por el fascismo italiano y ade cuada —modificándola sensiblemente— en Latinoamérica: una política de masas que descarte su autonomía y las utilice para sustentar poderes ajenos.

Esto es lo que suel denominarse populismo.

Se apoya en primer lugar en el consumo de masas.

Estos vastos contingentes, recientemente urbanizados, desean consumir, y ese consumo puede ser adecuado para el desarrollo de ciertos sectores industriales locales.

Fomentarlo, mediante una política redistributiva de ingresos, no sólo beneficia a las masas —las tranquiliza quizá— sino también a quienes produce para ellas.

También estos gobierno pretendían que sus países lograran una mayor independencia económica a través de la profundización del desarrollo industrial.

Del mismo modo, consideraban que el Estado debía atender los intereses del «pueblo» constituido por los trabajadores urbanos y rurales y los empresarios nacionales.

Tenía que cumplir además la función de arbitro en los conflictos que surgieran entre los distintos grupos sociales.

El mejoramiento de la situación de los trabajadores fue una preocupación central y la base para construir una sociedad más justa y menos conflictiva.

El único sector a combatir era la «oligarquía»: una minoría vinculada con el enemigo extranjero, el «imperialismo», ajena a los intereses del «pueblo» y la «Nación».

El Estado jugó efectivamente un papel central en las transformaciones propuestas.

Alentó el desarrollo industrial y, en el caso de México, también la reforma agraria.

Tomó además a su cargo nuevas funciones empresariales como la explotación del petróleo y de ciertos servicios públicos; protegió a los empresarios industriales, impulsó leyes laborales y aumentó los ingresos de los trabajadores. Fue justamente entre ellos donde los líderes populistas obtuvieron el mayor apoyo.

En el plano económico, si bien creció la industria y se avanzó en el desarrollo de la siderurgia y la producción energética, desde mediados de la década de 1950, sobre todo en la Argentina y Brasil, las economías comenzaron a mostrar signos crecientes de estancamiento.

¿Quién paga esto?

Generalmente los sectores productores tradicionalmente volcados a la exportación —nuestra oligarquía terrateniente, por ejemplo— cuyos ingresos son trasladados al sector industrial por intermedio del Estado, a través de retenciones a las exportaciones, cambio diferencial, etc.

Sobre todo, se apoya en una política de masas.

Estas son movilizadas y politizadas intensamente, pero cuidando de tronchar todo amago de acción autónoma.

La politización es encuadrada por el Estado, junto con un partido —o un movimiento— que se desarrolla adosado a él y que está indisolublemente unido a la figura de un líder carismático, su surgimiento no es un mero azar: esa figura es cuidadosamente construida por los medios de comunicación de masas —la radio, la televisión— cuyo desarrollo es esencial para esta política populista. Ni Mussolini ni Perón habrían existido sin la radio.

También es construida mediante la práctica de una beneficencia directa.

El Estado providente y benefactorel clásico Welfare State de los capitalismos avanzados— se concentra en una persona, de cuya bondad y caridad parece depender esa beneficencia que, según es bien sabido, es hoy una función casi ineludible del Estado moderno.

Falta, finalmente, un buen enemigo, para aglutinar fuerzas.

Tratándose de movimientos policlasistas, que procuran armonizar los intereses de sectores de propietarios y de trabajadores, este enemigo no puede ser, sin más, el patrón. Se recurre a figuras más ambiguas en cuanto a contenido real, pero de gran fuerza emocional: la oligarquía, la maléfica, proteica y omnipresente oligarquía, cien veces derrotada y cien veces renacida.

¿Es eterna esta política?

Sus límites son los de la distribución de ingresos que le da origen. Mientras haya un sector próspero del que pueda sacarse, con destino a un sector industrial urbano —generalmente ineficiente— esto es posible.

Cuando las vacas flacas suceden a las vacas gordas, el populismo suele morir, aunque su recuerdo indisolublemente unido a épocas de prosperidad, perdura largamente y alimenta a quienes pretenden ser sus herederos.

Los problemas de las economías latinoamericanas

El estancamiento no sólo afectaba a los países más grandes de América latina.

En la mayoría de los restantes, el mantenimiento de grandes explotaciones improductivas frenaba el desarrollo de la agricultura.

Además, la existencia de una masa campesina, que a cambio de su trabajo no recibía salarios sino pequeñas parcelas para explotar, limitaba el número de consumidores y volvía difícil cualquier tipo de desarrollo industrial.

El atraso y la miseria generaban, por otra parte, frecuentes rebeliones en el sector rural.

PERÓN EN EL GOBIERNO DE FARREL:

Perón a cargo de la secretaría de Trabajo produjo cambios fundamentales respecto de los gobiernos anteriores, tendientes a establecer una relación más fluida con el movimiento obrero.

Para lograr tal objetivo, se sancionaron una serie de reformas en la legislación laboral. Las principales medidas fueron:

a. El Estatuto del Peón, que estableció un salario mínimo y procuró mejorar las condiciones de alimentación, vivienda y trabajo de los trabajadores rurales.

Esta reforma fue severamente cuestionada por los terratenientes, ya que —según afirmaban— no podrían responder a los gastos que ocasionarían las nuevas disposiciones. Perón les respondió —anunciando un clima de tensión que caracterizaría a toda la década— que «el propietario que no pueda pagar peones, debe trabajar la tierra personalmente», b. El establecimiento del seguro soda! Y la jubilación que benefició a 2 millones de personas.

c. La creación de Tribunales de Trabajo, cuyas sentencias, en líneas generales, resultaron favorables a las demandas obreras.

d. La fijación de mejoras salariales y el establecimiento del aguinaldo para todos los trabajadores.

e. El reconocimiento de las asociaciones profesionales, con lo cual el sindicalismo obtuvo una mejora sustancial de su posición en el plano jurídico.

LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA DE JUAN PERÓN:

En un discurso pronunciado en octubre de 1946 Perón presentó el Primer Plan Quinquenal y explicó los lineamientos principales de la política económica de su gobierno: «Para aumentar nuestras conquistas sociales necesitamos aumentar la riqueza y aumentar el trabajo.

Nuestro plan considera, en esta etapa, multiplicar nuestra riqueza y repartirla convenientemente; y con ello, las nuevas conquistas sociales han de salir de nuestro propio trabajo, sin perjudicar a nadie.

A ello tiende nuestro plan quinquenal.

Debemos producir el doble; multiplicarlo por cuatro mediante una buena industrialización, distribuir equitativamente la riqueza y aumentar el estándar de vida de nuestras poblaciones hambrientas, que son la mitad del país; cerrar ese ciclo con una conveniente distribución y comercialización de esa riqueza.

Y cuando este ciclo se haya cerrado, no tendremos necesidad de mendigar mercados extranjeros porque tendremos el mercado dentro del país, y habremos solucionado con ello una de las cuestiones más importantes: la estabilidad social.»

Un año después, el 9 de julio de 1947, el gobierno peronista declaró, en Tucumán, la independencia económica.

Ésta, junto a la justicia social y la soberanía política se convertirían en las tres banderas históricas del peronismo.

PARA SABER MAS…
Populismo

Los estudios sobre el peronismo coinciden en destacar que se trató de un movimiento sustentado en un amplio apoyo popular.

Algunos autores lo califican como un movimiento popular, o como un nacionalismo popular, mientras que otros utilizan el concepto de populismo.

La expresión populismo, asociada al estudio del peronismo —y de otros movimientos latinoamericanos como el cardenismo en México o el varguismo en Brasil— fue el que alcanzó mayor difusión en el campo de las ciencias sociales y ha sido utilizado con distintos sentidos.

Para algunos historiadores, populismo significa un conjunto de políticas que realizan las clases propietarias desde el Estado, tratando de obtener el apoyo pasivo de las masas.

Para otros, el populismo es el resultado de la alianza entre una burguesía que busca impulsar un proyecto industrialista y una clase obrera organizada que se moviliza para lograr satisfacer sus propias demandas.

En esta segunda interpretación, el protagonismo popular tiene más importancia que en la primera.

Pero el análisis del populismo no se agota en estas dos interpretaciones. Existe un conjunto de características que describen al peronismo como un movimiento populista y en las que coinciden muchos autores. No obstante, los estudios difieren según e! énfasis que cada autor pone en uno u otro rasgo del populismo.

Algunas de esas características son:

• el policlasismo:

la base social del peronismo estuvo constituida por una alianza entre obreros, sectores de la burguesía industrial y un grupo nacionalista del ejército.

• programa económico industrialista, nacionalista y dístribucionista:

el Estado asumió un papel decisivo en el desarrollo de la actividad industrial, creando fuentes de trabajo, generando una redistribución de los ingresos favorable a los trabajadores y ampliando el mercado interno.

El Estado —planificador de la economía— impulsó una política de nacionalizaciones de sectores claves como el comercio exterior, las fuentes de energía, las comunicaciones y los transportes.

Estas políticas intentaron resolver las necesidades de muchos países latinoamericanos frente a la gran depresión de los años ’30 y a las dificultades económicas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial.

• oposición de intereses entre pueblo y oligarquía:

los intereses de la alianza gobernante —el pueblo— se identificaron con los intereses de la Nación, mientras que los opositores —la oligarquía— fueron considerados como representantes de proyectos antinacionales y aliados del imperialismo.

Al plantear la oposición entre pueblo y oligarquía, el populismo no considera central la diferencia de intereses entre la burguesía y la clase obrera.

• liderazgo carismático:

el liderazgo político de! movimiento populista lo ejerce un líder carismático —que establece un fuerte vínculo afectivo con el pueblo—.

Este jefe político conduce al movimiento en su conjunto, intentando armonizar los distintos intereses de los sectores sociales que integran la alianza populista.

Fuente Consultada: Sociedad , Espacio y Cultura Siglo XX La Argentina en América y el Mundo Tobio/Pipkin/Scaltritti

Segundo Gobierno de Peron:Derrocamiento, Golpe de Estado y Exilio

Segundo Gobierno de Perón – Golpe y Derrocamiento

PRIMERA PRESIDENCIA DE JUAN PERÓN:
Elige un gabinete joven, retiene el poder estatal y controla el partido

Biografia de Juan Perón Infancia Sus Padres ResumenEl tórrido domingo 24 de febrero de 1946 se realizan las elecciones que proporcionan al peronismo (representado como ya veremos por el Partido Laborista y la Junta Renovadora de la UCR, que aporta la candidatura de Hortensio Quijano a la vicepresidencia) una abrumadora mayoría.

Son más de un millón y medio de votos (el 52,4 por ciento del total) los que legitiman el triunfo de Perón sobre la Unión Democrática (representada por José Tamborini-Enrique Mosca), que obtiene el 42,5 de los sufragios.

Quedan atrás los años del fraude electoral y la Argentina se encuentra ante la posibilidad de desarrollar una democracia plena, en el marco de condiciones económicas favorables.

La Segunda Guerra Mundial ha finalizado a mediados del año anterior, y en un plano de total normalidad institucional, el 4 de junio de 1946 asume el general Perón la presidencia de la Nación.

Después de los cuatro años de guerra, el mundo está recomponiendo sus relaciones políticas y económicas y, aparentemente, existe un espacio para que las naciones no beligerantes y sub-desarrolladas, como la Argentina, intenten el usufructo del aún positivo intercambio comercial con los centros del poder mundial.

Mientras cumplía sus funciones al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión del régimen militar instaurado el 4 de junio de 1943, el entonces coronel Perón había comenzado a tejer sus relaciones con el movimiento obrero.

En esos años, ha concedido impensadas conquistas a los trabajadores, de modo tal que pocos años después, se sentirá seguro de haber seducido a un amplio y decisivo sector que se convertirá en una de las bases de sustentación de su gobierno y su doctrina.

Su gestión al frente de esa secretaría y la popularidad que va adquiriendo entre los trabajadores provoca la aprehensión de sus pares, quienes deciden el 13 de octubre de 1945 confinarlo en la isla Martín García, la misma en la que 15 años atrás fuera alojado el depuesto presidente constitucional Hipólito Yrigoyen.

El ya histórico 17 de octubre de 1945 los obreros salen a la calle para reclamar la liberación del coronel .

Será a partir de esta fecha que el país adoptará una nueva fisonomía. Perón comienza a consolidar un vasto movimiento político y social del campo nacional y popular.

Esta etapa de consolidación política del movimiento se realiza a expensas de las estructuras partidarias que le permiten su lanzamiento electoral: el Partido Laborista y la Junta Renovadora de la Unión Cívica Radical, que se disuelven en mayo de 1946, para dar paso a la creación del Partido Único de la Revolución, que luego se denominará Partido Peronista.

Las elecciones de febrero de 1946 proporcionan al peronismo una abrumadora mayoría en ambas cámaras del Congreso.

La relación exacta en Diputados es de 109 contra 49, de los cuales 44 son radicales. En el Senado, sólo dos miembros representan a la oposición.

Esta enorme diferencia, más marcada aún luego de las elecciones legislativas de 1948, posibilita al gobierno la aprobación de proyectos que incrementan constantemente el poder y la doctrina peronista en distintos planos de la vida nacional.

Con el tiempo se verá cómo el Parlamento legaliza con facilidad instrumentos como el Plan Quinquenal, la regimentación de la Suprema Corte de Justicia, la Constitución de 1949 e importantes normas laborales.

Se designa a Juan Duarte, hermano de Evita el puesto de secretario privado. Un viejo amigo y condiscípulo de Perón, Domingo Mercante, ejerce la gobernación de la provincia de Buenos Aires. 

El resto de los cargos se cubre con el general Humberto Sosa Molina (Guerra), el capitán de navío R del Anadón (Marina), Belisario Gaché Piran (Justicia e Instrucción Pública), Juan Picazo Elordy (Agricultura y Ganadería) y general Juan Pistarini (Obras Públicas). Entre los secretarios de Estado se destacan Ramón Carrillo (Salud Pública) y Rolando Lagomarsino (Industria y Comercio).

Después de Perón y Eva Perón, Miranda es su principal asesor económico —industrial metalúrgico y uno de los pocos empresarios que acompañan al general desde sus comienzos políticos— es un personaje de una proyección que crea fundadas expectativas en el país y en el extranjero.

Sus ideas, más progresistas que las del resto de su equipo, impulsan a Perón a recomendarle la elaboración de los planes de la primera etapa del gobierno peronista, que pronto se reivindicarán como logros en el camino de la independencia económica del país.

A un mismo tiempo, Miranda se hace cargo del Banco Central, del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) y del Consejo Económico Argentino, herramientas fundamentales para las metas que se propone.

«La concentración del poder a disposición del Estado, una de las premisas básicas del peronismo, haría imposible la supervivencia de la oposición. La tentación de usar y abusar de la autoridad para suprimir las divergencias se convirtió en algo irresistible».

Con la neutralización de sus adversarios, el gobierno de Perón encara la reestructuración de la Suprema Corte, que a partir de entonces quedará integrada con jueces adictos.

Poco después somete a la consideración legislativa un proyecto que declara la necesidad de la reforma de la Constitución de 1853. Aunque la necesidad de esta reforma sin duda es real, no escapa a nadie que también se persigue la reafirmación del poder personal.

Independencia económica y justicia social son el meollo de la política que perfila el coronel Perón en su meteórica aparición en la revolución militar de 1943 y que concita entonces la adhesión de la clase obrera y de un amplio espectro político (radicales, nacionalistas, socialistas e inclusive conservadores) de aquellos años.

Las condiciones internas y externas en 1946 eran ventajosas para el lanzamiento de una audaz política de crecimiento.

En esta apreciación acordaban tanto los peronistas como los antiperonistas, salvo aquellos que se aferraban a la bucólica visión de una Argentina agropecuaria, granero del mundo industrializado .

La Segunda Guerra, que enfrentaba a las principales naciones desarrolladas, había permitido a la Argentina un inicial crecimiento industrial como consecuencia de la sustitución de importaciones de artículos corrientes, al tiempo que crecían las exportaciones tradicionales hacia los países beligerantes. Esto había permitido la acumulación de reservas en oro y divisas por un monto de 1.600 millones de dólares de entonces.

Así planteado el panorama, Perón pudo concretar algunas de sus más caras promesas electorales. Con ese y otros objetivos, recomendó a Figuerola la elaboración de un programa económico, que en la asamblea legislativa del 21 de octubre de 1946 el presidente bautizaría como Plan Quinquenal.

A grandes rasgos, este plan tenía por metas la industrialización del país, la nacionalización de la infraestructura (transporte, comunicaciones, obras públicas y energía), aumento del patrimonio nacional y su distribución más equitativa.

En los dos primeros años de gobierno, el país da pasos agigantados: se construye el gasoducto Comodoro Rivadavia-Buenos Aires, se completa la flota nacional, se compran aviones, se paga la deuda externa, se nacionalizan compañías de teléfonos, se adquieren tres ferrocarriles franceses y se apuntan las baterías a una profunda industrialización. El 9 de julio de 1947, en Tucumán, Perón declara la Independencia Económica. Se está en un momento de apogeo.

El poder adquisitivo de los salarios alcanza un nivel nunca registrado y las clases necesitadas no lo olvidarían más. En 1948, el salario real del trabajador industrial especializado aumentó un 27 por ciento con relación a 1943, mientras que la mano de obra no especializada lo hacía en un 37 por ciento. Todo ello en el marco de una economía no inflacionaria.

Con marcado optimismo, Perón dice en 1947 que «siempre he pensado que, en el orden económico, íbamos a vivir sin ninguna crisis durante los seis años de mi gobierno. Hoy, como resultado de nuevos estudios que se están realizando, creo que vamos a tener sesenta años sin crisis».

En tanto, Miguel Miranda inicia tratativas en torno al pago de la elevada deuda que Gran Bretaña había contraído con la Argentina en los años de la guerra. La irresolución del problema determina la compra de los ferrocarriles que se hallaban en manos de empresas inglesas. Esto significó —pese a lo deteriorado del material nacionalizado— un alto rédito político para el gobierno argentino, que de inmediato resaltó el hecho como otro paso hacia la independencia económica.

La «Nueva Argentina» vivía así su sueño de prosperidad, que pronto se vería sobresaltado por las consecuencias del reacomodamiento de la situación política internacional y la recomposición de los sectores vitales de los centros del poder económico.

Pero en ese momento, la euforia gana al peronismo, que sale ruidosamente ala calle en cada oportunidad en que se da un paso adelante en procura de una sociedad mejor. Verdaderas fiestas se viven en Plaza de Mayo, que se convierte en el punto obligado de concentración de las huestes peronistas.

Al grito de «presente, mi general«, comienzan aquellas mitológicas reuniones presididas por Perón desde los balcones de la Casa de Gobierno, que habitualmente tiene a su lado a la cada vez más popular Eva Perón.

La deuda de Gran Bretaña no puede cobrarse en divisas.

Europa tiene sus economías destrozadas por la guerra, con los países socialistas no hay mucho para hablar, y EE.UU. reprocha a Perón su actitud antiimperialista y su posición neutral en la Segunda Guerra Mundial.

Se suponía que la ayuda del plan Marshall podía generar algún beneficio en Argentina, pero para nada fue así, por lo que las divisas o reservas del gobierno argentino caían como consecuencia de mantener el Plan Quinquenal.

Perón no permite girar dólares al extranjero a las empresas de EE.UU. radicada en el país, en el campo, la oligarquía terrateniente se venga del control del IAPI y de los incentivos a la industria con la reducción del área cultivada y su consecuente baja en la producción de granos, provocando problemas en la balanza de pagos.

El 6 de julio de 1946, el presidente argentino envía un mensaje radial para reclamar a las naciones restantes la adopción de la  Tercera Posición como forma di evitar la transformación de la guerra fría en una nueva conflagración aún más cruenta.

Las acciones del presidente Perón son seguidas con suma atención por el Departamento de Estado, y el resultado de este examen no podía ser otro que el de una profunda desconfianza y desconcierto.

Su gestión  de gobierno probablemente ha llegado al máximo de sus posibilidades, aunque no al máximo de sus objetivos, que son precisamente los que las masas populares esperan ver pronto concretados.

Eva Perón ha muerto. Aparecen síntomas de corrupción administrativa.

La oposición, acorralada por la adhesión masiva del pueblo a un líder carismático, se enfurece cada vez más.

Los actos de irracionalidad política son cada vez más frecuentes en uno y otro bando.

Existe el peronismo y el antiperonismo incorporados a la sociedad en la forma de sentimientos profundamente fanáticos. El «entorno» de Perón es cada vez más mediocre.

Las soluciones no llegan tan fluidamente como se esperan.

La represión es el arma que hay que echar a mano para que los acontecimientos no desborden la imagen de un gobierno que pretende tener todas las riendas en su poder.

La imagen de una Argentina próspera nace de los aciertos y posibilidades económicas que se presentaron en los primeros tres años de gobierno.

En esta etapa se concreta el aumento del salario real, la ampliación de beneficios del régimen jubilatorio, las vacaciones pagas, las mutuales y obras sociales de los sindicatos, la construcción de miles de viviendas, el otorgamiento de créditos hipotecarios a bajo costo, la extensión de las tareas de la Fundación Eva Perón, el impulso al deporte y se verifica —como nunca había ocurrido antes— la participación activa de la clase obrera, a través de la CGT, en la política y en las decisiones en defensa de sus intereses.

Estas conquistas son avaladas por la sanción de los Derechos del Trabajador, en 1947, la Constitución Nacional de 1949 y la legalización de los cuerpos de delegados y comisiones internas.

 SEGUNDA PRESIDENCIA DE JUAN PERÓN
Los EE.UU. nos exportan por un valor mayor a las ventas a Inglaterra

Pero lo que se avizora como prosperidad permanente pronto comienza a mostrar algunas fisuras.

A las dificultades económicas de 1948 se suceden las de 1950 —período en que se registra una baja en el ingreso nacional bruto— o las de 1952, en el que una nueva sequía —la segunda en tres años— obliga a la adopción de medidas de austeridad, tales como la reducción del consumo de carne para aumentar el saldo exportable y la aplicación de un convenio de precios y salarios, que propone la congelación de estos últimos por el término de dos años.

A fines de ese año aparecen las primeras movilizaciones obreras en demanda de mejoras salariales y otras conquistas sociales.

Aunque hoy parezca paradójico, incluso increíble, bancarios, gráficos y obreros de la carne y de los ingenios golpean por primera vez el rostro de un gobierno que sustenta la doctrina de la justicia social. Poco después, en enero de 1951, los ferroviarios producen la huelga más extensa y profunda de esa época.

Aquí Perón no encuentra otra salida que decretar la movilización militar de los trabajadores del riel, es decir, que éstos quedan sujetos a las leyes castrenses.

Es por esos días, también, cuando se decreta la incautación del diario «La Prensa», que de manos de la familia Gainza Paz pasa poco después a ser el órgano oficial de la CGT. En este marco, se preparan las elecciones generales que, gracias a las reformas introducidas en 1949 a la Constitución, permitirán la reelección presidencial.eva duarte de peron

Eva Duarte se enferma de cáncer, ella no sabe que tiene, pero se siente cada día mas débil, por otra parte la CGT decide proponerla como vicepresidenta  en la fórmula Perón-Perón para las próximas elecciones.

La «Abanderada de los humildes» se recluye nueve días para reflexionar sobre el ofrecimiento, lapso en el cual, curiosamente, Perón ni siquiera la visita.

La respuesta se da en la noche del 31 de agosto, en un mensaje transmitido por la red nacional de radios, grabado en horas de la mañana.

Con voz casi inaudible, Eva Perón manifiesta: «Que de mise diga, cuando se escriba el capítulo maravilloso que la historia dedicará seguramente a Perón, que hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevar al presidente las esperanzas del pueblo y que, a esa mujer, el pueblo la llamaba cariñosamente Evita».

Durante la enfermedad de Eva Perón, y con el propósito de frustrar el proceso eleccionario que conduciría a la reelección de Perón, se produce la intentona golpista del 28 de setiembre de 1951, encabezada por el general Benjamín Menéndez. Cuenta con el respaldo de algunos sectores de la oposición política.

En principio, dos generales se disputaron el triste honor de comandar el golpe que se preparaba en las sombras: Eduardo Lonardi, al mando entonces del 1er. Cuerpo del Ejército, de extracción nacionalista católica, y Benjamín Menéndez, liberal, retirado del servicio activo en 1942 y golpista consuetudinario.

Ambos cabecillas no se pusieron de acuerdo, Lonardi se retira y el golpe lo realiza Menéndez, con el apoyo de algunos partidos políticos. Fue un fracaso, perón la calificó como una «chirinada».

Perón saca ventaja de esta intentona fallida de golpe, y enardece las masas, consiguiendo adhesión y apoyo para su futura reelección.Evita debió votar desde su lecho de enferma.

El domingo 11, un día lluvioso en Buenos Aires, el Partido Peronista obtiene 4,7 millones de votos, contra 2,4 de la UCR (Ricardo Balbín-Arturo Frondizi).

Por primera vez en la historia argentina votan las mujeres y por primera vez es elegido el Senado por el voto directo. Hay mayoría peronista absoluta en ambas cámaras.

Todas las gobernaciones son ganadas por peronistas. Seis mujeres son miembros del Senado y veintiuna de la Cámara de Diputados.

Carlos Aloe es el gobernador de la provincia de Buenos Aires, reemplazando a Domingo Mercante, un amigo de Perón que también ha caído en desgracia y que desaparecerá de la escena política.

Evita debió votar desde su lecho de enferma. Un cáncer en el útero la fue alejando de la actividad pública y finalmente produjo su muerte el 26 de julio de 1952.

El Junio de 1952, Perón  asumió por segunda vez la Presidencia.

Si bien se trató de una coincidencia, la situación del país fue empeorando a ojos vista desde la muerte de Eva.

Explotó la crisis agrícola y la inflación y el desabastecimiento de productos esenciales fueron moneda corriente.

El Segundo Plan Quinquenal intentó abrir la economía a las inversiones extranjeras e incentivar la productividad, pero encontró fuertes resistencias tanto fuera como dentro del oficialismo.

La ausencia de Evita incidió negativamente en la imagen del general ya que, por un lado, Perón debió asumir personalmente el papel de conductor del movimiento restándole eficacia a su función en la Presidencia, y por otro, comenzaron a circular rumores de sus relaciones con menores de edad, como las integrantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

En obsecuencia de muchos funcionarios llevó a que el «profesional de la conducción» perdiese reflejos políticos.

Esto quedó en evidencia en el conflicto que a partir de 1954 sostuvo con la jerarquía eclesiástica.

Las críticas formuladas por algunos sacerdotes tuvieron como respuesta del gobierno la expulsión del país de dos religiosos extranjeros.

militantes peronistas quemaron la Curia y varias iglesias del centro porteñoLa procesión de Corpus Christi en 1955 en la Capital se convirtió en un acto opositor y consolidó el frente que venía preparando el golpe.

El 16 de junio aviones de la Marina y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo y la residencia presidencial, sin lograr su objetivo de matar a Perón ni conseguir el apoyo que esperaban del resto de las Fuerzas Armadas.

Esa misma noche, militantes peronistas quemaron la Curia y varias iglesias del centro porteño, aunque rápidamente el Presidente llamó a la pacificación.

De ahí en más, la actitud del gobierno quedó trabada entre una propuesta de reconciliación, en la que la oposición no creyó, y las amenazas de dar «medio metro de soga a cada peronista» para ahorcar a sus adversarios.

El 16 de junio, aviones navales arrojan bombas sobre la Casa de Gobierno, que debía ser asaltada por infantes de Marina: Perón no se encuentra allí. La CGT convoca una concentración en Plaza de Mayo; el bombardeo con mas de 30 aviones deja 300 muertos y unos mil heridos.

Al atardecer, Perón anuncia que el movimiento ha sido sofocado, y poco después se produce el incendio de las iglesias.

Hay 800 detenidos; se disuelven la Infantería de Marina y la Aviación Naval; suicidio del contraalmirante Gargiulo, uno de los jefes sublevados.

El 5 de julio Perón propone una tregua política, anuncia el fin de la revolución peronista y convoca a la pacificación.

El 16 de septiembre, el general Eduardo Lonardi se levantó en Córdoba y la Flota de Mar en Puerto Belgrano, con apoyo de «comandos civiles» formados por radicales, socialistas y militantes católicos.

El gobierno quedó a la espera de los acontecimientos militares y el día 20, cuando el contraalmirante Isaac E Rojas amenazó con bombardear La Plata y la Capital, Perón pidió asilo en la embajada del Paraguay, adonde partiría poco después por vía fluvial.

FIN DEL GOBIERNO Y EXILIO: La sublevación militar que derrumba al gobierno constitucional se inicia el 16 de setiembre de 1955 y el lunes 20, un día lluvioso en Buenos Aires, el líder de uno de los movimientos populares más grandes de la historia del país, se embarca en la cañonera ‘Paraguay’ rumbo a Asunción. Comienza así un largo exilio que durará 18 años».

Atrás queda una etapa que tensa hasta el límite las relaciones sociales. En doce años de actividad pública, el general Perón logra encolumnar tras su doctrina de independencia económica y justicia social a la inmensa mayoría de la clase trabajadora, a la vez que exacerba al máximo el odio de los sectores cuyos intereses se ven amenazados.

Bautizado «el tirano prófugo» por el diario La Prensa, Perón inició su largo exilio en Asunción del Paraguay; pero las presiones del gobierno argentino y los rumores de que se planeaba un atentado contra su vida lo llevaron a alejarse más del país. Instalado en Panamá, un grupo de artistas argentinos le presenta a María Estela Martínez, una joven riojana de la que no se separará hasta su muerte

Perón en CaracasDesde el comienzo de su gestión presidencial, asume la casi totalidad del poder, basado en el liderazgo carismático y el apoyo de la central obrera e, importantes sectores de las Fuerzas Armadas.

(Imagen: Perón en Caracas)

Pero a partir de la última mitad de la segunda presidencia los acontecimientos se precipitan, de forma tal que ahora parecen diagramados para la segura derrota del gobierno reelegido en noviembre de 1951.

La indecisión de Perón frente a un cúmulo de enfrentamientos y toma de posiciones que sin duda no son fáciles de resolver —como el pedido de una dirigencia obrera de hacerse cargo de la situación mediante las armas— facilita en gran medida el triunfo de un golpe militar, tras el que se congregan numerosos sectores, con diferentes objetivos.

Desde 1953, es cierto que los desaciertos del gobierno se acumulan. Una escalada de rumores sobre corrupción se cierne sobre los cuadros dirigentes del peronismo y altos funcionarios. Se ejerce la represión y formas de tortura sobre la oposición.

Se acallan las protestas de los trabajadores, que se multiplican en relación directa con las dificultades económicas.

La Iglesia Católica reacciona con todos sus medios cuando siente que sus intereses serán afectados con el proyecto de su separación del Estado, y la abolición de la enseñanza religiosa.

La creación de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), y más precisamente la instalación de la rama femenina de la organización juvenil en la quinta presidencial de Olivos, motivan las más venenosas murmuraciones.

La solicitud de un crédito a la banca internacional y la posible firma de un contrato petrolero con la Standard Oil de California confunde a muchos peronistas que creen en las banderas de la independencia económica y soberanía política.

En fin, y tal como lo expresa Julio Godio en su estudio «La caída de Perón, de junio a setiembre de 1955«: «Para entender el año 1955 lo principal es desistir de ‘rehacer’ la historia. Nada ‘faltó’ en 1955.

Estuvieron allí todos los que tenían que estar y se comportaron como tenían que hacerlo. El golpe reaccionario dividió al país en peronistas y antiperonistas».

Según el citado autor, el derrocamiento de Perón se produce por contradicciones internas y, fundamentalmente, por «la resistencia de su cúpula dirigente a recurrir a la masa obrera y oponer al curso golpista un curso de liberación social y nacional».

Fuente Consultada:
«Yo Fui Testigo» – Libro N° 16 Cernadas Lamadrid – Ricardo Halac
«El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX» – Deleis – Titto – Arguindeguy