Biografía de Napoleón Bonaparte

Biografia de Jose I Bonaparte -Pepe Botella-

Biografía de José I Bonaparte Hermano de Napoleón

Entre los Napoleónidas, quizá a ninguno fue ofrecido un porvenir tan brillante como a José Bonaparte Pero no tenía éste las cualidades que hicieron tan famoso a su hermano, en particular el espíritu de decisión y energía, la voluntad de imponerse y la capacidad de trabajo.

Su carácter era sumamente débil, y nada en su sangre le llamaba a desempeñar un papel en el campo de batalla. De formación intelectual, habría sido, sin duda, un buen monarca al estilo de los que preconizaban los filósofos del siglo XVIII aunque sin la dignidad de la estirpe.

Jose Banaparte Biografia

Se le llamaba Pepe Botella debido a su afición por la bebida, sin embargo parece que tal historia no era cierta y que sólo se trataba de una manera de desprestigiarlo

Pero su vida fué, como la de sus demás hermanos, tan azarosa, que requería cualidades eminentes para ocupar un lugar propio y destacado en la Historia. Vivió, pues, tras la sombra de la estrella del gran caudillo corso, y su fortuna periclitó con la caída de Napoleón.

Nació un año y medio antes que éste en Corte (Córcega) el 7 de enero de 1768. Cursó sus primeros estudios en el colegio de Autún; pasó luego a la universidad de Pisa, donde se graduó en leyes, y en 1788 se estableció como abogado en Bastía.

Durante cinco años actuó en las filas del partido francés de Córcega, luchando contra Paoli.

Al triunfar éste en 1793, José se refugió en Francia. La Convención termidoriana le utilizó para concertar la reconquista de la isla natal.

Acompañó a su hermano Napoleón en la campaña de Italia (1796).

Pero a fines del mismo año, con el triunfo de Francia en Córcega, regresó a ella para hacerse cargo de su administración. En calidad de tal fue nombrado miembro del Consejo de los Quinientos.

En 1797 desempeñó el cargo de residente en Parma y, luego, de embajador en Roma, con la misión de favorecer el espíritu revolucionario. Pero ya en esta ocasión se observó que no era hombre de temple.

El golpe de estado de Brumario (1799), en el que participó preparando la conspiración, le elevó de nuevo a un primer plano político.

Napoleón, deseoso de empujarle en la vida, le nombró consejero de Estado y tribuno, y le confió negociaciones diplomáticas de confianza en los Estados Unidos y Austria (paz de Luneville de 1801), así como con el Papado (concordato de 1801) e Inglaterra (paz de Amiens de 1802).

Con la instauración del Imperio, José fue nombrado príncipe, gran elector y lugarteniente del ejército, es decir el segundo después de Napoleón.

Pero éste le reservaba aún mayores beneficios. El 30 de marzo de 1806 se hizo cargo del reino de Nápoles. Gobernó en sentido reformador y suprim los restos del régimen feudal.

Este éxito aparente animó a Napoleón para confiar a José la corona de España en circunstancias reálrmeme graves. Después de la abdicación de Carlos IV y Fernando VII en Bayona, José fue proclamado rey de Es paña el 7 de julio de 1808. Su primer acto fué otorgar una constitución, preparada por su hermano, que jamas se acató.

El pueblo español, en efecto, nunca reconoció la legitimidad de José I. Este, que había entrado en Madrid el 25 de julio, tuvo que huir siete días después ante el avance del ejército español, victorioso en Bailen. Fue repuesto en la capital por Napoleón y la Grande Armée (8 de diciembre).

Durante dos años procuró reinar, sin lograrlo, pues ni el pueblo le quería, ni le obedecían los generales franceses, ni incluso le apoyaba lo bastante Napoleón.

Dada su falta de energía, fué un juguete de los acontecimientos. Después de la derrota de Arapiles, José abandonó por segunda vez Madrid el 11 de agosto de 1812. Aunque regresó a la capital a principios de noviembre siguiente, la abandonó de nuevo en la prim.avera de 1813.

Las derrotas de Vitoria (21 de julio de 1813) y San Marcial (31 de agosto), le arrojaron definitivamente de España.

En diciembre de 1813 renunció a la corona española. Nombrado jefe de la guardia nacional en enero de 1814, prestó pocos servicios a Napoleón en la campaña de Francia.

Refugiado en Suiza después de la entrada en París de los aliados, volvió a Francia durante los Cien Días, en cuyo período ejerció el cargo de presidente del consejo de regencia (1815). Al sobrevenir el desastre de Waterloo, se trasladó a América.

Vivió en Point Brezee, Nueva Jersey, Estados Unidos, como conde de Survilliers, gozando de una buena fortuna. Subdito de aquella República desde 1820, regresó a Europa en 1832 para intentar afianzar el partido bonapartista en Francia, cada día más pujante después de la revolución de julio.

Residió en Londres y en Italia. Establecido en Florencia en 1841, murió en esta ciudad el 28 de julio de 1844.

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Biografia del Duque de Wellington Militar Britanico

Biografia del Duque de Wellington Militar General Britanico

En el estudio de las grandes figuras militares, la consideración de los hechos de armas de Arturo o Arthur Wellesley, duque de Wellington, merece un lugar destacado, por lo menos en cuanto a las magníficas condiciones de tenacidad de que siempre dio relevantes pruebas.

Estratega de refinada formación, brillante en el despliegue de sus fuerzas, fue realmente insuperable en la táctica defensiva, como lo demostró en Torres Vedras y en el mayor de sus triunfos: Waterloo. Esta victoria hizo irradiar su fama por todos los ámbitos. del mundo.

biografia del duque de welligton

Tercer hijo de Garrett Wellesley, conde de Morningtong, Arturo nació en Dublín el 29 de abril de 1769. Se educó en el aristocrático colegio de Eton y en la academia militar de Angers (Francia). Ingresó como insignia en el 73.0 de «highlanders en 1787.

Hizo rápidos progresos por su natural despejado y la influencia de su hermano mayor; en 1793 tenía la graduación de teniente coronel, con la cual luchó contra los franceses en Holanda (1794-1795).

Al terminar esta campaña, fue enviado con su regimiento a la India (1796), donde tuvo ocasión de prestar grandes servicios a Inglaterra.

Su hermano, nombrado en 1797 gobernador de la India, le ayudó a hacerse distinguir, pues en 1799, después de la derrota de Tippo Sahib, le confirió el mando supremo de la provincia de Mysore.

Con el grado de mayor general, Wellesley dirigió la campaña de 1803 contra los majratas, a los que derrotó en las decisivas batallas de Assaye y Argaum.

Personalmente impuso la paz a los príncipes de la confederación hindú.
De regreso a Inglaterra (1805), fue elegido miembro del Parlamento y nombrado secretario para Irlanda (1806).

En 1807 participó en una expedición contra Copenhague. Pero hasta 1808 no halló un cargo militar que le permitiera desarrollar sus aptitudes.

La invasión napoleónica en Portugal y España, y la alianza subsiguiente de Inglaterra con estos estados, motivaron el envío de tropas expedicionarias a la península Hispánica.

Wellesley, promovido a teniente general en abril de 1808, dirigió la primera expedición, con tan feliz acierto que, después de la acción de Vimeiro (21 de agosto), obligó a Junot a capitular en Cintra (31 de agosto).

La noticia del reembarque de las tropas inglesas de Moore en La Coruña ante Soult (16 de enero de 1809) le sorprendió en Inglaterra.

De nuevo el gobierno británico acudió a él para reparar el desastre. Wellesley liberó Oporto y lanzó un atrevido ataque sobre Madrid por el valle del Tajo.

Aunque vencedor en Talavera de la Reina (27 de julio de 1809), tuvo que replegarse para evitar que fueran cortadas sus comunicaciones. Después de aquella victoria fué nombrado mariscal portugués y capitán general español.

La corona le otorgó el título de vizconde Wellington. Ante el ataque del ejército de Massena, Wellington se replegó a las líneas de Torres Vedras (1810-1811), en donde resistió de modo admirable.

Al iniciarse la campaña de 1812, expugnó Ciudad Rodrigo (19 de enero), recobró Badajoz (5 de abril) y derrotó a los franceses en Arapiles (22 de julio).

En este momento le faltó decisión para echarse sobre el enemigo en retirada, lo que permitió que éste se rehiciera. Sin embargo, en la campaña de 1813 obtuvo una victoria resonante y decisiva en Vitoria (21 de junio), completada por la expugnación de San Sebastián (31 de agosto) y el paso de la frontera por San Marcial.

El 10 de abril de 1814 entraba en Tolosa. Terminada la guerra, el recién duque de Wellington fue nombrado embajador de Inglaterra en París.

Plenipotenciario de su nación en el Congreso de Viena (febrero de 1815), empuñó la espada al saber la noticia del regreso del Gran Corso. Se le confió, con Blücher, el mando del ejército del Norte.

Separado de su colega prusiano por la vigorosa ofensiva de Napoleón, la contuvo en el campo de batalla de Waterloo (18 de junio de 1815), en donde el impasible general británico se cubrió para siempre de gloria.

Entonces recibió dignidades y recompensas sin cuento, entre las cuales el principado de Waterloo y un obsequio de 200.000 libras esterlinas del Parlamento. Tenía 46 años…

Su prestigio hizo pesar su palabra en la vida pública de Europa e Inglaterra en los años siguientes. Wellington apoyó el restablecimiento de Luis XVIII y evitó la desmembración de Francia.

En 1818 participó en el Congreso de Aquisgrán. En el mismo año ocupó un puesto en el gobierno de la Gran Bretaña, dentro del que se mantuvo en completo acuerdo con las ideas de Castlereagh sobre la practica de la política de la restauración.

Sin embargo, en 1826 prestó un gran servicio a Canning obteniendo en la convención de San Petersburgo la libertad de Inglaterra en el problema del alzamiento de Grecia contra Turquía.

En 1827 el «duque de hierro» fue nombrado generalísimo de las fuerzas inglesas, cargo que desempeñó hasta su muerte.

Al año siguiente (9 de enero) ocupaba la presidencia del consejo de ministros. Durante su gobierno, aunque rígidamente conservador, se otorgó la emancipación a los católicos del Reino Unido (1828).

Opuesto a toda reforma electoral, dimitió en noviembre de 1830. Este fue el único instante en que conoció la impopularidad. Wellington fue otras dos veces ministro bajo la presidencia de Peel: de Negocios Extranjeros en 1834-1835 y sin cartera en 1845-1846.

Su vida se apagó en Walmer Castle (Dover), en una calma serena y augusta, como correspondía a su papel de héroe, el 14 de septiembre de 1852.

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Biografia de Danton Georges Jacques Politico Frances

Biografia de Danton Georges Jacques

Desfigurado el rostro por las viruelas, tumultuoso, desbordante y elocuente, Dantón es una de las figuras más conspicuas del movimiento revolucionario francés.

Demagogo en los Cordeliers, ministro durante las matanzas de septiembre de 1792, partidario de la moderación ante el Terror, impulsor de la política imperialista de la República, los historiadores descubren muchos repliegues en el fondo de su espíritu.

Danton Georges Biografia

Georges-Jacques Danton fue un abogado y político francés que desempeñó un papel determinante durante la Revolución francesa y cuyo talante contemporizador fue atacado por los diferentes partidos en pugna.

Por sus innegables condiciones de patriota, éste fue el primer revolucionario que rehabilitó la crítica histórica del pasado siglo, e incluso la historiografía conservadora ha tenido ciertas debilidades al considerar su personalidad.

Modernamente, no se olvida que en muchas de sus actuaciones corrió el dinero y que su integridad moral es tan dudosa como la de Mirabeau.

No obstante, se le aprecia, como calidad política esencial, cierto realismo, tan alejado del doctrinarismo abstracto de Robespierre como del asesinato por sistema de Marat.

Era hijo de una buena familia provinciana. Nacido en Arcis del Aube el 28 de octubre de 1759, quedó huérfano de padre cuando tenía tres años de edad. Su madre descuidó su educación, por lo que Jorge Jacobo creció dando rienda suelta a su temperamento vital y apasionado.

A los catorce años ingresó en los Oratorianos de Troyes, donde se distinguió en los estudios de historia, mitología y retórica. En 1780 se trasladó a París para dedicarse a la abogacía.

Durante algunos años trabajó en las oficinas del abogado Vinot; defendió algunos casos ante el Parlamento y se dedicó a la lectura de la Enciclopedia y las obras de Rousseau.

En 1787 contrajo matrimonio con Angélica Charpentier. Esta boda le permitió comprar un cargo de abogado en los consejos reales (1787), donde ganó una preciosa experiencia en los asuntos públicos.

Afiliado a las logias masónicas, gozando de mucha simpatía entre las gentes humildes de su barrio, Dantón fue muy pronto, a raíz de la toma de la Bastilla (14 de julio de 1789), uno de los agitadores más populares de París. Su figura, su voz, sus ademanes, le predestinaron a la demagogia.

El dinero del duque de Orleáns le incitaba a la acción. Desde la tribuna de los jacobinos o desde la más radical de los Cordeliers, club que había contribuido a fundar en 1790, abogó contra la corte y el moderantismo de La Fayette.

En las elecciones de 1791 fue elegido administrador de su distrito municipal. Con motivo de la fuga del rey a Varennes, desencadenó una violenta agitación democrática; pero al fracasar la jornada del Campo de Marte (julio de 1791), tuvo que huir a Arcis y luego a Inglaterra.

A fines del mismo año volvía a estar en la capital. Esta vez apoyó a los girondinos en su política bélica, no se sabe exactamente con qué fines. Cuando los ejércitos aliados invadieron Francia, Dantón preparó la jornada revolucionaria del 10 de agosto. La victoria de las turbas fue su victoria.

A la mañana siguiente recibía el nombramiento de ministro de Justicia por la Asamblea Legislativa.

En aquel momento fue el único hombre del gobierno revolucionario que supo mantener la moral de Francia ante el continuo progreso de los ejércitos del duque de Brunswick. Son famosas sus palabras del 2 de septiembre: ((Audacia, todavía audacia y siempre audacia.»

Para dominar el presumible alzamiento de los contrarrevolucionarios, decretó una serie de medidas contundentes sobre las visitas domiciliarias y la detención de los sospechosos.

Los siniestros adeptos de Marat las utilizaron para proceder a las matanzas de Septiembre, que Dantón no supo o no quiso evitar. Esta es una mancha que cae pesadamente sobre su cabeza.

Habiendo renunciado al cargo de ministro (21 de septiembre) en favor delacta de diputado a la Convención, Dantón fue delegado a Bélgica para proceder a la reorganización de aquel territorio, recién conquistado por las tropas republicanas.

Al volver de su misión, propuso la anexión de aquella provincia, y renovó, en un famoso discurso, la política de las fronteras naturales de Richelieu. Atacado por los girondinos, que veían en él al autor de las matanzas de Septiembre, tuvo que apoyarse en Robespierre y la Montaña.

Sin embargo, su política era más liberal y menos democrática que la de los jacobinos. La alianza de éstos con los dantonistas determinó la derrota del brillante grupo de la Gironda en las jornadas de mayo y junio de 1793. Pero esta victoria no le fue tan fructífera como la del 10 de agosto, pues benefició a Robespierre.

El 10 de junio de 1793 fue reemplazado en el Comité de Salud Pública — en el que figuraba como dueño desde el mes de abril anterior — por Maximiliano. No obstante, Dantón conservó gran influencia sobre la Convención.

En octubre de 1793 Dantón se trasladó a Arcis para reponer su salud. Cuando regresó, emprendió una vibrante campaña contra el Terror.

Pero entonces Robespierre tenía entre sus manos a los jacobinos, y combatió a los dantonistas llamándolos indulgentes. Con una ciega confianza en su estrella,

Dantón no se preocupó de las acechanzas que le tendía su rival. Consideró como un éxito propio el fin de los hebertistas o exaltados en la guillotina. Pero, en realidad, era otro triunfo de Robespierre.

El siguiente fue la detención del mismo Dantón y de sus adeptos (1° de abril). Después de un juicio tan inicuo como los acostumbrados, ante el mismo Tribunal Revolucionario que él había creado y organizado, Dantón fué condenado a muerte.

El 6 de abril de 1794 su cabeza rodó en la guillotina. El Terror devoraba a los que le habían engendrado.

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Biografia de Maria Luisa de Austria

Biografia de Maria Luisa de Austria

MARÍA LUISA DE AUSTRIA (1791-1847): Una vida principesca, elevada del plano del anonimato por su casamiento con el gran corso. Nacida en Viena el 12 de diciembre de 1791, del emperador Francisco II de Alemania y María Teresa de Nápoles, recibió una educación bastante cuidada.

Creció, como es lógico, en la mayor animadversión contra los franceses y su emperador, en quien vio, desde que tuvo uso de razón, el mayor azote de su familia.

MAria Teresa de Austria
María Luisa de Austria (en francés: Marie-Louise d’Autriche) (Viena, Austria, 12 de diciembre de 1791 – Parma, Italia, 17 de diciembre de 1847), hija del emperador Francisco I de Austria y su esposa María Teresa de las Dos Sicilias (1772-1807).

Sin embargo, los avatares de la política internacional la hicieron esposa de Napoleón, quien quería legitimar su poder ante las rancias familias reales de Europa. Se cree que las negociaciones para la boda partieron del príncipe Metternich.

Divorciado Napoleón de Josefina, el matrimonio se celebró por poderes en Viena el 11 de marzo de 1810 y luego en Francia el 2 de abril siguiente. El emperador experimentó un sincero afecto por su segunda esposa, al que ésta no correspondió. El 20 de marzo de 1811 dio a luz al heredero de Napoleón, al denominado rey de Roma.

Durante la campaña de Alemania de 1813 fue nombrada regente de Francia, aunque no intervino en los asuntos de gobierno. Permaneció en París hasta el 29 de marzo de 1814, en cuya fecha se trasladó a Blois.

A pesar de los esfuerzos de sus cuñados, logró reunirse con su padre en Rambouillet, y mientras Napoleón partía para su reino de Elba, ella entraba triunfalmente en Viena. Custodio suyo en este viaje fue el conde de Neipperg, el cual despertó en su corazón los primeros ecos del amor.

Pese a su infidelidad, Napoleón continuó profesándole un verdadero cariño; pero durante los Cien Días, María Luisa no hizo nada para regresar a París al lado de su esposo.

Investida por el Congreso de Viena con los ducados de Parma, Placencia y Guastalla, hizo su entrada triunfal en los mismos el 20 de abril de 1816. Su principal consejero fue Neipperg, con quien contrajo matrimonio morganático en 1822.

Habiendo enviudado en 1829, se casó por tercera vez, ahora con el conde de Bombelles (17 de febrero de 1834). Dos años antes había ido a Viena para asistir al duque de Reischtad, su hijo, en la cabecera de su lecho de muerte.

Su gobierno en Parma fue en un principio liberal; pero desde 1829 adquirió un tono muy reaccionario, convirtiéndose (1831) en un reducto avanzado de Austria en Italia. Murió en Viena el 17 de diciembre de 1847.

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Historia de Mexico Resumen De Su Independencia Antecedentes

Historia de México
Resumen De Su Independencia- Antecedentes y Desarrollo

A la historia de México la podemos dividir en dos partes: la primera corresponde al período que precedió a la llegada de los españoles; es decir, la historia de los toltecas, de los mayas y de los aztecas y la segunda se entiende desde la conquista española hasta nuestros días, que es la que explicaremos con mas detalles en esta página. 

México fue conquistado por Hernán Cortés en menos de dos años.

La capital del imperio de los aztecas cayó en manos de los españoles en 1521.

Al año siguiente, el emperador Carlos V, rey de España, nombró a Cortés gobernador, capitán general y justicia mayor de todo el territorio recientemente conquistado, que tomó el nombre de Nueva España.

Apenas finalizada la conquista, Cortés fue autorizado a conceder a sus camaradas en la empresa la propiedad de vastas tierras, y «encomiendas», es decir, el derecho de tener indígenas a su servicio.

Los «encomenderos», o sea los colonizadores españoles así favorecidos, debían convertir, educar y proteger a los indígenas a cambio de su trabajo o tributo.

En 1542 se dictaron las «Leyes Nuevas», prohibiéndose los repartimientos de indios y los malos tratos.

A partir de 1595 la corona autorizó, por el sistema de «asientos», la introducción de esclavos negros, en mayar cantidad que hasta entonces.

Hacia 1570 se habían fundado en México 35 pueblos españoles.

Había unos 30.000 colonos de raza blanca, 25.000 negros y mulatos y tres millones y medio de nativos, de los cuales unos 800.000 estaban sujetos a tributo.

HISTORIA DESDE LA CONQUISTA DE ESPAÑOLA: Después que los españoles, bajo el mando de Hernán Cortés, se hubieron hecho dueños del imperio azteca, México se convirtió en el centro de un vasto imperio colonial al que pertenecían igualmente Venezuela y la actual América central.

Este imperio colonial se llamó Nueva España.

La dominación española en México duró exactamente tres siglos, desde la conquista de Cortés (1521) hasta la proclamación de la independencia (1821).

Luego del gobierno de Cortés, al año siguiente el gobierno fue confiado a un tribunal de 5 miembros llamado «Real Audiencia».

La primera Real Audiencia presidida por Nuño de Guzmán, despojó de sus patrimonios a muchos compañeros del conquistador.

En 1530 fue nombrada una nueva Audiencia, presidida por el obispo Ramírez del Fuenleal. Éste actuó con general beneplácito y permaneció en el poder hasta 1535 en que el gobierno de México fue encargado a un virrey.

El primero fue don Antonio de Mendoza, que permaneció en el cargo durante 15 años, poniendo de relieve su discreción y prudencia.

Antonio de Mendoza es digno de figurar, junto con Cortés, como fundador de Nueva España. Desde 1535 hasta la proclamación de la independencia, México tuvo 63 virreyes, de los cuales Juan O’Donojú fue el último: con él llegó a su fin la dominación española.

Los colonizadores no sólo inculcaron en Nueva España la religión católica, la lengua castellana, las leyes y su propio estilo de vida europeo; también introdujeron nuevos productos, como el trigo y el ganado equino, nuevas técnicas e industrias.

El comercio, sujeto al monopolio español, traficaba con la metrópoli por el puerto de Veracruz.

Los indios, que vivían en la mayor miseria, carecían de recursos, lo que no era el caso de los criollos.

Muchos de éstos eran ricos y gozaban de una sólida instrucción. Ésta es la razón por la que la lucha por la independencia mexicana fue, en gran parte, obra suya.

Órdenes religiosas procedentes de España continuaron en el Nuevo Mundo su labor misionera y cultural; se importaron e imprimieron muchos libros; la enseñanza se llevó a cabo bajo la vigilancia de la Inquisición, instalada en la capital en 1571.

En 1535 se estableció en México la primera imprenta americana. El primer libro impreso se llamaba «La escala espiritual para llegar al Cielo«; y a partir de 1537 empezaron a publicarse trabajos en lengua azteca.

Fray Juan de Zumárraga promovió la fundación del colegio de Tlaxcoco (1529).

A su tiempo los jesuítas fundaron más de 30 colegios secundarios, entre los cuales fueron famosos el de Santa Cruz, de Tlatelcoco, y el de San Juan Evangelista, de Puebla.

Por Real Cédula de 1551 se fundó la Universidad de México, inaugurada dos años después, donde se enseñó teología, artes, leyes, retórica, gramática y lenguas indígenas.

Notable desarrollo alcanzaron en Nueva España las bellas artes, de las cuales es un ejemplo la catedral de México, que constituye el más alto exponente del barroco americano.

También fueron cultivadas las letras, destacándose entre otros el famoso dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón y la poetisa sor Juana Inés de la Cruz.

En 1722, a iniciativa del obispo Urzúa, del Yucatán, apareció «La Gaceta de México y Noticias de Nueva España«, ilustre antecedente del periodismo mexicano.

El protomedicato, las escuelas y academias de artes y ciencias diversas desarrollaron otros aspectos de la cultura, que alcanzó alto grado de esplendor en el siglo XVIII.

Fueron  los criollos quienes, en el siglo XVIII, entraron en contacto con las ideas que se habían desplegado como velas en Europa, y quienes se vieron enfrentados a los resultados de las revoluciones americana y francesa.

Sería erróneo, sin embargo, pensar que los indios no tuvieron parte alguna en esta lucha por la libertad.

El impulso salió incluso de una revuelta india que estalló en 1810, en un momento en que la madre patria española vivía bajo el yugo de la dinastía Bonaparte.

Los jefes de la revuelta de los indios eran dos curas: Hidalgo y Morelos. Aunque ambos perdieron la vida, aquello fue algo que produjo resultados tangibles.

No solamente la lucha por la independencia fue llevada a buen fin, sino que los indios tomaron parte activa en ella.

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En el período napoleónico, cuando España fue invadida por los franceses, sus posesiones se negaron a obedecer al nuevo rey José Bonaparte, hermano de Napoleón. También en México se produjeron desórdenes.

El 15 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo, párroco de Dolores, reunió a sus indígenas y al grito de «¡Muera el mal gobierno!» dio comienzo a la revolución («Grito de Dolores»).

Bien pronto se halló a la cabeza de 80 mil indígenas, a los cuales prometió restituir sus derechos; y abolió la esclavitud. Pero la revuelta fue finalmente sofocada y 10 meses después Miguel Hidalgo fue fusilado.

La revolución iniciada por Miguel Hidalgo, fue continuada por otro sacerdote, José María Morelos, quien después de tomar a Acapulco reunió el Congreso de Chilpancingo, que declaró la independencia de México el 6 de noviembre de 1813.

Pero fue vencido en Valladolid  por Iturbide, y fusilado en San Cristóbal Ecatépec el 22 de diciembre de 1815.

La revolución prosiguió encabezada por otros jefes, entre los cuales se destacó, en el sur, Vicente Guerrero.

Para pacificarlo, el virrey envió a Agustín de Iturbide. Pero éste propuso y acordó con los insurgentes el «Plan de Iguala», por el cual se disponía implantar una monarquía independiente constitucional (1821).

Admitida esta determinación por el último virrey, quedó reconocida la independencia. El 27 de septiembre de 1821, las fuerzas revolucionarias ocuparon la capital.

Ciertas tribus como la de los yaquis, originarios de la región del golfo de California, llegaron incluso a representar un gran papel en esa lucha.

Ésta, emprendida en la época napoleónica, iba a durar varios años. Las últimas tropas españolas no abandonaron el país hasta 1825.

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LAS REFORMA BORBÓNICAS:
Españoles, Criollos , Indios y Negros

Después de las reformas borbónicas del rey Carlos III de España (1759-1788), déspota ilustrado, las Indias Occidentales tienen, a finales del siglo XVIII, el aspecto de un imperio próspero.

No ha habido otras mejor administradas que ellas, gracias a la introducción de novedosos sistemas administrativos que mejoraba los controles, disminuía la corrupción y agilizaba la burocracia.

Carlos III de España

Carlos III de España

Además, la renovación de la extracción de plata en México, el desarrollo de las plantaciones trabajadas por esclavos en las costas, una intensa ganadería en las llanuras del interior («gauchos» de la Pampa, «llaneros» del Orinoco), los cultivos y la recolección forestal (mate, quina, maderas preciosas) mantienen un activo comercio exterior.

Tan favorable incremento monopolio comercial y marítimo en provecho de la metrópoli, la acción de Carlos III contribuye a un renacimiento de intercambios entre España y sus colonias.

Sin embargo, esta tendencia no sobrevivirá a la desaparición del rey reformador, y, después de 1790, el contrabando extranjero, inglés en primer lugar y norteamericano, ocupan un lugar preponderante en el comercio marítimo de las Indias.

Los criollos, que eran los hijos de españoles nacidos en tierra americana apenas representaban más que un 20% de la población total, estimada, hacia 1800, entre 15 y 16 millones (cerca de un 50% de aborígenes, 800.000 esclavos negros y una importante fracción mestiza) constituían el elemento socialmente dominante.

Eran grandes terratenientes, con instrucción académica, que contaban con importantes partidas de esclavos, y se destacaban en los negocios.

Esta clase social no soportaban verse excluídos de una parte del poder político y eliminados de la administración por 300.000 españoles de la metrópoli, funcionarios, soldados, miembros del clero regular o secular.

Conscientes de su poderío económico, orgullosos de ser americanos, están fascinados por el ejemplo con la independencia de las trece colonias inglesas del Norteamérica a partir de 1776.

Nutridos de la lectura de Montesquieu , de Rousseau, de los enciclopedistas franceses, del abate Reynal, los criollos radicales se afilian a las Logias Masónicas; que venían trabajando secretamente en busca de la enmancipación de las colonias españolas en América.

Así como los criollos gozaban de derechos políticos «recortados» frente a los peninsulares o españoles, los indígeneas y campesinos mas pobres muchas veces no podían obtener su parcela de tierra para el cultivo de subsistencia, porque los criollos eran dueños de grandes extensiones de tierras que imponían sus leyes y restringían el acceso a los campesinos mas pobres o a las comunidades de aborígenes.

México era la frontera española con los Estados Unidos y el Caribe, una región poblada y rica. La plata mexicana representaba el 67% de la producida en toda América.

España obtenía de México los dos tercios de las rentas del imperio. Todo esto lo convertía en un punto estratégico para el poder español.

La propiedad agraria se concentraba exclusivamente en manos de criollos poderosos; esto dejaba sin posesiones a los campesinos y las comunidades indígenas que dependían de conseguir trabajo en las haciendas. Entre 1720 y 1810 se produjeron varias crisis en el campo.

El maíz, principal alimento de la población, escaseó por las sequías.

El precio del maíz subió a 56 reales la bolsa, mientras el salario diario era de 2 reales. El hambre, la miseria y las enfermedades abatieron a la población campesina.

También los criollos como grandes terratenientes que se dedicaban a la cría de ganado o a la agricultura, tanbién poseían grandes silos para almacenar los granos y especular con el precio, para ofertarlos en los mejores momentos y que los favorecía económicamente, en cambio, los mas humildes (la gran mayoría de la población) se veían obligados vender sus cosechas en cualquier momento por que sus necesidades no podían esperar.

A partir de mediados del siglo XVIII se produjo en México un importante aumento demográfico. A principios del siglo XIX, la población se duplicó.

Ese crecimiento generó una mayor demanda de cereales, por lo que las haciendas comenzaron a aumentar su producción agrícola, desplazando cada vez más a los productores indígenas de sus tierras.

Los indios estaban sometidos al pago de tributos especiales, y los negros, a la esclavitud.

Al mismo tiempo, por encima de todos los grupos sociales se hallaba la propia Corona española.

La población de México estaba dividida en dos sectores bien polarizados: los que tenían todo (españoles y criollos), y los que no tenían nada.

En consecuencia, los problemas políticos de la independencia estuvieron atravesados por reivindicaciones de tipo social mucho más amplias.

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DEL IMPERIO A LA REPÚBLICA

Un movimiento revolucionario del 18 de mayo de 1822 obligó al Congreso a proclamar emperador a Iturbide, con el nombre de Agustín I.

El general Antonio López de Santa Anna se sublevó en Veracruz contra Iturbide, quien debió abdicar y fue desterrado. No obstante, Iturbide volvió al país, motivo por el cual se lo fusiló en 1824.

Aquel mismo año se reunió un congreso constituyente y el 4 de octubre de 1824 sancionó una constitución federal de tipo norteamericano. El primer presidente de los Estados Unidos Mexicanos fue Guadalupe Victoria, a quien le sucedió Vicente Guerrero, que terminó trágicamente su mandato.

Desde entonces hubo ásperas luchas interiores entre los federalistas liberales y los centralistas conservadores, en las cuales descuella el general López de Santa Anna, de relevante acción pública durante varias décadas de la política mexicana.

En ese período se produjo la guerra de Texas. Los plantadores texanos se habían negado a obedecer una ley (1835) que concedía la libertad a los negros.

En 1836 declararon su independencia y en 1845 pidieron la anexión de su territorio a los Estados Unidos.

De este hecho derivó una guerra entre México y los Estados Unidos (13 de mayo de 1846), que finalizó con el tratado de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848), por el cual México debió ceder a los Estados Unidos Texas, Nuevo México, Arizona y Alta California (o sea 1.338.000 kilómetros cuadrados de territorio).

Otros 116.000 kilómetros cuadrados de tierras mexicanas (territorio de la Mesilla) fueron cedidos a los Estados Unidos por 10 millones de dólares. Los límites que se trazaron entonces son los que aún hoy separan a ambos Estados.

En 1855 el coronel Villarreal se sublevó contra la dictadura de Santa Anna y proclamó el Plan de Ayutla, movimiento liberal que culminó con las reformas propugnadas por Miguel Lerdo y Benito Juárez, con la abolición de los privilegios eclesiásticos y militares y con la constitución de 1857.

Ante la reacción conservadora del presidente Comonfort, Benito Juárez emprendió una nueva guerra, al término de la cual venció al frente de los liberales en Galpulalpan y entró en la capital el 11 de enero de 1861, iniciando un plan de reformas.

La independencia no trajo consigo la paz y, principalmente durante la primera mitad del siglo XIX, México se convirtió en un foco de revoluciones.

Entre 1821 y 1857 se registraron 250 guerras civiles y golpes de Estado. También después hubo muchos otros.

Hay muchas razones que pueden explicar este estado de cosas.

En primer lugar, México no presentaba ni presenta todavía una unidad lingüística; aproximadamente diez por ciento de la población habla aún una lengua diferente del español.

Esto no ayuda en nada a la eclosión de un sentimiento nacional.

El medio natural es también una traba para este sentimiento nacional. Altas cordilleras dividen a México en varias regiones, que en el siglo XIX estaban difícilmente en contacto.

Por otra parte, vastas extensiones del sur del país están cubiertas de selvas vírgenes que constituyen una traba a las comunicaciones normales.

La división reina igualmente entre los individuos: blancos, mestizos e indios pensaron siempre en sus propios intereses antes que en los de toda la comunidad, lo cual se veía agravado durante el siglo pasado por el bajo nivel de cultura de la población. Añadamos a esto que los varios millares de letrados estaban divididos en dos campos.

Los conservadores ofrecieron su apoyo y fueron ayudados por las autoridades religiosas.

Estaban en favor de una Administración fuertemente centralizada.

Los liberales, por el contrario, a menudo muy anticlericales, se inclinaban por una organización federal.

Ambos grupos buscaban el apoyo del pueblo.

No debe sorprendernos, pues, que México haya parecido presa fácil a las potencias extranjeras.

Y México se vio obligado a ceder a Estados Unidos, hacia la mitad del siglo pasado, un territorio de una superficie de 1.650.000 kilómetros cuadrados.

Poco después, Benito Juárez, candidato del grupo liberal, llegó a la presidencia de la República. Juárez era de origen indio.

La política del presidente Juárez contrarió en sus intereses a algunos Estados europeos, provocando la intervención de éstos y especialmente de Francia, cuyas fuerzas invadieron y dominaron el país.

Francia, cuyos destinos  regía  Napoleón  III,   creyó llegado el momento de derribar el régimen de Juárez y reemplazarlo por un imperio situado bajo la tutela francesa.

Un ejército expedicionario francés, en cuyas filas militaban voluntarios belgas, se apoderó, el 5 de junio de 1863, de la ciudad de México, capital del país.

Ofrecieron la corona a Maximiliano de Austria, quien, con el consentimiento de Francia, fue proclamado emperador de México; algunos conservadores locales le prestaron su apoyo

El 7 de junio de 1863 las tropas francesas ocuparon la capital. Con su apoyo, una junta de monarquistas restableció el imperio y ofreció la corona a Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria, quien la asumió el 12 de junio de 1864.

Juárez, que se había retirado a las montañas, emprendió entonces una guerra de guerrillas y además contaba con la ayuda de Estados Unidos, donde, entretanto, en 1865, había terminado la Guerra de Secesión.

En cuanto Napoleón III retiró sus tropas de México, los republicanos, encabezados por Benito Juárez, capturaron al emperador Maximiliano en Querétaro, donde lo fusilaron el 19 de junio de 1867.

A la muerte de Benito Juárez (1872) asumió el gobierno Sebastián Lerdo, derrocado en 1876 por un movimiento que sostenía el plan de Tuxtepec.

Lo encabezaba el general Porfirio Díaz, bajo cuya dictadura estuvo México desde entonces, durante 34 años.

En esta época experimentó México amplio desarrollo económico.

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Benito Juarez: Cuando Juárez, forzado por los acontecimientos, decidió no redimir la deuda exterior de México, Inglaterra, Francia y España quisieron forzarla a ello por las armas. Cuando, al año siguiente, Juárez propuso amortizar la deuda mediante pagos anuales, ingleses y españoles renunciaron a su proyecto.

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En 1872, Porfirio Díaz se hizo cargo de las riendas del Gobierno desde 1876 hasta 1911. Las enérgicas medidas que tomó le permitieron elevar el nivel de vida del país.

En 1910, sin embargo, estalló una nueva revolución instigada principalmente por la gente del campo, que se sentía oprimida y explotada por los grandes terratenientes.

Díaz se vio obligado a huir.

México pasó entonces por un período de confusión, pues quienes tomaron en sus manos las riendas del poder se vieron incapaces de gobernar el país de una manera eficiente.

Por otra parte, la influencia de Estados Unidos en México fue en aumento, especialmente después que empezó la explotación del petróleo.

Durante la primera guerra mundial Estados Unidos llegó incluso a intervenir militarmente en México. Bien es verdad que el pueblo, pobre y hambriento, amenazaba la tranquilidad interior.

La Constitución de Querétaro, promulgada en 1917, intentó instaurar reformas radicales, y el Estado confiscó los bienes de la Iglesia, suprimió las concesiones extranjeras y concedió la autonomía a algunas comunidades indias.

No llegaron a aplicarse todas las disposiciones de esta Constitución, aunque esto no impidió que en México soplaran fuertes vientos anticlericales después de la primera guerra mundial.

México no puso fin definitivamente a las persecuciones religiosas ni se aprestó a construirse un porvenir mejor hasta el comienzo de la segunda guerra mundial.

En 1910 estalló una nueva revolución popular guiada por Francisco I. Madero. Se proponía restaurar el sufragio popular y una justa distribución de las tierras, y contaba con el apoyo de dos ardientes revolucionarios, casi legendarios: Pancho Villa y Emiliano Zapata.

El triunfo revolucionario dio el gobierno a Madero (1911); pero el general Victoriano Huerta lo depuso a principios de 1913. Poco después, Venustiano Carranza emprendió nuevamente la revolución liberal y agraria, con el apoyo de Pancho Villa y Emiliano Zapata; movimiento que culminó con la sanción de la avanzada Constitución de Querétaro, el 5 de febrero de 1917, base que fue de una profunda reforma social y económica.

Para Ampliar Ver: Revolución Mexicana

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Ver: Emiliano Zapata

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AMPLIACIÓN DEL TEMA: EN BUSCA DE LA INDEPENDENCIA

Los primeros movimientos a favor de la independencia, liderados por los grupos criollos, desataron la lucha de los campesinos y mestizos pobres.

Así, los criollos perdieron el control y la independencia se transformó en una revolución social, es decir, un movimiento violento de indígenas y campesinos enfrentados con criollos y españoles poderosos, en busca de un cambie radical en la sociedad.

Miguel Hidalgo y Castillo

Miguel Hidalgo y Castillo

En septiembre de 1810, el cura del pueblo de Dolores, Miguel Hidalgo y Castillo convocó a los indios y mestizos de su parroquia a combatir por la independencia y la igualdad en el llamado Grito de Dolores que se extendió a otras ciudades.

El movimiento buscaba la abolición del tributo indígena y la esclavitud, y la devolución de las tierras a las comunidades indígenas.

Después de duros enfrentamientos con los criollos y los españoles, Hidalgo fue hecho prisionero y ejecutado.

Su recuerdo quedó asociado a la independencia y a la lucha de los campesinos e indígenas.

LOS SUCESOS REVOLUCIONARIOS: Estamos en 1810, en el momento de la gran llamarada secesionista que sacude el continente sudamericano.

Paralelamente, en el viejo mundo, producto de las guerras de España contra Inglaterra, la Corona española presionó a la colonia con un aumento de la proporción de la riqueza mexicana que se destinaba a España aumentando los impuestos, disposición que fue rechazada por todos los sectores sociales de la época.

Se produce entonces un acontecimiento extraordinario: las masas indias se ponen en movimiento.

Una desesperada oposición a la rápida expansión de los grandes dominios en detrimento de las tierras colectivas de los pueblos, es su motivo más profundo.

La primera sublevación se produce en la provincia de Guanajuato, al norte.

Está dirigida por el criollo Miguel Hidalgo y Costilla, un sacerdote que exigió una serie de medidas que incluían la supresión de los tributos indígenas, la distribución de tierras para los campesinos (que implicaba quitársela a sus nuevos dueños), y la libertad de los esclavos.

Así, pudo reunir entre sus seguidores a indios, mestizos y mulatos. Sin embargo, no pudo atraer muchos criollos.

Condenado por la Iglesia, propietaria de tierras, y abandonado por los criollos propietarios, Hidalgo fue derrotado y ejecutado en mayo de 1811.

Derrotado, Hidalgo es hecho prisionero el 17 de enero, y fusilado en el siguiente mes de julio.

Tres meses después, en octubre de 1811, se produce una nueva sublevación, esta vez en el sur, donde la población india es más densa, bajo la dirección de un cura mestizo, llamado Morelos.

Morelo tenía un discurso más religioso y moderado. Apoyaba el pago del diezmo a la Iglesia y el respeto a la propiedad.

Además, decía que la revolución la hacía «por la religión y la patria», bajo la figura de la Virgen de Guadalupe.

Los insurrectos dominan el país durante dos años, y, en abril de 1813, se apoderan del puerto de Acapulco, en el Pacífico.

En septiembre de 1813, Morelos convoca una Junta en Chilpancingo.

Se proclama la independencia, se forma un gobierno insurrecto y se redactan las bases de un programa: abolición de la esclavitud, reforma fiscal, igualdad ante la ley.

Morelo tras obtener algunas victorias militares, convocó a un Congreso, que en 1813  proclamó la independencia de México.

Sin embargo, bajo el impulso de Iturbide, oficial mexicano de origen vasco, se organiza el ejército leal.

En el otoño de 1814, Iturbide recibe un refuerzo de 8.000 hombres de España.

Mal equipadas, las milicias campesinas de Morelos son vencidas.

El propio Morelos es hecho prisionero, y fusilado el 22 de diciembre de 1815. No obstante, algunos de sus partidarios continuaron peleando en las montañas.

En la frontera meridional de Nueva España, la Capitanía General de Guatemala había entrado en efervescencia, a partir de 1812. Todo vuelve al orden en 1814, con la noticia de restauración de Fernando VII en España.

Después de algunos años en 1820, la situación cambia cuando en la misma España los liberales tomaron el poder.

Los liberales españoles anunciaron medidas similares a las propuestas por el cura Morelos en tierra mexicana y se declararon dispuestos a buscar un arreglo con las revoluciones hispanoamericanas.

Ese acuerdo consistiría en otorgar el poder local a los revolucionarios a cambio de que estos reconocieran la soberanía española en América.

Esa situación incidió para que los sectores más influyentes de México intentaran nuevas estrategias.

El bloque conservador, integrado por los estratos más poderosos de españoles, criollos y de la iglesia, apoyó a Agustín Iturbide, un oficial criollo de las tropas reales que había combatido contra Morelos, y decidieron realizar un acuerdo con los revolucionarios al mando de Vicente Guerrero.

Los conservadores creían que de esta manera se ponían a salvo de las medidas propiciadas por los liberales que tenían el poder en España.

En tanto, los revolucionarios mexicanos pensaron que podrían salir de su aislamiento y acceder al poder.

De este modo, el 24 de febrero de 1821 se acordó el Plan de Iguala, llamado también trigarante porque se proponía garantizar: la independencia, la igualdad entre españoles y criollos y la unidad en la fe católica.

Desde el punto de vista ideológico, los países del continente repartirán sus tendencias políticas entre dos opciones: la conservadora y la liberal.

La primera, formada por propietarios de latifundios, miembros de la alta jerarquía eclesiástica y militar y la burguesía tradicional, defenderá el principio de la autoridad y el orden, las libertades controladas y el sufragio censitario.

Los partidos liberales, por su parte, integran a profesionales, intelectuales, comerciantes, pequeños hacendados y funcionarios; son partidarios de las libertades individuales, el sufragio universal, la democracia y el estado laico.

En este último punto estriban los antagonismos más exacerbados de todo el período, hasta el punto de que los intereses entre conservadores y eclesiásticos llegan a identificarse plenamente.

Otro nombre de este acuerdo es el de Plan de las Tres Garantías, programa político propuesto por el general Agustín de Iturbide proclamando la independencia de México.

Iturbide, que, de oficial realista a las órdenes de los virreyes acababa de convertirse en dirigente de los mexicanos descontentos con el régimen liberal español que había obligado a Fernando VII a acatar la Constitución de 1812, al ser nombrado comandante general, se reunió con Vicente Guerrero, jefe de los guerrilleros del Sur, en la población de Iguala, para concertar el ecuerdo.

Proclamaba tres principios básicos:

1) La independencia de México, que sería gobernado por un príncipe español designado por Fernando VII;

2) El mantenimiento de la religión católica como la única del país y

3) La igualdad de derechos entre todos los habitantes de México (criollos y peninsulares).

Entre 1833 y 1855 México atravesó una de las etapas más convulsivas de su historia contemporánea.

Insurrecciones, cuartelazos y gobiernos se sucedieron y protagonizaron una de las más importantes crisis que vivió la república tras su independencia.

El país se hallaba dividido entre conservadores y liberales, al tiempo que una débil situación económica, causada por el descenso de la producción agraria y minera, el hundimiento del comercio exterior e interior y la acentuada disminución de la clase media, favorecieron las revueltas sociales.

El descontento general llegó a un punto tal que, en menos de un año en el gobierno, Iturbide abandonó su sueño imperial en 1823 y abdicó el trono en favor de un ascendente y aún desconocido militar: el general Antonio López de Santa Ana.

Pero el autoritarismo de este general, que había derrocado a Agustín de Iturbide , impulsó el malestar de los liberales hasta que aquél fue expulsado del país en 1855.

(En 1853 Santa Ana asumió formalmente la dictadura con el título de Alteza Serenísima, reservándose el derecho de nombrar sucesor. )

General Antonio López de Santa Ana

Antonio López de Santa Ana

En cuanto a las relaciones externas, la guerra de Texas (1835-1836) no sólo privó a México de una buena parte de su territorio nacional, ratificado en el tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848), sino que fomentó el sentimiento de frustración entre la población.

La política seguida por Santa Anna durante su último mandato (1853-1855) colmó la paciencia de los liberales, quienes, alegando los ataques que sufrían las libertades civiles y políticas, acabaron con su presidencia personalista.

Derrotado Santa Ana por el general Ignacio Comonfort en 1855, el gobierno de México cayó muy pronto en manos del grupo conservador, al que los liberales se opusieron con toda firmeza, acaudillados por el célebre Benito Juárez; la Guerra de los Tres Años (1858-1861) terminó con el triunfo rotundo de Juárez, quien ejercía el poder como presidente de la Corte Suprema.

La entrada triunfal de Juárez en México, el 11 de enero de 1861, no aseguró, sin embargo, la tranquilidad. Juárez suspendió el pago de la deuda extranjera con Francia, Inglaterra y España, lo cual determinó que las citadas potencias enviaran fuerzas militares a México; España e Inglaterra aceptaron las explicaciones de Juárez, pero no así Francia, a la que convenía fortalecerse en América confiando en el éxito que tendría su eventual alianza con los confederados de Estados Unidos, para asegurarse prioridades comerciales.

Luis Napoleón jugó hábilmente sus cartas diplomáticas, y logró que una comisión de notables propiciara la coronación en México de Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador de Austria, para lo que Francia prestaría el apoyo militar necesario.

Las tropas francesas invadieron México, y Benito Juárez debió trasladar la capital a El Paso, desde donde continuó las operaciones.

Maximiliano llegó a México en 1864, y pese a sus buenas intenciones no supo formar un gobierno propio y fuerte, pues se atuvo exclusivamente a Napoleón, el cual, presionado por Estados Unidos y con graves problemas en Europa, le retiró su ayuda militar y financiera.

El imperio fue destruído por Juárez en Querétaro, el 15 de mayo de 1867.

Así la experiencia imperial de Maximiliano tuvo fin con su fusilamiento y el de sus principales generales, Juárez restableció la capital en México, desde donde prosiguió su gobierno de tendencia liberal y popular, propiciando las reformas constitucionales necesarias para llevar adelante sus planes.

En 1871 fue elegido presidente por tercera vez, pero falleció al año siguiente.

Precisamente en estas elecciones de 1871, se opuso a Juárez unos de los más importantes generales de su grupo, Porfirio Díaz; el triunfo de aquél, su muerte y las circunstancias que se sucedieron engendraron una nueva guerra civil, terminada con la batalla de Tecoac, en el año 1876.

Ver: Revolución Mexicana

PÉRDIDA DE TEXAS: Los colonos norteamericanos que se habían instalado en Texas con el auspicio del gobierno mexicano se resistieron a aceptar la política de los conservadores.

En 1836 el gobierno envió tropas militares al mando de Santa Ana, que logró vencerlas en la batalla de El Álamo. Sin embargo, los norteamericanos se reorganizaron, vencieron a Santa Ana y declararon la independencia de Texas.

Mapa del Territorio Perdido Por México

Mapa del Territorio Perdido Por México

No obstante, el gobierno conservador mexicano no reconocería la independencia de Texas, a pesar de que un sector minoritario del mismo gobierno consideraba que era conveniente establecer en Texas un Estado independiente que fuera protegido por Inglaterra y de ese modo pudiera contener el avance expansivo de los Estados Unidos.

Finalmente, la confrontación entre mexicanos y norteamericanos con la intervención del gobierno de los Estados Unidos se desarrolló entre 1845 y 1848, con la activa participación del general Santa Ana, convocado esta vez por los liberales que se encontraban en el gobierno. Los mexicanos perdieron la guerra y debieron entregar a los Estados Unidos los territorios de Texas, Nuevo México y California, lo que significaba más de la mitad de su territorio.

CONSECUENCIAS DE LA LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA:

La minería resultó afectada por la lucha al ser abandonadas, inundadas y destruidas muchas minas, y sus trabajadores y especialistas dispersados. Los capitales se ahuyentaron y el atraso técnico que se produjo, en comparación con otros países, resultó altamente perjudicial.

El centro y sur del país, en donde la agricultura encontraba sus mejores campos, sufrieron con los movimientos de población, más los cultivos desarrollados en gran escala que las pequeñas siembras dedicadas a la producción de granos indispensables para el sustento popular.

El comercio mexicano resultó lesionado. México cesó de exportar sus productos a las Antillas y su puesto fue ocupado por los norteamericanos. En el país se sustituyó el ingreso de mercaderías a través de España por el comercio yanqui, que empezó a hacer suyos, junto con Gran Bretaña, los mercados hispanoamericanos.

En 1815 llegó el último galeón de Filipinas a Acapulco. La guerra de Independencia puso fin al cambio de plata mexicana por sedas, porcelanas, bronces y especias de Asia, y principalmente a la prosecución de relaciones políticas y culturales con los países asiáticos. El comercio interior se paralizó un tanto con la guerra, pero después se recobró, de acuerdo con las nuevas posibilidades.

La riqueza pública sufrió una merma de más de la mitad; así, los ingresos de la República fueron menores de diez millones de pesos, lo que provocó un estado deficitario que día a día se agravó, por lo que el estado tuvo que recurrir a préstamos forzosos impuestos a nacionales, extranjeros y al clero, así como a empréstitos exteriores. El capital español se fugó hacia los bancos europeos, pero algunos criollos aumentaron su fortuna con el comercio y la actividad industrial.

La guerra de Independencia provocó el aumento de la movilidad social. Un sentimiento vivo de justicia social, que cristalizó en la mente de notables patriotas, comenzando con Hidalgo y Morelos, se mantuvo firme y luchó con brío en contra de viejas ideas e instituciones para lograr transformar al país, esgrimiendo como armas principales la mejor distribución de la tierra y profundas reformas educativas.

Al quedar abolida la esclavitud, los negros esclavos adquirieron mejores posibilidades de vida. Las .clases bajas, si bien no resolvieron del todo sus problemas al malograrse algunos de los principios revolucionarios sí modificaron su situación. Al indígena se le comenzaron a aplicar las ideas individualistas del liberalismo a través de nuevas normas legales.

Las masas populares que militaron en las filas de la insurgencia se sin tieron un tanto defraudadas con los principios fundamentales del régimen político-social instaurado por el grupo criollo, principalmente a partir del plan de Iguala, mediante el cual las clases dirigentes, de clara formación europea, conservaron la hegemonía; y la idea de una mejor repartición de la riqueza, de un cambio de estructura, que a tantos había impulsado a sumarse al movimiento insurgente, quedó así latente entre los grupos más desheredados.

Fuente: HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa

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RESUMEN ETAPAS  DE LA INDEPENDENCIA DE MEXICO

■ El siglo XIX Independencia:

La independencia fue concretada en 1822, dio lugar a tres décadas de guerras civiles y gobiernos frágiles. La desorganización de la nación posibilitó que gran parte del territorio mexicano pasase a manos norteamericanas.

Formación del Estado: Los liberales dirigidos por Benito Juárez, impulsaron a mediados del siglo un proyecto de modernización y de construcción estatal.

La Constitución de 1857: Fue una constitución de tono liberal, lo cual se manifiesta en el acento que puso en las libertades públicas y de los individuos así como en su empeño por terminar con los restos de la organización colonial que aún subsistía en México. La Iglesia y los conservadores se opusieron a este proyecto y su resultado fue una nueva guerra de 10 años que postergó la organización del Estado.

■ La república organizada

La cohesión territorial y la organización del país fue dirigida finalmente por Porfirio Díaz (1876-1911) quien llevó a México al progreso económico y al orden pero estableciendo un régimen dictatorial que excluyó a las mayorías renegando así de los objetivos expresados por la Constitución de 1857.

■ Revolución mexicana

La Revolución Mexicana, que arrasó México entre 1910 y 1917, se dirigió contra la dictadura de Porfirio Díaz y movilizó amplios sectores del pueblo mexicano en demanda de participación política y reclamos económicos, especialmente en las zonas rurales. «Tierra y libertad» fue la consigna más conocida de este movimiento. Uno de sus resultados fue la Constitución de 1917 que introdujo la cuestión social, la reforma agraria y un mayor protagonismo del Estado.

■ México moderno
En las décadas del veinte y del treinta se reconstruyó el Estado, surgiendo el Estado de la Revolución Mexicana que buscó representar las aspiraciones de las mayorías. Esta obra culminó con el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), quien llevó adelante una política nacionalista, profundizó la reforma agraria, amplió los beneficios sociales, y organizó el PRI, Partido Revolucionario Institucional, el partido al que se Integraron los sectores que apoyaban la Revolución y que hasta hoy gobierna en México.

En la actualidad, México es una de las más ricas naciones de latinoamérica pero el ritmo de crecimiento ha disminuido mientras sus problemas sociales van en aumento. Aparecen también signos de descontento político. La dirigencia política busca nuevos impulsos para el desarrollo a través de la integración con los Estados Unidos y el Canadá que se ha concretado con el NAFTA (sigla en inglés del Tratado de Libre Comercio). Se espera así un aumento de las inversiones norteamericanas que den lugar a la creación de puestos de trabajo, así como facilitar la venta de productos mexicanos en América del Norte.

■ La Nación Mexicana y el pasado indígena
México fue sede de algunas de las más altas culturas indígenas precolombinas. La reivindicación de ese pasado constituye hoy un elemento principal en la cultura de ese país. Esta reivindicación es tanto más importante si se tiene en cuenta que la mayoría de los mexicanos actuales descienden de poblaciones autóctonas de América.

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PARA SABER MAS…
Sobre la Guerra Por Texas
:
Luego del acuerdo con el gobierno mexicano las colonias angloamericanas se multiplicaron, y quince años más tarde la población de Texas, otrora harto escasa, se había incrementado con más de 20.000 colonos, que vivían organizados conforme a cánones para ellos tradicionales, pero violando las leyes mexicanas de colonización, que prohibían a los colonos establecerse en la costa y en la frontera, les exigían que fuesen católicos y que se sujetaran a las leyes mexicanas; exigencias que hasta 1830 no fueron urgidas por el gobierno.

Dicho gobierno mexicano, que había eximido a los colonos de todo impuesto aduanero por siete años, estableció en 1831 dos o tres aduanas para cobrarlos y algunos fortines militares. Esto y la prohibición de ulterior inmigración estadounidense a Texas irritó a los colonos, que instigados por Austin Moses (quien había hecho el acuerdo) se sublevaron.

La reposición de aduanas y fuertes, y, sobre todo, la implantación del sistema centralista en vez del federal en toda la república, en 1835, decidieron a los colonos a hacerse independientes. Y capitaneados por el general Sam Houston se enfrentaron durante un año a las tropas regulares de México; en 1836, Santa Anna se puso a la cabeza del ejército mexicano e invadió Texas para poner fin a la sedición. El 2 de marzo, los texanos declararon la independencia del país, y Houston se aprestó a dar la batalla decisiva.

Para ello necesitaba tiempo, y encomendó al coronel William Barret Travis que detuviera en todo lo posible a las fuerzas de Santa Anna. Travis se atrincheró en una antigua misión conocida por El Álamo, dispuesto a retardar las operaciones de Santa Anna; allí se le reunió el célebre explorador David Crocket, con trece de sus compañeros de Tennessee.

El total de la guarnición de El Álamo era de 188 hombres, para enfrentar a los 2.400 de Santa Anna. La defensa excedió toda previsión, ya que los texanos, sin excepción, resolvieron pelear hasta morir. Santa An-na copó, por cierto, la misión; pero la resistencia le representó la pérdida de setenta hombres, además de trescientos gravemente heridos.

El sacrificio de El Álamo dio a Houston el tiempo que necesitaba, y así pudo batir totalmente a Santa Anna en la batalla de San Jacinto (hoy Houston), el 21 de abril de 1836. Esta victoria permitió el establecimiento de la República de Texas, cuya breve vida de nueve años se desarrolló en la incertidumbre, por falta de posibilidades financieras y por la continua amenaza de México, que no cejaba en su afán de reconquista; a ello se sumaba, además, el incesante peligro representado por los indios.

De ahí que los dirigentes texanos, todos oriundos de hogares estadounidenses, acordaran finalmente acceder a requerimientos cada vez más intensos, y Texas acabara po: ser anexada a Estados Unidos, como 289 Estado de la Unión, el 29 de diciembre de 1845. Con ello, naturalmente, se precipitó la guerra entre México y Estados Unidos.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Sociedad, Espacio y Cultura Kapelusz EGB 3° Ciclo Prislei-Tobio-Geli
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

Trabajo de Colaboración Alumnos de 4° Año Normal – Escuela J.M.Estrada N°1017

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Batalla de Waterloo Fin del Imperio de Napoleon Guerras Napoleonicas

Batalla de Waterloo Fin del Imperio de Napoleón

Enfrentar a las legiones de Napoleón, aun en medio de miles de soldados, era una experiencia aterradora.

La artillería, que disparaba a menos de 1 Km. de distancia, acababa con regimientos enteros en una sola serie de disparos.

Las armas de la defensa respondían, pero su infantería, con mosquetes que eran poco efectivos, no podía hacer otra cosa que esperar el avance de las columnas; el lento tambor que marcaba el paso de las tropas ofensivas ponía el énfasis en la amenaza.

En la vanguardia estaban siempre los veteranos de la Guardia Imperial: todos suboficiales que habían aprendido el oficio en una docena de batallas.

Cuando las líneas se acercaban, la artillería de ambos bandos resonaba y la caballería irrumpía, en busca de una brecha para formar una cuña. Cuando las filas estaban a unos 60 m, los mosquetes disparaban por primera vez hacia las densas columnas enemigas.

Cargar, cebar, apuntar, disparar: un buen soldado podía producir tres descargas por minuto, aproximadamente el tiempo que tenía antes de que las bayonetas de los atacantes se cruzaran con las de la defensa.

A continuación, seguía un enfrentamiento más directo: acuchillar y disparar entre los gritos de los heridos, en medio del penetrante hedor del humo de pólvora.

Luego, casi por inercia, las columnas de batallones cruzaban la línea enemiga hasta alcanzar a la retaguardia, que era masacrada.

Las tácticas de asestar un solo golpe y realizar maniobras veloces dieron a la armada napoleónica las victorias de Marengo y Austerlitz, Jena y Wagram.

1815:Waterloo, la batalla decisiva

Napoleón, a la cabeza de 124.000 hombres, pretendía derrotar al ejército anglo-alemán de 93.000 dirigido por Wellington y el prusiano de 120.000 por Marshal Blücher, atacándolos separadamente antes de que pudieran unir sus fuerzas.

La primera acometida del emperador fue realizada en Charleroi, donde los tres ejércitos aliados independientes, desparramados a través de 100 millas desde Bélgica, se tocaron. Su plan contaba con una retirada de los enemigos: Wellington a Ostend y Blücher de regreso a Alemania, que separaría a las fuerzas aliadas.

El 16 de julio de 1815, Napoleón venció al mariscal Blücher en Ligny, sin poderle aniquilar, y luego marchó contra Wellington, parapetado en las colinas de Mont-Saint-Jean, junto a Waterloo y cerca de Bruselas.

El emperador suponía que Blücher acudiría a marchas forzadas en ayuda de su aliado inglés, y sabía que para lograr la victoria final era necesario vencer a Wellington antes de la llegada de Blücher.

En la mañana del 18 de junio, Napoleón revistó sus tropas, que le saludaron con una clamorosa ovación, y al mediodía ordenó el ataque. Pero cuando Blücher llegó al campo de batalla, Napoleón no había podido aún ahuyentar a Wellington y a sus casacas coloradas, y los ingleses habían rechazado una tras otra las cargas de la caballería francesa.

Pocas batallas fueron tan encarnizadas e inciertas, y en ésta, el factor decisivo fue el agotamiento francés ante la tenaz resistencia británica. Con la llegada de Blücher hubo bastante.

Al caer la noche, el ejército francés comenzaba a desintegrarse; el mariscal Ney cerró el paso a los fugitivos y les exhortó a reagruparse de nuevo, mientras el emperador se retiraba con su Guardia, con el rostro sombrío, silencioso. Su último ejército quedaba deshecho, dispersado y perdida la artillería… Era el final.

Los muertos y heridos permanecieron en el campo de batalla cerca de una semana. Wellington perdió 15.000 soldados y los prusianos 7.000.

De los 74.000 traídos por Napoleón a Waterloo, mas de 25.000 fueron víctimas, más otros 8.000 capturados.

Las 3 millas cuadradas del ondulante suelo de la granja fueron cubiertas por cas: 50.000 caídos. Si se suman las 40.000 bajas de Ligny y Quatre-Bras, los dos días alcanzan casi 90.000 seres humanos.

En la semana siguiente, venían visitantes desde Bruselas para merendar entre tanta carnicería, limpiando a los cadáveres de cualquier cosa de vale? y matando a los heridos que se resistían.

Irónicamente, Grouchy —cuya inexperiencia en el campo de batalla privó a Napoleón de la utilización de otros 33.000 hombre: lo que hubiera tornado la lucha a su favor— obtuvo una inútil victoria sobre la retaguardia prusiana, a la que finalmente había alcanzado. Pero su triunfo llegó muy tarde, después del triunfo de Wellington.

El 22 de junio, Napoleón firmaba en París su segunda abdicación. Había vivido un imperio de «Cien Días». Se retiró al Palacio de la Malmaison, donde transcurrieron sus mejores años con Josefina, fallecida hacía precisamente un año.

Despidiose de sus últimos amigos y de Francia. Se dirigió hacia la costa atlántica donde confiaba embarcar rumbo a América, pero los navíos de la Royal Navy le cerraron el paso.

Napoleón decidió entregarse a los ingleses, a quienes creía magnánimos; confiaba en que quizá le permitieran acabar sus días como un noble campesino, bajo seudónimo, en cualquier lugar de Inglaterra…

A finales de junio de 1815, Napoleón se ponía a disposición de la Gran Bretaña y, a primeros de agosto, el buque de línea Northumberland navegaba rumbo a Santa Elena, llevando a bordo al antiguo emperador de los franceses. No contaba aún cuarenta y seis años de edad.

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wellington arthur

Wellington, Arthur Wellesley, Primer duque de (Dublin 1769-Walmer Castle, Kent 1852). Militar y político británico. Ingresó muy joven en el ejército y fue destinado a la India donde obtuvo brillantes victorias.

Volvió a Europa y fue nombrado comandante de un ejército enviado a Portugal; alcanzó sobre Junot la victoria de Vimeiro. Después de la Convención de Sintra y el reembarque inglés en La Coruña, él volvió a Portugal como Comandante en Jefe de las fuerzas británicas en la Península Ibérica, donde mantuvo en jaque a la fjaerzas francesas.

El debilitamiento de los franceses le permitió lanzar una gran ofensiva y España fue reconquistada. Wellington franqueó los Pirineos y en tierra francesa ganó la batalla de Tolouse.

Después fue embajador en Francia tras el primer Tratado de París, delegado en el Congreso de Viena. Tras el retorno de Napoleón tomó el mando del ejército aliado en los Países Bajos y llegó la victoria decisiva de Waterloo.

General en Jefe de los ejércitos de ocupación en Francia, tuvo, inmediatamente después, y gracias a su prestigio militar, un papel político importantísimo y llegó a ser primer Ministro. Participó en los gabinetes de Peel y fue Comandante en Jefe del ejército británico en diversas ocasiones.

Fuente Consultada:
Atlas de Historia del Mundo Edición de Kate Santon
Enciclopedia de Historia Universal Espasa Siglo XXI
Civilizaciones de Occidente Tomo B. J. Spielvogel

Consulado e Imperio de Napoleon Bonaparte Fin Imperio Waterloo Guerra

Consulado e Imperio de Napoleón Bonaparte Fin Imperio Waterloo Guerra

El Consulado 1799-1804
Consulado e Imperio de Napoleon Bonaparte Fin Imperio Waterloo GuerraUna vez que el proceso revolucionario en Francia fue controlado y dirigido por los sectores más moderados de la burguesía, se inició la etapa conocida como el Consulado (1799-1804), cuyo artífice sería Napoleón Bonaparte. Durante este periodo se llevó a cabo la reorganización y la restauración interior del país, consolidándose las conquistas burguesas de la Revolución.

En noviembre del año 1799 (18 Brumario del nuevo calendario), un general victorioso, Napoleón Bonaparte, con el apoyo de una parte de la burguesía, que de esta forma pretendía consolidar sus conquistas frente al Antiguo Régimen y a los jacobinos, dio un golpe de Estado, concentró todo el poder en sus manos y se erigió en cónsul. La Revolución había terminado. Pero Napoleón y la burguesía que le respaldó no pretendían volver al Antiguo Régimen, sino que, al contrario, tenían por objetivo consolidar los logros de la Revolución, aunque sólo en su aspecto más conservador.

Napoleón fundamentó su poder en los triunfos en política exterior, conquistando la mayor parte de Europa, y en la reorganización y pacificación interiores. Más tarde en el año 1804 se hizo coronar emperador y consolidó el poder de una burguesía enriquecida por los beneficios de la guerra y de una casta militar surgida con la Revolución Francesa.

Se conformaba también un grupo de pequeños y medianos propietarios agrícolas, nacidos con la Revolución y beneficiarios del reparto de las propiedades feudales.

En el orden internacional, el Consulado puede considerarse como una etapa preparatoria del Imperio (1804-1814), durante la cual tuvieron lugar en  toda Europa las guerras napoleónicas, provocadas por el empuje militar y las ansias imperialistas de Napoleón, quien sería nombrado emperador de los franceses.

Tras el golpe de Estado del 18 Brumario fue transformada la Constitución y se instauró el nuevo régimen del Consulado, cuyo poder supremo estaba en manos de tres cónsules permanentes, de los cuales Napoleón ostentaba el título de primer cónsul.

El Directorio había sido incapaz de lograr la estabilidad. El régimen liberal había fracasado y se presentaba corno el continuador de los excesos revolucionarios. Napoleón Bonaparte, quien volvía a París con una aureola de triunfos, se presentó como el paladín de la legalidad y de la paz, garantizando los derechos civiles y la prosperidad, instaurando su poder personal con la ayuda de la burguesía y del ejército.

La obra realizada por este régimen estuvo encaminada a consolidar las conquistas de la Revolución y defender los intereses de la burguesía triunfadora.

En el orden interior, Napoleón se presentaba ante los franceses como continuador de los principios revolucionarios, realizando, con un sentido práctico y realista, la restauración económica, política y administrativa del país.

Creó el Banco de Francia para impulsar la industria y el comercio; emitió papel moneda sobre bases firmes, estabilizando la situación monetaria. Restableció el liberalismo económico protegiendo a la iniciativa privada, porque la riqueza económica era la base del poder político. Desarrolló una red de carreteras; se abrieron canales y se construyeron puertos y grandes obras que dieron trabajo a una gran masa obrera desempleada. Hizo a la Iglesia aliada del Estado como fuerza moral y, para apoyarse políticamente, creó una aristocracia e inició campañas militares en Europa.

Las reformas introducidas consiguieron dotar a Francia de una sólida organización jurídica, que quedó plasmada en el famoso Código de Napoleón. En él se pueden observar la influencia del derecho romano, del derecho consuetudinario y de muchas de las conquistas jurídicas del periodo de la asamblea constituyente y de la Convención.

En el orden internacional, el Consulado consiguió restablecer la paz entre la Europa monárquica, defensora del Antiguo Régimen, y la Francia revolucionaria, que por entonces ocupaba una posición preponderante en el concierto de las naciones europeas.

El Imperio 1804-1815

Las victorias obtenidas por los ejércitos franceses en las guerras de coalición, y las mejoras introducidas por el Consulado, dotaron a Napoleón de un extraordinario poder, que le llevaría, primero, a ser nombrado cónsul vitalicio, con facultad de designar a su sucesor y, posteriormente, a emperador de los franceses en 1804.

Napoleón organizó la Corte según el modelo de La monarquía borbónica: con un gran lujo y ceremonial. Creó títulos y privilegios y se rodeó de una “nueva nobleza” de burgueses enriquecidos, a quienes concedería, junto a los miembros de su familia, muchos de los territorios conquistados. Anuló la libertad política, la libertad individual y la libertad de expresión. Se limitaron las actividades intelectuales y espirituales. Apoyó su poder en una ideología, por lo que creó la Universidad Imperial, pretendiendo dirigir el desenvolvimiento de las artes, las ciencias y las letras, que debían expresar sus ideas. Utilizó a la Iglesia con la misma finalidad. Inició la era de soldados y decretó nuevos presupuestos.

Elaboró sus famosos códigos: de procedimiento civil, de comercio y penal, que dieron a Francia un conjunto homogéneo de leyes, implantadas en otras regiones europeas y que pasaron a América, influyendo en la legislación de las nacientes repúblicas.

Realizó grandes obras públicas para “la gloria de Francia”: erigió la columna de Vendome, el Arco del Triunfo del Carrousel en las Tullerías y el Arco del Triunfo de la Estrella en los Campos Elíseos. Abrió caminos y canales en Francia y Bélgica, y modernizó los puertos de Brest, Cherburgo y Amberes.

Para sufragar dichos gastos estableció contribuciones indirectas, impuestos diversos y monopolios. Las finanzas se unieron al poder, lo cual provocaría gran descontento.

El pueblo soportó este régimen mientras estuvo respaldado por las victorias militares, pero cuando percibieron que tales victorias fueron efímeras, y que pronto se convertirían en derrotas, todos los franceses desearon la caída de Napoleón, cuyas incesantes campañas militares por Europa amenazaban con llevar a Francia a un desastre nacional.

La acción de Napoleón estaba dominada por una ambiciosa política imperialista, que lo llevó a intentar dominar Europa entera, y, sobre todo, a derrotar a Inglaterra, la enemiga tradicional de Francia. Para esto necesitaba grandes ejércitos, por lo que recurrió al sistema de conscripción, al servicio militar y a la incorporación de ejércitos de otras nacionalidades. En 1 806, Napoleón inició la confiscación de bienes y el bloqueo a Inglaterra, cerrando cualquier acceso por tierra tanto de parte de los franceses como de sus aliados, afectando vitalmente la estructura económica y provocando una crisis social.

Las tropas napoleónicas invadieron Portugal, España, Austria y Prusia; el imperio napoleónico alcanzó su culminación en 1810, dominando el centro y el occidente de Europa, y estableció alianza con Rusia, Dinamarca y Suecia. Setenta millones de personas dependían de Napoleón; el poder era mantenido por la fuerza. El bloqueo continental arruinaba tanto a Inglaterra como a Francia y a sus aliados, paralizando el comercio y creando trastornos sociales. Se perdían vidas y dinero por las constantes guerras. La reacción contra esta política imperialista provocó en el propio país y en toda Europa una creciente oposición.

Después de su fracaso durante la campaña de Rusia, en la que pretendió castigar al zar Alejandro 1 por no cumplir estrictamente con el bloqueo, los hambrientos ejércitos de Napoleón fueron vencidos por las enormes distancias de las estepas rusas y castigados por un invierno riguroso. Francia era invadida por Estados coligados al mando del inglés Wellington, París capituló y Napoleón abdicó (abril de 1814), retirándose a la isla de Elba. Luis XVIII fue proclamado rey y el ministro Talleyrand inició el tratado de paz, donde Francia se comprometió a devolver los territorios conquistados, entregar material de guerra, y desconocer a Napoleón y a la Revolución.

Napoleón decidió recuperar el poder y regresó a Francia instalándose en las Tullerías e iniciando un nuevo reinado que se conoce como “Los cien días” (mayo de 1815). Ofreció la paz en Europa, así como el respeto de los derechos y las libertades individuales. Se formó la ultima coalición contra Francia impulsada por Inglaterra, y Napoleón fue derrotado en Waterloo. (icnografía)

Fuente Consultada: Historia Universal de Gomez Navarro, Gárgari y Otros

Los derechos hombre y del ciudadano Asamblea Constituyente de 1789

Los Derechos Hombre y del Ciudadano
Asamblea Constituyente de 1789

HISTORIA DE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS: Cotidianamente, las personas enfrentan problemas y conflictos de diversa gravedad, originados por muy diferentes razones. Al mismo tiempo, en la actualidad, a cada persona le parece totalmente natural tener derechos y saber que hay instituciones cuya función es garantizarlos. También le parece natural recurrir a la justicia cuando alguno de esos derechos ha sido avasallado y exigir que ella garantice la protección de los derechos individuales en la resolución de una situación conflictiva.

Sin embargo, esto no fue así durante la mayor parte de la historia de la humanidad. Hasta el siglo XVII en las sociedades europeas y orientales era común considerar que las personas no eran iguales entre sí; que su nacimiento las diferenciaba en determinadas condiciones sociales y que, por lo tanto, no todos tenían los mismos derechos. Algunos grupos sociales, en cambio, tenían más privilegios que otros.

Incluso, se llegó a considerar como algo natural que algunos hombres no fueran libres. A los esclavos no sólo no les era reconocido ningún derecho, sino que ni siquiera podían disponer de su persona.

En la actualidad, la gran mayoría de nosotros sentimos horror ante la guerra y todo tipo de violencia y anhelamos que los conflictos se resuelvan de manera pacífica.

Sin embargo, aunque hoy nos resulte extraño, durante muchos siglos la guerra fue considerada como una de las actividades más importantes de las sociedades. Y la mayor parte de los conflictos, personales, familiares y sociales, casi siempre se resolvía por la imposición de la fuerza.

La idea de que «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos» comenzó a generalizarse en algunas sociedades europeas recién en el siglo XVII.

Desde entonces hasta la actualidad, la humanidad ha realizando enormes esfuerzos para que esa idea se haga realidad. Y aunque cada día -cuando leemos los diarios o vemos los noticieros de la televisión- sentimos que el camino que queda por recorrer es muy largo todavía, estamos seguros de que vale la pena seguir intentándolo.(Fuente Consultada: Los Derechos de las Personas Alonso-Bachmann-Correale)

Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre, son las principales causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, para que esta declaración, constantemente presente a todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; para que los actos del poder legislativo y  del poder ejecutivo puedan en cada instante ser comparados con el objeto de toda institución política y sean más respetados; para que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas desde ahora sobre principios simples e incontestables, tiendan siempre al mantenimiento de la Constitución y a la felicidad de todos.

En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano.

ARTÍCULO 1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden fundarse más que sobre la utilidad común.

ARTICULO 2. El objeto de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

ARTÍCULO 3. El principio de toda soberania reside esencialmente en la nación. Ningún cuerpo ni individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella.

ARTÍCULO 4. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no dañe a otro; por lo tanto, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que aseguren a los demás miembros de la sociedad el disfrute de estos mismos derechos. Estos límites no pueden ser determinados más que por la ley.

ARTICULO 5. La ley no tiene el derecho de prohibir más que las acciones nocivas a la sociedad.

Todo lo que no está prohibido por la lev no puede ser impedido, y nadie puede ser obligado a hacer lo que ella no ordena.

ARTICULO 6. La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir personalmente, o por medio de sus representantes, a su formación. La ley debe ser idéntica para todos, tanto para proteger como para castigar. Siendo todos los ciudadanos iguales ante sus ojos, son igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según su capacidad, y sin otra distinción que la de sus virtudes talentos.

ARTÍCULO 7. Ningún hombre puede ser acusado, arrestado ni detenido más que en los casos determinados por la lev y según las formas por ella prescritas. Los que soliciten, expidan, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias, deben ser castigados, pero todo ciudadano llamado o designado en virtud de la ley, debe obedecer en el acto: su resistencia le hace culpable.

ARTÍCULO 8. La ley no debe establecer más que las penas estrictas y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado más que en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito, y legalmente aplicada.

ARTICULO 9. Todo hombre ha de ser tenido por inocente hasta que haya sido declarado culpable, y si se juzga indispensable detenerle, todo rigol- que no fuere necesario para asegurarse de su persona debe ser severamente reprimido por la ley.

ARTÍCULO 10. Nadie debe ser molestado por SUS opiniones, incluso religiosas, con tal de que su manifestación no altere el orden público establecido por la ley.

ARTICULO 11. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los más preciosos derechos del hombre. Todo ciudadano puede, pues, hablar, escribir, imprimir libremente, salvo la obligación de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.

ARTÍCULO 12. La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública; esta fuerza queda instituida para el bien común y no para la utilidad particular de aquellos a quienes está confiada.

ARTÍCULO 13. Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración es indispensable una contribución común. Esta contribución debe ser repartida por igual entre todos los ciudadanos, en razón de sus facultades.

ARTÍCULO 14. Todos los ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de consentirla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su cuantía, su asiento, cobro y duración.

ARTÍCULO 15. La sociedad tiene el derecho de pedir cuentas a todo agente público de su administración.

ARTÍCULO 16. Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene Constitución.

ARTÍCULO 17. Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, si no es en los casos en que la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija evidentemente, y bajo la condición de una indemnización justa y previa.

ARTÍCULO 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. […]

ARTÍCULO 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

ARTÍCULO 20: 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. [… ]

ARTÍCULO 21:1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. […]

ARTÍCULO 23: 1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. 2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses. Art. 24: Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

ARTÍCULO 25:1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. […]

ARTÍCULO 26: 1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. […] Art. 27: Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

(Decretados por la Asamblea Nacional Francesa en agosto de 1789).

OBJECIONES: Es cierto que a esta declaración de derechos se le pueden en la actualidad hacer serias objeciones doctrinales y políticas.

Entre otras:
— su carácter individualista,
— el desconocimiento de los derechos de las familias y grupos sociales,
— su despreocupación por los problemas sociales,
— el no haber tenido en cuenta los derechos económicos y culturales,
— su inexacta noción de libertad (art. 49).
— lo impreciso del concepto de soberanía (art. 59).
— su concepción liberal de la propiedad (art. 17).

Pero es evidente que ella señala un adelanto fundamental en la vida política de la humanidad: el hombre, su libertad y sus derechos son puestos como fundamento de todo el ordenamiento político.

El principio de la libertad e igualdad de los hombres, la abolición de los injustos privilegios, la igualdad ante la ley, la soberanía popular, la ley como expresión de voluntad comunitaria, la libertad de pensamiento y expresión, las garantías judiciales, el control de los funcionarios, son principios que a partir de la Revolución Francesa serán incorporados a la vida política de casi todos los pueblos.

Su concepción individualista y el desconocimiento de los derechos económicos, sociales y culturales están subsanados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Asamblea General de las Naciones Unidas del año 1948.

La revolución tomó características violentas, prevaleciendo la acción de los más exaltados. Se instauró «el terror» y la dictadura jacobina, hubo todo género de excesos y arbitrariedades, se desencadenó una violenta persecución religiosa y política, el rey, su familia y miles de personas murieron guillotinadas o asesinadas. Los mismos jefes de la revolución acabaron en su mayor parte víctimas de la violencia.

Del caos revolucionario surgió Napoleón Bonaparte, cónsul en 1799 y emperador en 1804, que avasalló a casi toda Europa.
A pesar de sus excesos la Revolución Francesa aportó nuevos principios para la organización del poder político.

López Cordón, Ma. Victoria et al.,
Análisis y comentarios de textos históricos II. Edades Moderna y Contemporánea,
Madrid, Alhambra, 1987, pp. 221-222.
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Ver: Violación de los Derechos Humanos

Resumen de la Revolución Francesa Causas y Consecuencias Sintesis

Resumen de la Revolución Francesa
Causas, Desarrollo y Consecuencias

Las raíces de la Revolución Francesa se remontan a la época de Luis XIV, cuyo largo reinado duró de 1643 a 1715. Durante la minoría de edad del rey, Francia se vio sacudida por guerras civiles entre facciones aristocráticas, y cuando se inició su gobierno personal en 1661 estaba decidido a acabar con el poder de la nobleza y centralizar todo el poder en su persona, con su famoso declaración de «El estado soy yo»- Obligó a la aristocracia a pasar la mayor parte del tiempo en la corte, viviendo en el magnífico palacio nuevo de Luis XIV en Versalles, a las afueras de París.

revolucion francesa

La Revolución Francesa fue el cambio social y político más importante que se produjo en Europa, a fines del siglo XVIII. No fue sólo importante  para Francia, sino que sirvió de ejemplo para otros países , en donde se desataron conflictos sociales similares, porque amenazó a todas las monarquías del resto de Europa y provocó una década de guerra, unos defendiendo sus derechos y libertades y otros tratando de conservar el regimen absolutista.

Esta revolución significó el triunfo de un pueblo pobre, oprimido y cansado de las injusticias, sobre los privilegios de la nobleza feudal y del estado absolutista.

Esta revolución señala uno de los momentos cruciales en la historia política de la humanidad. Su influencia ha sido decisiva en la transformación de los regímenes monárquicos patrimoniales en regímenes democráticos electoralistas.

El principio de la soberanía de los reyes fue substituido por el de la soberanía de las naciones y de los pueblos.

El reconocimiento de los derechos del hombre y los principios de igualdad, libertad y fraternidad, penetran, a partir de ella, cada vez más, en la vida y en la organización política del mundo moderno.

Durante el reinado de Luis XIV (1643-1715) (foto abajo), Francia se hallaba bajo el dominio de una monarquía absolutista, el poder de rey y de la nobleza era la base de este régimen, pero en realidad el estado se encontraba en una situación económica bastante precaria, que se agravó por el mal gobierno de Luis XV (bisnieto de Luis XIV), y que tocó fondo durante el reinado de Luis XVI, gobernante bien intencionado, pero de carácter débil, por lo que se lo llamaba el buen Luis.

revolucion francesa

Pintura Sobre Las Luchas Durante La Revolución Francesa

Ver: Versión Para Niños o Principiantes de la Revolución Francesa

«Los gastos militares y un lustro de malas cosechas crearon una gravísima situación social. La mayoría de la población se vio en la miseria mientras el lujo y el despilfarro del rey y la nobleza continuaban como si nada. Luis XVI se negó a realizar cualquier tipo de reforma y defendió los privilegios de la aristocracia frente al hambre de sus súbditos, que se estaban hartando de la injusticia.» Fuente Consultada: Felipe Pigna

 El mantenimiento de un estado absolutista demandaba mucho dinero, ya que:

* Existía un gran número de funcionarios en el gobierno y cada uno buscaba su propio beneficio

* Se tenía que mantener un gran  ejército permanente.

* La corte vivía rodeada de lujos.

Algunos ministros de Hacienda trataron de encontrar una solución a esta crisis, pero sus medidas sólo complicaron más la situación.

 Aparece un nuevo problema:

  • En envió de  tropas a América de Norte, para defender su posiciones territoriales, antes el avance de gobierno inglés, en la guerra de los Estados Unidos.
  • Consecuentemente la monarquía se endeudó mucho más.

 Soluciones Propuestas:

  • Se recurrió al tradicional intento de aumentar los impuestos.
  • Se trató de conseguir que la nobleza también aporte su correspondiente diezmo, medida que provocó la ira y oposición de esta última clase social, que estaba dispuesta a defender sus privilegios feudales, hasta el punto de enfrentar la monarquía.
  • Para que no se empeorara su situación económica la nobleza trató de acaparar más cargos en la burocracia estatal, y además, aumentó la explotación de los campesinos que trabajaban en sus tierras, exigiéndoles   mayores contribuciones.

Resumiendo:

a- La economía del país estaba arruinada.

b- Los nobles consecuentemente sufrían dramas financieros.

c- El clero no recibía el diezmo por parte del pueblo.

d- La burguesía quería acceder a cargos públicos.

e- Los campesinos estaban cansados del poder feudal.

La sociedad estaba compuesta por tres sectores sociales llamados estados.

El primer estado era la Iglesia; sumaba unas 120.000 personas, poseía el 10% de las guerras de Francia y no pagaba impuestos. Recibía de los campesinos el “diezmo”, es decirla décima parte del producto de sus cosechas. Sólo la Iglesia podía legalizar casamientos, nacimientos y defunciones, y la educación estaba en sus manos.

El segundo estado era la nobleza, integrada por unas 350.000 personas. Dueños del 30 % de las tierras, los nobles estaban eximidos de la mayoría de los impuestos y ocupaban todos los cargos públicos. Los campesinos les pagaban tributo y sólo podían venderles sus cosechas a ellos. Tenían tribunales propios, es decir que se juzgaban a sí mismos.

El tercer estado comprendía al 98% de la población, y su composición era muy variada. Por un lado estaba la burguesía, formada por los ricos financistas y banqueros que hacían negocios con el estado; los artesanos, funcionarios menores y comerciantes.

Por otra parte, existían campesinos libres, muy pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros.

El proletariado urbano vivía de trabajos artesanales y tareas domésticas. Finalmente estaban los siervos, que debían trabajo y obediencia a sus señores.

El tercer estado carecía de poder y decisión política, pero pagaba todos los impuestos, hacia los peores trabajos y no tenía ningún derecho. La burguesía necesitaba tener acceso al poder y manejar un estado centralizado que protegiera e impulsara sus actividades económicas, tal como venia ocurriendo en Inglaterra.

Viendo la difícil situación económica que se asomaba, la nobleza exigió que se llamara a Estados Generales, para el tratamiento de una ley de impuestos.

La monarquía prácticamente arruinada económicamente y sin el apoyo de gran parte de la nobleza, estaba en la ruina.

Cuando se reunieron en los Estados Generales (1789), la situación de Francia estaba sumamente comprometida, ya que el pueblo no soportaba más tan penosa vida, y existía un gran descontento social.

Como se dijo, las clases sociales existentes en ese momento eran: la nobleza, el clero y la burguesía, pero al contar los votos de la nobleza y del clero, que pertenecían a un estamento privilegiado, superaban en número a la burguesía, y por lo tanto siempre se tomaban las decisiones que a esta sector le convenía.

Solucionado este sistema de conteo, el tercer estamento (la burguesía) pudo tomar el control de la situación, y comenzó a sesionar como Asamblea Nacional,  y juraron solemnemente que ésta no se disolvería hasta tanto no se logre conformar una Constitución Nacional.

En 14 de Julio de 1789, la burguesía se vio apoyada por un gran sector explotado por la nobleza, los campesinos, que en medio de una agitada multitud revolucionaria formada por hombres y mujeres, saturados de injusticias y de hambre, se dirigen violentamente a la Bastilla, símbolo del régimen absolutista, donde funcionaba como cárcel de los opositores al sistema de gobierno, y toman la toman por la fuerza.

Esta demostración atemorizó a los partidarios del antiguo sistema, y sirvió para inclinar la balanza en favor de los revolucionarios, desplazando así del poder a los nobles y partidarios del absolutismo.

Paralelamente se produjo en las zonas rurales levantamientos de los campesinos contra los señores feudales, lo cuales fueron asesinados, y sus castillos saqueados e incendiados. A este movimiento social por la justicia y fraternidad de los hombres en 1789, se lo conoce como el Gran Miedo.

La Asamblea Nacional estaba formada por la burguesía, que inicialmente para luchar contra la monarquía, lo hizo en forma unificada, pero en realidad la burguesía no era una clase social homogénea, sino que estaba dividida en la alta burguesía –banqueros, financistas, comerciantes, propietarios- y en la baja burguesía formada por los profesionales (abogados y médicos), pequeños comerciantes y dueños de talleres.

Cuando llegó el momento de decidir por la forma de gobierno, la alta burguesía apoyó a los girondinos, oriundos de la provincia de La Gironda, que querían llegar a un acuerdo con la monarquía e instaurar una monarquía constitucional, es decir, tenía una actitud moderadora respecto a los cambios políticos.

Por otro lado estaban los jacobinos, que tenían ideas más revolucionarias y de cambios radicales, con tendencia a la instauración de una república democrática, con derechos a la participación política y con la aplicación de medidas más equitativas para la repartición de la riqueza y la lucha contra el hambre popular.

Dicho nombre proviene de que se reunían en asambleas, llamadas clubes , en un convento ubicado sobre la calle San Jacobo.

Los diputados de la asamblea, decidieron eliminar los privilegios de la nobleza, se les obligó a pagar impuestos y se eliminó el diezmo a la Iglesia. Pocos días después la asamblea dicta la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, esta proclama se transformó en la síntesis de las ideas revolucionarias, basadas en tres banderas: igualdad, fraternidad y libertad.

Les interesaba la libertad para comerciar, la defensa de la propiedad privada y la igualdad de los ciudadanos ante la ley.

El 3 de Septiembre de 1789, se proclamó la Constitución de carácter moderado, en donde la alta burguesía había logrado prevalecer sus ideales, de negociar con el antiguo régimen, quedando a cargo del poder ejecutivo el rey (Luis XVI), el poder legislativo lo ejerció una asamblea formada por la burguesía y el poder judicial, se compuso de jueces electos.

Se estableció que sólo podían votar aquellos que pagaban ciertos impuestos, y de esta manera se pone en evidencia que las banderas de igualdad proclamada por los revolucionarios tenía ciertas limitaciones.

La nobleza de esta manera se vio con sus poderes recortados, lo que los motivó a tratar de crear alianzas y buscar apoyos en otros países con gobiernos absolutista, y de paso tratar de evitar que estos movimientos se expandan a otros reinos, y para ello no había mas remedio que la guerra.

Países como Austria y Prusia, atacaron a los franceses en los límites de su territorio y lograron contenerlos, pero los cuidados que tuvieron los países limítrofes con Luis XVI, hicieron evidente de la alianza que existía entre éste y la intervención extranjera, de esta manera el pueblo francés destronó al rey, y luego se lo decapitó.

Más tarde fue ejecutada su mujer: María Antonieta. La asamblea nacional fue desplazada y un nuevo cuerpo de representantes reunidos en una Convención, comenzó a dirigir el nuevo gobierno republicano, liderado por la baja burguesía, dependiente del partido jacobino.

El cambio de mayor importancia es que ahora los representantes podían ser elegidos mediante el sufragio universal, permitiendo una mayor participación de sectores humildes y populares, llamados sans culottes (sin calzones).Desde 1792 los jacobinos lograron el control de la Convención, y sus principales activistas fueron:Dantón, Robespierre, Marat y Saint Just.

La república jacobina en el plano exterior debió frenar el avance de los ejércitos extranjeros, en el plano interior debió combatir la aristocracia, y terminar con la resistencia de los girondinos, que se oponían a la nueva forma de gobierno.

Para tomar mejor partido de su control, los jacobinos hicieron alianzas con los sans-culottes, y durante 1793, se creó una institución destinada a establecer un rígido control de los opositores, y castigarlos duramente y aplicar la pena de muerte a todos aquellos que no apoyaban el sistema de gobierno republicano.

Este instrumento fue dirigido en persona por Robespierre. Se trataba de mantener dominados a sus opositores, a través del miedo, por lo que se lo llamó: El terror revolucionario.

La revolución estuvo contagiada de individualismo liberal. Fue su gran falla que produjo posteriormente graves injusticias y tensiones sociales, y reacciones totalitarias. Se revistió de espíritu sectario, desencadenó el terror, desató la persecución política y religiosa. No quita esto la influencia que ejerció en la transformación de los antiguos regímenes absolutistas y el aporte de sus concepciones políticas en el mundo moderno.La revolución se produjo en 1789. Una revuelta popular que no pudo contenerse desencadenó un profundo movimiento social y político contra el absolutismo monárquico y los privilegios sociales.

El Gobierno Revolucionario de 1793:

Durante la guerra, en el interior de Francia hubo levantamientos organizados por partidarios de la monarquía y por grupos opuestos a la Constitución civil del clero. Ante la emergencia, la Convención decidió crear varias instituciones que tendrían a cargo el gobierno del país en la grave situación:

EL COMITÉ DE SALVACIÓN PÚBLICA: Integrado por nueve miembros con amplios poderes de gobierno.
EL COMITÉ DE SEGURIDAD GENERAL: Con atribuciones de policía y seguridad interna. Se dedicaba a investigar el comportamiento de los supuestos enemigos de la Revolución.
EL TRIBUNAL REVOLUCIONARIO: Con extensos poderes judiciales.

La medidas tomadas por la Convención no pudieron atender a todas las exigencias del sector popular, que seguían sufriendo la crisis económica.

Se trató de llevar un control de precios para los alimentos básicos, aplicando severa penas a quienes no las acataban, pero no se logró el efecto deseado, lo que llevó al sector de los sans-culottes a romper su alianza con los jacobinos, creando una fisura y debilidad al partido gobernante.

Robespierre: Con Robespierre al frente, se estableció un gobierno revolucionario, el Comité de Salvación Pública,  que suspendió algunas garantías constitucionales, mientras la situación de guerra pusiera en peligro la Revolución, y se utilizó el Terror, un estado de excepción, para perseguir, detener y, en su caso, guillotinar a los sospechosos de actividades contrarrevolucionarias. Ante la guerra y la crisis económica se tomaron toda una serie de medidas para favorecer a las clases populares y que fueron signo del nuevo carácter social de la República.

— La venta en pequeños lotes de los bienes expropiados a la nobleza para que pudieran ser adquiridos por los campesinos.

— Ley que fijaba el precio máximo de los artículos de primera necesidad y la reglamentación de los salarios.

— Persecución de los especuladores, confiscación de sus bienes y distribución de ellos entre los pobres.

— Obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria, prohibición de la mendicidad, atención a los enfermos, a los niños y a los ancianos.

— Proceso de descristianización, que comportó la sustitución del calendario cristiano por el que se iniciaba con la proclamación de la República y la sustitución del culto católico por un culto cívico; el de la razón.

Las reformas de Robespierre concitaron muy pronto la oposición de la mayor parte de la burguesía, que veía peligrar sus propiedades. Por otro lado, su forma de gobernar, dictatorial, desagradaba a muchos porque a cualquier crítica se respondía con la detención y la muerte.

Cuando la guerra dejó de ser un problema y las victorias del ejército republicano garantizaban la estabilidad de la República, gran parte de los diputados de la Convención se pusieron de acuerdo para dictar una orden de detención contra Robespierre, que fue guillotinado el 28 de julio de 1794.

Conociendo la debilidad de este gobierno, la alta burguesía aprovechando la situación, y deseosos de terminar con los “excesos del populacho” en Julio de 1794, produjeron un golpe de estado, desplazando la república y creando un Directorio, que para lograr su autoridad se apoyaron en los militares. Los líderes de la Convención fueron guillotinados.

El Directorio, eliminó la libertad política de votar a los más humildes, se eliminó el control de precios y se tomaron medidas que favorecieron a los comerciantes y especuladores.

Este nuevo régimen, el Directorio, fue contestado tanto por los realistas, partidarios de volver al Antiguo Régimen, como por las clases populares, de­cepcionadas por el nuevo rumbo político.

Así, el sistema fue evolucionando hacia un autoritarismo, que acabó por recurrir al ejército y entregarle el poder. De todas maneras, el sector popular siguió pasando por las misma penurias de siempre y míseras condiciones de vida.

Entre los militares que apoyaban al Directorio, se encontraba Napoleón Bonaparte, que no tardó en hacerse del poder, mediante un golpe militar, aprovechando el gran prestigio que se había ganado en las diversas victorias militares en otros países.

En 1799 se apoderó del gobierno se Francia, y se coronó como Primer Cónsul, concentrando cada vez más poder, hasta llegar a emperador en 1804.

Con el tiempo la burguesía lo apoyó, ya que conservó muchos de los principios declarados en la Constitución, especialmente aquellos que beneficiaban a la burguesía más acomodada. A su vez estos lo apoyaban, porque evitaban el regreso de la república jacobina y del antiguo régimen aristocrático.

Consecuencias de la Revolución Francesa

1-Se destruyó el sistema feudal
2-Se dio un fuerte golpe a la monarquía absoluta
3-Surgió la creación de una República de corte liberal
4-Se difundió la declaración de los Derechos del hombre y los Ciudadanos
5-La separación de la Iglesia y del Estado en 1794 fue un antecedente para separar la religión de la política en otras partes del mundo
6-La burguesía amplió cada vez más su influencia en Europa
7-Se difundieron ideas democráticas
8-Los derechos y privilegios de los señores feudales fueron anulados
9-Comenzaron a surgir ideas de independencia en las colonias iberoamericanas
10-Se fomentaron los movimientos nacionalistas   

AMPLIACIÓN DEL TEMA
SOBRE EL TERROR REVOLUCIONARIO

Comandado por hábiles generales, el ejército revolucionario logró rechazar al enemigo: el 20 de setiembre de 1792, derrotó a los prusianos en Valmy, obligándolos a abandonar Francia, y el 6 de noviembre traspuso la frontera e invadió Bélgica.

El mismo día en que llegó a París la noticia de la gran victoria, de Valmy, el gobierno revolucionario proclamó la República.

Un mes más tarde, Luis XVI fue condenado a muerte como «reo de conspiración contra la libertad de la nación y de atentado contra la seguridad del Estado». El 21 de enero de 1793, murió guillotinado en París, en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia).

La muerte del rey produjo la reacción inmediata de los más poderosos monarcas europeos. España, Holanda, Portugal, Rusia e Inglaterra se unieron a Austria y Prusia en su guerra contra Francia.

La situación se tornó de pronto muy grave. Mientras Francia se hallaba amenazada por el avance de tropas enemigas, una parte del pueblo comenzó a dar señales de hostilidad hacia los revolucionarios, acusándolos de haber provocado el ataque de las naciones europeas al dar muerte al rey. En Lyon, en el mismo París y especialmente en la Vandée, el pueblo se sublevó.

Los revolucionarios más decididos resolvieron proceder con rigor extremo: instituyeron el «Comité de Salud Pública», bajo las órdenes de Maximiliano Robespierre, con la misión de condenar a muerte a todos los sospechosos de no adherirse a los principios de la Revolución.

En un año, a partir de julio de 1793, Robespierre envió a la guillotina a miliares de personas, sin entablarles proceso alguno. Este período se conoce con el nombre de «El Terror».

FIN DE LA REVOLUCIÓN:

La inaudita ferocidad de Robespierre acabó por disgustar a ¡os mismos revolucionarios: el27 de julio de 1794, muchos de ellos se rebelaron contra el sanguinario dictador, que fue detenido y enviado a la guillotina, juntamente con sus más crueles subalternos.

Así, con la muerte de Robespierre, el poder pasé a manos de hombres decididos a hacer triunfar los principios de la Revolución, sin dejarse llevar por excesos de violencia. En 1795, brindaron finalmente a Francia una Constitución que respetaba plenamente los derechos del hombre y del ciudadano, votados en 1789 por la Asamblea Constituyente. Prescindiendo de los deplorables actos de violencia, debe reconocerse que la Revolución logré mejorar considerablemente las condiciones políticas y sociales de Francia:

1) Fue abolido el absolutismo monárquico (e! pueblo pudo hacer valer su voluntad a través de sus representantes).
2) Fueron reducidos los privilegios de que gozaban los nobles y el clero.
3) Fue proclamada la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

La Revolución Francesa consiguió hacer triunfar los principios que habrían de cambiar radicalmente las condiciones sociales de la época.

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