Biografia de Thackeray William

Biografia de Hardy Thomas Vida y Obra Litearia del Poeta

Biografia de Hardy Thomas

Thomas Hardy (1840-1928), novelista y poeta inglés del movimiento naturalista, cuyos personajes, retratados con profundidad en su Dorset natal, luchan inútilmente contra sus pasiones y circunstancias externas.

Nacido débil de cuerpo, vigoroso de mente y compasivo de alma, Hardy estaba «condenado» desde el principio a seguir la carrera literaria. De niño, le gustaba observar a los gusanos que pululaban en un estanque cercano a la casa de su padre, en Dorsetshire.

Con el andar de los años volvió la atención hacia esos otros gusanos, más grandes e igualmente impotentes, que bajo formas humanas se despedazaban, multiplicaban y morían en el pantano cenagoso de la tierra.

Decidió, pues, sentarse a la vera del camino, y dedicar su existencia a desentrañar el enigma.

Biografia de Hardy Thomas
El escritor inglés Thomas Hardy fue aclamado por la crítica tanto por su obra poética como por su narrativa. En ambos géneros, se ocupa de asuntos ligados a la vida y al destino de los individuos. Hardy escribió novela, poesía y cuento. Es considerado un escritor regionalista, ya que sus obras están profundamente arraigadas a las tierras del sur de Inglaterra, su país natal.

Al nacer el 2 de junio de 1840 era tan menudo y débil que el médico le dio por muerto, y gracias a una vigorosa palmada de la niñera «volvió» a una vida que había de acercarse a los noventa años.

Sus primeras enseñanzas fueron de puertas afuera de un colegio formal. Conoció las cosas sensibles por el medio directo de sus cinco sentidos; y por un sexto sentido: un cariño entrañable por cuanto le rodeaba.

Su sensibilidad vibraba ante rostros y voces de animales, pájaros y plantas. Sentíase uno en «parentesco de sangre» con la entera Naturaleza, con los vientos y las nubes, las abejas y las mariposas, los gorriones, las ardillas y los corderinos.

A la edad de nueve años las fibras de su corazón vibraban al compás de la gran sinfonía de la Naturaleza. Empezó por entonces su educación formal. Su padre le envió a la «Academia para Jóvenes Caballeros, del Sr. Last», una escuela particular distante tres millas de su casa.

Todos los días, así a la ida como al regreso, se detenía a «charlar un rato» con sus compañeros de juego: las criaturas agrestes de Egdon Heath. Mas por encima de todo le atraía el estudio de los rostros humanos.

En el aula sorprendía a sus profesores la rapidez con que asimilaba los conocimientos. Al graduarse, a los dieciséis años, estaba íntimamente familiarizado con la literatura latina, francesa e inglesa. En especial con las obras de Shakespeare, las que se sabía casi de memoria.

Había llegado el momento de ganarse la vida. Le era necesario aprender un oficio, una profesión… Su padre habíale enseñado a tocar el violín. Pero con eso no se comía. Quedaba otro camino: la arquitectura. El padre era maestro de obra; el hijo podía ser delineante.

Y así Tomás Hardy entró de aprendiz en casa de John Hicks, arquitecto, que tenía sus oficinas en la vecina ciudad de Dorchester.Pero a Hardy no le gustaba dibujar planos. El trabajo le resultaba demasiado mecánico.

Se levantaba a las cinco de la mañana o antes y se pasaba un par de horas «enseñándose» a leer el griego. Tres años más tarde, «conversaba» corrientemente con Esquilo y Homero, así como con los autores del Nuevo Testamento.

Escrbía y enviaba, sus poesías a las revistas y éstas se las devolvían sistemáticamente. No hubo editor que se dignase tocar una, y eso durante muchos años.

Estaba dotado de todo lo que hace al genio poético —ritmo, imaginación, sensibilidad, instinto para la frase adecuada, síntesis expresiva, una magia que «transformaba las palabras en estrellas»— todo, en suma, excepto el fogoso arrebato del inspirado. Hardy no ignoraba esa falla en el arsenal de sus talentos.

Y como arquitecto consumado y poeta a medias, fue a establecerse en Londres, donde consiguió un puesto de dibujante en las oficinas del proyectista de iglesias Arthur Blomfield.

Conoció a una mujer , se enamoró y se casó con Emma Gifford una joven de posición social superior a la suya. Una luna de miel breve y delirante, y una larga vida de incompatibilidades conyugales. Pues nunca llegaron a comprenderse.

Hardy no se quejaba. Trató de dar a su mujer una casa confortable, provista del mínimo de las cosas «indispensables» para una dama de su categoría social.

Las novelas de Hardy están basadas, especialmente, en la fórmula de los amores no correspondidos, fórmula que describe jocosamente Cristóbal Julián en La mano de Ethelberta.

A causa de su actitud cínica respecto de las emociones humanas, Hardy halló difícil al comienzo abrirse camino, así entre el público como entre los críticos. Sus obras fueron cobrando popularidad muy lentamente.

Sólo después de publicadas varias novelas —algunas por su cuenta y riesgo— advirtió el público la existencia de la exquisita suavidad que emergía de una gran tristeza. Ironía y piedad; son las dos notas altas de sus novelas.

Conforme iba entrando en años, mayor iba siendo su ojeriza contra la sociedad, por su injusticia sistemática en detrimento del individuo. Para la Navidad de 1928 escribió un epigrama donde trasuntaba toda la amargura que sentía por el «incurable salvajismo» del hato humano:

¡Paz en la tierra! fué el grito de Sión,
Por verla pagamos de curas un millón
Tras dos mil años de misa, ¡no está mal! ¡Paz!
Envuelta se la traen en gas letal.

Hardy ardía de indignación por el asesinato de cuerpos y almas humanos. Vez tras vez tocó el tema en sus novelas postreras. Los castigos que la sociedad inflige a los errores de sus miembros trascienden los límites de la decencia y la justicia humanas.

Escribió Teresa de los D’Urberville , y antes las críticas decía: «Como quiera que sea, he puesto en el libro lo mejor de mi alma y mi pensamiento».

Y también puso lo «mejor de su alma y su pensamiento» en otro libro —Jud el Oscuro—, que le premiaron con un torrente aún mayor de vituperios.

Un profesor norteamericano tachó a Jud el Oscuro de «libro condenable como pocos» de los muchos que en su vida había leído. Un conferenciante inglés quemó el libro en público.

La señora Grundy —con faldas o pantalones— alzaba los brazos al cielo. Hardy había osado presentar la verdad sin rebozo.

Cuando se publicaron extractos del libro en una revista, Hardy se vio obligado a mutilar personajes y situaciones, despojándolos de vida y personalidad. Su nombre dejaba ya de ser respetable.

Los editores, o rechazaban sus obras o las volvían a escribir «adaptándolas a la sensibilidad de sus lectores».

Hardy estaba lleno de indignación. «He vivido en el engaño —decía— de estar escribiendo para lectores inteligentes.» Su prosa era demasiado fuerte para los estómagos nerviosos del siglo XIX. Decidió volver a la poesía.

Escribió y publicó ocho volúmenes de poesía lírica, y un poema dramático sobre la vida de Napoleón —Los dinastas—. Gradualmente fué recobrando su buen nombre. Ahora, por fin, nadie lo leía, y todos le admiraban.

Su vida iba deslizándose serenamente en una vejez sólo contristada por la pérdida de su esposa. Fue un duro golpe para él, a pesar de las desavenencias conyugales.

Y después de la tormenta, la calma. En 1914 volvió a casarse con Florence Dugdale ; y, por una vez siquiera, el otoño y la primavera —él tenía 74 y ella 35— se combinaron en una armonía de perfecto unísono.

Dugdale se convirtió en su segunda mujer, quien se ocuparía de redactar la biografía del escritor después de su muerte, el 11 de enero de 1928. Un apacible y prolongado ocaso acabó el largo día de la vida del poeta, dejando tras de sí un dulce recuerdo y un noble pensamiento.

Fuente Consultada: Grandes Novelistas – Thomas Hardy – por H. Thomas y Lee Thomas – Editorial Juventud Argentina

Biografia de Guy de Maupassant Vida y Obra Literaria del Autor

Biografia de Guy de Maupassant

Guy de Maupassant (1850-1893), fue un autor francés considerado como uno de los grandes maestros del cuento de la literatura universal. Nació en el castillo de Mironmesnil, en Normandía y estudió en Yvetot y Ruán.

Durante su juventud fue miembro de un grupo literario surgido en torno al célebre novelista Gustave Flaubert, que era íntimo amigo de la familia.

Por la línea paterna descendía de una familia aristocrática venida a menos; por la materna, de una línea de plebeyos encumbrados por virtud de sus talentos artísticos.

Corría en sus venas extraña mezcla de elementos: el fuego de la lascivia, la sensibilidad de la imaginación, la amargura de la desilusión y la fría y rítmica cadencia del mar de Normandía.

Su padre era un libertino por cuya vida pasaron mujeres de alta condición. Su madre era una soñadora que se calentaba en la llama de un recuerdo, el de su hermano, cuyo genio poético había sido tronchado por una muerte prematura.

Biografia de Guy de Maupassant
La primera obra importante de Maupassant fue el cuento ‘Bola de sebo’ (1880), incluido en el volumen Las veladas de Médan y considerado su obra maestra en ese género.

OBRAS IMPORTANTES DE MAUPASSANT

Obras dramáticas.
El cordel.
Versos.
El collar.
Bola de sebo.
Bel-Ami.
Mademoiselle Fifí.
Pedro y Juan.
Una vida.
Nuestro corazón.
Yvette.

Guy exploraba las grutas de la costa, con dos perros pegados a los talones, y convencía a los pescadores para que le llevaran mar adentro a pescar caballas a la luz de la luna.

Tomaba parte en los juegos de los campesinos normandos, en aquella bruma gris atravesada por un cierzo que soplaba del mar, cual hálito de vida.

Bailaba con las bellas muchachas en las fiestas campestres, mientras los violines reían bajo los manzanos, y en la procesión nocturna marchaba al par de los hombres que llevaban sus hachas de viento cual rojas serpientes flamígeras.

Gustaba de probar un bocado de queso y un trago de sidra con cualquier amigo o forastero con quien se encontrara en la posada, trazaba fantásticos planes con los «lobos de mar» al borde de los acantilados, y desde allí miraba con los binóculos allende la lejana línea azul del horizonte.

Su madre aenas adolescente, le envió al seminario de Yvetot, pero Guy no tenía vocación por el sacerdocio. Abría las cubas de vino en la bodega del Padre Superior del Convento y convidaba a sus condiscípulos a beber, a costa de cien misas. Unas pocas travesuras más, y fué expulsado. . . recobrando su libertad.

A los dieciséis años tuvo su primera amante. Llamábase a sí mismo «glotón del dulce de la vida». En el Liceo se preparó para sus estudios de abogado y se las compuso para recibir notas «pasaderas».

Pero llegó el año 1870, y la invasión prusiana por Sedán. Ingresó en la dirección de abastecimientos del ejército francés. Aquella vida no tenía nada de divertida; pero mientras precedía a las tropas francesas en retirada, leía a Schopenhauer, escribía poesías amatorias y soñaba sueños de venganza contra los alemanes. Su genio fue templándose entre el hielo del odio y el fuego del amor.

Y al terminar la lucha, marchó a París en busca de trabajo. Porque la carrera de Derecho no era ya para los bolsillos vacíos de su empobrecida familia aristocrática.

Consiguió un empleo en las oficinas del Almirantazgo, y ni sus superiores ni sus colegas repararon en que había entre ellos un león enjaulado.

Maupassant vagaba por las noches por los bulevares, o navegando por el Sena. El Sena era su manía, su amante, su compañero complaciente e irresistible.

Por vinculaciones de parentesco conocía a Gustavo Flaubert, el autor de Madame Bovary, genio bohemio que había hecho experimentos con el arte, así como algunos audaces experimentan con la vida.

Durante siete años, todos los domingos, Guy sometía sus cuentos, poemas y obras teatrales al juicio de este amigo, de grandes mostachos y ojos negros.

Debió transcurrir largo tiempo antes de que Maupassant lograra hacerse escuchar. Sufría de terribles jaquecas, pero se refrescaba zambulléndose desde «algún puente tentador en pleno invierno», para emerger del agua helada gritando alguna obscenidad a los curiosos que formaban corro para observarlo.

«Es el joven más desvergonzado de París», decía todo el mundo. La gente «respetable» de París rehuía su compañía desde que había escrito una comedia licenciosa y la había hecho representar en el estudio de un pintor.

Los terribles dolores de cabeza seguían acosándolo, y cada vez crecían en intensidad. Pasaba hora sufriendo esta molestia, pero, a la postre, volvía a sus novelas.

Recogía historias dispersas de boca de pescadores, campesinos, actrices, mujeres públicas, compañeros de oficina. Cierta vez que comía en casa de Emilio Zola, mientras los comensales perdían el tiempo en discusiones estériles, el anfitrión se puso a discutir los principios de su nueva literatura.

Así nació un cuento del verdadero heroísmo: Bola de sebo, la historia de una mujer de mala vida, a quien los hombres amaban de prisa y despreciaban largamente. En Bola de sebo el autor muestra su desprecio e ironía hacia la estupidez humana.

En otros de sus cuentos, sin embargo, el desprecio truécase en compasión. Ocurre esto en El collar, considerado como la máxima expresión de la literatura imaginativa de Francia.

El collar es la tragicomedia de Madame Loisel, mujer que ha nacido hermosa y pobre, que soñó con príncipes y se casó con un empleado; que fantaseaba con palacios y vivía en una casa de vecindad.

En los años que duró su intimidad con Flaubert, éste le había indicado la triple fórmula del éxito literario:

—Observa —decíale—, observa, y vuelve a observar.

Pero al fin, murió Flaubert.

Maupassant fue el príncipe del cuento corto; sin embargo, por el modo de relatarlo, más que cuento parecía epopeya. Escribió varias novelas, que fueron cuentos breves, y todos sus cuentos breves fueron novelas.

Sus personajes no conocen el consuelo de la religión, ni tienen alma. Y bien; es un poeta que trata de disfrazarse de cínico. Su pesimismo, su precisión científica, su estilo simple, brillante, clásico, es la capa en que se encubre la generación joven que le rodea.

Maupassant estaba enfermo, tenía sífilis. Los millones de lectores que devoraban sus libros no podían imaginarse que las alucinaciones y los fantasmas que aparecían en sus cuentos eran sacados de las horas secretas de su propia vida.

Se sumergía en libracos de medicina y abordaba a cuanto médico le caía a tiro para hacerle preguntas sobre enfermedades.

Vibraban en su sangre estremecimientos de mundos agonizantes. Ahora más que nunca le espantaba la proximidad del invierno. Sentábase tiritando junto a la estufa, y aun en días cálidos tenía el fuego encendido en todas las hábitaciones.

Compró un yate, viajó bajo el sol mediterráneo, tocólas arenas ardientes del África, pero, hiciera calor o frío, tomaba sus apuntes temblando.

El destino escoge a su hermano menor, Hervé —lleno de vida, desprevenido, sereno— para herirle de muerte la mente. Cuando sus familiares le llevaban al manicomio, señaló a Guy gritándole: «¡Eres tú el loco, sí, tú! Tú eres el demente de la familia»…

Comienza luego un período de sus máximas creaciones literarias, cual si hubiese caído de pronto en brazos de dioses invisibles. De las drogas que corrían por sus venas, comenzaron a brotar antes de aniquilarlo las flores de su genio.

Salían de su pluma cuentos del trópico ardiente y silencioso, y de excursiones por el Mediterráneo, cuyas aguas disolvíanse en mundos estelares al embrujo creador del claror lunar.

Han pasado unas horas desde la llegada de Año Nuevo. Maupassant arrima la boca del revólver a su sien y aprieta el percutor. . . ¡El arma está descargada! Toma una navaja, se abre la garganta ,los médicos le vendaron y le restañaron la hemorragia.

Cuando la aurora surgió sus amigos le llevaron frente a su querida mar, en la esperanza de que la vista de su yate, el Bel Ami, le devolviera a la razón.

Contempló unos instantes la embarcación, moviendo los labios como un niño que aprende a hablar. No pronunció palabra. Al cabo, dio la espalda al mar y al yate, mientras su alma comenzaba su viaje celestial.

Fuente Consultada: Grandes Novelistas – Guy de Maupassant – por H. Thomas y Lee Thomas – Editorial Juventud Argentina


Biografia de Thackeray William Vida y Obra Literaria del Autor

Biografia de Thackeray William Vida y Obra Literaria del Autor

Novelista y humorista inglés, uno de los máximos exponentes de la novela realista del siglo XIX, como dejó patente en sus dos obras más conocidas, Vanity Fair y Henry Esmond. Nació el 18 de julio de 1811 en Calcuta (India), en el seno de una acomodada familia de comerciantes.

Al perder a su padre, a los cinco años de edad, fue enviado a Inglaterra, al lado de una tía que vivía en Chiswick. Era un niño de extraño aspecto, «semejaba una calabaza clavada en una pica» decía su tía.

Sin embargo, aquella cabeza «grande y espaciosa» tardó tiempo en dar fruto. En el Colegio de Charterhouse, donde se matriculó como alumno externo, resultó menos que mediocre.

Siempre estaba recriminándose su pereza de hoy y prometiendo aplicación y laboriosidad para mañana. Se matriculó en Cambridge en febrero de 1829, pero abandonó sus estudios antes de licenciarse.

Biografia de Thackeray William
En 1829, ingresó en la Universidad de Cambridge, que abandonó antes de licenciarse para intentar desarrollar su talento literario y artístico, primero como editor de un periódico de corta vida y, más adelante, estudiando arte en París.

Nunca se decidía a hacer nada en firme. Hoy se le daba por traducir a Horacio; mañana por escribir un artículo cómico; pasado, por componer versos satíricos, pero todo lo hacía bien.

Viajó por el continente, visitó museos, teatros, bibliotecas, escribió artículos y poemas, era un joven aristócrata —había heredado 20.000 libras esterlinas— devorado por la ambición de la gloria y poseído de un odio acérrimo al trabajo. Tenía estatura de gigante, rostro de querubín y nariz de payaso.

Pensó en llegar a ser artista o bien escritor y con este propósito empezó a escribir poemas, ensayos y cuentos, que en su mayor parte fueron rechazados.

Le disgustaba no lograr vender su mercancía literaria. Como no podía ingresar en ninguna revista decidió fundar una por su cuenta, The National Standard. Fracasó la revista, y Thackeray siguió acumulando sabiduría por virtud de sus desaciertos.

Mientras Dickens, un año más joven que él, era el benjamín de Londres, Thackeray seguía siendo «ese joven escritor satírico a quien nadie conoce ni nadie lee».

Escribe un cuento espléndido, El gran diamante de Hoggarty, luego solicitó el puesto de director de la Foreign Quarterly Review, pero fue rechazado.

Finalmente, al cabo de doce años de sistemáticos fracasos, le sonrió tímidamente el éxito. La primera de sus composiciones de feliz aceptación fué Bosquejos de Irlanda, del que se vendieron 1000 ejemplares.

La embriaguez de su primer éxito desvanecióse muy pronto, y Thackeray volvió a sumirse en su insignificancia y tristeza.

Continuó escribiendo historietas cómicas, poemas y artículos, que el público retribuía con un puñado de monedas y aplausos dispersos. A la verdad, el público apenas conocía su nombre. En su exagerado amor por el anonimato, había firmado sus trabajos con infinidad de seudónimos: Turnar sh, Yellowplush, Ikey Solomons, Major Gahagan, Folk-stone Canterbury, Goliah Muff, Leonitus Hugglestone, Fitz-boodle, Mrs. Tickletoby, Paul Pindar, Fits-Jeames de la Pinche y Frederick Haltamont de Montmorency.

Ya tenía cuarenta años y permanecía anónimo y oscuro. Sentía cada vez más la amargura de la falta de nombradía. Y en 1847 tanta porfía dio por resultado aquel interesante experimento literario que fue La feria de las vanidades, una novela sin héroes.

El público fue lento en reconocer los méritos del libro. Pero críticos y colegas al punto echaron de ver que marcaba un nuevo jalón en la literatura inglesa.

Thackeray colmaba ahora sus ansias de gloria y gozaba de una situación acomodada, pero estaba lejos de sentirse feliz. Cuando tuvo una casa, quiso una carroza tirada por cuatro caballos; tras esto, jerarquía social, y, finalmente, un escaño en el parlamento. Y, aunque carente de aptitudes políticas, presentó su candidatura para miembro de la Cámara de los Comunes, pero fracasó.

Realizó dos viajes por Norteamérica, de donde volvió lleno de honores e indigestiones. «Ahora que está asegurado el porvenir de mis hijas, me he quitado un gran cargo de conciencia, y puedo respirar libremente por un tiempo.»

Pero no respiraba tan libremente. Seguía inquieto y ansioso por alcanzar mas popularidad y un mejor estrato socio-económico.

Con cada nueva novela aumentaba su renombre y las lenguas de la gente seguían meneándose en su honor.

OBRAS IMPORTANTES DE THACKERAY

El gran diamante Hoggatthy.
Memorias de Carlos Yellow- plush.
Barry Lyndon.
El libro de los Snobs.
La feria de las vanidades.
Pendennis.
Enrique Esmond.
Los newcomes.
Los virginianos.
El viudo Lovel.
Numerosos ensayos y poemas.

Carlos Dickens había sido uno de sus primeros y mejores amigos. Pero habíase suscitado una disputa —entre colegas literarios no es difícil ver una chispa aventada en llama de discordia—, y durante varios años no se hablaron.

Pero una tarde —Thackeray contaba a la sazón cincuenta y tres años—, se encontraron en la escalera del Athenaeum, y Thackeray, impulsivamente, tendió la mano a su colega. Dickens le correspondió sin vacilación y la antigua querella quedó olvidada.

Thackeray debió de presentir la necesidad de apresurarse a saludar y despedirse de su viejo amigo.

En efecto, pocas noches más tarde —el 23 de diciembre de 1863— se acostaba para dormir su último sueño.

El Amo pasaba lista; y Thackeray, al igual que el querido coronel Newcome, el personaje de una de sus novelas, respondía gentilmente: «Adsum — presente«.

Fuente Consultada: Grandes Novelistas – Thackeray William – por H. Thomas y Lee Thomas – Editorial Juventud Argentina