Biografía del Dr. Ramón Carrillo

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IDENTIDAD NACIONAL ARGENTINA: GRANDES MÉDICOS ARGENTINOS

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MÉDICOS DE LA SALUD PUBLICA ARGENTINA

No hay dudas que referirse   a la vida de quienes en forma directa o indirecta inscribieron sus nombres en la historia de la Salud Pública argentina, insumiría con creces la extensión de este texto. En el siglo XVIII tenemos a Cosme Argerich, hijo de un coronel catalán, nació en Buenos Aires en 1758.

Estudió medicina en Barcelona, de donde regresó doctorado. Actuó, como es natural, en todos los establecimientos existentes en esa época. Hospital de Mujeres, Casa de Huérfanas, Casa de Niños Expósitos, lo contaron en algún momento en sus harto reducidos planteles médicos. Le cupo el mérito de ser el primer titular de la cátedra de Medicina que crease el Protomedicato. Trabajó duramente en las invasiones inglesas. A partir de las luchas de la Reconquista se le nombró cirujano del 29 escuadrón de Húsares. Participó en las jornadas preparatorias de la Revolución de Mayo.

En 1813, apenas se tuvo en Buenos Aires noticias del combate de San Lorenzo, salió para el lugar en posta, para atender a los heridos. Fue Argerich precisamente quien intervino quirúrgicamente al capitán Bermúdez. Desgraciadamente Bermúdez falleció el 14 de febrero de 1813. A fines de 1813 se incorpora como cirujano al Ejército Auxiliar del Alto Perú. Estuvo a las órdenes de San Martín y luego de Rondeau. Durante varios meses participó de las vicisitudes de aquella campaña. Una enfermedad fortuita, de la que se reponía en Cochabamba, le ahorró el dolor y el bochorno de Sipe-Sipe.

Murió a los 62 años, el 14 de febrero de 1820, en momentos en que era director del Instituto Médico que reemplazaba a la Escuela de Medicina de la que fuera fundador.

Dr. Juan Madera: Nació en Buenos Aires en 1784, murió en la misma en 1829. En su corta existencia desarrolló una actividad múltiple, de la que gran parte tuvo por marco los ejércitos de la Independencia. Empezó sus estudios de medicina en 1801.

En las jornadas gloriosas de la Reconquista y de la Defensa, el joven Madera fue afanoso practicante en los hospitales de sangre. Apenas graduado —en 1808— se le designó médico del Cuerpo de Patricios. Dos años después, era cirujano 1° del Ejército Auxiliar.

Cuando volvió a Buenos Aires, en la segunda mitad de 1811, dejó atrás la sangrienta represión de Cabeza de Tigre, los días de gloria de Cotagaita y Suipacha y la nefasta jornada de Huaqui. Rememoraba tal vez el trágico fin de Pereyra de Lucena, a quien debiera intervenir justamente en el desbande que siguió a Huaqui.

Para 1812 se incorpora al hospital de los Bethlemitas. A fines de 1812 se le nombra cirujano del Estado Mayor de la Plaza de Buenos Aires. En abril de 1813 se le honra con la designación de director de la Escuela de Medicina y Cirugía. Su curriculum es una interminable sucesión de éxitos, que premiaban sus relevantes aptitudes y su nunca desmentida vocación de servicio.

En 1813 fue nombrado cirujano a cargo de la visita sanitaria a los buques cirujano del Batallón de Cazadores, que arribaban a Buenos Aires, en 1814 en el mismo año cirujano del Cuerpo de Guardias de Caballería del Superior Gobierno. En 1816 vuelve a ser nombrado médico de Sanidad del Puerto, meses después es médico en comisión en el cuerpo de Inválidos. 1817 le acarrea la satisfacción de ser médico del Cabildo y —por si esto fuera poco honor— médico asimismo de la Morgue de la Cárcel y de la Casa de Expósitos.

En esta histórica Casa, fundada en 1779 por el virrey Vértiz, Madera tuvo la honra de ser el primer médico. También, como se verá en otro lugar, esa Casa le procuró algún disgusto. En la última década de su brillante carrera fue médico y primer administrador del Instituto de Vacunas (1821), fundador del Departamento de Medicina de la Universidad y profesor de Materia Médica y Patológica (1827), cargo este último desempeñado hasta su muerte.

Francisco Javier Muñiz nació en San Isidro en 1795. Pelea a los 12 años —y es herido— en las segundas invasiones inglesas. Ingresa a los 19 años en el Instituto Médico Militar, del que egresa a los 26 años como facultativo. Tres años más tarde se gradúa de médico y cirujano y en 1825 lo nombran médico militar en Chascomús. En 1827 se le designa profesor de medicina legal, partos y niños. Al año siguiente deja la enseñanza y se radica en Lujan como médico militar y de policía, para dedicarse a sus estudios paleontológicos.

En 1844 descubre la vacuna indígena. Se creía entonces que la enfermedad benigna de las ubres vacunas, producida por un virus que protege contra la viruela negra, no existía en nuestras vacas. Tocó precisamente a Muñiz desvirtuarlo. Este hallazgo evitó muchos casos de viruela. Vuelve más tarde a sus cátedras y actúa como médico militar en Cepeda y la guerra del Paraguay. Cae en su ley, a los 76 años. En plena lucha contra la epidemia de fiebre amarilla, contrae la enfermedad. Muere el 8 de abril de 1871.

Nacido en San Juan en 1821, Guillermo Rawson se doctoró en medicina en 1844. Desarrolla una intensa actividad política (diputado, senador, ministro del interior de Mitre) que pudo haber culminado en la presidencia. En 1873 inaugura la Cátedra de Higiene Pública. Se ocupó del saneamiento de Buenos Aires, de la mortalidad infantil, del hacinamiento inhumano en los conventillos y muchos otros temas de Salud Pública. Murió en París en 1890.

La sedienta y postergada Santiago del Estero fue, en 1907, la cuna de quien habría de constituirse en renovador genial de la Salud Pública argentina.

Ramón Carrillo alcanza en su carrera, desde la adolescencia, las más preciadas distinciones. Egresa del Colegio Nacional de Santiago del Estero a los 16 años, galardonado con la medalla de oro al mejor bachiller de su promoción. A los 15 años de edad, su monografía «Juan Felipe Ibarra, su vida y su tiempo» es distinguida igualmente con medalla de oro.

Se gradúa de médico a los 21 años de edad. Una vez más, cansadamente, recibe la consabida medalla de oro que se adjudica al más elevado promedio de calificaciones de la promoción.

Orientado quirúrgicamente por su primer maestro, el Dr. José Arce, se vuelca a una especialidad poco frecuentada entonces, la neurocirugía, en la que su maestro fue Manuel Balado. A poco de graduado, es becado para seguir cursos de perfeccionamiento en Europa.

Trabaja dos años en Amsterdam y recorre luego, durante un año, los más importantes centros de su especialidad en Francia y Alemania. Los diez años que siguieron a su graduación con la obvia excepción de su beca en Europa, estuvieron dedicados por completo a su labor hospitalaria y a la investigación, en el viejo hospital de Clínicas. Recién en 1939 comienza a ejercer su profesión. En ese mismo año se le designa Jefe del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central.

Tres años más tarde, a la insólita edad de 35 años —fue, para la época, el más joven profesor titular de la Facultad de Medicina de Buenos Aires— gana el concurso a que se llama para cubrir la cátedra de Neurocirugía, vacante por la muerte de su maestro, Manuel Balado. Despliega en esa cátedra intensa actividad quirúrgica, docente y de investigación. En 1944 se hace cargo de la recién creada Secretaría de Salud Pública de la Nación.

Analizaremos más adelante la acción que desplegó en la secretaría primero, en el ministerio de Salud Pública, después. Lo que cuadra enfatizar aquí es la auténtica genialidad que puso al servicio de su cometido. No existía entonces un cuerpo orgánico de doctrina referido a la Administración Sanitaria. Ni aquí ni en el resto del mundo.

La sólida formación científica de Ramón Carrillo, y la universalidad de su pensamiento le llevaron a crearla. Tomó como punto de partida a quienes habían innovado en materia de organización y administración, sobre todo a Taylor y Fayol. Aplicó esos principios generales al campo particular de la Salud Pública. Aplicó asimismo su asombrosa capacidad prospectiva.

Erigió así una Administración Sanitaria original, no meramente copiada de modelos ajenos a nuestra realidad. Veinticinco años después, institucionalizada la Administración Hospitalaria y de Salud Pública como carreras de postgrado, resulta imposible para quienes enseñan las distintas asignaturas de esa especialidad, evitar repetir los conceptos que Carrillo enunciara como auténticamente novedosos desde 1944 hasta 1954. La poca funcionalidad de las construcciones hospitalarias le llevó a realizar un minucioso estudio de la arquitectura especializada. Su obra Teoría del Hospital es un aporte revolucionario a las ciencias y artes de la construcción y administración de hospitales.

Sus realizaciones en el terreno de la Salud Pública, tuvieron, sin duda, una magnitud más que suficiente para asegurar a Ramón Carrillo supervivencia histórica como el más notable sanitarista argentino.

En 1951 aparecen los primeros síntomas de la enfermedad que pocos años después habría de matarlo. Su presión arterial es muy alta y le ocasiona atroces dolores de cabeza que reducen su inagotable capacidad de trabajo y le obligan a alejarse de la función pública en 1954. Terminan sus días lejos de su tierra, en Belem, Brasil. Enfermo de muerte, exiliado y pobrísimo, se desempeña como médico de una compañía minera norteamericana.

En una carta de Carrillo a su amigo, e! periodista Segundo Ponzie Godoy, fechada en Belem el 6 de setiembre de 1956, la desgarrante sinceridad ahorra toda exégesis y muestra con elocuencia al hombre:

«No tengo la certeza de que algún día alcance a defenderme solo, pero, en todo caso, si yo desaparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre mi gigantesco esfuerzo donde dejé mi vida. Esa obra debe ser reconocida y yo no puedo pasar a la historia como malversador y ladrón de nafta. Mis ex colaboradores conocen la verdad y la severidad con que manejé las cosas dentro de un tremendo mundo de angustias e infamias.»

Muere en 1958, a los 51 años de edad. Sus restos están aun lejos de su Santiago natal. La conspiración de silencio urdida en torno de su nombre y su obra se ha quebrado días atrás. El Hospital Policlínico Regional de Santiago del Estero se llama ya «Dr. Ramón Carrillo».

ALGO MAS SOBRE MÉDICOS ARGENTINOS…

ENRIQUE FINOCHIETTO: El legado de Enrique Finochietto (1881-1948), uno de los cirujanos más brillantes de nuestra medicina, incluye el recuerdo de su generosidad y de la preocupación que tenía por el bienestar de sus pacientes. Hay una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: dicen que ocurrió en 1924, una noche en que el médico disfrutaba con amigos de una velada en el Chantecler.

El músico julio De CaroEnrique Finochietto Medico Argentino le refirió el caso de la esposa de un amigo, de muy humilde condición, que estaba gravemente enferma. Finochietto se levantó enseguida de la mesa, visitó a la enferma y la hizo internar en un sanatorio privado donde, esa misma noche, le realizó la operación que le salvaría la vida.

No aceptó que De Caro se hiciera cargo de los gastos y éste le agradeció el gesto dedicándole un tango titulado B/ien íWiigo. Ya había dado señales de su vocación de servicio: pocos años antes había estado a cargo del hospital creado en Francia por iniciativa del embajador argentino, Marcelo Torcuata de Alvear,para asistir a los heridos de la Primera Guerra Mundial y el gobierno francés le había otorgado la medalla de la Legión de Honor.

En lo material se lo recuerda por el instrumental y por los aparatos quirúrgicos que creó, entre los que se destacan el separador intercostal a cremallera para operaciones de tórax y la lámpara conocida como «frontolux», que servía para que el cirujano iluminara la zona a operar. Estos v otros inventos superaron las fronteras y fueron adoptados en todo el mundo.

SALVADOR MAZZA
LaMEPRA y la penicilina
No hay dudas de que la vigilancia epidemiológica y el análisis de los factores socioeconómicos en el estudio de las enfermedades endémicas guiaron el camino de Salvador Mazza (1886-1946) y que la Misión de Estudios de la Patología Regional Argentina (MEPRA) fue su obra magna.

Se preparó para eso. Mientras se capacitaba en enfermedades tropicales en África conoció a Charles Nicolle, especialista en microbiología y gran entomólogo, a quien Mazza consideraría luego como «el padre espiritual de todos mis trabajos».

Con él emprendió, en 1925, el viaje de estudio por las provincias del norte argentino, que fue el origen de la creación de la MEPRA y la gran cruzada. A bordo de un vagón de ferrocarril especialmente equipado, recorrió el país con un equipo profesional multidisciplina-rio para realizar el relevamiento y análisis de las patologías regionales y brindar a los médicos locales conocimientos vítales.

Durante este emprendímiento llevó a cabo las valiosas investigaciones sobre la tripanosomiasis americana (luego, Mal de Chagas o Mal de Chagas-Mazza) por las cuales se lo recuerda. Más adelante, en 1942 cuando recién se comenzaba en los Estados Unidos con la producción de penicilina, que se destinaba mayormente a los soldados heridos, Mazza resolvió fabricarla en Jujuy. El propio Fleming le proporcionó las cepas del hongo necesarias para hacerlo y avaló más tarde la calidad del medicamento que de manera artesanal habían obtenido los científicos argentinos.

Pero cuando, en 1943, Mazza solicitó apoyo para encarar la producción en escala, las autoridades le dieron la espalda y el proyecto quedó en la nada. La otra gran derrota de su trabajo, aunque no llegó a verla, fue el cierre de la MEPRA, en 1959, doce años después de su muerte.

Fuente Consultada:
La Salud Pública Historia Popular Vida y Milagros de un Pueblo Fasc. N°61
Revista Muy Interesante Especial Medicina Año 5 – 2013 – N°11

Biografia Mazza Salvador Mal de Chagas Sintomas Tratamiento Vinchuca

DESCUBRIMIENTOS Y ESTUDIOS DEL DR. MAZZA

SOBRE EL MAL DE CHAGAS

MAZZA SALVADOR (Rauch, Bs.AS.,1883-México, 1947): Médico sanitarista, figura fundamental en la historia de la lucha contra el mal de Chagas en el país. Además de su importante trabajo de laboratorio -confirmó las hipótesis del brasileño Carlos Chagas, cuyas teorías sobre el mal que ahora lleva su nombre habían caído en descrédito, y produjo penicilina a comienzos de la década del ’40— se constituyó en una figura legendaria que recorría el país de norte a sur investigando e intentando erradicar las enfermedades endémicas.

En 1944, cuando el mundo lo habíareconocido y se acababa de publicar su biografía en Europa, declaró: «Se dice allí que soy un sabio, pero no existen más sabios. (…) Hubiera preferido que se dijera que soy un hombre tesoneramente dedicado a una disciplina circunscripta y en la cual hago lo posible para no dar pasos hacia atrás…».

Había ingresado al Colegio Nacional de Buenos Aires con apenas 10 años y completó sus estudios en la Facultad de Ciencias Médicas mientras se desempeñaba como inspector sanitario y participaba de las campañas de vacunación en la provincia de Buenos Aires. Se graduó de médico en 1910, año en que logró, fruto de su investigación con el Dr. Rodolfo Kraus, una vacuna antitífica de una sola dosis.

Fue nombrado bacteriólogo del entonces Departamento Nacional de Higiene, estuvo a cargo de la organización del lazareto de la isla Martín García (lugar donde los inmigrantes hacían cuarentena antes de entrar al país), un laboratorio cuya función era la detección de portadores sanos de gérmenes de cólera.

Durante su formación, no sólo se dedicó a la bacteriología, la química analítica y la patología, sino que se desempeñó también como Inspector Sanitario y participó de las campañas de vacunación en la provincia de Buenos Aires. Se doctoró en la misma universidad y fue nombrado bacteriólogo del entonces Departamento Nacional de Higiene. Estuvo a cargo de la organización del lazareto de la isla Martín García (lugar donde los inmigrantes hacían cuarentena antes de entrar al país), un laboratorio cuya función era la detección de portadores sanos de gérmenes de cólera.

A partir de 1916 ocupó el cargo de profesor suplente de la cátedra de Bacteriología del Dr. Carlos Malbrán. En 1916 el ejército lo designó para el estudio de las enfermedades infecciosas en Alemania, Austria y Hungría, en el escenario de la Primera Guerra Mundial. Allí conoció al premio Nobel de Medicina Charles Nicolle, entomólogo y bacteriólogo a quien definió como «el padre espiritual de todos mis trabajos».

Fue quien lo apoyó en su proyecto para la creación de un instituto para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades endémicas del país, especialmente las de noroeste, como por ejemplo el mal de Chagas. Así nació la Misión de Estudios de la Patología Regional Argentina (MEPRA). Residió en Jujuy, en el edificio de la Misión Mazza, y en el famoso vagón de ferrocarril laboratorio «E.600».

Sus estudios sobre el mal de Chagas demostraron el terrible desarrollo de dicha enfermedad. Murió mientras participaba de unos cursos de perfeccionamiento en México, a causa de una cardiopatía chagásica, el mal que él tanto había combatido. La película Casas de fuego (1994), dirigida por Juan Bautista Stagnaro está basada en su biografía.

EL DESCUBRIMIENTO DEL DOCTOR SALVADOR MAZZA:
Enfermedad de Chagas – Mazza

Por el número de enfermos y la amplitud del área que abarca, por la gravedad de las alteraciones cardíacas que ocasiona y por su carácter endémico, esta enfermedad es uno de los principales problemas de la salud pública. La noxa es un parásito unicelular, el trypanosoma cruzi, que se halla en la sangre y en los tejidos de las personas y animales enfermos; en la cadena de transmisión de la enfermedad hay un insecto vector que es la vinchuca triatoma infestans, que habita en el 90% del territorio nacional y en mayor cantidad en las regiones de clima cálido y seco.

Se la encuentra especialmente en los ranchos de adobe y paja, viviendas precarias, grietas de paredes y techos, gallineros, depósitos de leña y muebles, etc.

Como se trata de un animal de hábitos nocturnos, durante el día permanece escondida y durante la noche sale de su escondrijo para alimentarse; es hematófaga.

La vinchuca se infecta cuando chupa sangre de una persona o de un animal enfermo, junto con la sangre ingiere los trypanosomas, que luego se multiplican en el aparato digestivo del insecto y salen por las deyecciones.

Cuando la vinchuca infectada pica a una persona, luego de alimentarse defeca, dejando sobre la piel junto con las deyecciones gran cantidad de trypanosomas; cuando el individuo se rasca, se producen microexcoraciones por las que entran los parásitos, generando la infección.

Si las deyecciones se ponen en contacto con el ojo, los parásitos penetran a través de la conjuntiva, ocasionando una gran hinchazón de los párpados, que llega a cerrar por completo el ojo; esto recibe el nombre de signo de Romana o complejo oftalmo-ganglionar.

Si la puerta de entrada de la infección es otra región del cuerpo, aparece en la piel una zona inflamada, indolora, de color rojizo, con alta temperatura, que puede ulcerarse, llamada chagoma de inoculación o Habone de inoculación; junto con estos síntomas específicos aparecen síntomas generales aplicables a cualquier otro cuadro infeccioso tales como: fiebre, dolores musculares, anorexia (falta de apetito), vómitos e irritabilidad.

Estos síntomas desaparecen espontáneamente entre los 30 y 60 días y el enfermo entra en un período de latencia que puede durar años, poniéndose solamente en evidencia por medio de análisis de sangre «en fresca» (tomada del lóbulo de la oreja) o en el suero (reacción de Machado-Guerrero).

Los individuos que se encuentran en este período son los infectados chagásicos que comprenden un 10% de nuestra población. Una tercer etapa de esta enfermedad, es el período crónico, en el que se observa una manifestación tardía de la infección con síntomas como palpitaciones, disnea, dolores referidos al área cardíaca y dolores en la zona hepática; estos síntomas son indicadores de daño cardíaco que cuando es importante lleva a grados variables de insuficiencia cardíaca (cardiopatía chagásica), o daño del aparato digestivo, pudiendo afectar también al sistema nervioso y al sistema muscular.

Ver: Biografía  Multimedia

PARA SABER MAS…
La iniciativa de Mazza

La Misión de Estudio de Patología Regional Argentina (MEPRA) fue inaugurada oficialmente en 1928 y para entenderlo resultan útiles algunos antecedentes. En efecto, el bacteriólogo Carlos Chagas, destacado en patologías tropicales e investigaciones sobre protozoos, había identificado, hacia 1909, el agente causante de la tripanosomiasis americana y sus avances se conocían en Buenos Aires, pues acá también se afianzaban las reflexiones por asuntos más o menos equivalentes y, si bien existían algunas desorientaciones, no había indiferencia por conocer más sobre las dolencias que martirizaban, en especial, a los pobladores del Noroeste (NOA)y nordeste (NEA) de la Argentina.

Uno, en particular, Salvador Mazza, orientó sus trabajos en ese sentido, para lo cual le resultaba apropiado un nuevo viaje por Europa; visitó las filiales del Instituto Pasteur del norte del África y se puso en contacto con un experto en medicina tropical, Charles Nicolle. Los dos médicos intercambiaron información, analizaron las similitudes y diferencias entre las regiones geográficas de allá y de acá, las enfermedades que prosperaban y cómo afectaban a los lugareños.

Mazza regresó convencido de la utilidad de crear en el país, en la zona apropiada, un polo de investigación in situ de los padecimientos que no saben de fronteras territoriales. Maduró la idea, buscó contactos políticos y profesionales y, en este último sentido le resultó capital la anuencia tanto dí Gregorio Aráoz Alfaro, director del Departamento Nacional de Higiene y de José Arce, rector de la UBA, como del mismo Nicolle, que llegó de visita al país y lo acompañó a seleccionar el lugar más apropiado para instalar el centro. Pero, nada es fácil: necesidades presupuestarias, celos profesionales y trabas burocráticas demoraban el proyecto.

Aún así se instaló la Sociedad Argentina de Patología Regional del Norte y montaron sus filiales en Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, La Rioja y Corrientes. Hasta que le llegó el turno a la MEPRA, que funcionó con dependencia presupuestaria del Instituto de Clínica Quirúrgica que dirigía Arce; recabó información sobre diversas patologías que afectaban desde el Chaco hasta Mendoza, atravesando el centro y noroeste del país y recibió de los médicos ubicados en puntos geográficos muy distantes los resultados de sus averiguaciones o experiencias personales.

Sostuvo su propio órgano de difusión, conocido como Publicaciones Periódicas de la MEPRA23 y dio lugar a investigadores de la talla de Flavio E. Niño, Miguel E. Jorge, Cecilio Romana, quien identificó en 1935 el complejo perioftalmo-ganglionar, que se convirtió en el signo más visible de la enfermedad en su forma aguda.

Fue, tal vez, el primer emprendimiento que buscó hacer indagaciones y exámenes biológicos de magnitud en el ámbito de los mismos infectados, ubicado «fuera» de los tradicionales y confirmó la altísima incidencia de la enfermedad de Chagas.

Realizó una labor novedosa, comparativa, complementaria e interdisciplinaria; quedó en evidencia cómo y cuánto se beneficiarían las búsquedas en la medida que se entrecruzasen los aportes brasileños con los resultados nacionales. No obstante debe recordarse que la relación de Mazza con el grupo del vecino país fue pendular: pues si bien, en ciertos períodos, se estimularon mutuamente, en otros, había recelos y competencias.

La MEPRA dispuso, desde 1930, del vagón-laboratorio E-600, para trasladarse y hacer pesquisas, intentando acercarse lo más posible a las zonas afectadas, autorizado a recorrer la red ferroviaria libre de cargo. Poseía, además de las comodidades de una vivienda, salón para laboratorio, estufa eléctrica para cultivos, autoclave para esterilización y una sección especial para el alojamiento de los animales regionales destinados a la experimentación, camilla para exámenes clínicos y electrocardiográficos.

En Suiza, el químico Paul H. Müller había iniciado un programa de investigación para descubrir un compuesto orgánico que matara insectos y en 1939 probó el potente efecto insecticida del DDT30, especialmente contra los artrópodos, con baja toxicidad para las plantas y mamíferos. Al equipo de la MEPRA no le resultó indiferente y años más tarde, lo aplicó. Ea MEPRA duró 20 años; en 1946 fue trasladada a la Capital Federal y cerrada en 1958, con algunos intentos intermedios por reflotarla.

Concepto de Enfermedades Transmisibles

PROBLEMAS SANITARIOS DE ARGENTINA MAL DE CHAGAS Enfermedad Sintomas

PROBLEMAS SANITARIOS DE ARGENTINA
MAL DE CHAGAS

En todo país democrático, el derecho a la salud integral y gratuita es uno de los derecho esenciales en la construcción de una ciudadanía plena, por lo que la investigación en salud es concebida como el proceso de producción del conocimiento, en relación a las condiciones de salud y las respuestas sociales que se implementan desde el sistema nacional de salud para mejorarlas.

Según definición operacional del término “Investigación en salud” adoptada en Argentina para el Proyecto Regional OPS (1987), dicha investigación comprende el desarrollo de acciones que contribuyen: 

  • Al conocimiento de los procesos biológicos y psicológicos de los seres humanos

  • Al conocimiento de los vínculos entre las causas de la enfermedad, la práctica médica y la estructura social

  • A la prevención y control de los problemas de salud

  • Al conocimiento y control de los efectos nocivos del ambiente en la salud

  • Al estudio de las técnicas y métodos que se recomiendan para la prestación de los servicios de salud

  • A la producción de insumos para la salud

Podemos decir que el término sanidad se designa el conjunto de servicios gubernamentales dispuestos para mantener y mejorar el estado de salud de los individuos de un país, una provincia o una región. Los problemas sanitarios son enfermedades comunes que afectan a los individuos, y que sólo pueden ser evitadas o controladas por la acción de los gobiernos, sean éstos nacionales o locales, en distintos niveles.

Los problemas sanitarios pueden tener entonces alcance nacional, regional o local. Y muchos de ellos se relacionan con los parásitos.

Sabemos que hay zonas del país muy pobres. Por otra parte, algunos agentes patógenos requieren un hábitat específico para producir determinada enfermedad, lo que predispondrá a la aparición de endemias.

En todo caso, las características del ambiente, tanto natural como humano, pueden favorecer la aparición de determinados problemas sanitarios.

Por esta razón, para encontrar mejores soluciones se requieren estudios interdisciplinarios, que contemplen tanto los factores abióticos como bióticos del ecosistema humano.

LA DE CHAGAS-MAZZA EN ARGENTINA: En Argentina, el Ministerio de Salud calcula que hay mas de 2,5 millones de infectados, pero que solamente 25 por ciento de ellos desarrollan la enfermedad.

Ésta se registra en 19 de las 23 provincias. De ellas, siete están en situación crítica, con vinchucas en más de cinco por ciento de los hogares. Entre estas últimas se encuentran las norteñas Formosa, Chaco y Santiago del Estero, algunas de las más pobres.

El mal de Chagas-Mazza es una enfermedad endémica crónica que se contagia a través de la picadura de un insecto hematófago, la vinchuca, infectada con el agente etiológico de la enfermedad, el tripanosoma (Trypanosoma cruzi o Schizotrypanum cruzi), un protozoo flagelado.

Por lo tanto, se suele incluir dentro de las enfermedades endoparasitarias.

Esta afección, característica de América Central y Sudamérica, se extiende desde el sur de los Estados Unidos hasta el norte de nuestra Patagonia, y afecta especialmente a las poblaciones rurales.

En nuestro país hay por lo menos tres millones de personas infectadas.

El tripanosoma fue descubierto por el médico brasileño Carlos Chagas (1879-1934), pero fue un argentino, Salvador Mazza (1886-1946), quien completó el estudio de la enfermedad y desarrolló su tratamiento.

Para que el tripanosoma llegue al torrente sanguíneo del hombre o de algún otro animal de sangre caliente, primero tiene que encontrar un medio de transporte adecuado (vector), que lo lleve al encuentro de su potencial víctima.

Aquí es donde entra en juego la vinchuca o “chinche negra”, un pequeño insecto que tiene un hábito muy particular: se alimenta de sangre.

En nuestro país, sólo una especie de vinchuca Triatoma infestans, tiene importancia desde el punto de vista epidemiológico, porque convive habitualmente con el hombre en su vivienda.

Se la puede encontrar en las grietas de los pisos y de las paredes, detrás de los muebles y en cualquier resquicio libre de las viviendas, generalmente de aquellas que están construidas con adobe sin revocar y con techo de paja.

También hay chinches negras en lugares destinados a animales domésticos, como gallineros, corrales y conejeras. Del centenar de especies de vinchuca que existen en el mundo solo dieciséis viven en nuestro país, y de ellas sólo una, Triatoma infentans tiene importancia epidemiológica.(imagen arriba)

En 1911 se comprobó en Argentina la presencia de este mal que lleva el nombre de su descubridor, el brasileño Carlos Chagas. El país contó con uno de los principales investigadores en la materia, el médico Salvador Mazza, quien a lo largo de dos décadas, desde 1926, abordó la enfermedad en sus aspectos patológicos, clínicos, epidemiológicos y sociales.

Podemos decir que, los factores de riesgo para la enfermedad de Chagas abarcan:

  • Vivir en una choza donde las vinchucas habitan en las paredes

  • Vivir en Centro y Suramérica

  • La pobreza

  • Recibir una transfusión sanguínea de una persona que porta el parásito, aunque no tenga la enfermedad activa

El Chagas es de evolución lenta, dado que el parásito puede anidar en los tejidos del cuerpo humano, principalmente en el corazón, lo que termina ocasionando la muerte en al menos 30 por ciento de los casos.

Los síntomas de la infección inicial estudiados por Mazza incluyen fiebre, vómitos, disnea y crisis convulsivas.

Mal de Chagas en Argentina: En octubre de 2006, el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) evaluó que había un «recrudecimiento del problema» por la «dispersión de las actividades y la debilidad de la estructura funcional» para el combate de la enfermedad. En este marco, el Ministerio de Salud lanzó el Programa Federal de Chagas, que fijó como objetivo «interrumpir la transmisión y minimizar el impacto de sus consecuencias en las personas afectadas».

Entre 2001 y 2003, durante la feroz crisis económica y social que vivió Argentina, no se fumigó un solo rancho en todo Chaco, pese a que el gobierno nacional había enviado los insecticidas, y entre 2000 y 2006 sólo se entregaron medicamentos a 167 pacientes, cuando Chaco debe tener un piso de 60.000 enfermos

En el segundo semestre de 2008,  hubo un mejor trabajo de fumigación en el bosque El Impenetrable –que abarca parte del Chaco, Santiago del Estero y Salta– con la llegada de brigadas del Ministerio nacional. No obstante, se necesitan  viviendas antivinchuca, con pisos y paredes bien terminadas, y no detener la fumigación. (Fuente Consultada: Red Latinoamericana de Diarios)

El ciclo de vida del tripanosoma

No siempre que las vinchucas pican, contagian. Estos insectos sólo transmiten la enfermedad si están infectados con tripanosomas, es decir, si se alimentaron anteriormente de la sangre de un hombre o de un animal infectados.

El parásito pasa una parte de su ciclo de vida en  el aparato digestivo de la chinche, donde se multiplica cuando alcanza el estadio infectivo para el ser humano se traslada hacia la cavidad bucal del insecto.

Las vinchucas salen de sus escondites por la noche, cuando las personas y los animales duermen picarlos les inyectan una salva irritante y anticoagulante y luego succionan la sangre. Este proceso. dura unos 30 minutos, no le ocasiona a la víctima ninguna molestia o dolor.

La infección se produce porque la vinchuca antes de alimentarse, defeca sobre la piel de su víctima y elimina una gran cantidad de tripanosomas.

Cuando el hombre o el animal se rascan, aparecen escoriaciones en la piel y los protozoos pueden así penetrar al organismo.

Si la picadura está cerca de los ojos, las deyecciones entran en contacto con la conjuntiva y por allí ingresan los parásitos.

Se produce, entonces, una gran hinchazón de los párpados. Éste es un síntoma característico de la enfermedad, que se observa especialmente en los niños, y se conoce como “signo de Romaña” (ojo en compota).

El mal de Chagas puede transmitirse también por la vía transplacentaria y por medio de las transfusiones sanguíneas.

En la siguiente ilustración se muestra cómo se contagia la enfermedad y se resumen las principales etapas del ciclo de vida:

1.Cuando el insecto pica a un hombre enfermo, inyecta una Saiva irritante y anticoagulante y, al ingerir su sangre, se infecta. Esto ocurre generalmente de noche, mientras las personas y los animales duermen.

2. La vinchuca infectada, repleta de sangre, pica a un hombre sano y deposita sus deyecciones sobre la piel, dejando sobre ella los tripanosomas.

3. Si la vinchuca infectada pica a la persona cerca de los ojos, sus deyecciones entran en contacto con la conjuntiva, y por allí penetran los tripanosomas. Se produce, entonces, una gran hinchazón en los párpados (signo de Romaña). La enfermedad también se contagia por vía transplacentaria y por transfusiones sanguíneas.

 4. El hombre sano se rasca y, al producirse pequeñas escoriaciones, los tripanosomas pueden ingresar en su cuerpo.

5. El órgano más afectado por la reacción inmunológica es el corazón.

En un primer período, luego de la infección, la enfermedad presenta un estadio agudo y fuertemente sintomático, durante varias semanas, y en la sangre del paciente es posible detectar gran cantidad de tripanosomas.

A partir de la infección comienza la fase aguda de la enfermedad. La mayor parte de la gente atraviesa esta etapa, que dura varias semanas, sin presentar ningún síntomas Después se ingresa en el estadio “silencioso”, que se puede extender hasta una década, en la que el mal permanece oculto en el organismo.

Pasado ese lapso, el 30% de los afectados pasa al estadio crónico, durante el cual se manifiestan problemas cardiacos, digestivos y neurológicos que caracterizan la enfermedad.

En nuestro país, las afecciones más frecuentes se localizan en el corazón.

La cantidad de tripanosomas que quedan en la sangre es sumamente baja y, para eliminarlos, el enfermo debe someterse a quimioterapias muy agresivas.

Profilaxis y tratamiento del mal de Chagas-Mazza En cuanto al tratamiento, se utilizan drogas como elnifurmitox y el beznidazol, en especial en los pacientes no crónicos.

Desafortunadamente, el Chagas no se cura y, hasta el momento, tampoco existe una droga específica que ataque exclusivamente al parásito sin producir efectos colaterales. Por esta razón adquieren especial importancia las normas de prevención.

Las principales medidas preventivas contra el mal de Chagas-Mazza consisten en: mantenerla higiene en los hogares —sobre todo paredes y techos bien revocados y blanqueados— rociar periódicamente las casas con insecticidas; reconocer a la vinchuca como vector (diferenciándola de otros similares); denunciar ante la autoridad sanitaria mas próxima la existencia de estos insectos y promover la educación sanitaria entre las poblaciones de riesgo.

El biólogo molecular Mariano Levin descubrió, tras diez años de investigación, que no seguir tratando a los pacientes hasta que desaparezcan todos los tripanosomas en su sangre es un grave error, ya que esa pequeña cantidad de agentes patógenos puede provocar lesiones en el corazón hasta llevar al paciente a una muerte súbita.

Cuando el sistema inmunitario del enfermo logra detectar los tripanosomas, los destruye, y el contenido celular de los parásitos se disemina en su sangre. En este punto, el sistema inmune sigue detectando componentes celulares no humanos, por lo que continúa con la cacería y destrucción, sin distinguir que pertenecen a células muertas.

Hasta aquí no hay mayores diferencias con la reacción general del sistema inmune de cualquier individuo ante agentes patógenos.

Lo sorprendente, que logró descubrir Levin, es que un fragmento de los ribosomas del tripanosoma es idéntico a ciertas proteínas del corazón humano, llamadas receptores beta-adrenérgicos, destinadas a recibir la orden de acelerar los latidos cardiacos.

La complicación comienza cuando los anticuerpos formados contra los ribosomas del tripanosoma muerto toman contacto con estas proteínas cardíacas y hacen blanco en ellas como si fueran el enemigo.

El músculo cardíaco queda tapizado de anticuerpos dando lugar a una lenta autodestrucción, que finalmente requiere de un trasplante. Consultado al respecto, Levin manifestó: “Si se termina con el parásito, se acaba con los problemas inmunológicos del corazón”.

Nuevos Tratamiento contra el Mal de Chagas:

1-El tratamiento experimental se basa en el posaconazole, un antifúngico que en la actualidad se administra para infecciones de hongos invasivas (micóticas) y podría suponer el preámbulo de nuevas terapias y diagnósticos más eficaces.

Este medicamento empezará a probarse en un grupo de 80 personas afectadas por el Chagas y los primeros resultados se conocerán dentro de un año.

Para combatir esta enfermedad se utiliza habitualmente el benzniasole, con múltiples efectos secundarios que obligan, en muchos casos, a abandonar el tratamiento y que tiene escasas tasas de curación, de entre el 15 y el 40%. (Fuente Consultada: Diario El País 04/2010)

2-Un grupo de investigadores argentinos, diseñaron un novedoso tratamiento, cuyo éxito resulta inmediato al ser testeado sobre personas que sufren el mal.

El mismo, guarda algunas coincidencias con la diálisis, que se aplica para tratar la insuficiencia renal.

El tratamiento también implica un filtrado, al igual que la diálisis, se filtra la sangre y así se saca de circulación a los anticuerpos nocivos. 

Pero no solo esto lograron los investigadores con Mariano Levin a la cabeza del grupo investigador, sino que además desarrollaron un test de diagnóstico de la misma. Una luz de esperanza titila en la Argentina con este descubrimiento.

Aunque a veces los gobiernos se olvidan de los pobres, porque como dijimos antes, esta enfermedad los afecta a ellos casi con exclusividad, la gente de ciencia no se olvida, en cambio trabaja incansablemente, muchas veces sin apoyo económico, para obtener buenos resultados como estos y que celebro. (Fuente Consultada: Periodismo en la Red 04/2007)

Fuente Consultadas: Educación Para La Salud-Polimodal-Santillana

VIDEO: EL MAL DE CHAGAS-MAZZA

Concepto de Enfermedades Transmisibles